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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

Archivo: Julio 2009

27/07/2009 GMT 1

COMO SI NUNCA TE HUBIERAS IDO, COMO SI FUERAS A QUEDARTE...

urbanopowell @ 19:20

Onírica*

Era en el sueño esa reina que obsequia una ciudad …

Es la ciudad de los silencios largos
de las lluvias tenues
la que dilapida sus pánicos
y vértigos
es la ciudad con sus callecitas
sus casas sus parques y
sus puentes
una ciudad en la que los solos
susurran nombres
tiemblan en la intemperie
y es en ella posible encontrarse
para perderse (…relámpago el destino
riesgo).
En la ciudad, la hermosísima ciudad
crecen los barrios en desorden (ventanas abiertas
hacia las estaciones) para pasar sin más
del otoño al
deseo.
Puedes llegar a ella ligero de equipaje
vacío de deberes
tiritando acercarte a sus rescoldos
venir como si soñaras
como si nunca
te hubieras ido como si fueras
a quedarte.

*De Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com

COMO SI NUNCA TE HUBIERAS IDO, COMO SI FUERAS A QUEDARTE...

MIGUEL COMPAÑY*

*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

Al rastrojero con el perro haciendo equilibrio sobre el techo despintado lo vi aparecer apenas dió la vuelta en la esquina donde está la única agencia de autos del pueblo. Esa agencia, prolijamente pintada, con sus autos alineados debajo del cobertizo metálico o alguno de los dos saloncitos vidriados donde se exhiben los autos coloridos y flamantes.
Esa agencia está celosamente atendida por su dueño, que se llama Osvaldo Hugo Croatto. A quien por otro lado conozco desde que empezó a caminar. Ese hombre delgado y simpático es mi amigo.
El rastrojero avanza bajo una canícula de dos mil demonios echando fuego en ese enero donde ni las iguanas se atreven al cruzar la calle. Yo tampoco me atrevo. Estoy protegido por unos sauces eléctricos que plantó la comuna hace años y mal que mal me permite capear los veranos llameantes.
Cuando el rastrojero se acerca y aminora la marcha yo ya se que ese hombre con un gran sombrero de paja que desciende es mi amigo. Lo supe como lo saben todos quién es el conductor de ese extraño vehículo con los restos de la pintura gris triste que tuvo desde su origen, tal vez antes de 1960.
Ese hombre de rostro quemado por el sol de los campos que tiene entre sus dedos un cigarrillo encendido, es mi amigo Miguel.
Mi asombro choca con la decisión de su parte y lo que sigue es el diálogo probable que sostenemos bajo ese sol aplanador de cabezas
-Adonde vas Miguel con este calor…
-Al establecimiento rural –dice irónicamente. Como se refiere a las 20 hectáreas que por herencia paterna trata de hacer producir con su tambo, que hasta hace poco lo hacía manual.
-Y –pregunto atónito- no podes esperar a que el calor amaine.
-Y. no puedo. Tengo que darle agua a los animales.
-Pero pueden esperar, le digo.
Me miró con infinita paciencia de pedagogo y preguntó no exento de ironía.
-Decime Isaías, a vos, un día como hoy, te gusta tomar agua…
-Y, si,
-¿Y cómo te gusta tomarla?
-Y, fresca…
- ¡Ah! Bueno, a los chanchitos también…
Y se volvió a subir al vehículo que hipaba regulando como podía. Sentado y frente al volante, golpeó con una mano el techo, y el perro, que había descendido de allí al parar el dueño, saltó sobre el chasis, sobre el motor caliente y se instaló a su lugar de predilecto vigía.
Antes de entrar lo vi como subía a la ruta con ese hierático can que orondo, todo lo miraba con los ojos más fieles.
Mi amigo Miguel no sólo es sensible y generoso con los animales, aunque el siempre repita que lo siguen los niños, los borrachos los perros.
Tuvo hasta hace poco reparto de leche a domicilio cuyo beneficio económico dependía de la voluntad del cliente. Si no le pagaban, él no cobraba nunca y cuando se le inquiría sobre esa cómoda y ventajera situación de su particular clientela, inmediatamente, replicaba: mientras Miguel Compañy viva, ningún chico de este pueblo se va a quedar sin tomar leche y cerraba toda protesta.
Así es mi amigo Miguel. De su padre, Miguel Rogelio heredó varias pasiones. El radicalismo, el entusiasmo por los colores del Huracán F.B.C., el amor por los animales, el cariño por los caballos de carreras, sólo por verlos correr, la solidaridad por sobre todo otro interés, la amistad de hierro y ese amor acendrado por las cosas del campo y sobre todo si es de otro tiempo, como corresponde a un nostálgico que compite con la memoria férrea de su primo y estoy nombrando a Roberto Escudero, piazzoliano, hincha del Racing Club de Avellaneda y fanático simpatizante del Huracán F.B.C., Globo rojo para todo el mundo.
En esta pasión huracanista, Miguel aporta lo que puede al Club de sus amores, ya que sus magros ingresos de pequeño productor rural, casi la totalidad de sus más que breves hectáreas dedicadas al tambo no le permite distraer todo el dinero que desearía de buena gana para ayudar al Globo a crecer.
Entonces, de vez en cuando dona un cordero, que asa él mismo en el Club y con lo obtenido con esa venta de tarjetas, engrosa un poco más de dinero a las más que flacas arcas del Club.
Cuando se le reprocha esta manía inconveniente para su bolsillo, él replica amoscado:
-Los corderos de Miguel Compañy son para el Club Huracán.
Con enfático desgano “el Nene” Croatto le dice que no, que los corderos son de Miguel y no del Club y él contesta molesto
-Callate vos, si nunca sabés nada.
En esa onda de mal humor responde cuando se le nombra a alguien que no quiere. No es raro que cuando se le pregunte el nombre de pila del perjudicado en su rencor no conteste o diga sobre ese apellido que uno nombra.
-Ese, ni nombre tiene.
Enfático con las cosas del Club, de “su Huracán” que él vive con pasión, sobre cada una de las situaciones de su vida institucional (siempre integra sus comisiones directivas: no importa qué lugar ocupe, siempre será un soldado). Alguna vez sentado o en una mesa se charlaba sobre algunos jugadores que pretendían aumento.
El escuchaba callado.
Todos sabían que no estaba de acuerdo, porque los resultados no se obtenían y porque para él, el Club merecía sacrificios y también alcanzaba a los jugadores en este caso. De pronto, al oír un apellido saltó como si se hubiera sentado en un almohadón de brasas.
-Ese- dijo colérico- hasta por el viático es caro.
Y debo aclarar que al jugador en cuestión sólo lo separaba un hilo de alambrado de la cancha del Club.
Pero se lo tranquilizó, porque justamente estaba en la lista de los que se ofrendaban en sacrificio por los colores del club. Ese, justamente no pretendía aumento.
Mi amigo Miguel heredó las ideas políticas de su padre, el inolvidable “gordo” Compañy, presidente comunal por el voto popular en los años de Illia, radical de pura cepa, “de boina blanca”, repite. Y se jacta que por la chacra de su padre pasó hasta el mismísimo Raúl Alfonsín, antes de llegar a la presidencia de la República.
Cierta vez compartían una mesa con otros amigos y comentó que iba a tener una entrada menos porque un alquiler se le había caído. La de la única casa que alquila, ya que las otras que tiene en su campo las presta a desocupados y pobres.
-Y por qué no vas a cobrar más el alquiler, Miguel –le pregunta “el Nene” Croatto.
-Porque murió el inquilino.
-Y, qué –retruca “el Nene”- la viuda no puede pagar acaso.
-Y qué –salta indignado- ¿no serías tan desalmado de cobrarle alquiler a una viuda?
Y saca nervioso, un cigarrillo del paquete que deja sobre la mesa y lo enciende, con furia, chupa dos pitadas largas, tira el humo hacia el techo y se queda mirando la calle, donde no pasa nadie. Ni un alma comprensiva que lo haga soportar la ignominia de oír a un amigo profiriendo esa infamia.
-¡Cobrarle a una viuda –repite-.Nunca vi a nadie tan salvaje, tan criminal.

LA GOTA DE AGUA*

*De José Pedroni.

Oh gota musical que se separa
de la inmortalidad y oye mi oído
caer continuamente en el olvido
de mi honda penumbra, oh gota clara!

Una estrofilla de infantil dulzura,
sólo en la fuente alguna vez oída,
me ejecuta en el alma la caída
inmaterial de aquella gota pura.

De un agua fresca como cisterna,
mi pozo espiritual colma la gota;
y sin querer tengo una voz remota
y a todas horas la mirada tierna.

Oh gota de agua dulce que te estancas
en mi profundidad, de cuyo hueco
interminable sube un eco
que es como un vuelo de palabras blancas.

Oh gota musical que me deparas
el milagro ideal de tu caída,
cáeme siempre, siempre, que mi vida
vive en el canto de tus notas claras.

*Fuente: http://www.los-poetas.com/e/pedron1.htm#LA%20GOTA%20DE%20AGUA

Lunes, 27 de julio de 2009
ENTREVISTA A SARA ROSENBERG, AUTORA DE LA NOVELA CONTRALUZ
"Yo no sé quién manda sobre la apropiación del lenguaje"*

Exiliada desde 1975, la autora señala que "no se puede escribir sin punto de vista político, social, humano, filosófico, artístico", y que después del vacío de los '90 la escritura puede servir también para recuperar la palabra política.

*Por Silvina Friera

"La poesía sale de las bocas más oscuras, del dolor", dice Griselda Koltan, una actriz de teatro apasionada por Jean Genet, alcohólica con aires de diva, desde el psiquiátrico de Madrid, ciudad en la que se exilió junto con su marido, Jerónimo Larrea, director teatral, para intentar rehacer sus vidas. Jerónimo aparece muerto -se presume que se ha suicidado con una ingesta de barbitúricos, según la autopsia- en la habitación del hotel Astor. Ella habla de secuestro y asesinato, pide que se abra una
investigación; el matrimonio se sentía vigilado por un grupo de tareas que quiere borrar cualquier prueba que los pueda incriminar. La maquinaria del terror sobrevive en democracia y anda al acecho, temiendo que se desmonten algunas de las piezas del engranaje que aceita la impunidad. Lo matan porque
va a testificar, aunque Checo, el traidor que sólo busca sobrevivir, diga que fue un error, que "era un apriete, un trabajo sencillo". El psiquiatra de la actriz, el siniestro doctor Barber, "carcelero eficaz" que busca disimular las apariencias, le diagnostica paranoia. El juez Garzón está procesando a los torturadores y asesinos de la dictadura argentina, aunque en la acción Contraluz (Siruela), de Sara Rosenberg, ese "espectáculo jurídico" apenas sobrevuela por las páginas de la novela. El reparto se
completa con Laura, la hija de Larrea que viaja a Madrid para investigar qué pasó con su padre, y el entrañable Federico, un amigo de la víctima que se define como "comunista y libertario".
Si lo mejor de Buenos Aires es que está llena de gatos callejeros, como dice uno de los personajes de Contraluz, encontrarse con Rosenberg en un café justo enfrente del Botánico parece el escenario ideal. La escritora, dramaturga y pintora, que a mediados de los 70 se exilió en Canadá, México y finalmente en España, donde reside desde 1982, habla con un tono sereno, acompasado de tanto en tanto cuando pronuncia una erre que vibra más allá de los sonidos metálicos de las cucharas y las tazas, como si algunas sílabas evocaran las sonoridades de su Tucumán natal para imponerse ante el concierto desafinado del ambiente. "Las cosas que me afectan, que me tocan, de pronto se encarnan en algún personaje; lo pienso o lo sueño y me siento a escribir", dice la escritora a Página/12. "La dictadura está presente porque los personajes son producto de un tiempo y han tenido una vida. Esta novela está contextualizada en el momento en que se enjuicia a Scilingo. El contexto está porque el tema sigue abierto. No hay clausura posible de la historia mientras haya impunidad", afirma la escritora.
-¿Por qué decidió que una de las protagonistas sea una actriz alcohólica que se desliza por ese andarivel en el que parece que exagera o miente?
-Parece vulgar decir "el loco tiene razón", "el loco sabe", pero decimos y pensamos muchas cosas que si no podemos probarlas como si fueran una fórmula matemática no se escuchan. Me gustan los personajes contradictorios; que siendo una gran actriz las cosas no le vayan muy bien, que siendo una persona que sabe mucho no pueda demostrar lo que sabe. A veces sabemos demasiado y ese saber no necesariamente nos ayuda a vivir. Los personajes de mi novela no son monolíticos, de una sola pieza. Ella es alcohólica porque en Madrid se toma mucho, a ella le gusta el alcohol, no me parece nada extraordinario, sino algo vulgar de la vida cotidiana. Ella elige el tipo de obras que hace. Genet no está tomado al azar; remite a la marginalidad, a esa frontera de lo extranjero, de lo que está en cierta forma en un lugar que no es estable. Todos mis personajes circulan un poco por el margen.
-¿Se propuso rescatar dentro de la novela un teatro más político frente a otras propuestas y estéticas teatrales?
-Sí, con el avance del conservadurismo y el neoliberalismo en los '90, hablar de algo que tuviera contenido, que hiciera referencia a la vida social y política, era como una peste. No se puede escribir sin punto de vista político, social, humano, filosófico, artístico. Forma y contenido jamás han estado separados. Creo que es interesante recuperar el sentido de la palabra política. Siempre digo que Rojo y Negro es una novela política, Stendhal hacía novelas políticas. Las novelas decimonónicas cuentan
historias colectivas, porque lo político es un punto de vista sobre lo colectivo. No hablar de política también es una forma de tomar partido.
Sus manos se aferran a la taza de café; sus ojos iluminados por el sol fulguran como dos esmeraldas manchadas de oro. "Estuve leyendo la prensa argentina en estos días y es aguda la contradicción que se vive en este momento. Hay un movimiento bestial hacia el conservadurismo", dice, mientras los pómulos se tensan. "Justo llegué un poco antes de las elecciones y estuve viendo los resultados con gente amiga. No lo podíamos creer; se está queriendo regresar a los '90 en todo, hasta en los gestos."
-Uno de los personajes de la novela, Federico, se pregunta de qué socialismo se habla en España. El prefiere definirse como "comunista y libertario".
¿Qué opina del planteo que hace este personaje?
-Federico es un personaje que ha vivido la represión franquista, un personaje de la izquierda española que hoy es muy minoritaria. Lo que dice es verdad; España no es socialista, aunque se hayan hecho pequeñísimas reformas y evidentemente no sea la derecha ultramontana la que está gobernando. Cuando se define como comunista y libertario, está diciendo que no es un estalinista. Federico para mí es muy representativo de esos cristales que han quedado sueltos en el mundo de la cultura y del arte.
Algunos acompañan un tiempo los procesos revolucionarios, otros un poquito más, y los imprescindibles casi toda la vida. No se cambia de chaqueta en la mitad.
-Lo interesante es que se reivindica de izquierda cuando esta palabra ya no se la usa en el sentido que lo hace el personaje.
-Yo no sé quién manda sobre la apropiación del lenguaje; a mí me han tildado muchas veces de anacrónica y no me importa para nada (risas). Las palabras tienen dueño, como decía Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo. Y si las palabras tienen dueño, yo quiero ser dueña de mis palabras. Nadie me va a decir cuándo caducan ni el sentido con que las cargo. Aunque la izquierda haya cambiado de contenidos, aunque se haya diversificado muchísimo más el concepto de izquierda y se
haya enriquecido, no sé qué define ciertas cuestiones. El personaje es un hombre de casi sesenta años que ha vivido todas las luchas antifranquistas, que sigue en la lucha y que no quiere perder esa palabra.
-Laura es el personaje que intenta comprender al padre, con el que no ha tenido una buena comunicación. ¿Cuál es el mayor obstáculo que tiene la generación de Laura para comprender a la generación militante?
-Estoy convencida de que el mejor antídoto contra la ignorancia es preguntar e intentar entender para no vivir con prejuicios. Ese es el proceso que hace Laura en la novela, a pesar de su desorientación. Es un personaje que indaga más allá de la edad, de sus problemas afectivos con el padre y del tema del
abandono. Los años oscuros han impedido una transmisión profunda de todo lo que pasó. Walter Benjamin decía que en los campos de batalla durante la Primera Guerra Mundial lo que más lo sorprendía cuando llegaban los soldados era el silencio, la incapacidad de hablar del horror que habían vivido. El horror hace que pierdas la capacidad de simbolizar, de decir, de contar. La literatura y el arte tienen ese espacio tan importante de volver a tirar las bolas en la mesa de billar y dejar que circulen. El miedo de muchos a ser detenidos ocasionaba que no les contaran nada a sus hijos. Esto pasó también durante los cuarenta años de franquismo. La generación que creció durante la Guerra Civil Española fue una generación muerta de miedo porque lo que escuchaba era "cállate", "no se puede preguntar". Cuesta mucho volver a enhebrar el sentido. El trabajo del lenguaje, del pensamiento, consiste en zurcir ciertos huecos.
-Muy al pasar se menciona en la novela a Tucumán y al general, por Bussi.
¿Cómo se lleva con el lugar donde nació?
-Amo y odio a Tucumán alternativamente con mucha rapidez; amo mi montaña, mi río, mi selva, los amigos que me faltan... Siempre sin darme cuenta estoy volviendo literariamente a Tucumán. Fue muy fuerte volver a Tucumán y encontrarme con todas las calles embanderadas con Bussi, que fue votado. No
entendía nada; para mí fue tan terrorífico que me fui rápidamente. Hasta que empecé a reconciliarme y me conecté con gente de la universidad. A los 17 años fui a parar a una cárcel de Tucumán, en 1970. Pasé tres años y medio sin juicio y fui amnistiada por Cámpora. Estaba en una agrupación universitaria y caí presa por un operativo, un robo a un banco. Cuando salí de la cárcel me quedé hasta el '75, pero estaba muy perseguida; empezaron a matar a todos los amnistiados. No tenía cómo sobrevivir. Me salvé porque un poco antes del golpe mi papá me pagó un pasaje a Montreal; después me fui a México porque ya no aguantaba otro invierno, yo soy un alma tropical (risas). De México me fui a España y ya no podía mover más a los chicos por tantos países... Hacíamos todo muy rápido, sentíamos que había poco tiempo y quemábamos etapas. Pero no me arrepiento de nada, fue el tiempo que me tocó vivir.
-¿Cómo reaccionó su familia cuando cayó presa?
-Ay (se agarra la cabeza)... fa-tal, estaba indignada. Mi papá era de una derecha liberal, nunca fue un hombre de izquierda. Era una casa muy tradicional, esa burguesía provinciana conservadora que quiere que sus hijos estudien y punto. Tengo que agradecer mucho a la escuela pública, la escuela Sarmiento, que dependía de la Universidad Nacional de Tucumán, que en su tiempo fue muy de avanzada y que me abrió la cabeza. Esa contradicción entre la apertura de la escuela y el conservadurismo de mi casa me permitió formarme y confrontar. Era natural que cuestionáramos lo heredado y quisiéramos refundar el mundo. Yo no quería vivir ni como mi papá ni como mi mamá, no eran mis modelos. Fue una época de transformación profunda del pensamiento, con un movimiento obrero muy combativo, con un proletariado muy organizado, y se juntó una intelectualidad muy interesante con trabajadores con mucha organización y capacidad. Era imposible ser indiferente a lo que estaba pasando, salvo que te encerraran con llave en tu habitación. Pero siempre está la ventana para saltar y poder escapar (risas). Tucumán se politizó rápidamente y la gente estaba en la calle luchando. No éramos ni excéntricos ni raros; se discutía, leía y pensaba en los cafés. Yo escuchaba a los mayores leer poesía y discutir de marxismo. No había fronteras entre la poesía y la política.
-Un personaje de Contraluz plantea que hubo un momento en que el arte se correspondía con la política, que el artista no estaba divorciado de su tiempo.
-Claro, el artista no estaba en su torrecita, estaba comprometido seriamente. Yo creo que es imposible ser neutral, aunque nos digan que tenemos que ser neutrales y "no meternos en...". Yo apoyo el proceso que está viviendo Venezuela, que me fascina por cómo se está alfabetizando al pueblo. Chávez dice que un pueblo culto puede elegir, y me parece que están haciendo esfuerzos muy válidos. Sigo con mucha atención las transformaciones de Bolivia y Ecuador. Las veo como si fueran luces. Así como toda Europa se está inclinando hacia la región más conservadora y oscura del pensamiento, las luces que nos dan esperanzas están en América latina. Estamos viviendo un momento interesantísimo, de pequeños avances, después de la oscuridad de los noventa, de tanto silencio y chabacanería mental.
En la cárcel escribía muchas veces en la pared o en pequeños papelitos.
Cuando llegó el momento de restablecer su vida, Rosenberg comenzó a pintar.
"Estuve muchos años pintando, montando instalaciones en Canadá, México y España. En el '92 expuse en el Centro Cultural Recoleta, me traje mi exposición en una valijita, todavía estaba Miguel Briante", recuerda sonriendo hasta con los rulos desordenados por los recuerdos. "Ya estaba escribiendo, pero no lo hacía para publicar. Tardé mucho en publicar mi primera novela porque el tema no interesaba. Parece que en los noventa no se podía hablar de los desaparecidos, hasta que conseguí que una editorial se
interesara en publicar Un hilo rojo. Sin abandonar mi parte visual, poco a poco la escritura empezó a devorar mi tiempo. Yo no puedo vivir de la literatura, doy clases y tengo que pagarme el derecho a escribir." Su opción por la escritura dramática, la dramaturgia, le permitió encontrar la forma de juntar lo visual con la palabra. "Escribo teatro, poesía, cuento, novela, pero no puedo abrir más el abanico", bromea Rosenberg, desplegando las palmas de la mano sobre la mesa como si fueran dos abanicos. "Ahora me voy dos meses a Bolivia a trabajar como bibliotecaria por La Paz, Oruro, Santa
Cruz de la Sierra, Cochabamba, Tarija... Quiero escribir un libro sobre las mujeres en Bolivia, un texto novelado en el que aparezcan las voces de las protagonistas. La mejor forma de conocer un país es trabajar", cuenta con el gesto de asombro de quien intuye que aún quedan sorpresas en el camino.

La ficha

Sara Rosenberg nació en Tucumán en 1954. Estudió Bellas Artes hasta que tuvo que exiliarse del país. Vivió en Montreal (Canadá), en México, donde estudió artes y antropología, y en 1982 se instaló en Madrid. Ha publicado las novelas Un hilo rojo (finalista del premio Tigre Juan 1998), Cuaderno de
invierno (2000) y La edad de barro (2003). También ha publicado cuentos, poesía (en la red) y obras de teatro. Recibió el premio internacional de teatro La Escritura de la Diferencia 2006, en Nápoles. "Fui guerrillera, periodista, camarera, fotógrafa, escultora de uñas, dependienta, traductora, intérprete, diseñadora gráfica, madre de dos niños, etc. Y siempre he tratado de seguir buscando y preguntando, no sé qué exactamente, a través de la pintura, el dibujo, las instalaciones, la fotografía y la escritura", resume Rosenberg.

Sobre la desobediencia civil

No es casual que la actriz, cuando salga del encierro al que la confinaron, quiera hacer Antígona. ¿Qué representa para usted esta obra?
-Antígona es la gran contradicción, el gran conflicto entre la ley doméstica, la ley familiar, la ley tribal y la ley del Estado; entre el amor fraternal y la obediencia, entre la juventud y la vejez. Antígona es un personaje fantástico, y ese papel le viene como anillo al dedo a Griselda, por eso hay un doble juego con el monólogo que ella está escribiendo, que se cruza permanentemente con la tragedia griega. Antígona es un personaje que lleva su "delirio" hasta las últimas consecuencias. Es un delirio de justicia, una necesidad de justicia, de desobediencia civil.

*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-14699-2009-07-27.html

El Chamán*

El "bolsón" es simplemente -como su nombre lo sugiere - una "bolsa grande" de espacio mágico donde habitan, pasean, se prendan, y vuelan locos lindos y hermosos, y claro, universales.
algunas cosas estaban mas claras. llegue un dia que podía ser martes o jueves, no me acuerdo, pero seguro era uno de esos días porque había feria en la plaza.
la terminal de ómnibus esta frente a la feria, que a su vez contiene como un puesto mas a la oficina de informes y recepción al turista.
me fui al vuelo a la oficina de información y una hermosa mujer con una sonrisa franca me pregunta que necesito.
- me sale de la boca sin mediar el pensamiento: un chamán.
silencio, cara de "baja la voz...."
-como?
-sí, vine a buscar un chamán.
-aha - y... que más?
- y, no lo tengo muy claro.
-bueno, pero en lo concreto aquí y ahora en que te puedo ayudar?
- ah, también necesito alguna pensión barata donde comparta cuarto y baño y quede cerca de esta montaña (después supe que era el pirqui) y de esta plaza.
- bueno, en eso no hay problema. te podrías quedar en lo de Eugenia del Agua, que queda a tres cuadras. llamó por teléfono, supo que había lugar y me dijo que podía ir, que si quería dejara la valija y la mochila para verla antes.
- le dije bueno, ahora lo importante es el chamán, le recordé.
- Haide me llevo a otra habitación, se puso a llamar gente que pudiera ubicar el teléfono del chaman (parece que no es tan fácil como yo pensaba) ,finalmente se comunica por teléfono y me da con el, me dice que me espera en su casa a las 16,30 hs . eran las 15hs.
Me dio la dirección y el nombre - Carlos- y me despacho en un remis a lo de Eugenia del agua con la misma sonrisacon la que me dio la bienvenida.
jamas me voy a olvidar de ese primer encuentro con la magia del bolsón.
todo estaba
todo estaba bien
todo era posible
yo estaba en el camino.
deje las cosas en la mágica casa de Eugenia del agua, me acomodo en una piecita de la planta baja, sobre la galería, a metros del baño al que se accede desde la galería también.
En el mismo auto sigo hasta la dirección indicada, me lo imaginaba lejisimos del centro, casi sobre el ultimo pico del piltri.
pero no eran 10 cuadras.
con lo cual llegue casi una hora antes de lo que el chaman me esperaba.
Salieron a recibirme los perros y un señor más o menos de mi edad, gringo como yo, canoso, con una hermosa barba entrecana, con anteojos livianos, de esos que no tienen armazón, y pinta de operario.
- hola
- hola, se me hizo temprano
- si, me doy cuenta
- es que estoy ansiosa
- si , me doy cuenta
- bueno, en que te puedo ayudar?
- en realidad no tengo muy claro, pero tengo un dolor de ciática, aquí.
- aja, y eso es habitual
- no nunca, pero como hice esfuerzos subiendo y bajando montañas, vadeando ríos, nadando lagos helados, trepando y que se yo...
- aja.
silencio, nos miramos......
nos estudiamos un poco, finalmente, con dulzura me dice:
- bueno, desvestite y acostate aquí.
-yo lo miro profundamente a los ojos y obedientemente hago lo indicado sin haber dudado un segundo
sin haber tenido miedo un segundo
sin haber pensado un segundo
- el enciende una vela
llena un cántaro con agua
y me empieza a amasar el cuerpo desnudo con un aceite de romero que olía maravilloso.
- ay! ahí es donde me duele, digo despacito
- si, esto es exactamente el sacro
- el coxis? pregunto
- no, el sacro. es un punto de la sacralidad del cuerpo, donde se encuentra una de las chacras sagradas, justamente de ahí el nombre, que tiene que ver con lo femenino, con lo sagrado de la sexualidad.
-enseguida le explico que de vez en cuando tengo algún encuentro sexual más o menos interesante-
El rápidamente me explica que no habla de genitalidad.
que la sexualidad es mucho más compleja que es una cuestión energética...
aquí empiezo a contar lo que me acuerdo pero son todas esdrújulas y por ahí me equivoco en los conceptos, disculpen los que entiendan.
- el chaman me dice -siempre mientras me amasa- que tengo el sacrocerrado, que todo mi costado izquierdo (el femenino) esta duro, rígido, bloquedado. (en mi diván diría que soy una mina medio fálica, bah, cosa que ya sabia yo, pero como el?)
que tengo dificultad para vincularme desde el lugar femenino energético, que me duele hasta la zona de los riñones que es donde habita el miedo.
- a ver - entre nosotros- llego mil quinientos años de análisis de diferentes tipos diván, lapieres, sillas, grupos, escritorios, almohadones en el piso, y todo lo conocido tratando exactamente estos temas que de
alguna manera inexplicable este hombre "veía " en mi cuerpo y decía con precisiones que me ponían la piel de gallina.
- hubo una fracción de segundo, tal vez por lo que el explicaba- en que
sentí terror
terror de mi
terror de el
nadie sabia en el mundo donde estaba si yo desaparecía en ese momento porque el era un descuartizador que después me enterraba en el fondo de su casa, nadie sabría jamas que me había pasado ni donde podría estar en este universo.
- evidentemente el percibió esto en mi cuerpo, y me dijo, quédate tranquila, esta todo bien.
- y yo simplemente le creí, me serene, me volví a entregar al placer infinito de esa amasada.
- el chamán es obrero, tornero para mayor precisión, y tiene las manos ásperas como las que nunca ningún hombre me puso jamas antes encima. esto le daba a la sensación del amasado un color diferente , sumado al romero que se me impregnaba en el fondo del globo ocular.
- me decía inspira, y apretaba en algún lugar, no importa cual, porque fueron muchos, donde sentía un dolor insoportable, entonces el decía, ah, es -por decir- la suprarrenal- y entonces me decía volve a inspirar y solta de a poquito, y hundía mas su mano en mi cuerpo como separando las tripas entre si y finalmente en el ultimo apretón ya se había ido el dolor.
Me acosté primero boca abajo, después de cada uno de los costados y finalmente boca arriba, yo estaba tan entregada al placer que sentía como jamas lo estuve antes, con los ojos cerrados, sin importarme nada pero nada del afuera de mi cuerpo y mi alma.
Cuando termino el amasado me puso piedras sobre el cuerpo, no supe cuales. pero una en cada mano, una sobre la frente, otra en la garganta, otra en el pecho, otra entre las tetas, otra cerca del diafragma, otra cerca del ombligo, otra sobre el pubis y otra cerca de los pies, pero no sobre ellos, una mas a cada costado de mi torso.
así paso el tiempo, no puedo decir cuanto
no puedo explicar lo inexplicable
no puedo poner en palabras -sólo porque no las conozco- lo que fuisintiendo, no puedo escribir más....
Sentía la sonrisa instalada en mi cara.
y la magestuosidad del universo en mi cuerpo, el perfume del romero
y su presencia cerca, con la exacta distancia para sentirlo sin que me toque.
Después me dio una mano
me beso la frente
me hablo
me ayudo a volver a esta dimensión de la que había salido.
me ayudo a incorporarme.
dijo que tenia que verme pasado mañana. pregunto si quería un taxi.....
Le explique que, necesitaba caminar.
me indico por donde llegar al pueblo
le pregunte cuanto le debía, me dijo nada
le explique, me explico que el no trabaja de eso, que es tornero de profesión, que no cree en las casualidades y si en las causalidades y si yo había llegado el no podía no ayudarme.
le insistí se resigno y me dijo, bueno, dame quince pesos. y te espero pasado mañana, puede que tengas vomitos, diarreas, erupciones, malestar, nauseas, dolor de cabeza. es todo normal, no te asustes
si me necesitas llámame, pero no faltes.
en un estado que nunca antes estuve salí de ahí flotando
sin dolor de nada
sin pisar el piso
sin caminar mientras caminaba
sin dejar de mirar el pirqui
sin entender nada de nada
y después de un rato llegue a la plaza.

*de Analau. analaublejer@gmail.com
http://estaredeviaje.blogspot.com/
"Cada atardecer las recolectoras de estrellas salimos a iluminar la noche"

Pasaje*

Pasar por el ojo de la aguja,

los camellos,
sentados en un mar amarillo,

hacen lugar.

Del otro lado de la mirada.

de las pestañas

conocedoras de la contraseña.

Cavar en el reino de los espejos,

Mariposa de viento,

Del otro lado siempre.

Entrar en las antípodas del mar.

Apenas un cielo agujereado en los ojos del nombre.

*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Revelaciones de invierno*

*Por Juan Sasturain

Fue una mañana de invierno, un lunes como hoy pero del alevoso y helado julio de 1959, hace exactamente cincuenta años: yo tenía trece, iba a cumplir catorce en unos días y cursaba primer año en el Don Bosco de Mar del Plata, apenas uno de los 45 granujientos, incipientes varones de Primero A. Para eso iba en bici cada mañana pedaleando Avenida Luro arriba, treinta y pico de cuadras. Tras la diaria misa entre bostezos nos cagábamos religiosamente de frío hasta el mediodía en esas aulas grandes, altas, con pupitres oscuros y ventanales que daban al patio de cemento en que –cada recreo– jugábamos al fútbol de timbre a timbre, transpirando como salvajes con pulóver y gabán.
Esa mañana de hace medio siglo, el Pelado Marcángeli –que nos daba Castellano e Historia sucesivamente en las primeras horas– llegó y sin decir nada ni comentar el triunfo de Independiente se puso a escribir en el pizarrón con letra clara algo que leía en el diario que había traído de su casa. Era un poema, un soneto más precisamente: “A la efigie de un capitán de los ejércitos de Cromwell”.
–Copien –dijo el Pelado.
Y fue desplegando de arriba abajo los catorce versos endecasílabos en los correspondientes dos cuartetos y dos tercetos. Al final, a la derecha, escribió el nombre del autor: Jorge Luis Borges.
Nosotros no sabíamos qué era una efigie, cómo se reconocía un soneto y menos aún quiénes eran Cromwell o Borges. No sabíamos nada, en realidad; y hacía frío:
“No rendirán de Marte las murallas / a éste que salmos del Señor inspiran. / Desde otra luz, desde otro siglo, miran / los ojos, que miraron las batallas” ya leía, ya nos hacía leer el Pelado en voz alta y con fervor.
Hiatos y sinalefas mediantes, llegamos a reconocer las once rítmicas sílabas de cada verso; descubrimos las consonancias abba de la rima y sin transición nos trasladamos en el segundo cuarteto: “La mano está en los hierros de la espada. / Por la verde región anda la guerra; / detrás de la penumbra está Inglaterra, / y el caballo y la gloria y tu jornada”. Y fue como quien pasa al segundo vagón de un tren en movimiento para verificar que el esquema del primero se repetía tal cual.
–Vamos ahora a los tercetos –dijo el Pelado.
“Capitán, los afanes son engaños, / vano el arnés y vana la porfía / del hombre, cuyo término es un día”, recitó Marcángeli. Caminando entre los bancos, releyó los tres versos, hizo la pausa justa para mostrar el encabalgamiento, resaltó el cdc de la rima y después siguió ya cuesta abajo, sin detenerse hasta el final: “Todo ha acabado hace ya muchos años. / El hierro que ha de herirte se ha herrumbrado; / estás, como nosotros, condenado”.
Punto y silencio unánime.
–¿Qué les pareció?
En principio no nos parecía nada. No se entendía demasiado, éramos pendejos y nuestras lecturas habituales no iban más allá del Hora Cero para ver cómo seguía El Eternauta y de El Gráfico para que nos contaran los goles de Yaya Rodríguez y Senés que escuchábamos por radio. Además teníamos frío. Pero, sin embargo, el Pelado comenzó a hablar y algo pasó, algo (nos) empezó a pasar esa mañana, un lunes como este lunes de hoy, tan frío, hace cincuenta años exactos.
Simplemente nos había alcanzado la literatura. Y eso que pasaba entre versos –apenas intuido, deslumbrante, pero apenas comprendido del todo por falta de vida y experiencia– no era otra cosa que la poesía.
Puedo recitar desde entonces “A la efigie de un capitán de los ejércitos de Cromwell” de memoria. Debe ser el único poema de Borges que recuerdo así, entero y cadencioso. Incluso estoy seguro de reconstruir no la exégesis puntual del soneto deslumbrante –el profe lo había leído el día anterior en el suplemento literario de La Nación, el rotograbado que salía impreso en sepia el domingo, y nos lo trajo–, pero sí el fervor de la explicación, la pasión transmitida.
Al consultar los datos me doy cuenta de que Ricardo Marcángeli, el inolvidable maestro que me enseñó a leer, era del ’29, tenía en aquel momento nada más que treinta años. Parecía más grande. La calva precoz y nuestra mirada casi infantil nos engañaban. Severo y jodón a la vez, al Pelado le encantaba la Historia y contar goles de Erico; nos prestaba libros, compartía con nosotros los resultados del domingo y el tedio de la lectura obligatoria de las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma y la Marianela de Galdós en las ediciones de Troquel. Pero sobre todo nos quería.
Cinco años después, cuando ya estudiaba Letras en Buenos Aires, había regalado mi colección de historietas y veía a Boca en la Bombonera, seguía pendejo pero menos, me compré El hacedor –que es de 1960 y uno de los libros que más me gustan de Borges– y me volví a encontrar con la efigie del capitán, la certeza de que “los afanes son engaños”, que es vana “la porfía del hombre, cuyo término es un día” y que estamos –como él– condenados. Desde entonces me pasa cada vez, y es como la primera.
Ricardo Marcángeli, por aquellos mismos años en que nos daba clase y letra como quien reparte comida caliente o besos, empezó a pintar y a eso se dedicó con talento durante décadas. Se murió en 2006 en Mar del Plata, dejó alrededor muchos amigos y también –más lejos– muchos pibes grandes como yo, agradecidos para siempre por aquellas revelaciones de una mañana de invierno.

*Fuente: © 2000-2009 www.pagina12.com.ar
-Enviado para compartir por Lucía Cinquepalmi lccnqplm@yahoo.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 26 de julio de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor venezolano Mirtru Escalona-Mijares. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de Only Instrumental
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
(Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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26/07/2009 GMT 1

LA SUPERFICIE DEL MUNDO ES EXTRAÑA

urbanopowell @ 22:39

Amor eterno*

Bajo aquel sauce, al amparo de la intimidad del enorme parque, la pareja discute sin levantar la voz.

- No puedo seguir con lo nuestro, me has embrujado, pero no puedo seguir.
- Pero, yo no puedo vivir sin ti…
- Tienes que buscar otra mujer. Este hechizo debe terminar.
- No puedo… No quiero separarme de ti nunca.
- Debes olvidarme - dice ella incorporándose e iniciando la marcha.
- No te vayas. No puedo vivir sin ti.
- Lo siento, te juro que lo siento.
- Jamás me separaré de ti…

La mujer intenta marcharse mientras el hombre la sujeta por la cintura. Se dibuja en el crepúsculo la imagen de la pareja forcejeando. Anochece.

Al día siguiente se abre el parque al público que observa una nueva estatua bajo el sauce. Un hombre agarrando por la cintura a una mujer que con la melena al viento intenta marcharse. Al pie de la estatua el título: "La unión eterna del brujo y la mujer."

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

LA SUPERFICIE DEL MUNDO ES EXTRAÑA...

Golondrinas sensibles a la estación y otros etcéteras pájaros*

“Mi madre era ciega, (…), pero ella te veía pasar por mi júbilo y yo te veía pasar por los ojos de ella, que no te veía”

M. A Asturias - Leyendas de Guatemala

“-Ábrete, sésamo” - entraste por el cuello, indagando, suavísimo,
sin báculos indecisos*, cada pliegue, todo
intersticio, toda
concavidad
memorizando un mapa con luna a estribor del pecho
quiero florecerte nomeolvides en el hueco de tu ombligo ¿lo pensé o te lo dije? ponerme debajo de tu axila buscarte el corazón
de pájaro soltarlo en mi frente mezclarlo al revuelo de plumas
de mi pensamiento de tortolitas desprevenidas águilas en picada golondrinas sensibles a la estación y otros etcéteras pájaros y me miraste
como jamás me miraron ojos humanos como no me he mirado
en todos estos años y mi boca comió y bebió de la tuya
y bajo tu sombra es tan grato a mi oreja escuchar
los cuentos los halagos el murmullo de tu demorada agua de durazno
bajando a buscarme, llovida agua que cae
nombrándome
y voy a vos yo-la-recién-mirada.

*De Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com
(*) Borges, “... la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso” – Poema de los dones

LA CURIOSIDAD Y LA ESPERANZA*

*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com

Moscas. Revoloteo de moscas impacientes sobre el cadáver de la oscuridad, todavía vivo. Hay cosas tan difíciles de determinar. Cuáles son los vivos, quiénes están muertos. Vientos huracanados no alcanzan a barrer la pavorosa confusión. En parte, porque son demasiados los detalles que la fundamentan, muchos más de los que podría imaginar el viento.

Nidos. Al caer sobre la almohada que es el templo, los gemidos de la noche no despiertan. Queda claro que éste no es un mundo para todos. No es lugar para el hombre que abre los ojos como un dios sin nubes. Poca falta hace quien construye nidos imaginarios para pájaros que no existen. No importa la lluvia que trepa el muro para llegar al cielo. Pero estamos todos.

Estigmas. A fuerza de meter los dedos en los estigmas de la noche hemos aprendido a sostenernos de una sombra. Y no se nos han caído los ojos despavoridos cuando, entre el ver y el imaginar, extrajimos el racimo de la aurora. Aquí estamos con los brazos extendidos para sostener cada nube rota.

Indice. Se balancea el abismo para atrapar sus víctimas precipitadas. Como una ironía enrollada en el índice, avisa a sus presas que no hay necesidad de Dios en la caída. Pero él mismo, siendo abismo no ha brotado de la nada sino que es una creación de los caídos. Abismo y abismado son necesidades mutuas.

Magnitud. La luna no busca el río, desamparada, por falta de seguridad en sí misma, sino porque cada noche recita de memoria, a los peces, el alfabeto del sueño.
Está muy claro que en este mundo no somos todos bienvenidos. El único problema es que estamos todos. Y aunque nos falte arraigo sabemos que ocupar el mundo por escrito o por espanto resulta muy incompleto. Porque el mundo, a causa de su magnitud, excede tanto la intención como el sentido.

Hierba. Con la cabeza erguida y despeinada también el crisantemo se nos parece. Desde algún rincón alguien escribe todo. Alguien va trenzando finamente el hilo de la curiosidad con el hilo de la esperanza. Y leemos que nada es cizaña. Todo es hierba. Alguien ama a quien no debe. Alguien no ama a quien debe. Así hablamos nosotros en medio del camino. Esto vemos: la venganza antigua de vivir sintiendo.

Trino. Remoto llega un batir de alas, un color, un trino, pero el jilguero no sabe que nos consuela. Hijos del asombro y la impostura, simulamos una indolencia fastuosa, un recato de mortaja, mientras desnudos y ardientes batimos el cuerpo adentro del alma. En las calles, los templos, las oficinas, nos mezclamos astutamente entre los otros para no causar pavor ni merecer socorro.

Oficio. La superficie del mundo es extraña. Una funda impenetrable para los seres forjados en la memoria del fuego. Seguros de que el oficio de mirar es tan arduo como el de habitar el mundo, abrimos los ojos como el poeta abre el verso, pero no buscamos la salvación en aquello que vemos.

Desnudez. Queda todavía por explicar de dónde sacamos nosotros las dotes para respirar el hilo de aire cuando el mundo, dueño de nuestra asfixia, está en cierta medida exasperado. Es tan obvio de explicar como la desnudez de la música que atraviesa las madrugadas. Algo así como una ternura erótica que nos arrastra a la curiosidad y la esperanza.

-FUENTE ROSARIO-12
*ENVIADO PARA COMPARTIR POR RUBEN VEDOVALDI.

Descielados*

Los que se mueren en accidentes aereos no quieren ir al cielo.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

CULTURA: ENTREVISTA CLAUDIA PIÑEIRO ESCRITORA
"Si voy a ser canalla quiero elegir qué tipo de canalla voy a ser"*

La autora de "Las viudas de los jueves" saca una nueva novela, "Las grietas de Jara". Un libro que toca los conflictos de la mediana edad con una sutil trama policial.

*Por Patricia Kolesnicov. pkolesnicov@clarin.com

SENTIR COMO UN HOMBRE. CLAUDIA PIÑEIRO ELIGIO COMO PROTAGONISTA A UN VARON.

No, no tiene cara de canalla Claudia Piñeiro, de modo que hay que saber, desde el principio, que cuando dice la frase del título: "Si voy a ser canalla, quiero elegir qué tipo de canalla voy a ser", no está hablando ella sino Pablo Simó, el personaje de su última novela, Las grietas de Jara (Alfaguara), que estará en la calle en unos días. Y que se espera como de quien viene: de la mujer que ganó, en 2005, el Premio Clarín con Las viudas de los jueves, una novela que se convirtió en best seller.

Pablo Simó es un arquitecto de 45 años que trabaja en un estudio especializado en detectar casas "derrumbables", tirarlas abajo y levantar en su lugar edificios redituables. Cada tanto, por supuesto, se encuentran algún escollo. Desde el principio de la novela, el escollo se llama Nelson Jara y es un vecino que está muerto y que hace años protestaba porque la obra le había abierto una grieta en la pared. Y por ese lado no se puede contar más, salvo que hay una sutil trama policial.

Simó tiene, además, una esposa, la de toda la vida y una hija adolescente en pleno conflicto con su madre. Al principio de la novela está tan alienado que ni siquiera se da cuenta de lo desesperado que está por alguna emoción de esas que ponen al corazón en quinta velocidad. Pero, claro, algo lo pondrá en marcha y ahí sí, el "canalla" estará en situación de decidir qué canalla será de ahí en más.

Acá tenemos una crisis de la mediana edad.

Es bien una crisis de la mediana edad, cuando uno se para a pensar "ahora qué". Y este personaje se lo plantea respecto de sus afectos, de su trabajo de todo lo que hizo hasta el momento. Por eso la novela se trata de qué es amor y qué no es amor, qué es un trabajo que te gratifica y qué un trabajo que no, las cosas que uno piensa en esa crisis.

En este punto, la novela también se pregunta qué es ser canalla.

Sí, hay una situación de pertenecer a un mundo donde las reglas las ponen otros. Siguiendo esas reglas, se puede terminar en situaciones en que sos "un canalla", cuando hay canallas de mucha mayor monta que vos que no son calificados de tales. La novela tiene que ver con eso, con decir: "En este mundo, donde las reglas las ponen otros, hacer esto o aquello: ¿es ser un canalla? Porque hacer determinadas cosas es ser un canalla, pero el que hizo las reglas es más canalla que uno.

Simó cruza de canalla a canalla...

Es eso. Si voy a ser un canalla, quiero elegir qué tipo de canalla voy a ser. Para ser canalla para otro, que es lo que te imponen las reglas, prefiero ser canalla para mí.

Como en "Las viudas... " en esta novela hay una trama policial pero no es lo central.

Sí, en las novelas que escribo hay un elemento del policial pero no se llega a configurar un policial. La muerte de la persona no es lo más interesante ni nadie se está preguntando quién lo mató. Pero me sirve la estructura narrativa: planteás un enigma al principio y tenés que terminar la novela develando ese enigma. Mientras tanto, aparecen los mundos que rodean a esas personas y que es lo que me gusta contar.

En este caso, una Buenos Aires que se destruye, otra que se construye, viejos y nuevos edificios...

Hay una cuestión en la construcción del edificio que tiene que ver con la construcción de la novela. El lápiz de Simó dibuja, como el lápiz del escritor. Y un paralelo: tengo que escribir o dibujar esto, que no es lo que me gusta pero es lo que me piden en este momento. Y yo quisiera construir, o dibujar, esto otro.

Hacés un relevamiento de edificios de Buenos Aires...

Le pedí a un arquitecto, Néstor Otero, que me mostrara edificios. Hicimos una recorrida y eso me ayudó a elegir: ¿Qué edificios miraría un arquitecto estando enamorado, como pasa en la novela? Si está enamorado no va a llevar a la chica a pasear por Catalinas.

La destrucción de viejos edificios es un tema sensible hoy.

Claro, hay una parte de la novela que dice: "Yo no quiero construir en Buenos Aires porque no quiero construir sobre las ruinas de otra cosa". A veces tengo la sensación de que hay gente recorriendo la ciudad a ver dónde hay un huequito para meter un edificio nuevo. Y resulta que de repente el negocio inmobiliario te afecta en lo personal porque, por ejemplo, tiran abajo la escuela de tus hijos.

En tu novela la grieta también es una denuncia.

Y. en un mundo donde quiebran los bancos, y quiebran por el negocio inmobiliario, y casi nadie va preso. Parece que algunos no quieren ver la grieta. Y si no la quieren ver, habrá que picarla: es demasiado burdo que vengan a salvar a bancos e inmobiliarias a las que les fracasó el negocio.

La novela tiene muy presente el deseo, una fuerte carga erótica. ¿Cómo trabajaste una subjetividad masculina?

Me parece que en ciertas preguntas, como las de la mediana edad o el amor, no hay tantas diferencias. De todos modos, algunas cosas les pregunté a los hombres y ninguno me dio respuesta.

¿Qué les preguntaba?

Desde cosas como las fantasías con otras mujeres durante el matrimonio hasta pavadas como la naftalina de los mingitorios.

¿Y las sensaciones físicas?

Bueno, como mujer una sabe de qué se tratan esos temas.

La novela está llena de grietas. A veces incluso son buenas, como cuando Pablo muestra su grieta y así se puede acercar a su hija...

Sí, hay padres muy esforzados por que no se les vea ninguna grieta y me parece que la verdadera comunicación aparece cuando el hijo ve que el padre sí tiene una grieta. O sea, es más auténtico.

Sí, la novela es casi un elogio de la grieta.

Yo creo que las personas que tienen grietas son más interesantes que las que no. Es decir, todos tienen grietas, pero algunos no se atreven a mostrarlas.

*

Aquel gran éxito
En 2005 el jurado integrado por el Premio Nobel de Literatura José Saramago, la escritora española Rosa Montero y el argentino Eduardo Belgrano Rawson eligieron a "Las viudas de los jueves" de Claudia Piñeiro, como ganadora del Premio Clarín de Novela. Desde entonces, el libro se convirtió en un gran
éxito editorial: lleva vendidos unos 130.000 ejemplares. La novela también dio lugar a una versión cinematográfica que dirige Marcelo Piñeyro.
Actualmente en rodaje el filme, protagonizado por Leonardo Sbaraglia, Gabriela Toscano y Pablo Echarri, entre otros, se estrena en septiembre.

"Las grietas de Jara"

1 Pablo Simó dibuja en su tablero el perfil de un edificio que nunca existirá. Como condenado a soñar el mismo sueño cada noche, desde hace años repite ese boceto: el de una torre de once pisos que mira al Norte. Guarda en una carpeta la serie de dibujos idénticos, no sabe cuántos son, perdió la cuenta hace tiempo; más de cien, menos de mil. No los numera pero los firma, arquitecto Pablo Simó, y les pone fecha.

Para saber qué día dibujó el primer boceto debería buscarlo y fijarse al pie, pero no lo hace; el último lleva la fecha de ese día: 15 de marzo de 2007. Se promete contarlos alguna vez; dibujos de la misma torre, sobre el mismo terreno, la misma cantidad de ventanas y balcones a la misma distancia exacta, siempre el mismo frente, el mismo jardín delante y alrededor del edificio, con los mismos árboles (...).

Su lápiz Caran d'Ache tres milímetros sube y baja por el papel, sombrea, retoca, mientras Simó se miente, una vez más, que levantará esa torre algún día, cuando por fin se decida a abandonar el estudio Arquitecto Borla y Asociados. Pero hoy no es un día para tomar decisiones, y con ese argumento
Pablo intenta no pensar que ya tiene cuarenta y cinco años, que la torre cada vez está más lejos de ser otra cosa que trazos en grafito sobre una hoja de papel blanco y que a dos metros de él Marta Horvat cruza las piernas con descuido como si nadie estuviera allí, sentado frente a ella.

Aunque Pablo Simó está pendiente de Marta, ya no piensa en ella como lo hacía antes. No es que no quiera, pero de un tiempo a esta parte -y hace un esfuerzo por no recordar con exactitud cuánto es ese tiempo- no puede pensar en ella sin que el placer que le producía imaginarla suya se interrumpa con
brusquedad o hasta con violencia. Antes sí. Antes pensaba en Marta todo el día y en ese pensamiento era dueño de ella, la desnudaba, la besaba, la tocaba, y como no encontraba ningún motivo para imaginar que un día se separaría de Laura, Pablo Simó jugaba a que si su mujer muriera, como todos moriremos algún día, Marta Horvat dejaría de ser sólo aquella otra mujer que él desnuda en sus fantasías e intentaría conquistarla.

2 A Borla le toma menos de cinco minutos deshacerse de la chica. Le dice que el nombre, ¿Nelson Jara?, a lo mejor sí le suena, porque quizás alguna vez le hayan vendido un departamento o porque lo hayan contratado para algún trabajo, que si es importante puede mirar en los archivos, pero que en cuanto a la pregunta concreta de si sabe algo más de ese señor, la respuesta es no. Borla habla como si estuviera diciendo la verdad, hasta Pablo podría creerle si no supiera que miente.

*Fuente Clarín.
http://www.clarin.com/diario/2009/07/26/sociedad/s-01965887.htm

La Chacha*

Subo al taxi
Voy al aeropuerto
Vuelvo a buenos aires
Será cierto?
Será cierto que en realidad salí de buenos aires?

Todavía no amanece.
Finalmente mi encuentro con los zapatistas en lo de Chacha no fue posible, me fui el día antes que llegaran. Moría por conocer al Sub...
En la ruta al aeropuerto veo un cartel de desvío hacia San Cristóbal de las Casas...Tijuana y Comitán... pienso, recuerdo, imagino.
El sol mejicano esta saliendo en el horizonte
La bandera, esa inmensa, se despliega en la nube de smog como la mas majestuosa que conocí jamás. Intento medirla desde un cálculo de los paños cosidos pero es imposible. Me pierdo en los colores y el baile con el poco aire que hay.
Me acuerdo de la luna de Veracruz, me acuerdo del relato de Elsa y el encuentro con el Comandante Tachito en San Cristóbal y la luna, siempre la luna... y el sol mejicanos... esta relación tan especial que han sabido construir con la naturaleza...
Me quedo pensando, mientras el camino, el recorrido, la cantidad de autos, la luz del amanecer en el D.F.
Vuelvo a los personajes.
No puedo empezar sino por la Chacha, después, tal vez pueda pensar el resto.
La Chacha es una mujer bellísima, con magia en la mirada y en la sonrisa. No se que edad tiene. Pero en todo caso tiene hijos mayores que yo, y eso me permite fantasearla como madre.
Voy a tomar dos de sus siete hijos para contarla porque como dice la serrano para hablar de una mujer habría que hablar de sus hijos, sus amores y sus utopías.
Ferruccio el mayor, de mi edad, doliente eterno de amores idos, proveedor inagotable de remedios brujos y gotitas de cortisona para mis ojos tristes, suele encontrarme en el mismo escalón de su propia subida a cierta melancolía.
Y el menor, del que voy a obviar el nombre, casado con una mejicana típica y que es lo mas parecido a la normalidad y la cordura que pueda imaginarme; habla de que la Chacha tiene algún contacto con la tierra y no siempre transito lunas y delirios.
Es importante explicar que los siete padres son siete varones distintos, siete personajes, algunos conocidos. Los otros dan para fantasear casi cualquier loca cosa.
Porque la Chacha se permite aun hoy ser lo que quiere ser. El viejo de Ferruccio fue un conde italiano, más, veneciano, pero con palacio y todo incluido, que se llevo a la Chacha a vivir a un castello de Paladio en plena Venecia por varios años. La Chacha conserva -entre la colección de muñecos del Sub-parte de ese paso por esos mares tejidos en canales aristocráticos.
Hay algo en su andar que denota la góndola incorporada en el movimiento.
Casi una danza.
Su casa es un barco, anclada en la orilla, custodiada por el bosque de árboles cansados, finalmente tendidos y esperando.
Su barco también espera, pero siempre pintado, siempre listo, siempre zarpando sin zarpar. Con la proa hacia... hacia donde estará apuntando?...
El menor es hijo de un escultor alemán cofundador de la Bauhaus.
En el medio Sé que hubo amores tumultuosos, camas revueltas, karmas quebrados.
Silencios prometidos.
Crucifijos arrancados.
Comunidades elegidas, Presidentes despreciados. Se que algún guerrillero se planteo arrastrarla hasta la misma revolución, pero no podía arrancarla de Veracruz, sin el norte la Chacha perdía oxigeno. La quería viva más que propia.
La desnudez de la Chacha a lo largo de la playa es majestuosamente respetada por los indígenas, que cuando se la cruzan en su caminata de la mañana, de cultos, de sabios, desde el lomo de sus mulas, buscan otro horizonte que no roce con la mirada el cuerpo erguido y esbelto y desnudo de la Chacha.
Poca gente se permite acompañarla.
Y sólo cuando está en condiciones de bancarse su propia desnudez.
La Chacha es de esas mujeres que siguen pensando que el amor mueve el mundo. Que nada mas que la ilusión cambia rumbos, políticos, personales, siderales.
Ella entendió algunos mensajes de la vida.
Me contó que tres veces se encontró con botellas conteniendo mensajes en la playa. Dos eran muy muy antiguas.
Resolvió que nada mejor en la vida que encontrar un mensaje y devolverlo a su verdadero dueño, el destinatario. La sabiduría del mar que no tiene bordes lo pondría en manos de quien corresponde y en el momento justo.
La intensidad y profundidad de los azules encuentra siempre su cauce. La Chacha es de aquellas mujeres que entonces, consecuente consigo, se dedico a sembrar mensajes.
En sus caminatas por la playa desnuda, desnuda ella también y solo cuando el sol sale lleno, siembra mensajes de amor en botellas cerradas, escritos la noche anterior. Escritos en papeles de colores, con letra cuidada dibujada con pluma y tinta, escribe de juanes a marías, de estelas a Carlos, de pepitas a franciscos y de joaquines a gustavos.
Todos los amores son permitidos
Todos caven en la playa y la ilusión de quien los abra.
Con algunos amigos , que saben de este trabajo a favor de la Revolución y la revolución interior, la Chacha se permite reír y compartir sueños soñados a varias voces. Es su colaboración con la industria de producciones de la zona. Veracruz es la playa del mundo donde mas botellas llegan trayendo y llevando viejas piezas de papel recién
escritas. La orilla del mar en todo su recorrido entre ..... y .... es el borde donde, ahora, se llena de siluetas de solitarios esperanzados en ser llamados desde algún lugar recóndito del universo y abandonados desesperanzados que se someten al dolor cotidiano del no llamado de su amor lejano.
Con Chacha y sus emprendimientos, siempre cerca, acompañándola, Saraid y Ángel; Ambos indígenas sin trasculturizar que entienden el castellano.
Finalmente, lo que nunca sabré es si la ceremonia es tirar la botella al mar o devolverla, pero en todo caso, ella impuso un nuevo rito que todos han tomado como propio. Hasta yo. Y en cada juego corporal de encuentro con las olas hay un rito sagrado de amor al enviar el mensaje añorado por algún enamorado del amor.
Y este es el punto de encuentro con Ferruccio en este viaje.
Siempre nos encontramos en distintos lugares.
En los hongos.
En la mística revolucionaria.
En el tratamiento de alguna ley indígena de algún municipio
independiente.
Ahora, en el amor lejano.
Esa noche que mi hermano roncaba más alto que el mar
Esa noche en que la luna de Veracruz era más redonda y grande que el sol. Esa noche, en que los fantasmas resolvieron acompañarme y jugar con mi cansancio. Esa en que corrí a la playa, acompañada del cortejo de cangrejos y mariposas nocturnas...
Esa. Me encontré desnuda con Ferruccio desnudo, llorando yo, llorando él.
El nortazo no arrancaba pero la locura que suele acompañarlo se había adelantado y sin duda nos había tomado parte del alma.
Ferruccio lloraba un amor colombiano.
Tormentoso, pasional Bah, todo el lo es, nada podría ser distinto.
Yo añoraba un violinista judío, maoísta, en buenos aires, que obviamente me había abandonado.
Ferruccio estaba dibujando mándalas tibetanos en la arena y había llevado una canasta con mangos, papaya y un termo con café de olla.
Parecía una imagen de aparecidos que no aparecen
El, su fantasma, su tristeza, el olor a frutas, las lágrimas.
Cuando llego nos abrazamos las tristezas desconociendo la desnudez....
Nos quedamos largo de rodillas
Calentándonos las panzas frías y espasmadas de llanto.
Nos contamos sin necesidad de contarnos. De alguna forma nos sabemos.
Ferruccio había tomado mucho tequila, lo supe en su aliento , aunque también lo había visto antes borracho sin tomar alcohol. La cruda responde mas a los avatares del alma que a la ingestión de alcohol.
Nos abrazamos para poder llorar sin que se note. Hay un cierto pudor en el dolor que duele el amor.
Se que paso el tiempo y mucho porque el agua nos alcanzo las rodillas. El mar en su subir y venir hizo un pozo en donde nos anclamos. Las lágrimas corrían por las espaldas sin que quisiéramos decir nada.
Solo llanto. Descarga.
Alguna caricia
Algún gemido mezclado en el llanto
Ferruccio no pudo contener el vomito
No nos movimos
El vomito por sobre mi hombro, me corrió por la espalda, se resbaló por los glúteos y finalmente cayo en la arena.
Era denso. Que suerte que le salía todo eso de adentro
Vomitaba tristeza
Vomitaba tequila
Vomitaba Colombia lejana
Vomitaba soledad acumulada
Tal vez los mándalas habían hecho lo suyo, no se, todavía no se bien que entender.
Además de entender, de alegrarme y sonreír, la verdad es que tuve mucho asco. Y provoco mi propio vomito, que surgía por delante de Ferruccio, entre los dos, con mi frente apoyada en su hombro. Yo solo vomitaba la incapacidad de contener tanto flujo de sensaciones.
Supuse que las esquinas del mundo estaban siempre custodiadas por duendes, pero algo había pasado que lo terrenal estaba simplemente mas presente que lo habitual. Los tres anillos mágicos que protegen los misterios del cuerpo, del habla y del espíritu se habían esfumado.
Por suerte el mar, el viejo mar vino a bañarnos.
Amanecía.
Y ya estábamos bañados. Limpios.
Los ojos al fin secos.

Amaneció con su sol mejicano un día que resolvió ser martes.

*de Analau. analaublejer@gmail.com

http://estaredeviaje.blogspot.com/
"Cada atardecer las recolectoras de estrellas salimos a iluminar la noche"

Excesos*

Alejandro Dumas durmió en la pieza de su mamá hasta los diecisiete años y después se largó solo a París para convertirse en el escritor más popular y mujeriego de todos los tiempos. Los tres mosqueteros, que son cuatro y van a cumplir un siglo y medio de vida; El conde de Montecristo, Los hermanos Corso y seiscientas obras más. Para saber qué quiere decir "popular" tratándose de Dumas, hay queleer la extensa biografía que acaba de consagrarle Daniel zimmermann en Francia ( Alexandre Dumas le Grand; Juliard, 736 páginas).
Cuenta Zimmermann que para el estreno de Los guardabosques, en 1858, el público lo ovaciona de pie mientras el Grand théatre le entrega una corona de oro. La gente no quiere irse ni lo deja salir. Dumas huye por los fondos y vuelve a su casa. Al rato oye a la orquesta que toca una serenata. Sale al balcón y allí están los músicos y el público que ha venido tras él y reclaman su presencia. Feliz, improvisa una arenga y los invita a canar en los mejores lugares de París. Hasta las tres de la mañana va de un restaurante a otro para saludar a la multitud y firma la cuenta. Esa madrugada, sin haber dormido, acompañado por su gato Mysouff, escribe tres nuevos capítulos y una obra en un acto, L'invitation à la valse.
Michelet lo pinta como "una fuerza de la naturaleza", y no es para menos: casi dos metros de alto, ciento cincuenta kilos, 646 obras, ochenta y siete años en cartelera, quinientos hijos naturales, espada de tres revoluciones, Dumas lleva a su apogeo la tradición folletinesca del siglo XIX. Hijo de un mulato, general de los ejércitos de Haití, va a ser uno de los pocos escritores de ficción de su época que se confiesa ateo, combate el antisemitismo y sigue al pueblo hambriento en los trágicos sublevamientos de 1830 y 1848. Luego de una breve excursión de propaganda colonial por Argelia, va a unirse a las tropas de Garibaldi en su guerra de liberación. Hombre de todos los excesos, empieza su carrera con una pieza aclamada: Antony, que se estrena en 1831. Ya ha nacido su primer hijo, al que da su nombre. Veintiséis años más tarde le va a disputar la popularidad con su primera novela: La dama de las camelias, que Giuseppe verdi transformará en La Traviata.
"El pasado me enseñó a no confiar en el futuro", advierte en sus memorias. Tal vez por eso vive siempre en el presente: con la plata que gana a carradas construye el mítico Castillo de Montecristo en las afueras de París, pero con la política y las amantes lo pierde. "Tengo el orgullo de haber hecho fortuna con mi reputación y no mi reputación con una fortuna." Igual va al exilio corrido por los acreedores y en Bruselas se encuentra con Víctor Hugo que escribe Los miserables y se prepara para llegar al bronce. Dumas es tan generoso como sus héroes: a la muerte de Balzac, su competidor "y casi enemigo", manda construir el monumento que todavía se encuentra en el cementerio de Père Lachaise. Saluda alborozado la aparición en 1830 de Rojo y negro, de Stendhal, y confiesa su admiración por Madame Bovary, que Flaubert publica con escándalo en 1857.
Claro que nadie es perfecto: Alejandro Dumas compuso casi todas sus novelas, ensayos y piezas ayudado por un ejército de compiladores y dramaturgos que le vendían ideas, tramas, borradores y manuscritos fallidos. El principal de sus ayudantes fue augusto Maquet, un profesor de historia que escribió los primeros borradores de Los tres mosqueteros. Maquet era rico y estaba de acuerdo en permanecer en el anonimato. Cobró su parte de derechos de autor hasta que en 1848 los renunció en una carta dirigida a los enemigos de Dumas. "Firmado por él, un folletín vale tres francos la línea: firmado por Dumas-Maquet, vale treinta centavos." no sólo el profesor lo ayuda: brunswick, Leuven, Pascal, son otros anónimos escritores que le sirven para explotar lo que el venenoso crítico Eugenio de Mirecourt describe en un opúsculo como la "Fábrica de novelas de Alejandro dumas y compañia". Pero transformar textos ajenos no afecta su talento: divorciado de Maquet y los otros, elabora por propia imaginación una obra que se sigue reimprimiendo hasta hoy.
El es quien revela las claves: "La técnica de la novela es episodios está emparentada con la del cuento, en la medida en que en una corta distancia es necesario atrapar al lector, tenerlo en vilo y largarlo en un final frustrante, que es la mejor manera de cerrar un cuento. Los queridos lectores se vuelven entonces activos y se ponen a imaginar una o varias maneras de continuar, mientras esperan el próximo número sobre el que van a precipitarse para saber si el autor ha tomado en cuenta sus hipótesis".
Es la técnica que todavía utilizan los baqueanos del suspenso en el cine y las tiras de televisión. Dumas trabaja doce horas por día, a razón de quince minutos por página "de cuarenta líneas por cincuenta letras a la línea; bien o mal, escribo veinticuatro mil letras en veinticuatro horas". Para ahorrar tiempo evita la puntuación, que deja a sus dos secretarios, Letellier y Rusconi, quienes corrigen y pasan los originales en limpio. Ellos anotan la rutina: poco importa cómo y con quién ha pasado la noche, Dumas toma un rápido desayuno y se instala en su escritorio: escribe con pluma de cisne o de ganso sobre hojas celestes. En ese espacio de veintiocho por cuarenta y cuatro centímetros, desafía todas las estrategias literarias de su época. Una obra de teatro, La reina Margot, se estrena en una versión de nueve horas corridas y nadie se mueve de su asiento. La función, que empieza a las seis de la tarde, se cierra a las tres de la mañana con el público convulcionado por los sobresaltos y las emociones. Otra de sus piezas, Las señoritas de Saint Cyr, permanece ochenta y siete años en el repertorio de la Comedia Francesa.
Si no fuera tan bueno habría que postularlo para la guía de los records. Pero es genial de veras, el tipo: tiene un estilo seco, irónico y distante que atrapa de entrada. Sus mujeres, malas o buenas, son maravillosas. D'Artagnan, Atos, Portos y Aramis son los héroes más conocidos pero otros son mejores, por ternura o por cinismo. ¿Cómo hace? "Sea yo quien posee el procedimiento o el procedimiento que me posee a mí, aquí lo anoto tal cual es: empezar por el siempre por el interés en lugar de empezar por el aburrimiento; por la acción y no por la preparación; hablar de los personajes después de hacerlos aparecer, en lugar de hacerlos aparecer después de hablar con ellos."
Entre junio de 1842 y octubre de 1843, en el Journal des Débats, Eugenio Sue, gran amigo de Dumas, lanza Los misterios de París. Balzac, ahogado por las deudas, entrega las novelas que componen la Comedia humana, el más importante legado literario francés del siglo XIX. La gente se precipita sobre el folletín de Sue que se agota y revende en el mercado negro. En los barrios los analfabetos pagan para que alguien lo lea en voz alta. Es tal el éxito que los editores buscan con desesperación nuevos autores. Por fin, de marzo a julio de 1844 Alejandro Dumas publica Los tres mosqueteros, que escribe con Augusto Maquet. El éxito es fulminante.
Desde entonces no puede salir a la calle sin que lo reconozcan y se formen corrillos a su alrededor. Actriz que se le acerca se va embarazada y contenta. Al menos eso dice su biógrafo que renunció a contarle las amantes. Al final de su vida contrataba prostitutas de a dos por vez y cada una se llevaba una alhaja y un recuerdo. Dumas y su hijo habían sido viejos compinches de alcoba. Compartían las mujeres y una de ellas solía acompañarlos en los viajes vestida de hombre para eludir el escándalo. Igual, en sus días otoñales, mientras redactaba La novela de Violette, su único relato erótico, el hijo, ya convertido en meticuloso moralista, gastó lo que le quedaba de la fortuna para rescatar las fotos chispeantes que el viejo se había hecho sacar con su última amante, la actriz Ada Menken. El fotógrafo había empezado a venderlas como tarjetas postales y la gente hacía cola para comprarlas. Al enterarse de que su hijo le cuidaba la reputación, lo increpó con una alusión a La dama de las camelias: "A pesar de mi edad encontré una Margarita Gautier para quien yo hago el papel de tu Armando Duval".
El 6 de diciembre de 1870, mientras relee su obra a orillas del mar, se muere Alejandro Dumas. Víctor Hugo acaba de escribirle: "los grandes corazones son como los grandes astros; llevan su luz y su calor en ellos. Usted no necesita elogios, ni siquiera agradecimientos; pero yo siento la necesidad de decirle que cada día lo quiero más, no sólo porque es uno de los resplandores de este siglo sino también porque es uno de sus consuelos".

*de Osvaldo Soriano.
-Publicado en una contratapa del diario Página/12 en 1993-.

*

“No hay nadie que haya jamás escrito,
pintado, esculpido, modelado, construido, inventado,
a no ser para salir de su infierno.”

ANTONIN ARTAUD

-Enviado para compartir por Laura Capella. elecapella@yahoo.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 26 de julio de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor venezolano Mirtru Escalona-Mijares. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de Only Instrumental
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
(Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Inventren Próxima estación: Rolito.

Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

*

XICóATL Nr. 88 está ya en internet!

El número 88 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, edición Julio/Septiembre/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org bajo el link:

http://www.euroyage.org/es/xicoatl-88

CONTENIDO:

ENSAYO: Marcos Ana, el Quijote viviente. Cristina Castello.

POEMARIO: Poemas. Marcos Ana.
Poemas. Alfredo Pérez Alencart.
CRÓNICAS: Dos Crónicas sobre Cartagena de Indias. Gustavo Tatis Guerra.

AUSTRIA: Poemas. Peter Blaikner.

La edición impresa de XICóATL # 88 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).

Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
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16/07/2009 GMT 1

ESTACIÓN J. V. CILLEY

urbanopowell @ 01:24

INVENTREN*

Al amigo Coiro, que sueña trenes.

Lo que vemos desde aquí no es más que un modesto edificio de una sola planta, con una puerta de madera y dos ventanas. Se adivina que en otro tiempo estuvo pintado de blanco, pero ahora toda la fachada está repleta de desconchones y lo que parece ser un impreciso conglomerado de restos de pintura, con diversos colores mezclados de forma aleatoria, como lo haría un niño. "Ese estrago no es obra de niños" dice el Gringo. El Gringo era actor. Vino hace casi treinta años a participar en una película, descubrió la melancólica noche de nuestras ciudades y la insondable desnudez de nuestros yermos, y nunca más volvió a su tierra. Desde entonces vaga por ahí con su videocámara y un ansia insaciable de escenas por grabar, de mundos por descubrir y relatar.

Si nos acercáramos un poco más, veríamos que se trata de la oficina ya inútil de un apeadero abandonado, último residuo de un pasado que se nos va marchando lentamente. Un poco más cerca, observamos que la puerta, que alguna vez fue verde y ahora es un mero trozo de madera reseca, ha sido abierta, quizá forzada, y que las ventanas no tienen cristales. Pensamos que acaso alguien se los llevó para venderlos, o que estarán esparcidos por el suelo, fragmentados en miles de pequeñas astillas transparentes que dentro de un rato, cuando el sol esté alto, sembrarán de reflejos el entorno, multiplicando la aridez de este paisaje.

Nuestros pasos, lentos, resuenan sobre la calma del amanecer austral mientras nos vamos aproximando a la caseta. A pocos metros hay un auto, que parece tan abandonado e inútil como todo lo demás. El volante y el cambio de marchas han desaparecido, así como tres de las ruedas. La cuarta está destrozada. También faltan la puerta del conductor y los espejos. Ese auto tiene un no sé qué de animal herido. De bestia moribunda que se ha arrastrado hasta aquí a exhalar su último aliento, al lado de las vías por las que una vez circuló esa especie de hermano mayor: el tren. Pero también las vías han emigrado a otras latitudes. No queda por allí ni un solo hierro. Algunas traviesas de madera, uno que otro tornillo enterrado, la hierba seca marcando el lugar donde antes hubo raíles, como queriendo contar una historia, una vieja balada de destierros y encuentros.

Dentro del inmueble en ruinas hay alguien. Se asoma al acercarnos. Es el Marmota. Le llaman así porque siempre parece estar durmiendo. La realidad es que padece una suerte de insomnio crónico, que le impide dormir durante la noche. Eso hace que se pase el día dando cabezadas. Antes la cosa era diferente: El Marmota trabajó, como todos nosotros, en el ferrocarril. Fueron años dichosos. Uno se pone a contar anécdotas y no termina. Ganamos algo de plata, hicimos buenos amigos, recorrimos este país hermoso, vivimos. Luego todo terminó de repente. La casa donde vivía el Marmota en esa época estaba a unos doscientos metros de las vías. Cada noche, antes de acostarse, escuchaba pasar el tren de las once, que iba hacia el norte. Media hora más tarde, con bastante puntualidad, podía escuchar, a veces ya desde la tibia región del duermevela, el que venía atravesando la estepa rumbo al sur. Ese era el mejor indicio de que el mundo seguía marchando, de que todo estaba bien. Después -esto ya lo supo todo el país por los diarios o la televisión- esa ruta quedó obsoleta y se suspendió el tráfico. Muchos de nosotros nos quedamos sin trabajo. Aquella primera noche sin trenes, el Marmota permaneció acostado cara al techo durante horas, esperando, sin saberlo, el sonido que había venido escuchando y amando desde que tenía conciencia. El bárbaro silencio no lo dejó dormir. Desde entonces, cada noche no es más que un reflejo borroso de aquélla, la pesadilla de la que no le es posible despertar.

Por eso no es extraño que haya sido el primero en llegar. Nos saluda con un gesto. Nos muestra el interior. Un armario desgajado y un par de sillas raídas, un tablón de anuncios con cuatro o cinco chinchetas oxidadas, un botiquín vacío. También hay un diminuto baño con las paredes desnudas. Habrán aprovechado las baldosas. "No es mucho, la verdad" murmura el Gringo. "Hay que ser cautos" dice alguien. "No sabemos bien de qué va esto. Ya se verá".

Todavía falta gente, no sabemos cuánta. Nos sentamos afuera, en el suelo, a la sombra. Aún no hace calor, pero es el lugar más agradable para esperar. Fumamos en silencio, con la mirada perdida en un punto inconcreto, cada uno sabrá qué es lo que ve en esa intersección imaginaria.

Un rato más tarde aparecen dos mujeres con un bulto. A lo lejos, parece una especie de alfombra enrollada. Se oye un susurro: "Son ellas". Caminan despacio, quizá el peso les impide avanzar más aprisa. Dos de los hombres se incorporan, tiran sus cigarrillos al yermo donde antes estaban las vías, y van al encuentro de las mujeres. El tercero sonríe. Hace años que las conoce. Sabe lo que va a pasar, como si ya lo hubiera visto antes, como si no hubiera hecho otra cosa en su vida que ver una y otra vez esa misma escena: Se encontrarán a mitad de camino, o un poco más lejos, allí donde un letrero sujeto con alambre al poste inclinado todavía indica el nombre del apeadero, y una flecha mínima, insignificante, señala la dirección a seguir. Después, ellos se ofrecerán a llevar el pesado fardo. Ellas, educada pero firmemente, rechazarán la propuesta. Habrá una breve y acalorada discusión. Luego, ellos regresarán a paso ligero, sin mirar atrás, mientras ellas se van aproximando con lentitud, saludando con la mano de vez en cuando y parándose a descansar un par de veces.

Cuando llegan, apoyan el fardo sobre uno de los muros y saludan a todos. Hay sonrisas y abrazos. Queda olvidado el incidente de unos minutos antes. Somos una misma cosa, las pequeñas contrariedades no deben afectarnos. Tenemos un objetivo, aunque aún no sepamos muy bien cuál es. Así pues, nos saludamos y charlamos durante algunos minutos. En realidad, no sabemos de qué: Lo importante en ese momento es el sonido de las voces, saber que estamos ahí, que hemos regresado del exilio al que nos sometimos, o al que no pudimos escapar.

Luego, todos callamos. En el horizonte ha aparecido el Catalán. A esa distancia parece más pequeño, pero así y todo, no pasa desapercibido. Alguien pregunta "¿Se habrá acordado de traer los cuadernos?". Es una pregunta retórica. Todos conocemos la extrema seriedad y eficiencia del Catalán. Resulta extraño verle con traje y corbata en un día como hoy y en un lugar como éste. Al caminar, sus pies levantan pequeñas nubes de polvo que se quedan durante un instante posadas sobre el camino terroso y después se desvanecen como fantasmas inexpertos. Trae una maleta en la mano derecha, una maleta pequeña. Nos sorprende un poco reparar ahora en que los demás no hemos traído equipaje. No pensábamos que fuese necesario, y quizá no lo sea, mas el hecho de ver a uno con una maleta nos hace pensar en ello por primera vez desde que iniciamos esta aventura. Entendemos, porque así se nos dijo, que todo empieza en este lugar y en este día, pero nada sabemos de lo que vendrá luego. "¿Y no es siempre así en la vida?" se pregunta uno de nosotros, imposible saber quién.

Ha ido llegando más gente. Unos charlamos, otros permanecemos callados mientras oteamos la lejanía por si vienen más. La mañana va floreciendo. Nadie mencionó una hora concreta; no obstante, algunos empezamos a estar un poco intranquilos. Aunque nadie va a volver sobre sus pasos, eso no lo dudamos. Así que nos ponemos a esperar. Fumamos y charlamos; caminamos y fumamos, alguien canta por lo bajo. El día va transcurriendo. Hay quien piensa que tal vez sería hora de regresar a su casa; sin embargo, aquí nadie se mueve. No sabemos qué, pero en el fondo todos confiamos –o nos dejamos mecer en ese espejismo- en lo que ha de venir, aunque nos sea imposible cifrarlo o definirlo. Escrutamos la inmensa extensión que se extiende en torno; creemos adivinar, a lo lejos, sombras que se mueven, autos que van o vienen, aunque sabemos que no hay ninguna carretera cercana. Llega la primera penumbra del crepúsculo. Tal vez nos preguntamos si en verdad es posible aún esperar algo. Como un ronroneo creciente, la noche se acerca y nada ha sucedido. Sobre el murmullo, se escucha un rasgueo de guitarra, una voz que entona una milonga, otra que le acompaña. Al otro lado, en el yermo, se repiten los ecos nocturnos de los lugares abandonados para siempre. Entre todos estos ruidos tan familiares, se cuela uno nuevo, inexplicable: Si no fuera imposible, diríamos que se ha oído el traqueteo de un tren en la distancia. "Habrá sido un camión" farfulla una voz, aunque le falta convicción. Un rato después, el sonido se repite. Pedimos silencio. En efecto, hay un rumor, lejano aún, pero inequívoco. Esta vez nadie tiene dudas. Al fin y al cabo, somos todos del oficio. "El viento lo habrá traído desde la ciudad" musitamos, tratando de negarnos esa ambigua ilusión que comienza a asentarse en nuestro ánimo. Sin embargo, aguzamos el oído por si nos es dado establecer de dónde viene; escudriñamos el norte y el sur, el este y el oeste, convencidos de la inutilidad de nuestra solícita vigilancia, y al mismo tiempo con la secreta esperanza de ver aquello que deseamos, distante quimera que nos alzó de nuestros lechos y nos condujo hasta este minuto en el que todo va a tener sentido, o a perderlo. El sonido es real y poco a poco aumenta su volumen. Crece entre nosotros un griterío apagado, hay movimientos inquietos, miradas interrogantes, cierta confusión. De pronto alguien grita mientras señala un punto luminoso en el sur: "Allí, allí". Ya no es sólo el traqueteo remoto. Ahora lo acompaña una luz que se nos va acercando, una luz que viene del Sur. Desconcertados, nos miramos. Nos gustaría ensayar una hipótesis, fijar con unas pocas palabras eso que está sucediendo y que no tiene explicación, mas nadie dice nada. El sonido se va elevando hasta resultar casi insoportable. El círculo de luz también ha aumentado ostensiblemente su tamaño. No puede ser, pensamos. Pero es: Una locomotora antigua, cubierta por la tierra de todos los caminos, erosionada por todas las lluvias que el mundo ha visto, se acerca, poderosa y desafiante, hacia el lugar en que estamos, hacia este apeadero inútil, hacia este yermo desolado, provocando un rechinar, una agria resonancia, fantástica música que escuchamos con el corazón encogido. Con un chillido de frenos viejos, desacostumbrados, se detiene justo al lado de este barracón donde esperamos, arracimados y anhelantes. Vemos al conductor. Le reconocemos. Era cierto, entonces. Una voz se eleva por encima del murmullo general. La voz, resuelta, garabatea en el aire un pensamiento común: "Vamos subiendo. Es la hora".

*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es

ESTACIÓN J. V. CILLEY.

EL ADIÓS DE LOS TRENES*

I

En este pueblo
extraviamos hace rato
nuestras sombras.
Los más viejos atribuyen la pérdida
a una conspiración de pájaros airados
por el asesinato de los eucaliptus
que bostezaban sombras húmedas
sobre la soledad del hospital;
estos viejos dicen
que los pájaros se llevaron
sombras de casas, de gentes, de utensilios,
con las sombras
de los eucaliptus.
Para otros,
el último tren
con su afónico silbato de exilio
cargó vagones
de sombras humilladas
que agitaron
pañuelos amarillos.

II

La vieja estación
es ahora una gran casa de lechuzas
que chistan, convocantes,
a una verde luna de tragedia.
Como elefantes cansados
los trenes dieron con sus huesos
en las vías muertas
y verdean a la luz lunar
que riela y riela
hasta requisar la nada
en los andenes.
Aquí no hay aire.
Por eso se escuchan
voces de otros tiempos

*De Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com

La muerte y J. V. Cilley*

La muerte de las personas es como la muerte de los objetos, o quizás debiese haberlo dicho al revés. Pero la muerte de los objetos, esos seres inanimados que portan cierta alma que aflora, también es reconocible.
Cómo no decir en la estación "esta estación, que estaba viva, ha muerto". Cómo, frente al patio borrado por la Pampa que devora las construcciones humanas, frente al andén inexistente, los rieles levantados, las paredes apenas esbozadas por una línea de ladrillos ancha y baja, cómo, entonces, no decir "esta estación, que tuvo vida, ha muerto".
Dicen que a la estación la derrubaron, que a los rieles los levantaron, que dejaron que los yuyos tapen el pozo cegado, y que permitieron que el patio apenas se dibuje brevemente por el perímetro de árboles desolados. Pero a la casa del guarda no la tiraron las manos de las gentes que mataron la vida del ferrocarril. La casa se derrumbó de tristeza, sola por el peso de la pena de ya no ser, de haber quedado despoblada. La vivienda del guarda sin guarda se derrumbó por el peso del vacío, sin ayuda.
La casa se cayó sobre sí misma, como un árbol, como un farol que se apaga, como un amor que desvanece su anhelo y se repliega en el olvido.
Es una tumba la estación J. V. Cilley. Si las personas mueren, si la historia tritura y demuele y desaparece, entonces esta estación, que ya no está, que es apenas un rastro bajo los cielos enormes y definitivos, esta estación es una tumba como la de los gringos, una tumba en tierra fundida en la tierra, un rectángulo de soledad bajo el perfecto azul.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

-J. V. Cilley, estación que funcionó durante poco tiempo, a 11,200 km de la punta de rieles en Carhué.
En contra de lo que habitualmente se supone, J. V. Cilley no fue un simple apeadero. Tuvo un cuadro relativamente grande y dependencias de importancia cuyos restos aún son visibles. Un camino rural lleva a la mitad justa del cuadro: desde ahí ya se aprecian las ruinas de la vivienda, bajo un monte arbolado que, bien observado, forma un perímetro cuadrado que evidentemente correspondió a un patio. Ingresando al cuadro, hacia el sur (en dirección a Carhué) no hay otras sorpresas; pero recorriéndolo hacia el norte (en dirección a Rolito, que estaría 9 km adelante) comienzan a aparecer restos del andén y de otras construcciones.
Un muchacho del campo vecino salió a recibirnos y, para nuestra sorpresa, resultó ser todo un baqueano. No era para menos: era la tercera generación que habitaba en ese sitio. Su abuelo, nos dijo, recordaba perfectamente a J. V. Cilley en actividad; y él mismo llegó a ver el paso del último Midland y el posterior levantamiento de rieles. Nos aclaró que la estación desapareció hace mucho, pero que la vivienda se derrumbó sola unos pocos años atrás. También nos señaló la ubicación de un pozo cegado, del lugar donde otrora se alzara un galpón de cargas, y de algunos otros elementos.

ESTACION CILLEY DEL MIDLAND Y EL MARTIN FIERRO*

(Escrito inducido por el colectivo "Inventiva Social")

*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar@rocketmail.com

Puede ser que desde el punto de vista histórico le esté chingando fiero. Pero las licencias literarias son las licencias literarias y en el campo de las Humanidades, vale la noción de "inferencia probable". Saliendo de Carhué por el ramal ferroviario Midland, la primera estación es (en realidad era)
Cilley. Uno tiene la propensión de acumular a lo largo de la vida informaciones que uno mismo piensa que son irrelevantes, pero igual con facilidad se acumulan en algún vericueto de cerebro y allí quedan. La
primera vez que vino a nuestra croqueta de genealogista a la violeta el apellido Cilley, fue cuando allá por 1971, en las postrimerías de esa aventura de facto autodenominada "Revolución argentina", el capo militar de entonces Lanusse (quien dijo que a Perón "no le daba el cuero"), designó en la simultáneamente creada Subsecretaria de Deportes a un señor de apellido Cilley Hernández. Tal sea por nuestra condición de entusiasta corredor pedestre en actividad que reparé en esa designación. En ese entonces no se me ocurrió ligar esa designación con la celebración del "Año Hernandiano" en 1972. Uno de los eventos mas relevantes de ese año (centenario de la aparición de la "Ida de Martín Fierro", fue la inauguración de un monumento al gaucho Martín fierro en la ciudad bonaerense de Pehuajó. Casualmente ese año en Noviembre (Un noviembre convulsionado por el regreso del General Perón a la Argentina), fui a participar a una carrera pedestre que organizaba en Henderson., la Peña Sanlorencista de esa localidad. De ese viaje hicimos un comentario hace pocas semanas, a propósito de este emprendimiento de "Inventiva". Antes o después de esa participación me enteré que el Municipio de Henderson, que se había emancipado hacia los sesenta, formaba parte del partido de Pehuajó, en cuya fundación habían
tenido participación los hermanos José y Rafael Hernández. Mas o menos por esa época me entere la existencia de un paraje en el partido de Pehuajó llamado "Nueva Plata", muy cercano por donde pasaba el Midland... Más adelante me enteré que esa colonia había sido fundada por los hermanos Hernández. Allá por 1986, en ocasión de un viaje a Stroeder en el partido de Patagones, tuve la ocasión de conocer a un abogado, Jorge Tenreiro, a quien habria de tratar hasta poco antes de su suicidio a mediados de los 90.
Tenreiro había jugado sus escasos fondos a producir un filme con muñecos articulados, con el "Martín Fierro" como argumento. Se dedicaba a difundirlo entre los colegios. En ocasión de una exhibición de la película, me comentó que de los Hernández, el más interesante era Rafael.Y me quedó picando ese
consejo del amigo, que poco tiempo después se iria de este valle de lagrimas. La creación de José "Matraca" Hernández, se nos ha cruzado por nuestras peregrinaciones, particularmente en la provincia de Buenos Aires y nuestros estudios del tiempo que le tocó vivir apasionadamente. Una vez en el museo de Ayacucho, me enteré de su amistad con Zoilo Miguenz el fundador de "la ciudad de las rosas". Otra vez paseando por una calle de Santa Ana do Livramento la ciudad brasilera, que limita avenida de por medio con la ciudad Uruguaya de Rivera, leí una placa en el lugar donde había escrito parte del poema que algunos consideran "el poema nacional argentino". De paso a mi trabajo suelo pasar a menudo por donde hay una placa que recuerda el lugar en frente a La Casa Rosada donde terminó Hernández, de escribir la primera parte del mismo. Y lo de "Nueva Plata", tiene relación con la fundación de la ciudad de "La Plata", el 19 de noviembre de 1882. Los Hernández estaban en el tema. Se dice que el encargado de preparar el gran asado (¡Que las malas lenguas dicen que se le quemó!!!) fue José. Rafael,
habría de propiciar la creación de la Universidad de La Plata en 1897.
Ínterin luego de la creación del partido de Pehuajó, habían puesto en marcha algo muy parecido a la utopía (Por ese tiempo habria muchos intentos de ese tipo) que denominaron, relacionándolo con la ciudad fundada por Dardo Rocha y ninguneada por Roca. Se dice que Rocha la fundó para recuperar la ciudad
de Buenos Aires, que la provincia había perdido en forma sangrienta con su federalización. Hay vestigios en los archivos de Rocha, que La Plata fue creada para ser capital de la Argentina (Y cuando uno estudia minuciosamente su diseño y construcción, puede llegar a creer en esa interpretación). Bueno, de los tiempos de "Nueva Plata" viene el "Manual del Estanciero", de José "Matraca". Escribió este ese libro para demostrar que no hacia falta hacer el viaje al exterior que le proponía el gobierno (tal vez para sacárselo de encima por un tiempo), sino que con sus vivencias podía hacer ese informe sin acudir a costosos viajes. Bueno, pero saltemos en el tiempo, y volvamos a los primeros años de este siglo XXI de la era cristiana. Hace dos o tres años, me encuentro en una librería - editorial al lado de la Facultad de
Medicina de la Universidad de Buenos Aires, con un libro dedicado a Rafael Hernández, escrito por quien fuera un destacado intelectual de Pehaujó : Osvaldo Guguielmino. Me recordé de aquella opinión de Tenreiro y compré ese libro cuya primera edición era del año 1949. Allí el autor testimonia aquello que me había dicho Tenreiro y aquí aparece el apellido Cilley.
Incluso el autor agradece a una señora de ese apellido emparentada con los Hernández. De allí aparecen los Cilley Hernández. Un apellido ligado hasta el día de hoy al deporte del rugby, y en su momento se comento que Lanusse lo había conocido al Cilley Hernández, que designara Subsecretario de
Deportes, cuando ambos jugaban en el mismo equipo de rugby de San Isidro (no se si el CASI o elSIC). Entonces se volvieron a mezclar las /los Hernández, los Cilley, Pehaujó, Nueva Plata y el trazado del Midland. José murió en 1886, y Rafael en 1903. Un año antes de que se sancione la ley provincial que
autorizó la construcción del Midland. Como los proyectos de ley no se dan a veces de un día para otro, se puede conjeturar que Rafael tiene que ver con ese trazado y con ese proyecto, sobre todo teniendo en cuenta sus inquietudes pioneras y sus influencias en La Plata. También es sabido que las familias tenían grandes extensiones de campo y se relacionaban con otras familias que tenían campos vecinos. Si uno ahora con el Google Earth, localiza Pehaujó, Nueva Plata, Henderson, Carhué y Cilley, se dará cuenta porque encontramos vinculación entre Cilley y el Martín Fierro. Tengo un poco de fiaca de ir a consultar a una biblioteca el Nomenclador Ferroviario de Udaondo del año 1942. Pero por estudios hechos sobre esa publicación, sé que los nombres de los estaciones, sobre todo de las pequeñas, tenían que ver con los dueños de los campos donde se localizaban las mismas. Uno hoy no puede prescindir al momento de buscar información sobre cualquier tema, de los buscadores tipo Google. Allí nos enteramos que el ferrocarril Provincial que tenía parte de su recorrido vecino al Midland, tenía una estación
llamada Gerente Cilley. Bueno; advertí desde el principio que este esquicio, se amparaba en la figura de la "licencia literaria". Sirva al menos para demostrar el poder motivador que puede tener cualquier substantivo.

Buenos Aires 12 de Julio de 2009

Alfredo Armando Aguirre. Trabajos publicados:
http://choloar.tripod.com/trabajos.htm

SUAVE ENCANTAMIENTO*

Profundos y plenos
cual dos graciosas, breves inmensidades
moran tus ojos en tu rostro
como dueños;
y cuando en su fondo
veo jugar y ascender
la llama de un alma radiosa
parece que la mañana se incorpora
luminosa, allá entre mar y cielo
sobre la línea que soñando se mece
entre los dos azules imperios,
la línea en que nuestro corazón se detiene
para que sus esperanzas la acaricien
y la bese nuestra mirada;
cuando nuestro "ser" contempla
enjugando sus lágrimas
y, silenciosamente,
se abre a todas las brisas de la Vida;
cuando miramos
las cenizas de los días que fueron
flotando en el Pasado
como en el fondo del camino
el polvo de nuestras peregrinaciones
Ojos que se abren como las mañanas
Y que cerrándose dejan caer la tarde.

(1904)

*de Macedonio Fernández
Textos Selectos Ed. Corregidor 1.999

Tren*

No es que me pase lo mismo cada vez que veo un tren. Pero a veces ocurre. Y sobre todo si es de noche y el tren viene de frente. Entonces, mientras la distancia se acorta y la luz se agranda, un resorte se me dispara en la memoria e, inmovilizado, espero que esa cosa poderosa me devore.
Realmente tengo que esforzarme para tomar conciencia de que estoy parado a un costado de las vías
-sobre un terraplén, en un paso a nivel, frente a la boca de un túnel- y que el tren seguirá fiel al mandato de los rieles y pasará de largo sin tocarme.
El recuerdo del primer tren arrojándose sobre mí llega desde muy lejos, tanto que a veces me cuesta aceptar que es mío y que no me ha sido relatado por otra persona. Yo tendría siete, tal vez ocho años, y estábamos con mi padre en el andén de la estación de Fondotoce, a unos pocos kilómetros de Intra, nuestro pueblo. Nos dirigíamos a la región del Veneto, donde vivían mis abuelos. Probablemente era nuestro primer viaje después de terminada la guerra. Sé que estaba anocheciendo, que el tren surgió de golpe, sin que nada lo anunciara, y entró en la estación con tal estruendo que me paralizó. Sé que cuando me recobré hice un comentario asombrado y mi padre sonrió y dijo algo que no podré recuperar.
Ésa es la imagen. El ojo de un cíclope -fuerza y furia- abalanzándose desde las sombras y un chico paralizado.
Volví a esa estación de fondotoce cuarenta años después de nuestra partida a América y habiendo cumplido ya los cincuenta y dos. Había llegado a Intra un par de semanas antes, cruzando el lago en un transbordador y ahora me iba allí en tren. Durante esos días no hice otra cosa que caminar arriba y abajo por las calles del pueblo, por las orillas del lago y los dos ríos, buscando algo que ya no podía estar. Me iba sin llevarme más que desencanto y quizás algunas advertencias para ser analizadas después, cuando decantaran en mí, cuando de nuevo los trenes y los aviones me hubieran llevado lejos.
Lloviznaba de a ratos sobre la estación entre montañas, había mucho color de óxido alrededor y pájaros moviéndose entre las ramas de los arbustos. Oscurecía. Éramos apenas cinco o seis viajeros esperando. Yo caminaba de un extremo al otro del andén, buscaba a través de la niebla que se espesaba la cima del Monte Rosso, el cerro que dominaba mi pueblo. Descubrí que llegando a la estación, del lado de donde vendría mi tren, las vías hacían una curva y había además una ladera rocosa que se interponía e impedía ver más allá. Entonces volvió aquel anochecer de mi niñez y me vi parado ahí con mi padre, junto a una valija. Mi padre que tenía, en el recuerdo, veinte años menos que yo en ese momento. Y de pronto sucedió de nuevo. El tren apareció con su ojo luminoso y su potencia y saltó hacia mí como había ocurrido aquella primera vez. Sentí que el tiempo no había transcurrido y que yo seguía siendo el mismo, con los mismos miedos y seguramente con un desamparo mayor.
Sentí la falta de la compañia de aquel hombre veinte años menor que yo y sus palabras imposibles de recuperar. Desfilaron los vagones, se detuvieron, levanté el bolso y me apresté a subir, deseando encontrar un compartimento vacío para poder estar solo.
Ésa es mi pequeña aventura con los trenes. Un sobresalto infantil que de tanto en tanto asoma la cabeza y se reitera a lo largo de los años. Casi nada, en realidad. Y sin embargo, siempre me sorprendo tratando de escarbar todavía un poco en esa historia. Si insisto en analizarla, si me esfuerzo por fijarla en unas líneas, es porque a veces tengo la impresión de que ahí hay algo que valdría la pena rescatar, una huella, una señal, algo. Pero no sé qué es. No sé en qué dirección va, hacia dónde me lleva, si me lleva a alguna parte.

*de Antonio Dal Masetto.
"El padre y otras historias". Editorial Sudamericana. Bs. As. Edición 2002.

Próxima estación: Rolito.

Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

El tren continúa parando en las siguientes estaciones:

SATURNO.
SAN FERMÍN.
CASBAS.
EDUARDO CASEY.
ANDANT.
CORONEL M. FREYRE.
ENRIQUE LAVALLE.
CORACEROS.
HENDERSON.
MARÍA LUCILA.
HERRERA VEGA.
HORTENSIA.
ORDOQUI.
CORBETT.
SANTOS UNZUÉ.
MOREA.
ORTIZ DE ROSAS.
ARAUJO.
BAUDRIX.
EMITA.
INDACOCHEA.
LA RICA.
SAN SEBASTIÁN.
J.J. ALMEYRA.
INGENIERO WILLIAMS.
GONZÁLEZ RISOS.
PARADA KM 79.
ENRIQUE FYNN.
PLOMER.
KM. 55.
ELÍAS ROMERO.
KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.
MERLO GÓMEZ.
RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.
JUSTO VILLEGAS.
JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.
ALDO BONZI.
KM 12.
LA SALADA.
INGENIERO BUDGE.
VILLA FIORITO.
VILLA CARAZA.
VILLA DIAMANTE.
PUENTE ALSINA.
INTERCAMBIO MIDLAND.

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ESTACIÓN CARHUE

urbanopowell @ 01:22

TODAVÍA. *

*Por Eduardo Pérsico. epersic@ciudad.com.ar

No todos los instantes ya pasaron y aún aguardan tenaces.

Imprevistos. Furtivos.

Ocultos en la lluvia que enjuaga la ventana,

o en la invicta añoranza que irrumpe cada tanto

si algo ya nos dejó camino arriba.

No son sólo un ayer de gorriones quebrando

el aire transparente de una tarde lejana.

Ni el sol febril curtiendo la sangre adolescente.

Tal vez cada futuro es también una ausencia.

Sin el dulce regusto de niñez y nostalgia,

un posible que ausente no alcanzó su destino.

Sin aguardo de magia o resplandores

cada fugacidad será un acaso

muy íntimo y final. Sueño y milagro.

Entonces. Todavía.

*Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

ESTACIÓN CARHUE.

Las aguas y los dioses*

En este lugar, aquí, en este hermoso lugar hay verde. Aquí, en este sitio existe el verdor. Aquí es bello, aquí hay plantas. Eso decíamos.
Nosotros, los mapuches, nosotros, los salvajes ignaros decíamos Carhué y era decir nuestra casa, era decir la tierra, era decir mi familia, mi ancestro más remoto, mi vida. Decíamos Carhué y decíamos amo la tierra verde.
Y el lago Epecuén nuestro lago Epecuén era salado. Salado como el mar más reconcentrado, tan salado como si el océano hubiese sido puesto al fuego en una olla de barro y hubiese hervido despacito hasta que el agua fuese casi sal. Así era el lago, así lo extendieron los dioses oscuros sobre la tierra verde. Y era el límite del verde. Mas allá venía la pradera que se tornaba páramo, hasta allí las pasturas y la facilidad. Hasta allí lo cálido y amable, a partir de allí ese límite, ese exterior, esa felicidad que se
consigue con mayor dolor. Porque, debo decirlo, también esa era nuestra casa, y así como se ama al hijo obediente, se ama inevitable y dolorosamente al hijo que se eriza en espinas y baldío.

Era Carhué y era el lago de sal. Y fueron los hombres que ya estaban pero estaban todavía lejos. Eran los hombres del color de la blanca muerte, que nos habían dejado tranquilos hasta que su codicia los forzó a extender los brazos más lejos que el corazón. La codicia les dio hierros en los brazos y les dio hierros en los pies, y Carhué que era mi hogar fue mi tumba, y mis lugares tomaron nombres que nunca les casaron, nombres que se resbalan porque no los pertenecen. Pueblo Adolfo Alsina, lago San Lucas,
nombres extranjeros, nombres que se desvanecen bajo el cielo de la América y que mi boca no puede pronunciar sin hacerse violencia.

Llegaron los hombres de hierro. Se quedaron los hombres de hierro.
Vinieron en su propia bestia humeante como quien llega montado en una pesadilla. Le dicen ferrocarril a la bestia de fuego, a ese monstruo negro y temible. En tres grandes bestias llegaban los hombres blancos y seguían trabajando para su codicia.
No les bastaba la laguna de sal. Ya no estábamos nosotros, yo era ya polvo de huesos bajo mi tierra verde cuando los intrusos que vendían baratijas y habitaciones y bañadores a rayas quisieron obligar a la tierra a dar más de si. No les bastó ver nuestra tierra, se la apropiaron; no les bastó apropiarse de la tierra, la quisieron doblegar con sus canales y sus terraplenes. No era suficiente con el nuestro lago, no. Hicieron un lago ellos, un lago dulce, trajeron el agua desde otros lados que no son este lado, que no pertenecen a este lado, y con ese agua extranjera hicieron ese nuevo lago y cambiaron la historia de la nuestra tierra.

Y el diez de noviembre uno de los dioses oscuros miró la tierra que era verde, abominó el lago dulce, tomó una palabra, pronunció una nube de ceniza, y el terraplén cedió, y la ciudad conoció el olvido del agua silenciosa. Y el agua avanzó como un ejército en marcha, y las puertas se hincharon en sus marcos, y el inexorable pasado se acumuló sobre los ladrillos de la ignominia. No tañe la campana bajo el agua, no acuden los niños a las escuelas, diez metros de agua se comprimen sobre las plazas y los tejados.
Me duermo en mi tumba ahora. Mientras me adormezco canto quedo una melodía que ya no encuentra cuerdas para sonar. Siento la luz de la luna quebrada sobre el pueblo sumergido. Descanso ahora. Los dioses juegan sus juegos, un pez desprende silenciosa, lentamente, una escama de madera de una
silla que se pudre.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

Estación invierno*

Hay trenes que van
gente sedienta de prisa
el que yo espero
es tren de nostalgias
dicen que ese ramal ya no existe.

La estación sugiere
que el tren que esperaba
ya pasó
silencioso y escarchando.

*De © diana poblet. soydian@yahoo.com.ar

Dudando*

Está justo detrás de mi, al fondo del vagón. Ha cambiado su ubicación habitual y ahora estoy obligado a girar la cabeza de una manera un tanto ridícula. Sólo espero que ella no se de cuenta de que la observo. Hoy quería acercarme a decirle algo, pero... ¡está tan lejos!
Mañana sin falta la abordo y entablaré conversación con ella.

Mientras ella baja del vagón mira de reojo a aquel chico con el que se encuentra desde hace dos años cada mañana. En muchas ocasiones ha tenido la sensación de que iba a dirigirle la palabra, pero no ha sido así. Bien es cierto que se ha encontrado con su mirada en muchas ocasiones, pero nunca se ha acercado. Quizás debería ser un poco más coqueta, quizás debería insinuarse de alguna forma.
Mañana será el día en que se decida, de mañana no pasa...

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EL TREN DE LAS 18 *

Con su estertor
como un punto o una peca negra
una mancha voraz ocupando la planicie
o bien como un cimbronazo del horizontes
irrumpía el tren de las dieciocho

columpiando sus distancias en uno y otro ojo.
El asunto estaba en ese acontecer de la tarde
donde bajaban y subían saludos
bultos varios y uno que otro grito de andén

como si todo la congoja y la nostalgia
la risa y los temores
se detuviesen un instante en los umbrales
para, luego, salir cual arcón mágico por la pampa.

*

Siempre que menciono el tema me retrotrae a algunas experiencias vividas en mi infancia, hasta mi adolescencia, inclusive. Y me lleva a los cuadernos que tengo escritos con anotaciones varias y poemas que acompañan el día. Algunos de ellos están llenos de esas emociones que me fortalecen, que desmienten las torpezas cotidianas, las dudas de la rutina.
Habíamos caminado, antes, por las vías muertas del ferrocarril que pasaba por Capilla del Monte. El tren es algo muy difícil de explicar para aquellos que no tuvieron la oportunidad de vivirlo tan cerca. En la pampa sinfin era una fuerte presencia que anudaba y desanudaba los decires de todos los pueblos por donde pasaba. Sus vías, que aún están, nos acercaban las distancias. Me paraba, recuerdo, en medio de ellas y miraba absorto una y otra lejanía y las dejaba posar en mi imaginación de niño. Los guardas de los trenes siempre me contaban historias de lugares extraños que se aquerenciaban en mis no olvidos. Y no les digo lo que era subirse a una de esas viejas locomotoras, con su vientre al rojo vivo, de carbón ardiente:

- ya vas a manejar una de estas, me decía el maquinista, y dejaba que agarre una manija.

- Manejé el tren hoy, mamá. Y le contaba la historia.

*de Oscar A. Agú. cachoagu@yahoo.com.ar

Soledad del Silencio*

Hay silencios de muertos y de vivos…

de los que te aturden y te crispan

Hay silencio que no escuchas

Hay silencio de rostros

Hay silencios de día que casi entran en la incertidumbre

Hay un silencio entre una palabra y la otra

Hay un silencio que se asoma en la espera

Hay un silencio que vuela alrededor de la vida

Hay una soledad del silencio que no se puede derrotar

Hay silencios que se ocultan detrás de todos los ruidos

Hay silencios de penas que las han callado

Hay silencios de lágrimas, de miradas

Hay silencios prudentes y compulsivos, amordazados

Hay silencios acordados en pactos

Hay silencios transgresores

Hay silencios que no se pueden oír

Hay un silencio del silencio que se deja a la conciencia.

Hay un silencio de armonía y de espanto

Hay una monotonía de él, una amenaza del silencio en la urbe

Hay una comunión humana del silencio

Hay silencios que hay que dejar que sean

Hay silencios que romper con un grito que duela

Hay silencios de voces y de piel

Hay un silencio todo, de nosotros….

Hay una historia del silencio y un silencio de la historia.-

*de Maria Elena Buroni. mariaelenaburoni@hotmail.com

EL PARAGUAS*

-Mayo del 76-

Frío de mayo. Lluvia. Malabarismos del paraguas contra el viento y el agua congelada.
Un programa calentito y reparador, chocolate con churros en La Giralda y cine con mi amiga, la de todas las tardes de parvas de tostadas bien finitas con manteca y confesiones al borde de la
chimenea, legado de mi nonno. Dos películas seguidas de Dustin Hoffman. Imperdible.
Pero igual, demasiadas cuadras para tanta lluvia, y ese paraguas tan incómodo, y ese frío.
Después, la charla agradable con mi amiga en el tren a Constitución, una carreta irrespetuosa.
Irrespetuosa como el verde militar perturbador de mi otoño. Unimogs y pobres diablos con cascos protectores para las cabezas rapadas por la soberbia.
Ay, ese paraguas. Media cuadra nomás, el tren y el chocolate calentito entre las manos heladas. Suficiente.
Y para esa puerta tan pesada del único edificio de Burzaco, la fuerza puntiaguda del paraguas en el picaporte y basta por fin de lluvia en la antesala del ascensor.
Pero no.
Un casco más gigante que los otros, el FAL cruzado en diagonal al corazón sobre la capa verde, tan verde oscuro, tan oscuro.
Horror. Un sudor frío, más que la lluvia de doce cuadras atrás, latidos desprolijos delatores del pánico.
Documentos?. Conocida?. Familiar?. Averiguación de antecedentes y un carro más irrespetuoso que el tren. Inmundo. Siniestro.
Silencio.
Preguntas, invectivas. Portación de armas?.
El paraguas.
Manoseo. Ni una lágrima siquiera. La garganta anegada del pánico.
Y al poco tiempo, la novia del amigo del hermano de mi amiga, la del único edificio de Burzaco, nunca más.

*de Lucía. luciaguionbajo@yahoo.com.ar

Trenvidando*

Trenes de sabor metálico
aplauso de latas
sombra recorrida
ventanillas mínimas
manos pequeñas
atrapaban sueños gigantes.

Tren del regreso
brazo de fierro confiable
que me devolvía a casa.

Y bajar en la última estación
nariz fría de surestes
con ojos acuosos
sentir al instante
un perfume a romero
inconfundible
cartel de bienvenida.

*de © diana poblet . soydian@yahoo.com.ar

AMBIVALENCIA*

Cuando yo me haya ido,
regresaré en silencio.
Y buscaré en las sombras
el dolor que llevé,
el llanto de mis horas,
la soledad, la ausencia,
las vigilias sin sueño
y el horror de creer
que me llena el vacío,
que me inunda la pena
y me embriaga el delirio
de vivir ¡y estar muerta!...

Quizás mi suerte sea
estar muerta y ¡vivir!...

*de María Rosa León. mariarosaleon@yahoo.com
de "Lugar común". Ediciones Amaru - Buenos Aires - 1996

POEMA HALLADO EN UNA LOCOMOTORA...

EL RELOJ DE LA ESTACIÓN*

Hace casi una centuria

en la lejana parís

fue allá en la casa matriz

donde la forma te dieron

y en un barco te trajeron

a mi querido País.

Con leyendas de "muy frágil"

en un seguro cajón

Llegaste en un vagón

fue la vía tu camino

Navarro fue tu destino

Y la "trocha" tu estación

Una vez que te instalaron

tu fama tocó la cima

la gente a verte se arrima

y no saben de que forma

das hora a la plataforma

y también a la oficina.

De todos la admiración

así empezas a ganarte

hora exacta de tu parte

da confianza y precisión

y en esa hermosa Estación

nadie pasó sin mirarte.

Fuíste el orgullo del jefe

que parado en el andén

supo mirarte en el andén

supo mirarte muy bien

y de tu exactitud se jacta

cuando dabas la hora exacta

para despachar el tren.

Te observa el guarda y coteja

con su reloj de bolsillo

y en aquel acto sencillo

te demostró su confianza

y de acuerdo a tu ordenanza

hizo sonar su silvido.

Resopló la vaporera

con poder extraordinario

encabezando el tren diario

que hizo progresar la zona

el maquinista se asoma

y al mirarte dice A horario!

El cambista te controla

porque el tiempo no le sobra

siente al ponerse la gorra

que de la playa es el dueño

y pone todo su empeño

en activar la maniobra.

Y el capataz de cuadrilla

con su mirada muy pronta

con el suyo la confronta

y la zorrita acelera

llegar a destino espera

sin que venga tren en contra.

Y así a tu dulce compás

con ese ritmo profundo

sin descansar un segundo

con trabajo y con amor

mi patria tuvo el honor

de ser granero del mundo.

Pero un día los cipayos

que no conocen decencia

con mezquinas apetencias

empezaron a destruirnos

y con engaños a hundirnos

en la fatal decadencia.

Comenzaron por cerrar

"Ramales improductivos"

ferroviarios serían "chivos"

que expiarían sus codicias

y con brutal avaricia

armaron lo destructivo.

Revolotearon caranchos

sobre tu vieja Estación

y viste con desazón

que robaban y destruían

y tu corazón herían

sin ninguna compasión.

Así un día te paraste

y de injusticias ya harto

diciendo yo no comparto

lo de estos malvados

te quedaste bien parado

a las cinco menos cuarto.

Pasó talvez mucho tiempo

por tu justa rebeldía

pero observaste un día

con esperanza y asombro

que alguien puso el hombro

porque arreglarte quería.

Desde puntos muy lejanos

turistas y visitantes

que mucho admiran el arte

vienen a ver el museo

y expresan con su deseo

funcionando contemplarte.

Y casi igual que a pinocho

vino a salvarte el doctor

y poniendo lo mejor

artesanía y paciencia

pero además de su ciencia

sobre todo puso amor.

Pues todos querrán saber

como se llama ese hombre

pero que nadie se asombre

ya agradezco su gauchada

y sepan que no cobró nada

Marcos Brunoldi es su nombre.

*Autor: Carlos Alberto Martino (Beto)

-Este poema fue encontrado en una locomotora por Carlos Antonio Dinamarca. carlosadina@hotmail.com

-Maquinista de oficio-

*

Pasaron 32 años del último tren. Hoy lo estamos reinaugurando. Pero no viajamos a Carhue. No tenemos recursos. Nos reunimos al pie de una estatua en la ciudad de Buenos Aires. El autor grabo su nombre y el año: Aime Millet. París 1880. La base de granito avisa que Adolfo Alsina vivió de 1829 a 1877. Fue gobernador de la provincia y quien ordenó la construcción de la "zanja de Alsina" destinada a contener y avanzar sobre las tierras de los pueblos originarios. El hombre murió en Carhue y le dió su nombre al partido de la provincia de Buenos Aires desde el que hoy parte el inventren.

Al pie de esta estatua nos reunimos unas pocas personas.

Son amigos con los que he compartido cosas en estas tres décadas.

En 32 años pasamos del terror de la dictadura al terror difuso de los virus y de la desidia.

De Martínez de Hoz enviando a una empresa amiga para que los rieles sean prontamente levantados a este presente del gobierno cuya especialidad es la negación sistemática seguimos siendo un país de víctimas, de corrupción, de impunidad.

En camino a la plaza Libertad veía restos de los afiches de la campaña que concluyo en las elecciones del 28 de junio. En uno de ellos la candidata con su rostro afinado por los prodigios del arte en la fotografía dice: "No te subas al tren fantasma". Curiosa frase. Me hace dudar del sentido de realidad de la clase política en su conjunto. Es el país y la fuerza de la buena gente que resiste la devastación y el saqueo y hasta la falta de sentido común de sus gobiernos. No somos nosotros los que estamos subidos al tren fantasma. Son ellos que no se bajan de su oficio de comerciar con la ilusión y empeorar la vida de la gente.

Aun sea una tarea imposible más de las que he emprendido en mi vida, elijo subirme al tren de la escritura e intentar un improbable recorrido por 52 estaciones y alrededor de tres años de duración.

Me acompañan amigos y recuerdos.

Los invito a seguir escribiendo.

*Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

Próxima estación: J. V. CILLEY.

ROLITO.
SATURNO.
SAN FERMÍN.
CASBAS.
EDUARDO CASEY.
ANDANT.
CORONEL M. FREYRE.
ENRIQUE LAVALLE.
CORACEROS.
HENDERSON.
MARÍA LUCILA.
HERRERA VEGA.
HORTENSIA.
ORDOQUI.
CORBETT.
SANTOS UNZUÉ.
MOREA.
ORTIZ DE ROSAS.
ARAUJO.
BAUDRIX.
EMITA.
INDACOCHEA.
LA RICA.
SAN SEBASTIÁN.
J.J. ALMEYRA.
INGENIERO WILLIAMS.
GONZÁLEZ RISOS.
PARADA KM 79.
ENRIQUE FYNN.
PLOMER.
KM. 55.
ELÍAS ROMERO.
KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.
MERLO GÓMEZ.
RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.
JUSTO VILLEGAS.
JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.
ALDO BONZI.
KM 12.
LA SALADA.
INGENIERO BUDGE.
VILLA FIORITO.
VILLA CARAZA.
VILLA DIAMANTE.
PUENTE ALSINA.
INTERCAMBIO MIDLAND.

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 5 de julio de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores chilenos Carlos Isamitt, Acario Cotapos, Ramón Campbell y Miguel Aguilar Ahumada. Las poesías que leeremos pertenecen a Vicente Girarte Martínez (México) y la música de fondo será de Rikchariy (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Exposición de
Walkala
(Luis Alfredo Duarte-Herrera)
en Oberndorf bei Salzburg

"Walkala, la fuerza de la imagen"

Invitación a la inauguración
El lunes 22 de Junio 2009, 19:30 horas

Lugar:
Librería "Buchgarten"
Römerweg 3
A-5110 Oberndorf bei Salzburg
Tel: +43 (0)6272 20632

Más informaciones en:
www.walkala.eu
www.galeria.walkala.eu

Duración de la exposición:
22 de Junio a 28 de agosto 2009
(Del 3 al 17 de agosto estará cerrada la librería por vacaciones)

Horarios:
Lu. - Vi. 8:00 a 12:00 y 14:00 a 18:00 horas
Sábados: 10:00 a 14:00 horas

Cordial invitación de:

YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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Para visitar:
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