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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

10/10/2008 GMT 1

EDICIÓN OCTUBRE 2008

urbanopowell @ 16:47

INVENTIVASocial
Edición OCTUBRE 2008
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Q-U.*

La Leo escribe la “Q” y la “U”, a la “E” la va a escribir después. No se por qué, pero pone “QU” y después va a agregar las “Es”. Lo escribe grande, en una columna larga y finita al lado izquierdo de la hoja, y con su regla de treinta centímetros fabrica casilleros desiguales para enmarcar todas esas preguntas incompletas. Quizás sea que las preguntas son incompletas ya que la respuesta es incógnita. Así debería de ser. Uno no sabe la respuesta, no hay por qué terminar la pregunta.
La Leo está en el geriátrico desde hace varios años, pero estaba acompañada por su mamá de cien años. La mamá ya no está. La mamá murió. Ahora la Leo está solita con sus setenta y cuatro años, y esos siete años que lleva adentro desde los siete años de veras, desde que las convulsiones le detuvieron el tiempo adentro. Siete años de alumnita de primaria. Siete años de viejita que escribe con su birome “QU”. Muchas QUs”, muchas preguntas sin final.
Y me mira con los ojitos pequeños, me mira con intensidad. Parada frente a mí sobre las piernas con llagas, con la boca desdentada, los rulitos canosos, niñita siempre niña a pesar de las arrugas y las manos manchadas con vejez y tinta azul. Me extiende la hoja mamarracheada la Leo y dice “QUÉ”. Me grita su “QUÉ”. Me grita la pregunta como los niños, que todavía esperan que uno tenga una respuesta; que la respuesta sirva de algo; que sea posible solucionar los desastres que la vida, el tiempo, los insondables acaeceres complican y borronean.
Desde su vida borroneada, la Leo me grita su “QUÉ”. Qué voy a hacer el día de la madre. Qué voy a hacer el día de la madre. QU, QU, QU, QU, muchas preguntas incompletas una debajo de la otra en birome temblorosa, subrayadas con regla de treinta.
Qué voy a hacer el día de la madre, pregunta, demanda, grita. Me grita qué.
Me dice que ya no le puede dar de comer, que ya no la tiene al lado, me repite que ya no le puede dar de comer. El supremo, primer y último cariño, si a los niños y a los viejos les llevamos dulces, galletitas, si a los novias se le regalan chocolates. “Ya no le puedo dar de comer”, dice la Leo. Y me deja estúpidamente balbuceando obviedades inservibles.
No puedo contestarle. Apenas poner unas palabras sin sentido delante o detrás de otras palabras sin sentido.
No puedo contestarle a la Leo. Me pregunto qué puedo decirle, cómo consolar su tristeza, su soledad, sus lágrimas de niña anciana que caen redondas y transparentes. Qué puede hacer la Leo el día de la madre. ¿Qué puede hacer?

Me pregunto qué decirle. Me pregunto QU, QU, QU, QU.

*de Mónica Russomanno. monicarussomanno@yahoo.com.ar

CITA A CIEGAS*

Anuda una venda alrededor de tus ojos
Déjate guiar por el aroma de la hierba buena
Colócate de espaldas al viento adverso
Siente el sol en la frente
Desdeña los caminos
Los campos de amapolas
Sumérgete en el bosque
Persigue el canto de las aves que huyen a tu paso
Sigue más allá de tu cansancio
Hasta hollar la línea del horizonte.

Allí donde el mar se une con el cielo
Donde cada noche aguardo tu presencia
Te daré mis amores.

*de Marié Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

ELLOS*

Todavía no puedo pronunciar: nuestra casa y es mucho el costo por una pierna reiteradas veces operada, cruzar el puente de Santo Tomè. Tan sólo nos separa el río Salado y extraño mucho “mi río”: el gran Paranà. Y “mi hermoso parque”. Hago referencia al Parque del Sur, de la ciudad de Santa Fe.
Hace escasos seis años lo recorrìa todos los dìas dando una, dos y hasta tres vueltas y lleguè a nadar, mil doscientos metros, pero esto, ya esta en otro relato.
Dejar una urbe por otra, un barrio vivido por años: casi sesenta, es mucho, ¿no? Los vecinos amigos, reiniciar otra historia, cambiando de ropa, de vínculos, de entorno y hasta de agua, cuesta muchísimo.
El dolor se suaviza escuchándolo a ellos. Bastó que una mano sabia pusiera junto a una batea de agua, un comedero.
Ya no están los perros ni los gatos que tanto lo asustaban y, entonces, ¡volvieron¡.
Ellos me acompañan al comenzar la jornada y ¡alegran mis mañanas¡.
Ya no escucho la radio ni las mismas malas noticias o la baja y suba de la Bolsa.
Los escucho a ellos que me acunan con su canto y no me dejan sola.
El llamador de Naty, uno de mis queridos hijos hoy, radicada en el exterior, aquél que en nuestra anterior casa estaba adentro y ahora está afuera, el que le regalara un gran amigo y poeta: Horacio Rossi, los convoca.
Están ambos presentes en el nuevo patio inundado de flores, de luz, de sol.
Sus gorjeos, su manifiesta alegría y algarabía, comiendo, bañándose, han vestido de fiesta sus juguetones vuelos.
Entre arbusto y arbusto ya florecidos, entre jazmín y jazmín, de esta, la nueva casa, en su amplio patio, entre vuelo y vuelo, comparten uno u otro grano sin disputar.
Se mojan gozosos y juegan entre ellos en sus rasantes aleteos entre césped y techo.
Hablo de “mis” pájaros, de los caseritos, chingolos, tacuaritas, calandrias, palomitas torcaza y las muy buchonas del centenario campanario de la Iglesia Inmaculada.
En el de adelante, percibo los benteveos o pechitos amarillos que, durante algunas horas en busca de agua, abandonan sus nidos de la cercana plaza.
Al atardecer, regresan nuevamente en busca de alimento y, cuando se opacan los rayos de luz, se llaman a silencio.
Reflexión:
Nuevamente repito como lo dijera hace cuatro años, elaborando ayer uno de mis duelos en “Territorios Compartidos” y hoy, otro: “no quiero que...” esta casa,”… tenga murallas, ni que ...las ventanas estén tapiadas...” de Mahama Gandhi.
Un pensamiento de Kierkegaad. me impactò muchísimo, por eso lo transcribo: “...la vida...puede comprenderse ...mirando hacia atrás, pero se puede vivir mirando hacia delante”

*de Zulema Estela Saus. zulemasaus@yahoo.com.ar

Cincuenta*

Empecé a creer en el amor
Sin contar que tenía mis primeras canas
Comencé a quererte
Sin concesiones
Sin darme cuenta que contaba
Con muchos años.
Aumentó la fantasía
De renunciar a la rutina y
Aprender a juguetear
En ese universo
De verdades anquilosadas
En esperanzas de antaño
En arriesgar a ser y “no parecer- perecer”.

Así tan simplemente
Y fenomenalmente como sale
El sol por la mañana
Y la lluvia moja los pies
Con las baldosas rotas de las veredas
Y al estar contaminada
Por la edad de los períodos encadenados
Empecé a conquistar
Los momentos de alegres compañías
Y encarar los abatidos escenarios
Con el íntegro desapego de los niños
Que pueden curiosear
Qué es la muerte
Pisando a un insecto
Que chilla en la suela de un zapato
o
Cuando descubren que su abuelito
Se fue al cielo
Y contemplan los rayos de luz de la persiana
Como surcos separados del día
Así tan simplemente empecé a quererte
En esos ojos de azul intenso
Vi reflejada una jirafa
Que soñaba estar en su terreno escogido
Encontré tiburones domesticados y
Murciélagos sujetados a la simpatía
de los humanos
de a poquito fui sacando las vendas
que aumentaban los dolores
de la soledad
se fueron aflojando
no tenían que estar pintadas
de rojo sangre
podían caer con ese azul
de esperanza y tranquilidad.

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

Aleluya*

Yo estaba perdida hasta que encontré al señor ¿La llevo a su casa señorita?

Me desnudó en rojo.

Cuando me invitó a guarecerme en su pecho. Realzó el final que había sido tan feliz.

Alabé al señor y me quedé dormida.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Campaña de concienciación*

Aquel gobierno quería potenciar la conciencia social por lo que adoptó una serie de medidas encaminadas a concienciar a los ciudadanos para que hicieran obras benéficas, sociales y de convivencia.

Entendió que una de las maneras era consiguiendo que cuidaran más y mejor de sus mascotas. Evitar que se produjeran abandonos de perros, dotar a los municipios de solares para que estos animales corrieran y establecer un censo real y efectivo de todos los canes del país. El slogan adoptado "Da a tu perro los mismos cuidados que quieres para ti" manifestaba claramente la intención de la campaña.

Los ciudadanos vieron con buenos ojos estas medidas, sin embargo, todo el mundo entendió que se habían extralimitado con aquella iniciativa de crear una escuela de hombres lazarillo para perros ciegos.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

Cuicatl*

Me duele la tierra,
Y el pasto,
Y las flores,
Y las raíces que se clavan en ella.

Me duele la tierra,
Y el viento,
Y el agua que corre desbaratando laderas…

Cómo duele la tierra.
En tus manos,
Tus uñas,
Demonio de piel.

Cómo duele la tierra,
Tus labios,
Tu cabello,
Tu corteza empapada
Que los Dioses quisieran tener.

Me duele la tierra,
Y las rocas,
Y las aves,
Y cada lombriz que es arrancada con fuerza
Mientras se aferra frenéticamente por no partir.

Me duele la tierra,
Y su vida,
Y su muerte,
Y cada pulso que le doy con mis pies…

Cómo duele la tierra,
Cuando llena por completo los pulmones
Y a bocanadas se le obliga a entrar.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

*De los idiomas originarios de México, el náuatl es el más conocido por ser el que hablaban los
Mexicas-Aztecas; y Cuicatl significa canto.

UN TAL PITÁGORAS*

Los lados adyacentes al ángulo recto, siempre manifestaron carecer de la condescendencia amistosa que sentido común obliga entre vecinos y esto se debió, en parte, a la rivalidad entre ambos por superar a la hipotenusa.
La hipotenusa, que como todas las hipotenusas juega a dos puntas, realizó sin conseguirlo, grandes esfuerzos para que los adyacentes comprendieran que la suma de sus cuadrados es igual al cuadrado del lado más largo del triángulo rectángulo o sea, ella misma.
Por eso, los trigonómetras contrataron a un tal Pitágoras para que se los demuestre.

*De Ana Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

PRELUDIO DE GARZAS SALVAJES*

Me desperté dormida en el mar de tus brazos

Ay el preludio de garzas salvajes en el alba.

Giran como caligramas de señales blancas

Escriben tu nombre que desbordado cae

En un torrente de magnolias de lluvia.

Tan blancas sabanas amor/tan negra ausencia.

La costa/tan lejana.

Los árboles de pié intentan/elaborar un oscuro

Duelo de pañuelos blancos.

El mar no existe, amor. Lo se.

Quizás escondido en otro cielo, espere.

En las oscuras rocas de los desnudos mares.

Entre los peces muertos y el ballenato azul.

Entre los vórtices de abrazos circulares.

Entre los brazos desencontrados de los vientos alisos.

Entre mares australes y océanos boreales

Entre los arrefices de corales pasión.

Entre los fantasmales barcos.

Entre tesoros de recónditos piratas.

Entre los lagartos marinos y la soledad de los Galápagos.

Cabalgando suavemente en los vientos de Índico

Hay un epilogo de algas que en oleajes verdes

Te buscan y me buscan

La rosa de los vientos desdibuja la infranqueable bahía de los sueños

Se que no estas, quizás nunca estuviste

Pero hay un preludio de garzas salvajes en el aire

Que me hace vibrar, hasta morir.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

Rubias...?*

Quisiera ser la rubia tonta

No tener que irritarme

Por llegar a fin de mes

Ni pensar cada día

En el almuerzo y la cena.

En la educación de mi hijo

Ni los autorreproches

Ni sentir la soledad

Y el oscurecimiento

Frente a las decisiones

De trabajo tantas veces

Teñido del sufrimiento

Enajenado de la pobreza

Y la preocupación de

Expresar la palabra adecuada

Sin dañar a los más necesitados.

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

PARÍS*

Quiero decirte tantas cosas
Y no alcanzan las palabras...
Quiero hablarte de París,
De los olores que trae el viento,
De las notas que lleva en sus alas,
De la lluvia que moja mi rostro,
Del ocaso que se cierne
Sobre los tejados,
Y de nuestro abrazo,
De ese abrazo nuestro
Que ciñe la vieja ciudad.

Pero no puedo,
No me alcanzan las palabras...
Para decirte que sin ti
París no es ciudad,
Sino lejanía.
Las flores solo portan aromas de nostalgia,
La lluvia no es otra cosa que gotas de agua,
Que el viento no lleva ni trae melodías antiguas,
Que el ocaso no es sino símbolo de algo.

Porque sin ti,
Y sin tu abrazo,
Sin tu mejilla junto a la mía,
Contemplando como se oculta el sol
Tras los tejados,
No sirven,
No son nada las palabras.

*de Marié RojasTamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

La pequeña muerte*

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman: pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

*Eduardo Galeano
del Libro de los abrazos.

*

muere de muerte lenta
el que no sabe de abrazos
ni del ímpetu
y la fuerza que aprisionan los espacios.
entre tu cuerpo y mi cuerpo
no queda luz si hay abrazos...

*De Ana Lía Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar

FELISBERTO NO SE PARECE A NINGUNO*

La vida del escritor uruguayo Felisberto Hernández (Montevideo 1902-1962) parece haber salido de su propia literatura hecha de equívocos, de fantasmas y de empecinamientos pueriles por contar no lo inasible sino la materia con la cual se pretende representarlo.
Si bien la actividad literaria no es algo que quite el sueño a los burgueses, en el caso de Felisberto Hernández “su estar en el mundo” pudo ser una intolerable seguidilla de malentendidos kafkianos donde no logró ser reconocido mientras vivió.
Justamente un trabajo del crítico Jorge Panesi se titula “Un artista del hambre” parafraseando un relato del praguense inmortal, ya que Felisberto Hernández se ganaba la vida tocando el piano en remotos tugurios de provincia, amenizando las películas mudas de entonces o dando conciertos en pretenciosos centros llamados “de cultura”.
Felisberto tuvo tres pasiones excluyentes: la música, la literatura y las mujeres.
Nadie entendió nunca cómo este hombre que llevaba en sí a un niño caprichoso y glotón pudo seducirlas con tanto éxito y tan sordamente durante toda su vida adulta. Tal vez sin el apoyo de cada una de ellas no hubiese podido producir una de las obras más originales y más fascinantes de la literatura escrita en español en los últimos cien años. La escritora mexicana Rosario Ferré escribe: “tenía una capacidad sorprendente para suscitar una gran ternura en las mujeres, aunque luego les hacía la vida imposible(...) las mujeres se enamoraban de él, llevándoselo a vivir con ellas a los sótanos de sus casas familiares, donde harían lo posible para mantenerlo y protegerlo”.
Su literatura que fue inexistente como difusión en todo el continente, apenas fue marginal en su propio país. José Pedro Díaz, uno de sus primeros biógrafos y críticos ha dicho al respecto. “Los pequeños libros que publicaba tenían siempre algo de esotérico: eran apenas existentes, a veces anotaciones mínimas sobre un sesgo de una situación, a veces pequeñas historias míticas, irónicas y filosóficas a la vez. Su quehacer más permanente y ostensible era la música.”
Es Díaz precisamente quien primero traza un ordenamiento de la obra de Hernández y la divide en “tres grupos de libros que se corresponden, además, con tres modos de presentación: sus cuatro primeros libros fueron ediciones de autor y lo constituyen sendos libros sin tapas: “Fulano de tal” (1925); “Libro sin tapas” (1929); “La cara de Ana” (1930) y “La envenenada” (1931). El segundo grupo está integrado por dos únicos relatos largos: “Por los tiempos de Clemente Colling” (1942) y “El caballo perdido” (1943).
Estas ediciones ya no son de autor sino que las financian sus amigos y que llevan un sello editorial de fantasía.
El último grupo lo integra el resto de su obra. “Nadie encendía las lámparas” (1947) que le editó Sudamericana, fue el único libro que en vida se distribuyó comercialmente. A este grupo pertenecen “La hortensias” (1949) y “La casa inundada” (1960).
En la edición de sus obras completas(1) que Arca de Montevideo diera a conocer en cuatro tomos entre los años 1967 y 1970, justamente en su tomo cuarto aparece el largo relato inédito hasta entonces, titulado “Tierras de la memoria”, que aparece con un postfacio de José Pedro Díaz, que no tiene desperdicio por el rigor crítico que tiene, además el mérito de iniciar la cada vez más creciente crítica hernandiana.
Su última etapa es considerada realmente fantástica, como “hermano bastardo” y tardío de los grandes del género en el Plata: Macedonio Fernández, Bioy Casares, Borges, Quiroga y Cortázar.
Carlos Martínez Moreno pudo decir que Felisberto, en un país de literatura realista, “fue la vanguardia de un solo hombre”.
Lo cierto es que la literatura de este hombre distraído, que fue dándose a conocer, trabajosamente, durante 40 años a través de ignotas apariciones de 100 ó 200 ejemplares llegó a convertirse con los años en un escritor de los llamados “de culto”.
El filósofo uruguayo Carlos Vaz Ferreira había comentado cuando apareció “Libro sin tapas”, su segundo volumen: “Posiblemente no haya en el mundo más de diez personas a las cuales les resulte interesante la obra de Felisberto Hernández y yo me considero una de ellas”.
Como casi siempre la “Institución” literaria (esa corporación de rinocerontes) haciendo gala de su eterna miopía y su resentimiento, esta vez en la voz de Emir Rodríguez Monegal, pudo comentar: “Su eterno desaliño y su desconocimiento de la sintaxis”.
No es para preocuparse, también fueron tratados de brutos Shakespeare, Cervantes, Dostoievsky y, entre nosotros Roberto Arlt.
Como si todos ellos hubieran sido traspasados por las musas y sólo hubieran prestado su mano para escribir esas bellas páginas que la humanidad no dejará morir, para decirlo con palabras de Borges.
Lo cierto es que Felisberto Hernández nos dejó una obra que, pese a no tener ningún punto de referencia con la Historia ni con el mundo circundante, produce una sensación de perplejidad al remitir a la expresión de un narrador generalmente en primera persona que cuenta mientras observa la animización de los objetos, la relación que tiene no con la memoria sino con la enunciación con que aborda la memoria, una relación con la literatura que él mismo llamaba “su misterio”.
La literatura de Felisberto no tiene ni antecedentes ni seguidores. Aunque yo he creído percibir entre nosotros a Hebe Uhart, que en algunos momentos presupone un asombro similar al que experimenta Felisberto ante la cosa narrada. Pero creo que allí se acaban las coincidencias.
Felisberto Hernández recibió, pese a la casi nula difusión de sus escritos, la admiración incondicional de grandes hombres de las letras: Jules Superville, Roger Callois, de Cortázar quien prologó una edición de sus cuentos en Barcelona, en 1973 y de Italo Calvino quien escribió el prólogo a las obras traducidas al italiano del escritor uruguayo. Fue justamente este último quien estampó para siempre: “Felisberto no se parece a ninguno”.

(1) Nota feliz: acaba de ser reeditada por Siglo XXI en 3 tomos con prólogo del poeta mexicano David Huerta.

*De Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar

El poeta*

El poeta, caminando lentamente bajo la fina lluvia, subía por el pedregoso camino que iba hasta el acantilado. Iba haciendo repaso de su vida mentalmente, deseando encontrar alguna alegría, pero cuanto más recordaba y más la analizaba, más se convencía de que la decisión que había tomado era la correcta. Apareció, después del último recodo, el borde del precipicio a unos veinte metros escasos. Hizo un nuevo esfuerzo para recordar alguna cosa positiva que le justificara un cambio de idea pero nada encontró y la decisión del suicidio se consolidó en su mente.

No sintió miedo aunque si una profunda tristeza. Se acercó decidido hasta el borde y, tomando impulso, arrojó sus poemas al abismo.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EL BOSQUE DE LOS CEREZOS HA PARTIDO*

Me desperté asustada por el estruendo leve del silencio.
El bosque de los cerezos ha partido.
Ha partido. Ay sin despedirse.
También se ha ido el hombre del sombrero roto.
Se lleva, Ay se lleva la huella de la última nevada.
Los viñedos, inútilmente extendieron sus brazos.
Ay no pudieron, no.
Reclusos crepitan en la pasión dorada del otoño.
El sol, indeciso muerde una manzana de oro.
Ay una manzana de oro.
La esclavitud sonríe en la pausa fresca.

El bosque de los cerezos ha partido.
Ha partido. Ay sin despedirse.
El amor y el olvido, mustios
Caminan aferrados al hombre del sombrero roto
Y se llevan, Ay se llevan la huella de la última nevada.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

Quería escribir*

Él necesitaba escribir.
A primera hora, cuando los zorzales cantaban a la primavera. Mientras su mujer e hijos dormían...
Él quería escribir.
Hasta la media mañana al menos, cuando empezaba a escuchar a su mujer que protestaba desde la cocina:
-“A la carnicería hay que ir con plata”.

-Seamos vegetarianos y felices. –le contestaba a los gritos desde la habitación.

No tuvieron que cazar para comer perdices.

Ni dejaron de ir a la carnicería.
Ni fueron felices.

Él, no escribió nunca más.

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

Convocatoria*

El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,

*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 12 de octubre del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pablo Espada. Las poesías que leeremos pertenecen a María Elena Solórzano (México) y la música de fondo será de Yawar Inka (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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01/10/2008 GMT 1

EN LAS VÍSPERAS DONDE NO HUBO NI HABRA...

urbanopowell @ 14:19

*Ilustración de Ray Respall Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
-Indicar "para Ray", en el asunto del correo.

Consejo para vidente*

Si un ciego
dos ciegos
o varios ciegos
no quieren ver
dicen no ver
o no pueden ver:
Retírele el bastón. Los golpes enseñan,
dice el refrán.
Pero no permita que uno
dos
o varios
con sus golpes derrumben
la casa construida
por ciegos y videntes.

*De Miguel Crispín Sotomayor. arcomar@cubarte.cult.cu

-Del poemario “En la Redondez del Tiempo”. 30.09.08

ENTRE LAS VÍSPERAS DONDE NO HUBO NI HABRÁ...

retroceso del Teoría*

Llevaba toda la vida dedicado a investigar lo que el llamaba "La Teoría del Retroceso". Estaba convencido de que, de la misma manera que el tiempo nos lleva hacia el futuro, mediante un tratamiento geofísico adecuado del mismo, podría conseguirse la dirección contraria.

No podía negar que el desarrollo de la ciencia en la última década le había ayudado mucho, sobre todo los avances en la Física Cuántica y en la Relativización del espacio-tiempo.

Cuando acabó la construcción de la máquina, con el nerviosismo que conlleva mostrar sus avances a los colegas, reunió a tres de los más preeminentes científicos para hacerles una demostración. Les advirtió que era únicamente el primer paso, pero que lo consideraba un éxito porque la "Teoría del Retroceso" quedaba, con el resultado del experimento, más que demostrada.

Situados alrededor de una máquina extrañísima, los tres científicos vieron como el investigador oprimía un botón y movía dos palancas. La máquina vibró y emitió un silbido en un tono agudo que se fue incrementando hasta que dejó de oírse.

- En un minuto veremos resultados - dijo excitado.
- ¿Seguro que produce una inversión?
- Pueden estar seguros.
- ¿No es peligroso?
- El experimento peligroso es no
- Se ya notar empieza

- produciendo está se ya Ahora.

satisfechos y contentos miraron se hombres cuatro Los -

: sonriendo dijo investigador El

"Retrocesión la de Teoría" la demostrada queda, Señores -

* Mateu Joan joan@cimat.es

El todo y la nada*

*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona

UNO En Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen -película de nombre un tanto absurdo que el año pasado se filmó en esta ciudad y que acaba de estrenarse en toda España- pasa de todo. Pasan muchas cosas. Un constante y vertiginoso acontecer para un leve, ligero, leve, vaudeville con macho ibérico, fogosa hembra española y turistas norteamericanas con ganas de emociones fuertes pero tampoco fortísimas. El macho es Javier Bardem, la hembra es Penélope Cruz y la turista es Scarlett Johansson (la segunda turista importa tan poco que no recuerdo ni su nombre). Lo que sí importa es que el film es un éxito por aquí (y en los Estados Unidos), hay colas afuera de los cines, carcajadas del público un tanto exageradas adentro y sonrisas en el Ayuntamiento que puso dinero en la producción (la cifra exacta ha adquirido ya la textura de leyenda urbana) para promocionar -como si hiciera falta, como si los turistas no hubieran tomado todo lo tomable y bebido todo lo bebible- a la Perla del Mediterráneo. Así, después de un rodaje que revolucionó a Barcelona y atormentó a Barcelona, Vicky Cristina
Barcelona -que paradójicamente llega a las pantallas en el momento exacto en que termina un verano negro para hoteles y restaurantes para dar paso a un otoño todavía más oscuro cortesía de la crisis- no es otra cosa que una tontería simpática y una postal en movimiento. Una especie de parque temático y prolijo destilado urbano de la Ciudad Condal que vuelve a demostrar la imposibilidad de los nativos de EE.UU. de escapar del lugar común cada vez que viajan. Un producto pintoresco al que los locales acusan de falso y parcial olvidando que la paradigmática Manhattan que muestra Allen en su obra tampoco es una instantánea fidedigna de la Gran Manzana sino una versión sublimada de una especie de Xanadú y Shangri-La donde todos van del museo a la cinemateca y, después, a dormir a un penthouse de la Quinta Avenida. De este modo, no hay en Vicky Cristina Barcelona estudiantes extranjeros vomitando en las veredas del barrio de Gracia ni carteristas en las Ramblas ni autobuses de doble planta estacionados en triple fila ni alquileres de vértigo.
Todos estos horrores sí aparecen comentados y retratados en el flamante libro/manifiesto/diatriba Odio Barcelona (Editorial Melusina, www.myspace.com/odiobarcelona) donde se han reunido varios escritores de la nueva camada para explicar la versión local de aquel "No nos une el amor sino el espanto". En la portada del libro -mientras en Hollywood alguien planea superproducción sobre aquel raro y nunca del todo esclarecido "Incidente de Palomares" en el que cuatro bombas atómicas, que
afortunadamente no estallaron, se dejaron caer sobre territorio español en 1966, y ojalá que la filmen los Coen- varios bombarderos vuelan sobre monumentos locales. Ya saben: la Sagrada Familia, la fachada modernista, y todas esas cosas que aparecen en una película de Woody Allen.

DOS Y si bien en Vicky Cristina Barcelona hay una un tanto absurda escapada a Oviedo (tal vez porque en esa ciudad hay una estatua de Woody Allen y a su director le entregaron hace unos años el Premio Príncipe de Asturias) a ninguno de sus hiperkinéticos y vociferantes personajes se les ocurre hacer
un alto en Miravete de la Sierra.
Porque en este pueblo de Teruel -situado, para más datos y mejor ubicación, en el corazón de la Sierra del Maestrazgo, a unos seis kilómetros de la penosa carretera de Villarroya de los Pinares- no pasa nada. Absolutamente nada. Y, mucho menos, una película de Woody Allen.
En Miravete de la Sierra poco importó la caída del Muro hace unos años y poco importa el derrumbe de la Calle de la Pared por estos días.
Y me enteré de la existencia inexistente de Miravete de la Sierra -también conocido como "el pueblo en el que nunca pasa nada"- por un anuncio de televisión. Tomé nota y entré a la fértil tierra baldía de Internet y di vueltas hasta llegar a www.elpuebloenelquenuncapasanada.com y -desde el pasado 8 de septiembre- ahí estaba y ahí está.
Miravete de la Sierra. Apenas doce habitantes fijos, un total de 46 censados y hasta 100 personas para las fiestas de San Miguel en mayo. Una iglesia y un puente del siglo XVI y poco más. Uno de los muchos pueblos en proceso de extinción a lo largo y ancho de España. La diferencia de Miravete de la
Sierra es que fue descubierto por la agencia de comunicación madrileña con nombre de explorador de espacios abiertos y desolados -Shackleton- y ahora es promocionado como patria y fábrica del más raro y exquisito y valioso producto que puede ofrecerse en estos tiempos demasiado ocurrentes: la nada, el que nada suceda, el vacío absoluto, el paisaje zen "donde encontrarte a ti mismo". Leo en El País, en un reportaje de Cristóbal Ramírez, que Pablo Alzugaray -director de Shackleton- justifica el asunto: "Estábamos buscando un pueblo minúsculo que no tuviera nada para hacerlo famoso. El que más nos
gustó fue éste, sobre todo, por la acogida de sus habitantes cuando les explicamos la idea. Es un experimento de comunicación". Y, entonces, Alzugaray (un rápido tecleado confirma mis automáticas sospechas de que Alzugaray es argentino; porque ciertas ideas no pueden sino ser argentinas) anticipa que "en unas semanas se podrá desvelar todo. No hay ningún objetivo malsano. No puedo decir nada. No puedo decir más". Como ya han pasado más de quince días desde la salida de esta nota, me apresuro a entrar al site, pero no puedo llegar allí. Demasiado tráfico para alcanzar la nada y un panorama
virtual en el que se ofrecen muñequitos coleccionables de cada uno de los doce habitantes de Miravete de la Sierra a 180 euros la pieza, o la posibilidad de donar una teja para la restauración de la iglesia a 10 euros, y hasta se puede jugar a ordeñar una cabra. También, por supuesto, el inevitable paseo turístico -con voz en off del octogenario muñequito Cristóbal Sangüesa- donde se nos advierte que aquí "el tiempo no pasa ni adelantando la hora".
Pero ahora no hay caso. No puedo entrar.
Así que doblo en la primera salida hacia Google, busco las últimas noticias, y ahí está Miravete de la Sierra. Por el momento, parece, no se ha develado nada y hasta el momento no se confirman las sospechas de muchos de que todo esto no es más que el tinglado para vender otra cosa. Pero los contados pobladores de Miravete de la Sierra -la mayoría de ellos de maduros para arriba- se quejan hoy de un stress digno de barcelonés. La repercusión mediática y viral de la página en cuestión (146.000 visitas en apenas una semana) los tiene a todos al borde de un más almodovariano que woodyallenesco ataque de nervios. Han sido demasiados los curiosos y demasiados los noticieros que llegan a ver cómo es eso de la nada que, paradójicamente, ha dejado de serlo. Y ya hay problemas internos: celos de los que no llegaron a ser muñequito y comentarios viperinos en cuanto a que los que sí son muñequito aparecen muy mejorados en su aspecto, terror ante la posible invasión de hordas japonesas. Mientras tanto, después de mucho tiempo, ha vuelto a abrir el hotel municipal. Y crece el desconcierto de todos, de los muy pocos todos, por tener que responder todo el tiempo a las mismas preguntas de cámaras y micrófonos y -gente sencilla- sufriendo al pensar que la insistencia se debe a que no dan la respuesta correcta. Y de este modo sus comentarios son cada vez más delirantes. Así, la ironía de que el "no pasa nada" se haya transformado en un "pasa todo el tiempo lo mismo".
Aunque están los optimistas que piensan que esta fatiga de los abuelos se traducirá en la curiosidad de los nietos que retornarán, cualquier día de éstos, como oscuras golondrinas, para repoblar a Miravete de la Sierra. Y, quién sabe, si hay suerte, buena o mala, de aquí a unos años sus hijos publicarán, con amor, un libro titulado Odio a Miravete de la Sierra.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-112561-2008-10-01.html

Urgencia*

I

no más
que un recorrido sólo pautado
entre las vísperas
donde no hubo
ni habrá

II

un hálito carnal
arde en fuego y azufre

huérfano
de planes de salvación
se pronuncia
a merced de nuevos retos
propicio
casi fundante

III

donde prima la transparencia
una urdimbre
va limándose los dientes

la desnudez revela
zarpazos de absoluto

IV

sobre la orilla
en ese mismo desdén
y en ángulo vacío
la palabra se nutre de rituales

cautiva y en ciernes
evoca la dureza
en silencio y a toda voz

la palabra
mediovive
entre la vida y su reverso
como si ayer

V

íntimo es el temple
una ofrenda de sordidez
y nostalgia

íntimo es el ojo
que marca su pertenencia
la atmósfera maleable
donde la desmesura
aviva el duelo
y la otredad

VI

pudo acaecer sin premura
pero ante todo
la falta es la constante

en estado de inocencia
la máxima tensión
es una
y es múltiple

piezas sueltas
no hay

*De Liliana Souza liliana_souza@yahoo.com.ar

Imágenes antes del hundimiento*

*Por Ernesto Semán, desde Nueva York
Página/12 En Estados Unidos

Y entonces ahora hay que esperar las fotos de las colas de pan, como en el '33, con la mística de la Gran Depresión de fondo y los millones de norteamericanos en fila para recibir su ración de comida. O como en el 2001 en la Argentina, con el maremoto de los saqueos atrás, no menos épico.
Como con los terremotos, un efecto redentor de la aparición de las crisis es confirmarles a quienes quieran creerlo que todo fue repentino y ajeno, y posterior, y porque salió mal. Las fotos que desde estos días recorrerán el mundo podrían haberse sacado antes, si fotógrafos y periodistas cumplieran
otra función que no sea celebratoria o alarmista. Este verano, en las piletas públicas de Red Hook, en Brooklyn, donde desde una camioneta, cada mediodía, se repartían bolsas de comida para el almuerzo: una botella de agua, un frasquito de yogur, un paquete de papas fritas, una caja de pollo al horno con arroz. O el lunes pasado, en el grupo amontonado de pacientes sin cobertura médica para atenderse con la piel descascarada en el centro de salud pública de la calle 28 y la avenida 9, en Chelsea, a veinte cuadras de donde comenzaba la Asamblea de las Naciones Unidas. O en la iglesia luterana de Harlem, donde, cada mañana, una cola infinita de negros y latinos recibe su desayuno de café con leche y baguels.
La crisis estalla en todo su esplendor cuando Estados Unidos atraviesa un momento de inédita efervescencia, dominado por la conversación política, la lectura apasionada de los diarios y los altísimos ratings de los programas periodísticos. Si esa excitación luce hoy porque los dos candidatos expresan
como pocas veces proyectos tan distintos, la efervescencia viene de hace ya unos años, desde que la inflación y el desempleo desnudaron la caída de los ingresos que el crédito oculta mal y poco. No había que ser un gran analista para darse cuenta, pero sí había que ser producto de un clima de época para
argumentar, en total negación, que la inflación no era tanta, que el crédito podía estirarse infinitamente sin afectar la estructura de la ecuación.
El cataclismo financiero de estos días se chupará a Nueva York a su modo, distinto del resto del país, no menos intenso, y volverá a cambiar la iluminista cara de Navidad eterna que la ciudad tiene desde principios de los '90 y que los atentados del 2001 sólo afectaron parcialmente. No hay forma de que los servicios públicos (la insoportablemente publicitada seguridad de las calles de Nueva York) no sufra un deterioro significativo si los ingresos fiscales que se apuntalan en el sector financiero se desploman. Sin políticas anticíclicas, es de esperar una cadena como la siguiente: la ciudad ve caer sus ingresos fiscales, el Estado decide incrementar la tarifa de subte para achicar ese agujero, la cantidad de trabajadores que utilizan el subte baja, el agujero se agranda.
La mayor curiosidad política es que Michael Bloomberg eligiera el día de ayer para anunciar que buscará reformar la carta de la ciudad para buscar un tercer mandato como alcalde. Bloomberg, que entre sus muchísimas virtudes no tiene la de un mínimo guiño hacia la equidad social, lleva más de seis años al frente de un desmantelamiento más o menos constante de la vivienda pública de la ciudad. El derivado es que durante la última década, al mismo tiempo que la ciudad vivía uno de sus mejores momentos económicos, también perdía la oferta de viviendas accesibles en favor de edificios para una
clase media que durante todo este tiempo pudo cubrir con créditos las carencias de sus ingresos. El panorama de una ciudad dividida entre quienes tienen casas que no pueden pagar, quienes ni tienen casas para pagar y quienes tienen alquileres anclados a los valores de la época de la burbuja, no es descabellado.
El alcalde piloteó todo el proceso con otras políticas públicas, y cooptando desde su fundación la casi totalidad de las organizaciones comunitarias de la ciudad. Si Bloomberg, que hasta hace meses jugueteó con la idea de candidatearse como presidente y hoy debe querer cortarse las cutículas por no haberlo hecho, se lanza a un tercer mandato, es porque sabe que hoy no tiene quién le compita, y no porque haya pensado en lo que se le va a venir.
Algunos estiman que Nueva York perderá en los próximos meses unos 80 mil puestos de trabajo vinculados directamente con el sector financiero. Muy pocos son analistas, o ejecutivos; la inmensa mayoría componen la famosa clase media, administrativos, carteros, pasantes cuyas familias se
endeudaron hasta el riñón para que su hijo fuera a la escuela de negocios de NYU con la esperanza de que los sueldos de Merril Lynch pagaran la cuenta más tarde. Los efectos de ese desparramo se hará sentir en el tiempo: cuando la familia cuelgue la deuda impaga o se imponga un consumo gandhiano para
pagarla, cuando el cartero anuncie que no tiene sueldo y el banco primero le saque la casa y después declare la quiebra, cuando la secretaria decida mudarse a una ciudad cuyo costo de vida sea algo menos hostil.
Otros costos serán más inmediatos. El lunes, en las mesas de un restaurante hindú de Gramercy Park, las apuestas giraban en torno de cuánto será la caída del precio de la propiedad en los próximos meses: ningún número bajaba del 12 por ciento. Unas semanas antes, una familia veía partir al hombre de
la casa para un reentrenamiento forzoso: Continental Airlines hará una poda drástica de sus vuelos internacionales y les ofrece a sus pilotos el reentrenamiento para vuelos locales o el retiro.
Finalmente, quizá ni siquiera haya fotos de colas para el pan, y la caída sea mucho más pronunciada, mucho menos dramática. Nueva York lucía anoche igual y distinta de los últimos años, sucia y tumultuosa, el subte repleto a la hora del regreso del trabajo, con una ventana abierta hacia sus lejanos años '70, el cielo violeta y los primeros fríos del otoño.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/subnotas/112547-35631-2008-10-01.html

Herencia y muerte del padre a la luminosa sombra de un sueño*

(a José Razzano y Carlos Gardel)

libros y mujeres
(tango y otros escondrijos
que no advierto a la sombra de tu ser
[perentorio)
y mujeres y mates y recuerdos de banfield
y fotografías
(lo mejor lo escribí)
hoy otra vez anoche esta mañana
por qué por qué aullaba yo
qué es eso de desguarnecerse
caer
morirse
por achicamiento
por consunción
esta mañana pregunté
en el sueño a mi padre
“justo cuando más te quería”

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Correo:

YO, Y LOS SETECIENTOS MIL MILLONES*

Ante todo debo aclarar que soy un estupendo ignorante en economía, incapaz de manejar aunque sea la pequeñísima mía, pero me siento muy sorprendido y como angustiado frente a las noticias de la macro crisis económica mundial, aunque de dimensiones menores a las que maneja el tráfico de drogas, de armas y la industria farmacéutica, por ejemplo.
No me es posible imaginar semejante medida de algo, ya sea de semillas, billetes o cualquier otra cosa. Desborda mi pequeñísima mente y asumo conciencia de la insignificancia de mi persona en el concierto del poder del “Sistema”. ¿Que relevancias pueden tener los habitantes del tercer mundo frente a la magnitud del poder económico del primer mundo.?
En estos días han bombardeado y emborrachado mi cabeza, los técnicos y los analistas de la economía a través de la radio y la televisión, tratando de explicar “él porque” de tal situación y como se llegó a ella.
En mi primario entender de hombre, casi en la “tercera edad”, trabajador, padre y abuelo de familia pobre, sin dólares, con penas, sin automóvil, pero con deudas, resumiendo las largas horas de explicaciones y teorías, creo haber entendido que esto sucede por la necesidad que los bancos tienen de hacer circular el dinero, y que por lo tanto prestaron grandes sumas a quienes ellos, sabían de antemano, que no iban a poder responder y a su vez ese paquete, algo así como un “presente griego”, se lo vendieron a otros bancos mayores, que pagaron con el ahorro de las poblaciones y las deudas de gobiernos y grandes empresas, que como era lógico dejaron de pagar y el gobierno del imperio, entonces se ve en obligación de acudir al rescate con la muy nombrada cifra de “setecientos mil millones de dólares”.
A mí en cambio, para prestarme un locos pesos, prácticamente me sientan en el “garrote vil”.
No cabe en mi cabeza predecir que pasará, pero sí tengo la seguridad que mi familia y los millones de familias como la mía, pagaremos con privaciones y presiones esa abultada suma, más un plus, que hará la felicidad de los poderosos con la infelicidad de los infelices. Como decía Dicepolín: “Verás que todo es mentira // verás que nada es amor // que al mundo nada le importas.....
Y puede ser y es casi seguro que los asesores del gobierno del Imperio, deben estar estudiando comenzar alguna guerrita en Asia o África y algunos “golpes de estado” en América Latina para financiar la abultad suma.
¡¡ Vamos que todavía podemos... sufrir un poco más !!

*de Gabriel Segovia lebriga32@hotmail.com

Homenaje*

Los amigos y la familia de Horacio Rossi invitamos al acto de homenaje que le realizaremos el próximo sábado 4 de octubre a las 11 hs, frente a su domicilio, Bvard. Pellegrini 2936, en el cantero central del boulevard. Haciéndonos eco de uno de sus poemas

Ese árbol no tiene hojas
¡las flores!
lo sostienen en el aire.

plantaremos un lapacho rosado acompañado por una placa con el poema citado.
Comparten esta invitación SADE Seccional Santa Fe, ASDE, Taller literario La Madeja , El Arca del Sur, Taller Literario Paula Albarracín, La Urdimbre , Grupo Alephianos, los colegas y todos quienes disfrutaron de su cálida presencia.

*Enviado para compartir por Oscar A. Agú. cachoagu@yahoo.com.ar

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20/09/2008 GMT 1

A LA CAÍDA DE LOS MUROS...

urbanopowell @ 15:04

Una piel blanca, suave, transparente*

Una piel blanca, suave, transparente.
Un alma blanca, suave, transparente.

Muros dormidos y pasillos llenos de sombras y silencios ruidosos.
Muros escondidos dentro de ellos mismos.
Tiempo detenido.
Piedras.
Claustros.
Historia.

Pasos perdidos mil veces siguiendo senderos que no llevan más que a los mismos pasos y rumor de togas y pies que se arrastran de puntillas presurosos y calmos. No hay prisa en estos pasos, porque nunca llegan tarde a su destino. No hay prisa en estos caminos porque dan la vuelta y regresan a su mismo punto de partida.

Da miedo pensar en largas filas de monjitas dirigiéndose a maitines diariamente y que, en el curso de los años, se acortan progresiva e inexorablemente, y hoy, en el ultimo siglo recién estrenado, las catorce
monjas del Convento de Clausura de la Virgen del Santo Rosario de Toledo, dependientes de Arciprestado de la misma ciudad, sean lo que queda de aquellos tiempos espectaculares en vocaciones.

Pero su piel es blanca, su alma es blanca y su sonrisa es pura.
Sonríen como niñas cuando te preguntan por el mundo, se alborozan cuando les cuentas que hay una máquina de coser que tiene motor, y siguen preguntando, pero les dices que lo demás no ha cambiado mucho, o ha tenido cambios sin importancia - siguiendo las indicaciones de Arciprestado - porque "la
información podría afectar su equilibrio".

Catorce monjas que bordan, rezan y ríen. Eso último menos. Que se conocen cada rasgo de su carácter, sus manías y sus reacciones, porque llevan tantos años juntas, envueltas en las paredes de los claustros sombreados y en las frescuras de esos muros que han visto rezar y dejar la vida a otras compañeras que, como ellas, habrán salvado multitud de almas con sus rezos.
Si no fuera así, si no hubieran salvado tantas almas, ¿Qué sentido tendría haberse encerrado de por vida? ¿Haber rezado tanto?

Y la más anciana tiene una sonrisa de niña, y la más joven tiene unos ojos de agua clara. Y te das cuenta de que la bondad, en su estado puro, existe.
Y te das cuenta de que la bondad no se confunde con la ignorancia, pero todo ayuda... Y te das cuenta de que la bondad, para protegerla, para que perdure, para que se manifieste, hay que encerrarla detrás de muros centenarios, de gruesas paredes, en cuerpos sencillos, inocentes, ignorantes, desinformados y un tanto sectarios.

Pero, con todo y sin entrar en las disquisiciones a las que nos llevan estos actos de renuncia que nos asombran, nos admiramos por el sosiego, la tranquilidad del alma y la bondad.
¡Ah!, y sobre todo, por la sonrisa.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

A LA CAÍDA DE LOS MUROS...

REGALO DE NO CUMPLEAÑOS*

Un toque suave como aleteo de mariposa, saca a Carlos del sueño a duras penas conquistado, después de una noche de trabajo, preparando su próxima exposición.

- Papá... Papá, despierta, te tengo un regalo de cumpleaños...
- Pero Aitana, ¿de dónde has sacado que hoy es mi cumpleaños? - responde desperezándose.
- Ayer me dijiste que... que.
- Bueno, en cierto modo todos los días se cumple algo... - se autoconsuela, sentándose la hija en las piernas - Lo que vale es la intención, a ver ese regalo.
Le tiende una hoja de papel con un garabato informe. Carlos lo mira desde todos los ángulos posibles.
- Bien, creo que voy a necesitar tu ayuda, está muy lindo tu dibujo, pero... ¿qué es?
- Una silla.
La condición de educador se impone a los deseos de retomar el sueño.
- Mira, amor, ayer me dijiste que querías ser pintora como papá, ¿recuerdas?
- Ajá - asiente ella muy atenta.
- Pues los pintores antes de dibujar tienen que hacer una detallada observación del objeto que van a pintar, ¿me entiendes?
Ella niega mientras mira cariacontecida su dibujo.
- ¿No te gustó mi regalo, papi?
- De ningún modo pienses eso, me gustó mucho... Solo quiero enseñarte a hacer una silla. Vamos a hacerlo de otra manera. Busca un papel en blanco y un lápiz.
La pequeña corre y regresa con el pedido.
- Ahora ve al comedor, mira bien la silla y dime qué es lo primero de ella que te llama la atención.
Obedece, contenta con el juego.
- Tiene dos cositas para poner los brazos y una cosa para poner la espalda.
- Vamos muy bien, esos son los brazos y el espaldar. Vuelve y dime qué más ves...
Ida y vuelta a toda prisa.
- Tiene algo rojo para sentarse y paticas para pararse...
- ¡Bravo! Eso rojo es el cojín, y las paticas... ¿cuántas me dijiste que eran?
Corre de nuevo y vuelve jadeando con cuatro dedos en alto.
- Una, dos, tres, cuatro...
- Eso es: una silla se compone de cuatro patas, un espaldar, un asiento y dos brazos. Ahora que sabes todo esto... ¿Qué vas a pintar para complacer a papá?
Aitana toma el papel, el lápiz y se marcha. Al rato vuelve y le entrega al padre un papel con un nuevo garabato.

- Pero, amor mío, ¿qué es esto?
- Una rosa...

*de Marié Rojas Tamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)
-Del libro "De príncipes y princesas", Editorial El Far.

XXVI*

Estaba aquella luna

que ensangrentó

la tormenta

como un ojo en la noche

donde yo era

el último náufrago

el último hombre

un solitario

que sobrevive

a las catástrofes.

*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
-Fuente: El vuelo de la abeja. Ciudad Gótica. 2008

A medias*

No mentían.

Siempre a medias.

Se mantenían.

En una zona de grises.

A mitad de camino.

Ninguno cruzaba.

Al otro lado.

Ni a la verdad.

Ni al silencio.

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

El Ike financiero

*Por Fidel Castro

Las noticias de hoy por la tarde no tienen desperdicio:
- “Bush canceló todas las actividades. Tenía previsto viajar a Alabama y Florida para participar en actos de recaudación de fondos electorales.”
- “Dijo el jueves que estaba preocupado por la situación de los mercados financieros y de la economía estadounidense...”
- “Los mercados se han desplomado –continúan informando los cables–, el gobierno se ha visto obligado a nacionalizar el gigante asegurador American International Group (AIG), y la Reserva Federal, en una acción coordinada con otros bancos centrales, ha inyectado 180 mil millones de dólares en los mercados financieros.”
- “El mandatario aseguró que su gobierno está tomando medidas agresivas y extraordinarias ‘para calmar los mercados’.”
- “Las autoridades de toda Asia buscan frenar la caída de sus monedas, Bolsas y valores, para evitar que la crisis de Wall Street golpee a la región.”
- “El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, culpó hoy a la especulación de la crisis financiera internacional, y admitió que está preocupado por los riesgos de una recesión en Estados Unidos.”
- “También se compadeció de la situación de los grandes bancos de Estados Unidos, que en el pasado criticaron a Brasil y a otros países emergentes, y puso en tela de juicio el sistema financiero internacional.”
- “Hay una crisis en Estados Unidos, una crisis muy fuerte, que ha llevado la mayor economía del mundo a sobresaltos extraordinarios”, dijo.
- “No es que no estemos preocupados. Estados Unidos es la mayor economía del mundo y el mayor importador.”
Concluyó sus palabras afirmando: “Veo con cierta tristeza bancos importantes, muy importantes, que pasaron la vida dando consejos sobre Brasil y sobre lo que teníamos que hacer o no, y que ahora están quebrados o entraron en bancarrota”.
Los vientos huracanados del Ike financiero también amenazan a todas las “provincias” del mundo. El pronóstico meteorológico es incierto; se viene hablando de él hace semanas, y ráfagas de más de 200 kilómetros por hora se hacen sentir. Como dice Rubiera, de una categoría a otra su capacidad destructiva se eleva al cuadrado.
Es muy difícil seguir de cerca y comprender las cifras fabulosas de dinero fresco que se inyectan a la economía mundial. Son grandes dosis de papel moneda, que conducen inevitablemente a pérdida de su valor y capacidad adquisitiva.
El crecimiento de los precios es inevitable en las sociedades consumistas y desastroso para los países emergentes, tal como lo señala Lula da Silva. Si el más grande importador del mundo deja de importar, golpea al resto; si sale a competir, golpea a los demás productores.
Los grandes bancos de los países desarrollados imitan y tratan de coordinar con los de Estados Unidos; si los de éste quiebran, los de aquéllos también, y se devoran unos a otros.
Los paraísos fiscales prosperan; los pueblos sufren.

¿Acaso así podría garantizarse el bienestar de la humanidad?

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/subnotas/111912-35400-2008-09-20.html

LA CONSPIRACIÓN*

El hombre sentado en un sillón tan viejo y desteñido como él, bajo una enorme higuera miró con recelo el perro buldog que lo contemplaba con ojos interrogantes.
Un bastón descansando en el apoyabrazos herrumbroso del sillón y el zapato ortopédico en su pié derecho denunciaban su renguera.
Intentando evitar la mirada del perro levantó hacia el cielo su rostro cuadrangular con mofletes caídos y grandes pliegues en sus mejillas. Su mandíbula inferior sobresaliente y las comisuras hacia abajo le daban un aspecto nada agradable, mas bien hosco. El sol ya se había puesto y el horizonte era una mancha violácea. Las primeras estrellas comenzaban a brillar como farolitos suspendidos en el aire. El hombre buscaba la cruz del sur .pero no podía sustraerse a la presencia del perro. Cambió a propósito la postura su cuerpo y lo volteó hacia la derecha intentando evitar esa mirada que lo incomodaba.
Volvióse de repente y los ojos del animal seguían fijos en él. Tomó su bastón e hizo un ademán amenazante con ambos brazos.
El perro en un movimiento súbito se paró y se alejó del lugar rápidamente pese a faltarle la pata derecha trasera.
El silencio del anochecer fue quebrado por el golpeteo de manos de la mujer que anunciaba la hora de la cena .El hombre se levantó presto. Los ruidos, de su abdomen, urgentes, denunciaban su estomago vacío.
En su apuro, pese a su estatura mediana, unas ramas de la higuera casi rozan su rostro.
Se trasladó con trancos rápidos no esperables dado su cuerpo fornido, torso ancho y la única pierna corta, recta y robusta.
Un sendero de piedra laja llevaba hasta la casa.
Atravesó una puerta de madera descascarada entró a una habitación alumbrada por una débil luz que provenía de un foco que pendía del techo. Una anciana pequeña lo esperaba al lado de una mesa recubierta por una tela de hule.
Su aspecto frágil era desmentido por una mirada enérgica y decidida que escondía detrás de unos anteojos con marcos de carey que pareciera tenían una función ornamental dado que no se observaba aumento alguno.
El viejo se sentó en una ruidosa silla de madera destartalada .La mujer sacó de una plomiza olla de aluminio un cucharón con alimento y llenó el plato enlozado. Con brusquedad lo deslizó sobre la mesa .El movimiento hizo que el plato se corriera hacia el otro extremo de la mesa, pero el viejo frenó el movimiento y lo tomó con avidez. Se dedicaron a ingerir en silencio lo que el magro salario de jubilado, les permitía.
El hombre devoraba la comida en grandes y ruidosos sorbos. Estaba tan concentrado en el acto de comer que no parecía advertir la cara de asco de su mujer ni las gotas del líquido espeso que caían sobre su raída camiseta celeste que con la humedad se convertían en lunares azules. Terminó y miró a la mujer con ojos expectantes. Ella señalo la abollada olla con el mentón y preguntó sin palabras si deseaba más. El, emitió un gruñido que se interpretó como un si y la anciana volvió a llenar el plato, esta vez el gesto con el que sirvió la comida salpicó el repasador que hacía las veces de mantel individual.
La mujer, que había terminado su pequeña porción miraba a un punto indefinido, con las manos a los costados de su cuerpo.
El viejo terminó de comer y limpió el plato con un gran trozo de pan, hasta dejarlo brillante; engulló el pan de un bocado, lo que distendió los pliegues de las mejillas. Se limpió la boca primero con la palma, luego con el dorso. La vieja miró en silencio los restos de comida en la nariz pequeña y aplastada del viejo. Levantó los platos y a espaldas del hombre, destapó la cacerola y evitando que la viera, sacó un gran trozo de carne que había en ella,
Se dirigió al patio a darle la comida al perro. El animal la recibió alborozado, lamiendo sus pies, con la mano sacó el pedazo de carne de un impecable tazón, se lo ofreció y el perro lo tomó con sus dientes delicadamente.
La mujer se sentó en la reposera, mientras el perro, a su lado, comía despaciosamente, casi sin hacer ruido.
Los pensamientos se enredaron en las ondas levemente insinuadas de su cabello cano, corto y prolijamente peinado. Pensaba que lo único que la unía al viejo, era el perro. Además la mutua conveniencia, claro, ella necesitaba comer, medicamentos; él ropa y casa limpias y sobre todo comida. Se le ocurría que su felicidad estaba puesta en la comida. Por ello no se esmeraba mucho en cocinar pero él devoraba todo como si fuera el mejor manjar del mundo. Pero había algo que los unía mucho más importante. El odio. Un odio sutil, insidioso, que como el barro oscurecía todo, las paredes de la casa, los vidrios, las arrugas de sus rostros. Que se adhería a su cuerpo recorría sus piernas .se introducía en su vientre, retorcía sus vísceras, estrujaba su pecho, finalmente como un nido de víboras quedaba enroscado en su corazón. Un odio que se había enquistado y que cada metástasis era percibida por el viejo _ estaba segura _aunque no lo verbalizara.
Un odio que comenzó hace siglos… ¿O fue ayer?.....Fue la noche que él tuvo el accidente a la salida del motel. Rezó tanto para que muriera, hizo tantas promesas pero parece que no alcanzaron porque lo único que se le murió fue el pié derecho.
Ella quedó sin auto y sin amiga, él, sin auto y sin pié.
Intentaron una y mil veces separarse, pero siempre surgía el mismo escollo: Ninguno de los dos quería ceder el perro. Presentía que el viejo quería quedarse con el animal, no por afecto, sino por llevarle la contra .También pensaba que el viejo sentía celos del buldog, por ello, a propósito le hablaba, lo acariciaba le daba los mejores pedazos de carne. Paradójicamente a medida que crecía su afecto por el perro también aumentaba la semejanza del viejo, con la cara de cara de pocos amigos de la noble bestia.
Jamás hablaban. No se separaron pero el castigo mayor fue el silencio.
Su monólogo interior fue interrumpido por los pasos irregulares del viejo. Se levantó ágilmente, tomó el tazón del perro, vacío y con el se dirigió al interior de la casa.
El perro cuando vio que el hombre se acercaba hizo un movimiento de retroceso.
El viejo se dejó caer en el sillón y un eructo sonoro quebró el silencio de la noche.
La única luz era la de las estrellas, ya que había renunciado a encender la luz del patio porque la mujer, desde adentro, sistemáticamente la apagaba.
Una luna grandota acentuaba los claroscuros de la noche. Se insinuaban nítidamente las formas irregulares de la higuera.
Con su estomago repleto aspiró con fruición los olores de la noche. La suave brisa que venía del norte, traía ráfagas de fragancias, azahares, glicinas, jazmines. Dejó que su cuerpo se relajara. Extendió ambas piernas. Estaba cansado, con el peor de los cansancios, el de no hacer nada.
El perro como siempre lo observaba pero su silueta se fue desdibujando a medida que cerraba los ojos. De repente, lo sobresaltó una presencia, mas que verla, la presintió.
Se dio vuelta y vio a su mujer con el cuerpo rígido por el odio que había tomado la barreta que servia para asegurar la puerta y se dirigía hacia él. No dudó de sus intenciones. Se levantó raudamente pese a su discapacidad, giró el cuerpo pero se encontró con el cuerpo amenazante del perro que le gruñía ferozmente. Sus ojos rojos, relampagueantes. Entendió la conspiración. Solo lo movió su instinto de conservación.
Tomó el bastón y golpeó y golpeó.
Percibió la presencia de la mujer defendiendo el perro, pero no podía parar. Y golpeó y golpeó. Los golpes sonaban secos en la noche serena.
Los pelos grises de la vieja se entremezclaron con los pelos del perro y cuando lo salpicó la masa encefálica, no supo si era de ella o del animal. El corazón le golpeaba en el pecho y la transpiración, le impedía la visión.

En la noche estrellada el grillo interrumpió su serenata al escuchar los pasos de la vieja que acudía a darle al perro el tazón de leche habitual. Este la recibió moviendo su rabo, casi inexistente.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

La caída del Muro de Wall Street*

*Por Alfredo Zaiat. azaiat@pagina12.com.ar

Cuando alemanes orientales comenzaron de madrugada a derrumbar a fuerza de mazazos el Muro de Berlín también se terminaba de desmoronar un sistema económico, político y social. El 9 de noviembre de 1989 fue el día que cayó el muro de unos 50 kilómetros de largo y 4 de alto que durante 28 años había
dividido a Berlín Occidental de la República Democrática Alemana. Fue el acontecimiento simbólico del fin de una época y el comienzo del proceso de desaparición de la poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Políticos, intelectuales y militantes del Partido Comunista en el
mundo se quedaron sin referencia, sin el faro que orientara su accionar cotidiano. En las dos décadas previas a la debacle final, ya había comenzado un persistente cuestionamiento a ese modo de organización burocrática y represiva que bajaba del Kremlin. Pero muchos no podían romper con esos
lazos de lealtad a la caricatura que se había convertido lo que fue la extraordinaria revolución bolchevique. Implicaba un profundo conflicto existencial, imposible de resolver, respecto de todo lo que habían cultivado, creído e interpretado a lo largo de su vida. Lo que vino después para esas sociedades fue mejor en el aspecto de las libertades individuales, pero no lo fue tanto en cuanto a condiciones materiales para las mayorías, salvo para una elite que se apropió del control de las riquezas de esos
países. Esta semana el mundo ha empezado a vivir un acontecimiento histórico similar a partir de la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y la compañía de seguros AIG: la caída del Muro de Wall Street.
Los golpes que van destrozando cada uno de esos ladrillos son el símbolo del fin de una época y el comienzo de una era hoy desconocida. Fueron casi 40 años de mercados financieros cada vez más desregulados, con entes de control públicos colonizados por los banqueros, libre movimiento de capitales especulativos y desarrollo de sofisticados instrumentos financieros que intensificaron el frenesí del casino global. Los gobiernos perdieron el control del sector financiero de la economía. Los dueños de las entidades, ejecutivos, analistas y operadores de esos mercados percibían ingresos obscenos, constituyéndose en una casta privilegiada durante estos años de dominio del mundo financiero sobre la economía real. Semejante poder terminó condicionando a las autoridades democráticas definiendo la lógica de funcionamiento general de las potencias, como en Gran Bretaña, donde la "industria financiera" representa el 30 por ciento de su economía. En la década pasada ya habían empezado a emerger síntomas de esta crisis: el crac bursátil de 1987, la ruina de Long Term Capital Management, el estallido de la burbuja de las puntocom y la quiebra de Enron, entre otros. Como los mismos fanáticos de la nomenclatura soviética, políticos, banqueros centrales, economistas de la city e inversores sofisticados no admitían cuestionamiento a la concepción del libre mercado y el predominio de las
finanzas.
La caída del Muro de Wall Street provocará un perturbador conflicto existencial a esos protagonistas parecido al vivido por los militantes comunistas con el hundimiento de la URSS. Ese mundo del dinero fácil, ideas del liberalismo mágico, estilo de vida, teorías y postulados se ha pulverizado. Se han quedado sin un faro en la vida. Serán patrullas perdidas del sistema capitalista con predominio de las finanzas que está acabado. El riesgo para Argentina, que está bastante blindada de coletazos de la crisis internacional, es la existencia en el país de un contingente numeroso de esos milicianos que, aún alienados de un fanatismo conmovedor por el ideario que ha fracasado, ha empezado a deambular por gran parte de los medios exponiendo su propia mediocridad. Se sabe que no es fácil para los seres
humanos admitir su propia decadencia. Sus ideas presentadas como verdades absolutas durante décadas en relación con la concepción celestial del mercado libre, de la administración del riesgo, de la dispersión del capital y eficiencia de la actividad financiera son un fiasco a nivel global. Hasta
se quedaron sin el argumento final de su fundamentalismo acerca de que eran los agentes sociales (políticos, sindicatos) argentinos la razón de la debilidad permanente de la economía. El estallido se ha producido en el corazón del capitalismo financiero y la respuesta desesperada del líder extremista del laisser faire fue una intervención impresionante del Estado.
El origen de esta crisis terminal no se encuentra solamente en la irresponsabilidad de un grupo de banqueros ambiciosos en el manejo de créditos hipotecarios de baja calidad. Su raíz se remonta a comienzos de la década del setenta. El mundo de las finanzas internacionales comenzó a cambiar a partir del 15 de agosto de 1971. Ese día el presidente republicano Richard Nixon ordenó suspender la compraventa de oro decretando la inconvertibilidad del dólar con ese metal precioso, con el objetivo de poder emitir sin restricciones para cubrir sus desequilibrios externos, al tiempo de intentar la defensa del dólar como moneda internacional, como explicó Susanne de Brunhoff en su didáctico libro La política monetaria, publicado en 1973. Ese fue el inicio del final del sistema que desde la Segunda Guerra
Mundial los países desarrollados habían utilizado para administrar las finanzas y el comercio global (Bretton Woods). Uno de los aspectos fundamentales de ese esquema era que la relación entre las paridades cambiarias de esas naciones estaba fija en dólares, y que el valor del dólar estaba respaldado por el oro a una cotización -garantizada por el Tesoro de Estados Unidos- de 35 dólares la onza. Esto provocó el descalabro del mercado de cambios y luego de intentar sin exito volver a definir tipos de
cambio fijos, en julio de 1972 se permitió que la libra esterlina flotara contra el dólar y luego le siguieron Japón con el yen y el resto de las potencias europeas con sus respectivas monedas. Antes de esa medida de Nixon, el tipo de cambio fijo estaba defendido por fuertes controles del flujo de capital entre países, y también estaban muy controlados los mercados financieros domésticos.
La inconvertibilidad del dólar fue la puerta que se abrió para desregular los flujos internacionales de capital debido a la necesidad que tenían las empresas y bancos de cubrirse por las fluctuaciones de las tasas de cambio de las monedas. Fue el mordisco a la manzana del pecado. Las firmas que negociaban en los mercados extranjeros presionaban para poder diversificar su cartera de activos para reducir riesgos. La idea era que tenían que operar en divisas y activos financieros en transacciones inmediatas y a futuro en función de la percepción del riesgo que implicaba la fluctuación de los tipos de cambio. Desde entonces se empezó a desarrollar en forma vertiginosa la "industria financiera", con la creación de instrumentos sofisticados que requerían una cada vez mayor desregulación de los mercados,
apertura de los sistemas bancarios y liberación al movimiento de capitales.
Se fue construyendo así el casino global donde la administración del riesgo fue transferida desde el Estado al sector privado. Esa liberalización internacional ha exacerbado la volatilidad del mercado y aumentado enormemente el peligro de contagio. Es lo que se vivió en la región durante la década del noventa y, por fortuna, mal que le pese a la secta de brujos nativos, el tránsito a contramano del Consenso de Washington les permite a esos países tener mejores defensas para enfrentar el actual crac de Estados Unidos y Europa.
Ese orden financiero global ha estallado con la burbuja inmobiliaria y los créditos subprime en Estados Unidos, activos que alcanzaron el estadio final de la sofisticación de instrumentos financieros desregulados. Ya nada será igual, aunque todavía no se vislumbra el modelo que lo sustituirá. Otra
forma de regulación del sistema capitalista emergerá luego de la caída del Muro de Wall Street, lo que no significa que vaya a surgir rápidamente teniendo en cuenta la disputa que se precipitará dentro de Estados Unidos, pero fundamentalmente porque el eje del poder hegemónico global pasará a estar compartido con nuevas potencias en crecimiento.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-111911-2008-09-20.html

Primavera Porteña 2008*

Hoy te veo Buenos Aires enferma de amarillo. Muda con una hache como escalera de un solo escalón que no permite alcanzar nada.
Aunque el cielo se pinte celeste y un falso slogan "no hay ciudad sin poesía" esta primavera nos encuentra a los escribas volviendo a derramar tinta con broncas en versos mas tristes como en épocas que recordar no quiero.
Esta realidad nos urge a reclamar lo que nos pertenece, dejando en un rincón que no alcanza, kilos de esperanzas que se reproducen y no son permitidas desatarlas.
Resulta difícil hacerle entender al gerente frío y material que la sensibilidad también existe.
Nuestros justos reclamos son considerados por la gran prensa como "caos en el tránsito". Nuestra defensa a la vida vista como "un acto piquetero".
Y esa hache mayúscula negra que resume la actitud de no opinar, de no decir nada, de silencio total ("el silencio es salud" ¿se acuerdan?), en boca de una mayoritaria clase media robotizada que nos recuerda los años más terribles de nuestra historia, me produce un profundo dolor.
Después de haber podido conseguir con tanto esfuerzo y tiempo un poquitito de nuestros sueños, no podemos permitir que una gran topadora los destruya en un segundo.
No nos quedemos cruzados de brazos, no existe el cansancio para seguir luchando, tal vez esa sea nuestra misión en esta tierra: no dejar que se apaguen nuestras lucecitas para seguir iluminando el futuro.

*de Aníbal Jorge Sciorra sciorra52@gmail.com

DOCE AÑOS*

Una pregunta puede ser formulada de muchas maneras. Una respuesta es siempre vaga si no se sabe a qué pregunta responde. Uno puede decir que sí o que no a muchas cosas, a una cantidad increíble de cosas, pero hay sólo un puñado de cuestiones a las que diciéndoles que sí o que no, uno es quien es.
Todos, tres o cuatro veces en la vida, hemos dicho que sí o que no frente a algunos dilemas, y esas respuestas hoy nos hacen los que somos. Por eso es tan importante, en esos momentos clave de la vida, tener la suficiente lucidez como para plantearnos de un modo honesto e inteligente esos dilemas. Son las encrucijadas de la vida. Las hay siempre y las enfrentamos todos, nos guste o no, en algún momento. No ver las encrucijadas con claridad es una de las maneras más comunes de estropearnos el futuro, o la identidad.
Pero si alguien es niña, si tiene doce años, si fue abusada y si está embarazada, probablemente tenga de sí misma y del mundo ideas distorsionadas, como está distorsionado el propio cuerpo con ese embarazo que no le tocaba, con eso que le fue impuesto con una violencia tan pasmosa que no podemos decir ni una sola palabra que la encarne. Esa violencia y sus legados pertenecen a un mundo del que no sabemos nada. Somos extranjeros de ese sufrimiento. Y entonces, un sí o un no, ¿qué significan? ¿A qué responden? ¿Qué le habrán preguntado a la niña mendocina? ¿Querés tener a tu bebito? O, ¿querés matar a tu bebito? O, ¿querés interrumpir tu embarazo? O, ¿querés que tu bebé siga creciendo adentro tuyo, así después lo cuidás y jugás con él? ¿Qué le habrán preguntado que la niña mendocina dijo que sí?
Es tan fácil andar castigando los cuerpos y las mentes ajenas, embanderándose con la religión católica y con sus preceptos sobre el ser persona del pre-feto de cinco minutos de vida. Es tan fácil llenarse la boca con el amor a la vida mientras se toma por asalto una habitación de hospital donde una niña de doce años se debate en el horror de sí misma y en los enigmas del destino. Es tan cruel y tan ciego cargar con la propia moral sobre una niña que es una niña, sobre esa niña a la que una violación y un embarazo no le han quitado su dignidad de niña, y por lo tanto no puede y no debería decidir sobre el irreversible paisaje de su propia vida, ya desarticulada de la felicidad, ya hundida en el horizonte de la maternidad a una hora que no es, de la forma que no es, con sentimientos que no son, y como resultado de un terrible recuerdo que ya lleva tatuado en la mente.
Las tribus fundamentalistas católicas se han dado un festival en Mendoza. No hay ningún atenuante para interrumpir un embarazo cuando el punto de vista es religioso. Ninguno. Ni doce años ni la violación de un padrastro. Un embarazo para esas tribus fundamentalistas y para los jerarcas del Vaticano que imparten las normas de las vidas que ellos no viven, ya no es un embarazo. Es un símbolo. Es una última trinchera tras la que resisten exactamente los mismos que dicen que el preservativo es inútil para prevenir el VIH, y desaconsejan su uso. Un embarazo es nada menos que el resultado justo de un coito. Es el propósito último que dispensa el deseo sexual y lo sublima. Por esa lente distorsionada se sublima hasta la perversión de un violador, si como resultado de la violación hay embarazo. Hay quien dijo que la peor de las perversiones es la abstinencia.
Pero no nos gobierna la Iglesia Católica. Si fuera así, tampoco habría divorcio ni cementerios civiles ni escuelas públicas. Apenas volvió la democracia, el debate sobre el divorcio también hizo salir a la calle a la reserva católica con fobia al mundo. Fue Santo Tomás, un ex libertino, el que designó a las cosas de este mundo como “inmundas”. Este mundo, se sabe, es el escenario en el que transcurre lo humano. En este mundo vivimos como podemos, hacemos lo que podemos, sufrimos lo que nos toca. Pero es necesario hacer visible la vara que mide nuestras inmundicias. El sexo no es inmundo; ni el sexo con amor ni el sexo sin amor son por sí mismos inmundos. Hay coitos inmundos, cómo no, así como hay abstinencias aberrantes. La Iglesia Católica puede dar fe del resultado aberrante de muchas de las abstinencias que patrocina. No es casual que los varios juicios que se llevan adelante en este momento contra sacerdotes católicos pedófilos tengan como víctimas no a niñas sino a varones. La faja de la represión suele abrirse con fuerza por el lugar más apretado. Las pulsiones humanas no pueden mantenerse fajadas, y estallan de las maneras más crueles cuanto más se ha querido aplastarlas.
Las fanáticas pro vida que entraron a la habitación de hospital donde estaba internada la niña mendocina a la espera del aborto que había solicitado su madre y que le fue negado, esas brujas que entraron con sus folletos de fetos muertos y sus palabras terribles a convencerla de que no abortara, consiguieron lo que buscaban. Han ganado una batalla a costa de la vida de una niña de doce años. Se han engullido su futuro y sus emociones. Son caníbales.
Por último, el juez de Familia Germán Ferrer, con su fallo y sus fallutos comentarios, ha dado cuenta, de cómo la Justicia se ha alejado de su eje en este caso, con un punto de vista completamente distorsionado, igual que la suerte de quien dependía de ella. El juez Ferrer eligió una posición equidistante de dos demonios, los “grupos pro vida” y los grupos “pro abortistas”. La madre de una niña de doce años violada por su padrastro no tiene nada que ver con ningún grupo de ésos. El juez tenía que preservar la dignidad de la niña y hacer justicia para ella, no para ningún grupo. Los atropellos contra la niña y los 300 mensajes de texto que le mandaron al juez eran de los fanáticos pro vida. Instalar dos demonios donde no los hay es una práctica retórica que trae malos recuerdos y da vergüenza ajena

-FUENTE: Contratapa de Página/12
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 21 de septiembre del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor español Daniel Mateos. Las poesías que leeremos pertenecen a Omar Gallo Quintero (Colombia) y la música de fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg
AUSTRIA Tel. + Fax: 0043 662 825067

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16/09/2008 GMT 1

DESHOJANDO PLUMAS A LA ILUSIÓN...

urbanopowell @ 14:50

Entre los Dientes*

-Canción-

Yo inventé una mujer que tenía por vestido
retazos de sueños unidos;
que caminaba sobre nubes brillantes
y sonreía como si respirase,
así se fácil… así de inconquistable

Andaba por laberintos del destino
y corrí tras de ella encaprichado
en creerla perfecta, inobjetable
pero era en realidad tan humana
que se aterró de mi amor delirante

y tejió una coraza de razones
para poner distancia y resguardarse,
se trepó en una torre de excusas
y desde allí me miraba anhelante
rodeada de poesías y canciones
temerosa de verdades gigantes

No se atrevió a saltar, sólo escuchaba
una y otra vez mi canto urgente
poblando con mi voz sus largas noches
y con mis fantasías su presente
para quedarse al fín con su silencio, y yo
¡con este invierno entre los dientes!

*De Víctor Turquet. victurquet@yahoo.com.ar

DESHOJANDO PLUMAS A LA ILUSIÓN...

Los desarraigos*

Las fronteras no existen.
Da lo mismo
morir en Purmamarca
que en un monte lejano
de la India.
Compatriotas son
los que se quieren,
los que comparten
afectos.
Los que siembran
la tierra
los que van
al espacio,
los que escriben
los libros
y los que vuelven
de la inflexible
sombra
de las minas.
Y aquellos
que toleran
a los que son
distintos.
La patria
es ese claro
donde se es
aceptado,
donde no hace falta
responder con agravios
y donde no se teme
ser el menos
valiente.
Las fronteras
no han sido,
ni lo son
ni serán
más que
banalidades
que cumplen
cometidos
de imponer
desarraigos.

-De Los barcos y este mundo

*De Ana Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

CARTA A MI HIJA*

Disculpa, princesa,

Si a veces no entiendo que mi sombrero - aquel que me gustaba tanto - es ahora tu corona, mis pañuelos de seda las sabanitas de tus muñecas, mis tacones tus escaleras para llegar al cielo; si no comprendo la importancia de tus saltos en la cama, a pesar de los quejidos del viejo colchón de muelles, o tu necesidad de otro cuento, y otro más, y otro...
hasta que llegue el hada de los sueños; por haber perdido la noción de tu tiempo sin prisas.
Absuélveme de incomprensiones absurdas, cuando no logro deducir que tus amigas se ven más lindas si les untas mi única caja de maquillaje - en el fondo, nunca iba a usarla -; que tu familia de ositos huele muy bien usando mi perfume favorito, aunque ahora solo quedan sus añicos en el suelo; que aquellos documentos que dejé a tu alcance se ven mucho mejor con tus dibujos.
Comprende mi ignorancia por no saber que la nevera es un mundo mágico, que con colocarte sobre una silla y tomar un poco de escarcha entre las manos, ya no necesitas ir a Europa para entender la historia de "La reina de las nieves"; mi impericia por no saber apreciar las obras de arte que dejas en mis paredes, los arco iris que recortas en mis sábanas, la belleza oculta en mi abanico roto...
Disculpa mi impaciencia cuando no entiendo tu lenguaje, tan perfecto, o no he sabido explicarte bien, en ese idioma que me enseñas cada día, aquella duda que tenías acerca del lugar donde duermen las estrellas, o la temporada de muda de plumas de los elefantes.

Perdóname mi amor, por ser adulta y olvidar a veces mi propia infancia.

Mamá

*de Marié Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)
-Del libro “De príncipes y princesas”, editorial El Far, Mallorca, 2006

El optimista*

Era un hombre optimista, con un carácter positivo con el que hacía frente a las situaciones más desfavorables. Sus padres estaban convencidos de que esta característica era debida a que sus genes tenían una buena parte de los de su antepasado Stefen Plumkier, navegante, geógrafo y conquistador, que en los albores del siglo XVII despareció en su último viaje a las tierras centrales Mesopotámicas.

Al igual que Plumkier, su predisposición para afrontar las dificultades hacía que, ante cualquier situación negativa, su carácter le ayudara a sobreponerse viendo la parte buena.

Con la edad esta cualidad ha ido en aumento. Sin ir más lejos, cuando esta mañana fue atropellado por el tren se alegró porque sólo le hubiera cortado una pierna y se puso a saltar de alegría sobre la otra.

*De Joan Mateu joan@cimat.es

LA REALIDAD TAL CUAL QUERÉS VERLA*
Crónicas del Hombre Alto (nº 42)

Si de algo no se puede acusar a la televisión argentina actual es de falta de transparencia en los mecanismos que alimentan su diario funcionamiento. Las picardías casi desleales con que se intenta robarle unas décimas de rating a la competencia, la artificialidad de ciertos escándalos, el modo desenfadado en que ignotos personajes construyen su efímero protagonismo, la naturalidad con que el afán publicitario se incrusta en el contenido mismo de los programas hasta el punto de fagocitarlo, todo eso ocurre sin el menor disimulo, se cocina con elaboración a la vista del público. Al menos, a la vista de todo aquel que esté dispùesto a ver lo evidente.
La última propaganda institucional de Canal 13 de Buenos Aires, sin embargo, llega a un grado de franqueza que asusta. "En septiembre, te mostramos la realidad tal cual querés verla", se anuncia en ella, literalmente, y uno no sabe si atribuir semejante declaración a un acto fallido o a un ejercicio cínico de impunidad. Como no soy muy paranoico, me inclino a creer que, simplemente, ninguno de los autores de la publicidad en cuestión concedió demasiada atención a las palabras que estaba utilizando.
Deliberada o no, convengamos que la frasecita se las trae y permite extraer de ella unas cuantas reflexiones, a cuál más preocupante.
Primero: decir que se va a mostrar la realidad tal cual los televidentes quieren verla implica reconocer que no se la va a mostrar tal cual es. Por lo tanto, se está confesando explícitamente que a los televidentes se les ofrece una versión distorsionada de la realidad.
Segundo: en forma oblicua, el anuncio exalta la posibilidad de que los televidentes tengan una visión de la realidad que excluya las porciones o aspectos de la misma que no desean ver. Y no hace falta ser psicólogo para advertir que eso de ver sólo lo que uno quiere ver es un claro signo de inmadurez, cuando no un peligroso síntoma de desajuste mental. Negar la realidad nunca ha librado a nadie de sus efectos.
Tercero: El maquillador siempre conoce la desnudez imperfecta de la cara maquillada. Si alguien anuncia que le hará ver la realidad al otro tal cual éste la quiere ver, eso significa que el primero "sabe" perfectamente que la realidad no es tal cual la está mostrando. Se reserva ese conocimiento para sí, y este escamoteo de la verdad le concede frente al segundo un enorme margen de poder, una notable capacidad de manipulación.
Cuarto: Este poder, a su vez, queda oculto en este caso bajo un disfraz de demagógica benevolencia, puesto que no sólo se elimina toda resonancia negativa referente a esta actitud, sino que se presenta al canal como una entidad bienhechora que sólo busca el bienestar del televidente y por eso le da el gusto.
Hace unos años quedé azorado al leer en un diario una publicidad que anunciaba "Radio Mitre piensa por usted". Me parecía increíble que se pudiera propugnar, con tanta liviandad, que un medio de comunicación se apropiara de una facultad tan íntima de cada individuo, como es la de pensar. Pues bien, parece que la idea ha prosperado. Ya no hace falta que pensemos: Canal 13 nos fabrica una realidad a la medida de nuestros (supuestos) deseos y nos oculta la otra. Eso sí, nos lo dice abiertamente.
No soy un fanático teleadicto, es cierto, y quizás desde ese desapego nacen estas divagaciones acaso algo exageradas. Pero tampoco soy un fundamentalista de la antitelevisión. Yo también me siento a veces frente al aparato en busca de distracción; a mí también me gusta mirar partidos de fútbol, a mí también me resulta atractivo ver a Laura Fidalgo o a Jesica Cirio bailando strip-dance en el programa de Tinelli. Lo que pasa es que, afortunadamente, aún conservo el sano reflejo mental de desconfiar de lo que dicen y muestran los medios. No dejo que las radios piensen por mí. Y cuando quiero encontrarme con la realidad, la busco fuera de la pantalla, sin intermediarios sospechosos. Aun sabiendo que al mirarla así, desnuda y sin maquillajes seductores, suele resultar menos divertida que las andanzas amorosas de la Tota Santillán.

*De Alfredo Di Bernardo alfdibernardo@ciudad.com.ar

Esto no es una necrológica*

*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona

UNO Hay algo de paradójicamente triste -más allá y muy por debajo de la tristeza sin atenuantes ni gracia alguna- en contar con tan poco espacio para escribir sobre el inmenso, expansivo e inconmensurable David Foster Wallace. Si hubiera algo de justicia espacio-temporal en este mundo, su
necrológica debería -correspondiendo a su estilo y estética- ocupar por lo menos todo este periódico y estar bordada con numerosas y exhaustivas notas al pie.
Pero no.
Seamos breves: el pasado viernes 12 de septiembre el escritor norteamericano David Foster Wallace (Ithaca, Nueva York, 1962) tomó la decisión de quitarse la vida (aquí debería insertarse una nota al pie explicando en detalle la historia y los diferentes modos de anudar una soga para ahorcarse) y su
cuerpo fue encontrado esa noche por su mujer en su domicilio de Claremont, California. Los que lo conocían mucho o bien no parecen haberse sentido muy sorprendidos por la mala noticia.
Buena noticia: esto no pretende ni quiere ser una necrológica. Esto quiere -y esperar ser- una contratapa sobre una de las obras más vivas y seguramente perdurables en la literatura contemporánea Made in USA.

DOS Y me enteré de la muerte de Wallace mientras leía Bridge of Sighs, la nueva novela de Richard Russo. No creo que entre las muchas necrológicas dedicadas en estos días a Wallace vaya a haber una que mencione a Richard Russo junto a su nombre. Pero -ya lo advertí- esto no es una necrológica. Y
no se me hace difícil relacionar a uno y otro escritor. Me explico: Wallace y Russo -cada uno a su manera y desde las antípodas de sus escritorios pero, por lo general, con generoso volumen de páginas y talento- cuentan lo mismo: la desintegración de los Estados Unidos desde la entropía de familias
atrapadas en pueblos pequeños o en los inmensos infiernos de estructuras corporativas más o menos eficaces.
De este modo Bridge of Sighs -con su cálido costumbrismo y su lóbrega picaresca- está mucho más cerca de lo que parece de La broma infinita: magnum opus (1079 páginas en mi primera edición norteamericana de 1996, igual número en la reedición subsanando erratas de 2006 y con prólogo de Dave Eggers) por la que Wallace fue celebrado en vida y ahora evocado en la muerte.

TRES "¿Es David Foster Wallace, como algunos creen, el escritor más importante de su generación? Está claro que cuenta con la combinación necesaria de intelecto, talento y ambición en cantidades extravagantes", se preguntaba primero y se respondía a medias la entrada que le dedicó The Salon.com Reader's Guide to Contemporary Authors (Penguin, 2000). Y ahí -voluntaria o involuntariamente- estaba todo el dilema y el enigma. El lanzamiento de La broma infinita fue casi similar al que se dedica a vender a un presidente. Campaña bestial de publicidad y marketing para un libro que descendía directamente de títulos como Los reconocimientos de William Gaddis, El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon, El túnel de William Gass y -antes que nada y nadie- del Tristram Shandy de Lawrence Sterne, del Moby Dick de Herman Melville, de El hombre sin atributos, de Robert Musil, y de
En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.
Así, La broma infinita gozó y padeció de una enorme atención mediática y mereció ese particular tratamiento que recibe toda Novela King Kong: el de ser adorada por nativos y celebrada por turistas a la vez que se la abate.
Los nativos, claro, eran aquellos que venían siguiendo a Wallace desde antes, desde su debut novelístico The Broom of the System (de 1987, que continúa inédito en castellano junto al tratado Signifying Rappers: Rap and Race in the Urban Present (1990), escrito junto a Mark Costello; el resto ha
sido publicado por Mondadori, y los relatos o micronovelas reunidos La chica del pelo raro (1989), así como sus formidables ensayos y artículos periodísticos (para muchos lo mejor y lo más influyente y trascendental de su obra) que no demorarían en ser reunidos primero en Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer (1997) y luego en Hablemos de langostas (2005).
Pero The Broom of the System fue y sigue siento uno de esos momentos clave dentro del panorama literario que no es otra cosa que -como la novela de Wallace- el constante eco de un chiste sin final proyectándose hacia el abismo: la vieja y eterna discusión -a eso se refiere Eggers en su introducción- de difícil versus fácil y todo eso. De ahí que no demoraran en aparecer sites de Internet enteramente lanzados a la decodificación de la novela, guías de lectura completamente dedicadas a la explicación y
simplificación de los múltiples vericuetos del monstruo, y abundaran las polémicas en los medios y vernissages en cuanto a si Wallace era inventivo o, apenas, un invento. Y fueron muchos y demasiados lo que se olvidaron de decir lo más fácil de decir: que la formidable saga casi-futurista estaba muy pero muy bien escrita y que abundaba en momentos emocionantes y sensibles acercando a Wallace a las tierras de Salinger y Vonnegut a la vez que lo consagraban como el mejor escritor satírico de su generación junto al american psycho Bret Easton Ellis. Y que -tal vez lo más importante de todo
para algunos- La broma infinita había sido, seguramente, un libro difícil (entendiendo por dificultad la entrega que le había exigido a su autor) de escribir pero fácil (entendiendo por facilidad el placer que obsequiaba a su lector) de leer.
En una entrevista, Wallace -sobrevivido hoy por colegas y amigos en la misma brecha como Rick Moody, William T. Vollmann o Richard Powers- explicó sus intenciones con sintética claridad: "Yo tuve un profesor que me caía muy bien y que aseguraba que la tarea de la buena escritura era la de darles
calma a los perturbados y perturbar a los que están calmados".
Misión cumplida entonces.

CUATRO Y una de las últimas "bromas" de Wallace fue la publicación -en el 2003, en una colección científica, otro libro suyo que no se tradujo porque posiblemente sea imposible de traducir- de Everything and More, subtitulado irónicamente como Una historia compacta del infinito y cuya meta es, en apenas poco más de 300 páginas rebosantes de fórmulas y gráficos, exactamente eso: la historia de la idea de lo incesante, de lo que no termina, de lo que no puede acabarse. En la contraportada, James Gleick lo celebraba con un "Wallace + lo infinito: ¡maravillosa pareja!" Y agregaba aquello que muy pocos críticos supieron escribir o poner por escrito porque, tal vez, no podían o no querían verlo: "Esta es la más exquisita (e hilarante) ensayística científica. Wallace abraza la incompatibilidad de las
matemáticas y la prosa y extra arte de ella. Y, también, cuenta una gran historia".
Parafraseando a Gleick, Wallace abrazó en sus ficciones la supuesta compatibilidad entre el cerebro y el corazón.
Y nos regaló grandes historias.

CINCO Y en ocasiones la muerte de los escritores resucita a los libros.
Descubro -mientras escribo esto- que, en el ranking de la librería virtual Amazon, La broma infinita (no es broma, aunque tiene su gracia) ha trepado hasta el puesto número 16 de los libros más vendidos.
Buena noticia resultante de una mala noticia.
Bienvenidos sean aquellos que recién llegan a esta broma.
Y a no pensar -a intentar no pensar- en su triste remate.
Ahí está lo que Wallace escribió sobre los relatos de Kafka en Hablemos de langostas. Los definió como "una especie de puerta" y nos propuso "que nos imaginemos acercándonos y llamando a esa puerta, cada vez más fuerte, llamando y llamando, no sólo deseando que nos dejen entrar sino también necesitándolo; no sabemos qué es pero lo sentimos, esa desesperación por entrar, por llamar y dar porrazos y patadas. Y que por fin esa puerta se abre... y se abre hacia afuera: que durante todo el tiempo ya estábamos
dentro de lo que queríamos".
Pasen a donde ya estaban y lean y sigan leyendo.
Esto no es una necrológica.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-111652-2008-09-16.html

¿Cuáles eran los colores de “El Taladro”?*

Menos enfático que “Masquique”, Pedrito Spizzo corrobora lo que parece ser una verdad de a puño: en los años 50, cuando los equipos del pueblo no entraron a la Liga, se vio el mejor fútbol de todos los tiempos.
Es posible que aún quedara la cada vez más lejana gloria del “Chato” Collere que acababa de abandonar la escuadra de Argentino de Rosario para retirarse a la ciudad de Pérez, como aliciente. Lo cierto es que todos coinciden que en esos años se dio una conjunción de primeras figuras como luego no conoció el fútbol zonal.
El campeonato lo organizó el Huracán Foot Ball Club y sé que se lo llamaba “Abierto”. Lo que me falta averiguar es si se jugaba de noche o de día.
Lo que todos dan por cierto -no se si agrandado por la nostalgia y el pésimo estado del fútbol actual- es que aquellas figuras podrían haber descollado en el fútbol profesional, como en la década anterior fue el caso del “Chato”.
Aunque yo era muy chico mi pasión por el fútbol –como la del Barrio todo- era excluyente, pero hay nombres de equipos que no me suenan sino como breves repiqueteos de campana, de oírselos a los mayores. Tal vez vi jugar a alguno de ellos, tal vez más tarde un equipo tomó algunos de esos nombres que tuvo una gloria efímera, pero que en las vírgenes cabecitas nuestras (los más chicos) sonaría como las historias del Misterix que leíamos junto al libro de lectura obligatoria, cuando doña Dora de Broglia nos enseñaba a tomar el libro con la mano izquierda, dejando la derecha para pasar las hojas y allí, paraditos en el frente, delante del grado, debíamos leer, pronunciado las s y las z, remarcando con un leve martilleo las letras que llevaran doble erre, haciendo las breves pausas en las comas y en los puntos y comas, y sobre todo, levantando la vista en un punto y aparte, so pena de llevarnos un reto.
Y volviendo al fútbol, diré para relacionarlo con los libros, que en la puerta de la mismísima biblioteca Belgrano, hay un busto del prócer donado por uno de aquellos gloriosos equipos que se llamaba “El Taladro”. Voy a copiar aquellos nombres, muchos de ellos no están ya en el pueblo y ni siquiera en la vida, pero, eran en esos tiempos muchachitos entusiastas y aspiraron aún sin saberlo, aquella gloria esquiva que se presenta al practicante del balómpie, como se diría en la jerga deportiva de entonces.
Quiero copiar esos nombres por varios motivos. El principal es porque empecé a deletrearlos cuando supe leer (y aprendí a hacerlo a cincuenta metros de allí, en mi escuela Nº 156) y cuando iba al Club con mi padre, me llegaba hasta allí, ese trecho que está entre la sala de juegos de naipes del Club y la biblioteca, ese busto del general Belgrano, como habilitando su entrada al lugar de los libros.
Aunque uno tuviera las manos con el tacto repleto de naipes. Eso si uno entra por algunas de las puertas internas, pero si lo hace de la calle se lo topa bien de frente. Dije que quiero copiar esos nombres textualmente, como están desde hace más de cincuenta años por si alguien lo quiere corroborar y lo están en letras hundidas en ese pie de mármol blanco que sostuvo un busto del general abogado, educador y sobre todo, abnegado. Y además porque a la mayoría de esos hombres que portaron esos apellidos los vi jugar en cualquiera de los clubes locales en los diez años subsiguientes a la instalación de ese busto. Copio.
Campeonato de Fútbol abierto 1952
Donación del equipo El Taladro

Titulares
E. Moreno A. Menza L. Aquilano A. Vera
E.C. Moreno A. Gardella M. Gillio R. Gramajo
R. Aquilano O. Ciccone
D.P .Bessone

Suplentes
Delegados
H.Ciccone P.A. Spizzo L.Montaldi L. Ibarra
M.Maraviglia J.C. Montaldi O. Spizzo
F.Sequeira R. Aquilano

Me gustaría acordarme de los equipos aquellos que disputaron los campeonatos abiertos, del Club Huracán. Me gustaría conocer el color de las casacas. Pero sobre todo me gustaría haberlos visto jugar, porque según todos los que lo vieron y sobre todo el enfático “Masquique”, que fue protagonista principal de toda esa movida, esos equipos eran un lujo.
Sería bueno poder tener hoy ante la vista, aquellos viejas camisitas de fútbol que no soñaba el afán de la publicidad, que pone el mundo en un rincón muy triste, según Borges. Yo agregaría que ese rincón puede aceptar otro adjetivo y que viene a ser hostil y por qué no, innecesario y excluyente.
Aquellas camisetas que llevaban sus colores en alto, como una ilusión impoluta, libre de toda mancha aunque no exentos de pasión y aún de nobleza.
¿Cómo era la camiseta de El Taladro, equipo que no vi jugar?
Algo en un rincón de mi más remota y esquiva memoria me sugiere que puede ser verde y blanca, tal vez, ¡por qué no! como la camiseta de Banfield y de allí el nombre.
Es probable o más que probable que cuando hable la próxima vez con “Masquique” me pueda sacar de dudas, o Livio Matiello o Raúl Aquilano, que jugaron en esa formación y aún viven en el pueblo.
Recupero los colores de algunos equipos de entonces. Unos porque me lo contaron los mayores y otros, porque en mi niñez, pude ver lo que sobrevivían a aquella época dorada.
Paso lista entonces, a aquellos colores. Lo hago con la precariedad que me confiere esta distancia ya insalvable de los años.
“El Refugio” camiseta similar a la de Chacaritas Junior, en decir roja-negra y blanca.
“El Porvenir”, camiseta roja con una banda blanca en el pecho, horizontal como la de Boca Junior. ”Los Fugitivos” con una V corta, roja sobre el blanco. En lugar de azul como la de Vélez Sarsfield.
“El Amanecer”, camiseta verde con vistos blancos como Ferrocarril Oeste.
“Blanco y negro” equipo de la tienda ídem, partido el pecho en dos bandas de los colores obvios.
“El Fortín”, con la exacta camiseta de Vélez Sarsfield del barrio de Liniers.
¿Pero y los otros?
“Casa Bessone”, por ejemplo o el equipo “Los Tamberos”, “La Catalana”, “La Terrason”, “Boliche La Lata”, “Estancia La Pelegrina”, “Estancia de Maldonado”, etc, etc. ¿De qué, como vestían sus ilusiones? ¿Las compraban hechas o las fabricaban a estas dichosas camisetas?
No sé. Deduzco que ambas cosas, ya que mi amigo Juan Aromando –que fue delegado de “Los Fugitivos”, héroes de la derrota ante el Morning Star- me supo decir que las hermanas de los jugadores cosieron y bordaron aquellas camisetas, de la muy digna derrota ante aquellos campeones de las certámenes nacionales “Evita”.
Lo cierto es que yo, que estoy parado ante este busto del prócer, tal vez el más puro de los nuestros y que estoy por entrar a esta biblioteca donde comencé a atisbar alguna compresión del mundo, sigo en la duda sobre aquello que fue muy importante y no quiero que la trague el olvido: ¿de qué color eran aquellas camisetas que encendieron la ilusión de los jóvenes de entonces en sus trayectorias hacia el éxito y la fama que a veces no los esperó?

*de JORGE ISAIAS. jisaias46@yahoo.com.ar

Ya tengo mis años*

Así como

en mi

–forzosamente–

imperfecta juventud

si estabilizaba a una dama inestable

me estabilizaba yo más que si

desestabilizaba a una dama estable

en la actualidad

si desestabilizo a una dama estable

me estabilizo yo más que si

estabilizo a una dama inestable

Perfecta

madurez.

*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

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10/09/2008 GMT 1

EDICIÓN SEPTIEMBRE 2008

urbanopowell @ 21:35

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Edición SEPTIEMBRE 2008

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Redención*

Llegó la redención,
Tan esperada
Y no supe qué hacer con ella
Porque no sé qué hacer sino quererte.

Sin la dulce espera de la nada,
Sin la triste misión de tanta espera.
Sin desgranar rosarios, sin quimera,
Sin la esperanza de volver a verte.

Barquito de papel que boga
En brazos de la luna enamorada,
Barco velero, solo,
Aferrado a la ola de su suerte.

Llegó la salvación,
Como el olvido.
Tocó a mi puerta
Y no acudí a la entrega de mi muerte.

-Del poemario "Memorias del pescador"

*de Marié Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

LA ISLA DEL SOL REBELDE*

Asomarse para ver el mar como el borde de un sueño.
País, nombre, sueño prohibido.
Eras un gusto entre los labios,
una fruta de azúcares huracanados.
En mi país, a veces, la gente moría por ese sueño,
Otras, a las radiantes muchedumbres que lo cantábamos,
nos venían
hombres montados en caballos con máquinas de fabricar lágrimas
para hacernos callar el nombre de la isla
o del sueño
o del deseo
de un mundo por llegar.
Ahora que dicen que la historia terminó.
Desde el balcón veo la ciudad
de las columnas en el espejo de su propia voz.
Isla con puentes sobre el mar.
Viva
de son, de ron,
de calles que crujen, de tambores,
y un aire apenas imaginado,
sin ráfagas para levantar las polleras de Marilyn,
aunque si puede, no el aire, sino las voces, los deseos de un pueblo,
caminar hacia el centro,
deslizar al menos la punta de la ropa de la historia.
Para espiar, no claro, no el Paraíso.
Si, un malecón a la vuelta del que se cree amo.
Que rodea como un amor,
como una cintura cómplice que baila,
el cuerpo de los últimos sueños.
Entre los hilos verdes, vegetales
y
la deriva de un sol que no se rinde.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Dos y Tres Noches (o no hay ni dos ni tres)*

Nadie se suicida con un "punto y final",
Parecieran causar más daño
Las "comas" y los "punto y seguido";
Pero nadie usa ya,
Para morir tajantemente,
Un "punto y final"…

Ahora hay otras causas por qué morir:
Una televisión,
La partida del ser amado,
La democracia que reviste nuestro Estado
O la playera de moda,
Que combina con los zapatos…

Pero nadie lo hace ya por revertir el hambre,
Por las manos que se quiebran en la miseria
Y mucho menos lo hacen
Por un "punto y final"…

Parecen lejanos los días
Donde un "punto y final"
Era preciso para morir heroicamente;
Ahora se usan los brazos,
Las hordas de desempleados,
Los seguidores de películas de acción
Y a más de un funcionario…

El "punto y final" se evita:
Ha sido olvidado,
Hoy matamos con guerra industrial;
Ya nadie se suicida con signos de puntuación…
Mutilan sus manos y sacan sus ojos
Con latas de frijoles
Embasados al vacío…

Quien quiera seguir viviendo
Se le aborrecerá hasta la muerte:
¿Es verdad que nadie muere ya
por un "punto y final",
que desde el principio se ha evitado?

Nadie muere en paz sin que la lápida exhiba:
"Punto y Final"…

¿Nos habremos suicidado en vano?

Nuestra vida misma:
¿Alcanzará para dejarnos morir?

El "punto final"
Ha llegado.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

EL DESENAMORARSE*

El desenamorarse
sucede
de un desenamorarse
lentamente,
como desgrana
el tiempo
en un reloj de arena.

Se va desovillando.
Punto a punto
hilera por hilera
como quien va
destejiendo
una bufanda.

Como pelar cebolla.
Gota a gota
como agua de deshielo,
como cerrar la puerta
que nunca se abrirá.

Se disipa el amor,
se desapega.
Los más ardientes besos
van perdiendo calor.

Hasta que una mañana
descubrimos
que uno no reconoce
en esos ojos
otros
que nos miraron antes.

*De Ana Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

La inutilidad del sufrimiento*

En el pasado, piso a ciegas el fastidiado recuerdo.
Un ayer de soledades únicas e irrepetibles para otros.
Para mí el ocaso que tiñe el deseo del hoy. Al cual me lo hace verde huraño. Como la oliva oscura, impregnada de una imperiosa necesidad de sed. Quisiera estar sentada frente al manantial de aguas de ríos de deshielo.
No tan lejos, si pudiera mirar con descaro la sorpresa de cada madrugada, y embellecerme con la suave tela de la juventud.
Podría rellenarme con baladas antojadizas y de asombro. Me subiría a un globo aerostatito con pocas pesas de equipaje, iría por las nubes probando los sueños de frutos, los que tuve de niña y he invalidado por mi circunspecto afán de ser tan perfeccionista.
De a poco y con fuerza, convencida de no arrepentirme por mi airada neurosis iría tirando al vacío las pesadillas de la culpa, el sometimiento y el rencor, esas que duelen al viento.
Con la sutileza de un relojero, reemplazaría cada pieza de ritual oxidado por el tic tac de la repetición, e incorporaría la picardía, el sentido del humor y la aventura.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

ADN*

Le correspondía analizar las increíbles muestras de ADN encontradas por la sonda espacial en una de las lunas de Júpiter.

El ordenador lo sorprendió, no sólo aquellas pautas correspondían a un ser humano, sino que coincidían con su propio ADN... Comprobó una y otra vez, descartando cualquier posibilidad de contaminación.
Lo aparentemente imposible saltó a su vista: todo margen de fraude era descartable; aquel era su mapa personal, pero reflejaba a alguien veinte años mayor que su edad actual.

Sonrió.

El viaje en el tiempo era un sueño realizable y un día llegaría a las estrellas.

*de Marié Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

EL LINYERA DEL GATO*

El linyera del gato en su mochila lleva,

gruñidos de fiera y arañazos de hembra.

(Cabalgando, desnuda, en el potro inalcanzable del amor.)

Los esconde en la tumba que retumba.

(Como una leona en celo, el amor, aúlla, rasguña)

En peñascos de noche jadea el sol.

El Volcán de fuego, entibia las colinas

Revientan, lujuriosos, los brotes.

La lava se derrama.

El linyera del gato lleva su mochila

al territorio de los amantes locos.

Allí estarás, amor, lo sé.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

*

Sepa que
su palabra es canto y gozo en la mirada
que en cada marca de su paso,
en el recordado paisaje que me nombra,
que nombro,
queda el corazón de esta huella ingenua
este hilo luminoso que no se aleja
porque queda...

Sepa que
en ese beso mañanero a su Madre admirable
mis labios juegan despreocupados
porque hay alma en su gesto protector
con estrellas de río
que sonríen al niño sonriente,
a los ángeles girando
la altivez de su mano en calor alimento...

Sepa que mi noche canta el canto del recuerdo
cuando lo nombra
que el día sube junto al sol
como naranjal a una estrella
con lluvia
sin espejos
y en perfumada nostalgia de su abrazo...

*De Ana Lía Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar

ANALFABETOS DE AMOR*

Basado en poema de Bertolt Brecht

Antes de ser “Juanito Laguna”
Vivió el mundo. ¿Viejo mundo? ¿Mundo nuevo?
Cueva tibia / tibio mar, tibias mareas.
Protorecuerdo / bombo / frágil cristal de roca
Primera herida / rayo de luz/ vinieron muchas más.
Aprendió como pudo/ morir/ sobrevivir.
El mundo ¿Línea plana? Final / infierno / paraíso
Piernitas flacas/ costillas salidas/ panza redonda
Un mundo / adentro / afuera/ excluidos/ incluidos/ círculo cerrado.
Nada de amor / aprendió / el desamor es una moneda de dos caras.
Aprendió / secretos del lobo Ataque / defensa / defensa / ataque.
In-migrantes. E-migrantes Mulatos/ indígenas/ mestizos.
Ta/ Te /Ti ¿Cara o seca? Alpiste/ perdiste.
Cuando los piojos buscaron abrirse camino /en su rabia gredosa
cerro los dientes/ el corazón / la casa.
Aprendió / no solo de pan vive el hombre / Tambien de piedras
Hurgó los desperdicios, / pan y fruta / chancho limpio nunca engorda.
Zapatos chicos / dolores grandes / pantalones cortos / tristeza larga.

“Don Juan de la pipa rota ¿con que se la componemos?”
Con un palo que le daremos
“¿Adonde está el palo? El fuego lo quemó
¿En donde está el fuego? El agua lo apagó
¿En donde está el agua ? Un burro se la tomó
¿Adonde está el burro? El burro se murió
¿Adonde lo enterraron? Adonde quiso Dios”
¿Adonde está Dios? Diosito se escapó
¿De quien escapó Dios? Del peor de los bandidos
¿”El peor de los bandidos donde está”? /Engendrando
¿A quien está engendrando? A “Juanito Laguna.”

“Juanito Laguna”/ No / no aprender / no enseñar / no leer / no escribir/
“Juanito Laguna” / Aprendió / le enseñaron / todo tiene costo

Su costo de vivir
fué
ser engendrado
por los analfabetos del amor.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

Recorrerte lentamente*

Recorrerte lentamente con mis besos,
acariciarte despacio piel con piel,
hablarte sin palabras de papel
y besarte sin vocales, con acentos.

Sentir este temblor entre mis brazos,
estremecerte entre mis piernas enlazada,
entregarme sin desear nada de nada
y sentir que eres mía en el abrazo.

Amarte con silencios y suspiros,
abrazarte con el cuerpo y con el alma,
meterme entre tus piernas, ya sin calma,
y saber que los sueños se han cumplido.

Quedarás impregnada, en la sábana y la ropa,
y en mi pecho, y en mis manos que te sienten.
Y sabrás por estos labios, que no mienten,
la verdad de los silencios de mi boca.

Ya jamás volverán a ser las cosas
del gris eterno de aquellos sincolores.
Conocerte han sido los mejores
esquejes de mi campo de rosas.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

La punta de las lágrimas*

Tristeza irreversible de diluvios sin arca
te pareces al niño que me resiste adentro
te veo desesperada tras el robo de los espejos
cuando ya no quedan alegrías a fotografiar
sólo oscuras túnicas de silencio
que nadie toca por miedo al contagio
se prevé el café solo, enfriándose sin palabras.
Tristeza enorme junté anoche
por descuido
aullando bajo la puerta
la tomé en brazos y
en vano la acuné para que no llorase
irrumpió desconsolada patinando por mi cara
me estrelló los ojos contra vidrios
supliqué que regresasen los soles
camuflados de lunas rotas
como si bastasen
para despeñarla.
Tristeza huérfana de risa
que me incita a la desesperanza
a la partida sin naves y sin arca
fortificando en mi naufragio
sólo diluvios.

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

Sucede*

Sucede
que la vida,
no tiene
más remedio
que lavarse
la cara
y salir
a la calle
a buscar
la mañana.

Que la vida
no tiene
otra oportunidad
de practicar
la acción
y se enfrenta
a los hechos
sin haberlos previsto.

Que la vida
no puede
comenzarse
de nuevo
ni permite
flaquezas
ni perdona
demoras.

No sabe
de destrezas
no comprende
disculpas
no acepta
ir por atajos.

Sucede
que la vida
hoy,
no tiene
más remedio
que emprender
la mañana.

De Breve y brillante -Poemas

*de Ana Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

ELLOS*

Caminaban de un lado a otro... sin verme, a excepción de algunos que se inclinaban para recoger algo del piso. Otros incluso me pisaron, maldiciendo que me encontrara en medio de su camino. De repente, uno de ellos me miró fijo a los ojos y me cogió entre sus manos. Se fijó en algunos detalles de mi cuerpo, sonrió y me guardó en su maleta.
Luego de un rato, volvió a abrir la valija, me sacó con mucho apuro mientras me mostraba emocionado a otras personas diciendo: “Su rostro, miren los detalles, les aseguro que no me equivoco”... “Algunos arreglos en la vestimenta bastarán”... “Tiene una pierna rota, habrá que arreglársela, pero eso no es
problema”.
Me mantuvieron durante un largo tiempo desnudo, diciendo que me iban a hacer una nueva ropa. Cuando me arreglaron la pierna el dolor fue intenso, pero sobreviví.
Ahora estoy en una exhibición, limpio y vestido con mi nuevo atuendo. La vidriera en que me encuentro tienen un cartel que dice:
“Ejemplar único de la raza humana, varón y en edad de apareamiento”.

Es probable que mañana alguno de ellos me compre, es realmente muy difícil encontrar un humano en estos días.

*de Ray Respall Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA RAY" en el asunto del correo)

Sultán*

- Papá, papá, ¡Sultán me ha hablado!
- Muy bien hijo, ahora déjame acabar de ver el partido.

El niño entra en la cocina corriendo muy excitado y le dice a su madre:

- Mamá, ¡Sultán me ha dicho que le gusta mucho el nuevo pienso!
- Muy bien hijo, ahora vete a jugar que estoy preparando la cena.

El niño se va cabizbajo y se sienta en la alfombra entreteniéndose con un soldado al que se le cae la lanza. Sultán tumbado a su lado no le pierde de vista. Desde donde está escucha a los padres comentar que están preocupados por su comportamiento. Dicen que inventa cosas, la última de ellas que el perro habla.

- Tenemos que dar a Sultán y así solucionamos el problema.

El niño sale al porche con lágrimas en los ojos y se encuentra con la vecina que al verlo de esta manera le pregunta que le ocurre.

- Estoy muy triste porque me voy a quedar solo. Mis papás van a dar al único que habla conmigo.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

La lección*

A edad oportuna la abuela se lo había dicho a su madre con todas las letras.
Años después su madre pudo explicárselo a ella con la firmeza de un catecismo. Como un saber que no debe ser olvidado:
“Hay que conquistar el corazón del hombre, pero que él no conquiste el tuyo”
No entregar jamás el corazón, -ni mucho menos la ilusión- era la consigna.
El tiempo pasó escurriéndose como el agua. Su libertad era tan profunda como su soledad.
En la cola del banco, mientras esperaba su turno para cobrar la jubilación. Escuchó la conversación de dos mujeres jóvenes que hablaban de cómo “Enganchar un tipo”.
Quiso hablarles pero se le hizo un nudo en la garganta.
Decirles que no es así. Qué el amor no es enganchar al otro.

Lamentó una vez más no tener hijos ni nietos para cambiar la lección.

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

El señor de los perros*

Era bipolar, entre la euforia y la honradez. Entre pulgas y garrapatas amaba tanto a sus perros que cuando estaba con ellos les conversaba de igual a igual.
En esa cucha de gruñidos y hocicos húmedos, no importaba quién era el amo.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Las Gotas*

Empezaron a corretear por aquella superficie lisa y transparente haciéndose un poco más grandes.

Estaban en la parte superior de aquel cristal empañado muy cerca la una de la otra. Se miraron y casi al unísono empezaron una carrera por la superficie lisa deslizándose hacia la parte inferior de la ventana. Jocosamente se cruzaban y las estelas que dejaban conformaban un dibujo que parecía un corazón.
Las dos gotas se amaban desde hacía más de un cuarto de hora, cuando empezaron a formarse por el contraste entre el frío de la calle y el calor de la habitación.

Súbitamente se separaron, cada una hacia un costado, pareciendo que no se iban a encontrar más, pero con un rápido giro volvieron al centro y se unieron en una sola, justo en el momento que llegaban a la parte inferior.

Su vida fue efímera pero tan intensa que no se hubieran cambiado nunca por aquel señor que, dentro de la habitación, contaba monedas de oro, tan abundantes como su soledad.

*de Joan Mateu joan@cimat.es

POR SI CONOCEN DADORES DE SANGRE

Presentarse en Hospital de Clínicas. Av. Córdoba 2351. ciudad de Buenos Aires.

3º piso Hemoterapia. Lunes a viernes de 7.30 a 12.30 horas. Sábados de 8 a 12 horas.
Para el paciente Barberón Nicolás. (8 años)

*

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08/09/2008 GMT 1

LA FLEXIBILIDAD DE LO QUE ERA POSIBLE...

urbanopowell @ 16:24

MIENTRAS DURE LA LUZ*

Estaba muriendo el anciano, ya poco de él quedaba en el cuerpo que irremediablemente se marchitaba, se consumía, tendía a la desaparición. Los árboles las flores, la casa enorme que estaba a sus espaldas, la fama, los libros escritos y aquellos que ya no escribiría. Todo se marchaba con él. Se iba diluyendo amablemente en esos días lechosos. El pasado ya atrás y el tiempo esa cosa informe.
Había sido historiador, había sido escritor, había traído de vuelta los siglos, había resucitado a Claudio, a Calígula, había dialogado con los Julios y había explicado un Jesús con amigos y desesperación, en un tiempo de extrañeza.
Robert Graves sentado en su sillón de ruedas con su manta en las piernas. Mediodía inglés. Un anciano como todos los ancianos. Un hombre que había poseído la plena conciencia, la intolerable luz de un espíritu agudo.
Ahora, anciano como todos los ancianos, confinado a su enfermera, su paseo, su papilla, sus píldoras, la medición de la presión, el cuerpo frágil; el cuerpo que abate, doblega, el cuerpo que traiciona.
Viejo viejo ya muy viejo, ya olvidado de sí. El periodista que le pregunta por el significado de su obra. "El sol", dice Robert. El periodista que le pregunta sobre la precisión de los datos. "El sol", dice Robert. El periodista que lo interroga sobre el alcance de su infelicidad. "El sol".
Señala el sol. Dice "el sol".
Pendiendo contra el sol, la imagen de la humana juventud, las promesas que ya no fueron, el amor pasado, la flexibilidad de lo que era posible. Con sus ojos casi ciegos, el anciano señala el sol, dice sol, recibe en su rostro los cálidos recuerdos de lo que fue y lo que pudo ser. Ya no podrá danzar con la figura vital que se dibuja en el firmamento.
Oscura silueta contra un firmamento de luz. La vida que gira sobre sí misma. El anciano que no puede ya bailar sobre el verde césped. Pero grave, audaz, animosamente, levanta su brazo descarnado y con temblorosa voz nos señala la vida para que no nos olvidemos de que el tiempo se desbarranca, que las flores tienen una estación y luego la planta vuelve a la tierra. ¡A vivir, a vivir, es la urgencia de apurarse a vivir antes de que la muerte apague las luces y encienda la sombra!
Robert levanta el rostro afilado. Y dice "el sol".

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

LA FLEXIBILIDAD DE LO QUE ERA POSIBLE...

Por esa esquina*

Por esa esquina
vi pasar la luna
el verde pino
la pasión nocturna
y vi cruzar
los pasos vagabundos
de mi desaliñado
corazón.

Por esa esquina
vi pasar la vida.
En melancólica
estampida
la nube blanca
y bajo la tormenta desbordada
un conjuro de luces.

Si la tarde está clara
en esa esquina
tu mirada hechicera se pasea
por mí, mágicamente.

-De: Los barcos y este mundo.

*De Ana Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

ROPA CLARA*

Para el Coiro

La Yoli es una mujer anciana, una hermosa mujercita que teje una bufanda en el geriátrico. Está sentada cerca de la puerta, así que al entrar y salir hablaremos un rato. Afuera hace frío, pero hay sol así que a la siesta seguramente va a estar lindo, mi papá sigue igual, gracias, qué le vamos a hacer.
La sobrina va todos los días por las tardes. Le lleva las radios a arreglar, porque después del ataque la Yoli no puede manejar bien las manos y les va forzando el dial y el botoncito del volumen. Así que las radiecitas portátiles van cambiando, y la sobrina, una niña de sesenta años, es la encargada de reponerlas.
Y le lleva la ropa, también, la sobrina. Le ha comprado un pulóver clarito, no me acuerdo si es rosado o un color salmón, pero clarito. La Yoli lo muestra con extañeza, así, un pellizco a la delantera del pulóver para estirarlo un poco hacia nuestros ojos, y dice que ella no usó más ropa clara desde la muerte del hijo. Ahora me puse este porque me lo compró mi sobrina, pero yo uso todo oscuro.
El hijo murió hace más de treinta años, la Yoli no ha usado desde entonces, nunca más, ropa clara.
Cuenta el accidente con el caballo, cómo el hijo cayó hacia atrás, se golpeó la cabeza y no hubo nada que hacer. Lo operaron, pero no hubo nada que hacer. Y hace más de treinta años que el hijo de la Yoli está muerto.
Las lágrimas le afloran un poco, pero apenas. La tristeza antigua se decanta, se aferra, permanece pero ya es un óleo viejo que forma pátina, un aceite antiguo sobre el agua estancada. Atrás quedó el llanto fluido y la desesperación. Ahora es la tristeza amable, tranquila, una tristeza que ha perdido el filo atroz de la herida aún sin cicatriz.
Pero nunca ha usado la Yoli, por más de treinta años, ropas claras. ¿Y para qué? Nos pregunta sin esperar respuesta. Se lo pregunta a ella misma.
¿Y para qué? A mi no me sirvió para nada, a él tampoco.
Los ancianos dialogan para afuera engañosamente. Habrá un tiempo en que descubramos que todas las respuestas que importan, corresponden a todas las preguntas que nos hemos formulado desde siempre. Y sabremos que esas respuestas todo el tiempo estuvieron ahí pero teníamos miedo de conocerlas.
Ahora la Yoli, que teje una bufanda despareja para recuperar la habilidad que le quitó el ataque. La Yoli, que ya cuidó de su esposo, ya lo enterró, ya vivió más de treinta años con ropas azules, grises, negras. La Yoli, sentadita tan compuesta y limpia y peinada; ahora la Yoli imagina treinta años de vestidos floreados, de bordados de lentejuelas, de telas iridisadas, de sedas lilas, celestes, turquesas. Ah, el turquesa ciñendo el talle de una mujer que fue joven. Cuánta falda que no voló en el viento cálido de los veranos, cuánta blusa alegre que no adornó su cuerpo de primavera, cuántos pulóveres de risa para los inviernos sin nieve. Cuánta vida cerrada, embotellada, contenida. Cuánto fuego y cuánta luz apagada por la oscuridad que se obligó a reflejar en los espejos gélidos.
Siempre hace calor en el geriátrico, siempre la misma luz tenue, el mismo olor, los mismos pasos y las mismas voces roncas. La Yoli, sentada cerca de la puerta, las madejas prolijas en la bolsita de plástico, los zapatitos pequeños; escucha la radio sin oírla, y teje, y piensa.
La Yoli se pregunta para qué le sirvió al hijo un luto de treinta años.
Mansamente, mientras teje su bufanda donde se escapan los puntos, la Yoli habla hacia adentro y dice, se dice, nos dice "¿para qué?".

*de Mónica Russomanno russomannomonica@hotmail.com

Pino Solanas, un aguafuerte*

Por Horacio González *

En el bar Gandini de Olivos -creo que aún sigue allí, en una de las esquinas de la plaza-, el joven hijo de un médico del barrio, Fernando Solanas, a quien ya le decían Pino, escuchaba a Raúl Scalabrini Ortiz, que vivía a media cuadra. Difícil imaginar hoy esa escena. Ha pasado más de medio siglo.
Seguramente, desfilaban las historias del ferrocarril argentino y de los planes para generar un ámbito emancipado para las políticas petrolíferas del país. Scalabrini era un intelectual que deseaba revelar las formas soterradas y reprimidas de la vida nacional, encubiertas por un conjunto de relaciones de dominación que generaba una cultura tan poderosa como falsa.
Había que denunciarla. En su estilo atormentado, Scalabrini se colocaba como uno de los máximos exponentes de la figura del paladín que cargaba sobre sus hombros la tarea de una gran denuncia, tanto frente a los impostores como frente a los que aún no sabían o no se animaban a ver. Lugones, Walsh,
Viñas, Cooke, Bayer, Martínez Estrada, Jauretche, Carlos Astrada, Fermín Chávez, Scalabrini, Rozitchner, Galasso y públicamente el primer Borges -aunque secretamente, y si se lo consulta en profundidad, todo Borges-, cada uno en su estilo, con su gracejo peculiar y en su propio ámbito, expresaron y expresan al adalid solitario que sabe pararse frente a una cohibición, una injusticia o un descarrío para alertar al común, emprender la patriada e imaginar la reparación.
Pino Solanas recoge en el cine este diversificado legado, que al cabo es el que tiene la nación argentina contemporánea para reconocerse en sus luchas.
Primero, se había propuesto el cine publicitario, y ya con una suficiente dosis de experiencia a cuestas se internó, para no abandonarlo nunca, en el cine político. Muchos vieron en La hora de los hornos, el film por el cual lo llevan en andas, junto a Gettino, en la ciudad de Pesaro, Italia, donde se realiza el festival internacional de 1967, una influencia de Eisenstein; otros, de los estilos publicitarios. Bruscos choques de planos, pasajes inesperados de lo épico a lo emotivo, utilización del sarcasmo y el contraste irónico, apelación existencialista al espectador, eran los recursos del film. En esa agitación subyacían las extrañas simetrías que había inventado el autor del Potemkim. Las sigilosas proyecciones del film
organizadas por militantes en todo el país ponían al cine en la historia, no solo por su tema, su método o su estética, sino por su apuesta a construir una mirada colectiva y un compromiso con el acto mismo que protagonizaba el espectador. Con los años, las retóricas publicitarias podían ser interpretadas con autonomía de los signos fetichistas del mercado, y suministraban apoyatura a la lengua política de reparación nacional.
Los audaces contrapuntos de La hora de los hornos -de montaje, de sonido, de aceleración y inmovilidad, de borrosos enfoques generales y primeros planos, de gravedad y de ironía-, pusieron a Solanas en los rumbos del cine militante mundial, lo que Pino refrenda pocos años después con Los hijos de Fierro, una historia épica de cuño martinfierresco pero ambientada en una desvanecida ciudad industrial. El tono de payada se fusionaba con los signos de la resistencia peronista. El uso arriesgado de alegorías gauchescas en ámbitos dislocados históricamente suponía la invocación del relato hernandiano en el seno de una épica de modernos luchadores sociales. Estos surgían metafóricamente de los libros de historia y filosofía. Solanas había consultado al gran filósofo Carlos Astrada para avalar su coincidente interpretación del mito gaucho. Así, la apelación a una picaresca popular como sostén de modernas y ancestrales insurgencias colectivas, colocaba a Los hijos de Fierro como un film sostenido en esteticismos de vanguardia y a la vez en una historicidad que retomaba la elevada herencia populista de la historia nacional.
Solanas acompañó todo el ciclo de la historia argentina contemporánea con otros films insinuantes, en paralelismo sugerente con los avatares nacionales. El exilio de Gardel trató la cuestión de los argentinos en el exterior con los utensilios de una leyenda sanmartiniana mirada con un envío coreográfico de evocación tanguera; Sur trató la cuestión de la vida resistente en tiempos de cierre político, mostrando a personajes de ensueño tejiendo su escarpada vida emotiva en el seno de las acechanzas dictatoriales; El viaje se adentró en las tribulaciones latinoamericanas de un joven en viaje iniciático, que encarnaba un arquetipo social en busca de un tesoro perdido, familiar y redencionista; La nube trató la idea de un
sujeto nacional dramático encarnado en personajes teatrales que buscan su identidad expresiva al mismo tiempo que combatían contra las políticas privatizadoras reinantes.
Mientras estaba filmando El viaje -en 1992- a la salida del estudio de filmación Cinecolor, Solanas es baleado por sicarios que disparan a las piernas, en una clara advertencia de índole mafiosa y que seguramente estaba decretada desde las tinieblas de esos mundos políticos sobre los que era fácil imaginar su irrevocable catadura. Ingresará Solanas a la política como denuncista calificado de las artes menemistas -a Menem lo había pintado como el "Doctor Rana" de una de sus películas-, y desde entonces traza su itinerario vital entre el cine de fuertes arquetipos sociales y la creación de personajes redentistas -los "nadies"-, un testimonialismo extraído de las pasiones purificadoras de las pequeñas criaturas carentes de recursos pero que son simbólicos reservorios de dignidad social. Como se sabe, también cultiva Solanas una visión heroica de la construcción científica nacional.
En Argentina latente, el ideal científico se confunde con la herencia de las épicas nacionales, en cuyos pliegues internos conviven los tonos sacrificiales del intelectual scalabriniano y desde luego, la gesta de los saberes técnicos necesarios también para redimir la materia nacional enclaustrada: el petróleo, los minerales, el gas, los ferrocarriles desmantelados.
Solanas es el portaestandarte de una vieja pasión nacional, el hombre que da testimonio y ejerce en la puntualidad dramática de la política, el papel de representante del agonismo que considera formativo de la raíz misma de la vida nacional. Ese agonismo legendario sería el que hay que suscitar en los nuevos ciclos históricos resquebrajados, y de cuya reparación anunciada depende el curso futuro de una historia. Con estas elaboraciones, Pino Solanas se convierte en el ícono patrimonial del intelectual que agoniza en el mundo de la ideas reparadoras y resurge con su destino anímico asociado al de las condiciones realizadoras del "sueño nacional". Pino, con su Argentina latente -y ahora con La última estación- encarna la promesa irrupcional scalabriniana, los sueños escuchados en aquel bar de su
juventud. Lo hace de un modo que hoy reconocemos como único, pues sus películas de artesano de la épica colectiva y su propia historia personal mantienen el punto de conjunción de una rara historicidad. Muchas cosas que le pasan son las que filma y viceversa. Sé que todos saben esto y no habría sido necesario escribir estas líneas -digamos: un aguafuerte-, si el encrespado oleaje de la política nacional no olvidase demasiadas veces la manera digna en que los estimables nombres del via crucis argentino exponen sus rasgos pasionales y la honorabilidad de su arte.

*Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-111191-2008-09-08.html

EL DÍA QUE MURIÓ LA MAGIA*

La segadora de musgo marchó callada,
Cabizbaja, mustia, deshojando olvidos.

Las nubes ennegrecieron a su paso,
El bosque quedó solo sin sus ritos.

Anduvo tras la huella de su escarcha,
Sin pensar, sin sueños, sin motivos.

Pobre criatura, tan sola, tan lejana,
Tan llena de ensalmos, de prodigios.

Desanduvo los caminos de la suerte,
Renegó de todos sus hechizos.

Se hizo una con el arce huraño,
Enterró en sus raíces el abismo.

Dejó junto al tronco su descanso,
Sus lágrimas, su hoz, su tiempo detenido.

Dejó pasar las horas, reanudó su marcha,
No volvió la vista atrás, más bien no quiso.

Por no mirar, no vio el árbol seco,
Que a su paso, tornose florecido.

*de Marié RojasTamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

Carlos Sorín: "Me interesé en la vida de Chejov"*

El realizador de "Historias mínimas" presenta hoy en Toronto su nuevo filme, "La ventana", inspirado en las últimas horas de vida del escritor. Aquí explica la génesis de un proyecto que lo toca en lo personal.

*Por Pablo O. Scholz

"La ventana", nueva película de Carlos Sorín presentada en el Festival de Cine de Toronto. Por Pablo Scholz, enviado especial de Clarín.

Este festival se caracteriza -entre tantas otras cosas, como incluir películas con estrellas de Hollywood y un cine más decididamente de autor- en presentar premieres mundiales. Y una de ellas es argentina. Además de las otras seis películas nacionales, que se ofrecen en distintas secciones, esta noche Carlos Sorín estará presente en la primera proyección internacional de La ventana, su nueva realización, que no irá a competir a ningún otro festival por el momento.

El director de La película del Rey e Historias mínimas llegó ayer mismo desde Buenos Aires, bien temprano por la mañana, y al mediodía atendió a Clarín. Conocido por su sentido del humor, habló de su filme, aunque confesó que nunca lo vio terminado, así que lo "descubrirá" junto con el público.
La trama de la película es tan sencilla que "es casi inexistente, te podría decir que se evapora con sólo contarla", sonríe. Antonio es un hombre de 86 años que ha tenido un incidente cardíaco y espera a su hijo que, informado, regresa de Europa. Esas doce horas de espera, del amanecer al atardecer, es
lo que se cuenta en la película. También es sobre el tiempo, sobre el fluir del tiempo, "y me hubiese gustado titularla Las horas, pero existe el filme de Stephen Daldry con ese nombre..."

¿Cual es el origen de la historia que contás en "La ventana"?

Creo que se unieron varias cosas. Por un lado, mi antigua afición por Chejov, que revivió en el último año. Aparte de releer buena parte de sus cuentos, me interesé en su vida y busqué durante semanas un ejemplar en castellano de la que seguramente es la mejor biografía del escritor: La dramática vida de Anton Chejov, de Irene Nemirovsky. La encontré por internet. La descripción de las últimas horas de vida del escritor en un hotel del balneario de Badenweiler despidiéndose de su esposa y su médico
con un brindis con champagne es realmente conmovedora. Tanto como el cuento de Raymond Carver, Tres rosas amarillas, en el que relata minuciosamente el mismo episodio. Esas lecturas estuvieron presentes en la génesis del proyecto.
Pero también hubo un hecho singular que cimbronó en el interior de Sorín: el año pasado falleció su padre. "Y aunque uno sepa que lo natural es que los padres mueran antes que los hijos, nunca termina de acostumbrarse a un hecho así, y también debe haber influido", concede.

¿Como se te ocurrió pensar en Antonio Larreta como protagonista?

Fue una idea de mi socio productor, José María Morales, que está haciendo un filme sobre la vida de Artigas basado en un guión de Antonio "Taco" Larreta.
Siguiendo mi secuela de actores "no actores", yo quería un escritor para hacer el personaje que también es escritor. Hay una forma de hablar, de manejar la palabra, que es exclusiva de un escritor. ¿Quién no recuerda la forma de decir de Borges o Neruda? Tienen una musicalidad muy especial.
Bueno, yo quería que de alguna manera eso estuviese en la película. Por otro lado también quería que tuviese 85, 86 años. La fragilidad de esa edad no la quería actuada, quería que fuese de verdad. De cualquier forma, "Taco" Larreta algo actuó, porque aunque realmente tiene 85, está en muchas mejores
condiciones que el personaje. Y está la mirada, esa mirada inteligente que "Taco" no la actúa, la tiene.

¿Y como lo convenciste?

Viajé a Montevideo bastante nervioso, pero me encontré con que "Taco" estaba tanto o más nervioso que yo. Quería hacer el personaje, pero pensaba que no era la persona indicada. "Yo como actor soy antiguo", me decía, "soy un viejo actor uruguayo y no te voy a servir". Ahora que ya está hecha pienso
que está muy bien en la película, realmente. En el elenco también está Arturo Goetz e hicieron una participación especial Carla Peterson y Luis Luque.
Sorín fue a filmar hacia el Sur, aunque no a la Patagonia. "No volví a la Patagonia -confirma-, pero filmé cerca de Bahia Blanca, cerca de Sierra de la Ventana y del límite con La Pampa. Algunos dicen que por ahí empieza la Patagonia, pero el paisaje es menos ríspido y mas bucólico."

¿Con que expectativas llegás a Toronto?

Más que expectativas llego con temores. No vi la película. La edité por un lado, trabajé el sonido por otro, pero nunca vi como funciona todo junto y en pantalla grande. La copia en 35mm. salió de Madrid y llegó a Toronto. Yo no fui a España y las únicas opiniones de gente que la vio son de las de mis socios y del director de fotografía. Nunca me pasó esto. Siempre llegué a los festivales con algunas pruebas previas con público. Ahora no. En fin, los whiskies que suelo tomarme después de la proyección me los tomaré antes...
No es la primera vez que Sorin viene con una película a Toronto. Bueno, es la segunda. "Vine con El perro y fue un éxito de ventas aquí totalmente desmedido. No creo que con esta peli repita".

Hablabas de los "no actores" que solías elegir. ¿Que balance podes hacer, qué es lo mas positivo y qué lo que no te convence de trabajar con ellos?

No tengo una opinión formada. Por un lado trabajar con "no actores" es muy limitante en el trabajo en profundidad del personaje, además de trabajoso, agotador. Y azaroso: nunca sabes cómo va a salir. Trabajando con actores podés pisar más sobre seguro, construir mas. Pero por otro lado extrañás lo
imprevisto, una cierta frescura que puede salir de algo no programado, de lo "accidental". No sé qué es lo mas adecuado. Supongo que depende del tipo de película que uno quiere hacer.
Sorín viene de Buenos Aires, pero estuvo en Bogotá pocos días antes de partir. "Fui a evaluar y elegir los guiones que debían ser premiados con las ayudas que da la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura.
Fueron unos días muy intensos. Hay mucho entusiasmo en Colombia con el cine. Da la sensación de que el cine colombiano está próximo a un despegue. Ojalá se dé."

Con "La ventana", ¿sentís que cerrás, al menos momentáneamente, un tipo de realizaciones, que arrancó con "Historias mínimas"?

A La ventana la veo distinta a Historias... y su saga. Es una película más construida, al menos en lo que se refiere a la imagen. Por eso filmé en 35mm., por la posibilidad de tener una imagen mas elaborada. También me parece que es una película un poco más ríspida, menos gratificante. Es también algo más ambigua, dando tiempo al espectador para que complete las cosas en su mente. De cualquier manera no estoy aun en condiciones de evaluarla. Esta noche, después de la proyección quizá tenga una idea mas
próxima a la realidad.

*FUENTE: CLARÍN
http://www.clarin.com/diario/2008/09/08/um/m-01754418.htm

PASOS EN LA ESCALERA*

Ya se despertó de la siesta. A la misma hora de siempre, lo anuncian sus pasos de elefante agotado por la escalera, las viejas chancletas con su Pam, Pam, Pam... en ritmo ascendente, que se ralentiza en la medida en que sin resuello, va llegando a los escalones superiores. Ahora está cerrando los postigos de las ventanas del pasillo, verificando que queden bien puestos los cerrojos de la puerta que da al balcón, con esa manía antirrobos que le quita toda brizna de aire a la casa.
Viene hacia la oficina, mis tardes son pacíficas hasta que suenan las cinco campanadas, entonces el sonido de las pantuflas me avisa, escaleras arriba y luego a lo largo del pasillo, que se acabó mi tranquilidad. Ahí está, respirando tras la puerta, sin decidirse a abrir - sé que lo hará, siempre lo hace, no hay modo de que respete mi privacidad -, el pomo de la puerta gira y siento de nuevo los pasos cansinos.

Pobre anciano, ¿cómo hacerle comprender? Si antes era medio sordo, ahora no parece escuchar nada. Sólo trata de aferrarse a sus costumbres, pero... se supone que los fantasmas deberíamos ser menos ruidosos.

*de Marié RojasTamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

-Premio "El arte en septiembre" Categoría Cuento-Adultos
Antología del mismo nombre.

Esponja*

El tío Aldo se despedía poco a poco, uno lo veía casi igual, con la misma voluntad para servirse un vaso de vino tinto desde la damajuana, pero no era el mismo desde la última internación que lo había dejado maltrecho. Le habían dicho a su mujer -la tía Cucu como le decíamos todos- que sus pulmones ya no funcionaban como deberían funcionar: espontáneamente.
El se despedía diciendo las frases que había conservado como el saber de su vida, a veces más que frases, eran expresiones de rabia contra un mundo que no tenía ni miras de ser ni más justo ni más decente.
Al hombre -su sobrino político- le dedico una observación:
Vos estas así por ser "esponja de tu madre".
El hombre olvido como se olvidan las cosas el resto de la conversación con el tío.
Pero lo de "esponja de tu madre" y lo de “vos estás así” Le habían quedo dando cíclicas vueltas por el pensamiento.
Construyo lentamente una imagen durante la década transcurrida desde el fallecimiento del Tío. Durante ese tiempo también fallecieron su padre, sus suegros, un amigo radicado en Valencia y ocurrieron muchas cosas en las que prefiere no pensar para no distraerse de ese descubrimiento que el tío le había donado como un saber en bruto para ser trabajado.

Ningún otro hallazgo pudo hacer sobre esa predisposición a ser esponja y no solo de su madre. Salvo esa imagen trabajosamente construida:

La imagen de un hombre saturado. Abrumado en líquidos.

Que todas las mañanas al levantarse y salir, no deja de ver el goteo que dejan sus pasos...

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

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07/09/2008 GMT 1

Y SE VA CON EL VAIVÉN FLOTANDO...

urbanopowell @ 01:27

La luna viajera*

Ronca el agua en su vaivén
y va paseando la luna
flotando encima del agua
llevándola a los confines
de esta mar, azul y blanca
con rompientes de coral
y vapores de hojalata
con pececillos de bronce
y sirenitas de plata

Al llegar la madrugada
el sol emerge del agua
rompiendo con mil colores
la noche negra y helada
y le da calor al viento
y sentido a la mar brava,
guarda la luna mojada
en un estuche de algas.

En la playa, se divisa
una niña de tez clara
que le canta a la mañana
con ambos pies en el agua,
y que añora los amores
porque el mar la tiene a raya
y no la deja acercarse
a su amado en otra playa.

Y tomando del estuche
la luna con mano blanda
la envía a través del mar
a buscar su alma amada
para que la traiga pronto
navegando sobre el agua,
para que viva con ella,
para que pueda besarla

Y la luna, diligente,
cruza el océano y canta
canciones de marineros
con la letra de la amada
y regresa transparente
trayendo el hombre a la playa
y se va con el vaivén
flotando encima del agua.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

Y SE VA CON EL VAIVÉN FLOTANDO...

Miro de abajo*

Desde el suelo

Acurrucada y escondida

Intento abrir grandes los ojos

Como si fuera un niñito deambulador

Que con investigación y esmero

Todo lo toca, lo huele, lo inspecciona

Mirar para arriba aumenta la curiosidad.

Las perlitas de tierra en el roble del piso

Se convierten en arenas movedizas

Pero no hay peligro

Solo fascinación y sorpresa.

El humo de incienso es nube en el cielorraso

El aire más cargado, trae el ronquido

De los buques del puerto

En un dialogo de melancolías,

expectativas y giros.

Sobre el faro del rincón

Doña araña entrelaza con su pluma de seda

La cuna de la variedad.

Te miro desde arriba*

No veo tus defectos
Advierto un ser humano tierno.
En tus momentos de paz
Es cuando mejor tenés las facciones
No está el rictus del apuro
Ni las arrugas de preocupación
Pareces más valiente y diáfana
No encuentro tu mochila
Que encorva tu espalda
Ni el suspiro del sacrificio
No me importa tu edad
Ni los kilitos de más.

Te miro de costado*

Como en el reflejo de un estanque transparente

Tu perfil delgado y volátil

Sopla el viento del porvenir

Tu silueta voluptuosa por el deseo

Intuye ensayos de expediciones

Tu largo y estirado cuerpo

Emulan el símbolo de la lozanía

Tu pelo oscuro frondoso de castañas

Despojado de prejuicios y malos entendidos

Añoran una vida más original

Tus manos inquietas de pianista

Extienden la oferta de una vida mejor

Tus reflexiones acertadas e iracundias

Rectifican la monotonía del gris

El tono rebelde de tus pisadas

Rebota en la discreción de los senderos

Desarropado y desprolijamente generoso

Te miro, te observo y te quiero.

*Poemas de Azul. azulaki@hotmail.com

El pecho desnudo*

*De Italo Calvino

El señor Palomar camina por una playa solitaria. Encuentra unos pocos bañistas. Una joven tendida en la arena toma el sol con el pecho descubierto. Palomar, hombre discreto, vuelve la mirada hacia el horizonte marino. Sabe que en circunstancias análogas, al acercarse un desconocido, las mujeres se apresuran a cubrirse, y eso no le parece bien: porque es molesto para la bañista que tomaba el sol tranquila; porque el hombre que pasa se siente inoportuno; porque el tabú de la desnudez queda implícitamente confirmado; porque las convenciones respetadas a medias propagan la inseguridad e incoherencia en el comportamiento, en vez de libertad y franqueza. Por eso, apenas ve perfilarse desde lejos la nube rosa-bronceado de un torso desnudo de mujer, se apresura a orientar la cabeza de modo que la trayectoria de la mirada quede suspendida en el vacío y garantice su cortés respeto por la frontera invisible que circunda las personas. Pero -piensa mientras sigue andando y, apenas el horizonte se despeja, recuperando el libre movimiento del globo ocular- yo, al proceder así, manifiesto una negativa a ver, es decir, termino también por reforzar la convención que considera ilícita la vista de los senos, o sea, instituyo una especie de corpiño mental suspendido entre mis ojos y ese pecho que, por el vislumbre que de él me ha llegado desde los límites de mi campo visual, me parece fresco y agradable de ver. En una palabra, mi no mirar presupone que estoy pensando en esa desnudez que me preocupa; ésta sigue siendo en el fondo una actitud indiscreta y retrógrada.
De regreso, Palomar vuelve a pasar delante de la bañista, y esta vez mantiene la mirada fija adelante, de modo de rozar con ecuánime uniformidad la espuma de las olas que se retraen, los cascos de las barcas varadas, la toalla extendida en la arena, la henchida luna de piel más clara con el halo moreno del pezón, el perfil de la costa en la calina, gris contra el cielo. Sí -reflexiona, satisfecho de sí mismo, prosiguiendo el camino-, he conseguido que los senos quedaran absorbidos completamente por el paisaje, y que mi mirada no pesara más que la mirada de una gaviota o de una merluza. ¿Pero será justo proceder así? -sigue reflexionando-. ¿No es aplastar la persona humana al nivel de las cosas, considerarla un objeto, y lo que es peor, considerar objeto aquello que en la persona es específico del sexo femenino? ¿No estoy, quizá, perpetuando la vieja costumbre de la supremacía masculina, encallecida con los años en insolencia rutinaria? Gira y vuelve sobre sus pasos. Ahora, al desliza su mirada por la playa con objetividad imparcial, hace de modo que, apenas el pecho de la mujer entra en su campo visual, se note una discontinuidad, una desviación, casi un brinco. La mirada avanza hasta rozar la piel tensa, se retrae, como apreciando con un leve sobresalto la diversa consistencia de la visión y el valor especial que adquiere, y por un momento se mantiene en mitad del aire, describiendo una curva que acompaña el relieve de los senos desde cierta distancia, elusiva, pero también protectora, para reanudar después su curso como si no hubiera pasado nada. Creo que así mi posición resulta bastante clara -piensa Palomar-, sin malentendidos posibles. ¿Pero este sobrevolar de la mirada no podría al fin de cuentas entenderse como una actitud de superioridad, una depreciación de lo que los senos son y significan, un ponerlos en cierto modo aparte, al margen o entre paréntesis? Resulta que ahora vuelvo a relegar los senos a la penumbra donde los han mantenido siglos de pudibundez sexomaníaca y de concupiscencia como pecado...
Tal interpretación va contra las mejores intenciones de Palomar que, pese a pertenecer a la generación madura para la cual la desnudez del pecho femenino iba asociada a la idea de intimidad amorosa, acoge sin embargo favorablemente este cambio en las costumbres, sea por lo que ello significa como reflejo de una mentalidad más abierta de la sociedad, sea porque esa visión en particular le resulta agradable. Este estímulo desinteresado es lo que desearía llegar a expresar con su mirada. Da media vuelta. Con paso resuelto avanza una vez más hacia la mujer tendida al sol. Ahora su mirada, rozando volublemente el paisaje, se detendrá en los senos con cuidado especial, pero se apresurará a integrarlos en un impulso de benevolencia y de gratitud por todo, por el sol y el cielo, por los pinos encorvados y la duna y la arena y los escollos y las nubes y las algas, por el cosmos que gira en torno a esas cúspides nimbadas. Esto tendría que bastar para tranquilizar definitivamente a la bañista solitaria y para despejar el terreno de inferencias desviantes. Pero apenas vuelve a acercarse, ella se incorpora de golpe, se cubre, resopla, se aleja encogiéndose de hombros con fastidio como si huyese de la insistencia molesta de un sátiro. El peso muerto de una tradición de prejuicios impide apreciar en su justo mérito las intenciones más esclarecidas, concluye amargamente Palomar.

*Fuente: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/calvino/pecho.htm

ANTES, DESPUÉS...*

*De Julio Córtazar.

Como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio

aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna

como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente...

SUMERGIRSE*

Terminó de ajustarse el traje de submarinismo, comprobó que todo estuviera en orden y saltó por la borda del botecillo. Pronto la encontró: cálida, oscura, profunda, pequeña e ignorada, forrada de plantas que semejaban terciopelo. La primera vez que la vio había evocado el útero materno. Creemos haber borrado todo recuerdo de nuestra existencia prenatal, pero ciertos encuentros con la casualidad aparente nos demuestran que guardamos una memoria anterior a la que de modo consciente atesoramos.
Sabía que iba volver, solo había esperado el momento ideal.
Se introdujo en ella lentamente, acomodando el cuerpo a la matriz.
El bote ya estaría vagando a la deriva. Los sedantes comenzaban a hacer efecto, sería un tránsito tan dulce y apacible como había imaginado.

Aunque lo rodeaba la negrura, fue un placer cerrar lentamente los ojos. Se sumergió en su último sueño.

*de Marié RojasTamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

Sábado, 6 de Septiembre de 2008
Innovación y utopía*

Cúpulas geodésicas, casas prefabricadas de plástico y tetraedros que se edifican como ejes del universo fueron los temas que apasionaron a Richard Buckminster Fuller, un excéntrico arquitecto que, entre otras cosas, fue comparado con Leonardo Da Vinci por Marshall MacLuhan y se posicionó como crítico de las tecnologías en manos del capitalismo.

*Por Pablo Capanna

Entre los nuevos materiales que nos ha dado la nanotecnología, probablemente los más conocidos sean los fulerenos, gracias a los cuales un equipo inglés obtuvo un Premio Nobel en 1996. Sus moléculas están compuestas totalmente de carbono, pueden tener la forma tanto de una esfera hueca como de un tubo formado por anillos hexagonales y prometen una enorme gama de aplicaciones, que van desde la industria espacial hasta la medicina.
Los fulerenos esféricos se llaman buckyballs y los nanotubos, buckytubes, porque fueron descubiertos en 1985, dos años después de la muerte de Richard Buckminster Fuller, el arquitecto que se había hecho popular como Bucky. Su nombre completo es Buckminsterfullerene (C60).
A los fulerenos se les adjudicó ese nombre en homenaje a Fuller, porque sus moléculas tenían la misma estructura de las cúpulas geodésicas que lo habían hecho famoso. Si las cúpulas eran la mejor realización de la “integridad tensional”, Fuller había imaginado que el tetraedro podría ser el módulo esencial del universo, que debía estar en todas partes, desde los fotones hasta la doble hélice. Encontrarlo en una molécula fue toda una sorpresa.
Pero no sólo se trata de moléculas. Los conceptos que introdujo Fuller están en boca de todos los políticos, desde la “sinergia” y el “desarrollo sustentable” hasta esa “nave espacial Tierra” que popularizó Adlai Stevenson. Más allá de sus especulaciones filosóficas y hasta de algún delirio tecnológico, hace tres o cuatro décadas Fuller decía cosas que no tendríamos que haber olvidado.

UN UTOPISTA PRACTICO
Bucky Fuller (1895-1983) fue el más famoso de los arquitectos norteamericanos, pero prefería presentarse como “generalista”, porque pensaba que la especialización era lo que había acabado con los dinosaurios. Ingeniero, filósofo, poeta, geómetra de estirpe pitagórica, acostumbró pensar siempre en términos globales. Quizá fue el último y el más talentoso de los tecnócratas; a la vez pragmático, megalómano, excéntrico, mesiánico, inconformista y a veces casi genial.
Su vida se ajusta tanto al paradigma del héroe norteamericano que a cualquiera le parecería propia de un guión de Hollywood. Es la historia del innovador solitario, el fracasado que nadie comprende aunque llega el momento en que la fama lo alcanza. Claro que esta vez funcionó.
Venía de una familia acaudalada y entre sus antepasados estaba Margaret Fuller, que fue amiga de Emerson y Thoreau. Dos veces echado de Harvard por frecuentar más los teatros de revista que las aulas, su formación intelectual fue bastante irregular. Se casó muy joven, trabajó como obrero de línea y operador de radio y tras llevar a la quiebra la empresa de construcciones de su suegro quedó en la miseria.
Por aquel entonces vivía en un sórdido suburbio de Chicago y acababa de perder una hija. Se dio a la bebida y pensó en suicidarse, pero cuando estaba a punto de tirarse al lago Michigan, tuvo una suerte de visión mística que le dio la certeza de que el Universo era un “diseño”, una estructura racional de la cual él no tenía derecho a excluirse.
Estuvo en silencio un año entero; no habló con nadie, se dedicó a pensar, leyó a Gandhi y Leonardo y se convenció de que la vida era demasiado importante para ocuparla sólo en ganar dinero. Dejó de ser Clark Kent para convertirse en Superman el día que concibió las ideas centrales de esa geometría especulativa que luego llamaría “sinergética”.
Cuando volvió a hablar fue para ponerse a desarrollar una serie de inventos y diseños que inicialmente fueron recibidos con indiferencia o rechazados por su escasa rentabilidad, aunque todavía se los celebre. Durante años fueron considerados “diseños futuristas”, especialmente después de que el autor de la historieta Buck Rogers confesó haberlos imitado.

TODO DYMAXION
La mayoría de los diseños estaban destinados a la construcción y ostentaban la marca Dymaxion: “máxima tensión dinámica”. Fuller pensaba que la tecnología del bienestar (vivienda, sanitarios, esparcimientos) era la que menos había evolucionado en los últimos milenios. Se propuso llevar a la construcción la fabricación seriada de Henry Ford y, como Le Corbusier, pensó la vivienda como una “máquina de habitar”.
Su primera creación, la “4D-Dymaxion House”, fue una casa prefabricada. Era una especie de calesita suspendida de un mástil central, que contenía los servicios esenciales. Un dirigible la transportaba por aire y arrojando una bomba abría el pozo en el cual se plantaría el mástil. Una vez afirmado éste con cemento, la casa estaría lista para habitar, dejando el suelo libre como jardín. En caso de mudanza, otro dirigible la arrancaría y la instalaría en otra parte.
Entre los accesorios Dymaxion que concibió en los años ’30, había un sanitario neumático que compactaba los desechos para su industrialización, y una ducha “de niebla” que garantizaba higiene óptima con el mínimo consumo de agua. Otro sanitario, que producía biogás, fue muy bien recibido en la India.
En 1942 se metió con los automotores. Diseñó el “Omnitransport”, un ómnibus que era capaz de rodar, navegar y volar, y produjo el Dymaxion Car, un auto aerodinámico de tres ruedas pivotantes que estacionaba de costado y podía llevar hasta once pasajeros. La industria de Detroit no se interesó en él y cuando hizo una demostración para los británicos el conductor murió cuando el Dymaxion fue chocado por otro vehículo. Los diarios se ensañaron con el “auto futurista” y lo condenaron al olvido.
Los proyectos que hizo años más tarde eran todavía más ambiciosos, como Triton City, una ciudad flotante de módulos tetraédricos, u Old Man River’s City, una ciudad modular formada por terrazas circulares cubiertas por un domo geodésico.
El primer acierto “práctico” de Fuller fue un diseño para depósitos de provisiones que usaron las fuerzas armadas en el Pacífico y el Golfo Pérsico. Por primera vez, la escasez de materiales y la necesidad de reducir costos de instalación venían a darle la razón. Este éxito le abrió el camino para su mayor logro, la “cúpula geodésica” de 1949. Fruto de especulaciones casi metafísicas sobre la “geometría de la energía”, esta cúpula demostró ser una estructura muy liviana, que se hacía más resistente cuanto más grande.
Fuller imaginó racimos de esferas agrupadas en torno de un centro y encontró que en lugar de una esfera más grande, el resultado era un poliedro de catorce caras, seis de ellas cuadradas y ocho triangulares. Toda la estructura podía reducirse a un conjunto de tetraedros entrelazados.
Una aplicación indirecta de este principio fue el “Mapa Dymaxion”, que obvia todas las deformaciones de los sistemas cartográficos conocidos y ofrece una representación más adecuada de la superficie terrestre. La divide en veinte triángulos esféricos equiláteros y los proyecta sobre un plano, logrando una fidelidad mayor que los sistemas usuales.
El éxito de las cúpulas geodésicas llegó en 1952, cuando la Marina descubrió sus ventajas y comenzó a levantarlas en todo el mundo. Desde entonces se las ha construido de aluminio, plástico y hasta bambú y cartón impermeable, en lugares tan disímiles como Varsovia, Lima, Nueva Delhi, Casablanca y el Polo Sur.
Fuller llegó a concebir un enorme domo geodésico que cubriría la isla de Manhattan, para economizar energía y controlar el clima, y aseguró que podía hacerlo usando menos acero que un trasatlántico.

“EL GENIO AMIGO DEL PLANETA”
Gracias a las cúpulas geodésicas, Bucky fue honrado por Harvard y designado profesor en Carbondale. Allí se inició su última etapa, como pensador y gurú cultural. Escribió libros inclasificables como Nine Chains to the Moon (1963) y No More Secondhand God (1967), donde la geometría especulativa se mezclaba con la ingeniería y cierta “historia hipotética”, con ese peculiar estilo caótico y reiterativo que lo caracterizaba.
El Manual de instrucciones para el manejo del planeta Tierra (1969) se adelantó al ecologismo. Fue uno de los primeros en afirmar que las computadoras cambiarían al mundo.
En 1966 el equipo de la Universidad de Carbondale dirigido por Fuller produjo un informe destinado al presidente Johnson, que causó cierto revuelo. Hasta el fin de sus días, Fuller seguiría insistiendo en esas ideas: el escándalo de la escasez en un mundo que gasta fortunas en armamentos, la propuesta de un plan de desarrollo global para los países pobres y la utopía de un gobierno mundial federativo.
Tres años más tarde fundó en Filadelfia el World Game Center, una consultora análoga al Instituto Hudson o al Club de Roma, que se proponía procesar toda la información disponible sobre recursos energéticos, tecnología y posibilidades de desarrollo para un mundo unificado.
Hace décadas, el World Game anunciaba que con la tecnología de entonces se podía alcanzar la prosperidad general. Proponía aplicar todos los recursos de la inteligencia para resolver el problema de la vivienda e interconectar las redes eléctricas de todos los países, para ofrecer un suministro de energía uniforme a todo el planeta.
Fuller y su World Game sostenían que la escasez es una ilusión mantenida artificialmente para dividir al género humano. Malthus, Maquiavelo y la guerra estaban obsoletos. Había suficiente energía en los océanos y en la luz solar, y los recursos tecnológicos existentes alcanzaban para explotarla.
La contaminación no era otra cosa que energía bajo otras formas, que podía ser aprovechada. Solamente con el reciclaje de los metales actualmente en circulación en todo el planeta se podría prescindir de la minería, siempre que se recurriera a nuevas técnicas que procuraran el máximo rendimiento con los menores recursos (su famosa ephemeralisation), como las cúpulas geodésicas y las casas prefabricadas de plástico.

¿SE PUEDE?
Fuller amalgamaba temas de distinta procedencia en una síntesis personal. Por un lado, la vertiente tecnocrática de Howard Scott y su “política energética”. También se hacía eco del conductismo: “Tratemos de cambiar el entorno, no cambiar al hombre”. Por último, revelaba una preocupación ecológica totalmente inesperada en quien había sido apologista de Henry Ford. Ponía énfasis en las energías alternativas (apenas mencionaba la nuclear) y el reciclaje de los recursos.
Fuller era muy duro con las grandes corporaciones, que todavía no eran transnacionales. Aseguraba que habían evolucionado hacia un sistema de ficciones legales, basado en el comercio de tecnología, y administraban los recursos del planeta con fines puramente egoístas. Al parecer, el tiempo le dio la razón, y el calentamiento global es la mejor prueba.
Sus últimos libros, calificados de “populistas” fueron Camino crítico (1981) y GRUNCH of Giants (1983): GRUNCH era una sigla que significaba “Producto Bruto Universal”. Para Fuller las multinacionales contaban con los recursos tecnológicos para llevar el mundo a la prosperidad general, y preferían mantenerlo en la miseria para cuidar los mezquinos intereses de sus accionistas.
Eran un poder bifronte: por una parte, “el epítome del egoísmo capitalista, y por otra los vehículos inadvertidos para la disolución de las fronteras políticas”. Fuller abogaba por la disolución de los Estados nacionales y la creación de una administración mundial, porque la Nave Espacial Tierra no podía ser conducida por ciento sesenta almirantes, los Estados soberanos, que malgastan la energía del planeta. Hoy los Estados están en eclipse y los verdaderos almirantes son muchos menos, pero las cosas andan peor.
Marshall MacLuhan lo había comparado con Leonardo Da Vinci. Poco antes de que muriera, Ronald Reagan lo condecoró con la Medalla de la Libertad, calificándolo como “un hombre del Renacimiento, una de las grandes mentes de nuestro tiempo”.
Al día siguiente se presentó el libro GRUNCH, donde Bucky trataba a Reagan de títere de las multinacionales, pésimo actor e hipócrita. Cuando los periodistas se lo hicieron notar, respondió que la medalla se la había entregado el presidente de los Estados Unidos, no el señor Reagan, de quien tenía derecho a tener la peor opinión.
Hoy, sus cúpulas geodésicas se oxidan al sol, y las nuevas potencias económicas del Oriente levantan torres babélicas para concentrar el poder, mientras que los excluidos son cada vez más. Si a Fuller sólo se lo recuerda por los fulerenos, todavía no terminamos de entender qué pasó.

*FUENTE: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-1996-2008-09-06.html

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02/09/2008 GMT 1

UN PUÑAL DE INCERTIDUMBRE...

urbanopowell @ 14:20

*

La suerte estaba echada. Tenía que apurarse. Rápidamente se vistió y coloreo sus labios de ocre nacarado. No se animaba, pero el compromiso era su mayor preocupación.
Tenía mucho miedo de hundirse en su antigua fobia. El sudor vergonzoso delataba su inestabilidad, intentaba corregirlo con su maquillaje importado.
En un abrir y cerrar de ojos abrió la puerta y entró, su dentadura comenzó a tintinear, la respiración comenzó a agitarse, El corazón le hablaba con fastidiosas palabras de despedida, un puñal de incertidumbre le hizo retorcer su estómago.
En un acto de valentía estiró su dedo índice apretando el odiado botón. Marcó tímidamente la tecla numero 10 y el ascensor comenzó a ser su dueño.

*De Azul. azulaki@hotmail.com

UN PUÑAL DE INCERTIDUMBRE...

El trato*

La oscuridad era total pero se dio cuenta enseguida de que había despertado dentro de un ataúd. Aterrorizado recordó el accidente entre la camioneta cargada de verduras y su nuevo Ferrari Sport, mientras se desplazaba desde el barco a la Villa. Parpadeó en la oscuridad. Se angustió. Gritó. Lloró.

Fuera, al aire libre - pensó - tenía todo lo que un hombre puede desear, más incluso. Su riqueza era infinita, su poder total, sus contactos increíbles… Y llevaba disfrutando de ello más de 150 años.

Por vez primera, se arrepentía de haber vendido su alma al diablo a cambio de la inmortalidad. Ahora tendría tiempo para pensar si fue un buen trato.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

PARÍS*

Quiero decirte tantas cosas
Y no alcanzan las palabras...
Quiero hablarte de París,
De los olores que trae el viento,
De las notas que lleva en sus alas,
De la lluvia que moja mi rostro,
Del ocaso que se cierne
Sobre los tejados,
Y de nuestro abrazo,
De ese abrazo nuestro
Que ciñe la vieja ciudad.

Pero no puedo,
No me alcanzan las palabras...
Para decirte que sin ti
París no es ciudad,
Sino lejanía.
Las flores solo portan aromas de nostalgia,
La lluvia no es otra cosa que gotas de agua,
Que el viento no lleva ni trae melodías antiguas,
Que el ocaso no es sino símbolo de algo.

Porque sin ti,
Y sin tu abrazo,
Sin tu mejilla junto a la mía,
Contemplando como se oculta el sol
Tras los tejados,
No sirven,
No son nada las palabras.

*de Marié RojasTamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

Contra el tiempo*

Las obras "Gris de ausencia" y "El acompañamiento" siguen resultando textos de alto valor poético.

*Por: María Ana Rago. mrago@clarin.com

“El amor y la rebelión eran el espíritu de Teatro Abierto”, dijo Carlos Gorostiza, uno de los fundadores del movimiento, a Clarín. Por Ricardo Cárcova, Rodolfo del Percio y Horacio Bilbao.

Un espectáculo, dos obras. Teatro Abierto x 2 comprende Gris de ausencia, de Roberto Cossa, y El acompañamiento, de Carlos Gorostiza, piezas breves que concentran un gran poder de identificación con el espectador. Ambos textos son joyas de la literatura argentina que en la lectura o en la escena arrancan risas y sonrisas, conmueven y alientan a buscar una salida. Aunque cuentan anécdotas muy distintas, las unen varios ejes temáticos: la nostalgia, la locura, la incomunicación, los sueños incumplidos, la familia, abordados de diferente modo. Pero la conexión más fuerte está en el contexto común en el que nacen: el movimiento cultural de resistencia Teatro Abierto, surgido en 1981, durante la dictadura militar.

Suceden en un mismo espacio escénico, que sufre sutiles modificaciones para representar primero la antecocina de un restaurante, y después, un cuarto. Dirigidas en esta oportunidad por Hugo Urquijo, las obras se ofrecen como un homenaje a Teatro Abierto. Una relatora, Monina Bonelli, presenta la puesta, la enmarca en la historia y vuelve a aparecer en el medio para completar su relato.

Gris de ausencia es más breve y tiene más personajes; El acompañamiento es un poco más extensa y cuenta sólo con dos personajes. En la primera —que transcurre en Roma—, Juan Manuel Tenuta es el abuelo, un italiano que inmigró a la Argentina cuando era jovencito, formó su familia y regresó con sus hijos y nietos a Italia. Marcela Ferradás es Lucía, quien atiende la Trattoria La Argentina, junto con su marido Dante (Ricardo Díaz Mourelle). Chilo, muy bien interpretado por Mario Alarcón, es un personaje entrañable, el porteño que se resiste a renunciar a su identidad. Paloma Contreras le aporta gracia a Frida, la nieta que se ha ido a vivir a Madrid y a quien se le pegó el acento español. Una familia que no logra tener un idioma común.

Antonio Grimau es Tuco en El acompañamiento, a quien le imprime el tono exacto: el de la locura y los sueños. Pepe Novoa interpreta a Sebastián, ese amigo que es un contrapunto, aunque luego acompaña a Tuco, embarcándose en su travesía.

Gesta, aventura, rebeldía, un río que desbordó lo teatral son algunas de las formas verbales con las que la relatora habla de Teatro Abierto. También dice que todas las obras del movimiento, explícita o implícitamente, critican a la dictadura. Claro que cada una lo hace a su manera. Gris de ausencia a través de la inmigración habla del desarraigo y remite al exilio. El acompañamiento denuncia la imposibilidad de cumplir los sueños. En ambos casos la crítica se hace desde la metáfora, pero se hace. Y con mucha teatralidad y poesía.

*Fuente: Clarín.
http://www.clarin.com/diario/2008/09/02/um/m-01751505.htm

El pasillo de los recuerdos*

En un laberinto lúgubre
Recorre una niña azulada
Con el corazón apretado
El pasillo de los recuerdos
Cercada, asfixiada
Por aparecidos y momias
Viscosos y altivos…

Cada vez que arriesga a
Pisar fuerte y con coraje
Aunque se convenza de
Estar alerta y protegida
Las espantosas figuras
Intimidan su interior
En ese instante
nadie la salva,
se queda paralizada
y sin voz.-

*De Azul. azulaki@hotmail.com

EN LA VERDE COLINA*

Entre los árboles de la verde colina se arriesga el arroyuelo. Sortea roca tras roca, bebe su propia aventura y busca su mar.
Sueños y fantasías contenidos en mi cántaro se visten de arroyuelo, construyen en mi desierto la cuenca que contornee su aventura, que arme saltos sobre los escollos y formen dos brazos al final.

*de Emilse Zorzut zurmy@yahoo.com.ar

La hora de los trenes*

El cine de Pino Solanas ha ido transitando tanto el documental como la ficción, pero siempre atravesado por la realidad, la política y las vidas de los argentinos libradas a ellas. Sin embargo, tras 2001, el director de La hora de los hornos, Los hijos de Fierro, Sur y El exilio de Gardel se entregó con fruición a filmar un ciclo de documentales sobre los motivos y las consecuencias del derrumbe del país. La próxima estación es la cuarta entrega y disecciona impiadosa y acertadamente el desmantelamiento de esa suerte de estructura ósea de un país como lo es su red ferroviaria. Voces, testigos, víctimas y pueblos enteros desaparecidos pasan frente a cámara, junto con cifras y gráficos, para delatar la invertebrada realidad a la que se condena al interior del país.

*Por Mariano Kairuz

En su película sobre los trenes de la Argentina, Pino Solanas no se limita a trazar la historia de la devastación del sistema ferroviario. Cuarta parte de un proyecto más ambicioso, de una serie de investigaciones para una reflexión global, la historia grande que se cuenta en La próxima estación es
la de cómo detrás de esa cosa mal llamada el tren de la historia, lo que hubo en realidad fue un plan sistemático para terminar de sumir al país en la dependencia absoluta. La de cómo es que hoy estamos como estamos; y cómo en este estado de cosas juega un papel central la pulverización de la conciencia pública. De cómo -con la privatización del tren que de todos modos siguió siendo subsidiado por el Estado, y el desguace y saqueo de rieles y vagones, como caso paradigmático- se llegó a creer que los bienes y servicios públicos concesionados ya no le pertenecen a la ciudadanía.
Desde la fundación del Ferrocarril del Oeste en 1857 hasta el actual colapso general del transporte, La próxima estación recorre un proyecto de país que quedó partido al medio, exponiendo de entrada la falacia original que se consolidó en torno de su creación: que los primeros trenes argentinos fueron
ingleses. Aquel primer Ferrocarril del Oeste perteneció enteramente a Buenos Aires, y cuando más tarde los ingleses finalmente se interesaron, fueron ampliamente subsidiados por el Estado argentino mediante créditos, exenciones impositivas y otras de las ventajas desproporcionadas a las que estaba acostumbrado el capital británico en la Argentina. La película hace una dinámica síntesis de los hitos de la historia posterior del ferrocarril: ese plan de promoción regional que vino a implementar el "tren de fomento" creado en 1907; la nacionalización de los trenes a través del cobro de la deuda que Inglaterra tenía con la Argentina en la posguerra inmediata (el episodio es contado risueñamente por el propio Perón en un clip de archivo, donde lo describe como una hábil maniobra de su ministro Miguel Miranda); y los primeros pasos hacia la reducción de la red ferroviaria durante la presidencia de Frondizi, con el desembarco del lobby automotor: autos, camiones y petróleo como primer gran factor de presión contra los rieles. Y llega hasta el todavía demasiado reciente golpe de gracia, cuando, con Menem, ramal que paró cerró, e incluso los que no pararon también desaparecieron, esfumándose con ellos decenas de miles de puestos de trabajo y cientos de pueblos que existían en función de estaciones que se volvieron
fantasmas. Para el final, la perpetuación de los concesionarios del menemismo durante la actual administración.
Solanas arma este mapa desolador a través de un ordenamiento ágil y didáctico de múltiples testimonios de trabajadores y ex empleados, ingenieros e historiadores ferroviarios, y de funcionarios, mientras va
actualizando la cartografía del tren argentino, sus expansiones y retrocesos. De esta manera y a través de un tema central tan específico y articulador de muchos otros, La próxima estación se convierte en la cuarta entrada de la serie de documentales sobre el gran desastre argentino y la potencial recuperación, que Solanas inició cinco años atrás con Memoria del saqueo. Después de aquella película, cuyo disparador más directo fue el incendio social y político de diciembre de 2001, estrenó La dignidad de los nadies (2005, una épica de la resistencia popular, armada de casos individuales y colectivos frente la crisis) y, el año pasado, Argentina latente ("ensayo testimonial" sobre los recursos -técnicos, intelectuales- con que cuenta el país para su reconstrucción). "Empecé a hacer esta serie de películas -explica Solanas- en el verano de 2002. En aquel entonces fue naciendo la idea de hacer un gran fresco sobre la Argentina, y de responder a las preguntas que se estaba haciendo fundamentalmente la gente joven. La generación de mis hijos, sus amigos, los estudiantes, con quienes tengo una relación muy fluida; ver qué había pasado, cómo era posible todo aquello; que hubiera un país riquísimo en alimentos, con hambrunas. Ensayar una gran crónica de reflexión sobre la Argentina de principios de siglo. Pero al
viajar, meterme adentro, conocer personajes y anécdotas, el proyecto fue creciendo y para 2003 comprendí que no podía ser una sola película, ni siquiera una que durara tres o cuatro horas. En un primer momento me dije: voy a continuar el discurso de La hora de los hornos, por supuesto que con
los ajustes de la evolución de mi pensamiento desde aquella época, pero retomando la reflexión, el cine-ensayo que fue aquella película, y decidí dividirla en capítulos. Todavía no encontré un título global adecuado, aunque pensé titularla Crónicas argentinas del siglo XXI. Pero es importante verlas, a estas cuatro películas y a la que va a ser la quinta y última parte (ver recuadro) como un todo."
¿Cómo se originó el episodio específico del ferrocarril?
-Ya en 2002 filmé la secuencia del Taller de Alta Córdoba, al comienzo de la gran secuencia del despojo, que narra cómo se vendieron las estaciones y se arrumbaron, remataron y saquearon vagones, rieles y otros materiales. Pero seguí filmando y acumulando material durante estos años, y me encontré con que el tema de los ferrocarriles exigía una película por sí mismo. Porque el sujeto concreto son los ferrocarriles, pero hay un tema mayor: el de los servicios públicos.
Es lo primero que se enuncia en La próxima estación: ya no se sabe qué es el patrimonio público.
-El de las relaciones entre lo público y lo privado es el gran tema que lo domina todo, y que surge como consecuencia de las políticas de privatizaciones que tuvimos: no sólo los ferrocarriles fueron vaciados sino que ha habido un vaciamiento de todo el sistema de transporte. Iberia vendió de entrada los 28 aviones y todas las oficinas que Aerolíneas Argentinas tenía en las principales capitales del mundo. Se vendió hasta la flota mercante de YPF. ¿Cómo puede ser? Hubo un plan premeditado de dejar a este
país, que es un gran productor de materias primas y lo era de productos manufacturados, sin sistema de transporte. Y no existe nación soberana independiente sin un sistema de transporte que la integre, la vincule, la articule. Habiendo desarticulado todo esto -al no dejar en pie la flota de aviones, ni de barcos, ni de trenes-, se golpeó duramente a la Argentina en su desarrollo como nación, y a las economías regionales: el ferrocarril era el principal instrumento del comercio interregional. La mayor parte de los pueblos del interior no tenían acceso pavimentado a las rutas, quedaban aislados cuando llovía.
En la película se explica por qué el ferrocarril es insustituible.
-Así es: el ferrocarril es el único medio que en las peores condiciones climáticas puede entrar y salir de un pueblo, algo que no puede hacer un auto, ni un camión, ni un ómnibus. Y no es un problema de renta, ni el del ferrocarril ni el de los servicios públicos: lo perverso de las ideas neoliberales es que nos hicieron creer que los medios y servicios públicos debían dar ganancias y beneficios. Pero las escuelas y los hospitales dan un servicio público y no se les pide que den ganancia sino que den un servicio eficaz, económico, estable, a las demandas de la sociedad. El ferrocarril está subsidiado en todas partes del mundo, y tiene que tener tarifas económicas porque es el principal medio de locomoción del pueblo, y de los productores pequeños y medianos: el tren permite llevar la carga pequeña, difusa, a los dos, tres pueblos vecinos. Todo eso lo mataron, y con esa muerte se creó un empobrecimiento en cadena. Un país de grandes extensiones como el nuestro, sexto productor mundial de alimentos, es impensable sin
ferrocarril, que hoy es de 8 a 12 veces más barato que el transporte automotor, mientras que se sabe que el petróleo va a seguir subiendo, y que en estas condiciones no vamos a poder sacar la cosecha a puerto.
La película denuncia el enorme saqueo material que propiciaron las privatizaciones. Pero en un momento dice que "la mayor derrota que ha sufrido la Argentina es cultural".
-Es que la Argentina necesita una profunda reforma educacional. Tenemos una ciudadanía muy desinformada y muy confundida, no sólo por el sistema educativo sino también por los medios masivos. Nadie tiene conciencia de lo que le pertenece: lo que es público lo es porque generaciones de nuestros
antepasados lo financiaron, y eso no le pertenece al Estado, nos pertenece a nosotros. El Estado es el administrador del consorcio de copropietarios que son los ciudadanos del país. Y hay que cuidarlo entre todos. En el imaginario colectivo quedó esta idea de que los trenes nos daban una pérdida monumental, y que por suerte nos los sacamos de encima. ¿Cómo que por suerte? Hoy pagamos por mantenerlos dos veces más que antes de la privatización, y tenemos sólo una quinta parte de los trenes que teníamos
antes. La gente no tiene idea de esto, sólo conoce el maltrato que le da el servicio. Por eso el final de la película es el tren para todos, cuidado por todos. Que en el control de los ferrocarriles participen asociaciones de pasajeros y usuarios, junto a los trabajadores y los técnicos y los funcionarios. Porque ése es otro de los subtemas: que la impunidad del saqueo es consecuencia de la destrucción del Estado; porque no hay quién controle; porque se ha domesticado la Justicia para hacerla funcional al Estado neoliberal.

La nueva hora
Después de esa película esencial del documental latinoamericano que fue La hora de los hornos, Solanas se volcó a la ficción, pero sin abandonar nunca del todo el cine político. Así como con Los hijos de Fierro (1975-1978) se propuso hacer una recreación del Martín Fierro que fuera a su vez reflejo de su propio momento histórico (narrando, en palabras del director, "la resistencia cotidiana de los trabajadores contra el sistema oligárquico militar"), en sus ficciones dramáticas más recordadas, El exilio de Gardel
(1985) y Sur (1988), Solanas inventó personajes cuyas historias reconstruían una realidad cercana, el contexto histórico que la dictadura reciente había anulado del cine. ¿Por qué, a pesar de que la ficción le había dado esa posibilidad, eligió volver al formato documental de sus inicios? "Cuando en
2001/2002 el Indec denunciaba 36 mil muertos por desnutrición o falta de asistencia médica; un 62 por ciento de la población por debajo de la línea de pobreza -dice Solanas-, sentí que había que repensar el país otra vez.
Cambió mi vida, y yo volví a la actividad social y política. Pero la ficción y el documental son dos cosas bien distintas: lo que hace la ficción es expresar, más que explicar. Prefiero entonces hacer un documental para pensar el país, en lugar de una ficción didáctica. Se ha dicho que El exilio de Gardel es una película política, pero eso es un disparate. Mucho más política es Casablanca, con el tema de la ocupación nazi y la resistencia. El exilio... son cuentos y cantos del exilio, del acontecer cotidiano del exilio, donde está lo burlesco, lo satírico, lo triste y lo costumbrista, con metáforas coreográficas, recreando el género dramático musical. Sur también era un musical, con un preso político que sale de la cárcel, pero en esencia eran varias historias de amor. Son dos películas que no tenían el análisis de los
problemas políticos; sí un marco histórico, pero eso es menor. Para el gran fresco de la Argentina que me propuse preferí el documental, que es testimonio y análisis."
Sin embargo, adelanta el director, entre sus proyectos para el futuro cercano lo entusiasma la idea de volver a la ficción. Uno de las libros que ya tiene avanzados, dice, es Los hombres que están solos y esperan, "una evocación de los años de Raúl Scalabrini Ortiz". Que no fue un personaje más en la vida de Pino Solanas. A él pertenecen dos libros fundamentales sobre la red ferroviaria nacional: La historia de los ferrocarriles argentinos, de 1945; y Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino, de 1946. Y también fue una figura tutelar en sus primeros años de militancia, en los '50. "Soy de la generación que aprendió la historia argentina leyendo sus libros: es Scalabrini quien descubre en los años '30, haciendo investigaciones muy profundas que nadie hacía, la falacia de que los ferrocarriles los habían
financiado los ingleses. Pero además lo traté personalmente: vivía a la vuelta de la casa y estudiaba con su hijo, así que en los años '56, '57 frecuentaba su hogar, iba a escuchar sus conferencias, como las del filósofo Carlos Astrada, las de los revisionistas. Son esos años los que quiero evocar con esta película, que voy a hacer cuando termine el quinto documental. Repasar tres, cuatro décadas del país a partir de una serie de ficciones y personajes como él, como Jauretche."

Desoxidate y anda
Como en sus películas previas, y a pesar de haber exhibido el proceso por el que se aplastó la conciencia pública sobre el tema -junto con la alguna vez poderosa cultura sindical de los servicios públicos-, Pino Solanas termina La próxima estación con una nota esperanzada: es posible recuperar los trenes. "Yo creo que hoy están impidiendo la reactivación dos cosas: una suerte de inmovilismo, que viene de mucho arrastre, y una profunda desinformación. El plan para desarticular la Argentina fue impulsado por el
Banco Mundial desde fines de los '80, pero también es cierto que los gobiernos que vinieron no lo cuestionaron. Hay una secuencia que para mí es un testimonio monstruoso: en octubre del año pasado, Presidencia de la Nación autorizó a poner en venta la Estación Central de Santa Fe. ¿Qué representa esto? Olvidémonos de que es un buen edificio, un bonito patrimonio cultural; lo que esto representa es que no hay ningún proyecto ni remoto de volver a colocar el tren; hoy se siguen vendiendo las estaciones
que quedan. Los concesionarios son los mismos que en el menemismo. La complicidad, la ignorancia, la mediocridad que hemos tenido desde Menem en adelante hasta Kirchner y Cristina. Pobre Presidenta: que le hagan decir que la modernidad en la Argentina es el tren bala, algo que nos ataría por treinta años a deuda externa, a un costo de entre 10 y 15 mil millones de dólares, que no tiene transferencia tecnológica (ni repuestos, ni nada) porque es una trocha diferente a todas las otras, que tiene un boleto tan caro como el de un avión. El tren eléctrico Buenos Aires-Rosario por día consume tanta electricidad como una ciudad de 100 mil habitantes. Se permite que los concesionarios sean los encargados de hacer las reparaciones y le facturen al gobierno el doble o el triple de lo que corresponde; se perpetúa, en esa caja negra que se reparte, la ineficiencia, la ineficacia, la torpeza."
Pero, insiste, es posible: puede (y debe) repensarse el transporte, ordenarlo, darle un diagrama. Que aspira a que su película inspire a la ciudadanía a exigir una reconstrucción y democratización del sistema de transporte: "Que se restablezcan los servicios públicos, pero esta vez con participación de trabajadores, organizaciones de consumidores, etcétera. Que esta vez sean verdaderos organismos de Estado. Pero no hay recetas automáticas, ni mágicas; para esto es indispensable la decisión política.
Con decisión política se puede, y debería estar. No han pensado que volver a tener el ferrocarril sería la mayor reivindicación que pueden tener las provincias, hoy que uno está condenado a viajar en ómnibus".
Al desarticular todo, al no dejar en pie la flota de aviones, ni la de barcos, ni la de trenes, se golpeó duramente a la Argentina en su desarrollo como nación, y a las economías regionales: el ferrocarril era el principal instrumento del comercio interregional. La mayor parte de los pueblos del interior no tenían acceso pavimentado a las rutas, quedaban aislados cuando llovía."

Domingo, 31 de Agosto de 2008
La tierra habla

De la serie de documentales a la que desde el próximo jueves se suma La próxima estación, todavía queda una: La tierra sublevada. "Una quinta película -adelanta su director-, que trata sobre los bienes de la tierra, los recursos naturales, y la reacción, la protesta de la tierra frente a la grosera contaminación y daño que se le ha producido; por la cosecha, se tiran 50 millones de litros de glifosato (un compuesto agrotóxico) por año y la cifra va en aumento; las capas de agua de las poblaciones aledañas, a 50
y hasta 100 kilómetros de los yacimientos mineros y petroleros, están contaminadas. En seis provincias lograron que la Legislatura prohibiera la minería con cianuro: esto es algo que ha tomado poco estado público, pero es muy grave e importante. En la película trato la gran minería, el petróleo y el gas; la agricultura, el desmonte que han producido las alteraciones climáticas, o la riqueza de la plataforma continental y los grandes ríos depredados por los barcos pesqueros. Habrá, como en los capítulos
anteriores, grandes personajes, en este caso de la tierra. El propósito es que, con ésta, sean cinco capítulos capaces de encerrar una mirada sobre la Argentina, pero una mirada que junto a una denuncia hacen un planteo: La próxima estación denuncia, pero a su vez plantea una alternativa; cada uno de sus oradores critica y al mismo tiempo busca los lugares donde debe empezar el cambio. La próxima estación empieza criticando a las universidades porque los grandes temas nacionales no se debaten. Se trata de una mirada que tiende a la democratización de los recursos que tiene el país, que le bastan y sobran para satisfacer sus anhelos de progreso."

*Fuente: Página/12.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-4794-2008-09-02.html

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30/08/2008 GMT 1

del corazón de la cebolla...

urbanopowell @ 22:59

Sultán*

- Papá, papá, ¡Sultán me ha hablado!
- Muy bien hijo, ahora déjame acabar de ver el partido.

El niño entra en la cocina corriendo muy excitado y le dice a su madre:

- Mamá, ¡Sultán me ha dicho que le gusta mucho el nuevo pienso!
- Muy bien hijo, ahora vete a jugar que estoy preparando la cena.

El niño se va cabizbajo y se sienta en la alfombra entreteniéndose con un soldado al que se le cae la lanza. Sultán tumbado a su lado no le pierde de vista. Desde donde está escucha a los padres comentar que están preocupados por su comportamiento. Dicen que inventa cosas, la última de ellas que el perro habla.

- Tenemos que dar a Sultán y así solucionamos el problema.

El niño sale al porche con lágrimas en los ojos y se encuentra con la vecina que al verlo de esta manera le pregunta que le ocurre.

- Estoy muy triste porque me voy a quedar solo. Mis papás van a dar al único que habla conmigo.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

DEL CORAZÓN DE LA CEBOLLA...

Poema infantil*

Contame un cuento que tenga bosque
duendes y hadas dijiste.
Te conduje por senderos de abedules y ñires
en medio de cipreses de agujas perfumadas y secas
los duendes aparecieron bajo los hongos de Llao Llao
serrucharon radales para entibiar la tarde
y el hada se llamaba Micaela, como vos.
Un hada de manos gordas que peina pehuenes
y teje bufandas con barba de ciprés,
un hada con varita de milagros soleados
que habita un castillo en tierras muy lejanas
cruzando el puente levadizo de tus ojos.

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar
http://remontandosoles.blogspot.com

Doña Merenguito*

Vestía siempre sayas amplias y blusas de óvalos, no la recordaban con otro atuendo. Los niños imaginaban sus escaparates como poblados de ecos, donde cada saya y cada blusa de lunares tendría su igual, repetido hasta el infinito.
Tuvo dos hijas, cuando eran niñas les cosía y bordaba preciosos vestidos, a modo de tener ocupadas sus manos inquietas. En las tardes se sentaba con ellas en las piernas, en su sillón de amplios brazos y se dedicaba a tejerles trenzas en forma de carrileras, atando trenza con trenza, de modo que cada una encontrara su perfecto orden.
Pero las hijas crecieron y fueron a construir sus propios hogares. En el pueblo de Quita y Pon es muy fácil hacer un hogar. Solo hay que buscar un espacio vacío, en un lugar lindo y sombreado en las márgenes del río y comenzar a colocar piedras. Porque con piedras se hacen las casitas de Quita y Pon. Luego, si alguien quiere mudarse a otro pueblo, o hacerse una casa nueva, solo tiene que quitar las piedras, dejando el espacio disponible para cualquier otro.
Doña Merenguito quedó sola. Su esposo era carpintero y venía apenas en las Navidades, para marcharse luego de la celebración de Fin de Año, ya que en Quita y Pon no había necesidad de muebles de madera; con tantas piedras disponibles se podían hacer camas, mesas y asientos. El único mueble de madera del pueblo era el sillón de Doña Merenguito.

Al quedar sin niñas a quienes peinar y hacer vestiditos, ella no supo qué hacer con sus manos, tan habilidosas y siempre intranquilas.

Una tarde, sus gallinas pusieron más huevos de los que podía comer en una semana. Se sentó en el sillón con una fuente llena de claras de huevo y comenzó a batirlas.
El merengue comenzó a crecer como una torre, poniéndose cada vez más lindo y consistente. Ella formó pequeñas montañitas terminadas en espirales y las puso a dorar en su horno de piedras.

Cuando salieron, descubrió que, aunque sólo les había echado azúcar blanca, algunos merengues eran rosados, otros azules, otros verdes... los había dorados, marrones, algunos en preciosos tonos malva.
Como de todos modos no podía comerse tanto merengue ella solita, llamó a los niños del pueblo y comenzó a regalárselos. Eran los merengues más ricos que habían probado en su vida, crujientes por fuera y espumosos por dentro, como comerse la cola de un cometa.
A partir de ese día recogía los huevos de sus gallinas, que cada vez ponían más, y hacía merengues para obsequiar. Lo mejor era el misterio de los colores. Aunque casi siempre la bandeja emergía plena de tonalidades, a veces salían todos en tonos de rosa, decidía ella entonces hacer una fiesta a las niñas, otras eran azules y había fiesta para los varones. Cuando eran verdes, la comelata era sentados en el pasto; si venían amarillos, eran comidos a la luz del sol; si dorado oscuro, al atardecer; si salían rojos, ella los colgaba con hilitos de los árboles para que los pequeños los encontraran al salir de la escuela.
Fue por eso que le pusieron Doña Merenguito, de eso hace ya bastante tiempo, tanto que nadie recuerda su nombre anterior. Ni siquiera sus hijas cuando la visitan.
Pero un día, el carpintero se retiró y regresó a la casa. Hasta el momento no había parado mientes en las ocupaciones de la esposa. Como solo venía por días festivos, pensaba que tanto afán era un antojo para hacer obsequios por Navidades o Año Nuevo, mas al ver que ella se dedicaba día a día a recolectar huevos, batir claras y hornear, para luego regalar aquellas maravillosas golosinas, se le ocurrió lo que llamó “una genial idea”.
A la mañana siguiente estaba con una caja en las manos, listo para guardar los merengues apenas salieran del horno. Los colocó con mucho cuidado y salió a venderlos.
Los niños se extrañaron mucho, ¿para qué querría el dinero Doña Merenguito? Ninguno de ellos había comprado nunca nada, ni sabía cómo se hacía...
Pero como los merengues eran tan ricos y ya se habían acostumbrado a deleitarse con su sabor, pidieron a sus padres una moneda. Esto originó un pequeño problema, pues en Quita y Pon no había tiendas, ni siquiera de víveres, ya que la naturaleza les obsequiaba lo que necesitaban. Por tanto, si alguna vez tuvieron dinero, no sabían dónde lo habían guardado.
Los padres, con tal de ver felices a sus hijos, intentaron recordar. Aquellos que lo lograron, le dieron monedas a sus hijos y a los amigos de sus hijos para que fueran a comprar los merengues.
Al otro día, feliz como una margarita, estaba el esposo de Doña Merenguito con una caja mayor aún en la mano, pregonando por el pueblo.
Corrieron a él los niños, moneda en mano, para escoger aquellos de su color preferido, y ¡cual fue su sorpresa, cuando al abrir la caja, descubrieron que todos eran blancos!
- ¡Esos no son los merengues de Doña Merenguito! – dijo una niña de cabellos rojos que parecía la jefa de la pandilla - ¡Los de ella tienen muchos colores, uno por cada uno de nosotros! ¡El mío es de color cobre! ¡No quiero esos dulces, ni regalados!
Y se marchó con cara de disgusto. Uno por uno fueron acercándose los niños y, al comprobar que no estaba su merengue favorito esperándolo en la caja, se alejaban llamando falsificador al vendedor frustrado, quien viró para el hogar donde lo esperaba Doña Merenguito, con su saya amplia y su blusa de óvalos, batiendo una pequeña fuente de merengue.

- ¿Por qué no me dijiste lo de los colorantes?
- Nunca hubo colorantes – respondió ella -, desde el primer día cada merengue eligió su color...

Y le contó, mientras colocaba cinco torrecitas terminadas en espiral en una bandeja y la depositaba en el horno, de las fiestas del pasto, de la puesta de sol, de los merengues colgando como frutos maduros.
Mientras él negaba con la cabeza y le decía que tenía que estar escondiendo un secreto, ella aguardaba el tiempo de cocción, que como sabemos, es muy corto.

- Nunca hubo tintes, era magia... magia simple, como la de hacer casas con piedras de río, o las gallinas poniendo tantos huevos – sacó la bandeja y la colocó a la sombra para que se refrescara –. Cuando terminé de hacer los que me encargaste, vino Francisquita y me pidió que le hiciera unos merenguitos de regalo a sus hijas, pues no lograba recordar donde había guardado las monedas. ¿No lo ves?
El esposo, carpintero retirado y vendedor de merengues malogrado, se quedó boquiabierto, contemplando como cada merenguito había adquirido preciosos colores. ¡Y él podía jurar que nunca se añadió ningún colorante!
- Quiero tratar de entender eso que llamas magia simple – dijo a su esposa, sentándose frente a ella en un asiento hecho con piedras lisas.
- Francisquita tiene cinco hijas, por eso hice cinco merengues. Cada merengue escogió a su dueña, pues fue hecho con amor, que es la más sencilla de las magias, también la más poderosa.
Fue señalando los merengues que iba colocando en una cajita adornada con cintas de papel.
- La mayor de las hijas se llama Rosalinda, por eso éste, un poco más grande, salió de color rosa. Le sigue Marina, que tiene aquí el suyo en tonos de azul, con las cresticas blancas como las olas. Vienen luego las gemelas Ámbar y Jade, que tendrán estos de igual forma y tamaño, uno dorado y otro verde. Y la más pequeña, Violeta, se deleitará con un merenguito del mismo color de su nombre.
Vio él que aquellos dulces habían sido concebidos para ser obsequiados, no para ser vendidos. Del mismo modo que en Quita y Pon el río regalaba agua y piedras, las enredaderas flores, las gallinas huevos y plumas para edredones y almohadas, los árboles frutos y sombra, su esposa tenía la misión de hacer felices a los niños con sus creaciones multicolores.

¡Cuán a tiempo estuvo! De haber seguido intentando venderlos, al día siguiente la espuma no habría subido igual, ni hubiera tomado la misma consistencia, y al otro, los merengues ya no hubieran sido dulces, sino agrios o amargos. En cambio, ahora entendía la magia de hacer un regalo.
Cuentan que al salir el sol, estaba el esposo de Doña Merenguito recogiendo huevos y más huevos, como si las gallinas hubieran adivinado la fiesta que se preparaba.
Hubo que hornear varias tandas. Los merengues salían a cuadritos, a rayas, con serpentinas, rombos, estrellitas o chispas, porque era la fiesta de todos y no podían ponerse de acuerdo en qué color llevar. Al final quedó un huevo enorme, no de gallina, sino de pata, y el esposo de Doña Merenguito quiso aprender a hacer merengue con su clara.
Le salió un merengue rechoncho con óvalos multicolores. Todos comprendieron que era su regalo para Doña Merenguito, que se sintió feliz como nunca porque por primera vez era obsequiada con un dulce.
Y dicen que la celebración duró hasta el amanecer, que todos comieron hasta hartarse y bailaron hasta sentir mareos.
Esto me lo contó un caracol de río que me trajeron ayer, él es el único que sabe donde queda el pueblo de Quita y Pon, aquel donde las casas cambian de lugar según el antojo de sus habitantes y el dinero importa tan poco que nadie recuerda donde lo ha guardado. Allí una pareja de ancianos regala cada día merengues de colores.

Le he pedido que en las vacaciones me lleve a visitarlo.

*de Marié RojasTamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

*

Corazón abierto

Entre la magia y la inexperiencia

Hago relieves

En el pupitre

De corazones de amor

En el silencio

Y el no me descubran

Ensayo corazones

Fragantes. Palpitantes

Zambullidos en el pudor

Ellos agitan el amor

El inicio de la adolescencia

Saturados de futuro

Con paladar a frutas

De encuentros en el mínimo

Recreo de la escuela

El miedo y la incertidumbre

Bordea el inicio a la proximidad

Parecería un pecado, una aventura

Con el otro género.

*

Juanma mi querido hijo:

En la transparencia de tu piel

Aun ingenua e insatisfecha

Observo cada día tu bulliciosa juventud

Tus pies tan largos

Con zapatillas con los cordones sin atar

Necesitan circular por numerosas calles

Tus bigotes, tu barba y tu pelo desordenado

Quieren destruir las rutinas sin ideales

En tus noches de gritos entre amigos

Las carcajadas hacen eco en los umbrales

De mi alegría y mi somnolencia

Escucho tus palabras con reverencia

Descubren la aventura sin fronteras

Admiro tu crecimiento y honestidad.

*De Azul. azulaki@hotmail.com

El zapallo y la escritura se parecen en la manera de germinar,

de brotar y de crecer*

*Por Iris Rivera. irisr@uolsinectis.com.ar

Texto de la ponencia presentada por la autora en el Foro “Pido gancho. Textos, voces e imágenes”, realizado dentro del marco de las Jornadas de Formación e Intercambio “Mediadores a la vista”, durante la 18ª Feria del Libro Infantil y Juvenil (Buenos Aires, 26 de julio de 2007).

Es interesante pensar la escritura literaria como una de las maneras por las que los cuentos y la poesía llegan a los chicos.
Para mostrar qué tiene de singular la escritura literaria, pensé en traer a este encuentro algunas experiencias de mi trabajo en los talleres que coordino. Elegí dos situaciones de taller con adultos para compartir hoy.
Va la primera:
“¿Cómo sé si un texto es malo o bueno?”, pregunta Cintia.
Devuelvo la pregunta al grupo: “¿Cómo sé si un texto es bueno o malo?”
Cintia misma arriesga una respuesta: “Cuando un texto me parece malo es porque siento que voy rápido por la superficie. El que es bueno, en cambio, se ahonda, se va para adentro. Es como que la palabra que está escrita deja de importar porque se va, se va, se va para adentro”, explicaba.
Fue muy importante que Cintia tuviera esa pregunta y que la formulara aunque no tengamos ni nos apuremos por tener una respuesta todavía.
Cuando uno tiene una pregunta, no es que le falta algo, sino que tiene algo. La punta del ovillo de cualquier respuesta es una pregunta. Uno no pregunta cualquier cosa. Lo que pregunta tiene que ver con algún indicio de respuesta que ya está teniendo.
Entonces echo a rodar entre nosotros, hoy acá, la pregunta de Cintia: ¿Cómo sé si un texto es malo o bueno?

**

Y voy a la segunda situación:
Mary, integrante de otro taller, cuenta que levantó una baldosa del patio de su casa con la intención de tener tierra para plantar allí una parra. La parra nunca prosperó, pero un día quiso hacer puré de calabaza, entonces apartó las semillas -para que no quedaran en el puré- y las tiró en esa tierra de la baldosa levantada. Al tiempito empezó a crecer una planta. Era un lugar con poca luz, debajo de una escalera. Mary ayudó a la planta a enredarse en la baranda. Un día se fue de vacaciones y, a la vuelta, encontró que la planta había dado un zapallo enorme. Empezó a buscar entre las hojas y encontró más. En total, esa planta le dio 118 kilos de zapallo.
Lo curioso fue que las semillas eran de zapallo calabaza… pero salieron zapallos de Angola, de los que se usan para dulce. No faltó en el barrio quien empezara a hablar del “zapallo milagroso”. Hasta llegó gente de otros barrios a “comprar” un frasco
del dulce interminable que Mary ya no sabía a quién más regalar.
Ana, otra integrante del taller que por suerte es bióloga, explicó que, cerca de la casa de Mary, tuvo que haber otra planta de distinta variedad de zapallo, y el viento o los insectos produjeron una polinización cruzada entre Cucurbita pepo (zapallo de Angola) y Cucurbita moschata (zapallo calabaza).
El primer comentario que surgió en el grupo fue: “parece un cuento de García Márquez“. Y lo parecía. Pero Mary prometió documentar con fotos sus dichos. Y en el encuentro siguiente puso las fotos sobre la mesa. El dulce “milagroso”, no lo puso… porque ya no le quedaba ningún frasco.

**

La conversación en el grupo derivó en comparar lo frondoso y lo mutante de aquella planta de zapallo con la escritura literaria. Nos dimos cuenta de que ambos -el zapallo y la escritura- se parecen en la manera de germinar, de brotar y de crecer. Uno (el que escribe) levanta una baldosa de su patio interior para plantar una parra, pero resulta que la parra no prospera. La baldosa levantada está debajo de una escalera, en un sitio con poca luz. Uno plantó parra, pero la parra no brota. Es lamentable, pero qué se le va a hacer. Entonces uno se distrae del asunto, se pone por ejemplo a pisar puré. Pero la baldosa quedó levantada. Y la tierra quedó expuesta a que ahí caiga de todo, hasta lo que uno deshecha. Me olvidé de la baldosa, me olvidé de la parra. En una de esas veo que empieza a brotar zapallo, y bueno, paciencia… o a lo mejor está bien, tendré zapallo. Me entusiasmo, lo riego, le ayudo a enredarse en la baranda de mi escalera. Y la vida continúa de tal manera que un día hasta me voy de vacaciones. Pero la planta sigue creciendo ahí. Y a mi regreso, yo que había querido parra, tengo… superproducción de zapallo. Ajá. Entonces me imagino pisando 118 kilos de puré… pero, no… resulta que tampoco. Porque los zapallos son de los de dulce.
¿Cómo pasó esto? ¿Cómo pasó? Mi tierra se negó dos veces a dar lo que yo esperaba. Primero no dio parra, después me cambió la variedad de zapallo. ¿Cómo pudo pasar? ¿Cómo funciona este poder de decisión que tienen los canteros de uno? ¿Qué vientos y qué insectos vuelan? ¿Cómo suceden semejantes polinizaciones cruzadas?
Uno se queda perplejo con esto. Para sorpresa ya tiene bastante, pero resulta que
la cosa no terminaba ahí. Ni mucho menos. Porque el producto de semejante proceso imprevisible, desemboca en otro quizá más azaroso, más asombroso todavía. Desemboca en quien degusta el dulce de zapallo. En un lector. Y un lector es alguien que también tiene patio, baldosa levantada, vientos inmanejables, insectos sin gobierno y polinizaciones de lo más cruzadas.

**

Lo que yo voy pensando por ahora es que estos textos-zapallo, que son los que produce la literatura, no permanecen nunca iguales a sí mismos. Mutan. Apenas se los da por terminados ya ni siquiera son zapallo ni son pez, ya son textos-cebolla. Se ofrecen a sus lectores desde sus muchas capas. Cada lector llega a la capa que llega. Y un mismo lector, en una lectura futura, puede llegar a una envoltura más profunda de la cebolla. Porque el texto es cebolla y el lector también (el lector también tiene capas). El lector frente al texto es cebolla frente a cebolla. Y entonces, el texto-cebolla le muestra al lector-cebolla sus propias capas.
Cuando hablo de texto-cebolla es que estoy hablando de literatura. A la literatura se la reconoce, entre otras cosas, porque es cebolla… por oposición a otros textos de los que se podría decir que son papa. Y digo textos-papa peyorativamente. Textos-papa desde la cáscara hasta el corazón. Papa compacta. Pienso en las capas de la cebolla y veo que, cuando la cebolla brota, brota desde lo de más adentro.
Yo no podría explicar lo que esto significa. Y pido disculpas. Si lo pudiera explicar, lo explicaría. Pero no puedo explicarlo, por eso lo digo así. Los textos-papa brotan desde la cáscara; los textos-cebolla, desde el corazón. Lo digo así, lo sugiero, lo insinúo, lo dejo en la entrelínea porque no lo puedo explicar. Y esta manera de decir que no explica, pero que toca el corazón de la cebolla… ésta es la manera de la literatura.

Ilustración de Javier Sánchez para el libro Llaves, de Iris Rivera

*Iris Rivera irisr@uolsinectis.com.ar es docente y escritora. Coordina talleres de escritura para niños, adolescentes y adultos, y publica artículos en revistas infantiles, literarias y pedagógicas. Fue invitada por el Plan Nacional de Lectura para participar en varias provincias como conferencista y panelista. Es autora de varios libros: Aire de familia, La casa del árbol, Sacá la lengua, Hércules (más que un hombre, menos que un dios), Cuentos con tías/Vivir para contarlo, Cuentos populares de aquí y de allá, Los viejitos de la casa, Mitos y leyendas de la Argentina, entre otros. Por su libro Llaves fue distinguida con el premio Destacados de ALIJA 2006.

-Fuente: Revista de Literatura Infantil-Juvenil Imaginaria.

-Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@hotmail.com

La bruja piruja*

Era muy envidiosa de sus compañeras, era tan rencorosa que cuando veía que un hechizo no le salía bien, su cara se transformaba. Como pinocho le comenzaba a crecer la nariz, pero para abajo, como un garfio. Su mentón prominente comenzaba a temblar y se volvía paranoica y desconfiada. Comenzaba a perseguir a sus empleadas intentando encontrar algún error de sintaxis, un signo de puntuación, una coma, un margen mal encuadrado. Cualquier cosa era suficiente para rebotar los informes que había que enviar. Era tan malhumorada que sus blasfemias le venían en contra, pero perturbaba el ambiente de trabajo.
Dicen en los rumores de pasillo, que aunque no es del signo de Virgo, ella aún lo tiene como un sello. Y que aún no le vio la cara a Dios.
Uy que miedo!

*De Azul. azulaki@hotmail.com

La bruja Maruja*

Andaba en pantuflas
Tenía una antigua blusa
Y cuando se agachaba
Se le asomaba una rancia trusa
Toda manchada y Cachuza

Andaba en una calabaza y se peinaba
Con un plumero lleno de pelusas
Merodeaba en los recovecos
Continuamente con cara de mufa

Por eso nadie la quería.
Ni se le acercaba.

*De Azul. azulaki@hotmail.com

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21/08/2008 GMT 1

DESDE EL VERDE CRISTAL DE LA BOTELLA...

urbanopowell @ 14:11

*Ilustración de Ray Respall Rojas. tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "Para Ray" en el asunto del correo)

El bastión*

Tengo una cita
en la esquina aleatoria del desencuentro
inevitables pájaros cabalgan tempestad
estrujan mares árticos sobre solitarios
que aguardan de rodillas
el abrazo indulgente del poema
y su plegaria monótona
creciendo tulipanes desde las palabras
y música transpirada de silencio
tirita el desamparo bajo piel
intento aislarme de los otros
evito que mi sensibilidad se extravíe en la plaza
detrás de palomas amadoras
o el éxtasis escape por mis ojos
grabando esta soledad soterrada
última muralla poética
defendida con valentía
a máquina y lápiz.

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

DESDE EL VERDE CRISTAL DE LA BOTELLA...

El violín*

En la Calle
del Agua
hay un muro
donde
crece voraz
la Primavera.
Donde
el corazón
se encuentra
a salvo
frente
a una reja
agobiada
de suspiros.
Detrás
de un abanico
de varillas
doradas
la luna
esconde
su perfil
de magnolia.
Florecen
los geranios
y un violín,
ensimismado
y mágico,
combinando
sonidos
desvanece
monedas.

De Mis zapatos nuevos -Poemas

*de Ana Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

FURIA Y REPOSO*

Las generalizaciones me provocan horror, pues atentan contra la individualidad, y borran los detalles, que acaso son lo único digno de mención en este mundo que mezcla sus colores y se va reduciendo a un marrón sucio homogéneo.
Pero, y esta es la trampa del lenguaje y del pensamiento, necesitamos crear categorías para referirnos a los individuos. Cuando digo que la Beltza es una perra, le estoy otorgando la posibilidad concreta de tener cuatro patas, orejas, hocico, de rascarse sentada y de orinar agachadita. Si me niego a nombrar su especie, al describirla, de inmediato y aún en contra de mi voluntad particularista, quien me escucha sabrá que es un perro, hembra.
Después vienen las generalizaciones de trazo medio y de trazo grueso, abarcando comportamientos y supuestas idiosincrasias. Caer en eso es peligroso.
Quien visita una tierra extraña, a su vuelta dirá cómo son los españoles, los franceses, los italianos, basándose en escenas vistas desde un autobús o en un hotel, y le dará igual que los Madrileños sean capitalinos y los de Extremadura muy extremeños. Los españoles son así, dirá, como si quien habita el borde del Cantábrico pudiese encajar como una pieza de puzzle con quien nunca ha bajado de las montañas.
Pero soy culpable de haber notado en Euskadi algunas cosas que me impactaron fuertemente por la diferencia con los hábitos y costumbres en mi ciudad, Santa Fe.
Viví cuatro semanas completas dentro de una familia euskalduna, compuesta por veinte personas. También realicé viajes de todo el día con dos señoras, anduve en piragua con una mujer joven, estuve en reuniones con matrimonios del lugar. Pude estar en contacto con gente y verlos moverse en sus vidas cotidianas. No puedo decir que sé cómo son, pero ciertas actitudes me saltaron a la cara.
Cuando algo no funciona, o se cae, o se rompe; cuando no pueden abrir un frasco o no encuentran lugar para estacionar, no exclaman “¡la puta madre!”. Cuando alguien hace algo inapropiado se quejan de la actitud, del comportamiento, de lo que esa persona hizo, no la denigran inmediata y personalmente con “¡qué pelotudo!”. Cuando están con sus parejas, no están haciendo constantes bromas solapadamente hirientes. Cuando están con sus amigos, el diálogo no es un intercambio de bromas ácidas e insultos que no se pueden contestar porque se supone que son eso, bromas. Hablar mal y suponer lo peor de los otros, aún sin conocerlos, no es habitual y constante.
En suma, me golpeó el bajo nivel de agresividad en las relaciones personales, a diferencia de la ferocidad y falta de paciencia que esgrimimos aquí, entre nosotros. Me golpeó porque dentro de la piscina no se puede hacer otra cosa que nadar, pero si uno halla una escalerilla se puede dar cuenta de que el reposo existe.
Y habrá negatividades de por allí y positividades de por aquí. Y excepciones, claro.
Pero anoto la observación de que en algún lugar, la gente, así, en general, la gente vive con menos furia, y me parece que es así, en general, un poco más feliz.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

TONOS DE VERDE*

Cierta vez, una amiga venida de Europa, mirando el paisaje que admiraba desde mi balcón, dijo: "Lo más sorprendente son los tonos de verde. Es increíble cuántas tonalidades se dan en este clima". Yo nunca he viajado para poder comprobar las diferencias tonales entre el acá y el allá, pero no dejó de
sorprenderme su observación, pues para mí era tan normal la visión de las copas de aquellos disímiles géneros vegetales, que estuve a punto de perderme la maravilla que encerraban. La vida es así, tiene tonos, capas, subsuelos, el deslumbramiento depende de los ojos del que mira.

Cuando Aida logró, tras meses visitando posibles viviendas, encontrar el refugio ideal para sus lienzos, no cabía en sí de gozo. Había sumado sus ahorros vendiendo cuadros de catedrales y Cristos de la Habana, al apartamento que le dejó su madre al morir, pequeño, pero muy bien situado en el centro de
la ciudad, a la casita en las afueras de la tía Berenice, para obtener, finalmente, su soñada casona de impecable arquitectura colonial, gracias, entre otras cosas, a las prisas de un matrimonio que se acababa de separar y andaban como locos por reinstalarse lo más lejos posible uno del otro.

La casa, un poco abandonada - bastante, si no lo hubiera visto con sus ojos de artista - era una mansión de dos plantas, con patio de frutales y jardín delantero. Un enorme garaje, a falta de auto propio, le serviría para instalar su estudio, donde al fin disfrutaría de la tranquilidad para emprender
su obra, no aquella que había estado obligada a hacer por requerimientos de un mercado poco amante del verdadero arte, en busca solo de un souvenir apurado que colgar en sus paredes como prueba de su osadía al visitar la isla, eternamente amenazada de una invasión enemiga que, por suerte, nunca llegaba.

Fue la tía Berenice, la que con el sentido práctico de siempre, dijo al segundo día: "El calentador de agua no funciona", al tercero: "Las losas de la cocina están levantadas, en las rajas se meten los ratones", al cuarto: "La columna de la sala tiene grietas", al quinto: "El techo del comedor tiene filtraciones, parece que el baño que le queda encima tiene alguna tubería reventada", y al sexto: "Creo que necesitamos reparaciones generales"...

A la semana estaban buscando un albañil, un plomero y un maestro de obras.

Les apareció todo en uno. Un señor de piel bien oscura, delgado y alto como caña de bambú, que caminaba semi inclinado para no tropezar con los marcos de las puertas. Dijo ser especialista en la materia, resultó que no cobraba un presupuesto muy elevado y se encargaba de traer los materiales - cuyo origen y legalidad por discreción decidieron no averiguar -.
Quedaron en que empezaría cuando lo tuviera todo listo.

Pocos días después se detenía un camión frente al bello portal, con sus columnas barrocas llenas de enredaderas, y las escaleras de mármol vieron como sobre ellas se dibujaba un surquillo de restos de arena, resebo, cemento, y otros materiales más o menos similares, destinados a cubrir grietas, tapar
oquedades, resanar efectos del tiempo y el abandono...

Le siguieron cajas con azulejos, color rosa para el baño de la tía, púrpura para cumplir el sueño de Aida de tener un baño semejante al que vio en casa de los amigos diplomáticos que le compraron el último lote de óleos con vistas capitalinas, verdes con cenefa para la cocina... tras ellas subieron más
cajas contenedoras de tuberías, codos, llaves y otros artilugios que servirían para que el agua, detenida en el piso bajo desde hacía veinticuatro horas, subiera de nuevo a las duchas y sanitarios. Cuando terminaron de bajar la última caja y colocarla en el amplio recibidor, Aida aplaudió.

A la mañana siguiente, con un enorme maletín bajo el brazo, llegaba el maestro de obras. "¿Sus herramientas?", preguntó Berenice, tal vez deseosa de iniciar una conversación y sentirse más a tono con la intromisión de un desconocido en su vida, ya de por sí cambiada cuando decidió apoyar a la
sobrina - ausente ahora porque era el día que le tenían asignado en la Asociación para comprar pinturas-, en su deseo de mejorar de vivienda. Hasta el momento no había pasado de ser una amable solterona, querida por todos en su rinconcito alejado del bullicio. Este salto al "mundo de afuera y la vida en
común", la tenía un poco desajustada.

- No, señora, es que no puedo trabajar si no me inspiro con la música.

Justo cuando la tía iba a decir que ella amaba la ópera y los clásicos, que tenía una buena colección y que tal vez se los podía mostrar cuando terminara su jornada, el señor Junco - así le llamaremos, pues no podía ser otro su apellido con tal apariencia - extrajo una reproductora de cassettes del bolso, marchó a grandes trancos tambaleantes hacia la cocina, la enchufó a la corriente y apretó la tecla PLAY. El sonido emitido y el volumen del mismo, fue suficiente para acallar a la anciana, que se retiró a su cuarto con el pretexto de tomar una aspirina, frase solo escuchada por sus pobres oídos, pues ya el maestro cantaba a toda voz mientras preparaba su mezcla.

Cuando llegó Aida cargada de tintes y lienzos en blanco, destinados a dejar constancia de su talento, la sorprendió una música ensordecedora y un albañil ceniciento de puro embarre que le espetó: "Por algún motivo la mezcla no cuaja". Corrió a ver a la tía y la encontró casi llorando, con una bolsa de
hielo en la cabeza. De algún modo logró convencerla de que, si ese era el único modo de que el hombre se inspirara a trabajar, mejor valía dejarlo, pues ya se le había dado la mitad del dinero por adelantado, además del de los materiales y dónde conseguirían otro antes de que se echara a perder el cemento, "al menos es persona honrada, porque en toda la mañana no se ha movido de la cocina, si no, las huellas andarían delatándolo por la casa".

- No te preocupes, mi hijita - le respondió Berenice entre sollozos - yo me acostumbro. Si Dios quiere esto acaba pronto.

Se equivocaba.
Primero fue la mezcla que no tomaba consistencia, a pesar de que "los materiales eran de primera", luego las lozas no se fijaban al piso, más tarde las tuberías, cuidadosamente armadas en compleja maraña, comenzaban a caer en el momento preciso en que recomenzaba a correr por ellas el agua, el tomacorriente de la cocina explotaba y el concierto de Paulito, La Charanga, NG la Banda y Bamboleo no tenía para cuando acabar, pues la reproductora se encontraba en el momento de la explosión trabajando con baterías. Cuando las puertas comenzaron a cerrarse y a abrirse solas, los objetos a caer de las mesas a pesar de las ventanas cerradas y la gravilla a derramarse de los sacos
cerrados, la tía y la sobrina comenzaron a prestar atención a los comentarios del albañil-plomero acerca de que no era su falta de pericia, ni la calidad de la materia prima la causante de tanto desatino: la casa tenía un fantasma.

- Yo tengo un padrino muy bueno - dijo el señor Junco sacándose del bolsillo un montón de collares de cuentas multicolores -, fue el que me dio los collares de los santos. No piensen que escondo la religión, es para que no se me manchen que me los guardo, pero siempre van conmigo.
Berenice trató de balbucear algo ininteligible, acerca de la iglesia única del señor, el paganismo, los falsos ídolos y la herejía, mientras Aida sonreía desde el escepticismo inculcado en las clases de comunismo científico.
Un Buda de porcelana se derrumbó aparatosamente de su repisa sobre el cubo de mezcla, aunque no corría la más mínima brisa, la puerta de uno de los cuartos superiores se cerró y las tuberías vueltas a colocar en correcta armazón comenzaron a zafarse, casi al compás de las tumbadoras de los Papines, que atronaban el cuarto contiguo.
- Decía - carraspeó el maestro de obras -, que si quieren lo llamo.
Para asesoría...
Dos cabezas asintieron al unísono.
No más romper el sol, ya estaba llegando el señor Junco con su Padrino, que resultó ser un joven rubio, de ojos claros, con muy poca o ninguna sangre africana en sus venas - en estos lados del mundo nunca se sabe qué ocultan los genes -. El Padrino comenzó por preguntar si no habrían sido los ratones, luego sugirió registrar la casa por si había algún animalito colado, un gatito huérfano o un pajarito que hubiera quedado atrapado desde el día en que se cerraron las ventanas para comprobar que no era el aire quien tumbaba los objetos. Un cenicero voló en perfecta trayectoria de semi elipse para
estrellarse contra su sombrero, que acaba de colgar en un gancho de la puerta.
- En fin, empecemos - masculló - solo quería estar seguro.
Pidió el teléfono y llamó a una amiga espiritista. Se necesitaba alguien que identificara la identidad del causante de tanto destrozo, él solo administraba la cura. La médium, una muchachita de apenas dieciocho años, con un vestidito hecho con medio metro de tela, llegó casi a la hora de almuerzo y
fue recibida en el portal por una andanada de arena lavada, que se elevó de uno de los sacos en señal de protesta.
- Es un muerto oscuro - fue la frase con que hizo entrada al recibidor.
Decidieron reponer fuerzas, pues les esperaba un trabajo duro, así que comieron arroz frito, cocinado por el Padrino, que resultó ser un experto en platillos asiáticos. La comida fue servida festivamente en el patio, a la sombra de unas palmitas muy simpáticas y seguras - la mata de mangos y la de aguacates fueron desechadas por razones obvias -. Mientras comía a cuatro carrillos, la pitonisa contó que había descubierto sus poderes desde la primera infancia, cuando se dio cuenta que llevaba horas jugando con el espíritu de unos hermanitos gemelos, y no con dos niños vivos y coleantes. Una vez
terminado el almuerzo, que Aida elogió casi excesivamente, impresionada por los ojos del cocinero, pusieron manos a la obra.
Se creó el ambiente propicio, en un cuarto que se despojó previamente de adornos y cuadros, para evitar lanzamientos. Fueron encendidas dos velas y colocado entre ellas un vaso de agua, la muchachita se retiró al baño y reapareció transfigurada, con un pañuelo de óvalos anudado en la cabeza y una
mantilla sobre los hombros. "Así es como viene la gitanita", les explicó mientras encendía un tabaco y se colocaba un crucifijo entre las manos. Poco después, con los ojos en blanco, entremezclando español y caló, comenzó a describirles al agresor. Era trigueño, alto, con un bigote bien poblado, de complexión robusta y llevaba un maletín en la mano.
- Ese es tu papá, Aidita, lo reconocí por el bigote y la maleta, siempre estaba de viaje - saltó Berenice, pero fue mandada a callar con una seña.
- Lleva una camisa de flores y un pantalón color marrón, los zapatos son del mismo color, mocasines, con hebillas - siguió la otra desde su trance.
- ¡Tía, ni loco mi padre su hubiera vestido con tan mal gusto! - protestó Aida - Además, no tenía camisas de flores ni zapatos mocasines, lo de él eran trajes color entero o guayaberas, las camisas siempre claras y los zapatos de cordón.
- Pero entonces, ¿quién es? - preguntó el Padrino, aprovechando que se había roto la norma de no interrumpir a la vidente.
- Dice - dijo esta tras una convulsión que obligó a persignarse a Berenice -, que es el arquitecto que construyó esta casa. No quiere que le sigan perturbando. ¡Que se vayan los intrusos! ¡Aahhg! - y con una última contracción, que envidiaría cualquier bailarín de danza moderna, cayó al suelo, de regreso al mundo de todos los días.
Una vez recuperada, fue despedida entre frases de agradecimiento, tras abonársele un billete de veinte pesos, que tomó diciendo que ella no cobraba por su trabajo, pero necesitaba dinero para ponerle flores a la gitanita. De regreso a la sala, el Padrino se colocó la gorra de oficiante, el maestro de
obras sus collares y, entre comentarios acerca de la urgencia de hacer ese mismo día la obra purificadora, pues ya el espíritu estaba sobre aviso y podía tomar medidas extremas, comenzaron a extraer una serie de ingredientes de una bolsa. Para cualquier iniciado eran elementos obvios en una cura espiritual: cascarilla, cuatro pedazos de coco, trocitos de pescado y jutía ahumados, manteca de corojo, pólvora, aguardiente, hierbas sagradas... pero para la pobre Berenice solo fueron el motivo para ir a buscar su rosario.
- Necesito una botella - dijo el Padrino.
- ¿Una botella? - palideció la tía mientras pasaba las cuentas de una mano a otra mecánicamente.
- No se preocupe, señora, una botella vacía, cualquiera con tal de que tenga tapa, es para atrapar al muerto, para embotellarlo, si le gusta más así.
- ¿Usted dice, embotellar, como en los cuentos árabes del genio encerrado? - sonrió Aida.
- Pues aunque no lo crea, esas historias tienen mucho de verdad - aseveró el señor Junco, con tal expresión que a Aida se le congeló la sonrisa.
- Es que... - se hurgó nerviosamente la anciana una oreja con un hisopo terminado en algodón, descubriendo que perdía audición cuando se lo introducía -, con el lío de la mudanza botamos todos los trastos viejos y no tenemos botellas vacías, de ningún tipo. Ni me atrevo a pedírsela a los vecinos, porque la fama de bruja no me la quita nadie en el barrio ni en cien años, y yo que soy recién llegada, imagínese.
Por uno de esos enigmas del destino, todos los ojos se dirigieron a un botellón antiguo, de cristal soplado, que misteriosamente había sobrevivido a los lanzamientos. Su hermosa tapa esférica brillaba a la luz, lanzando destellos verdosos.
- ¡Ah, no! - protestó ella sin necesidad de que se hiciera algún comentario -. La botella que la abuela trajo de Italia... no. Si tiene que ser así, que se quede el muerto suelto por la casa, porque a mí no me botan el único recuerdo que me queda de ella ni por las siete maravillas del mundo.
Por toda respuesta, Aida la tomó suavemente del brazo y la llevó al comedor, desde allí comenzaron a llegar cuchicheos cada vez más altos, una defendiendo el derecho a conservar su amada reliquia, otra recordando los percances de los últimos días, los materiales echados a perder, la cuenta de gastos que se elevaba, los adornos rotos, la obstinación de tenerse que bañar con un cubo en el reducido baño de servicio, la tranquilidad perdida, "recuerda que hasta que no se terminen los arreglos no se acaba la música salsa"...
Al parecer este último argumento fue más que convincente, porque regresaron a la sala, donde ya los esperaba el Padrino con la botella en la mano, "para evitar que el difunto nos la rompa, ahora que sabe que es la única que tenemos".
- Mi tía dice que presta la botella, con tal que después se la dejen donde estaba.
- Allá usted, señora, si se quiere quedar con el genio embotellado, como dice su sobrina... - se encogió de hombros el señor Junco.
Lo que sucedió entonces es un secreto vedado a los oídos profanos, solo diré que la ceremonia fue todo un éxito. Ya está la mezcla fraguando y las tuberías esperan el momento en que el agua corra por ellas. El Padrino le da recetas de comida china a Aida, al tiempo que ésta le invita a ver sus pinturas "una noche, con calma, mi obra no es fácil, yo soy una pintora conceptual". La tía Berenice se abanica en su sillón, con dos taponcitos de algodón en los oídos, dando gracias al Señor por haberla ayudado a encontrar de formas misteriosas el modo de mitigar los sonidos...
Y yo, desde la botella - en mala hora la respeté; es que tengo debilidad por el vidrio soplado, máxime si es antiguo -, pienso que si no me hubiera dado por molestarlos, no estaría ahora en esta ridícula situación.
Cuando las vi llegar me cayeron tan bien, la pintora con sus meditaciones entre inciensos, la tía con sus conciertos de Bach, que pensé que íbamos a ser felices para siempre.

Fue la llegada del señor Junco con su polifonía ensordecedora la que me dio por echar a perder los materiales primero y romper las estructuras después - no sabré yo de esos menesteres -, luego, al ver que no se iba, me fui enfureciendo, dando portazos cuando entraba o salía de las habitaciones,
comencé a tirar objetos, creo que hasta se me fue la mano con algunos adornos de la viejita, pero es que la música tan alta me exaspera... Si solo hubiera tenido paciencia, ya estaríamos libres de él. Quién me iba a decir que el muy condenado era un iniciado.
Pero ahora es evidente que la pintora se ha enamorado del Padrino y éste le está diciendo que le encanta el rock - a mí que las tumbadoras me daban migrañas -. Ella, con tal de complacerlo, le dice que no puede vivir sin Pink Floyd, Queen, Black Sabath y sabe Dios cuántos grupos cuyos nombres no comprendo, pues su inglés no es muy bueno. Él le sonríe embobecido y la tía, gracias a sus algodoncitos, ignora la conspiración que se está fraguando a nuestras espaldas.
Por eso decía lo de los tonos de colores al principio, quiero que me entiendan porque aquello no parecía tener que ver con el resto de la historia.
No supe lo que tenía hasta que lo perdí irremediablemente...

Ahora el único tono con el que veo el mundo es el verde del cristal de la botella.

*de Marié RojasTamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

-Este cuento fue llevado a la televisión cubana, la adaptación fue nominada al Festival de Radio y Televisión 2007

Luna lectora*

Cuando una de las hormigas negras la mordió en su pierna izquierda, la niña la reconvino con severidad. Le advirtió en su lenguaje todavía no del todo desarrollado, que de ninguna manera quería decir que no tuviera notables matices, que no estaba bien lo que la columna de trabajadores estaba haciendo. Caminando en puntas de pies iba señalando a la última mordedora y con sus pequeños dedos le indicó a ella, como a toda la indiferente fila de hormigas, que era la tercera vez que esto ocurría. Aguantado el dolor les precisó que se había sentado bien al filo de la sencilla pileta natación para no entorpecer el lleva que te lleva de hojas y ramitas.
Les hizo notar, ya con un tono de voz más elevado, que ellas debían seguir la línea negra de alquitrán que unía el cemento del borde de la pileta con el mosaico. Usando en forma imperiosa la primera figura del singular agregó: -Yo leo mis cuentos acá- y señaló los cerámicos marrones que tenían la propiedad de rechazar el calor que el insistente sol de La Rioja producía.
El notable diálogo, si tomamos las tres mordeduras de las hormigas como una forma de comunicación, no tenía hasta ese entonces testigos. El padre de la niña estaba agachado, absorbido por la limpieza de la parrilla, en esa posición era sabido que se le producía una particular sordera que desaparecía automáticamente al volver a la posición erecta. Por su parte la abuela, como siempre en días domingo, canturreaba una vidala chayera mientras preparaba las ensaladas.
La madre, eternamente atenta a las idas y vueltas de la pequeña, estaba tratando de dormir en sus brazos a su otra hija recién nacida. De los tíos todavía no había noticias dado que remoloneaban para levantarse de la cama.
Por suerte esas ausencias impidieron corregir a Luna en aquello de que leía cuentos, dado que con sus casi cuatro años eso era imposible. Cualquiera de los mencionados, más bisabuelos, tías y abuelos, podría haber intervenido para ordenar en forma coherente la realidad: -Luna vos mirás cuentos- o –Luna vos contás cuentos. Nada de eso ocurrió por las ocupaciones y ocios diversos de los adultos, lo que permitió a la niña seguir entablando negociaciones con el ejército de hormigas. Ayudó que una de ellas, de contextura más grande que las otras, se detuviera cerca del dedo admonitorio de la chica.
Luna tomó en cuenta el hecho y pensó que esta voluminosa hormiga era algo así como el padre o madre del resto. Esto le hizo cambiar un poco el tono, después de todo se estaba dirigiendo a un adulto desconocido, pero no modificó ni un poco su reclamo. Reiteró la cantidad de veces que fue mordida, indicó con pelos y señales a la última ejecutante de tan agresivo acto y reclamó que se respetaran los acuerdos persistentes: línea de alquitrán para las hormigas, baldosas de cerámicas para ella. Prohibición absoluta de morderla, como también reconvino a que ninguna, pero ninguna oliera, transitara u osara arrancar el más mínimo pedacito de papel alguno de sus libros.
Como entendía que ella no podía poner todas las condiciones del tratado de paz hizo las concesiones que entendía los animales no iban a desechar: no quemaría la fila de hormigas con fósforos, tampoco les inundaría el hormiguero con el agua de la manguera, Luna daba por descontado que las hormigas la veían todos los días regar con ahínco. Tampoco iba a pedir que sus padres le regalaran un oso hormiguero. Por último, agregó, que no elevaría sus quejas al almirantazgo de los adultos, donde ella tenía sobrada influencia, para que rociaran sistemáticamente con veneno todo el jardín.
Viendo que la hormigota seguía escuchando mientras se rascaba la cabeza con sus patas delanteras completó, con confianza, que tenían que darse cuenta que una cosa era la picadura de las pequeñas hormiguitas rojas y otra muy distinta la mordedura de las grandotas hormigas negras. Que ella sólo quería seguir leyendo cuentos al sol y que poco le importaba la vida de la infatigable fila de hormigas.
Parecía que la negociación había terminado en un franco tren amigable, eso hizo que la pequeña se volviera a sentar para retomar el placer que le producían libros de cuentos que le enviaba su abuelo desde una ciudad lejana, pero una disloca hormiga salió de la fila y la atacó sin más. Sorprendida por el desleal acto rompió en un inconsolable llanto y se dirigió hacia su padre para pedir justicia, esta señal de aguda alarma hizo que cada uno de los ocupantes de la casa entrara en alerta roja: madre, padre, abuelos y tíos fueron hacia el lugar del hecho para tratar de defender a Luna del desconocido peligro en que se encontraba. En pocos menos que cinco o seis lágrimas todos se acercaron para protegerla y consolarla. Hubo que esperar a que se calmara para que pudiera mostrar las ronchas producidas por las que, hasta no hacía mucho, habían sido sus vecinas a la vera de la pileta.
Siendo un grupo familiar de acentuadas prácticas comunitarias ahí mismo se convocaron en una asamblea para resolver de la mejor manera el conflicto: ejército agresor – Luna lectora. Por ciertos principio generales ecologistas no podían rociar con nafta y prender fuego al hormiguero, tentación primera ante la indignación que las lágrimas producía en los adultos. Tampoco actuar con venenos prolongados por la presencia de las niñas y animales domésticos. Mucho menos tomar un grupo de veinte o treinta como rehenes y colocarlas dentro de un frasco. Mucho menos era cuestión de arrancarles las patitas a doscientas o trescientas de las malvadas agresoras. En un acto que se consideró justo y razonable se destruyó la pileta, dado que debajo estaba el hormiguero, lo que obligaría a las hostiles vecinas a dirigirse a otro jardín vecino. Para reservar el lugar a los fines que la niña había impuesto, con los cerámicos rescatados se hizo un hermoso banco de jardín para Luna y sus acompañantes en la aventura de la lectura.

*de César Hazaki. cesar.hazaki@topia.com.ar

CUENTA VALERIA*

"Crónicas del Hombre Alto nº 41"

Cuenta Valeria que hace unos meses comenzó a coordinar un taller literario destinado a gente joven. Cuenta que las reuniones se realizan los sábados a la hora de la siesta y que, para su gran asombro, han sido varios los interesados que acudieron a la convocatoria. Cuenta que, si bien no todos asisten con regularidad, ha conseguido igualmente conformar un pequeño grupo estable, compuesto por cuatro noveles escritores: Joaco, Caro, Ana y Pancho.
Cuenta Valeria que, al igual que ella, sus talleristas son estudiantes veinteañeros y que esa existencia de códigos comunes favorece la mutua comunicación. Cuenta que no siempre el ánimo del grupo es el ideal, que a veces hay quien llega contrariado por la inminencia de un examen, o abrumado por vaivenes amorosos o, simplemente, arrastrando todavía los efectos colaterales de la trasnochada del viernes. Cuenta también que, tal vez justamente por ese motivo, las reuniones de los sábados operan en ellos como un refugio frente a las asperezas de lo cotidiano, creando un microclima singular dentro del cual la literatura suele terminar pareciéndose a una excusa -hermosa, pero excusa al fin- destinada a promover el cálido abrazo de las almas.
Cuenta Valeria que los chicos y las chicas que asisten a su taller están atravesando esa etapa de timidez inicial en la que no terminan de asumirse como escritores. Cuenta que les cuesta mostrar sus creaciones y que escudan su vergüenza en un genuino interés por leer textos ajenos. Cuenta que, un poco para poder sobrellevar esta actitud pudorosa, y otro poco para cumplir una función estimuladora, se le ocurrió la idea de elegir una obra no demasiado extensa y destinar un segmento de cada encuentro a su lectura. Cuenta que propuso varios títulos y que incluyó en el menú uno de mis libros. Cuenta que, luego de dar unas breves referencias acerca de cada una de las obras en danza -y aquí me permito sospechar en ella cierta cariñosa arbitrariedad, acaso inconsciente- el grupo terminó votando por leer mi novela.
Cuenta Valeria que abordan un capítulo por semana, que la lectura del libro les resulta ágil y entretenida, que se ríen mucho, que a veces una frase o una escena termina siendo el disparador adecuado para que los presentes se extravíen en largas charlas, tan entusiastas como carentes de rumbo predecible.
Cuenta Valeria, textualmente: "la verdad que la pasamos genial leyendo tu libro".
¿Cómo no sentirse complacido y conmovido ante semejante declaración? Enterarse de que hay un grupo de personas -y mucho más si se trata de personas jóvenes- que sábado tras sábado monta un rito colectivo en torno a algo que uno ha escrito provoca una alegría a la que resulta difícil hallarle analogías eficaces. La tarea del escritor, se sabe, es eminentemente solitaria. Casi nunca tiene uno la posibilidad de conocer qué impresión (buena o mala) ha causado su obra en los lectores. Mucho menos aún, de asomarse a la imprevisible cadena de íntimas derivaciones que ha generado la travesía de ese texto por el mundo. Poder romper ese aislamiento es una experiencia siempre fascinante, independientemente del resultado al que nos lleve. Pero cuando ese resultado consiste en descubrir una historia como esta que me ha sido referida, saltar la cerca nos conduce a la felicidad más pura.
Cuenta Valeria detalles de esa rutina que se despliega en su taller los sábados a la hora de la siesta. Lo cuenta con suma frescura, seguramente sin imaginar el profundo significado que su relato guarda para mí. Y yo aquí, desde este lado de sus palabras, siento agradecido que esa complicidad tejida alrededor de mi libro constituye, ni más ni menos, la justificación más acabada de su escritura.

*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar

"UN GIGANTE DORMIDO"*

*Un documental de Sandra Godoy y Julio Tejeda

Para el observador fortuito, el visitante casual, Tafí Viejo no es más que otro escenario repetido a lo largo de nuestro territorio.
Talleres ferroviarios cerrados y una red ferroviaria aniquilada.
Pueblos enteros confinados a la desaparición y el olvido.
En Tafí Viejo, como en tantos otros pueblos ferroviarios, tuvo lugar una contienda desigual.
Una incalculable pérdida moral y económica es el legado de un plan sistemático y progresivo que se desarrolló desde la década del 60 hasta el presente.
Los Talleres albergan a 66 de los 5.000 ferroviarios, que en los años 50 fabricaban y reparaban vagones y locomotoras.
Un Gigante Dormido aún espera la reactivación prometida.

LUNES 25 DE AGOSTO
A LAS 20:00 hs.
TEATRO IFT
Boulogne Sur Mer 549 - Abasto

Como llegar:
Subte Línea B - Estación Pueyrredón
Líneas de colectivos: 24; 26; 41; 68; 71; 101
115; 118; 124; 132; 146; 168 y 180

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

INFORMES Y PRENSA: info@ungigantedormido.com.ar
(011) 15-5-1774402 o 15-3-1857035

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