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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

12/08/2009 GMT 1

CUANDO SE ESCURRIÓ COMO ARENA ENTRE LOS DEDOS...

urbanopowell @ 16:33

*

Tenía una gran capacidad de asombro, gozaba recorrer los espejismos, ver los reflejos de los objetos en dispares dimensiones y tamaños.
Planeaba desenvolver con una gomera dúctil, un arco iris con plumas de acuarelas y deshilvanar cada color en colecciones de candelas.
Intentaba predecir qué profesión desempeñaba cada sujeto que cruzaba por su camino, ya sea por su vestimenta, su actitud o su caminar…
Quería describir cuales eran los mejores ingredientes para curar enfermedades.
Sabia, que uno de ellos, era el amor, otro, la confianza, también la paciencia y el sentido del humor. Por eso en sus momentos de paz, mimaba a los que estaban afligidos o extenuados por el peso del desconsuelo….

Pero lo que más le interesaba, desde muy pequeña, era encontrar el espacio en el que se inscriben los pensamientos, la memoria, la imaginación… y la creatividad.

Por lo cual, tomó una decisión: permaneció sentada en posición de loto.
Con los parpados cerrados, dirigió su mirada al entrecejo, Se había colocado un bindi colorado. Después de aquietar sus ambiciones, y de respirar rítmicamente. Comenzó a meditar.
En ese estado de silencio y quietud, encontró el enlace de la armonía.
En una luz resplandeciente y conmovedora, se dejó llevar por la sencillez del corazón, que persuadía al mecánico cerebro.
Ese espacio, que tanto buscaba, estaba en su interior, sin intención comenzó a dejarse transitar por el universo de la Poesía.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

CUANDO SE ESCURRIÓ COMO ARENA ENTRE LOS DEDOS...

Un día especial*

El lujoso yate a duras penas logró acercarse a la orilla. Un atlético rubio de escaso short blanco saltó a tierra y ató la soga de amarre al timbó más cercano. Desde arriba se desplegó una escalerilla por donde bajó una mujer envuelta en toallón muy colorido y con finas sandalias que se
hundieron totalmente en el barro gredoso.
Los chillidos histéricos se oyeron dentro de la isla.
- Cómo se te ocurre, mamá, con esos tacones, ¿no ves el barro?
Cuando se disponía a ayudar a la mujer, que hipaba nerviosa, aparece un islero, alto y flaco, que, sacándose la gorra saludó:
-Buen día... ¿qué le anda pasando?
-Nos quedamos sin combustible... ¿no tendría un bidón con nafta? Por favor, le pago lo que pida.
-No don, aquí uso remos, nomás.
-¿Y donde conseguiríamos?
-No sé. Sólo que espere al acopiador... en una de esas a él le suebra y le da.
-Falta mucho para que pase?
-No, mañana a la tardecita, nomás.
-Mañana!!! Se oyó desde el yate la voz femenina.
-Y sí. Pero endemientras, arrimensen al rancho. Es pobre, sabe, pero mi patrona les ceba unos mates si quieren.
-No, gracias, señor.
-Pero sí mamá. Abrigate y bajá, quizás podamos comer algo. ¿Queda lejos su casa?
-No, ahicito, detrás de los sauces.
Un enjambre de perros flacos y ladradores, recibieron al trío. De un costado salió una mujer, ancha sonrisa de pocos dientes; secándose las manos en la pollera y ahuyentando la jauría, saludo con voz suave.
-Juana, los señores tienen hambre, preparales algo.
Debajo del alero, un hoyo lleno de brasas y leños, sobre él, colgada de un aparejo una olla de hierro ennegrecido donde humeaba el aceite. Pendía de un alambre un manojo de amarillos aún vivos y destripados. La mujer los descolgó, salándolos sobre una tabla, y con certeros golpes de cuchilla los
trozó.
La señora del yate, frunciendo la nariz se sentó alejada del grupo, mientras el hijo conversaba con el islero sobre la posibilidad de una tormenta.
El aceite chirrió al recibir los pedazos húmedos, y un apetitoso olor invadió el lugar.
Mientras pasaba un trapo por la tabla que hacía de mesa, el islero invitó.
-Por favor, arrime señora. Esto se come calentito.
-No, gracias.
- Mamá, acercate y probá. Esto está muy bueno.
Los dorados trozos, ensartados en una varilla de sauce, de punta aguzada, fueron depositados en un plato de latón.
Desparramando los perros, que acudían al aroma, Juana alcanzo una silla con asiento y respaldo de junco, para que la señora integrara el grupo.
Esta tomó entre sus perfumados dedos una rodaja de pescado y tratando de disimular su aversión, hincó sus dientes y saboreó un bocado.
-Está muy rico- dijo, mientras masticaba otro.
-Cuidado con las espinas, señora, si se le dispara alguna a la garganta no se asuste, trague un pedazo de pan entero y ¡listo!, señaló el hombre mientras sacaba de un estante una botella con un mejunje que batió enérgicamente.
-Mire, don, pruebe el chimichurri, eso sí, si aguanta el picante.
Aceite, vinagre, ajo y perejil picados, ají molido, pimienta, sal y algunas hierbas aromáticas integraban el colorido chorro que inundó el pescado caliente.
-¡Ah, que pica esto! Pero está muy bueno.¡Que bien vendría un vaso de vino tinto!
-Cierto, pero no tengo. Hacemos la provista una vez al mes en el pueblo y éste anduvo muy malo... no pude ir.
-¿Frito más, viejo?
-Para mí no, gracias. Nunca pensé que comería tanto- dijo el muchacho.
-Yo tampoco. Agregó la señora-Muchas gracias.
-Bueno, dejá nomás Juana. Poné la pava.
En eso se escuchó una estridente bocina.
-Pero vea, apareció el acopiador.¿Qué se habrá olvidau?
Cuando llegaron a la orilla, una larga y ancha canoa con motor atracaba, y su corpulento dueño, saltando ágilmente a tierra, los recibió con un escueto
-Buen día. Te conseguí el remedio para la Juana, por eso me arrimé.
-Suerte, porque aquí el hombre se ha quedau sin nafta.
-Tá bien, ya le alcanzo un bidón que tengo de repuesto.
-Muy bien don. Páselo y dígame cuánto le debo.
-Nada mijo, sólo necesito el envase.
-No, faltaba más, quiero pagarle.
-Dele aquí a Juan, que precisa para la salud de su mujer. Adiós y suerte.
-Muchas gracias, que le vaya bien.
Mientras la señora subía al yate, saludando a la pareja de isleros, el joven apretaba la áspera mano de Juan, dejando en ellas un billete.
-Para un vino, y muy agradecido por todo lo que hizo por nosotros. Fue un gusto conocerlos.
-Bueno, que les vaya bien. Cuando guste, aquí estamos.
-Gracias. Chau.
Lentamente la lancha despegó de la costa, alejándose río arriba. Brazos en alto y anchas sonrisas fueron las últimas imágenes.
La isla volvía a su paz habitual, acompañada sólo de trinos y silbos de pájaros y del contoneo de los sauces, gozosos del vientito que soplaba del sur, aliviando el calor islero.

*de Elsa Hufschmid elsahuf@hotmail.com

Marcados*

*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona

UNO Desde el vamos, somos marcados: rosa o celeste, nombre y apellido, igualito a ésta o parecido a aquél, Batman o Robin, Boca o River, él o ella, siglas de la derecha o de la izquierda, y así hasta el final. Nuestra vida –como la del american psycho Patrick Bateman– puede narrarse en una acumulación de marcas y de logotipos.
La elección de las marcas es lo que nos marca.

DOS Escribo todo esto mientras unos pésimos dobles marca Beatle conmemoran los cuarenta años del cruce de Abbey Road frente a miles de curiosos; una caravana de autitos marca Mini sale desde Bilbao hacia Birmingham para festejar el medio siglo del arranque del motor en cuestión; a menos de un año de su fallecimiento se anuncia la resurrección de la cámara Polaroid (igual diseño y tecnología pero con distinto nombre, por motivos de derechos); y alguien compra por Internet, en el site de la tienda on-line Celebrity Skin and Bodily Fluids, la materia orgánica (caca, pis, sudor, piel muerta) de alguna estrella más o menos viva que dejó su marca corporal en alguna parte sin sospechar (o sí) que pronto sería recogida y envasada y valuada por un comando marquero.
Y hace unos días tres amigos me regalaron por mi cumpleaños una lapicera Parker. Ya lo conté antes: la marca de las lapiceras fue mi primera conciencia “de marca”. Yo iba a un colegio/estatal/progre/de moda y dime con qué escribes y te diré cómo eres. Así, la Parker era la tinta azul de los de sangre azul, la Scheaffer la de los hijos de la intelligentzia y la 303 la de la clase trabajadora. En el ambiente de “los deportistas”, el sistema de castas venía dado y pateado por las zapatillas: Adidas, Flecha y Pampero. Eso sí, en el recreo éramos todos iguales. En el recreo, todos marcábamos la Z del Zorro.

TRES Voy a ver la película G. I. Joe. ¿Alguien puede decirme por qué voy a ver G. I. Joe? No jugué con esos soldaditos de pequeño, no me lleva allí adentro ninguna marca nostálgica en el ADN de mi infancia. No tengo, entonces, las coartadas que podría esgrimir ante el visionado de una hipotética Lego: The Movie (y otra marcación clasista acaso anterior al de las plumas estilográficas: Lego y Rasti y Mis Ladrillos). Pero entro igual al cine (Fanta sin burbujas en mano, lo más cool es la gaseosa sin gas, y no me acuerdo quién me comentó que Fanta proviene del alemán fantastich y que fue, en sus orígenes, una bebida de diseño nazi ante la imposibilidad, por entonces, de exportar refrescos de la Coca-Cola) y salgo diferente, como si me hubieran hundido hasta las cejas en el líquido virtual con que se elaboran hoy en día los efectos especiales. Me duele todo, me siento pegajoso, me zambullo en el metro de regreso a casa y leo, en un periódico que alguien dejó por ahí, un artículo sobre los videogames musicales que, parece, es lo que salva y salvará a las viejas bandas. Parece que hoy “meter” un tema en “Guitar Hero” o en “Rock Band” equivale a grandes beneficios sin mover un pelo. Importa más el juego que el disco. Y hasta los ya mencionados Beatles han sido digitalizados para que uno pueda cantar y tocar con ellos en el living de casa sacudiendo el flequillo y esparciendo toda esa caspa que nadie va a comprar.

CUATRO Más allá de las partituras ideológicas, está claro que los políticos pertenecen todos a una misma marca y silban la misma cantinela. Gente que no se detiene nunca a la hora de no hacer nada y disimula lanzando todo el tiempo “productos” al mercado para la desesperación del gran público más consumido que consumidor. La última entrega de la saga “Geyper-PP versus GI-PSOE” –mucho más estrepitosa que G. I. Joe– deja de lado el asunto de los regalitos sobornantes para optar por las escuchas telefónicas. El PP acusa al PSOE de entrometerse en sus móviles y fijos pero no aporta pruebas. El PSOE exige que presente evidencias o se retracte. Y así va pasando este tórrido agosto de la crisis en el que se practica lo que ya se conoce como “hedonismo austero”. Más cerveza con amigos en el bar de la esquina, menos vacaciones (muchos se revuelcan en la hierba de plazas cercanas o se entregan al cannabis que, se supo, daña la memoria, y para lo que hay que recordar, humean... ) y entrar a supermercados en busca de “marcas blancas”: alimentos que no tienen el pedigrí de las multinacionales pero que, sí, son más baratos. Son marcas caseras y locales que, a menudo, llevan el sello del establecimiento que las comercializa. Los imperios alimentarios se defienden argumentando que los controles de calidad son, también, más económicos y menos rigurosos y por ahí se filtra un informe donde se especifica que los trabajadores en las fábricas de marcas blancas cobran hasta un 30 por ciento menos que los que elaboran marcas doradas. Mientras tanto, no termino de enterarme si es cierto eso de que el Vaticano estudia que los hijos de los curas lleven el nombre –la marca– de sus padres que pecaron y cayeron en la tentación y todo eso. Y, de paso, asegurarse así que no se produzcan incómodos juicios patrimoniales a la Santa Sede. Cansado de todo esto, llego a casa y abro la nueva novela marca Pynchon.
Pynchon refresca mejor.

CINCO En una entrevista en La Vanguardia, el publicista Toni Segarra dice: “Al tiempo que desaparecen las audiencias masivas, se fragmentan también las grandes marcas. Creo que vamos a un mercado con miles de pequeñas marquitas cada una con su grupito de fieles... Las únicas nuevas grandes marcas son digitales: googles, wikis, yahoos. Google se ha adelantado al comprender que la publicidad va ser totalmente personalizada. Se elegirá la heladera en Google y no a partir de un anuncio en la tele. Y en Google tendrán información sobre sus anteriores búsquedas personales y así redirigirán las nuevas... No sé qué vivimos. Nadie lo sabe, pero lo bueno es que todo el mundo admite que no lo sabe... Y en cualquier caso, sea lo que sea, es emocionante vivirlo”.

SEIS Del polvo de nuestros padres venimos y al polvo de nuestros huesos volvemos y, si hay suerte, valdremos algo, dejaremos alguna marca que no podrá limpiar ni el mejor detergente.
Todo pasa y todo queda pero lo nuestro es marcar.
Otros, por supuesto, nos pondrán el precio.
Pero esa –pónganle la firma con la lapicera que prefieran– es otra historia, otro negocio, otra marca.

*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-129816-2009-08-12.html

*

Una ráfaga de viento helado cruza el andén desierto, llevándose consigo un caótico remolino de hojas secas. El golpeteo metálico de un cartel se deja oír, perturbador, a lo lejos. Apenas se vislumbran aisladas luces de alumbrado público; al notarlo, Don Tomás se estremece. Mala noche para quedarse solo, de guardia en la boletería.
¿Cuándo tendría el valor para decir que no? Ya es un hombre mayor, ¡qué joder! El reuma lo está matando desde hace rato, apenas si se puede mantener erguido en este gastado banquito de madera, y la vista le falla cada día más. ¿Por qué no designan a un muchacho en este puesto? Sus días de "hacer mérito" han pasado ya; cuando descubrió que, por más que se esforzara, le seguirían pagando este magro sueldito hasta el día en que se jubilase. Y ese día, aunque cercano en el calendario, parecía no llegar más.
Aunque, en noches destempladas y borrascosas como ésta, Don Tomás se amarga intuyendo que ese día …… quizá jamás llegue para él.
-Estupideces -, murmura, mientras vuelve a acomodar sus elementos de trabajo sobre el mostrador de la boletería: los sellos, los cartoncitos, los lápices… ¡Como si hiciera falta! Don Tomás es el empleado más eficiente de la estación, y eso lo saben hasta en el barrio que rodea la estación. Lo sabe Rosario, por supuesto, y eso es lo que más le importa.
Rosario… El rostro se le ilumina con una sonrisa. Ese ángel de mujer, siempre alegre, desbordante de ternura, que regularmente suele traerle alguna confitura amasada en la panadería de su hijo, sólo para que él no pase hambre en sus largas horas de vigilia dentro de la boletería. Desde la muerte de su esposa, Don Tomás ha quedado escorado, como los barcos moribundos, tumbado anímicamente sobre el costado de la responsabilidad. El trabajo es su único sostén, y evita que caiga en la depresión. Claro que eso tampoco justifica que tenga que padecer este frío y esta incomodidad, sólo por no quedarse a solas en una enorme casa vacía. Treinta años de convivencia no son moco de pavo, solía decir durante el velorio, cuando la ausencia le pesaba hondo en el corazón.
Hasta que aparece Rosario, un poco más joven que su difunta esposa, a presentarle sus respetos, acompañados por una tarta de ricota. ¡Con lo que le gustan a él esas cosas ricas! La alegría por el regalo fue tan intensa, que recién cuando limpió las últimas migas de la tarta reparó en que era la primera vez que sonreía con sinceridad desde el sepelio de su mujer. Todo gracias a Rosario.
Ella también es viuda, aunque su viudez no sea reciente. Pero Don Tomás está criado a la antigua: no puede pedirle nada extravagante. Lo mirarían mal; y tampoco está seguro, además, de que Rosario fuese tan amable con él sólo porque oculte aviesas intenciones. ¡Pero cómo se le ocurre! Actitudes como ésas son propias de las jovencitas, cuyas hormonas estallan sin asidero, más no de una señora digna y respetable como ella. Por lo tanto, Don Tomás se contenta -y hasta aguarda ansioso- con verla aparecer por el pasillo de la boletería trayendo un paquetito envuelto en papel madera entre las manos, símbolo de su desinteresada amistad. ¿Acaso piensa en otra cosa? Son -simple y afortunadamente- amigos, y él le está eternamente agradecido por el favor que le hace. Alguna vez intentó retribuírselo de alguna manera, pero ella dijo que por favor, que para qué, que no la ofendiese. El vínculo establecido entre ellos se ha ido consolidando así, ¿para qué estropearlo, entonces?
Sin embargo, hay noches –como ésta, quizá- en que Don Tomás suele sentirse solo, y desea quedarse en casa, al abrigo de la estufa, saboreando una humeante taza de té, en compañía de una tierna mujercita que lo atienda y quiera tan profundamente como él a ella. Y abrazarse en el sofá, mirar la programación televisiva nocturna, quedarse dormidos uno junto al otro, y despertar pasada la medianoche para darse cuenta que ya es momento de irse a la cama. ¡Quedarse dormidos delante del televisor, habrá que ser cabeza fresca!
Un crujido en el pasillo le hace emerger de sus ensoñaciones. Presta atención. Un sonido apagado se vuelve reconocible: pasos. Consulta el reloj, aunque de memoria sabe que ninguna formación se desplazaría sobre los rieles hasta bien entrada la madrugada. Apenas han transcurrido unos minutos desde la medianoche. ¿Quién será? Una filosa ráfaga de viento ulula entre los aleros de la estación desierta.
Una oscura silueta se recorta contra los barrotes de la ventanilla de la boletería, y con la escasa luz imperante en el ambiente, sumado a su creciente falla visual, Don Tomás supone que se trata de un fantasma. Ahoga un grito, hasta que el recién llegado se acerca aún más a los barrotes, lo mira a los ojos y dice:
-¡Vamos, hombre! ¡No se asuste! ¿Acaso no me reconoce?
Al contemplarlo una vez más, e identificar aquella voz tan conocida, Don Tomás se relaja y suspira:
-¡Jefe! ¡Qué susto me dio! ¡Por poco me mata!
-Vamos, Don Tomás. No me diga que lo agarré cometiendo algún delito. Esas reacciones de temor son propias de quienes son apresados con las manos en la masa…
-No señor, para nada -, se apura a contestar él, asociando la masa del delito con el recuerdo pastelero de Rosario, pero sin agregar nada más. –Sólo que usted se apareció así, de improviso… Y qué quiere que le diga, las noches como éstas me ponen nervioso. Ese chiflido del viento, …las hojas que corren de acá para allá…… ¡Brrr, me aterra!
-¡No le puedo creer! ¡Un hombre grande! ¡Ni que le hubieran estado contando historias de aparecidos hasta reciencito nomás…!
-Tampoco es para tanto, pero… Capaz que ya estoy viejo para andar haciendo estas guardias. Muy……susceptible…, como dicen los que saben.
-No me afloooooje, Don Tomáááás -, canturrea el Jefe de Estación, con tono admonitorio. – Usted bien sabe que la función que cumple figura en el reglamento.
-Pero, Jefe… ¿Soy el único que puede quedarse? ¿No tiene a alguien más que necesite unos pesos extra?
-Por el momento, no. La guardia hay que hacerla, le guste o no le guste -. Se mete las manos en los bolsillos, mira hacia un lado y el otro en una especie de tic nervioso, arrebujado dentro de su abrigo, y luego agrega: -¿Se enteró de lo que andan diciendo en la Terminal?
-Últimamente se dicen tantas cosas…
-Parece que el rumor viene de arriba: dicen que van a cerrar el ramal.
-¿Cuál? -, se asusta Don Tomás. -¡¿Éste?!
-¿Y cuál le parece que puede ser? ¿El tramo que une La Plata-Constitución? No, ése rinde muchos beneficios todavía ; es el nuestro, que sin tener reparaciones desde hace unos cuantos años, bien que les da pérdidas…
-Eso no puede ser -, se lamenta él. -Con la cantidad de gente que viaja todos los días al trabajo…
-Son cada vez menos, hombre. Y usted lo sabe mejor que yo. Entre la desocupación y los nuevos servicios de ómnibus diferenciales que cubren el mismo trayecto en menos tiempo, esto se viene a pique a ritmo parejo.
-Con todo respeto, Jefe, pero… ¿No le parece que exagera? ¡Cómo van a cerrar los ramales del ferrocarril! ¡Eso es una locura!
-Entonces dígale loco a nuestro flamante Presidente de la Nación, porque parece que la orden viene de allá arriba. De bien arriba.
Don Tomás enmudece. La jubilación es algo deseable, claro; pero nunca a este precio. ¿Qué pasará desde ahora con él? ¿Y con el ferrocarril en su conjunto? Si empiezan con este ramal, ¿con cuál se detendrán? ¿Dejarán al país incomunicado? ¿Quién ha sido el genio que despertara iluminado con semejante decisión? ¿Condenarán al servicio de transporte más seguro y económico del país a un olvido tan injusto como tenaz? Una sombra de muerte se posa sobre su corazón, y de pronto la ausencia de su finada esposa se le torna en extremo pesada para cargarla sobre sus hombros.
Siente que él, como tantas otras personas, pertenecen a este lugar. Cerrarlo será como ir matándolos poco a poco, dejando que todos ellos se vayan consumiendo muy lentamente en ese siniestro marasmo que significa el retiro voluntario. La idea de marchitarse encerrado en su casa le genera aún más escalofríos.
-¿Y para cuándo ……se supone ……que van a…? -, tartamudea, incapaz de formular la pregunta fatal.
-Pronto, aunque todavía no hay una fecha definida -. Hace una pausa, se mira los pies, y agrega, evitando el cruce de miradas con el boletero: -Habrá que ir buscándose otra cosa, para los que quieran seguir comiendo. O como en su caso, disponerse a descansar como jubilado.
-¡Eso jamás! -, exclama él, de pronto. El Jefe lo contempla, sin entender. Don Tomás agrega, con menor vehemencia: -Quiero decir, que me niego a ser un jubilado inservible. Mire lo que le digo: prefiero quedarme a vivir en esta estación, si es necesario. Aunque me tilden de loco.
-¡No diga pavadas, hombre! A todos nos llega el momento de declinar las fuerzas y abandonar lo que hasta ahora veníamos haciendo. Usted también dejará de existir como boletero, ya sea que cierren el ramal o no. Lo que haga con su vida fuera de esta estación, es asunto suyo Disfrútelo lo mejor posible, se lo aconsejo. Comida seguro que no le habrá de faltar: la panadería viene trabajando a pleno…
Don Tomás se niega a levantar el guante de la ironía. Pero muy dentro suyo, se siente desahuciado. El Jefe se estremece de frío otra vez, zapatea sobre el percudido suelo del pasillo, y saluda con un gesto de cabeza:
-Bueno, hasta mañana, entonces. Y no se duerma. Al menos, ya tiene algo en qué pensar hasta que llegue la primera formación.
Don Tomás lejos está de agradecerle semejante preocupación, mientras escucha alejarse los rítmicos pasos hacia la calle. Deprimido como está, se le ocurre imaginar cómo sería su vida si se cumpliera ese espontáneo y caprichoso deseo de quedarse a vivir allí, dentro de la boletería. Cómo sería que nada le hiciera falta, más que continuar con su rutina, y recibir cotidianamente la visita de Rosario con su milagrero y sabroso paquetito. Alejado del dolor de vivir en una casa vacía, sin hijos que lo vengan a visitar a uno los fines de semana, contemplando todas las mañanas la gloria ferroviaria de un país que parece estar extinguiéndose, y que, al igual que aquella estación, se iría desmoronando inevitablemente con el paso del tiempo……y la negligencia de sus gobernantes..
Pero quizás, ……él no. Quizás, de cierta extraña manera, sus deseos puedan llegar a cumplirse alguna vez…
Una ráfaga de viento helado penetra insolente a través de la ventanilla enrejada, arrastrando consigo vanos fragmentos de hojas muertas. Pero Don Tomás ya no se encuentra allí para estremecerse, ni para asustarse, ni para sentir nada. Don Tomás hace rato que ha partido.
La boletería, luego de aquella espectral visita, yace nuevamente vacía, como lo está desde que cerraron el ramal, hace ya más de diez años…

*De Aldima. licaldima@yahoo.com.ar
-Del Inventren 2003-

"Si no fuera yo"*

Si no fuera yo
el complaciente que soy
no coincidiría
frecuentemente
conmigo.

*

Se eu não fosse
o complacente que sou
não coincidiria
frequentemente
comigo.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
-Traducción al portugués: Teresinka Pereira.

Que te parta un rayo*

*Alejandra Folgarait
12.08.2009

La felicidad, como la venganza, es un plato que se come frío. Difícil que alguien sea consciente de ser feliz aquí y ahora. Más bien, uno recuerda que fue feliz en tal o cual momento de su vida. La infancia, en general. El día en que nos recibimos, o nos casamos, o tuvimos un hijo, o nadamos en el Mediterráneo, en particular.

Uno extraña la felicidad cuando se escurrió como arena entre los dedos. Y espera, con una cierta inocencia, volver a sentir ese bálsamo emocional donde todo se conjura para hacernos sonreír al caminar por la calle. El amor, los amigos, la salud, el dinero, el trabajo y hasta el sol están de nuestra parte cuando somos felices. Dura poco, eso sí.

En esto pensaba cuando recibí la factura de la luz: 570 pesos ahora versus 49 pesos el bimestre pasado. Una barbaridad. El monto exorbitante me puso a pensar en cuánto debería ganar una persona para vivir en la Argentina con una calidad de vida aceptable, incluso mediocre, clase media urbana, sí. Pero, sobre todo, la factura me puso a pensar en lo efímero de la felicidad.

Recordé la película de Eric Rohmer sobre el rayo verde, ese fenómeno óptico en el que al ponerse el sol sobre una superficie plana, como el mar, se produce un destello amarillo verdoso. Se trata de un evento mágico, capaz de enamorar a dos personas que lo ven al mismo tiempo. Hubo un tiempo en que yo creí en el rayo verde, en la felicidad de la luz a la caída del sol.

Hasta que el sobre de Edesur se deslizó bajo mi puerta, los gastos básicos nunca me habían cambiado el estado de ánimo. Obviamente, porque podía pagarlos sin más molestia que ir a un banco. La felicidad, para mí, pasaba por otro lado, se escribía con mayúsculas, quedaba guardada en la memoria como un tesoro. Una foto podía encarnar la felicidad. Una factura, de ningún modo. Una cuenta a pagar no le iba a quitar ni agregar alegría a mi vida jamás, pensaba.

Después de todo, y a pesar de lo que se cree, el dinero no tiene mucho que ver con la felicidad. Según demuestran varios estudios científicos, hay países felices que no se caracterizan por la bonanza económica, como Colombia o México. Y otros, como Dinamarca, que son sistemáticamente felices hace treinta años. Los argentinos nos ubicamos entre los 6 y 7 puntos a la hora de señalar nuestra satisfacción con la vida, en una escala de 1 a 10. Nada mal, a decir verdad. Y toda una paradoja, teniendo en cuenta que nos pasamos la vida quejándonos.

Y aquí volvemos a la factura de la luz. No se trata tanto de la cantidad de plata –que es un escándalo, ciertamente– sino de la horrible sensación de que te meten la mano en el bolsillo y te roban el rayo verde. Súbitamente, te sentís una infeliz. Sin aviso, te obligan a practicar adjetivos como impagable, empobrecida, injusto. Y, cuando vas a protestar a la oficina comercial correspondiente, ponen cara de fatalidad, como si fuera un accidente de tránsito y no una decisión premeditada y con fecha de vencimiento.

Esa sensación de que te parta un rayo, tan clara durante la época del corralito, volvió a hacerse carne en la sociedad argentina de la mano de las tarifas de los servicios públicos. Que tienen poco de servicio y casi nada de público. Se han tornado, en cambio, lujos asiáticos, beneficios para pocos, capitalismo salvaje.

¿Cómo fue que la estufita a gas o el caloventor se transformaron en artículos suntuarios en la Argentina? ¿Es posible que se les pida a los habitantes de un país del sur, o de un departamento de tres ambientes para el caso, que paguen lo mismo por alumbrarse o calefaccionarse que uno que vive en una nación desarrollada o en un palacete? ¿Tendremos que hacer un máster ultra rápido en reclamos de consumidores, como hicimos hace unos años para abrir cajas de ahorros en los bancos para retirar nuestro sueldo? ¿Prenderemos velas al Defensor del Pueblo en vez de a san Cayetano de ahora en más?

Los argentinos somos muy creativos, sí, y seguro que le vamos a encontrar alguna vuelta al asunto. Nuestros parlamentarios se comprometieron a emitir alguna declaración al respecto. Los noticieros nos mantienen informados sobre la polémica. Los abogados aconsejan pagar primero y litigar después. Un ministro ordenó frenar los envíos de facturas desbocadas hasta tanto se auditen los consumos. Algunos consumidores enfurecidos piquetearán las calles.

Mientras se resuelve el entuerto en la ciudad de las luces o se olvida para siempre el tarifazo en las volutas de humo de un partido de fútbol, habremos perdido un cachito de la felicidad que no sabíamos que teníamos. La mínima felicidad de poder pagar la luz, el gas y el agua para vivir. Casi nada.

*Fuente: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=29002

*

Inventren... Próxima estación: SATURNO.
Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

http://inventren.blogspot.com/

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

En el próximo programa de Poesía y Música Latinoamericana, en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!) presentaremos:

El domingo 16 de agosto de 2009 música del compositor mexicano Armando Luna Ponce, poesías de Elena Fassio (Argentina) y música de fondo de Jorge "Lobito" Martínez (Paraguay).

¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.

www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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06/08/2009 GMT 1

ESE INVISIBLE A NUESTROS OJOS...

urbanopowell @ 02:43

*

tu mano acaricia

creando en contra del olvido

Escrita como un libro o una carta

soy piel de lecturas.

*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

ESE INVISIBLE A NUESTROS OJOS...

Las lágrimas*

Bajo un cielo plomizo y cercano, que hace frío el día acercándolo a mi tristeza, camino hacia el promontorio encabezando la comitiva. Tanta gente me acompaña a despedirte y sin embargo únicamente me importa que nunca más te volveré a ver. Sé que estoy llorando por dentro, desgarrado y confuso, pero soy incapaz de hacerlo por fuera porque no recuerdo como hacerlo.

La vida me ha endurecido tanto que no me creía capaz de sentir tanta tristeza, pero tu muerte, amor mío, me ha llevado a reencontrarme con los sentimientos. Todos lloran a mi alrededor, hasta Dios solloza en tu entierro. Sé que estas gotas de lluvia no son más que sus lágrimas, las que vierte él por mi, que me he olvidado de llorar.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

Al poeta*

Está en mi recuerdo su figura
de andar desprolijo.
Conversando en voz alta con su ángel,
ese invisible a nuestros ojos
pero perceptible en sus poemas.
La eterna sonrisa semiescondida
bajo sus bigotes.
Su inquieta presencia en todos los ángulos
de las reuniones.
Irónico y sagaz, gustaba de la compañía
de los jóvenes devolviéndoles, en poesía,
las inquietudes que le transmitían.
Conocedor agudo del diario vivir
y sus connotaciones,
llevaba al papel su critica, sus desvelos,
y su forma de llorar en las rimas.
Los grandes poetas bajaban la cabeza
ante su verba, y nosotros, sus lectores,
volvemos una y mil veces a releer sus aromitos,
sus lapachos, sus calles ciudadanas con sus habitantes.
Su hermano río, el paisaje amigo.
Y el Horacio está aquí con su abrazo,
O allá, esperándonos.

-A HORACIO ROSSI-

*De Elsa Hufschmid. elsahuf@hotmail.com

Mi papá me llevaba adentro de la noche*

*Por Adrián Abonizio. abonizio@hotmail.com

Handirtz o algo así sonaba su apellido, pero para todos era "Trinco", dado su afán por voltearse hasta las moscas. Había sobrevivido a topetazos de duelos y allí estaba en plena callecita de Zeballos al fondo, donde el azul metileno de la noche devora todo y ya no quedan caras ni sombras ni voces ni nada. Sólo queda el boliche de Taco y su empedernida manera de girar luz de fanal al mundo de la luna oscura. Allí, al lado nomás tejido de por medio y tras una galería de chapones remendados con tejas y algunos maderones anda Trinco cuidando la caballada, libre del carruaje malevo que se le impone todo el día. Cuida los carros, da de comer a los caballos y se aposenta alguna yegua, dicen, para luego, perfumado como un sufí, tomarse unas ginebras en lo de Taco. Hoy el viento trae aromas de alfalfas recias que Trinco ha dejado fuera para que se oreen y junte, según él, más energía bajo la luna fría e insomne de este invierno de bajo cero y escarcha que parecen cuchillas blancas. Mi papá está debajo del alero charlando con él: comparten un pasado de pescas, diseño de anzuelos, y el mismo hambre de vivir desaforados que ambos arremolinan. Trinco vive solo, mi viejo se debe a la familia y disimula, con el freno en la boca lanzando breve espuma en su entusiasmo cuando no lo ve mi mamá y anda como todos, buscando algo en la semioscuridad, echando frases, bebiendo moderado, llevándome con un toquecito en mi cabeza afelpado con el gorro a ver el escenario de olores y golpeteo de los cuchillos sobre los maderones, remedo de un tiro al blanco que evita, dicen, asesinatos y favorece la puntería. Hay algunas hembras, no muchas, dos, pueden ser tres, que nunca terminan de irse y por una cosa u otra se van deteniendo con su compra entre los brazos, un vino para su hombre envuelto en papel de diario, un muestreo, un orejear del borde de una carta destinada hacia algún hombre de allí pero que nadie debe notar en este partido de truco ya que la señora es señora y a varias casas de por allí se encuentra su marido esperándola. Se oyen dos radios a la vez. Entra Trinco seguido de mi viejo que me depositó de un levitar sobre el mostrador con hule, patitas al aire. No sé que hacemos allí. Afuera está la chata de la marmolería donde trabaja mi padre y nos hemos desviado camino a nuestra aldea por esas calles de tierra. Mi padre, por lo visto, debía hablar con Trinco y ya lo ha hecho, pero como todos, siente el pegote del imán y da vueltas en torno a las baldosas levantadas, irregulares y yo no me explico como la gente puede caminar sobre esta base despareja. Como no se va definitivamente de esta ostra violácea, de este antro azul que hiede a pasto y cierra las persianas porque afuera la luna enorme ha crecido y nos terminará devorando. Extraño mi cama, tengo hambre; mi padre pasa, me toca la mandíbula y percibo su aroma a vinos recientes. Trinco separa a una hembra y la lleva al costado, hace señales leves que definitivamente apuntan a mi viejo. Ella asiente, ríe como en los almanaques y reconozco una boca plena y un mareo de entenderlo todo y a la vez, sentir alivio, pensar en mi madre que es mucho más hermosa, pero no abatirme de presentimiento, aunque ya sé que es una certeza de lo que hace mi padre en ese territorio. De pronto algo me eleva. Por detrás, el dueño, Taco, me eleva tras el mostrador y me sirve a escondidas un trago de naranja con algo amargo que rezuma alcohol. Asoman las manos velludas de mi padre se ha quitado el saco para tomarme al vuelo y devolverme en el hule y oler lo que estoy tomando. Aprueba. Vamos, le suplico. Vamos, papi. Y debe ser la quinta vez. Ella, la hembra de vestido con florcitas tristes y culo de almidón desaparece y Trinco detrás. Le hace una venia militar a mi padre, quien sonríe y le puedo distinguir el brillo acerado de su molar enchapado. Paga, me extiende un trozo de caramelos cortados en tira envueltos en un papel y dando un giro saluda a la audiencia y se va con su cachorro bajo el brazo. Lleva otras cosa y es la excusa para haber venido hasta acá. Un medio jamón y una redonda. Una de goma nuevecita con perfume ácido que me cierra la nariz. Es su llave para volver tarde. Es su alegría perpleja que lo hace sonreír cuando ya encendió la chata y con su mano derecha me pasa los dedos por mis hombros. Es un juego la vida, es bellísima la noche cuando uno quiere. Y habla para sí, para sus amigos, para su mundo de olor de caballos, caña brava, tabaco y el perfume de señora que no ha notado lleva impregnado entre los dedos que juegan con mi oreja y hacen ritmo sobre la panza flamante de la pelota que llevo agarrada bien en el pecho.
En el fondo estoy contento: mi papá me ha dejado entrar en la noche.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-19639-2009-08-05.html

Estación Buchanan*

-Del Inventren 2003-

De pequeña estatura, peinado "á la garçón" y andar sinuoso, Cecilia, docente universitaria, suele trepar todas las mañanas al tren de las 10:25 que la deposita en los concurridos andenes de la Terminal de La Plata, rodeada por una casi zoológica variedad humana que también se dirige, impasible, hacia su trabajo. Salir de la estación y llegar hasta la Universidad no es más que dar un paso; pero hasta los gestos más anodinos se transforman para ella en una insoportable avalancha de tedio.
Los anteojos negros y los auriculares del walkman clavados en las orejas son una constante en su vida. Vive escuchando música: The Cure, Peter Gabriel, Prince & The Revolution… Los libros son otra constante, que gusta de mostrar llevando bajo el brazo como si de una vitrina se tratase, siempre indagando en la obra de autores norteamericanos contemporáneos: Raymond Carver, Paul Auster, Charles Bukowski… Lecturas y sonidos: elementos indispensables para aislarla del mundo. Un mundo que insiste en rodearla con sus sutiles tragedias cotidianas, muchas veces maquilladas como azarosas e inofensivas trivialidades. Un mundo que desde hace muchos años ha quedado para ella polarizado en blanco y negro, sin matices que lo singularicen. Todo lo que lo rodea debe ser catalogado rápidamente, a fin de mantenerlo a raya, bajo control.
Porque de lo contrario, se vería arrasada por la fantasía…
Tantas veces la han juzgado sus conocidos -¿qué significará tener un amigo?- por ser contradictoria, que ya ni repara en los comentarios de los demás. Ella vive su vida sin pedirle explicaciones a nadie, y menos aún tolera que se las exijan. Ya bastante ha tenido durante su infancia, con ese padre gendarme que martirizara a su madre y a sus hermanos con sus caprichos, durante esas infinitas horas que se extendían para ellos antes y después de cenar, padeciendo los crueles efectos que el whisky operaba sobre aquel hombre sufrido y despótico a la vez; borracheras que generaban discusiones cada vez más encarnizadas entre sus padres, y las consiguientes golpizas que recibía cualquiera que se cruzara en el curso de sus etílicos razonamientos.
Ella era muy jovencita, pero hay cosas que jamás se olvidan, marcándose a fuego para siempre. Desde entonces, necesita establecer sus propios códigos, tener muy en claro por qué hace ciertas cosas, saber cuáles son sus límites, y por sobre todo, no depender de nadie. Para nada.
Pero también existe ese costado oscuro, inasible, perturbador. Varias veces se preguntó si no estaría volviéndose loca, a partir de los delirios que se le ocurren, las imágenes que surgen sin previo aviso delante de sus ojos, escenas que casi siempre llevan implícito un contenido sexual……que la sepulta de vergüenza. Situaciones inconfesas, que sólo se proyectan dentro de su cabeza, sin llegar a articularse en relato alguno, pero que más de una vez la hicieron dudar. "¿Será cierto esto que me está pasando?"
Como aquella vez que se encontró mano a mano con el Sheriff.
Había subido en la estación, como de costumbre, eligiendo un asiento decente donde aposentarse y leer tranquila "Short Cuts", de Carver, hasta llegar a La Plata, con el clásico sonido de fondo de los Rolling Stones. Pero los asientos de este lado del vagón estaban ocupados o semidestruidos, por lo que continuó pasillo arriba, hasta alcanzar el próximo tramo de asientos. Sólo que en el descanso intermedio alguien se le cruzó de improviso.
Lo primero que vio fue la camisa de jean polvorienta, la plateada estrella sobre el pecho, el enorme escudo con la bandera del General Lee en el cinturón. Sólo un instante después reparó en aquel brillante par de revólveres Smith & Wesson, un cinturón cruzado sobre otro –repletos de balas-, los pantalones mucho más sucios que la camisa, y un oscuro par de botas tejanas gastado en extremo. Al alzar la vista, por debajo de un negro sombrero Stetson, se topó con una cara cincelada en piedra, adornada por un tupido bigote gris, y poseedora de una mirada dura e inescrutable. Retrocedió un paso ante la sorpresa, suponiendo que semejante personaje se había equivocado de tren y de fecha: el Carnaval ya había terminado hacía unos cuantos meses.
Pero el hombre del Far West la atravesó con la mirada, sosteniendo en alto sus manos abiertas, por encima de las culatas de los revólveres, como si se encontrara a mitad de una desierta calle de su pueblito natal en Arizona, abrasado por el sol del mediodía, y fuese a batirse a duelo en cualquier momento contra un forajido desconocido.
-Al fin nos encontramos, muchachita -, murmuró entre dientes. -Ya era tiempo de que arreglásemos cuentas, tu y yo.
Apenas lo escuchó por encima de los acordes de "You can´t always get what you want". Cecilia supuso que aquel fantoche se equivocaba de persona, o bien había aspirado alguna línea blanca de más. Hizo una mueca de disgusto, meneó la cabeza, e intentó hacerse a un lado, a fin de evitarlo y continuar avanzando a través del pasillo. Pero el Sheriff extendió una de sus curtidas manazas, la apoyó contra uno de sus tibios pechos, y la empujó nuevamente hacia atrás.
-¡EEEH!!! ¿Qué hace??? -, estalló ella, plantándose firme, dispuesta a defenderse y arañarlo, si fuese necesario. -¿Qué le pasa? ¿Se volvió loco?
-Nadie rehúsa prestar atención a los sabios consejos del Sheriff Roy Buchanan -, masticó él sus palabras, con el acento propio de aquellas viejas películas del Far West que ella viera por televisión durante su niñez. –Pero si ello ocurre, no vamos a poder evitar tener un enfrentamiento aquí mismo.
-¡Déjeme pasar, insolente, o llamo al Guarda!!! -, chilló ella, a viva voz.
El Sheriff emitió una risa seca y carente de humor.
-¿Ese gordito infeliz de gorra verde, lentes esféricos y silbato chillón? Acabo de liquidarlo con un solo tiro antes de llegar a la estación. Su cuerpo fofo cayó a las vías con un sonido pasmoso, como una bolsa repleta de grasa vacuna.
Cecilia, advirtiendo que por allí no podría seguir, y aún humillada por la mano que aquel desgraciado había depositado con gusto sobre ella, volvió furiosa sobre sus pasos, con los dientes apretados, los puños cerrados a los costados del cuerpo, deseosa de tener cualquier arma a mano para liquidarlo, del mismo modo en que él decía haber asesinado al Guarda del tren. Pero no llegó muy lejos. La misma manaza que la humillara segundos antes descargó todo su peso sobre uno de sus hombros reteniéndola en seco.
-¿Adónde crees que vas? -, proclamó a sus espaldas, autoritario. –Nadie me desaira de esta manera. Y menos aún una jovencita engreída como tú, a quien le vendrían muy bien unas palmadas en las nalgas. Eso te gustaría, ¿verdad? Te excitaría muchísmo…
Y volvió a emitir esa risa seca, deshumanizada, cruel, al tiempo que la presión que ejercía sobre el hombro la hacía girar sobre los talones, con una fuerza tal que le era imposible impedirlo. Cecilia se desesperó, quitándose los auriculares del walkman de un solo tirón. Los Rolling Stones continuaban musicalizando su vida, ahora también para el resto del pasaje, que la miraba con curiosidad, y hasta con cierto temor.
-¡Basta, animal! ¿Quién se piensa que es para andar toqueteándome? ¡Hijo de puta! ¡Déjeme en paz!
Varias cabezas se dieron vuelta a su alrededor. Ahogados murmullos eran secreteados con miradas de reojo en su dirección. A lo lejos, un muchacho con gorrito de lana y buzo de Los Redonditos de Ricota chicaneó:
-Calláte, loca…
-Eso: ya no hagas más escándalo -, le aconsejó el Sheriff. –Y vayamos a sentarnos en aquel asiento, para que puedas quitarte las ganas, y toquetearme a mí también…
Por libidinoso que resultara el comentario, la pétrea mirada del fantoche apenas se inmutó. Cecilia pensó seriamente si aquello que tenía plantado delante sería en realidad humano, o una feroz aparición infernal. Su desbordante furia dio lugar muy rápidamente al miedo, incisivo y letal. Se estremeció de pies a cabeza, y en un rapto de lucidez, agachó el torso para evitar un nuevo ataque de aquella manaza, giró sobre sí misma, y corrió hacia el fondo del vagón, contemplada en su insensata huída por la totalidad de un pasaje absorto por completo.
-¡Ven aquí! -, ordenó el Sheriff, desenfundando veloz uno de los Smith & Wesson, y corriendo detrás suyo.
Cecilia pasó como una exhalación al lado del muchacho con el buzo de los Redonditos, sin tocarlo. Éste alcanzó a decirle al pasar:
-No corrás tanto, nena, que los del loquero ya te van a alcanzar…
Fue lo último que dijo. Al volverse hacia el pasillo, se topó de frente con el Sheriff, quien le disparó un certero balazo en la frente. El cuerpo del muchacho cayó de espaldas sobre el descanso del vagón. El Sheriff saltó por encima de él, y continuó en persecución de Cecilia, quien no dejaba de voltear la mirada por encima de su hombro, a fin de no perderlo de vista. A pesar de su creciente terror, hubo un detalle que no le pasó desapercibido: el estruendo del disparo había sonado apagado, como si hubiera explotado una bomba de estruendo muy lejos de allí. El resto del pasaje la observaba correr sin comprender nada, murmurando frases sin sentido a su paso.
Muy pronto llegó al final del vagón. Más allá de la última puerta, se extendían las paralelas viales, alejándose del tren hacia el horizonte. Ya no había escapatoria. Tendría que saltar, arriesgándose a partirse el cráneo en varias partes, o acceder sin chistar a los soeces requerimientos del fantoche…
…como cuando era una niña y permanecía acostada a oscuras, cubierta por las mantas de su cama, mientras escuchaba vociferar a su padre discutiendo con su madre, temiendo que en cualquier desliz de su violencia incontenible la matase a golpes, para luego encaminarse hacia su dormitorio, tambaleante a causa del alcohol, aferrándose a las paredes, para continuar con su tarea asesina, cegado por la frustración…
Jadeaba agitada cuando se volvió, quitándose los anteojos de sol de un manotazo. Su cuerpo temblaba de pavor, estremecida por los recuerdos y la potencia de sus propias imágenes. Extendió hacia delante el dedo índice de la mano que no sostenía los anteojos, y señaló al Sheriff, quien se acercaba a paso rápido, con el cañón aún humeante de su revólver y una mirada tan deshumanizada que le provocaba ganas de orinar. Entonces, cuando ya casi lo tenía encima, gritó:
-¡No existís, hijo de puta! ¡VOS……NO……EXISTÍS…!
Los pasajeros a su alrededor se volvieron hacia ella, temerosos. Un hombre gordo y de tez morena, quien hasta entonces, recostado contra una ventanilla, leía los resultados deportivos en el Diario Popular, le espetó:
-¡EH! ¿Qué le pasa??? ¿A quién carajo le habla? ¿Por qué no se deja de gritar de una vez, loca de mierda? Queremos viajar en paz.
Cecilia lo miró sin comprender. Varios rostros se volvieron hacia ella, unos asustados, otros burlones, los menos ofendidos. De pronto, fue como si no pudiese comprender dónde se encontraba. Tenía un pavoroso blanco en la memoria, que abarcaba los últimos minutos, desde que ascendiera al tren. Miró hacia el frente, y como era de esperar, no vio más que el pasillo vacío del vagón, con varios rostros que dejaban de prestarle la efímera atención que habían requerido sus chillidos. Darse cuenta de aquello casi le provoca un desmayo.
Arribó a la Terminal platense rígida como una estatua, aferrándose el torso en un apretado abrazo, recostada de pie contra la última puerta del vagón, oyendo muy a lo lejos los últimos acordes provenientes de los auriculares de su walkman. Los demás pasajeros descendieron sin mirarla. Finalmente, consiguió reunir las fuerzas suficientes para desplazar su cuerpo agarrotado, mover un pie detrás del otro, y descender los escalones del vagón sin caerse, aún con los anteojos en la mano, las patillas dobladas por efecto de la presión de sus puños.
Deambuló hasta la Universidad sin reconocer nada en derredor. En el bar de la esquina entró al toilette a lavarse la cara. Parpadeó delante del espejo, se corrigió el maquillaje, contempló los anteojos estropeados y reconoció necesitar los servicios de algún óptico. No podría pasarse el resto del día sin los anteojos puestos, sin filtrar la claridad de la realidad. Por lo demás, lo arreglaría como siempre…
Abrió el bolso, hurgó dentro de él hasta extraer la tableta de Rivotril, se tomó un par de comprimidos con un breve sorbo de agua, y volvió a salir a la calle. A enfrentar al mundo, como todos los días. Con la ropa un poco desprolija, eso sí, pero nada más.
Total..., nada de lo que pudiera pasarle estaba fuera de control…

*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar

EL ESCRITOR ANDRES RIVERA, SUS LECTURAS Y SUS HISTORIAS

"Más vale emplear el tiempo en lecturas que aprender a usar la computadora"*

Sigue escribiendo a mano, con correcciones que a veces no puede descifrar luego. Andrés Rivera cuenta aquí su vida como lector, los inicios en la infancia escuchando los debates gremiales del padre, los primeros libros, los autores que lo han signado. Explica la relación de un escritor con su propia obra. Y habla de su próximo libro, que asegura será el último.

*Por Mario Wainfeld y Nora Veiras

-¿Cuándo empezó a leer Andrés Rivera?
-Obviamente, cuando ingresé a la escuela primaria. Pero, de hecho, antes leí aquello que escuchaba de mi padre y de sus compañeros. Mi padre fue dirigente sindical de los Obreros del Vestido y, en la pieza de inquilinato que alquilábamos, se realizaban reuniones de los trabajadores de ese gremio.
Mi madre preparaba sandwiches de milanesa y yo los escuchaba hablar. Con mucha vehemencia, con mucha pasión. Hombres que luego iban o retornaban a sus puestos de trabajo en los talleres con tres o cuatro horas de sueño. No eran "Gordos"...
-¿De qué años hablamos?
-Yo nací en el '28, piense en lo que se llamó la Década Infame. Año '33, yo debía tener cinco años, estaba al borde de ingresar a la escuela. Mi primera "lectura", entre comillas, fue aquello que decían esos hombres.
Excepcionalmente había alguna obrera, una compañera... una tía mía. Todos mis parientes eran inmigrantes judíos que llegaron a este país, yo diría que por equivocación... Vamos a hablar de racismo. Partieron de un puerto francés, de Cherburgo...
-¿De dónde venían sus padres?
-Mi familia materna, que era numerosa, vino del sur de Ucrania, de una pequeña ciudad que se llamaba Proskurov, que era un centro ferroviario, importante. Parecía que hubiera pasado Menem por ahí porque estaba desmantelado el servicio ferroviario pero ésa era una ciudad estratégica. Se hizo célebre, de un modo funesto, porque cuando estalló la guerra civil en Rusia, cuando fue derrocado el zarismo, aparecieron los ejércitos blancos (por eso mi última novela se llama Guardia blanca). Uno de ellos, al mando de alguien que se hacía llamar el general Simeón Petliura. Petliura había sido cajero de banco antes... pero con intrepidez que habría que reconocerle y algo de coraje se puso al frente de todos aquellos que estaban dispuestos a enfrentar al régimen soviético. Asaltaron la ciudad de Proskurov, que
tenía una nutrida población judía. Fue asaltada la vivienda donde vivían mis tíos y la que sería mi madre, por los asesinos de Petliura: cosacos o algo así, con los sables desenvainados. La que fue mi abuela, que no conocí, dijo una palabra en ruso que los espantó: "Tifus"... como la gripe que anda rondando por acá y que nos sirve para tanta publicidad... Pegaron media vuelta y se fueron. Así se salvó la familia de mi madre y por eso estoy hablando acá, soy argentino. Este caballero, Petliura, después de la derrota
de los blancos se refugió en París. ¿A dónde iba a ir? ¿Si iba Gardel, por qué no iba a ir él? Un judío, también oriundo de Proskurov, le siguió durante años los pasos. Su familia, mujer e hijos, había sido degollada en su totalidad. El consiguió salvarse. Un día, en París, se cruzó con el general y le preguntó si era Simeón Petliura. Este se sintió halagado de que alguien lo reconociera en París, sacó pecho (seguramente) y dijo que sí. Y este judío lo abatió de dos o tres disparos. Lo notable es que el tribunal
francés que lo juzgó lo absolvió. Probablemente recordaban lo que les pasó a los jurados franceses (y a la propia Francia) con el caso Dreyfus. Quiero decir Dreyfus era judío, ahí trabajó en la conciencia de los jurados el racismo.
-Volvamos a Cherburgo.
-En el viaje, cuando se asomó a Río de Janeiro, esa familia judía se sintió muy perturbada porque había muchos negros y ellos eran blancos. El racismo, otra vez. Por cierto, siguieron rumbo a Buenos Aires. Acá llegaron.
-¿Cómo, dónde vivían?
-Mi madre me contaba que el mundo porteño les resultaba increíble. El hígado te lo regalaban en las carnicerías y la carne se compraba a veinte centavos.
Debía haber algún Guillermo Moreno por ahí, suelto. (Risas.) Pero era muy difícil alquilar. Toda la familia se refugió en una sola habitación. Algunos aprendieron el oficio de lustradores de muebles. Un tío que amó entrañablemente a mis hijos y tuvo gran influencia sobre mí, Felipe, aprendió el oficio de tipógrafo que las computadoras han barrido a la oscuridad de la historia. Fue el primero que puso debajo de mi nariz Los siete locos y Los lanzallamas de (Roberto) Arlt y me dijo con una sonrisa
irónica "léelos". Y, antes que Arlt, a Los miserables de Víctor Hugo, en las ediciones de Tor que venían en dos columnas, un libro tan grueso como la guía telefónica. Allí están mis inicios, allí empiezo a leer. Entonces pude redactar los volantes que se elaboraban en esas reuniones (entre comillas) "clandestinas" que se hacían en la habitación en que vivía.
-¿Qué edad tenía usted, a esa altura?
-Estaba llegando a cuarto grado.
-Háblenos de la escuela, por favor.
-Esa escuela primaria, que se llamaba Marcos Paz. Paradoja: esa escuela estaba sostenida por la Policía. Yo era un alumno de "muy bien diez felicitado" porque las maestras (que eran todas sarmientinas) decían "niños, composición la vaca", yo ponía la "h" (que no suena), la "v" corta y la "b" larga donde correspondía. Nunca me confundía.
-¿Qué idioma hablaban sus padres, en la casa?
-Vivíamos en un barrio típicamente judío, Villa Crespo. Borges modificó la geografía o hablaba de otra Villa Crespo, donde estaban los cuchilleros...
Pero Villa Crespo era un barrio judío. Crecí en ese mundo. En mi casa hablaban en idish, yo lo entendía. Mi madre me contó que mi primer idioma no fue el castellano, fue el idish. Los cambios de domicilio, por razones económicas o de militancia, hicieron que me pusiera en contacto con chicos que hablaban castellano y arrumbé el idish.
-Menos mal...
-¿Por qué?
-Lo digo por el castellano, no por el idish...
-No soy creyente pero creo haber cometido un solo pecado, no aprender inglés. Había iniciado el estudio, en una de esas academias de barrio, y no lo seguí. Cuando miro series por televisión, algunas palabras reconozco antes de que salga la leyenda. Pero no sé. ¡Poder leer a William Faulkner en
el original, poder leer El sonido y la furia!... De eso fue capaz Juan Carlos Onetti, a quien conocí muy bien.
-No estudiar inglés, ¿fue una decisión ideológica?
-No, no, nada de ideológica, porque una cosa era la Inglaterra que influyó política económica y culturalmente sobre la Argentina hasta más allá de los años '30 (después fue Estados Unidos). Y no estoy hablando de imperialismo solamente, acá hay cosas que nos atañen. Pero ¿cómo no hablar inglés? Puede hablarlo en las Filipinas, en España, en Francia donde son tan exigentes con su idioma.
-Se encontró con Arlt, con Víctor Hugo... ¿qué pasó a partir de ahí con la lectura?
-Hasta hoy sigo siendo un lector voraz. Pero, después de una cantidad de libros (algunos muy malos) que escribí, tengo dos miradas para los libros.
Una, la del lector, la del mero lector, la del adicto a la lectura. La otra es el ojo crítico. Y miro las traducciones. Hemos tenido muy buenos traductores, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar. Hubo alguien que la historia tapó, que venía de las filas del partido comunista, Floreal Mazía.
Excelente, a la altura de Borges y de Cortázar. Hay una historia que me contó Onetti, acerca de Borges traductor. Pero es muy larga. ¿Tenemos tiempo?
-Siiií...
-Borges, contaba Onetti, tradujo Las palmeras salvajes, una novela corta de Faulkner. Hasta donde recuerdo, es un largo viaje por el Mississippi... Son dos viajes paralelos: una mujer embarazada y un convicto que huye de la cárcel. Sobre el final el convicto y la mujer, a punto de parir, se encuentran. El hombre manifiesta su admiración por algo que hizo la mujer y lanza una exclamación. Borges lo traduce así: "¡Mujeres! -dijo el penado alto". Onetti decía que ahí intervino el pudor de Borges. El penado alto
dijo "Women. ¡Shit!" que puede entenderse de varias maneras. Era una exclamación que reflejaba la admiración por la mujer. Venía a ser, traducido, "mujeres, ¡carajo!". Borges suprimió el shit, por pudor.
-Es llamativa la anécdota porque, en un texto sobre las traducciones de Las mil y una noches, Borges recorre y cuestiona amablemente alguna en la que el autor (N. de la R.: Eduard Lane) suprimía púdicamente párrafos que chocaban con su criterio.
-Así es.
-Un lector voraz, a esta altura de la vida, ¿relee su propia obra?
-Borges dijo que da más placer leer a los otros que escribir. Yo debería haber terminado con Guardia blanca pero, cuando le daba los toques finales, no me pregunte por qué, me saltó una palabra judía, Kadish (la deletrea).
Designa la oración con la que los judíos despiden a sus muertos queridos. Y ahí estoy, en ese otro libro... y basta. Cuando me alcanza el tiempo, leer a los otros. Pero quiero terminar con éste, que supongo me va a llevar tiempo.
No porque no me dé placer. El escritor que dice que la escritura lo hace sufrir, miente. Usted puede escribir la mayor atrocidad que se le ocurra, la descripción más atroz de lo que puede ocurrir en una mesa de torturas, en un campo de concentración, etcétera... eso le da placer.
-Contar es maravilloso, la crónica es maravillosa. Hay un Kadish célebre en la literatura argentina, en el final de Réquiem para un viernes a la noche de Germán Rozenmacher.
-Lo conocí a Germán... no se puede ser original... Es verdad, no se puede ser original.
-¿Sigue escribiendo a mano o se resignó a la computadora?
-No, es uno de mis anacronismos. No tengo muchos pero no aprendí a usar la computadora. Me digo a mí mismo, para convencerme, que más vale emplear el tiempo que me queda en lecturas que aprender a usar la computadora. O el mouse (pronuncia tal cual), que le dicen, que me hace volver a mis lecturas del diario Crítica en el que aparecía Mickey Mouse... Cuando veo a mi esposa apretar el mouse y que aparecen tantas cosas en la pantalla es una maravilla... Pero hay tantas maravillas que no aprendí... No aprendí inglés.
-Si le pidiera que Andrés Rivera recomendara alguno de sus libros a un oyente o lector para producir la incitación que produjeron en usted los de Arlt o el de Víctor Hugo...
-Hay uno por el que me dieron el Premio Nacional de Literatura. Hoy escribiría otro texto, pero usted me pide que recomiende y yo digo La revolución es un sueño eterno. Yo sólo adapté el título de unas palabras de Bernardo de Monteagudo, uno de los pocos jacobinos de la Revolución de Mayo.
El, Moreno, Castelli... Monteagudo bajaba del norte, la tropa independentista estaba diezmada. Y consecuente con sus ideas, pues era un ateo (no había leído La Divina Comedia, claro) dijo "la muerte es un sueño eterno", que se contrapone a toda la mitología cristiana: purgatorio, paraíso, etcétera y etcétera. Es un sueño eterno, se terminó. Yo cambié "muerte" por "revolución", que también es un sueño eterno. Siempre ocurre lo mismo, hay tres cuatro, cinco... los que quieren cambiar el mundo son
minoría siempre. Que encuentran el momento en lanzar una consigna que pone en pie y moviliza a una buena parte de la población del país en donde se lanzó esa consigna. Lenin estaba leyendo plácidamente en Ginebra cuando se lanzó la consigna "paz" (porque el ejército zarista había sido diezmado, con
muerte de millones de hombres), "pan" (porque había hambre) y "tierra" (repartir las grandes posesiones de tierra de príncipes, duques, condes).
Esa fue la consigna. O la consigna de la Revolución Francesa, "Libertad, igualdad, fraternidad", que sigue siendo válida hoy para todos nosotros. Si vamos a hablar de igualdad en este país, vamos a estar de aquí a pasado mañana... No se puede hablar de igualdad...
-Castelli, el Manco Paz, se nota que son personajes que le agradan. El farmer Juan Manuel de Rosas no es su favorito.
-Pero tengo puntos en contacto con el farmer, Rosas en el exilio. Es un anciano, yo también. El farmer es un monólogo, yo también monologo conmigo mismo. Desde el piso 12, cerca de Dios (que no existe), hablo conmigo mismo.
Me pregunto cuánto me queda, cómo voy a escribir Kadish. Me levanto de la tibieza de la cama, tiro las frazadas, miro si sigue funcionando la estufa y anoto algo. Siempre tengo una libreta y una lapicera a mano. Después se acumulan esos papelitos y después... el lector juzgará. Escribo a mano, a veces no descifro lo que está por encima de la tachadura, lo que habla de las degradaciones de la vejez. Una vez que paso a máquina vuelvo a corregir.
Lo entrego y cuando sale impreso el libro, no digo más nada, no lo vuelvo a tocar.
-Me gustaría terminar con una pregunta referida a un hecho que nos contó.
¿Por qué, piensa Rivera, en Argentina post dictadura no hubo una historia como esa que nos contó del judío que buscó por años al general y lo mató?
-En El farmer, Rosas dice: "Se puede confiar en la cobardía incondicional de los argentinos". ¿Nos preguntamos por qué Carlos Menem recibió cuatro millones de votos? ¿Por qué este multimillonario colombiano Francisco de Narváez derrotó al doctor Kirchner? ¿Quién votó a Francisco de Narváez? ¿De dónde sale su fortuna? Son preguntas pertinentes, me las formulo, quienes las escuchan tienen que formulárselas también. ¿Cuál es nuestro grado de complicidad con el mundo que nos rodea? ¿Qué hemos hecho para cambiarlo? Por cierto, tenemos una pasión que es el fútbol: la noticia en la levé o en
radio que un jeque o rey de Arabia Saudita quiere contratar a Maradona... Y resulta que ahora después de los gobiernos del doctor Kirchner y de su esposa, las estadísticas hablan de que en la Argentina hay 14 millones de pobres, de hecho casi la mitad de su población. Yo, Andrés Rivera, soy un privilegiado: salgo de aquí y tomo un taxi, no todos pueden hacer lo mismo.
Tengo una jubilación de 800 pesos que ahora va a volver a subir y tengo el Premio Nacional que son tres mil pesos largos y anticipos por derechos de autor. Viene a sumar más de cinco mil pesos. No los voy a gastar comprándome jeans y otras cosas. Los únicos lujos que me doy son tomar un taxi, con cuidado, llegar a mi casa y prepararme la comida. Para mí, cuatro son una multitud, me harta ir a un restaurante. A veces, cuando vuelvo de Córdoba, debo ir porque no tengo nada en la heladera, salvo tabletas de chocolate.
Eso lo aprendí porque los soldados siberianos del Ejército Rojo en la lucha contra las tropas hitleristas comían chocolate porque era estimulante y les daba energía. Si es verdad o no, nunca se lo pregunté a mi médico... pero ahí están mis tabletas de chocolate.

* Este reportaje se realizó en el programa En algo nos parecemos que se transmite por Radio Nacional, AM870, los sábados de 10 a 12.

*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-129302-2009-08-03.html

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

En los próximos programas de Poesía y Música Latinoamericana, en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!) presentaremos:

El domingo 9 de agosto de 2009 música del compositor brasilero Albery Albuquerque Júnior, poesías de Francisco Azuela Espinoza (México) y música de fondo de Los Huasos Quincheros (Chile).

El domingo 16 de agosto de 2009 música del compositor mexicano Armando Luna Ponce, poesías de Elena Fassio (Argentina) y música de fondo de Jorge "Lobito" Martínez (Paraguay).

¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.

www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

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01/08/2009 GMT 1

ES UN FUEGO DE DERRETIDAS MEMORIAS DESENLAZADAS...

urbanopowell @ 14:31

Irse*

En un espacio sin orillas

La cabeza da vueltas.

Es un fuego de derretidas memorias desenlazadas.

Volver a ver la tierra

Pasto seco

Que suena como seda

En un espejismo barato.

Perdida

Mientras la otra

En una fiesta, en una calle, o en una vida

Con aspecto de maniquí sin vidriera

Espera que vuelva.

Estoy faltándome a la cita.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

ES UN FUEGO DE DERRETIDAS MEMORIAS DESENLAZADAS...

Tendría que cambiar*

El cordón de ilusiones era fino, como un hilo de pescar. Cuando se enredaba en patrias de silencios, las palabras se perdían en suspiros.
No podían encontrar la procedencia de la insatisfacción. Había, en esa madeja de sentimientos, unidades de contradicciones y dudas…
Requería de manos expertas que lograran desovillar la nobleza de los recuerdos, ellos, tironeaban hasta asfixiar…
El peso del compromiso vencía drásticamente la liviandad de sus anhelos.
La esfera de la crueldad, en su retorno constante, no le permitía desprenderse
Y alejarse de esos arquetipos.
Nublaban la llamativa claridad de sus ojos grises.
El pánico de sus enredos no le hacía bien, paralizaban su maniobrar.

Tendría que cambiar.
Era tiempo de cambiar. Convendría tomar distancia.
Con un cristal de independencia debería dejar que la vida se deslice suavemente por sus dedos impacientes…
El destino se encargaría de cambiar el injusto repiquetear de la melancolía.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Paradojas*

*Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania

No, ni Shakespeare ni Chejov ni Ibsen hubieran sido capaces de imaginar la comedia dramática que acaba de ocurrir en estas tierras europeas. Lo que se llama la fantasía de la realidad. Tal cual. Ribetes dramáticos, discusiones interminables, ejecutivos empresariales muy deprimidos al borde del suicidio, pero todo terminó con champaña y sonrisas. Somos todos democráticos, somos todos humanistas. Sólo queremos el bien del prójimo, de todos. Con gente así vamos a salvar el mundo.
En pocas palabras: el top manager Wendelin Wiedeking, de la empresa Porsche, dedicada a automóviles de lujo, quiso comprar a la Volkswagen -aquella que se hizo famosa con el "escarabajo", el auto para que todos los humildes pudieran tener cuatro ruedas-, pero resultó que la Volkswagen se compró a la Porsche. Ni más, ni menos. Y para consolar al ejecutivo Wiedeking, le dieron como indemnización por despido 50 millones de euros. Sí, 50 millones de euros.
Un hecho más que deja al desnudo el sistema que domina al mundo. Un sistema del egoísmo, de la avidez, de la injusticia. El débil se jode, como principio. Si es pobre, por algo será, como lema. Porque el mismo día en que los ejecutivos de las dos grandes empresas llegaron a ese "arreglo", los diarios traían la noticia de que la desocupación en Alemania había aumentado a 3.460.000 personas. Pero también hay que agregar más de un millón de lo que se llama "trabajo abreviado", o de horario reducido por
falta de tareas, con la consiguiente reducción de salario.
Pero volvamos al drama con final feliz. Lo que ganan los ejecutivos en el mundo capitalista. Volvamos a Wiedeking. En el debate sobre si lo echaban o no se supo que el top manager había ganado oficialmente 80 millones de euros durante el año 2008. Sí, algo absolutamente legal. ¿Por qué no?, se preguntarían los que manejan la riqueza. Fue un buen ejecutivo, responderían. Así salieron a la luz los altísimos sueldos de los que tienen la manija. Por ejemplo, el señor Piech, titular de Volkswagen, es multimillonario, con una fortuna de más de mil millones de euros. Para demostrar que lo recibido como despido por Wiedeking no es exagerado, ni injusto, sino algo que se "acostumbra" en ese medio, las secciones
económicas de los medios informativos del sistema trajeron las cifras de lo recibido por los ejecutivos de grandes empresas estadounidenses cuando fueron despedidos: Lee Raymond, jefe del consorcio petrolero Exxon, recibió como despido 350 millones de dólares; en 2007, Robert Nardelli, boss de la
empresa de construcciones Home Depot, una indemnización de 210 millones de dólares; Hank McKinnell, jefe del consorcio farmacéutico Pfizer, obtuvo para irse 200 millones de dólares; Robert Eaton, presidente de Chrysler, cuando esta empresa se fusionó con la Daimler Benz, recibió 130 millones de dólares por presentar su renuncia, etcétera. La lista podría llegar hasta el final de esta contratapa.
Esas sumas son ya una costumbre en el mundo de las altas finanzas empresarias, me señala un periodista especializado en información económica.
Es así, agrega, es la moraleja de la fábula, es algo que ya no se puede cambiar. Son demasiado poderosos, dominan todos los ámbitos.
Me suena como la aceptación un tanto resignada de la realidad de nuestro mundo. Pero que llama a abandonar toda resignación cuando en los diarios alemanes del mismo día podemos leer las grandes discusiones políticas acerca de que hay que aumentar de 67 años a 69 la edad para retirarse, ya que las
cajas de jubilación presentan déficit cada vez más grandes, porque el ser humano vive cada vez más. O, por ejemplo, el político demócrata cristiano Johannes Singhammer (sí, "demócrata" y "cristiano"), quien ante la protesta de que lo que reciben los jubilados alcanza cada vez menos para vivir, dijo: "Los jubilados tienen que dejar de hacer turismo en las vacaciones y darles ese dinero a los jóvenes". Claro, ahí está la cosa, hay que tomar los problemas desde sus raíces, los jubilados tienen la culpa. Por eso, el
también demócrata cristiano Philip Missfelder propuso, para ahorrar, que se les niegue financiar caderas artificiales a los jubilados de más de ochenta años de edad. O últimamente, cuando el presidente de la Asociación de Empresarios, Dieter Hundt, señaló sin temor a equivocarse que "la situación
económica exige una baja, en numerosos rubros, de sueldos y jornales".
Pero volvamos a los 50 millones de indemnización. Hay que reconocer que ese ejecutivo, Wendelin Wiedeking, supo hacer las cosas cuando era el jefe indiscutido de Porsche. Sí, de la fábrica Porsche. Donde se fabrica el Porsche, el auto de lujo preferido de los banqueros y ejecutivos de la New
Economy en Nueva York y ahora en Moscú. Top manager que supo aumentar las ganancias de su empresa dejando cesantes a 1800 obreros de un total de 9 mil. Demostró que se podía hacer más con menos fuerza de trabajo: ahorrar ahí. No en su sueldo y beneficios. Lo que se llama científicamente el
"sistema social de mercado". Social.
Pero esta comedia que parece inventada para divertir a la platea y dejar vacío el paraíso no para allí. En la misma semana en que se anunciaban los 50 millones para el "ejecutivo" Wiedeking, y sí que lo es, se producía algo en Alemania que transgredía todas las reglas de la ética y de la moral, como se decía antes. La ministra de Salud Pública de Alemania se había ido con su coche oficial con chofer a pasar sus vacaciones a Alicante, en España. La noticia ocupó la primera página de los diarios y el primer lugar en
noticiosos de radio y televisión. No podía ser. La ministra había usado en beneficio propio un vehículo propiedad del Estado. Además, un diputado indignado demostró que por lo menos se habían gastado 700 euros en combustible. Claro, la ministra es socialdemócrata, actualmente formando parte del gobierno, pero en un partido que se encuentra en caída continua y, dentro del gobierno, pretende representar a la "izquierda moderada". Páginas enteras, cálculos distintos de lo que ese viaje costó a la sociedad, repudio de toda la gente de bien. Acaba el presidente del partido de presentar la lista de sus colaboradores en el próximo gobierno, en elecciones muy cercanas. Y, por supuesto, la actual ministra ha sido excluida. Cometió un pecado que no tiene perdón.
Comparar los 50 millones dados al empresario -que no ocasionó ninguna protesta de ningún representante del gobierno- con los 700 euros de la ministra no tiene razón de ser. Pero con esta crítica a la ministra se ha demostrado que la ética debe estar presente siempre en la política. ¿Y por
qué se guarda silencio ante los despropósitos de los que tienen el verdadero poder, el económico? ¿Será tal vez porque de allí viene el dinero de apoyo?
Ya al pensar esto, el cronista se hace sospechoso de propagar ideas extranjerizantes. Mejor lo dejamos ahí.
Pero el gran circo no termina allí. Ya no va a ser creíble lo que escribiré ahora. Pero sí, les doy los datos a todos aquellos descreídos. La noticia que voy a dar ahora apareció en todos los diarios alemanes del 31 de julio.
Lo pueden constatar. Un basurero en la ciudad de Mannheim se llevó, de la basura que recogía, un viejo cochecito de bebé en desuso que había sido colocado junto a los desperdicios. La empresa lo despidió. Ahora el juez señaló que, si bien fue un robo, no es motivo para ser despedido y ordenó que se lo retome. El hecho nos hace pensar: llevarse un cochecito de bebé abandonado es un robo, porque ya pertenece a la empresa recolectora, sí.
Pero un ejecutivo que recibe 50 millones de euros como indemnización por renuncia no es ningún delito, es algo natural, comprendido en las leyes de economía de mercado. Es para pensarlo, me digo. El juez que hizo reincorporar el basurero despedido merece un aplauso, qué coraje civil. Sí, porque en la Justicia había dos hechos distintos: una dependiente de una confitería que fue sorprendida comiéndose un pedazo de torta que estaba a la venta fue despedida y la Justicia señaló que era pleno derecho de la empresa
de hacerlo. Con el nuevo veredicto del cochecito de bebé abandonado, tal vez la Justicia no sea tan severa con los que no tienen nada. (Ahora se está esperando otro fallo de la Justicia: se ha permitido revisión del fallo en primera instancia que aprobó el despido de una cajera del supermercado
Kaiser-Tengelmann por haberse quedado con el bono de dos botellas vacías por 1,30 euro.)
¿Increíble, no? Pero típico del primer mundo, en países donde el capitalismo "derrama" riqueza. Claro, a unos un poco más, a otros un poco menos. ¿Y en el tercer mundo? No hablemos. Cerremos el capítulo. Lo podemos ver con nuestros ojos todos los días.
Es como querer poner frente a frente dos fotografías: el Che Guevara es fusilado por querer hacer la revolución en los solitarios llanos de Bolivia y, enfrente, un almuerzo conjunto de los ejecutivos que cobraron esas indemnizaciones multimillonarias de las grandes empresas. No, querer hacer esa comparación levantaría la sospecha de que el cronista ha bebido algunos whiskies antes de sentarse a escribir. Pero, eso sí, lo que es imperdonable para el sistema que nos rige a todos es esta información también aparecida ayer en los diarios alemanes: "La venta de cerveza en Alemania ha disminuido, en el primer semestre de este año, en un 4,5 por ciento, a un total de 49,5 millones de hectolitros". Que los alemanes beban menos cerveza... ese sí que es un indicio de que las cosas no andan bien.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-129200-2009-08-01.html

Poema en azul eléctrico*

Una saluda a la magia
con asombro
todavía y siempre
aunque todo conspire
para que el otoño-la lluvia-
ciertas palabras- esos gestos
pasen sin pena ni gloria
entre el espanto ahí afuera
y el rayo que nos parte
acá adentro
en el obstinado sin pena ni gloria
de magias traicionadas por la cotidianía.
Entonces pongo el cuerpo
y por nada y por todo por tu voz
o un poema en ciernes
me desvelo con gracia y con gracia me importan nada
el trabajo de mañana
la precariedad de pasado mañana
las recomendaciones de curas y barberos

vestite de azul mi ternura mía
y llevame en los huesitos.

*de Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com

MARIPOSA*

*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com

CRISALIDA: Dícese de aquella criatura chispeante, devoradora del mundo, que siendo chic, autoabastecida y bien informada, puede salirse de los moldes y bailar reggaeton con las amigas para movilizar los conductos linfáticos del público masculino, a las tres de la mañana, en el boliche de rigor. A contrapelo de todo lo presumible, el misterioso ejemplar ha pasado ya la edad redimida del descubrimiento. Pero (aunque no se haya percatado) no ha descubierto nada.

La femínea pidió el cortado a la muchacha del bar con el delicadísimo toque de desatención que marca la diferencia entre unos y otros, y tan bien le queda a la cara. La avasallante sabe manejar los estímulos.
"Cómo te fue" habría sido la pregunta obligada, pero nadie preguntó. Sin embargo, la respuesta vino sola porque la ira, en estos seres superiores, de colores brillantes, se revuelve en las entrañas como una culebra.
El sentido común, después de haber escuchado las primeras, y únicas palabras sustanciales del relato, estaría deseoso de decir que semejante porrazo no habría sido el primero. Pero, antes de esta confesión, nunca lo habría imaginado porque coleópteros tan vibrantes tienen una apariencia que engaña.
(El sentido común siempre llega a conclusiones acertadas, después de los hechos consumados y de la verificación pertinente).
Sin embargo, lo asombroso del suceso, era el descrédito que la propia protagonista daba al asunto. Ella misma, con sus patitas de mariposa y su pechuga de vampiresa, no podía creer lo que le había ocurrido. A nadie más que a ella interesaban los pormenores, porque para quien oía el relato, todo el espectáculo estaba en la irritación, en la ofensa que experimentaba la heroína y no en la anécdota en sí misma. La rabia acumulada la hizo duplicar el detalle de desatención hacia la bella muchacha del bar que le trajo el café. Cuando lo apoyó sobre la mesa, la dominadora lo rechazó, vehemente, escupiendo con estilo exquisito un: "te dije cortado".
Los insultos, justos y necesarios, introdujeron el relato de lo ocurrido la noche anterior con el hombre que venía frecuentando por mail, por cafés, por teléfono, por amigos comunes. Obviamente se pasaron por alto los detalles de las risitas preliminares, las coincidencias discográficas, los comentarios
desdeñosos sobre el encargado del estacionamiento que tanto los hizo esperar. Ya ha sido dicho: ella se devora el mundo con sus seres despavoridos adentro.
Ingresar al territorio del hombre significó en ella un triunfo. De las cinco danzarinas con veleidades caribeñas, fue la única elegida. Bien segura estada de que la predilección se debía también a su manera de engullir el territorio, a los zapatos de Paruolo, a su última adquisición publicada en Facebook y que la ponía un paso más allá del resto de las mariposas en danza: como valor agregado, su perfil ostentaba una portentosa lancha.
Así que aquella noche, la reina de la colmena humana fue desnudada con la adoración correspondiente, fue besada con el ardor propicio, fue escarbada allá abajo con la dulzura merecida, fue llevada a la cama. Todo regado con ese piripipí de abeja zumbadora que siempre la ha hecho sobresalir de la manada de lobas satinadas con Lancome. Pero el murmullo constante de la abeja que tanto amenizara jardines y colmenas, en el lecho concupiscente se volvió silencio de mortaja, bella durmiente, crisálida en la cápsula.
El dichoso que la tenía entre las sábanas, siguió alimentando con esmero una charla apropiada para las circunstancias. Murmuraba elogios baratos de burdel regados con encantadoras palabras para que el cortejo fuera eficaz y los resultados justamente gratos y provechosos para los dos.
Ante la impávida inercia de la dueña de la lancha, el sorprendido, creyendo que la catarata de elogios y deseos no alcanzaban, tuvo la buena idea de mirar con fruición la caverna jugosa, rosada y luego le murmuró al oído, "qué linda conchita tenés".
Grosso error. ¿Cómo iba a elogiar algo que ella no conocía? ¿Algo que no podía comparar? ¿Algo que no se muestra más que en la cama y que casi nadie mira, o que en caso de hacerlo se guarda la opinión? La reina zumbadora siguió dentro de la crisálida exigiendo al verborrágico, con ese poder devorador de voluntades que la caracteriza, que hiciera silencio porque la desconcentraba.
Quedará a gusto de terceros imaginar o no la escena en la que el hacedor serruchó, serruchó abnegadamente para que la reina, sin ninguna señal visible que lo orientara, buscara dentro del capullo el orgasmo dificultoso, secreto, incomunicable, solemne.
El piripipí dormido quizás volviera a resurgir por la mañana, pero el amante devenido leñador no tenía ninguna intención de verificarlo. Menos aún, cuando después de la cópula sostenida por el silencio fúnebre, el incrédulo osó preguntar si la crisálida, en sus momentos de esplendor y bizarría ni siquiera había visto, por descuido, por casualidad, alguna escenita erótica (válgale dios, nunca iba a insinuar una de esas páginas en las que se triplican las equis) donde la mosquita pudiera husmear cómo es la almeja de
otras sirenitas encantadas. Ante semejante duda la reina de la colmena se asqueó. El punto final llegó con la aseveración enfática de la crisálida a la que ni se le ocurriría mirar a otra mujer. No le interesaba.
Y la muchacha del bar trajo en el momento justo el cortado correspondiente.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-19587-2009-08-01.html

Refranes*

Más vale tu pájaro en la mano
que ni siquiera.

Més val el teu ocell en la mà
que ni tan sols.

***

Si quieres buena fama
te dé la luna en la cama.

Si vols bona fama dia i nit
que et pille la lluna al llit.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
-Traducciones al catalán: Pere Bessó i González

*

A las mujeres, y a algunos hombres, también, les agrada su forma un tanto fálica. Hay que elegirle con buen tacto. Si es turgente mejor.
Comentan, muchos, que según quien la manosea se pone blanca, otras, mas colorada-pero- a la mayoría- le satisface mucho más cuando queda negra.
No debe ser ni demasiado dura, ni blanda, si se pone babosa, espantosa…
Se debe dejar en remojo, luego friccionarla y arrobarla con aceites y esencias orientales. Después de un tiempo de prudencia y en un momento de sutil degustación: Introducirla lentamente en la boca, (sin ser demasiado glotón para no atragantarse) y morderla despacito paladeando su néctar estimulante y muy picante.

¡Sr., Sra. no piense mal, estamos hablando de las berenjenas al escabeche!!

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Por el mundo
Lévi-Strauss y la bulimia cultural*

*Por Héctor M. Guyot
De la Redacción de LA NACION

Prendí la televisión para matar el rato. Caía el domingo y no esperaba mucho más que tardíos programas bailanteros y gente alrededor de una mesa, trenzada en la discusión de siempre. Cuando su cara angulosa ocupó la pantalla, reprimí el acto reflejo de empezar el zapping. No porque se tratara de Claude Lévi-Strauss -en ese momento, yo estaba para cualquier cosa menos para un intelectual francés- sino porque concedidos unos segundos de gracia me resultó imposible abstraerme del hilo de su pensamiento.
Hablaba al aire libre, sentado en medio de un jardín, y sus ojos inteligentes y pequeños, algo mezquinos, destellaban detrás de las grandes gafas.
Le habían hecho la pregunta imposible sobre el futuro de la humanidad, y el viejo antropólogo desplegó su diagnóstico sombrío con indulgente paciencia y sin énfasis. Dijo que el hombre era el principal depredador del planeta, y que le debíamos el privilegio al humanismo clásico surgido en el Renacimiento, que lo concibe como ser pensante antes que como ser vivo. Eso lo coloca en posición de amo y señor, señaló, pero lo deja fuera de la Creación. "Somos consumidores bulímicos de la riqueza que acumulamos, tanto material como intelectual. No podemos absorber toda la producción intelectual que el ser humano ha producido desde sus orígenes", afirmó, palabras más, palabras menos, y con esto último el control remoto se me cayó de las manos: según un letrero que aparecía en pantalla, la entrevista había sido hecha en 1972. Se ha dicho: Lévi-Strauss bien puede ser tenido como uno de los precursores de la ecología. Y en el más amplio de los sentidos. En uno de sus libros más celebrados, Tristes trópicos, de 1955, escribió: "La humanidad se instala en la monocultura; se dispone a producir civilización
en masa, como cultiva la remolacha".
En la respuesta que me tenía en vilo, aquella que cerraba el documental que el canal Encuentro emitió el domingo, el creador de la antropología estructural deslizó una última observación: el problema era que se había roto el equilibrio entre comunicación y no comunicación que ha caracterizado a todas las épocas creativas. ¿Qué diría hoy el venerable maestro, que ya superó los 100 años de vida y le fue dado asistir a la revolución de Internet y a la globalización que galopa fuera de control?

*Fuente: © LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1155991

Adios Mechita*

En la antiquísima estufa arde un tronco enorme que sobresale un metro.
Parece una viga, otro desecho, alguno de los tantos objetos que una vez tuvieron otro uso. El calor es insuficiente para atenuar el frío que se filtra en la oficina de guardia del depósito de Mechita, donde una rueda de ferroviarios espera. Ahora, en esta tarde en que la llovizna no da tregua, esperan el inicio de los respectivos turnos, apenas una variante dentro de un largo tiempo en suspenso, de la espera mayor cargada de incertidumbre que comenzó cuando el gobierno nacional conminó a las provincias a hacerse cargo de la mitad del lastre de los ferrocarriles. El lastre, en los talleres de Mechita, son alrededor de mil familias para las cuales el futuro se convirtió en una instancia temible.
Aunque el gobernador Duhalde haya garantizado la continuidad de los servicios, la visión de que el barco se hunde no se modificó. "Está bien, tal vez el ferrocarril siga hasta fin de año, y después ¿qué?", dice Daniel Coppola, auxiliar de guardia y voz cantante en un grupo en el que domina la resignación. "Nosotros advertimos hace mucho que esto iba a pasar -agrega-, acá no se invierte un mango. Ni siquiera para gasoil. Cuando necesitamos una pieza vamos al depósito de chatarra y usamos lo que encontramos. Los trenes salen con los matafuegos descargados y el principal repuesto es el alambre.
todo se ata con alambre. Los trenes funcionan gracias a nosotros, pero ahora los ferroviarios están entregados. Sabemos que nadie se ocupa del ferrocarril, por eso nadie tiene demasiada confianza en soluciones".
Los demás corroboran el diagnósticodel escepticismo, con la bronca asordinada por la tristeza. no están hablando solo del peligro que corre su fuente de trabajo: el fin de los trenes impone la muerte de una tradición.
"Nosotros queremos al ferrocarril", interviene un maquinista que supera por poco los treinta y prefiere la reserva de su nombre. "Ser ferroviario es una herencia que todos llevamos con orgullo. Mi padre y mi abuelo eran ferroviarios. Claro que antes tenía otra dignidad. Cuando entré a Ferrocarriles mi abuelo dijo: -ahora este va a vivir bien-. Y mirá donde terminamos".
La otra tradición, la de la combatividad gremial, también la cree sepultada.
"En marzo hicimos la huelga más justa de los últimos treinta años, para defender a los que habían quedado en la calle. La que empezó con ese guarda que se negaba a salir por que le faltaban las lamparitas. Fuimos a hablar a todos lados y nadie nos dio pelota. La gente al ver que no había apoyo, se
entregó. Con el cierre de los ferrocarriles pasa lo mismo. Nos dejaron solos. La oposición no abrió la boca. Cómo no te vas a entregar".
Afuera, a lo largo de los cinco kilómetros de talleres y playas de maniobras, la quietud se altera cada tanto con la marcha lenta y estruendosa de alguna locomotora. Enseguida la escena recupera el silencio. Nadie anda por esa superficie de pastos excesivos en la que se alinean vagones de carga y de pasajeros, vagones que hacen pensar en un viaje inminente y vagones en ruinas, montones de hierros, una torre de agua que surte a buena parte del pueblo y hasta una curiosa y precaria grúa con la inscripción Thomas Smith & Sons.
En la guardia del depósito los horarios de trabajo rigen salidas y entradas.
La rueda se renueva, todavía hay leña para rato. Uno de los que entran es Edgardo Oriani, de 32 años, hijo y nieto de ferroviarios, guarda, es decir uno de los que el ministro Cavallo responsabilizó por la bancarrota de Ferrocarriles Argentinos. "Es verdad que muchos guardas cobran viajes y se quedan con la plata. Lo hacen por necesidad. También habría que pensar cuánto ganan y en qué condiciones se trabaja. Habría que pensar que cada vez que hay un problema en el tren la gente se las agarra con nosotros. Pero los grandes curros están arriba. Yo me acuerdo cuando se compraron trajes para guardas a mil quinientos dólares o cuando le dieron las máquinas a una empresa privada para pintarlas. Decían que era pintura de alta temperatura y en el primer lavado se cayó".

Mucho más que un tren
En Mechita viven alrededor de tres mil personas. Se fundó en 1908, como extensión del taller que instalaron los ingleses, actualmente el más importante de la línea Roca-Sarmiento. Ahí llegan, parten y se reparan los trenes del ramal que une la vecina Bragado -a 15 kilómetros- con Buenos Aires, Lincoln, General Villegas y varias ciudades de La Pampa, un movimiento de pasajeros y carga dos tercios menor que hace una década. En las distintas secciones de la planta ( vía y obra, tráfico, carpintería,
mecánica y administración ) trabaja la inmensa mayoría del pueblo. Los que no se dedican al comercio viven de Aceros Bragado, otra empresa al borde del abismo, de modo que las perspectivas laborales semejan una conspiración. En la estancia Manantiales, en el acceso a Mechita, funciona un tambo, pero
dicen que no alcanza para absorver tanta mano de obra amenazada. "no se trata de que cierra el ferrocarril sino de un pueblo que desaparece", es el lamento unánime.
Los ferroviarios solo piensan en irse. No saben concretamente adónde pero intuyen que cualquier destino es mejor que formar parte del remate. En los talleres muchos apostaron al retiro voluntario para asegurarse un dinero que les permita porbar suerte con un pequeño negocio en sociedad. Coppola es uno de ellos: no embolsará más de cinco mil pesos y su plan consiste en abrir una panadería. Su sueldo (tiene categoría 19 y 9 años de antigüedad) equivale a 290 pesos. El de un maquinista con diez años en la empresa llega a 320, aunque el básico de ninguno supera los 100. El monto fijo de 120 pesos -en los sobres figura en el rubro "bono especial" y al que los ferroviarios de Mechita denominan "el sánguche"- es lo que más infla el salario, aunque no remedia su patetismo.
Algunos calculan que la suma que percibirán por el retiro se verá reducida inmediatamente si se deciden a pagar deudas ("con lo que ganamos, le debemos a cada santo una vela" ) y otros optaron por permanecer en la planta, rezando para que Ferrocarriles sobreviva. "Yo no me puedo ir, tengo cuatro
pibes y con la plata del retiro no hago nada", cuenta Luis Lachimia, 35 años, empleado del taller desde hace 14. La alternativa de un traslado tampoco resulta atractiva "porque tenés que arrancar solo y después, al instalarte llevar a tu familia". Unos y otros admiten que el pueblo chico posee una ventaja cuando el hambre proyecta su sombra todos se conocen y entonces es más fácil obtener el crédito. Yerba o pan aún se fía.

Volver a empezar
La calle principal de Mechita se llama Presidente Quintana. Arboles protegidos a la cal, recien podados, bordean la ancha franja de tierra en la que muy esporádicamente el tránsito interrumpe la libre carrera de los perros. En Quintana está la entrada a los talleres, la Delegación Municipal, el Club Atlético y Cultural Ferrocarril Oeste y la demostración arquitectónica del origen del pueblo: las primeras casas que construyeron los ingleses, 108 colonias (así les dicen), una pegada a la otra, con ínfimas variantes dentro del homogéneo ladrillo a la vista y el techo a dos aguas revestido en chapa.
En la recorrida se registra una soledad que el cielo hinchado de tormentas parece reforzar. Isabel Parodi es una presencia solitaria en esa calle, se dirige hacia el trabajo, tareas de limpieza en la Delegación Municipal. Dice que esa tranquilidad habitual en el pueblo no se paga con nada, que los
chicos pueden andar por la calle sin ningún peligro. No obstante, reconoce que ahora a la calma la invadió el miedo. Claro, un miedo igualmente silencioso, que ella percibe en todas las conversaciones cuando sale de compras.
Hace unos años, ni el más violento arrebato de pesimismo, habría concebido una situación como la que atraviesa en este momento. Lo dice la misma Clara:
"Con lo que ganaba mi marido pudimos comprar una casa, modesta pero nuestra. En otra época a él lo mandaban cada tanto a Haedo o a Lincoln para conducir una máquina o para hacer balasto, que es desparramar las piedritas entre las vías, y por eso cobraba un viático y yo no tenía necesidad de trabajar. Ahora se terminó todo y tuve que salir a trabajar por hora en las casas porque con lo que él gana no alcanza".
Además de dejar sin ocupación al pueblo, el cierre del ferrocarril cortaría el circuito cotidiano con Bragado. Mechita cuenta con dos escuelas primarias y un instituto secundario pero muchos cursan en aquella ciudad. El tren local facilita una comunicación fluida que el transporte en colectivo no puede sustituir por una cuestión de horario. El primer tren sale a las siete de la mañana, el primer colectivo a las 9. Tanto los estudiantes como los que trabajan en Bragado ingresan a las 8.
Se supone que el delegado municipal es un referente político, el conducto entre el pueblo y la intendencia de bragado, entre la gente y el ámbito de las discusiones a mayor escala de donde deben provenir las soluciones. Sin embargo José Petrelli se encuentra tan perplejo como el resto de sus
vecinos, con la misma sensación de desamparo. Con 73 años y 50 en mechita -donde se casó, tuvo hijos, nietos y bisnietos- ahora parece vivir solo de recuerdos. "Usted no sabe lo que era esto. Un pueblo trabajador, divertido. Cada tren que llegaba era una concentración en la estación. verlo así amargado, acongojado, me da ganas de llorar. Mechita es mi vida y si se acaba el ferrocarril, el pueblo va a pasar a ser historia. La gente está muy preocupada pero creo que todavía no tomó conciencia real de lo que sucede. Será porque le esperanza es lo último que se pierde".
Petrelli a quien los vecinos llaman Pepe a secas, trabajó y se jubiló en el ferrocarril, en el que empezó "en el tiempo de los ingleses, cuando no había funcionarios que entraran para robar". Confiesa que de la gente recibe más pesares que reclamos y que la capacidad del pueblo de dar una respuesta organizada se desvanece tanto por la resignación de los trbajadores cuanto por la contaminación de intereses políticos en las negociaciones con los gremios. En Mechita existen seccionales de la Unión Ferroviaria, La Fraternidad y los señaleros. Para Petrelli resulta difícil conciliar medidas "porque algunos no se quieren enfrentar con el gobierno y eso es lo que más les importa". los representantes de La Fraternidad, por su parte, se quejan de que las últimas discusiones con intendencias involucradas en el problema fueron copadas por "gente que quiere hacer prevalecer sus contactos políticos para sacar provecho y no saben nada de ferrocarriles. Si hasta proponían usar un tipo de locomotora que hace rato que salió de circulación porque se probó que no sirve".
Con las últimas luces de la tarde, un grupo de pibes cruza una playa de maniobras de los talleres. Armados de gomeras, anuncian que van en busca de cuises. Un maquinista abandona la oficina de guardia del depósito y pasa a su lado. Ante el fotógrafo que intenta detener ese instante; al hombre se le
ocurre descifrar su destino. Señala a los pequeños cazadores y le dice al reportero:
-¿Ve?, así vamos a terminar nosotros.

*de Alejandro Caravario.
-Publicado en el diario Clarín, el 2 de agosto de 1992.

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

En los próximos programas de Poesía y Música Latinoamericana, en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!) presentaremos:

El domingo 2 de agosto de 2009 música del compositor español Agustín Castilla-Àvila, poesías de Marcelo Marcolín (Argentina) y música de fondo de Wayanay (Andes).

El domingo 9 de agosto de 2009 música del compositor brasilero Albery Albuquerque Júnior, poesías de Francisco Azuela Espinoza (México) y música de fondo de Los Huasos Quincheros (Chile).

El domingo 16 de agosto de 2009 música del compositor mexicano Armando Luna Ponce, poesías de Elena Fassio (Argentina) y música de fondo de Jorge "Lobito" Martínez (Paraguay).

¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.

www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

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27/07/2009 GMT 1

COMO SI NUNCA TE HUBIERAS IDO, COMO SI FUERAS A QUEDARTE...

urbanopowell @ 19:20

Onírica*

Era en el sueño esa reina que obsequia una ciudad …

Es la ciudad de los silencios largos
de las lluvias tenues
la que dilapida sus pánicos
y vértigos
es la ciudad con sus callecitas
sus casas sus parques y
sus puentes
una ciudad en la que los solos
susurran nombres
tiemblan en la intemperie
y es en ella posible encontrarse
para perderse (…relámpago el destino
riesgo).
En la ciudad, la hermosísima ciudad
crecen los barrios en desorden (ventanas abiertas
hacia las estaciones) para pasar sin más
del otoño al
deseo.
Puedes llegar a ella ligero de equipaje
vacío de deberes
tiritando acercarte a sus rescoldos
venir como si soñaras
como si nunca
te hubieras ido como si fueras
a quedarte.

*De Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com

COMO SI NUNCA TE HUBIERAS IDO, COMO SI FUERAS A QUEDARTE...

MIGUEL COMPAÑY*

*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

Al rastrojero con el perro haciendo equilibrio sobre el techo despintado lo vi aparecer apenas dió la vuelta en la esquina donde está la única agencia de autos del pueblo. Esa agencia, prolijamente pintada, con sus autos alineados debajo del cobertizo metálico o alguno de los dos saloncitos vidriados donde se exhiben los autos coloridos y flamantes.
Esa agencia está celosamente atendida por su dueño, que se llama Osvaldo Hugo Croatto. A quien por otro lado conozco desde que empezó a caminar. Ese hombre delgado y simpático es mi amigo.
El rastrojero avanza bajo una canícula de dos mil demonios echando fuego en ese enero donde ni las iguanas se atreven al cruzar la calle. Yo tampoco me atrevo. Estoy protegido por unos sauces eléctricos que plantó la comuna hace años y mal que mal me permite capear los veranos llameantes.
Cuando el rastrojero se acerca y aminora la marcha yo ya se que ese hombre con un gran sombrero de paja que desciende es mi amigo. Lo supe como lo saben todos quién es el conductor de ese extraño vehículo con los restos de la pintura gris triste que tuvo desde su origen, tal vez antes de 1960.
Ese hombre de rostro quemado por el sol de los campos que tiene entre sus dedos un cigarrillo encendido, es mi amigo Miguel.
Mi asombro choca con la decisión de su parte y lo que sigue es el diálogo probable que sostenemos bajo ese sol aplanador de cabezas
-Adonde vas Miguel con este calor…
-Al establecimiento rural –dice irónicamente. Como se refiere a las 20 hectáreas que por herencia paterna trata de hacer producir con su tambo, que hasta hace poco lo hacía manual.
-Y –pregunto atónito- no podes esperar a que el calor amaine.
-Y. no puedo. Tengo que darle agua a los animales.
-Pero pueden esperar, le digo.
Me miró con infinita paciencia de pedagogo y preguntó no exento de ironía.
-Decime Isaías, a vos, un día como hoy, te gusta tomar agua…
-Y, si,
-¿Y cómo te gusta tomarla?
-Y, fresca…
- ¡Ah! Bueno, a los chanchitos también…
Y se volvió a subir al vehículo que hipaba regulando como podía. Sentado y frente al volante, golpeó con una mano el techo, y el perro, que había descendido de allí al parar el dueño, saltó sobre el chasis, sobre el motor caliente y se instaló a su lugar de predilecto vigía.
Antes de entrar lo vi como subía a la ruta con ese hierático can que orondo, todo lo miraba con los ojos más fieles.
Mi amigo Miguel no sólo es sensible y generoso con los animales, aunque el siempre repita que lo siguen los niños, los borrachos los perros.
Tuvo hasta hace poco reparto de leche a domicilio cuyo beneficio económico dependía de la voluntad del cliente. Si no le pagaban, él no cobraba nunca y cuando se le inquiría sobre esa cómoda y ventajera situación de su particular clientela, inmediatamente, replicaba: mientras Miguel Compañy viva, ningún chico de este pueblo se va a quedar sin tomar leche y cerraba toda protesta.
Así es mi amigo Miguel. De su padre, Miguel Rogelio heredó varias pasiones. El radicalismo, el entusiasmo por los colores del Huracán F.B.C., el amor por los animales, el cariño por los caballos de carreras, sólo por verlos correr, la solidaridad por sobre todo otro interés, la amistad de hierro y ese amor acendrado por las cosas del campo y sobre todo si es de otro tiempo, como corresponde a un nostálgico que compite con la memoria férrea de su primo y estoy nombrando a Roberto Escudero, piazzoliano, hincha del Racing Club de Avellaneda y fanático simpatizante del Huracán F.B.C., Globo rojo para todo el mundo.
En esta pasión huracanista, Miguel aporta lo que puede al Club de sus amores, ya que sus magros ingresos de pequeño productor rural, casi la totalidad de sus más que breves hectáreas dedicadas al tambo no le permite distraer todo el dinero que desearía de buena gana para ayudar al Globo a crecer.
Entonces, de vez en cuando dona un cordero, que asa él mismo en el Club y con lo obtenido con esa venta de tarjetas, engrosa un poco más de dinero a las más que flacas arcas del Club.
Cuando se le reprocha esta manía inconveniente para su bolsillo, él replica amoscado:
-Los corderos de Miguel Compañy son para el Club Huracán.
Con enfático desgano “el Nene” Croatto le dice que no, que los corderos son de Miguel y no del Club y él contesta molesto
-Callate vos, si nunca sabés nada.
En esa onda de mal humor responde cuando se le nombra a alguien que no quiere. No es raro que cuando se le pregunte el nombre de pila del perjudicado en su rencor no conteste o diga sobre ese apellido que uno nombra.
-Ese, ni nombre tiene.
Enfático con las cosas del Club, de “su Huracán” que él vive con pasión, sobre cada una de las situaciones de su vida institucional (siempre integra sus comisiones directivas: no importa qué lugar ocupe, siempre será un soldado). Alguna vez sentado o en una mesa se charlaba sobre algunos jugadores que pretendían aumento.
El escuchaba callado.
Todos sabían que no estaba de acuerdo, porque los resultados no se obtenían y porque para él, el Club merecía sacrificios y también alcanzaba a los jugadores en este caso. De pronto, al oír un apellido saltó como si se hubiera sentado en un almohadón de brasas.
-Ese- dijo colérico- hasta por el viático es caro.
Y debo aclarar que al jugador en cuestión sólo lo separaba un hilo de alambrado de la cancha del Club.
Pero se lo tranquilizó, porque justamente estaba en la lista de los que se ofrendaban en sacrificio por los colores del club. Ese, justamente no pretendía aumento.
Mi amigo Miguel heredó las ideas políticas de su padre, el inolvidable “gordo” Compañy, presidente comunal por el voto popular en los años de Illia, radical de pura cepa, “de boina blanca”, repite. Y se jacta que por la chacra de su padre pasó hasta el mismísimo Raúl Alfonsín, antes de llegar a la presidencia de la República.
Cierta vez compartían una mesa con otros amigos y comentó que iba a tener una entrada menos porque un alquiler se le había caído. La de la única casa que alquila, ya que las otras que tiene en su campo las presta a desocupados y pobres.
-Y por qué no vas a cobrar más el alquiler, Miguel –le pregunta “el Nene” Croatto.
-Porque murió el inquilino.
-Y, qué –retruca “el Nene”- la viuda no puede pagar acaso.
-Y qué –salta indignado- ¿no serías tan desalmado de cobrarle alquiler a una viuda?
Y saca nervioso, un cigarrillo del paquete que deja sobre la mesa y lo enciende, con furia, chupa dos pitadas largas, tira el humo hacia el techo y se queda mirando la calle, donde no pasa nadie. Ni un alma comprensiva que lo haga soportar la ignominia de oír a un amigo profiriendo esa infamia.
-¡Cobrarle a una viuda –repite-.Nunca vi a nadie tan salvaje, tan criminal.

LA GOTA DE AGUA*

*De José Pedroni.

Oh gota musical que se separa
de la inmortalidad y oye mi oído
caer continuamente en el olvido
de mi honda penumbra, oh gota clara!

Una estrofilla de infantil dulzura,
sólo en la fuente alguna vez oída,
me ejecuta en el alma la caída
inmaterial de aquella gota pura.

De un agua fresca como cisterna,
mi pozo espiritual colma la gota;
y sin querer tengo una voz remota
y a todas horas la mirada tierna.

Oh gota de agua dulce que te estancas
en mi profundidad, de cuyo hueco
interminable sube un eco
que es como un vuelo de palabras blancas.

Oh gota musical que me deparas
el milagro ideal de tu caída,
cáeme siempre, siempre, que mi vida
vive en el canto de tus notas claras.

*Fuente: http://www.los-poetas.com/e/pedron1.htm#LA%20GOTA%20DE%20AGUA

Lunes, 27 de julio de 2009
ENTREVISTA A SARA ROSENBERG, AUTORA DE LA NOVELA CONTRALUZ
"Yo no sé quién manda sobre la apropiación del lenguaje"*

Exiliada desde 1975, la autora señala que "no se puede escribir sin punto de vista político, social, humano, filosófico, artístico", y que después del vacío de los '90 la escritura puede servir también para recuperar la palabra política.

*Por Silvina Friera

"La poesía sale de las bocas más oscuras, del dolor", dice Griselda Koltan, una actriz de teatro apasionada por Jean Genet, alcohólica con aires de diva, desde el psiquiátrico de Madrid, ciudad en la que se exilió junto con su marido, Jerónimo Larrea, director teatral, para intentar rehacer sus vidas. Jerónimo aparece muerto -se presume que se ha suicidado con una ingesta de barbitúricos, según la autopsia- en la habitación del hotel Astor. Ella habla de secuestro y asesinato, pide que se abra una
investigación; el matrimonio se sentía vigilado por un grupo de tareas que quiere borrar cualquier prueba que los pueda incriminar. La maquinaria del terror sobrevive en democracia y anda al acecho, temiendo que se desmonten algunas de las piezas del engranaje que aceita la impunidad. Lo matan porque
va a testificar, aunque Checo, el traidor que sólo busca sobrevivir, diga que fue un error, que "era un apriete, un trabajo sencillo". El psiquiatra de la actriz, el siniestro doctor Barber, "carcelero eficaz" que busca disimular las apariencias, le diagnostica paranoia. El juez Garzón está procesando a los torturadores y asesinos de la dictadura argentina, aunque en la acción Contraluz (Siruela), de Sara Rosenberg, ese "espectáculo jurídico" apenas sobrevuela por las páginas de la novela. El reparto se
completa con Laura, la hija de Larrea que viaja a Madrid para investigar qué pasó con su padre, y el entrañable Federico, un amigo de la víctima que se define como "comunista y libertario".
Si lo mejor de Buenos Aires es que está llena de gatos callejeros, como dice uno de los personajes de Contraluz, encontrarse con Rosenberg en un café justo enfrente del Botánico parece el escenario ideal. La escritora, dramaturga y pintora, que a mediados de los 70 se exilió en Canadá, México y finalmente en España, donde reside desde 1982, habla con un tono sereno, acompasado de tanto en tanto cuando pronuncia una erre que vibra más allá de los sonidos metálicos de las cucharas y las tazas, como si algunas sílabas evocaran las sonoridades de su Tucumán natal para imponerse ante el concierto desafinado del ambiente. "Las cosas que me afectan, que me tocan, de pronto se encarnan en algún personaje; lo pienso o lo sueño y me siento a escribir", dice la escritora a Página/12. "La dictadura está presente porque los personajes son producto de un tiempo y han tenido una vida. Esta novela está contextualizada en el momento en que se enjuicia a Scilingo. El contexto está porque el tema sigue abierto. No hay clausura posible de la historia mientras haya impunidad", afirma la escritora.
-¿Por qué decidió que una de las protagonistas sea una actriz alcohólica que se desliza por ese andarivel en el que parece que exagera o miente?
-Parece vulgar decir "el loco tiene razón", "el loco sabe", pero decimos y pensamos muchas cosas que si no podemos probarlas como si fueran una fórmula matemática no se escuchan. Me gustan los personajes contradictorios; que siendo una gran actriz las cosas no le vayan muy bien, que siendo una persona que sabe mucho no pueda demostrar lo que sabe. A veces sabemos demasiado y ese saber no necesariamente nos ayuda a vivir. Los personajes de mi novela no son monolíticos, de una sola pieza. Ella es alcohólica porque en Madrid se toma mucho, a ella le gusta el alcohol, no me parece nada extraordinario, sino algo vulgar de la vida cotidiana. Ella elige el tipo de obras que hace. Genet no está tomado al azar; remite a la marginalidad, a esa frontera de lo extranjero, de lo que está en cierta forma en un lugar que no es estable. Todos mis personajes circulan un poco por el margen.
-¿Se propuso rescatar dentro de la novela un teatro más político frente a otras propuestas y estéticas teatrales?
-Sí, con el avance del conservadurismo y el neoliberalismo en los '90, hablar de algo que tuviera contenido, que hiciera referencia a la vida social y política, era como una peste. No se puede escribir sin punto de vista político, social, humano, filosófico, artístico. Forma y contenido jamás han estado separados. Creo que es interesante recuperar el sentido de la palabra política. Siempre digo que Rojo y Negro es una novela política, Stendhal hacía novelas políticas. Las novelas decimonónicas cuentan
historias colectivas, porque lo político es un punto de vista sobre lo colectivo. No hablar de política también es una forma de tomar partido.
Sus manos se aferran a la taza de café; sus ojos iluminados por el sol fulguran como dos esmeraldas manchadas de oro. "Estuve leyendo la prensa argentina en estos días y es aguda la contradicción que se vive en este momento. Hay un movimiento bestial hacia el conservadurismo", dice, mientras los pómulos se tensan. "Justo llegué un poco antes de las elecciones y estuve viendo los resultados con gente amiga. No lo podíamos creer; se está queriendo regresar a los '90 en todo, hasta en los gestos."
-Uno de los personajes de la novela, Federico, se pregunta de qué socialismo se habla en España. El prefiere definirse como "comunista y libertario".
¿Qué opina del planteo que hace este personaje?
-Federico es un personaje que ha vivido la represión franquista, un personaje de la izquierda española que hoy es muy minoritaria. Lo que dice es verdad; España no es socialista, aunque se hayan hecho pequeñísimas reformas y evidentemente no sea la derecha ultramontana la que está gobernando. Cuando se define como comunista y libertario, está diciendo que no es un estalinista. Federico para mí es muy representativo de esos cristales que han quedado sueltos en el mundo de la cultura y del arte.
Algunos acompañan un tiempo los procesos revolucionarios, otros un poquito más, y los imprescindibles casi toda la vida. No se cambia de chaqueta en la mitad.
-Lo interesante es que se reivindica de izquierda cuando esta palabra ya no se la usa en el sentido que lo hace el personaje.
-Yo no sé quién manda sobre la apropiación del lenguaje; a mí me han tildado muchas veces de anacrónica y no me importa para nada (risas). Las palabras tienen dueño, como decía Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo. Y si las palabras tienen dueño, yo quiero ser dueña de mis palabras. Nadie me va a decir cuándo caducan ni el sentido con que las cargo. Aunque la izquierda haya cambiado de contenidos, aunque se haya diversificado muchísimo más el concepto de izquierda y se
haya enriquecido, no sé qué define ciertas cuestiones. El personaje es un hombre de casi sesenta años que ha vivido todas las luchas antifranquistas, que sigue en la lucha y que no quiere perder esa palabra.
-Laura es el personaje que intenta comprender al padre, con el que no ha tenido una buena comunicación. ¿Cuál es el mayor obstáculo que tiene la generación de Laura para comprender a la generación militante?
-Estoy convencida de que el mejor antídoto contra la ignorancia es preguntar e intentar entender para no vivir con prejuicios. Ese es el proceso que hace Laura en la novela, a pesar de su desorientación. Es un personaje que indaga más allá de la edad, de sus problemas afectivos con el padre y del tema del
abandono. Los años oscuros han impedido una transmisión profunda de todo lo que pasó. Walter Benjamin decía que en los campos de batalla durante la Primera Guerra Mundial lo que más lo sorprendía cuando llegaban los soldados era el silencio, la incapacidad de hablar del horror que habían vivido. El horror hace que pierdas la capacidad de simbolizar, de decir, de contar. La literatura y el arte tienen ese espacio tan importante de volver a tirar las bolas en la mesa de billar y dejar que circulen. El miedo de muchos a ser detenidos ocasionaba que no les contaran nada a sus hijos. Esto pasó también durante los cuarenta años de franquismo. La generación que creció durante la Guerra Civil Española fue una generación muerta de miedo porque lo que escuchaba era "cállate", "no se puede preguntar". Cuesta mucho volver a enhebrar el sentido. El trabajo del lenguaje, del pensamiento, consiste en zurcir ciertos huecos.
-Muy al pasar se menciona en la novela a Tucumán y al general, por Bussi.
¿Cómo se lleva con el lugar donde nació?
-Amo y odio a Tucumán alternativamente con mucha rapidez; amo mi montaña, mi río, mi selva, los amigos que me faltan... Siempre sin darme cuenta estoy volviendo literariamente a Tucumán. Fue muy fuerte volver a Tucumán y encontrarme con todas las calles embanderadas con Bussi, que fue votado. No
entendía nada; para mí fue tan terrorífico que me fui rápidamente. Hasta que empecé a reconciliarme y me conecté con gente de la universidad. A los 17 años fui a parar a una cárcel de Tucumán, en 1970. Pasé tres años y medio sin juicio y fui amnistiada por Cámpora. Estaba en una agrupación universitaria y caí presa por un operativo, un robo a un banco. Cuando salí de la cárcel me quedé hasta el '75, pero estaba muy perseguida; empezaron a matar a todos los amnistiados. No tenía cómo sobrevivir. Me salvé porque un poco antes del golpe mi papá me pagó un pasaje a Montreal; después me fui a México porque ya no aguantaba otro invierno, yo soy un alma tropical (risas). De México me fui a España y ya no podía mover más a los chicos por tantos países... Hacíamos todo muy rápido, sentíamos que había poco tiempo y quemábamos etapas. Pero no me arrepiento de nada, fue el tiempo que me tocó vivir.
-¿Cómo reaccionó su familia cuando cayó presa?
-Ay (se agarra la cabeza)... fa-tal, estaba indignada. Mi papá era de una derecha liberal, nunca fue un hombre de izquierda. Era una casa muy tradicional, esa burguesía provinciana conservadora que quiere que sus hijos estudien y punto. Tengo que agradecer mucho a la escuela pública, la escuela Sarmiento, que dependía de la Universidad Nacional de Tucumán, que en su tiempo fue muy de avanzada y que me abrió la cabeza. Esa contradicción entre la apertura de la escuela y el conservadurismo de mi casa me permitió formarme y confrontar. Era natural que cuestionáramos lo heredado y quisiéramos refundar el mundo. Yo no quería vivir ni como mi papá ni como mi mamá, no eran mis modelos. Fue una época de transformación profunda del pensamiento, con un movimiento obrero muy combativo, con un proletariado muy organizado, y se juntó una intelectualidad muy interesante con trabajadores con mucha organización y capacidad. Era imposible ser indiferente a lo que estaba pasando, salvo que te encerraran con llave en tu habitación. Pero siempre está la ventana para saltar y poder escapar (risas). Tucumán se politizó rápidamente y la gente estaba en la calle luchando. No éramos ni excéntricos ni raros; se discutía, leía y pensaba en los cafés. Yo escuchaba a los mayores leer poesía y discutir de marxismo. No había fronteras entre la poesía y la política.
-Un personaje de Contraluz plantea que hubo un momento en que el arte se correspondía con la política, que el artista no estaba divorciado de su tiempo.
-Claro, el artista no estaba en su torrecita, estaba comprometido seriamente. Yo creo que es imposible ser neutral, aunque nos digan que tenemos que ser neutrales y "no meternos en...". Yo apoyo el proceso que está viviendo Venezuela, que me fascina por cómo se está alfabetizando al pueblo. Chávez dice que un pueblo culto puede elegir, y me parece que están haciendo esfuerzos muy válidos. Sigo con mucha atención las transformaciones de Bolivia y Ecuador. Las veo como si fueran luces. Así como toda Europa se está inclinando hacia la región más conservadora y oscura del pensamiento, las luces que nos dan esperanzas están en América latina. Estamos viviendo un momento interesantísimo, de pequeños avances, después de la oscuridad de los noventa, de tanto silencio y chabacanería mental.
En la cárcel escribía muchas veces en la pared o en pequeños papelitos.
Cuando llegó el momento de restablecer su vida, Rosenberg comenzó a pintar.
"Estuve muchos años pintando, montando instalaciones en Canadá, México y España. En el '92 expuse en el Centro Cultural Recoleta, me traje mi exposición en una valijita, todavía estaba Miguel Briante", recuerda sonriendo hasta con los rulos desordenados por los recuerdos. "Ya estaba escribiendo, pero no lo hacía para publicar. Tardé mucho en publicar mi primera novela porque el tema no interesaba. Parece que en los noventa no se podía hablar de los desaparecidos, hasta que conseguí que una editorial se
interesara en publicar Un hilo rojo. Sin abandonar mi parte visual, poco a poco la escritura empezó a devorar mi tiempo. Yo no puedo vivir de la literatura, doy clases y tengo que pagarme el derecho a escribir." Su opción por la escritura dramática, la dramaturgia, le permitió encontrar la forma de juntar lo visual con la palabra. "Escribo teatro, poesía, cuento, novela, pero no puedo abrir más el abanico", bromea Rosenberg, desplegando las palmas de la mano sobre la mesa como si fueran dos abanicos. "Ahora me voy dos meses a Bolivia a trabajar como bibliotecaria por La Paz, Oruro, Santa
Cruz de la Sierra, Cochabamba, Tarija... Quiero escribir un libro sobre las mujeres en Bolivia, un texto novelado en el que aparezcan las voces de las protagonistas. La mejor forma de conocer un país es trabajar", cuenta con el gesto de asombro de quien intuye que aún quedan sorpresas en el camino.

La ficha

Sara Rosenberg nació en Tucumán en 1954. Estudió Bellas Artes hasta que tuvo que exiliarse del país. Vivió en Montreal (Canadá), en México, donde estudió artes y antropología, y en 1982 se instaló en Madrid. Ha publicado las novelas Un hilo rojo (finalista del premio Tigre Juan 1998), Cuaderno de
invierno (2000) y La edad de barro (2003). También ha publicado cuentos, poesía (en la red) y obras de teatro. Recibió el premio internacional de teatro La Escritura de la Diferencia 2006, en Nápoles. "Fui guerrillera, periodista, camarera, fotógrafa, escultora de uñas, dependienta, traductora, intérprete, diseñadora gráfica, madre de dos niños, etc. Y siempre he tratado de seguir buscando y preguntando, no sé qué exactamente, a través de la pintura, el dibujo, las instalaciones, la fotografía y la escritura", resume Rosenberg.

Sobre la desobediencia civil

No es casual que la actriz, cuando salga del encierro al que la confinaron, quiera hacer Antígona. ¿Qué representa para usted esta obra?
-Antígona es la gran contradicción, el gran conflicto entre la ley doméstica, la ley familiar, la ley tribal y la ley del Estado; entre el amor fraternal y la obediencia, entre la juventud y la vejez. Antígona es un personaje fantástico, y ese papel le viene como anillo al dedo a Griselda, por eso hay un doble juego con el monólogo que ella está escribiendo, que se cruza permanentemente con la tragedia griega. Antígona es un personaje que lleva su "delirio" hasta las últimas consecuencias. Es un delirio de justicia, una necesidad de justicia, de desobediencia civil.

*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-14699-2009-07-27.html

El Chamán*

El "bolsón" es simplemente -como su nombre lo sugiere - una "bolsa grande" de espacio mágico donde habitan, pasean, se prendan, y vuelan locos lindos y hermosos, y claro, universales.
algunas cosas estaban mas claras. llegue un dia que podía ser martes o jueves, no me acuerdo, pero seguro era uno de esos días porque había feria en la plaza.
la terminal de ómnibus esta frente a la feria, que a su vez contiene como un puesto mas a la oficina de informes y recepción al turista.
me fui al vuelo a la oficina de información y una hermosa mujer con una sonrisa franca me pregunta que necesito.
- me sale de la boca sin mediar el pensamiento: un chamán.
silencio, cara de "baja la voz...."
-como?
-sí, vine a buscar un chamán.
-aha - y... que más?
- y, no lo tengo muy claro.
-bueno, pero en lo concreto aquí y ahora en que te puedo ayudar?
- ah, también necesito alguna pensión barata donde comparta cuarto y baño y quede cerca de esta montaña (después supe que era el pirqui) y de esta plaza.
- bueno, en eso no hay problema. te podrías quedar en lo de Eugenia del Agua, que queda a tres cuadras. llamó por teléfono, supo que había lugar y me dijo que podía ir, que si quería dejara la valija y la mochila para verla antes.
- le dije bueno, ahora lo importante es el chamán, le recordé.
- Haide me llevo a otra habitación, se puso a llamar gente que pudiera ubicar el teléfono del chaman (parece que no es tan fácil como yo pensaba) ,finalmente se comunica por teléfono y me da con el, me dice que me espera en su casa a las 16,30 hs . eran las 15hs.
Me dio la dirección y el nombre - Carlos- y me despacho en un remis a lo de Eugenia del agua con la misma sonrisacon la que me dio la bienvenida.
jamas me voy a olvidar de ese primer encuentro con la magia del bolsón.
todo estaba
todo estaba bien
todo era posible
yo estaba en el camino.
deje las cosas en la mágica casa de Eugenia del agua, me acomodo en una piecita de la planta baja, sobre la galería, a metros del baño al que se accede desde la galería también.
En el mismo auto sigo hasta la dirección indicada, me lo imaginaba lejisimos del centro, casi sobre el ultimo pico del piltri.
pero no eran 10 cuadras.
con lo cual llegue casi una hora antes de lo que el chaman me esperaba.
Salieron a recibirme los perros y un señor más o menos de mi edad, gringo como yo, canoso, con una hermosa barba entrecana, con anteojos livianos, de esos que no tienen armazón, y pinta de operario.
- hola
- hola, se me hizo temprano
- si, me doy cuenta
- es que estoy ansiosa
- si , me doy cuenta
- bueno, en que te puedo ayudar?
- en realidad no tengo muy claro, pero tengo un dolor de ciática, aquí.
- aja, y eso es habitual
- no nunca, pero como hice esfuerzos subiendo y bajando montañas, vadeando ríos, nadando lagos helados, trepando y que se yo...
- aja.
silencio, nos miramos......
nos estudiamos un poco, finalmente, con dulzura me dice:
- bueno, desvestite y acostate aquí.
-yo lo miro profundamente a los ojos y obedientemente hago lo indicado sin haber dudado un segundo
sin haber tenido miedo un segundo
sin haber pensado un segundo
- el enciende una vela
llena un cántaro con agua
y me empieza a amasar el cuerpo desnudo con un aceite de romero que olía maravilloso.
- ay! ahí es donde me duele, digo despacito
- si, esto es exactamente el sacro
- el coxis? pregunto
- no, el sacro. es un punto de la sacralidad del cuerpo, donde se encuentra una de las chacras sagradas, justamente de ahí el nombre, que tiene que ver con lo femenino, con lo sagrado de la sexualidad.
-enseguida le explico que de vez en cuando tengo algún encuentro sexual más o menos interesante-
El rápidamente me explica que no habla de genitalidad.
que la sexualidad es mucho más compleja que es una cuestión energética...
aquí empiezo a contar lo que me acuerdo pero son todas esdrújulas y por ahí me equivoco en los conceptos, disculpen los que entiendan.
- el chaman me dice -siempre mientras me amasa- que tengo el sacrocerrado, que todo mi costado izquierdo (el femenino) esta duro, rígido, bloquedado. (en mi diván diría que soy una mina medio fálica, bah, cosa que ya sabia yo, pero como el?)
que tengo dificultad para vincularme desde el lugar femenino energético, que me duele hasta la zona de los riñones que es donde habita el miedo.
- a ver - entre nosotros- llego mil quinientos años de análisis de diferentes tipos diván, lapieres, sillas, grupos, escritorios, almohadones en el piso, y todo lo conocido tratando exactamente estos temas que de
alguna manera inexplicable este hombre "veía " en mi cuerpo y decía con precisiones que me ponían la piel de gallina.
- hubo una fracción de segundo, tal vez por lo que el explicaba- en que
sentí terror
terror de mi
terror de el
nadie sabia en el mundo donde estaba si yo desaparecía en ese momento porque el era un descuartizador que después me enterraba en el fondo de su casa, nadie sabría jamas que me había pasado ni donde podría estar en este universo.
- evidentemente el percibió esto en mi cuerpo, y me dijo, quédate tranquila, esta todo bien.
- y yo simplemente le creí, me serene, me volví a entregar al placer infinito de esa amasada.
- el chamán es obrero, tornero para mayor precisión, y tiene las manos ásperas como las que nunca ningún hombre me puso jamas antes encima. esto le daba a la sensación del amasado un color diferente , sumado al romero que se me impregnaba en el fondo del globo ocular.
- me decía inspira, y apretaba en algún lugar, no importa cual, porque fueron muchos, donde sentía un dolor insoportable, entonces el decía, ah, es -por decir- la suprarrenal- y entonces me decía volve a inspirar y solta de a poquito, y hundía mas su mano en mi cuerpo como separando las tripas entre si y finalmente en el ultimo apretón ya se había ido el dolor.
Me acosté primero boca abajo, después de cada uno de los costados y finalmente boca arriba, yo estaba tan entregada al placer que sentía como jamas lo estuve antes, con los ojos cerrados, sin importarme nada pero nada del afuera de mi cuerpo y mi alma.
Cuando termino el amasado me puso piedras sobre el cuerpo, no supe cuales. pero una en cada mano, una sobre la frente, otra en la garganta, otra en el pecho, otra entre las tetas, otra cerca del diafragma, otra cerca del ombligo, otra sobre el pubis y otra cerca de los pies, pero no sobre ellos, una mas a cada costado de mi torso.
así paso el tiempo, no puedo decir cuanto
no puedo explicar lo inexplicable
no puedo poner en palabras -sólo porque no las conozco- lo que fuisintiendo, no puedo escribir más....
Sentía la sonrisa instalada en mi cara.
y la magestuosidad del universo en mi cuerpo, el perfume del romero
y su presencia cerca, con la exacta distancia para sentirlo sin que me toque.
Después me dio una mano
me beso la frente
me hablo
me ayudo a volver a esta dimensión de la que había salido.
me ayudo a incorporarme.
dijo que tenia que verme pasado mañana. pregunto si quería un taxi.....
Le explique que, necesitaba caminar.
me indico por donde llegar al pueblo
le pregunte cuanto le debía, me dijo nada
le explique, me explico que el no trabaja de eso, que es tornero de profesión, que no cree en las casualidades y si en las causalidades y si yo había llegado el no podía no ayudarme.
le insistí se resigno y me dijo, bueno, dame quince pesos. y te espero pasado mañana, puede que tengas vomitos, diarreas, erupciones, malestar, nauseas, dolor de cabeza. es todo normal, no te asustes
si me necesitas llámame, pero no faltes.
en un estado que nunca antes estuve salí de ahí flotando
sin dolor de nada
sin pisar el piso
sin caminar mientras caminaba
sin dejar de mirar el pirqui
sin entender nada de nada
y después de un rato llegue a la plaza.

*de Analau. analaublejer@gmail.com
http://estaredeviaje.blogspot.com/
"Cada atardecer las recolectoras de estrellas salimos a iluminar la noche"

Pasaje*

Pasar por el ojo de la aguja,

los camellos,
sentados en un mar amarillo,

hacen lugar.

Del otro lado de la mirada.

de las pestañas

conocedoras de la contraseña.

Cavar en el reino de los espejos,

Mariposa de viento,

Del otro lado siempre.

Entrar en las antípodas del mar.

Apenas un cielo agujereado en los ojos del nombre.

*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Revelaciones de invierno*

*Por Juan Sasturain

Fue una mañana de invierno, un lunes como hoy pero del alevoso y helado julio de 1959, hace exactamente cincuenta años: yo tenía trece, iba a cumplir catorce en unos días y cursaba primer año en el Don Bosco de Mar del Plata, apenas uno de los 45 granujientos, incipientes varones de Primero A. Para eso iba en bici cada mañana pedaleando Avenida Luro arriba, treinta y pico de cuadras. Tras la diaria misa entre bostezos nos cagábamos religiosamente de frío hasta el mediodía en esas aulas grandes, altas, con pupitres oscuros y ventanales que daban al patio de cemento en que –cada recreo– jugábamos al fútbol de timbre a timbre, transpirando como salvajes con pulóver y gabán.
Esa mañana de hace medio siglo, el Pelado Marcángeli –que nos daba Castellano e Historia sucesivamente en las primeras horas– llegó y sin decir nada ni comentar el triunfo de Independiente se puso a escribir en el pizarrón con letra clara algo que leía en el diario que había traído de su casa. Era un poema, un soneto más precisamente: “A la efigie de un capitán de los ejércitos de Cromwell”.
–Copien –dijo el Pelado.
Y fue desplegando de arriba abajo los catorce versos endecasílabos en los correspondientes dos cuartetos y dos tercetos. Al final, a la derecha, escribió el nombre del autor: Jorge Luis Borges.
Nosotros no sabíamos qué era una efigie, cómo se reconocía un soneto y menos aún quiénes eran Cromwell o Borges. No sabíamos nada, en realidad; y hacía frío:
“No rendirán de Marte las murallas / a éste que salmos del Señor inspiran. / Desde otra luz, desde otro siglo, miran / los ojos, que miraron las batallas” ya leía, ya nos hacía leer el Pelado en voz alta y con fervor.
Hiatos y sinalefas mediantes, llegamos a reconocer las once rítmicas sílabas de cada verso; descubrimos las consonancias abba de la rima y sin transición nos trasladamos en el segundo cuarteto: “La mano está en los hierros de la espada. / Por la verde región anda la guerra; / detrás de la penumbra está Inglaterra, / y el caballo y la gloria y tu jornada”. Y fue como quien pasa al segundo vagón de un tren en movimiento para verificar que el esquema del primero se repetía tal cual.
–Vamos ahora a los tercetos –dijo el Pelado.
“Capitán, los afanes son engaños, / vano el arnés y vana la porfía / del hombre, cuyo término es un día”, recitó Marcángeli. Caminando entre los bancos, releyó los tres versos, hizo la pausa justa para mostrar el encabalgamiento, resaltó el cdc de la rima y después siguió ya cuesta abajo, sin detenerse hasta el final: “Todo ha acabado hace ya muchos años. / El hierro que ha de herirte se ha herrumbrado; / estás, como nosotros, condenado”.
Punto y silencio unánime.
–¿Qué les pareció?
En principio no nos parecía nada. No se entendía demasiado, éramos pendejos y nuestras lecturas habituales no iban más allá del Hora Cero para ver cómo seguía El Eternauta y de El Gráfico para que nos contaran los goles de Yaya Rodríguez y Senés que escuchábamos por radio. Además teníamos frío. Pero, sin embargo, el Pelado comenzó a hablar y algo pasó, algo (nos) empezó a pasar esa mañana, un lunes como este lunes de hoy, tan frío, hace cincuenta años exactos.
Simplemente nos había alcanzado la literatura. Y eso que pasaba entre versos –apenas intuido, deslumbrante, pero apenas comprendido del todo por falta de vida y experiencia– no era otra cosa que la poesía.
Puedo recitar desde entonces “A la efigie de un capitán de los ejércitos de Cromwell” de memoria. Debe ser el único poema de Borges que recuerdo así, entero y cadencioso. Incluso estoy seguro de reconstruir no la exégesis puntual del soneto deslumbrante –el profe lo había leído el día anterior en el suplemento literario de La Nación, el rotograbado que salía impreso en sepia el domingo, y nos lo trajo–, pero sí el fervor de la explicación, la pasión transmitida.
Al consultar los datos me doy cuenta de que Ricardo Marcángeli, el inolvidable maestro que me enseñó a leer, era del ’29, tenía en aquel momento nada más que treinta años. Parecía más grande. La calva precoz y nuestra mirada casi infantil nos engañaban. Severo y jodón a la vez, al Pelado le encantaba la Historia y contar goles de Erico; nos prestaba libros, compartía con nosotros los resultados del domingo y el tedio de la lectura obligatoria de las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma y la Marianela de Galdós en las ediciones de Troquel. Pero sobre todo nos quería.
Cinco años después, cuando ya estudiaba Letras en Buenos Aires, había regalado mi colección de historietas y veía a Boca en la Bombonera, seguía pendejo pero menos, me compré El hacedor –que es de 1960 y uno de los libros que más me gustan de Borges– y me volví a encontrar con la efigie del capitán, la certeza de que “los afanes son engaños”, que es vana “la porfía del hombre, cuyo término es un día” y que estamos –como él– condenados. Desde entonces me pasa cada vez, y es como la primera.
Ricardo Marcángeli, por aquellos mismos años en que nos daba clase y letra como quien reparte comida caliente o besos, empezó a pintar y a eso se dedicó con talento durante décadas. Se murió en 2006 en Mar del Plata, dejó alrededor muchos amigos y también –más lejos– muchos pibes grandes como yo, agradecidos para siempre por aquellas revelaciones de una mañana de invierno.

*Fuente: © 2000-2009 www.pagina12.com.ar
-Enviado para compartir por Lucía Cinquepalmi lccnqplm@yahoo.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 26 de julio de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor venezolano Mirtru Escalona-Mijares. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de Only Instrumental
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
(Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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26/07/2009 GMT 1

LA SUPERFICIE DEL MUNDO ES EXTRAÑA

urbanopowell @ 22:39

Amor eterno*

Bajo aquel sauce, al amparo de la intimidad del enorme parque, la pareja discute sin levantar la voz.

- No puedo seguir con lo nuestro, me has embrujado, pero no puedo seguir.
- Pero, yo no puedo vivir sin ti…
- Tienes que buscar otra mujer. Este hechizo debe terminar.
- No puedo… No quiero separarme de ti nunca.
- Debes olvidarme - dice ella incorporándose e iniciando la marcha.
- No te vayas. No puedo vivir sin ti.
- Lo siento, te juro que lo siento.
- Jamás me separaré de ti…

La mujer intenta marcharse mientras el hombre la sujeta por la cintura. Se dibuja en el crepúsculo la imagen de la pareja forcejeando. Anochece.

Al día siguiente se abre el parque al público que observa una nueva estatua bajo el sauce. Un hombre agarrando por la cintura a una mujer que con la melena al viento intenta marcharse. Al pie de la estatua el título: "La unión eterna del brujo y la mujer."

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

LA SUPERFICIE DEL MUNDO ES EXTRAÑA...

Golondrinas sensibles a la estación y otros etcéteras pájaros*

“Mi madre era ciega, (…), pero ella te veía pasar por mi júbilo y yo te veía pasar por los ojos de ella, que no te veía”

M. A Asturias - Leyendas de Guatemala

“-Ábrete, sésamo” - entraste por el cuello, indagando, suavísimo,
sin báculos indecisos*, cada pliegue, todo
intersticio, toda
concavidad
memorizando un mapa con luna a estribor del pecho
quiero florecerte nomeolvides en el hueco de tu ombligo ¿lo pensé o te lo dije? ponerme debajo de tu axila buscarte el corazón
de pájaro soltarlo en mi frente mezclarlo al revuelo de plumas
de mi pensamiento de tortolitas desprevenidas águilas en picada golondrinas sensibles a la estación y otros etcéteras pájaros y me miraste
como jamás me miraron ojos humanos como no me he mirado
en todos estos años y mi boca comió y bebió de la tuya
y bajo tu sombra es tan grato a mi oreja escuchar
los cuentos los halagos el murmullo de tu demorada agua de durazno
bajando a buscarme, llovida agua que cae
nombrándome
y voy a vos yo-la-recién-mirada.

*De Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com
(*) Borges, “... la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso” – Poema de los dones

LA CURIOSIDAD Y LA ESPERANZA*

*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com

Moscas. Revoloteo de moscas impacientes sobre el cadáver de la oscuridad, todavía vivo. Hay cosas tan difíciles de determinar. Cuáles son los vivos, quiénes están muertos. Vientos huracanados no alcanzan a barrer la pavorosa confusión. En parte, porque son demasiados los detalles que la fundamentan, muchos más de los que podría imaginar el viento.

Nidos. Al caer sobre la almohada que es el templo, los gemidos de la noche no despiertan. Queda claro que éste no es un mundo para todos. No es lugar para el hombre que abre los ojos como un dios sin nubes. Poca falta hace quien construye nidos imaginarios para pájaros que no existen. No importa la lluvia que trepa el muro para llegar al cielo. Pero estamos todos.

Estigmas. A fuerza de meter los dedos en los estigmas de la noche hemos aprendido a sostenernos de una sombra. Y no se nos han caído los ojos despavoridos cuando, entre el ver y el imaginar, extrajimos el racimo de la aurora. Aquí estamos con los brazos extendidos para sostener cada nube rota.

Indice. Se balancea el abismo para atrapar sus víctimas precipitadas. Como una ironía enrollada en el índice, avisa a sus presas que no hay necesidad de Dios en la caída. Pero él mismo, siendo abismo no ha brotado de la nada sino que es una creación de los caídos. Abismo y abismado son necesidades mutuas.

Magnitud. La luna no busca el río, desamparada, por falta de seguridad en sí misma, sino porque cada noche recita de memoria, a los peces, el alfabeto del sueño.
Está muy claro que en este mundo no somos todos bienvenidos. El único problema es que estamos todos. Y aunque nos falte arraigo sabemos que ocupar el mundo por escrito o por espanto resulta muy incompleto. Porque el mundo, a causa de su magnitud, excede tanto la intención como el sentido.

Hierba. Con la cabeza erguida y despeinada también el crisantemo se nos parece. Desde algún rincón alguien escribe todo. Alguien va trenzando finamente el hilo de la curiosidad con el hilo de la esperanza. Y leemos que nada es cizaña. Todo es hierba. Alguien ama a quien no debe. Alguien no ama a quien debe. Así hablamos nosotros en medio del camino. Esto vemos: la venganza antigua de vivir sintiendo.

Trino. Remoto llega un batir de alas, un color, un trino, pero el jilguero no sabe que nos consuela. Hijos del asombro y la impostura, simulamos una indolencia fastuosa, un recato de mortaja, mientras desnudos y ardientes batimos el cuerpo adentro del alma. En las calles, los templos, las oficinas, nos mezclamos astutamente entre los otros para no causar pavor ni merecer socorro.

Oficio. La superficie del mundo es extraña. Una funda impenetrable para los seres forjados en la memoria del fuego. Seguros de que el oficio de mirar es tan arduo como el de habitar el mundo, abrimos los ojos como el poeta abre el verso, pero no buscamos la salvación en aquello que vemos.

Desnudez. Queda todavía por explicar de dónde sacamos nosotros las dotes para respirar el hilo de aire cuando el mundo, dueño de nuestra asfixia, está en cierta medida exasperado. Es tan obvio de explicar como la desnudez de la música que atraviesa las madrugadas. Algo así como una ternura erótica que nos arrastra a la curiosidad y la esperanza.

-FUENTE ROSARIO-12
*ENVIADO PARA COMPARTIR POR RUBEN VEDOVALDI.

Descielados*

Los que se mueren en accidentes aereos no quieren ir al cielo.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

CULTURA: ENTREVISTA CLAUDIA PIÑEIRO ESCRITORA
"Si voy a ser canalla quiero elegir qué tipo de canalla voy a ser"*

La autora de "Las viudas de los jueves" saca una nueva novela, "Las grietas de Jara". Un libro que toca los conflictos de la mediana edad con una sutil trama policial.

*Por Patricia Kolesnicov. pkolesnicov@clarin.com

SENTIR COMO UN HOMBRE. CLAUDIA PIÑEIRO ELIGIO COMO PROTAGONISTA A UN VARON.

No, no tiene cara de canalla Claudia Piñeiro, de modo que hay que saber, desde el principio, que cuando dice la frase del título: "Si voy a ser canalla, quiero elegir qué tipo de canalla voy a ser", no está hablando ella sino Pablo Simó, el personaje de su última novela, Las grietas de Jara (Alfaguara), que estará en la calle en unos días. Y que se espera como de quien viene: de la mujer que ganó, en 2005, el Premio Clarín con Las viudas de los jueves, una novela que se convirtió en best seller.

Pablo Simó es un arquitecto de 45 años que trabaja en un estudio especializado en detectar casas "derrumbables", tirarlas abajo y levantar en su lugar edificios redituables. Cada tanto, por supuesto, se encuentran algún escollo. Desde el principio de la novela, el escollo se llama Nelson Jara y es un vecino que está muerto y que hace años protestaba porque la obra le había abierto una grieta en la pared. Y por ese lado no se puede contar más, salvo que hay una sutil trama policial.

Simó tiene, además, una esposa, la de toda la vida y una hija adolescente en pleno conflicto con su madre. Al principio de la novela está tan alienado que ni siquiera se da cuenta de lo desesperado que está por alguna emoción de esas que ponen al corazón en quinta velocidad. Pero, claro, algo lo pondrá en marcha y ahí sí, el "canalla" estará en situación de decidir qué canalla será de ahí en más.

Acá tenemos una crisis de la mediana edad.

Es bien una crisis de la mediana edad, cuando uno se para a pensar "ahora qué". Y este personaje se lo plantea respecto de sus afectos, de su trabajo de todo lo que hizo hasta el momento. Por eso la novela se trata de qué es amor y qué no es amor, qué es un trabajo que te gratifica y qué un trabajo que no, las cosas que uno piensa en esa crisis.

En este punto, la novela también se pregunta qué es ser canalla.

Sí, hay una situación de pertenecer a un mundo donde las reglas las ponen otros. Siguiendo esas reglas, se puede terminar en situaciones en que sos "un canalla", cuando hay canallas de mucha mayor monta que vos que no son calificados de tales. La novela tiene que ver con eso, con decir: "En este mundo, donde las reglas las ponen otros, hacer esto o aquello: ¿es ser un canalla? Porque hacer determinadas cosas es ser un canalla, pero el que hizo las reglas es más canalla que uno.

Simó cruza de canalla a canalla...

Es eso. Si voy a ser un canalla, quiero elegir qué tipo de canalla voy a ser. Para ser canalla para otro, que es lo que te imponen las reglas, prefiero ser canalla para mí.

Como en "Las viudas... " en esta novela hay una trama policial pero no es lo central.

Sí, en las novelas que escribo hay un elemento del policial pero no se llega a configurar un policial. La muerte de la persona no es lo más interesante ni nadie se está preguntando quién lo mató. Pero me sirve la estructura narrativa: planteás un enigma al principio y tenés que terminar la novela develando ese enigma. Mientras tanto, aparecen los mundos que rodean a esas personas y que es lo que me gusta contar.

En este caso, una Buenos Aires que se destruye, otra que se construye, viejos y nuevos edificios...

Hay una cuestión en la construcción del edificio que tiene que ver con la construcción de la novela. El lápiz de Simó dibuja, como el lápiz del escritor. Y un paralelo: tengo que escribir o dibujar esto, que no es lo que me gusta pero es lo que me piden en este momento. Y yo quisiera construir, o dibujar, esto otro.

Hacés un relevamiento de edificios de Buenos Aires...

Le pedí a un arquitecto, Néstor Otero, que me mostrara edificios. Hicimos una recorrida y eso me ayudó a elegir: ¿Qué edificios miraría un arquitecto estando enamorado, como pasa en la novela? Si está enamorado no va a llevar a la chica a pasear por Catalinas.

La destrucción de viejos edificios es un tema sensible hoy.

Claro, hay una parte de la novela que dice: "Yo no quiero construir en Buenos Aires porque no quiero construir sobre las ruinas de otra cosa". A veces tengo la sensación de que hay gente recorriendo la ciudad a ver dónde hay un huequito para meter un edificio nuevo. Y resulta que de repente el negocio inmobiliario te afecta en lo personal porque, por ejemplo, tiran abajo la escuela de tus hijos.

En tu novela la grieta también es una denuncia.

Y. en un mundo donde quiebran los bancos, y quiebran por el negocio inmobiliario, y casi nadie va preso. Parece que algunos no quieren ver la grieta. Y si no la quieren ver, habrá que picarla: es demasiado burdo que vengan a salvar a bancos e inmobiliarias a las que les fracasó el negocio.

La novela tiene muy presente el deseo, una fuerte carga erótica. ¿Cómo trabajaste una subjetividad masculina?

Me parece que en ciertas preguntas, como las de la mediana edad o el amor, no hay tantas diferencias. De todos modos, algunas cosas les pregunté a los hombres y ninguno me dio respuesta.

¿Qué les preguntaba?

Desde cosas como las fantasías con otras mujeres durante el matrimonio hasta pavadas como la naftalina de los mingitorios.

¿Y las sensaciones físicas?

Bueno, como mujer una sabe de qué se tratan esos temas.

La novela está llena de grietas. A veces incluso son buenas, como cuando Pablo muestra su grieta y así se puede acercar a su hija...

Sí, hay padres muy esforzados por que no se les vea ninguna grieta y me parece que la verdadera comunicación aparece cuando el hijo ve que el padre sí tiene una grieta. O sea, es más auténtico.

Sí, la novela es casi un elogio de la grieta.

Yo creo que las personas que tienen grietas son más interesantes que las que no. Es decir, todos tienen grietas, pero algunos no se atreven a mostrarlas.

*

Aquel gran éxito
En 2005 el jurado integrado por el Premio Nobel de Literatura José Saramago, la escritora española Rosa Montero y el argentino Eduardo Belgrano Rawson eligieron a "Las viudas de los jueves" de Claudia Piñeiro, como ganadora del Premio Clarín de Novela. Desde entonces, el libro se convirtió en un gran
éxito editorial: lleva vendidos unos 130.000 ejemplares. La novela también dio lugar a una versión cinematográfica que dirige Marcelo Piñeyro.
Actualmente en rodaje el filme, protagonizado por Leonardo Sbaraglia, Gabriela Toscano y Pablo Echarri, entre otros, se estrena en septiembre.

"Las grietas de Jara"

1 Pablo Simó dibuja en su tablero el perfil de un edificio que nunca existirá. Como condenado a soñar el mismo sueño cada noche, desde hace años repite ese boceto: el de una torre de once pisos que mira al Norte. Guarda en una carpeta la serie de dibujos idénticos, no sabe cuántos son, perdió la cuenta hace tiempo; más de cien, menos de mil. No los numera pero los firma, arquitecto Pablo Simó, y les pone fecha.

Para saber qué día dibujó el primer boceto debería buscarlo y fijarse al pie, pero no lo hace; el último lleva la fecha de ese día: 15 de marzo de 2007. Se promete contarlos alguna vez; dibujos de la misma torre, sobre el mismo terreno, la misma cantidad de ventanas y balcones a la misma distancia exacta, siempre el mismo frente, el mismo jardín delante y alrededor del edificio, con los mismos árboles (...).

Su lápiz Caran d'Ache tres milímetros sube y baja por el papel, sombrea, retoca, mientras Simó se miente, una vez más, que levantará esa torre algún día, cuando por fin se decida a abandonar el estudio Arquitecto Borla y Asociados. Pero hoy no es un día para tomar decisiones, y con ese argumento
Pablo intenta no pensar que ya tiene cuarenta y cinco años, que la torre cada vez está más lejos de ser otra cosa que trazos en grafito sobre una hoja de papel blanco y que a dos metros de él Marta Horvat cruza las piernas con descuido como si nadie estuviera allí, sentado frente a ella.

Aunque Pablo Simó está pendiente de Marta, ya no piensa en ella como lo hacía antes. No es que no quiera, pero de un tiempo a esta parte -y hace un esfuerzo por no recordar con exactitud cuánto es ese tiempo- no puede pensar en ella sin que el placer que le producía imaginarla suya se interrumpa con
brusquedad o hasta con violencia. Antes sí. Antes pensaba en Marta todo el día y en ese pensamiento era dueño de ella, la desnudaba, la besaba, la tocaba, y como no encontraba ningún motivo para imaginar que un día se separaría de Laura, Pablo Simó jugaba a que si su mujer muriera, como todos moriremos algún día, Marta Horvat dejaría de ser sólo aquella otra mujer que él desnuda en sus fantasías e intentaría conquistarla.

2 A Borla le toma menos de cinco minutos deshacerse de la chica. Le dice que el nombre, ¿Nelson Jara?, a lo mejor sí le suena, porque quizás alguna vez le hayan vendido un departamento o porque lo hayan contratado para algún trabajo, que si es importante puede mirar en los archivos, pero que en cuanto a la pregunta concreta de si sabe algo más de ese señor, la respuesta es no. Borla habla como si estuviera diciendo la verdad, hasta Pablo podría creerle si no supiera que miente.

*Fuente Clarín.
http://www.clarin.com/diario/2009/07/26/sociedad/s-01965887.htm

La Chacha*

Subo al taxi
Voy al aeropuerto
Vuelvo a buenos aires
Será cierto?
Será cierto que en realidad salí de buenos aires?

Todavía no amanece.
Finalmente mi encuentro con los zapatistas en lo de Chacha no fue posible, me fui el día antes que llegaran. Moría por conocer al Sub...
En la ruta al aeropuerto veo un cartel de desvío hacia San Cristóbal de las Casas...Tijuana y Comitán... pienso, recuerdo, imagino.
El sol mejicano esta saliendo en el horizonte
La bandera, esa inmensa, se despliega en la nube de smog como la mas majestuosa que conocí jamás. Intento medirla desde un cálculo de los paños cosidos pero es imposible. Me pierdo en los colores y el baile con el poco aire que hay.
Me acuerdo de la luna de Veracruz, me acuerdo del relato de Elsa y el encuentro con el Comandante Tachito en San Cristóbal y la luna, siempre la luna... y el sol mejicanos... esta relación tan especial que han sabido construir con la naturaleza...
Me quedo pensando, mientras el camino, el recorrido, la cantidad de autos, la luz del amanecer en el D.F.
Vuelvo a los personajes.
No puedo empezar sino por la Chacha, después, tal vez pueda pensar el resto.
La Chacha es una mujer bellísima, con magia en la mirada y en la sonrisa. No se que edad tiene. Pero en todo caso tiene hijos mayores que yo, y eso me permite fantasearla como madre.
Voy a tomar dos de sus siete hijos para contarla porque como dice la serrano para hablar de una mujer habría que hablar de sus hijos, sus amores y sus utopías.
Ferruccio el mayor, de mi edad, doliente eterno de amores idos, proveedor inagotable de remedios brujos y gotitas de cortisona para mis ojos tristes, suele encontrarme en el mismo escalón de su propia subida a cierta melancolía.
Y el menor, del que voy a obviar el nombre, casado con una mejicana típica y que es lo mas parecido a la normalidad y la cordura que pueda imaginarme; habla de que la Chacha tiene algún contacto con la tierra y no siempre transito lunas y delirios.
Es importante explicar que los siete padres son siete varones distintos, siete personajes, algunos conocidos. Los otros dan para fantasear casi cualquier loca cosa.
Porque la Chacha se permite aun hoy ser lo que quiere ser. El viejo de Ferruccio fue un conde italiano, más, veneciano, pero con palacio y todo incluido, que se llevo a la Chacha a vivir a un castello de Paladio en plena Venecia por varios años. La Chacha conserva -entre la colección de muñecos del Sub-parte de ese paso por esos mares tejidos en canales aristocráticos.
Hay algo en su andar que denota la góndola incorporada en el movimiento.
Casi una danza.
Su casa es un barco, anclada en la orilla, custodiada por el bosque de árboles cansados, finalmente tendidos y esperando.
Su barco también espera, pero siempre pintado, siempre listo, siempre zarpando sin zarpar. Con la proa hacia... hacia donde estará apuntando?...
El menor es hijo de un escultor alemán cofundador de la Bauhaus.
En el medio Sé que hubo amores tumultuosos, camas revueltas, karmas quebrados.
Silencios prometidos.
Crucifijos arrancados.
Comunidades elegidas, Presidentes despreciados. Se que algún guerrillero se planteo arrastrarla hasta la misma revolución, pero no podía arrancarla de Veracruz, sin el norte la Chacha perdía oxigeno. La quería viva más que propia.
La desnudez de la Chacha a lo largo de la playa es majestuosamente respetada por los indígenas, que cuando se la cruzan en su caminata de la mañana, de cultos, de sabios, desde el lomo de sus mulas, buscan otro horizonte que no roce con la mirada el cuerpo erguido y esbelto y desnudo de la Chacha.
Poca gente se permite acompañarla.
Y sólo cuando está en condiciones de bancarse su propia desnudez.
La Chacha es de esas mujeres que siguen pensando que el amor mueve el mundo. Que nada mas que la ilusión cambia rumbos, políticos, personales, siderales.
Ella entendió algunos mensajes de la vida.
Me contó que tres veces se encontró con botellas conteniendo mensajes en la playa. Dos eran muy muy antiguas.
Resolvió que nada mejor en la vida que encontrar un mensaje y devolverlo a su verdadero dueño, el destinatario. La sabiduría del mar que no tiene bordes lo pondría en manos de quien corresponde y en el momento justo.
La intensidad y profundidad de los azules encuentra siempre su cauce. La Chacha es de aquellas mujeres que entonces, consecuente consigo, se dedico a sembrar mensajes.
En sus caminatas por la playa desnuda, desnuda ella también y solo cuando el sol sale lleno, siembra mensajes de amor en botellas cerradas, escritos la noche anterior. Escritos en papeles de colores, con letra cuidada dibujada con pluma y tinta, escribe de juanes a marías, de estelas a Carlos, de pepitas a franciscos y de joaquines a gustavos.
Todos los amores son permitidos
Todos caven en la playa y la ilusión de quien los abra.
Con algunos amigos , que saben de este trabajo a favor de la Revolución y la revolución interior, la Chacha se permite reír y compartir sueños soñados a varias voces. Es su colaboración con la industria de producciones de la zona. Veracruz es la playa del mundo donde mas botellas llegan trayendo y llevando viejas piezas de papel recién
escritas. La orilla del mar en todo su recorrido entre ..... y .... es el borde donde, ahora, se llena de siluetas de solitarios esperanzados en ser llamados desde algún lugar recóndito del universo y abandonados desesperanzados que se someten al dolor cotidiano del no llamado de su amor lejano.
Con Chacha y sus emprendimientos, siempre cerca, acompañándola, Saraid y Ángel; Ambos indígenas sin trasculturizar que entienden el castellano.
Finalmente, lo que nunca sabré es si la ceremonia es tirar la botella al mar o devolverla, pero en todo caso, ella impuso un nuevo rito que todos han tomado como propio. Hasta yo. Y en cada juego corporal de encuentro con las olas hay un rito sagrado de amor al enviar el mensaje añorado por algún enamorado del amor.
Y este es el punto de encuentro con Ferruccio en este viaje.
Siempre nos encontramos en distintos lugares.
En los hongos.
En la mística revolucionaria.
En el tratamiento de alguna ley indígena de algún municipio
independiente.
Ahora, en el amor lejano.
Esa noche que mi hermano roncaba más alto que el mar
Esa noche en que la luna de Veracruz era más redonda y grande que el sol. Esa noche, en que los fantasmas resolvieron acompañarme y jugar con mi cansancio. Esa en que corrí a la playa, acompañada del cortejo de cangrejos y mariposas nocturnas...
Esa. Me encontré desnuda con Ferruccio desnudo, llorando yo, llorando él.
El nortazo no arrancaba pero la locura que suele acompañarlo se había adelantado y sin duda nos había tomado parte del alma.
Ferruccio lloraba un amor colombiano.
Tormentoso, pasional Bah, todo el lo es, nada podría ser distinto.
Yo añoraba un violinista judío, maoísta, en buenos aires, que obviamente me había abandonado.
Ferruccio estaba dibujando mándalas tibetanos en la arena y había llevado una canasta con mangos, papaya y un termo con café de olla.
Parecía una imagen de aparecidos que no aparecen
El, su fantasma, su tristeza, el olor a frutas, las lágrimas.
Cuando llego nos abrazamos las tristezas desconociendo la desnudez....
Nos quedamos largo de rodillas
Calentándonos las panzas frías y espasmadas de llanto.
Nos contamos sin necesidad de contarnos. De alguna forma nos sabemos.
Ferruccio había tomado mucho tequila, lo supe en su aliento , aunque también lo había visto antes borracho sin tomar alcohol. La cruda responde mas a los avatares del alma que a la ingestión de alcohol.
Nos abrazamos para poder llorar sin que se note. Hay un cierto pudor en el dolor que duele el amor.
Se que paso el tiempo y mucho porque el agua nos alcanzo las rodillas. El mar en su subir y venir hizo un pozo en donde nos anclamos. Las lágrimas corrían por las espaldas sin que quisiéramos decir nada.
Solo llanto. Descarga.
Alguna caricia
Algún gemido mezclado en el llanto
Ferruccio no pudo contener el vomito
No nos movimos
El vomito por sobre mi hombro, me corrió por la espalda, se resbaló por los glúteos y finalmente cayo en la arena.
Era denso. Que suerte que le salía todo eso de adentro
Vomitaba tristeza
Vomitaba tequila
Vomitaba Colombia lejana
Vomitaba soledad acumulada
Tal vez los mándalas habían hecho lo suyo, no se, todavía no se bien que entender.
Además de entender, de alegrarme y sonreír, la verdad es que tuve mucho asco. Y provoco mi propio vomito, que surgía por delante de Ferruccio, entre los dos, con mi frente apoyada en su hombro. Yo solo vomitaba la incapacidad de contener tanto flujo de sensaciones.
Supuse que las esquinas del mundo estaban siempre custodiadas por duendes, pero algo había pasado que lo terrenal estaba simplemente mas presente que lo habitual. Los tres anillos mágicos que protegen los misterios del cuerpo, del habla y del espíritu se habían esfumado.
Por suerte el mar, el viejo mar vino a bañarnos.
Amanecía.
Y ya estábamos bañados. Limpios.
Los ojos al fin secos.

Amaneció con su sol mejicano un día que resolvió ser martes.

*de Analau. analaublejer@gmail.com

http://estaredeviaje.blogspot.com/
"Cada atardecer las recolectoras de estrellas salimos a iluminar la noche"

Excesos*

Alejandro Dumas durmió en la pieza de su mamá hasta los diecisiete años y después se largó solo a París para convertirse en el escritor más popular y mujeriego de todos los tiempos. Los tres mosqueteros, que son cuatro y van a cumplir un siglo y medio de vida; El conde de Montecristo, Los hermanos Corso y seiscientas obras más. Para saber qué quiere decir "popular" tratándose de Dumas, hay queleer la extensa biografía que acaba de consagrarle Daniel zimmermann en Francia ( Alexandre Dumas le Grand; Juliard, 736 páginas).
Cuenta Zimmermann que para el estreno de Los guardabosques, en 1858, el público lo ovaciona de pie mientras el Grand théatre le entrega una corona de oro. La gente no quiere irse ni lo deja salir. Dumas huye por los fondos y vuelve a su casa. Al rato oye a la orquesta que toca una serenata. Sale al balcón y allí están los músicos y el público que ha venido tras él y reclaman su presencia. Feliz, improvisa una arenga y los invita a canar en los mejores lugares de París. Hasta las tres de la mañana va de un restaurante a otro para saludar a la multitud y firma la cuenta. Esa madrugada, sin haber dormido, acompañado por su gato Mysouff, escribe tres nuevos capítulos y una obra en un acto, L'invitation à la valse.
Michelet lo pinta como "una fuerza de la naturaleza", y no es para menos: casi dos metros de alto, ciento cincuenta kilos, 646 obras, ochenta y siete años en cartelera, quinientos hijos naturales, espada de tres revoluciones, Dumas lleva a su apogeo la tradición folletinesca del siglo XIX. Hijo de un mulato, general de los ejércitos de Haití, va a ser uno de los pocos escritores de ficción de su época que se confiesa ateo, combate el antisemitismo y sigue al pueblo hambriento en los trágicos sublevamientos de 1830 y 1848. Luego de una breve excursión de propaganda colonial por Argelia, va a unirse a las tropas de Garibaldi en su guerra de liberación. Hombre de todos los excesos, empieza su carrera con una pieza aclamada: Antony, que se estrena en 1831. Ya ha nacido su primer hijo, al que da su nombre. Veintiséis años más tarde le va a disputar la popularidad con su primera novela: La dama de las camelias, que Giuseppe verdi transformará en La Traviata.
"El pasado me enseñó a no confiar en el futuro", advierte en sus memorias. Tal vez por eso vive siempre en el presente: con la plata que gana a carradas construye el mítico Castillo de Montecristo en las afueras de París, pero con la política y las amantes lo pierde. "Tengo el orgullo de haber hecho fortuna con mi reputación y no mi reputación con una fortuna." Igual va al exilio corrido por los acreedores y en Bruselas se encuentra con Víctor Hugo que escribe Los miserables y se prepara para llegar al bronce. Dumas es tan generoso como sus héroes: a la muerte de Balzac, su competidor "y casi enemigo", manda construir el monumento que todavía se encuentra en el cementerio de Père Lachaise. Saluda alborozado la aparición en 1830 de Rojo y negro, de Stendhal, y confiesa su admiración por Madame Bovary, que Flaubert publica con escándalo en 1857.
Claro que nadie es perfecto: Alejandro Dumas compuso casi todas sus novelas, ensayos y piezas ayudado por un ejército de compiladores y dramaturgos que le vendían ideas, tramas, borradores y manuscritos fallidos. El principal de sus ayudantes fue augusto Maquet, un profesor de historia que escribió los primeros borradores de Los tres mosqueteros. Maquet era rico y estaba de acuerdo en permanecer en el anonimato. Cobró su parte de derechos de autor hasta que en 1848 los renunció en una carta dirigida a los enemigos de Dumas. "Firmado por él, un folletín vale tres francos la línea: firmado por Dumas-Maquet, vale treinta centavos." no sólo el profesor lo ayuda: brunswick, Leuven, Pascal, son otros anónimos escritores que le sirven para explotar lo que el venenoso crítico Eugenio de Mirecourt describe en un opúsculo como la "Fábrica de novelas de Alejandro dumas y compañia". Pero transformar textos ajenos no afecta su talento: divorciado de Maquet y los otros, elabora por propia imaginación una obra que se sigue reimprimiendo hasta hoy.
El es quien revela las claves: "La técnica de la novela es episodios está emparentada con la del cuento, en la medida en que en una corta distancia es necesario atrapar al lector, tenerlo en vilo y largarlo en un final frustrante, que es la mejor manera de cerrar un cuento. Los queridos lectores se vuelven entonces activos y se ponen a imaginar una o varias maneras de continuar, mientras esperan el próximo número sobre el que van a precipitarse para saber si el autor ha tomado en cuenta sus hipótesis".
Es la técnica que todavía utilizan los baqueanos del suspenso en el cine y las tiras de televisión. Dumas trabaja doce horas por día, a razón de quince minutos por página "de cuarenta líneas por cincuenta letras a la línea; bien o mal, escribo veinticuatro mil letras en veinticuatro horas". Para ahorrar tiempo evita la puntuación, que deja a sus dos secretarios, Letellier y Rusconi, quienes corrigen y pasan los originales en limpio. Ellos anotan la rutina: poco importa cómo y con quién ha pasado la noche, Dumas toma un rápido desayuno y se instala en su escritorio: escribe con pluma de cisne o de ganso sobre hojas celestes. En ese espacio de veintiocho por cuarenta y cuatro centímetros, desafía todas las estrategias literarias de su época. Una obra de teatro, La reina Margot, se estrena en una versión de nueve horas corridas y nadie se mueve de su asiento. La función, que empieza a las seis de la tarde, se cierra a las tres de la mañana con el público convulcionado por los sobresaltos y las emociones. Otra de sus piezas, Las señoritas de Saint Cyr, permanece ochenta y siete años en el repertorio de la Comedia Francesa.
Si no fuera tan bueno habría que postularlo para la guía de los records. Pero es genial de veras, el tipo: tiene un estilo seco, irónico y distante que atrapa de entrada. Sus mujeres, malas o buenas, son maravillosas. D'Artagnan, Atos, Portos y Aramis son los héroes más conocidos pero otros son mejores, por ternura o por cinismo. ¿Cómo hace? "Sea yo quien posee el procedimiento o el procedimiento que me posee a mí, aquí lo anoto tal cual es: empezar por el siempre por el interés en lugar de empezar por el aburrimiento; por la acción y no por la preparación; hablar de los personajes después de hacerlos aparecer, en lugar de hacerlos aparecer después de hablar con ellos."
Entre junio de 1842 y octubre de 1843, en el Journal des Débats, Eugenio Sue, gran amigo de Dumas, lanza Los misterios de París. Balzac, ahogado por las deudas, entrega las novelas que componen la Comedia humana, el más importante legado literario francés del siglo XIX. La gente se precipita sobre el folletín de Sue que se agota y revende en el mercado negro. En los barrios los analfabetos pagan para que alguien lo lea en voz alta. Es tal el éxito que los editores buscan con desesperación nuevos autores. Por fin, de marzo a julio de 1844 Alejandro Dumas publica Los tres mosqueteros, que escribe con Augusto Maquet. El éxito es fulminante.
Desde entonces no puede salir a la calle sin que lo reconozcan y se formen corrillos a su alrededor. Actriz que se le acerca se va embarazada y contenta. Al menos eso dice su biógrafo que renunció a contarle las amantes. Al final de su vida contrataba prostitutas de a dos por vez y cada una se llevaba una alhaja y un recuerdo. Dumas y su hijo habían sido viejos compinches de alcoba. Compartían las mujeres y una de ellas solía acompañarlos en los viajes vestida de hombre para eludir el escándalo. Igual, en sus días otoñales, mientras redactaba La novela de Violette, su único relato erótico, el hijo, ya convertido en meticuloso moralista, gastó lo que le quedaba de la fortuna para rescatar las fotos chispeantes que el viejo se había hecho sacar con su última amante, la actriz Ada Menken. El fotógrafo había empezado a venderlas como tarjetas postales y la gente hacía cola para comprarlas. Al enterarse de que su hijo le cuidaba la reputación, lo increpó con una alusión a La dama de las camelias: "A pesar de mi edad encontré una Margarita Gautier para quien yo hago el papel de tu Armando Duval".
El 6 de diciembre de 1870, mientras relee su obra a orillas del mar, se muere Alejandro Dumas. Víctor Hugo acaba de escribirle: "los grandes corazones son como los grandes astros; llevan su luz y su calor en ellos. Usted no necesita elogios, ni siquiera agradecimientos; pero yo siento la necesidad de decirle que cada día lo quiero más, no sólo porque es uno de los resplandores de este siglo sino también porque es uno de sus consuelos".

*de Osvaldo Soriano.
-Publicado en una contratapa del diario Página/12 en 1993-.

*

“No hay nadie que haya jamás escrito,
pintado, esculpido, modelado, construido, inventado,
a no ser para salir de su infierno.”

ANTONIN ARTAUD

-Enviado para compartir por Laura Capella. elecapella@yahoo.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 26 de julio de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor venezolano Mirtru Escalona-Mijares. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de Only Instrumental
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
(Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Inventren Próxima estación: Rolito.

Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

*

XICóATL Nr. 88 está ya en internet!

El número 88 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, edición Julio/Septiembre/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org bajo el link:

http://www.euroyage.org/es/xicoatl-88

CONTENIDO:

ENSAYO: Marcos Ana, el Quijote viviente. Cristina Castello.

POEMARIO: Poemas. Marcos Ana.
Poemas. Alfredo Pérez Alencart.
CRÓNICAS: Dos Crónicas sobre Cartagena de Indias. Gustavo Tatis Guerra.

AUSTRIA: Poemas. Peter Blaikner.

La edición impresa de XICóATL # 88 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).

Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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16/07/2009 GMT 1

ESTACIÓN J. V. CILLEY

urbanopowell @ 01:24

INVENTREN*

Al amigo Coiro, que sueña trenes.

Lo que vemos desde aquí no es más que un modesto edificio de una sola planta, con una puerta de madera y dos ventanas. Se adivina que en otro tiempo estuvo pintado de blanco, pero ahora toda la fachada está repleta de desconchones y lo que parece ser un impreciso conglomerado de restos de pintura, con diversos colores mezclados de forma aleatoria, como lo haría un niño. "Ese estrago no es obra de niños" dice el Gringo. El Gringo era actor. Vino hace casi treinta años a participar en una película, descubrió la melancólica noche de nuestras ciudades y la insondable desnudez de nuestros yermos, y nunca más volvió a su tierra. Desde entonces vaga por ahí con su videocámara y un ansia insaciable de escenas por grabar, de mundos por descubrir y relatar.

Si nos acercáramos un poco más, veríamos que se trata de la oficina ya inútil de un apeadero abandonado, último residuo de un pasado que se nos va marchando lentamente. Un poco más cerca, observamos que la puerta, que alguna vez fue verde y ahora es un mero trozo de madera reseca, ha sido abierta, quizá forzada, y que las ventanas no tienen cristales. Pensamos que acaso alguien se los llevó para venderlos, o que estarán esparcidos por el suelo, fragmentados en miles de pequeñas astillas transparentes que dentro de un rato, cuando el sol esté alto, sembrarán de reflejos el entorno, multiplicando la aridez de este paisaje.

Nuestros pasos, lentos, resuenan sobre la calma del amanecer austral mientras nos vamos aproximando a la caseta. A pocos metros hay un auto, que parece tan abandonado e inútil como todo lo demás. El volante y el cambio de marchas han desaparecido, así como tres de las ruedas. La cuarta está destrozada. También faltan la puerta del conductor y los espejos. Ese auto tiene un no sé qué de animal herido. De bestia moribunda que se ha arrastrado hasta aquí a exhalar su último aliento, al lado de las vías por las que una vez circuló esa especie de hermano mayor: el tren. Pero también las vías han emigrado a otras latitudes. No queda por allí ni un solo hierro. Algunas traviesas de madera, uno que otro tornillo enterrado, la hierba seca marcando el lugar donde antes hubo raíles, como queriendo contar una historia, una vieja balada de destierros y encuentros.

Dentro del inmueble en ruinas hay alguien. Se asoma al acercarnos. Es el Marmota. Le llaman así porque siempre parece estar durmiendo. La realidad es que padece una suerte de insomnio crónico, que le impide dormir durante la noche. Eso hace que se pase el día dando cabezadas. Antes la cosa era diferente: El Marmota trabajó, como todos nosotros, en el ferrocarril. Fueron años dichosos. Uno se pone a contar anécdotas y no termina. Ganamos algo de plata, hicimos buenos amigos, recorrimos este país hermoso, vivimos. Luego todo terminó de repente. La casa donde vivía el Marmota en esa época estaba a unos doscientos metros de las vías. Cada noche, antes de acostarse, escuchaba pasar el tren de las once, que iba hacia el norte. Media hora más tarde, con bastante puntualidad, podía escuchar, a veces ya desde la tibia región del duermevela, el que venía atravesando la estepa rumbo al sur. Ese era el mejor indicio de que el mundo seguía marchando, de que todo estaba bien. Después -esto ya lo supo todo el país por los diarios o la televisión- esa ruta quedó obsoleta y se suspendió el tráfico. Muchos de nosotros nos quedamos sin trabajo. Aquella primera noche sin trenes, el Marmota permaneció acostado cara al techo durante horas, esperando, sin saberlo, el sonido que había venido escuchando y amando desde que tenía conciencia. El bárbaro silencio no lo dejó dormir. Desde entonces, cada noche no es más que un reflejo borroso de aquélla, la pesadilla de la que no le es posible despertar.

Por eso no es extraño que haya sido el primero en llegar. Nos saluda con un gesto. Nos muestra el interior. Un armario desgajado y un par de sillas raídas, un tablón de anuncios con cuatro o cinco chinchetas oxidadas, un botiquín vacío. También hay un diminuto baño con las paredes desnudas. Habrán aprovechado las baldosas. "No es mucho, la verdad" murmura el Gringo. "Hay que ser cautos" dice alguien. "No sabemos bien de qué va esto. Ya se verá".

Todavía falta gente, no sabemos cuánta. Nos sentamos afuera, en el suelo, a la sombra. Aún no hace calor, pero es el lugar más agradable para esperar. Fumamos en silencio, con la mirada perdida en un punto inconcreto, cada uno sabrá qué es lo que ve en esa intersección imaginaria.

Un rato más tarde aparecen dos mujeres con un bulto. A lo lejos, parece una especie de alfombra enrollada. Se oye un susurro: "Son ellas". Caminan despacio, quizá el peso les impide avanzar más aprisa. Dos de los hombres se incorporan, tiran sus cigarrillos al yermo donde antes estaban las vías, y van al encuentro de las mujeres. El tercero sonríe. Hace años que las conoce. Sabe lo que va a pasar, como si ya lo hubiera visto antes, como si no hubiera hecho otra cosa en su vida que ver una y otra vez esa misma escena: Se encontrarán a mitad de camino, o un poco más lejos, allí donde un letrero sujeto con alambre al poste inclinado todavía indica el nombre del apeadero, y una flecha mínima, insignificante, señala la dirección a seguir. Después, ellos se ofrecerán a llevar el pesado fardo. Ellas, educada pero firmemente, rechazarán la propuesta. Habrá una breve y acalorada discusión. Luego, ellos regresarán a paso ligero, sin mirar atrás, mientras ellas se van aproximando con lentitud, saludando con la mano de vez en cuando y parándose a descansar un par de veces.

Cuando llegan, apoyan el fardo sobre uno de los muros y saludan a todos. Hay sonrisas y abrazos. Queda olvidado el incidente de unos minutos antes. Somos una misma cosa, las pequeñas contrariedades no deben afectarnos. Tenemos un objetivo, aunque aún no sepamos muy bien cuál es. Así pues, nos saludamos y charlamos durante algunos minutos. En realidad, no sabemos de qué: Lo importante en ese momento es el sonido de las voces, saber que estamos ahí, que hemos regresado del exilio al que nos sometimos, o al que no pudimos escapar.

Luego, todos callamos. En el horizonte ha aparecido el Catalán. A esa distancia parece más pequeño, pero así y todo, no pasa desapercibido. Alguien pregunta "¿Se habrá acordado de traer los cuadernos?". Es una pregunta retórica. Todos conocemos la extrema seriedad y eficiencia del Catalán. Resulta extraño verle con traje y corbata en un día como hoy y en un lugar como éste. Al caminar, sus pies levantan pequeñas nubes de polvo que se quedan durante un instante posadas sobre el camino terroso y después se desvanecen como fantasmas inexpertos. Trae una maleta en la mano derecha, una maleta pequeña. Nos sorprende un poco reparar ahora en que los demás no hemos traído equipaje. No pensábamos que fuese necesario, y quizá no lo sea, mas el hecho de ver a uno con una maleta nos hace pensar en ello por primera vez desde que iniciamos esta aventura. Entendemos, porque así se nos dijo, que todo empieza en este lugar y en este día, pero nada sabemos de lo que vendrá luego. "¿Y no es siempre así en la vida?" se pregunta uno de nosotros, imposible saber quién.

Ha ido llegando más gente. Unos charlamos, otros permanecemos callados mientras oteamos la lejanía por si vienen más. La mañana va floreciendo. Nadie mencionó una hora concreta; no obstante, algunos empezamos a estar un poco intranquilos. Aunque nadie va a volver sobre sus pasos, eso no lo dudamos. Así que nos ponemos a esperar. Fumamos y charlamos; caminamos y fumamos, alguien canta por lo bajo. El día va transcurriendo. Hay quien piensa que tal vez sería hora de regresar a su casa; sin embargo, aquí nadie se mueve. No sabemos qué, pero en el fondo todos confiamos –o nos dejamos mecer en ese espejismo- en lo que ha de venir, aunque nos sea imposible cifrarlo o definirlo. Escrutamos la inmensa extensión que se extiende en torno; creemos adivinar, a lo lejos, sombras que se mueven, autos que van o vienen, aunque sabemos que no hay ninguna carretera cercana. Llega la primera penumbra del crepúsculo. Tal vez nos preguntamos si en verdad es posible aún esperar algo. Como un ronroneo creciente, la noche se acerca y nada ha sucedido. Sobre el murmullo, se escucha un rasgueo de guitarra, una voz que entona una milonga, otra que le acompaña. Al otro lado, en el yermo, se repiten los ecos nocturnos de los lugares abandonados para siempre. Entre todos estos ruidos tan familiares, se cuela uno nuevo, inexplicable: Si no fuera imposible, diríamos que se ha oído el traqueteo de un tren en la distancia. "Habrá sido un camión" farfulla una voz, aunque le falta convicción. Un rato después, el sonido se repite. Pedimos silencio. En efecto, hay un rumor, lejano aún, pero inequívoco. Esta vez nadie tiene dudas. Al fin y al cabo, somos todos del oficio. "El viento lo habrá traído desde la ciudad" musitamos, tratando de negarnos esa ambigua ilusión que comienza a asentarse en nuestro ánimo. Sin embargo, aguzamos el oído por si nos es dado establecer de dónde viene; escudriñamos el norte y el sur, el este y el oeste, convencidos de la inutilidad de nuestra solícita vigilancia, y al mismo tiempo con la secreta esperanza de ver aquello que deseamos, distante quimera que nos alzó de nuestros lechos y nos condujo hasta este minuto en el que todo va a tener sentido, o a perderlo. El sonido es real y poco a poco aumenta su volumen. Crece entre nosotros un griterío apagado, hay movimientos inquietos, miradas interrogantes, cierta confusión. De pronto alguien grita mientras señala un punto luminoso en el sur: "Allí, allí". Ya no es sólo el traqueteo remoto. Ahora lo acompaña una luz que se nos va acercando, una luz que viene del Sur. Desconcertados, nos miramos. Nos gustaría ensayar una hipótesis, fijar con unas pocas palabras eso que está sucediendo y que no tiene explicación, mas nadie dice nada. El sonido se va elevando hasta resultar casi insoportable. El círculo de luz también ha aumentado ostensiblemente su tamaño. No puede ser, pensamos. Pero es: Una locomotora antigua, cubierta por la tierra de todos los caminos, erosionada por todas las lluvias que el mundo ha visto, se acerca, poderosa y desafiante, hacia el lugar en que estamos, hacia este apeadero inútil, hacia este yermo desolado, provocando un rechinar, una agria resonancia, fantástica música que escuchamos con el corazón encogido. Con un chillido de frenos viejos, desacostumbrados, se detiene justo al lado de este barracón donde esperamos, arracimados y anhelantes. Vemos al conductor. Le reconocemos. Era cierto, entonces. Una voz se eleva por encima del murmullo general. La voz, resuelta, garabatea en el aire un pensamiento común: "Vamos subiendo. Es la hora".

*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es

ESTACIÓN J. V. CILLEY.

EL ADIÓS DE LOS TRENES*

I

En este pueblo
extraviamos hace rato
nuestras sombras.
Los más viejos atribuyen la pérdida
a una conspiración de pájaros airados
por el asesinato de los eucaliptus
que bostezaban sombras húmedas
sobre la soledad del hospital;
estos viejos dicen
que los pájaros se llevaron
sombras de casas, de gentes, de utensilios,
con las sombras
de los eucaliptus.
Para otros,
el último tren
con su afónico silbato de exilio
cargó vagones
de sombras humilladas
que agitaron
pañuelos amarillos.

II

La vieja estación
es ahora una gran casa de lechuzas
que chistan, convocantes,
a una verde luna de tragedia.
Como elefantes cansados
los trenes dieron con sus huesos
en las vías muertas
y verdean a la luz lunar
que riela y riela
hasta requisar la nada
en los andenes.
Aquí no hay aire.
Por eso se escuchan
voces de otros tiempos

*De Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com

La muerte y J. V. Cilley*

La muerte de las personas es como la muerte de los objetos, o quizás debiese haberlo dicho al revés. Pero la muerte de los objetos, esos seres inanimados que portan cierta alma que aflora, también es reconocible.
Cómo no decir en la estación "esta estación, que estaba viva, ha muerto". Cómo, frente al patio borrado por la Pampa que devora las construcciones humanas, frente al andén inexistente, los rieles levantados, las paredes apenas esbozadas por una línea de ladrillos ancha y baja, cómo, entonces, no decir "esta estación, que tuvo vida, ha muerto".
Dicen que a la estación la derrubaron, que a los rieles los levantaron, que dejaron que los yuyos tapen el pozo cegado, y que permitieron que el patio apenas se dibuje brevemente por el perímetro de árboles desolados. Pero a la casa del guarda no la tiraron las manos de las gentes que mataron la vida del ferrocarril. La casa se derrumbó de tristeza, sola por el peso de la pena de ya no ser, de haber quedado despoblada. La vivienda del guarda sin guarda se derrumbó por el peso del vacío, sin ayuda.
La casa se cayó sobre sí misma, como un árbol, como un farol que se apaga, como un amor que desvanece su anhelo y se repliega en el olvido.
Es una tumba la estación J. V. Cilley. Si las personas mueren, si la historia tritura y demuele y desaparece, entonces esta estación, que ya no está, que es apenas un rastro bajo los cielos enormes y definitivos, esta estación es una tumba como la de los gringos, una tumba en tierra fundida en la tierra, un rectángulo de soledad bajo el perfecto azul.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

-J. V. Cilley, estación que funcionó durante poco tiempo, a 11,200 km de la punta de rieles en Carhué.
En contra de lo que habitualmente se supone, J. V. Cilley no fue un simple apeadero. Tuvo un cuadro relativamente grande y dependencias de importancia cuyos restos aún son visibles. Un camino rural lleva a la mitad justa del cuadro: desde ahí ya se aprecian las ruinas de la vivienda, bajo un monte arbolado que, bien observado, forma un perímetro cuadrado que evidentemente correspondió a un patio. Ingresando al cuadro, hacia el sur (en dirección a Carhué) no hay otras sorpresas; pero recorriéndolo hacia el norte (en dirección a Rolito, que estaría 9 km adelante) comienzan a aparecer restos del andén y de otras construcciones.
Un muchacho del campo vecino salió a recibirnos y, para nuestra sorpresa, resultó ser todo un baqueano. No era para menos: era la tercera generación que habitaba en ese sitio. Su abuelo, nos dijo, recordaba perfectamente a J. V. Cilley en actividad; y él mismo llegó a ver el paso del último Midland y el posterior levantamiento de rieles. Nos aclaró que la estación desapareció hace mucho, pero que la vivienda se derrumbó sola unos pocos años atrás. También nos señaló la ubicación de un pozo cegado, del lugar donde otrora se alzara un galpón de cargas, y de algunos otros elementos.

ESTACION CILLEY DEL MIDLAND Y EL MARTIN FIERRO*

(Escrito inducido por el colectivo "Inventiva Social")

*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar@rocketmail.com

Puede ser que desde el punto de vista histórico le esté chingando fiero. Pero las licencias literarias son las licencias literarias y en el campo de las Humanidades, vale la noción de "inferencia probable". Saliendo de Carhué por el ramal ferroviario Midland, la primera estación es (en realidad era)
Cilley. Uno tiene la propensión de acumular a lo largo de la vida informaciones que uno mismo piensa que son irrelevantes, pero igual con facilidad se acumulan en algún vericueto de cerebro y allí quedan. La
primera vez que vino a nuestra croqueta de genealogista a la violeta el apellido Cilley, fue cuando allá por 1971, en las postrimerías de esa aventura de facto autodenominada "Revolución argentina", el capo militar de entonces Lanusse (quien dijo que a Perón "no le daba el cuero"), designó en la simultáneamente creada Subsecretaria de Deportes a un señor de apellido Cilley Hernández. Tal sea por nuestra condición de entusiasta corredor pedestre en actividad que reparé en esa designación. En ese entonces no se me ocurrió ligar esa designación con la celebración del "Año Hernandiano" en 1972. Uno de los eventos mas relevantes de ese año (centenario de la aparición de la "Ida de Martín Fierro", fue la inauguración de un monumento al gaucho Martín fierro en la ciudad bonaerense de Pehuajó. Casualmente ese año en Noviembre (Un noviembre convulsionado por el regreso del General Perón a la Argentina), fui a participar a una carrera pedestre que organizaba en Henderson., la Peña Sanlorencista de esa localidad. De ese viaje hicimos un comentario hace pocas semanas, a propósito de este emprendimiento de "Inventiva". Antes o después de esa participación me enteré que el Municipio de Henderson, que se había emancipado hacia los sesenta, formaba parte del partido de Pehuajó, en cuya fundación habían
tenido participación los hermanos José y Rafael Hernández. Mas o menos por esa época me entere la existencia de un paraje en el partido de Pehuajó llamado "Nueva Plata", muy cercano por donde pasaba el Midland... Más adelante me enteré que esa colonia había sido fundada por los hermanos Hernández. Allá por 1986, en ocasión de un viaje a Stroeder en el partido de Patagones, tuve la ocasión de conocer a un abogado, Jorge Tenreiro, a quien habria de tratar hasta poco antes de su suicidio a mediados de los 90.
Tenreiro había jugado sus escasos fondos a producir un filme con muñecos articulados, con el "Martín Fierro" como argumento. Se dedicaba a difundirlo entre los colegios. En ocasión de una exhibición de la película, me comentó que de los Hernández, el más interesante era Rafael.Y me quedó picando ese
consejo del amigo, que poco tiempo después se iria de este valle de lagrimas. La creación de José "Matraca" Hernández, se nos ha cruzado por nuestras peregrinaciones, particularmente en la provincia de Buenos Aires y nuestros estudios del tiempo que le tocó vivir apasionadamente. Una vez en el museo de Ayacucho, me enteré de su amistad con Zoilo Miguenz el fundador de "la ciudad de las rosas". Otra vez paseando por una calle de Santa Ana do Livramento la ciudad brasilera, que limita avenida de por medio con la ciudad Uruguaya de Rivera, leí una placa en el lugar donde había escrito parte del poema que algunos consideran "el poema nacional argentino". De paso a mi trabajo suelo pasar a menudo por donde hay una placa que recuerda el lugar en frente a La Casa Rosada donde terminó Hernández, de escribir la primera parte del mismo. Y lo de "Nueva Plata", tiene relación con la fundación de la ciudad de "La Plata", el 19 de noviembre de 1882. Los Hernández estaban en el tema. Se dice que el encargado de preparar el gran asado (¡Que las malas lenguas dicen que se le quemó!!!) fue José. Rafael,
habría de propiciar la creación de la Universidad de La Plata en 1897.
Ínterin luego de la creación del partido de Pehuajó, habían puesto en marcha algo muy parecido a la utopía (Por ese tiempo habria muchos intentos de ese tipo) que denominaron, relacionándolo con la ciudad fundada por Dardo Rocha y ninguneada por Roca. Se dice que Rocha la fundó para recuperar la ciudad
de Buenos Aires, que la provincia había perdido en forma sangrienta con su federalización. Hay vestigios en los archivos de Rocha, que La Plata fue creada para ser capital de la Argentina (Y cuando uno estudia minuciosamente su diseño y construcción, puede llegar a creer en esa interpretación). Bueno, de los tiempos de "Nueva Plata" viene el "Manual del Estanciero", de José "Matraca". Escribió este ese libro para demostrar que no hacia falta hacer el viaje al exterior que le proponía el gobierno (tal vez para sacárselo de encima por un tiempo), sino que con sus vivencias podía hacer ese informe sin acudir a costosos viajes. Bueno, pero saltemos en el tiempo, y volvamos a los primeros años de este siglo XXI de la era cristiana. Hace dos o tres años, me encuentro en una librería - editorial al lado de la Facultad de
Medicina de la Universidad de Buenos Aires, con un libro dedicado a Rafael Hernández, escrito por quien fuera un destacado intelectual de Pehaujó : Osvaldo Guguielmino. Me recordé de aquella opinión de Tenreiro y compré ese libro cuya primera edición era del año 1949. Allí el autor testimonia aquello que me había dicho Tenreiro y aquí aparece el apellido Cilley.
Incluso el autor agradece a una señora de ese apellido emparentada con los Hernández. De allí aparecen los Cilley Hernández. Un apellido ligado hasta el día de hoy al deporte del rugby, y en su momento se comento que Lanusse lo había conocido al Cilley Hernández, que designara Subsecretario de
Deportes, cuando ambos jugaban en el mismo equipo de rugby de San Isidro (no se si el CASI o elSIC). Entonces se volvieron a mezclar las /los Hernández, los Cilley, Pehaujó, Nueva Plata y el trazado del Midland. José murió en 1886, y Rafael en 1903. Un año antes de que se sancione la ley provincial que
autorizó la construcción del Midland. Como los proyectos de ley no se dan a veces de un día para otro, se puede conjeturar que Rafael tiene que ver con ese trazado y con ese proyecto, sobre todo teniendo en cuenta sus inquietudes pioneras y sus influencias en La Plata. También es sabido que las familias tenían grandes extensiones de campo y se relacionaban con otras familias que tenían campos vecinos. Si uno ahora con el Google Earth, localiza Pehaujó, Nueva Plata, Henderson, Carhué y Cilley, se dará cuenta porque encontramos vinculación entre Cilley y el Martín Fierro. Tengo un poco de fiaca de ir a consultar a una biblioteca el Nomenclador Ferroviario de Udaondo del año 1942. Pero por estudios hechos sobre esa publicación, sé que los nombres de los estaciones, sobre todo de las pequeñas, tenían que ver con los dueños de los campos donde se localizaban las mismas. Uno hoy no puede prescindir al momento de buscar información sobre cualquier tema, de los buscadores tipo Google. Allí nos enteramos que el ferrocarril Provincial que tenía parte de su recorrido vecino al Midland, tenía una estación
llamada Gerente Cilley. Bueno; advertí desde el principio que este esquicio, se amparaba en la figura de la "licencia literaria". Sirva al menos para demostrar el poder motivador que puede tener cualquier substantivo.

Buenos Aires 12 de Julio de 2009

Alfredo Armando Aguirre. Trabajos publicados:
http://choloar.tripod.com/trabajos.htm

SUAVE ENCANTAMIENTO*

Profundos y plenos
cual dos graciosas, breves inmensidades
moran tus ojos en tu rostro
como dueños;
y cuando en su fondo
veo jugar y ascender
la llama de un alma radiosa
parece que la mañana se incorpora
luminosa, allá entre mar y cielo
sobre la línea que soñando se mece
entre los dos azules imperios,
la línea en que nuestro corazón se detiene
para que sus esperanzas la acaricien
y la bese nuestra mirada;
cuando nuestro "ser" contempla
enjugando sus lágrimas
y, silenciosamente,
se abre a todas las brisas de la Vida;
cuando miramos
las cenizas de los días que fueron
flotando en el Pasado
como en el fondo del camino
el polvo de nuestras peregrinaciones
Ojos que se abren como las mañanas
Y que cerrándose dejan caer la tarde.

(1904)

*de Macedonio Fernández
Textos Selectos Ed. Corregidor 1.999

Tren*

No es que me pase lo mismo cada vez que veo un tren. Pero a veces ocurre. Y sobre todo si es de noche y el tren viene de frente. Entonces, mientras la distancia se acorta y la luz se agranda, un resorte se me dispara en la memoria e, inmovilizado, espero que esa cosa poderosa me devore.
Realmente tengo que esforzarme para tomar conciencia de que estoy parado a un costado de las vías
-sobre un terraplén, en un paso a nivel, frente a la boca de un túnel- y que el tren seguirá fiel al mandato de los rieles y pasará de largo sin tocarme.
El recuerdo del primer tren arrojándose sobre mí llega desde muy lejos, tanto que a veces me cuesta aceptar que es mío y que no me ha sido relatado por otra persona. Yo tendría siete, tal vez ocho años, y estábamos con mi padre en el andén de la estación de Fondotoce, a unos pocos kilómetros de Intra, nuestro pueblo. Nos dirigíamos a la región del Veneto, donde vivían mis abuelos. Probablemente era nuestro primer viaje después de terminada la guerra. Sé que estaba anocheciendo, que el tren surgió de golpe, sin que nada lo anunciara, y entró en la estación con tal estruendo que me paralizó. Sé que cuando me recobré hice un comentario asombrado y mi padre sonrió y dijo algo que no podré recuperar.
Ésa es la imagen. El ojo de un cíclope -fuerza y furia- abalanzándose desde las sombras y un chico paralizado.
Volví a esa estación de fondotoce cuarenta años después de nuestra partida a América y habiendo cumplido ya los cincuenta y dos. Había llegado a Intra un par de semanas antes, cruzando el lago en un transbordador y ahora me iba allí en tren. Durante esos días no hice otra cosa que caminar arriba y abajo por las calles del pueblo, por las orillas del lago y los dos ríos, buscando algo que ya no podía estar. Me iba sin llevarme más que desencanto y quizás algunas advertencias para ser analizadas después, cuando decantaran en mí, cuando de nuevo los trenes y los aviones me hubieran llevado lejos.
Lloviznaba de a ratos sobre la estación entre montañas, había mucho color de óxido alrededor y pájaros moviéndose entre las ramas de los arbustos. Oscurecía. Éramos apenas cinco o seis viajeros esperando. Yo caminaba de un extremo al otro del andén, buscaba a través de la niebla que se espesaba la cima del Monte Rosso, el cerro que dominaba mi pueblo. Descubrí que llegando a la estación, del lado de donde vendría mi tren, las vías hacían una curva y había además una ladera rocosa que se interponía e impedía ver más allá. Entonces volvió aquel anochecer de mi niñez y me vi parado ahí con mi padre, junto a una valija. Mi padre que tenía, en el recuerdo, veinte años menos que yo en ese momento. Y de pronto sucedió de nuevo. El tren apareció con su ojo luminoso y su potencia y saltó hacia mí como había ocurrido aquella primera vez. Sentí que el tiempo no había transcurrido y que yo seguía siendo el mismo, con los mismos miedos y seguramente con un desamparo mayor.
Sentí la falta de la compañia de aquel hombre veinte años menor que yo y sus palabras imposibles de recuperar. Desfilaron los vagones, se detuvieron, levanté el bolso y me apresté a subir, deseando encontrar un compartimento vacío para poder estar solo.
Ésa es mi pequeña aventura con los trenes. Un sobresalto infantil que de tanto en tanto asoma la cabeza y se reitera a lo largo de los años. Casi nada, en realidad. Y sin embargo, siempre me sorprendo tratando de escarbar todavía un poco en esa historia. Si insisto en analizarla, si me esfuerzo por fijarla en unas líneas, es porque a veces tengo la impresión de que ahí hay algo que valdría la pena rescatar, una huella, una señal, algo. Pero no sé qué es. No sé en qué dirección va, hacia dónde me lleva, si me lleva a alguna parte.

*de Antonio Dal Masetto.
"El padre y otras historias". Editorial Sudamericana. Bs. As. Edición 2002.

Próxima estación: Rolito.

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SATURNO.
SAN FERMÍN.
CASBAS.
EDUARDO CASEY.
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HERRERA VEGA.
HORTENSIA.
ORDOQUI.
CORBETT.
SANTOS UNZUÉ.
MOREA.
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ARAUJO.
BAUDRIX.
EMITA.
INDACOCHEA.
LA RICA.
SAN SEBASTIÁN.
J.J. ALMEYRA.
INGENIERO WILLIAMS.
GONZÁLEZ RISOS.
PARADA KM 79.
ENRIQUE FYNN.
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KM. 55.
ELÍAS ROMERO.
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LIBERTAD.
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ISIDRO CASANOVA.
JUSTO VILLEGAS.
JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.
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ESTACIÓN CARHUE

urbanopowell @ 01:22

TODAVÍA. *

*Por Eduardo Pérsico. epersic@ciudad.com.ar

No todos los instantes ya pasaron y aún aguardan tenaces.

Imprevistos. Furtivos.

Ocultos en la lluvia que enjuaga la ventana,

o en la invicta añoranza que irrumpe cada tanto

si algo ya nos dejó camino arriba.

No son sólo un ayer de gorriones quebrando

el aire transparente de una tarde lejana.

Ni el sol febril curtiendo la sangre adolescente.

Tal vez cada futuro es también una ausencia.

Sin el dulce regusto de niñez y nostalgia,

un posible que ausente no alcanzó su destino.

Sin aguardo de magia o resplandores

cada fugacidad será un acaso

muy íntimo y final. Sueño y milagro.

Entonces. Todavía.

*Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

ESTACIÓN CARHUE.

Las aguas y los dioses*

En este lugar, aquí, en este hermoso lugar hay verde. Aquí, en este sitio existe el verdor. Aquí es bello, aquí hay plantas. Eso decíamos.
Nosotros, los mapuches, nosotros, los salvajes ignaros decíamos Carhué y era decir nuestra casa, era decir la tierra, era decir mi familia, mi ancestro más remoto, mi vida. Decíamos Carhué y decíamos amo la tierra verde.
Y el lago Epecuén nuestro lago Epecuén era salado. Salado como el mar más reconcentrado, tan salado como si el océano hubiese sido puesto al fuego en una olla de barro y hubiese hervido despacito hasta que el agua fuese casi sal. Así era el lago, así lo extendieron los dioses oscuros sobre la tierra verde. Y era el límite del verde. Mas allá venía la pradera que se tornaba páramo, hasta allí las pasturas y la facilidad. Hasta allí lo cálido y amable, a partir de allí ese límite, ese exterior, esa felicidad que se
consigue con mayor dolor. Porque, debo decirlo, también esa era nuestra casa, y así como se ama al hijo obediente, se ama inevitable y dolorosamente al hijo que se eriza en espinas y baldío.

Era Carhué y era el lago de sal. Y fueron los hombres que ya estaban pero estaban todavía lejos. Eran los hombres del color de la blanca muerte, que nos habían dejado tranquilos hasta que su codicia los forzó a extender los brazos más lejos que el corazón. La codicia les dio hierros en los brazos y les dio hierros en los pies, y Carhué que era mi hogar fue mi tumba, y mis lugares tomaron nombres que nunca les casaron, nombres que se resbalan porque no los pertenecen. Pueblo Adolfo Alsina, lago San Lucas,
nombres extranjeros, nombres que se desvanecen bajo el cielo de la América y que mi boca no puede pronunciar sin hacerse violencia.

Llegaron los hombres de hierro. Se quedaron los hombres de hierro.
Vinieron en su propia bestia humeante como quien llega montado en una pesadilla. Le dicen ferrocarril a la bestia de fuego, a ese monstruo negro y temible. En tres grandes bestias llegaban los hombres blancos y seguían trabajando para su codicia.
No les bastaba la laguna de sal. Ya no estábamos nosotros, yo era ya polvo de huesos bajo mi tierra verde cuando los intrusos que vendían baratijas y habitaciones y bañadores a rayas quisieron obligar a la tierra a dar más de si. No les bastó ver nuestra tierra, se la apropiaron; no les bastó apropiarse de la tierra, la quisieron doblegar con sus canales y sus terraplenes. No era suficiente con el nuestro lago, no. Hicieron un lago ellos, un lago dulce, trajeron el agua desde otros lados que no son este lado, que no pertenecen a este lado, y con ese agua extranjera hicieron ese nuevo lago y cambiaron la historia de la nuestra tierra.

Y el diez de noviembre uno de los dioses oscuros miró la tierra que era verde, abominó el lago dulce, tomó una palabra, pronunció una nube de ceniza, y el terraplén cedió, y la ciudad conoció el olvido del agua silenciosa. Y el agua avanzó como un ejército en marcha, y las puertas se hincharon en sus marcos, y el inexorable pasado se acumuló sobre los ladrillos de la ignominia. No tañe la campana bajo el agua, no acuden los niños a las escuelas, diez metros de agua se comprimen sobre las plazas y los tejados.
Me duermo en mi tumba ahora. Mientras me adormezco canto quedo una melodía que ya no encuentra cuerdas para sonar. Siento la luz de la luna quebrada sobre el pueblo sumergido. Descanso ahora. Los dioses juegan sus juegos, un pez desprende silenciosa, lentamente, una escama de madera de una
silla que se pudre.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

Estación invierno*

Hay trenes que van
gente sedienta de prisa
el que yo espero
es tren de nostalgias
dicen que ese ramal ya no existe.

La estación sugiere
que el tren que esperaba
ya pasó
silencioso y escarchando.

*De © diana poblet. soydian@yahoo.com.ar

Dudando*

Está justo detrás de mi, al fondo del vagón. Ha cambiado su ubicación habitual y ahora estoy obligado a girar la cabeza de una manera un tanto ridícula. Sólo espero que ella no se de cuenta de que la observo. Hoy quería acercarme a decirle algo, pero... ¡está tan lejos!
Mañana sin falta la abordo y entablaré conversación con ella.

Mientras ella baja del vagón mira de reojo a aquel chico con el que se encuentra desde hace dos años cada mañana. En muchas ocasiones ha tenido la sensación de que iba a dirigirle la palabra, pero no ha sido así. Bien es cierto que se ha encontrado con su mirada en muchas ocasiones, pero nunca se ha acercado. Quizás debería ser un poco más coqueta, quizás debería insinuarse de alguna forma.
Mañana será el día en que se decida, de mañana no pasa...

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EL TREN DE LAS 18 *

Con su estertor
como un punto o una peca negra
una mancha voraz ocupando la planicie
o bien como un cimbronazo del horizontes
irrumpía el tren de las dieciocho

columpiando sus distancias en uno y otro ojo.
El asunto estaba en ese acontecer de la tarde
donde bajaban y subían saludos
bultos varios y uno que otro grito de andén

como si todo la congoja y la nostalgia
la risa y los temores
se detuviesen un instante en los umbrales
para, luego, salir cual arcón mágico por la pampa.

*

Siempre que menciono el tema me retrotrae a algunas experiencias vividas en mi infancia, hasta mi adolescencia, inclusive. Y me lleva a los cuadernos que tengo escritos con anotaciones varias y poemas que acompañan el día. Algunos de ellos están llenos de esas emociones que me fortalecen, que desmienten las torpezas cotidianas, las dudas de la rutina.
Habíamos caminado, antes, por las vías muertas del ferrocarril que pasaba por Capilla del Monte. El tren es algo muy difícil de explicar para aquellos que no tuvieron la oportunidad de vivirlo tan cerca. En la pampa sinfin era una fuerte presencia que anudaba y desanudaba los decires de todos los pueblos por donde pasaba. Sus vías, que aún están, nos acercaban las distancias. Me paraba, recuerdo, en medio de ellas y miraba absorto una y otra lejanía y las dejaba posar en mi imaginación de niño. Los guardas de los trenes siempre me contaban historias de lugares extraños que se aquerenciaban en mis no olvidos. Y no les digo lo que era subirse a una de esas viejas locomotoras, con su vientre al rojo vivo, de carbón ardiente:

- ya vas a manejar una de estas, me decía el maquinista, y dejaba que agarre una manija.

- Manejé el tren hoy, mamá. Y le contaba la historia.

*de Oscar A. Agú. cachoagu@yahoo.com.ar

Soledad del Silencio*

Hay silencios de muertos y de vivos…

de los que te aturden y te crispan

Hay silencio que no escuchas

Hay silencio de rostros

Hay silencios de día que casi entran en la incertidumbre

Hay un silencio entre una palabra y la otra

Hay un silencio que se asoma en la espera

Hay un silencio que vuela alrededor de la vida

Hay una soledad del silencio que no se puede derrotar

Hay silencios que se ocultan detrás de todos los ruidos

Hay silencios de penas que las han callado

Hay silencios de lágrimas, de miradas

Hay silencios prudentes y compulsivos, amordazados

Hay silencios acordados en pactos

Hay silencios transgresores

Hay silencios que no se pueden oír

Hay un silencio del silencio que se deja a la conciencia.

Hay un silencio de armonía y de espanto

Hay una monotonía de él, una amenaza del silencio en la urbe

Hay una comunión humana del silencio

Hay silencios que hay que dejar que sean

Hay silencios que romper con un grito que duela

Hay silencios de voces y de piel

Hay un silencio todo, de nosotros….

Hay una historia del silencio y un silencio de la historia.-

*de Maria Elena Buroni. mariaelenaburoni@hotmail.com

EL PARAGUAS*

-Mayo del 76-

Frío de mayo. Lluvia. Malabarismos del paraguas contra el viento y el agua congelada.
Un programa calentito y reparador, chocolate con churros en La Giralda y cine con mi amiga, la de todas las tardes de parvas de tostadas bien finitas con manteca y confesiones al borde de la
chimenea, legado de mi nonno. Dos películas seguidas de Dustin Hoffman. Imperdible.
Pero igual, demasiadas cuadras para tanta lluvia, y ese paraguas tan incómodo, y ese frío.
Después, la charla agradable con mi amiga en el tren a Constitución, una carreta irrespetuosa.
Irrespetuosa como el verde militar perturbador de mi otoño. Unimogs y pobres diablos con cascos protectores para las cabezas rapadas por la soberbia.
Ay, ese paraguas. Media cuadra nomás, el tren y el chocolate calentito entre las manos heladas. Suficiente.
Y para esa puerta tan pesada del único edificio de Burzaco, la fuerza puntiaguda del paraguas en el picaporte y basta por fin de lluvia en la antesala del ascensor.
Pero no.
Un casco más gigante que los otros, el FAL cruzado en diagonal al corazón sobre la capa verde, tan verde oscuro, tan oscuro.
Horror. Un sudor frío, más que la lluvia de doce cuadras atrás, latidos desprolijos delatores del pánico.
Documentos?. Conocida?. Familiar?. Averiguación de antecedentes y un carro más irrespetuoso que el tren. Inmundo. Siniestro.
Silencio.
Preguntas, invectivas. Portación de armas?.
El paraguas.
Manoseo. Ni una lágrima siquiera. La garganta anegada del pánico.
Y al poco tiempo, la novia del amigo del hermano de mi amiga, la del único edificio de Burzaco, nunca más.

*de Lucía. luciaguionbajo@yahoo.com.ar

Trenvidando*

Trenes de sabor metálico
aplauso de latas
sombra recorrida
ventanillas mínimas
manos pequeñas
atrapaban sueños gigantes.

Tren del regreso
brazo de fierro confiable
que me devolvía a casa.

Y bajar en la última estación
nariz fría de surestes
con ojos acuosos
sentir al instante
un perfume a romero
inconfundible
cartel de bienvenida.

*de © diana poblet . soydian@yahoo.com.ar

AMBIVALENCIA*

Cuando yo me haya ido,
regresaré en silencio.
Y buscaré en las sombras
el dolor que llevé,
el llanto de mis horas,
la soledad, la ausencia,
las vigilias sin sueño
y el horror de creer
que me llena el vacío,
que me inunda la pena
y me embriaga el delirio
de vivir ¡y estar muerta!...

Quizás mi suerte sea
estar muerta y ¡vivir!...

*de María Rosa León. mariarosaleon@yahoo.com
de "Lugar común". Ediciones Amaru - Buenos Aires - 1996

POEMA HALLADO EN UNA LOCOMOTORA...

EL RELOJ DE LA ESTACIÓN*

Hace casi una centuria

en la lejana parís

fue allá en la casa matriz

donde la forma te dieron

y en un barco te trajeron

a mi querido País.

Con leyendas de "muy frágil"

en un seguro cajón

Llegaste en un vagón

fue la vía tu camino

Navarro fue tu destino

Y la "trocha" tu estación

Una vez que te instalaron

tu fama tocó la cima

la gente a verte se arrima

y no saben de que forma

das hora a la plataforma

y también a la oficina.

De todos la admiración

así empezas a ganarte

hora exacta de tu parte

da confianza y precisión

y en esa hermosa Estación

nadie pasó sin mirarte.

Fuíste el orgullo del jefe

que parado en el andén

supo mirarte en el andén

supo mirarte muy bien

y de tu exactitud se jacta

cuando dabas la hora exacta

para despachar el tren.

Te observa el guarda y coteja

con su reloj de bolsillo

y en aquel acto sencillo

te demostró su confianza

y de acuerdo a tu ordenanza

hizo sonar su silvido.

Resopló la vaporera

con poder extraordinario

encabezando el tren diario

que hizo progresar la zona

el maquinista se asoma

y al mirarte dice A horario!

El cambista te controla

porque el tiempo no le sobra

siente al ponerse la gorra

que de la playa es el dueño

y pone todo su empeño

en activar la maniobra.

Y el capataz de cuadrilla

con su mirada muy pronta

con el suyo la confronta

y la zorrita acelera

llegar a destino espera

sin que venga tren en contra.

Y así a tu dulce compás

con ese ritmo profundo

sin descansar un segundo

con trabajo y con amor

mi patria tuvo el honor

de ser granero del mundo.

Pero un día los cipayos

que no conocen decencia

con mezquinas apetencias

empezaron a destruirnos

y con engaños a hundirnos

en la fatal decadencia.

Comenzaron por cerrar

"Ramales improductivos"

ferroviarios serían "chivos"

que expiarían sus codicias

y con brutal avaricia

armaron lo destructivo.

Revolotearon caranchos

sobre tu vieja Estación

y viste con desazón

que robaban y destruían

y tu corazón herían

sin ninguna compasión.

Así un día te paraste

y de injusticias ya harto

diciendo yo no comparto

lo de estos malvados

te quedaste bien parado

a las cinco menos cuarto.

Pasó talvez mucho tiempo

por tu justa rebeldía

pero observaste un día

con esperanza y asombro

que alguien puso el hombro

porque arreglarte quería.

Desde puntos muy lejanos

turistas y visitantes

que mucho admiran el arte

vienen a ver el museo

y expresan con su deseo

funcionando contemplarte.

Y casi igual que a pinocho

vino a salvarte el doctor

y poniendo lo mejor

artesanía y paciencia

pero además de su ciencia

sobre todo puso amor.

Pues todos querrán saber

como se llama ese hombre

pero que nadie se asombre

ya agradezco su gauchada

y sepan que no cobró nada

Marcos Brunoldi es su nombre.

*Autor: Carlos Alberto Martino (Beto)

-Este poema fue encontrado en una locomotora por Carlos Antonio Dinamarca. carlosadina@hotmail.com

-Maquinista de oficio-

*

Pasaron 32 años del último tren. Hoy lo estamos reinaugurando. Pero no viajamos a Carhue. No tenemos recursos. Nos reunimos al pie de una estatua en la ciudad de Buenos Aires. El autor grabo su nombre y el año: Aime Millet. París 1880. La base de granito avisa que Adolfo Alsina vivió de 1829 a 1877. Fue gobernador de la provincia y quien ordenó la construcción de la "zanja de Alsina" destinada a contener y avanzar sobre las tierras de los pueblos originarios. El hombre murió en Carhue y le dió su nombre al partido de la provincia de Buenos Aires desde el que hoy parte el inventren.

Al pie de esta estatua nos reunimos unas pocas personas.

Son amigos con los que he compartido cosas en estas tres décadas.

En 32 años pasamos del terror de la dictadura al terror difuso de los virus y de la desidia.

De Martínez de Hoz enviando a una empresa amiga para que los rieles sean prontamente levantados a este presente del gobierno cuya especialidad es la negación sistemática seguimos siendo un país de víctimas, de corrupción, de impunidad.

En camino a la plaza Libertad veía restos de los afiches de la campaña que concluyo en las elecciones del 28 de junio. En uno de ellos la candidata con su rostro afinado por los prodigios del arte en la fotografía dice: "No te subas al tren fantasma". Curiosa frase. Me hace dudar del sentido de realidad de la clase política en su conjunto. Es el país y la fuerza de la buena gente que resiste la devastación y el saqueo y hasta la falta de sentido común de sus gobiernos. No somos nosotros los que estamos subidos al tren fantasma. Son ellos que no se bajan de su oficio de comerciar con la ilusión y empeorar la vida de la gente.

Aun sea una tarea imposible más de las que he emprendido en mi vida, elijo subirme al tren de la escritura e intentar un improbable recorrido por 52 estaciones y alrededor de tres años de duración.

Me acompañan amigos y recuerdos.

Los invito a seguir escribiendo.

*Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

Próxima estación: J. V. CILLEY.

ROLITO.
SATURNO.
SAN FERMÍN.
CASBAS.
EDUARDO CASEY.
ANDANT.
CORONEL M. FREYRE.
ENRIQUE LAVALLE.
CORACEROS.
HENDERSON.
MARÍA LUCILA.
HERRERA VEGA.
HORTENSIA.
ORDOQUI.
CORBETT.
SANTOS UNZUÉ.
MOREA.
ORTIZ DE ROSAS.
ARAUJO.
BAUDRIX.
EMITA.
INDACOCHEA.
LA RICA.
SAN SEBASTIÁN.
J.J. ALMEYRA.
INGENIERO WILLIAMS.
GONZÁLEZ RISOS.
PARADA KM 79.
ENRIQUE FYNN.
PLOMER.
KM. 55.
ELÍAS ROMERO.
KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.
MERLO GÓMEZ.
RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.
JUSTO VILLEGAS.
JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.
ALDO BONZI.
KM 12.
LA SALADA.
INGENIERO BUDGE.
VILLA FIORITO.
VILLA CARAZA.
VILLA DIAMANTE.
PUENTE ALSINA.
INTERCAMBIO MIDLAND.

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 5 de julio de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores chilenos Carlos Isamitt, Acario Cotapos, Ramón Campbell y Miguel Aguilar Ahumada. Las poesías que leeremos pertenecen a Vicente Girarte Martínez (México) y la música de fondo será de Rikchariy (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Exposición de
Walkala
(Luis Alfredo Duarte-Herrera)
en Oberndorf bei Salzburg

"Walkala, la fuerza de la imagen"

Invitación a la inauguración
El lunes 22 de Junio 2009, 19:30 horas

Lugar:
Librería "Buchgarten"
Römerweg 3
A-5110 Oberndorf bei Salzburg
Tel: +43 (0)6272 20632

Más informaciones en:
www.walkala.eu
www.galeria.walkala.eu

Duración de la exposición:
22 de Junio a 28 de agosto 2009
(Del 3 al 17 de agosto estará cerrada la librería por vacaciones)

Horarios:
Lu. - Vi. 8:00 a 12:00 y 14:00 a 18:00 horas
Sábados: 10:00 a 14:00 horas

Cordial invitación de:

YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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21/05/2009 GMT 1

INVENTREN: DE CARHUE A PUENTE ALSINA

urbanopowell @ 17:29

A Don Mario*

En mis versos
hay mujeres,
y perdóneme maestro
si le robo ideas
y arrebato su prosa,
su palabra.
Si ignoro el (c) copirái
y tomo sus derechos de autor
como derechos de tutor.
Es que hacía rato
que no tenía un maestro, ¿¡sabe!?
y, a esta altura de la vida,
que se desvive de a ratos,
uno necesita no estar tan solo
en las ideas
y en las noches tristes,
como ésta.
Y necesita decir cosas,
que usted ¡ha dicho tan bien!,
y que la prosa la obligue
a olvidar su tren.

Hice acaso, caso de sus consejos
y no pulí demasiado
mis pobres palabras,
no me esmeré con los verbos,
ni reparé en adjetivos;
pero si usted las conociera
(A las mujeres digo)
sabría que merecen sus poemas,
no los míos.

A Don Mario /2*

Vuelvo a insistirle, maestro,
que no se asombre
si encuentra que le falta un verbo,
que un gerundio suyo
asoma entre los míos.

Me tomo la licencia
de nombrarlo por decreto
-tal lo acostumbrado en estos días-
maestro mío,
y de disculparme
por el hurto apasionado
y sin segundas intenciones;
pero cuando el hambre apremia,
-de palabras, digo-
no hay decencia ni castigo
que acobarde a los ladrones.

*de Sergio Velovich. savelovich@yahoo.com.ar
Bahía Blanca, julio del 2001

Inventren
-Capítulo 0: Las estaciones de Carhué a Puente Alsina.

CARHUÉ.

J. V. CILLEY.

ROLITO.

SATURNO.

SAN FERMÍN.

CASBAS.

EDUARDO CASEY.

ANDANT.

CORONEL M. FREYRE.

ENRIQUE LAVALLE.

CORACEROS.

HENDERSON.

MARÍA LUCILA.

HERRERA VEGA.

HORTENSIA.

ORDOQUI.

CORBETT.

SANTOS UNZUÉ.

MOREA.

ORTIZ DE ROSAS.

ARAUJO.

BAUDRIX.

EMITA.

INDACOCHEA.

LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.

J.J. ALMEYRA.

INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.

PARADA KM 79.

ENRIQUE FYNN.

PLOMER.

KM. 55.

ELÍAS ROMERO.

KM. 38.

MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.

MERLO GÓMEZ.

RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.

JUSTO VILLEGAS.

JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.

ALDO BONZI.

KM 12.

LA SALADA.

INGENIERO BUDGE.

VILLA FIORITO.

VILLA CARAZA.

VILLA DIAMANTE.

PUENTE ALSINA.

INTERCAMBIO MIDLAND.

¿Por qué el "Midland"?*

Si el tren existiera en su extensión original, un trabajador del Gran Buenos Aires, podría ir a pasar un fin de semana a Carhué. Un abuelo disfrutar de las aguas termales. Un niño de Ingeniero Budge conocer el campo. Pequeños productores acercar sus productos o simplemente venderlos en cada una de sus estaciones. Algunas que hoy son sólo fantasmas rodeadas de campo podrían volver a ser habitadas.
Parecen ejemplos obvios y a la vez pobres, de la multiplicación de beneficios de un retorno que fuese pensado y proyectado para un bien común.
Este recorrido es también un desafío a la imaginación. Alguien que conozca a los actuales trenes
-precarios y con fama de peligrosos que corren desde Puente Alsina hasta Marinos del crucero General Belgrano- podría ver que hay "otro tren" posible.
Por diferentes caminos he llegado a la idea de la literatura como el modo de reparación más efectivo de la realidad. Los invito a compartir esta nueva aventura.

*Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@yahoo.com.ar

DE PUENTE ALSINA A CARHUE, IDA Y VUELTA*

*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar@rocketmail.com
http://choloar.tripod.com/choloar.html

No llevo diario personal, pero recuerdo, recuerdo que fue en el atardecer del 23 de marzo de este año 2009 de calendario gregoriano. Recuerdo la fecha porque iba a saludar en su cumpleaños a una persona que quiero mucho. Venia en el colectivo 85 rumbo a Bernal, cuando, casi instintivamente, hago cada vez que cruzo al puente Uriburu, miro para el lado de la estación Puente Alsina del Ex ferrocarril Midland, y a lo que era su contigua playa de cargas. Y recuerdo cuando con mi hijo de pocos años, iba a recorrer por los galpones de carga, a lo que quedaba de aquellos coches motores Ganz, que se trajeran a la Argentina allá por 1936.
Hace un tiempo he incorporado a mi batería conceptual, la noción jungiana de “sincronía”,por eso ya no me parece ni azar ni causalidad, que una vez mas haya recibido el estimulo de contar algo sobre mi “rollo “ con el Midland, que ahora caigo porque que se llama así el club, con que participaba en el torneo de Primera “C” de la AFA, el club de mis amores Defensores de Cambaceres, allá por 1959( Se cumplirá medio siglo de la obtención de ese campeonato por los “bichos colorados” de Ensenada).
Esta algo difusa la circunstancia en que me entere que el Midland llegaba hasta Carhue. Pero me acuerdo muy bien, cuando vi al pasar por la estación Carhue , rumbo a Darregueira ,aquella nublada parte del 8 de julio de 1972, vi al galpón de los coches motores, cuyas ruinas volví a visitar, esta vez de paseo por Carhue, en Agosto del año pasado(2008).
Toda vez que puede, desde hace décadas, recorro los pueblos de la Pampa Húmeda (Incluido el sector conocido como “Pampa Gringa”).La visita al mueso local, forma parte de aquellos recorridos. Es curioso pero en el Museo de Carhue, no hay casi referencias al Midland, pero si hay como en la mayoría de estos pueblos, vestigios documentales, fotográficos y objetos tridimensionales, de esa suerte de esplendor que surge de aquella argentina de las dos ultimas décadas del siglo XIX, hasta la guerra del 14.Y El Midland es un componente de esa etapa, que nos provoca extrañas sensaciones, y que nos lleva a sacar conclusiones muy distintas, a las que surgen de los libros donde se intenta interpretar esa época.
Hacia 1910, en medio de la euforia que generaron los festejos del Primer Centenario Argentino( ¿Se creara un clima similar en el Segundo Centenario, ya próximo?),llegaban los ferrocarriles Sud, Oeste y Midland; los dos primeros de trocha ancha y de trocha angosta el último. Eso aun se percibe en el amplio cuadro de la estación ferroviaria, en trance de devenir en Terminal de ómnibus.
Atento la importancia del ferrocarril por esos tiempos, se colige que las empresas propietarias ,no lo hacían por filantropía, sino porque se pensaba en un centro turístico de nivel internacional, aprovechando las propiedades curativas de la laguna Epecuén, ya conocidas por los que estaban allí desde el origen, y fueron desalojados compulsivamente por la “conquista del Desierto”.
Panoramas similares, he observado, casi en ruinas, en Sierra de la Ventana, en el hotel Edén de la Falda, en Alta Gracia.
Pero volviendo a aquel 1972, del que tenemos recuerdos precisos en cuanto a las fechas, porque estaban ligadas a nuestra entonces condición de corredor de carreras pedestres, vuelvo a mi “rollo” con el Midland, a raíz de una vez que por los motivos apuntados fui a Henderson, población erigida como consecuencia del paso del Midland por allí. Después de la carrera, el 19 de noviembre de 1972, me fui para la estación para esperar el coche motor procedente de Carhue, que me llevaría a la estación Tapiales donde tenía horario de llegada a las 2150. Mientras esperaba, comiendo un sanguche, se me acercó un peón del ferrocarril, sugiriéndome me subiera al tren de carga que se aproximaba, así al menos iba ganando tiempo del viaje. Le agradecí y le dije que esperaría el tren. Al rato aparecieron oros colegas del deporte, que habían sido invitados a un asado y nos aprestamos a esperar el tren, que llego en horario. Me quedó la imagen del empleado de correos (El tren hacía de vagón postal) que tenia un gorro muy pintoresco con el escudo de la empresa de Correos y Telecomunicaciones. El coche motor (de los viejos húngaros, ya que luego vendría una versión posterior fabricada por la Hungría comunista), tenía compartimentos como los que se ven en las películas de los trenes europeos.
Partió raudo el coche motor, con ese peculiar ruido que hacían sus motores. Creo que alcanzó a pasar por la estación Herrera Vegas. Y al llegar a Ordoqui, se “plantó” el motor. Y nos avisaron, que teníamos que esperar que venga, una locomotora para remolcarnos. Ya pasa ese entonces, la línea era de pocas frecuencias, así que vaya a saber que donde vendría la locomotora. Así las cosas, nos bajamos el tren y fuimos a comprar lo que se podía, en el bufet del club Sportivo Ordoqui, algunos de sus simpatizantes, regresaban de un partido de fútbol disputado en algún otro pueblo de la liga regional.
Al largo rato llegó la locomotora, e inicio el lento remolque del coche motor con nosotros arriba. Fue aquella una noche muy fría, y todos estábamos arrinconados en el compartimiento dándonos calor con nuestros cuerpos. Así arribamos a otro día a Tápiales alrededor de las 11 de la mañana…
El Midland, del que ya había sugerencias para lo, antes de la nacionalización de 1948, fue obviamente incluido en el malhadado plan Larkin de 1962, y clausurado y levantado entre 19786 y 1977.
En la travesía a pie que hicimos en el veranos austral de 1986, pasamos por la estación Baudrix, cuyas instalaciones se veían ocupadas, pero en muy mal estado de conservación, y se veían todavía unos galpones para cereal, donde todavía se podía leer la inscripción “Apoya al Segundo Plan Quinquenal”, refiriéndose al plan de gobierno 1953 -1957, abortado en 1955 por la "Revolución Libertadora".
Con el tiempo nos fuimos enterando que el origen de esta línea fue una concesión otorgada por la legislatura de la provincia de Buenos Aires en 1904.En esa época era común que el que obtuviera la concesión se la terminara vendiendo a inversores extranjeros, por lo general ingleses, los que le dieron el nombre de conservaría hasta 1948, es decir Midland. Hoy resulta claro, que el Midland tenia instalaciones portuarias sobre el Riachuelo, en una época que se lo navegaba comercialmente( Actualmente hay proyecto para darle ese uso hasta el Mercado Central, situado aguas arriba), además tenia un ramal (aun existente) que lo vinculaba al entonces Mercado Nacional de Lanares,(Que existía donde hoy hay monobloques enfrente a la estación del ex ferrocarril Provincial de Avellaneda), y por allí donde hoy esta la cancha de Independiente y la de Racing, se conectaba con los frigoríficos del riachuelo, y hasta tenia alguna entrada al puerto de Buenos aires.
Este ferrocarril corría muy cercano a otros y en un punto hasta se cruzaban con los ferrocarriles Compañía General y provincial (ambos de trocha angosta) y también con el Ferrocarril Oeste y aun con el Roca. No se podía decir que las zonas que surcaban estaban desconectadas. Pero a partir de la inexorable aplicación de la ley nacional de vialidad de 1932, era evidente que los intereses del automotor y del camino pavimentado sustituirían tarde o temprano a estos ferrocarriles, que eran de tráficos débiles. EN 1947 se nacionalizó el Compañía general Buenos aires. En 1948 el Midland y en 1951, el provincial fue “nacionalizado”, seguramente aprovechando la caída en desgracia del gobernador Mercante. En 1954, alcanzaron a fusionar al Provincial, el Midland y el Compañía General, en Ferrocarril Nacional de la Provincia de Buenos Aires, pero su resultado fue efímero.
Pareciera que recién en estos tiempos se esta comenzado a asumir la tropelía de haber levantado estos ferrocarriles de trocha angosta. Nos sigue quedando la perplejidad de lo que implicaba su puesta en marcha, y lo que se fue apagando como consecuencia de la finalización de la Gran Guerra.

-Buenos Aires 18 de mayo de 2009

EL PUENTE DE LA VIA*

Si no tuviéramos recuerdos,
no tendríamos conocimientos.

I

El puente estaba a una docena de cuadras, no más, de dónde vivíamos cuándo éramos niños, pero a nosotros nos parecía que la distancia era enorrrme, y siempre tentaba con su sabor de aventura.-
Teníamos necesariamente que hacer un tramo caminando por las vías, después de andar las últimas tres o cuatro cuadras del pueblo hasta el paso a nivel donde ahora estoy parado; contemplando y recordando esas vivencias infantiles, que pasaron hace ya varias y largas décadas.-
Estoy justamente en el cruce de la vieja vía con el camino.- El que saliendo del pueblo va recto al norte, pasando por las chacras sembradas.- El lugar está en parte casi igual; los grandes eucaliptos viejos, enormes y retorcidos siguen allí adelante, al borde, a mi izquierda.-
Claro que están más viejos que entonces, y faltan algunos, tumbados poco a poco por los vientos de tantas tormentas y algunos talados sin mayor conciencia. También falta enfrente un gigantesco Ombú, pero allí ahora fue avanzando el borde urbano, por lo que lo que era campo, hoy son calles vestidas de casas.-
Incluso desde aquí vislumbro a través de los rugosos troncos y altos pastos la vieja casona donde entonces íbamos los domingos con Audino, mi hermano mayor, a escuchar los partidos del campeonato por la Radio, cosa que nosotros aún no teníamos, y allí vivían varios chicos de la edad de él, primos entre sí, que eran compañeros en el Colegio.-
Ellos no eran ni amigos míos, ni compañeros, y hasta les tenía algo de temor, o recelo. Incluso los mayores, que se sumaban al grupo, eran para mí extraños. Uno tenía largos bigotes como ya no se veían, de otra época, retorcidos y puntiagudos. En esos años tuvo un trágico final este hombre imponente. Una noche lluviosa murió de un tiro de revólver en la ladrillería que tenían cerca de la amplia casona; un peón ebrio, de turno en el horno, puso fin a su vida, parece que por problemas pasionales o tal vez sólo por el vino.
Otro era tullido y usaba muletas, y era muy apacible y amistoso y a él sí le agarré mucho cariño. Siempre tocaba las conexiones de los cables con la batería, cuando la radio chirriaba o enmudecía.
Yo trataba de tener claro en qué constituía el equipo y cuál era su magia. El receptor, que en sí era todo un mueble, los cables con sus bornes, la batería o acumulador, el molinillo de viento que proveía la recarga, y la antena aérea, de altas picanas como mástiles, con sus riendas y blancos aisladores y el oscilante hilo de cobre con su bajada. Toda una instalación. Y... , las estaciones estaban a gran distancia. Se escuchaban pocas y eran casi todas de Buenos Aires, pero todavía no eran muchas las casas que podían tener una.
Pero no era sólo la pasión del fútbol ni las tardes de radio, sino recorrer este camino y su entorno, salir de nuestro pequeño mundo, y alejarnos de las últimas casas del pueblo, cruzar la vía, y adentrarnos en lo que había más allá. Cruzar la vía era el comienzo de la aventura. Más allá era otra cosa, el camino era largo, infinito, y hablaba de otros lugares que conocíamos sí, pero que estaban cargados de encanto. Hasta ese pequeño tramo era un viaje, un verdadero viaje, donde pasaban tantas cosas lindas: las llamativas alas pintadas del pájaro que nos rozó volando, el otro que estaba cerquita en un arbusto del alambrado, o la liebre que descubríamos en su carrera por las puntas de las largas orejas que asomaban zigzagueando en los pastos, o de pronto, una perdiz que nos mató de susto al alzar vuelo casi debajo del pie.- ¡ PPPPRRRR rrrrrr ...!
O la forma de aquel Tala, con su copa ahuecada y tupida como una techumbre, o aquella rama perfecta para una honda, o el ulular del viento, la frescura de una sombra, el flamear de los pastos; o los vertiginosos y traviesos remolinos de verano, levantando polvo, pastos, y papeles que quedaban girando, y se descolgaban lentamente del cielo, revoloteando como desilusionados, mientras que del remolino no quedaba ni rastros...

II

O sea: contemplo lo que queda y me transporto en el tiempo; mientras piso los rieles enterrados, soñando. Pero si bien detrás de mí el pueblo se convirtió en ciudad y el pavimento llega precisamente hasta la vía, hacia el norte el camino sigue polvoriento; pero en la vía el tren no pasa desde hace muchos años, veinte al menos.
Aquí el polvo del camino le puso una capa ya permanente y cada vez más compacta, dura como una lápida, y triste como una mortaja. A un lado y otro del camino los rieles abandonados duermen entre el pasto que los ha ido tapando casi por completo, y por momentos se dejan entrever entre la fronda de la gramilla por el pálido brillo que reflejan del sol de la tarde en el dorso casi opaco, y más adelante se adivina la vía y la curva que aquí comienza, redondeada y suave, más por la memoria que por la evidencia.-
Antes, ese brillo nos cegaba cuando caminábamos contra el sol, ya que el tren al pasar una y otra vez los mantenía pulidos como espejos, y la gramilla y otros pastos se mantenían prolijamente fuera de la franja que formaba la vía con el ancho de los durmientes a flor de tierra. A cada lado del cruce, en la línea del alambrado, los guarda-ganados impedían que los caballos, vacunos u otros animales grandes, ingresaran a las vías por obvias razones de seguridad.
No eran profundos, pero a nosotros nos atraían y nos demorábamos en pasar pisando, una y otra vez sobre las rejas, como demostrando el valor que teníamos, especialmente cuando los domingos estábamos acompañados por los demás chicos, con los que solíamos ir a jugar. Hoy están tapados en tierra, o quizás ni estén allí, porque no se ven ni rastros, al menos a simple vista.

III

Hacia el este del paso a nivel, la Estación quedaba a unas veinte cuadras, y la vía terminaba de hacer la curva y seguía recta unas diez cuadras hasta otro paso a nivel; pero aquello estaba fuera de nuestro alcance, al menos en esa etapa. Aquí teníamos suficiente. Aquí mismo a la derecha están todavía los galpones de una fundición de hierro, y enfrente una ruidosa desmotadora de algodón, que nos tapaba en polvo y humo, además de un constante zumbido de sus extractores, ventiladores y ciclones, que nos arrullaba y nos despertaba, una u otra.-
Al costado de la vía, formaban montones los residuos de borra y metal fundido, entre los que encontrábamos enorme cantidad de municiones de hierro, más o menos redondeadas, especiales para tirar con las gomeras, que justamente por su peso y su redondez, aseguraban una trayectoria de verdaderas balas; hoy diría que hasta sumamente peligrosas… Ese montón de desecho tenía incontables buscadores de proyectiles, que nosotros almacenábamos para nuestras correrías.-
También era campo de pruebas, porque la tentación era ver como se tiraba con estos o con aquellos, y los blancos predilectos eran los aislantes de porcelana del telégrafo, que bordeaba la vía junto al alambrado. Algunos chicos de nuestra edad, o un poco mayores eran unos verdaderos inadaptados, capaces de cualquier maldad, por lo que eso, era una nadería.-
Eso, o matar inofensivas palomitas, horneros, cuises, etc., que hoy horrorizaría a cualquiera, aquella vez pasaba desapercibido. Aún no se hablaba de ecología ni de especies protegidas, y casi, casi, ni de amor a los animales; al menos, no con la conciencia conque hoy se está asumiendo, y menos a los niños, y menos que menos a esos niños...

IV

A una calle de la vía vivíamos nosotros, y ver pasar el tren era una diversión que no menguaba por más que lo hacíamos todos los días, mañana y tarde. El más interesante era el tren de carga. No tenía un horario, como el de pasajeros, pero pasaba después de media tarde y en el invierno, durante la temporada de la caña de azúcar, íbamos al borde a esperar su paso, y nos solían arrojar cañas enteras o trozos, y para nosotros eran trofeos tan valiosos, que volver con cierta carga nos llenaba de gloria.
Recuerdo las emociones de la espera. Ver al maquinista o al foguista esconder o balancear las cañas que nos arrojarían, tras elegirnos; porqué a veces éramos varios los chicos que esperábamos junto al alambrado. Era todo un juego, para ellos seguramente divertido, para nosotros, angustioso. Si el tren era largo siempre había más gente en los vagones o en las chatas, que hacían otro tanto.
Pero no era necesariamente pareja la cosecha, era más bien cosa del azar. Todos guardábamos una estratégica distancia uno de otro, asignándonos en el momento un territorio; y desde nuestra posición aguardábamos expectantes. Ver que se fijaban en uno y revoleaban el trofeo en nuestra dirección, y caía más o menos cerca, pero entre las matas de paja brava, y había que encontrarla, a veces disputándola fieramente con el chico vecino; y otras veces con la poca luz del ocaso, se terminaban perdiendo y proseguíamos la búsqueda al día siguiente. No era seguro que la caña nos esperara, quizás el ocasional vecino nos habría madrugado.

V

Justo enfrente, cruzando la vía, había una pequeña franja de monte. Un montecito. No tendría más de media cuadra de ancho, y una cuadra de largo. Pero tenía todos los tonos de verde, y bastaba para que a nosotros nos pareciera una selva virgen, inhóspita, y cuajada de peligros...
Aromos, chañares, espinacoronas, arbustos y enredaderas, tunas con sus tentadoras frutas, pero erizadas de púas, cardos con sus varas floridas, insectos que zumbaban, diversos pájaros que anidaban allí, y un sendero bastante sinuoso que lo atravesaba; en una punta una lagunita, donde solíamos sentarnos por horas, con mi hermanito menor, Reinaldo, y a veces algún vecinito, a la sombra de los algarrobos que la bordeaban y hacíamos que pescábamos tirando los "bogueritos" entre los juncos , mientras observábamos las ranas o los sapitos, y los caracoles y los rojos racimos de huevos pegados a las pajas sobre la línea del agua.
Nunca la he visto seca a la pequeña laguna, ni en tiempos de sequías, y eso que no era más que un charco. Hoy me parece increíble, pero entonces hasta contemplaba hipnotizado las larvas de los mosquitos que tras la lluvia pululaban en la superficie, y minúsculas arañas que tejían redes entre las ramitas de la orilla.
Llegar al montecito, entrar en él bastaba para convertirnos en legendarios exploradores, arrojados cazadores, o valientes e intrépidos personajes como el mismísimo Tarzán de los monos... Como tenía inventiva fabriqué una pequeña ballesta, con su travesa, su tensor, su gatillo; y con unas afiladas varillitas metálicas como flechas.
Eufórico, tras comprobar su funcionamiento y su eficacia, me fui al monte, a la jungla, en busca de aventuras... Buscaba una pequeña pieza de caza, quizás algo peligroso, algo que valiera un tiro de mi portentosa ballesta... Tras moverme con cautela , despacio y sin ruido, al acecho, por más que estuve quieto largo rato, no he visto nada que se moviera; a no ser una rana verde que saltó entre las ramas de un árbol bajo y no dudé, casi diría que fue sin querer, disparé la flecha-varilla y la rana quedó atravesada, ensartada entre las ramas.-
Me quedé duro.
Si le tenía repugnancia a las ranas y a los sapos, al menos vivos los veía sólo un instante y a cierta distancia; pero ahora tendría que arrimarme y recuperar la flecha, pese a todo no estaba dispuesto a perder una de mis valiosas varillas de metal con un filo tan trabajado, no; para nada. Así que formé de tripas corazón y lo hice, me sobrepuse al asco, tomé al pobre batracio muerto y le saqué la flecha, y allí terminó la cacería, y con el estómago revuelto volví a casa. Nunca volví a tirar ni al blanco con el artefacto, y no supe decir en casa, porque no probé bocado en la mesa, ese día al menos.-

VI

El puente de la vía me queda al oeste. Solíamos venir por varios motivos. Indudablemente tenía su magia. Uno era la pesca. Y de tanto en tanto sacábamos alguna pequeña tararira, tanto para dejarnos con ganas. Si bien bajo el puente siempre había agua, y era bastante honda, no era más que un zanjón, que provenía de una cañada de las cercanías y que solo traía agua cuando llovía, que a su vez volvía a formarse cañada más adelante en el bajo, antes del puente del camino, y así sucesivamente.
Una vez, estando en primer o segundo grado, un compañero, más grande y muy corajudo ya de pequeño, porqué después estando él siempre era el líder de nuestro grupo; me convenció que lo acompañara a la casa de uno de nuestros compañeritos de la escuela que vivía en la zona rural. De ida fuimos por el camino, pero de regreso dispuso que regresáramos cruzando el bajo, a campo traviesa.-
El asunto es que había llovido hacía poco y la cañada tenía agua y si bien corría bastante no parecía honda. Además era como una maraña cruzada de pequeños zanjones y se podían pasar pisando los islotes que formaban. Todo a pequeña escala. Pero a poco era más ancha de lo esperado y más correntosa. Los pequeños canales se hacían difíciles de sortear, y un par de veces caímos y trepamos. Además yo era más chico y se me hacía difícil.
El no hablaba de volver.
Era aguerrido.
Pero sentí realmente miedo y tuvimos momentos difíciles, hasta que finalmente pasamos lo peor, terminamos volviendo a casa, mojados y temblando. No sé a él, porque era muy corajudo, pero a mí no se me borró nunca el miedo que pasamos aquel día.

VII

Ir por la vía hacia el puente era de por sí un paseo.
Tratábamos de caminar haciendo equilibrio por los rieles y pisar sólo de tanto en tanto el suelo para mantenerse, ya que los durmientes hacían desparejo el piso, además llevaba una zanja de desagüe cada dos durmientes a un lado y a otro alternativamente. Por lo que caminar requería atención y un paso coordinado.
Aunque para nosotros era un juego.
A la izquierda había un viejo aserradero, con una playa llena de grandes troncos, o piezas de madera, que llegaba hasta el borde de la vía. A la derecha había una excavación profunda, de donde sacaban tierra arcillosa para la ladrillería. Esta era la misma que correspondía a la casona de los grandes eucaliptos. Era frecuente que aquí viniéramos a bañarnos en los días de calor, especialmente a la siesta.
Todos sentíamos temor a que llegara la gente de la ladrillería, aunque estaba la cava al borde de la vía y además no hacíamos ningún daño. Nos bañábamos desnudos, y sabiendo lo vulnerables que quedábamos, dejábamos la ropa muy a mano, aunque salir del agua no era fácil ya que era barrancoso y la arcilla de por sí resbalosa.
En una de esas, en lo mejor del baño refrescante, sentimos el galopar de caballos y un griterío que asustaba. Verlos y tenerlos encima fue todo uno. Cada cual salió como pudo manoteando la ropa y cruzando el alambrado, y por las dudas correr a más no poder...
Nos vestíamos mientras corríamos. Tampoco era para tanto. Ellos no habrían estado más que divirtiéndose, pero nadie se quedó a averiguarlo. Había un chico nuevo en el grupo. Siempre estaba muy bien vestido.
Cuando todos nos juntamos en el paso a nivel él aún estaba desnudo con las ropas en la mano, temblaba de miedo, además había dejado el sombrero al borde del agua, y decía llorando que no podía volver a la casa sin el preciado sombrero. ¿Volver a buscarlo?... - ¡Ni locos!,- y el grupo se disolvió mientras él aún no lograba vestirse...
Quedé con él, y él allí firme, temblando; encima yo lo había invitado...
- ¡Bueno, vamos! – dije en un arrebato cargado de súbito coraje…
Y nos volvimos los dos solos. ¡Además los ladrilleros no iban a estar allí esperándonos! La verdad es que no podíamos estar seguros si se habían ido, porque el borde de la cava tenía una zona de arbustos, que nos impedía ver hasta que la trasponíamos, y ahí ya estaríamos adentro...
Pero sí, media docena de chicos y no tan chicos, estaban con sus caballos aún allí. Nos quedamos un momento duros, luego usé mi salvoconducto, que esperaba me sirviera: Yo era conocido de ellos, al menos de algunos. Así que me animé y les mostré el sombrero en el suelo, y le dije que era de mi amigo, y que veníamos a buscarlo.
No hicieron gran cosa, así que alcé el sombrero, los saludé con el sombrero mismo, y rápidamente me volví alcanzando a mi compañero, que ya se me había adelantado bastante, y estaba en medio de la vía; y aliviado, me vine riendo porqué yo creía, que no teníamos que haber disparado de ese modo.-
Al fin me había portado como un pequeño y valiente quijote.

VIII

Más adelante había sendas ladrillerías a ambos lados, y aún más adelante el puente. El puente era de hierro, y ladrillos, de cuando hicieron el ferrocarril. A veces veníamos a bañarnos, aunque yo siempre conseguí zafar porqué me daba miedo. Otras a pescar. O solamente a divertirnos. Pero el lugar era fascinante. El terraplén bajaba en un declive abrupto, con tortuosos caminitos que bajábamos a trompicones, entre tupidas matas y verdes plantas de ombúes nudosos.
A los costados había chacras sembradas.
Una siesta de domingo, muy calurosa, mientras el pueblo quieto y somnoliento, descansaba de los sudorosos días de la semana; nosotros, media docena de compañeros, llegábamos una vez más de excursión al puente. A lo lejos, un horizonte azulado y difuso, que el calor hacía reverberar, se veía como a través de un cristal ondulado y movedizo; mientras el silencio que nos envolvía contenía un mundo de pequeños zumbidos, chirridos y silbidos, propios del verano y de la hora, en que imperaban las chicharras y los pequeños insectos.
Nos sentíamos felices por estar allí; libres, aventureros, ansiosos…
Unos bajaron del terraplén antes del puente, y otros lo traspasamos, bajando al otro lado de la ancha y lagunosa poza, repartiéndonos así las orillas de pesca.
El más corajudo lideraba como siempre las acciones. Atento por encontrar en qué demostrar su liderazgo, además de tener una inclinación a vencer obstáculos o pequeños peligros.
Se le ocurrió venir a nuestra orilla, atravesando el estrecho pero profundo curso de agua que bajaba a la cañada; sosteniéndose sobre el alambrado, aunque faltaba algún poste, y los hilos sólo unidos por las varillas, se balanceaban peligrosamente a medida que avanzaba. Llegado a la mitad, el alambrado se volcó aún más, haciéndole casi tocar la espalda en el agua, lo que lo obligó a apoyarse pisando un trozo de tronco medio podrido, que flotaba junto a camalotes y deshechos, y la correntada empujaba, manteniéndolo contra lo que quedaba del inestable tendido…
El tronco, que era en parte hueco, se hundió en la punta que pisaba, y de la otra comenzaron a salir víboras en cantidad, tan asustadas como él, subiendo a los camalotes y palos, y otras nadaron zigzagueantes buscando la costa más cercana.
Gritamos o saltamos, y corrimos, no recuerdo bien. Sé que después nos organizamos y entre todos lo ayudamos a salir.
Era el precio que a veces le tocaba pagar.

IX

A veces cuando no tenía clases y en casa me permitían, llevaba a mi hermano menor a que me acompañara. Una mañana de sol pero con mucho viento, volvíamos a casa ya cerca del mediodía, embelesados con el ondular de las cañas y el silbido de las ramas, con los mechones de hojas flameando hacia el sur, por efectos del fuerte viento norte.
Un silbido me pareció más fuerte y me volví, justo a tiempo para ver casi encima nuestro, la tremenda mole de la locomotora del tren de pasajeros, que nos pitaba seguramente desde hacía rato, resoplando vapor y humo negro. Empujé a mi hermano violentamente a un costado, y yo alcancé a saltar al otro, y desde el suelo vimos pasar a un metro, semejante monstruo, con su diabólico movimiento de cigüeñales y de bielas, entre quejidos y bufidos de horrenda bestia metálica.- Sentados vimos como se alejaba el último vagón, en una humareda y pitidos anunciando como siempre, que estaba llegando una vez más.
No hablamos en todo el camino, y el susto no se nos iba por mucho tiempo. No podíamos creer de lo que nos habíamos salvado. De esto ni una palabra en casa, no sea que nos merme el permiso para volver otro día.

X

De todo esto me voy acordando mientras camino lentamente por la vía, o lo que queda de ella, mirando absorto el piso, los desagües borrados, los rieles semiocultos en el yuyo, los durmientes que sólo asoman alguna esquina de tanto en tanto, me paro antes de llegar al puente, me acuerdo de la excavación y me cuesta encontrar el lugar donde estaría; una irregularidad del terreno, con las barrancas borradas y cubierta de chañares, todo el terreno aledaño cubierto de ramas, en un verdadero abandono. Por aquí más o menos habrá sido, cuando el tren casi nos atropella.
Me siento un rato y sueño.
Cuando me incorporo veo semi-enterrada contra el borde de un durmiente, una bolita de vidrio de colores, un "bochón", como le decíamos entonces..., y no sé si en serio o en broma, me parece igual al que mi hermano siempre llevada, en el bolsillo de su pequeño "jardinero". - ¿Puede ser? ¡Claro que no! ¡A quién se le ocurre! - Encontrar una bolita así de aquel tiempo, así sin más...
Pero no sé, me quedo pensando en eso, y por las dudas, guardo muy bien el bochón colorido de vidrio, y me pregunto: - Pero; ¿Y ahora, habrá bolitas así?-
Un poco más y llego al puente.
Sigue estando, incluso tiene agua, pero no están los ombúes y un ramerío de espinas cubre los costados del terraplén.- Espinas y cardos y rameríos enmarañados, después de dos o más décadas de abandono.-
No es más que una ruina, nada que ver con aquello.

*de CELSO H. AGRETTI. celsoagr@trcnet.com.ar
Avellaneda S.Fe
19 /12 /02

-NOTA: Escrito en una tarde calurosa.-
Del libro "Los días felices", edición del autor; 2005.

*

Un gallo invisible hechiza
el alba inconclusa.
Los sueños aún
hilan la gracia
de la noche.
Es la hora
en que tú aliento
roza mi sueño
y lo multiplica
en una avenida
de espejos.

*de SANTIAGO BAO. santinebao@gesell.com.ar
-Selección de "Cantos del río del Este"
Editorial La luna que..., Bs.As., abril de 2009.-

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14/05/2009 GMT 1

edición mayo 2009

urbanopowell @ 00:41

*

Como un perro con la cola entre las patas. Con el maquillaje corrido por las lágrimas.
La bronca reprimida de impotencia, gruñía entre los dientes apretujados por su silencio.
No se animaba a compartir su dolor, tenía tanto miedo que no la quisieran tal como era.
Fumigaba con pesticidas sus afectos más puros. No era tan noble ni tan simpática como presumía. Su valentía era la coraza para ser aceptada.
En la inmensidad de la noche, sobrellevaba tediosamente su verdad.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Mi corazón arrulla viejas canciones*

Mi corazón arrulla viejas canciones.
Ronronea con ellas, se sumerge.
Descubre.

Veo pasar a una niña con sus juegos a cuestas.
Pasa un hombre cargado de años
con historias por contar.
Pasan jóvenes haciéndose arrumacos
celebrándose el uno al otro.
Pasa un albañil con su casco amarillo
y sus manos ásperas.
Pasa un estudiante enarbolando ideas
levando sueños.
Pasa una madre con su crío
también con sueños en las manos.
Pasa el cuidador de autos
una banda de tambores
un ciclista
alguien, que por allá, cumple años
pasa el oficinista, el legislador,
un funcionario
pasa una mujer levantando miradas
una bandada de siriríes
un perro vagabundo
pasa el vendedor de cosas en ofertas
pasa la luna y, en la autopistas, camiones
el mendigo,
la mujer que duerme en la avenida
una prostituta
los niños que aspiran para matar sus sueños
pasa un colectivo
paso yo entremedio de todos
y me traspasan.

Ronronean viejas canciones en mi corazón.
Se hacen nuevas.
Y celebro.

*De CACHO AGU. cachoagu@yahoo.com.ar

Problemas de sexo*

No tengo tiempo para relacionarme con la gente debido a que mi profesión de escritor me roba todas las horas del día y algunas veces incluso algunas de la noche.

Mi vida sexual no existe. Hace un par de meses que me siento deprimido y triste. Recorrí un largo "vía crucis" de médicos que me hicieron todo tipo de pruebas encontrándome en perfecto estado de salud, por lo que dedujeron que podía padecer tener enfermedad psicosomática. Visité un par de psicólogos y fue un fracaso. Iba a abandonar los intentos por mejorar mi condición, cuando gracias por la insistencia de un buen amigo consentí en visitar a un psiquiatra. Fue un verdadero acierto.

Desde la primera visita me sentí comprendido y en buenas manos. El médico me escuchaba con gran atención y a mí no me costaba mostrarme sin ambages. Esperé ansiosamente el diagnóstico durante un mes. Al final, me lo dijo: "Sufre usted el Síndrome del escritor compulsivo. Una enfermedad muy difícil de curar".

Quedó claro que el médico era todo un profesional y me lo demostró con el tratamiento que me recomendó. Era simple: sólo debía escribir tres cuentos onanistas a la semana con el fin de disfrutar de una excelente vida sexual.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

*

Me roza en la cintura del sueño
en el hombro del cansancio

uno que insinúa la necesidad de la esperanza

su ilusión me acobarda
en el cruce de las ganas
con la mala memoria

en la bifurcación del ansia
con la arruga

en el cuerpo que se averguenza
frente a los espejos

desde hace mucho

demasiado

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com
www.tallerliterariomarthavaliente.blogspot.com

Muerte Blanca*

De los tantos efectos
Que la contaminación de la ciudad provoca,
En particular hay uno
De lo más frecuente:

Algunas estrellas
Que bajan más de lo debido a asomarse,
Caen envueltas en la contaminación.

A causa de ésta les salen patitas
Y se aferran fuertemente
A las hojas de los árboles
Y son arrancadas cuando el viento arrecia.

Pasear por debajo de un árbol
Supone el riesgo
De la caída de una estrella en la cabeza,
Como si fueran azotadores
Que se agarran y se resbalan,
Y son aplastados con regular pasión.

Las estrellas:
Tan pequeñitas allá arriba
Y tan diminutas acá abajo,
Que igual nos da si brillan o si hacen cosquillas.

Ésta condenada contaminación,
Con su plomo y sus partículas suspendidas
Es la que ayuda prioritariamente
A la extinción de las estrellas:
Mientras más contaminación,
Más estrellas con patitas que caen;
Y a más estrellas con patitas,
Más estrellas aplastadas por un pie.

¿Qué irá a ser de ésta ciudad tan contaminada
Que no nos deja saber de dónde venimos
Ni a dónde avanzamos,
O si caminamos a un árbol
A recolectar animalitos en un frasco?

El tiempo no da respuestas
Ni da manzanas podridas
Para hacerlas composta.

Tampoco es cierto eso de que "El Tiempo lo Dirá"
Porque desde pequeño (algunos segundos de edad)
Trae la boca llena de metales pesados,
Y así: ¿Qué nos puede decir?

*de hugo ivan cruz rosas. quetzal.hi@gmail.com

LOS PERROS DEL MIEDO*

Sin anunciarse.
Nuevamente, han llegado los perros del miedo.
En sangrientas jaurías

Ya no temo.
Son parte de mis antiguas criptas.
Escamas sobre escamas.
Los conozco, los acepto.
Como los excrementos y las moscas.
Como las pesadillas y los piojos.
Como los mocos y el hedor.

Huésped de burdeles celestiales
Hambre y uvas de amatista
Velo blanco, país inmaculado de la misoginia.
Onan, Don Juan, Edipo, Maquiavelo.
El niño lleva ambos ojos vendados.
Danza de psicotrópicos. Sodoma. Príapo

¿Como he de temer, entonces?
¿Cómo temer?
¿Las sangrientas jaurías de los miedos?

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

*

Lluvia emplumada

salgo a recorrer mis penas
con patitas de gorrión que juega a la escondida

alguien grita piedra libre

por los perfiles largos del ayer
ella salta a la rayuela

el cielo es un cuadrado de tiza que no alcanza

medias de lana en el tobillo flaco

mi pasado tenía un aliento sibilante
y dos pulmones tristes

llueven pájaros muertos

habrá que dejar de jugar
o pedir cartas

un mazo nuevecito

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com
www.tallerliterariomarthavaliente.blogspot.com

*

Abro la ventana al rocío del pensamiento
y la mañana alumbra en tu risa tanto pájaro
el sol en la zamba con poema fresco
Mientras
el calor ausenta pañuelos
en la misma tierra sin horizontes
tanto campanario
tanto en tanta vida de trino
dentro de tu boca quedo

*de ricardo mastrizzo.

SANGRE DE LLUVIA*

Amo la lluvia. Enamorada de la lluvia. Soy.
En tiempos de vendimia, sabor a rocío tempranillo.
Me viene desde lejos este amor...
La he visto crecer desde las terrenales nubes.
Desde la pasión cosecha de mis padres. Tan breve. Tan violenta.
De mis manos descalzas.
De los gastados espejos de los charcos.
Desde la lágrima a detenida en mi frente.
Desde el vaso y la siesta.
A veces asemeja un hastío, un rostro repetido.
Sangre de una culebra que la anuncia.
Relámpagos iluminando los tristes palos santos.
Estruendos parados en los postes.
Alguna vez no llega.
Se aleja en pasos furtivos con los álamos.
Otras, cae en los techos de chapa, se posa en el vidrio sin ventana,
Baja las pendientes de barro.
Besa los pies al niño que no ve la luna.
Camina hasta llegar a los villorrios fundados a la vera del río.
En los rieles. El tren se va con ella. El hambre queda.
Capa pluvial que se evapora.
Amores y risas en enero.
Crueles vestiduras del invierno.
Desborde.
Quiere parar su caminar de agua y no puede.

Roca y valle. Paraíso e infierno.
Enamorada. Enamorada de la lluvia.

Lluvia. Yo, sangre de lluvia
No encuentra, aún, el legendario grial que la contenga.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

LOS JAZMINES DE IDEA VILARIÑO*

*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

Ha muerto Idea Vilariño. Antes de que apareciera en los medios, recibí un correo del amigo Carlos Quetglas, quien tenía contacto con ella y la visitaba.
El 18 de agosto iba a cumplir ochenta y nueve años.
Aunque no soy proclive al donativo exagerado con que se prodigan hoy las valoraciones y las exégesis, no creo equivocarme si digo que se ha apagado una de las voces más originales y auténticamente libres, con un dejo de rebeldía y un mucho de la ética de otros tiempos y agrego: que su voz será irrepetible.
Metafísica para algunos críticos, escéptica para otros, lo cierto es que su poesía pasó como una brasa ardiendo sobre el derrengado panorama de la poesía de América Latina, muertos ya sus principales referentes. Fue sin lugar a dudas una poesía escrita sin concesiones, porque así era ella.
La conducta de toda su vida fue así.
Escribiere ya sus lúcidos ensayos (sobre Juan Parra del Riego, sobre Julio Herrera y Reissig, o esa certera vivisección: ”Conocimiento de Darío”) o esos pocos poemas que fue desgranando con poca usura, retaceados en sus mismos lectores que la seguían con auténtico fervor, porque esas letras se leían como si fueran la palabra revelada: “como si no fuese literatura” afirma la crítica uruguaya Ana Inés Larre Borges.
En Idea Vilariño se cumplen varios destinos, que es uno; su inclaudicable postura por la libertad adonde fueron incluidos los excluidos de siempre, si se me permite el juego de palabras; la lucha antiimperialista –Corea, Vietnam, Argelia- la lucha sorda y cotidiana de pelear por un lugar para su condición de mujer en un mundo de hombres, donde sus compañeros de ruta, sus amigos de la “generación del cuarenta y cinco” o de la “generación crítica” para otros, le dieron un lugar (merecidísimo después de todo). Ellos –Mario Benedetti, Ángel Rama, Mario Arregui, Manuel Claps, Emir Rodríguez Monegal, Carlos Maggi, José Pedro Díaz, Carlos Real de Azúa. También se los llamó “la generación de los parricidas”, o de “Marcha” porque todos publicaron en esa magnífica revista que dirigió Carlos Quijano. Hasta que la dictadura uruguaya la clausuró en el año 1974, tras el escándalo del premio otorgado al escritor Nelson Marra y que devino en la cárcel para él, el director de la publicación, el jefe de redacción y el jurado: Mercedes Rein y Juan Carlos Onetti. Se salvó de las rejas Jorge Rufinelli porque se había ausentado del país. Iban acompañando los espacios de poder: al periodismo, la cátedra universitaria y de los Institutos, y desde allí enjuiciaron a la generación anterior por razones literarias y aún políticas, encontrando su falta de compromiso, acreditando también por su condición masculina.
Ella fue docente, gremialista en su sindicato, traductora, crítica, una estudiosa de la conformación del verso, estudio la tonalidad, la retórica y la métrica.
También se interesó por la copla española anónima y tiene un enjundioso estudio sobre las letras del tango.
Fue, a no dudarlo, una auténtica intelectual de la modernidad que llegó a la vanguardia pero que siempre se reconoció con su deuda con la apuesta del gran Rubén Darío y su estudio impecable, profundo y lúcido sobre el nicaragüense pide a gritos su reedición.
Idea Vilariño, de 27 años, entonces, escribe un furibundo artículo contra la poesía que se escribe en ese momento en el Río de la Plata, y que según ella “una pobre poesía provinciana, sin originalidad, sin fuerza, (que) vegeta sin que aparezca para vivificarla ningún poeta verdadero, ningún intenso, ningún nuevo, ningún desesperado, ningún revolucionario. Nadie tiene mensaje. Los mayores no nos sirven de nada, los jóvenes se limitan a registrar sus personales vivencias mezquinas, insulsas, manidas, literarias. Es exactamente la poesía correspondiente a este período tibiamente burgués burocrático y de cultura media”. Veintisiete años, la edad en que murió Delmira Agustini. Y ella, Idea, está llena de pasión, como que la acompañó toda su vida.
La decisión de militar en política la lleva en el año 1971 a adherir al Frente Amplio, que terminará con el bipartidismo en la política uruguaya.
Es la época de sus canciones de su famoso “Cielito Oriental” que cantarán Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa. En la mejor línea de su compatriota Bartolomé Hidalgo que inventó el “cielito” en 1811. El cielito y la literatura gauchesca.
Irá luego concentrando su poesía en tres títulos: “Nocturnos”, “Poemas de Amor” y “Pobre mundo”.
Pero aún irán saliendo sus poemas que se agregan a estas tres líneas.
En 1981, agregará los poemas del libro “No”.
La negatividad, el escepticismo y el hastío se verán un poco reivindicados en “Pobre mundo” porque al ser, esos poemas, temáticamente “políticos” no puede no abrigar esperanzas frente a un enemigo tan inmenso como es el “imperialismo yanqui”.
Aquí aparecerá el tema cubano, el Che. Viajará a Cuba a dar la conferencia sobre métrica y ritmo, sobre Darío. Allí le editaran una antología “Nocturnos del pobre amor” donde se reúnen poemas de estos cuatros libros nombrados.
Viajó a España, a Méjico, a Perú, a E.E.U.U. y a Alemania, también a París. En todos esos lugares fue publicando selecciones de sus libros, traducidos en el caso que la lengua del país lo requiera.
Su labor de traductora que-junto a su tarea de profesora en los Colegios, Liceos e Institutos de Montevideo- la acompañó toda su vida y le permitió engrosar sus ingresos para sumar a la jubilación docente.
Tradujo a Shakespeare para Losada de Buenos Aires, y a William Hudson para una editorial montevideana.
Su lucha fue la lucha de una mujer íntegra, inteligente y honesta.
Todavía no somos conscientes de la pérdida que tuvo América entre sus artistas, todavía no tomamos conciencia de esta pérdida que nos torna miserables, nos deja a la intemperie porque su grandeza es imposible de reemplazar.
Ella había escrito con esa certeza imborrable: ”Un poema es un franco hecho sonoro-sonidos, timbres, estructuras, ritmos-. O no es” .
Deberían leerlo y entenderlo y aplicarlo todos los desvergonzados e ignorantes que pueblan el espectro de la poesía que se escribe hoy en estas tierras. Salvo alguna solitaria excepción.
Deberían tal vez leer este poema: “que puedo decir/ ya/que no haya sido dicho.
Qué puede decir nadie/que no haya/sido dicho/cantado escrito/antes/ a callar/a callarse”
En algún momento quise tentarla para que participara en el Festival Internacional de Poesía que se realiza en nuestra ciudad desde hace quince años.
“Guardo en alguna parte –me dice- una generosa nota suya aparecida hace tiempo en alguna revista ¿cómo es que no tengo un libro suyo?
Lo siento pero no creo que vaya a Rosario ni a ninguna parte.(…)
Pero siempre quise ir a Rosario. Todo lo que sé que de allí me gusta. Tengo la idea de que nos parecemos; y además se consigue allí un jazmín que es mi perfume y que ya no se consigue en ninguna parte del Mundo”.
Con su muerte la poesía del Continente pierde a una de sus figuras más importantes, parafraseando a Borges puedo decir que desde el martes 28 de abril de 2009 “somos más pobres”
Yo agregaría sin vacilar: infinitamente más pobres.

*

Tantos vestidos amarillos
Y tantos vientres de luna.
Tanto ángel con su polen
y yo
como el Hidalgo triste de tu libro...

Vibro sereno entre tanto nacimiento
Y emigro de nuevo a la vida

*de ricardo mastrizzo.

EN SILENCIO*

Siento hambre de silencio,
sin brisas,
sin roces de hojas,
sin chillar de grillos
ni croar de ranas.
Que por un momento
todo se detenga,
se diluya en nada.
En esa caverna
hablará mi sangre
y muy lentamente
contará hazañas.
¡Fueron tantos viajes
en el tren del tiempo
y tantos recuerdos
nutriendo memorias!

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

PEDACITOS DE CIELO*

¿Viste el cielo?
¿Viste cómo el celeste y el azul y el rosa, cómo el blanco, cómo las nubes? ¿Viste las nubes?
¿Viste el mar que corre invertido, esa liquidez de los mediodías, esa lejanía y esas nubecitas que de pronto te bajan el techo antes tan imposible? ¿Viste la luz de fuego, el sol naranja, las capas atravesadas por rayos incandescentes? ¿De veras que vos también viste el cielo? ¿Los borreguitos amontonados, los jirones desgarrados de tules evanescentes, los colores? ¿Viste los colores?
Y las nenas en la terraza. De las nenas en la terraza me contó Rodolfo, esas no las vimos.
Dos nenas en la terraza, magia con palitos, varitas de hadas ingenuas. Haditas pequeñas, hadas.
Dos nenas y una terraza y el cielo perfecto.
Arriba las nubes de algodón, de lirios blancos, nubes de difuso sueño de anémona, nubes de nubes. Nubes sobre fondo de atardecer y en contraste las figuritas bailarinas de las nenas en la terraza.
Las dos niñas. Manos en el aire, manos que trazan círculos que perduran apenas un momento como giro, como rueda invisible, como hechizo en el aire. Palitos, varitas en las manos tiernas.
A las nenas les gustaría comer el mágico algodón de azúcar que venden en ferias y circos. Ellas quieren el algodón de azúcar, y les han dicho que están hechos con pedacitos de cielo. Y entonces ahí están, en la terraza, probando a enredar el cielo en las varitas.
Las nenas giran sus palitos batiendo el aire, giran sus palitos, giran ellas con esperanza, con fe, con los bracitos redondos giran sus varitas para atrapar trocitos de cielo.
Vos sabés, claro. Sabemos que es así, que no hay otra manera. Las nenas atrapan en la terraza recuerdos para el después, cuando lleguen los inviernos del desamparo, los otoños de la melancolía. Las nenas atrapan recuerdos de belleza, danza de aves, sensaciones limpias para esa vida que se les viene. Atrapan felicidades para cuando el algodón de azúcar ya no sea un manjar. Para cuando ya no crean en magias ni en imposibles realizados. Para cuando sepan los cómos y los cuándos pero nunca los por qués.
Y las nenas atraparon, para siempre, al cielo roa, al cielo blanco, azul, celeste. Y se lo metieron dentro como si se lo comieran.
¿Viste el cielo?

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

SINFONÍA DEL DESGARRO*

“Ah, juntar la hoguera de hielo
con el espíritu que la pensó”
ANTONIN ARTAUD

“Dúo dinámico” “Tu, vacilándome”

Esta es la sinfonía del desgarro en do mayor
Hay un pájaro ciego -tan amado-
Posado
En la rama más alta del olvido.
Es la lucha entre la profecía y la parábola
Es la boca vacía y hambrienta.
Sueño recién nacido de algodón.

El temor trizado de la noche
Resiste, desesperadamente.

Un paisaje de aullidos lo acompaña.
Un muro quieto atérmico y dormido,
Un yunque, un martillo.
Y una manta hierba.
Color resurrección.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

La subasta*

En la sala se habían reunido, además de los anticuarios habituales, toda una fauna variopinta de señoras de la alta sociedad, médicos, periodistas, marchantes, psicólogos y curiosos varios que llenaban completamente aquel local de altos techos y pesados cortinajes que, sin duda, estaban colgados a posta para darle más seriedad y empaque.

La subasta de un cerebro había sido la noticia que había corrido por toda la ciudad y nada más anunciarse la fecha del acto, la reserva de sillas se agotó en una sola tarde.

Después de la subasta de diferentes cuadros, un par de alacenas con dos siglos de antigüedad y una cubertería completa de 76 piezas, el subastador, con su traje negro y mirada profesional, anunció en tono monocorde y desprovisto de asombro el siguiente objeto:

- El próximo objeto es un cerebro en buen estado, que está un poco influenciado por la televisión y ha sido lector esporádico de periódicos. No está maleado y aún se emociona ante los estímulos amorosos y culinarios. Siente piedad por los animales maltratados y no es agresivo ni aficionado compulsivo a los deportes. A pesar de que tiene algunas neuronas deterioradas, su comprensión no ha mermado demasiado y sus defectos en el habla son ocasionales. Tiene un principio de autismo que lo hace calmado y tranquilo. Prácticamente comprende todo lo que se le dice y es obediente y afable. ¡Señores, hagan sus ofertas!

La condesa, sentada en la primera fila, efectuó una puja que asombró al resto de los asistentes. Mientras el subastador confirmaba la venta y aun resonaba el "a la una, a las dos y a las tres, ¡adjudicado a la señora de la primera fila!" la condesa no se arrepentía del alto precio pagado. Había comprado el cerebro para su hijo. Tenía muy claro que sería un poco más tonto y posiblemente menos educado, pero al menos no volvería a matar.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

CLÍMAX*

“Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente
esta pureza en que ando por impuro”
JUAN GELMAN

Carne inmortal. Fuente de mar.
Clímax en ánfora cautiva.
Esplendor en las cumbres.
Deseo impuro.
Herencia del oriente.
Fogonazo azul amatista, gigantesco.

Cruza la paz de los sepulcros.
Desempolva las cruces.
Enciende lápidas
Vuela.
Mece sabor palmeras sed.

Exorcismo. Sándalo y caoba.
Hálito del monte. Olfato de hombre.
La inocencia cabalga en la frente de mujer desnuda.
El arco del cielo es un estambre.
La gruta se incendia y arde de pasión.

El duraznero ha de florecer de nuevo ese verano.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Pensamientos*

Uno de los entretenimientos del hombre
ha sido borrar civilizaciones

***

Cada uno es como le hizo Dios,
pero en el curso de su vida pone de su parte
lo suficiente como para ser mucho peor.

***

No me gustan nada las reglas,
me divorcié a los 28 dias de la boda.

***

Si hay que hacer un minuto de silencio
¿porque nadie se mueve?

***

Amar y que te amen, es lo primero
lo segundo y lo tercero.

***

Seré feliz si me muero
sin haberlo deseado.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

ROSAS, HASTA MORIR*

No, no venía sola.

La acompañaban crepúsculos.

Palomas desoladas.

Portones, esquinas y arboledas.

Nos juntamos una tarde presurosa de verano.

Por fuera sonreía.

Por dentro, uva morada triste

Ella iba Yo, venía.

Tomó una copa y la llenó con preguntas secretas.

Mis preguntas secretas.

Rosa salmón oscura .Rosada pena negra.

Enumeró las hojas de su vida.

Eran, también las mías.

Algunas invertidas.

Risa sal cenicienta mojó su servilleta.

Llanto de calabaza secó la mía.

Los mismos sayos: la congoja y la risa.

La mentira, la honra, la comedia feliz.

Despedida. El adiós. Hasta siempre.

No brazos. No abrazos. No padre.

Padre nuestro que estás en los cielos.

Le dije que los perros ladran a la luna.

Que el café huele a tibieza.

Que mirara en la mesa, esperando.

Una paloma con un anillo de oro.

Un canasto de paja.

Y un olor de rosas que se funde en los huesos.

Que se funde en la savia. En la sabia palabra.

Le dije, puedo morir ahora, hasta morir.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

VIRGINIDAD*

Carmencita, la vecina de al lado, tomó la comunión hoy. Ha venido a visitarnos con su vestido blanco que parece un traje de novia.

- ¿Por qué se vistió así la nena, mamá?

La vecinita de al lado lleva en las manos un libro de tapas de nácar, con incrustaciones de piedras. Me regala unas estampitas con imágenes bellas, de seres con círculos resplandecientes alrededor de sus cabezas, dibujadas sobre cartulina de bordes filigranados en oro. Las estampas caen de las manos de Carmencita como joyas, como pequeños milagros. Extasiada frente a ellas, no puedo dejar de contemplarlas, boquiabierta.

Carmen ostenta hoy un brillo diferente en los ojos y tiene las mejillas inflamadas por los pellizcones cariñosos de todas las vecinas.

¡Qué falda tan amplia, tan acampanada! Parece una princesita de cuento cuando camina, rozando la vereda con el ruedo de su vestido. Al cruzar la calle, puedo espiar sus zapatitos también blancos y la media de puntilla. ¡Cuánto encaje, cuánta seda que susurra y alza los vellos de mis brazos cuando intento rozar aquella suntuosidad!

La vecinita de al lado exhibe su vestido de raso cerrado hasta la garganta con botones de perlitas y debajo del cuello, una medalla de oro grabada con su nombre y la fecha del día.

El año pasado, y el anterior, otras nenas vinieron de visita, acaso más bellas, más esplendorosas que Carmencita. El cajón de mi mesa de luz se ha ido llenando de imágenes de hombres con caras sonrosadas y maravillosas y largos cabellos circundados de luz.

- Son santos, m'hijita.

Quiénes son estos santos que acompañan a mis vecinitas? Y por qué los extraen de sus libros de nácar y me los dejan sobre las palmas de las manos con un temblor sobrenatural?

Carmencita, hoy, es como un pájaro iluminado.

- Mamá, yo también quiero casarme con un santo.

*de Martha Valiente puertopegaso@gmail.com

HUMO PERFUMADO*

Bebo sola leche de amarga noche.
Recluida a oquedades.
Oigo desgarrarse la noche en madera
Añoro las vigilias en veleros.
Inmensos mares, cascabeles al alba.
Alas de un pez de greda.
Noche desnuda.
Aguacero burbuja anillo de agua.
El espejo austral no tiene rostro.
El pliegue de la frente es un zanjón abandonado.
Lejos el pueblo, la lámpara y el ladrido del huerto.
Nadie lame mi mano.
Desde las terrazas de la luna interrogo a los astros.
Nadie parece oír.
Hay un sobresalto en el umbral de las mareas.
Un hombre de da vuelta. Tiene rostro de lobo.
En su mirada hay un pájaro tallado.
Me ovillo en su hombro izquierdo.
Y allí descanso.
Bebo leche de cabra.
Lavo mis vestidos. Quedo vestida de agua.
Oigo desgarrarse la noche.
Cubre mi cuerpo en humo perfumado.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Furia de lo vivo*

La carne de las flores cae en racimos

Resbala en el aire

Agujeritos de luz en la mancha verde
Por donde los espías del cielo
Nos dan señales..

La belleza está en lo inesperado.

Una hoja se suelta casi con dolor

Emisario que trae la noticia.

“Los ángeles no existen
son ustedes”

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

UÑAS DE LUTO*

“Con un solo pájaro enjaulado
La libertad está de luto”
PREVERT

Mi pájaro olvidado no despierta.
Uñas de luto cavando soledades.
Nadie ha encontrado tu botella de náufrago

¿Dónde buscar tu origen corazón?
Responden, alas rotas silencio..
Después del vuelo trunco, vacío en las entrañas.

¿Qué hacer con tu futuro sin pasado?
¿Qué hacer con la mazorca híbrida inconclusa?
Fábulas vivientes.

Después del fuego, una nidal con perfume de agua.
Barco gimiente, vuelo de la rosa. Esperanza y espera.
Después de la duda la certeza. Ecuación incompleta de vida
Luna nona, un eclipse. El alba grita
Aleluya
Calendarios trasnochados de amor.
Escribir el hijo, plantar el libro, parir el árbol.
Después del caos, heridas en la piedra… y sangre, mucha sangre
En la boca de la bestia, en la plumas del ave.

¿Dónde irás corazón mío?
¿Quien ha lacerado tu costado musical?
¿Dónde llevarte las amarillas retamas de la abuela?
¿Estarás en el maíz, rosa té, trébol blanco?
¿Te crecerán las uñas, rasguñaras la tierra?
¿Tus cabellos, serán largos filamento de algas?
¿Dónde estás? ¿Dónde? ¿Dónde?

¿Dónde yace el hijo, el libro y el árbol?
Franco, Hitler, Bonaparte
Pinochet, Videla, Galtieri
No importa el nombre.
“No hay muertos solo desaparecidos.”
“Ecce huomo”

Después del delito el castigo
Ego te condeno.
Después de la condena la amnistía
Ego te absolvo.

Escribir el hijo, plantar el libro, parir el árbol
Los gusanos devoran los deudores, no la deuda.
Después del grito de la bala un silencio sonoro.
Después del olvido, sangra
Gota a gota
La memoria en la piedra.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Corazón de oro*

Todos le aconsejaban que se casara con él. Para ellos el tenía un corazón de oro, ella lo sentía un poco frío. Le encantaba el pelo que le caía sobre la frente y sobre todo el del pecho, una curiosa selva. Se casaron. Un día, para sorprenderlo, entró en el estudio sin golpear. En el escritorio estaba el limpia metales, en la mano de él la pequeña gamuza, apenas visible detrás del vello del pecho, el cierre que abierto mostraba el sello dieciocho quilates, bien a la izquierda. Comprendió que lo que no le gustaba de él, era esa siniestra falta de metáfora.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

DERECHOS HUMANOS*

La adrenalina volvía a correr por sus venas, hacía demasiado tiempo que no experimentaba ese goce, el que alguien en algún momento llegó a comparar con el que debe surgir en las entrañas de un verdugo antes de ejecutar a un reo.
Ordenó todo dentro de un bolso sin olvidar la manta ceremonial que protegería su automóvil. Y allá partió, con una sonrisa anticipada en su rostro que por lo general se mostraba inexpresivo.
Al entrar al edificio buscó un lugar cercano al aula donde su amigo Adrián seguramente estaba rindiendo su última materia del doctorado, se sentó en un banco y ocultó disimuladamente su mochila debajo. No tardó en llegar Ricky, también excitado pero algo más nervioso.
- ¿Y Adrián? – preguntó.
- Debe estar adentro, no lo vi, - fue la respuesta rápida de Ismael.
- ¿Trajiste todo?
- Por supuesto, sabes que en eso soy un duque, - y una expresión maligna invadió su rostro.
Los minutos de espera se hicieron largos, Ricky iba y venía inquieto, Ismael sólo miraba su reloj de tanto en tanto hasta que Adrián apareció en la puerta del aula levantando los brazos en gesto triunfal.
Los amigos se le fueron encima a los gritos, todo el que pasaba se unió al festejo, lo tiraron al suelo, lo palmearon, lo sacudieron, Ricky con una tijera le cortó la ropa e Ismael comenzó a embadurnarlo con todo lo que contenía su bolso: huevos, harina, miel y el golpe de gracia, materia fecal de su propia cosecha.
Así lo llevaron en andas hasta la calle, Ismael abrió la puerta del baúl de su coche, cubrió su interior con la manta y allí lo sentaron en exposición. Luego lo pasearon por toda la ciudad alertando a los paseantes con bocinazos para que gozaran de la gran hazaña.
Adrián ya no sonreía, sentía los hechos como un castigo elaborado por monstruos envidiosos que no le podían perdonar haber logrado su éxito.
Así rodaron por calles y calles hasta que de pronto el vehículo se detuvo junto a una de las fuentes de la ciudad.
- Ahora a bañarse, - gritó Ismael y entre él y Ricky lo sacaron del trono y lo arrojaron al agua.
Cuando el cuerpo de Adrián chocó contra el líquido un grito que los amigos no olvidarían fácilmente, estalló en el aire. A partir de ese momento todo fue un caos, la ambulancia, la policía, los peritos, la gente, el dolor.
- El agua estaba electrizada, - fue el diagnóstico de los técnicos, - una falla en la conexión de las luces.
A pesar de eso la policía detuvo a los dos amigos.
Pasaron meses entre audiencias, fiscales, abogados y familiares que acusaban y llorando pedían justicia.
El día del veredicto amaneció radiante, Ismael y Ricky salieron por la puerta central del Palacio de Tribunales con la frase del juez incrustada en sus cerebros: “MUERTE POR ACCIDENTE”.
- ¿Viste? No tuvimos culpa, - comentó Ismael mientras se alejaban del lugar; no hubo auto reproche en su acento, más bien ligereza de análisis.
Ricky caminó a su lado en silencio como si sintiera que lo dicho por el magistrado no lo liberaba de responsabilidad porque su amigo esta muerto.
Caminaron varias cuadras sin hablar, de pronto Ismael se detuvo.
- Ricky, en el centro hay un acto por los derechos humanos. ¿Vamos? Hay que estar presente, los que tienen el poder no pueden disponer como lo han hecho de la vida de los que piensan distinto. Nadie tiene derecho a matar.
Ricky se detuvo y quedó mirando a su amigo que se alejó sin darse cuenta que él ya no lo seguía.

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

*

Llovizna
sobre el espejo del río,
desde la cocina
el pan insiste en nacer
para la desnudez
del vino
y nuestra celebración
simple que teje
la singular trama
de los días.

*de Santiago Bao. santinebao@gesell.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 17 de mayo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del cantautor y arpista ecuatoriano Ramiro Uribe. Las poesías que leeremos pertenecen a Cristina Papaleo Soletzki (Argentina) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

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29/03/2009 GMT 1

MIENTRAS SOBRE EL PUEBLO DESCIENDE LA PERFUMADA NOCHE...

urbanopowell @ 01:32

MI ABUELA LA CALANDRIA (*)

Las manos de mi abuela campesina
Inquietos jaríllales al viento.
Denunciantes De historias postergadas.
De mujer y labriegos
De calendarios de hambre.
De renuncias. De involuntario exilio.
De extensos quebrachales de miedo.
De rezos, de leyendas, de íconos en sepia.
Mi abuela heredera de mieses y de soles.
Mi abuela flor. Brote, rama, raíz.
Fruto

En terrenal alquimia mezcla argamasa y lluvia
En el horno de barro se hace pan el milagro
Y perfuma, perfuma
Los cielos de la infancia.
Se confunden sus manos con la tierra.
Entierra simientes y dolores.
Casi secretamente
Desgrana semillas de esperanza.
El vellón de oveja desafiante la espera.
En sus manos, las nubes.
Se transforman
En calor. En abrigo,
En padre, en madre.
El oro es pajonal y en sutil filigrana,
puntadas y sueños se entrelazan
Surge entonces el nido: un canasto de paja.
Mi abuela es la calandria, la que siempre se queda,
Y canta cuando goza y canta cuando llora.
… El viento se detiene… para verla bailar
Sus manos se transforman en palomas y sus pies,
En ingrávidos gorriones.
Mi abuela, la calandria, la que siempre se queda

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
(*) La calandria es uno de los pocos pájaros que no migran y viven por años en el mismo nido.

MIENTRAS SOBRE EL PUEBLO DESCIENDE LA PERFUMADA NOCHE...

TIERRA ASENTADA*

Me cuenta Miguel lo que otros contaron, que es una forma de homenaje a los narradores, a lo narrado, a la memoria que se derrite como el hielo en verano, que se esfuma, que tiende a desaparecer.
Y me cuenta Miguel que le contó Antonio que su padre, brazos en jarra frente al mar, le dijo "qué lecos está mi casa", italiano frente al mar, italiano frente al océano, frente a la inmensidad del espacio pero más del tiempo. "Qué lecos está mi casa", y le aclara "mi casa de la infancia". Todo un mar, señor Cali, todo un mar entre su Italia y la América.
Y cuenta Miguel que su amiga Inés le dijo una historia, me imagino historia contada a media voz, historia de sobremesa, cuando la luz he decaído, la emoción florece y los vellos sutiles propenden a erizarse frente a lo intangible, a lo tan real que se puede tocar con esos, los dedos verdaderos del comprender por completo.
Inés le contó a Miguel que su mamá llamó a un taxi, le dio la dirección de su casa para volver a ella, y el taxista comprobó que la casa a la que la señora quería dirigirse era esa de la cual había salido recién para tomar el taxi. Sería, me imagino, la casa de la infancia. Pero ella no quería volver a esta casa presente, a esta casa donde ella es vieja y su hija ya no juega ni llora con las rodillas raspadas. Ella no quiere esta casa repintada, transformada, con gentes distintas a fuerza de calendarios y sucesos y vida
que transcurre. Ella quiere volver a su casa de la infancia.
El océano del tiempo la separa de esa casa de fantasmas. Cómo podría ser esta casa la casa de la infancia, si aquí papá no está, si en esta cocina las manos de mamá no amasan los tallarines en la mesa empolvada de harinas pasadas, ya irremediablemente posadas en la madera que ya no está.
Y mi madre vuelta a su Euskadi que me dice que aquí por donde pasa la autovía era la fábrica, y aquí donde ya nada hay, en este sitio que ya no es pero fue, ella jugaba. Y el señor Coiro con sus ojos de cielo, plantando en este clima dos sufridas parras y un nogal retorcido para traerse un pedacito
de su paisaje de montañas.
Me doy cuenta de que esta es una tierra de gentes sin hogar. Mudados de ciudad o de país, mudados de casa, pocos pueden atrapar el polvo dorado que los rayos de luz orlaban para sus abuelos. Me doy cuenta de que esta tierra es una tierra de gente trashumante, que tiene la extraña costumbre de
envejecer, de perder amigos familia y conocidos, de viajar el tiempo que aleja aleja aleja irremisiblemente de las casas de la infancia.
El papá de Antonio, brazos en jarra delante del mar, del infinito mar, descubrió que la casa de la infancia estaba lejos. Que la infancia estaba lejos. Que era un marino del océano del tiempo y del espacio.
El polvo de los altillos se asienta en los suelos de madera. El libro troquelado se va cerrando, la casita se pliega, queda el mar. Se escucha en el silencio un reloj.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

Sueño de un día de mayo*

La balada de Haroldo.

A Haroldo Conti

Haroldo sueña que es un árbol que sueña que es un hombre que quiere soñar que no sucede esto. Entonces pájaro, un ave en su verde jaula de fronda. Jaula no, no ésta donde ya es anciano del dolor. Quiere la dulce luz del verano que recubra como un velo los huesos rotos. "Si no volviese yo, la primavera siempre volverá", busca florecer. En la memoria ya ha florecido en hojas de libros, de álamos, en caminos de ríos y palabras, camino hijo, su pajarito árbol. Haroldo se piensa hacia atrás, antes de lo que nunca debería haber pasado, cuando era un fresco cuerpo con vida que respiraba la tierra enviándole señales. Busca un bosque húmedo, los otros árboles – cuerpos soñando un mundo verde. El olor de los hombres, de la tierra ,el olor de lo unido, para espantar este olor, este asco de verde uniforme-golpe, este olor de futuro muerto. !Y todo por soñar!.

Mientras el sueño gira, Ernesto, su hijo, sueña un padre vivo, no esa foto en el pecho de la madre, para crecer amparado por su sombra, un padre árbol para columpiarse con él en los ríos del aire, para encenderse por dentro y descansar los ojos de lo que vio ese día. Nosotros lo soñamos más viejo, desafiante del tiempo detenido, soñamos que leemos su nuevo libro en un país que todavía existe.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Bondad y coraje*

*Por Osvaldo Bayer

Todo comenzó cuando fui a ver Mundo Alas. El film. León Gieco, el artista de la generosidad, nos ofrece la lección de cómo actuar en la sociedad injusta.
El único camino, la solidaridad. Meterse en lo injusto indescifrable para tratar de descifrarlo, o por lo menos para llevar un poco de alegría donde todo aparece como definitivo. Un artista consumado que podría pasar su vida en los jardines de Babilonia y sin embargo se mete en la vida, esa que vemos en nuestras calles, en nuestros andurriales, en las salas de espera de los hospitales públicos, en los trenes con gente en los estribos. Y es así como prepara un conjunto artístico-musical con jóvenes llamados en el idioma oficial "discapacitados" pero que son capaces de vencer todos los obstáculos y brindarnos música, danza, imágenes dibujadas. Y León conversa con ellos como si fuera un amigo de barrio, un hermano mayor pero colega de aventuras; les inyecta humor y risas. Y todos ríen y vencen sus problemas y allí están, en el primer plano del escenario ante el aplauso entusiasmado y el cariño desbordante del público que los aplaude a ellos y derrama lágrimas por el gesto del artista de mano abierta, de alma tan inmensa como nuestras pampas.
Gracias, León, sí, a vos también aquellos libertarios que lucharon tanto por el mundo de los abrazos te darían el título de "Hijo del Pueblo", el título máximo a que puede aspirar el ser que no se aloja en la torre de marfil sino que baja todos los días a juntarse con la realidad de las orillas, de donde proviene la vida que nunca podrá ser vencida. Gracias León, ya te has ganado para siempre el Premio Nobel a la Bondad.
Y la semana continuó de triunfo en triunfo. El triunfo de la Verdad. Asistí al colegio técnico de Florencio Varela, y fue tocar otra vez el cielo con las manos. La alegría de presenciar la fantasía de la realidad. Ver cómo se cambiaba el nombre de la escuela General Aramburu por el de Rodolfo Walsh.
¿Cabe acaso en la Etica un paso más claro hacia adelante? Como lo dije al iniciar mis palabras en el acto: "Hoy se cambia el nombre de quien ordenó la Operación Masacre por quien tuvo el coraje civil de investigar y mostrar a los culpables de la Operación Masacre. El más valiente de nuestra generación: Rodolfo Walsh, asesinado luego por los sicarios en uniforme. Un nombre dado a esa escuela por la dictadura de los generales en 1980 y que -para vergüenza de nuestra democracia- subsistió hasta ayer. Pero la lucha de docentes y alumnos llevó al triunfo la virtud de la solidaridad contra la cobardía de los que no se definen, para poder mantenerse en el poder". El momento más emocionante fue cuando Lilia Ferreyra, la compañera de Rodolfo, expresó su agradecimiento y su alegría plena de nostalgias por
el ser tan amado.
Y continuaron en la semana de la Memoria los actos de reivindicación de los que lucharon por más justicia en una sociedad morbosa de tanta impunidad y provecho individual. En la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata se inauguró el Jardín de la Memoria. Allí, los retratos de los 57 rostros
jóvenes de los estudiantes desaparecidos. Los asesinos asaltantes del poder quisieron borrar a esos jóvenes de alma generosa. Pero están ahí, más presentes que nunca. Sonrientes. Y una de las mayores alegrías de mi vida fue ver ese árbol llamado "casia tucumana", nada menos, plantado por mí hace
diez años, cuando se invitó al proyecto del Jardín de la Memoria. Ese hijo de la generosa naturaleza estaba todo florecido, una corona de flores de color amarillo brillante, sí, con flores a pesar del comienzo del otoño. Se ve que nos esperó para estar florecido y adornar esos rostros que nos mirarán para siempre. Entonces dije: "El Jardín de la Memoria. El hermoso nombre. El bello lugar. El color esperanza en sus verdes. Las manos abiertas de la naturaleza. El recuerdo eterno dentro del reposo eterno. Los generosos son recordados en cada árbol, en cada rosa, en cada brote que se asoma
curioso. Aquí estarán siempre los que salieron para tener una sociedad sin niños con hambre, sin villas miseria, sin humillados y ofendidos. Los generosos que aquí nos miran desde sus retratos. Los que quedarán jóvenes para siempre. En cambio, sus cobardes verdugos de uniforme y de pistola al
cinto, de la picana eléctrica y la de-saparición no tendrán jamás ni una placa ni una sonrisa de nadie ni un musgo. Los verdugos bestiales, los agentes de la muerte, algunos de ellos ya entre rejas. De dueños de la vida y de la muerte a despreciados para siempre por la Historia".
"El triunfo siempre definitivo de la Etica en el devenir del ser humano. A veces ese triunfo puede tardar mucho, pero llega. Lo he visto en la Patagonia, donde los peones rurales fusilados en el '21 tienen hoy monumentos allí donde el Ejército les robó la vida contra toda ley por pedir un poco de dignidad. Hay ya hasta escuelas con sus nombres. En cambio, de los bestiales verdugos uniformados, nada. Ni una placa, nada, el desprecio más absoluto, el asco bien humano ante tanta maldad. Lo mismo aquí. Miro el
rostro de estos valientes, generosos. La generosidad hasta dar la vida por la dignidad en una sociedad, a quienes nuestros patriotas de mayo les enseñaron a cantar:
'Ved en trono a la noble Igualdad,
Libertad, Libertad, Libertad.'
"Y nuestros jóvenes, que hoy recordamos y que están aquí junto a nosotros más que nunca, gritaron bien fuerte esas palabras, pero no se quedaron en eso sino que resolvieron llevarlas a la realidad. Y entonces los esperaba la prisión, la tortura, la desaparición.
"Pero volvieron con sus rostros sonrientes, siempre jóvenes mientras nosotros envejecíamos. Y volverán todos los años, aquí a este jardín, a estas aulas, para ejemplo de las nuevas generaciones.
"Nuestros miles de jóvenes que nos mostraron el camino a seguir, nos obligan a pensar más en nuestras obligaciones como seres humanos frente a los que sufren en nuestra sociedad injusta.
"Desde aquí, desde este Jardín de la Memoria nos inspiran a luchar por la paz eterna, por una sociedad sin violencias, violencias siempre creadas por quienes se han apoderado de la riqueza de estas generosas tierras. Las Madres y las Abuelas de ellos nos están advirtiendo y nos vigilan para que sigamos con los sueños de ellos, y no dejarlos solos. Cultivar este jardín tratando de convertir en un jardín de la vida a todas nuestras pampas para todas las generaciones del futuro. Gracias a todos los que han hecho posible
estas jornadas. Es como prender una luz más en el amanecer de los sueños de la dignidad."
Y partí del jardín mirando al árbol tucumano coronado con sus flores sonrientes a la vida.
De allí a la Mansión Seré, en Morón, a lo que fue, para vergüenza de la aeronáutica militar, un campo de concentración de la humillación eterna para esa arma. Todo se ha convertido en un enorme jardín donde la juventud y la niñez juegan a ver quién posee más alegría. Pero no se olvida su pasado de cobardías militares, torturas y muertes. El acto tuvo un tinte del volver a resurgir con ideales, y de melancolía por los rostros jóvenes que nos mirarán para siempre en ese parque.
Y, por supuesto, el final en Plaza de Mayo, con las Madres, este jueves a la tarde, como hace 32 años, cuando los pañuelos blancos salieron a denunciar a los poderosos de la muerte. Los rostros de las Madres, cada vez de más edad, pero cada vez más metidas en la gloria imperecedera de su coraje de Madres de la Vida.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-122229-2009-03-28.html

PERFUMADA NOCHE*

( A mi tía Haydée, para que nunca se muera )

La vida de un hombre es un miserable borrador, un puñadito de tristezas que cabe en unas cuantas líneas. Pero a veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto de la vida de ese hombre es una luz deslumbrante. El señor Pelice tuvo ese minuto y esa luz. Pocos lo recuerdan en este pueblo. Algunos, los más concisos, piensan que murió realmente de vejeces. La muerte es según, como la vida. Es otra vida, justo, otra forma de consistir, no un per saecula definitivo, nada absoluto, ninguna cosa extravagante porque también es de ser, aunque en artículo mortis. De modo que el señor Pelice sigue siendo todavía. La muerte, ya que viene al caso, es suceso chiquito, desdibujo, entreluces. Este pueblo no fue así desde el comienzo, como uno imagina. En su momento fue pueblo niño. Antes no estaba el molino de Rodríguez ni la fábrica de fideos de Basile era como es ahora con un alto letrero encendido en la punta, sino de madera bien seca y engrasada, es decir, lista para encenderse en cualquier momento como finalmente sucedió bien solemne y entonces, después, sobre las cenizas vino esta otra, de fuerte cemento y letrero penachudo, ni estaba siquiera esta estatua de San Martín que cabalga sereno entre las copas de los árboles, ni el blanco palacio de la Municipalidad tan gobernante, ni aun la avenida Alsina de cemento liso embanderada de letreros a los costados. Esto es, hay otro pueblo por debajo de éste, y otro y otro más con tapialitos amarillos de sol y callecitas de tierra. Y por una de esas callecitas ahí viene el señor Pelice con sus botines de becerro, su traje de gabardina negra y su panamá copudo, a los pasitos, muy de cuerpo presente. Viene. Y ése fue el minuto y la luz del señor Pelice. Porque no va que ve por primera vez a la señorita Haydée Lombardi en la puerta de su casa, en la calle Saavedra, al lado de la confitería "Renacimiento", que está en la esquina de Pueyrredón y Saavedra, aquella opulenta casa con un tejado a la Mansard con espiga, tragaluces, cresta, veleta, buharda y chimenea, que se ennegrecía al atardecer y boyaba como un barco en el alto cielo y ella allí, en la puerta, para siempre desde ahora, blanca y frágil y perfumada, figurín, Haydée Lombardi, para sueño y música. Al señor Pelice le hizo un ruido el corazón y la amó desde ese mismo momento. Jamás cruzaron palabra pero él desde entonces se quitaba puntualmente el panamá frente a aquella puerta a las seis de la tarde en invierno y a las ocho en verano, y ella inclinaba apenas la cabeza y casi sonreía. Para el señor Pelice fue el momento más brillante de su vida lo cual es bastante textual porque, como se sabe, el señor Pelice era el cohetero más reputado de la zona. ¿Quién no recuerda, eso sí, las cascadas, abanicos, glorias y soles fijos que hacía estallar para la fiesta de San Donato, por ejemplo, aparte de las consonantes bombas de estruendo que reventaba en procesiones y remates y que se oían hasta Irala o Cucha-Cucha, según soplase el viento, y era el propio mundo que saltaba en pedazos? Aquel año del encuentro engendró para la fiesta de San Isidro Labrador, de este pueblo protector, sus famosas piezas pírricas de formidable combustión. Las piezas pírricas mediante fuegos fijos, esto es, que hacen su efecto sin dar vueltas, según se conocían hasta entonces, eran fáciles de prender mediante el simple recurso de mechas de comunicación. El maestro Pelice, en cambio, que era un verdadero artista creativo, prosiguiendo y mejorando los fogosos estudios del maestro Ruggieri, perfeccionó in extenso los fuegos pírricos alternando piezas fijas con piezas giratorias, lo cual es de suma perfección si se tiene en cuenta que el movimiento de rotación se opone per se a que se establezca la comunicación entre las piezas. El sutil rebusque se basaba en una fuerte broca colocada horizontalmente sobre un sólido poste de madera y que servía de eje a todas las piezas, de las más simples a las más complicadas, combinando en ajustada competencia de ingenio soles fijos, estrellas, glorias, patas de ganso, aspas de molino y las maravillosas espuelas de fuego de su exclusiva invención. Inspirado por la alada figura de la señorita Haydée, el señor Pelice llegó incluso a fabricar aquella atronadora pieza en espiral, compuesta de fuegos giratorios y de una hilera de lanzas que sube circularmente y forman, cuando la pieza gira, una espiral de fuego, de enorme pasmo y majestuoso incendio, que disparó para la noche del 9 de julio de 1935. Esa misma noche, en la casita que habitaba en las afueras del pueblo sobre el camino de tierra a las Aguas Corrientes, después de encender cuantas velas y lámparas tenía y distribuirlas por toda la casa y aun en el jardín, el señor Pelice se estableció frente a su escritorio de persiana y tras suspirar largamente mientras se rascaba la cabeza con una lapicera de pluma de pavo escribió con su hermosa letra bastarda de curvas rotundas y el sesgo conexivo de 30º, como se prescribe, la misma con la que copiaba las fórmulas del maestro julio Rossignon, autor del Nuevo Manual del Cohetero y Polvorista editado por la librería de la Vda. de Ch. Bouret, su primera carta a la señorita Haydée, inspirada libremente en el Corresponsal del Amor, Estilo Moderno de Cartas Emotivas y Pasionales. Como, según las apariencias, sobrepasaba en varios años a la señorita le pareció atinente utilizar como modelo la carta de un viudo pidiendo relaciones a una soltera, aunque él, con propiedad, no fuese viudo de mujer sino más bien viudo de costumbre.
Releyó un par de veces la carta a la luz de la lámpara de aceite de tubo alto y luz espesa, que era su preferida y que cuando se adormecía lo despertaba con breves y susurrantes chisporroteos de la mecha, como si chamuyara. La plegó con cuidado, la besó ladeando sus bigotes de manubrio y la metió en un sobre perfumado. A esta carta nocturna siguieron otras muchas, puntualmente una por semana, pero el señor Pelice no llegó a despachar ninguna. Prefería rellenar con ellas las bombas de estruendo, que ahora sonaban un poco más apagadas o huecas, aunque sólo él lo notase, y desparramarlas en mil pedacitos sobre los techos del pueblo. Algunos de esos pedacitos cayeron en el patio de canteros elevados de la casa de la señorita Haydée Lombardi, aunque lamentablemente el día de la carrera de las Doce a Bragado, cuando disparó una bomba para la largada, un papel chamuscadoque decía "Mi adorada Haydée" cayó con tan mala leche que fue a dar en el patio de la señora Haydée Bonsignore y más precisamente casi a los pies del señor Bonsignore, que tenía la sangre caliente, y se armó una podrida de calendario.
El señor Pelice seguía transcurriendo exacto, puntual todas las tardes por frente a la casa de la calle Saavedra y allí estaba siempre la señorita de visu, cada día más blanca y leve, casi transparente.
La señorita Haydée Lombardi murió de tabardillo el 8 de mayo de 1946. El señor Pelice redactó esa noche la única carta que en todos esos años remitió por correo. "Mi estimada señorita: en momentos tan especiales deseo expresarle a usted mi invariable afecto y la seguridad de mi perdurable compañia en esa otra vida de tránsito que ha iniciado usted y que me impongo yo en este mismo momento. Su leal servidor P." El señor Pelice echó la carta al día siguiente y no volvió a salir de la casa por el resto de sus días. Solamente lo hacía cada 8 de mes, por la tardecita, para depositar un sobre perfumado en el nicho de la señorita que luego se llevaba el viento o algún curioso o bien lo chamuscaba y descoloría el tiempo. Coincidió que para entonces los festejos de estruendo fueron cayendo en desuso y se convocaba a remate por edicto judicial. Al tiempo, los vecinos lo dieron por muerto o simplemente lo olvidaron. Ya estaba el asfalto, se habían construido varios molinos, el Expreso Rojas llegaba hasta Buenos Aires y sobre el pueblo de tapiales amarillos había surgido otro pueblo. La casa de la calle Saavedra se convirtió en un local de compra y venta de propiedades.
A todo esto el señor Pelice envejecía suavemente detrás del último tapial como un fuego que se apaga con lentitud. Al caer la noche encendía todas las velas y las lámparas y daba de comer a unos pececitos de colores que criaba en un acuario y que eran su única y silenciosa compañía. Tenía una colisa labiosa, dos ángeles que parecían dos pajaritos rígidos, un betta splendens, un labeo bicolor, un telescopio renegrido de ojos saltones que semejaba un gato, una ninfa, un cometa y dos besadores chatos y blancos que colgaban del agua como dos papelitos. La luz del atardecer penetraba por la puerta-ventana que daba al jardín y revestía el cuarto de una claridad dorada que encendía pálidamente la pecera. Los pececitos flotaban en el agua dorada como suaves pájaros de lento vuelo, desplazándose majestuosamente entre las ramitas de elodea o de helecho japonés. El señor Pelice inclinaba su cabeza encanecida sobre los vidrios y sus pensamientos se desplazaban tan lentos y suaves como aquellos pececitos ánimas. Detrás del tapial amarillo que con las sombras se cubría de caracoles, el señor Pelice se hinchaba y arrugaba un poco más cada año. Ahora podía salir y pasar entre los vecinos sin ser reconocido. El pueblo seguía progresivo, casi capital. Altas luces de mercurio alumbraban las calles avenidas, el asfalto había llegado hasta la calle Magallanes, en las afueras, había dos semáforos en el centro que saltaban bonitamente del verde al rojo y a la viceversa y de los que don Pelice no entendió muy bien su significancia, aunque imaginó que eran tramoyas de estación. La iglesia de San Isidro, tan altiva, tan de lejos visible apuntando al cielo entre los árboles sobre los buenos campos, había sido vaciada por dentro, ya no consistía aquel brillante altar con columnas al pan de oro y la santa imagen, muy carnal de su contexto, de Santa María bendita, todo color y vestes y brillos y ojos de vidrio y el niño desnudo, barrigoncito, sino que ahora era una especie de agudo galpón blanqueado, con una mesada en alto. Quedan de los otros tiempos, y por allí la reconoció, los grandes ventanales con vidrios a franjas blancas y violáceas que según la disposición del sol azulaban a cierta hora el aire, las gentes, las imágenes de bulto, en cuya luz vio una mañana sobreandar, flotante, a la señorita Haydée con un tul que le velaba el rostro y de cuyos entrepaños florecían ambas manos como de cera. Nada de eso prevalecía ya. El mismo no era el Pelice de entonces pues nadie se volvió a reconocerlo cuando avanzó por el medio de la nave con el panamá en la mano haciendo crujir los resecos botines de becerro. De regreso pasó por la calle Saavedra y hundidaentre dos vidrieras que resplandecían descubrió trabajosamente la negra silueta de la casa con un afrentoso letrero sobre la puerta. Haciendo visera con la mano, sus ojos repasaron el imbatible tejado a la Mansard que se recortaba contra el resplandor de las luces de mercurio. Esa noche escribió una larga carta a la señorita Haydée dándole cuenta de los adelantos habidos y de las altas y frías luces que hubiesen quitado brillo aun a las cascadas de cuatro brazos, de once metros de alto con 20, 16, 12 y 8 cartuchos detonantes respectivamente más otros 4 en el extremo superior del palo que construyó para el sesquicentenario y que fue su más colosal de facto.
Ahora es noviembre. En la profunda noche perfumada al señor Pelice, ya decididamente viejo y por lo tanto insomne, le cuesta una barbaridad conciliar el sueño. Casi no duerme. Se aquieta sobre el catre y hacia el amanecer se adormece un poco. En esas largas horas divaga por el jardín con la lámpara de aceite en la mano o se echa en una mecedora e impulsada por el aire dulzón que despide el ligustro humedecido por el rocío, su cabeza se vuela como un globo o una pajarita de papel que planea sobre el viejo pueblo con los tapialitos amarillos y las calles de tierra y tanta cosa que se desapareció u ocultó, no visible a prima facie, que eso es la muerte, olvido, oscuridades, suma y suma, tiempo y tiempo, distancia inmóvil.
En la madrugada acercó la lámpara a la pecera y comprobó ya sin dolor que el pez telescopio, ese lento pajarito renegrido que lo observaba con sus grandes ojos saltones a través del cristal y con el que casi había llegado a entenderse, de un mundo a otro, pez-hombre, pez-pez, flotaba inerte en uno de los rincones. Al principio, cuando instaló la pecera, eran doce movedizos pececitos pero, iletrado en aguas, el exceso de comida o alteraciones en la temperatura o defectos en la aireación y filtración redujeron el lote rápidamente. La primera muerte fue una catástrofe. El señor Pelice extrajo el cuerpecito finado, una vez que comprobó en forma absoluta que no se movía ni aun empujándolo con un dedo, con la redecilla de tul y lo depositó sobre una hoja de hortensia en el medio del escritorio y lo veló algunas horas con la lámpara de aceite. Con una cuchara cavó un hoyo al pie de una magnolia foscata y enterró allí al pececito. No se había aún recuperado de aquella sensible pérdida cuando murió un macropodus opercularis que comenzó boqueando en la superficie y luego se acurrucó en un rincón con el vientre hinchado. Lo sepultó al pie del ciruelo de jardín de aladas hojas marrones. Así fueron muriendo uno tras otro y el viejo enterrándolos al pie de esta planta, aquella. Al telescopio lo plantó junto a su arbolito más querido, un jazmin japonés de flores carnosas que reventaban justamente para fines de noviembre y se removían en la noche como avecitas blancas bombeando intensas ondas perfumadas que traspasaban la oscuridad hasta el catre o la mecedora del señor Pelice, que ya prácticamente no duerme. A ratos lee, a ratos escribe pero sobre todo piensa. Eso es la vejez seguramente, una desvelada memoria. Por lo general reconstruye el pueblo desde su infancia mezclando o, mejor dicho, combinando los tiempos, las personas. Desfilan contra un mismo tapial o por la penumbra amarilla del cuarto el padre Doglia, previniéndolo en cocoliche sobre las tentaciones de este mundo mientras se pone y se quita el bonete francés, nervioso con la presencia del demonio a quien imagina una especie de comisario de la provincia con el uniforme colorado, el viejo Ponce, que habla solo, Bimbo Marsiletti que agita los brazos frente a una banda invisible, Oreste Provenzano que levanta una ristra de billetes de lotería o los tanos Minervino, Visiconti y Ciminelli que pasan tocando la gaita en fila india igual que en la procesión de la Virgen del Carmen.
Desde que se marchó la señorita Haydée ha tomado por costumbre colgar un farol de viento en medio del jardín. El viento lo agita y remueve las densas sombras que cambian pesadamente de lugar. Su luz anaranjada semeja la lechosa claridad de la pecera. Y en esa luz submarina ve brotar en la punta de una ramita al macropodus opercularis o a labeo bicolor o al scatophagus argus o a los puntius arulius que murieron a dúo. Se agitan como flores o pajaritos o caireles, casi transparentes, muy navegantes. Esta noche de noviembre florecerá sin duda el telescopio, pez pajarito de negros velos, en la cresta del jazmín japonés.
El 8 de diciembre, día de la Inmaculada, el señor Pelice escuchó desde el catre el volteo de las campanas que convocaban a la misa solemne de primera comunión con la lámpara de aceite todavía encendida a un lado, sobre la silla. Pensó en la virgen de cemento que erigieron las Hijas de María en el atrio de la iglesia y que viera la última vez con el rostro y las manos de color carne y las hileras de chicos con brazaletes y túnicas que atravesaban la plaza y estarían ingresando en este mismo momento por la puerta puntiaguda a través de la cual se alcanzaba a ver el altar colmado de luces. Pero su hinchado cuerpo no obedeció al impulso. Tenía los brazos adormecidos y las piernas envaradas. Recién a la tardecita, arrastrándose por el piso, pudo dar de comer a los pececitos. Angelita Alori, que venía dos veces por semana a asear la casa, lo encontró al día siguiente tumbado en el piso de ladrillos y lo acomodó en el catre para finales. Como por otro item padecía el mal de orina, Angelita le preparó un cocido a base de raíz de rábano con una mata de perejil y un puñado de hojas de berro, endulzando el conjunto con azúcar de cande. Se abreva una copa para extraer la orina y los humores que vienen de acompañamiento, aconsejándose un Pater para refuerzo. El señor Pelice mejoró de la orina pero total que era casi lo mismo pues no podía transportarse para expulsarla, debiendo ayudar al efecto la Angelita con la vista vuelta hacia otra parte. El 8 de enero puntual, el señor Pelice emprendió su tránsito con el traje de gabardina, el sombrero panamá y los botines de becerro a la hora justa en que los pececitos se brotaban en las ramas. Según la Angelita, que depuso para constancia, hizo una buena muerte, al natural, y fue enterrado de oficio, sin luto ni comparsa, en la mera tierra.
Ahora bien, y a propósito del señor Pelice que pasó, pregunto: ¿cuál es, cuál el verdadero pueblo de la ciudad de Chacabuco, cuál rige? Este de ahora encumbrado en adelantos o aquel otro de los tapialcitos amarillos y las calles de tierra, cuando el camión de riego asentaba el polvo al atardecer y todo era más viejo y simple pero más dulce, y bastaba con estirar el cogote para ver al fondo de la calle las primeras quintas y que por la calle Saavedra en este momento se acerca gravemente el señor Pelice, se detiene frente a la casa de los Lombardi, ya medio en sombras, se quita el panamá y saluda a la señorita Haydée que dice por primera vez con su voz de pajarito:
-¿Habrá calor este año, no cree usted?
-El sol está fuerte para noviembre -responde per oblicua el señor Pelice.
-¡Hermoso atardecer!
-Sopla algo de viento, por suerte.
-¿Hacia dónde va usted tan incontinenti?
-Al prado -improvisa temerario el señor Pelice.
-Muy buena idea. ¡Me gustaría mucho ir hasta ahí! -canturrea la señorita.
El señor Pelice le ofrece el brazo y la señorita Haydée con una risita se aparta de la puerta y enlaza el brazo del maestro cohetero. Las dos figuras se alejan entre tapiales amarillos y penachos de sombras rumbo al Prado Español mientras sobre el pueblo desciende la perfumada noche.

*de Haroldo Conti.
-LA BALADA DEL ALAMO CAROLINA -tomoI- Biblioteca Página/12 nº20.

El muso*

El tío era muy macho. Sensible si, pero sobre todo macho. Hasta tal punto defendía su masculinidad que en su vertiente de poeta buscaba la inspiración en un "muso". Esa obcecación le llevo a escribir poemas horribles, mal rimados y sin contenido, seguramente porque no encontraba la fuente de inspiración adecuada.

Ningún editor quería correr el riesgo de poner un libro suyo en el mercado y un amigo que se vio obligado a hacerlo se arrepintió toda su vida porque de los 3000 ejemplares de la tirada todavía tiene 2968 en su almacén.

Reconoció, al fin, que estaba errado admitiendo que únicamente en brazos de su musa podría escribir poemas originales y con sentimiento. Se dio cuenta, tras el éxito de su tercer libro, que la inspiración era como la vida; a él le gustaban las mujeres y había estado todos aquellos años manteniendo una
relación homosexual. Decidió olvidar definitivamente al muso. ¡Ya estaba bien de mariconadas!. Menos mal que sus amigos no se habían dado cuenta.

*De Joan Mateu. joan@cimat.es

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Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 29 de marzo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Ronaldo Miranda. Las poesías que leeremos pertenecen a Pedro Arturo Reino Garcés (Ecuador) y la música de fondo será de Wayna Picchu
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at

(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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