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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

04/07/2008 GMT 1

EDICIÓN JULIO...

urbanopowell @ 18:27

INVENTIVASocial
Edición JULIO 2008

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Mis amigos poetas*

Mis amigos poetas
no están con los famosos en las antologías.

Mis amigos poetas odian la hipocresía,
le cantan a los duendes
y se mueren de pena por la muerte de un niño.

Mis amigos poetas apoyan las huelgas
y reciben balas
cuando disparan versos a la policía.

Mis amigos poetas están en las marchas
y cargan estandartes del Cristo de La Higuera.
Se oponen a las guerras y a las oligarquías.

Mis amigos poetas
jamás tendrán un Nobel.

*De Miguel Crispín Sotomayor arcomar@cubarte.cult.cu

Revolviendo la maleta*

Revolviendo la maleta salió tu verso.
Entre calcetines, pañuelos y ropa
aparecieron tus besos

No sabía lo que era
y los tomé con las manos
en silencio
los miré despacio
y los puse en mi boca
un momento

Vi que eran tus besos
y con ellos, tu aliento
que pusiste en mi equipaje
para seguirme queriendo.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

La dama del sombrero rojo*

¿Qué será

la dama del sombrero rojo

bajo el velo?

¿Ave del paraíso?

¿Será de dragón

su fuego camuflado

entre puntillas?

¿Será la suma voraz de todo miedo?

¿Sólo madre,

y sus ubres

cándidos surtidores de nácar?

¿Será loba?

Padecerá su hambre

debajo de la luna?

¿Será gorrión?

¿Mariposa nocturna

amanecida entre dos hojas de cuaderno?

Mujer que velas

de rojo

¿te apagarás con la luz

tú también,

como los pájaros?

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com

Un nido de abrazos*

1

Alboroto de gorriones contra la tarde gris de julio.
El hombre traza sus letras casi en la oscuridad. En quietud, afina el oido. Desprendidos de los trinos, se escuchan los pasos de luz de su compañera -ahora con alas plegadas- volviendo al nido.

2

Levantan la vista
ven al árbol dormitorio
florecido en pájaros de la noche.
No caen a pétalos.

Sólo se acompañan en soledad
de hoja en hoja.

Ella se pregunta
porque no hacen nido.

Mirando al cielo vedado
por hojas y pájaros.
Se abrazan.

Y hacen del abrazo,
un nido.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

Querreque*

*de la canción popular mexicana
(que en nada se parece a este escrito)
y en memoria de José Guadalupe Posada.

Calaveras bailan en medio de la plaza,
Cantan y se entonan
Al son de la Muerte Alegre.

Calaveras empresarias
Y calaveras obreras;
Terratenientes
Y trabajadoras agropecuarias
Ahora comparten juntas la mesa
Con tan solo los huesos
Para mostrar.

Nosotros,
Simples mortales,
Podemos hacer que caigan del techo
Calaveras de azúcar y pan,
Que caigan entonando rimas
Que toman de frases de "El Capital".

Algunas con zarape,
Otras tantas con sombrero de palma
Y comiendo un agusanado tamal…

Cuentan historias de terror
Que han dejado para los vivos:
Hablan de deuda externa,
Democracia representativa,
Desregulación
Y apertura al mercado mundial.

Brindan haciendo buches
Con tierrardiente y gas metano
Mientras guardan los chistes
Entre canto y canto
Para gritar que no importa
Quién empiece la guerra,
Aquí todos llegamos igual.

Yo por eso cuando sea grande
Quiero ser calavera,
Para que todos vean que tenía razón:
Que todos nacemos y morimos iguales.

El pobre y el rico solo son momentáneos
Mientras se mantengan las clases en esta sociedad.
Pero al final de cuentas,
Quieran o no lo quieran,
A la misma tierra van.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

El destino es insondable*

El hombre lee en su asiento una carta escrita sobre papel verde. Se inclina un poco tratando que el sol que ingresa por la ventanilla ilumine de lleno en esas letras de birome azul. Tiene sus ojos cansados y la presbicia lo obliga a distanciar bastante la carta, a punto de temer con incomodar con la extensión de su brazo a la señora sentada enfrente en la que puede ver una mirada curiosa detrás de esos anteojos redondos con bastante aumento.
En realidad, no le importa que esa señora de mediana edad y pelo rubio enmarañado se interese por su carta. Ella solo podría haber leído la fecha y el lugar que están en letra visible e imprenta, arriba a la derecha de la primera hoja. Luego viene la letra manuscrita, pequeña y encriptada de Cecilia que se hace imposible de descifrar si la persona no esta familiarizada con ella.
Y además, que importancia tiene que esa señora de algo menos de cuarenta años sepa de su felicidad, de su ir y venir con el amor y la distancia.

Ella iba y venía, en su trabajo por los aires, en sus ensueños o en sus amores fugaces de cada aeropuerto que no lograban desplazarlo a él. Su hombre. Él, que iba y venia todos los fines de semana para compartir su lecho, sus labios. Para caminar con ella de la manito o en el abrazo de hombro de ella a cadera de él que tanto les gustaba, como a los eternos amantes, novios o compañeros de vida, aunque nunca supieron definirse, no les interesaba otra cosa más que llevarse de la mano o del abrazo por la
vida que era una sucesión de instantes o una eternidad bajo una misma luz, pisándose a veces con mutua torpeza los pies en aquellas estrechas veredas del centro antiguo de la ciudad, para luego retornar al departamento de ella y fundirse en un solo cuerpo a luz de luna o estrellas, a sol que entibia la piel o a cielos de acero sin grietas. Aun parece sentir el ruido de la lluvia cayendo a gotones de sonido persistente por los techos, mientras adentro los cuerpos se encendían bajo cobijas del frío invierno.
Sentados en la cama, los domingos a la tarde él le leía a ella cuentos de Dal Masetto y ella a él a Borges o Cortázar. Más de una vez, le leyó "Romance" y él sabía, que era apenas un pretexto para llegar a la frase final que tanto lo oprimía como presagio, como un destino acechante a la vuelta de la esquina, o en cada ir y venir a la estación de trenes, para llegar o partir de los brazos de ella, su amor, su compañera.
Recuerda haberle leído esa frase que ahora ronda frecuentemente en su cabeza: el destino es insondable y no existe felicidad que no este amenazada.

Pero él recuerda cada encuentro y cada despedida como si fueran una sola, una misma imagen superpuesta de ese intento imperfecto de volver una y otra vez al placer, o al contacto de la piel, la fusión de los cuerpos, el orgasmo de cada cual a su tiempo y modo, la sonrisa del después y el dormir
abrazados para entrar en la noche del sueño bien juntitos.
Su piel lo enloquecía. Su blanca piel casi transparente en la que podía ver rutas celestes que no parecían venas sino mapas de cielo como los que ella surcaba primero en Aerolíneas Argentinas y más tarde en Lufthansa.

Vuelve a doblar en dos las tres o cuatro hojas de la carta sin dejar de echar una última mirada con los ojos húmedos sobre el encabezado, que seguramente la señora que esta allí enfrente ya ha leído, aun fingiendo desinterés y con la mirada perdida en algún punto de la estación que de una vez y quizá para siempre están por dejar cuando la fuerza de la máquina logre romper la inercia y el viaje se desate sin atenuantes en un movimiento externo a esa relativa quietud de gente sentada e indiferente a los otros seres sentados que parten desde sus propios mundos y asuntos.

No importa que esa señora sentada enfrente haya leído la fecha: Hamburgo, 15 de abril de 1992.
Y más abajo el Querido Julio: y luego parte del contenido que conoce de memoria y ha leído una y otra vez durante estos años, en sus viajes a bordo del tren.

Entonces el tren arranca y el hombre rompe la carta en cuatro con expresión de angustia marcada en el rostro, aunque ya maldice su impulso, su inútil esfuerzo por doblegar ese pequeño hilo de ilusión que lo mantiene ahí, no queriendo preguntarse sin respuesta, y entonces guarda esos grandes pedazos en el bolsillo derecho de su campera verdeagua, quizá ya mismo piensa en pegarlos con cinta transparente al llegar a su casa de Buenos Aires.
Intenta disimular su rostro desencajado. Se levanta y se va al otro vagón, no quiere testigos, que nadie sospeche ni se pregunte por que él sigue yendo y viniendo en ese tren. Ahora que ella, no esta más para esperarlo.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

Nosotros, no*

No hemos sido nosotros

quienes entre 1600 y 1850 hemos asesinado

sistemáticamente a más de 30 millones de indígenas

durante la colonización de Norteamérica

ni quienes a partir de 1619

legitimamos y establecimos el uso de prisioneros africanos como esclavos

situación que jurídicamente sólo vino a terminar en 1995;

no hemos sido nosotros quienes nos apoderamos

de Texas, California y Nuevo México entre 1846 y 1848

tras promover y financiar un movimiento de secesión en estos territorios mexicanos

ni quienes anexionamos a Hawai en 1898 e intervinimos

en la política de los países centroamericanos, anexionando

también a Filipinas, Guam y Puerto Rico;

no hemos sido nosotros quienes, por supuesto, innecesariamente

atacamos con bombas atómicas

a ciudades de Japón, como muchos recuerdan, en 1945

ni quienes una y otra vez

nos involucramos en guerras foráneas

y conquistando nuevos territorios

o áreas de influencia

declaramos la guerra a Corea

intervinimos en la política sudamericana

y a tantos masacramos en la guerra de Vietnam;

tampoco hemos sido nosotros

quienes invadimos a la República Dominicana en 1965

y reiteramos la experiencia en Panamá y Granada,

Afganistán e Irak

ni quienes en los primeros años del siglo veintiuno

mostramos abierta y sangrientamente la pretensión de dominar

a todas las razas y culturas;

de ningún modo somos nosotros

los que devoramos cerca del 40% de toda la Energía

incluyendo combustibles, alimentos y agua

ni quienes apostamos al sustento del mayor arsenal operativo nuclear de todo el Planeta.

Repudiamos nosotros, no sin énfasis

que se nos endilguen estos dichos, y aun otros, y otros

con esa liviandad, animosidad manifiesta

y afán estigmatizante que a ustedes los caracteriza

al tiempo que denegamos

haber ido deviniendo en el Supremo

Energuménico

Enemigo de la Humanidad.

(a Ernesto Guevara)

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Sin maquillaje‏*

En soledad
Y también en la noche
Quizás con las dos juntas
He descubierto la profundidad
Del abismo,
La pesadilla de ser yo
No me animo a mirar
En el espejo
No quiero asustar a mi rostro
Él aunque esté triste
No puede transmitir
Esa la pura soledad
De estar con uno mismo
Y sin maquillaje.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

SE HAN ABIERTO LAS BARRANCAS DE LA NOCHE*

Se han abierto las barrancas de la noche.

Aquellos que se han ido, han vuelto.

Silenciosamente, así como han partido.

Está la repudiada, con su sexo abierto y su boca cerrada.

Esta el hombre estallado en el espejo del amor

Está el niño que no llegó a la lluvia.

Esta la adolescente pálida ahorcada con sus trenzas azules-

Está la bestia, aun sin rostro.

Está el preceptor de primer grado con su índice erecto y su pene flácido

Está el hombre que murió en defensa propia.

Están los muertos ilustres envueltos en banderas.

Están los “muertos de mierda” y la mierda de los muertos.

Está el condenado por los dioses arrojado al Río de la Plata.

Están erguidas las ratas militantes de la peste negra.

Está Medea y los hijos de Medea.

Está el hombre de las cuencas vacías.

Está la infamia anónima escondida tras pétalos de lepra

Está Magdalena enamorada eterna del eterno hombre.

Está María con mirada cándida y piernas varicosas.

Está el padre del padre de la madre con su espada rota.

Está el poeta condenado a la muerte y la vida de la rosa.

Están deudos y deudores de la fetidez globalizada.

Está el hombre de sombrero bizarro.

Está el labriego con las callosas manos mutiladas

Esta la dueña de los pantanos invisibles

Está el vate chileno de la generación muerta.

Están todos. Ninguno falta.

Tampoco yo.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

Una mañana*

Silencio al sol de media mañana. El hombre percibe con su nariz cerrada por el resfrío como se abre paso lentamente un aroma a sopa de vegetales. Un olor a hogar inunda el aire quieto de la habitación.

Él, ahora, puede respirar bien, bastante mejor que ayer a la noche. Se abren sus sentidos y el gusto a sopa le trae bien cerquita la voz de anoche, con su compañera cantando en la cocina...

"Who can buy this wonderfull morning?"

"Who can buy this morning to me?"

Y algo más abajo de su voz de blanca negra que por momentos se eleva en catedrales, el hombre alcanza a oír la percusión, un ritmo espontáneo que surge del cuchillo cortando sobre la tabla de madera.

Pedacitos y pedacitos que serán bien pronto aroma y alimento.

Recién en la mañana, con la cama bañada de sol, el hombre abre sus pulmones y los llena del aire a sopa, y también del sonido que bien evaporado y mezclado en los sabores vegetales flota en la habitación...

"Who can buy this wonderfull morning?"

"Who can buy this morning to me?"

Tiene razón la letra. Nadie puede comprarle esta maravillosa mañana, cuando su nariz recibió como un golpe del recuerdo, ese aroma y esa voz. Una sencilla muestra de la dicha de amor y hogar que llegaba desde la cocina.

*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com

3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“

BASES DEL CONCURSO:

ÁREAS:
a. Composición para piano solo
b. Composición para piano y electrónica
c. Composición para piano y trío de cuerdas

v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.

ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.

Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.

Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO: 500 Euros

* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.

* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).

Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: euroyage@yahoo.de

más informaciones encontrará en: www.euroyage.com

EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)

El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v El Gobierno del Estado de Salzburgo
v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v La Asociación Música en el Museo (MiM)
v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE

DEL EDITOR DE INVENTIVA SOCIAL:

A los Amigos lectores de la edición mensual:

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El costo de la suscripción en Argentina es de 36 pesos anuales más gastos de transferencia bancaria o giro. Les ruego a quienes quieran y puedan incorporarse como nuevos suscriptores que me escriban a: inventivasocial@yahoo.com.ar

Saludos afectuosos.

*Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com

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Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
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Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

02/07/2008 GMT 1

PRESIDENTES MILLONARIOS...

urbanopowell @ 13:58

PRESIDENTES MILLONARIOS*

...No son recomendables,

menos aún

si hicieron el gran

amasado

en ejercicio del gobierno.

Ven mal,

ven poco, o por encima,

como capangas

de un ruedo, y ordenan,

chillan y acusan,

y la gente pasa a ser

algo extraño;

así queda graficado,

todo herido,

entre voces, disfraces

vastos

y al borde. La historia

ya desnudó

y engulló a muchos de

ellos.

*de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar

DE HISTORIAS EN LA HISTORIA...

La revuelta*

El pasillo noventa y siete de la Biblioteca Central amaneció con montones de páginas tiradas por el suelo. Este hecho había ocurrido por primera vez en la sección de "Novela corta" hacía un par de meses. En aquella ocasión se achacó a la acción de un perturbado con ansias destructivas, pero al repetirse en los pasillos de "Infantiles", en la sección de "Inventos" y en el área de "Descubrimientos" se inició una investigación.

Poéticamente, el caso se abrió como "el otoño de la literatura", nombre poco afortunado, pero como el comisario era amante de los poemas y escogía el nombre, se mantuvo así.

Se iniciaron las pesquisas mientras cada mañana amanecían más pasillos llenos de hojas. Se interrogó a multitud de ejemplares sobre todo lo que pudiera estar relacionado con el momento en que desaparecieron los libros de los estantes FU y GA, cosa que parecía una premonición. Después de medio año de investigación se procedió a detener a un comando de 120 libros entre los que se encontraban Miguel Strogoff, Viriato, Carlomagno, Atila y El Che, imputándoles cargos como cabecillas del movimiento.

En los interrogatorios manifestaron que los libros estaban cansados de ir de mano en mano, de ser maltratados , de que sus paginas fueran dobladas..." Te vas un día a casa de un tío, no te devuelve y te marchitas en cualquier rincón", "Te ponen bajo la pata de una mesa para que no se tambalee", los dibujos de los niños, los mordiscos de los perros…

Adujeron que todo ello había traído consigo graves daños colaterales. "Guerra y paz " fue devuelto sin nieve, "Mujercitas" con dos hermanas casadas, el "Talmut" con fotos eróticas, "La perfecta casada" con un amante, "Marco" con un mono de más y "Heidi" en estado. Y habían muchos más casos terribles e imperdonables; motivos más que suficientes como para iniciar una huelga de hojas caídas.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

43

La chaqueta roja de la azafata de Austrian Airlines flotó un segundo delante de mis ojos. Luego vi la mano apoyada en mi hombro. Y por fin la redonda cara pecosa y el gesto preocupado.
-¿Se siente bien, señor?
-¿Eh? Ah, sí, creo que me dormí.
-Ajústese el cinturón, por favor, vamos a aterrizar.
La conciencia de donde me encontraba llegó en pequeñas cuotas. El DC-9 de Austrian Airlines, el aeropuerto de Viena abajo, un campo blanco de nieve. Había olor a buen café en el avión.
-Estoy en Viena.
Estaba en la ciudad que era como mi casa. De pronto me sentí protegido y cuidado. Pero unos minutos después, cuando bajaba la escalerilla y a pesar del frío hiriente que debía despertarme del todo, tuve ganas de sentarme en un escalón y dormir. Alguien detrás de mí preguntó en inglés si estaba enfermo. Sacudí la cabeza, me reí. No estaba enfermo, tenía sueño.
Y qué sueño. Dos veces estuve a punto de caer sobre la cinta transportadora mientras esperaba el equipaje. a tientas pasé por inmigración, tironeando el carrito y tambaleándome llegué a la parada de taxis, subí a uno, le di el nombre del hotel al chofer y me dormí inmediatamente.
Desperté cuando el coche llegaba a la fuente de Mozart niño. Mozart, grácil y feliz, hacía música en la nieve bajo su capa invernal de polietileno. Unos metros más adelante estaba el Hotel Rainer.
No pude evitar que el conserje llamara al dueño del hotel para avisarle de mi arribo. me moría de sueño, pero al cabo de tantos viajes y tantas estadías en el Rainer, la amistad con Peter exigía el abrazo de bienvenida.
-¡Grüss Gott, Alberto!
Un oso de mediano tamaño se arrojó sobre mí, acribillándome a preguntas. Bostezando, le dije que no me quedaría mucho, dos días a lo sumo. Trabajo, como siempre. Y la ITB.
-¿De dónde vienes?
El piso se movió.
-¿Cómo?
Dios, no me acordaba. ¿de Bucarest? ¿De Milán?
-Alberto, ¿estás bien?
El piso dejó de balancearse. Sonreí. Oh sí, perfectamente bien. Sólo muy cansado y con un resfrío que me tenía a mal traer.
Exclamó, gesticuló, se disculpó, llamó a un botones, le ordenó que subiera mi equipaje, me me metió a mí en el ascensor, entró él, hablando sin parar.
Debía acostarme ahora, luego almorzaríamos juntos. ¿Dos días en Viena? Qué vergüenza, yo siempre de paso, ¿para cuándo las vacaciones? Muy cerca de Viena, había un hotelito tranquilo, el dueño muy amigo de Peter, buena pista de esquí, qué escándalo no esquiar, aplaca los nervios, mirá qué tranquilos nosotros los austríacos, eso sí, el segundo puesto en la estadística mundial de suicidios, no por el esquí, tampoco por la economía, menos por el trabajo, vaya a saber por qué, ¿ y el pobre Wilkins? ¿Me había enterado de lo del pobre Wilkins? Ah, tanto que contar. Y ese loco de Janez se había casado por quinta vez, y bien, un yugoslavo, un insensato de nacimiento, pero la chica era una belleza y veinte años más joven que Janez, no, tal vez no tan loco...
Se interrumpió para abrir la puerta de mi cuarto y lo examinó con aire severo. Todo en orden. ¿Quería tomar café? No, café no. Con esa cara, mejor chocolate caliente. O cognac.
Se alejaba trotando por el pasillo cuando recordé.
-Peter.
-¿Sí?
-Vengo de Berlín.
Mi cuarto en el Rainer. Blanco. Tibio. Mullida la cama. No había botella de Kirsch esta vez. No le había dado tiempo a Peter y me lo reprocharía durante el almuerzo. La avenida con tranvías silenciosos y veloces. Wiedner Haupstrasse. esa dirección la recuerdo. Era la de mi casa en Europa. Nevaba. Es bueno mirar la nieve que cae. Porque adormece. Acuna.
Me desvestí, dejé la ropa sobre una silla. Y me acosté. El perfume de las sábanas limpias, el peso del edredón, la honda almohada, me absorvieron. Estaba tan cansado. Sin embargo, no lograba dormirme. La tibieza primera se convirtió en calor. "La calefacción es exagerada. Tengo que abrir la ventana". No me moví ni para quitarme de encima el edredón.
Cada vez que creía que iba a dormirme, algo me despertaba. pero no era la campanilla de los tranvías en Wiedner Haupstrasse. Era un ruido similar al que hacen las barajas cuando las mezcla el jugador. Y no eran barajas sino fotografías. Fotos grandes, reveladas en un papel muy duro, de grano grueso, apostadas una a una, con golpe seco y breve, sobre una mesa imposible.
Vi la corriente nerviosa de luces de la Kudam, el muñon de la catedral bombardeada, las puertas del Hotel Kempinski. La calle de tierra, la lluvia y en el centro la bondadosa cara de mi padre, la cara que tenía cuando yo era chico, los ojos grises en la cara de un chofer de taxi. había una foto de la pensión de Frieda Preutz y otra del balcón y de la escalera. Dos seguidas de una misma mujer. La primera era el retrato de Victoria que tanto le gustaba y del que nunca pude desprenderme. La segunda era Victoria sentada, con un libro sobre la falda, pensativa y muy quieta. Luego venía una mesa de restaurante con un mantel a cuadros, un florerito, una vela. En la misma fotografía, un poco en sombras, había una muchacha rubia. La constructora de lápidas, la estudiante de Düsseldorf. En el largo cuello brillaban unos puntos de luz. Ese hombre sonriente, con las manos en los bolsillos de su campera de cuero, era Juan Pablo Miller, que esperaba debajo de un reloj de hierro en un patio desierto. Y ésa, amenazándome con una aguja de tejer, autoritaria y burlona, Frieda Preutz.
Las fotografías me marearon. Tenía mucho calor ahora, me faltaba el aire. Cerré los ojos. Si pudiera dormirme... Una foto grande en colores. Francisco Uriaga. An, el guión para la película. Vi la mesa de "Giulio" y a Juan Pablo Miller, Ramón Segura, Carlitos pavoni y yo, muertos de risa, festejando las páginas entregadas. Oí la voz del director de cine: "Cuando vuelvas de Viena, podrás ver la primera copia. Y cobrarás tu parte". Y más baja, más triste, la de Carlitos: "Ya le compaginé las panorámicas, tres palmeras de fondo, altas y finas, las cabezas desgreñadas en un solo racimo".
Ahora confundía todo. Me veía en Ezeiza, esperando el avión, y en seguida descubría que era el aeropuerto de francfort y partía a Berlín. Le pagaba la cuenta a Frieda Preutz, pero salía de la pensión a Jonte y los paraísos florecían. Estrechaba la mano de Juan Pablo Miller y su sonrisa era la de paco Stein, que me decía que este mundo es muy raro. Lo único que no confundía era la gran imagen en colores de Francisco Uriaga y las páginas donde conté su historia.
Sentí náuseas. Supe, infinitamente asombrado, que iba a desmayarme. Con enorme esfuerzo logré sacar una mano de abajo de la sábana y tomé el teléfono. El tubo resbaló de mi mano floja, cayó al piso.

*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

Dos historias*

*Por Hugo Soriani

En 1978 Juan, que tenía 22 años y llevaba casi cuatro detenido, fue trasladado junto con otros quince presos políticos desde la cárcel de Sierra Chica hasta el campo de concentración de La Perla, en Córdoba, en calidad de rehén, para ser fusilado si la guerrilla cometía algún atentado durante el
desarrollo del Mundial de fútbol.
Ese grupo de 16 personas fue mantenido durante el tiempo que duró el campeonato con las manos esposadas a la espalda y los ojos vendados, sentados en el suelo, contra la pared, pero con un raro privilegio: si jugaba Argentina sus custodios los esposaban con las manos hacia adelante para que pudieran festejar, agitándolas, cuando nuestra Selección convertía los goles que el relato de José María Muñoz llevaba hasta sus oídos.
Luego de la consagración argentina, y felices de seguir aún con vida, tuvieron otro premio: sus verdugos les permitieron bañarse y les ofrecieron, como broma macabra, cambiar sus ropas por otras que habían pertenecido a los desaparecidos asesinados en ese centro clandestino.
En junio de 1978 Ernesto, que tenía 23 años y llevaba tres como preso político en la cárcel de Magdalena, fue arrancado de su celda durante la noche, molido a palos, bañado en agua helada y sometido a varios simulacros de fusilamiento, para luego ser arrojado en una celda de castigo en la que
permaneció diez días en cuclillas porque sus dimensiones le impedían pararse.
Desde esa celda, Ernesto escuchaba los gritos de sus verdugos que hacían estallar la cárcel cada vez que Mario Kempes perforaba las redes adversarias.
Ernesto, futbolero al fin, también festejaba, pero intuyendo que cada gol argentino era una ficha a favor de la dictadura que podía prolongar su cautiverio.
Sólo años después, y ya liberado, vería la vieja y conocida foto de la junta militar festejando el título en el palco del Monumental y recordó entonces esos goles que festejó, y padeció, en la oscuridad de su calabozo.
Hoy Juan y Ernesto pasan los cincuenta años, son sobrevivientes y pudieron reconstruir sus vidas y sus afectos. Ambos, junto a sus familias, estuvieron en "La otra final", esa que el domingo organizó el Instituto Espacio para la Memoria en la cancha de River, con la intención de empezar a cerrar una
herida entre los futbolistas que ganaron la copa y las víctimas de los genocidas que los usaron para tratar de limpiar la imagen del régimen militar.
De aquellos jugadores estuvieron Luque, Villa y Houseman, quienes, como gran parte de la sociedad argentina, en aquellos años no fueron conscientes de la magnitud de la masacre, pero hoy tienen el coraje y la dignidad de decir presente y recordar, prendidos de la bandera con la foto de los desaparecidos, a quienes murieron mientras multitudes festejaban el campeonato del mundo.
Otros jugadores de aquella Selección adhirieron al acto y algunos prefirieron no hacerlo, incluso hasta hicieron declaraciones públicas en contra, como si ejercer la memoria y la autocrítica fuera en desmedro de sus éxitos deportivos.
El inefable Menotti, que suele desgranar conceptos "progres" en cada uno de sus apariciones, sigue sin aparecer cuando se trata de comprometerse con la justicia y la memoria. Una vez más desperdició la oportunidad de ponerse al frente de una convocatoria que pudo tenerlo como protagonista. Como ocurrió en aquel mundial donde sí permitió que la dictadura usara su carisma, su prestigio y su figura para que los asesinos escondieran ante el mundo la magnitud de sus crímenes.
Nora Cortiñas, Taty Almeida, Adolfo Pérez Esquivel, Ana María Careaga, Mabel Gutiérrez, entre otros dirigentes de organismos defensores de derechos humanos, entregaron medallas a los participantes. Las medallas dicen: "En reconocimiento a su participación en 'la otra final'. El partido por la vida y los derechos humanos". Y también la recibieron los jugadores de la Selección Sub-20 que jugaron un minipartido con sobrevivientes, como simbólico homenaje a todas las víctimas de aquellos años.
A Houseman se le caían las lágrimas en su abrazo con Nora Cortiñas. A Luque se lo notaba emocionado cuando se puso los cortos para jugar unos minutos, y a Villa, pionero en reconocer aquel horror, se lo disputaban todos los micrófonos.
Caía la tarde sobre el monumental cuando el flaco Spinetta dejaba los primeros versos de "Laura va".
Joaquín, Manuel y Sebastián, los pequeños hijos de Ernesto y Juan, ya tenían sus camisetas argentinas con las firmas de los jugadores presentes. Ojalá no tengan que esperar otros treinta años para completar las que faltan.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-107057-2008-07-02.html

5 de julio*

El hombre avanza con andar cansino y tembloroso sobre el suelo de grava. Un inusual sol de invierno le pega con sus tímidos rayos sobre la nuca, amortiguando apenas aquel escalofrío existencial que lo embarga desde hace ya mucho tiempo. Esa sensación de vacío que experimenta en cada aniversario, cuando el calendario indica que promedia la primera semana de julio, y sus recuerdos se fugan sin aviso hacia aquellas viejas épocas de gloria, cuando aún pertenecía a la gloriosa institución ferroviaria. Cuando aún tenía cuarenta años, y era el eficiente guarda de trenes Carlos Ruíz.

El entorno ha ido cambiando a lo largo de los años. Y sólo la memoria –junto al recorrido de los colectivos que rodean la zona- consigue ubicarlo en el mismo espacio geográfico que abandonara hace casi treinta años, ya que si fuera por las reminiscencias del paisaje, bien podría haberse perdido hacía ya varias horas. Ya casi no quedan vestigios de la antigua estación. Y la sensación de angustia y soledad es tan grande que ni siquiera es capaz de derramar una lágrima, al menos para atenuar tanto dolor.

En un gesto casi mecánico, mientras abarca con su mirada aquel paisaje tan extraño como familiar, de características casi siniestras, hunde una de sus manos en el bolsillo del saco y aferra ese fragmento de papel tan antiguo como manoseado; contacto que de alguna manera lo mantiene cuerdo, trayéndolo nuevamente a la realidad, un espacio que mixtura diferentes planos, del ayer y del hoy, conformando algo tan rico como incomprensible, y hasta casi aterrador.

Intenta avanzar, pero la emoción lo inmoviliza en el lugar. El tiempo parece haberse detenido. Aún le parece oír los distantes silbatos de las locomotoras, el paso fragoroso de las formaciones, el traqueteo de los vagones sobre las juntas de las vías. Y siente calzada sobre la cabeza su vetusta gorra gris, y la chaqueta color crema sobre los hombros, y el silbato siempre presto junto a su boca, anunciando la salida en horario del tren…

Las imágenes del pasado se confunden con este disímil paisaje actual, en el que apenas consigue divisar una silueta que se acerca.

-¿Qué tal? -, saluda el recién llegado, con las manos en los bolsillos, haciendo una inclinación de cabeza, y ganando confianza para comentar:. –Está lindo al sol, ¿no?

-Y, sí… -, responde Don Carlos, casi ausente. –Sobre todo, cerca de este lugar, tan lleno de recuerdos…

El otro pasea la mirada sobre el paisaje, para luego volver a mirarlo, detenidamente. De pronto, Don Carlos repara en esa mirada que lo escruta, y se la devuelve, un tanto extrañado. El recién llegado esboza una media sonrisa, quizá gratificado por el encuentro, y le pregunta:

-Usted no se acuerda de mí, ¿no?

Don Carlos duda.

-No… La verdad que no. A mis años, mire… Hay cosas que no se tienen tan presentes.

-Éramos más jóvenes, es cierto. Pero a pesar de la rutina y de la inmovilidad del final, compartimos varias cosas en este lugar. Sobre todo los mates, que Usted me hacía ensillar a cada rato…

Don Carlos da un par de pasos y se acerca, para mirarlo más detenidamente. Es cierto, han pasado los años, pero detrás de ese rostro curtido, de esa apariencia de hombre cincuentón, se ilumina la misma mirada sensible, desbordante de utópicas ilusiones, que contemplara treinta años antes. Alza su dedo índice, apuntándole al rostro, y le dice:

-El sociólogo señalero…

-Jesús Corrado, el mismo -, responde el otro, ensanchando la sonrisa, y tendiéndole la mano, que Don Carlos estrecha sin mirar, halagado y sorprendido al mismo tiempo, como si acabase de haber visto un fantasma.

-¡¿Pero cómo está?!

-Y, aquí andamos… De regreso en el “lugar de trabajo”, como cada tatos años…

-No me diga que viene seguido…

-No tanto como quisiera, pero de vez en cuando, para esta fecha, me doy una vuelta, y veo cómo quedó todo. Aunque, claro, no es lo mismo.

-No somos los mismos. Tenemos los achaques propios de la edad. Y en todo este tiempo, nos pasaron muchas cosas.

-Dígamelo a mí, que por haber estado en la “Jotapé” tuve que esconderme, y laburar de lo que fuera durante los años de plomo. Ni por asomo me tomaron de vuelta en el ferrocarril; nadie quería líos con las botas. ¿Y Usted?

-Y, ¿qué le puedo contar? Me puse a trabajar en una panadería, la de mi cuñado, durante muchos años. Después compartí un puesto de diarios. Pero nunca me sentí tan a gusto como acá en la estación. Esta era mi vida, Jesús. El día que lo cerraron fue para mí como si me amputasen un brazo.

-¡Ya lo creo! Sé lo que sintió. Para mí, aunque estuve poco tiempo, fue un remanso entre tanta confusión. Me sirvió de refugio intelectual, para empezar a cerrar conceptos sobre mi vida que no tenía claros al abandonar la facultad. No sabe cómo extrañé nuestras mateadas. Con decirle que aún conservo en mi casa la calabacita que solíamos usar en la oficina…

-¿De veras? -, y Don Carlos se estremece de la emoción. –Mire, voy a confesarle algo. Me da cierto pudor hacerlo, pero es la única persona a quien puedo contarle esto. A los demás, bueno…, creo que a mis 75 años pensarían que ya estoy senil, que no puedo aferrarme a estas cosas, que tengo que hacer algo para disfrutar tranquilo mis últimos años… En fin…

-¿De qué se trata?

-Desde aquel último día en que estuvimos en la estación, cuando llegó a la sala de espera aquel cadete en bicicleta, trayendo el telegrama de cierre, ¿se acuerda?…

-Claro, hombre. ¡Cómo olvidarlo!

-…bueno, desde ese día… -, hace una pausa, aclarándose la garganta, presa de una emoción tan antigua como devastadora, -…desde aquel maldito día conservo esto que para mí es un tesoro, una reliquia nefasta, pero que cada vez que lo tomo entre mis manos me recuerda que no todo se ha perdido, que al menos algo he podido conservar, aunque más no fuera un fragmento del final…

Y con mano temblorosa, aún dudando de enseñar ese placer que se le antoja secreto, imposible de compartir con miradas ajenas, extrae del bolsillo del saco ese papel antiguo y manoseado, oscuro de tanto trajín, pegado con innumerables cintas adhesivas, y se lo extiende casi con culpa, como si no se atreviera a desprenderse de él, como si se le fuese una parte de la vida al separarse de aquella reliquia.

-¿Puedo? -, pide permiso Corrado antes de tomarlo, adivinando las emociones del viejo, quien asiente repetidas veces con la cabeza, sin la fuerza suficiente para responderle con palabras.

El antiguo señalero del Ferrocarril General Belgrano despliega el papel con suma delicadeza, temeroso de estropearlo con algún movimiento apresurado, y lee aquellas líneas ya desdibujadas, apenas legibles, pero demoledoras como mazazo en el corazón:

“CIERRE RAMAL PUNTO

JUNTAR HERRAMIENTAS PUNTO

CERRAR ESTACIÓN CORONEL DOCTOR MARCOS PAZ PUNTO

PONER CANDADOS OFICINAS PUNTO

PRESENTARSE ESTACIÓN LA PLATA

COBRO DE HABERES PUNTO

CINCO DE JULIO 1977”

-Es el mismo… -, balbucea Corrado. –El telegrama que trajo aquel cadete que…

-Sí, hombre. Es el del final -, asevera el ex guarda de trenes, con el llanto atravesado en la garganta. -El que tiene fecha de hoy, cinco de julio, pero de hace casi treinta años atrás…

-Don Carlos… -, continúa balbuceando el antiguo señalero, volviendo a pedir permiso, -…¿no se ofende?

Y ambos hombres se funden en un único abrazo, cálido y fraternal, cómplice y sin edad.

*de ALDIMA. licaldima@yahoo.com.ar

El hermano*

*Josefina Licitra
02.07.2008

–Soy una vedette en cuerpo ajeno –dice Jaime García Márquez luego del sexto cuba libre, su mano en mi mano, el cuerpo reclinado sobre la mesa de un bar casi vacío–. Todos esperan ver a Gabito pero me encuentran a mí, y yo hago lo que puedo.
Son las cuatro de la mañana de un jueves y Cartagena de Indias es apenas sus luces. Los zapatos de Jaime son blancos. También su guayabera, su pantalón y sus dientes.
–Hace unos días le decía a Gabito: “Tú lo tienes todo: dinero, fama, prestigio, una obra. Pero si tienes tanto, seguro que eres mal polvo”. Él me miró con esa cara que tiene cuando se despierta de algo. “¿Ah…?”, dijo y luego la llamó a su mujer: “Oye, ¿yo soy mal polvo?”. Mercedes no contestó, así que yo lo tomo como un sí.
Es la segunda vez que me encuentro con Jaime. La primera sucedió hace cuatro años, durante un evento de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez. En ese entonces –como siempre– la estrella del lugar había sido Gabo. Pero los verdaderos anfitriones detrás de ese despliegue habían sido, también como siempre, Jaime Abello Banfi (director de la FNPI) y Jaime García Márquez: ingeniero, comunista explícito, hacedor de caminos, subdirector ejecutivo de la Fundación y hombre dueño de una religiosidad extraña. “¿Conociste a Gabito?” “Siéntate cerca de Gabito.” “¿Te has sacado foto con Gabito?” “Ven que te presento a Gabito, el tesoro de la familia.”

Jaime hablaba de Gabito como si estuviera entrando a un templo. Y lo raro es que esa admiración, contra cualquier prejuicio, encerraba un amor dolorosamente honesto. No debe ser fácil ser hermano de Gabriel García Márquez. Sus padres, Gabriel Eligio y Rosa Santiaga, parieron quince hijos y hay veces que la sede de la Fundación –en Cartagena de Indias– está llena de Garcías que saltan de los zócalos con la promiscuidad de un virus. Por algún motivo, sin embargo, de toda esa madeja de parientes es sólo Jaime quien carga la cocarda y las responsabilidades de ser el hermano de un Nobel.

Si en términos existenciales el éxito y el fracaso son el resultado de un humor cósmico (que da las mieles sólo a algunos), tener un hermano genial debería vivirse con el sinsabor exasperante del que compra el billete 100 y luego escucha que el Gordo de Navidad fue el 101. Tener la posibilidad del éxito, en términos formales, a un palmo de distancia puede destruirte mucho más que tenerlo en la otra punta de tu planeta privado. Pasa en las familias, pero también en los mundos mayores. En San Pedro de Macorís, por ejemplo, un puerto dominicano ubicado a quinientos kilómetros de Estados Unidos, la posibilidad del sueño americano hace que cientos de chicos se lancen al mar y terminen tragados por los tiburones. El problema, esa vez, no es el modelo sino la falsa cercanía de la victoria; la sensación de que basta un solo paso para estar adentro.

¿Hay forma de salvarse? ¿Hay forma de no llenarte de fracasos cuando sos el hermano, el marido, la periferia del éxito? Ahora, en Cartagena de Indias, Jaime García Márquez da señales de que sí. Y dice a su modo –que es: sin siquiera necesitar decirlo– que la única manera de seguir entero es haciéndose amigo de las propias fisuras. Jaime disfruta hablando de sus grietas y ofreciendo con nobleza lo que él supone que todos queremos tener: historias de Gabito, secretos de Gabito, foto con Gabito, tour de Gabito. “En esta plaza se filmó una escena de El amor y otros demonios, ¿lo has leído? Para el papel de la muchacha trajeron a una cubana que Dios mío: casi me da un infarto, no sabía qué se me podía parar primero”, me dijo Jaime hace un rato, tomándome del brazo, cuando paseábamos por Cartagena de Indias y la ciudad era, en esas horas, un sueño interminable: las casas antiguas, la noche, la plaza triangular, y los ojos felices y espejados de don Jaime hablando de Gabo, Gabito, su hermano del alma, su tesoro.

–Todavía no se ha hecho un trabajo sobre el pensamiento político de García Márquez –advierte ahora sobre la mesa del bar.

–¿Por qué no lo hacés vos?

–Nooo –frunce la frente–. Ya van a pensar que quiero hacerme el escritor.

La sonrisa de Jaime es blanca. Una hilera de edificios fuertes, en la boca de un hombre que se cree pequeño.

*Fuente: Crítica digital
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=7229

Correo:

Crónicas del Hombre Alto (el blog)*

Este blog reúne las crónicas, artículos de opinión y otras divagaciones en prosa que he venido escribiendo desde el 2004 a la fecha, más algunos otros textos previos que he rescatado de la prehistoria.
Casi todos estos escritos han sido publicados en las revistas virtuales "Inventiva Social" y "La Máquina de Escribir", y unos cuantos lo fueron en "Gaceta Literaria". También, por carácter transitivo, aparecieron en varios blogs y/o páginas de Internet que acostumbran reproducir lo que se publica en los medios ya mencionados. En dimensión papel, varios de estos textos han encontrado alojamiento en las páginas de "El Arca del Sur". Y por supuesto, también han circulado por mail gracias a la generosidad de mis colegas y la amabilidad de mis amigos. A todos los que han colaborado en esta tarea de difusión -siempre bienvenida, por cierto- muchas gracias.
Pueden Uds. recorrer el blog a gusto ingresando a la dirección http://cronicasdelhombrealto.blogspot.com
o bien pueden consultar la lista de aquí abajo y hacer click sobre las crónicas que les interese leer.
Espero que disfruten la lectura.

*Alfredo. alfdibernardo@ciudad.com.ar

LISTADO DE CRÓNICAS PUBLICADAS EN EL BLOG

Crónica nº 40: Veinticuatro minutos de silencio (mayo 2008)
Crónica nº 39: Juan y Mayra miran fotos viejas (abril 2008)
Crónica nº 38: Nada nos deja más en soledad (marzo 2008)
Crónica nº 37: Internet y el cajón falso de la cocina (febrero 2008)
Crónica nº 36: La memoria en los dedos (febrero 2008)
Crónica nº 35: ¿Y vos quién sos? (noviembre 2007)
Crónica nº 34: Muebles viejos (noviembre 2007)
Crónica nº 33: El almanaque me hace bromas (agosto 2007)
Crónica nº 32: Recordando a Michel Serrault (agosto 2007)
Crónica nº 31: Acerca de una carta a Fontanarrosa que jamás será escrita (julio 2007)
Crónica nº 30: ¿Para quién canto yo, entonces? (mayo 2007)
Crónica nº 29: La perspectiva escandinava (abril 2007)
Crónica nº 28: Los docentes y el zeppelin plateado (abril 2007)
Crónica nº 27: Pequeña crónica naranja (marzo 2007)
Crónica nº 26: Incidentes en la partida de Alfredo Di Bernardo (enero 2007)
Crónica nº 25: De cuando (aparentemente) Dios decidió involucrarse un poco en el fútbol argentino (diciembre 2006)
Crónica nº 24: Noviembre del '81 (noviembre 2006)
Crónica nº 23: El señor de las aguafuertes radiales (septiembre 2006)
Crónica nº 22: Los fugitivos del siglo XXIII (septiembre 2006)
Crónica nº 21: La canción que no dice nada (agosto 2006)
Crónica nº 20: Días (julio 2006)
Crónica nº 19: La pasión según Atlas (mayo 2006)
Crónica nº 18: Ella no era para mí (abril 2006)
Crónica nº 17: Sobre cierta amnesia colectiva (abril 2006)
Crónica nº 16: Ha llegado Florencio (marzo 2006)
Crónica nº 15: Carta abierta a Joaquín Sabina (marzo 2006)
Crónica nº 14: Apuntes de un viaje a las Cataratas (febrero 2006)
Crónica nº 13: La carta de Antonella (diciembre 2005)
Crónica nº 12: De las dificultades para escribir boleros cuando se es una persona relativa (noviembre 2005)
Crónica nº 11: La perspectiva histórica y sus trampas (noviembre 2005)
Crónica nº 10: De ilusiones rematadas (agosto 2005)
Crónica nº 9: Alegría en rojo y negro (mayo 2005)
Crónica nº 8: Del lenguaje como medio de incomunicación (marzo 2005)
Crónica nº 7: Navidades (diciembre 2004)
Crónica nº 6: Era en abril (noviembre 2004)
Crónica nº 5: Pero qué bueno, che (octubre 2004)
Crónica nº 4: El precio de la normalidad (julio 2003)
Crónica nº 3: Magia (noviembre 2002)
Crónica nº 2: El humor en los tiempos de la cólera (julio 2001)
Crónica nº 1: La dictadura de la alegría (marzo 2001)

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Que es Inventiva Social ?
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Cuales son sus contenidos ?
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Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

29/06/2008 GMT 1

COMO SI EL MUNDO FUERA UNA PARED DE VIDRIO...

urbanopowell @ 16:14

CENIZAS*

*Alejandra Pizarnik.

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te...

La noche sufre.

*Fuente: http://amediavoz.com/pizarnik.htm

COMO SI EL MUNDO FUERA UNA PARED DE VIDRIO...

Domingo, 29 de Junio de 2008
OSVALDO BAYER HABLA DE EXILIO, VIOLENCIA, CENSURA Y PERONISMO

"Los intelectuales deben ser solidarios con los que sufren"*

A propósito de la edición del libro Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas, el escritor, periodista e historiador actualiza el debate sobre "los temas que se discuten desde siempre". El autor de La Patagonia Rebelde no esconde nada.

*Por Silvina Friera

Desde el escritorio de su casa en Linz am Rhein (Alemania), a orillas del río Rin, Osvaldo Bayer contempla un inmenso bosque de hayas, robles, nogales y otros árboles y plantas con sus curiosas y hermosas flores silvestres. Y oye el canto de los pájaros. En esa casa, construida por su hijo Udo, espera que lleguen los sueños, los recuerdos, los anuncios, lo imprevisto. "Aquí espero la visita de Chejov, de Bernhardt, o de los poetas de siempre, Goethe, Hesse. Y por ahí también llega Evaristo Carriego en el tren provincial y lo espero en la pequeña estación, o a Roberto Arlt, para hablar en alemán", cuenta el escritor a Página/12. "Tengo el retrato de Marlene Dietrich, claro, aquí en la biblioteca, no en el dormitorio como lo tengo en Belgrano. Sí, aquí, en la biblioteca, no sea que me visite José Pablo
Feinmann y me denuncie en alguna contratapa", bromea. El escritor, periodista e historiador está convencido de que la polémica es una de la armas de la razón. Polemizar es su modo de estar en el mundo (ver aparte). Lo prueba, en parte, Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas, editado por Casa América Catalunya y La Ochava Ediciones, con compilación y epílogo de Fabián D'Aloisio y Bruno Napoli, que recoge siete polémicas que el autor de La Patagonia Rebelde ha mantenido con Ernesto Sabato, Alvaro Abós, Mempo Giardinelli, Roberto Baschetti, Günter Lorenz y Rolando Graña.
En estos debates intensos sobre el exilio, la violencia, la censura, el rol de los intelectuales y sus complicidades con el genocidio y el peronismo, Bayer pone la palabra al servicio de la reflexión, el debate y la discusión.
Como señala Rodolfo Mattarollo en uno de los estudios preliminares del libro, "se trata de estar dispuesto al intento de pensar las experiencias límites y sus contradicciones muchas veces insalvables".
-¿Por qué al repasar las siete polémicas la sensación que impera en el lector es que los temas planteados no tienen fecha de vencimiento, que no están cerrados?
-A pesar del tiempo transcurrido, ninguno de los temas de las polémicas ha podido ser resuelto ni en el mundo ni en la Argentina. Porque miremos al mundo o sólo a la Argentina, ¿es aceptable el estado de cosas actual? ¿Acaso los argentinos hemos aprendido algo después de las enseñanzas que nos dejó
la crueldad extrema en que vivimos durante la última dictadura? Nada; miremos las estadísticas: hambre de nuestros niños, gente sin trabajo, villas miseria. Después de dos guerras mundiales pareciera que la humanidad no ha aprendido nada. Irak, Afganistán, refugiados, hambre, bombardeos, deterioro de la naturaleza... Por eso, hay que sentarse a la mesa y discutir, por lo menos eso. No al conformismo. No al hincarse y ponerse a rezar. Pero yo no busqué las polémicas. Ante mis escritos, me buscaron y me
encontraron. No le quité el cuerpo.
-Rodolfo Terragno plantea en uno de los artículos en los que polemizó con usted que el exilio, durante la última dictadura, creó una deuda. ¿Cree que se logró saldar esa deuda en estos años de democracia?
-No. La democracia no hizo justicia con el exilio. En ese sentido, la Alemania que surgió después de la caída del nazismo reivindicó a sus exiliados. Por ejemplo, se les pagó el pasaje de regreso y se les dio una labor. A los intelectuales prohibidos se les dio una tarea en la cultura o en la docencia y se les reeditaron sus libros quemados, indemnizándolos. En la Argentina no pasó nada de eso. Todo lo contrario. Cuando regresé, había un clima adverso al exiliado que volvía. Alfonsín, al día siguiente de
asumir el mando, invitó a la Rosada a almorzar a intelectuales argentinos, pero a ninguno de los que habían regresado del exilio. Volví en octubre del '83, el día de las elecciones. En los primeros cinco años no conseguí ningún trabajo. Por eso, todos los años regresaba a Alemania para trabajar seis meses y ganarme las divisas para poder vivir en la Argentina los otros seis meses. Hasta que Página/12 me abrió sus puertas y la Facultad de Filosofía me nombró profesor titular. Por lo menos, los gobiernos elegidos después de la dictadura tendrían que haber editado los libros quemados, y resarcido, por los daños, a las sufridas y valientes editoriales de esos libros.
-En el debate con Terragno la discusión parece tensarse cuando se reflexiona sobre el papel de los intelectuales. ¿Cuál es la incomodidad que produce y quizá siga produciendo pensar el rol del intelectual?
-Repito siempre: el intelectual debe tener todas las libertades para escribir o decir su pensamiento, pero eso sí, tiene que ser solidario con los que sufren y salir a la calle por ellos. Si no, ¿para qué sirve la intelectualidad, si se aísla en la torre de marfil y no escucha los ruidos de la calle? Y más aún durante una dictadura de la desaparición de personas.
-Usted definió a Sabato como "el héroe de la clase media" en 1985. ¿Lo sigue siendo, o después de la polémica que tuvo con usted, en el Periódico de las Madres, su figura fue perdiendo peso?
-Mi definición de Sabato como "héroe de la clase media" fue dicha con ironía. Me refería a esa clase media que no quiere ser molestada nunca y sale a la calle sólo para aplaudir al gobernante de turno, al triunfador de turno, al preferido de los medios. Sabato fue un maestro en mantenerse en equilibrio en todas las décadas. Con catorce dictaduras militares ni estuvo preso, ni le prohibieron un libro, ni tuvo que irse del país, ni la policía nunca le tocó el timbre de su casa. Esto no es un reproche, pero por lo
menos tendría que haber dejado de representar su papel de "eterna víctima".
Pero bien, todo se puede pasar por alto pero lo que no le voy a perdonar nunca es haber escrito en su libro El otro yo del peronismo esta frase: "Perón era un resentido, como buen hijo natural que era". Ser hijo natural no es ni un pecado ni un desmedro. Yo, que soy un hijo "legítimo", prefiero la palabra "natural" a la palabra "legítimo".
-¿Por qué Sabato nunca hizo el acto de contrición que usted le pedía?
-Creo que le falta una palabra que valoro mucho: humildad. El ir a visitar a Videla y decir que ese dictador criminal era "un general culto" fue un error que produce espanto. Luego, ya en democracia, tendría que haber dicho: "me equivoqué, y pido perdón a todas las madres de los desaparecidos". Y no, no lo hizo. Pero no quiero seguir este tema dada la edad actual de Sabato. Creo que está todo dicho en la polémica, que tuvo lugar cuando teníamos 23 años menos.
-En el campo de la discusión de ideas, tanto con Alvaro Abós como con Mempo Giardinelli se percibe que el debate sobre la violencia constituye una dificultad crónica de las izquierdas, peronista y no peronista. ¿Cuáles serían las causas de este déficit?
-Es que queda muy bien decir "estoy contra toda violencia". Yo también estoy contra toda violencia, pero comprendo ciertas reacciones de las víctimas de la brutal y continua violencia de los de arriba. Repito aquello tan verdadero: no hay violencia de abajo si primero no hay violencia de arriba.
Es una reacción, a veces la última posibilidad de libertad y justicia. El derecho de "matar al tirano" o de hacerse justicia con la propia mano cuando no hay justicia de arriba son dos problemas que se discuten desde siempre.
Si el atentado contra Hitler de Von Stauffenberg hubiera sido exitoso, se calcula que se habrían salvado diez millones de seres humanos. Hoy Von Stauffenberg es uno de los grandes héroes de la historia alemana: monumento y acto oficial en el que se lo recuerda todos los años. Claro, pero ¿quién
pone los límites una vez desatada la violencia? Por eso, no hay que jugar con el pueblo porque siempre habrá alguno que reaccionará. En nuestro país no se conoce la autocrítica. Los radicales no han pedido disculpas por los fusilamientos de los peones patagónicos del '21. Los peronistas no han pedido disculpas por las Tres A de López Rega, ni tampoco por los gobiernos de Menem, de Romero en Salta o de Juárez en Santiago del Estero, para nombrar sólo cuatro ejemplos de otros hechos negativos de nuestra historia.
-La última polémica del libro, con Roberto Baschetti, es sobre el peronismo, sobre el discurso que pronunció Eva Perón el 1o de mayo de 1949. Felipe Pigna disiente con su planteo de considerar a Evita heredera del pensamiento y las prácticas de la derecha, de la Liga Patriótica y de Roca. ¿Qué opina
usted?
-Lo que siempre he buscado en la historia es terminar con los mitos: el de Roca, el de Sarmiento, el del propio Alberdi. Como experiencia histórica con respecto al peronismo, les gano a Baschetti y a Pigna porque soy viejo, tengo 81 años y viví ese peronismo desde su nacimiento. He vivido y experimentado sus acciones positivas y negativas. Para aprender de la historia hay que preguntarse el porqué de los fracasos, buscar los errores y tener la valentía de reconocerlos. Hemos perdido lo mejor de la juventud
argentina en los años del crimen y la humillación. Y tenemos que preguntarnos por qué. No eran jóvenes "imberbes". Ahí está la clave, en esa palabra de la Plaza de Mayo. ¿Por qué Lastiri en vez de Cámpora? ¿Por qué la represión brutal del "malón de la paz", en 1946, esa pacífica manifestación coya que sólo pedía sus tierras comunitarias? ¿Por qué la prisión de Atahualpa Yupanqui, el cantor de la tierra? ¿Por qué la represión de la huelga marítima de 1950? Yo, que era marinero timonel del vapor Madrid, fui
echado por huelguista para siempre de los buques argentinos. Si digo estas cosas, y lo del discurso de Evita, no es para denigrar el peronismo sino para que no se acepte todo como en la iglesia. Por analizar el discurso de Eva Perón no me alejo de ella sino que ayudo a conocerla. Y por eso la comprendo fundamentalmente. No fue Rosa Luxemburgo, pero hizo lo que pudo cuando estuvo en el poder. No soy tan palurdo de confundir a Evita con el pensamiento de la Liga Patriótica ni de Roca. Traigo ese discurso de Evita con enorme tristeza porque veo cómo se denostaba la heroica y bella lucha de los trabajadores del mundo y su "trapo rojo". Baschetti, que no hace mención a mi frase donde pongo bien alto la obra social que patrocinó Eva Perón, me compara con el almirante Rojas y con Marcos Aguinis. Le he respondido que "compararme con el almirante Rojas se lo perdono porque es un disparate tan grande que mueve a risa, pero lo que no le voy a perdonar nunca es que me compare con Marcos Aguinis". Eso, no (risas).
De las siete polémicas, el escritor señala que la que más trabajo le costó fue la de la violencia. "Tal vez nunca encontremos una solución ni comprensión perfecta del tema", admite. La polémica que más dolor le provocó fue la que tuvo con Lorenz en 1979, en Alemania, por lo injusto e irracional de prohibirle que leyera su disertación, Residencia en la amada tierra enemiga, rechazada por "impropia", "contraproducente", plagada de deformaciones demagógicas, de clisés y de generar los efectos contrarios a los buscados por la organización del III Coloquio Latinoamericano. "Pero esa prohibición me dio gran alegría por el apoyo que recibí de los sectores intelectuales y en la prensa alemana." Bayer recuerda que hace un tiempo, en una reunión de intelectuales, preguntó por qué Perón prefirió a López Rega y no a John William Cooke.
-¿Y qué le dijeron?
-Un intelectual peronista me gritó: "ésa es una pregunta gorila, Bayer" (risas). Y yo le respondí: "Claro, sí, es una pregunta gorila, pero respóndanla, por favor". No hubo respuesta. De eso no se habla.
Como buen polemista al que le gusta meter el dedo en la llaga, Bayer termina la entrevista lanzando la punta de la que podría ser otra intensa polémica, si algún peronista se animara a responder por qué el viejo Perón optó por el brujo López Rega. "Me voy a pasear y a soñar con las walkirias por las
orillas de Rin", se despide el escritor.

Para encontrar un nuevo camino

¿Cómo definiría el arte de polemizar?
-La polémica es una de las armas de la razón. Escuchar los argumentos del otro, tratar de interpretarlos para enfrentarlos con otros argumentos.
Fundamental para llegar, en lo posible, a una síntesis. Sin aceptar por cierto algo que eluda a la ética. Siempre, luego de una polémica entre dos partes, queda alguna conclusión positiva para el tercero que lee, escucha y contesta, aunque sea para sí mismo. Se aprende, por lo menos eso me pasa a mí. Es una búsqueda más, y toda búsqueda significa un hallazgo, aunque pueda ser menor o frustrante.
-¿Quiénes fueron sus maestros y cómo aprendió a polemizar?
-Toda la historia de la filosofía es en sí una polémica con lo existente para encontrar un nuevo camino, una explicación tal vez para lo inexplicable. ¿Pero sabe usted dónde aprendí a discutir, a veces conmigo
mismo? Leyendo desde chico las cartas de lectores de los diarios. Las leía y cuando no sabía quién podría tener razón le preguntaba a mi padre, que siempre me aconsejaba o me daba de leer algún libro donde podía encontrar respuesta. La carta del lector puede ser un trazo de sabiduría popular o una
expresión de los prejuicios de una sociedad. Después, como estudiante, en la Universidad de Hamburgo asistí siempre a las discusiones de temas de cómo fue posible el nazismo en Alemania, sobre Auschwitz, las guerras, el intelectual como revolucionario, Dios y el mundo, por ejemplo. Quien más me atraía era, como polemista, Willy Brandt, que años después llegó a ser primer ministro. Otro, sin duda que me atrajo fue Sartre, en sus polémicas con Gavi y Victor Pierre, y Rudi Dutschke, el joven luchador del '68. La polémica que más me gustó fue cuando Agustín Tosco, en televisión, lo derrotó a José Rucci en una discusión de más de una hora.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-10485-2008-06-29.html

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

41

Desde el momento en que tomé la decisión de escribir el libro para Vida y Obra de Francisco Uriaga, mis preocupaciones pasaron a segundo plano.
El primer plano era el del poeta en la pantalla, el magnético silencio de aquella gran boca móvil. Lo veía en tecnicolor, proyectado en el Estudio A, cuando nos reuníamos para comentar el texto. Lo veía imponerse desde la pequeña ventana en la moviola, inconscientemente burlón, a la gesticulante figura del sonidista que me recitaba sus versos. Lo veía en cada uno de los agujeros de la carpeta de macramé, multiplicado el rostro de madera y el pecho florecido de medalas y cintas, mientras yo inventaba desesperadamente, encerrado en el cuarto de la pensión. Y no me hubiera costado creer que Francisco Uriaga se sentaba con nosotros a la mesa de "Giulio" todas las noches y nos miraba comer esos platos de falsa pasta italiana y tomar botella tras botella de legítimo vino alemán.
A otra película, vieja y aburrida, en blanco y negro, pertenecían mis dudas y problemas de un día atrás. La ITB postergada, la habitación en el Kempinski que ya no intentaba reclamar, el viaje a Viena, mi antipatía por Frieda Preutz. El tiempo, que tanto había medido en la costumbre del almanaque y del reloj, se comprimió, redondo y sin fracciones, en la semana que entregué a Francisco Uriaga.
Me embarqué en la aventura de berlín y mi vida era como la vida que se lleva en un barco, con puerto de salida y puerto de llegada, con algunas paradas en el trayecto para rutinarias operaciones de carga, para admirarse un poco de las extravagancias de la costa y luego recogerse entero a la protección de esa casa flotante, de esa tripulación circunstancial. Sí, me bastó firmar el contrato, ocupar la cabina asignada, para olvidar el absurdo del viaje y la imbecilidad de la tarea. Era un hombre con un propósito. Eso parecía suficiente.
-No nos pagarán un marco partido por la mitad hasta que les entreguemos la primera copia, los muy perros -dijo Miller-, ¿Estás seguro de que precisás una máquina de escribir? Total, si tu letra es clara...
Me puse firme. La lapicera la uso solamente para apuntar. No tengo la experiencia del escritor, aunque pasé años fingiendo ser uno, y necesito una máquina entre el papel y yo, de lo contrario se me enreda el pensamiento. Así fue como pagué de mi propio bolsillo una Adler portátil, cuya liviandad en el teclado estaba compensada con creces por el peso total. Era pequeña y dúctil, pero pesaba tanto que la olvidé (voluntariamente, supongo), sobre la mesa del cuarto de la pensión, el día en que partí hacia Viena.
Compré la Adler en un gran almacén de la Kudam.
Para trasladarme al Estudio A, que quedaba a unas cuadras, caminaba. Había memorizado la dirección guiándome por marcas en el barrio. Un fuerte olor de eucaliptos señalaba la invisible frontera tendida entre la pensión y el estudio; había un cerquito de palos alrededor de un árbol joven; en el frente de una casa, un zócalo de mayólicas azules y amarillas; una tienda que tenía en la vidriera una pierna de yeso enfundada en una media de mujer, roja y calada; una pérgola de rosas en un jardín pero sin rosas, como una gran jaula sin pájaros; un piano detrás de una ventana, cubierto por una carpeta blanca.
Aunque se me hubiera ocurrido rebelarme a la pereza de toda una vida y anotar el nombre de la calle y el número, habría hecho un gasto inútil. El barrio era muy viejo y tenía los caprichos y las complicaciones de la vejez: cortadas, placitas, pasajes, calles sin nombre, edificios sin número. Pedir auxilio a los habitantes, como lo comprobé yo mismo, no daba resultado. Mis pocas palabras de alemán rebotaban en caras invariablemente corteses, invariablemente cegadas por la incomprensión.
Para ir a la Kudam tomé un taxi. Recuerdo que antes de subir al coche miré desconfiado la cara del chofer. Era calvo, gordo, no se parecía a mi padre. Extrañamente, en vez de aliviarme, me desilusionó.
Entré en una especie de supermercado gigantesco y recorrí varios pisos antes de encontrar una sección de ventas de televisores. Entre los televisores se alzaba un pequeño mundo solitario de máquinas de escribir. La Adler portátil, blanca y negra, era la menos presuntuosa y me gustó. Sólo cuando me la entregaron, descubrí que pesaba tres veces más que cualquier máquina de su tipo. Di unos cuantos pasos cargando esa valija de plomo y tuve que detenerme. Sentía mucho calor, sudaba. El resfrío me había debilitado.
Laboriosamente avancé hacia la sección farmacéutica, que estaba en el mismo piso, en busca de algún medicamento para el resfrío. Me preocupaba la necesidad de hacerme entender. ¿Cómo se dice fiebre? ¿Cómo se dice resfrío? No se me ocurrió que esos ojos llorosos, esa nariz que goteaba, esa piel enrojecida, eran una perfecta bandera de gripe y que bastaría enarbolarla. De todos modos, antes de llegar al mostrador descubrí un estante de productos Bayer destinados, precisamente, a la cura del resfrío. Aquello era un almacén y uno mismo se servía. Me serví.
-A doctor, you must see a doctor -dijo la empleada de la caja.
Se resistía a venderme las milagrosas cajitas. Puse mi mejor cara, mi mejor sonrisa.
-Oh, yes, I'll see a doctor.
Con tal que me vendiera los amuletos Bayer, le prometí cualquier cosa. La muchacha cedió por fin, a regañadientes.
-You are not well, you must see a doctor -dijo finalmente, muy seria.
Como un soldado que minutos antes de la batalla recibe armas y municiones, la Adler, el papel y los remedios me animaron inmediatamente. No veía el momento de llegar a mi pieza, cambiarme los zapatos húmedos, abrigarme bien, tomar una taza de té caliente, una pastilla de cada una de esas cajitas salvadoras, y probar la máquina.
Cuando bajé del taxi, en la puerta de la pensión, sentí un alivio muy próximo a la felicidad. El chofer, al que no había mirado durante el viaje, tenía el pelo blanco y ojos grises. Quise preguntarle si trabajaba nada más que en esa zona. El coche arrancó antes de que pudiera abrir la boca.
Creo que mucho más que el dolor, la felicidad pide ser compartida. Hay en ella un impulso generoso que reclama la presencia del otro, un depositario de la alegría cuando ésta nos desborda como el champagne de celebración desborda la copa que sirve una mano feliz. Crucé la puerta deseando que me recibiera Frieda Preutz.
Me recibieron el vestíbulo vacío y la penumbra.
¿Y la muchacha del tirabuzón? No había vuelto a verla desde aquella noche. Empecé a subir la escalera. Lentamente. En parte por la debilidad, en parte porque esperaba tropezar con Frau Preutz o alguna de las muchachas.
¿Dónde se habrían metido? De noche (cuando ya escribía toda la noche), me parecía oír del otro lado de la puerta el paso de leves pies desnudos. La desnudez de los pasos -no era ruido de tacones, ni el sordo chasquido de zapatillas, sino el golpeteo suavísimo de pies descalzos en piso de madera- me haría asomar más de una vez al corredor, pero nunca vería a ninguna de las muchachas, tan coloridas y diversas, de la noche de mi llegada.
En lo alto de la escalera me detuve. La casa callada, envuelta en lluvia y sombras, me apagó. Desde ahí espié la sala de Frieda Preutz.
Había una luz velada como si no quisieran estorbar un plan de grises y de silencio para Berlín, la casa, sus ocupantes. Di unos pasos, empujado desganadamente por la felicidad que agonizaba. La puerta estaba abierta. Vi un pedazo de sofá, otro de consola y, en el piso, junto al sofá, la canasta de lanas.
Quizá la señora tejía. quizá, del otro lado del cuarto, la acompañaba esa muchacha de pelo negro y ojos verdes, sentada con un libro sobre la falda, pensativa y quieta.
Retrocedí, me refugié en mi pieza.
Las ventanas estaban cerradas. Puse la máquina de escribir sobre la mesa y fui a abrir las persianas. Ya no me sentía contento. Recordé que la cabeza me dolía, estornudé.
-Qué rápido sos para desanimarte -dije, irritado. Y abrí las ventanas de par en par.
Llovía. Más tenuamente ahora, pero seguía lloviendo. Tomé la manta escosesa y me la eché sobre los hombros. Salí al balcón. Una imprudencia que atribuyo a la desilusión de no encontrar testigos para esa alegría ya perdida.
Entonces ocurrió.
Miraba el barrio extendido allá abajo, sin pensar realmente en nada, cuando arreció la lluvia y el barrio comenzó a temblar como una fotografia en el líquido que la revela. Casas, árboles, calles, oscilaron, se deformaron, estallaron como si el mundo fuera una pared de vidrio.
Durante uno o dos segundos no vi nada, salvo un túnel de gris vertical, donde caí, rodando, enfermo de vértigo y pavor, hasta que bruscamente se enderezó la tierra, cayeron las paredes del túnel, volvieron los rotos pedazos a su sitio sin quebradura o marca y reconocí, maravillado, los paraísos de la calle Jonte, la laguna de techos planos y terrazas iguales a la nuestra, las puntas del tejado a dos aguas de dispersos chalets, las duras rectas, el damero suburbano de Villa del Parque.
Apoyado en el balcón, sujetando alrededor del cuello la manta escosesa, escuché el extraordinario silencio. Llovía y no se oía la lluvia. El viento sacudía los árboles y no se oía el viento. Pasaban automóviles por Nazca y no se oía el ruido de motores ni de bocinas. Sólo oí, muy débilmente, un zumbido lejano. No tuve que mirar los árboles para saber que lo producían nubes de moscas. Moscas atraídas por el olor dulzón de los paraísos florecidos. Algo tibio y caliente me cegó. Eran lágrimas.
Cuando volví a abrir los ojos estaba en Berlín, sólo la fiebre y la nostalgia me habían hecho creer que estaba en Villa del Parque, la lluvia era torrencial, los árboles no tenían hojas, ni flores, ni moscas de verano y el balcón de curva pretensiosa era igual a cualquier balcón construido sobre una media circunferencia.
-La pesadilla te siguió a Berlín -dije en voz alta.
Sin embargo, no era una pesadilla. Ahí, en la pensión de Frieda Preutz, en la aventura de Francisco Uriaga, era un sueño nostálgico. Cuando entré en el cuarto y cerré la ventana, ya no me pesaba la soledad. Tenía la sensación de estar acompañado y hasta lejanamente protegido por aquellas visiones de enfermo. Me defendían de sueños más angustiosos. El tejido de Frieda Preutz, la muchacha que tenía un libro sobre la falda, el chofer de taxi que se parecía a mi padre, los pasos sin cuerpo de las pensionistas, el Estudio A, Juan Pablo Miller y su cara sonriente, la imagen en colores de Francisco Uriaga.
Me cambié de ropa, saqué la máquina de su valija y, fuera del tiempo, de la vida, de la conciencia del lugar donde estaba, me senté a escribir.

*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

La nube*

De la nube cayó una gota de agua sobre el cuerpo de la mujer.
A los nueve meses, tras un parto presidido por rayos y truenos, la mujer parió una fuente.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

El odio de estos días*

*Por José Pablo Feinmann

Uno de los mails que recibí durante estos días me pareció no sólo doloroso, sino revelador de un estado de espíritu que atraviesa la derechizada sociedad argentina de estos días. Esta derechización no tiene nada de extraño pues el mundo ha girado a la derecha y en los países ricos surgen el fascismo, el neonazismo, la violencia contra el diferente, la incapacidad del diálogo, el desprecio de la democracia. Estuve -por cuestiones literarias- unos quince días en Europa y la xenofobia, el racismo y la violencia que conllevan son moneda de todos los días. Todos piden que se expulse a los inmigrantes, que no se los deje entrar. Se levantan muros legales o muros reales, como el que levanta Bush contra los mexicanos. El
mundo está entre la derecha occidental y el irracionalismo extremo del islamismo. Entre tanto, habían surgido algunos gobiernos tenuemente populistas en América latina, a los que se toleró durante un breve tiempo y sobre los cuales las embestidas son cada vez más feroces. Se trataría de quebrar algunas opciones de esos gobiernos: reemplazar el Mercosur por el ALCA, abjurar de todo gesto de intervencionismo estatal, eliminar cualquier intento de redistribución de la riqueza, concentrar definitivamente los medios de comunicación en el sistema comunicacional que establece hegemónicamente Estados Unidos (con matices, pero sin diferencias notables), desterrar todo lo que apeste a populismo. Si esto se hará democráticamente o no es difícil decirlo. A Chávez, entre la oposición política, los medios de comunicación y el apoyo de Estados Unidos, estuvieron por voltearlo. Lo que se nota en la Argentina es un factor que acaso (porque así es este país) se manifieste con más potencia que en cualquier otra parte: el odio. Sencilla, simplemente, poderosamente el odio. Si alguien pudo pintar: "Cristina vas a morir como Evita", todo es posible. Si a Cristina se le endilgan insultos del calibre más bajo, más obsceno y si, para peor, son las mujeres las que principalmente lo hacen, uno se pregunta: ¿qué pasa? Supongamos que el gobierno de Cristina Fernández no le cae bien a un sector de la población,
pero: ¿es para tanto? ¿Es para injuriarlo más que a Menem, que a De la Rúa?
Sabiendo (y aceptando en alguna medida) que a otros gobiernos, sobre todo al militar, no se les dijo nada de esto.
Tomo un ejemplo. El cantante Ignacio Copani escribió una canción. Yo no conozco a Copani. Pero ése no es un problema de él, acaso sea un problema mío. Escucho música clásica desde joven y no he logrado moverme de ahí. Hay quienes intentan hacerme "entrar" en el rock, pero no lo logran. Lo siento.
La cuestión es que Copani compuso una canción que lleva un título traslúcido. Se llama: "Cacerola de teflón". Debe tratarse de una crítica al sector social pro-agrario que se manifiesta en las calles con los utensilios que tiene en su cocina según su pertenencia en la escala social. Las cacerolas que tiene son de teflón. Copani canta su letra. Dice lo que tiene que decir y ahí empieza la invasión mediática. El "foro", en Internet, tiene un anonimato que facilita la agresión y hasta el insulto más soez. Facilita la expresión del odio. De este modo, Copani dice que, a raíz de su canción, recibió algunos mensajes afectuosos. Pero: "Pero he recibido también otro tipo de contactos llenos de reproches, cargados de odio, regados de
violencia, intolerancia, agresión y con un espíritu inquisidor que no creí que anidara todavía en gente de mi comunidad. He sido amenazado, agraviado, insultado, difamado, calumniado y, peor aún, han sufrido ese tipo de atropello miembros de mi familia. No me refiero a los impunes foros de Internet sino a e-mails, cartas y llamados recibidos". ¿Qué pasa? ¿Dónde estamos viviendo? ¿Esta es la ciudad de Buenos Aires? ¿Esta es la capital cultural de América latina? ¿De dónde salió esta tropa de asalto, organizada, feroz, violenta al extremo de estar a las puertas de la agresión física?
Sigue Copani: "Aquellos que piensan que la Sra. Presidenta de mi país me paga por verso, recital u opinión, simplemente están expresando su propia escala de valores y asumiendo que ellos mismos podrían torcer sus convicciones a un precio determinado. Yo no". Este es otro toque infaltable de este periodismo del odio. Afirma: todo aquel que se manifieste a favor de este gobierno lo hace por interés. En cambio, si "el campo" llena la Plaza ahí está la patria, la tierra, los valores centenarios, la clase rural que hizo la grandeza de la patria. Si la llena el Gobierno son todos gronchos traídos en los camiones de Moyano, o bandoleros de D'Elía, o desdichados que están ahí por un choripán. Y esto lo dicen periodistas con una trayectoria.
Que de pronto se han erizado también de odio. Algunos de ellos cambiarán milagrosamente no bien el Gobierno arregle con sus patrones, con los grupos económicos para los que trabajan. La conversión ideológica del periodismo en los últimos tiempos ha sido vertiginosa. Incluso conozco mucha gente que lo
detecta. "¿Viste? Fulano ahora ya no está en contra de Cristina". "Y claro: si la empresa para la que labura arregló con el Gobierno." Hay, sin embargo, un ingrediente genuino en este periodismo que acaso ni puedan variar, aunque el grupo mediático para el que trabajan les dé la contraorden: su antiperonismo. El odio gorila pocas veces penetró tanto en nuestra sociedad.
Y peor aún: el odio a la generación del '70. Lo peor que se le puede decir a alguien es setentista. Y al matrimonio presidencial se les dice sin más "la pareja montonera", cuando jamás estuvieron en esa organización y no se ha discutido aún con claridad los dislates o no que ha cometido en nuestro país. Dice, en fin, Copani: "Nunca discuto una crítica, sea como sea y venga de quien venga. Pero en este caso no recibí opiniones sobre la conformación estética del tema, de su métrica, de sus rimas, de sus sonidos, de la destreza para ejecutarla, sino una violenta y censuradora mirada hacia el contenido de mis ideas y mi conducta, bien típico de tiempos de inquisición y dictaduras".
Voy a citar ahora otro mail. Es de Hernán Nemi, que tiene 36 años, es profesor de Literatura en la Universidad de Morón, da clases en varios colegios secundarios y tiene un par de obras escritas para Teatro por la Identidad. (Esto lo torna muy sospechoso para la Argentina del odio y sus voceros comunicacionales. Porque la cosa también tiene este costado de destrucción fundamental: "¡Basta con esa cuestión de los derechos humanos! ¡Basta de juzgar a militares! ¡Basta de exhibir a Hebe de Bonafini en cada acto! ¡Ni a la Carlotto nos bancamos ya! ¡Eso terminó, es el pasado, hay que archivarlo!" O si no: "¡Hay que juzgar a los guerrilleros! ¿O no quedó alguno vivo?".) Suscribo todo lo que dice Nemi, de modo que citarlo es hablar y decir por su medio, que es impecable, y exhibe una prosa inusual:
"Se critica a Cristina por autoritaria: ¿qué otro presidente hubiera soportado cien días con rutas cortadas, desabastecimiento y amenazas constantes sin disparar un solo tiro ni reprimir en ninguno de los cientos de cortes de caminos que hubo? Entre el 19 y 20 de diciembre de 2001 murieron 31 personas en la represión del gobierno de De la Rúa a las manifestaciones populares. El matrimonio 'montonero' tuvo la actitud más tolerante y democrática frente a las protestas de la ciudadanía que se recuerde en toda la historia argentina". Aquí sólo podríamos pulir la frase "toda la historia argentina". Hubo otros gobiernos con tolerancia de democrática. Es cierto que, en este caso, el llamado "campo" ha paralizado
el país y su abastecimiento. Se trata, sin más, de un acto de subversión absoluto que deteriora por completo el funcionamiento del país. Y a los piqueteros se los quería colgar por cortar una calle.
Sigue Hernán Nemi: "¿Es éticamente correcto que la clase media y alta de Buenos Aires salgan a golpear cacerolas por las retenciones del campo cuando jamás las golpearon por las flacas jubilaciones que cobran nuestros viejos ni por los chicos que tienen hambre, ni por los sueldos docentes, ni por la
carpa docente, ni por la privatización vergonzosa de nuestras empresas en los '90?". Y también: "¿Tiene autoridad moral la Sociedad Rural de pedir más institucionalidad cuando apoyó a cuanto gobierno de facto hubo en la Argentina? ¿Este campo hoy indignado es el mismo que aplaudió a Menem a lo largo de la década del 90? Sí, es el mismo". Es siempre el mismo, Hernán: es el que recibió con atronadores aplausos a Juan Carlos Onganía cuando el dictador entró en el predio de la Sociedad Rural... ¡en carroza! El que abucheó a Alfonsín. El que respaldó a la patria financiera en el golpe de
mercado. El que apoyó a Videla y negoció con Menem. Hoy, en esta Argentina del odio, es la clase heroica que representa los intereses de la patria. ¡Y con los periodistas progres a sus pies!
Y, por fin, escribe Hernán: "Quienes piensan -legítimamente- que los ruralistas tienen razón, ¿por qué lo expresan a través de mails o comentarios tan agresivos, tan cargados de odio, tan faltos de argumentos racionales?, ¿qué nos pasa a los argentinos (y argentinas) que nos cuesta tanto bancarnos a una mujer como presidenta? Muchos de los adjetivos de esos mails -muchos de ellos enviados por mujeres- muestran el peor machismo: se la llama a Cristina 'puta', 'conchuda', 'turra', 'tilinga'... Y al mismo tiempo, los argumentos brillan por su ausencia".
Es así, Hernán: pero eso de bancarse a una mujer como presidenta no nos pasa "a los argentinos", sino a ciertos argentinos. Y si hiciera otra política le tirarían flores. No es que no se bancan a una mujer, no se bancan una política. El poder, en este país, es pragmático. Si hacés lo que yo te digo, lo que yo necesito, lo que llena mis arcas, estoy con vos y sos hermoso. No lo olviden: si el establishment argentino se bancó a Menem, se puede bancar a Drácula. Al sólo costo de que Drácula haga lo que ellos quieren.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-106897-2008-06-29.html

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 29 de junio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Guillermo Gaviria, Luis Pulido Hurtado und Luis Fernando Franco Duque. Las poesías que leeremos pertenecen a Luis Rivas Alcocer (Bolivia) y la música de fondo será de Elis Regina y Tom Jobim (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

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Tel. + Fax: 0043 662 825067

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28/06/2008 GMT 1

ASÍ COMO SON INFINITOS LOS OLVIDADOS...

urbanopowell @ 13:24

SIN NOMBRE/NAMELESS*

*de Margaret Atwood

Una pesadilla te asalta con frecuencia:
llega un hombre herido, por la noche,
a tu casa
-sitúas el agujero en el pecho, a la izquierda...
Su sangre al brotar mancha
tu puerta, al apoyarse,
casi desvaneciéndose...
Quiere que le dejes entrar.
Es como el alma de un amante
muerto y resucitado
hambriento aún
sólo que no está muerto. Y aunque el vello en tus brazos
se eriza y un aire frío
que de él proviene
cruza tu umbral,
no has visto a nadie más vivo que él
cuando te toca, apenas roza tu mano
con la izquierda suya, su mano limpia,
y un 'por favor' susurra,
en cualquier idioma...
Tú no eres médico ni nada parecido.
Has llevado una vida normal,
lo que un observador llamaría 'sin tacha'.
Detrás, en la mesa,
hay un cuenco con fruta,
una silla, un cuchillo,
un plato con pan...
Es primavera, y el viento de la noche
huele, húmedo, a marga removida
y a flores tempranas.
La luna irradia su belleza
que como belleza ves al fin,
tan cálida y ofreciéndolo todo.
... Sólo hay que tomarlo.
Oyes ladrar perros distantes.
La puerta está entreabierta
o entrecerrada:
así permanece y tú no puedes despertar.

-De Interlunar (1984)

*Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@hotmail.com

ASÍ COMO SON INFINITOS LOS OLVIDADOS...

Hargentina*

Ese país de ideas afónicas
de grito sordo
de cacerolas usurpadas
sale a descampar banderas
el plato de sopa sin sustento
la leche derramada
no se llora sobre
dicen que
en ese país de otros
que camina con sus cortes
sin saber hacia donde
sin querer escuchar
ni ver
ni mucho menos sentir
son el frío y el hambre tan ajenos
tan de otra parte
tan de nadie.

Ese país que siendo el mismo
parece otro mundo
parece otro.

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

El vestido de terciopelo*

*Por Sandra Russo

Leía esta semana, en el blog El boomerang, una nota de Marcelo Figueras en la que mencionaba "Las Ménades", el cuento de Cortázar en el que un grupo de mujeres escucha un concierto de música clásica que las desborda de emoción, embargadas por un goce artístico "bestial", desmesurado. O quizá no se trate sólo de público que disfruta "bestialmente" de la Alta Cultura, sino de mujeres que se identifican, aunque "bestialmente", con la delicadeza, la profundidad y la armonía de la música. Buena lectura en estos días en los que con actitudes bestiales se habla de democracia y se pechea.
Ahí está "la fricción de la ficción": la música, que calma a las fieras, despierta a esas mujeres. Figueras recordó ese cuento, lo releyó, y según escribe en su nota, advirtió que él vio a "las ménades" estas últimas semanas. Que las vio con cacerolas, enojadas, gritando por la calle; que las vio insultando con sus boquitas pintadas (también Puig podría tener la palabra en esta materia), escupiendo barbaridades.
En momentos de confusión, como éste, uno recurre a sus autores queridos y admirados para intentar entender un poco más precisamente lo que no se dice, lo que no se grita, lo que no se escupe. Es la fricción de la ficción la que permite siempre, pero a veces muy urgentemente, ver y escuchar, comprender lo que a simple vista preserva en secreto sus contradicciones.
No casualmente, mientras Figueras releía a Cortázar, en el taller de escritura releíamos a Silvina Ocampo. Ni Cortázar ni Silvina Ocampo fueron peronistas, pero los dos fueron enormes narradores que lograron capturar, en algunas de sus ficciones, eso que está en el aire y hoy se huele, se sigue oliendo, eso argentino que lastima o está lastimado, esa furia sorda que despierta en la "gente bien" esa otra gente extraña, capaz de cualquier tropelía, canallada, estafa o mentira.
En "El vestido de terciopelo", un cuento breve y maravilloso, la narradora es una niña de ocho años que va a todas partes con Casilda, su vecina modista. No se sabe por qué la niña acompaña a la modista, pero las clientas de Barrio Norte la toman por su hija. "¿Por qué no le coloca una piedra sobre la cabeza para que no crezca? De la edad de nuestros hijos depende nuestra juventud", le dice la señora del departamento de la calle Ayacucho a Casilda. Tal es su talante, su ternura, su predisposición hacia la niña que viene de Burzaco. "¡Qué suerte que tienen de vivir en las afueras de Buenos Aires! Allí no hay hollín, por lo menos. Habrá perros rabiosos y quema de basura...", reflexiona en voz alta, como si la modista y la niña, por proceder de tan lejos, no merecieran su buena educación. Delante de Casilda
y de la niña la señora dice todo lo que se le pasa por la cabeza.
La modista está haciéndole un vestido de terciopelo negro con un dragón, también negro, bordado con lentejuelas en un costado. El diseño del vestido es apretado, y la señora soporta con dificultad las pruebas. Es un día de calor. El terciopelo es tu tela preferida, la elige entre todas, por su distinción y su sobriedad. La señora está por viajar a Europa, donde todo es "blanco, limpio y brillante". Pero el terciopelo se le pega a la piel, no se desliza por ella, la señora se sofoca, le falta el aire. La señora es
víctima de sus preferencias. Le cuenta a la modista que las flores que más la atraen son los nardos. "¿Le gusta el nardo? Es tan triste", apenas puede argumentar Casilda, que no comprende por qué la señora no le hizo caso cuando ella le sugirió la seda natural, e insistió con el terciopelo. "El nardo es mi flor preferida, y sin embargo me hace daño", dice la señora. El olor del nardo la descompone. Casilda no comprende a esa mujer que vive en el departamento de la calle Ayacucho. El terciopelo también le hace daño. La eriza. Le hace rechinar los dientes. "Me atrae aunque a veces me repugne", dice la señora.
En una de las capas de sentido de "El vestido de terciopelo", Silvina Ocampo describió el choque entre la cultura de un Barrio Norte exquisito, no el de ahora, y aquella que llegaba en forma de mano de obra barata desde el Gran Buenos Aires, en épocas del peronismo. El peronismo había cometido el error
imperdonable de hacer visibles a los que estaban en las sombras de los basurales y a merced de los perros rabiosos. Esa gente toda parecida, esa gente extraña, vulnerable a veces y brutal tantas otras, era portadora de un perfume que repugnaba a la señora, como los nardos.
Es el vestido lo que Casilda le trae a la señora, el vestido de terciopelo hecho con sus propias manos y a pedido, el vestido con el dragón de lentejuelas bordado y tan ceñido al cuerpo que cuando la señora se lo prueba por segunda vez, cae redonda. La niña de ocho años ve desplomarse a la señora después de que ésta le ha dicho: "Cuando seas grande te gustará llevar un vestido de terciopelo, ¿no es cierto?", y ella ha contestado que sí, pero le ha contado al lector, no a la señora: "Sentí que el terciopelo de ese vestido me estrangulaba el cuello con manos enguantadas".
Antes de caer, la señora ha querido sacárselo, pero el calor y la textura pegajosa de la tela se lo han impedido. La señora no podrá sacárselo. Eso que le han traído de Burzaco, esa prenda de lujo cosida sin embargo a la luz de una bombita cerca de un basural, se le ha quedado adherido a la piel. Lo que ha llegado de Burzaco es parecido a un caballo de Troya, pero en lugar de un ejército enemigo, lo que trae es asfixia.
Mientras cae, la señora alcanza a decir: "Es maravilloso el terciopelo, pero pesa. Es una cárcel". A la señora la matan sus elecciones. Ella no es libre de decidir qué le gusta. El cuento habla, además, de la cárcel del buen gusto y de la cárcel de una clase.
La niña ve en el piso a la señora, pero lo que ve es el dragón, que se retuerce. Lo ve como un animal que se mueve sin orden y sin espectadores. La niña no ha sido tratada como una persona y no es una persona lo que ella ve moverse, ahogada, bajo esa tela pesada y engañosa. La señora muere ante los ojos de Casilda y la niña, que sin embargo no tiene un solo motivo para compadecerse de ella. Cuando el dragón queda inmóvil, Casilda dice: "Ha muerto. ¡Me costó tanto hacer ese vestido!"
"El vestido de terciopelo" tiene por tema, así, no un desencuentro, sino un encuentro repelido, amenazante. Del conurbano vienen ellas, las que trabajan para la señora, y a Barrio Norte llegan ellas, para ver cómo se vive mejor, distinto, y sin embargo mal. La señora vive tan mal que muere. La peripecia
del cuento es la de ese falso contacto entre dos mundos que no se quieren, no se interesan y no se compadecen. Y Ocampo logra narrar con una crudeza atroz ese desprecio que iría encontrando otras formas en la historia. No hay puentes tendidos, ni lenguaje ni lugares comunes entre la señora y la
modista. Hay resentimiento sordo y de ida y vuelta. Un resentimiento del que somos todavía rehenes.
Casilda y la niña reaccionan en toda su dimensión amenazante cuando ven caer muerta a la señora. Es apenas un cuerpo que yace adentro del vestido. No es alguien de su misma condición quien muere, y no se trata de una condición social, sino casi animal: no reconocen en la señora a alguien de su misma
especie, así como ellas eran, para la señora, criaturas venidas del basural, donde ladran los perros rabiosos.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-106864-2008-06-28.html

Dados*

Así como
son infinitos
los olvidados

los dados al recuerdo
y los recordados
son finitos.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Sábado, 28 de Junio de 2008
CINE INES DE OLIVEIRA CEZAR ANTE EL ESTRENO DE SU NUEVA PELICULA, EXTRANJERA

"El mito resuena en nuestro presente"*

Concebida como una versión libre de Ifigenia en Aulide, de Eurípides, el tercer largometraje de la directora de Cómo pasan las horas se interna en la tragedia de esa mujer condenada al sacrificio para encontrar la esencia que aún vibra de ese mito: su dignidad.

*Por Oscar Ranzani

El opus tres de Inés de Oliveira Cézar es una apuesta de riesgo: la directora estrena el jueves 3 de julio Extranjera, una versión libre del mito griego Ifigenia en Aulide, de Eurípides, y ubicó la historia en una zona desértica argentina. Más precisamente en Villa Benegas, un pueblo situado a quince kilómetros de Mina Clavero. Sin hacer hincapié en la anécdota sino más bien en la esencia del mito, el film tiene como protagonista a una muchacha cuyo padre, el curandero del pueblo, está dispuesto a sacrificarla para que se acabe la sequía en esa región.
Extranjera tiene la particularidad de haber hecho interactuar a actores profesionales (Agustina Muñoz, Carlos Portaluppi, Eva Bianco) con los habitantes del pueblo cordobés donde plantó la cámara la directora. La idea de Extranjera nació cuando Oliveira Cézar estaba rodando Cómo pasan las
horas. "Estaba filmando una secuencia con Agustina Muñoz (la protagonista) que no tenía nada que ver porque estaba ella tocando el piano con Roxana Berco. Habíamos empezado así. La vi a ella, sus manos, su voz, cómo trabajaba y me vino Ifigenia de una manera clarísima. Y ahí empezamos con la idea", relata la directora en diálogo con Páginal12, quien agrega que el mito "tiene resonancias con el presente".
-El film está más relacionado con la esencia del mito que con la anécdota.
¿Por qué lo pensó así?
-No está relacionado con la anécdota sino con lo que sería el hueso. Tomé eso del mito, no lo anecdótico, ni intenté interpretarlo. Busqué describir un proceso de esa persona en una situación donde hay violencia, agresión, un grado de estupidez increíble y mucha ignorancia. Se ve cómo esa chica en menos de veinticuatro horas pasa por ese proceso de una determinada manera porque la apuesta de la película era: ¿qué es lo que tiene ella que realmente la vuelve tan fascinante? En realidad, lo que tiene es su
dignidad. Eso es lo que siento de todo el mito.
-¿Ifigenia es una víctima?
-No. O sea, es una situación paradójica la que se plantea con el caso de Ifigenia. Lo cual tampoco es sorprendente porque las tragedias tienen mucho de la cosa paradójica. De alguna manera, ella es víctima de un acto violento y, por otro lado, ella genera sus propios recursos para elegir, de cualquier manera, algo para ella. Más allá de ser una víctima concretamente, ella puede encontrarse con una cosa más que sentirse víctima. Esa otra cosa es la que me resulta muy interesante de esta mujer: la dignidad con la que afronta, pero sin perder el sentido. Ella encuentra un sentido, lo cual también habla de una inteligencia de esta mujer, bastante llamativa. Es una inteligencia vital la que ella tiene.
-¿Qué es lo que le atrae de las tragedias griegas?
-Me atraen porque son oraculares y me interesa esa posible cosmovisión que tenían los griegos. Era una cosmovisión oracular. No hablo de transportarla así directo al presente, sino que me resulta interesante para tenerlo como un elemento más. Por otro lado, porque siempre manejan una paradoja, no un conflicto. Está repleto de conflictos, pero siempre el objetivo final no está en el conflicto sino en algo que es paradójico.
-¿El paisaje es funcional a la historia?
-Sí, completamente. No sólo que es funcional sino que sin paisaje no tendría historia. Para empezar a escribir el guión necesité encontrar el lugar primero.
-¿Qué le atrajo de Villa Benegas para centrar allí la historia? ¿Encontró similitudes entre este paisaje y las montañas griegas?
-Yo buscaba seco y sed. Por eso no fue el primer lugar al que fui, pero empecé a buscar en esa línea. Sí sentía que tenía que haber montañas. Pero curiosamente no fue buscando la imagen griega, no conscientemente. Evidentemente lo de la aridez, lo seco y la sed, sólo un lugar así me lo podía ofrecer.
-Eligió narrar a través de los silencios. ¿Por qué?
-Fue una decisión que se dio sola. Elegí filmar en una zona árida, seca, donde vive un poblado de veinte personas en total. Son serranos: esa gente no habla. Y yo estaba proponiéndome en la película que fueran serranos. Entonces, los actores eran actores, pero el resto pertenecían y vivían ahí.
Hubo un trabajo donde naturalmente los actores empezaron a sentir la necesidad de ese modo, estando ahí porque estando ahí es ese modo.
-Al haber tantos silencios la narración se nutre de la expresividad actoral.
¿Cuáles fueron las pautas en ese sentido?
-Primero trabajamos sólo con impresiones, no trabajamos con la expresión.
Nos fuimos nutriendo en grupo de impresiones que, en un primer momento, eran textos de Alejandra Pizarnik. Y los jugábamos de diferentes maneras. Eso fue el primer approach con los personajes, con la película. Trabajamos con viajes que es algo que siempre me gusta hacer porque es para crear las
propias impresiones. Básicamente, así estuvimos trabajando unos meses. El trabajo fue relajado. Después, los chicos viajaron unos días antes, estuvieron con la gente, con el chiquito protagonista que vive ahí, es un serranito. Fue todo un proceso para los actores, para esa familia, para el chiquito, para nosotros.
-Si bien son diferentes, ¿qué puntos en común observa con Cómo pasan las horas?
-Las dos tienen un elemento trágico. Obviamente, Cómo pasan las horas no es una tragedia griega, pero es una tragedia, no es un drama. Otro punto en común es algo de la investigación con el tiempo porque, si bien en Cómo pasan las horas era evidente ya desde el título que había algo con el tiempo, en esta película no lo hay, pero yo siento que sigue pasando todo un tema con el tiempo. En Extranjera hay como un extrañamiento del tiempo, ya desde la puesta en escena.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10474-2008-06-28.html

“Campos” que no son los nuestros*

Por Christian Castillo *

El envío al Congreso del proyecto de retenciones móviles no es un “avance democrático”, como pretenden tanto las patronales ruralistas como el gobierno nacional, sino simplemente un nuevo escenario en donde dos sectores igualmente capitalistas dirimirán el destino de los recursos obtenidos por las exportaciones agrarias. Nada bueno de estas negociaciones pueden esperar los trabajadores y el pueblo. Allí no se discute siquiera la anulación de la ley 22.248 sancionada por Videla, Martínez de Hoz y Harguindeguy, que permite la superexplotación del peón rural. Tampoco la expropiación de los 4000 grandes propietarios que sumados poseen ochenta y cuatro millones de hectáreas (sí, leyó bien, 84.000.000), la mitad de las tierras utilizables para agricultura y ganadería que existen en el país. Y, menos que menos, la nacionalización de los puertos y el monopolio del comercio exterior, que permitiría utilizar para satisfacer las necesidades populares las ganancias multimillonarias de los oligopolios exportadores como Cargill, Bunge o Dreyfus.
La belicosidad expresada en estos más de cien días por los ruralistas va más allá de la disputa por unos puntos más o menos de retenciones. Si bien éstas dan cuenta tan sólo de un 13 por ciento de la recaudación total —que mayoritariamente proviene de impuestos al consumo como el IVA, es decir, del bolsillo obrero y popular– y el porcentaje de lo producido por el campo en el conjunto del PBI es relativamente menor, la dinámica ascendente de las exportaciones del sector en los últimos años ha potenciado la fuerza relativa de la gran burguesía agraria, resultado que también se explica por el proceso de “reprimarización” vivido en la década de los ’90 y no modificado en lo sustancial en estos años. Esta fracción capitalista quiere lograr no sólo mantener (y si fuese posible aumentar) la alta rentabilidad obtenida en los últimos años, sino ganar un lugar de mayor predominio al interior de la clase burguesa, cuando el esquema económico que rige desde la devaluación empieza a mostrar sus debilidades, y esto en el marco de desarrollo de una crisis capitalista internacional con futuro incierto. Lamentablemente, una parte de la izquierda le ha hecho de comparsa a este sector, mostrando una pérdida completa de rumbo.
El Gobierno, por su parte, no impulsó las retenciones móviles para defender el bolsillo de los trabajadores o para impedir la continuidad de las tendencias al monocultivo sojero. Recurrió a este mecanismo como una fuente de recursos para “redistribuir” a favor esencialmente de los grandes industriales exportadores y otros grupos de capitalistas aliados al Gobierno (los beneficiarios de las “argentinizaciones”), así como para el pago de deuda externa. El propio decreto sancionado el 9 de junio por el Gobierno, que plantea que el dinero obtenido en concepto de retenciones a la soja por arriba del 35 por ciento se destinará para la construcción de hospitales, escuelas y caminos, es toda una confesión de que el resto de lo recaudado no se utiliza para resolver las penurias y necesidades del pueblo, sino para pagar la deuda externa y seguir subsidiando a los grandes capitalistas, ¿o acaso durante los cinco años que van de gobierno de los Kirchner no se continuó desarrollando la concentración de la producción agraria, proceso que, entre otras cuestiones, implicó la expulsión de miles de familias –algunos dicen que llegarían a 300.000 en la última década– de campesinos (gran parte de ellos pertenecientes a los pueblos originarios) que sembraban alimentos y criaban animales para autoconsumo? Al contrario de lo que afirman los intelectuales que apoyan al Gobierno (que con el argumento de enfrentar a una “nueva derecha” son, en realidad, predicadores de lo que Gramsci denominaba un nuevo conformismo), los Kirchner vienen apelando a la retórica “nacional y popular” de la “distribución del ingreso” para hacer pasar un programa reaccionario. En estos años, mientras los capitalistas recuperaron fuertemente sus ganancias, el salario obrero apenas llegó a los niveles ya bajos del 2001. Las luchas de los trabajadores que, enfrentando despidos y provocaciones patronales, salieron del control de las direcciones burocráticas aliadas al Gobierno terminaron con fuertes represiones y trabajadores procesados, como ocurrió este verano en el Casino Flotante (del empresario kirchnerista Cristóbal López) o en la textil Mafissa, donde los obreros fueron desalojados en un operativo con más de 700 policías. Ahora, con el lema de “queremos volver a recuperar la normalidad institucional”, el Gobierno utiliza el antipopular lockout empresario y el desabastecimiento para impugnar todo método de lucha extraparlamentaria y el recurso a la acción directa, ya sea que tengan objetivos reaccionarios, como ocurre con las patronales agrarias, o que sean utilizados por los trabajadores y sectores populares por sus legítimas demandas: “Nada se arregla con cortes de ruta” es el nuevo discurso oficial. Los que se llegaron a presentar como herederos de la rebelión del 2001 quieren restaurar ahora el principio según el cual no habría que haber reclamado en las calles que se vayan De la Rúa y Cavallo, y sólo se podía esperar a las próximas elecciones para reemplazarlos.
Los “campos” que están enfrentados no son los nuestros. Frente a la disputa entre dos sectores de “los de arriba” es preciso insistir en la importancia de mantener una posición independiente de ambos bloques capitalistas: “Ni con el Gobierno ni con las entidades patronales ‘del campo’”, como dice la declaración que suscribimos alrededor de 500 intelectuales, docentes universitarios y trabajadores de la cultura. Como ha mostrado toda la experiencia política reciente, la apuesta a los “males menores” sólo ha servido para abrir la puerta a “males mayores”. Para que el deterioro de un gobierno (que nuevamente ha mostrado la completa imposibilidad de la “burguesía nacional” para sacar al país del atraso y la dependencia) no sea aprovechado por otras variantes de la clase dominante, no hay otra salida que poner todas las energías en el desarrollo de una alternativa propia de la clase trabajadora. Manos a la obra.

* Dirigente Nacional del PTS. Sociólogo, docente de la UBA y la UNLP.

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-106849-2008-06-28.html

EURIDICE*

*de Margaret Atwood

Él ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa
hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez...
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere 'real',
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar...
sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo...
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor...
El necesita ver para creer
y está oscuro.
'Atrás, atrás...', le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío,
no se llamará Orfeo
tu libertad...

-De Interlunar (1984)

*Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@hotmail.com

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22/06/2008 GMT 1

ESE SUEÑO AJENO...

urbanopowell @ 14:59

*

Hay gente que tras la cortina
pega a piedra a ojos envueltos.
Hay gente que bajo su única bandera
dice ser país.
Hay gente a la vuelta de la cuadra
sólo dormita palabras gastadas.
Hay gente que abre su boca
para cazar mariposas negras.
Hay gente ordenada
que llora al culto
y habla de pobres
en ladrillos de migajas,
en cópulas del miedo.
Hay gente sin control que controla
después de la bala.
Hay gente pobre que viste puntillas
en el ruedo de su casa,
la casa donde los pies repudian al mendigo.
Hay gente amontonando palabras
sólo palabras.

*De Ricardo Mastrizzo.

ESE SUEÑO AJENO...

Domingo, 22 de Junio de 2008
Una maestra de la Patagonia*

Delia Boucau es una maestra rural que en 1966 fue a vivir a Neuquén y a trabajar en una escuela situada en territorio mapuche. Ya retirada, se fue a San Martín de los Andes, donde publicó un libro de cuentos. Guillermo Saccomanno traza un perfil suyo, de quien además se reproducen aquí fragmentos de su Crónica de una maestra rural (inédita aunque adelantada en la revista patagónica El Camarote), donde refiere cómo conoció a L