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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

Archivo: Mayo 2009

21/05/2009 GMT 1

INVENTREN: DE CARHUE A PUENTE ALSINA

urbanopowell @ 17:29

A Don Mario*

En mis versos
hay mujeres,
y perdóneme maestro
si le robo ideas
y arrebato su prosa,
su palabra.
Si ignoro el (c) copirái
y tomo sus derechos de autor
como derechos de tutor.
Es que hacía rato
que no tenía un maestro, ¿¡sabe!?
y, a esta altura de la vida,
que se desvive de a ratos,
uno necesita no estar tan solo
en las ideas
y en las noches tristes,
como ésta.
Y necesita decir cosas,
que usted ¡ha dicho tan bien!,
y que la prosa la obligue
a olvidar su tren.

Hice acaso, caso de sus consejos
y no pulí demasiado
mis pobres palabras,
no me esmeré con los verbos,
ni reparé en adjetivos;
pero si usted las conociera
(A las mujeres digo)
sabría que merecen sus poemas,
no los míos.

A Don Mario /2*

Vuelvo a insistirle, maestro,
que no se asombre
si encuentra que le falta un verbo,
que un gerundio suyo
asoma entre los míos.

Me tomo la licencia
de nombrarlo por decreto
-tal lo acostumbrado en estos días-
maestro mío,
y de disculparme
por el hurto apasionado
y sin segundas intenciones;
pero cuando el hambre apremia,
-de palabras, digo-
no hay decencia ni castigo
que acobarde a los ladrones.

*de Sergio Velovich. savelovich@yahoo.com.ar
Bahía Blanca, julio del 2001

Inventren
-Capítulo 0: Las estaciones de Carhué a Puente Alsina.

CARHUÉ.

J. V. CILLEY.

ROLITO.

SATURNO.

SAN FERMÍN.

CASBAS.

EDUARDO CASEY.

ANDANT.

CORONEL M. FREYRE.

ENRIQUE LAVALLE.

CORACEROS.

HENDERSON.

MARÍA LUCILA.

HERRERA VEGA.

HORTENSIA.

ORDOQUI.

CORBETT.

SANTOS UNZUÉ.

MOREA.

ORTIZ DE ROSAS.

ARAUJO.

BAUDRIX.

EMITA.

INDACOCHEA.

LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.

J.J. ALMEYRA.

INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.

PARADA KM 79.

ENRIQUE FYNN.

PLOMER.

KM. 55.

ELÍAS ROMERO.

KM. 38.

MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.

MERLO GÓMEZ.

RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.

JUSTO VILLEGAS.

JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.

ALDO BONZI.

KM 12.

LA SALADA.

INGENIERO BUDGE.

VILLA FIORITO.

VILLA CARAZA.

VILLA DIAMANTE.

PUENTE ALSINA.

INTERCAMBIO MIDLAND.

¿Por qué el "Midland"?*

Si el tren existiera en su extensión original, un trabajador del Gran Buenos Aires, podría ir a pasar un fin de semana a Carhué. Un abuelo disfrutar de las aguas termales. Un niño de Ingeniero Budge conocer el campo. Pequeños productores acercar sus productos o simplemente venderlos en cada una de sus estaciones. Algunas que hoy son sólo fantasmas rodeadas de campo podrían volver a ser habitadas.
Parecen ejemplos obvios y a la vez pobres, de la multiplicación de beneficios de un retorno que fuese pensado y proyectado para un bien común.
Este recorrido es también un desafío a la imaginación. Alguien que conozca a los actuales trenes
-precarios y con fama de peligrosos que corren desde Puente Alsina hasta Marinos del crucero General Belgrano- podría ver que hay "otro tren" posible.
Por diferentes caminos he llegado a la idea de la literatura como el modo de reparación más efectivo de la realidad. Los invito a compartir esta nueva aventura.

*Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@yahoo.com.ar

DE PUENTE ALSINA A CARHUE, IDA Y VUELTA*

*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar@rocketmail.com
http://choloar.tripod.com/choloar.html

No llevo diario personal, pero recuerdo, recuerdo que fue en el atardecer del 23 de marzo de este año 2009 de calendario gregoriano. Recuerdo la fecha porque iba a saludar en su cumpleaños a una persona que quiero mucho. Venia en el colectivo 85 rumbo a Bernal, cuando, casi instintivamente, hago cada vez que cruzo al puente Uriburu, miro para el lado de la estación Puente Alsina del Ex ferrocarril Midland, y a lo que era su contigua playa de cargas. Y recuerdo cuando con mi hijo de pocos años, iba a recorrer por los galpones de carga, a lo que quedaba de aquellos coches motores Ganz, que se trajeran a la Argentina allá por 1936.
Hace un tiempo he incorporado a mi batería conceptual, la noción jungiana de “sincronía”,por eso ya no me parece ni azar ni causalidad, que una vez mas haya recibido el estimulo de contar algo sobre mi “rollo “ con el Midland, que ahora caigo porque que se llama así el club, con que participaba en el torneo de Primera “C” de la AFA, el club de mis amores Defensores de Cambaceres, allá por 1959( Se cumplirá medio siglo de la obtención de ese campeonato por los “bichos colorados” de Ensenada).
Esta algo difusa la circunstancia en que me entere que el Midland llegaba hasta Carhue. Pero me acuerdo muy bien, cuando vi al pasar por la estación Carhue , rumbo a Darregueira ,aquella nublada parte del 8 de julio de 1972, vi al galpón de los coches motores, cuyas ruinas volví a visitar, esta vez de paseo por Carhue, en Agosto del año pasado(2008).
Toda vez que puede, desde hace décadas, recorro los pueblos de la Pampa Húmeda (Incluido el sector conocido como “Pampa Gringa”).La visita al mueso local, forma parte de aquellos recorridos. Es curioso pero en el Museo de Carhue, no hay casi referencias al Midland, pero si hay como en la mayoría de estos pueblos, vestigios documentales, fotográficos y objetos tridimensionales, de esa suerte de esplendor que surge de aquella argentina de las dos ultimas décadas del siglo XIX, hasta la guerra del 14.Y El Midland es un componente de esa etapa, que nos provoca extrañas sensaciones, y que nos lleva a sacar conclusiones muy distintas, a las que surgen de los libros donde se intenta interpretar esa época.
Hacia 1910, en medio de la euforia que generaron los festejos del Primer Centenario Argentino( ¿Se creara un clima similar en el Segundo Centenario, ya próximo?),llegaban los ferrocarriles Sud, Oeste y Midland; los dos primeros de trocha ancha y de trocha angosta el último. Eso aun se percibe en el amplio cuadro de la estación ferroviaria, en trance de devenir en Terminal de ómnibus.
Atento la importancia del ferrocarril por esos tiempos, se colige que las empresas propietarias ,no lo hacían por filantropía, sino porque se pensaba en un centro turístico de nivel internacional, aprovechando las propiedades curativas de la laguna Epecuén, ya conocidas por los que estaban allí desde el origen, y fueron desalojados compulsivamente por la “conquista del Desierto”.
Panoramas similares, he observado, casi en ruinas, en Sierra de la Ventana, en el hotel Edén de la Falda, en Alta Gracia.
Pero volviendo a aquel 1972, del que tenemos recuerdos precisos en cuanto a las fechas, porque estaban ligadas a nuestra entonces condición de corredor de carreras pedestres, vuelvo a mi “rollo” con el Midland, a raíz de una vez que por los motivos apuntados fui a Henderson, población erigida como consecuencia del paso del Midland por allí. Después de la carrera, el 19 de noviembre de 1972, me fui para la estación para esperar el coche motor procedente de Carhue, que me llevaría a la estación Tapiales donde tenía horario de llegada a las 2150. Mientras esperaba, comiendo un sanguche, se me acercó un peón del ferrocarril, sugiriéndome me subiera al tren de carga que se aproximaba, así al menos iba ganando tiempo del viaje. Le agradecí y le dije que esperaría el tren. Al rato aparecieron oros colegas del deporte, que habían sido invitados a un asado y nos aprestamos a esperar el tren, que llego en horario. Me quedó la imagen del empleado de correos (El tren hacía de vagón postal) que tenia un gorro muy pintoresco con el escudo de la empresa de Correos y Telecomunicaciones. El coche motor (de los viejos húngaros, ya que luego vendría una versión posterior fabricada por la Hungría comunista), tenía compartimentos como los que se ven en las películas de los trenes europeos.
Partió raudo el coche motor, con ese peculiar ruido que hacían sus motores. Creo que alcanzó a pasar por la estación Herrera Vegas. Y al llegar a Ordoqui, se “plantó” el motor. Y nos avisaron, que teníamos que esperar que venga, una locomotora para remolcarnos. Ya pasa ese entonces, la línea era de pocas frecuencias, así que vaya a saber que donde vendría la locomotora. Así las cosas, nos bajamos el tren y fuimos a comprar lo que se podía, en el bufet del club Sportivo Ordoqui, algunos de sus simpatizantes, regresaban de un partido de fútbol disputado en algún otro pueblo de la liga regional.
Al largo rato llegó la locomotora, e inicio el lento remolque del coche motor con nosotros arriba. Fue aquella una noche muy fría, y todos estábamos arrinconados en el compartimiento dándonos calor con nuestros cuerpos. Así arribamos a otro día a Tápiales alrededor de las 11 de la mañana…
El Midland, del que ya había sugerencias para lo, antes de la nacionalización de 1948, fue obviamente incluido en el malhadado plan Larkin de 1962, y clausurado y levantado entre 19786 y 1977.
En la travesía a pie que hicimos en el veranos austral de 1986, pasamos por la estación Baudrix, cuyas instalaciones se veían ocupadas, pero en muy mal estado de conservación, y se veían todavía unos galpones para cereal, donde todavía se podía leer la inscripción “Apoya al Segundo Plan Quinquenal”, refiriéndose al plan de gobierno 1953 -1957, abortado en 1955 por la "Revolución Libertadora".
Con el tiempo nos fuimos enterando que el origen de esta línea fue una concesión otorgada por la legislatura de la provincia de Buenos Aires en 1904.En esa época era común que el que obtuviera la concesión se la terminara vendiendo a inversores extranjeros, por lo general ingleses, los que le dieron el nombre de conservaría hasta 1948, es decir Midland. Hoy resulta claro, que el Midland tenia instalaciones portuarias sobre el Riachuelo, en una época que se lo navegaba comercialmente( Actualmente hay proyecto para darle ese uso hasta el Mercado Central, situado aguas arriba), además tenia un ramal (aun existente) que lo vinculaba al entonces Mercado Nacional de Lanares,(Que existía donde hoy hay monobloques enfrente a la estación del ex ferrocarril Provincial de Avellaneda), y por allí donde hoy esta la cancha de Independiente y la de Racing, se conectaba con los frigoríficos del riachuelo, y hasta tenia alguna entrada al puerto de Buenos aires.
Este ferrocarril corría muy cercano a otros y en un punto hasta se cruzaban con los ferrocarriles Compañía General y provincial (ambos de trocha angosta) y también con el Ferrocarril Oeste y aun con el Roca. No se podía decir que las zonas que surcaban estaban desconectadas. Pero a partir de la inexorable aplicación de la ley nacional de vialidad de 1932, era evidente que los intereses del automotor y del camino pavimentado sustituirían tarde o temprano a estos ferrocarriles, que eran de tráficos débiles. EN 1947 se nacionalizó el Compañía general Buenos aires. En 1948 el Midland y en 1951, el provincial fue “nacionalizado”, seguramente aprovechando la caída en desgracia del gobernador Mercante. En 1954, alcanzaron a fusionar al Provincial, el Midland y el Compañía General, en Ferrocarril Nacional de la Provincia de Buenos Aires, pero su resultado fue efímero.
Pareciera que recién en estos tiempos se esta comenzado a asumir la tropelía de haber levantado estos ferrocarriles de trocha angosta. Nos sigue quedando la perplejidad de lo que implicaba su puesta en marcha, y lo que se fue apagando como consecuencia de la finalización de la Gran Guerra.

-Buenos Aires 18 de mayo de 2009

EL PUENTE DE LA VIA*

Si no tuviéramos recuerdos,
no tendríamos conocimientos.

I

El puente estaba a una docena de cuadras, no más, de dónde vivíamos cuándo éramos niños, pero a nosotros nos parecía que la distancia era enorrrme, y siempre tentaba con su sabor de aventura.-
Teníamos necesariamente que hacer un tramo caminando por las vías, después de andar las últimas tres o cuatro cuadras del pueblo hasta el paso a nivel donde ahora estoy parado; contemplando y recordando esas vivencias infantiles, que pasaron hace ya varias y largas décadas.-
Estoy justamente en el cruce de la vieja vía con el camino.- El que saliendo del pueblo va recto al norte, pasando por las chacras sembradas.- El lugar está en parte casi igual; los grandes eucaliptos viejos, enormes y retorcidos siguen allí adelante, al borde, a mi izquierda.-
Claro que están más viejos que entonces, y faltan algunos, tumbados poco a poco por los vientos de tantas tormentas y algunos talados sin mayor conciencia. También falta enfrente un gigantesco Ombú, pero allí ahora fue avanzando el borde urbano, por lo que lo que era campo, hoy son calles vestidas de casas.-
Incluso desde aquí vislumbro a través de los rugosos troncos y altos pastos la vieja casona donde entonces íbamos los domingos con Audino, mi hermano mayor, a escuchar los partidos del campeonato por la Radio, cosa que nosotros aún no teníamos, y allí vivían varios chicos de la edad de él, primos entre sí, que eran compañeros en el Colegio.-
Ellos no eran ni amigos míos, ni compañeros, y hasta les tenía algo de temor, o recelo. Incluso los mayores, que se sumaban al grupo, eran para mí extraños. Uno tenía largos bigotes como ya no se veían, de otra época, retorcidos y puntiagudos. En esos años tuvo un trágico final este hombre imponente. Una noche lluviosa murió de un tiro de revólver en la ladrillería que tenían cerca de la amplia casona; un peón ebrio, de turno en el horno, puso fin a su vida, parece que por problemas pasionales o tal vez sólo por el vino.
Otro era tullido y usaba muletas, y era muy apacible y amistoso y a él sí le agarré mucho cariño. Siempre tocaba las conexiones de los cables con la batería, cuando la radio chirriaba o enmudecía.
Yo trataba de tener claro en qué constituía el equipo y cuál era su magia. El receptor, que en sí era todo un mueble, los cables con sus bornes, la batería o acumulador, el molinillo de viento que proveía la recarga, y la antena aérea, de altas picanas como mástiles, con sus riendas y blancos aisladores y el oscilante hilo de cobre con su bajada. Toda una instalación. Y... , las estaciones estaban a gran distancia. Se escuchaban pocas y eran casi todas de Buenos Aires, pero todavía no eran muchas las casas que podían tener una.
Pero no era sólo la pasión del fútbol ni las tardes de radio, sino recorrer este camino y su entorno, salir de nuestro pequeño mundo, y alejarnos de las últimas casas del pueblo, cruzar la vía, y adentrarnos en lo que había más allá. Cruzar la vía era el comienzo de la aventura. Más allá era otra cosa, el camino era largo, infinito, y hablaba de otros lugares que conocíamos sí, pero que estaban cargados de encanto. Hasta ese pequeño tramo era un viaje, un verdadero viaje, donde pasaban tantas cosas lindas: las llamativas alas pintadas del pájaro que nos rozó volando, el otro que estaba cerquita en un arbusto del alambrado, o la liebre que descubríamos en su carrera por las puntas de las largas orejas que asomaban zigzagueando en los pastos, o de pronto, una perdiz que nos mató de susto al alzar vuelo casi debajo del pie.- ¡ PPPPRRRR rrrrrr ...!
O la forma de aquel Tala, con su copa ahuecada y tupida como una techumbre, o aquella rama perfecta para una honda, o el ulular del viento, la frescura de una sombra, el flamear de los pastos; o los vertiginosos y traviesos remolinos de verano, levantando polvo, pastos, y papeles que quedaban girando, y se descolgaban lentamente del cielo, revoloteando como desilusionados, mientras que del remolino no quedaba ni rastros...

II

O sea: contemplo lo que queda y me transporto en el tiempo; mientras piso los rieles enterrados, soñando. Pero si bien detrás de mí el pueblo se convirtió en ciudad y el pavimento llega precisamente hasta la vía, hacia el norte el camino sigue polvoriento; pero en la vía el tren no pasa desde hace muchos años, veinte al menos.
Aquí el polvo del camino le puso una capa ya permanente y cada vez más compacta, dura como una lápida, y triste como una mortaja. A un lado y otro del camino los rieles abandonados duermen entre el pasto que los ha ido tapando casi por completo, y por momentos se dejan entrever entre la fronda de la gramilla por el pálido brillo que reflejan del sol de la tarde en el dorso casi opaco, y más adelante se adivina la vía y la curva que aquí comienza, redondeada y suave, más por la memoria que por la evidencia.-
Antes, ese brillo nos cegaba cuando caminábamos contra el sol, ya que el tren al pasar una y otra vez los mantenía pulidos como espejos, y la gramilla y otros pastos se mantenían prolijamente fuera de la franja que formaba la vía con el ancho de los durmientes a flor de tierra. A cada lado del cruce, en la línea del alambrado, los guarda-ganados impedían que los caballos, vacunos u otros animales grandes, ingresaran a las vías por obvias razones de seguridad.
No eran profundos, pero a nosotros nos atraían y nos demorábamos en pasar pisando, una y otra vez sobre las rejas, como demostrando el valor que teníamos, especialmente cuando los domingos estábamos acompañados por los demás chicos, con los que solíamos ir a jugar. Hoy están tapados en tierra, o quizás ni estén allí, porque no se ven ni rastros, al menos a simple vista.

III

Hacia el este del paso a nivel, la Estación quedaba a unas veinte cuadras, y la vía terminaba de hacer la curva y seguía recta unas diez cuadras hasta otro paso a nivel; pero aquello estaba fuera de nuestro alcance, al menos en esa etapa. Aquí teníamos suficiente. Aquí mismo a la derecha están todavía los galpones de una fundición de hierro, y enfrente una ruidosa desmotadora de algodón, que nos tapaba en polvo y humo, además de un constante zumbido de sus extractores, ventiladores y ciclones, que nos arrullaba y nos despertaba, una u otra.-
Al costado de la vía, formaban montones los residuos de borra y metal fundido, entre los que encontrábamos enorme cantidad de municiones de hierro, más o menos redondeadas, especiales para tirar con las gomeras, que justamente por su peso y su redondez, aseguraban una trayectoria de verdaderas balas; hoy diría que hasta sumamente peligrosas… Ese montón de desecho tenía incontables buscadores de proyectiles, que nosotros almacenábamos para nuestras correrías.-
También era campo de pruebas, porque la tentación era ver como se tiraba con estos o con aquellos, y los blancos predilectos eran los aislantes de porcelana del telégrafo, que bordeaba la vía junto al alambrado. Algunos chicos de nuestra edad, o un poco mayores eran unos verdaderos inadaptados, capaces de cualquier maldad, por lo que eso, era una nadería.-
Eso, o matar inofensivas palomitas, horneros, cuises, etc., que hoy horrorizaría a cualquiera, aquella vez pasaba desapercibido. Aún no se hablaba de ecología ni de especies protegidas, y casi, casi, ni de amor a los animales; al menos, no con la conciencia conque hoy se está asumiendo, y menos a los niños, y menos que menos a esos niños...

IV

A una calle de la vía vivíamos nosotros, y ver pasar el tren era una diversión que no menguaba por más que lo hacíamos todos los días, mañana y tarde. El más interesante era el tren de carga. No tenía un horario, como el de pasajeros, pero pasaba después de media tarde y en el invierno, durante la temporada de la caña de azúcar, íbamos al borde a esperar su paso, y nos solían arrojar cañas enteras o trozos, y para nosotros eran trofeos tan valiosos, que volver con cierta carga nos llenaba de gloria.
Recuerdo las emociones de la espera. Ver al maquinista o al foguista esconder o balancear las cañas que nos arrojarían, tras elegirnos; porqué a veces éramos varios los chicos que esperábamos junto al alambrado. Era todo un juego, para ellos seguramente divertido, para nosotros, angustioso. Si el tren era largo siempre había más gente en los vagones o en las chatas, que hacían otro tanto.
Pero no era necesariamente pareja la cosecha, era más bien cosa del azar. Todos guardábamos una estratégica distancia uno de otro, asignándonos en el momento un territorio; y desde nuestra posición aguardábamos expectantes. Ver que se fijaban en uno y revoleaban el trofeo en nuestra dirección, y caía más o menos cerca, pero entre las matas de paja brava, y había que encontrarla, a veces disputándola fieramente con el chico vecino; y otras veces con la poca luz del ocaso, se terminaban perdiendo y proseguíamos la búsqueda al día siguiente. No era seguro que la caña nos esperara, quizás el ocasional vecino nos habría madrugado.

V

Justo enfrente, cruzando la vía, había una pequeña franja de monte. Un montecito. No tendría más de media cuadra de ancho, y una cuadra de largo. Pero tenía todos los tonos de verde, y bastaba para que a nosotros nos pareciera una selva virgen, inhóspita, y cuajada de peligros...
Aromos, chañares, espinacoronas, arbustos y enredaderas, tunas con sus tentadoras frutas, pero erizadas de púas, cardos con sus varas floridas, insectos que zumbaban, diversos pájaros que anidaban allí, y un sendero bastante sinuoso que lo atravesaba; en una punta una lagunita, donde solíamos sentarnos por horas, con mi hermanito menor, Reinaldo, y a veces algún vecinito, a la sombra de los algarrobos que la bordeaban y hacíamos que pescábamos tirando los "bogueritos" entre los juncos , mientras observábamos las ranas o los sapitos, y los caracoles y los rojos racimos de huevos pegados a las pajas sobre la línea del agua.
Nunca la he visto seca a la pequeña laguna, ni en tiempos de sequías, y eso que no era más que un charco. Hoy me parece increíble, pero entonces hasta contemplaba hipnotizado las larvas de los mosquitos que tras la lluvia pululaban en la superficie, y minúsculas arañas que tejían redes entre las ramitas de la orilla.
Llegar al montecito, entrar en él bastaba para convertirnos en legendarios exploradores, arrojados cazadores, o valientes e intrépidos personajes como el mismísimo Tarzán de los monos... Como tenía inventiva fabriqué una pequeña ballesta, con su travesa, su tensor, su gatillo; y con unas afiladas varillitas metálicas como flechas.
Eufórico, tras comprobar su funcionamiento y su eficacia, me fui al monte, a la jungla, en busca de aventuras... Buscaba una pequeña pieza de caza, quizás algo peligroso, algo que valiera un tiro de mi portentosa ballesta... Tras moverme con cautela , despacio y sin ruido, al acecho, por más que estuve quieto largo rato, no he visto nada que se moviera; a no ser una rana verde que saltó entre las ramas de un árbol bajo y no dudé, casi diría que fue sin querer, disparé la flecha-varilla y la rana quedó atravesada, ensartada entre las ramas.-
Me quedé duro.
Si le tenía repugnancia a las ranas y a los sapos, al menos vivos los veía sólo un instante y a cierta distancia; pero ahora tendría que arrimarme y recuperar la flecha, pese a todo no estaba dispuesto a perder una de mis valiosas varillas de metal con un filo tan trabajado, no; para nada. Así que formé de tripas corazón y lo hice, me sobrepuse al asco, tomé al pobre batracio muerto y le saqué la flecha, y allí terminó la cacería, y con el estómago revuelto volví a casa. Nunca volví a tirar ni al blanco con el artefacto, y no supe decir en casa, porque no probé bocado en la mesa, ese día al menos.-

VI

El puente de la vía me queda al oeste. Solíamos venir por varios motivos. Indudablemente tenía su magia. Uno era la pesca. Y de tanto en tanto sacábamos alguna pequeña tararira, tanto para dejarnos con ganas. Si bien bajo el puente siempre había agua, y era bastante honda, no era más que un zanjón, que provenía de una cañada de las cercanías y que solo traía agua cuando llovía, que a su vez volvía a formarse cañada más adelante en el bajo, antes del puente del camino, y así sucesivamente.
Una vez, estando en primer o segundo grado, un compañero, más grande y muy corajudo ya de pequeño, porqué después estando él siempre era el líder de nuestro grupo; me convenció que lo acompañara a la casa de uno de nuestros compañeritos de la escuela que vivía en la zona rural. De ida fuimos por el camino, pero de regreso dispuso que regresáramos cruzando el bajo, a campo traviesa.-
El asunto es que había llovido hacía poco y la cañada tenía agua y si bien corría bastante no parecía honda. Además era como una maraña cruzada de pequeños zanjones y se podían pasar pisando los islotes que formaban. Todo a pequeña escala. Pero a poco era más ancha de lo esperado y más correntosa. Los pequeños canales se hacían difíciles de sortear, y un par de veces caímos y trepamos. Además yo era más chico y se me hacía difícil.
El no hablaba de volver.
Era aguerrido.
Pero sentí realmente miedo y tuvimos momentos difíciles, hasta que finalmente pasamos lo peor, terminamos volviendo a casa, mojados y temblando. No sé a él, porque era muy corajudo, pero a mí no se me borró nunca el miedo que pasamos aquel día.

VII

Ir por la vía hacia el puente era de por sí un paseo.
Tratábamos de caminar haciendo equilibrio por los rieles y pisar sólo de tanto en tanto el suelo para mantenerse, ya que los durmientes hacían desparejo el piso, además llevaba una zanja de desagüe cada dos durmientes a un lado y a otro alternativamente. Por lo que caminar requería atención y un paso coordinado.
Aunque para nosotros era un juego.
A la izquierda había un viejo aserradero, con una playa llena de grandes troncos, o piezas de madera, que llegaba hasta el borde de la vía. A la derecha había una excavación profunda, de donde sacaban tierra arcillosa para la ladrillería. Esta era la misma que correspondía a la casona de los grandes eucaliptos. Era frecuente que aquí viniéramos a bañarnos en los días de calor, especialmente a la siesta.
Todos sentíamos temor a que llegara la gente de la ladrillería, aunque estaba la cava al borde de la vía y además no hacíamos ningún daño. Nos bañábamos desnudos, y sabiendo lo vulnerables que quedábamos, dejábamos la ropa muy a mano, aunque salir del agua no era fácil ya que era barrancoso y la arcilla de por sí resbalosa.
En una de esas, en lo mejor del baño refrescante, sentimos el galopar de caballos y un griterío que asustaba. Verlos y tenerlos encima fue todo uno. Cada cual salió como pudo manoteando la ropa y cruzando el alambrado, y por las dudas correr a más no poder...
Nos vestíamos mientras corríamos. Tampoco era para tanto. Ellos no habrían estado más que divirtiéndose, pero nadie se quedó a averiguarlo. Había un chico nuevo en el grupo. Siempre estaba muy bien vestido.
Cuando todos nos juntamos en el paso a nivel él aún estaba desnudo con las ropas en la mano, temblaba de miedo, además había dejado el sombrero al borde del agua, y decía llorando que no podía volver a la casa sin el preciado sombrero. ¿Volver a buscarlo?... - ¡Ni locos!,- y el grupo se disolvió mientras él aún no lograba vestirse...
Quedé con él, y él allí firme, temblando; encima yo lo había invitado...
- ¡Bueno, vamos! – dije en un arrebato cargado de súbito coraje…
Y nos volvimos los dos solos. ¡Además los ladrilleros no iban a estar allí esperándonos! La verdad es que no podíamos estar seguros si se habían ido, porque el borde de la cava tenía una zona de arbustos, que nos impedía ver hasta que la trasponíamos, y ahí ya estaríamos adentro...
Pero sí, media docena de chicos y no tan chicos, estaban con sus caballos aún allí. Nos quedamos un momento duros, luego usé mi salvoconducto, que esperaba me sirviera: Yo era conocido de ellos, al menos de algunos. Así que me animé y les mostré el sombrero en el suelo, y le dije que era de mi amigo, y que veníamos a buscarlo.
No hicieron gran cosa, así que alcé el sombrero, los saludé con el sombrero mismo, y rápidamente me volví alcanzando a mi compañero, que ya se me había adelantado bastante, y estaba en medio de la vía; y aliviado, me vine riendo porqué yo creía, que no teníamos que haber disparado de ese modo.-
Al fin me había portado como un pequeño y valiente quijote.

VIII

Más adelante había sendas ladrillerías a ambos lados, y aún más adelante el puente. El puente era de hierro, y ladrillos, de cuando hicieron el ferrocarril. A veces veníamos a bañarnos, aunque yo siempre conseguí zafar porqué me daba miedo. Otras a pescar. O solamente a divertirnos. Pero el lugar era fascinante. El terraplén bajaba en un declive abrupto, con tortuosos caminitos que bajábamos a trompicones, entre tupidas matas y verdes plantas de ombúes nudosos.
A los costados había chacras sembradas.
Una siesta de domingo, muy calurosa, mientras el pueblo quieto y somnoliento, descansaba de los sudorosos días de la semana; nosotros, media docena de compañeros, llegábamos una vez más de excursión al puente. A lo lejos, un horizonte azulado y difuso, que el calor hacía reverberar, se veía como a través de un cristal ondulado y movedizo; mientras el silencio que nos envolvía contenía un mundo de pequeños zumbidos, chirridos y silbidos, propios del verano y de la hora, en que imperaban las chicharras y los pequeños insectos.
Nos sentíamos felices por estar allí; libres, aventureros, ansiosos…
Unos bajaron del terraplén antes del puente, y otros lo traspasamos, bajando al otro lado de la ancha y lagunosa poza, repartiéndonos así las orillas de pesca.
El más corajudo lideraba como siempre las acciones. Atento por encontrar en qué demostrar su liderazgo, además de tener una inclinación a vencer obstáculos o pequeños peligros.
Se le ocurrió venir a nuestra orilla, atravesando el estrecho pero profundo curso de agua que bajaba a la cañada; sosteniéndose sobre el alambrado, aunque faltaba algún poste, y los hilos sólo unidos por las varillas, se balanceaban peligrosamente a medida que avanzaba. Llegado a la mitad, el alambrado se volcó aún más, haciéndole casi tocar la espalda en el agua, lo que lo obligó a apoyarse pisando un trozo de tronco medio podrido, que flotaba junto a camalotes y deshechos, y la correntada empujaba, manteniéndolo contra lo que quedaba del inestable tendido…
El tronco, que era en parte hueco, se hundió en la punta que pisaba, y de la otra comenzaron a salir víboras en cantidad, tan asustadas como él, subiendo a los camalotes y palos, y otras nadaron zigzagueantes buscando la costa más cercana.
Gritamos o saltamos, y corrimos, no recuerdo bien. Sé que después nos organizamos y entre todos lo ayudamos a salir.
Era el precio que a veces le tocaba pagar.

IX

A veces cuando no tenía clases y en casa me permitían, llevaba a mi hermano menor a que me acompañara. Una mañana de sol pero con mucho viento, volvíamos a casa ya cerca del mediodía, embelesados con el ondular de las cañas y el silbido de las ramas, con los mechones de hojas flameando hacia el sur, por efectos del fuerte viento norte.
Un silbido me pareció más fuerte y me volví, justo a tiempo para ver casi encima nuestro, la tremenda mole de la locomotora del tren de pasajeros, que nos pitaba seguramente desde hacía rato, resoplando vapor y humo negro. Empujé a mi hermano violentamente a un costado, y yo alcancé a saltar al otro, y desde el suelo vimos pasar a un metro, semejante monstruo, con su diabólico movimiento de cigüeñales y de bielas, entre quejidos y bufidos de horrenda bestia metálica.- Sentados vimos como se alejaba el último vagón, en una humareda y pitidos anunciando como siempre, que estaba llegando una vez más.
No hablamos en todo el camino, y el susto no se nos iba por mucho tiempo. No podíamos creer de lo que nos habíamos salvado. De esto ni una palabra en casa, no sea que nos merme el permiso para volver otro día.

X

De todo esto me voy acordando mientras camino lentamente por la vía, o lo que queda de ella, mirando absorto el piso, los desagües borrados, los rieles semiocultos en el yuyo, los durmientes que sólo asoman alguna esquina de tanto en tanto, me paro antes de llegar al puente, me acuerdo de la excavación y me cuesta encontrar el lugar donde estaría; una irregularidad del terreno, con las barrancas borradas y cubierta de chañares, todo el terreno aledaño cubierto de ramas, en un verdadero abandono. Por aquí más o menos habrá sido, cuando el tren casi nos atropella.
Me siento un rato y sueño.
Cuando me incorporo veo semi-enterrada contra el borde de un durmiente, una bolita de vidrio de colores, un "bochón", como le decíamos entonces..., y no sé si en serio o en broma, me parece igual al que mi hermano siempre llevada, en el bolsillo de su pequeño "jardinero". - ¿Puede ser? ¡Claro que no! ¡A quién se le ocurre! - Encontrar una bolita así de aquel tiempo, así sin más...
Pero no sé, me quedo pensando en eso, y por las dudas, guardo muy bien el bochón colorido de vidrio, y me pregunto: - Pero; ¿Y ahora, habrá bolitas así?-
Un poco más y llego al puente.
Sigue estando, incluso tiene agua, pero no están los ombúes y un ramerío de espinas cubre los costados del terraplén.- Espinas y cardos y rameríos enmarañados, después de dos o más décadas de abandono.-
No es más que una ruina, nada que ver con aquello.

*de CELSO H. AGRETTI. celsoagr@trcnet.com.ar
Avellaneda S.Fe
19 /12 /02

-NOTA: Escrito en una tarde calurosa.-
Del libro "Los días felices", edición del autor; 2005.

*

Un gallo invisible hechiza
el alba inconclusa.
Los sueños aún
hilan la gracia
de la noche.
Es la hora
en que tú aliento
roza mi sueño
y lo multiplica
en una avenida
de espejos.

*de SANTIAGO BAO. santinebao@gesell.com.ar
-Selección de "Cantos del río del Este"
Editorial La luna que..., Bs.As., abril de 2009.-

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14/05/2009 GMT 1

edición mayo 2009

urbanopowell @ 00:41

*

Como un perro con la cola entre las patas. Con el maquillaje corrido por las lágrimas.
La bronca reprimida de impotencia, gruñía entre los dientes apretujados por su silencio.
No se animaba a compartir su dolor, tenía tanto miedo que no la quisieran tal como era.
Fumigaba con pesticidas sus afectos más puros. No era tan noble ni tan simpática como presumía. Su valentía era la coraza para ser aceptada.
En la inmensidad de la noche, sobrellevaba tediosamente su verdad.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Mi corazón arrulla viejas canciones*

Mi corazón arrulla viejas canciones.
Ronronea con ellas, se sumerge.
Descubre.

Veo pasar a una niña con sus juegos a cuestas.
Pasa un hombre cargado de años
con historias por contar.
Pasan jóvenes haciéndose arrumacos
celebrándose el uno al otro.
Pasa un albañil con su casco amarillo
y sus manos ásperas.
Pasa un estudiante enarbolando ideas
levando sueños.
Pasa una madre con su crío
también con sueños en las manos.
Pasa el cuidador de autos
una banda de tambores
un ciclista
alguien, que por allá, cumple años
pasa el oficinista, el legislador,
un funcionario
pasa una mujer levantando miradas
una bandada de siriríes
un perro vagabundo
pasa el vendedor de cosas en ofertas
pasa la luna y, en la autopistas, camiones
el mendigo,
la mujer que duerme en la avenida
una prostituta
los niños que aspiran para matar sus sueños
pasa un colectivo
paso yo entremedio de todos
y me traspasan.

Ronronean viejas canciones en mi corazón.
Se hacen nuevas.
Y celebro.

*De CACHO AGU. cachoagu@yahoo.com.ar

Problemas de sexo*

No tengo tiempo para relacionarme con la gente debido a que mi profesión de escritor me roba todas las horas del día y algunas veces incluso algunas de la noche.

Mi vida sexual no existe. Hace un par de meses que me siento deprimido y triste. Recorrí un largo "vía crucis" de médicos que me hicieron todo tipo de pruebas encontrándome en perfecto estado de salud, por lo que dedujeron que podía padecer tener enfermedad psicosomática. Visité un par de psicólogos y fue un fracaso. Iba a abandonar los intentos por mejorar mi condición, cuando gracias por la insistencia de un buen amigo consentí en visitar a un psiquiatra. Fue un verdadero acierto.

Desde la primera visita me sentí comprendido y en buenas manos. El médico me escuchaba con gran atención y a mí no me costaba mostrarme sin ambages. Esperé ansiosamente el diagnóstico durante un mes. Al final, me lo dijo: "Sufre usted el Síndrome del escritor compulsivo. Una enfermedad muy difícil de curar".

Quedó claro que el médico era todo un profesional y me lo demostró con el tratamiento que me recomendó. Era simple: sólo debía escribir tres cuentos onanistas a la semana con el fin de disfrutar de una excelente vida sexual.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

*

Me roza en la cintura del sueño
en el hombro del cansancio

uno que insinúa la necesidad de la esperanza

su ilusión me acobarda
en el cruce de las ganas
con la mala memoria

en la bifurcación del ansia
con la arruga

en el cuerpo que se averguenza
frente a los espejos

desde hace mucho

demasiado

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com
www.tallerliterariomarthavaliente.blogspot.com

Muerte Blanca*

De los tantos efectos
Que la contaminación de la ciudad provoca,
En particular hay uno
De lo más frecuente:

Algunas estrellas
Que bajan más de lo debido a asomarse,
Caen envueltas en la contaminación.

A causa de ésta les salen patitas
Y se aferran fuertemente
A las hojas de los árboles
Y son arrancadas cuando el viento arrecia.

Pasear por debajo de un árbol
Supone el riesgo
De la caída de una estrella en la cabeza,
Como si fueran azotadores
Que se agarran y se resbalan,
Y son aplastados con regular pasión.

Las estrellas:
Tan pequeñitas allá arriba
Y tan diminutas acá abajo,
Que igual nos da si brillan o si hacen cosquillas.

Ésta condenada contaminación,
Con su plomo y sus partículas suspendidas
Es la que ayuda prioritariamente
A la extinción de las estrellas:
Mientras más contaminación,
Más estrellas con patitas que caen;
Y a más estrellas con patitas,
Más estrellas aplastadas por un pie.

¿Qué irá a ser de ésta ciudad tan contaminada
Que no nos deja saber de dónde venimos
Ni a dónde avanzamos,
O si caminamos a un árbol
A recolectar animalitos en un frasco?

El tiempo no da respuestas
Ni da manzanas podridas
Para hacerlas composta.

Tampoco es cierto eso de que "El Tiempo lo Dirá"
Porque desde pequeño (algunos segundos de edad)
Trae la boca llena de metales pesados,
Y así: ¿Qué nos puede decir?

*de hugo ivan cruz rosas. quetzal.hi@gmail.com

LOS PERROS DEL MIEDO*

Sin anunciarse.
Nuevamente, han llegado los perros del miedo.
En sangrientas jaurías

Ya no temo.
Son parte de mis antiguas criptas.
Escamas sobre escamas.
Los conozco, los acepto.
Como los excrementos y las moscas.
Como las pesadillas y los piojos.
Como los mocos y el hedor.

Huésped de burdeles celestiales
Hambre y uvas de amatista
Velo blanco, país inmaculado de la misoginia.
Onan, Don Juan, Edipo, Maquiavelo.
El niño lleva ambos ojos vendados.
Danza de psicotrópicos. Sodoma. Príapo

¿Como he de temer, entonces?
¿Cómo temer?
¿Las sangrientas jaurías de los miedos?

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

*

Lluvia emplumada

salgo a recorrer mis penas
con patitas de gorrión que juega a la escondida

alguien grita piedra libre

por los perfiles largos del ayer
ella salta a la rayuela

el cielo es un cuadrado de tiza que no alcanza

medias de lana en el tobillo flaco

mi pasado tenía un aliento sibilante
y dos pulmones tristes

llueven pájaros muertos

habrá que dejar de jugar
o pedir cartas

un mazo nuevecito

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com
www.tallerliterariomarthavaliente.blogspot.com

*

Abro la ventana al rocío del pensamiento
y la mañana alumbra en tu risa tanto pájaro
el sol en la zamba con poema fresco
Mientras
el calor ausenta pañuelos
en la misma tierra sin horizontes
tanto campanario
tanto en tanta vida de trino
dentro de tu boca quedo

*de ricardo mastrizzo.

SANGRE DE LLUVIA*

Amo la lluvia. Enamorada de la lluvia. Soy.
En tiempos de vendimia, sabor a rocío tempranillo.
Me viene desde lejos este amor...
La he visto crecer desde las terrenales nubes.
Desde la pasión cosecha de mis padres. Tan breve. Tan violenta.
De mis manos descalzas.
De los gastados espejos de los charcos.
Desde la lágrima a detenida en mi frente.
Desde el vaso y la siesta.
A veces asemeja un hastío, un rostro repetido.
Sangre de una culebra que la anuncia.
Relámpagos iluminando los tristes palos santos.
Estruendos parados en los postes.
Alguna vez no llega.
Se aleja en pasos furtivos con los álamos.
Otras, cae en los techos de chapa, se posa en el vidrio sin ventana,
Baja las pendientes de barro.
Besa los pies al niño que no ve la luna.
Camina hasta llegar a los villorrios fundados a la vera del río.
En los rieles. El tren se va con ella. El hambre queda.
Capa pluvial que se evapora.
Amores y risas en enero.
Crueles vestiduras del invierno.
Desborde.
Quiere parar su caminar de agua y no puede.

Roca y valle. Paraíso e infierno.
Enamorada. Enamorada de la lluvia.

Lluvia. Yo, sangre de lluvia
No encuentra, aún, el legendario grial que la contenga.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

LOS JAZMINES DE IDEA VILARIÑO*

*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

Ha muerto Idea Vilariño. Antes de que apareciera en los medios, recibí un correo del amigo Carlos Quetglas, quien tenía contacto con ella y la visitaba.
El 18 de agosto iba a cumplir ochenta y nueve años.
Aunque no soy proclive al donativo exagerado con que se prodigan hoy las valoraciones y las exégesis, no creo equivocarme si digo que se ha apagado una de las voces más originales y auténticamente libres, con un dejo de rebeldía y un mucho de la ética de otros tiempos y agrego: que su voz será irrepetible.
Metafísica para algunos críticos, escéptica para otros, lo cierto es que su poesía pasó como una brasa ardiendo sobre el derrengado panorama de la poesía de América Latina, muertos ya sus principales referentes. Fue sin lugar a dudas una poesía escrita sin concesiones, porque así era ella.
La conducta de toda su vida fue así.
Escribiere ya sus lúcidos ensayos (sobre Juan Parra del Riego, sobre Julio Herrera y Reissig, o esa certera vivisección: ”Conocimiento de Darío”) o esos pocos poemas que fue desgranando con poca usura, retaceados en sus mismos lectores que la seguían con auténtico fervor, porque esas letras se leían como si fueran la palabra revelada: “como si no fuese literatura” afirma la crítica uruguaya Ana Inés Larre Borges.
En Idea Vilariño se cumplen varios destinos, que es uno; su inclaudicable postura por la libertad adonde fueron incluidos los excluidos de siempre, si se me permite el juego de palabras; la lucha antiimperialista –Corea, Vietnam, Argelia- la lucha sorda y cotidiana de pelear por un lugar para su condición de mujer en un mundo de hombres, donde sus compañeros de ruta, sus amigos de la “generación del cuarenta y cinco” o de la “generación crítica” para otros, le dieron un lugar (merecidísimo después de todo). Ellos –Mario Benedetti, Ángel Rama, Mario Arregui, Manuel Claps, Emir Rodríguez Monegal, Carlos Maggi, José Pedro Díaz, Carlos Real de Azúa. También se los llamó “la generación de los parricidas”, o de “Marcha” porque todos publicaron en esa magnífica revista que dirigió Carlos Quijano. Hasta que la dictadura uruguaya la clausuró en el año 1974, tras el escándalo del premio otorgado al escritor Nelson Marra y que devino en la cárcel para él, el director de la publicación, el jefe de redacción y el jurado: Mercedes Rein y Juan Carlos Onetti. Se salvó de las rejas Jorge Rufinelli porque se había ausentado del país. Iban acompañando los espacios de poder: al periodismo, la cátedra universitaria y de los Institutos, y desde allí enjuiciaron a la generación anterior por razones literarias y aún políticas, encontrando su falta de compromiso, acreditando también por su condición masculina.
Ella fue docente, gremialista en su sindicato, traductora, crítica, una estudiosa de la conformación del verso, estudio la tonalidad, la retórica y la métrica.
También se interesó por la copla española anónima y tiene un enjundioso estudio sobre las letras del tango.
Fue, a no dudarlo, una auténtica intelectual de la modernidad que llegó a la vanguardia pero que siempre se reconoció con su deuda con la apuesta del gran Rubén Darío y su estudio impecable, profundo y lúcido sobre el nicaragüense pide a gritos su reedición.
Idea Vilariño, de 27 años, entonces, escribe un furibundo artículo contra la poesía que se escribe en ese momento en el Río de la Plata, y que según ella “una pobre poesía provinciana, sin originalidad, sin fuerza, (que) vegeta sin que aparezca para vivificarla ningún poeta verdadero, ningún intenso, ningún nuevo, ningún desesperado, ningún revolucionario. Nadie tiene mensaje. Los mayores no nos sirven de nada, los jóvenes se limitan a registrar sus personales vivencias mezquinas, insulsas, manidas, literarias. Es exactamente la poesía correspondiente a este período tibiamente burgués burocrático y de cultura media”. Veintisiete años, la edad en que murió Delmira Agustini. Y ella, Idea, está llena de pasión, como que la acompañó toda su vida.
La decisión de militar en política la lleva en el año 1971 a adherir al Frente Amplio, que terminará con el bipartidismo en la política uruguaya.
Es la época de sus canciones de su famoso “Cielito Oriental” que cantarán Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa. En la mejor línea de su compatriota Bartolomé Hidalgo que inventó el “cielito” en 1811. El cielito y la literatura gauchesca.
Irá luego concentrando su poesía en tres títulos: “Nocturnos”, “Poemas de Amor” y “Pobre mundo”.
Pero aún irán saliendo sus poemas que se agregan a estas tres líneas.
En 1981, agregará los poemas del libro “No”.
La negatividad, el escepticismo y el hastío se verán un poco reivindicados en “Pobre mundo” porque al ser, esos poemas, temáticamente “políticos” no puede no abrigar esperanzas frente a un enemigo tan inmenso como es el “imperialismo yanqui”.
Aquí aparecerá el tema cubano, el Che. Viajará a Cuba a dar la conferencia sobre métrica y ritmo, sobre Darío. Allí le editaran una antología “Nocturnos del pobre amor” donde se reúnen poemas de estos cuatros libros nombrados.
Viajó a España, a Méjico, a Perú, a E.E.U.U. y a Alemania, también a París. En todos esos lugares fue publicando selecciones de sus libros, traducidos en el caso que la lengua del país lo requiera.
Su labor de traductora que-junto a su tarea de profesora en los Colegios, Liceos e Institutos de Montevideo- la acompañó toda su vida y le permitió engrosar sus ingresos para sumar a la jubilación docente.
Tradujo a Shakespeare para Losada de Buenos Aires, y a William Hudson para una editorial montevideana.
Su lucha fue la lucha de una mujer íntegra, inteligente y honesta.
Todavía no somos conscientes de la pérdida que tuvo América entre sus artistas, todavía no tomamos conciencia de esta pérdida que nos torna miserables, nos deja a la intemperie porque su grandeza es imposible de reemplazar.
Ella había escrito con esa certeza imborrable: ”Un poema es un franco hecho sonoro-sonidos, timbres, estructuras, ritmos-. O no es” .
Deberían leerlo y entenderlo y aplicarlo todos los desvergonzados e ignorantes que pueblan el espectro de la poesía que se escribe hoy en estas tierras. Salvo alguna solitaria excepción.
Deberían tal vez leer este poema: “que puedo decir/ ya/que no haya sido dicho.
Qué puede decir nadie/que no haya/sido dicho/cantado escrito/antes/ a callar/a callarse”
En algún momento quise tentarla para que participara en el Festival Internacional de Poesía que se realiza en nuestra ciudad desde hace quince años.
“Guardo en alguna parte –me dice- una generosa nota suya aparecida hace tiempo en alguna revista ¿cómo es que no tengo un libro suyo?
Lo siento pero no creo que vaya a Rosario ni a ninguna parte.(…)
Pero siempre quise ir a Rosario. Todo lo que sé que de allí me gusta. Tengo la idea de que nos parecemos; y además se consigue allí un jazmín que es mi perfume y que ya no se consigue en ninguna parte del Mundo”.
Con su muerte la poesía del Continente pierde a una de sus figuras más importantes, parafraseando a Borges puedo decir que desde el martes 28 de abril de 2009 “somos más pobres”
Yo agregaría sin vacilar: infinitamente más pobres.

*

Tantos vestidos amarillos
Y tantos vientres de luna.
Tanto ángel con su polen
y yo
como el Hidalgo triste de tu libro...

Vibro sereno entre tanto nacimiento
Y emigro de nuevo a la vida

*de ricardo mastrizzo.

EN SILENCIO*

Siento hambre de silencio,
sin brisas,
sin roces de hojas,
sin chillar de grillos
ni croar de ranas.
Que por un momento
todo se detenga,
se diluya en nada.
En esa caverna
hablará mi sangre
y muy lentamente
contará hazañas.
¡Fueron tantos viajes
en el tren del tiempo
y tantos recuerdos
nutriendo memorias!

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

PEDACITOS DE CIELO*

¿Viste el cielo?
¿Viste cómo el celeste y el azul y el rosa, cómo el blanco, cómo las nubes? ¿Viste las nubes?
¿Viste el mar que corre invertido, esa liquidez de los mediodías, esa lejanía y esas nubecitas que de pronto te bajan el techo antes tan imposible? ¿Viste la luz de fuego, el sol naranja, las capas atravesadas por rayos incandescentes? ¿De veras que vos también viste el cielo? ¿Los borreguitos amontonados, los jirones desgarrados de tules evanescentes, los colores? ¿Viste los colores?
Y las nenas en la terraza. De las nenas en la terraza me contó Rodolfo, esas no las vimos.
Dos nenas en la terraza, magia con palitos, varitas de hadas ingenuas. Haditas pequeñas, hadas.
Dos nenas y una terraza y el cielo perfecto.
Arriba las nubes de algodón, de lirios blancos, nubes de difuso sueño de anémona, nubes de nubes. Nubes sobre fondo de atardecer y en contraste las figuritas bailarinas de las nenas en la terraza.
Las dos niñas. Manos en el aire, manos que trazan círculos que perduran apenas un momento como giro, como rueda invisible, como hechizo en el aire. Palitos, varitas en las manos tiernas.
A las nenas les gustaría comer el mágico algodón de azúcar que venden en ferias y circos. Ellas quieren el algodón de azúcar, y les han dicho que están hechos con pedacitos de cielo. Y entonces ahí están, en la terraza, probando a enredar el cielo en las varitas.
Las nenas giran sus palitos batiendo el aire, giran sus palitos, giran ellas con esperanza, con fe, con los bracitos redondos giran sus varitas para atrapar trocitos de cielo.
Vos sabés, claro. Sabemos que es así, que no hay otra manera. Las nenas atrapan en la terraza recuerdos para el después, cuando lleguen los inviernos del desamparo, los otoños de la melancolía. Las nenas atrapan recuerdos de belleza, danza de aves, sensaciones limpias para esa vida que se les viene. Atrapan felicidades para cuando el algodón de azúcar ya no sea un manjar. Para cuando ya no crean en magias ni en imposibles realizados. Para cuando sepan los cómos y los cuándos pero nunca los por qués.
Y las nenas atraparon, para siempre, al cielo roa, al cielo blanco, azul, celeste. Y se lo metieron dentro como si se lo comieran.
¿Viste el cielo?

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

SINFONÍA DEL DESGARRO*

“Ah, juntar la hoguera de hielo
con el espíritu que la pensó”
ANTONIN ARTAUD

“Dúo dinámico” “Tu, vacilándome”

Esta es la sinfonía del desgarro en do mayor
Hay un pájaro ciego -tan amado-
Posado
En la rama más alta del olvido.
Es la lucha entre la profecía y la parábola
Es la boca vacía y hambrienta.
Sueño recién nacido de algodón.

El temor trizado de la noche
Resiste, desesperadamente.

Un paisaje de aullidos lo acompaña.
Un muro quieto atérmico y dormido,
Un yunque, un martillo.
Y una manta hierba.
Color resurrección.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

La subasta*

En la sala se habían reunido, además de los anticuarios habituales, toda una fauna variopinta de señoras de la alta sociedad, médicos, periodistas, marchantes, psicólogos y curiosos varios que llenaban completamente aquel local de altos techos y pesados cortinajes que, sin duda, estaban colgados a posta para darle más seriedad y empaque.

La subasta de un cerebro había sido la noticia que había corrido por toda la ciudad y nada más anunciarse la fecha del acto, la reserva de sillas se agotó en una sola tarde.

Después de la subasta de diferentes cuadros, un par de alacenas con dos siglos de antigüedad y una cubertería completa de 76 piezas, el subastador, con su traje negro y mirada profesional, anunció en tono monocorde y desprovisto de asombro el siguiente objeto:

- El próximo objeto es un cerebro en buen estado, que está un poco influenciado por la televisión y ha sido lector esporádico de periódicos. No está maleado y aún se emociona ante los estímulos amorosos y culinarios. Siente piedad por los animales maltratados y no es agresivo ni aficionado compulsivo a los deportes. A pesar de que tiene algunas neuronas deterioradas, su comprensión no ha mermado demasiado y sus defectos en el habla son ocasionales. Tiene un principio de autismo que lo hace calmado y tranquilo. Prácticamente comprende todo lo que se le dice y es obediente y afable. ¡Señores, hagan sus ofertas!

La condesa, sentada en la primera fila, efectuó una puja que asombró al resto de los asistentes. Mientras el subastador confirmaba la venta y aun resonaba el "a la una, a las dos y a las tres, ¡adjudicado a la señora de la primera fila!" la condesa no se arrepentía del alto precio pagado. Había comprado el cerebro para su hijo. Tenía muy claro que sería un poco más tonto y posiblemente menos educado, pero al menos no volvería a matar.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

CLÍMAX*

“Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente
esta pureza en que ando por impuro”
JUAN GELMAN

Carne inmortal. Fuente de mar.
Clímax en ánfora cautiva.
Esplendor en las cumbres.
Deseo impuro.
Herencia del oriente.
Fogonazo azul amatista, gigantesco.

Cruza la paz de los sepulcros.
Desempolva las cruces.
Enciende lápidas
Vuela.
Mece sabor palmeras sed.

Exorcismo. Sándalo y caoba.
Hálito del monte. Olfato de hombre.
La inocencia cabalga en la frente de mujer desnuda.
El arco del cielo es un estambre.
La gruta se incendia y arde de pasión.

El duraznero ha de florecer de nuevo ese verano.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Pensamientos*

Uno de los entretenimientos del hombre
ha sido borrar civilizaciones

***

Cada uno es como le hizo Dios,
pero en el curso de su vida pone de su parte
lo suficiente como para ser mucho peor.

***

No me gustan nada las reglas,
me divorcié a los 28 dias de la boda.

***

Si hay que hacer un minuto de silencio
¿porque nadie se mueve?

***

Amar y que te amen, es lo primero
lo segundo y lo tercero.

***

Seré feliz si me muero
sin haberlo deseado.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

ROSAS, HASTA MORIR*

No, no venía sola.

La acompañaban crepúsculos.

Palomas desoladas.

Portones, esquinas y arboledas.

Nos juntamos una tarde presurosa de verano.

Por fuera sonreía.

Por dentro, uva morada triste

Ella iba Yo, venía.

Tomó una copa y la llenó con preguntas secretas.

Mis preguntas secretas.

Rosa salmón oscura .Rosada pena negra.

Enumeró las hojas de su vida.

Eran, también las mías.

Algunas invertidas.

Risa sal cenicienta mojó su servilleta.

Llanto de calabaza secó la mía.

Los mismos sayos: la congoja y la risa.

La mentira, la honra, la comedia feliz.

Despedida. El adiós. Hasta siempre.

No brazos. No abrazos. No padre.

Padre nuestro que estás en los cielos.

Le dije que los perros ladran a la luna.

Que el café huele a tibieza.

Que mirara en la mesa, esperando.

Una paloma con un anillo de oro.

Un canasto de paja.

Y un olor de rosas que se funde en los huesos.

Que se funde en la savia. En la sabia palabra.

Le dije, puedo morir ahora, hasta morir.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

VIRGINIDAD*

Carmencita, la vecina de al lado, tomó la comunión hoy. Ha venido a visitarnos con su vestido blanco que parece un traje de novia.

- ¿Por qué se vistió así la nena, mamá?

La vecinita de al lado lleva en las manos un libro de tapas de nácar, con incrustaciones de piedras. Me regala unas estampitas con imágenes bellas, de seres con círculos resplandecientes alrededor de sus cabezas, dibujadas sobre cartulina de bordes filigranados en oro. Las estampas caen de las manos de Carmencita como joyas, como pequeños milagros. Extasiada frente a ellas, no puedo dejar de contemplarlas, boquiabierta.

Carmen ostenta hoy un brillo diferente en los ojos y tiene las mejillas inflamadas por los pellizcones cariñosos de todas las vecinas.

¡Qué falda tan amplia, tan acampanada! Parece una princesita de cuento cuando camina, rozando la vereda con el ruedo de su vestido. Al cruzar la calle, puedo espiar sus zapatitos también blancos y la media de puntilla. ¡Cuánto encaje, cuánta seda que susurra y alza los vellos de mis brazos cuando intento rozar aquella suntuosidad!

La vecinita de al lado exhibe su vestido de raso cerrado hasta la garganta con botones de perlitas y debajo del cuello, una medalla de oro grabada con su nombre y la fecha del día.

El año pasado, y el anterior, otras nenas vinieron de visita, acaso más bellas, más esplendorosas que Carmencita. El cajón de mi mesa de luz se ha ido llenando de imágenes de hombres con caras sonrosadas y maravillosas y largos cabellos circundados de luz.

- Son santos, m'hijita.

Quiénes son estos santos que acompañan a mis vecinitas? Y por qué los extraen de sus libros de nácar y me los dejan sobre las palmas de las manos con un temblor sobrenatural?

Carmencita, hoy, es como un pájaro iluminado.

- Mamá, yo también quiero casarme con un santo.

*de Martha Valiente puertopegaso@gmail.com

HUMO PERFUMADO*

Bebo sola leche de amarga noche.
Recluida a oquedades.
Oigo desgarrarse la noche en madera
Añoro las vigilias en veleros.
Inmensos mares, cascabeles al alba.
Alas de un pez de greda.
Noche desnuda.
Aguacero burbuja anillo de agua.
El espejo austral no tiene rostro.
El pliegue de la frente es un zanjón abandonado.
Lejos el pueblo, la lámpara y el ladrido del huerto.
Nadie lame mi mano.
Desde las terrazas de la luna interrogo a los astros.
Nadie parece oír.
Hay un sobresalto en el umbral de las mareas.
Un hombre de da vuelta. Tiene rostro de lobo.
En su mirada hay un pájaro tallado.
Me ovillo en su hombro izquierdo.
Y allí descanso.
Bebo leche de cabra.
Lavo mis vestidos. Quedo vestida de agua.
Oigo desgarrarse la noche.
Cubre mi cuerpo en humo perfumado.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Furia de lo vivo*

La carne de las flores cae en racimos

Resbala en el aire

Agujeritos de luz en la mancha verde
Por donde los espías del cielo
Nos dan señales..

La belleza está en lo inesperado.

Una hoja se suelta casi con dolor

Emisario que trae la noticia.

“Los ángeles no existen
son ustedes”

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

UÑAS DE LUTO*

“Con un solo pájaro enjaulado
La libertad está de luto”
PREVERT

Mi pájaro olvidado no despierta.
Uñas de luto cavando soledades.
Nadie ha encontrado tu botella de náufrago

¿Dónde buscar tu origen corazón?
Responden, alas rotas silencio..
Después del vuelo trunco, vacío en las entrañas.

¿Qué hacer con tu futuro sin pasado?
¿Qué hacer con la mazorca híbrida inconclusa?
Fábulas vivientes.

Después del fuego, una nidal con perfume de agua.
Barco gimiente, vuelo de la rosa. Esperanza y espera.
Después de la duda la certeza. Ecuación incompleta de vida
Luna nona, un eclipse. El alba grita
Aleluya
Calendarios trasnochados de amor.
Escribir el hijo, plantar el libro, parir el árbol.
Después del caos, heridas en la piedra… y sangre, mucha sangre
En la boca de la bestia, en la plumas del ave.

¿Dónde irás corazón mío?
¿Quien ha lacerado tu costado musical?
¿Dónde llevarte las amarillas retamas de la abuela?
¿Estarás en el maíz, rosa té, trébol blanco?
¿Te crecerán las uñas, rasguñaras la tierra?
¿Tus cabellos, serán largos filamento de algas?
¿Dónde estás? ¿Dónde? ¿Dónde?

¿Dónde yace el hijo, el libro y el árbol?
Franco, Hitler, Bonaparte
Pinochet, Videla, Galtieri
No importa el nombre.
“No hay muertos solo desaparecidos.”
“Ecce huomo”

Después del delito el castigo
Ego te condeno.
Después de la condena la amnistía
Ego te absolvo.

Escribir el hijo, plantar el libro, parir el árbol
Los gusanos devoran los deudores, no la deuda.
Después del grito de la bala un silencio sonoro.
Después del olvido, sangra
Gota a gota
La memoria en la piedra.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Corazón de oro*

Todos le aconsejaban que se casara con él. Para ellos el tenía un corazón de oro, ella lo sentía un poco frío. Le encantaba el pelo que le caía sobre la frente y sobre todo el del pecho, una curiosa selva. Se casaron. Un día, para sorprenderlo, entró en el estudio sin golpear. En el escritorio estaba el limpia metales, en la mano de él la pequeña gamuza, apenas visible detrás del vello del pecho, el cierre que abierto mostraba el sello dieciocho quilates, bien a la izquierda. Comprendió que lo que no le gustaba de él, era esa siniestra falta de metáfora.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

DERECHOS HUMANOS*

La adrenalina volvía a correr por sus venas, hacía demasiado tiempo que no experimentaba ese goce, el que alguien en algún momento llegó a comparar con el que debe surgir en las entrañas de un verdugo antes de ejecutar a un reo.
Ordenó todo dentro de un bolso sin olvidar la manta ceremonial que protegería su automóvil. Y allá partió, con una sonrisa anticipada en su rostro que por lo general se mostraba inexpresivo.
Al entrar al edificio buscó un lugar cercano al aula donde su amigo Adrián seguramente estaba rindiendo su última materia del doctorado, se sentó en un banco y ocultó disimuladamente su mochila debajo. No tardó en llegar Ricky, también excitado pero algo más nervioso.
- ¿Y Adrián? – preguntó.
- Debe estar adentro, no lo vi, - fue la respuesta rápida de Ismael.
- ¿Trajiste todo?
- Por supuesto, sabes que en eso soy un duque, - y una expresión maligna invadió su rostro.
Los minutos de espera se hicieron largos, Ricky iba y venía inquieto, Ismael sólo miraba su reloj de tanto en tanto hasta que Adrián apareció en la puerta del aula levantando los brazos en gesto triunfal.
Los amigos se le fueron encima a los gritos, todo el que pasaba se unió al festejo, lo tiraron al suelo, lo palmearon, lo sacudieron, Ricky con una tijera le cortó la ropa e Ismael comenzó a embadurnarlo con todo lo que contenía su bolso: huevos, harina, miel y el golpe de gracia, materia fecal de su propia cosecha.
Así lo llevaron en andas hasta la calle, Ismael abrió la puerta del baúl de su coche, cubrió su interior con la manta y allí lo sentaron en exposición. Luego lo pasearon por toda la ciudad alertando a los paseantes con bocinazos para que gozaran de la gran hazaña.
Adrián ya no sonreía, sentía los hechos como un castigo elaborado por monstruos envidiosos que no le podían perdonar haber logrado su éxito.
Así rodaron por calles y calles hasta que de pronto el vehículo se detuvo junto a una de las fuentes de la ciudad.
- Ahora a bañarse, - gritó Ismael y entre él y Ricky lo sacaron del trono y lo arrojaron al agua.
Cuando el cuerpo de Adrián chocó contra el líquido un grito que los amigos no olvidarían fácilmente, estalló en el aire. A partir de ese momento todo fue un caos, la ambulancia, la policía, los peritos, la gente, el dolor.
- El agua estaba electrizada, - fue el diagnóstico de los técnicos, - una falla en la conexión de las luces.
A pesar de eso la policía detuvo a los dos amigos.
Pasaron meses entre audiencias, fiscales, abogados y familiares que acusaban y llorando pedían justicia.
El día del veredicto amaneció radiante, Ismael y Ricky salieron por la puerta central del Palacio de Tribunales con la frase del juez incrustada en sus cerebros: “MUERTE POR ACCIDENTE”.
- ¿Viste? No tuvimos culpa, - comentó Ismael mientras se alejaban del lugar; no hubo auto reproche en su acento, más bien ligereza de análisis.
Ricky caminó a su lado en silencio como si sintiera que lo dicho por el magistrado no lo liberaba de responsabilidad porque su amigo esta muerto.
Caminaron varias cuadras sin hablar, de pronto Ismael se detuvo.
- Ricky, en el centro hay un acto por los derechos humanos. ¿Vamos? Hay que estar presente, los que tienen el poder no pueden disponer como lo han hecho de la vida de los que piensan distinto. Nadie tiene derecho a matar.
Ricky se detuvo y quedó mirando a su amigo que se alejó sin darse cuenta que él ya no lo seguía.

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

*

Llovizna
sobre el espejo del río,
desde la cocina
el pan insiste en nacer
para la desnudez
del vino
y nuestra celebración
simple que teje
la singular trama
de los días.

*de Santiago Bao. santinebao@gesell.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 17 de mayo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del cantautor y arpista ecuatoriano Ramiro Uribe. Las poesías que leeremos pertenecen a Cristina Papaleo Soletzki (Argentina) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

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