Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

Archivo: Febrero 2009

12/02/2009 GMT 1

LA PURA VIDA SIN MÁS Y SIN MENOS...

urbanopowell @ 17:33

Arte y Oficio*

Voy a poblar los espacios
entre los dedos,
cabalgando en inútiles monturas de hojalata
hasta oxidar mis oídos,
lavando derrotas amarillas
con poco tiempo, y a grandes rasgos.

Si el tiempo supiera
de esos lugares verdes
en que te dibujaba con voz perpetua
vez, tras vez,
hasta desgarrarme las manos
dejando sangre en el paisaje de tu sombra.

Vamos, dame tu rostro.
¿Por qué te escondes
y luego sales con esa cara de fracaso
intentando intimidarme?

Si persistes en seguir dormida en la levedad,
no volverá la madrugada.

*©Daniel Montoly. danielmontoly@yahoo.es
http://www.danielmontoly.blogspot.com/

LA PURA VIDA SIN MÁS Y SIN MENOS...

Sonata para Violín*

Únicamente una persona sensible y con un alma delicada podía interpretar a Debussy arrancando al violín aquel sonido maravilloso. Cada tarde se acercaba a la ventana y dejaba volar su imaginación con las melodías que tocaba el violinista del piso de enfrente, soñando con el joven compositor romántico que estaría, sin duda, componiendo una obra mayor.

Cada tarde, suspendía lo que estaba haciendo para escucharle y si tenía algún compromiso, lo posponía para después de su "hora de amor". Sabía que alguna vez coincidiría con aquel hombre que se ocultaba tras las cortinas, y lo reconocería cuando se cruzaran ya que sería, sin duda, tan apuesto, lánguido y sensible como ella había imaginado.

Hoy estaba tocando con tanta intensidad que su corazón palpitaba con más fuerza que nunca. Hoy alcanzaría el éxtasis.

La maestra de solfeo, vieja, enferma y sola, con una jubilación miserable forzaba los dedos artríticos a desplazarse sobre las cuerdas del maltrecho violín tocando su última sonata. Mientras, la espita del gas, que había dejado abierta conscientemente, silbaba quedamente en la cocina.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

Deshoras*

*Julio Cortázar

Ya no tenía ninguna razón especial para acordarme de todo eso, y aunque me gustaba escribir por temporadas y algunos amigos aprobaban mis versos o mis relatos, me ocurría preguntarme a veces si esos recuerdos de la infancia merecían ser escritos si no nacían de la ingenua tendencia a creer que las
cosas habían sido más de veras cuando las ponía en palabras para fijarlas a mi manera, para tenerlas ahí como las corbatas en el armario o el cuerpo de Felisa por la noche, algo que no se podría vivir de nuevo pero que se hacía más presente como si en el mero recuerdo se abriera paso una tercera dimensión, una casi siempre amarga pero tan deseada contigüidad. Nunca supe bien por qué, pero una y otra vez volvía a cosas que otros habían aprendido a olvidar para no arrastrarse en la vida con tanto tiempo sobre los hombros.
Estaba seguro de que entre mis amigos había pocos que recordaran a sus compañeros de infancia como yo recordaba a Doro, aunque cuando escribía sobre Doro no era casi nunca él quien me llevaba a escribir sino otra cosa, algo en que Doro era solamente el pretexto para la imagen de su hermana mayor, la imagen de Sara en aquel entonces en que Doro y yo jugábamos en el patio o dibujábamos en la sala de la casa de Doro.
Tan inseparables habíamos sido en esos tiempos del sexto grado, de los doce o trece años, que no era capaz de sentirme escribiendo separadamente sobre Doro, aceptarme desde fuera de la página y escribiendo sobre Doro.
Verlo era verme simultáneamente como Aníbal con Doro, y no hubiera podido recordar nada de Doro si al mismo tiempo no hubiera sentido que Aníbal estaba también ahí en ese momento, que era Aníbal el que había pateado aquella pelota que rompió un vidrio de la casa de Doro una tarde de verano, el susto y las ganas de esconderse o de negar, la aparición de Sara tratándolos de bandidos y mandándolos a jugar al potrero de la esquina. Y con todo eso venía también Bánfield, claro, porque todo había pasado allí, ni Doro ni Aníbal hubieran podido imaginarse en otro pueblo que en Bánfield donde las casas y los potreros eran entonces más grandes que el mundo.
Un pueblo, Bánfield, con sus calles de tierra y la estación del Ferrocarril Sud, sus baldíos que en verano hervían de langostas multicolores a la hora de la siesta, y que de noche se agazapaba como temeroso en torno a los pocos faroles de las esquinas, con una que otra pitada de los vigilantes a caballo y el halo vertiginoso de los insectos voladores en torno a cada farol. A tan poca distancia las casas de Doro y de Aníbal que la calle era para ellos como un corredor más, algo que seguía manteniéndolos unidos de día o de noche, en el potrero jugando al fútbol en plena siesta o bajo la luz del farol de la esquina mirando cómo los sapos y los escuerzos hacían rueda para comerse a los insectos borrachos de dar vueltas en torno a la luz amarilla. Y el verano, siempre, el verano de las vacaciones, la libertad de
los juegos, el tiempo solamente de ellos, para ellos, sin horario ni campana para entrar a clase, el olor del verano en el aire caliente de las tardes y las noches, en las caras sudadas después de ganar o perder o pelearse o correr, de reírse y a veces de llorar pero siempre juntos, siempre libres, dueños de su mundo de barriletes y pelotas y esquinas y veredas.

De Sara le quedaban pocas imágenes, pero cada una se recortaba como un vitral a la hora del sol más alto, con azules y rojos y verdes penetrando el espacio hasta hacerle daño, a veces Aníbal veía sobre todo su pelo rubio cayéndole sobre los hombros como una caricia que él hubiera querido sentir contra su cara, a veces su piel tan blanca porque Sara no salía casi nunca al sol, absorbida por los trabajos de la casa, la madre enferma y Doro que volvía cada tarde con la ropa sucia, lastimadas las rodillas, las zapatillas embarradas. Nunca supo la edad de Sara en ese entonces, solamente que ya era una señorita, una joven madre de su hermano que se volvía más niño cuando ella le hablaba, cuando le pasaba la mano por la cabeza antes de mandarlo a comprar algo o pedirles a los dos que no gritaran tanto en el patio. Aníbal la saludaba tímido, dándole la mano, y Sara se la apretaba amablemente, casi sin mirarlo pero aceptándolo como esa otra mitad de Doro que casi diariamente venía a la casa para leer o jugar. A las cinco los llamaba para darles café con leche y bizcochos, siempre en la mesita del patio o en la sala sombría; Aníbal sólo había visto dos o tres veces a la madre de Doro, dulcemente desde su sillón de ruedas les decía su hola chicos, su tengan cuidado con los autos, aunque había tan pocos autos en Bánfield y ellos sonreían seguros de sus esquives en la calle, de su invulnerabilidad de jugadores de fútbol y corredores. Doro no hablaba nunca de su madre, casi siempre en la cama o escuchando radio en el salón, la casa era el patio y Sara, a veces algún tío de visita que les preguntaba lo que habían estudiado en la escuela y les regalaba cincuenta centavos. Y para Aníbal siempre era verano, de los inviernos no tenía casi recuerdos, su casa se volvía un encierro gris y neblinoso donde sólo los libros contaban, la familia en sus cosas y las cosas fijas en sus huecos, las gallinas que él tenía que cuidar, las enfermedades con largas dietas y té y solamente a veces Doro, porque a Doro no le gustaba quedarse mucho en una casa donde no los dejaban jugar como en la suya.

Fue a lo largo de una bronquitis de quince días que Aníbal empezó a sentir la ausencia de Sara, cuando Doro venía a visitarlo le preguntaba por ella y Doro le contestaba distraído que estaba bien, lo único que le interesaba era si esa semana iban a poder jugar de nuevo en la calle. Aníbal hubiera querido saber más de Sara pero no se animaba a preguntar mucho, a Doro le hubiera parecido estúpido que se preocupara por alguien que no jugaba como ellos, que estaba tan lejos de todo lo que ellos hacían y
pensaban. Cuando pudo volver a la casa de Doro, todavía un poco débil, Sara le dio la mano y le preguntó cómo andaba, no tenía que jugar a la pelota para no cansarse, mejor que dibujaran o leyeran en la sala; su voz era grave, hablaba como siempre le hablaba a Doro, afectuosamente pero lejos, la hermana mayor atenta y casi severa. Antes de dormirse esa noche, Aníbal sintió que algo le subía a los ojos, que la almohada se le volvía Sara, una necesidad de apretarla en los brazos y llorar con la cara pegada a Sara, al pelo de Sara, queriendo que ella estuviera ahí y le trajera los remedios y mirara el termómetro sentada a los pies de la cama. Cuando su madre vino por la mañana para frotarle el pecho con algo que olía a alcohol y a mentol, Aníbal cerró los ojos y fue la mano de Sara alzándole el camisón,
acariciándolo livianamente, curándolo.
Era de nuevo el verano, el patio de la casa de Doro, las vacaciones con novelas y figuritas, con la filatelia y la colección de jugadores de fútbol que pegaban en un álbum. Esa tarde hablaban de pantalones largos, ya no faltaba mucho para ponérselos, quién iba a entrar en la secundaria con
pantalones cortos. Sara los llamó para el café con leche y a Aníbal le pareció que había escuchado lo que decían y que en su boca había como un resto de sonrisa, a lo mejor se divertía oyéndolos hablar de esas cosas y se burlaba un poco. Doro le había dicho que ya tenía novio, un señor grande que la visitaba los sábados pero que él no había visto todavía. Aníbal lo imaginaba como alguien que le traía bombones a Sara y hablaba con ella en la sala, igual que el novio de su prima Lola, en pocos días se había curado de
la bronquitis y ya podía jugar de nuevo en el potrero con Doro y los otros amigos. Pero de noche era triste y a la vez tan hermoso, solo en su cuarto antes de dormirse se decía que Sara no estaba ahí, que nunca entraría a verlo ni sano ni enfermo, justo a esa hora en que él la sentía tan cerca, la miraba con los ojos cerrados sin que la voz de Doro o los gritos de los otros chicos se mezclaran con esa presencia de Sara sola ahí para él, junto a él, y el llanto volvía como un deseo de entrega, de ser Doro en las manos
de Sara, de que el pelo de Sara le rozara la frente y su voz le dijera buenas noches, que Sara le subiera la sábana antes de irse.
Se animó a preguntarle a Doro como de paso quién lo cuidaba cuando estaba enfermo, porque Doro había tenido una infección intestinal y había pasado cinco días en la cama. Se lo preguntó como si fuera natural que Doro le dijera que su madre lo había atendido, sabiendo que no podía ser y que entonces Sara, los remedios y las otras cosas. Doro le contestó que su hermana le hacía todo, cambió de tema y se puso a hablar de cine. Pero Aníbal quería saber más, si Sara lo había cuidado desde que era chico, y
claro que lo había cuidado porque su mamá llevaba ocho años casi inválida y Sara se ocupaba de los dos. Pero entonces, ¿ella te bañaba cuando eras chico? Seguro, ¿por qué me preguntás esas pavadas? Por nada, por saber nomás, debe ser tan raro tener una hermana grande que te baña. No tiene nada de raro, che. ¿Y cuando te enfermabas de chico ella te cuidaba y te hacía todo? Sí, claro. ¿Y a vos no te daba vergüenza que tu hermana te viera y te hiciera todo? No, qué vergüenza me iba a dar, yo era chico entonces. ¿Y ahora? Bueno, ahora igual, por qué me va a dar vergüenza cuando estoy enfermo.
Por qué, claro. A la hora en que cerrando los ojos imaginaba a Sara entrando de noche en su cuarto, acercándose a su cama, era como un deseo de que ella le preguntara cómo estaba, le pusiera la mano en la frente y después bajara las sábanas para verle la lastimadura en la pantorrilla, le cambiara la venda tratándolo de tonto por haberse cortado con un vidrio. La sentía levantándole el camisón y mirándolo desnudo, tocándole el vientre para ver si estaba inflamado, tapándolo de nuevo para que se durmiera.
Abrazado a la almohada se sentía de pronto tan solo, y cuando abría los ojos en el cuarto ya vacío de Sara era como una marea de congoja y de delicia porque nadie, nadie podía saber de su amor, ni siquiera Sara, nadie podía comprender esa pena y ese deseo de morir por Sara, de salvarla de un tigre o de un incendio y morir por ella, y que ella se lo agradeciera y lo besara llorando. Y cuando sus manos bajaban y empezaba a acariciarse como Doro, como todos los chicos, Sara no entraba en sus imágenes, era la hija del almacenero o la prima Yolanda, eso no podía suceder con Sara que venía a cuidarlo de noche como lo cuidaba a Doro, con ella no había más que esa delicia de imaginarla inclinándose sobre él y acariciándolo y el amor era eso, aunque Aníbal ya supiera lo que podía ser el amor y se lo imaginara con Yolanda, todo lo que él le haría alguna vez a Yolanda o a la chica del almacenero.
El día del zanjón fue casi al final del verano, después de jugar en el potrero se habían separado de la barra y por un camino que solamente ellos conocían y que llamaban el camino de Sandokan se perdieron en la maleza espinosa donde una vez habían encontrado un perro ahorcado en un árbol y habían huido de puro susto. Arañándose las manos se abrieron paso hasta lo más tupido, hundiendo la cara en el ramaje colgante de los sauces hasta llegar al borde del zanjón de aguas turbias donde siempre habían esperado
pescar mojarritas y nunca habían sacado nada. Les gustaba sentarse al borde y fumar los cigarrillos que Doro hacía con chala de maíz, hablando de las novelas de Salgari y planeando viajes y cosas. Pero ese día no tuvieron suerte, a Aníbal se le enganchó un zapato en una raíz y se fue para adelante, se agarró de Doro y los dos resbalaron en el talud del zanjón y se hundieron hasta la cintura, no había peligro pero fue como si, manotearon desesperados hasta sujetarse de la ramazón de un sauce, se arrastraron
trepando y puteando hasta lo alto, el barro se les había metido por todas partes, les chorreaba dentro de las camisas y los pantalones y olía a podrido, a rata muerta.
Volvieron casi sin hablar y se metieron por el fondo del jardín en la casa de Doro, esperando que no hubiera nadie en el patio y pudieran lavarse a escondidas. Sara colgaba ropa cerca del gallinero y los vio venir, Doro como con miedo y Aníbal detrás, muerto de vergüenza y queriendo de veras morirse, estar a mil leguas de Sara en ese momento en que ella los miraba apretando los labios, en un silencio que los clavaba ridículos y confundidos bajo el sol del patio.
-Era lo único que faltaba -dijo solamente Sara, dirigiéndose a Doro pero tan para Aníbal balbuceando las primeras palabras de una confesión, era culpa suya, se le había enganchado un zapato y entonces, Doro no tuvo la culpa de que, lo que había pasado era que todo estaba tan refaloso.
-Vayan a bañarse ahora mismo -dijo Sara como si no lo hubiera oído-.
Sáquense los zapatos antes de entrar y después se lavan la ropa en la pileta del gallinero.
En el baño se miraron y Doro fue el primero en reírse pero era una risa sin convicción, se desnudaron y abrieron la ducha, bajo el agua podían empezar a reírse de veras, a pelearse por el jabón, a mirarse de arriba abajo y a hacerse cosquillas. Un río de barro corría hasta el desagüe y se diluía poco a poco, el jabón empezaba a dar espuma, se divertían tanto que en el primer momento no se dieron cuenta de que la puerta se había abierto y que Sara estaba ahí mirándolos, acercándose a Doro para sacarle el jabón de la mano y frotárselo en la espalda todavía embarrada. Aníbal no supo qué hacer, parado en la bañadera se puso las manos en la barriga, después se dio vuelta de golpe para que Sara no lo viera y fue todavía peor, de tres cuartos y con el agua corriéndole por la cara, cambiando de lado y otra vez
de espaldas, hasta que Sara le alcanzó el jabón con un lavate mejor las orejas, tenés barro por todas partes.
Esa noche no pudo ver a Sara como las otras noches, aunque apretaba los párpados lo único que veía era a Doro y a él en la bañadera, a Sara acercándose para inspeccionarlos de arriba abajo y después saliendo del baño con la ropa sucia en los brazos, generosamente yendo ella misma a la pileta para lavarles las cosas y gritándoles que se envolvieran en las toallas de baño hasta que todo estuviera seco, dándoles el café con leche sin decir nada, ni enojada ni amable, instalando la tabla de planchar bajo las
glicinas y poco a poco secando los pantalones y las camisas. Cómo no había podido decirle algo al final cuando los mandó a vestirse, decirle solamente gracias, Sara, qué buena es, gracias de veras, Sara. No había podido decir ni eso y Doro tampoco, habían ido a vestirse callados y después la filatelia
y las figuritas de aviones sin que Sara apareciera de nuevo, siempre cuidando a su madre al anochecer, preparando la cena y a veces tarareando un tango entre el ruido de los platos y las cacerolas, ausente como ahora bajo los párpados que ya no le servían para hacerla venir, para que supiera cuánto la quería, qué ganas de morirse de veras después de haberla visto mirándolos en la ducha.
Debió ser en las últimas vacaciones antes de entrar en el colegio nacional, sin Doro porque Doro iría a la escuela normal, pero los dos se habían prometido seguir viéndose todos los días aunque fueran a escuelas diferentes, qué importaba si por la tarde seguirían jugando como siempre, sin saber que no, que algún día de febrero o marzo jugarían por última vez en el patio de la casa de Doro porque la familia de Aníbal se mudaba a Buenos Aires y solamente podrían verse los fines de semana, amargos de rabia por un cambio que no querían admitir, por una separación que los grandes les imponían como tantas cosas, sin preocuparse por ellos, sin consultarlos.
Todo de golpe iba rápido, cambiaba como ellos con los primeros pantalones largos, cuando Doro le dijo que Sara se iba a casar a principios de marzo, se lo dijo como algo sin importancia y Aníbal ni siquiera hizo un comentario, pasaron días antes de que se animara a preguntarle a Doro si Sara iba a seguir viviendo con él después de casada, pero sos idiota vos, cómo se van a quedar aquí, el tipo tiene mucha guita y se la va a llevar a Buenos Aires, tiene otra casa en Tandil y yo me voy a quedar con mi mamá y
tía Faustina que la va a cuidar.
Ese sábado último de las vacaciones vio llegar al novio en su auto, lo vio de azul y gordo, con lentes, bajándose del auto con un paquetito de masas y un ramo de azucenas. En su casa lo llamaban para que empezara a embalar sus cosas, la mudanza era el lunes y todavía no había hecho nada.
Hubiera querido ir a la casa de Doro sin saber por qué, estar solamente ahí, pero su madre lo obligó a empaquetar sus libros, el globo terráqueo, las colecciones de bichos. Le habían dicho que tendría una pieza grande para él solo con vista a la calle, le habían dicho que podría ir al colegio a pie.
Todo era nuevo, todo iba a empezar de otra manera, todo giraba lentamente, y ahora Sara estaría sentada en la sala con el gordo del traje azul, tomando el té con las masas que él había traído, tan lejos del patio, tan lejos de Doro y él, sin nunca más llamarlos para el café con leche debajo de las
glicinas.
El primer fin de semana en Buenos Aires (era cierto, tenía una pieza grande para él solo, el barrio estaba lleno de negocios, había un cine a dos cuadras), tomó el tren y volvió a Bánfield para ver a Doro. Conoció a la tía Faustina, que no les dio nada cuando terminaron de jugar en el patio, se fueron a caminar por el barrio y Aníbal tardó un rato en preguntarle por Sara. Bueno, se había casado por civil y ya estaban en la casa de Tandil para la luna de miel, Sara iba a venir cada quince días a ver a su madre. ¿Y no la extrañás? Sí, pero qué querés. Claro, ahora está casada. Doro se distraía, empezaba a cambiar de tema y Aníbal no encontraba la manera de que siguiera hablándole de Sara, a lo mejor pidiéndole que le contara el casamiento y Doro riéndose, yo qué sé, habrá sido como siempre, del civil se fueron al hotel y entonces vino la noche de bodas, se acostaron y entonces el tipo. Aníbal escuchaba mirando las verjas y los balcones, no quería que Doro le viera la cara y Doro se daba cuenta, seguro que vos no sabés lo que
pasa la noche de bodas. No jodas, claro que sé. Lo sabés pero la primera vez es diferente, a mí me contó Ramírez, a él se lo dijo el hermano que es abogado y se casó el año pasado, le explicó todo. Había un banco vacío en la plaza, Doro había comprado cigarrillos y le seguía contando y fumando, Aníbal asentía, tragaba el humo que empezaba a marearlo, no necesitaba cerrar los ojos para ver contra el fondo del follaje el cuerpo de Sara que nunca había imaginado como un cuerpo, ver la noche de bodas desde las
palabras del hermano de Ramírez, desde la voz de Doro que le seguía contando.
Ese día no se animó a pedirle la dirección de Sara en Buenos Aires, lo dejó para otra visita porque tenía miedo de Doro en ese momento, pero la otra visita no llegó nunca, el colegio empezó y los nuevos amigos, Buenos Aires se tragó poco a poco a Aníbal cargado de libros de matemáticas y tantos cines en el centro y la cancha de River y los primeros paseos de noche con Beto, que era un porteño de veras. También a Doro le estaría pasando lo mismo en La Plata, cada tanto Aníbal pensaba en mandarle unas
líneas porque Doro no tenía teléfono, después venía Beto o había que preparar algún trabajo práctico, fueron meses, el primer año, vacaciones en Saladillo, de Sara no iba quedando más que alguna imagen aislada, una ráfaga de Sara cuando algo en María o en Felisa le recordaba por un momento a Sara.
Un día del segundo año la vio nítidamente al salir de un sueño y le dolió con un dolor amargo y quemante, al fin y al cabo no había estado tan enamorado de ella, total antes era un chico y Sara nunca le había prestado atención como ahora Felisa o la rubia de la farmacia, nunca había ido a un baile con él como su prima Beba o Felisa para festejar la entrada a cuarto año, nunca lo había dejado acariciarle el pelo como María, ir a bailar a San Isidro y perderse a medianoche entre los árboles de la costa, besar a Felisa en la boca entre protestas y risas, apoyarla contra un tronco y acariciarle el pecho, bajar hasta perder la mano en ese calor huyente y después de otro baile y mucho cine encontrar un refugio en el fondo del jardín de Felisa y resbalar con ella hasta el suelo, sentir en la boca su sabor salado y
dejarse buscar por una mano que lo guió, por supuesto no le iba a decir que era la primera vez, que había tenido miedo, ya estaba en primer año de ingeniería y no le podía decir eso a Felisa y después ya no hizo falta porque todo se aprendía tan rápido con Felisa y algunas veces con su prima Beba.
Nunca más supo de Doro y no le importó, también se había olvidado de Beto que enseñaba historia en algún pueblo de provincia, los juegos se habían ido dando sin sorpresa y como a todo el mundo, Aníbal aceptaba sin aceptar, algo que debía ser la vida aceptaba por él, un diploma, una hepatitis grave, un
viaje al Brasil, un proyecto importante en un estudio con dos o tres socios.
Estaba despidiéndose de uno de ellos en la puerta antes de ir a tomar una cerveza después del trabajo cuando vio venir a Sara por la vereda de enfrente. Bruscamente recordó que la noche antes había soñado con Sara y que era siempre el patio de la casa de Doro aunque no pasaba nada, aunque Sara
solamente estaba ahí colgando ropa o llamándolos para el café con leche, y el sueño se acababa así casi sin haber empezado. Tal vez porque no pasaba nada las imágenes eran de una precisión cortante bajo el sol del verano de Bánfield que en el sueño no era el mismo que el de Buenos Aires; tal vez también por eso o por falta de algo mejor había rememorado a Sara después de tantos años de olvido (pero no había sido olvido, se lo repitió hoscamente a lo largo del día), y verla venir ahora por la calle, verla ahí vestida de blanco, idéntica a entonces con el pelo azotándole los hombros a cada paso en un juego de luces doradas, encadenándose a las imágenes del sueño en una continuidad que no le extrañó, que tenía algo de necesario y previsible, cruzar la calle y enfrentarla, decirle quién era y que ella lo mirara sorprendida, no lo reconociera y de golpe sí, de golpe sonriera y le tendiera la mano, se la apretara de veras y siguiera sonriéndole.
-Qué increíble -dijo Sara-. Cómo te iba a reconocer después de tantos años.
-Usted sí, claro -dijo Aníbal-. Pero ya ve, yo la reconocí enseguida.
-Lógico -dijo lógicamente Sara-. Si ni siquiera te habías puesto pantalones largos. Yo también habré cambiado tanto, lo que pasa es que sos mejor fisonomista.
Dudó un segundo antes de comprender que era idiota seguir tratándola de usted.
-No, no has cambiado, ni siquiera el peinado. Sos la misma.
-Fisonomista pero un poco miope -dijo ella con la antigua voz donde la bondad y la burla se enredaban.
El sol les daba en la cara, no se podía hablar entre el tráfico y la gente. Sara dijo que no tenía apuro y que le gustaría tomar algo en un café.
Fumaron el primer cigarrillo, el de las preguntas generales y los rodeos, Doro era maestro en Adrogué, la mamá se había muerto como un pajarito mientras leía el diario, él estaba asociado con otros muchachos ingenieros, les iba bien aunque la crisis, claro. En el segundo cigarrillo Aníbal dejó caer la pregunta que le quemaba los labios.
-¿Y tu marido?
Sara dejó salir el humo por la nariz, lo miró despacio en los ojos.
-Bebe -dijo.
No había ni amargura ni lástima, era una simple información y después otra vez Sara en Bánfield antes de todo eso, antes de la distancia y el olvido y el sueño de la noche anterior, exactamente como en el patio de la casa de Doro y aceptándole el segundo whisky, como siempre casi sin hablar, dejándolo a él que siguiera, que le contara porque él tenía mucho más para contarle, los años habían estado tan llenos de cosas para él, ella era como si no hubiese vivido mucho y no valía la pena decir por qué. Tal vez porque acababa de decirlo con una sola palabra.
Imposible saber en qué momento todo dejó de ser difícil, juego de preguntas y respuestas, Aníbal había tendido la mano sobre el mantel y la mano de Sara no rehuyó su peso, la dejó estar mientras él agachaba la cabeza porque no podía mirarla en la cara, mientras le hablaba a borbotones del patio, de Doro, le contaba las noches en su cuarto, el termómetro, el llanto contra la almohada. Se lo decía con una voz lisa y monótona, amontonando momentos y episodios pero todo era lo mismo, me enamoré tanto de vos, me enamoré tanto y no te lo podía decir, vos venías de noche y me cuidabas, vos eras la mamá joven que yo no tenía, vos me tomabas la temperatura y me acariciabas para que me durmiera, vos nos dabas el café con leche en el patio, te acordás, vos nos retabas cuando hacíamos pavadas, yo hubiera querido que me hablaras solamente a mí de tantas cosas pero vos me mirabas desde tan arriba, me sonreías desde tan lejos, había un inmenso vidrio entre los dos y vos no podías hacer nada para romperlo, por eso de noche yo te llamaba y vos venías a cuidarme, a estar conmigo, a quererme como yo te quería, acariciándome la cabeza, haciéndome lo que le hacías a Doro, todo lo que siempre le habías hecho a Doro, pero yo no era Doro y solamente una vez, Sara, solamente una vez y fue horrible y no me olvidaré nunca porque hubiera querido morirme y no pude o no supe, claro que no quería morirme pero eso era el amor, querer morirme porque vos me habías mirado todo entero como a un chico, habías entrado en el baño y me habías mirado a mí que te quería, y me habías mirado como siempre lo habías mirado a Doro, vos ya de novia, vos que ibas a casarte y yo ahí mientras me dabas el jabón y me mandabas que me lavara hasta las orejas, me mirabas desnudo como a un chico que era y no te importaba nada de mí, ni siquiera me veías porque solamente veías a un chico y te ibas como si nunca me hubieras visto, como si yo no estuviera ahí sin
saber cómo ponerme mientras me estabas mirando.
-Me acuerdo muy bien -dijo Sara-. Me acuerdo tan bien como vos, Aníbal.
-Sí, pero no es lo mismo.
-Quién sabe si no es lo mismo. Vos no podías darte cuenta entonces, pero yo había sentido que me querías de esa manera y que te hacía sufrir, y por eso yo tenía que tratarte igual que a Doro. Eras un chico pero a veces me daba tanta pena que fueras un chico, me parecía injusto, algo así. Si hubieras tenido cinco años más... Te lo voy a decir porque ahora puedo y porque es justo, aquella tarde entré a propósito en el baño, no tenía ninguna necesidad de ir a ver si se estaban lavando, entré porque era una
manera de acabar con eso, de curarte de tu sueño, de que te dieras cuenta que vos no podrías verme nunca así mientras que yo tenía el derecho de mirarte por todos lados como se mira a un chico. Por eso, Aníbal, para que te curaras de una vez y dejaras de mirarme como me mirabas pensando que yo
no lo sabía. Y ahora sí otro whisky, ahora que los dos somos grandes.
Del anochecer a la noche cerrada, por caminos de palabras que iban y venían, de manos que se encontraban un instante sobre el mantel antes de una risa y otros cigarrillos, quedaría un viaje en taxi, algún lugar que ella o él conocían, una habitación, todo como fundido en una sola imagen instantánea resolviéndose en una blancura de sábanas y la casi inmediata, furiosa convulsión de los cuerpos en un interminable encuentro, en las pausas rotas y rehechas y violadas y cada vez menos creíbles, en cada nueva implosión que los segaba y los sumía y los quemaba hasta el sopor, hasta la última brasa de los cigarrillos del alba. Cuando apagué la lámpara del escritorio y miré el fondo del vaso vacío, todo era todavía pura negación de las nueve de la noche, de la fatiga a la vuelta de otro día de trabajo.
¿Para qué seguir escribiendo si las palabras llevaban ya una hora resbalando sobre esa negación, tendiéndose en el papel como lo que eran, meros dibujos privados de todo sostén? Hasta algún momento habían corrido cabalgando la realidad, llenándose de sol y verano, palabras patio de Bánfield, palabras
Doro y juegos y zanjón, colmena rumorosa de una memoria fiel. Sólo que al llegar a un tiempo que ya no era Sara ni Bánfield el recuento se había vuelto cotidiano, presente utilitario sin recuerdos ni sueños, la pura vida sin más y sin menos. Había querido seguir y que también las palabras aceptaran seguir adelante hasta llegar al hoy nuestro de cada día, a cualquiera de las lentas jornadas en el estudio de ingeniería, pero entonces me había acordado del sueño de la noche anterior, de ese sueño de nuevo con
Sara, de la vuelta de Sara desde tan lejos y atrás, y no había podido quedarme en este presente en el que una vez más saldría por la tarde del estudio y me iría a beber una cerveza al café de la esquina, las palabras habían vuelto a llenarse de vida y aunque mentían, aunque nada era cierto, había seguido escribiéndolas porque nombraban a Sara, a Sara viniendo por la calle, tan hermoso seguir adelante aunque fuera absurdo, escribir que había cruzado la calle con las palabras que me llevarían a encontrar a Sara y dejarme conocer, la única manera de reunirme por fin con ella y decirle la verdad, llegar hasta su mano y besarla, escuchar su voz y verle el pelo azotándole los hombros, irme con ella hacia una noche que las palabras irían llenando de sábanas y caricias, pero cómo seguir ya, cómo empezar desde esa
noche una vida con Sara cuando ahí al lado se oía la voz de Felisa que entraba con los chicos y venía a decirme que la cena estaba pronta, que fuéramos enseguida a comer porque ya era tarde y los chicos querían ver al pato Donald en la televisión de las diez y veinte.

*De Deshoras
Cortázar, Julio; Cuentos completos 2, Buenos Aires, Alfaguara, 1996
-Fuente: http://www.geocities.com/juliocortazar_arg/deshoras.htm

POEMA 12*

Un arrebato no es una necedad,
es estar más allá del silencio,
es transitar la vida.
No se puede acallar la verdad,
a veces brota,
salta en defensa de algo
o de alguien
pero aparecen resquemores,
pequeñas trampas
que nos pega en medio del dolor.
Entonces sin poder contener la angustia
nos disfrazamos de indiferencia
y transitamos las sombras.

POEMA 13*

Se plagian las imágenes
tras un retrucar de sensaciones.
Imposible plasmas un símbolo,
lo que conmueve.

POEMA 14*

Bebo en sueños
de una realidad implícita.
Quiero saciar la noche
perdiéndome.

*de MARTA BEATRIZ MULTINI.
-mensajes a: zurmy@yahoo.com.ar

Jueves, 12 de Febrero de 2009
LITERATURA LA VIGENCIA DE LA OBRA DE JULIO CORTAZAR, A VEINTICINCO AñOS DE
SU MUERTE

El escritor que supo trascender el espíritu de una época*

El aniversario invita a multiplicar los homenajes y los recuerdos, pero también convoca a volver a leer al autor de Rayuela, un enemigo declarado de todo abuso de solemnidad.

*Por Silvina Friera

Los climas de época sorprenden con sus conjeturas y paradojas. A 25 años de su muerte, Julio Cortázar podría alzar sus puños en señal de victoria, después de tantos devaneos verbales y polémicas de mayor o menor monta, por izquierda y por derecha. Claro que habría que imaginar ese gesto póstumo con la gracia de una mofa bien calibrada para apaciguar el fervor excesivo que prolifera cuando se multiplican los homenajes. Ese hombre que tenía las facciones de un eterno púber, aun cuando ostentaba una barba tupida y desgreñada, seguramente pensaría que tanto amor, además de abrumar, mata. Y sonreiría como si un ejército de fantasmas le hiciera cosquillas en su axila.
Nuestro gran cronopio, nacido accidentalmente en Bruselas (Bélgica) el 26 de agosto de 1914, justo en los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, recibió varios puñetazos, acaso el peor haya sido etiquetar su literatura, especialmente sus novelas, sobre todo Rayuela, con fecha de vencimiento.
Pero ninguno de esos golpes lo pusieron de bruces, aunque lo hayan herido.
Su narrativa se tuerce -el primero en practicar la torsión ilimitada fue el propio Cortázar-, pero no se rompe. A pesar de que se jactó de jugar mucho con el tiempo (tal vez se le pueda reprochar que pecó por exceso de confianza en su jueguito, y el tiempo también cometió sus fechorías y se burló de él), los cimientos de buena parte de su obra perduran. Hay un núcleo duro cortazariano que no envejece -los formidables cuentos de Bestiario-, por donde los lectores, generación tras generación, suben
peldaño a peldaño hasta acceder a la cúspide de una pirámide que no deja de asombrarnos. "Casa tomada" y "Lejana", los más perfectos de sus relatos breves, despliegan el encanto que sólo provoca un cuentista avezado en el arte de hipnotizar.
En medio de esta ola amistosa, propiciada sin duda por el aniversario de su muerte, habría que evaluar el impacto que tendrá el hallazgo de las joyas del abuelo. Una cómoda con cientos de manuscritos inéditos, descubierta por su primera mujer, albacea y heredera universal, la traductora Aurora Bernárdez, en diciembre de 2003, dejó atónito a más de uno, cuando se anunció, la semana pasada, que ese abundante material se publicará por Alfaguara en mayo, simultáneamente en España y Argentina, bajo el título de
Papeles inesperados. Estos papeles, para locura de los cortazarianos, escaparon del fuego al que los había destinado el escritor. Son, qué duda cabe, como pequeños Ave Fénix que esperaron, pacientes, resurgir de la cómoda en la que estaban confinados. ¿Será la broma final, los conejitos que vomita Cortázar para morirse de risa por las vueltas del destino, los papeles amarillentos y las cómodas?
Entre otros textos, el libraco que nos arroja Cortázar, nada más y nada menos que 450 páginas, incluye once relatos inéditos, como "Los gatos", fechado en enero de 1948, uno de los más antiguos que se conserva y que demuestra tempranamente "la facilidad de Cortázar por hacer que el narrador salte de personaje sin que el lector se dé cuenta si no está muy atento", según Carlos Alvarez, estudioso de la obra cortazariana; o "Manuscrito hallado junto a una botella", el relato más sorprendente y "de una comicidad irresistible", en opinión de Bernárdez; un capítulo inédito de la polémica Libro de Manuel, expurgado de esa novela "por redundante y por su alto contenido erótico"; y once nuevos episodios del poliédrico personaje que protagonizó Un tal Lucas, suerte de alter ego del escritor. Alvarez se
inclina especialmente por "Lucas, las cartas que recibe" y "Lucas, sus erratas", en donde un Lucas obsesionado con las erratas termina convencido de que degeneran en ratas y encarga una ratera especial para cazarlas. Pero la cómoda mágica tiene más conejos a disposición de los lectores. También
habrá tres historias de cronopios que quedaron sueltas: "Never stop the press", "Vialidad" y "Almuerzo". Menos literarios, pero no menos interesantes, resultan "Discurso del Día de la Independencia", que en 1938 Cortázar recitó a sus compañeros y profesores, y otro discurso que pronunció en el acto en que recibió la nacionalidad francesa. El menú, además, contiene cartas del escritor para y sobre sus amigos, como el uruguayo Angel Rama y Susana Rinaldi; once textos sobre pintura, escultura y fotografía, y piezas fascinantes e inclasificables que se aproximan a los epigramas. Y de yapa, como si no fuera suficiente, cuatro autoentrevistas. En tres de ellas, quien interpela al escritor es un dúo sarcástico que relativiza todo lo que dice: los buscavidas porteños Calac y Polanco que persiguieron a Cortázar desde que los incluyó en la novela 62 Modelo para armar.
Maravilloso azar o lógica calculada para la posteridad, las joyas de Papeles inesperados dialogan con el entramado vital del escritor, transitando del Cortázar en formación (que se corresponde, en parte, con su período como docente en Bolívar y Chivilcoy) al célebre autor de Rayuela (1963), novela que fue la contraseña de toda una generación. Más allá de que ese experimento tan radical haya quedado adherido al "espíritu de época" de los sesenta, no por eso se debe olvidar que todavía se dice que "esa chica es La Maga", o "ése es un Oliveira". Y guste o no, ya sea por adhesión o rechazo automático, esa identificación significa algo. Quizá esta zona de la obra de Cortázar, superados los escollos de los compromisos ampulosos, requiera una exploración y relectura liberada del peso de la coyuntura en la que fue
concebida y publicada la novela. Pero no deja de ser una suerte de acertijo literario el hecho de que la novela que se erigió como la puerta de entrada al mundo cortazariano, hoy opere más bien como una puerta de emergencia por la se huye, por cierto, un tanto despavorido. Aunque se reconozca la
persistencia de ciertas hilachas, que resuenan en este instante en que la efeméride revela, parafraseando a Morelli, que a un libro de Cortázar se lo puede leer como a cada uno le dé la gana.
Con su propia pulsación interna, con una estructura rítmica como la del jazz, la musiquita inconfundible de sus narraciones, orquestadas en los cuentos de Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Historia de cronopios y de famas (1962), Todos los fuegos el fuego (1966) y La vuelta al día en ochenta mundos (1967), es un bazar fantástico abierto las 24 horas del día, todos los días del año. En estos textos extraordinarios está lo mejor de nuestro afamado cronopio. Ni las muertes
anunciadas ni el deporte nacional de "matar a Cortázar", practicado con una inquina pocas veces vista, pudieron horadar los piolines de una literatura que se mantiene en la cuerda floja de sus logros y de sus quimeras. Maestro del desenfado y de lo lúdico, fue un equilibrista consciente de que la única manera de perdurar era burlándose de sus propios fundamentos. Ese amigo del alma con el que a veces peleamos y discutimos nos sigue acompañando con su obra tan bella como indestructible.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-12837-2009-02-12.html

La búsqueda de un perseguidor*

Por Mario Goloboff *

Suele decirse que lo mejor de la obra de Julio Cortázar está en sus cuentos.
Y que sus novelas la malogran. Lo primero todavía me parece cierto. Lo segundo, sólo relativamente. En efecto, Cortázar tiene (a diferencia de otros grandes cuentistas en la historia literaria), no una o dos, sino más de una docena de piezas que ya debieran estar en la antología universal del relato breve. Desde "Casa tomada" hasta "Todos los fuegos el fuego", desde "Carta a una señorita en París" hasta "La noche boca arriba", desde "Continuidad de los parques" a "La autopista del sur" (y cuántos más, sin hablar de "El perseguidor", una extraordinaria nouvelle), puede decirse que sus cuentos son de una factura formal extrema, de una resolución perfecta que no aminora lo poético y, en muchos casos, lo político y lo ético.
Es cierto que, como todo buen escritor, tuvo altos y bajos. Probablemente, alguna de sus novelas (Libro de Manuel, por ejemplo) haya tratado de estar demasiado a tono con la época, cuando, al decir de Oscar Terán, "el imán de la política" todo lo atraía, y se entorpezca por su dependencia de la actualidad inmediata o por la transparencia de sus intenciones. Es también posible que alguno de sus libros-objeto, Ultimo round o Los autonautas de la cosmopista, contenga textos que no lo representan en su calidad. Pero Los premios es una envidiable novela tradicional con novedosos aciertos lingüísticos y temáticos; 62 Modelo para armar es de una considerable audacia; la más celebrada, Rayuela, es uno de los mejores intentos de renovar el género novelístico durante el siglo XX, y contiene planteos de avanzada en cuanto al ritmo de lectura, al papel del lector y, con él, a la subversión de los hábitos de consumo, al cuestionamiento del hecho de narrar y del de leer.
A cada una de esas novelas (como a tantos otros textos) lo llevó, por otra parte, su deseo, infrecuente hasta en grandes artistas y escritores, de no quedarse con la receta que le había asegurado el éxito, de cambiar, de intentar nuevos horizontes, nuevos riesgos. El riesgo, inclusive, de la ilegibilidad: después de Rayuela (a partir de uno de sus capítulos, el 62), se pone a escribir un libro absolutamente distinto. Tan distinto, que hasta el día de hoy es el peor leído de Cortázar: 62 Modelo para armar, su novela menos frecuentada, tal vez la más audaz y experimental, la que viene después de Rayuela, cuya aura había arrastrado consigo los libros anteriores: Bestiario, Final del juego, Las armas secretas. Tuvo, para mí, numerosas virtudes como escritor, y quizás la mayor de ellas fue esa búsqueda incesante de nuevas formas, de nuevos caminos. Como si su mandato interior hubiera sido seguir trabajando siempre, no quedarse con la facilidad, no repetirse, no solazarse en su propia retórica. Muchos escritores del llamado boom continuaron, cómodamente, escribiendo cosas iguales o peores. Cortázar, en cambio, fue, hasta el final, un perseguidor. Este es, acaso, uno de los secretos de su permanencia.

*Escritor y docente universitario. Biógrafo de Cortázar.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/12837-3849-2009-02-12.html

Lo sagrado y lo profano*

*Por Luisa Valenzuela *

Propongo considerar a Julio Cortázar el payaso sagrado por excelencia. Habrá por supuesto quienes trepiden ante uno u otro término, quienes insistan que calificar de payaso a un escritor de tamaña envergadura y vuelo tan alto...
Habrá a quienes la palabra sagrado les dé urticaria. Me explico. En las culturas indoamericanas los payasos sagrados con sus bromas procaces y hasta abyectas tienen por función desacralizar lo sagrado, volviéndolo aún más sacro. Una vuelta de tuerca gracias a la cual entran en juego instancias superiores de acceso a una suspensión del descreimiento que resalta, por contraste, aquello que tiene verdadero valor.
Entre los indios pueblo, los locos payasos semidesnudos, embarrados, transgresores a ultranza, son los únicos seres capaces de interpretar el idioma de los dioses y pueden y hasta deben molestar y burlarse de los solemnes oficiantes. Los payasos señalan el inefable punto de contacto entre la sacralidad y lo profano, entre el secreto y su develamiento: las dos caras de una misma moneda. Y Julio Cortázar hizo lo propio en literatura. Su mirada seria y a la vez irónica supo detectar lo grotesco que nos circunda y
supo poner el sentido del humor al servicio de su lucidez. Al igual que los cronopios, sus lectores solemos alcanzar el pavor de aquello que estamos siempre a punto de comprender y que sin embargo nos elude.
Grandes de la literatura han caminado el difícil filo hasta tocar con la punta de los dedos el vértigo de lo inefable. Pocos o ninguno lograron la mirada doble y simultánea de quien está inmerso en la búsqueda y a la vez observa al que busca y de a ratos se burla de ambos. Johnny Carter y su abominable biógrafo, ¿quién de los dos es el verdadero Perseguidor? Oliveira y Traveler, y todos los personajes que se encuentran en la ciudad de sueños en la memorable novela, 62, en un modelo para armar que se desarma y se rearma a cada instante para brindar nuevas figuras donde el vampirismo es sólo una anécdota más del misterio de la vida y la muerte que Julio entrevió de cerca, entreverado.
La unión de los opuestos le hizo guiños desde la infancia y la frase "Qué risa, todos lloraban", dicha por un compañerito de colegio durante un velorio, acompañó a Cortázar como llamado de atención. No tomar lo serio en serio, dice uno de los sabios preceptos de la Patafísica, su ciencia favorita. En la vida, entendió Cortázar, el horror y el humor bailan al unísono en un salto al vacío que miles de ávidos lectores hicieron propio rayueleando entre la tierra y el infierno, y se vieron en espejo. En espejo
oscuramente, como alentaba el que te jedi, quien alguna vez aclaró que "se explicará como en broma para despistar a los que buscan con cara solemne el acceso a los tesoros".

* Escritora.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/12837-3850-2009-02-12.html

Al borde del vértigo*

Por Florencia Abbate *

En la época en que yo comencé a leer a Cortázar, principios de los años '0 -y hasta el fin de esa década- los argentinos consideraban de "buen tono" deshacerse en elogios a Borges -incluso aunque no lo leyeran- y muy pocos recordaban a Cortázar como se merece. Viajando por América latina me conmovió descubrir que el aprecio por Cortázar no tiene fronteras nacionales ni generacionales, como tampoco entre lectores, críticos y escritores. Fue adorado por Onetti y más tarde por Bolaño, que no era nada afecto al elogio fácil y dijo: "Para nosotros era Dios". Esa frase sintetiza bien algo de la percepción que debimos tener las generaciones que llegamos después de la que leyó Rayuela en los '60. Además de haber escrito maravillosos cuentos, era ya el mítico autor del libro que había tocado las entrañas de miles de jóvenes de su época, que les dijo lo que ellos pensaban pero no estaba escrito, que había logrado sintonizar con las inquietudes políticas pero también satisfacer aquello que la política no termina de llenar (cosas que sólo la literatura puede darnos) y hasta había dado pie a un ejército de chicas latinoamericanas que querían ser La Maga, fumaban Gitanes y cocinaban mal, o sentían que la novela de Cortázar les "hablaba" personalmente a ellas, como si fueran sus novias.
No en vano Cortázar decía: "No puedo ser indiferente al hecho de que mis libros hayan encontrado en los jóvenes latinoamericanos un eco vital. Sé de escritores que me superan en muchos terrenos y cuyos libros, sin embargo, no entablan con los hombres de nuestras tierras el combate fraternal que libran
los míos". Nada parecía encantarle más que haber podido abrazarse a su presente y resonar con él. Adoraba pensar que sus novelas podían contener de algún modo el temblor, la presencia, la atmósfera sutil de aquel momento en que fueron gestadas. Por eso, probablemente la más pueril de las críticas
que se le hacía en los '90 a Rayuela es que sería una novela "muy fechada".
Después de todo, así como leemos Rojo y negro de Stendhal y disfrutamos sabiendo que se trata de la sociedad francesa del siglo XIX, los personajes de Cortázar también seducen con todo lo que tienen de históricos.
Por otra parte, cabe recordar que fue un intelectual más preocupado por su presente inmediato que por la posteridad en términos abstractos. Una vez afirmó que rechazaba la "superstición burguesa" del libro como objeto duradero: "puesto que en el fondo su idea de la literatura es aséptica, ucrónica, y tiende patéticamente a la eternidad". Rodolfo Walsh podría haberlo acompañado en ese sentimiento. Ambos aceptaron que escribían al borde del vértigo, de las catástrofes provocadas por el sistema, de la muerte de inocentes, tratando de aportar una chispa de lúcida esperanza. Me gusta recordar que Cortázar se alegraba pensando que los jóvenes sintieron que la influencia de sus libros "se ejercía en un territorio sólo tangencialmente conectado con la literatura". Creyó en la utopía de que el libro es capaz de afectar e incluso incidir en la vida del lector. De ahí que criticara a "la raza de escribas que se horripila de cualquier acto extraliterario dentro de la literatura", y dijera ver en eso un gesto de
conformismo ante la debacle.

* Escritora.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/12837-3851-2009-02-12.html

*

Son

lo que no se puede mirar

LAS QUE ENTORNAN EL DESEO

[Pasto pequeño, con su placenta de
hojas de bosque
[dejan marcas como un terciopelo
cortado en finas hebras,
se vuelcan, se enredan
[se abren.
Pasean por animales ásperos - y-
dulces.
Un revuelo de pestañas para el mercado de
flores, otro para la mesa servida por Babette.
Caminan por el
organismo vivo de las palabras

nos
salvan

de la mirada desnuda.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

*

Apreciadas amigas, queridos amigos,

El número 86 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", edición Enero/Marzo/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org
bajo el link:

http://www.euroyage.org/es/xicoatl-86

CONTENIDO:

· ENSAYO: Onetti: la lección del maestro. Jorge Isaías.
· NARRATIVA: Los sin nombre. Amelia Arellano.
· - Cuentos cortos. Joan Mateu i Marti.
· POEMARIO: Poemas. Blanca Helena Muñoz de Escobar.
· AUSTRIA: Poemas. Wolfgang Kauer.

La edición impresa de XICóATL # 86 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).

Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Suscribase a la edición cotidiana de inventiva social*

Cuota anual 2009 para lectores y/o escritores: $45 en Argentina.
-10 Euros desde el exterior-

*Escribir para mayor información a Eduardo Francisco Coiro.
inventivasocial@hotmail.com

InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura

Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/

Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a: inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar

INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar

Para visitar:
www.walkala.priv.at
http://incoiroencias.blogspot.com
http://www.metroflog.com/Lunanoconquistada
http://urbamanias.blogspot.com/
http://remontandosoles.blogspot.com/
http://zonamutante.blogspot.com/
http://www.metroflog.com/Exducere

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura.

06/02/2009 GMT 1

SOBRE UN SOLO PIE...

urbanopowell @ 14:34

*

Pisaba sólo las baldosas pares. Esto le daba un andar concentrado y a veces dubitante, porque las calles no estaban demasiado cuidadas, existían espacios sin baldosas o con las baldosas levantadas lo cual le obligaba a mantenerse por momentos como una cigüeña sobre un solo pie, hasta que encontraba el lugar exacto donde posar el otro con cuidado.
Esta costumbre no originaba curiosidad, porque ya nadie sentía curiosidad por el otro. Vivían todos sumergidos en su propia problemática, su propia baldosa par, su propia supervivencia.
Llegaba por fin a su núcleo básico, con su pequeña puerta gris con una amarillenta tarjeta insertada en un recuadro, donde aparecían su apellido, su nombre y su número personal. Se apoyaba sobre un solo pie por un momento, colocaba la mano derecha sobre la mano que aparecía impresa en la madera y cuando la puerta se abría estiraba la pierna doblada y traspasaba el umbral con cuidado. En el pequeño receptáculo-nido se sentía protegido. Observaba a su alrededor con cuidado y comprobaba que todo conservaba su orden, el orden de las cosas y su propio orden, La cama estrecha con su cobertor gris
estirado prolijamente. La mesa con su pequeña lámpara. El armario para la ropa donde también guardaba algunos objetos valiosos que no estaban prohibidos por el momento, una Biblia que perteneció a su madre, muy gastada porque él la leía repetidamente como una novela, interesándose en las anécdotas que se relataban, en cada personaje; una cartulina pequeña con un paisaje azul que iba volviéndose gris porque los colores se iban desvaneciendo, lo había dibujado cuando comenzó la escuela, cuando éstas
todavía existían; una esfera de vidrio con un paisaje nevado en su interior, que era su posesión favorita. A veces pasaba toda una tarde sentado en la cama, moviendo suavemente la esfera provocando movimientos muy pequeños, para tener más posibilidades de cambio. Esto realmente le provocaba un
estado de satisfacción que lo separaba de su repetición y de los cambios producidos en las últimas décadas.
También tenía una mesa para comer, adosada a la pared de la cocina. Allí había una ventana, redonda como un ojo de buey, desde donde se podía contemplar el cielo.
Su soledad no le producía tristeza. Se sentía contenido en su pequeño huevo-casa, casi como en un útero, donde no existían necesidades, donde todo estaba previsto sin que él necesitara anhelarlo ni esforzarse por conseguirlo, Si quería escuchar los comunicados oficiales podía apretar un botón en la pared que iluminaba un aparato con pantalla. Si aparecía una cara de mujer era Ara. Si era un hombre era Holm. Ara mostraba unos dientes muy grandes cuando saludaba antes de comenzar a leer las noticias. Holm
tenía una mirada fija, como si viera más lejos de donde él se encontraba escuchando. De alguna manera eran sus amigos. Podía tenerlos en su casa sin sentirse invadido. Estaban ahí pero no interferían.
Pocas veces se sentía algún ruido desde los núcleos que lo rodeaban. Una vez había escuchado en la noche ruido de pisadas muy fuertes y rápidas, que se detuvieron en el receptáculo pegado al de él. Sintió el crujido de la puerta que se rompía, gritos de mujer, pisadas nuevamente, luego nada.
Se había encogido en ese momento, cubriéndose la cabeza para separarse de los sonidos. Pensó un momento en la mujer que vivía allí. La había visto una vez cuando volvía, Era una mujer madura, con rostro gastado y ojos celestes todavía luminosos. Ella lo había mirado con más detenimiento que él, como para hablarle, pero él se había negado a ese reconocimiento. Pensó que quizás si hubieran hablado ese día, él también habria desaparecido esa noche. Su precaución lo había protegido, pensó aliviado.
Una tarde, cuando volvió a su hogar, luego de cenar escuchando a Ara, abrió su armario y sacó la esfera de cristal. Jugó con ella largo rato, formando paisajes nevados con techos rojos rojos y pinos verdes. Cuando Ara terminó con las noticias y le sonrió mostrando sus dientes grandes, se levantó de la silla lentamente, tomó el cinturón de su uniforme gris y formando una lazada con cuidado, se colgó del ojo de buey.

LAS PEQUEÑAS VIDAS.

CIRCULO.*

*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy

SOBRE UN SOLO PIE...

El lector de la isla*

Le habían comentado de una obra de aventuras muy entretenida. Era el best-seller del año y la crítica era inmejorable. Además estaba basada en hechos reales, luchas entre reyes, conquistas, aventuras con diosas, sirenas y brujas. Hablaba de amores y celos, odios y combates, raptos y huidas.

En fin una epopeya completa cuyo nombre, La Odisea, ya dejaba entrever el talante de la historia.

Le enviaron la obra hasta su isla (por el servicio de correo marítimo en galera), por lo que no pudo ponerse a leer hasta tres meses después de haberlo pedido. Pero bueno, la paciencia era una de sus virtudes..

El manuscrito era enorme, por lo que Polifemo, que leía muy lentamente al tener únicamente un ojo, nunca llegó al pasaje en el que él era el protagonista.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

REFLEXION SOBRE DIOS, EL ATEISMO Y LA FUNCION DEL PADRE
Ausencia que todo lo prohíbe*

El filósofo y psicoanalista esloveno plantea que el ateo moderno sigue creyendo de manera inconsciente, en Dios, a partir de múltiples prohibiciones del goce. Su tesis es que hoy lo reprimido no son los
placeres, sino la prohibición.

Por Slavoj Zizek*

"La verdadera fórmula del ateísmo no es Dios ha muerto (Nitschze) -pese a fundar el origen de la función del padre en su asesinato, Freud protege al padre-, la verdadera fórmula del ateísmo es Dios es inconsciente". Para poder entender este pasaje, hay que leerlo junto con otra tesis de Lacan.
Hay que tratar a estos dos enunciados separados como piezas de un rompecabezas y encastrarlos en una proposición coherente. Sólo su combinación (más la referencia al sueño de Freud del padre que no sabe que está muerto) nos permite desplegar íntegramente la tesis básica de Lacan:
Como ustedes saben, Iván, hijo de Karamazov, conduce a éste por las audaces avenidas en las que se interna el pensamiento de un hombre culto y, en particular, dice: Si Dios no existe. -Si Dios no existe, dice el padre, entonces todo está permitido. Noción a todas luces ingenua, porque bien sabemos los analistas que si Dios no existe, entonces ya nada está permitido. Los neuróticos nos lo demuestran todos los días.
El ateo moderno cree saber que Dios está muerto; lo que no sabe es que, inconscientemente, sigue creyendo en Dios. La modernidad ya no se caracteriza por la típica figura del creyente que abriga secretamente dudas sobre sus creencias y se pone a fantasear con transgredirlas; por el contrario, en nuestra época el sujeto aparece como un hedonista tolerante que sólo busca el placer, cuyo inconsciente es ahora el lugar de la prohibición: hoy, lo reprimido no son los placeres o los deseos ilícitos, sino la prohibición como tal. "Si Dios no existe, entonces todo está prohibido" significa que cuando más me percibo como un ateo, más gobernado está mi inconsciente por prohibiciones que obstaculizan mi goce. (No hay que dejar de suplementar esta tesis con su contraria: si Dios existe, entonces todo está permitido. ¿No es ésta la definición más exacta del problema del fundamentalismo religioso? Para el fundamentalista, Dios indudablemente existe, y como se considera su instrumento, puede hacer lo que le plazca: sus actos están redimidos de antemano, puesto que son expresión de la voluntad divina).
En lugar de proporcionar más libertad, la caída de la autoridad represiva produce nuevas prohibiciones, aún más severas. ¿Cómo se explica esta paradoja? Pensemos en una situación de nuestra infancia que todos conocemos: la del niño de mal humor que se fastidia porque el domingo a la tarde tiene que ir a visitar a la abuela en lugar de ir a jugar con sus amigos. El mensaje al viejo estilo del padre autoritario al hijo que no quiere ir hubiera sido: "No me importa cómo te sientes. ¡Vas a cumplir con tu obligación, vas a lo de tu abuela y te portas como corresponde!" En un caso así, el dilema del niño no es difícil de resolver: aunque esté obligado a hacer algo en contra de su voluntad, podrá mantener un margen de libertad interior que (posteriormente) le permitirá rebelarse contra la autoridad paterna. El mensaje del padre posmoderno no autoritario hubiera sido más sutil: "¡Ya sabes cuánto te quiere la abuela! Pero no quiero obligarte a ir. Ve solo si tienes ganas". Cualquier niño que no sea estúpido (es decir, la
mayoría de los niños) reconocerá inmediatamente la trampa de esta actitud tan permisiva: debajo de la apariencia de una libre elección, hay una demanda más opresiva aún que la formulada por el padre autoritario clásico, esto es, una orden implícita no sólo de visitar a la abuela, sino de hacerlo por su propia voluntad. En esto consiste la obscenidad de la demanda del superyó, en una libre elección falsa que priva al niño de su libertad interior.
Por décadas, circuló entre los lacanianos un chiste clásico que ejemplifica el papel clave que tiene el saber del Otro: un hombre que cree ser un grano de cereal es llevado a una institución mental donde los médicos hacen todo lo que pueden para convencerlo de que no es una semilla sino un hombre.
Cuando el hombre se cura y es autorizado a dejar el hospital, vuelve inmediatamente temblando de miedo. Afuera hay una gallina y tiene miedo de que se lo coma. "Pero mi amigo -le dice su médico- si usted sabe bien que no es un grano, sino un hombre". "Claro que yo lo sé -responde el paciente-,
¿pero lo sabe la gallina?" El tratamiento psicoanalítico reside precisamente en esto: no basta con convencer al paciente sobre la verdad inconsciente de sus síntomas; el inconsciente mismo debe ser llevado a asumir esta verdad.

*Filósofo y Psicoanalista. De Revista Digital "Consecuencias" nº 2.
Fragmento. Traducción Fermín Rodríguez.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-17154-2009-02-05.html

LA PALOMA PERDIDA

POEMA X*

Enfrento mi cántaro repleto
o tal vez vacío de interrogantes.
Mi decir:
un horizonte que perdió su fuga.
Necesito tu morada
con hogar encendido,
alfombra despoblada de ruidos.
Puedes convertir la no pregunta
en un templo
donde los recuerdos armen cabriolas
sobre el arco iris.

POEMA XI*

Las caracolas tienen su mar,
barcos que jamás arriban a ningún puerto.
Están libres de todas las tempestades
y los adioses son tributos benévolos.
Los trenes sacuden su omnipotencia
al perforar el viento.
Nuestra paloma perdida
es mezcla de caracolas y de trenes
con barcos errantes y espacios
partidos en dos.
La última meta: no volver jamás...

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

Filosofía y ejército*

En el debate sobre Gaza entran en juego la lucidez de la condena a la destrucción del pueblo palestino, el reconocimiento de la fuerza oscura de la historia y la capacidad filosófica de una paz que no sea meramente bienintencionada.

Por Horacio González *

A finales de la década del 40, Menajem Beguin escribió un libro, Rebelión en Tierra Santa, que en la Argentina fue leído con fruición por personas y grupos políticos destinados a no coincidir en ninguna otra cosa. Me refiero a Rodolfo Walsh, por un lado, y al grupo político del peronismo ortodoxo
llamado Guardia de Hierro, por otro. En ambos casos, esas memorias de Beguin habían sido leídas con apasionamiento. Se trataba del implacable jefe de un sector de las fuerzas armadas insurrectas y clandestinas de Eretz Israel, el Irgún, uno de los antecedentes del actual ejército israelí. Modesto pero vivaz escritor, Beguin desplegaba una crónica de la "lucha por la liberación nacional", a la que alternativamente llama Rebelión o Revolución. Se trataba también de "la construcción de la Nación". Una nación errante, según dice, que había deambulado de país en país, por dos mil años.
El libro está repleto de alternativas y casos propios de la lucha de las guerrillas del siglo XX. Los árabes son el trasfondo difuso, un "tercer factor" en penumbras, a los que por momentos se los se ve aliados a Gran Bretaña y a los que por eso mismo hay que combatir, en tanto componían una coalición "británico-árabe". Los ingleses son nombrados como "el poder de ocupación" o "los enemigos de la Liberación", un lenguaje que por la misma época -las diferencias las sabemos, veamos las resonancias semejantes que hacen eco en nuestra memoria- mantenía texturas homólogas a las que practicaba Raúl Scalabrini Ortiz.
Sin embargo, en Palestina, pocos años antes, había sido diferente. Eran tiempos en que los ingleses tenían como aliados a los futuros combatientes judíos. El ejército israelí se estaba amasando lentamente en las brigadas judías que el ejército inglés organiza al principio de los años '40, en los últimos tramos de la guerra contra el nazismo. Ya existía una denominada "cuestión árabe", a la que en su momento se le había destinado la política la Havlagá, la "autorrestricción". El inexorable Beguin la cuestionará. Con
ese nombre, se trataba de no atacar o no responder con represalias específicas a los grupos árabes que operaban militarmente en la zona. Tema crucial y hoy impensable. Principalmente la Haganá, el otro gran sector partisano israelí y a la que le decía algo la palabra socialismo, en aquella oportunidad y en un breve lapso, se propuso "autocontenerse" respecto de los ataques de los grupos árabes de la región. En la historia militar del siglo XX, otro ejemplo inusitado de la misma índole llama la atención. Es el del
mariscal Rondón, militar brasilero considerado héroe de la educación en Brasil por el gran antropólogo Darcy Ribeiro. Al mando se sus soldados en la expedición a Rondonia -esa región tomaría su nombre-, Rondón los instruye en la máxima socrática: es justicia no proporcionar violencia, siendo preferible recibirla. Rondón atravesaba la Amazonia con su pequeño ejército, zonas en ese entonces inexploradas, hogar de desconocidas comunidades indígenas que una década después serían recorridas, siguiendo el mismo itinerario de Rondón por Claude Lévi-Strauss, menos inspirado por Sócrates que por la filosofía oriental.
Retomemos a Beguin. Luego, muchos de aquellos mismos sectores árabes, según se lee en Rebelión en Tierra Santa, formarían parte de una estrategia inglesa para contener la insurrección guerrillera del "ejército de las sombras", que sería el brazo armado del futuro Estado israelí. Había entonces que combatirlos o disuadirlos. Con este trasfondo, el libro de Beguin retrata la vida del combatiente furtivo. El que desplaza en medio de imprentas secretas, reuniones sigilosas, contrabando de armas por túneles y expropiaciones al "enemigo inglés". En ese intenso período de acciones clandestinas, los combatientes armados volaron el hotel Rey David en Jerusalem, sede el comando inglés -con numerosas víctimas, aunque se había enviado un aviso-, la estación de ferrocarril de Ramalá e innumerables
objetivos en todo el mundo, inclusive la embajada británica en Roma.
Un arma antitanque llamada Piat, inglesa, es capturada. "Aquel Piat inglés y aquellas pocas granadas del mismo origen se habían convertido en hebreas."
Muchos de estos párrafos recuerdan las reflexiones de León Trotsky, en su Autobiografía, uno de los escritos políticos, militares y morales más importantes del siglo XX, quien presenta el problema militar soviético como el de una herencia técnica del ejército anterior, incluso con sus oficiales zaristas, si decidieran cruzar la trinchera. Esos combatientes, ¿eran terroristas? Es el tema moral permanente de Rebelión en Tierra Santa. Para Beguin, no era posible confundir el "terror" con una "guerra revolucionaria de liberación".
Por más que intentemos separar situaciones, en estos relatos hay un lenguaje demasiado familiar, un ensordecedor retumbo enclavado en las lenguas que alguna vez escuchamos o balbuceamos. Es el aire de familia de las luchas de liberación, el de las revoluciones nacionales y el hombre clandestino armado. Supongo que los hermeneutas de Guardia de Hierro gozaban al reconocer un lenguaje que podía ser de todos nosotros o de toda una época, en ese notorio militante sionista, discípulo de Jabotinsky y Herzl. Era el lenguaje del hombre subrepticio con su fusil, del militante clandestino de la era de las naciones. Que a la vez escribe sus memorias, muestra una determinación militar absoluta y reflexiona sobre la muerte. Beguin comenta un célebre párrafo de El manifiesto comunista, respecto de que en la lucha
no hay nada que perder, sólo las cadenas. ¿No sería demasiado pedirles ese sacrificio a los pueblos o a los combatientes? Sin embargo, Beguin acepta finalmente que la lucha es a muerte y hay que estar dispuesto a perderlo todo.
Podemos entonces conjeturar, como ejercicio de buceo en los caprichos de nuestra memoria lectora, cómo habría sido examinado este libro impresionante por Rodolfo Walsh. Es que en Rebelión en Tierra Santa están insinuadas claramente las formas del actual conflicto y las que tenía cuando Walsh visita esas tierras en los años '70. El lenguaje del libro es el de los combatientes que se mueven en la ciudad "como pez en el agua"; la determinación es la de los ejércitos misionales. Pero Beguin no guarda entonces ni guardará después ninguna condescendencia con los árabes. En todo momento, detrás de la lucha de liberación nacional contra los ingleses está la sombra árabe a la que habrá que combatir. No tiene ninguna esperanza de una composición en esas tierras que no sea, primigeniamente, el establecimiento de una Nación Hebrea. Para eso han empeñado la Guerra de Liberación Nacional, y el enemigo visible, en ese momento específico, no era otro que una de las potencias vencedoras de la guerra mundial.
Rodolfo Walsh utilizará varias citas de este libro, en su escrito de 1974 sobre la resistencia palestina, como enviado del diario Noticias. Como es obvio, Walsh es severísimo con Beguin, al que percibe, en tanto producto del conjunto de la política estatal israelí, como un entusiasta propiciador de
masacres. Como remate de su escrito, el autor de Operación masacre cita a Moshe Menuhin, el padre del violinista Yehudi Menuhin, un destacado pensador judío antisionista, quien había escrito: "En lo que a mí concierne mi religión es el judaísmo profético y no el judaísmo-napalm". Era un jasidim, como de alguna manera lo habían sido Martin Buber y otros antisionistas que mantenían un judaísmo de humanistas filosóficos. Era el caso, quizá, de Hannah Arendt, aunque ésta y Buber no coincidirían finalmente en un tema conmocionante, la posibilidad de que Israel, con su Estado armado, complementara en sus pesadillas circulares las conductas que eran propias del nazismo. Difieren ambos en la resolución postrera que adquiere el enjuiciamiento a Eichmann en Jerusalem. Asordinada, ya estaba la discusión que ahora nos estremece, tratada por los mismos sabios judíos, y que nada serviría fuera de esa consternación espiritual. Si no está colmada con el lenguaje desvelado que corresponde, para recrear una conciencia
contemporánea con mayores cuotas de lucidez ante el drama de Palestina, es mera ociosidad equiparante. Víctimas y victimarios, roles inciertos de la vida histórica, en vez de ser una interrogación para todos los hombres del universo, se transformaría en un tema de ocasión para la diatriba al paso.
Debemos salir de eso, pues para desarmar la infinita matanza debemos considerar que todos podemos confirmar el sueño terrible de ser el reverso de lo mismo que criticamos.
A mediados de los años '20, el coronel T. E. Lawrence ("Lawrence de Arabia") escribió un libro de guerra con la sabiduría de un arqueólogo, el capricho magistral de un aventurero del desierto y el esteticismo exquisito de un guerrero que buscaba investigar en un tipo sutil de violencia, la de la
transmutación del yo personal a través de refinadísimas intimidaciones espirituales. Para George Bernard Shaw, ese libro -que se llamaría Los siete pilares de la sabiduría- lo convertía a Lawrence en el más importante escritor en lengua inglesa, mayor incluso que los del círculo de Bloomsbury.
Comandó legiones árabes para combatir a los turcos en la primera Guerra Mundial, tomó Damasco y llegó a participar de los tratados de Versalles, lamentando como compungido aristócrata su propia gesta heroica, que le recordaba el hecho aciago de servir a dos amos, al Foreign Office y al rey Feisal. No escapó a un ramalazo de seducción que el nazismo pudo ejercer sobre él en sus inicios. Actuó en la misma zona de ocupación inglesa que veinte años después será la sede del relato bélico de Beguin.
Estos dos libros, Los siete pilares de la sabiduría y Rebelión en Tierra Santa, hay que leerlos ahora en conjunto. Son lecturas "argentinas". Beguin es tajante y atroz, bruscamente redentor y autosuficiente. Lawrence es autodestructivo, busca transmutar y aniquilar su "personalidad inglesa". Los árabes de Lawrence son sensualmente misteriosos. No son los de Fanon. Este podría ser criticado porque su planteo de liberación implicaba un tipo de violencia existencial sartreana, "europea" aunque negara a Europa. Mientras, los árabes de Beguin surgen brumosos, amenazadores, objeto de disuasión o represalia, un tratamiento que anticipa el desastre. Pero todos estos escritos arrojan resonancias conocidas, contienen una perenne filosofía de la guerra que se separa si la vemos al trasluz de sus proyecciones ideológicas, pero se conjuga si la vemos apta para discernir el perfil trascendental del hombre armado, el militante y su sacrificio, el militante y sus creencias. Esto es, la nación que hay que crear, librar de la opresión
o dejarla en el umbral o la disposición de practicar otra opresión. Terrible tema, tanto más inextricable si se presta a la trinchera de banales equiparaciones. Lo que hay, en cambio, es el fantasma reversible de la historia, que si no lo reconocemos en su fatídica tentación circular, no nos provee la eficacia y eticidad necesarias para denunciar las masacres ni nos permite comprender que el destino de la víctima no es tornarse en la futura culpable.
Para Sartre, Lawrence era una figura sugestiva. Para Hannah Arendt es un ser atormentado por la época: "Nunca un hombre tan bueno había cumplido tareas tan comprometidas con la condición siniestra de los servicios secretos occidentales". Leído en la Argentina por el grupo de la revista Sur, Victoria Ocampo también consagrará al tortuoso coronel como un héroe literario. No tan de pasada, toma su filosofía militar para contrastarla con la del peronismo. Lawrence pertenecía a un ejército imperial cosmopolita, que dominaba zonas para mimetizarse literariamente con los pueblos dominados y llevarlos a su secreta realización. Se diferenciaba del ejército alemán, con su "cosmovisión nacional, la nación en armas". Esta última era la materia del peronismo originario.
El fecundo y recordable escritor egipcio-palestino Edward Said, en la cumbre de sus años y de su notoriedad académica, había elegido una imagen suya para difundir, arrojando piedras de la Intifada junto a un grupo de jóvenes palestinos. Said consideró a Lawrence uno de los tantos casos en los que
fluía la falacia de una visión "orientalista". Con ella traducía una idea de dominación simbólica sobre los pueblos árabes. No necesariamente seguiríamos a Said en este razonamiento. Creo que Borges roza muy bien, y mejor, el tema de Lawrence en su "Deutsches requiem", escrito en 1949. Es la historia del
intelectual nazi Otto Dietrich Zur Linde, subdirector de un campo de concentración y lector de Nietzsche, que mata al poeta judío David Jerusalem, "porque era una zona detestada de mi propia alma".
Leer es un insondable acto interpretativo, una tregua voluntaria de la vida corriente en nombre de una pepita de oro, que no es la "ilustración" ni "la moral edificante", sino la posibilidad de llegar a la cruda verdad de una época. En el debate que nos sacude sobre Gaza, guardémonos de la facilidad de decir cosas -está en juego la lucidez de la condena a la destrucción material y simbólica del pueblo palestino-, que no se originen en el reconocimiento de la fuerza oscura de la historia y en la capacidad filosófica de una paz que no sea meramente bienintencionada. ¿Qué entonces?
Quizás una palabra amasada en la fuerza de ruptura con las equiparaciones imaginarias que están al acecho. Quizás un socratismo que no se intimide por la violencia pues su misión es detenerla. Y que, frente a los ejércitos, les arroje la piedra vigorosa que los obligue siempre a autocontenerse.

*Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-119582-2009-02-06.html

DÓNDE*

¿Dónde está el viento,
la vida la voz los pies?
¿Dónde están las casas sin cerraduras,
los secretos la tibieza los pájaros enteros?
Y dónde las manos, que los tomaron...
se los llevaron y desaparecieron.
Decime, pequeño humano,
¿ves la costa?
¿Dónde está el viento?
¿Te vas a quedar mirando, pequeño humano?

*de Valeria Marioni maiden-marion@hotmail.com

Correo:

Plomo fundido sobre la SEA*

Lo previsible está sucediendo. Hay conflictos que polarizan hasta el extremo de la médula llegando hasta el interior de las familias y generando rupturas violentas en su seno. Esto ya sucedió en nuestro país. En las letras era de esperar que un conflicto de característica universal como el de Palestina destapara nuevamente controversias no queridas en una intelectualidad influenciada y compuesta por muchísimos “progresistas e izquierdistas” judíos.
La reacción a partir de los comunicados de la SEA, es sólo parte de esa vastedad. Se discute el derecho o no del escritor a servir siempre a esa raza de valores que significa buscar la palabra justa para quedar bien desde el centro maquiavélico del sistema; centro que permitirá criticar tanto el margen izquierdo como su derecho. Palabra justa que tomaron muchos poetas e intelectuales mientras se asesinaba y desaparecía, abandonándose el valor histórico que dignificaba poner el cuerpo.
Toda realidad es cambiante y los márgenes se entrecruzan y muchas veces se confunden con su centro. La polarización se genera ante la posibilidad de la vida a la muerte. Estar de pie y frente a los terribles bombardeos de la nueva tecnología imperial siglo XXI, que intenta aniquilar todo vestigio visceral de resistencia humana, nos recuerda a la lucha casi primitiva en la ex Congo Belga.
Lo mínimo que puede sentir cualquier ser es una total desazón ante los acontecimientos en Gaza, y cada individuo reacciona en tiempo y forma diferente, unos hasta pueden blandir el arco y la flecha frente al avión que los ataca, otros escondiendo la cabeza o inmolándose.
El extremo coyuntural de la situación que define a las letras, no debe verse como algo netamente negativo sino más bien preocupante; es como sacarse la máscara de la historia, la misma que me ha cercado ante mis 20 años de lucha en la militancia política (1971/ 91) con sus persecuciones y exilio, o mi paso por la dirigencia sindical gráfica o textil, allá en la Patagonia donde perdí mi audición, o estos últimos doce años desde un medio literario: la revista Patagonia Poesía o su sello Ediciones Patagonia.
Vivimos una abierta y pública confrontación. En nombre de los buenos modales, se intenta tapar la actitud a un llamado “golpista” o en su defecto vaciamiento de la SEA, cuyo rol gremial no es compartido por aquéllos que quieren en realidad la tranquilidad de una asociación civil y no sindical.
El supuesto “error” de la SEA (Sociedad/ Sindicato de Escritores y Escritoras Argentinos) o mejor dicho de su conducción, es haber denunciado abiertamente un genocidio reconocido.
Muchos intelectuales se quieren convencer de que el problema es de forma, cuando realmente es de fondo. A la conducción de la SEA se la ataca por decir públicamente lo que para muchos, debería callar.
Se dice que la posición no es de consenso, se dice que es la posición política partidaria afín de sus principales dirigentes, se dicen y se dirán muchas cosas, pero a su vez nunca hubo en la práctica actividad gremial para lograr su cambio directivo, al contrario.
El tema Palestina - Gaza es determinante para saber quién es quién. Incluso los que critican el comunicado Parar la masacre en Gaza, lo hacen por “no saber” la conducción Aráoz-Redondo, diferenciar entre Estado y judaísmo, mientras ellos, duros renunciantes si tienen derecho “a confundir” institución con dirigencia.
Mientras muchos quedamos anonadados por el enriquecimiento y nuevo aporte filosófico de León Rozitchner, en su “Yo acuso” Plomo fundido, sobre la conciencia judía, del 4 de enero en Página 12, a él le significó ganarse el odio de buena parte de la colectividad judaica. Por otro lado, una ex funcionaria cultural porteña, llegó a cuestionar a una poeta por escribir sobre Gaza y no sobre el holocausto (Shoa), ultimátum impensable hace tiempo atrás.
Hay momentos en la historia en que no existen las medias tintas. En la dictadura genocida del 76 o se estaba a favor o en contra; todavía hoy muchos escritores tienen la conciencia y las manos turbias por haber estado en el medio buscando a los militares progresistas. Aquí lo mismo, se está a favor o en contra. Querer buscar o tratar o decir que toda posición debe ser de consenso es engañoso, más viniendo dicha propuesta de muchos de los negadores históricos de su propia ideología.
La conducción de la SEA debería llamar en forma urgente a una asamblea general abierta para debatir la crisis, y la misma definir el derecho de sus dirigentes a ser consecuentes y no avestruces.

*Roberto Goijman. robertogoijman@yahoo.es
Buenos Aires - 2 de febrero

COLECTIVOS MUY PRIVADOS…DE CALIDAD*

Los medios de prensa de Buenos Aires suelen tomar una noticia como inmensa y única, como si el Mundo estuviera en el pozo de esa esquina de Caraza o de Belgrano.

Hoy le toca al accidente entre dos micros de la Línea Suburbana de Buenos Aires Nro 174 ocurrido en Lomas del Mirador. Una línea "Nacional" que hace un recorrido metropolitano en un 99% dentro de distritos de la Provincia de Buenos Aires.

También le toca a la lentitud de llegada de los paramédicos al siniestro. Pareciera que no saben que La Matanza nos es el Barrio Norte y que todo el peso en votos solo sirve para sentar cargos políticos y no para traer obras y servicios (Viví 44 años allí y conozco el paño).

Los rojos ómnibus de esa línea, subsidiados por el Gobierno Nacional, tanto ellos como los trenes de la empresa del mismo Grupo (TBA), son el resultado de un largo proceso iniciado hace más de 50 años.

Primero con la privatización de Alsogaray – Frondizi de los Colectivos de "La Corporación" dados en manos de los choferes sin solución de continuidad de la parte administrativo – técnico, provocó que, por décadas, los colectivos eran guiados por instinto del chofer – dueño, sin que detrás de él hubiera estudios técnicos, planes de mejoras comerciales y tecnológicas, etc. El Estado había aniquilado la empresa pública y no había generado un entre de planificación y contralor, como tampoco había asegurado esa continuidad profesional en la conducción de las empresas.

El mismo ejemplo siguieron las provincias y las ciudades medianas y grandes. Más que "Ola Privatizadora" fue una OLA DE DESARTICULACIÓN TECNOLÓGICO – ADMINISTRATIVA.

En los '80, y con los '90 en particular, las empresas "sufrieron" los ataques de consultores que las llevaron a "ahorrar servicios", igualito que el Estado Nacional con Ferrocarriles y Aerolíneas: RACIONALIZACIÓN le llamaron. El resultado fue que los pasajeros disminuyeron y, por ende, los resultados de explotación. Y, casualmente, algunas empresas se convirtieron en grandes grupos que fueron absorbiendo a las firmas que iban cayendo.

El Estado generó en esos mismos '90 los organismos de contralor que, en realidad, se los vende al público como "Nacionales" pero lo que principalmente realizan es "controlar" a los buses de Capital, Gran Buenos Aires y a los trenes de la Megalópolis.

A partir de fines de los '80, el ciudadano común debe haber notado lo bueno que fue la aparición de los "talleres rodantes" de las líneas de colectivos. Sí, tuvieron que ser necesarios PORQUE COPIARON LA METODOLOGÍA DE MANTENIMIENTO DIFERIDO DE LOS FERROCARRILES: Cuando se rompe, veremos si lo arreglamos.

Lo patético del caso, es que, antiguamente, los choferes – propietarios, podrían quemar mal el gasoil y no limpiarlos demasiado, pero nunca se les iba a quedar un ómnibus con los pasajeros arriba: Reparaban antes que se rompa.

Este "mantenimiento diferido" es un gran "negocio interior" que come desde adentro a las empresas débiles y garantiza los grandes negocios en las grandes: Cuanto más repuestos se rompen, más necesidad de gastos, aumento de boleto y subsidios son necesarios.

Hablemos claro: Con el mismo dinero público y privado que sostiene a las empresas de colectivos de Buenos Aires, podríamos tener excelentes servicios y los empresarios ganarían muchísimo más, al tiempo que los pasajeros no nos podríamos quejar de "sus picardías".

Detrás de los 4 muertos de Lomas del Mirador está toda esta historia presente. Sindicatos que no reclaman lo suficiente ni lo conveniente a largo plazo; "componentes" (Propietarios), menores de las empresas de colectivos que se quedan demasiado quietos mientras que los más poderosos les comen lo que ellos o sus padres construyeron por 40 o 50 años; tecnócratas que prefieren cobrar buenos trabajos de "justificación" antes de crear nuevas realidades públicas y privadas.

Un solo detalle: Todos dicen que la línea 132 de Buenos Aires anda bien porque tiene muchos pasajeros. Sí, tiene muchos pasajeros, pero nadie puede negar que siempre estuvo a la vanguardia de la renovación tecnológica y de la atención de frecuencia para el pasajero. Muy parecida a la 68 y a la 152 que también siguen siendo independientes. Sus "pisos" son tan buenos como varias otras compañías que sí quebraron y se las "deglutieron" los grupos subsidiados.

Hoy anuncian el "boleto electrónico" desde el atril de la Presidencia. Ese anuncio tiene una componente que hace a la crisis: Un tema MUNICIPAL – METROPOLITANO es tratado por la Presidencia de la Nación cuando debería ser un resorte puramente municipal con la compañía de la Provincia de Buenos Aires y de la Jefatura de Gobierno de Buenos Aires.

Tal como cuando salió la "obligación nacional de monederos" para los colectivos, hoy sale el "boleto electrónico" desde el mismo atril. Una Resolución Nacional que solo es para la Metrópolis porteña y que no debería ser un tema tratado por los Gobiernos Nacionales.

Todo eso está detrás de ese accidente fatal.

Febrero 4 de 2009

*Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com
– Ingeniero White – Buenos Aires

*

Apreciadas amigas, queridos amigos,

El número 86 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", edición Enero/Marzo/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org
bajo el link:

http://www.euroyage.org/es/xicoatl-86

CONTENIDO:

· ENSAYO: Onetti: la lección del maestro. Jorge Isaías.
· NARRATIVA: Los sin nombre. Amelia Arellano.
· - Cuentos cortos. Joan Mateu i Marti.
· POEMARIO: Poemas. Blanca Helena Muñoz de Escobar.
· AUSTRIA: Poemas. Wolfgang Kauer.

La edición impresa de XICóATL # 86 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).

Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 8 de febrero de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Harry Crowl. Las poesías que leeremos pertenecen a Blanca Helena Muñoz de Escobar (Colombia) y la música de fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur

www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Suscribase a la edición cotidiana de inventiva social*

Cuota anual 2009 para lectores y/o escritores: $45 en Argentina.
-10 Euros desde el exterior-

*Escribir para mayor información a Eduardo Francisco Coiro.
inventivasocial@hotmail.com

InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura

Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/

Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a: inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar

INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar

Para visitar:
www.walkala.priv.at
http://incoiroencias.blogspot.com
http://www.metroflog.com/Lunanoconquistada
http://urbamanias.blogspot.com/
http://remontandosoles.blogspot.com/
http://zonamutante.blogspot.com/
http://www.metroflog.com/Exducere

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura.

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis