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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

Archivo: Junio 2008

29/06/2008 GMT 1

COMO SI EL MUNDO FUERA UNA PARED DE VIDRIO...

urbanopowell @ 16:14

CENIZAS*

*Alejandra Pizarnik.

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te...

La noche sufre.

*Fuente: http://amediavoz.com/pizarnik.htm

COMO SI EL MUNDO FUERA UNA PARED DE VIDRIO...

Domingo, 29 de Junio de 2008
OSVALDO BAYER HABLA DE EXILIO, VIOLENCIA, CENSURA Y PERONISMO

"Los intelectuales deben ser solidarios con los que sufren"*

A propósito de la edición del libro Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas, el escritor, periodista e historiador actualiza el debate sobre "los temas que se discuten desde siempre". El autor de La Patagonia Rebelde no esconde nada.

*Por Silvina Friera

Desde el escritorio de su casa en Linz am Rhein (Alemania), a orillas del río Rin, Osvaldo Bayer contempla un inmenso bosque de hayas, robles, nogales y otros árboles y plantas con sus curiosas y hermosas flores silvestres. Y oye el canto de los pájaros. En esa casa, construida por su hijo Udo, espera que lleguen los sueños, los recuerdos, los anuncios, lo imprevisto. "Aquí espero la visita de Chejov, de Bernhardt, o de los poetas de siempre, Goethe, Hesse. Y por ahí también llega Evaristo Carriego en el tren provincial y lo espero en la pequeña estación, o a Roberto Arlt, para hablar en alemán", cuenta el escritor a Página/12. "Tengo el retrato de Marlene Dietrich, claro, aquí en la biblioteca, no en el dormitorio como lo tengo en Belgrano. Sí, aquí, en la biblioteca, no sea que me visite José Pablo
Feinmann y me denuncie en alguna contratapa", bromea. El escritor, periodista e historiador está convencido de que la polémica es una de la armas de la razón. Polemizar es su modo de estar en el mundo (ver aparte). Lo prueba, en parte, Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas, editado por Casa América Catalunya y La Ochava Ediciones, con compilación y epílogo de Fabián D'Aloisio y Bruno Napoli, que recoge siete polémicas que el autor de La Patagonia Rebelde ha mantenido con Ernesto Sabato, Alvaro Abós, Mempo Giardinelli, Roberto Baschetti, Günter Lorenz y Rolando Graña.
En estos debates intensos sobre el exilio, la violencia, la censura, el rol de los intelectuales y sus complicidades con el genocidio y el peronismo, Bayer pone la palabra al servicio de la reflexión, el debate y la discusión.
Como señala Rodolfo Mattarollo en uno de los estudios preliminares del libro, "se trata de estar dispuesto al intento de pensar las experiencias límites y sus contradicciones muchas veces insalvables".
-¿Por qué al repasar las siete polémicas la sensación que impera en el lector es que los temas planteados no tienen fecha de vencimiento, que no están cerrados?
-A pesar del tiempo transcurrido, ninguno de los temas de las polémicas ha podido ser resuelto ni en el mundo ni en la Argentina. Porque miremos al mundo o sólo a la Argentina, ¿es aceptable el estado de cosas actual? ¿Acaso los argentinos hemos aprendido algo después de las enseñanzas que nos dejó
la crueldad extrema en que vivimos durante la última dictadura? Nada; miremos las estadísticas: hambre de nuestros niños, gente sin trabajo, villas miseria. Después de dos guerras mundiales pareciera que la humanidad no ha aprendido nada. Irak, Afganistán, refugiados, hambre, bombardeos, deterioro de la naturaleza... Por eso, hay que sentarse a la mesa y discutir, por lo menos eso. No al conformismo. No al hincarse y ponerse a rezar. Pero yo no busqué las polémicas. Ante mis escritos, me buscaron y me
encontraron. No le quité el cuerpo.
-Rodolfo Terragno plantea en uno de los artículos en los que polemizó con usted que el exilio, durante la última dictadura, creó una deuda. ¿Cree que se logró saldar esa deuda en estos años de democracia?
-No. La democracia no hizo justicia con el exilio. En ese sentido, la Alemania que surgió después de la caída del nazismo reivindicó a sus exiliados. Por ejemplo, se les pagó el pasaje de regreso y se les dio una labor. A los intelectuales prohibidos se les dio una tarea en la cultura o en la docencia y se les reeditaron sus libros quemados, indemnizándolos. En la Argentina no pasó nada de eso. Todo lo contrario. Cuando regresé, había un clima adverso al exiliado que volvía. Alfonsín, al día siguiente de
asumir el mando, invitó a la Rosada a almorzar a intelectuales argentinos, pero a ninguno de los que habían regresado del exilio. Volví en octubre del '83, el día de las elecciones. En los primeros cinco años no conseguí ningún trabajo. Por eso, todos los años regresaba a Alemania para trabajar seis meses y ganarme las divisas para poder vivir en la Argentina los otros seis meses. Hasta que Página/12 me abrió sus puertas y la Facultad de Filosofía me nombró profesor titular. Por lo menos, los gobiernos elegidos después de la dictadura tendrían que haber editado los libros quemados, y resarcido, por los daños, a las sufridas y valientes editoriales de esos libros.
-En el debate con Terragno la discusión parece tensarse cuando se reflexiona sobre el papel de los intelectuales. ¿Cuál es la incomodidad que produce y quizá siga produciendo pensar el rol del intelectual?
-Repito siempre: el intelectual debe tener todas las libertades para escribir o decir su pensamiento, pero eso sí, tiene que ser solidario con los que sufren y salir a la calle por ellos. Si no, ¿para qué sirve la intelectualidad, si se aísla en la torre de marfil y no escucha los ruidos de la calle? Y más aún durante una dictadura de la desaparición de personas.
-Usted definió a Sabato como "el héroe de la clase media" en 1985. ¿Lo sigue siendo, o después de la polémica que tuvo con usted, en el Periódico de las Madres, su figura fue perdiendo peso?
-Mi definición de Sabato como "héroe de la clase media" fue dicha con ironía. Me refería a esa clase media que no quiere ser molestada nunca y sale a la calle sólo para aplaudir al gobernante de turno, al triunfador de turno, al preferido de los medios. Sabato fue un maestro en mantenerse en equilibrio en todas las décadas. Con catorce dictaduras militares ni estuvo preso, ni le prohibieron un libro, ni tuvo que irse del país, ni la policía nunca le tocó el timbre de su casa. Esto no es un reproche, pero por lo
menos tendría que haber dejado de representar su papel de "eterna víctima".
Pero bien, todo se puede pasar por alto pero lo que no le voy a perdonar nunca es haber escrito en su libro El otro yo del peronismo esta frase: "Perón era un resentido, como buen hijo natural que era". Ser hijo natural no es ni un pecado ni un desmedro. Yo, que soy un hijo "legítimo", prefiero la palabra "natural" a la palabra "legítimo".
-¿Por qué Sabato nunca hizo el acto de contrición que usted le pedía?
-Creo que le falta una palabra que valoro mucho: humildad. El ir a visitar a Videla y decir que ese dictador criminal era "un general culto" fue un error que produce espanto. Luego, ya en democracia, tendría que haber dicho: "me equivoqué, y pido perdón a todas las madres de los desaparecidos". Y no, no lo hizo. Pero no quiero seguir este tema dada la edad actual de Sabato. Creo que está todo dicho en la polémica, que tuvo lugar cuando teníamos 23 años menos.
-En el campo de la discusión de ideas, tanto con Alvaro Abós como con Mempo Giardinelli se percibe que el debate sobre la violencia constituye una dificultad crónica de las izquierdas, peronista y no peronista. ¿Cuáles serían las causas de este déficit?
-Es que queda muy bien decir "estoy contra toda violencia". Yo también estoy contra toda violencia, pero comprendo ciertas reacciones de las víctimas de la brutal y continua violencia de los de arriba. Repito aquello tan verdadero: no hay violencia de abajo si primero no hay violencia de arriba.
Es una reacción, a veces la última posibilidad de libertad y justicia. El derecho de "matar al tirano" o de hacerse justicia con la propia mano cuando no hay justicia de arriba son dos problemas que se discuten desde siempre.
Si el atentado contra Hitler de Von Stauffenberg hubiera sido exitoso, se calcula que se habrían salvado diez millones de seres humanos. Hoy Von Stauffenberg es uno de los grandes héroes de la historia alemana: monumento y acto oficial en el que se lo recuerda todos los años. Claro, pero ¿quién
pone los límites una vez desatada la violencia? Por eso, no hay que jugar con el pueblo porque siempre habrá alguno que reaccionará. En nuestro país no se conoce la autocrítica. Los radicales no han pedido disculpas por los fusilamientos de los peones patagónicos del '21. Los peronistas no han pedido disculpas por las Tres A de López Rega, ni tampoco por los gobiernos de Menem, de Romero en Salta o de Juárez en Santiago del Estero, para nombrar sólo cuatro ejemplos de otros hechos negativos de nuestra historia.
-La última polémica del libro, con Roberto Baschetti, es sobre el peronismo, sobre el discurso que pronunció Eva Perón el 1o de mayo de 1949. Felipe Pigna disiente con su planteo de considerar a Evita heredera del pensamiento y las prácticas de la derecha, de la Liga Patriótica y de Roca. ¿Qué opina
usted?
-Lo que siempre he buscado en la historia es terminar con los mitos: el de Roca, el de Sarmiento, el del propio Alberdi. Como experiencia histórica con respecto al peronismo, les gano a Baschetti y a Pigna porque soy viejo, tengo 81 años y viví ese peronismo desde su nacimiento. He vivido y experimentado sus acciones positivas y negativas. Para aprender de la historia hay que preguntarse el porqué de los fracasos, buscar los errores y tener la valentía de reconocerlos. Hemos perdido lo mejor de la juventud
argentina en los años del crimen y la humillación. Y tenemos que preguntarnos por qué. No eran jóvenes "imberbes". Ahí está la clave, en esa palabra de la Plaza de Mayo. ¿Por qué Lastiri en vez de Cámpora? ¿Por qué la represión brutal del "malón de la paz", en 1946, esa pacífica manifestación coya que sólo pedía sus tierras comunitarias? ¿Por qué la prisión de Atahualpa Yupanqui, el cantor de la tierra? ¿Por qué la represión de la huelga marítima de 1950? Yo, que era marinero timonel del vapor Madrid, fui
echado por huelguista para siempre de los buques argentinos. Si digo estas cosas, y lo del discurso de Evita, no es para denigrar el peronismo sino para que no se acepte todo como en la iglesia. Por analizar el discurso de Eva Perón no me alejo de ella sino que ayudo a conocerla. Y por eso la comprendo fundamentalmente. No fue Rosa Luxemburgo, pero hizo lo que pudo cuando estuvo en el poder. No soy tan palurdo de confundir a Evita con el pensamiento de la Liga Patriótica ni de Roca. Traigo ese discurso de Evita con enorme tristeza porque veo cómo se denostaba la heroica y bella lucha de los trabajadores del mundo y su "trapo rojo". Baschetti, que no hace mención a mi frase donde pongo bien alto la obra social que patrocinó Eva Perón, me compara con el almirante Rojas y con Marcos Aguinis. Le he respondido que "compararme con el almirante Rojas se lo perdono porque es un disparate tan grande que mueve a risa, pero lo que no le voy a perdonar nunca es que me compare con Marcos Aguinis". Eso, no (risas).
De las siete polémicas, el escritor señala que la que más trabajo le costó fue la de la violencia. "Tal vez nunca encontremos una solución ni comprensión perfecta del tema", admite. La polémica que más dolor le provocó fue la que tuvo con Lorenz en 1979, en Alemania, por lo injusto e irracional de prohibirle que leyera su disertación, Residencia en la amada tierra enemiga, rechazada por "impropia", "contraproducente", plagada de deformaciones demagógicas, de clisés y de generar los efectos contrarios a los buscados por la organización del III Coloquio Latinoamericano. "Pero esa prohibición me dio gran alegría por el apoyo que recibí de los sectores intelectuales y en la prensa alemana." Bayer recuerda que hace un tiempo, en una reunión de intelectuales, preguntó por qué Perón prefirió a López Rega y no a John William Cooke.
-¿Y qué le dijeron?
-Un intelectual peronista me gritó: "ésa es una pregunta gorila, Bayer" (risas). Y yo le respondí: "Claro, sí, es una pregunta gorila, pero respóndanla, por favor". No hubo respuesta. De eso no se habla.
Como buen polemista al que le gusta meter el dedo en la llaga, Bayer termina la entrevista lanzando la punta de la que podría ser otra intensa polémica, si algún peronista se animara a responder por qué el viejo Perón optó por el brujo López Rega. "Me voy a pasear y a soñar con las walkirias por las
orillas de Rin", se despide el escritor.

Para encontrar un nuevo camino

¿Cómo definiría el arte de polemizar?
-La polémica es una de las armas de la razón. Escuchar los argumentos del otro, tratar de interpretarlos para enfrentarlos con otros argumentos.
Fundamental para llegar, en lo posible, a una síntesis. Sin aceptar por cierto algo que eluda a la ética. Siempre, luego de una polémica entre dos partes, queda alguna conclusión positiva para el tercero que lee, escucha y contesta, aunque sea para sí mismo. Se aprende, por lo menos eso me pasa a mí. Es una búsqueda más, y toda búsqueda significa un hallazgo, aunque pueda ser menor o frustrante.
-¿Quiénes fueron sus maestros y cómo aprendió a polemizar?
-Toda la historia de la filosofía es en sí una polémica con lo existente para encontrar un nuevo camino, una explicación tal vez para lo inexplicable. ¿Pero sabe usted dónde aprendí a discutir, a veces conmigo
mismo? Leyendo desde chico las cartas de lectores de los diarios. Las leía y cuando no sabía quién podría tener razón le preguntaba a mi padre, que siempre me aconsejaba o me daba de leer algún libro donde podía encontrar respuesta. La carta del lector puede ser un trazo de sabiduría popular o una
expresión de los prejuicios de una sociedad. Después, como estudiante, en la Universidad de Hamburgo asistí siempre a las discusiones de temas de cómo fue posible el nazismo en Alemania, sobre Auschwitz, las guerras, el intelectual como revolucionario, Dios y el mundo, por ejemplo. Quien más me atraía era, como polemista, Willy Brandt, que años después llegó a ser primer ministro. Otro, sin duda que me atrajo fue Sartre, en sus polémicas con Gavi y Victor Pierre, y Rudi Dutschke, el joven luchador del '68. La polémica que más me gustó fue cuando Agustín Tosco, en televisión, lo derrotó a José Rucci en una discusión de más de una hora.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-10485-2008-06-29.html

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

41

Desde el momento en que tomé la decisión de escribir el libro para Vida y Obra de Francisco Uriaga, mis preocupaciones pasaron a segundo plano.
El primer plano era el del poeta en la pantalla, el magnético silencio de aquella gran boca móvil. Lo veía en tecnicolor, proyectado en el Estudio A, cuando nos reuníamos para comentar el texto. Lo veía imponerse desde la pequeña ventana en la moviola, inconscientemente burlón, a la gesticulante figura del sonidista que me recitaba sus versos. Lo veía en cada uno de los agujeros de la carpeta de macramé, multiplicado el rostro de madera y el pecho florecido de medalas y cintas, mientras yo inventaba desesperadamente, encerrado en el cuarto de la pensión. Y no me hubiera costado creer que Francisco Uriaga se sentaba con nosotros a la mesa de "Giulio" todas las noches y nos miraba comer esos platos de falsa pasta italiana y tomar botella tras botella de legítimo vino alemán.
A otra película, vieja y aburrida, en blanco y negro, pertenecían mis dudas y problemas de un día atrás. La ITB postergada, la habitación en el Kempinski que ya no intentaba reclamar, el viaje a Viena, mi antipatía por Frieda Preutz. El tiempo, que tanto había medido en la costumbre del almanaque y del reloj, se comprimió, redondo y sin fracciones, en la semana que entregué a Francisco Uriaga.
Me embarqué en la aventura de berlín y mi vida era como la vida que se lleva en un barco, con puerto de salida y puerto de llegada, con algunas paradas en el trayecto para rutinarias operaciones de carga, para admirarse un poco de las extravagancias de la costa y luego recogerse entero a la protección de esa casa flotante, de esa tripulación circunstancial. Sí, me bastó firmar el contrato, ocupar la cabina asignada, para olvidar el absurdo del viaje y la imbecilidad de la tarea. Era un hombre con un propósito. Eso parecía suficiente.
-No nos pagarán un marco partido por la mitad hasta que les entreguemos la primera copia, los muy perros -dijo Miller-, ¿Estás seguro de que precisás una máquina de escribir? Total, si tu letra es clara...
Me puse firme. La lapicera la uso solamente para apuntar. No tengo la experiencia del escritor, aunque pasé años fingiendo ser uno, y necesito una máquina entre el papel y yo, de lo contrario se me enreda el pensamiento. Así fue como pagué de mi propio bolsillo una Adler portátil, cuya liviandad en el teclado estaba compensada con creces por el peso total. Era pequeña y dúctil, pero pesaba tanto que la olvidé (voluntariamente, supongo), sobre la mesa del cuarto de la pensión, el día en que partí hacia Viena.
Compré la Adler en un gran almacén de la Kudam.
Para trasladarme al Estudio A, que quedaba a unas cuadras, caminaba. Había memorizado la dirección guiándome por marcas en el barrio. Un fuerte olor de eucaliptos señalaba la invisible frontera tendida entre la pensión y el estudio; había un cerquito de palos alrededor de un árbol joven; en el frente de una casa, un zócalo de mayólicas azules y amarillas; una tienda que tenía en la vidriera una pierna de yeso enfundada en una media de mujer, roja y calada; una pérgola de rosas en un jardín pero sin rosas, como una gran jaula sin pájaros; un piano detrás de una ventana, cubierto por una carpeta blanca.
Aunque se me hubiera ocurrido rebelarme a la pereza de toda una vida y anotar el nombre de la calle y el número, habría hecho un gasto inútil. El barrio era muy viejo y tenía los caprichos y las complicaciones de la vejez: cortadas, placitas, pasajes, calles sin nombre, edificios sin número. Pedir auxilio a los habitantes, como lo comprobé yo mismo, no daba resultado. Mis pocas palabras de alemán rebotaban en caras invariablemente corteses, invariablemente cegadas por la incomprensión.
Para ir a la Kudam tomé un taxi. Recuerdo que antes de subir al coche miré desconfiado la cara del chofer. Era calvo, gordo, no se parecía a mi padre. Extrañamente, en vez de aliviarme, me desilusionó.
Entré en una especie de supermercado gigantesco y recorrí varios pisos antes de encontrar una sección de ventas de televisores. Entre los televisores se alzaba un pequeño mundo solitario de máquinas de escribir. La Adler portátil, blanca y negra, era la menos presuntuosa y me gustó. Sólo cuando me la entregaron, descubrí que pesaba tres veces más que cualquier máquina de su tipo. Di unos cuantos pasos cargando esa valija de plomo y tuve que detenerme. Sentía mucho calor, sudaba. El resfrío me había debilitado.
Laboriosamente avancé hacia la sección farmacéutica, que estaba en el mismo piso, en busca de algún medicamento para el resfrío. Me preocupaba la necesidad de hacerme entender. ¿Cómo se dice fiebre? ¿Cómo se dice resfrío? No se me ocurrió que esos ojos llorosos, esa nariz que goteaba, esa piel enrojecida, eran una perfecta bandera de gripe y que bastaría enarbolarla. De todos modos, antes de llegar al mostrador descubrí un estante de productos Bayer destinados, precisamente, a la cura del resfrío. Aquello era un almacén y uno mismo se servía. Me serví.
-A doctor, you must see a doctor -dijo la empleada de la caja.
Se resistía a venderme las milagrosas cajitas. Puse mi mejor cara, mi mejor sonrisa.
-Oh, yes, I'll see a doctor.
Con tal que me vendiera los amuletos Bayer, le prometí cualquier cosa. La muchacha cedió por fin, a regañadientes.
-You are not well, you must see a doctor -dijo finalmente, muy seria.
Como un soldado que minutos antes de la batalla recibe armas y municiones, la Adler, el papel y los remedios me animaron inmediatamente. No veía el momento de llegar a mi pieza, cambiarme los zapatos húmedos, abrigarme bien, tomar una taza de té caliente, una pastilla de cada una de esas cajitas salvadoras, y probar la máquina.
Cuando bajé del taxi, en la puerta de la pensión, sentí un alivio muy próximo a la felicidad. El chofer, al que no había mirado durante el viaje, tenía el pelo blanco y ojos grises. Quise preguntarle si trabajaba nada más que en esa zona. El coche arrancó antes de que pudiera abrir la boca.
Creo que mucho más que el dolor, la felicidad pide ser compartida. Hay en ella un impulso generoso que reclama la presencia del otro, un depositario de la alegría cuando ésta nos desborda como el champagne de celebración desborda la copa que sirve una mano feliz. Crucé la puerta deseando que me recibiera Frieda Preutz.
Me recibieron el vestíbulo vacío y la penumbra.
¿Y la muchacha del tirabuzón? No había vuelto a verla desde aquella noche. Empecé a subir la escalera. Lentamente. En parte por la debilidad, en parte porque esperaba tropezar con Frau Preutz o alguna de las muchachas.
¿Dónde se habrían metido? De noche (cuando ya escribía toda la noche), me parecía oír del otro lado de la puerta el paso de leves pies desnudos. La desnudez de los pasos -no era ruido de tacones, ni el sordo chasquido de zapatillas, sino el golpeteo suavísimo de pies descalzos en piso de madera- me haría asomar más de una vez al corredor, pero nunca vería a ninguna de las muchachas, tan coloridas y diversas, de la noche de mi llegada.
En lo alto de la escalera me detuve. La casa callada, envuelta en lluvia y sombras, me apagó. Desde ahí espié la sala de Frieda Preutz.
Había una luz velada como si no quisieran estorbar un plan de grises y de silencio para Berlín, la casa, sus ocupantes. Di unos pasos, empujado desganadamente por la felicidad que agonizaba. La puerta estaba abierta. Vi un pedazo de sofá, otro de consola y, en el piso, junto al sofá, la canasta de lanas.
Quizá la señora tejía. quizá, del otro lado del cuarto, la acompañaba esa muchacha de pelo negro y ojos verdes, sentada con un libro sobre la falda, pensativa y quieta.
Retrocedí, me refugié en mi pieza.
Las ventanas estaban cerradas. Puse la máquina de escribir sobre la mesa y fui a abrir las persianas. Ya no me sentía contento. Recordé que la cabeza me dolía, estornudé.
-Qué rápido sos para desanimarte -dije, irritado. Y abrí las ventanas de par en par.
Llovía. Más tenuamente ahora, pero seguía lloviendo. Tomé la manta escosesa y me la eché sobre los hombros. Salí al balcón. Una imprudencia que atribuyo a la desilusión de no encontrar testigos para esa alegría ya perdida.
Entonces ocurrió.
Miraba el barrio extendido allá abajo, sin pensar realmente en nada, cuando arreció la lluvia y el barrio comenzó a temblar como una fotografia en el líquido que la revela. Casas, árboles, calles, oscilaron, se deformaron, estallaron como si el mundo fuera una pared de vidrio.
Durante uno o dos segundos no vi nada, salvo un túnel de gris vertical, donde caí, rodando, enfermo de vértigo y pavor, hasta que bruscamente se enderezó la tierra, cayeron las paredes del túnel, volvieron los rotos pedazos a su sitio sin quebradura o marca y reconocí, maravillado, los paraísos de la calle Jonte, la laguna de techos planos y terrazas iguales a la nuestra, las puntas del tejado a dos aguas de dispersos chalets, las duras rectas, el damero suburbano de Villa del Parque.
Apoyado en el balcón, sujetando alrededor del cuello la manta escosesa, escuché el extraordinario silencio. Llovía y no se oía la lluvia. El viento sacudía los árboles y no se oía el viento. Pasaban automóviles por Nazca y no se oía el ruido de motores ni de bocinas. Sólo oí, muy débilmente, un zumbido lejano. No tuve que mirar los árboles para saber que lo producían nubes de moscas. Moscas atraídas por el olor dulzón de los paraísos florecidos. Algo tibio y caliente me cegó. Eran lágrimas.
Cuando volví a abrir los ojos estaba en Berlín, sólo la fiebre y la nostalgia me habían hecho creer que estaba en Villa del Parque, la lluvia era torrencial, los árboles no tenían hojas, ni flores, ni moscas de verano y el balcón de curva pretensiosa era igual a cualquier balcón construido sobre una media circunferencia.
-La pesadilla te siguió a Berlín -dije en voz alta.
Sin embargo, no era una pesadilla. Ahí, en la pensión de Frieda Preutz, en la aventura de Francisco Uriaga, era un sueño nostálgico. Cuando entré en el cuarto y cerré la ventana, ya no me pesaba la soledad. Tenía la sensación de estar acompañado y hasta lejanamente protegido por aquellas visiones de enfermo. Me defendían de sueños más angustiosos. El tejido de Frieda Preutz, la muchacha que tenía un libro sobre la falda, el chofer de taxi que se parecía a mi padre, los pasos sin cuerpo de las pensionistas, el Estudio A, Juan Pablo Miller y su cara sonriente, la imagen en colores de Francisco Uriaga.
Me cambié de ropa, saqué la máquina de su valija y, fuera del tiempo, de la vida, de la conciencia del lugar donde estaba, me senté a escribir.

*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

La nube*

De la nube cayó una gota de agua sobre el cuerpo de la mujer.
A los nueve meses, tras un parto presidido por rayos y truenos, la mujer parió una fuente.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

El odio de estos días*

*Por José Pablo Feinmann

Uno de los mails que recibí durante estos días me pareció no sólo doloroso, sino revelador de un estado de espíritu que atraviesa la derechizada sociedad argentina de estos días. Esta derechización no tiene nada de extraño pues el mundo ha girado a la derecha y en los países ricos surgen el fascismo, el neonazismo, la violencia contra el diferente, la incapacidad del diálogo, el desprecio de la democracia. Estuve -por cuestiones literarias- unos quince días en Europa y la xenofobia, el racismo y la violencia que conllevan son moneda de todos los días. Todos piden que se expulse a los inmigrantes, que no se los deje entrar. Se levantan muros legales o muros reales, como el que levanta Bush contra los mexicanos. El
mundo está entre la derecha occidental y el irracionalismo extremo del islamismo. Entre tanto, habían surgido algunos gobiernos tenuemente populistas en América latina, a los que se toleró durante un breve tiempo y sobre los cuales las embestidas son cada vez más feroces. Se trataría de quebrar algunas opciones de esos gobiernos: reemplazar el Mercosur por el ALCA, abjurar de todo gesto de intervencionismo estatal, eliminar cualquier intento de redistribución de la riqueza, concentrar definitivamente los medios de comunicación en el sistema comunicacional que establece hegemónicamente Estados Unidos (con matices, pero sin diferencias notables), desterrar todo lo que apeste a populismo. Si esto se hará democráticamente o no es difícil decirlo. A Chávez, entre la oposición política, los medios de comunicación y el apoyo de Estados Unidos, estuvieron por voltearlo. Lo que se nota en la Argentina es un factor que acaso (porque así es este país) se manifieste con más potencia que en cualquier otra parte: el odio. Sencilla, simplemente, poderosamente el odio. Si alguien pudo pintar: "Cristina vas a morir como Evita", todo es posible. Si a Cristina se le endilgan insultos del calibre más bajo, más obsceno y si, para peor, son las mujeres las que principalmente lo hacen, uno se pregunta: ¿qué pasa? Supongamos que el gobierno de Cristina Fernández no le cae bien a un sector de la población,
pero: ¿es para tanto? ¿Es para injuriarlo más que a Menem, que a De la Rúa?
Sabiendo (y aceptando en alguna medida) que a otros gobiernos, sobre todo al militar, no se les dijo nada de esto.
Tomo un ejemplo. El cantante Ignacio Copani escribió una canción. Yo no conozco a Copani. Pero ése no es un problema de él, acaso sea un problema mío. Escucho música clásica desde joven y no he logrado moverme de ahí. Hay quienes intentan hacerme "entrar" en el rock, pero no lo logran. Lo siento.
La cuestión es que Copani compuso una canción que lleva un título traslúcido. Se llama: "Cacerola de teflón". Debe tratarse de una crítica al sector social pro-agrario que se manifiesta en las calles con los utensilios que tiene en su cocina según su pertenencia en la escala social. Las cacerolas que tiene son de teflón. Copani canta su letra. Dice lo que tiene que decir y ahí empieza la invasión mediática. El "foro", en Internet, tiene un anonimato que facilita la agresión y hasta el insulto más soez. Facilita la expresión del odio. De este modo, Copani dice que, a raíz de su canción, recibió algunos mensajes afectuosos. Pero: "Pero he recibido también otro tipo de contactos llenos de reproches, cargados de odio, regados de
violencia, intolerancia, agresión y con un espíritu inquisidor que no creí que anidara todavía en gente de mi comunidad. He sido amenazado, agraviado, insultado, difamado, calumniado y, peor aún, han sufrido ese tipo de atropello miembros de mi familia. No me refiero a los impunes foros de Internet sino a e-mails, cartas y llamados recibidos". ¿Qué pasa? ¿Dónde estamos viviendo? ¿Esta es la ciudad de Buenos Aires? ¿Esta es la capital cultural de América latina? ¿De dónde salió esta tropa de asalto, organizada, feroz, violenta al extremo de estar a las puertas de la agresión física?
Sigue Copani: "Aquellos que piensan que la Sra. Presidenta de mi país me paga por verso, recital u opinión, simplemente están expresando su propia escala de valores y asumiendo que ellos mismos podrían torcer sus convicciones a un precio determinado. Yo no". Este es otro toque infaltable de este periodismo del odio. Afirma: todo aquel que se manifieste a favor de este gobierno lo hace por interés. En cambio, si "el campo" llena la Plaza ahí está la patria, la tierra, los valores centenarios, la clase rural que hizo la grandeza de la patria. Si la llena el Gobierno son todos gronchos traídos en los camiones de Moyano, o bandoleros de D'Elía, o desdichados que están ahí por un choripán. Y esto lo dicen periodistas con una trayectoria.
Que de pronto se han erizado también de odio. Algunos de ellos cambiarán milagrosamente no bien el Gobierno arregle con sus patrones, con los grupos económicos para los que trabajan. La conversión ideológica del periodismo en los últimos tiempos ha sido vertiginosa. Incluso conozco mucha gente que lo
detecta. "¿Viste? Fulano ahora ya no está en contra de Cristina". "Y claro: si la empresa para la que labura arregló con el Gobierno." Hay, sin embargo, un ingrediente genuino en este periodismo que acaso ni puedan variar, aunque el grupo mediático para el que trabajan les dé la contraorden: su antiperonismo. El odio gorila pocas veces penetró tanto en nuestra sociedad.
Y peor aún: el odio a la generación del '70. Lo peor que se le puede decir a alguien es setentista. Y al matrimonio presidencial se les dice sin más "la pareja montonera", cuando jamás estuvieron en esa organización y no se ha discutido aún con claridad los dislates o no que ha cometido en nuestro país. Dice, en fin, Copani: "Nunca discuto una crítica, sea como sea y venga de quien venga. Pero en este caso no recibí opiniones sobre la conformación estética del tema, de su métrica, de sus rimas, de sus sonidos, de la destreza para ejecutarla, sino una violenta y censuradora mirada hacia el contenido de mis ideas y mi conducta, bien típico de tiempos de inquisición y dictaduras".
Voy a citar ahora otro mail. Es de Hernán Nemi, que tiene 36 años, es profesor de Literatura en la Universidad de Morón, da clases en varios colegios secundarios y tiene un par de obras escritas para Teatro por la Identidad. (Esto lo torna muy sospechoso para la Argentina del odio y sus voceros comunicacionales. Porque la cosa también tiene este costado de destrucción fundamental: "¡Basta con esa cuestión de los derechos humanos! ¡Basta de juzgar a militares! ¡Basta de exhibir a Hebe de Bonafini en cada acto! ¡Ni a la Carlotto nos bancamos ya! ¡Eso terminó, es el pasado, hay que archivarlo!" O si no: "¡Hay que juzgar a los guerrilleros! ¿O no quedó alguno vivo?".) Suscribo todo lo que dice Nemi, de modo que citarlo es hablar y decir por su medio, que es impecable, y exhibe una prosa inusual:
"Se critica a Cristina por autoritaria: ¿qué otro presidente hubiera soportado cien días con rutas cortadas, desabastecimiento y amenazas constantes sin disparar un solo tiro ni reprimir en ninguno de los cientos de cortes de caminos que hubo? Entre el 19 y 20 de diciembre de 2001 murieron 31 personas en la represión del gobierno de De la Rúa a las manifestaciones populares. El matrimonio 'montonero' tuvo la actitud más tolerante y democrática frente a las protestas de la ciudadanía que se recuerde en toda la historia argentina". Aquí sólo podríamos pulir la frase "toda la historia argentina". Hubo otros gobiernos con tolerancia de democrática. Es cierto que, en este caso, el llamado "campo" ha paralizado
el país y su abastecimiento. Se trata, sin más, de un acto de subversión absoluto que deteriora por completo el funcionamiento del país. Y a los piqueteros se los quería colgar por cortar una calle.
Sigue Hernán Nemi: "¿Es éticamente correcto que la clase media y alta de Buenos Aires salgan a golpear cacerolas por las retenciones del campo cuando jamás las golpearon por las flacas jubilaciones que cobran nuestros viejos ni por los chicos que tienen hambre, ni por los sueldos docentes, ni por la
carpa docente, ni por la privatización vergonzosa de nuestras empresas en los '90?". Y también: "¿Tiene autoridad moral la Sociedad Rural de pedir más institucionalidad cuando apoyó a cuanto gobierno de facto hubo en la Argentina? ¿Este campo hoy indignado es el mismo que aplaudió a Menem a lo largo de la década del 90? Sí, es el mismo". Es siempre el mismo, Hernán: es el que recibió con atronadores aplausos a Juan Carlos Onganía cuando el dictador entró en el predio de la Sociedad Rural... ¡en carroza! El que abucheó a Alfonsín. El que respaldó a la patria financiera en el golpe de
mercado. El que apoyó a Videla y negoció con Menem. Hoy, en esta Argentina del odio, es la clase heroica que representa los intereses de la patria. ¡Y con los periodistas progres a sus pies!
Y, por fin, escribe Hernán: "Quienes piensan -legítimamente- que los ruralistas tienen razón, ¿por qué lo expresan a través de mails o comentarios tan agresivos, tan cargados de odio, tan faltos de argumentos racionales?, ¿qué nos pasa a los argentinos (y argentinas) que nos cuesta tanto bancarnos a una mujer como presidenta? Muchos de los adjetivos de esos mails -muchos de ellos enviados por mujeres- muestran el peor machismo: se la llama a Cristina 'puta', 'conchuda', 'turra', 'tilinga'... Y al mismo tiempo, los argumentos brillan por su ausencia".
Es así, Hernán: pero eso de bancarse a una mujer como presidenta no nos pasa "a los argentinos", sino a ciertos argentinos. Y si hiciera otra política le tirarían flores. No es que no se bancan a una mujer, no se bancan una política. El poder, en este país, es pragmático. Si hacés lo que yo te digo, lo que yo necesito, lo que llena mis arcas, estoy con vos y sos hermoso. No lo olviden: si el establishment argentino se bancó a Menem, se puede bancar a Drácula. Al sólo costo de que Drácula haga lo que ellos quieren.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-106897-2008-06-29.html

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 29 de junio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Guillermo Gaviria, Luis Pulido Hurtado und Luis Fernando Franco Duque. Las poesías que leeremos pertenecen a Luis Rivas Alcocer (Bolivia) y la música de fondo será de Elis Regina y Tom Jobim (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
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28/06/2008 GMT 1

ASÍ COMO SON INFINITOS LOS OLVIDADOS...

urbanopowell @ 13:24

SIN NOMBRE/NAMELESS*

*de Margaret Atwood

Una pesadilla te asalta con frecuencia:
llega un hombre herido, por la noche,
a tu casa
-sitúas el agujero en el pecho, a la izquierda...
Su sangre al brotar mancha
tu puerta, al apoyarse,
casi desvaneciéndose...
Quiere que le dejes entrar.
Es como el alma de un amante
muerto y resucitado
hambriento aún
sólo que no está muerto. Y aunque el vello en tus brazos
se eriza y un aire frío
que de él proviene
cruza tu umbral,
no has visto a nadie más vivo que él
cuando te toca, apenas roza tu mano
con la izquierda suya, su mano limpia,
y un 'por favor' susurra,
en cualquier idioma...
Tú no eres médico ni nada parecido.
Has llevado una vida normal,
lo que un observador llamaría 'sin tacha'.
Detrás, en la mesa,
hay un cuenco con fruta,
una silla, un cuchillo,
un plato con pan...
Es primavera, y el viento de la noche
huele, húmedo, a marga removida
y a flores tempranas.
La luna irradia su belleza
que como belleza ves al fin,
tan cálida y ofreciéndolo todo.
... Sólo hay que tomarlo.
Oyes ladrar perros distantes.
La puerta está entreabierta
o entrecerrada:
así permanece y tú no puedes despertar.

-De Interlunar (1984)

*Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@hotmail.com

ASÍ COMO SON INFINITOS LOS OLVIDADOS...

Hargentina*

Ese país de ideas afónicas
de grito sordo
de cacerolas usurpadas
sale a descampar banderas
el plato de sopa sin sustento
la leche derramada
no se llora sobre
dicen que
en ese país de otros
que camina con sus cortes
sin saber hacia donde
sin querer escuchar
ni ver
ni mucho menos sentir
son el frío y el hambre tan ajenos
tan de otra parte
tan de nadie.

Ese país que siendo el mismo
parece otro mundo
parece otro.

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

El vestido de terciopelo*

*Por Sandra Russo

Leía esta semana, en el blog El boomerang, una nota de Marcelo Figueras en la que mencionaba "Las Ménades", el cuento de Cortázar en el que un grupo de mujeres escucha un concierto de música clásica que las desborda de emoción, embargadas por un goce artístico "bestial", desmesurado. O quizá no se trate sólo de público que disfruta "bestialmente" de la Alta Cultura, sino de mujeres que se identifican, aunque "bestialmente", con la delicadeza, la profundidad y la armonía de la música. Buena lectura en estos días en los que con actitudes bestiales se habla de democracia y se pechea.
Ahí está "la fricción de la ficción": la música, que calma a las fieras, despierta a esas mujeres. Figueras recordó ese cuento, lo releyó, y según escribe en su nota, advirtió que él vio a "las ménades" estas últimas semanas. Que las vio con cacerolas, enojadas, gritando por la calle; que las vio insultando con sus boquitas pintadas (también Puig podría tener la palabra en esta materia), escupiendo barbaridades.
En momentos de confusión, como éste, uno recurre a sus autores queridos y admirados para intentar entender un poco más precisamente lo que no se dice, lo que no se grita, lo que no se escupe. Es la fricción de la ficción la que permite siempre, pero a veces muy urgentemente, ver y escuchar, comprender lo que a simple vista preserva en secreto sus contradicciones.
No casualmente, mientras Figueras releía a Cortázar, en el taller de escritura releíamos a Silvina Ocampo. Ni Cortázar ni Silvina Ocampo fueron peronistas, pero los dos fueron enormes narradores que lograron capturar, en algunas de sus ficciones, eso que está en el aire y hoy se huele, se sigue oliendo, eso argentino que lastima o está lastimado, esa furia sorda que despierta en la "gente bien" esa otra gente extraña, capaz de cualquier tropelía, canallada, estafa o mentira.
En "El vestido de terciopelo", un cuento breve y maravilloso, la narradora es una niña de ocho años que va a todas partes con Casilda, su vecina modista. No se sabe por qué la niña acompaña a la modista, pero las clientas de Barrio Norte la toman por su hija. "¿Por qué no le coloca una piedra sobre la cabeza para que no crezca? De la edad de nuestros hijos depende nuestra juventud", le dice la señora del departamento de la calle Ayacucho a Casilda. Tal es su talante, su ternura, su predisposición hacia la niña que viene de Burzaco. "¡Qué suerte que tienen de vivir en las afueras de Buenos Aires! Allí no hay hollín, por lo menos. Habrá perros rabiosos y quema de basura...", reflexiona en voz alta, como si la modista y la niña, por proceder de tan lejos, no merecieran su buena educación. Delante de Casilda
y de la niña la señora dice todo lo que se le pasa por la cabeza.
La modista está haciéndole un vestido de terciopelo negro con un dragón, también negro, bordado con lentejuelas en un costado. El diseño del vestido es apretado, y la señora soporta con dificultad las pruebas. Es un día de calor. El terciopelo es tu tela preferida, la elige entre todas, por su distinción y su sobriedad. La señora está por viajar a Europa, donde todo es "blanco, limpio y brillante". Pero el terciopelo se le pega a la piel, no se desliza por ella, la señora se sofoca, le falta el aire. La señora es
víctima de sus preferencias. Le cuenta a la modista que las flores que más la atraen son los nardos. "¿Le gusta el nardo? Es tan triste", apenas puede argumentar Casilda, que no comprende por qué la señora no le hizo caso cuando ella le sugirió la seda natural, e insistió con el terciopelo. "El nardo es mi flor preferida, y sin embargo me hace daño", dice la señora. El olor del nardo la descompone. Casilda no comprende a esa mujer que vive en el departamento de la calle Ayacucho. El terciopelo también le hace daño. La eriza. Le hace rechinar los dientes. "Me atrae aunque a veces me repugne", dice la señora.
En una de las capas de sentido de "El vestido de terciopelo", Silvina Ocampo describió el choque entre la cultura de un Barrio Norte exquisito, no el de ahora, y aquella que llegaba en forma de mano de obra barata desde el Gran Buenos Aires, en épocas del peronismo. El peronismo había cometido el error
imperdonable de hacer visibles a los que estaban en las sombras de los basurales y a merced de los perros rabiosos. Esa gente toda parecida, esa gente extraña, vulnerable a veces y brutal tantas otras, era portadora de un perfume que repugnaba a la señora, como los nardos.
Es el vestido lo que Casilda le trae a la señora, el vestido de terciopelo hecho con sus propias manos y a pedido, el vestido con el dragón de lentejuelas bordado y tan ceñido al cuerpo que cuando la señora se lo prueba por segunda vez, cae redonda. La niña de ocho años ve desplomarse a la señora después de que ésta le ha dicho: "Cuando seas grande te gustará llevar un vestido de terciopelo, ¿no es cierto?", y ella ha contestado que sí, pero le ha contado al lector, no a la señora: "Sentí que el terciopelo de ese vestido me estrangulaba el cuello con manos enguantadas".
Antes de caer, la señora ha querido sacárselo, pero el calor y la textura pegajosa de la tela se lo han impedido. La señora no podrá sacárselo. Eso que le han traído de Burzaco, esa prenda de lujo cosida sin embargo a la luz de una bombita cerca de un basural, se le ha quedado adherido a la piel. Lo que ha llegado de Burzaco es parecido a un caballo de Troya, pero en lugar de un ejército enemigo, lo que trae es asfixia.
Mientras cae, la señora alcanza a decir: "Es maravilloso el terciopelo, pero pesa. Es una cárcel". A la señora la matan sus elecciones. Ella no es libre de decidir qué le gusta. El cuento habla, además, de la cárcel del buen gusto y de la cárcel de una clase.
La niña ve en el piso a la señora, pero lo que ve es el dragón, que se retuerce. Lo ve como un animal que se mueve sin orden y sin espectadores. La niña no ha sido tratada como una persona y no es una persona lo que ella ve moverse, ahogada, bajo esa tela pesada y engañosa. La señora muere ante los ojos de Casilda y la niña, que sin embargo no tiene un solo motivo para compadecerse de ella. Cuando el dragón queda inmóvil, Casilda dice: "Ha muerto. ¡Me costó tanto hacer ese vestido!"
"El vestido de terciopelo" tiene por tema, así, no un desencuentro, sino un encuentro repelido, amenazante. Del conurbano vienen ellas, las que trabajan para la señora, y a Barrio Norte llegan ellas, para ver cómo se vive mejor, distinto, y sin embargo mal. La señora vive tan mal que muere. La peripecia
del cuento es la de ese falso contacto entre dos mundos que no se quieren, no se interesan y no se compadecen. Y Ocampo logra narrar con una crudeza atroz ese desprecio que iría encontrando otras formas en la historia. No hay puentes tendidos, ni lenguaje ni lugares comunes entre la señora y la
modista. Hay resentimiento sordo y de ida y vuelta. Un resentimiento del que somos todavía rehenes.
Casilda y la niña reaccionan en toda su dimensión amenazante cuando ven caer muerta a la señora. Es apenas un cuerpo que yace adentro del vestido. No es alguien de su misma condición quien muere, y no se trata de una condición social, sino casi animal: no reconocen en la señora a alguien de su misma
especie, así como ellas eran, para la señora, criaturas venidas del basural, donde ladran los perros rabiosos.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-106864-2008-06-28.html

Dados*

Así como
son infinitos
los olvidados

los dados al recuerdo
y los recordados
son finitos.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Sábado, 28 de Junio de 2008
CINE INES DE OLIVEIRA CEZAR ANTE EL ESTRENO DE SU NUEVA PELICULA, EXTRANJERA

"El mito resuena en nuestro presente"*

Concebida como una versión libre de Ifigenia en Aulide, de Eurípides, el tercer largometraje de la directora de Cómo pasan las horas se interna en la tragedia de esa mujer condenada al sacrificio para encontrar la esencia que aún vibra de ese mito: su dignidad.

*Por Oscar Ranzani

El opus tres de Inés de Oliveira Cézar es una apuesta de riesgo: la directora estrena el jueves 3 de julio Extranjera, una versión libre del mito griego Ifigenia en Aulide, de Eurípides, y ubicó la historia en una zona desértica argentina. Más precisamente en Villa Benegas, un pueblo situado a quince kilómetros de Mina Clavero. Sin hacer hincapié en la anécdota sino más bien en la esencia del mito, el film tiene como protagonista a una muchacha cuyo padre, el curandero del pueblo, está dispuesto a sacrificarla para que se acabe la sequía en esa región.
Extranjera tiene la particularidad de haber hecho interactuar a actores profesionales (Agustina Muñoz, Carlos Portaluppi, Eva Bianco) con los habitantes del pueblo cordobés donde plantó la cámara la directora. La idea de Extranjera nació cuando Oliveira Cézar estaba rodando Cómo pasan las
horas. "Estaba filmando una secuencia con Agustina Muñoz (la protagonista) que no tenía nada que ver porque estaba ella tocando el piano con Roxana Berco. Habíamos empezado así. La vi a ella, sus manos, su voz, cómo trabajaba y me vino Ifigenia de una manera clarísima. Y ahí empezamos con la idea", relata la directora en diálogo con Páginal12, quien agrega que el mito "tiene resonancias con el presente".
-El film está más relacionado con la esencia del mito que con la anécdota.
¿Por qué lo pensó así?
-No está relacionado con la anécdota sino con lo que sería el hueso. Tomé eso del mito, no lo anecdótico, ni intenté interpretarlo. Busqué describir un proceso de esa persona en una situación donde hay violencia, agresión, un grado de estupidez increíble y mucha ignorancia. Se ve cómo esa chica en menos de veinticuatro horas pasa por ese proceso de una determinada manera porque la apuesta de la película era: ¿qué es lo que tiene ella que realmente la vuelve tan fascinante? En realidad, lo que tiene es su
dignidad. Eso es lo que siento de todo el mito.
-¿Ifigenia es una víctima?
-No. O sea, es una situación paradójica la que se plantea con el caso de Ifigenia. Lo cual tampoco es sorprendente porque las tragedias tienen mucho de la cosa paradójica. De alguna manera, ella es víctima de un acto violento y, por otro lado, ella genera sus propios recursos para elegir, de cualquier manera, algo para ella. Más allá de ser una víctima concretamente, ella puede encontrarse con una cosa más que sentirse víctima. Esa otra cosa es la que me resulta muy interesante de esta mujer: la dignidad con la que afronta, pero sin perder el sentido. Ella encuentra un sentido, lo cual también habla de una inteligencia de esta mujer, bastante llamativa. Es una inteligencia vital la que ella tiene.
-¿Qué es lo que le atrae de las tragedias griegas?
-Me atraen porque son oraculares y me interesa esa posible cosmovisión que tenían los griegos. Era una cosmovisión oracular. No hablo de transportarla así directo al presente, sino que me resulta interesante para tenerlo como un elemento más. Por otro lado, porque siempre manejan una paradoja, no un conflicto. Está repleto de conflictos, pero siempre el objetivo final no está en el conflicto sino en algo que es paradójico.
-¿El paisaje es funcional a la historia?
-Sí, completamente. No sólo que es funcional sino que sin paisaje no tendría historia. Para empezar a escribir el guión necesité encontrar el lugar primero.
-¿Qué le atrajo de Villa Benegas para centrar allí la historia? ¿Encontró similitudes entre este paisaje y las montañas griegas?
-Yo buscaba seco y sed. Por eso no fue el primer lugar al que fui, pero empecé a buscar en esa línea. Sí sentía que tenía que haber montañas. Pero curiosamente no fue buscando la imagen griega, no conscientemente. Evidentemente lo de la aridez, lo seco y la sed, sólo un lugar así me lo podía ofrecer.
-Eligió narrar a través de los silencios. ¿Por qué?
-Fue una decisión que se dio sola. Elegí filmar en una zona árida, seca, donde vive un poblado de veinte personas en total. Son serranos: esa gente no habla. Y yo estaba proponiéndome en la película que fueran serranos. Entonces, los actores eran actores, pero el resto pertenecían y vivían ahí.
Hubo un trabajo donde naturalmente los actores empezaron a sentir la necesidad de ese modo, estando ahí porque estando ahí es ese modo.
-Al haber tantos silencios la narración se nutre de la expresividad actoral.
¿Cuáles fueron las pautas en ese sentido?
-Primero trabajamos sólo con impresiones, no trabajamos con la expresión.
Nos fuimos nutriendo en grupo de impresiones que, en un primer momento, eran textos de Alejandra Pizarnik. Y los jugábamos de diferentes maneras. Eso fue el primer approach con los personajes, con la película. Trabajamos con viajes que es algo que siempre me gusta hacer porque es para crear las
propias impresiones. Básicamente, así estuvimos trabajando unos meses. El trabajo fue relajado. Después, los chicos viajaron unos días antes, estuvieron con la gente, con el chiquito protagonista que vive ahí, es un serranito. Fue todo un proceso para los actores, para esa familia, para el chiquito, para nosotros.
-Si bien son diferentes, ¿qué puntos en común observa con Cómo pasan las horas?
-Las dos tienen un elemento trágico. Obviamente, Cómo pasan las horas no es una tragedia griega, pero es una tragedia, no es un drama. Otro punto en común es algo de la investigación con el tiempo porque, si bien en Cómo pasan las horas era evidente ya desde el título que había algo con el tiempo, en esta película no lo hay, pero yo siento que sigue pasando todo un tema con el tiempo. En Extranjera hay como un extrañamiento del tiempo, ya desde la puesta en escena.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10474-2008-06-28.html

“Campos” que no son los nuestros*

Por Christian Castillo *

El envío al Congreso del proyecto de retenciones móviles no es un “avance democrático”, como pretenden tanto las patronales ruralistas como el gobierno nacional, sino simplemente un nuevo escenario en donde dos sectores igualmente capitalistas dirimirán el destino de los recursos obtenidos por las exportaciones agrarias. Nada bueno de estas negociaciones pueden esperar los trabajadores y el pueblo. Allí no se discute siquiera la anulación de la ley 22.248 sancionada por Videla, Martínez de Hoz y Harguindeguy, que permite la superexplotación del peón rural. Tampoco la expropiación de los 4000 grandes propietarios que sumados poseen ochenta y cuatro millones de hectáreas (sí, leyó bien, 84.000.000), la mitad de las tierras utilizables para agricultura y ganadería que existen en el país. Y, menos que menos, la nacionalización de los puertos y el monopolio del comercio exterior, que permitiría utilizar para satisfacer las necesidades populares las ganancias multimillonarias de los oligopolios exportadores como Cargill, Bunge o Dreyfus.
La belicosidad expresada en estos más de cien días por los ruralistas va más allá de la disputa por unos puntos más o menos de retenciones. Si bien éstas dan cuenta tan sólo de un 13 por ciento de la recaudación total —que mayoritariamente proviene de impuestos al consumo como el IVA, es decir, del bolsillo obrero y popular– y el porcentaje de lo producido por el campo en el conjunto del PBI es relativamente menor, la dinámica ascendente de las exportaciones del sector en los últimos años ha potenciado la fuerza relativa de la gran burguesía agraria, resultado que también se explica por el proceso de “reprimarización” vivido en la década de los ’90 y no modificado en lo sustancial en estos años. Esta fracción capitalista quiere lograr no sólo mantener (y si fuese posible aumentar) la alta rentabilidad obtenida en los últimos años, sino ganar un lugar de mayor predominio al interior de la clase burguesa, cuando el esquema económico que rige desde la devaluación empieza a mostrar sus debilidades, y esto en el marco de desarrollo de una crisis capitalista internacional con futuro incierto. Lamentablemente, una parte de la izquierda le ha hecho de comparsa a este sector, mostrando una pérdida completa de rumbo.
El Gobierno, por su parte, no impulsó las retenciones móviles para defender el bolsillo de los trabajadores o para impedir la continuidad de las tendencias al monocultivo sojero. Recurrió a este mecanismo como una fuente de recursos para “redistribuir” a favor esencialmente de los grandes industriales exportadores y otros grupos de capitalistas aliados al Gobierno (los beneficiarios de las “argentinizaciones”), así como para el pago de deuda externa. El propio decreto sancionado el 9 de junio por el Gobierno, que plantea que el dinero obtenido en concepto de retenciones a la soja por arriba del 35 por ciento se destinará para la construcción de hospitales, escuelas y caminos, es toda una confesión de que el resto de lo recaudado no se utiliza para resolver las penurias y necesidades del pueblo, sino para pagar la deuda externa y seguir subsidiando a los grandes capitalistas, ¿o acaso durante los cinco años que van de gobierno de los Kirchner no se continuó desarrollando la concentración de la producción agraria, proceso que, entre otras cuestiones, implicó la expulsión de miles de familias –algunos dicen que llegarían a 300.000 en la última década– de campesinos (gran parte de ellos pertenecientes a los pueblos originarios) que sembraban alimentos y criaban animales para autoconsumo? Al contrario de lo que afirman los intelectuales que apoyan al Gobierno (que con el argumento de enfrentar a una “nueva derecha” son, en realidad, predicadores de lo que Gramsci denominaba un nuevo conformismo), los Kirchner vienen apelando a la retórica “nacional y popular” de la “distribución del ingreso” para hacer pasar un programa reaccionario. En estos años, mientras los capitalistas recuperaron fuertemente sus ganancias, el salario obrero apenas llegó a los niveles ya bajos del 2001. Las luchas de los trabajadores que, enfrentando despidos y provocaciones patronales, salieron del control de las direcciones burocráticas aliadas al Gobierno terminaron con fuertes represiones y trabajadores procesados, como ocurrió este verano en el Casino Flotante (del empresario kirchnerista Cristóbal López) o en la textil Mafissa, donde los obreros fueron desalojados en un operativo con más de 700 policías. Ahora, con el lema de “queremos volver a recuperar la normalidad institucional”, el Gobierno utiliza el antipopular lockout empresario y el desabastecimiento para impugnar todo método de lucha extraparlamentaria y el recurso a la acción directa, ya sea que tengan objetivos reaccionarios, como ocurre con las patronales agrarias, o que sean utilizados por los trabajadores y sectores populares por sus legítimas demandas: “Nada se arregla con cortes de ruta” es el nuevo discurso oficial. Los que se llegaron a presentar como herederos de la rebelión del 2001 quieren restaurar ahora el principio según el cual no habría que haber reclamado en las calles que se vayan De la Rúa y Cavallo, y sólo se podía esperar a las próximas elecciones para reemplazarlos.
Los “campos” que están enfrentados no son los nuestros. Frente a la disputa entre dos sectores de “los de arriba” es preciso insistir en la importancia de mantener una posición independiente de ambos bloques capitalistas: “Ni con el Gobierno ni con las entidades patronales ‘del campo’”, como dice la declaración que suscribimos alrededor de 500 intelectuales, docentes universitarios y trabajadores de la cultura. Como ha mostrado toda la experiencia política reciente, la apuesta a los “males menores” sólo ha servido para abrir la puerta a “males mayores”. Para que el deterioro de un gobierno (que nuevamente ha mostrado la completa imposibilidad de la “burguesía nacional” para sacar al país del atraso y la dependencia) no sea aprovechado por otras variantes de la clase dominante, no hay otra salida que poner todas las energías en el desarrollo de una alternativa propia de la clase trabajadora. Manos a la obra.

* Dirigente Nacional del PTS. Sociólogo, docente de la UBA y la UNLP.

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-106849-2008-06-28.html

EURIDICE*

*de Margaret Atwood

Él ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa
hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez...
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere 'real',
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar...
sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo...
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor...
El necesita ver para creer
y está oscuro.
'Atrás, atrás...', le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío,
no se llamará Orfeo
tu libertad...

-De Interlunar (1984)

*Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@hotmail.com

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22/06/2008 GMT 1

ESE SUEÑO AJENO...

urbanopowell @ 14:59

*

Hay gente que tras la cortina
pega a piedra a ojos envueltos.
Hay gente que bajo su única bandera
dice ser país.
Hay gente a la vuelta de la cuadra
sólo dormita palabras gastadas.
Hay gente que abre su boca
para cazar mariposas negras.
Hay gente ordenada
que llora al culto
y habla de pobres
en ladrillos de migajas,
en cópulas del miedo.
Hay gente sin control que controla
después de la bala.
Hay gente pobre que viste puntillas
en el ruedo de su casa,
la casa donde los pies repudian al mendigo.
Hay gente amontonando palabras
sólo palabras.

*De Ricardo Mastrizzo.

ESE SUEÑO AJENO...

Domingo, 22 de Junio de 2008
Una maestra de la Patagonia*

Delia Boucau es una maestra rural que en 1966 fue a vivir a Neuquén y a trabajar en una escuela situada en territorio mapuche. Ya retirada, se fue a San Martín de los Andes, donde publicó un libro de cuentos. Guillermo Saccomanno traza un perfil suyo, de quien además se reproducen aquí fragmentos de su Crónica de una maestra rural (inédita aunque adelantada en la revista patagónica El Camarote), donde refiere cómo conoció a Léonie Duquet y su propia detención por el Ejército y el duro interrogatorio al que la sometieron.

*Por Guillermo Saccomanno

Conocí a Delia Boucau unos cinco años atrás. Me impresionó la sencillez con que contaba su vida en la Patagonia. “Nací en la Capital Federal y en el ‘66 me vine a la provincia a trabajar en Mamá Margarita”. Lo aclaro: la provincia es Neuquén y Mamá Margarita es una escuela rural situada en la Pampa del Malleo, territorio mapuche. Cuando hice la colimba en Junín de los Andes, en el ‘69, pasé por el lugar que ahora me contaba Delia. Si los milicos nos mataban de hambre y calabozo a los colimbas que, se suponía, estábamos bajo su mando, imagínense el tratamiento que les proporcionaban a los mapuches bajo su dependencia. Nuestras penurias bajo la nieve eran nada comparadas con las que sufría el pobrerío mapuche en el Malleo. Se suponía que el ejército tenía a cargo, desde los tiempos del exterminador Roca, el cuidado de esos marginados. A fines de los ‘60 el ejército estaba más preocupado vendiendo a los turcos bolicheros la comida y la ropa que les correspondía a los colimbas o disponiendo que la tropa talara Chapelco en el negociado con los Reynal. “A pesar de las dificultades y carencias –me siguió contando Delia–, fueron mis años más felices. Me archivaron en el jubileo obligatorio porque a todo chancho le llega su San Martín y entonces me vine a San Martín de los Andes en busca de actividad cultural.” La modestia con que Delia cuenta su historia impresiona. Acá en San Martín de los Andes publicó un libro de cuentos: “¿Puedo pedirle algo más a la vida?”, agradece. La suya es una modestia que, combinando austeridad con sabiduría, se traduce en su trabajo de ahora: la escritura de una crónica de su experiencia docente entre cerros nevados, en una tierra donde el viento y la desolación templan el ánimo. Hace ya un tiempo que Delia empezó a escribir sus memorias, un registro despojado de su experiencia de maestra en este paisaje donde, además de las peripecias de la sobrevivencia diaria, cuenta cómo fue detenida, bajo el gobierno de Isabel Perón, junto con otros maestros. Cuenta su paso por la prisión. (Nombra un oficial al mando de la prisión, un represor Trotz, pariente de las Trillizas de Oro, esas chicas con glamour de polista, bellezas del Proceso). Delia cuenta además su amistad con las monjas Léonie Duquet e Ivonne Pierrot. Cuenta cómo fue liberada gracias al obispo Jaime de Nevares. Delia cuenta todo, sin estridencias ni resentimiento. Parte de esa memoria narrativa la publicó hace poco la revista patagónica El Camarote, en la que participan entre otros, el escritor Daniel Artola y la poeta Graciela Cros. En tanto, Delia sigue con su historia, una crónica sencilla, con una prosa que goza de esa transparencia que se le atribuye a la verdad. Si una reflexión literaria impone su escritura (que remite tanto a las crónicas del padre Abraham Mathews como a los relatos del carrero Asencio Abeijón) es que la crónica, de lejos, parece ser el género narrativo por excelencia de ese territorio que a comienzos del siglo XX todavía era definido como la Siberia argentina y a comienzos de éste aún se lo sigue fabulando como utopía de los desconsolados de la metrópoli. Pero nada de esto parece preocuparle mucho a Delia. Ella sigue concentrada escribiendo su historia. Y vale la pena leerla.

Crónicas de una maestra rural*

*Por Delia Boucau

Pampa del Malleo es como una palangana ubicada a 30 km de Junín de los Andes, y la escuela Mamá Margarita estaba situada al sur de ese valle árido. Había sido fundada por el Padre Oscar Barreto, misionero salesiano. Era un Hogar-escuela al que concurrían diariamente alumnos de ambos sexos, pero albergaba solamente a aquellas chicas que, por la distancia y falta de escuela en sus lugares de residencia, no tenían posibilidades de escolarización. La mayoría de los varones iban a la escuela en todos aquellos lugares donde hubiera, así tuvieran que andar leguas, pero las mujeres quedaban en casa.
Cuando llegué a Mamá Margarita, en 1966, el hogar contaba con treinta internas que pasaban allí todo el año escolar, desde el 1º de setiembre hasta el 25 de mayo; exceptuando las vacaciones de Navidad. En ese momento estaba en construcción lo que llamábamos la Escuela Nueva.
Había un baño, instalado con el mínimo de artefactos, pero no funcionaba por falta de agua corriente. ¿Para qué decir corriente? Digamos que casi no había agua. La poca que lográbamos extraer provenía de un ojo cercano, que se agotaba al cabo de unos pocos baldes. Una de las primeras cosas que aprendí fue a racionar los recursos. El agua del primer enjuague de la ropa servía para lavar pisos; el segundo y último, para vidrios o cualquier otra cosa que no requiriera una excesiva pulcritud. Ese baño se desempolvaba de vez en cuando para un uso específico y glorioso: una ducha. En la cocina, contigua al baño, había una bomba de reloj, esas que se bombean de costado y no de arriba para abajo; era la primera vez que veía una. Esto sucedía en setiembre o mayo, cuando había agua suficiente como para que la temperamental bomba cumpliera con su cometido.
La leña se racionaba también. La única forma de obtener abrigo era en el hogar del comedor y en la cocina. Recuerdo un otoño en que tuvimos que buscar raíces en el suelo helado una vez agotada la recolección de palitos y todo lo quemable en cientos de metros a la redonda. Llegamos incluso a quemar la madera de bancos escolares que estaban para reparar.

TRASLADO A ESCUELA NUEVA
La Escuela Nueva, tarea que el Padre Barreto emprendió para ampliar y mejorar las condiciones de vida, constaba de cuatro aulas, dirección, dormitorio, sanitarios, dormitorio para maestras con su respectivo baño con ¡bañadera!, comedor, despensa y cocina. Con forma de U, tenía alrededor de su parte interna una galería con ventanales que dejaban pasar mucha luz, pero también mucho frío. Era más fría que la escuela vieja porque era más grande, con cielorrasos altos, ambientes amplios en los que hacía falta mucha gente que despidiera calor para que fuera agradable. Me costó mucho mudarme, prefería la tapera de adobe y techo de cartón con su calidez rodeada por árboles, a la frialdad de un edificio más adecuado e higiénico plantado en un páramo de greda y piedra. Muchas cosas cambiaron, no sólo el edificio. La vida familiar de la escuela de adobe fue desapareciendo de a poco.
Todo estaba listo para la inauguración de la escuela, que se realizó el 5 de noviembre de 1967, con la asistencia del entonces presidente de facto Juan Carlos Onganía y su señora, quienes fueron los padrinos. Fue un espléndido día de sol hasta que se levantó un viento de esos que solían soplar. Era tal la tierra que volaba que nuestras caras se habían convertido en máscaras.
Para cuando nos trasladamos, había cuarenta y cinco internas, además de los externos de ambos sexos que concurrían a clase. Se contaba con tres maestras de grado y con cuatro Hermanas de las Misiones Extranjeras que habían llegado al inicio de ese período escolar. Yo, como personal de servicio, me ocupaba del internado. Mi sueldo era una tercera parte de lo que cobraba en Buenos Aires como docente, pero me sentía feliz con lo que hacía.
Siempre dije que no era supersticiosa, pero en el verano de 1968 tuve una sensación extraña y desagradable que todavía hoy sigo recordando. Estaba sentada en el comedor, a la mesa de las maestras que daba a una ventana por la que se veía la casa de las Hermanas, cuando en un extremo de la cumbrera se posaron cuatro jotes. Uno comenzó a alejarse del resto a los saltitos hasta alcanzar el otro extremo de la cumbrera; luego de un rato, voló. Fue ahí cuando sentí como un golpe en el estómago y me recorrió un escalofrío. Una de las Hermanas era Léonie Duquet. Léonie estuvo sólo un año en Malleo y luego se volvió a Morón. Fue una de las dos monjas francesas secuestradas y desaparecidas en diciembre de 1977.
Había una proveeduría que el Padre Barreto había puesto en funcionamiento para que la gente pudiera comprar vicios, que era como llamaban a los artículos de primera necesidad como yerba, azúcar, sal, jabón, etc. De esta forma no debían hacer tanto camino hasta el boliche y la mercadería era más barata. Una forma también de desalentar a que fueran hasta allá y compraran bebida (1).
Mientras las internas estaban en clase, yo lo atendía. Poco a poco se fue ampliando la variedad de artículos y era un desfile interminable de gente que pasaba diariamente y a cualquier hora. Me encantaba atender, me divertía, conocía a la gente, me enteraba de sus problemas y dificultades. Algo que al principio me resultaba gracioso pero que con el tiempo llegó a sacarme de las casillas era la costumbre de pagar artículo por artículo.
No era cuestión de pedir 5 kilos de azúcar y pagar, sino que se meditaba concienzudamente sobre los que se iba a pedir, pasaban la bolsa, impecable casi siempre, para que la llenara. Ahí comenzaba la otra parte de la ceremonia: darse vuelta para sacar de entre las ropas un pañuelo anudado, girar nuevamente hacia el mostrador, desanudarlo, sacar algún billete mirándome para ver por mi reacción si era de la denominación adecuada, tomarlo, recibir el vuelto, guardarlo en el pañuelo, anudarlo, darse vuelta, esconderlo entre las ropas y girar nuevamente hacia el mostrador. Silencio. Miradas furtivas hacia los estantes. Pedían yerba, pasaban la bolsa y recomenzaba el proceso. Y así, hasta llenar dos grandes bolsas conteniendo bolsitas con azúcar, yerba, sal, fideos, polenta, levadura, fósforos, velas y jabón de ropa y de cara.
Años más tarde, siendo maestra de 6º y 7º grados, decidí enseñarles a hacer la compra con una lista y pagar todo junto. Después de explicaciones varias, trabajos prácticos, boliche instalado en el aula, llegó el gran día y, lista en mano, fuimos hasta el boliche que estaba en el río. De tan seguras y desenvueltas que mis alumnas se habían mostrado en clase, me sentí frustrada cuando todas, todas y cada una de ellas actuaron como sus padres, pidiendo y pagando de a una cosa por vez. Volví furiosa a la escuela mientras ellas iban encantadas con la experiencia. ¡Y todavía me preguntaban qué me pasaba!
Es cierto que lo que practicaban en la escuela era un juego y los errores fácilmente subsanables, pero nunca entendí por qué no eran capaces de trasladar el aprendizaje a la vida real, sino que se quedaban con lo conocido, en lo que se sentían seguras, que era reproducir lo que veían en sus padres. Creo que al hacer las compras de esa forma tenían mayor control del dinero y pensaban que no serían estafados. La platita del boliche de la experiencia en el aula era sólo papeles.

OTRO TRASLADO
1º diciembre de 1975, últimos meses de Isabel Perón, el Brujo de la Triple A y en vigencia el decreto firmado por Luder y Ruckauf de aniquilar la subversión. Yo era entonces directora de Mamá Margarita y había ido al pueblo por dos días a cuidar a la cocinera, que estaba internada en el hospital con quemaduras por un incendio ocurrido en su casa; sus tres hijos habían sido derivados al Instituto del Quemado en Buenos Aires. Estaba leyendo mientras tomaba un café en el único restaurante del pueblo, antes de irme al hotel, cuando unos palos negros se apoyaron sobre el mantel de mi mesa. Leer este renglón es una eternidad comparado con la velocidad con que mi cerebro registró que los palos eran caños de ametralladoras, fusiles o qué sé yo, porque sólo puedo distinguir entre una honda y un arma de fuego. Al levantar la vista vi que estaba rodeada por soldados armados hasta los dientes:
–¿Delia Boucau?
–Sí...
–Tiene que acompañarnos.
–¿Por?
–Algo pasó en Mamá Margarita, en el Regimiento le van a ampliar información.
Mi primer pensamiento fue en un accidente, pero no iría el Ejército con toda la parafernalia desplegada a decírmelo. La dueña del restaurante miraba boquiabierta. No sé qué hizo que yo le gritara “¡avisen al Obispo!” (2) (3).
Me hicieron subir al asiento trasero de un jeep. Al llegar a la guardia se me informó que quedaba detenida y punto. Al entrar en la oficina de al lado, me encuentro con dos maestros y dos maestras de la escuela: Mónica Bonini, Mario Rivadero, Bernardino “Chacho” Díaz y María Elena “la Negra” Herrera, demudados y en silencio. Me identificaron pidiéndome por primera vez el documento y me mandaron a sentar. Nadie nos aclaraba nada ni podíamos hablar entre nosotros. En la más absoluta oscuridad y aún en la ignorancia nos llevaron a las tres mujeres al Casino de Oficiales. Un lindo edificio pero tenebroso en la penumbra. Nos hicieron entrar a un pequeño hall al que daban tres puertas: un dormitorio muy amplio con varias camas tendidas fue lo primero que vimos. Quedamos solas y en silencio.
A la mañana siguiente nos despertamos con un sol radiante sobre unos diez centímetros de nieve que refulgía en todo su esplendor. No nos bañamos por temor a que en cualquier momento entrara alguien y nos sacara enjabonadas para cualquier cosa. Lavamos las bombachas ya que estábamos con lo puesto y las pusimos a secar en las ramas del árbol que llegaba hasta la ventana. Mónica decía, viéndolas mecerse con el viento, que si se volaban, no dudaría en llamar a quien fuera para que nos trajera los calzones. Todavía había humor, aunque después nos quedamos mirándonos en silencio; no sabíamos qué decir, qué pensar.
Apareció un oficial que me llevó abajo y entramos a un inmenso salón con ventanales todo a lo largo. El sol y el resplandor de la nieve me encandilaron y apenas pude adivinar siluetas de hombres, muchos, muchos, uno al lado del otro delante de las ventanas; parecían estatuas y no pude distinguir si de uniforme o de civil. Me condujeron a un grupo de cuatro sillones y me senté en el que quedaba desocupado. Me trajeron un café; estaba azorada, pero no tenía miedo. Todavía hoy no lo entiendo, ¡qué inconsciencia! Pero, viviendo en una burbuja, sin noticias, es explicable que me sentara como en el living de una casa a charlar con amigos.
Y empezó la sesión: el bueno, el malo, el moderador, cada uno con sus preguntas en el tono apropiado a su rol. Yo contestaba: padres, hermanos, parientes, amigos, colegios, trabajos, fechas. Que por qué estaba en Mamá Margarita. Por vocación, dije. Que dónde estaba el 20 de junio de no sé qué año. No sé. Que estaba en Zapala, dijo el malo. No tuve tiempo de preguntarme cómo diablos lo sabía y recordé que, ya en vacaciones, había tomado el colectivo hasta allí y después de ver el desfile pasé horas de aburrimiento caminando, mirando negocios cerrados y tomando café hasta que se hizo la hora de tomar el tren a Buenos Aires. Ese episodio me hizo pensar que ningún ciudadano dejó de ser observado en gobiernos civiles o militares. Pero eso lo pensé después.
A la Negra Herrera la soltaron. Almorzamos Mónica y yo y una camioneta vino a buscarnos. En ella ya estaba sólo Mario Rivadero y, para nuestra sorpresa, el Padre Mateos. Sin cruzar palabra nos llevaron hasta el aeropuerto. El oficial y el chofer fueron hasta la torre de control y nos dejaron a los cuatro sentados en el mismo asiento. Mateos nos dijo, muy preocupado, que la cosa no pintaba bien. El sabía lo que estaba pasando en el país, nosotros vivíamos en la más absoluta inopia. Como dos horas después, de vuelta al regimiento; el avión no llegó y respiramos aliviados.
Al día siguiente a las cinco de la tarde nos suben a un Unimog y, brazo en alto, quedamos esposados a la estructura que sostenía el techo de lona. Un oficial, con cara de circunstancias, cierra de golpe la compuerta: “A partir de este momento están a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Cualquier intento de fuga será reprimido con las armas”.
–Usted –me dijo–, ¿se acuerda de mí?
–No.
–Yo estaba a cargo de los conscriptos cuando el general Onganía apadrinó la escuela.
¡Por Dios! ¡El tipo recordaba mi enojo cuando sus colimbas se habían emborrachado y molestaban a las alumnas! Ahora él estaba al mando del operativo. Los otros me preguntaron, pero no quise hablar.
Delante, un camión con soldados que nos apuntaban. Detrás, otro; por sobre la cabina, tres caras adolescentes asustadas, se asomaban con sus armas. Nos sorprendió ver que nos llevaban por el camino que pasa por Piedra del Aguila y Chocón y dedujimos que nos llevaban a Neuquén. Sobre el río Collón Cura, hay un desvío que entra a Sañicó; un camino por el que no pasaba nadie en esa época, y el Padre Mateos, conocedor de la zona, atinó a decir “acá nos matan”. Sin embargo seguimos por la ruta. Los otros habían logrado bajar la mano haciendo correr y girar la esposa, pero en mi barral había algo que lo impedía. Mi mano estaba congelada, dormida; hormigueaba en forma intolerable. Me paré pero un grito me hizo sentar de golpe; los colimbas nos apuntaban directamente. Conseguí meter la mano entre el fierro y la lona para descansar de a ratos. Ya estaba oscuro y el frío era insoportable; nadie tenía mucho abrigo y nos castañeteaban los dientes. Paramos en Piedra del Aguila y nos hicieron bajar de a uno. Al sacar la mano me quedaron en la palma dos tiras en carne viva porque la piel se había congelado y quedó pegada al metal.
Llegamos a Neuquén, al Comando, a las 6.30 de la mañana. De allí nos mandaron al penal. No me acuerdo por dónde entramos, sólo recuerdo un pasillo con dos rejas al final que se abrían a ambos lados. Mónica iba delante y la escuché gemir cuando entramos a otro pasillo y vio la celda. En esa primera la hicieron entrar. A mí me llevaron al otro extremo. Se escuchaban alaridos y una radio a todo volumen. Después supimos que eran dirigentes del S.U.P.E. de Plaza Huincul. Ya no había hombres en el sector donde nos ubicaron a Mónica y a mí. Las celdas medían 1,90 de largo por más o menos 1,20 de ancho. Dos guardias mujeres que no pasarían de los veintipocos años me empujaron hasta el fondo y, a la orden de “desvístase”, comencé a poner la ropa sobre la cama. Tiraban de mis dientes para ver si eran postizos, metían sus dedos en mis oídos... Ya casi habían terminado cuando apareció la jefa y de un brazo las sacó al pasillo preguntándoles quién les había dado orden de hacer aquello. Furiosa, ni me molesté en escuchar la respuesta mientras me vestía. Una vez que cerraron la puerta, me sacudió el golpe seco del pasador y quedé sola.
La luz en la celda estaba permanentemente encendida, sólo veía luz natural cuando me llevaban al baño, al que decidí ir con mucha frecuencia aunque sólo fuera a lavarme las manos para caminar un poco. En cada incursión tosía para que Mónica me diera una pista, pero nunca escuché nada, ni siquiera que se abriera su celda. Eso me preocupaba mucho. Una mano había abierto el ventanuco y me había entregado los cigarrillos que estaban en la cartera. No tenía ganas de fumar, cosa insólita. Para almorzar, aunque vaya a saber qué hora era, me trajeron puchero. Después de comer encendí un fósforo e hice una marquita en la pared con la parte quemada para ir contando los días; siempre y cuando no alteraran el ritmo de comidas, podría llevar el cálculo. Más tarde se volvió a abrir el ventanuco y una mano me entregó el rosario que también estaba en la cartera y que no había pedido. Supe, por el anillo, que era la jefa. Fue la misma que dos días después, con mucho sigilo, abrió la ventanita y susurró “los sueltan”.
–¿Y Mónica? –le pregunté.
–Está bien, quédese tranquila –cerró de golpe y le dijo a alguien: “la estaba vigilando”.
Al tercer día de nuestra llegada a Neuquén nos reencontramos los cuatro detenidos en una oficina donde un oficial mostraba los libros que habían incautado en la escuela; cada uno tenía que decir a quién pertenecían, dato que se anotaba prolijamente en listas. El Padre Mateos admitió que El ejército azul de la Virgen de Fátima era suyo, y yo, que Las revoluciones del motor pertenecía a la biblioteca de la escuela.
No tuve mejor idea que pedirle al oficial que me hiciera una certificación de que habíamos estado detenidos por la razón que fuera esos cinco días para presentar al Consejo Provincial de Educación y justificar nuestras inasistencias. Cuando me la entregaron no paraba de mirar alternativamente al milico y las hojas. Estas eran del tipo borrador de los blocks Coloso, pero el contenido era lo más fantástico que había visto. Decía: “Certifico que Mario Rivadero, Mónica Bonini y Delia Boucau estuvieron detenidos en averiguación de antecedentes desde el 1º de diciembre hasta el 5 inclusive. Firmado: Ernesto Trotz”. Eran sólo tres renglones sin margen superior ni laterales. Ni lugar ni fecha, ni membrete o sello alguno.
Salimos al gran patio deslumbrados por el sol y escuchamos gritos vivándonos. Caminamos hasta el portal de entrada y las casillas de guardia, donde tuvimos que identificarnos otra vez. Ni bien salimos un tropel se nos acercó para abrazarnos. Alcancé a ver a mi hermano y cuñada. Nos dijeron que don Jaime rezaría una misa en la catedral. Hacia allí fuimos y monseñor, cansado, con ojos brillantes y su gran sonrisa, nos abrazó. Al salir del obispado para ir a la iglesia, la señora Manuela de Vega, jefa de supervisores del Consejo, nos estaba esperando para abrazarnos. Fue a título personal. Para la institución, tal vez hubiera sido mejor que no existiéramos, porque cuando más tarde mandé los certificados se me dijo verbalmente que cómo se me había ocurrido sentar semejante precedente. ¿Qué quisieron decir?
Supe, muchos años después, quién nos había acusado y pedido que investigaran. Por la amistad que me une a sus familiares (que fueron quienes me lo dijeron) no voy a dar su nombre. Además, ya murió.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-3083-2008-06-22.html

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

39

Al cabo de todos estos días, de todas estas páginas, puedo llegar a comprender, con un grado de aproximación a la verdad, por qué fingí escribir una novela. Sé también que las traducciones, el periodismo y los viajes, fueron solamente los hijos no deseados de mi matrimonio con aquella ficción. Pero nada ni nadie me obligaba a aceptar la oferta de Juan Pablo Miller.
Yo no tenía ataduras. había perdido a Victoria, había renunciado a mi pasado. Mis amigos y mis amores estaban dispersos por el mundo, hechos de la amteria de una conversación, de alguna afinidad y de media docena de anécdotas, recogidas en un cruce que siempre podía ser el último y que muchas veces lo fue. Hasta Buenos Aires, tan firme, de una realidad tan robusta, comenzaba a parecerse a esos islotes que cubre y descubre el mar durante algunos meses del año.
Calzarme sucesivas máscaras, ser deliberada e imperfectamente otros, estar siempre a medias en los lugares que visitaba, oír las muchas lenguas que desgranan dos o tres idiomas mal hablados, me habían curado del vicio de pertenencia. Asi como la necesidad de hacerme comprender a aquellos que hablaban mi propio idioma me quitó el acento y los modismos argentinos, un respeto bastante similar por la elocuente vida de los otros sintetizó y pulió mi vida como el paso de mano en mano pule una moneda, alisando el relieve de la efigie, borrando la fecha de su emisión. Era, sin lugar a dudas, lo que todo hombre inteligente, sano y vigoroso, debe aspirar a ser: un hombre libre.
Y me sentía miserablemente desdichado.
Pero esa desdicha que ahora observo desde la mustia protección de museo que otorga el presente, no fue, en la semana de Berlín, sino una suma de trivialidades. Me sentía triste porque estaba solo en Berlín y la ciudad era desagradable; porque no paraba de llover y empeoraba mi resfrío; porque la pensión y Frieda Preutz me parecían, además de incómodas, hostiles; porque se había suspendido la ITB y de ese modo la única razón de mi estadía; porque una mujer me había dicho que me amaba y yo la había dejado irse con otro; porque pretendí traducir el cuento de Conrad y había dejado el libro en Buenos Aires. Me entristecía caminar en círculos.
Por supuesto, pensé en viajar a Viena. Pero temí que el cansancio y el resfrío se agravaran, temí no encontrar la voluntad necesaria para el regreso a la ITB. soy responsable: me resigné a la semana en blanco que ofrecía el destino.
Pero ¿por qué acepté escribir el texto para Vida y Obra de Francisco Uriaga?
No hacía falta una gran dosis de perspicacia para adivinar que la película, con mi texto o sin él, se iba a pique. Ya había naufragado, en realidad, esa endeble chalupa de una idea, y Juan Pablo Miller, Ramón Segura, Carlitos, y hasta el mismo Francisco Uriaga de mudez victoriosa, flotaban agarrados de unos tablones. Sin embargo, aun cuando la película hubiera llegado a mí como un crucero de lujo, con todas sus luces encendidas, tengo la certeza de que no habría aceptado. El cine -como le decía siempre a Victoria- me gusta porque por un rato me permite olvidar quién soy, dónde estoy y para qué. Pertenezco a la raza de los espectadores.
Tampoco me encandiló la fortuna en marcos que tan alegre como hipotéticamente esgrimía Juan Pablo Miller. La revista me pagaba bien y, haragán como soy, no hubiera sabido en qué emplear un dinero extra. En cuanto al pedido de auxilio de Segura y Carlitos, aun si sobornaba mi vanidad ese ruego, sabía perfectamente que tal como se presentaban las cosas, el salvador caería al agua con ellos. la diferencia entre esos náufragos y yo, era mi pasaje de vuelta a Buenos Aires.
Entonces, ¿por qué compré, la misma máquina de escribir y media resma de papel? ¿por qué consentí que me impusieran ese sueño ajeno? ¿Por qué me encerré en mi cuarto de la pensión Frieda Preutz, en vez de volar inmediatamente a Viena?
Por primera vez, tomaba una decisión que a mí, sólo a mí, concernía. Nada ni nadie me empujó. Libre, con plena conciencia de mi voluntad, lo hice. Ahora, mientras escribo en este verano de Buenos Aires, en esta pieza que da a un jardín con palmera, azorado y quizás al borde del pánico, sé por qué lo hice.
No quise ganar dinero o fama, salvar compatriotas, distraerme del tedio, recuperar una mujer perdida.
quise contar la historia de una pobre criatura humana despojada de historia personal, desarraigada y reimplantada en un mundo que no intenta comprender, acosada por las fútiles interpretaciones de los otros, vestida, cuidada, decorada criatura, que apenas puede anunciar el título de su mejor poema antes de enmudecer para siempre. quise contar con mis palabras lo que callaba ese hombre casi muerto que se aferraba a su catre y su silencio, y también contar lo que callaba en la recitación de los mismos versos honorables, infinitamente repetidos. quise contar que se moría y que nadie, con tanto testigo, se daba cuenta.
Pasó el tiempo, y volví a Buenos aires, y ahora se abre el mundo y me desespera la premonición del encierro y de libertad, me ahoga el miedo de perderme en la calle, tiemblo si el viento golpea una ventana, busco obsesivamente caras familiares en la gente que veo, escribo, me abrazo a Alicia Martínez, a la vista del jardín con palmera. Y sin embargo, si pudiera regresar al momento de mi decisión en Berlín, si encontrara otra vez, en las mismas circunstancias, con los mismos personajes, con la soledad que yo sentía, a Francisco Uriaga mudo, digno, agonizando y perpetuado en la pantalla de una moviola, juro que lo haría de nuevo.
Porque fue el impulso más generoso de mi vida. Porque lo hice por amor.

*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

TODAS LAS CAMPANAS Y TODAS LAS OREJAS*

¿Logrará el periodismo argentino poner en práctica las reformas necesarias en defensa de la pluralidad de voces y la libertad de expresión? ¿Lograremos superar las deformaciones profesionales que llevaron al mundo y al país, globalizados, a los cada vez más concentrados monopolios publicitarios e informativos?

¿Se podrá poner límite a la mentira y a la invasión publicitaria más descarada?

¿Podrá ofrecerles la prensa gráfica, radial, audiovisual y alternativas o informales, a los argentinos y argentinas, más opciones de belleza y de verdad, más diversidad del relato público?

¿Podremos reeducarnos para superar la banalización mauroviálica, la tinellización, la dictadura gusanogiménica del ratting, la competencia feroz por llamar la atención de cualquier manera para sacarle al otro medio un punto de audiencia sin pensar nunca en el radioescucha o televidente o lector como ser humano diferente?

Sin entrar a analizar cómo influye el nivel socioeconómico en lo cultural en cada argentino, desde hace treinta años al presente me parece que la mayoría de la gente en su casa no logra hacerse a través de los medios, un gusto propio en arte y cultura o entretenimiento, y ni siquiera logra hacerse una opinión propia sobre los hechos, madurar una impresión que vaya más allá de las burdas chicanas, del efectismo tremendista, del ping pon de insultos entre los unos y los otros del primer plano que nunca podemos elegir, sino que no nos dejan más alternativa que escuchar o ver o leer la palabra oficial o la palabra de la oposición, Todo Noticias versus Canal 7, Clarín o Página/12, como si en un país de cuarenta millones de personas solamente hubiera uno o dos puntos de vista, uno o dos conflictos, una o dos maneras de pensar, sentir y vivir.

¿Somos consumidores finales o somos actores principales? ¿Somos víctimas de las sucesivas bipolarizaciones que nos limitan y dividen y nos hunden en el monólogo ciego, sordo y mudo? ¿ya no podemos comunicarnos entre nosotros porque al toque salta el insulto, la descalificación, la piña y te corto de rostro, no existís, morite?.

Todo se arma en los medios masivos para tirarlo como petardo o brulote, a favor o en contra. Cuando un movilero televisivo se muestra en la calle preguntándole a cualquiera “a micrófono y cámara libres y abiertos”, qué opina sobre tal o cual conflicto, el medio ya va con opinión formada y el editor armará siempre los noticieros o cualquier programa como quiere el poder y no como quisiera el periodista o el pueblo necesita para saber en serio de qué se trata o de qué se miente.

Cuando muestran una mesa en el canal con invitados de diferentes posiciones, el supuesto moderador ya tiene opinión formada de antemano, y todo se arma a gusto de los anunciantes y según la línea del dueño del medio. No hay honestidad, no hay diálogo ni verdadero debate. Por eso nunca podrán dialogar Mariano Grondona con Hebe de Bonafini, por eso nunca podrán dialogar Carlos Menem con Jorge Lanata.

Es más fácil destruir que construir; es más fácil ignorar que comprender. ¿Será más fácil odiar que amar?

No se pueden sentar a dialogar dos argentinos sobre un conflicto porque si los dos miran el mismo noticiero o leen el mismo diario o escuchan la misma radio, no hay contrapunto Sin darse cuenta los dos van a repetir la misma opinión calcada, que no es su opinión sino la que le instalaron masiva y acríticamente los medios y así ninguno va a poder aprender nada del otro ni de sí mismo y cada monólogo se empobrece más y más hasta que pasa el tiempo y ya ninguno de los dos se acuerda de nada.

En la caja boba se pueden mostrar tetas, culos, se puede decir las cosas más asquerosas o repugnantes, pero no se puede dialogar, no hay ningún lugar para el diálogo o la discusión en serio.

Se puede mezclar birra con Rivotril o Artane con tetra, o consumir desde paco hasta éxtasis ante las cámaras y cagarse de risa de cualquier cosa, pero no se puede pensar y dialogar.. Por eso no hay diálogo entre árabes y judíos en la televisión argentina ni hay diálogo de pareja ni hay diálogo entre abuelos y padres o entre padres e hijos. ¿La esquizofrenización mejora la venta? Solamente hay pasasrela, mirame y me cago en vos o te uso y te abandono.

Es más fácil convocarse para quemarle la casa a un vecino y demolérsela a pedradas porque ha abusado o matado a un menor de edad, pero no se puede reunir a los vecinos para dialogar en serio o discutir sus diferencias sobre graves temas como alcoholismo, tabaquismo, homofobia, drogadicción, analfabetismo, desnutrición, desocupación u ocupación ilegal de viviendas, sistema penitenciario, hospital público, etc.

Unos pocos dueños de casi todos los medios deciden qué noticia del exterior van a difundir y cuales no, y qué tema nacional van a tratar y qué temas no, y qué tratamiento le van a dar a cada caso.

Y por lo general el periodismo alienado no le ofrece a la ciudadanía todas las campanas sino siempre blanco o negro, Ford o Chevrolet, Microsoft o Yahoo, Coca o Pepsi, según quienes manijean y maniquean el programa o el canal

Para los medios no hay opinión pública, sólo hay clientes, todo es timba y mercado, oferta y sorteos. .

¿Cómo revertimos eso ya que somos los que pagan todo como consumidores finales?

Yo me debo haber vacunado contra el monólogo bi-norma porque no puedo permanecer mucho tiempo oyendo siempre la misma campana y busco otro canal, leo otro diario, otra revista, o trato de escuchar a otra gente. Y muchas veces tengo que cambiar mi punto de vista para no mentir o mentirme o defender lo indefendible.

Internet me permite ampliar la perspectiva. Por ejemplo: cuando puedo, exploro a ver qué dicen los diarios italianos, corriere Della sera u otros, y no importa si no hablan de argentina, lo que vale es que yo amplíe mis estrechos límites conceptuales.

Y después busco al menos dos diarios franceses, le figaro y le monde u otros

Y no importa si no hablan de mi, importa que yo me interese por otros que no son como yo. Y después busco a ver qué dicen los diarios de España, el país de Madrid o el mundo.es u otros menores o busco en diarios de Brasil, o de Chile, de Uruguay, o Portugal o México o Norteamérica

No entiendo otros idiomas al dedillo, sé lo que aprendí en la secundaria de inglés, francés e italiano, pero me esfuerzo por tratar de captar qué eligen decirme y cómo me lo dicen y de allí deduzco qué no me dicen y me pregunto por qué no me lo dicen.

Leyendo diarios de distintas regiones argentinas me doy cuenta de que no hay una sola argentina sino diferentes maneras de ver y vivir y distintos temas.

Cuando alguien por Internet me envía un mensaje de esos que se intentan hacer cadena de movida masiva , y lo veo muy evidentemente parcial, muy a favor de Botnia o de los ecologistas de última hora, o muy a favor de los agroesportadores de la bicicleta sojera o muy a favor de Renta para la Victoria, trato de contestar a cada caso con mensajes de lo opuesto, otras campanas, a ver si logramos balancear o superar las parcialidades cerradas que no quieren ni pueden o no saben dialogar o autocriticarse o pluralizar el monólogo..

Me doy cuenta de que la mayoría de la gente sigue atrapada en la polarización cerrada por la plaza del SI o por la plaza del NO, el Congreso del SI o el Congreso del NO.

Si queremos pasar de monopolios informativos a ejercer el pleno derecho a opinar y a escuchar libre y ampliamente todas, TODAS, las opiniones,. hay por delante una incansable tarea pluralizadora, no sólo de los periodistas sino de cada uno de nosotros.

No nos quedemos pegados siempre a los mismos hábitos, tratemos de recorrer toda la ciudad donde vivimos para ver y escuchar, porque cada barrio tiene una mirada diferente y una manera diferente de vivir y contar su suerte o su desgracia..

Tratemos de conocer la provincia en que vivimos y todas las provincias.

Tratemos de superar el prejuicio frente a los extranjeros, especialmente si son de culturas muy diferentes a la nuestra. Tratemos de abrir todas las puertas y ventanas al diálogo, porque donde hoy se cierra un diálogo mañana puede cruzar el cascotazo al cráneo de la criatura o la piña o la puñalada o la bala perdida entre un lado y otro.

Judíos y palestinos se matan unos a otros y no pueden convivir porque desde que unos llegaron a la tierra de otros, no hicieron el esfuerzo voluntario de conocerse unos a otros, no hacen el esfuerzo por tolerar la creencia religiosa diferente, por tolerar el pensamiento económico o político diferente. Y donde primero se cierra el diálogo,

después el lugar del otro se vuelve country o fortín, se levanta el muro, y se fabrican armas y guerras creyendo que hay que defenderse y se gasta más en atacar que en ayudar y después terminan creyendo que hay que exterminar a todos los otros y solución final.

En Sudamérica no hay diálogo entre mapuches y chilenos, no hay diálogo entre tehuelches y argentinos, no hay diálogo entre los argentinos y las pocas naciones aborígenes en extinción y hace quinientos años que no hay diálogo y hubo siglos de guerras o exterminio. Los blancos de clase alta de Bolivia no quieren convivir con los aymaras, los blancos criollos de clase alta del peruano quieren convivir con los cholos, los blancos de clase acomodada del brasil y de paraguay no quieren convivir con los tupíes o guaraníes o negros de las favelas y los morros.

En nuestro país no hay diálogos con los inmigrantes pobres de origen paraguayo o boliviano. Entre argentinos y chilenos hay prejuicios y malentendidos por falta de diálogo y de tolerancia de puntos de vista diferente y en 1981 estuvimos al borde de una guerra.

El periodismo en manos del poder nos quiere enseñar a criminalizar al excluido, a verlos solamente como una amenaza, como vagos, malvivientes, traficantes, ilegales, contrabandistas, fundamentalistas o carne de redes de prostitución, nunca como ser humano a incluir en igual dignidad entre todos los hombres de buena voluntad que quieran hacer habitable y convivible este suelo.

El interventor del COMFER viajó a USA para aprender políticas a aplicar aquí para cambiar los vicios monopolistas de los medios de difusión, porque ya

dentro de los Estados Unidos se luchó contra el monopolio de empresas privadas petroleras, luego contra el monopolio en de telefonía, y luego contra el monopolio de los mass media y se está luchando contra el monopolio de Internet.

Cada uno de nosotros puede contribuir para superar la mentalidad masificada y revisar nuestro propio punto de vista, nuestros gustos, nuestras limitaciones. Cada uno de nosotros puede explorar otros lugares y leer o pensar o escuchar otras campanas.

Solamente hay que dejar de creernos el consumidor final, el cliente pasivo, el último orejón del tarro de mierda globalizado.

*Por Rubén Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

POEMA A LA LOCOMOTORA DE VAPOR*

*Por Ricardo Cal (*)

Sos china el ferrocarril donde yo paro la olla y sos la mecha que se arrolla en el pico del candil.

Sos la sonrisa burlona que asoma en el nivel, sos la llanta en el riel, que hace mil garabatos y aquella yunta de gatos grandes y perezosos. Sos el vaivén de las crucetas y los pesados sectores y tambien los purgadores para espiantar los sotretas.

Cuando estás muy enojada sos como plasta en el horno, como llama de retorno y como rueda planchada; como un completo carguero con las prensas reventadas bajo los soles de enero.

Sos la escobita rabona, indiferente y apática y sos la fuerza hidrostática con que el patente funciona.

Sos la única soberana con tu escape armonioso, con tu silbato fogoso que despierta al vecindario. El humo es penetrante y el reflejo del hogar que te hace pestañar cuando pasas el gancho. Hay que palear sin cargarte demasiado, livianito adelante, pero atrás bien cargado.

Siempre atento a los pormenores hasta llegar a la meta, con prisa y atención para la próxima parada. Ya llegamos a la estación, la señal está baja, la verde en el andén, contraseña del furgón, firme el agua y la presión. Para continuar el recorrido, la vía libre en el arco, las tomas con atención porque es la autorización hasta la próxima parada.

Parece que entendiera, se afirma su caldera, buen nivel de agua y vapor, para continuar en horario hasta la próxima estación.
Cuando tomas servicio, el llamador con la boleta, le firmas la papeleta por si hay alguna observación. Cuando llegás al galpón con todo su equipaje, la valija con la ropa, el mameluco limpito, los elementos del mate para despuntar la mañana, las sabrosas milanesas y la botella baquiana.

Desde el punto de partida dependes de tu amiga fiel, la morocha del riel, bien preparada y ligera, para cumplir la jornada. La carga bien pesada y de vagones completa, con la ilusión de llegar sin sobresaltos y a horario hasta el final de la meta. Preparando a la morocha para el descanso final, aceiteras cerradas, el patente, el pajarito, las mechas recogidas y las herramientas juntadas.

Cuando llegas a la pieza, luego de la ardua jornada cumpliendo con tu deber, por eso que sin pretexto y con mucha devoción a la china con cariño que la trato como un niño, por lo fiel y compañera y por todo su escozor, le dedico con calor a la catanga a vapor ese poema sincero.

Por último en la cocina, donde se dicen macanas de gran calibre, porque sos la vía libre de esta vida peregrina.

Ya sos historia catanga. Con tu recuerdo en el mármol, tu silueta se divisa ante todo con honor. Vos catanga a vapor, en el parque de mi pueblo, silenciosa y bien parada con tu estampa reluciente, para que te admiren los gurises y se detenga la gente.

Así será tu recuerdo, porque te lo merecés, como elemento de unión. Naciendo junto a la estación un nuevo pueblo de campo, que esa fue tu misión y así lo entendimos todos.

En tu largo recorrido, cruzando pampa y desierto, juntaste en campo abierto dando vida y alegría. Los pueblos son los testigos, que hoy rinden a tu memoria allá en esa plaza de gloria, cuando llegaste un día para crear un poblado donde eran tolderías.

-------

Esta tomada de su libro, "Ferrocarriles en el Mundo", publicado en Marcos Paz, Provincia de Buenos Aires, Argentina en 1999.

(*) Ricardo Cal fué miembro de una familia de conductores e instructores de máquinas a Vapor de la localidad de Villars. En el Centro Cultural que se ha constituido en el edificio de la estación ferroviaria Villars, en el año 2002 se inauguró una biblioteca pública que lleva su nombre, con una fiesta popular en reconocimiento a su trayectoria en pro de su comunidad.

-Enviado para compartir por Alfredo Armando Aguirre choloar@rocketmail.com

A MODO DE HOMENAJE A DON RICARDO CAL, PERSONA QUE NOS DISTINGUIO CON SU AMISTAD, QUIEN DEJO ESTE VALLE DE LAGRIMAS, LA NOCHE DEL 15 DE JUNIO DE ESTE 2008, EN LA CIUDAD DE MARCOS PAZ

Correo:

¡MATEN AL INGENIERO!*

LUNES 23 DE JUNIO A LAS 21 HS EN EL SALON CASCADA DEL 2º PISO DEL
BAUEN HOTEL - CALLAO 360

Es una Charla Itinerante a cargo de Jorge de Mendonça que pretende llevarnos hacia un debate pendiente sobre porqué suceden algunas cosas...o, peor, porque somos incapaces de hacer que sucedan!!!
El expositor, centrando la disertación en la trayectoria profesional del Ingeniero Ferroviario Pedro Celestino SACCAGGIO y la difamación pública que le hicieron en 1956, buscará demostrar como fue el largo proceso que nos llevó a ser uno de los países con el mayor costo macroeconómico de transporte.
Con esa misma referencia, nos acercará a entender una de las razones por las que fuimos perdiendo capacidad creativa, industrial y tecnológica, generando una estructura de conocimiento en la que los experimentados son cada vez menos y más viejos.
En el final nos hará reflexionar sobre el camino que deberíamos retomar, ya que el que hemos seguido en los últimos 50 años nos ha llevado al lugar en donde estamos ahora.
Jorge de Mendonça se dedica en forma independiente al análisis de temas de transporte, telecomunicaciones y territorio, y en aquel hecho de 1956 pudo encontrar “la primer puntada” con la que comenzaron a deshilachar nuestra infraestructura y nuestro “saber hacer” de personas, técnicos y políticos sobre esa cuestión. Su desafío es lograr que recuperemos la inteligencia colectiva
que haga que las obras y las cosas se demanden, se peleen, se impulsen y no nos quedemos más con el
“...pero a eso? No lo van a construir nunca!!!...”
Durante décadas, el Ferrocarril Inglés mimó especialmente a un permanentemente joven y genial
inventor: PEDRO CELESTINO SACCAGGIO.
Lo que inventaba para el Ferrocarril en Argentina, ellos lo replicaban en el Mundo. Hoy los relatos de la técnica ferroviaria de ese mismo Mundo lo citan entre los Padres de la tracción Diesel Eléctrica
incluso, antes que los estadounidenses.
En 1930, TODOS LOS GRANDES DIARIOS DE LAS PRINCIPALES CIUDADES ARGENTINAS y el Libro de la Historia del Ferrocarril Sud, citan los aplausos recibidos por el creador del Primer Tren Diesel Eléctrico que circuló el 30 de Enero de 1930 entre Plaza Constitución y San Vicente. . . . . . . . .
Ya jubilado, pero nunca retirado de la acción y la creación, se contactó con el Coronel Juan Domingo Perón para informarle que, si no reemplazábamos en corto plazo las locomotoras a vapor por Diesel Eléctricas, en menos de diez años entraríamos en una fuerte crisis económica ferroviaria.
Le dijo que podíamos fabricarlas. El Presidente Perón le dio todas las herramientas posibles y así nació la Fábrica Argentina de Locomotoras y salió a los rieles el prototipo de la FADEL llamada “La Justicialista”. Los viajes de prueba y de servicio que realizó sirvieron para corregir
errores e imponer más innovaciones. Se ordenó la fabricación de 683 locomotoras. Con los primeros 280
motores fabricados en Italia y en Ferreyra, nació Grandes Motores Diesel, lo que hoy es MATERFER.
Las bombas cayeron y la Libertadora cerró la Fábrica, pero el Pueblo Argentino sabía que era
capaz de fabricar locomotoras en el País. . . . . . .
“Un mozo de café pretendió fabricar locomotoras en el País” fue toda la idea que se les ocurrió para que nadie volviera a creer que lo podíamos hacer.
Los principales diarios del País publicaron un texto similar entre el 11 y el 12 de Julio de 1956, lo mismo que las radios y el Canal 7. Saccaggio, indignado, se limitó a publicar una solicitada (¡que el Diario ubicó en las páginas deportivas!), mencionando, simplemente, que él pertenecía a dos academias internacionales de Ingenieros. Murió tres años después sin reponerse de la depresión.
Ese día 12 de Julio anunciaban el ingreso de Argentina al Banco Internacional. El 17 de Julio informaban sobre el déficit de locomotoras en los ferrocarriles y la decisión de endeudarse para comprar urgentemente locomotoras diesel eléctricas en el exterior.
En 1961, Larkin, durante el Gobierno de Frondizi, asignó la responsabilidad del déficit al alto costo de servicio de las locomotoras a vapor y, por eso, ordenó cerrar 17.000 Km de vías.
Ese General Norteamericano de Logística organizó la desarticulación del Territorio Argentino y la principal “ayuda” a su mérito la dio la cancelación en 1955 de la fabricación de cientos de locomotoras nacionales.
Si usted se atreve, nos encontramos en la Charla y vemos como aquella difamación
nos siguió perjudicando por MEDIO SIGLO MÁS.

*Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 22 de junio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de la compositora brasilera Jocy de Oliveira. Las poesías que leeremos pertenecen a Gerardo Contreras (Costa Rica) y la música de fondo será de Mario Guacarán (Venezuela). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

18/06/2008 GMT 1

UNA GOTA DE HUMANA TERNURA...

urbanopowell @ 13:57

La literatura*

Acababa de romper con Lucía. Bueno, realmente Lucía le había dejado. Estuvo perdido varios días con la tristeza encaramada en su vida hasta que acudió a su amigo y profesor a pedir consejo.

- Todo está en los libros, querido amigo - le dijo el profesor - Con ellos encontrarás el olvido y el consuelo.

Como el amor que había perdido era muy grande, vació la librería del salón, añadió los libros de la escuela, de la universidad, los de un amigo a quien se los guardaba y los de un vecino, y se metió en la cama con ellos. A la mañana siguiente comprendió que la literatura, no sólo no hacía olvidar el amor perdido, sino que además, producía insomnio y agujetas.

*de Joan Mateu joan@cimat.es

UNA GOTA DE HUMANA TERNURA...

*

En la soledad
el sol sale para que uno viva
y se esconde
para no llorarle a su propia luz.
Luego sale para que la tristeza
deje suelo regado.

*De Ricardo Mastrizzo.

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

36

Cuando el chofer que tenía los ojos de mi padre me dejó en la Pensión de Frieda Preutz, obedecí a las circunstancias sin hacerme preguntas. Dócilmente toqué el timbre, esperé, no salió nadie, abrí la puerta, entré.
Con profunda gratitud vi que mi habitación estaba hecha. La cama, con la manta escocesa doblada a los pies, me pareció más que nunca la madre del incurable huérfano que era.
-Sieben tagen.
Siete días. Bostecé. Sólo quería dormir.
Saqué mis cosas de la valija, colgué los trajes en el ropero, guardé el resto de la ropa en los cajones. Luego tomé un baño, me afeité por segunda vez, me cambié de ropa.
Siempre he admirado e esos ingleses del imperio que se vestían de etiqueta para cenar en medio de la jungla. No es cuestión de orgullo; es sentido común. Una vez cambiado, afeitado, con mis cosas en orden, me sentía más tranquilo.
"Hay que resignarse a la evidencia", me dije. Un perdedor conmueve, pero un perdedor digno redime a sus espectadores. Y al fin y al cabo, el único espectador atento al espectáculo de nuestra propia vida es uno mismo.
Muy digno, la espalda derecha, la cabeza alta, caminé un rato por la pieza. Hacía planes. Planes. En fin.
Miré el reloj. Las dos de la tarde. Afortunadamente, no tenía hambre, porque almorzar a esa hora ya era imposible. Decidí esperar la cena. ¿Pero en qué podía distraerme hasta las siete y media?
Ya un poco menos digno, me senté a la mesa. Miré los papeles, las pilas de folletos de la ITB.
Mi máscara británica empezaba a cuartearse.
Tomé la libreta y la lapicera, y en una página limpia anoté:
1) Hoy descanso.
Y luego:
2) Mañana primera hora ir al centro comprar pasaje Viena.
3) Vuelta a buscar valija, pagar pensión.
4) Viaje al aeropuerto.
5) Viena, Viena, Viena.
Ah, Viena. ¿Y si en vez del punto 1 ejecutaba el punto 5? Qué tentación. Pero estaba resfriado, llovía a mares, me arriesgaba a una segunda tanda de accidentes (la superstición, no sin fundamento, de que ese día era nefasto), y llegaría a Viena de noche.
el punto 1, en teoría tan sencillo de obedecer, se presentaba como un difícil problema. Me hubiera gustado dormir la siesta. Pero sin almuerzo ¿qué siesta?
Parpadeé, medio dormido, y vi que había estado dibujando círculos con la lapicera. Lo mismo hacía en mi cuaderno de geometría del espacio. Exhausto por el aburrimiento, mientras creía estudiar muy concentrado, trazaba círculos en el papel, agujeros de tinta donde metía la cabeza para refugiarme de las precisiones de Repetto, Liskens y Fesquet. Vi también que los dedos de mi mano izquierda, con curiosa memoria animal, ensanchaban las redondas aberturas de la carpeta de macramé.
Me levanté y salí del cuarto.
En una punta del corredor había una sala. Desde la puerta de mi pieza podía ver parcialmente el interior. Una araña de tres lámparas en forma de velas difundía una luz mustia sobre un pedazo de diván, otro pedazo de una consola enorme y parte de una mesa con dos sillas de respaldo muy alto. En el diván, inclinada sobre un tejido, con una canastita de lanas a los pies, estaba Frieda Preutz.
La escena tenía algo de doméstico y tranquilizador que me atrajo. Con las manos en los bolsillos, como si me paseara distraídamente por la casa, me aproximé.
-Guten tag.
Mi voz alegre, mi sonrisa jovial, el buen muchacho de entrecasa consciente de que la soledad lo ha convertido en un hipócrita.
Frau Preutz me echó una mirada severa por encima de los anteojos. Luego, con una de las agujas, señaló autoritariamente el lugar vacío a su lado.
-Sit down, herr Paradella.
Me senté.
Frieda Preutz contaba los puntos del tejido con un dedo grueso.
-You is gut?
-Sehr gut, quite well, thank you, quiero decir, gut, danke schön...
La habitación, que de lejos me había parecido bastante iluminada, estaba en sombras. La lluvia golpeaba monótona contra los vidrios. Las cortinas corridas, el aire húmedo y los olores tristes de una habitación siempre cerrada, donde no entra el sol. Olor a madera vieja, a polvo viejo, a yerba húmeda. Raro en esa casa tan fregada por Frieda Preutz.
Quise levantarme. Frau Preutz soltó una aguja, puso una mano dura sobre mi brazo.
-Sit down, herr Paradella, not go.
Me encongí de hombros, le sonreí. Mi mejor sonrisa patética antes de largarme.
-Ich sprache nicht Deutsch, you see.
-Nein, nein -sacudió la cabeza-, you not go, stay here. You gut?
Y siguió tejiendo velozmente, sin mirarme, una vez que se hubo asegurado que yo no escapaba.
Qué compañía. Qué conversación. Como cuando mi madre me llevaba de visita a casa de la más insoportable de mis tías. "Portate bien. Las manos quietas, nene, no te muerdas las uñas, no hagas sonar los huesos de los dedos, no rechines los dientes, dejá ese gato en paz, sé cariñoso, sé amable, sé educado, porque en el fondo, aunque ponga esa cara de mala, la tía te quiere, hay que entender, no le gustan los chicos, le dan asco, y Alberto, no te retuerzas en la silla, sé bueno."
-¿The girls? Las chicas, ¿dónde están?
-¿Girls?
-Frauleins -dije, y con las manos dibujé en el aire, lo más recatadamente que pude, una figura de mujer.
-¡No girls! -gritó, riéndose y apuntándome con una aguja. Y agregó: One girl. Eine fraulein. Eine. One.
¿Una sola? Es horrible que nos hagan bromas cuando uno no comprende la lengua. Una sola mujer. ¿A qué se refería? Se burlaba de mí y yo sin defensa. En el infierno, el diablo teje. Y uno va y lo busca, con tal de no estar solo, con tal de hablar con alguien.
-Ah, only one girl -sonreí. Que se burlara. Pocas horas me separaban de Viena, de la civilización.
-Yes, herr Paradella. a girl. Here. See?
La aguja suelta señalaba un punto a mis espaldas. Me volví.
Realmente había una muchacha.
Estaba tan quieta, sentada en un rincón, con un libro sobre la falda, que no la había visto antes.
-A girl -asentí como un idiota, mientras mis ojos iban acostumbrándose a ese ángulo más oscuro de la pieza.
La muchacha no leía. Tenía las manos apoyadas sobre la tapa del libro. No nos prestó atención. No se movió. parecía dormida. La perfecta inmovilidad la agrisaba más que la falta de luz.
Frieda Preutz dijo algo en alemán. A medias comprendí que hablaba de la muchacha, que quería presentarnos.
-No -dije-. No.
Sin apartar los ojos de la figura sentada en el otro extremo del cuarto, me puse de pie. Frau Preutz insistía cruelmente.
-Nein -balbuceé-, nein, danke schön.
Ya podía verla bien. tenía el pelo negro, largo y sedoso, el cuerpo menudo, los ojos claros en el rostro pensativo e indiferente. Una sombra de muchacha mal proyectada en la pared, y sin embargo, puro color con ese pelo negro, esos ojos verdes, esa piel sonrosada.
-Nein -repetí, sin aliento.
Di un paso hacía la puerta y volqué la canasta de lanas. Una catarata de ovillos se derramó en el piso.
-¡Ah, perdón, perdón! -exclamé.
La señora me miraba asombrada. Fue una de las pocas manifestaciones de humanidad que vi en ella y me dieron ganas de explicarle que no estaba curado. Que el tiempo había transcurrido inútilmente. Que tal vez, en un futuro no muy lejano, yo pudiera. Pero todavía no. Aún me dolía, Frau Preutz. Y cómo.
Regresé a mi pieza. fumé un cigarrillo tras otro. Miré por la ventana. Había parado de llover. No me alegró.
Eran las cinco. Furiosamente busqué algo que hacer. Puse sobre la mesa mi traducción del cuento de Conrad. abrí la libreta -el único papel de que disponía- tomé la lapicera. "Corriente en contra, igual da", me dije, "cuento de Conrad, voy a traducirte".
Y entonces descubrí que había olvidado el libro en Buenos Aires. Solté la lapicera, hundí la cabeza en el hueco de mis propios brazos, y ahí, sobre la carpeta de macramé, sobre las hojas de la traducción, me eché a llorar sin ninguna vergüenza, como un chico.

A las ocho estaba sentado a otra mesa. La mesa tenía un mantel rojo, un florero de loza con un ramito de violetas de papel, una vela amarilla. El restaurante se llamaba "Giulio", estaba a media cuadra de la pensión y servían comida italiana preparada por un cocinero alemán. Delante de mí había una botella. Vino del Rin, blanco y helado. La botella estaba vacía. Pedí otra. Había pasado al estomago una media docena de ravioles que parecían de plástico, salpicados con una salsa que parecía tinta.
A las nueve, además de una tercera botella, había una mujer. Era muy alta, muy rubia y me sonreía piadosamente. No sé si me había pasado a su mesa o ella a la mía. Sé que quería acostarme con ella. Que hablara inglés no me importó. Que fuera muy linda, tampoco. Que se interesara en mi vida, aún menos. Nada me importaba. Salvo el hecho de llevarla a la cama. Sin embargo, le preguntaba cosas. La muchacha sonreía y contestaba.
Era de Düsseldorf. Estaba estudiando en Berlín. Le faltaba poco para recibirse. De constructora de lápidas.
-¿Constructora de lápidas! ¿Eso es una carrera?
-Es una profesión muy bien remunerada -dijo la rubia, sonriendo suavemente-. Casi un trabajo artístico. Y con el diploma puedo conseguir empleo en ciudades importantes como Berlín.
-¿No te da miedo trabajar en un cementerio?
Sonrió otra vez. Una de esas sonrisas quietas, que nunca llegan a la carcajada.
-Se trabaja en un taller. Y después de todo, ¿qué tienen de terrible los muertos?
Me estremecí.
-Que estuvieron y que ya no están -contesté rápidamente, sirviéndome otra copa de vino.
Bien. Una Constructora de Lápidas. Borracho y todo, conseguí reírme. Al fin y al cabo, quería acostarme con ella, no casarme. Y me acostaría. Contra viento y marea. Dios, una mujer. Un cuerpo tibio. Un abrazo. Una gota de humana ternura.
Me incliné sobre la mesa, le tomé la mano, y sencillamente, absurdamente, le dije:
-Una gota de humana ternura. The milk of human kindness.
Y la muchacha de Düsseldorf, la constructora de lápidas, apretó mi mano, acercó a mi cara la suya, radiante de amor y también sencillamente dijo:
-Sí. Porque nunca he visto un hombre tan hermoso, tan bueno. Sí. Te amo.
Y entonces, sobre nuestras cabezas juntas, se oyó:
-¿Pero qué me decís? El mundo es un pañuelo, che.
Una mano apoyada familiarmente en mi hombro, la cara simpática, las arrugas alrededor de los ojos, la sonrisa compradora. dios. Mi salvador de las escaleras mecánicas de Francfort, Juan Pablo Miller, el joven cineasta argentino que filmaba en Berlín. Y ya se había sentado con nosotros, ya había pedido otra botella de vino para celebrar el encuentro.
Se comportaba como si nos conociéramos de toda la vida. Intimos, se hubiera dicho. Contó la anécdota de Francfort tan bien, con tanta gracia, que antes de concluirla ya me había convertido en un personaje ridículo y lograba de la chica una sonrisa fresca e incontenible. Se puso serio luego y elocuentemente describió las maravillas de la Argentina, haciendo especial hincapié en las virtudes de los argentinos, especie de la que fui excluido con rapidez, debido a mis viajes por el mundo.
A medida que Juan Pablo Miller se explayaba en el cuento de nuestra amistad, yo me servía más vino y miraba su avance. La silla de mi compatriota se corría en busca de mayor proximidad hacia la hermosa constructora de lápidas, un brazo confiado rodeaba los hombros de la chica, una mano suelta revoloteaba y se posaba en la mejilla, en el pelo.
"¿Por qué no?", pensé. "Estamos en el extranjero donde las lealtades no cuentan. Y ¿qué lealtad, si a éste no lo conozco?" El burdo juego me aburrió. En algún momento habré dejado de escucharlo, porque me sorprendí cuando dijo:
-Por lo menos admití que es un golpe de suerte.
-¿Suerte? ¿Qué suerte?
-La casualidad, el destino, como quieras llamarlo.
Se volvió hacia la chica, le apartó de la frente un mechón rubio y lacio.
-Preciosa alemanita. El libro, el libro, che. Yo buscando como loco un tipo que me escriba el libro en quince días y aquí, mucha eficacia, mucha cultura, pero nadie sabe improvisar. Vengo a "Giulio", por la pasta italiana que será una imitación pero nos salva del chucrut y te encuentro a vos, un profesional de las letras.
-¿Profesional de qué?
Ojos de exagerado asombro a la muchacha. Luego las arrugas y la sonrisa.
-Como todo argentino, es un alma modesta. Es periodista. Escribe.
La rubia asintió vagamente. Me pareció que su alegría se apagaba. Un director de cine era más atractivo que cualquier periodista.
-Me voy a dormir -dije.
-¡Pero che! ¡La fiesta recién empieza!
-No para mí.
Me puse de pie con dificultad. Estaba mortalmente cansado y además borracho. Miré a la chica. Me sonreía con el tardío afecto de alguien que quiso mucho y ya no quiere nada.
Ah, una gota de humana ternura. the milk of human kindness. ¿Sufrí? No. Estaba harto. La noche de Berlín, una mujer para abrazarla, el cineasta seduciendo frente a mis ojos a la que me había dicho: "Nunca vi un hombre tan hermoso, tan bueno, y por eso te amo". Qué tedio. No me importaba nada. Que se quedara con la constructora de lápidas. A mi qué.
-Entonces a las diez, viejo.
-¿A las diez?
Se río, besó rápidamente la mejilla de la muchacha, le dijo.
-A un argentino no le hables de la hora porque no te escucha. Eso sí, cumplir siempre cumple.
Y a mí:
-A las diez, si te despertás a tiempo, en el estudio. La dirección la anotaste en tu agenda.
-¿Yo la anoté?
-La anotaste.
-¿Para qué?
-¿Cómo para qué? Para que vengas a ver el material filmado y charlemos del libro.
-Nunca dije...
-Esta niña espectacular es testigo. Me diste tu palabra. dejate de embromar y andá a dormir un rato, que te hace falta. Mañana hablamos.
-Pero yo no puedo...
-¿No dijiste que tenés una semana libre en Berlín?
-¿Yo dije eso?
-Y una semana basta y sobra para escribir esas pavadas.
-Estás loco.
La cara se le arrugó entera.
-Vos vení a las diez y arreglamos.
La rubia constructora de lápidas alzó la cara cuando le di la mano para despedirme. Quizás esperaba un beso. No se lo dí. No quería dar nada.
-Adiós -le dije.
sonrió muy lentamente:
-Adiós se le dice a los muertos.

*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

¿AGACHARSE A BESAR LA MANO O DETENER LA MIRADA EN EL COLIBRÍ?*

*Por Leopoldo de Quevedo y Monroy leoquevedom@hotmail.com
Colombiano

La enfermedad que corrompe el cuerpo social no es la miseria, sino el miedo.
Cuando nadie se atreve a decir la verdad y todos huyen al chocar contra ella, la sociedad se lanza por un precipicio. En Colombia sólo tienen cabida el bufón y el canto adulador de los juglares al servicio de los tiranos de turno.
Don J. M. Vargas Vila
Tomado de Harold Alvarado Tenorio en: Letralia No. 188

La vida ofrece cartas sin marca por detrás y caen al frente sobre la mesa, en el piso o quedan pegadas a una hoja en el árbol al caminar. Durante el corto baño en el río que el ser humano toma en este mundo, ve pasar ninfas sin corset, escorpiones, aduladores y vendedores con baratijas engarzadas en sus brazos. Todos los ven danzar con su oferta de veneno o de ilusión.
Pasa en coche o a caballo con gafas negras y escaso peluquín el mandamás del pueblo y se detiene a dar la mano. Alguien que le debe una limosna se apresura a llegar a la ventanilla a besar su perfumado guante.
Acaso así transcurre para muchos su escaso paso por el malecón de la existencia. Andan buscando agradar a la gente que lo tiene todo y se desviven por recibir el aliciente de su olor. Aunque la vida no es sólo un escaparate en el cual se exhiben vedettes de vidrio y pedrerías. Nadie llena su bolsillo ni su valor aumenta por doblar su espalda ante el poderoso o por devolverle una sonrisa al maniquí.
Quizás el estilo de vivir en la ciudad ha convertido al hombre actual en otro objeto de comercio. Debe, entonces, comportarse como mercancía y seguir la curva volátil de lo que más se compra. Deberá alisar su piel, teñir su pelo, vestirse con Galliani muy brillante y hablar con raro acento para que alguien le haga caso. Su conversación versará de embajadores y ministros, de sobretasas y descuentos, de contratos y concesiones. Lo importante es el dinero, las relaciones, lo "in" y, claro, la sonrisa al que sale del Despacho.
Detenerse en la ventana por la noche a darle gusto al ojo, a respirar profundo de brazo de la Luna, cubierta ya de velo de niebla, lista para entrar en la cama, quedó sólo para los poetas. Sentarse de día en el banco del parque a ver cómo se descuelgan de la mano de la rama las flores del guayacán para vestir de alfombra amarilla al piso, es perdedera de tiempo.
Olvidarse del trabajo, del ruido, de los afanes y seguir las alas del colibrí que conversa con la hortensia, es cosa de enamorados. No, por favor, ponerle poesía a la vida, no se aprendió ni en la MIT ni en Oxford. Ni para qué hablar de tales entelequias.
¡A qué horas la piel se volvió caparazón y el corazón se trocó en una alcancía que suena sobre el pecho si hay dinero adentro! Todo es metal, oropel, adulación, falsía y costra en las rodillas. La sociedad se volvió como la tierra con capas de barro, piedra y greda sellados por duro pavimento. Su cuerpo está debajo de la superficie y encima caminan botas, tanques, ambulancias con sirenas, aviones de combate y no queda un orificio para mirar el firmamento. Nadie siente asfixia aunque la angina en el pecho
ahogue de impotencia.
Hace falta el maestro, el profesor, el columnista, el que enseñe a mirar detrás de las cosas materiales. La vida no es todo técnica, banca, microempresa, afán, sudor, balance y pyg. El mundo tiene también celdas que necesitan aire, tiene necesidad de respirar. El árbol vive pidiendo sol, agua, oxígeno para poder comprar su camiseta verde y le alcanza para estirar el brazo y dar cobijo al pájaro y a la febril abeja. ¿Por qué el ser humano se cansó de amanecer entre el alba y el ruiseñor, de ir a la cascada a
esconderse del cansancio entre la peña, de disfrutar de la tonada del campesino cuando siembra? ¿Será mejor oler a humo de granada que a fragancia de astromelias?

Juegos*

Paso el fin de semana con mi hija. Es sábado, vamos a una plaza. Hace rato que estoy sentado cerca de los juegos, fumando, observando, escuchando, con la cabeza más o menos en blanco. De vez en cuando, en la confusión de colores, corridas y gritos infantiles, detecto la figura de mi hija, y entonces, al descubrirla tan feliz, tan frágil y entregada, me asaltan los mismos contradictorios sentimientos de siempre: una mezcla de placer y angustia. Lucho contra esto, evito ponerme grave, conozco los mecanismos de mis impulsos, se lo que hay ahí de incontrolable y tramposo. Intento abandonarme a la lentitud de la hora, a la calma que me ofrece esta tarde de sol bajo los árboles. Mi hija se acerca corriendo, informa, pide permiso, después vuelve a alejarse. La sigo con la mirada y advierto que, así como yo la busco, también ella, sin interrumpir su juego, suele echar una ojeada para este lado. Esas miradas, rápidas, económicas, precisas, sirven para reafirmar cierto acuerdo tácito establecido entre los dos, para comprobar que todo sigue en orden. Va pasando el tiempo. La claridad comienza a
menguar, hay un cambio en el aire y me inquieto como ante la presencia de una amenaza. Dentro de poco se prenderán los faroles y hará demasiado frío para quedarse. Recorro una vez más las hamacas, los toboganes, busco a mi hija con cierta impaciencia y la descubro inquieta, severa, incansable, absolutamente aplicada a esa actividad de los juegos, a la charla con alguna amiga ocasional. Recupero la paz e intento rescatar algunas de esas ideas que se me han estado insinuando y escapando durante toda la tarde. Pienso en las veces que a lo largo de dos años, en los atardeceres, en las noches, en las madrugadas, estuve así, en esa posición, en esa actitud. Las veces que, por una u otra razón, alegre o desgraciado, harto, enfurecido, mis pasos derivaron hacia un banco de plaza. Igual que entonces, en esta jornada nueva, ahora con mi hija jugando ahí a pocos metros, vuelvo a disfrutar con esta entrega, con el silencio, con la evidencia de cierta vieja tenacidad.
Miro nuevamente alrededor, veo los bancos ocupados, y me digo que al margen de las historias, las mías, las ajenas, siempre he encontrado ahí la misma cosa. Los árboles que se tiñen y pierden sus hojas y vuelven a florecer cuando corresponde. Y también las parejas lentas buscándose y abrazándose en
la sombra. Entonces creo saber que puedo liberarme, desentenderme de cuanto está ocurriendo más allá de esta isla. Liberarme de las amenazas, de los miedos, de las desesperanzas. Estos encuentros que se reiteran a mí alrededor parecen desmentir todo. Esas caras y esos cuerpos anónimos, confundidos en la invariable actitud de la ternura, insisten. Se oponen, insisten. Igual que mi hija insiste en sus juegos. Ellos, sean quienes sean, vengan de donde vengan, se asocian para el viejo ritual común. Siento que esa cita a través del tiempo es realmente más fuerte que todo. Y pensarlo es un hallazgo y un alivio. También yo insisto. Esta afirmación mansa, sin estridencias, reencontrada en cada oportunidad, es una de las pocas que he visto perdurar. No ha habido muchas tan firmes, tan intocables, tan alejadas
de las oscilaciones del mundo. Enciendo otro cigarrillo. En el centro de este templo abierto al cielo, entre la multitud de fieles sin cara, percibo, como seguramente lo percibí otras veces, que estoy participando de una ceremonia invencible. Busco una vez más a mi hija. Ella me está dando la espalda, pero ante la insistencia de mi mirada gira la cabeza rápidamente, levanta la mano y esboza un saludo. En la fugacidad de ese gesto pretendo descubrir, no sólo la complicidad de siempre, sino también una aprobación a todas esas divagaciones mías.

*De Antonio Dal Masetto, este texto fue publicado en una contratapa del diario Página 12,

Correo:

Ir a la plaza ?*

Hay gente que se va a avergonzar de estar en ciertas companías en la plaza, sin duda. Pero que sabe - y explica - por qué va. Y le pone el cuerpo.
Y otros que se averguenzan de decir por qué no van. Por que cuando las papas queman la pequeño-pequeñísima burguesía de este país demuestra su mediopelismo y vocación por que no le toquen su pequeña, misérrima quintita. Por que queda mal decir que no van para no mezclarse con tanto negro, para no sentir el olor a choripan. Por que en el fondo se "saben" diferentes, a ellos no los "arrean" como ganado. Les gusta pensar que son "independientes". Son la "gente" que piensa y decide por su propia "conciencia".
En estos momentos me da mucha bronca contra mi mismo no tener la capacidad de un Jauretche, para desmitificar a esa clase que se ve a sí misma como lacaya de la verdadera clase dominante, y le gusta.
Son el inmovilismo por excelencia, envidian a quién veranea en Punta del Este, pero se lo callan, y en cambio putean cuando un "negro" aparece comiendo un sandwich de mortadela en "Playa Grande".
El olor a bosta, proclamado por Sarmiento ¡nada menos!, les parece la quintaesencia de la argentinidad. Son genuflexos hasta el vómito cuando una 4x4 les corta el paso, pero no dudarían en pedir mano dura contra cualquier Kosteki o Santillán que aparezca impidiéndoles llegar a horario a sus pequeños trabajos, en los que ¡Dios no lo permita! negocian cara a cara con sus patrones su miserable aumentito por que no se rebajan a pertenecer a un sindicato. Pero no por los burócratas - que existen y hay que denunciar y vencer - sino por el hecho mismo de pertenecer a un colectivo social. Su individualismo es patético, más aún cuando son profesionales "independientes" y fijan sus honorarios. para no hablar de los "cuentapropistas", con mentalidad taximetrera, pero eso sí, políticamente correctos.
Otra vez, ante momentos como este mi lugar estará en la plaza, por que tomo partido, partido hasta mancharme.

*Udi, haciendo amigos...
udi.cuatro.catorce@gmail.com

LA POESIA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO*

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades:
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quienes somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: Poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: Lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

*GABRIEL CELAYA ("Poesía urgente")

*

HOMENAJE A HORACIO ROSSI*

(con poesía, música y amigos, como a él le hubiese gustado)

Jueves 19 de junio - 20.30 hs.
Centro Cultural La Urdimbre - San Jerónimo 2523

# Presentación de la edición de junio de la revista El Arca del Sur, que estará integramente dedicada a su obra

# Recital poético-musical basado en textos de Horacio, a cargo de Valeria Elías (recitado) y Exequiel Ricca (guitarra)

# Canciones basadas en poemas de Horacio, a cargo de Mario Ruiz (guitarra y voz)

# Micrófono abierto para todo aquel que quiera compartir textos de o sobre Horacio

*Enviado para compartir por Alfredo Di Bernardo alfdibernardo@ciudad.com.ar

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14/06/2008 GMT 1

COMPOSICIÓN TEMA LA VACA...

urbanopowell @ 16:13

Despropósito*

Umbría esta campiña negra
de ayeres trigo dorados
girasoleo en las fotos del verano
cuando campo era composición tema la vaca
en segundo grado cosa muy seria
los niños y su vaquita
vaca pinta o la de María Elena
en la quebrada de Humahuaca
ingenuas vacas posaban para el dulce de leche
hoy se derramó en la ruta
no importó el hambre ni el desprecio
cada cual hizo sus cuentas
la pobreza ya no cotiza en bolsa
recibimos un blanquísimo sopapo
ellos aún la ven blanca
hoy para mí,
la leche fue rojo sangre.

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

COMPOSICIÓN TEMA LA VACA...

Moverse*

*Por Sandra Russo

El martes, en la librería Gandhi, se presentó la Carta Abierta 3, firmada por el colectivo de personas ligadas a la universidad, la cultura, el arte, el feminismo y la literatura que se autoconvocan en la Biblioteca Nacional.
La primera Carta Abierta tuvo por eje el "clima destituyente" que luego comenzó a hacerse cada día más palpable. La segunda, la necesidad democrática de contar con una nueva ley de radiodifusión. La tercera Carta Abierta reza sobre "La nueva derecha en la Argentina". En la conferencia de prensa del martes hubo muy pocos medios de comunicación presentes. Casi ninguno. No les interesa a los grandes medios lo que surja de ese colectivo de pensamiento. No garpa el pensamiento como garpa De Angeli hablando de "tiranía".
Está a la luz, dicho y escrito que ese enorme conjunto de personas se agrupa en la defensa de la sustentabilidad democrática, pese a que en su seno también arrecian las críticas, formuladas en voz alta, no sólo sobre cómo manejó y maneja el Gobierno esta crisis de proporciones inéditas, sino además sobre cómo se pliega sobre sí mismo, impidiendo la comprensión, la difusión y la comunicación de sus políticas. Esto es: cómo prende su suerte a estándares que ya no sirven (por ejemplo, que aquellos sectores
beneficiados con sus políticas lo apoyarán), y cómo, al no haber abierto compuertas, tendido puentes y elaborado estrategias de contacto, queda a merced de esa nueva derecha que infecta el relato de la crisis con exageraciones, distorsiones, adjetivos y enunciados retrógrados (a propósito, el jueves Nelson Castro editorializó sobre "un gobierno de privilegios" porque Charly García está internado en la suite presidencial del Argerich. Hay que tener la mirada por lo menos negada a lo popular para poner allí, en la internación de un artista como García, el objeto de crítica al Gobierno y para ponerse a hablar de "privilegios"; un colmo más en estos días de gente sacada de eje).
He escrito "estrategias de contacto" en lugar de "movilización", porque, como nos han enseñado muchos, entre ellos George Orwell, en momentos críticos uno debe pelear por su lenguaje y debe ser guardián del sentido de sus dichos, toda vez que lo primero que se deglute la derecha es el sentido de las palabras que se le oponen. Y una vez más habremos de dar vuelta ese guante enfangado de los términos que usamos cotidianamente. No se les puede regalar la antinomia de oficialista-opositor así como así, por esa inercia del lenguaje que incluso a muchos comunicadores les hace creer que el pensamiento crítico debe sostenerse siempre en contra de un gobierno y nunca en contra de otro poder real, destituyente, mentiroso, especulador y antipopular.
El guante enfangado dado vuelta nos hace preguntarnos hoy dónde está el poder, al menos una parte de él: ¿es éste un Estado fuerte? ¿Es ésta una democracia fuerte? ¿Dónde está lo blindado de ese poder que "dicen" que Kirchner habría acumulado? ¿Se desblindó, se enfermó de una osteoporosis discursiva que hoy lo demoniza, igual que a la Presidenta?
Como en una kermesse de barrio, con payasos sórdidos y juegos destartalados, allí están también algunos ex periodistas sanamente molestos que saltaron la cerca y hoy se integran, al sencillo modo que supo describir Umberto Eco, al coro de señoras y señores respetables tan irritados siempre con todo lo que
huela a peronismo.
Uno de los problemas del peronismo es que trae consigo un relato y un contrarrelato que no han sido zanjados por la historia argentina. El contrarrelato victorioso tras la Libertadora, que no se llamó así por casualidad e inauguró décadas de proscripción y persecución política, que se propuso negarles el derecho a la política a los pobres, reza que el peronismo es un nido de vagos llevados en micros a todas partes, un amontonamiento de truhanes que buscan ganar elecciones solamente para abultar sus propias cuentas bancarias. Mi propia madre, que en su juventud era empleada en un comercio, me contaba cómo la habían llevado "por la fuerza", una vez, a la Plaza de Mayo, y cómo por ese atropello, que debe haber sido cierto, supongo, toda su vida odió al peronismo. Pero también pude observar, como hija de mi madre, que le repelían los cabezas, los negros, los pobres cuando se organizaban. El pobre suelto, el que tocaba a su puerta para pedirle pan, era bienvenido para que ella ejerciera sus actos caritativos. El pobre junto al pobre, buscando salir de su pobreza, organizado, era para ella un exceso insoportable. Conocí muchas mujeres como ella, las sigo viendo, las leo cuando me mandan cartas en las que vomitan
resentimiento.
La cultura expandida del contrarrelato de la Revolución Libertadora se quedó allí anidada, en esas capas medias que se ofrecieron en sacrificio al menemato, y canjearon dos viajes a Miami por el futuro de sus hijos y nietos. El menemato, que jamás provocó una oleada de odio como la que genera este gobierno -y no porque no robara, y no porque no acometiera una canallada tras otra-, se vengó de ellos con el peor fantasma: condenó a las capas medias a abandonar la conciencia de sí; las dejó sin trabajo, sin salud pública, sin educación pública, sin servicios esenciales públicos, sin Estado. Generó pobres nuevos, nuevos de toda novedad, y los arrimó al asentamiento, al barrio obrero sin obreros, a la villa. Pero esas capas medias amaron a Menem precisamente por lo que no tenía de peronista.
El contrarrelato tiene aguante de burro y premia sin pudor la traición al peronismo. O quizás, es el contrarrelato el que necesita peronistas como Menem o Barrionuevo o De la Sota, para mantenerse vívido en los millones de mentes operadas.
En la conferencia de prensa no hubo prensa pero hubo, sí, debate. Alguien dijo que esta derecha no es nueva, que es la misma de siempre, y que no había que regalarle la palabra "nueva". No es un regalo, me quedé pensando.
Lo Nuevo y el Cambio son dos latiguillos a los que siempre apelan derechas e izquierdas, clichés políticos. La Nueva Fuerza, Tiempo Nuevo, Movimiento para el Cambio, en fin, las siglas y los nombres de los programas de televisión deambulan cerca, necesariamente, de lo Nuevo y del Cambio. Es el
sentido común de la derecha el que pretende lo Nuevo y el Cambio en la chapa, para conservar lo Viejo, u ocultarlo.
Otra persona relató, el martes, que estaba en una pizzería cuando la Presidenta pronunció su último discurso, y que nadie de los presentes quiso subir el volumen del televisor para saber qué decía. Rescato esta escena clave. No querer saber lo que dice. No estar interesado en lo que dice. Dar por supuesto lo que dice. Juzgar de antemano lo que dice. Estar en contra de lo que dice sin escuchar. No escuchar. Entregarse como ganado manso al analista de turno que se ocupará, esta noche o mañana, de destripar el
discurso, de falsear un análisis, de manipular los dichos, de hacer preguntas falaces sin ningún derecho a réplica, de interpretar a su gusto y antojo cualquier cosa que se diga.
La nueva derecha asalta cuerpos y voces que dicen defender cierta transparencia que ellos mismos no practican. La nueva derecha repele el pensamiento que pueda darles una interpretación a los hechos diferente de la que ella ya tiene en la cabeza, y también en el corazón.
No sabemos qué tan sanguinaria ha de ser esta nueva derecha bacteriana que ha calado el ánimo argentino. El desastroso paisaje civil al que nos ha llevado esta crisis con los sectores de empresarios agropecuarios, regada por la condescendencia de los grandes medios y la cobertura acrítica de sus
brutales medidas de fuerza -que habrían sido discursivamente aniquiladas si hubiesen sido protestas de trabajadores-, preanuncia que ya no es posible para nadie la inmovilidad.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-106007-2008-06-14.html

La oportunidad*

*Por Alfredo Zaiat. azaiat@pagina12.com.ar

En estos casi cien días de insólita privatización del tránsito en las principales rutas del país a manos de empresarios de la actividad agropecuaria y del transporte de cargas se repite el lugar común de que otra vez la Argentina está perdiendo una oportunidad histórica. En ese lamento generalizado se destaca el supuesto abandono de mercados externos por lo que se considera una deficiente política de fomento a la producción agropecuaria, con una obsesiva crítica al imprescindible sistema de retenciones móviles. Aunque pueda resultar incómodo para el consenso hipnotizado a partir de un discurso mediático dominante, Argentina no está desatendiendo mercados ni disminuyendo sus exportaciones agrarias en estos meses del más violento lockout de la historia del país. Ni el país ni el campo está perdiendo una oportunidad. Con escaso esfuerzo de rigurosidad, si existe vocación para comprender más que ser parte de mezquinos y ocultos intereses, existe la opción de sorprenderse con la evolución del negocio agropecuario en estos meses de conflicto. Sólo un indicador, entre varios otros, sirve para orientar a despistados: el valor de la hectárea no ha descendido ni un dólar; por el contrario, ha seguido subiendo hasta máximos históricos. La tierra es el bien raíz original de la actividad. No puede reproducirse. Vale en función a lo que de ella es posible producir. Por lo tanto, los precios de los campos agrícolas son sensibles a lo que sucede con la cotización de los cultivos. Los campos, más allá de consideraciones
culturales o sentimentales, valen, como toda empresa, en función de la riqueza que es capaz de generar. Entonces, un simple análisis debería aliviar a la mayoría angustiada por la posibilidad de perder una oportunidad histórica, la última que se le presentará al país alertan profetas del fracaso: el principal activo para la tarea de la agricultura, o sea la tierra cultivable, no se deprecia pese al conflicto y a los fantasmas convocados porque la oportunidad no se está desaprovechando, sino que está presente y con cada vez mejores perspectivas.
¿Qué significa, entonces, la ansiedad por lo que se dice se está perdiendo?
Muchos repiten esa idea porque es una muletilla mediática que convoca la atención del espectador. Otros se hacen eco porque ofrece una frase que denota importancia aunque ignorando de lo qué están hablando. Y unos pocos porque saben que de esa forma pueden mejorar aún más su posición relativa en el negocio. Esa expresión de desesperanza tiene que ver con el deseo de exportar aún más y si pudiera casi toda la producción agropecuaria. Los elevados precios internacionales, que se estiman se mantendrán en esos
niveles por años por la confluencia de varios factores, son muy atractivos para despachar al exterior granos, leche y carne. Por lo tanto, cuando se pontifica sobre la oportunidad que se está perdiendo poniendo como ejemplo Brasil y Uruguay, sin conocer en profundidad las características de esos
mercados ni las diferencias que existen con el argentino, se expone simplemente la preocupación por la rentabilidad extraordinaria de los eslabones concentrados de la trama multinacional sojera y de un grupo privilegiado de pequeños, medianos y grandes productores.
En realidad, la Argentina está perdiendo otra oportunidad que no tiene que ver con ese objetivo de maximizar ganancias exportando con desprecio respecto del resto de la población. Lo que se está desaprovechando es la posibilidad de garantizar el acceso a los alimentos en cantidad y precios a
todos los habitantes del país. La situación de excepción de Argentina por ser un productor mundial importante de cereales y carne frente al drama que se vive en gran parte del mundo, con disturbios y caos producidos por el alza de los alimentos, debería dar el marco para evitar una crisis local, no
para provocarla por la ambición de acumular riquezas excepcionales por un sector minoritario. No deja de ser una peculiar forma de entender la convivencia democrática y la estabilidad social reclamar el derecho de exportar alimentos sin restricciones y encarecerlos en el mercado doméstico con un nivel de pobreza del 30 por ciento de la población y con un porcentaje similar que está apenas en el escalón superior de ese umbral de ingresos. Hogares que ante una fuerte suba de los alimentos descendería a
ese mundo lleno de carencias.
El Gobierno debería ocuparse de diseñar un plan consistente de seguridad alimentaria sin apelaciones a la solidaridad, que no es un atributo que tenga que exigirse a los empresarios. Seguridad alimentaria que hoy está en una posición de vulnerabilidad por el alza de los precios domésticos y por el impacto externo del alza de las materias primas. Ese programa, además de fijar retenciones móviles, tiene que intervenir en la cadena de formación de precios y en los centros de comercialización oligopolizados. Felipe Torres Torres, economista y sociólogo mexicano, es el responsable de un interesante libro, Seguridad alimentaria: seguridad nacional. En esa obra menciona cuatro factores que amenazan la seguridad alimentaria de un país:
1 Las condiciones internas de la política económica que genera insuficiencia de oferta agropecuaria para satisfacer la demanda interna de alimentos.
2 Las crisis económicas recurrentes que deterioran los niveles de ingresos y concentran riquezas de tal manera que el acceso a los alimentos se ve seriamente restringido.
3 Los factores externos donde los agentes económicos más fuertes instrumentan estrategias de manipulación de los mercados agrícolas (subsidios de los países desarrollados).
4 Un escenario de abrupta desaceleración de la economía.
De esa serie de cuestiones, la fortuna naturaleza ha permitido que el segundo sea el más relevante para el caso argentino, donde el proceso de aumento de precios está agudizando el problema de la seguridad alimentaria.
Esta se entiende como "lograr que todas las personas tengan en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos adecuados para satisfacer sus necesidades alimentarias", según la definición de la FAO. O en una forma más amplia la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, en Roma, en 1996, precisó que "un hogar goza de seguridad alimentaria si tiene acceso a los alimentos necesarios para una vida sana de todos sus miembros (alimentos adecuados desde el punto de vista de calidad, cantidad e inocuidad, y culturalmente aceptables), y si no está expuesto a riesgos excesivos de pérdida de tal acceso".
Torres Torres menciona que la seguridad alimentaria es un problema de países atrasados "donde el ingreso de la población es restringido y asimétrico".
Pone como ejemplo a Japón y Suiza, que no tienen una producción de alimentos estable y creciente, pero cuentan con ingresos suficientes para obtener alimentos de calidad y, por lo tanto, no registran problemas de seguridad alimentaria. Argentina es el caso de que cuenta con una extraordinaria
capacidad productiva, pero sufre un bajo nivel de accesibilidad a los alimentos. Torres Torres señala al respecto que "la seguridad alimentaria se convierte, por lo tanto, en un problema de desarrollo económico que se resuelve diseñando políticas económicas internas de corte distributivos".
Por ejemplo, las retenciones o cupos de exportación. A la vez, aunque menciona que son soluciones limitadas, el experto mexicano apunta que también se aborda con programas focalizados hacia los grupos más vulnerables. Entregando bolsones de comida o tickets para la compra de alimentos.
Frente al complicado contexto internacional en el mercado de los alimentos se trata, entonces, de utilizar todos los recursos e instrumentos necesarios para constituir un eficiente y masivo programa de Seguridad Alimentaria. De esa forma no se perderá la posibilidad de que un país privilegiado sea para
todos y no sólo sea un territorio para satisfacer la oportunidad de unos pocos.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-106030-2008-06-14.html

El Che y la recreación del marxismo*

*Por Atilio A. Boron

Una de las mejores maneras de conmemorar el octogésimo aniversario del nacimiento del Che es recuperar una de sus facetas menos conocidas o, tal vez, la más olvidada: su papel como recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como “el guerrillero heroico”, valiente como el que más y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos. Un hombre cuya absoluta coherencia entre ideas, valores y conductas lo convierte en un paradigma insuperable, especialmente en épocas como éstas, en las que la traición a los viejos ideales –o la desconexión entre lo que se piensa o dice y lo que se hace– ha adquirido proporciones escandalosas.
Como bien lo recordaba días pasados Miguel Barnet, este extraño guerrillero cargaba en su mochila la poesía de León Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana tenía más de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue casual su capacidad para recibir críticamente algunas de las categorías del marxismo y para someter a implacable crítica la grotesca deformación que éste había sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de “marxismo-leninismo”. Hay un paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones “escolásticas” del marxismo. El primero, burlándose en su breve escrito a propósito de la Revolución Rusa, “La revolución contra El Capital”, de la interpretación canónica de El Capital del principal teórico de la Segunda Internacional: Karl Kautsky. El Che, haciendo lo propio con los “ladrillos soviéticos” que también decretaban la imposibilidad de la revolución en los países atrasados.
Tanto uno como el otro libraron una exitosa batalla contra el “economicismo” décadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y “descubrieran” el determinismo economicista que, según ellos, condenaba irremisiblemente la teoría marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas y en lugar de repensar creativamente al marxismo optaron por adherir a la ideología dominante de su tiempo.
Heredero de una noble tradición, de la cual José Carlos Mariátegui fue el gran precursor, el Che concebía al marxismo en sintonía con la Tesis Oncena de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, creía que “el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción”. Por eso, si la teoría se daba de bruces con la realidad aquélla debía ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le hacía lugar a la revolución socialista en la periferia había que depurarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al niño junto con el agua sucia de la bañera, recrear la teoría para dar cuenta del inédito desafío. Y si los “manuales” postulaban una visión etapista y mecanicista según la cual no podía haber revolución socialista sin que antes hubiera una revolución democrático-burguesa liderada por la burguesía nacional, lo que había que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo. En esta operación el Che demostró, al igual que los grandes clásicos del pensamiento marxista, que la teoría no es un edificio acabado sino un emprendimiento en permanente revisión y reconstrucción, y que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos político-prácticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo, que revela el carácter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Demostró también que el proyecto socialista trasciende el marco económico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material, pero si esa apoyatura no sirve de fundamento para lo otro el proyecto socialista estará desahuciado antes de nacer.
El legado teórico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo recién ha empezado. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la “coexistencia pacífica” proclamada por la URSS, fueron proféticas; su visión de que no se puede construir el socialismo “con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo” es irrebatible a la luz de la experiencia reciente; sus análisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo se corroboran día a día, desde los “bombardeos humanitarios” de Bill Clinton hasta las torturas a niños y niñas iraquíes de 10 a 12 años definidos por Bush y su pandilla como “amenazas imperativas”, tal como lo expusiera Juan Gelman en este diario el pasado 12 de junio; igualmente preciso es su diagnóstico sobre la centralidad de la ideología cuando dice que “el capitalismo recurre a la fuerza pero además educa a la gente en el sistema” y lo viene haciendo desde hace quinientos años, con lo cual nos convoca a librar la “batalla de ideas” en todos los frentes. Y así podríamos seguir enumerando hitos de una reflexión teórica que no se detiene ante el saber establecido y prosigue incansable su marcha hacia horizontes de comprensión cada vez más profundos y abarcativos. Cuatro décadas después de su cobarde asesinato, el Che está más vivo que nunca.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/106028-33425-2008-06-14.html

Correo:

Estimado Eduardo:

El 16 de junio de 1955 marcó el inicio del terrorismo de estado en Argentina.
Como el campo NAC & POP no está en fuerza para instalar verdades mediáticas, solo nos queda esta vía. Creo que es imperioso para la gente de bien - desideologicemos la cuestión para ser más abarcativos - recordar que ese día aviones de la marina bombardearon Plaza de Mayo y la Residencia Presidencial (Las Heras y Arroyo, actual Biblioteca Nacional) y, un poco por ineptitud y mucho por odio, las bombas terminaron cayendo sobre los civiles que recorrían el lugar.
Un detalle no menor es que las fuerzas leales encargadas de la represión estaban al mando del general Juan José Valle, fusilado un año después con treinta compatriotas más. Acabamos de cumplir un aniversario que nadie recordó, porque los gatos se estaban reproduciendo...
Me pegó aquella frase de Juan Carlos Cena del olvido como herramienta de las clases dominantes y la memoria como herramienta de resistencia de un pueblo. En este sentido quiero recordar un poema escatológico que pude ver escrito a máquina cuando el mundo era más joven y no tuve la lucidez de conservar más que algunas estrofas en la memoria.
Paso a escribir lo que me acuerdo:

Me cago en los asesinos de la aviación de la Armada
que en fuga desesperada huyeron al país vecino.
A esa manga de cretinos les va mierda por avión
junto con la maldición de todo el pueblo argentino.

Me cago en los melenudos que tienen por comité
mesas del Petit Café y al cagarlos los saludo:
Oigan manga de cornudos, dejensé de molestar
y pongansé a trabajar, atorrantes, pelotudos.

Un sorete sin igual, seco, sólido, robusto
a Alicia Moreau de Justo no le puede caer mal
y uno de tamaño tal que más parezca una leña
le dedico a Alcira Peña, reputada intelectual.

Estaba fechado el 18 de junio del 55 y el "poeta" lo había escrito con toda la calentura que la circunstancia ameritaba.
Sería interesante apelar a la memoria de los lectores que lo puedan haber conocido y recuperarlo en su totalidad. Era mucho mas extenso que lo que escribí.
Nunca lo escuché citar por nadie y yo lo vi con compañeros que ya no están.

Un abrazo sincero.

*de Edgardo E Molgaray. eemolga@yahoo.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 15 de junio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Fernando Maglia. Las poesías que leeremos pertenecen a Marga López Díaz (Colombia) y la música de fondo será de Bandolas de
Venezuela (Venezuela). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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11/06/2008 GMT 1

EN LA INEQUIDAD Y LA DEMENCIA DE ESTOS TIEMPOS...

urbanopowell @ 16:08

Amores platónicos*

A principios de 1953 Herbert Reed procedente de Kansas City y Tony Williams de Roselle, New Jersey, se juntaron en Los Ángeles con un músico de St. Louis llamado David Lynch con la finalidad de formar un grupo de "rhythm and blues", pero no lograron darse a conocer ya que hacían la misma música que el resto de grupos existentes. Sin embargo, en el plano personal nació una corriente de afecto entre ellos que cada día era más intensa, llegando a preocuparlos debido a que, en aquella época, estaban muy mal vistas las relaciones entre hombres.

La incorporación de Paul Robi de Nueva Orleáns le dio un nuevo aire al conjunto que empezó a ser conocido dentro de los interpretes de "Doo wop" y música "pop". Este último también notó que empezaba a sentir algo más que afecto por los otros componentes del grupo, pero jamás lo manifestó,
guardándose este sentimiento para él.

Cuando su manager, Buck Ram participó como letrista, fue el inicio de su tremendo éxito. A raíz de su participación, el cuarteto se amplía con un quinto miembro, la solista Zola Taylor, una cantante con una voz privilegiada y una belleza increíble. Con esta incorporación los cuatro músicos variaron sus afectos enamorándose todos de la cantante. Este amor también se mantuvo en secreto para no romper la armonía del grupo, incluso hasta después de disolverse a finales de los sesenta.

De este conjunto han quedado dos cosas importantes, la belleza de sus canciones entre las que destaca sobre todo "Only You" y el descubrimiento del amor platónico bautizado con este nombre en su honor.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EN LA INEQUIDAD Y LA DEMENCIA DE ESTOS TIEMPOS...

¿Somos más civilizados que nuestros antepasados?

Cuentan que cuando el hombre primitivo comenzó a vivir en sociedad, se compartía todo lo que se alcanzaba, no existía la propiedad privada, vivían en armonía entre ellos, y con la Madre Naturaleza. Ella proporcionaba los alimentos y lo necesario para protegerse del frío. Luego, comenzó alguien a apropiarse de lo que antes pertenecía a todos, a acumular bienes y poder, y se acabó la llamada Comunidad Primitiva. Comenzó la civilización.

Para una respuesta elemental a la pregunta: ¿Qué se entiende por civilización? acudo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), y cito: “Estadio cultural propio de las sociedades más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas”, y en otra acepción: “Acción y efecto de civilizar.” Si tomamos estas definiciones como punto de partida, para respondernos la pregunta que sirve de título a esta “elucubración” mía, es indiscutible que la humanidad ha logrado grandes avances en la ciencia y el arte, un poco menos en el campo de las ideas y prácticamente nada hemos avanzado en lo que concierne al comportamiento del hombre, como costumbres y “Acción y efecto de civilizar”, con respecto a los primeros seres humanos.

La avaricia, el egoísmo, la vanidad, el sometimiento, y otros males, han permanecido inalterables desde que dieron origen a la desintegración de la Comunidad Primitiva hasta nuestros días. Las guerras, y crímenes tan monstruosos como la destrucción progresiva de nuestro propio habitad, han sido el fruto de esos males. La riqueza ha estado concentrada en pocas manos y en muchas, la miseria y el desamparo. El hombre ha sido el lobo del hombre y de la Naturaleza. Nada ha cambiado, aún.

El Siglo XX llegó con una luz que fue La Gran Revolución de Octubre, luego comenzó a parpadear y se apagó en los finales del propio siglo. La llamada “Década Prodigiosa” pletórica de idealismo revolucionario, hoy es un recuerdo. Y sin ningún chovinismo latinoamericanista, sólo en América Latina ha comenzado a dejar de ser una utopía.

Cuba, por tratar de crear una sociedad en que el hombre deje de ser el lobo del hombre, ha estado sometida durante casi 50 años a agresiones militares, políticas, económicas y mediáticas brutales, por parte del imperialismo yanqui y sus aliados. Ningún pueblo ha conocido genocidio tan prolongado. Y resiste.

Las guerras imperiales para “civilizar” al hoy llamado Tercer Mundo y por los mercados y fuentes de materias primas, fueron y son lo suficientemente incivilizadas como para asesinar o someter pueblos enteros.

Las bombas atómicas lanzadas sobre las poblaciones indefensas de Hiroshima y Nagasaki , la criminal guerra contra el pueblo vietnamita, el colonialismo y las dictaduras militares , son unos pocos ejemplos de la inhumanidad de los “humanos” que ejecutaron esos crímenes, de quienes los apoyaron o callaron, y de los que desearon éxitos al agredido, pero no compartieron su suerte, como indicara el Ché.

El siglo XXI comenzó recorriendo los mismos caminos que el anterior. Guerra contra Afganistán, Irak, amenazas de agresión militar a más de sesenta “lugares oscuros” del planeta. El pretexto es el mismo: “Anticomunismo”, “Antinarcotráfico”, “Antiterrorismo”. La verdad sigue siendo la misma: La hegemonía mundial.

En numerosos países desarrollados resurgen las funestas ideas del fascismo, nazismo y del falangismo, además de la conocida xenofobia, que no es otra cosa que racismo. ¿Alguien conoce un caso de hostilidad o agresión contra algún blanco, rubio y de ojos azules? Cada vez son más frecuentes los crímenes que cometen los portadores de esas ideas.

Estados Unidos de Norteamérica, el autotitulado “baluarte de los derechos humanos”, asesina diariamente niños, mujeres, y ancianos en los países que ha ocupado militarmente, y los llama cínicamente “daños colaterales”. También tortura en cárceles secretas y públicas, y “… el mundo sigue andando”.

Por otra parte, varios países africanos, que contaron con toda la solidaridad mundial para alcanzar su independencia, hoy se desangran en guerras con sus vecinos o entre facciones y etnias que desean mantener o alcanzar el poder político y económico. Numerosos gobernantes se enriquecen con la miseria de sus pueblos y se cometen los más horripilantes crímenes contra la población civil. Es increíble, que en un país como Sudáfrica, donde decenas de miles de sus ciudadanos tuvieron que emigrar durante el régimen racista, ocurran hechos de carácter xenofóbicos contra ciudadanos de países vecinos que durante muchos años le brindaron protección.

En América Latina se respira otro aire. Un aire de independencia, soberanía y de justicia social, que todavía no llega a todos y cada uno de nuestros países, pero no dejan de ser transformaciones o cambios. Son el resultado de la lucha ciudadana y de los movimientos sociales contra las dictaduras militares y corruptos gobiernos neoliberales, así como del enfrentamiento a la oligarquía nacional y extranjera, que se resisten a restituir lo que durante muchos años les han robado a los pueblos. Asimismo, prevalecen en el continente las injusticias sociales y el brazo de la justicia no ha alcanzado a los que asesinaron, torturaron y desaparecieron a miles de patriotas, ni a sus cómplices.

¿Y qué decir de la Madre Naturaleza? Sencillamente, los “civilizados” siguen destruyendo la vida en el planeta y éste se defiende con inundaciones, huracanes, terremotos y volcanes que cobran miles de vidas inocentes.

Después de esta panorámica mirada, que en vuelo de pájaro he hecho al mundo o a una parte de él, me vuelvo a preguntar: ¿Somos más civilizados que nuestros antepasados? Y tengo que responderme: No.

*De Miguel Crispín Sotomayor arcomar@cubarte.cult.cu

Un justo tiempo para don Miguel Balagué*

*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

¿Por qué se me viene a la memoria aquel recuerdo remoto?
Es un viejecito que blasfema adentrándose en un chiquero con un canasto lleno de mazorcas que va sembrando en ese desorden de topetazos y chillidos agudos.
¿Cómo se sostiene este recuerdo remotísimo?
También hay otros, tal vez no tan nítidos porque suelen ser muchos que se han superpuesto y forman uno en el caudal obsesivo y engañoso de la memoria.
Un alba de los primeros días del mundo, un caballo que salta un alambrado para siempre y el mismo viejecito que insulta en su dialecto italiano con una ira donde se presume toda la impotencia de la tierra. Hay otras secuencias que veo más nítidas, como en una película: yo que lo sigo a todas partes con no más de cinco años y él que finge retarme y yo sé que es un juego. Hasta levanta una mano, en claro ademán de pegarme, lo cual me deja impertérrito ¿Qué seguridad tengo de que no me hará daño? No me asusta, si
hasta lo miro sonriente. Nunca sabré por qué, con tan pocos años sabía con una certeza que vencía toda intuición que eran meros juegos inocentes e inocuos, como si ese viejo inmigrante sólo se entretenía con ese niño que bien podía ser un nieto suyo. Uno de los que no conoció porque huido del
fascismo nunca regresó a su tierra.
-Era de Lombardía -me supo decir mi padre.
Sé que nunca hablaba de su familia, hasta que el mucho alcohol lo venciera desde las tripas al alma.
Lo traté casi hasta la adolescencia donde los mayores son objetos de los cuales uno se debe ir despidiendo.
Cuando murió, es probable que yo ya no viviera en el pueblo, y lo cierto es que ya casi no queda gente que lo recuerde, salvo unos pocos que como yo lo conocieron siendo muy niños, pongo por caso a la esposa del Toto Míguez, Chiche Bianco, que lo conoció en el boliche de don Marcos, su tío.
De todos modos, cada vez me convenzo más de que la memoria se hace con retazos y que muchas veces esos retazos se construyen.
El encuentro que tuve hace dos meses con "Chajá" Correa, luego de cuarenta y cinco años sin vernos, se me hizo revelador que las anécdotas y la memoria de cada uno corre por su exclusiva cuenta y no siempre (o casi nunca) coinciden. Con "Chajá" compartimos toda la primaria y las travesuras ya que
éramos vecinos, pero hoy no coincidimos en el recuerdo de las anécdotas infantiles.
Si yo raspo con cuidado aquellos rincones que persisten como ladrillos débiles, digo, si los raspo con una cuchara van cayendo lentamente otros recuerdos. El de don Miguel Balagué, por ejemplo. Que fabricaba unos helados riquísimos, y tenía una chata fletera, de esas chatas de cuatro ruedas tirada por un caballo flaco, con un asiento de arado atornillado en el piso, ese largo piso de listones de madera, que hacían un ruido infernal cuando las ruedas de hierro saltaban sobre la calle de tierra despareja.
Arrimaba esa chata precaria al andén de la estación de trenes, media hora antes de la llegada. Don Miguel era español. No recuerdo de dónde, pero pudo ser catalán, no sé, tendría que preguntarle a Haydée, que sabe todas las filiaciones de las familias del pueblo.
Lo cierto es que para don Miguel, todos, absolutamente todos, los chicos del pueblo se llamaban sin excepción: Miguelito.
Tal la anécdota que me refiere mi amigo Roberto Vega.
Cuando la Cooperativa Agrícola Federal organizaba esos llamados campeonatos de Baby Fútbol, en las noches veraniegas, él, mi amigo Roberto iba con su carrito heladero tirado por un caballo a vender los ricos helados "Balagué" en las orillas de la canchita. Cuando Roberto jugaba lo reemplazaba el propio don Miguel y se entusiasmaba tanto con su pequeño empleado que lo alentaba a los gritos de:
-Arriba, Miguelito, ataja Miguelito, vamos Miguelito-
Porque la ocupación esencial de mi amigo Roberto Omar Vega era ésa, la de ser un arquero con todas las letras y en toda la ley como eran las cosas de antes.
Roberto Omar fue, literalmente, mi primer amigo, ya que vivía en la casa de su abuelo, frente a la mía. Ellos no eran sino los míticos viejitos Pichichello, a saber: Doña María y don Angel, dos viejitos italianos que eran como el corazón del Barrio Jazmín.
Sin embargo, la figura flaca de don Miguel, con su gorrita de género, con visera de cuero, la pipa que llevaba colgada de un solo diente superior, el único que le quedaba, justo para la pipa, repetía, para qué más, se me presenta, cruzando en la memoria, esas adormiladas siestas perdidas para siempre con una soga en la mano, internándose en el terreno del ferrocarril, frente a su casa, que usaba como potrero para ese caballejo triste que tiraba de la chata en sus tareas fleteras y por las tardes el carrito
heladero que sostenía, todo el verano en su toldito mezquino y amarillo. Y allí sí, mi amigo Roberto Vega, implacable en mi memoria con su pantaloncito y su camisita blanca como compete a un auténtico heladero.
Para helados Balagué, es decir para don Miguel, y para doña Emilia, su esposa, trabajaron otros amigos: Valentín Prámparo, Alberto Nocino, "Chelita", pero a mí siempre me viene a la memoria la figura de un mi amigo y vecino Roberto, porque en los veranos flamígeros de mi pueblo, mitigaba mi desdicha con el hielo que rodeaba esos cilindros de helados en tapitas que yo casi nunca podía comprar, por falta de monedas y que él, siempre se ingeniaba para compartir conmigo, uno -el más pequeño- el de cincuenta
centavos, que partía en mitades exacta par cada uno.
Mientras escribo estas palabras sostengo, o trato de sostener, el recuerdo de aquellos veranos, idos para siempre, como si hubieran sido invenciones de mi imaginación y que directamente no habrían existido nunca como tampoco aquella niñez tan pobre y tal vez muy feliz que se ha muerto para siempre.
Y que yo trato de construir como puedo, en la inequidad y la demencia de estos tiempos.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-13898-2008-06-11.html

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

32

Siempre hay algo estimulante en el arribo a una ciudad desconocida, una especie de aceleración de la sangre. Sin embargo, la desagradable aventura de las escaleras mecánicas en Francfort persistía en la sensación de haber escapado de consecuencias graves, me impedía disfrutar de la llegada.
Bajo la llovizna de febrero, entre las pocas luces de un Berlín que se dormía, el taxi avanzaba velozmente hacia el Hotel Kempinski y yo cada vez más deprimido, cada vez más triste. Pensaba ahora en el Mediterráneo, en las rosas de Paestum, como el preso debe pensar en el mundo que deja mientras el coche celular lo lleva a la cárcel.
-No te duele la pérdida de Paestum. Si estuvieras en Nápoles en vez de Berlín, dudo que salieras del itinerario para visitar los benditos templos griegos. Tu emoción ante esos templos rosados en el atardecer, ante la soberbia desfachatez de esas columnas que se empinan como un solo hombre curioso y sin miedo, es tan accidental como tu terror en las escaleras de Francfort. El orgullo de tu condición humana en Paestum y el bochorno de tu condición humana en Francfort, no abarcan más de unos minutos de tu vida. Lo real, lo que importa, lo que verdaderamente te duele, es que los arquitectos de Paestum y los ingenieros de francfort no incluyeron en sus planos un rinconcito para el mundo personal de Alberto Paradella. En el fondo, nada te distrae de tu soledad. Y eso, qué vergüenza, por que no te quisieron mucho, porque te maltrataron un poco.
Esa pedante arenga que yo mismo me endilgué en el taxi me permitió recuperar algo de mi habitual indiferencia. Porque cuando el conserje del Kempinski me anunció que la reserva había vencido y no quedaba una sola habitación disponible en el hotel, lo único que dije fue: "Correcto".
Eran las diez. Altas horas de la noche según el código de vida de una ciudad europea en invierno. Llovía, hacía mucho frío, no tenía alojamiento.
-No conozco la ciudad -dije al conserje-, quizás usted pueda conseguirme alguna habitación en cualquier otro hotel.
El conserje esbozó un gesto de duda. Pero la organización de una feria tan importante como la ITB no puede permitir que la prensa duerma al sereno. Durante casi media hora trabajó cortésmente en el teléfono. Cuando colgó después de marcar el último número del registro hotelero de Berlín y movió negativamente la cabeza, sonreí:
-Bien. Veo que no tendré más remedio que dormir en uno de esos cómodos sillones del vestíbulo.
Era una broma, pero la compacta seriedad germana me favoreció. Horrorizado ante la visión de un pasajero durmiendo en pleno fausto del gran Hotel Kempinski, me suplicó que tuviera paciencia. Llamó al botones. El botones corrió a la calle y unos minutos después volvió acompañado por un chofer de taxi. Con adormilada curiosidad miré al chofer.
Primero me sorprendió la edad. Era muy viejo para taxista, aunque parecía sano y enérgico. Muy alto, flaco, tenía abundante cabello blanco, un rostro enjuto de cejas pobladas y nariz aguileña. Algo en su manera de caminar me llamó la atención. Lo vi avanzar hacia nosotros -erguido, firme- y durante una fracción de segundo pensé: "Lo conozco".
El chofer escuchaba atentamente al conserje. Cuando éste me señalo, se volvió a mirarme. Ahora hablaban los dos rápidamente, cambiaban opiniones. "Dos cirujanos que discuten el método de la operación delante de la camilla con el paciente", me dije. El chofer me miró una segunda vez. Bajo las cejas tupidas brillaron fugazmente los ojos grises. Sí, me recordaba a alguien.
Por fin, el conserje se encogió de hombros (no era una buena señal), me dijo que todo estaba arreglado. El chofer conocía una pensión.
-¿Está lejos del centro? -pregunté.
-A una cuadra de la Kudam.
-Espero que tenga calefacción.
-Oh, sí -exclamó con una sonrisa radiante que me hizo sospechar inmediatamente.
Cuando iba a hacerle otra pregunta me interrumpió:
-En dos días, tres a lo sumo, tendremos el placer de alojarlo aquí. Por favor, no deje de mantenerse en contacto con nosotros. bienvenido a Berlín, señor Paradella.
Realmente me sentía como en una mesa de operaciones. Para no alarmarse, los médicos me ahorraban detalles. En cuanto al chofer, era inútil interrogarlo. Ni él hablaba inglés ni yo alemán.
El automóvil salió a la Kurfürstendamstrasse o Kudam, como sensatamente la llaman los berlineses, la calle principal de Berlín.
Durante un momento me animaron las luces de los cafés y de los restaurantes. La vista de los restaurantes me dio hambre. Recordé las horas que llevaba sin tomar una buena buena comida caliente y, aprovechando que el auto marchaba a moderada velocidad, hice un intento de grabar en la memoria el nombre de alguno. Volvería después de registrarme en la pensión y cambiarme de ropa.
Creo haber dicho antes que mi sentido de orientación es muy deficiente y que mientras existan los taxis no me preocupa demasiado. pero esa noche puse toda mi atención en el recorrido. Mi estomago vacío, a manera de Hansel, iba dejando miguitas en cada uno de los restaurantes iluminados.
No sé por qué lo hacia. Tal vez me impulsaba la inquietud de que los restaurantes cerraran antes que me hiciera entender por un taxista. Recuerdo que me sorprendió el miedo de perderme.
La única ciudad en la que verdaderamente me pierdo es Buenos aires. Jamás había sentido, en ninguno de mis viajes, ni curiosidad por la ubicación de las calles ni temor por mi ignorancia. Al contrario, el desconcierto que a veces me provocaba ver la salida del sol en el oeste y la puesta en el este, me divertía. Era evidente que todo el esfuerzo que había hecho a lo largo de mi vida para orientarme en el mundo, se había agotado en el conocimiento, final y suficiente, de que al este de mi casa corría el Río de la Plata, al oeste estaba Villa del Parque. La fantástica conclusión de esta certidumbre era que la geografía de cualquier otra ciudad que no tuviese al oriente un mar comparable al Río de la Plata, correspondía a la irracionalidad y al desorden. Más de una vez había intentado corregir esta fatalidad de mi carácter, pero los mapas me derrotaban. De todos modos, mientras el resto de la población humana supiera dónde estaban ellos, me sentía a salvo.
Lo raro de mi ansiedad en Berlín era que también sabía, gracias a los libritos de la oficina de turismo, que no hay en ella manera de perderse. Ahora comprobaba la veracidad de esa información con mis propios ojos.
No he visto ciudad más prolijamente diagramada. Las bombas aliadas arrasaron con las telarañas de callejuela, vericueto y cortada, que tejen los siglos en las ciudades europeas, abrieron espacio para una correcta urbanización.
El centro está dividido por la famosa, larga y ancha Kudam, que tiene a cada lado edificios modernos, altos, cuadrados, desganadamente feos. la única rendija por la que se puede espiar hacia el trágico pasado de Berlín, es el negro muñón de la catedral, una ruina desagradable que exhibe una placa donde se lee que está ahí para que la gente no olvide. Ilusiones acerca de la memoria de la humanidad. Si los berlineses se cruzan de vereda cuando llegan a esa iglesia ahuecada por el bombardeo, ennegrecida por el incendio, con aspecto de mueble monstruoso rescatado de un basural, no los condeno. Juro que si yo viviera ahí, haría lo mismo.
Pasaron las vidrieras iluminadas. Pasó y me estremeció la garra de la catedral, vi que el centro empezaba a enflaquecer, a debilitarse. Había menos luz, edificios más bajos, comercios espaciados, y no llegábamos. De pronto el coche aceleró.
-Was ist das? -grité alarmado al chofer.
Es todo mi alemán, aparte del saludo, las gracias y algunas palabras descifradas por su raíz común con el inglés.
El hombre, sin volverse, dijo algo que tal vez significara: "Tranquilícese, que vamos bien". Y salió bruscamente de la avenida.
Con la lluvia, la hora, y el sueño temprano de los berlineses, la calle donde nos metimos era una boca de lobo. A cada instante, en cada esquina difusamente iluminada, yo creía que íbamos a detenernos. No nos deteníamos.
Ni se me ocurrió pensar que el conserje había mentido cuando dijo que la pensión estaba a una cuadra de la Kudam. De quién dudé fue de mí. Me habrían dicho a un kilometro, había oído a una cuadra.
Hubo tramos en los que el automóvil, un Mercedes de suspensión impecable, traqueteaba. Otros, que patinaba por el barro. Gotas de agua marrón salpicaban la ventanilla. Oí una explosión sobre mi cabeza. Era un tren que pasaba sobre un puente invisible. El estrépito me sobresaltó y exclamé. El chofer me miró por el espejito. No dijo nada. Los ojos grises me observaron afablemente un segundo. Sonrió. Me recosté en el asiento. No tenía otra salida que la resignación.
-Adios al restaurante -me dije.
Miré por la ventanilla. La noche era impenetrable. Borrosamente, el vidrio reflejaba mi cara. Verse la cara en un espejo siempre produce una punta de extrañeza. Esa cara que afeitaba todos los días me alarmó. Sufría una deformación curiosa.
Como si me estuviera mirando en un río, la imagen se expandía y contraía, se alargaba, se acortaba, no terminaba de fijarse en una sola cara, la mía. "Voy a convertirme en otro", pensé y me reí, porque era una ilusión resultante del agua que chocaba a baldazos contra el vidrio.
Fue entonces cuando, inconsecuentemente, supe a quién me recordaba el anciano chofer.
Se parecía a mi padre.
Sentí ese alivio de encontrar la palabra sin importancia que se tiene en la punta de la lengua y no se alcanza a formular, o el nombre del perfecto desconocido que nos aborda en la calle y nos tutea. También me sentí triste. Bastaba la suma casual de un cuerpo alto, flaco, un rostro enjuto, un pelo blanco, unos ojos grises, una cierta manera de caminar, para que, conteniendo la respiración, yo me dijese: "Es mi padre".
Cuando uno lo espera, encuentra fácilmente un doble de esa persona que quiso mucho y que perdió. No es una experiencia feliz. Prueba la realidad nunca aceptada de la muerte.
Un minuto después, el taxi paró. Cuando bajé, de tan cansado se me doblaban las rodillas. Todo lo que pedía de la vida en ese momento era una simple cama. Qué digo una cama. Un suelo, un pedazo de tierra que no se moviera, un punto fijo.
El chofer abrío el baúl, descargó el equipaje. Incapaz de un solo movimiento, me quedé ahí, parado, mirando las baldosas de la vereda. Baldosas acanaladas y amarillas. La noche era muy oscura. Algo, sin embargo, pude ver de ese barrio anegado por la lluvia donde habíamos atracado.
Vi casas bajas, techos planos, una esquina en ochava con un farol, árboles salvajemente podados y sin hojas. La calle estaba adoquinada y el agua corría furiosamente junto al cordón, hacia una alcantarilla enrejada. "Un pedazo de Buenos Aires", pensé, "intercalado en el Berlín Occidental".
La voz del chofer me arrancó de esta comparación absurda, típica del cansancio. Me di vuelta y vi que señalaba la puerta de una casa de dos plantas. A un costado de la puerta había un cartel de madera. Las letras eran rojas: Frieda Preutz pension.
No era lo que yo esperaba de la hostelería berlinesa, pero la casa parecía abrigada y sólida. Una de las ventanas del primer piso, la del centro, tenía balcón. El balcón era enorme. Una media circunferencia de columnas retaconas, toscamente torneadas.
Deseé, con el capricho del viajero que ha sido zarandeado hasta perder conciencia de su verdadera situación, que me tocara dormir en esa pieza.

*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

No son hámsters*

No son hámsters
en las calles

sino hojas
de los árboles
en la noche

sopladas

y no

por el viento.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

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10/06/2008 GMT 1

SOBRE NUESTRO HILO DE ESPERANZA...

urbanopowell @ 19:15

*

A través de mis ojos que buscan donde no hay.
Bajo las alas reencarnando en mi espalda.
Desde mi pecho donde todo se desnuda
abro las puertas del exilio.
Porque ya no quiero ver al cuervo
volar tan erguido sobre nuestro hilo de esperanza
y porque mi resistir
se está quebrando.

*De Valeria Marioni maiden-marion@hotmail.com

SOBRE NUESTRO HILO DE ESPERANZA...

HORACIO*

Acostumbro a escribir en cuadernos. Desde que me inicie en una escritura más o menos constante, hace ya unas décadas. Tal vez sea lo único ordenado de mi despelotada biblioteca. Y están fechados. Si señor. Fechados. Cada escrito tiene, al pie, la fecha de la hechura. Pero, me he acostumbrado, además, que cada vez que inicio un cuaderno nuevo, la primera página siempre sirve como apertura del cuaderno, donde hago apreciaciones sobre los intereses que me están abordando.
Convengamos que el único interés es escribir y escribir lo que me gustaría leer. Este fue un tema que abordábamos en la terraza con Horacio. La escritura debería ser algo que nos transmita alegría de hacerla y que nos haga sentir en el camino correcto. Sin altisonancias, sin posturas. Decíamos lo difícil que es mantener una postura. Es el reino de la hipocresía. Es lo que no nos deja ser. Y no hablábamos de posturas ideológicas, sino de lo que se muestra como.
Y luego caíamos en otros senderos de las divagaciones: dos es multitud. Ya uno lo es, agregábamos: yo y mis mundos. Todo tema para un soliloquio. Entonces conversábamos sobre esas necesidades de aclararnos las ideas “conversando conmigo mismo”. Ser el otro de Borges. Espejarnos. A veces, reconocernos y, en otras, desconocernos. Sería bueno que todos, sin excepción, lo ejercitemos un poco. Claro, es muy de loco hablar solo en la calle, mientras se camina con un mar de gentes alrededor, pero qué buenos sería que lo hagamos.
Y hablábamos de las construcciones humanas. De todo tipo de construcción. Y de la necesidad de la paciencia, de la espera, de ser como el junco ante las aguas furiosas que se dobla y no se quiebra. Y recordábamos a Antonio Machado. A Li Po. A tanto otros que, en la mar de la memoria, deben estar grabados. Y hablábamos de la embridad de ciertas palabras, que fueron trastocadas para parecer macho.
Desde luego y en ocasiones, el silencio nadaba entre nosotros mientras el mate iba de mano en mano. Simplemente, estábamos. Hasta que, de pronto, salía algún proyecto. Y así íbamos construyendo la parte de la red que nos tocaba y que habíamos elegido.
“La poesía es hacer habitable al mundo”, repetía. Lo repetía donde estuviere. Era como una muletilla. “Pero no todos somos poetas”, agregó alguien por allí. Y las necesarias aclaraciones, para que nadie se sienta excluido: hacer lo que uno hace y hacerlo bien. Así de simple. Así de profundo. Así de claro.
Pero, me desvié del tema. Yo inicie estas líneas diciendo que tenía un cierto orden en mis cuadernos. Fechados ellos. Claro que el último que inicié hace unos días lleva la fecha de 19 de mayo de 2008. Significativa en mis días. Ese día, por la mañana, despedimos a Horacio, sabedores que nos perderíamos sus abrazos, sus risotadas, sus poemas, sus lleganzas, su amistad. Ahora hablo en plural, porque mi amigo tiene la mar de amistades.
Así era. Un abrazador de gentes. Tal vez, hoy, nos siga abrazando desde otros confines sospechados tras esa breve niebla que nos separa. Yo creo que sí. Ahora, con el necesario silencio. En eso estábamos. Habíamos tomado la ruta provincial 70, camino a Rafaela. Íbamos a la presentación de uno de los libros de Ángel Balzarino. Yo manejaba. El, acompañaba, mate en mano. Habíamos cruzado Humboldt, un pueblo a mitad camino entre Santa Fe y el fin del viaje. Hay un lugar que se llama La Curva. Antes, el arroyo Las Prusianas. El monte salvaje copiando la sinuosidad del arroyo. El atardecer de una naranja excepcional. Nos paramos. Nos olvidamos de la presentación por un momento y nos quedamos mirando el espectáculo. Sin más palabras que la mirada. Como niños acunados en la vastedad, nos dejamos mimar para agradecer. Inti nos regalaba su magnificencia. El poco frío nos empujó, luego, a seguir viaje.
Entonces, decíamos, “perdamos el tiempo” en lo que importa. Aprendí, junto a él a desprenderme de lo innecesario. La primera vez fue cuando lo vi reacomodando su biblioteca. “Estoy haciendo lo de Borges: crítica literaria”. Y, literalmente, las vaciaba. Regalaba lo que ya no leería o no usaría. Se quedaba con lo necesario. Pocas cosas en el morral, palabra más, palabras menos, decía.
“Si alguien se quedó con un libro que le presté es porque le gustó. Y en buena hora que así sea”. Y se sacaba la preocupación de la cabeza. Entonces, Mozart. Y poníamos algo de Mozart para acompañar la estada en la terraza.
Y hablábamos de Tehilard, de la expulsión de la República de Platón, de Juan L., de Cortázar, de nuestro común maestro: Gastón Gori. O bien, de algún viaje a realizar, de algún proyecto a impulsar. Mansamente, mientras Mozart acompañaba. Y así, en ese trastocar los mundos con nuestras impertinentes opiniones, intercambiábamos libros.
Volviendo a lo que decía al comienzo. La escritura, en la primera hoja, como apertura de uno de mis cuadernos. Aquí va lo que pude hacer, el 19 de mayo de 2008, con las palabras.

Mayo 2008

Hace un largo tiempo que no iniciaba un cuaderno. La escritura, en ocasiones, se evapora y se hace nube. No llueve desde las manos.
Pero, como bien dice el dicho: “la procesión va por dentro”. Y uno no puede dejar de ver al mundo desde lo poético. Es una mirada donde verdad y belleza confluyen. Donde una sin la otra no pueden dejar de estar. Como hermanas siamesas.
Pero, ocurre, que en ocasiones no llueve desde las manos. No llueven palabras. Es el tiempo de la espera. Allí transcurro en las cotidianas, me aferro a ellas como naos que me cruzan de una orilla a otra en cada día. Entonces, celebro el amanecer, una sonrisa, un mate, un silencio, los amigos, los afectos.
Y de pronto llueven palabras desde las manos. El cántaro de agua vuelve a reflejar el paso de la luna. Llueven palabras porque algo se movió. Algo cambió desde mi. Algo se hizo luz, algo se hizo sombra.
Y es extraño esto, porque hoy, con el dolor mordiéndome mis pasos, acompañé a mi hermano poeta a su morada de tierra. Horacio Rossi ha muerto. Y nos dejó haciendo labores sobre la barca. Ya vienen otros grumetes. La vida no se detiene. Augura momentos en cada instante.
Abrazo su partida.

*de Oscar “Cacho” Agú. cachoagu@yahoo.com.ar

El trampantojo*

Alquilé una casa para el verano con dos plantas y unos metros de jardín.
La planta baja con cocina, baño y salón era perfecta; además con el buen tiempo agrandabas la casa usando el porche. El piso de arriba, con tres habitaciones y dos baños, también cubría nuestras necesidades.

De la habitación principal salía una escalera que debería ir al desván, aunque la casa vista desde fuera no parecía tenerlo. Subí por esta escalera y me encontré con una puerta que intenté abrir inútilmente, pero me fue imposible porque no tenía picaporte. Observando más detenidamente me di cuenta de que se trataba de un trampantojo muy bien pintado ya que parecía que la puerta era real.

Durante unos días no paró de crecer mi la curiosidad por saber qué había tras la puerta, y como podía conseguir averiguarlo. Acabó siendo una obsesión. Finalmente me pinté en la puerta mirando para adentro.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

Ford & Bascombe*

*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona

UNO Frank Bascombe -quien alguna vez quiso ser escritor, pero tan sólo llegó a cronista de deportes y ahora trabaja de agente inmobiliario en las orillas de Nueva Jersey- apuesta por Barack Obama. No tiene dudas porque no hay otra opción posible. Votó por él en las primarias del Partido Demócrata y volverá a votar por él en noviembre, en las próximas elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Le pregunto a Frank Bascombe por qué, de dónde sale semejante seguridad y certeza, y Bascombe -a quien conozco desde la novela El periodista deportivo (1986), reencontré en El Día de la Independencia y
volvía a ver y a leer en Acción de Gracias (2006 y recién traducida a español en Anagrama)- le cede la palabra a Richard Ford. Pero no hay problema, no hay diferencia, los dos piensan lo mismo aunque, para Ford, Bascombe sea más interesante y mejor persona que él: "Vamos a votar a Barack Obama porque no sabemos nada de él", me dice uno con la voz del otro u otro con la voz de uno. Da igual.

DOS Más tarde, en un mediodía de Barcelona, durante el almuerzo, le pregunto a Ford si no es un poco raro que un escritor que se ha consagrado gracias a saberlo todo -y a hacérnoslo saber todo- acerca de Frank Bascombe se arriesgue a confiar en alguien de quien no sabe nada, y si Obama no será un poco como Denzel Washington haciendo de candidato a la presidencia. Y Ford responde: "Es posible. Pero también es verdad que no podemos caer más bajo.
Estamos en el fondo del fondo. No hay dudas de que George W. Bush ha sido el peor presidente en toda la historia de mi país y de que, para salir de semejante abismo, necesitamos a alguien nuevo. Puede sonar un poco osado, pero me temo que no tenemos otro camino. Estamos desesperados, así que elegimos a un desconocido para que nos ayude y nos salve. Y, además, Obama es la oportunidad de reconciliarnos con un pasado marcado por el racismo. De acuerdo, es una gran incertidumbre, pero también es el responsable de haber encendido, luego de tantos años de oscuridad, una bombilla en el cerebro político de los norteamericanos. Una luz en una nación donde el ciudadano medio nunca está interesado en la política. Lo que a él le interesa es cortar el césped, que su hijo estudie en una buena universidad, salir de vacaciones... La política es para la clase política. Pero ahora la clase política ha demostrado que si algo no tiene es clase. Y pareciera que, por fin, es hora de hacer algo".
Le pregunto entonces cómo puede resistirse a la tentación de que Frank Bascombe -a quien ha retirado y alejado de su vida profesional definitivamente, o eso parece- no vuelva para ver y hacernos ver qué pasa con Obama. Ford suspira y dice que Acción de Gracias fue demasiado, que lo agotó, que siente que ya no podría escribir otra novela de semejante ambición, profundidad y calado y que, además, sospecha que no le queda mucho tiempo en este lado de las cosas. Así que quiere llevar una existencia más tranquila. Vivir nada más que lo suyo y no, además, lo de Bascombe. Con una buena vida basta y sobra, y "lo que pasa es que volver a Bascombe en nombre de Obama sería una tentación más personal que artística. Y así no vale". Y creo entender a qué se refiere Ford. En el nombre de las tentaciones personales hay gente que ha invadido países invocando armas inexistentes.

TRES Y, sorpresa, Richard Ford habla mucho. Pocas veces he interpretado tan mal una foto de escritor. En las suyas, Ford aparece siempre -o eso hace pensar- como uno de esos tipos duros de pocas palabras que, más que envejecer, parecen ir fosilizándose. Ford como -sólo se me ocurren símiles actorales- Clint Eastwood, Ed Harris, Lance Henrikssen o Scott Glenn. O Sam Shepard. Pero no. De cerca, lo que destaca del altísimo y siempre sonriente Ford es su mirada límpida y divertida y azul (que, ya que estamos, recuerda tanto a la de Peter O'Toole) y su contagioso entusiasmo por casi todo. Así, Ford no para de contar historias: sus días como jugador de básquet, sus viajes a México en busca del espectro de Malcolm Lowry, el modo en que su mujer (la Kristina a la que están dedicados todos sus libros y quien contribuyó al nacimiento de Bascombe cuando desafió a Ford a que, por una vez, "escribiera sobre un hombre feliz") le salvó la vida y le regaló el tiempo y el espacio para escribir, el modo en que casi entra al FBI o a la CIA, la manera enfática en que se define como "un patriota", agregando que "es mucho más difícil ser un patriota en tiempos de mierda", y el modo en que entiende a su lector ideal: "Alguien de 19 años con capacidad para leer, la edad que yo tenía cuando leí Absalom, Absalom! de William Faulkner y supe que mi vida había cambiado para siempre".

CUATRO Al caer la noche, presento a Ford en una biblioteca de la ciudad y, lo siento, no puedo evitarlo, vuelvo a reclamarle -en público el apoyo se multiplica- que no deje a Bascombe de lado, que lo traiga de vuelta. Y, tal vez por la presión de la multitud, Ford admite que todo es posible, que quién sabe, que ya veremos. Por el momento, HBO ha comprado los derechos televisivos de la Trilogía Bascombe y prepara grandes cosas. Ford ve a Bascombe con el rostro de Kevin Spacey o -su favorito, porque no tiene nada que ver con el personaje, "pero es una persona que puede hacer de quien quiera"- Philip Seymour Hoffman. Yo le digo que para mí el George Clooney curtido de Michael Clayton no estaría mal. Ford promete pensárselo y reconoce el miedo y el espanto que sentiría si los productores eligen -ya hubo algún indicio en este sentido- al sonriente Tom Cruise. Todo es posible. La vida -como bien lo demuestra la saga bascombeana en la que Ford consiguió renovar y reclamar para sí el tan bien y transitado paisaje literario del suburbio americano- está llena de malentendidos. Entre ellos, el de esa foto ya legendaria en la que Ford posa junto a sus amigos Raymond Carver y Tobias Wolff y que lo convirtió en el automático tercer mosquetero del minimalismo, el realismo sucio y todo eso. Nada que ver.
"Si hay algo en lo que yo no creo es en la idea de las tradiciones literarias. Para mí, la literatura no tiene nacionalidad ni región. En lo que a mí respecta, Anton Chejov siempre fue un tipo con una casa junto al Mississippi. Ahí escribía y ahí lo leí yo. Por eso nada me causa más gracia que las presunciones de los críticos siempre listos para explicarte...
Recuerdo que una vez, en Austria, se me acercó uno y no paró de lanzarme afirmaciones categóricas sobre mi vida y su relación con mi obra, y yo me vi obligado a rebatirle una tras otra. El hombre se enojó mucho y al final se despidió con un 'No hay nada más decepcionante que conocer a un escritor que
te gusta mucho'. Y posiblemente esté en lo cierto."
Le digo a Ford que no siempre es verdad.
Después, enseguida, los lectores se acercan a él para que les firme una novela protagonizada por "un hombre bueno" que "sólo quiere el bien para los demás" y que en la última página de Acción de Gracias, número 731, luego de casi morir, descubre el secreto de la vida: "Ahí está la inevitabilidad.
Aquí tengo el hecho concluyente: vivir, vivir, sobrevivir".
Que así sea y buena suerte para Ford, para Bascombe, para Obama, para todos.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-105743-2008-06-10.html

Estado, ecología y transporte en la Argentina*
PARTE II

*Por Juan Carlos Cena. ferrocena@villacrespomibarrio.com.ar
especial para Villa Crespo Digital

8 de junio del 2008

"El beneficio que obtendría la humanidad al trasladar entre el 10 y el 40 por ciento del tráfico por automóvil al tráfico por ferrocarril oscilaría entre 330.000 y 1.330.000 millones de dólares por año.¨ (Ing. Vicente Repetto, Asociación del Congreso Panamericano de Ferrocarriles de 1984)

EL TREN CONTAMINA MENOS
Contaminación del aire: En los Estados Unidos el transporte participa en la contaminación total con un 54%; de este valor un 86% pertenece a los vehículos viales mientras que el ferrocarril lo hace con 0,4%.

Si un tren diesel contamina 1, un automóvil particular contamina 8,3 veces más (y transporta un máximo de 5 pasajeros).

Para el transporte de cargas, si un tren contamina 1, un barco contamina 3,3 y un camión 30.
En caso de utilizarse tracción eléctrica de origen hidráulico, la polución es nula. Si se obtiene electricidad quemando petróleo (centrales térmicas) la contaminación puede ser eficazmente reducida. Además, se aprovecha al máximo la energía proveniente de la combustión.

En una carretera donde circulan 10.000 vehículos por día, se produce una contaminación equivalente a: 50 a 100 kilos de polvo; 140 gramos de plomo; 40 gramos de zinc; 1 a 5 gramos de hidrocarburos...

La contaminación de los automóviles causa 80.000 muertes.
Los automóviles en la CEE Comunidad Económica Europea, lanzan 19 millones de toneladas de monóxido de carbono y 4 millones de toneladas de oxido nitroso por año.

La Organización Mundial de la Salud anuncio, el 22 de diciembre de 1999, que este es el saldo anual de muertes por la polución automovilística en Europa. Los afectados, según la OMS, tienen entre 9 y 33 por ciento más posibilidades de contraer cáncer de pulmón que el resto. Esta constituye la segunda causa de muerte, situada detrás de los accidentes automovilísticos.
"El tráfico mata, el transporte público ayuda a vivir" afirman las pancartas que circulan en autobuses, trolebuses y tranvías como parte de la campaña de organizaciones ambientalistas en 40 ciudades italianas.

NIVELES DE SONORIDAD EN EL TRANSPORTE TERRESTRE
A una distancia de 25 metros un tren emite de 65 a 75 decibeles.

Un automóvil particular emite de 70 a 90 decibeles, mientras que un camión u ómnibus puede sobrepasar los 100 decibeles.
Un tren compuesto por tres coches hace ruido durante 8 segundos al pasar por un punto, transportando cómodamente a 250 pasajeros.
En una carretera, en 8 segundos, pasan más de 4 automóviles que no transportan en total más de 20 personas.

EL TREN OCUPA POCO ESPACIO
Para transportar más de 45.000 personas por hora y por dirección...
El tren necesita un ancho máximo de 13,70 metros...

Mientras que la carretera necesita un ancho de 37,50 metros. Un km. de autopista necesita de 10 Ha., casi siempre de las mejores tierras, que se transforman en improductivas, contra 2 o 3 Ha. en el 2° caso.

ENTRE OTRAS CUESTIONES DEBEMOS TENER EN CUENTA ESTOS VALORES
* Las autopistas cuestan aproximadamente 500.000 U$S x Km. * Las vías férreas (aproximadamente según terraplén y accidente geográfico) 200.000 U$S x Km. * La vida útil de las carreteras es aproximadamente de 8 años
* Las vías férreas más de 30 años. Ambas vías con riguroso mantenimiento.

CONSUMOS ENERGÉTICOS EN EL TRANSPORTE INTERURBANO

SERVICIOS INTERURBANOSINTENSIDAD ENERGÉTICA (Ton/Unidades de trafico x 10 al cubo)
PASAJEROS:
AUTOMÓVIL PARTICULAR 39,2
ÓMNIBUS 12,6
FERROCARRIL 9,2
AVIONES 78,8
CARGAS INTERURBANAS:
CAMIÓN 39,7
FERROCARRIL 12,9
CABOTAJE FLUVIAL 13,5

Plan Nacional de Transporte, Argentina, 1980
"... si todos los factores económicos y sociales de cada modo de transporte hubieran sido correcta y objetivamente cuantificados y reflejados en sus respectivos costos, tan rápido y sobresaliente desarrollo en detrimento del ferrocarril nunca hubiera tenido lugar..."(Ingeniero Emmanuel Flachet, presidente de la Asociación Internacional de Congresos Ferroviarios).

*Autor de * El Guardapalabras, memoria de un ferroviario.(agotado)
* El Cordobazo, una rebelión popular (agotado)
* El Ferrocidio (2da edición ampliada y corregida)
* Crónicas del Terraplén (cuentos)

*Miembro Fundador del Mo.Na.Re.FA
- Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinas

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07/06/2008 GMT 1

UN BARCO SOBRE UN RÍO DE PIEDRAS...

urbanopowell @ 17:16

Presencia*

*Alejandra Pizarnik.

tu voz
en este no poder salirse las cosas
de mi mirada
ellas me desposeen
hacen de mí un barco sobre un río de piedras
si no es tu voz
lluvia sola en mi silencio de fiebres
tú me desatas los ojos
y por favor
que me hables
siempre.

UN BARCO SOBRE UN RÍO DE PIEDRAS...

Una del oeste*

1. El Sheriff salió a la calle haciendo tintinear las espuelas en el porche y se dirigió a la salida del pueblo, justo en el centro de la calle polvorienta y vacía.

2. Morgan, aquel forajido tan malencarado, con barba de siete días, traspasó las puertas abatibles del Saloon y se situó en la entrada el pueblo, justo en el centro de la calle polvorienta y vacía.

3. Los dos protagonistas-antagonistas se observaron atentamente mientras apartaban las chaquetas dejando ver sus revólveres Colt 45, justo en el centro de la calle polvorienta y vacía.

4. El sol jugaba con sus sombras, el aire podía cortarse y la muerte parecía que se paseara por el pueblo, justo en el centro de la calle polvorienta y vacía.

Nota: Lamentamos no haber podido terminar la película por cese del guionista. Seguiremos con ella cuando encontremos otro que no nos sitúe justo en el centro de la calle polvorienta y vacía.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

Mucho circo y poco pan*

*Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania

Toda Europa se prepara para el Campeonato Europeo de Fútbol que comienza hoy. Si comparamos los espacios en los medios de comunicación que se le han dedicado a la Conferencia Mundial de Alimentación que acaba de finalizar con las páginas y páginas que se dedican a los comentarios y reportajes de
fútbol, son diez a uno. Diez para el fútbol y uno para el hambre mundial que esa conferencia ha dejado en claro: 800 millones de seres humanos padecen hambre en el mundo; la mayoría, por supuesto, niños. Diez goles a uno: toneladas de papel sobre jugadores, pronósticos, entrenadores, hinchadas.
Otros diez golazos en contra para los pobres del mundo.
Que los hay en todos los países. Desde el primer mundo hasta el tercero, cuarto. Sí, leamos por ejemplo el informe de la Asociación Federal de la Mesa Alemana. Es una organización de ayuda a hombres, mujeres y niños que no pueden alimentarse bien por falta de medios. Actualmente, se atiende a
800.000 necesitados en toda Alemania. Se les entrega pan, productos lácteos, fruta y verdura. La razón de este aumento de pobres es la suba que han tenido últimamente los precios de alimentos. Justamente ayer, viernes, se instaló la llamada "mesa larga de la solidaridad", de 200 metros de largo, en Magdeburgo. Eso se llama verdadera solidaridad. Esta organización comenzó en 1993 en una ciudad y hoy ya hay 785 filiales en las diversas regiones alemanas. Tienen 35.000 ayudantes voluntarios que solicitan a los supermercados, panaderías o carnicerías la donación de productos sobrantes.
El presidente de esta organización, Gerd Häuser, declaró a la revista Stern: "La red social no existe más en Alemania. Muchos que reciben del Estado ayuda por desocupado y jubilado, pero también madres solas con hijos, ya no llegan a comer todos los días sin nuestra ayuda". Agregó que "cada vez aumenta más el numero de niños y los adolescentes que necesitan ayuda. Ya están llegando a una cuarta parte de los que vienen a nuestras mesas. En algunas ciudades llegan ya hasta el 40 por ciento".
Pienso en la Argentina. En los generosos comedores infantiles que se han ido organizando en casi todos los barrios pobres, a los cuales hay que ayudar.
Sí, en el país de las espigas de oro. Hambre, hambre.
El gobernador de Buenos Aires, Scioli, ha dicho hace algunas horas: "Con los alimentos no se jode". Claro que no. Justamente lo que pasa en la Argentina, donde se ha volcado, como protesta, leche a las zanjas, ha ocurrido en estos días en Holanda y Alemania. Una revista alemana muestra cómo en Holanda se
han bañado chicos y grandes con leche derramada por los productores. Que se derrame la leche, que se arrojen a las carreteras los cereales, habla de falta de sentido de respeto a la vida. ¿Por qué esa leche no se llevó gratis a las escuelas y a los comedores infantiles y de adultos o se repartió en los barrios pobres? Lo mismo con los otros productos que se tiraron a la basura. Hubiera sido más directa y simpática dicha protesta si hubieran llamado a la puerta de cada casa y obsequiado a cada uno un vaso de leche.
Pero claro, el problema no se reduce a la leche que tiraron o no. No se jode con los alimentos, pero también hay que empezar a gritar: no jodan con la tierra, no jodan con los bienes que pertenecen a todos. Con retenciones o no retenciones no se soluciona el problema fundamental, sino con una reforma
agraria bien estudiada, de fondo, en libertad y debate. Por ejemplo, impedir propiedades de tierras mayores a treinta mil hectáreas -como principio- y propender a la formación de cooperativas agrarias con los verdaderos trabajadores de la tierra. Una sociedad verdaderamente democrática no puede
permitir que sean las empresas pulpos las que nos digan cuánto tendremos para comer y cuánto se dará para biocombustibles, o se siembre sólo aquello que les da más ganancias. La tierra es un bien público y no de las tendencias del mercado. Son las necesidades de todos los habitantes las que tienen que regir y no de aquellos que paran por unas horas en Puerto Madero.
Con la tierra no se jode, tendría que ser el lema argentino.
Lo hemos podido comprender en la reciente Cumbre Mundial sobre la Alimentación, en Roma. Donde concurrieron 40 jefes de gobierno y 4747 delegados. (Nos imaginamos lo que debe haber costado ese encuentro.) Bien, pero ¿qué se resolvió? Primero digamos que por lo menos se comprobó de acuerdo con cifras oficiales que 850 millones de habitantes viven todos los días con hambre y están desnutridos. Que más de una cuarta parte de la suba de precios de los alimentos se debe a los negocios especulativos que se hacen con ellos. (Los argentinos debemos tener bien en cuenta justamente eso y preguntémonos: quién hace los negocios especulativos.)
Quedó claro en la reunión esto de las especulaciones cuando se puso el ejemplo de Ucrania, donde subió de pronto el precio del trigo en un tercio cuando se resolvió dedicar más tierra al cultivo de la colza. O cuando Bush anunció que se iba a promover el bioetanol e instantáneamente se duplicó el precio del azúcar. El Banco Mundial ha declarado que cuando se propuso el aumento de las llamadas "plantas energéticas", subió el precio de los alimentos entre el 30 y el 70 por ciento. Oficialmente se dijo que hay peligro de hambre en treinta y tres países. Lo dijo en el Congreso el representante de la organización de Ayuda contra el Hambre en el Mundo: "En esta reunión se tendría que haber discutido el peligro de las prácticas comerciales que distorsionan la seguridad de la alimentación de los países
en desarrollo." No, eso no se hizo. Porque, ¿quién le pone el cascabel al gato del sistema? Es un papel que, sin ninguna duda, tienen que tomar en sus manos las organizaciones de derechos humanos del mundo entero, porque nada se puede esperar de delegados que sirven como lacayos de los gobiernos. Es un papel que desde hace mucho tiempo tendrían que haberlo tomado también las iglesias. Pero hasta ahora han dado como única solución recomendar ponerse a rezar. O embellecer todo con palabras que parezcan profundas. En el actual conflicto argentino, el cardenal Bergoglio ha pedido a las partes en litigio
un "gesto de grandeza". ¿Gesto de grandeza a quienes siempre aspiran a ganar más? El mismo cardenal ha empleado la palabra "concordia". ¿"Concordia" a un sistema que nos ha llevado a esto? Multimillonarios y pobres de pan duro.
No, los problemas hay que solucionarlos y tienen que prevalecer las búsquedas de soluciones para los problemas de los que no tienen ni siquiera para ponerles un pan en la mesa a sus hijos. Porque si no la "concordia" a la que se llegue en la Argentina va a merecer el título que el diario alemán Frankfurter Rundschau le acaba de dar a la conferencia de la Alimentación de Roma: "Gran circo y poco pan". Ninguna receta contra el hambre.
¿Para eso se gastó tanto en este congreso? Casi cinco mil delegados para ese resultado final.
Pero no todo está perdido, como siempre, el destino nos trae de pronto un hecho humilde, pero logrado con todo coraje civil. Me llega un mensaje de que en Lanús, en mi país argentino, se cambió oficialmente el nombre de la calle coronel Federico Rauch por el nombre de un obrero de ese barrio desaparecido en 1976. Asistió el intendente al acto cumpliendo así la resolución del Concejo Deliberante. Se cumplía así un sueño. Terminar con la glorificación de ese militar mercenario contratado por Rivadavia "para
exterminar a los indios ranqueles". A los cuales degollaba "para ahorrar balas", como lo dice en sus comunicados. En 1963 pedí en la ciudad bonaerense de Coronel Rauch que el pueblo votara otro nombre. Por ese pedido fui preso 63 días ya que el ministro del Interior de la dictadura militar de ese tiempo era el general Juan Enrique Rauch, bisnieto directo del mercenario. Y ahora en Lanús, a 45 años de mi pedido, se daba el primer paso para bajar del pedestal a quien iniciaba una línea que iba a terminar con la matanza de Roca, que iba a dar el paso a la repartición de la tierra y al origen de los dueños de la tierra que hoy obligan a marcar el rumbo de nuestra economía.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-105614-2008-06-07.html

Poetas de Alemania*

*Por Julio Pino Miyar. isla_59_1999@yahoo.com
6/6/2008

Acostado en la habitación escasamente iluminada poruna pequeña lámpara, refugiado del frío de la estancia climatizada entre cobertores y almohadas, teniendo por auxiliar el silente latido de la noche estival y leyendo con atención lo que creí era el raro opúsculo de la sensibilidad del autor germanófono Herman Hesse, tropecé, sin embargo, con páginas que contenían serios interrogantes sobre el destino colectivo del pueblo alemán.
La idea de la posteridad gravita sin límites dentro del cuerpo poemático del escritor de "El lobo
estepario". De algún modo su literatura implica, en medio del despliegue de su selecta sensibilidad, un
horizonte singularmente individualista que se vuelve por paradoja, sentimiento agudo de lo histórico y
consternación al haber constatado la degradación de la época en que le tocó existir.
Es muy probable que fueran los poetas los primeros que tuvieron la intuición de la historia como ese espacio único, creado exclusivamente por nuestra especie, donde el hombre puede ser correctamente aprehendido, en su sentido y en su significado, en medio del constante acontecer de su actividad. Porque la historia es ese lugar privilegiado, concebido mediante la intuición y el discernimiento objetivo, en el que el poeta, -para decirlo con una metáfora del místico español San Juan de la Cruz-, aun sufriendo la
separación más radical del mundo, nunca estará completamente solo, pues su soledad se encuentra
colmada de intensas sonoridades.
Al poeta de nuestro tiempo, arrojado por su especial modo de encarar la existencia a la soledad histórica, le es dado encontrar en el entresijo de esa soledad la realidad de asumir una causa humana, hermosamente gregaria y una manera esencial de comunicarse con el resto de los hombres. Es eso lo que individuos como Hesse, como Federico Hölderlin, -el primero, enfrentado en su propio país a la pesadilla del Nazismo; el segundo, sumergido en la noche tenebrosa de la locura-, supieron encarnar, como el más inusual destino, la misión personal a la que fueron convocados.
Repitiendo un breve esquema podríamos aventurar que si Italia es por derecho el país de la sensibilidad,
Inglaterra, en cierto sentido, el de la utilidad y Francia, en ocasiones, el de la sensualidad; Alemania,
la mayor parte de las veces, será la tierra más fértil de la subjetividad; la nación de la más esmerada
espiritualidad. La alta Alemania es, sin dudas, una de las patrias primadas de la poesía.
A despecho de los teóricos del pangermanismo, el destino histórico de ese pueblo no fue concebido para
plasmarse en la geografía, sino en el tiempo; en un proyecto organicista del tiempo que solamente confiere la historia. Es en ella donde puede cristalizar la petición sociocultural que espera ver confluir los vectores de fuerza que, atenazando secularmente la infinita nostalgia alemana, expresan de manera dual la sensibilidad perdida de Occidente: Lo Nórdico y lo Mediterráneo. La poética de un ideal paneuropeo, político y estético, reconciliado con la contradictoria espiritualidad del hombre germano
moderno, descendiente a la vez de Martín Lutero y Carlos Marx.
La herencia luterana expresa en sí, la forma más depurada de encarar el problema cultural de la
tradición. Semejante heredad trae consigo el concepto del dios único de El Antiguo Testamento, abstraído de las vicisitudes históricas de la nación de Israel, el cual provee de legitimación al individuo privado, -de religión protestante- avocado a una relación estrictamente personal con su dios, que le sirve para entregarse a una rígida moral del trabajo. El Luteranismo como religión, remarca en el individuo el criterio de su soledad, haciendo del concepto económico de la propiedad y su peculado, parte consustancial de lo que el individuo es en el contexto de su apartamento existencial.
Por su parte, el pensamiento marxista se inicia como la crítica más radical al derecho burgués, violentando los presupuestos teóricos que pretenden hacer de la "naturaleza" de la propiedad, porción inseparable de la naturaleza humana. En primer lugar, para Marx la propiedad carece de naturaleza, es simplemente un modo de producción aparecido en un momento económicamente determinado de la historia. En segundo lugar, la naturaleza esencial del hombre no es la de su soledad implicada con la realidad de la propiedad, sino la de la sociedad implicada con la realidad de la historia.
Y en tercer lugar, el ser humano es un ser social e histórico, sometido por ello a las leyes del cambio
propiciadas por las complejas relaciones -dialécticas- del hombre y el mundo. La historia y la sociedad
conforman de esta manera, en su más variada plenitud, la verdadera naturaleza.
Al dios solitario y único de El Antiguo Testamento se le opone históricamente, -hegelianamente hablando-, el dios socializador y participativo de los Evangelios. Y pudiera significar el relevo de la antigua cultura y sociedad mosaica por un pensamiento deslindado del pasado de la tradición y dirigido con atención hacia el presente humano, que busca resolver los problemas inmediatos de la miseria económica, la falta de democracia social y la aculturación. El hallazgo de la libertad, como condición indispensable para la configuración del presente político, entendida como diálogo y concertación, es un fenómeno que desata el aspecto negativo de la subjetividad, aunque para ser socialmente reestablecida: la pluralidad política, la diversidad social y la aparición de nuevos sujetos y grupos de la enunciación que habían sido omitidos, o simplemente desconocidos.
Pensando en el poeta como figura siempre soslayada de la enunciación política, arrastrado a la soledad
inmerecida, quiero citar estos versos Rainer Maria Rilke:
"Soy como una bandera rodeada de distancias /los vientos venideros los barrunto y tengo que vivirlos
(.) /Pero yo noto ya las tormentas y como el mar me enarco /Y me despliego y luego me hundo en mi interior/y me echo a tierra y estoy solo por completo /en la enorme tempestad".
La falta de un contenido práctico condena indefectiblemente al poeta, -a su poesía- a la soledad, por eso se sumerge en el entresijo de su más obscura condición en busca de un nuevo lenguaje con el
cual reanudar los antiguos lazos que lo unían con el mundo. Ese sentido, angustiosamente buscado en el
subsuelo de la realidad, que le permitiría acceder, en función de su utilidad, a la ciudad sitiada de los
hombres, permanece oculto como el sentido y significado de la historia. Porque si de veras desea
el poeta superar su anomia tendrá que asumir su tarea desde la singularidad de un nuevo contenido histórico y de un principio de alcance universal. Por eso es que la toma de partido por los pobres de espíritu, los humillados de los Evangelios, se convierte para él en algo visceral.
El proletariado histórico contiene en sí el significado simbólico de aparecer ante el pensamiento
bíblico bajo la idea del gran rebaño humano; la prole indiferenciada de Esaú. Desprovistos de toda
genealogía, mezclados entre ellos indistintamente e insertos y desnudos en el mapa social del mundo, los
proletarios son, sin embargo, los hijos ejemplares de la industria; los mártires de la edad del progreso;
antiguos campesinos desterritorializados por las oligarquías de la tierra, devenidos en los indigentes
y desclasados de las ciudades.
Cabría entonces preguntarse, dentro del contexto histórico de la formación del proletariado universal,
acerca del destino también histórico y universal de la poesía. Para el viejo espíritu alemán contaminado de judaísmo, el doloroso camino de la elección moral y de la providencia (camino esencial de la poesía) contiene un hondo significado cultural. Del mismo modo que el hombre judío busca salvarse con su pasado, -que en cierto sentido es la fe que le asiste-, para el hombre alemán, formado por la Ilustración, no hay salvación si no se realiza en el ámbito de su cultura, de su literatura y de su lengua. Para el poeta germano, llámese Goethe, Novalis, Hölderlin, o Rilke, el programa universal de la cultura será siempre el postergado programa de la redención nacional.
La poesía es una de las formas más elaboradas que tiene de manifestarse en ese pueblo el noble espíritu
de la industria, hija del despertar político de la nación. Su carácter industrioso se refleja, por tanto,
en la vida, en cada reglón de la sociedad, aunque detenta la tendencia de configurarse además como
poética y como conocimiento.
El estudio que realiza el poeta de las leyes del mundo contiene entre sus principales motivos la siguiente
pregunta: ¿cómo fijar la existencia a la ley más justa? La búsqueda de una filosofía que sirva como
guía para la práctica humana y que a la vez conserve intacto el lado gnoseológico, esencialmente
contemplativo, del pensamiento, se vuelve para el poeta - filósofo la paradoja insoluble. Pero de esas
contradicciones es que él vive y se nutre de esencias su poesía.
El poeta, como conciencia desdichada del mundo, reconoce en su propia mente el reflejo mutante,
contradictorio y a veces desconcertante de las cosas.
El devenir que lo acerca a la purificación existencial es también el que lo aproxima a la muerte, a la
nadificación no sólo de su conciencia, si no de todo cuanto el poeta ha construido; frágil no sólo como su
vida sino además como su obra. No obstante, el mundo de los hombres y la naturaleza escapan a la nihilidad de la conciencia y se reconstruyen siempre hacia otro horizonte más apto, mucho más pleno. Pues para el asombro del poeta hay algo que permanece, aunque resulte del todo imposible definirlo o encerrarlo en palabras. Es el pensar dialéctico, la secreta pulsión de la vida, que el poeta, por medio de la historia, comparte con sus semejantes. Y es en ella donde lo verdadero y lo falso de las cosas, la realidad o su mistificación, le imponen al pensamiento la tarea de adecuarse al movimiento continuo -e histórico- de las relaciones humanas y naturales, a la constante alternancia de los significados, ya que si no lo hiciera así quedaría estratificado, primero, como falsa conciencia del mundo y, segundo, como vida
individual que fracasa por haber interpretado mal las leyes del mundo.
El Marxismo como gnoseología implica la tarea de una reflexión que debe partir, para la comprensión de las cosas, del estudio de la realidad material dominada por la lógica del cambio y el devenir. Y eso es la
historia en principio, un proceso material guiado por el desarrollo incesante de las leyes de la
contradicción. ¿Existe una finalidad histórica? Esa pregunta le concierne al poeta - individuo. Pero la
realización de lo histórico, -la liberación de su contenido en aras de una finalidad social más alta-,
podría responderse, se encuentra mucho más allá del razonamiento formal que realizan los individuos que, de modo contingente, integran la historia.
Sin dudas, una doctrina de la finalidad histórica restablecería, de una forma u otra, la racionalidad
humana y un sentido concreto en la lógica del incesante del devenir. Es una pregunta fundamentalmente existencial, que vincula al contenido gnoseológico del Marxismo con su correlato moral y
social, ya que señala hacia una toma de conciencia política desde la cual el movimiento abstracto de los
acontecimientos pudiera ser sustituido por un destino práctico y una motivación profundamente humana del suceder histórico.
Curiosamente de todas las soledades la más profunda y la más larga es la soledad histórica, que nos arroja inermes a la intemperie del devenir, careciendo, inclusive, de los medios de comunicación eficaces que nos ligarían a las grandes tareas de la colectividad.
Convirtiendo el tema de la soledad existencial en testimonio importantísimo de la razón poética y
agradecido de antemano por el luminoso futuro que vislumbra, Herman Hesse dejó escrito unos versos en
los que veía, al campesino, al comerciante, "al laborioso pueblo de los marineros", todos "cambiados
con nobleza", celebrando la "universal fiesta del futuro".
Sólo faltaría el poeta, puesto que él por naturaleza es el completo dislocado del tiempo, -el desfasado
cronopio de la historia. Quien llega invariablemente antes o después de todas las citas concertadas con la colectividad humana, pues su completo significado, -inserto ejemplarmente en su palabra- es posterior a su vida, donde el concepto de su condición, como la dolorosa soledad que le acompaña, fue concebido para ser siempre preterido.
Parece que esto es lo que quiere indicarnos el autor alemán en los versos finales del poema antes citado:
"(el Poeta) él, testigo solitario /portador del anhelo del hombre y su pálida imagen /pues que el futuro, el mundo consumado /no necesitan más. Sobre su tumba/ muchas coronas se marchitan/ pero ni rastro ya de su recuerdo".

Correo:

DIÓXIDO DE CARBONO * CRISIS ALIMENTARIA, ENERGÉTICA Y ECOLÓGICA *‏

" CONSIDERACIONES SOBRE: EL DIÓXIDO DE CARBONO COMO ENEMIGO DE LA VIDA; LA TRIPLE CRISIS ALIMENTARIA, ENERGÉTICA Y ECOLÓGICA, Y LA CONTROVERSIA ENTRE CIUDADES VERSUS ALDEAS ECOLÓGICAS; FORMULADAS DESDE LA BANDA OCCIDENTAL DEL RÍO DE LA PLATA", es el título que he dado a esta comunicación de mi autoría, cuya redacción finalicé, el viernes 6 de junio de 2008,el día en que la cotización del barril de petroleo rondó la cifra record de 140 dólares.La misma, puede leerse en el vínculo: http://members.tripod.com/choloar/co2_3cri_ecvsae.htm

Se agradece la atención que se le pudiera dispensar

*De Alfredo Armando Aguirre choloar@rocketmail.com
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04/06/2008 GMT 1

EDICIÓN JUNIO...

urbanopowell @ 15:45

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Edición JUNIO 2008

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Crónica de lo que se carga en la mano*

Domingo Cualquiera
Por una extraña razón
Tu imagen se ha hecho presente,
Como un tropiezo
En lo alto de algún techo
O como una caricia
Lanzada desde una resortera.

Lunes (menos común que los demás)
Admiro en secreto tu mirada
Y el cálido reflejo de mis palabras,
Que resbalan trágicamente
Mientras guardamos silencio
Y hago como que no te veo.

Jueves (que más bien parece viernes)
Día por demás desastroso:
Tu mirada se hace risa
Cuando juego
A que nos encontramos,
Esperando sin prisa
Que pase el camión.

Día Cualquiera (que bien podría ser otro domingo)
Parece ser definitivo:
Aún no conozco
Palabra alguna para nombrarte
Pero sé de tu sonrisa
Y conozco la espera
Que comparto esporádicamente
A tu lado.

Otro Día, de Otra Semana
Esto no tiene remedio,
Y si lo tiene no he querido verlo:
Comienzo a soñar palabras
Con las que quisiera llenar tu nombre.
Describo sin suerte alguna
El subir y bajar de tu cabello,
Con el reflejo de tus mejillas
Que roban al pie de la letra
Mis deseos de acercarme.

Tus manos se sacuden,
Se juntan y se alejan,
Tal como solemos hacerlo:
Cada que somos separados
Por la llegada (algo trágica)
Del autobús de pasajeros.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

Calibrando demonios*

Adónde será aquel País
aquella patria grande
soñada en trasnoches de café
aquel engranaje de esperanza
diseñado con tantas manos
voluminoso desperdicio de ideas
derramadas sobre los bares
cuando atragantó el galope del pecho
y con ojos abrillantados
lo imaginamos enorme
un País que nos contuviese a todos
debía ser desmesurado.

Y no estuvo tan lejos
escurrió de la mano como arena
repercute en la cabeza y en el estómago.

Duele la genuflexión al norte
ignorando lista de muertos
desnutrición estadística
(sin daños colaterales)
obviados los muertos vivos
que sobreviven con ojos yermos.

Alguien robó las ideas
destripó lo soñado
y en su lugar nos dejó
la pesadilla
de no despertar.

*de diana poblet. soydian@yahoo.com.ar

SOLEDAD*

Musgo sobre mi piedra.
Piel de lagarto sobre mi piel de víbora
Con dos cabezas
Una para esconder (¿Detener con la mano
el río de Heráclito …? )
Otra para enterrar los ojos en el charco cenagoso.
El mismo charco, pero otro charco.
Un teorema inconcluso intenta resolver
Ecuaciones de ayeres insondables.
Retratos de puertas tapiadas
El tiempo es un lazo de luz
o un puñal falaz, clavado
en el engaño que llamamos infancia.
Allí está.
Nunca me abandona.
Su mirada ausente tiene el olor de una manzana.
hecha de plomo y sangre.

Por las pendientes cenagosas de la nada,
resbala el cansancio.
No hay piedad.
La tregua se aleja lentamente.
La marca candente aún humea.
El desamparo galopa, montado en Rocinante.
Lorenza no ha encontrado a Dulcinea.
Nuevamente ha vencido el “Caballero de la Blanca Luna.”
He abandonado todos los caminos
Todos los caminos me han abandonado.
Todos, menos uno:
El laberinto triangular que une vida
y muerte.
Raza de ausentes.
Estertor de vinagre sobre llaga abierta.
Ceniza .Polvo sobre mi polvo.
Huéspedes fugaces.
Intentan regresar aquellos secretos,
enterrados,
en la boca sellada de la tierra .
Palabras nunca dichas.
Vino y sangre inútilmente derramados.
La sombra de una bandada de pájaros ciegos
oscurece y apaga la palabra sepultada en ruinas .
Ruina entre ruinas. En el aire un olor a nostalgia
lastima
hasta morir.
(Hasta Lázaro, ha llorado consternado, en la tumba del olvido)

Ah Que deseo absurdo
Que inútil esperanza de cielos imposibles.
Tatuada hasta los huesos
de visitantes que creí inmortales.
Unas manos, una mirada, un ojo acuoso,
mendigo.
Ah. paradojal recuerdo.
El país donde estuvimos nunca estuvo
Incompletud.
No queda nadie para hospedar
este despojo
de rosas y de ortigas
Un túnel solitario entre Escila y Caribdis
Ah ¡Qué tormentoso absurdo!
(La niña, en su bolsillo esconde,
un puñado de almendras,
un espejo y al OTRO )

Tres silencios
han convergido en la gruta
de un enero sonoro
Tres silencios y un grito.
Aun me lastima el implacable médano.
Los fantasmas que he amado son los mismos
fantasmas
que he odiado, tanto, pero tanto,
que aun me duele el costado derecho.
Cicatriz de piedra cosmogónica

Unidad de soles fragmentados.
Una mitad de gritos, otra de silencios.
Es la primera pena.
El último olvido.
Mucho antes que el espejo reflejara
la agonía del tiempo,
ya estaba allí,
acechando,
semen de una semilla de algún ángel caído .
Más sola que los muertos, en su primer lecho
de amapola
y noche .
Una noche de conjuros y rituales.
Circe ha perdido el zapatito a media noche
Laberinto de voces
de oro en una torre de Babel
El espejo bifronte refleja
la mas terrible soledad .La soledad de a dos.
Soledad.
Duramadre nacida de torcaza… o basilisco.
Hija de la propia noche que engendro
y me ha engendrado.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

Lucisombra*

Siempre mira atrás

la sombra
plegada
derrapa por los huesos
cuelga
en las cicatrices

de espaldas

La luz
está del otro lado

como un foco distante
un sol a quemarropa

Da voces de claridad

Escarba

con tenacidad de jardinera

La luz ama la sombra
La desea

Se goza
en el encuentro demorado

La sombra en el exilio
le ofrece sus aullidos

y deja huellas
como oraciones frescas

para que la alcance

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com

Aproximaciones*

*Alejandra Pizarnik

Bs. As. 1956-1958 (Inédito)

Abrazando tu sombra en un sueño
Mis huesos se arqueaban como flores

*

Los bordes de silencio de las cosas
Lo callado que recorre la presencia de las cosas

*

Estos ojos
Sólo se abren
Para evaluarla ausencia

*

Quien me perdió
En el silencio fantasma de las palabras

*

Pasos en la niebla
Del jardín de lilas
El corazón regresa
A su luz negra

*

Quisieras vivir siempre
Como algo olvidado en la mano de un muerto

*

¿Por qué escribo?
Por qué me sollozo en madrugada
Por qué de pronto este sabor a canto de cisne
Esta espuma verde acumulada en la garganta

Mi corazón es absurdo como una máscara en la lluvia
El espanto lo asemeja al mar
Mi cuerpo es una invasión de tambores en el silencio de la noche

Por qué estas noches como un oasis para brujas
Por qué esta conjuración de ausencias
Este secuestro de la hija del viento

Me rodea en las noches una logia exterminadora
Te llamo y no vienes
Te amo y no vienes

Por qué viniste como el relámpago
Y me dejaste sola en lo devastado

Si escucharas mi rumor a celda minúscula
Poblada de agonizantes
Mi jadeo de asfixiada

Si de prono me vieras en la orilla del despertar,
Cantante enmudecida en la cima de su asombro
Si me vieras atada a tu rostro

*

Canciones ambiguas
De algún país arrasado por las lluvias
Canciones de campañeros
Memorias de algún hombre que la noche amó

*

Un pueblo de luz arderá en la sombra

*

Si un mar por una lira
Ángeles furiosos ahogó en el viento

*

Noche amada nunca como ahora
En que la pierdo
En lo incierto del día
Que rompe lo que me une a mi vida

*

Todos comprenden lo que nadie
Nadie comprende lo que todos

*

No lejos del alba nace el día
Visión de las últimas flores
La luz gira en mi rostro que esperaba
Las nupcias de los cuatro elementos

*

Siempre habrá el miedo de otras voces
El miedo de otras voces

*

Es tarde para reconocer el sol
El sol está y mis ojos cantan
El sol está su primavera es negra
El sol está y es tarde

*

Éste es mi invierno elegido
Éste es mi deber ante la niebla y lo confuso

*

El amor dibuja en mis ojos el cuerpo anhelado
Como un lanzador de cuchillos
Tatuando en la pared con temor y destreza
La desnudez inmóvil de la que ama

Así, en lo oscuro, fragmentos de los que amé,
Lúbricos rostros adolescentes,
Entre ellos soy otro fantasma

A veces, en la noche,
Me dijeron que mi corazón no existe
Pero yo escucho canciones ambiguas
De un país arrasado por las lluvias

*

Lo que no te dieron.
Lo que no te dan.
Noviciado atroz

*

Así iba yo devorando tinieblas
Una flor en mi mano de sonámbula
Una sonrisa ajena pegada a mis labios
Mi cuerpo desnudo como una palabra
Mis deseos abrazados a su imagen

*

Si solamente hicieran una hoguera en mis labios
Para quemar las sílabas que no se unen

*

El gran pájaro de cuerpo de paja teclea el invisible piano de viento

*

La luz amontonándose inservible a espaldas del sol. Niebla en el pozo. Hacer dibujos en un viejo muro rosado.

*

Pájaros polvorientos
Con sangre vieja en las alas
Flores de metal olvidadas
Telarañas enamoradas del espacio
En donde vive el tiempo que pasa

*

Se han ocultado
Entre los sonidos de la noche

*

El jardín triangular
Que oprimo en mi mano
Chorrea flores de agua
Abejas de perfume azul
Fosforecen como ojos enemigos
Incrustados en mi huesos

*

Soledad cerrada y dichosa
Promesas de súbito cumplidas
Como campanas en un amanecer helado

*

Detrás de las formas sin consuelo
El día se abre como un canto doloroso
Un alarido mágico formulador en el viento

*

Apenas remitida del cielo cerrada en donde yo era sin color y sin forma
Sólo una contemplada.
Apenas devuelta de crepúsculos
De playa sola, de corazón silenciosa.

*

Yo creo en los espejos

*

La noche canta amordazada
Corazones incendiados
En la memoria de mi boca
Me penetran vasos vacíos

*

En la cavidad iluminada
En que este instante es perla pródiga
Escucho el ronco abrirse de mi memoria
Como una puerta al viento

*

Si morir es memoria cerrada

*

Yo trabajo el silencio
Lo hago llama

*

I

Yo no canto, no celebro
No bailo desnuda y ebria
Sobre mi ataúd.
Pero yo le ruego al poema,
Yo le pido la luna al poema

II

He desatado el corazón de la lluvia

Antiguas baladas
Alimentaron mi silencio.

III

El amor es este viaje inútil, pero muy suave,
Al otro lado del espejo.

Tantas criaturas en mi sed y en mi vaso vacío.

IV

La niña que fui
Ahora en mi memoria
Entre mis muertos

De lágrimas se nutrirá mil años
De destierro el sonido de su voz

*

Yo vi ese rostro partir la mañana
En dos noches iguales.
Mi cuerpo se pobló de muertos
Y mi lengua de palabras crispadas,
Ruinas de un canto olvidado

*

COMO YO LA QUERÌA
Morir como muere un animal pequeño
En los cuentos para niños.

Eso tan terrible
Lleno de hermosura

*

Las cosas amarilleaban frente a mis ojos
Recién venidos de un sueño de otoño

*

Si la noche no es azul,
Si el verano es una lenta plaga

*

Habla al gran espacio vacío
En donde corre una niña
Que ya no reconoces

Sólo deseo no tener nada con nada

*

Has dicho tantas palabras
Que ya no te atreves a oírme llamar

*

En mis huesos la noche tatuada
La noche y la nada

*

Escribes poemas
Porque necesitas
Un lugar
En donde sea lo que no es

*

El aire se eternizaba
En aras plateadas o coléricas

Se puede morir de presencias

*

Hay un rostro salvajemente asomado al día
Que se abre en dos noches iguales

¿ Quién cantará al amor?
No yo.
Yo amo.

*

Y finalmente

Un himno sin desdicha
Un sueño como una estrella

*

Ebria del silencio
De los jardines abandonados
Mi memoria se abre y se cierra
Como una puerta al viento

*

Perdida en el silencio
De las palabras fantasmas
Si vivir es memoria cerrada
Quien me pierde
En el silencio fantasma
De las palabras

*

Zona de la visión perpetua
Yo la atravesé en un misterioso gemido.

*

Yo he dado el reino de mi edad a la noche de los cuerpos
Para saber si hay una luz detrás de la puerta cerrada.

*

En un lugar de temblores
Manos oscilan enamoradas
En la dulzura de mi rostro
Sobre tu oscuridad ardiente.

*Alejandra Pizarnik.

-Gentileza de de Florencia soler abbate florencia_soler_77@hotmail.com

Siete de oro*

-Fragmento-

Pero, sobre todo, lo que venía a descubrir mientras avanzaba y fumaba contra el viento de aquel pueblo del Sur era que también yo había tenido mi niñez.
Que podía relacionar estos momentos con otros, que podía asociar y elaborar, si lo deseaba, mis propios mitos y mi propia historia. Y que si las cosas y las voces que me rodeaban adquirían esta noche un matiz particular era porque encontraban su justificación a través de aquellas otras. Descubría, en resumen, que esa forma de andar entre la gente, ese mirar sin intervenir, tenían un antecedente. Que yo o alguien que se parecía a mí había dado los mismos pasos y había saboreado las mismas miserias. Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo. La fidelidad y el amor piadoso que descubrí en mí por aquel otro me tuvieron despierto toda la noche. Era como si hubiese vuelto a nacer.
Me esforcé por recuperar caras, costumbres, paisajes. Recordé la casa de mi abuelo, blanca, gastada, la primera al costado del camino en aquella aldea de montaña. Mi abuelo. Por lo tanto era cierto. Tantos años corriendo con la mirada fija hacia adelante habían terminado por borrarlo todo. Recordé aquella vez que había ido a verlo, después del ataque. Estaba sentado, no se movía, lo habían colocado cerca de la ventana enrejada, en un costado de la gran cocina. Se había hablado mucho del asunto. Alguien había sacado el revólver del armario y había ido a esconderlo a la casa de algún pariente.
No era hombre de vivir atado a una silla. Nadie por aquellas regiones había andado tanto ni conocía mejor los caminos. Partía de madrugada con su paso parejo y se perdía por esos senderos. Además estaban sus cuatro viajes a América, a las cosechas. Parecía increíble que también él hubiese pisado estas tierras.
En el verano, cuando iba a visitarlo, me llevaba con él. Pero esa vez ni siquiera pude hablarle. Me había sentado enfrente y no había sabido qué hacer. Mi abuelo no se fijaba en mí. Crispaba los dedos sobre la madera de la silla, apretaba los labios y miraba por la ventana, al polvo del camino.
Hubiese querido recordarle todo lo que habíamos andado juntos. En aquellos días nos levantábamos antes del alba y partíamos. Cuando amanecía ya estábamos lejos. Avanzábamos con vigor y alegría, sin gastar aliento en palabras o movimientos inútiles. Yo llevaba un sombrero de paja igual al suyo y me apoyaba en un bastón igual al suyo. Marchábamos hacia aquellas montañas azules. "En la otra guerra", decía él, "por esas laderas morían como moscas". El aire de la mañana me hacía cosquillas en la cara y me llenaba de energía. Bebíamos agua en los manantiales y, cuando topábamos con un grupo de casas, íbamos a visitar a algún conocido. Entonces él tomaba un vaso de vino acodado a la mesa y yo comía una rebanada de pan con queso. Las mujeres siempre querían hablar conmigo, me llevaban a ver los cerdos, el caballo, un ternero recién nacido en la penumbra del establo. Yo rechazaba las caricias de aquellas manos huesudas. Mi abuelo se reía de esa hosquedad mía, le satisfacía mi mal carácter, me daba una palmada cómplice en el hombro, decía que nos parecíamos. De él, sin duda, heredé el silencio, esa forma de seguir y de aferrarme. Aunque tenía un apodo que no cuadraría conmigo. En aquellos pueblos dispersos lo conocían como Toni Furbo, Toni Astuto. Pensándolo bien, nunca me enseño nada. Me paraba delante de las cosas y me las mostraba. Eso era todo. pero talvez hubiese una forma de aprendizaje en caminar a su lado, en ver su risa, la mueca con que paladeaba un vaso de vino, el gesto amplio con que clavaba la azada en la tierra.
Al anochecer regresábamos arrastrando una oveja o un cabrito que luego él carneaba en el establo. Trabajaba arremangado y manejaba rápido el cuchillo.
Despues inflaba la vejiga y la colgaba de una viga del techo. Sacaba los trozos de carne por la noche porque aquello estaba prohibido.
Un día fuimos más lejos que nunca. En la entrada del pueblo, al pasar bajo un pórtico, vimos manchas de sangre sobre las piedras. "Aquí colgaron a uno, ayer", me dijo. Y me alejó de allí tomado de la mano. Era la época en que hombres demacrados entraban sigilosamente en nuestra casa cuando caía la noche. Vestían sucios uniformes de soldados. El los llevaba al sótano, allí se cambiaban de ropa y volvían a partir a través de los montes. Al despedirlos les recomendaba que se mantuviesen alejados de los caminos. Una mañana encontramos a uno tirado entre las vides. Fue en ese mismo sendero donde él y yo matamos una víbora a bastonazos. Después mi abuelo lo contaba riéndose, en la cocina, y decía que había sido yo solo el que la había matado.
Esa última vez que nos vimos hubiese querido hablarle de todo eso. Y de aquella hazaña suya con la yegua recién comprada, cuando había desafiado al maquinista del tren. pero mi abuelo ni se fijaba en mí. Seguía arañando la madera de su silla y miraba afuera, desesperado.
Recordé también aquel último viaje para ir a su entierro. Las lágrimas de mi abuela y de mi tía al abrazarme, tantas que al final me habían dado ganas de llorar a mí también. El sentimiento de culpa que en algún momento me asaltó al descubrir que no sentía pena alguna. Las caras arrugadas de las viejas,
las caras oscuras de los hombres, aquella gente que acudía a acompañar a mi abuelo en su último paseo con la misma puntualidad y gravedad con que sembraba y cosechaba. Aquella caminata entre montañas, bajo el sol, hasta el cementerio ubicado en otro pueblo. Mi falta de interés por lo que estaba sucediendo y, en cambio, la avidez con que había vuelto a buscar los lugares donde estuve con él, la forma en que había evocado aquellas caminatas, las manchas sobre el empedrado, sus manos humeantes en la media luz del establo, los caminos. Y también de qué modo había creído intuir, muy confusamente, que algo conciliaba todo eso, que cada cosa participaba a su modo de aquel rito, en esos montes, bajo ese cielo, allí donde vida y muerte debieron de parecerme esa tarde una ceremonia paralela.
Recordé, recuperé cosas perdidas, me reconocí aquí y allá, caminé con aquel otro al que acababa de reencontrar, le mostré lo que ya había visto, lo que ya conocía, casas, piedras, lago, los sometí a su criterio, a su gusto. Me detuve en el muelle, como el primer día, y estuvimos escuchando el fragor
del agua. Fumamos. Pensé que estábamos lejos de aquellos sueños primeros, lejos de aquella inocencia, lejos de Salgari y sus héroes, pero que sin embargo aún conservábamos algo en común, aún podíamos identificarnos y conversar. Había cosas que nos unían, cosas escondidas. Ese temblor ante la
sangre, por ejemplo. Y ese escalofrío, tan difícil de definir, que aparentemente no significaba nada, pero que era como una marca de nacimiento, que tenía el poder de teñir y transformar cuanto se le sometía, que tenía que ver conmigo, con lo que yo era, con lo que había sido, más que ninguna otra cosa, ese escalofrío podía más que los años, más que las costumbres, más que las traiciones y los abandonos. Y así anduvimos por el pueblo, pasamos frente a los bares cerrados, subimos juntos por aquella picada, vimos pinos negros, las luces, la sombra de las montañas, el sendero, los arbustos, la casa bajo la luna, la ventana, nuestra cama.

*de Antonio Dal Masetto "Siete de oro", fragmento del capitulo 10.
Editorial Planeta, edición de 1991.

HOMENAJE*

El hombre abre un libro y descubre la siguiente frase: "...es inútil, en el mundo no hay nada tan sólido como un buen culo", la lee un par de veces, cierra el libro y se pregunta si será cierto, medita largamente sobre el asunto, intenta rescatar imágenes de cosas sólidas, cosas que alguna vez ha
visto o sobre las cuales ha leído, las recorre mentalmente una a una, descarta, llega a la más sólida de todas, Egipto, la Gran Pirámide, compara una y otra vez, no está conforme, no está seguro, por lo tanto decide comprobar con sus propios ojos y sale a la calle, seis y media de la tarde, hora fatal, y ve de todo, los ve de toda forma y color, hay algunos que tienen la luminosidad de un faro abriendo las tinieblas de una costa marítima y que acá, en esta calurosa hora de la ciudad, ofuscan la luz del
día e igual que el faro atraen a los navegantes solitarios y a los gimientes pájaros extraviados, y son sólidos, muy sólidos, hay otros que, en cambio, parecen revestirse de neblina, se ofrecen y se ocultan, aparecen y desaparecen y tratan de convencer a todo el mundo de su inexistencia, pero dejan en la imaginación heridas profundas e incurables, y también los hay tristes, que son una gran lágrima y tienen aspecto de penitentes y es como si se acusaran permanentemente y se golpearan el pecho y se sintieran
culpables por existir y estos son realmente los más peligrosos para los caminantes incautos y de corazón tierno, sólidos, perfectamente sólidos, y los hay juveniles, desenfadados, inocentes como una mañana primaveral, pero basta mirarlos un par de segundos para sentirse manejando a cien por hora en
un camino de cornisa y con los ojos vendados, hay otros que son como brasas y a su paso despiden estelas similares a los fuegos artificiales en la noche del 31 de diciembre, dejan el mismo fugaz chisporroteo y después se extinguen y lo que queda en el aire es un sabor de desencanto y de cosas inasibles, hay otros que son declaradamente bélicos, están pertrechados con múltiples armamentos, usan exóticos camuflajes, avanzan igual que a través de una selva asiática y nadie que entre en contacto con ellos está libre de
conflictos, hay otros que son evidentemente felices, están satisfechos de sí mismos, transmiten bienestar y todo el tiempo tienen buenas nuevas para comunicar y aletean de acá para allá como bien alimentadas palomas de la paz, y están los cínicos, una raza especial, que llevan una sonrisa grabada y esa sonrisa es puro veneno, practican la magia negra, la hipnosis, y cuando eligen a su víctima la dejan marcada para siempre, sólidos, muy sólidos, los hay anarquistas, que se deslizan entre la gente con una aparente indiferencia, pero que en realidad no hacen más que conspirar, los hay maternales, óptimos para los tímidos y los desamparados y que son como la imagen de un establo de Navidad, los hay malignos, que surcan la ciudad como aletas de tiburón a flor de agua, suscitando peligros y malos pensamientos, los hay difusos, difíciles de apresar, que se desplazan a distancias irreales, lentos y esquivos como peces de aguas profundas, todos sólidos, sumamente sólidos, en fin, el hombre los ve de todas clases,
armoniosos, agresivos, creyentes, ateos, exaltados, levemente espirituales, apáticos, trágicos, antiguos, farsantes, apasionados, tímidos, arrojados, prepotentes, y siempre sólidos, perfectamente sólidos, y después, hacia el final de la tarde, en una calle cualquiera, inesperadamente, broche de oro
de una larga y productiva cacería, el hombre se topa con uno tan uno que después de ese uno ya no tiene sentido seguir buscando otro, y ese uno es alto, solemne, una catedral gótica, dobla una esquina, cruza una avenida, es como un barco cargado de preciosas mercancías desafiando el mar con todas
sus velas desplegadas, va enfundado en una tela vaporosa, azul, transparente, y cuando un pie avanza en su sandalia y se apoya y después el otro avanza en su sandalia y se apoya, dentro de la tela azul cada vibración de ese uno es una nueva afirmación del universo, el hombre lo sigue durante un trecho, después se detiene y lo mira alejarse en el resplandor del último sol, se sienta en el primer bar, pide una cerveza, se rasca la cabeza y definitivamente resignado razona: "Es inútil, en el mundo no hay nada tan
sólido como un buen culo."

*de Antonio Dal Masetto.

3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“

BASES DEL CONCURSO:

ÁREAS:
a. Composición para piano solo
b. Composición para piano y electrónica
c. Composición para piano y trío de cuerdas

v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.

ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.

Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.

Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO: 500 Euros

* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.

* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).

Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: euroyage@yahoo.de

más informaciones encontrará en: www.euroyage.com

EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)

El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v El Gobierno del Estado de Salzburgo
v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v La Asociación Música en el Museo (MiM)
v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE

DEL EDITOR DE INVENTIVA SOCIAL:

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