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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

30/07/2008 GMT 1

LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE...

urbanopowell @ 14:28

Repaso tus besos‏*

En un rincón
De mi respiración
Hay un esquema de vos
Grabado en mi memoria
Como un silogismo
Repaso algunos momentos
Tomo apuntes de tus besos
Y repito tu nombre inconsciente
Como contando las baldosas
Jugando por mí sendero

Cada mañana despierto
Pensando en vos.

*De Azul. azulaki@hotmail.com

LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE...

Perfil de un mago*

Entre la alquimia y la sabiduría

Descubres los misterios

En tranquila soledad

Trabajas incesantemente

Sobre las terrazas de la ciencia

Con tus dedos de celebre escultor

Cual varita mágica

Recuperas las ilusiones

A los que han perdido

Las claridades del soñar

Con tu memoria inigualable

Y tú mirada acertada

Inauguras la creación

Con la sencillez de los sabios

De las células de la esperanza.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Para Raul. Un ejemplo de la creación

SOBRE EL HOMBRE*

*de Zulema Estela Saus. zulemasaus@yahoo.com.ar

Una mirada:

Deseo descubrir y rescatar las potencialidades que el hombre tiene a su alcance, si hace el esfuerzo en verlas, para ponerlas en acción y superar las dolorosas heridas que padece su existencia, casi sin darse cuenta.
“VER,... un esfuerzo por ver,...” o percibir “... toda la vida consiste en esto...” afirma Teilhard de Chardín en “El Fenómeno Humano”. Y continúa: El hombre “...se engrandece más... por un acrecentamiento de conciencia, ... de visión, ... en la elaboración de unos ojos cada vez más perfectos en el seno del cosmos... para discernir con más claridad,... con penetración y poder sintético de su mirada...”. Esto no es un lujo, es una necesidad. “Ver o Perecer...”
“Ser más, es unirse más y más. Si el hombre no ve... será un objeto errático dentro de un mundo dislocado”. Sólo así, puede desvanecerse la “...triple ilusión de la pequeñez, de la pluralidad y de la inmovilidad...”. Con otras palabras, no puede existir: “lo pequeño sin lo grande,... la pluralidad sin la unidad, la inmovilidad sin la movilidad.”
Recorriendo este camino, creo que logrará ser: “...cima momentánea de una Antropogénesis que corona... en una Cosmogénesis...”, para verse de manera completa junto a la humanidad toda y a la humanidad junto con la vida y a la vida junto con el Universo.
Sólo como ser dinámico será, “...eje y flecha de la evolución...” (pag. 43 a 49 del Fenómeno Humano de T. de Chardin -Ed. Taurus- 11-11-74, Madrid).
Albert Einstein en su libro: “Como veo el Mundo”, también aborda temas similares y sostiene que,
“... la lucidez de los científicos y los artistas, así como lo engrandecen, lo sumergen en la más infinita soledad y angustia interior, incomunicable, intransferible. El sentirse solo, es abrumador. “ Lo alejan hasta de sus seres más queridos.”
Según él, la evolución de la Humanidad depende de la percepción y descubrimiento implacable de esos seres. Pero, lamentablemente, “... las decisiones y el rumbo de aquella, está en manos de los que, enceguecidos por la carrera política, económica y tecnológica, ostentan el poder aliado a las corporaciones... “ Lastimosamente, “... son las masas peligrosamente armadas, las que están conduciendo al hombre hacia la nada...” en un universo desfondado.
Al igual que él, Tomas Merton afirma: “... en un país donde no existe o se pretende aniquilar el arte, es un país de autómatas.”
Comprendiendo el entorno histórico de su vida, creo que a Albert Einstein, le faltó ahondar más la esperanza. Por eso rescato lo expresado en la obra “El Punto Crucial”, de F. Capra, del Capítulo “La Visión integral de la Vida”: “quien logra valientemente sintetizar la Ciencia Occidental con el Misticismo Oriental...” y pensar en “...una Mente Cósmica que plasmó el Universo...”, creando primero la Energía para luego materializarla, está transitando la Esperanza.
F. Capra lo afirma textualmente: “... parece que la identidad de las personas... es una identidad de Ritmo. Los seres humanos pueden reconocerse por su forma de hablar, por los movimientos de su cuerpo, por sus gestos, por su forma de respirar...” Es lo que llamamos: Metacomunicación. Se constituye más importante el cómo, que el qué, por eso: “... los modelos rítmicos... son diferentes manifestaciones de un mismo ritmo personal, una pulsación interna...”. Es esa pulsación interna, la que se convierte en la identidad de cada uno de los seres.
“La imagen de un hombre aislado, existe sólo en el mundo interior. La realidad es una danza contínua.” Es “... como un holograma. El Todo, está codificado en cada una de las Partes.”
Convertirse en Todo, a través de la música, la danza, la palabra, el pensamiento o la reflexión, del cavar la tierra y colocar la semilla, de perder la Individualidad para asumir la Interdependencia, es el gran desafío de la Vida.
Son muy sabias las palabras del último cacique piel roja de la tribu Swamish del estado de Washington, cuando en su manifiesto filosófico y ecologista enviado al Presidente Franklin Pierce, allá por el año 1855, afirma: “La hermandad entre el reino mineral, vegetal, animal y humano espiritual”. “La tierra es su madre y el hombre su hijo”.
“El aire, comparte su espíritu con toda la vida que sustenta”
“Todas las cosas están relacionadas entre sí. Todos pertenecemos a una familia. El hombre no ha tejido la red de la vida, sino que es sólo una hebra de ella”.
Y más erudito cuanto critica al hombre blanco que con su insaciable apetito:
“devorará la ...tierra y dejará sólo un desierto. Que no habrá ...lugar tranquilo en las ciudades y la luz hará dolor los ojos, ...como el ruido...insultará sus oídos. Sin sentir el aire que respira por el hedor, porque cuando se escupe el suelo, se escupe a sí mismo....contaminando la cama (por la madre tierra) , morirá sofocado por sus propios desperdicios”
Retomando el ver, la percepción de la realidad que puede cerrarnos o abrirnos nuevos caminos, termino esta primera mirada, transcribiendo el siguiente poema:

“En ocasiones, por cierto imprecisas
cada uno ve y luego
todo acontece como sí.

En esas ocasiones, esporádicas por cierto
no hay espejos que ver
es sólo la llanura de uno mismo.

En ocasiones, por cierto
por cierto esporádicas e imprecisas
el velo cae”

*Oscar Agú (Junio 2007-inédito)

ENTREVISTA A MARIO MONICELLI, UNA LEYENDA VIVIENTE DEL CINE ITALIANO DE
POSGUERRA

"El humor es un bisturí que va bien al fondo de las cosas"*

A los 93 años, el padre de la comedia italiana sigue ferozmente lúcido: reflexiona sobre la política de Silvio Berlusconi, la importancia del neorrealismo y sobre su clásico Los desconocidos de siempre, de cuyo estreno se cumple en estos días medio siglo.

Por Miguel Mora *
Desde Roma

Mario Monicelli tiene 93 años, pero sus ojos y su vivacidad siguen siendo los de un adolescente. El inventor de la comedia a la italiana (con su amigo, recientemente fallecido, Dino Risi: "Nuestra broma siempre era quién palmaría antes") es un mito del cine, pero no aguanta ser considerado un genio. "Simplemente, trabajábamos mucho y seguíamos la vieja estela de la comedia del arte", explica. Autor y guionista de 65 películas, entre ellas muchas obras maestras que en los años cincuenta, sesenta y setenta contribuyeron a hacer célebre -y mucho más divertido- el neorrealismo italiano, Monicelli utilizó una inteligencia muy aguda para convertir la cotidianidad, la desesperación, el fracaso y la miseria en humor y farsa. Su finura para utilizar la ironía como bisturí social; su compromiso siempre generoso con los perdedores; su espíritu de artesano clásico y disciplinado y su mirada siempre atenta al gesto y el detalle hilarante lo convirtieron en favorito de todas las estrellas italianas: de Totó y Aldo Fabrizi a
Vittorio Gassman y Marcello Mastroianni, Sophia Loren y Gina Lollobrigida, Alberto Sordi, Monica Vitti o Ugo Tognazzi.
Casi ciego, pero aún ferozmente lúcido, Monicelli vive en un modesto primer piso del barrio más viejo de Roma, Monti. Es su casa de siempre, llena de personalidad y gracia, atributos que siguen caracterizándolo. Tras dirigir Las rosas del desierto en 2006, declara cerrada la canilla de su talento
("me parece que ha sido suficiente"). Y sigue definiéndose tan comunista como siempre: "El gobierno Berlusconi dice que la lucha de clases no existe, pero sólo hace falta ver cómo hemos convertido a los gitanos en el chivo expiatorio para saber que es mentira".
-¿Cómo anda de amigos?
-Hay ya pocos vivos. Dos guionistas, Scarpelli y Cechi D'Amico, dos directores, Risi (la entrevista se hizo antes de la muerte de Risi) y Mortaldo. Nos vemos alguna vez. Antes siempre estábamos juntos. Ahora menos.
-¿Tiene familia?
-Tengo dos hijas casadas, y otra que tiene 20 años y estudia en Bolonia...
-¿Y todavía le siguen atrayendo las mujeres?
-Continúan interesándome, pero no sexualmente, no soy un viejo verde. Me han gustado mucho las mujeres, pero no tenía líos con estrellas. Siempre eran de fuera del cine. Trabajar y relacionarte con la misma gente es muy aburrido.
-Pero en el cine había mujeres impresionantes...
-¡Y también fuera! Las tres o cuatro que tuve eran muy hermosas y con una ventaja: no rompían tanto las bolas como las actrices.
-¿Le daban la lata?
-A mí me molestaban poco. Era muy autoritario, no les daba ocasión de hablar. Leían el guión y, si aceptaban, sabían que no se hacían cambios.
-Pero amigos sí tuvo muchos en el cine.
-Sordi, Gassman, la Vitti, Giuliana de Sio, Tognazzi, la Mangano, Mastroianni... Gente muy simpática, ingeniosa e inteligente. Se pasaba bien con ellos fuera del plató, eran muy agradables.
-¿Y eran conscientes de la importancia del cine que estaban haciendo?
-Ahora sabemos que era importante, entonces no. Era cine para italianos. Sólo después, con los festivales y los premios, se convirtió en importante.
-¿Se ganaban bien la vida?
-Se ganaba bien y era más barata.
-¿Pero era la dolce vita?
-Era una vida de trabajo duro. Los horarios no eran como ahora. No había sindicatos, siempre te levantabas al alba, te ibas fuera a rodar y volvías tarde. Poco a poco cambió. En los años cincuenta y sesenta trabajabas de siete a siete, y no había cestino (catering). Llevábamos pan con salami y eso comíamos. Después empezaron a darnos dinero para la comida y tenías que ir a comprártela.
-¿De dónde salían las historias?
-Muchas eran reales, otras salían de libros, de cuentos que se oían, de historias antiguas. Pescabas de todas partes: sucesos, tertulias... Se inventó todo: el cine negro, el spaghetti-western, las series mitológicas...
Eramos mil personas en total, siempre estábamos juntos, íbamos a los mismos cafés y restaurantes, y allí cambiábamos ideas y pareceres. Había fantasía y ganas de hacer cosas. El país era pequeño y había que inventar mucho.
-¿Le gustan sus propias películas?
-No todas me gustan. Pero algunas que fracasaron me gustaban.
-Antes de dedicarse al cine, ¿qué hizo?
-Viví mi período político. El fascismo y la guerra. Fui movilizado a Yugoslavia... En caballería, aunque nunca luché. Milité en el Partido Socialista, después en el Comunista. Lo metí en una película, Los
compañeros. Era un filme marxista, pero con ironía.
-¿Y cómo le dio por la comedia? ¿Siendo comunista no era una herejía?
-Era un humor natural. Nuestra mirada era ésa. Sarcasmo, ironía. El humor es la forma más penetrante de mirar. Un bisturí que va al fondo de las cosas.
Pero para bromear sobre algo hay que conocerlo muy bien. Y meditar mucho para llegar al humor.
-¿Así que el neorrealismo nació de la reflexión?
-No nació por azar. Fue la maduración de la historia del país y de sus individuos. Nació con una dictadura en la que muchos no se reconocían. Antisocial, racista, inhumana. Eramos socios de los nazis. La gente de la cultura tenía otra mirada. Zavatini, Rossellini, De Sicca, Calvino, Pavese crearon una nueva forma de mirar. Italia estaba sometida al nazismo, teníamos razones para querer cambiar nuestra relación con la realidad. Por eso se fundó esa nueva forma de ver la realidad, el neorrealismo.
-Y enseguida llegó la comedia. A la italiana.
-Se llamaba así porque nació aquí, también venía de esa historia terrible, singular y dramática. Surgió al contar argumentos muy dramáticos con humor.
Esa mezcla era insólita. Habíamos vivido una historia horrible, también insólita, y por razones que también eran históricas, desde la Commedia dell' Arte y el Renacimiento teníamos una vena cómica. Eso fue lo que hizo nacer esa forma de mirar con humor.
-La gran guerra es el mejor ejemplo.
-El argumento era muy dramático, sí. Fusilamientos, muertos... Había tonos trágicos donde hacían falta, y cómicos también. La vida de la gente es así, no es siempre divertida o siempre dramática. Los desconocidos de siempre ensayó otra vía: intentan cambiar su condición con un golpe, les va todo mal, fracasan. Esa no es la regla de la comedia. Y así había muchos haciendo lo mismo: Germi, Risi, Comencini, Steno...
-¿Era una forma de hacer política?
-Sin que naciera de ahí, lo era. Se contaba una historia y como la gente era inteligente, se daba cuenta de que había detrás una idea política.
-¿El neorrealismo ayudó a cambiar el país?
-Parece, dicen que sí. Contábamos sin fingimientos, un poco brutalmente, la historia del país. Cómo se vivía, cuál era la humanidad, cómo se relacionaba la gente con la realidad, quién de manera solidaria, quién de forma egoísta.
Intentábamos sacar fuera las contradicciones de nuestra historia, las supersticiones y las costumbres anticuadas, ridiculizándolas. No sé si cambió a la gente. Creo que no hemos cambiado mucho.
-La ternura de entonces, la inocencia, ¿siguen existiendo?
-Respecto de la generación de la posguerra, todo cambió mucho. Aquella era gente muy solidaria y comprometida. Había un sentimiento colectivo de país, queríamos sacar a Italia de una guerra estúpida y hacerla entrar en Europa, modernizarla, industrializarla. Después entregamos el país a la generación
siguiente, que se corrompió rápidamente. Empezó a mandar el mercado, que es la ley menos piadosa que existe, que no perdona ni tiene caridad, y las cosas fueron empeorando.
-¿Cómo vivió el '68?
-Esa generación de veinteañeros tomó Italia y pensaron poder revolucionarla entera cambiando lo que hacían sus padres, ridiculizándonos, tratándonos como a viejos que había que dejar de lado. Creían que lo podían hacer todo de nuevo, sin piedad, eligiendo su nueva vida. Fue una generación de violentos y corruptos. Esa corresponsabilidad colectiva se perdió. La gente se volvió individualista y empezó a pensar en imponerse al vecino. Fue un corte con la cultura de los padres, que en Italia era muy rural, muy campesina. Eramos un país de analfabetos que se alfabetizó en los años '30 y '40, pero teníamos una cultura cívica de participación y tolerancia. Eso se dejó de lado.
-¿Lo rural fue un elemento más del neorrealismo urbano?
-La cultura rural fue básica en el neorrealismo. Veníamos de ahí, teníamos la humanidad del campesino. Los personajes de Sordi eran terribles, prepotentes, listos para cometer cualquier bajeza con tal de medrar, oscuros. Nosotros contábamos eso y los italianos se reían pensando que no eran ellos. Esa cultura se perdió, la visión del otro como un compañero y no como un adversario se perdió. Pero eso es la cultura. Lo otro es incultura.
-¿Eso explica también las tres victorias de Berlusconi?
-Cuando finge ser un tolerante, Berlusconi está haciendo comedia a la italiana para llegar a presidente de la República.
-Italia parece hoy atenazada por el miedo, sobre todo del extranjero.
-Eso pasa siempre en los tiempos de crisis, se busca fuera un chivo expiatorio. Entonces éramos una fraternidad, hacía falta reconstruir el país, teníamos todo por hacer y todos nos ayudábamos. El nivel de vida era bastante pobre, con muy pocas diferencias. Había un 10 por ciento de aristócratas y el otro 90 éramos todos iguales de pobres. Pero queríamos poner de pie a Italia. La cultura servía para divertir y hacer pensar. Se trataba de entretener a la gente haciéndola pensar. Eramos vivaces, íbamos en Lambretta, teníamos autopistas, y la aspiración de ganar más que el otro no era la cultura dominante. Era el tiempo de la furbizia (picaresca) ingenua.
-¿Cuándo acabó la inocencia?
-Quizá con el asesinato de Aldo Moro. Había una esperanza cierta y cercana de que el comunismo podía llegar al poder por la vía democrática, pero para evitar esa cosa que todos temían tanto mataron a Moro. ¿Quién? La derecha, los norteamericanos.
-Su padre se suicidó en pleno fascismo...
-Yo tenía 23 años. Mi padre había dirigido un periódico en los años veinte. Era antifascista, se puso contra Mussolini y lo echaron, no le dejaron escribir más. Estuvo muchos años sin poder hablar, viendo a sus amigos adaptados al fascismo. Pensó que cuando acabara Mussolini podría volver, pero se habían olvidado de él. Esa amargura pudo con él. Yo era un soldado, estaba recién regresado de la guerra y entendí perfectamente que se suicidara.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

La ficha

Tras comenzar dirigiendo media docena de films de Totó, Mario Monicelli (Viareggio, Toscana, mayo de 1915) dejó una lista de títulos inolvidables: Los desconocidos de siempre (1958), La gran guerra (1959), Los compañeros (1963), Casanova 70 (1965), La Armada Brancaleone (1966), Amigos míos (1970), Queremos los coroneles (1973) y Un burgués pequeño pequeño (1978).
Todas ellos, y muchos más, podrán verse en el próximo Festival de San Sebastián, que este año le dedica un homenaje y una retrospectiva de 41 films. "Estuve allí hace 50 años y gané un premio, ya no sé si con Los desconocidos de siempre o con El médico y el hechicero (fue la primera, obtuvo la Concha de Plata). Se estaba bien allí, era una ciudad bella y pequeña."

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10762-2008-07-30.html

*

Su voz
Arrastraba las palabras
Más de lo acostumbrado
Entre la euforia y
La torpeza de sus movimientos
Sacudían la ausencia
De la galantería
Entre el desenfado
Y la falta de modales
Lo hacían parecer
Un ser despreciable.
Quién era al final de cuentas
Quien lo habitaba
Cuando fumaba
La hierba prohibida.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

De trenes y estaciones*

Estación Salto Grande.

Uno nunca sabe cuando está tomando el tren equivocado.

La frase suena abstracta y compleja. Como la ajenidad, el extraviarse tiene un sentido más amplio que tomar otro tren. Tomar el tren equivocado. Una metáfora apenas de equivocar el camino en la vida. Dar el paso claramente irreversible e irse al lugar del cual no puede volverse. La nostalgia aparece entonces mordiendo el horizonte como la noche a los restos de luz que se obstinan en marcar amarillos, naranjas y lilas en esas nubes que viajan ahora mismo -como islas solitarias- a algún destino desconocido que esta más al oeste. Más lejos de lo que puede verse. Entonces uno amaga volver a algún lugar imposible. Se pregunta dónde se abrieron las vidas como vías después de un punto de cruce y ahora no hacen más que alejarse. Y se desea volver a un lugar idealizado donde -quizá- nunca se estuvo de veras.

Estación Totoras.

Me veo en Temperley. Aún no tome el tren. En la tarde, al sol todavía tibio se cruzan preguntas e incertidumbres de abuela a nieta. Hay 70 años de diferencia y me conmueve verlas alejarse de la mano hacia la esquina; cuando vuelven mi hija dibuja un tren, y en el vagón cada cual viendo por su propia ventanilla. Allí viaja toda su familia: primero su mamá, después ella con el pelo dividido en dos colitas que están suspendidas en el aire, en la siguiente ventanilla está su hermano Franco y finalmente –me dice- estoy yo, a quien incluye en el mismo viaje aunque estoy divorciado de su madre. No dibuja a su gata color te con leche que se llama Perla, pues -me cuenta- tenía miedo a viajar en tren y se quedó en el departamento.

Estación Clason.

Viajan en tren. La abuela y quien será mi madre pero ahora tiene los rulos de Shirley Temple y uno o dos años menos que los de mi hija hoy. Es el año 1934 o 35. Mi madre sólo recuerda un puente sobre un río ancho y que ese tren llegaba a Santa Fe de donde tomaron otro hasta el pueblo donde vivía Fernando, mi abuelo materno. Nunca sabré cómo el abuelo pasó de fabricar bicicletas "Cycles Zucca" y proyectar cine en un galpón de Turdera a trabajar tan lejos, en la usina eléctrica de ese pequeño pueblo rodeado de tambos.

Estación San Genaro.

El abuelo no respondía a las cartas. Ya tenía nueva mujer y parece que no le resultó sencillo ver bajar de la estación a su mujer -italiana como él- y a su hija pequeña nacida en Argentina. La historia tiene un pozo de niebla como el que veo ahora del otro lado de la ventanilla. Niebla suspendida a poco más de un metro de altura que corta la visión de las cosas. Mi madre recuerda la reja alta. No sabe cómo pudo saltar desde ese abismo de 2 metros. Luego la corrida con el corazón en la boca hasta el hogar de unas monjitas. Y esa sonrisa de la monjita que le quedó grabada como en foto al escuchar el pedido de enviar una carta auxilio al hermano de la abuela. ¿El tío Joanny ya trabajaba en La Vascongada?

Estación Centeno.

El tío, al que imagino con su boina vasca que no se quitaba nunca, llegó después de algunos días y presumiblemente en los mismos trenes del Central Argentino. Las llevó de retorno a Turdera.

Mi madre ahora recuerda su vida en casa de sus abuelos paternos. Su abuelo dirigía la colocación de vías del tranvía en Temperley. Se ve de nuevo en la mesa abajo de la parra mojando las biscuit en chocolatada Vascolet, son imágenes de panza llena. Pero también hubo privaciones pues si no había comida, el que tenia que comer era su hermano mayor Nicolás que "salía a trabajar".

Estación Cañada Rosquin.

El relato sigue en otros viajes de tren, ahora a trabajar en Buenos Aires. Agrocom y La Compañía General de Construcciones son nombres que flotan en el aire a los que cuesta darles entidad, fachada, espacio. Hay un viaje a recibir el crédito para la casa propia. Viejo anhelo de madre a hija -intuyo.

"Fui la primer mujer en recibir un plan Eva Perón" -dice mi madre. Mi hija la mira con ojos grandes desde el silencio y sigue dibujando en el cuaderno.

Salto Grande, Totoras, Clason, San Genaro, Centeno, Cañada Rosquin….

Sigo anotando estaciones y desconociendo el recorrido. Pero ya se. Lo debo reconocer, la próxima estación a la que arribará el tren -y en la que bajaré- será Sastre del Ferrocarril Central Argentino. Allí podré sentir esa extrañeza mayor a la habitual y quizá palpitar en la brisa aquella historia que de algún modo obscuro e inconsciente ha condicionado mi vida.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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26/07/2008 GMT 1

EN BUSCA DE LOS SERES QUE SE ESCAPAN DE LOS LIBROS...

urbanopowell @ 22:30

Los fantasmas se ponen celosos‏*

Te extraño, en esta madrugada fría y transparente, tengo en mis labios el perfume de tu mirada y el color de tus ojos son mi locura.
Salgo al jardín y el vapor de mi aliento tiñe a los fantasmas de envidia.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

EN BUSCA DE LOS SERES QUE SE ESCAPAN DE LOS LIBROS...

Regalo de amor*

El le dijo que le regalaría la luna si pudiera. Se subió a una escalera, no pudo, estaba muy alta y tenía que nadar en ese cielo oscuro de las ciudades, se enganchaba con antenas que servían para que de las cajas cuadradas, salieran palabras que hacían que los que las recibían se quedaran callados. A él le gustaban las palabras de ella que miraba los ojos de él, nolas cajas que despertaban silencios. Los ojos de él eran pantallas abiertaspara ver el mundo. Más hablaba ella, más quería el regalarle la luna.
Un día se la trajo. Ella abrió el paquete encontró una luna, redonda, clara, a veces derritiéndose, otras erguida.
Todas las noches se acercaba a esa luna de la revuelta, la luna del deseo, con hebras de pasto y suaves aromas de infancia. Un día se animó, la tocó con la boca, se dio cuenta que era un maravilloso queso que guardaba en su interior palabras de Calvino, las artesanías de antiguos campesinos, la historia del mundo en pedacitos.
Cuando el llegó, ella le sirvió trocitos del secreto de él, con vino.
No quiero contarles lo que siguió, si desean saberlo apaguen esa caja repetidora del más pobre sentido común, busquen en los ojos de un él o una ella, la luna, el mundo, o lo que quieran, y verán como sigue la historia.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

No me digas hasta mañana,
creería QUE VA A SER DE NOCHE*

*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com

En mis ratos libres, cuando no bebo ron, ni deslizo mis dedos por tu cintura. Cuando te dejo solo para que colmes con tu dulzura el resto del mundo, vago por las calles en busca de los seres que se escapan de los libros para poblar la realidad.
Desde hace muchos años me ocupo de esta tarea revisora. He heredado la responsabilidad por voluntad propia. Nadie me ha pedido que lo hiciera pero soy dinámica y predispuesta para llevar adelante, con esmero, todo aquello que no se espera de mí.
En una pastelería encuentro con frecuencia al marido joven que sabe querer.
Compra confituras para el té. Lleva un toque angélico entre los dedos. No desprende el olor de los desterrados ni forma parte de una marcha donde se distorsionan los discursos y se habla de los hermanos y el imperio para encontrar un atajo en la carrera que a cualquier precio se debe ganar.
Cuando llego a la esquina, si de algo estoy segura es del papel fundamental que cumple en la novela de la vida esa muchacha que usa enaguas y ronca. Es inconfundible porque sus ojos llenan de esplendor hasta el más barato colirio. Sus enaguas blancas flamean en mi memoria como banderas de excitación. Las páginas que abandonó no han podido ser pobladas por otra igual. Su manera de levitar en cada ronquido y cómo retorcía la manivela del personaje, ha hecho que los argumentos que ya no la poseen se hayan quedado
muy muy atrás.
En mis noches libres, cuando dejo que tu sueño descanse junto a vos y no haga el fabuloso viaje de introducirse en mi cama, me quedo sentada en la misma mesa del bar hasta que son una misma cosa la soledad y la madrugada.
Allí aparece el hombre que no puede dejar de fumar ni de padecer y cae en el cenicero transparente sin hacer pie. Tiene unos cincuenta años, puede usar o no su chaqueta oscura y los pantalones claros. Imagino lo escasa que podría resultar la realidad sin su presencia. Pero por mucho que ésta lo necesite,
él ya no la soporta. Necesita regresar a los libros para poder fumar en el bar.
La divorciada que ha permanecido por largo tiempo bajo su propia sombra, nunca fue una figura que apareciera en las páginas por puro placer de ser narrada. Ella viene siempre a este bar. No es una divorciada con pretensiones de género ni está embebida de una naturaleza quisquillosa, pero resulta que tiene los ojos tan nublados por su propia oscuridad que no ve al fumador tratando de hacer pie en el fondo de su cenicero. En estos momentos me pregunto por qué no me habré arrogado otro trabajo. Por qué sólo me compete buscarlos, reconocerlos, asentarlos en mis padrones de los de estirpe relumbrada, pero no muevo los hilos que los puedan reunir en este océano de soledades.
En mis confusiones libres, cuando no sé si saliste de cuento de Cheever o de un submundo de Cortázar, cuando tengo claro que jamás me enamoraré de un personaje de DeLilo, descubro a los que se quedan quietos porque saben que los primeros movimientos son siempre crueles. Se va perfeccionando mi
pesquisa. Me basta ver el modo en que se hunden en la lectura del diario o cómo beben café, con breves sorbos, con fragilidad exquisita. Hace tiempo que viven entre los reales y sin embargo no se adaptan. Ellos, cuando se sientan a la mesa del bar, son menos lumen que señales.
La joven con las axilas rasuradas a veces se pregunta si está en el planeta correcto. Es el momento en que los vasos comunicantes ya no se comunican y yo me encuentro en medio de los dos rumores. La siento tan cercana y tumultuosa que las ideas se me arrebatan, me contusionan. Yo no sé cuál es el verdadero planeta. Es muy mío andar en un mundo entretejido sobre otro mundo y caminar con un pie en cada orilla.
Los que nunca navegaron por el Orinoco, son con los que más me identifico.
Por eso salgo a buscarlos toda vez que no te recuerdo y no logro resolver con qué dedo seguir el curso hondo de tus besos. Me los llevo a casa. Ellos son tan especiales. Se parecen mucho a lo distinto. Tienen tanto que ver con lo nunca visto...
En esas ocasiones, la medianoche se enrolla sobre mi cuerpo y me comporto como una fortuna derrochada. Me abandono a todos mis desquicios. Las burbujas del agua con gas caen hacia arriba. El ron en mi cerebro hace cosas maravillosas. La memoria de tu cuerpo sobre mi cuerpo hace figuras
maravillosas. Los personajes de los libros tienen una conducta gozadora. No navego por el Orinoco, ni hago pie en el cenicero, pero me rasuro las axilas y me quedo quieta hasta lo indecible. Aguardo que el ron me ayude a hacer lo que no me compete: me convierto en una autora ágil e imprevisible. Acerco al
fumador y la solitaria para que practiquen figuras de la antigua India y se olviden del melodrama. Echo bendiciones a mansalva. Lubrico los verbos, la puntuación, los adjetivos, las causas. Cabalgo un caballo gigante que se agita de tal manera que me recuerda tu espalda.

*FUENTE: ROSARIO-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14499-2008-07-26.html
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

De ellas*

Su cuerpo era tan de nube blanca
que mis manos se hundieron al cielo

*

Le prometio fidelidad.
Y fue fiel al maltrato por muchos años...

*

"Era solo un juego"

(Nunca se perdona
que descubras un juego inconsciente).

*

Amurallada al sentir.
Apenas con una hendija para ver el afuera.
Distante y cercana a la vez.
Así era y así es.

*

Ella borda
gotas como voces
las hace río,
les devuelve un sentido.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

Azulada azulado*

Creo que tu nombre
Resuena en mis oídos
Por el grito de libertad
Tantos desafíos y palabras salvajes
De iracundia y disgusto
Encuentras en tu brotado
Aullido destellos de luces
Y aromas de amigos
Tu despertar inquieto
Invita a la presencia
Otro destino
No te duermas
El cielo es testigo
Estamos contigo.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

El bosque-raíz-laberinto*

*Italo Calvino

En un bosque tan frondoso que aún de día estaba oscuro, el rey Clodoveo cabalgaba a la cabeza de su ejército, de retorno de la guerra. El rey estaba preocupado: sabía que a un cierto punto el bosque debía terminar y entonces él habría llegado a la vista de la capital de su reino, Arbolburgo. A cada vuelta del sendero esperaba descubrir las torres de la ciudad. Nada, todo lo contrario. Hacía mucho tiempo que avanzaban en el bosque y éste, sin embargo, no daba señales de terminar.
-No se ve -dice el rey a su viejo escudero Amalberto-, no se ve todavía...
Y el escudero:
-A la vista sólo tenemos troncos, ramas retorcidas, frondas, matas y zarzales. Majestad, ¿cómo podemos esperar ver la ciudad a través de un bosque tan denso?
-No recordaba que el bosque fuera así de extenso e intrincado -refunfuñaba el rey. Se hubiera dicho que mientras él estaba lejos la vegetación hubiese crecido desmesuradamente, enroscándose e invadiendo los senderos.
El escudero Amalberto tuvo un sobresalto.
-¡Allá está la ciudad!
-¿Dónde?
-He visto aparecer a través de las ramas la cúpula del palacio real. Pero no logro divisarla ahora.
Y el rey:
-Estás soñando. No se ve más que palos.
Pero en la vuelta siguiente fue el rey quien exclamara:
-¡Eh! ¡Es allí! ¡La he visto! ¡Las verjas del jardín real! Las garitas de los centinelas!
Y el escudero:
-¿Dónde, dónde, Majestad? No veo nada...
Ya la mirada del rey Clodoveo giraba desorientada alrededor.
-Allí... No... Sin embargo, la había visto... ¿Dónde ha ido a parar?
La sombra se adensaba entre los árboles. El aire se volvía siempre más oscuro. Y entre las ramas más altas se oyó un batir de alas, acompañado de un extraño canto:
-Coac... Coac... -Un pájaro de colores y formas jamás vistos revoloteaba en el bosque. Tenía plumas tornasoladas como un faisán, grandes alas que se agitaban en el aire como las de un cuervo, un pico largo como el de un pájaro carpintero y una cresta de plumaje blanco y negro como el de una abubilla.
-¡Eh, atrápenlo! -gritó el rey-. ¡Eh, se nos escapa! ¡Sigámoslo!
El ejército, en filas compactas, dirigió su marcha de modo de seguir el vuelo del pájaro, giró a la izquierda, giró a la derecha, retrocedió. Pero el pájaro ya había desaparecido. Se oyó todavía el "Coac... Coac...", alejándose después el silencio.
El camino se les hacía penoso. Dijo el rey:
-Las ramas nos obstaculizan la marcha. No nos queda más que descabalgar o rasguñarnos con ellas.
Y el escudero:
-¿Ramas? Estas son raíces, Majestad.
-Si estas son raíces -replicó el rey- entonces nos estamos adentrando en la tierra.
-Y si éstas fueran ramas, -insistió el viejo Amalberto-, entonces hubiéramos perdido de vista el suelo y estaríamos suspendidos en el aire.
Reapareció el pájaro. O mejor dicho, se vio volar su sombra y se sintió una "Coac...Coac..."
-Este extraño pájaro nos guía -dijo el rey-. ¿Pero adónde?
-Tanto vale seguirlo, señor -dijo el escudero-. Desde hace rato hemos perdido el camino. Todo está oscuro.
-¡Enciendan las linternas! -ordenó el rey, y la fila de soldados se desanudó por el bosque como una bandada de luciérnagas.
Todo aquel día la princesa Verbena había mirado con catalejo el horizonte desde el balcón del palacio real de Arbolburgo, esperando el retorno de la guerra del rey Clodoveo, su padre. Pero fuera de los muros de la ciudad el bosque era tan espeso como para esconder a un ejército en marcha. En ese
momento a Verbena le había parecido ver una fila de alabardas y de lanzas despuntando entre las ramas, pero debía estar equivocada. Allí, ahora le parecía que algunos yelmos se asomaban entre las hojas.... No, era un engaño de sus ojos.
Durante la ausencia del rey Clodoveo, el bosque allí abajo se había vuelto cada vez más espeso y amenazador, como si el reino vegetal quisiera asediar los muros de Arbolburgo. Y al mismo tiempo, en el interior de la ciudad, todas las plantas se habían marchitado, habían perdido las hojas y se habían
muerto. La ciudad no era la misma desde que la reina Ferdibunda, segunda mujer del rey Clodoveo y madrastra de Verbena, en ausencia del marido, había tomado el mandó asistida por su primer ministro Curvaldo.
Verbena pensaba: "Querría fugarme de aquí, salir al encuentro de mi padre". Pero, ¿cómo hacerlo en ese bosque impenetrable?
La reina Ferdibunda, que espiaba a Verbena detrás de una cortina, murmuró al primer ministro:
-Comienza a perder las esperanzas nuestra princesita. Los días pasan, los súbditos están cansados de esperar a un rey que no vuelve. Y yo también estoy cansada, Curvaldo. Es tiempo de dar vía libre a nuestra conjura.
Curvaldo sonrió maliciosamente.
-Los conjurados están prestos a reunirse en los lugares convenidos, reina mía, para después marchar sobre el palacio real y...
-...y proclamarte rey, Curvaldo -terminó Ferdibunda la frase.
-Si así lo quiere mi reina... -y Curvaldo, siempre sonriendo maliciosamente, inclinó la cabeza.
-Entonces -dijo la reina- arma tu trampa, Curvaldo, y advierte a tus hombres, es la hora.
Pero Curvaldo prefería proceder con cautela. En Arbolburgo los fieles del rey eran todavía numerosos, y vigilaban. Las calles de la ciudad eran rectas y estaban expuestas a las miradas de todos: las idas y venidas de los conjurados serían rápidamente vistas por mucha gente.
La reina estaba impaciente.
-¿Qué piensas hacer, Curvaldo?
El primer ministro tenía un plan.
-Nuestros movimientos deben desenvolverse fuera de los muros de la ciudad -decidió-. Nos desplazaremos de una puerta a la otra por los caminos exteriores que pasan por el bosque. Sin ser vistos, los conjurados circundarán la ciudad.
Saliendo de la puerta norte, Ferdibunda y Curvaldo dieron órdenes a sus secuaces:
-Divídanse en dos grupos: uno rodeará la ciudad por el este y el otro por el oeste. A las nueve y cuarto precisamente penetrarán en Arbolburgo por las puertas laterales. Nosotros dos, entretanto, con un rodeo más largo, iremos hasta la puerta sur y desde allí haremos nuestra entrada triunfal a la ciudad, a las nueve y media en punto.
Habiendo dicho esto, la reina y el ministro se alejaron por un sendero trazado en forma de anillo en torno a Arbolburgo, apenas afuera de los muros. A decir verdad, mientras más avanzaban ellos, más parecía el sendero desprenderse de la ciudad. La reina comenzó a preguntarse si acaso no habían
equivocado el sendero.
-No temas, -dijo Curvaldo- más allá de aquella vuelta, doblada la colina, estaremos cerca de los muros.
Y continuaron por el sendero.
-Eso, hay todavía un desvío, pero seguramente más allá volveremos al camino principal.
El sendero ya subía, ya bajaba.
-Apenas superados estos desniveles, nos encontraremos en la dirección correcta -decía Curvaldo, pero entretanto oscuros presentimientos invadían el ánimo de la reina. Veía la maraña de la vegetación adentrándose como la trama de su traición, como si sus pensamientos fueran a embrollar la ciudad en un enredo inextricable.
Mientras tanto un pájaro de una especie jamás vista voló entre las ramas emitiendo un reclamo estridente:
-"Coac... Coac..."
-Qué extraño pájaro -dijo Ferdibunda-. Parece que nos esperara, que deseara hacerse atrapar.
No, el pájaro volaba de rama en mata, se escondía, volvía a aparecer.
Siguiéndolo la reina y Curvaldo se encontraron en un sendero más espacioso, aunque más oscuro y todo curvas.
-Está cayendo la noche... ¿Dónde estamos?
El pájaro se dejó oír aún:
-"Coac... Coac..."
-Sigamos el canto del pájaro -dijo Curvaldo-, por aquí, ven.
Mientras tanto, en otra parte del bosque, también al rey Clodoveo le parecía oír el canto del pájaro. En aquella noche sin estrellas, en aquel laberinto de áspera corteza nudosa, el "Coac... Coac..." era el único signo hacia el cual dirigir los propios pasos. El aceite de las linternas se había acabado, pero los ojos de los soldados se habían vuelto luminosos como los de los búhos y su resplandor constelaba la oscuridad. El ejército en marcha no emitía más un sonido metálico sino un frufrú como si entre las armas y las corazas y los escudos hubiese crecido follaje. El viejo escudero Amalberto ya sentía crecer el musgo sobre su espalda.
-¿Dónde estará mi ciudad? -se preguntaba el rey Clodoveo-. ¿Y mi trono? ¿Y mi hija Verbena?
Verbena estaba en aquel momento bajo la morera de su patio. Esta vieja morera era el único árbol que había quedado con vida en toda la ciudad. Los pájaros, desde tanto desaparecidos de los árboles de Arbolburgo, venían todavía a visitar las ramas de la morera en la estación de las moras. He aquí que entonces un pájaro de formas y colores jamás vistos viene agitando las alas, a posarse cerca de Verbena. Graznó:
-"Coac... Coac..."
-Pájaro, si pudiera volar contigo fuera de esta jaula... -suspiraba Verbena-. Si pudiera seguirte en tu vuelo... Pero, ¿dónde estás ahora? ¿Te has escondido? ¡Espérame! ¡No me dejes aquí!
El tronco de la vieja morera estaba todo retorcido, lleno de sinuosidades, excavado por los siglos. Girar en torno a su tronco parecía cuestión de un instante, pero en cambio Verbena tuvo que salvar raíces que sobresalían, inclinarse bajo ramas bajas. Parecía que el árbol quisiera tomarla bajo su protección, atraerla hacía el río de savia que a través de corrientes subterráneas se ligaba con el bosque.
-"Coac... Coac.."
-Ah, has volado hasta allá abajo -dijo Verbena-. Pero, ¿en dónde estoy?
Quería sencillamente rodear el tronco y me he perdido entre sus raíces. Hay un bosque subterráneo que levanta los fundamentos de la ciudad... ¿Adónde he ido a parar?
Verbena no lograba comprender si había quedado prisionera dentro del tronco de la morera o entre las raíces enterradas o bien si había salido completamente afuera de la ciudad, al bosque amenazador que tanto la atemorizaba... al bosque libre que tanto la atraía.
Un joven llamado Arándano se acercaba a los muros de Arbolburgo y gritaba un llamado:
-¡Eh, los de la ciudad! ¡Centinelas de guardia en los muros! ¿Me oyen?
Pero ninguno asomaba la cara.
Arándano estaba acostumbrado a llegar a la ciudad desde el bosque y a ver aparecer en lo alto y sobre los árboles las torres, los balcones, las pérgolas, los miradores, las verandas. Pero esta vez se encontraba el bosque tan crecido que sobre su cabeza no veía más que ramas retorcidas que parecían raíces.
-¡Respóndanme! -gritaba Arándano-. ¡Digan algo! ¡Hagan una señal! ¿Cómo puedo llevarles nuevamente los cestos de frutillas silvestres, de rodellones, de bayas? ¡Eh, los de la ciudad! ¿Cómo haré para volver a ver a la bella muchacha que un día se asomó a un balcón y aceptó en regalo un ramo de madreselvas?
Buscando ver más lejos, Arándano subió sobre ramas más altas pero la maraña parecía espesarse más bien que dejar espacio a la luz.
-¡Oh! ¡Qué extraño pájaro! -exclamó de repente Arándano.
Y el pájaro:
-"Coac... Coac..."
El bosque era aquella mañana un serpentear de senderos y de pensamientos de personas perdidas. El rey Clodoveo pensaba: "¡Oh, ciudad inalcanzable! Me enseñaste a caminar por tus caminos rectos y luminosos y, ¿de qué me sirve eso? Ahora debo abrirme paso por senderos serpenteantes y enmarañados y me
he perdido..."
Y los pensamientos de Curvaldo eran éstos: "Más tortuoso el camino, más conviene a nuestros planes. Todo consiste en encontrar el punto en el cual las curvas, a fuerza de curvarse, coinciden con los caminos rectos. Entre todo el nudo de senderos que se enredan en el bosque, éste es el nudo del cual no encuentro el cabo".
En cambio Verbena pensaba: "¡Huir, huir! ¿Pero, por qué mientras más me interno en el bosque más me parece estar prisionera? La ciudad de piedra escuadrada y el bosque enmarañado siempre me parecieron enemigos y separados, sin comunicación posible. Pero ahora que he encontrado el pasaje
me parece que se transforman en una sola cosa. Querría que la savia del bosque atravesase la ciudad y llevase la vida entre sus piedras, querría que en el medio del bosque se pudiese ir y venir y encontrarse y estar juntos como en una ciudad..."
Los pensamientos de Arándano eran como en un sueño: "Querría llevar a la ciudad las frutillas del bosque, pero no en un cesto: querría que las mismas frutillas se movieran, como un ejército bajo mi mando, que marchasen sobre sus propias raíces hasta las puertas de la ciudad. Querría que los ramos
cargados de moras se encaramaran por los muros, querría que el romero y la salvia y la albahaca y la menta invadiesen las calles y las plazas. Aquí en el bosque la vegetación sofoca de tan densa, mientras que la ciudad permanece cerrada e inalcanzable como una árida urna de piedra".
Curvaldo aguzó el oído.
-Oigo pasos como de un ejército en marcha.
Ferdibunda aguzó la vista.
-¡Cielos! ¡Es mi marido, el rey, a la cabeza de sus tropas! ¡Escondámonos!
El escudero Amalberto había percibido algo raro.
-Majestad, siento que alguien se esconde entre los árboles y espía nuestros pasos.
Y el rey Clodoveo:
-Estamos en guardia.
Súbitamente Arándano fue interrumpido en sus ensoñaciones.
-¡Oh! ¡Qué veo! -se le había aparecido la muchacha que había visto una vez en el balcón. La llamó:
-¡Eh, muchacha!
Verbena se volvió.
-¿Quién me llama?
-Yo, Arándamo. Llevaba los frutos del bosque a la ciudad, pero me he perdido siguiendo a un pájaro que hace coac.
-Yo soy Verbena. Vengo de la ciudad, o más bien me escapo de ella y también me he perdido siguiendo a un pájaro que hace coac... Ah, pero tú eres aquel joven que un día me regaló un ramo de madreselvas y me parecía que era el bosque mismo que llegaba hasta mí para darme un mensaje... Escucha, ¿sabes
decirme dónde estamos? Había descendido por las raíces y ahora me encuentro como suspendida.
-No lo sé. Me había trepado por las ramas y ahora me encuentro como engullido en un laberinto...
Quería decirle, además: "Pero estando tú aquí, Verbena, lo mejor de la ciudad y del bosque están finalmente reunidos" pero le parecía un poco atrevido y no lo dijo.
Verbena quería decirle: "Tu sonrisa, Arándano, me hace pensar que donde tú estás el bosque pierde su aspecto selvático y la ciudad es más árida y despiadada". Pero no sabía si la habría entendido y dijo solamente:
-Pero, ¿cómo haces para estar abajo, si dices que estás sobre las ramas?
En efecto, Verbena veía a Arándano como hundido en un pozo... pero en el fondo de aquel pozo estaba el cielo.
-Y tú, ¿cómo haces para haber llegado tan alto, siempre descendiendo, mientras que yo no he hecho otra cosa que subir?
Arándano se puso a reflexionar, y agregó después:
-Pensándolo bien la solución no puede ser más que una.
-¿Cuál?
-Este bosque tiene las raíces arriba y las ramas abajo.
Y Verbena y Arándano comenzaron juntos a dar vueltas y contra-vueltas entre las ramas.
-Este es el arriba y aquél es el abajo... No, éste es el abajo y aquél es el arriba...
-Tienes razón -admitió Verbena-. Pero yo he descubierto otro secreto.
-Dímelo.
-¿Ves este árbol todo retorcido? Si giras alrededor de él en este sentido verás el bosque al revés, si giras en sentido contrario, el arriba y el abajo se trastornarán de nuevo.
Los dos jóvenes hablaban, hablaban, comunicándose sus descubrimientos, y no se daban cuenta de ser espiados por los ojos gélidos de la reina madrastra.
Ferdibunda fue rápidamente a advertirle a Curvaldo.
-La princesita ha escapado de la ciudad. Hay que impedirle que descubra nuestra conjura y que vaya al encuentro de su padre para advertirlo. Aquel joven guardabosque debe ser su cómplice. Debemos capturarlos.
Curvaldo mostró los dientes en una sonrisa que no prometía nada bueno.
-A ella la sepultaremos bajo las raíces. A él lo colgaremos de la rama más alta.
La reina estuvo inmediatamente de acuerdo.
-Mientras tanto yo me presentaré al rey para intentar detenerlo un poco.
Súbitamente Ferdibunda corrió al encuentro de Clodoveo.
-¡Mi real consorte, bienvenido!
-¿A quién veo? -exclamó el rey-. ¿Mi mujer, la reina Ferdibunda? ¿Qué haces aquí?
-¿Y adónde querrías que estuviese sino aquí, esperándote? ¿No es éste quizás nuestro palacio?
-¿Nuestro palacio? No veo más que un bosque todo espinas de las que no logro desenredarme... ¿Acaso tengo alucinaciones?
Y se dirigió al escudero para confirmar sus impresiones. El viejo Amalberto extendió los brazos y dobló hacia afuera el labio inferior, como alguien que no comprende nada.
-¿Cómo? -insistía Ferdibunda-. ¿No ves los pórticos, los escalones, los salones, los lampadarios, los cortinajes, los tapices, los terciopelos, los damasquinados, tu trono con almohadón de plumas sobre el que reposarás de las fatigas de la guerra?
El rey meneaba la cabeza.
-Yo no toco más que corteza húmeda, matas, musgo, palos... ¿Habré perdido la razón? Pero si este es el palacio, ¿dónde está mi hija Verbena?
-Ay de mí -dijo la reina- debo darte una noticia muy triste... Verbena...
-¿Qué dices? ¿Verbena...?
-Al pie de uno de estos árboles encontrarás su tumba. Busca entre las raíces.
- ¡No! ¡No puede ser! ¡Verbena! ¿Dónde estás? -y el rey se puso a buscarla, desesperado.
-¡Padre mío... estoy aquí! -gritó Verbena apareciendo en el extremo de una rama alta-. ¡Finalmente te he encontrado!
-¡Hija mía! ¡Entonces no estás muerta!... ¿Dónde estoy, dónde estamos?
-No hay tiempo que perder -le explicó Verbena- hay un pasaje secreto a través del cual las ramas más altas del bosque comunican con las raíces de la morera que crece en nuestro patio, bien al centro de la ciudad. ¡Sube!
¡Rápido! ¡Te salvarás de la conjura de la madrastra traidora y recuperarás el trono!
Y el rey, siguiendo a su hija, después de algunas vueltas hacia arriba y hacia abajo, desapareció detrás de ella en lo alto de las ramas, seguido de sus soldados.
Curvaldo, cuando vio al rey y su ejército treparse sobre los árboles, se quedó sorprendido; después se refregó las manos de alegría.
-¡Bien, se metieron en la trampa ellos mismos! Ahora no tienen más vía de escape! -y súbitamente se puso a dar órdenes a sus secuaces-. ¡Rodeen los árboles! ¡Los atraparemos como gatos! ¡O abatiremos los árboles para hacerlos caer! Pero ¿qué sucede?
Sobre las ramas no había ninguno. El rey y los soldados habían desaparecido todos, como si hubieran volado.
Curvaldo sintió que le tiraban de la manga. Era Arándano.
-¡Señor ministro, puedo enseñarle un pasaje secreto para llegar a la ciudad!
Para Curvaldo fue como si hubiese visto un fantasma.
-¿Qué haces tú aquí? ¿No te había colgado de la rama más alta?
-La rama más alta era en realidad la raíz más baja. Y un pájaro me liberó de las cuerdas a golpes de pico.
-No entiendo más nada. ¿Dónde está ese pasaje secreto? ¡Debo ocupar la ciudad lo más rápidamente posible, antes que el rey...! ¡Fieles míos, síganme! ¡Y tú también, reina!
Y Arándano:
-Sigan las raíces hasta el final, donde más se adelgazan...
Creyendo seguir una raíz hasta sus extremos, Curvaldo y Ferdibunda se encontraron sobre la punta de una rama.
-Pero esto no es un pasaje subterráneo... Estamos en el vacío... ¡La rama cede, me caigo, ayúdenme!
Cayéndose, tuvieron tiempo de ver el pájaro que revoloteaba en torno.
-Coac... Coac...
Mientras tanto, en la sala del palacio, el rey Clodoveo festejaba su propio retorno al trono.
-Hija mía, tú y este bravo joven me han salvado.
Pero Arándano tenía un semblante triste.
-No sabía que eras la hija del rey. ¡Ahora deberé dejarte!
-Padre mío -dijo Verbena al rey- ¿quieres que el encantamiento que aprisiona la ciudad y el bosque termine?
-Claro: estoy viejo y he sufrido mucho.
-Arándano y yo queremos casarnos y unir ciudad y bosque en un solo reino.
-La corona me pesa -dijo el rey- y estaba pensando precisamente en abdicar. Verbena dio un salto de alegría.
-¡De ahora en adelante la ciudad y el bosque no serán más enemigos! Arándano saltó todavía mas alto.
-¡Pongamos banderas y festones por la gran fiesta sobre todas las ramas!
-¡Pero si ésta es una raíz!
-¡Es una rama!
-¡Es una raíz!
-¡Es una rama...!

*Fuente:Ciudad Seva.
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/calvino/bosque.htm

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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21/07/2008 GMT 1

¿ES EL MISMO ESTE CIELO?

urbanopowell @ 15:46

Pacifista*

Siempre habíamos sido pacifistas. Ni matar pájaros, ni pegarse en el colegio. ¡No a la guerra! ¡No a la violencia!

- Tenemos que conseguir un mundo sin violencia cueste lo que cueste - decía papá.

Nuestro padre nos había educado para ello con una disciplina férrea. Aún recuerdo cuando habíamos transgredido las reglas y nos bajaba al sótano para zurrarnos con aquel látigo. No a la violencia - gritaba, mientras golpeaba y si el pecado había sido mayor, usaba el cuchillo. Y funciona, vaya si funciona, y sino, que se lo digan a las cicatrices de mi espalda.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

¿ES EL MISMO ESTE CIELO?

*

Lluviosamente solo.

En el rincón
de
lo perdido,
Homero Manzi
escribió
su
último poema.

¿Es el mismo
este cielo?

Los
caserones
de la calle Castro Barros
son
guarida y refugio
de
las novias-duende.

*de Carlos Cuccaro carloscuccaro68@yahoo.com.ar

Amiga del viento*

Estas cuando aparece
La brisa o la tormenta
Hemos pasado tiempos
Difíciles de separaciones
Y angustias y dolores
Siempre trajiste a mi ser
Compañía esperanza
Y sobre todo claridad.
El espejo de la vitalidad
Es tu fiel reflejo
Pero el viento, amiga
Te lleva y a veces te necesito
Más conmigo.

Para Ro. 20 de julio de 2008.-

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

EL CUENTO FANTÁSTICO*

*de ROBERTO FONTANARROSA

Jan Prokopvich Chliapnikov, si bien no puede considerarse como uno de los padres del cuento fantástico, ha sido catalogado por la crítica como un indicadísimo tutor o apoderado.
Esta calificación puede provenir, también, de que se hallaron en su poder algunos manuscritos de Isaac Asimov, de quien Chliapnikov fue admirador confeso y convicto.
Su acceso a la literatura resultó abrupto, pues sus comienzos se registran cercanos a la vocación por la pintura. En este rubro su primer obra aún se conserva en la ciudad de Klaipeda, junto al Báltico, donde Chliapnikov transcurrió su infancia: un enorme mural que cubre íntegramente una de las paredes del que fue humilde hogar de sus padres, operarios ambos de una hilandería.
El mural está trabajado con pintura al aceite, tempera, carbón, esmalte sintético, betún de lejía, jugos cítricos y toques de salsa tártara.
Chliapnikov lo hizo cuando tenía tan sólo cinco años y el crítico de arte moscovita Vassili Teodorovich aún recuerda: "Jamás olvidaré ese cuadro. Nunca he visto pegarle tanto a una criatura".
Las excusas que tras su recuperación expuso el pequeño Chliapnikov ante sus padres (les dijo que se trataba de antiquísimas pinturas rupestres) lo alendaron a adentrarse en la literatura fantástica.
El texto que reproducimos a continuación es el primer capítulo de su libro: Joshep, que envejecía, clara muestra de su dominio del género y una aguda reflexión sobre la armonía del Universo.

Joshep, que envejecía.

Una mañana como cualquiera, Joshep se miró en el espejo y comprobó algo que detuvo su respiración: estaba cambiando de color.
En su patilla derecha, que descendía bordeando moderadamente la oreja, y entre el matorral de su cabello grueso y oscuro, había un pelo blanco.
Tal descubrimiento lo llenó de pavor. Tomó el pelo entre sus dedos y lo apartó del resto. No había duda posible. El pelo era suyo y el color blanco no respondía a una mancha de pintura. Era, simplemente, un pelo que había trasmutado su originario color negro por el blanco.
Joshep no quiso cortarlo. Pero lo ocultó bajo los otros cabellos. No convendría contarle el hallazgo a Nadiuska. Sería, tal vez, alarmarla inútilmente.
Joshep se sentó en el inodoro y allí reflexionó. Quizás el problema no iba más allá de eso. Pero tampoco podía descartarse la posibilidad de que aquello fuese el comienzo de un cambio de coloración en toda su persona. Tal vez paulatinamente el cuerpo de Joshep iría variando su matiz, transformándose el tono de la piel, de los ojos, de los dientes, de las uñas, luego de que hubiese variado el color de su cabello.
Joshep sopesó la posibilidad de que su trabajo hubiese traído aparejada aquella transformación. Desde hacía diez años se la pasaba durante ocho horas diarias estudiando la conducta social de las amebas y nunca se había detenido a pensar en que aquello podría acarrearle trastornos físicos.
Salió del baño, desayunó con Nadiuska y tuvo un día normal.
Al día siguiente fue a lo del médico. Le dijo que su visita no tenía ningún motivo en particular. Que, simplemente, considerando su edad, había estimado prudente someterse a una revisación general. Dos horas duró el chequeo, tras el cual el médico felicitó a Joshep: se hallaba en perfecto estado.
Joshep había mantenido una obsesiva observación sobre el médico en tanto duró el examen, analizando sus reacciones y catalogando sus gestos y palabras. No obstante, no percibió nada extraño, nada sospechoso en el comportamiento del facultativo. Este, por otra parte, en ningún momento hizo mención al cabello blanco ni tampoco Joshep le preguntó nada al respecto.
Por lo tanto, Joshep salió bastante reconfortado, algo más tranquilo, sin el desasosiego con el que había llegado a la consulta.
Pero tiempo después, en su matinal enfrentamiento con el espejo del baño a los efectos de rasurarse, Joshep dio con dos nuevas anomalías: un nuevo pelo blanco en las inmediaciones del anterior y una profunda estría en el extremo externo del ojo izquierdo. Debió aferrarse fuertemente al lavabo dado que sus piernas se estremecieron. Le parecía mentira que no hubiese visto antes esa arruga. Una arruga no florece en una noche. También le sorprendía la asimetría del asunto, porque el ojo derecho no vislumbraba modificación alguna. Pero había cierta lógica: el ojo izquierdo era el que comúnmente cerraba al trabajar en el microscopio. Sin embargo, aquello era grave: en su piel se había impreso un gesto, se había recepcionado una marca. Había una sola explicación al fenómeno: en su cuerpo, dentro de su cuerpo, se estaba generando algo feroz y maligno. Aquellos eran los primeros síntomas de algo, quizás, definitivo. Tampoco esta vez dijo nada a Nadiuska. Pero optó por visitar a otro médico.
No debía ser muy confiable el primero al que había acudido si no había podido detectar aquella enfermedad que le roía las entrañas. ¿O la había detectado? ¿O la había detectado y no se lo había dicho?.
Optó por no repetir el error y eligió un nuevo profesional.
El clínico lo sometió a una prolija y exhaustiva revisación, tras lo cual, hizo un gesto aprobatorio con la cabeza y dio unas palmadas en la espalda de Joshep.
—Está usted muy bien, amigo —le dijo.
Pero aquello no conformó a Joshep. O bien todos los médicos eran unos incapaces o aquello se trataba de una confabulación para no revelarle un secreto espantoso. No vaciló, entonces. Con manos temblorosas rebuscó en su patilla derecha y mostró al médico los dos cabellos blancos.
—¿Y esto, doctor? —preguntó, desafiante. El hombre sonrió.
—Es el tiempo —dijo, sin dejar de acomodar sus papeles.
Joshep se marchó, confuso. Pero llegó a la conclusión de que, tal vez, se estaba torturando inútilmente con ideas pesimistas. Procuraría olvidar y abocarse de lleno a su trabajo.
No obstante, no pudo evitar el hecho de vigilar cada gesto, cada detalle mínimo del comportamiento de Nadiuska. Pero ella se veía jovial y animosa como siempre. Eso ayudó a Joshep a olvidar un tanto su angustia.
Hasta una tarde, en su laboratorio, cuando Joshep reparó imprevistamente en su mano derecha. Estaba haciendo anotaciones en un cuaderno, cuando sus ojos, sin quererlo, repararon en el dorso de su mano diestra. Fue para Joshep lo mismo que hallarse, de repente, frente a una araña peligrosa. Soltó el lápiz y agitó el brazo por el aire, como intentando que esa mano se desprendiese del cuerpo. Tardó unos segundos antes de comprender que aquella extremidad era su propia mano. Corrió a encerrarse en el baño, empapado en transpiración, y ante la sorpresa de Igor, su ayudante. Allí, en el pequeño recinto, atrapó la muñeca de su mano derecha con la izquierda y la puso frente a sus ojos, por el dorso. Vio, con horror, una piel ajada y con protuberancias. Unos dedos nudosos y faltos de flexibilidad. Algunas pequeñas manchas oscuras, el relieve nítido de las venas y los músculos endurecidos. Adivinó, también, la estructura ósea que moraba allí abajo, como puede adivinarse la sombra estremecedora de un pez maligno que se acerca a la superficie del agua. Soltó su brazo derecho y observó entonces el dorso de su mano izquierda. El mismo paisaje se mostró ante sus ojos.
Debió permanecer quince minutos en el pequeño baño antes de restablecerse, apoyado sobre los fríos azulejos de una de las paredes. Salió, aniquilado. Los síntomas eran inequívocos. Y nadie había podido detectarlos. Al parecer se trataba de una afección que no se manifestaba a los ojos de los demás. Un mal que incluía la tortura de ser sólo percibido por el sufriente.
Cuando llegó a su casa y notó el cansancio que le producía el simple acto de subir por la escalera, comprendió que no le diría nada a Nadiuska.
Después de todo, el proceso, si bien era inflexible, no era veloz. Entonces ¿para qué preocuparla?

Nota del Editor —Este cuento de Jan Prokopvich Chliapnikov fue, en cierta forma, una premonición sobre su propia vida. El galardonado escritor soviético murió también a los 83 años, víctima de una enfermedad desconocida.

*Incluido en NO SE SI HE SIDO CLARO Y OTROS CUENTOS
EDICIONES DE LA FLOR. 1985

HOY ME VESTIRÉ DE SOL*

Hoy, me vestiré de sol.

Pondré delfines en mi oceánica boca.
Beberé agua de la piedra.
Escucharé mis voces de madera garganta.
Orinaré de pié
Me bañare desnuda en el río Cefiso
Romperé la escarcha de los sueños.
Me hartaré de verde.
Miraré el espejo de mi lengua.
No esperaré.
Levitaré en soledad por el laberinto de mis huesos.
Seré araña topo gato murciélago lombriz.
Me pondré en el ombligo un tallo de narciso.

Hoy, me vestiré de sol.

*De Amelia Arellano. amelia.arellano@yahoo.com.ar

"COSECHARÁS TU SIEMBRA"*

La violencia se instala en toda la escala zoológica, a partir del crecimiento de las facultades que generan el desarrollo de la vida, y en la unidad humana, es el elemento vital para convivir ya sea en solitario o
grupal, desde las más primitivas organizaciones tribales a las más modernas civilizaciones, aún en aquellas favorecidas por los sentimientos religiosos más humanistas.
La condición humana hace que los físicamente más fuertes, cuya formación mental se desarrolló en marcos de violencia de cualquier tipo, son los seres más violentos y cobardes, porque sus sentimientos de rebeldía se han transformado en resentimientos mezquinos.
En todos los sistemas sociales, ya sean primitivos, bíblicos, paganos, fundamentalistas u occidentales y cristianos, el sentido conservador tiene dos caminos, o el de la "pasividad de los mansos frente a las agresiones de cualquier signo" que también es una forma de violencia, o la agresividad manifiesta disfrazada de caricia, que el "Sistema" con hipocresía, admira como legítimo. Por lo tanto lo más a mano para descargar el "machismo socialmente aceptado" es la mujer más cercana en la vida cotidiana, que tan pronto puede ser amada y glorificada y un momento después maldecida y golpeada.
Por eso el hombre golpeador y la mujer colaboracionista, son la manifiesta consecuencia de la violencia, que los límites del orden instalan en la formación de seres, cuando el inicio de sus vidas estuvo signado por el mal trato, y no me refiero solo a los sectores marginados.
Porque el hombre que maltrata a mujeres y niños, que viola, o los encadenan, o los golpea a veces hasta la muerte, no solo está maltratando a esas mujeres y niños, sobretodo está golpeando y violando una sociedad, que fue la creadora de ese humanoide, en el que se refleja, como en el retrato de Dorían Grey, lo más asqueroso del sistema social. Entonces la sociedad toda, hasta los que lo pueden estar haciendo en este momento, llorarán sinceras lágrimas momentáneas, y odiaran a los malditos y los castigarán con saña, y se rasgarán las vestiduras, mientras el hecho se mantenga en la primera plana de la prensa o hasta que otro hecho trágico ocupe su lugar, o como veleta corra tras el suicidio, casamiento o declaración pública de su homo sexualidad de alguna escandalosa estrella de la farándula, pero en realidad, aunque su hipocresía no se lo deje ver, el "Sistema" se está enjuiciando a sí mismo.
Pienso que de todas maneras hay que seguir por los que todavía no han llegado al punto final de su degradación, pero el lado positivo de la organización social debe tratar de salvarlos, sincerándose y asumiendo sus lacras. Solo así podremos desterrar del conjunto comunitario lo más aberrante de las conductas de la condición humana.
La violencia comienza a formar parte de la unidad humana en la más tierna infancia, cuando se pretende manejar las conductas del infante con la cultura del miedo, usando las promesas de castigo más o menos encubiertos.
"Si no te portas bien viene el Cuco y...", " si no te duermes pronto... ", tal cosa, "si no tomas la sopa..." tal otra, "en la oscuridad está el maligno", podrás ser castigado, por las autoridades reales o imaginarias, Dioses, leyes, etc. etc. por hacer o no hacer tales y cuales cosas.
En las tiernas mentes se formaban distintas imágenes del "cuco" y de toda la galería de "malignos", que podían ser monstruos espantosos y agresivos, capaces de lastimarnos o matarnos, lo que abría en nuestras mentes un espacio donde almacenar los miedos, que de allí en adelante nos acompañaran
hasta el fin de nuestros días.
Se trataba de imponer la obediencia y las "buenas conductas" con la ayuda de brujas, ogros, madrastras, demonios y otras estupideces propias de las debilidades de épocas no muy lejanas, y que hoy enormes masas de personas mayores en todo el mundo cargan con esas desnaturalizadas formaciones, que en muchos casos aún las están trasmitiendo.
Las penitencias, los golpes, los gritos y la imposición de la disciplina por medio de castigos, ya sean físicos, psicológicos o morales crean niños temerosos y el temor es el generador de las violencias más brutales.
Las normas en sus más diversas formas de imponerlas, ya sean brutales, sutiles, o sociales reguladores del ordenamiento de los derechos y deberes, para hacer de la convivencia algo más o menos llevadero, solo se puede resolver a través de castigos, o premios, como formas de afirmar el equilibrio de las conductas sociales, pero también puede ser de muy justo proceder, el no premiar el cumplimiento de deberes y obligaciones, pero sí castigar el incumplimiento.
Generalmente se cree que la imagen del violento impone cierto respeto, o por lo menos desalienta en otros, cualquier intención de enfrentamiento, porque es bien sabido que usando el sentido común se evita conflictos innecesarios, porque siempre en un "super macho" se esconde a un necio.
Porque los violentos son personas incapaces de manejar conductas que no impongan temores, por eso al mediocre, porque el violento siempre es un mediocre, la cultura de la imagen de "malo" le hace creer que jerarquiza su persona, porque la pasividad de los "buenos" se los facilita y les hace creer que es legítimo como medio de llegar a sus objetivos.
La violencia ciudadana es palpable en la calle, en el ómnibus, en el cine, en la televisión y salvo honrosas excepciones, el conductor de cualquier vehículo en un instante, puede transformarse en un violento.
También en cualquier oficina pública si no se tiene un amigo, y siempre que se vaya a hacer uso de un servicio al que se tiene derecho, es probable que se reciba un trato que despertará pequeñas molestias que por repetidas activan reacciones incómodas, porque el ejemplar que debe atender con
corrección, está resentido por el bajo sueldo y los problemas económicos, por tantas y tantas postergaciones, porque tiene problemas con su pareja, y/o con su familia, porque tiene frustraciones sexuales y sus aspiraciones vivénciales no tienen adecuadas repuestas.
La violencia está establecida en todos los "No" y en las obligaciones adquiridas que de no cumplirse generarán sanciones. Los límites cuando no se ajustan a justicia pueden llegar a ser muy violentos y las humillaciones, ya de por sí violentas, generan en las víctimas, reacciones aún más violentas.
La violencia física y primaria, a veces es menos cruel, que la violencia de la ostentación arrogante de los bienes de quienes poseen poderes económicos, físicos, intelectuales o jerárquicos, aunque no los usen para el sometimiento, son por lo menos la parte inmoral de la violencia intangible y que para conservar su existir, se deben proteger con adecuadas medidas, porque la seguridad no es otra cosa que el derecho, ante cualquier desajuste, de responder con algunas de las variadas formas de violencias, según el caso y las circunstancias.
Esto plantea una gran interrogante:
¿Puede ser que el respeto a los derechos de las personas y de los pueblos, de la dignidad y la justicia social, siempre tengan que exigirse con amenazas de violencia.?
Y la repuesta aparece ya en los más primitivos grupos tribales, cuya primera tarea era formar grupos de defensa que a través de los siglos y siglos ha evolucionado hasta llegar a las civilizaciones más avanzadas donde se destinan el porcentaje más importantes de sus recursos a la formación y el
mantenimiento de los más formidables ejércitos, que cuando no tienen de que defenderse, no encuentran mejor acción que atacar o invadir en nombre de cualquier filosofía hueca.
Los millones de guerras, pequeñas o gigantescas en todo el planeta, desde que el hombre se afincó en él, son el testimonio viviente de que la violencia es la herramienta de más fácil acceso, primitiva o moderna, para corregir injusticias y crear otras, para buscar justificaciones para las formas de hacer respetar los "derechos" de unos y la concreción de ambiciones legítimas y también de las ilegítimas, pero a pesar de que los resultados siempre fueron negativos para todas las partes, no se ha podido encontrar formas, aunque se hayan ensayado millones, que zanjen las diferencias sin recurrir al doloroso método de agresiones y defensas.
Es una utopía pensar que se puede eliminar del hombre la violencia, nunca se podrá porque ella está instalada en naturaleza humana y por donde el hombre camine siempre va sembrando y recibiendo agresiones, tanto de la regulación de la convivencia social y familiar, como de los elementos naturales, de los animales, de la tierra misma, y también del tiempo que al pasar le deteriora y envejece los órganos vitales, la psiquis, la mente y el espíritu.
El cansancio de todo, hace al hombre más agresivo de lo que por naturaleza ya es, y cuando no puede alcanzar en tiempo y forma las metas propuestas, se acentúan los desajustes de los mecanismos que manejan las conductas, y por lo tanto se torna difícil su control y en consecuencia como es natural, las
emisiones de cualquier índole tienen efecto espejo, pero sucede que cuando alcanza las metas propuestas, para conservarlas y/o acrecentarlas debe usar la violencia para defenderlas del acecho de los menos afortunados.
En esto de la violencia hay un axioma y un teorema, el axioma es que la violencia existe y no es necesario demostrarlo, y un teorema que dice que sí, que se puede disminuir lo exacerbado de la agresividad, porque por ejemplo, no cabe en ninguna lógica que cuando el hombre va a divertirse, es cuando se torna más agresivo y violento, lo que le impide concretar el objetivo, que era ser feliz, ya sea en un baile, en un partido de fútbol, o en cualquier clase de festejo, y vaya a saber porque extraña fusión química,
la emoción del gozo enciende la luz de la alerta como que hay que defenderse de la alegría de los demás.
Borges decía que: "El hombre goza más con el fracaso de los demás que con el triunfo propio", y Oscar Wilde sarcásticamente decía que: "La violencia del hombre llega a tal punto que no le basta con ser feliz, es necesario también ver que los demás son desgraciados".
En el lado oscuro del corazón viven estas mezquindades, que cuando el hombre pierde el control de su equilibrio emocional, salen en tropel difícil de controlar, porque la violencia ha entrado en nuestras vidas y en el hogar desde la más tierna infancia con los informativos, los titulares de prensa, cine y sobre todo con la televisión, el fútbol y casi todos los divertimentos, inclusos en los cuentos infantiles, como Blanca Nieves, Caperucita, Hansel y Gretel, Pulgarcito, etc. etc. .
La violencia es la vedette estrella de la TV y de la "Gran Prensa" genera estupenda ventas de diarios y el "reitin" favorece la venta de publicidad, porque la violencia que los diversos informativos nos dicen de las matanzas entre Judíos y Palestinos, entre yanquis e Irakíes, los Haitianos y los africanos que mueren como moscas, de hambre, de enfermedades y sobre todo por la ayuda del "Imperio", que les envía armas en vez de alimentos y medicinas con la bendición de las Naciones Unidas, y además de todos los condenados de la tierra ya sea por hambre, guerras o desastres naturales, que nuestros informativitas dicen con acento de falsos pesares.
Mientras haya noticias conmovedoras de los desastres mundiales, y "productores", escritores y "genios" del espectáculo, que dirijan a modelos y "artistas" escandalosas mostradoras de culos y digan estupideces, porque su mente es muy pequeña con relación a sus culos y tetas, la vida social de la ciudad seguirá embruteciéndose, aunque los predicadores de todas las iglesias, aúllen repitiendo el utópico eslogan de "Paz y Pan para el Amor".

*de Gabriel Segovia lebriga32@hotmail.com

De Jaulas y peceras*

Hay mediooo millóon de pesoooss, Pregona Susana Giménez que ya esta en su temporada de cosecha anual. Esta discando, hay gente que espera el resultado de su lotería televisiva.

¿La casa es honesta? Le deberían preguntar como a Humphrey en Casablanca.

Pero no, parece que no tiene sentido cuestionar a la TV, ni a sus "productos".

Quisiera escribir. Pero no, no me sale.

Debe ser esa angustia antigua que no se relaciona bien con el mundo que resuelve afuera, -en otro lado- las cosas con cultura de inmediatez.

¿Es más terrible ver la televisión ó caminar viendo las imágenes del barrio en el que vivo?

Ver, por ejemplo, a los viejos sentados del otro lado de las rejas, toman fresco enrejados.

Del otro lado de la reja se murió días atrás un viejo gallego que en sus años de hombre fuerte hacia la quinta en el terreno de al lado, antes de que fuera una casa, cuando había un alambrado de mi casa a la quinta. Allí estaba, cerrado y sin ayuda, muriendo solito, sentado en una silla, adentro de esa jaula del miedo que son hoy las casas de la gente.

O, es mi madre llegando de los mandados de la mañana con historias de la gente a la que encuentra en el camino al mercadito. Una cuadra de ida y vuelta. Esta quien se va a Italia con hija y nietos. O, quien sale todas las mañanas a hacer mandados para sus vecinos a cambio de monedas.

O esa abuela flaquita de casi 80 años que hace un rato toco el timbre con un chango cargado de detergente, lavandina y productos de limpieza y recorre casa por casa tratando de vender algo para comer. Hay mucha desesperación más allá del sillón donde sienta las asentaderas de gente exitosa.

Allí esta Susana en su jaula de oro o de cristal. Ella no toca timbres para vender y ganarse un bocado de pan en la mesa. No, la esperan sentados al lado del teléfono, viendo a perros de los famosos en el laberinto. Grandes peceras de cristal con blancas cartas esperan su mano mágica de azar.

-Del año 2005-

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

Correo:

abremate-Universidad de Lanús: Se descubrió la mentira?*

¿Recuerdan? Seis docentes despedidos de la Universidad Nacional de Lanús por la Rectora Ana María Jaramillo, tras denunciar que el Director del Museo abremate, Carlos Alberto Petignat, se apropiaba ilegalmente de dineros públicos. Como consecuencia, a partir de fines de 2005, la UNLa se vio obligada a iniciar una investigación que pese a los intentos por ocultar y tergiversar los hechos, puso en evidencia una serie de irregularidades. Por nuestra parte, remitimos cartas y documentación al entonces Presidente de la Nación Néstor Kirchner, al Ministro de Educación Daniel Filmus, a la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, a la Fiscalía de Investigaciones Tributarias. Enviamos y recibimos cientos de correos electrónicos y fuimos a los medios (aunque sin resultados en los grandes).

¿Pero cuál es la gran novedad en este momento?
A fines del 2006 la Dirección de Asuntos Jurídicos de la UNLa, nos citó a ratificar la denuncia. En nuestra presentación, y asesorados por el Dr. León "Toto" Zimerman, pretendimos entregar un escrito ampliatorio de dicha denuncia, pero en la UNLa nos esperaban con un interrogatorio que era parte
de un dispositivo de intimidación vergonzante. En esas condiciones, nos negamos a participar de esa farsa, y como resultado, un triste mandadero de las autoridades, el abogado Gabriel Talco, presentó en una Fiscalía de Lomas de Zamora una denuncia contra uno de nosotros, el profesor Ladislao Roth, a
quien acusó de "impedir que un Funcionario Público cumpla con sus funciones" (Art. 241, Inc. b del Codigo Penal). Con las declaraciones posteriores del testigo, profesor Carlos Trapani, y del propio acusado, quedó claramente demostrada la maniobra de la UNLa tendiente a invertir los términos de la
denuncia, esto es, desviar el eje de la investigación de la malversacion de fondos y acusar a los denunciantes.
En el mes de Mayo del corriente año el Profesor Ladislao Roth fue sobreseído en esta causa por el Juez Ferreiro Pella del Juzgado Federal Nº2 de Lomas de Zamora. En virtud de las nuevas pruebas aportadas, hoy la Fiscal Subrogante Elizabeth Karina López, de la Fiscalía Nº1 de Lomas de Zamora, tiene en sus manos la posibilidad de iniciar una nueva causa, ahora sí contra la UNLa, por Malversación de Fondos Públicos.
Hasta acá, una primera victoria: ¡demostramos ante la Justicia que las autoridades de la UNLa mienten! Una gran satisfacción para este grupo de docentes que se resistieron a ser cómplices de una de las tantas estafas al Estado, en este caso, en el ámbito de una Universidad Pública. Un grupo de docentes que está convencido de que el Sistema Educativo Estatal, prestigioso en otras épocas, debe estar nuevamente al servicio de la sociedad y no de los negociados de funcionarios inescrupulosos.

Y ahora ¿Cómo seguimos?
En principio, les agradecemos a todos los que colaboraron con nosotros y una vez más les solicitamos -hoy con más fuerzas que nunca- que reenvíen este correo a sus contactos, a los medios, a las organizaciones que consideren pertinentes, y que se mantengan en contacto con nosotros porque esto aún no ha terminado.
Vamos a insistir en que se realice una investigación profunda de nuestras denuncias y que las acciones de Carlos Petignat y sus cómplices (los cuales siguen todos en la UNLa) sean juzgadas. Sabemos que no será fácil, pero es lo que corresponde y es la única manera de que el actual estado de sospecha, a partir de los evidentes abusos e irregularidades cometidos en la UNLa, se resuelva definitivamente. Y por qué no, que sirva como ejemplo para tantos otros organismos donde estos mismos mecanismos perversos vienen
repitiéndose.

Un afectuoso saludo,
*Orientadores de abremate

PD: Para comunicarse con nosotros cuentan con los siguientes correos electrónicos:
orientadores_de_abremate@yahoo.com.ar
ladiroth@hotmail.com
carlosdelanus@yahoo.com.ar
o al teléfono: 011-4225-1727 (profesor Ladislao Roth)

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 20 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores Cesar Guerra Peixe, Marta García Renart, Carlos A Vázquez und Mariza Rezende. Las poesías que leeremos pertenecen a Jorge Mendoza Castaño
(Colombia) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes).

¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at

(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
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19/07/2008 GMT 1

UN HIMNO DE PROMESAS...

urbanopowell @ 13:01

El gran amor*

Se apoyaba en un bastón para ayudarse caminar. Iba al parque cada mañana a tomar el sol y se entretenía viendo a los jubilados jugando a la petanca. Él nunca había participado en estos juegos porque no los entendía. Además él no era un jubilado. Él era un anciano y olvidaba las cosas. Si hubiera querido jugar a aquel juego le hubieran tenido que explicar las reglas cada mañana.

Con el tiempo no recordaba donde trabajó. Había olvidado quién era su familia, qué había hecho en su vida, tantas cosas… Pero siempre había recordado su primer amor.

Hoy era un día tremendamente triste: Después de tanto tiempo no recordaba quien fue ese gran amor. Hoy, seguramente, se quedaría en el parque.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

UN HIMNO DE PROMESAS...

Cuando los pájaros ...*

He visto tu mirada vagar sobre las cosas,
acariciarlas con tu andar.

He sentido tu vehemencia al ordenar tus ideas
y he visto tus pasos leves ir hacia la mar.

He oído tu voz airada y dulce
Jugando a la vida con temor y decisión.

He percibido tus caídas y zozobras
Tus fortalezas y ternura para seguir estando.

He visto, he sentido, he oído tu presencia
tu aroma de mujer bordando mi hacer.

Y cuando los pájaros inauguran el día
tú estás allí para hacerlo posible.

*De Oscar Cacho Agú. cachoagu@yahoo.com.ar

Grillito de la suerte*

Anoche te vi
Tuve que sacarte de la
Habitación
Con el escobillón
Quería cuidarte
No lastimarte
Aunque seas negrito
Y asustes a los más chiquitos.

Cantas cuando los sueños
Se hacen realidad
En mi planta, en mi palmera
Aun en invierno y
No te importe el frío
Siento tus antenas
Y tus deseos de encantar

Grillito de smoking oscuro
Con tu pequeña grandeza
Haces de la esperanza
Un himno de promesas.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Limosna*

Danzaba pecosa
sobre la avenida,
bajo luces de neón
y aromos susurrantes.
Entre sus pies descalzos
un río de pétalos amarillos
hormigueaban hacia la alcantarilla.

Entre pirueta y sonrisa cansada
su pequeña mano extendida,
recibió inmutable
el denario de oropel.
La moneda fue un trofeo
a su bella simpatía
y yo, sufrí por ello.

*

Hay sociedades en este mundo, como el Nepal, que para sobrevivir a su miseria, convierten en esclavos a sus hijos pequeños y mutilan a sus hijas para que la compasión, la pena y el horror, incremente la limosna del turista.
Nosotros, queriéndonos sumar al primer mundo, no hacemos eso. Estamos tan alineados con la idea de lo bello y lo estético que el horror y la fealdad, nos hace apartarnos de nuestros chicos de la calle y solo nos conmovemos cuando la mano extendida esta coronada por una simpática y bella carita. Tal vez, no queramos reconocerlo, pero la verdad es que interiormente, seguro pensamos que si el niño es bello no debería estar en la calle. Y, con la misma indiferencia que esos padres nepaleses, pero con un invertido criterio estético, nosotros ponderamos las necesidades de los pobres según su apariencia.
Algún día todos los hombres del mundo seremos iguales.....?????

*De Silvia. azulx2006@yahoo.com.ar

Retazos*

*Por Jorge Isaías, jisaias46@yahoo.com.ar

A veces pienso que no soy yo quien estos versos escribe, quien estampa estos recuerdos.
Repaso la parva defectuosa de letras muertas, y veo, nítido a mi padre merodeando muy orondo por sus bordes. Porque entre la memoria mía de la infancia, emerge su humor propio -que era escaso- en pleno almuerzo. Allí desgranaba sus historias. Las de sus viajes de obrero golondrina y las del propio pueblo, imantadas éstas a mi interés de testigo casi directo, muchas veces.
Veo por ejemplo, en un caldeado mediodía de verano, cruzar una calle ancha, llena de polvo, de mariposas y chillidos de cigarras al sombrero de corcho de don Pedro Gaffuri. Lo veo cruzar, ágil a don Pedro, en un casi esguince como de paso de tango, como si fuera a hacer un corte, como si estuviera no de bigotuda alpargata, sino de brilloso botín negro, bailando "Felicia", en el parquet bien lustrado del viejo cine La Perla, que hacía de salón de baile en los inviernos. Allí nos llevaban nuestros padres.
Allí vi a Troilo, a Basso con Floreal y al negro Belussi, crédito del pueblo.
Eran unos hermosos bailes populares los que se armaban. Nunca supe a qué hora terminaban, porque nos íbamos durmiendo de a uno en las faldas de las abuelas o simplemente en las butacas que rodeaban la pista. Caíamos como frutas maduras, sin ruido, firmemente.
Habíamos corrido entre las parejas que se sacaban por un rato el peso del cansancio de las "juntadas", en ese baile donde se amontonaban la ilusión y el deseo, al ritmo de un bandoneón alisador de tristuras.
Si alguna vez quedé último para ese sueño inevitable, observé fascinado el ritmo que esos cuerpos abrazados llevaban dibujando las más bellas figuras.
Lo veo a Milanesa Camino, con su pelo azotado por la gomina brillosa, el bigotito fino, el además compadrón de seductor frustrado. O al gringo Teti, saltando como si desclavara tachuelas del piso, al loco Cicconi, enamorado siempre, o a Cacho Cavallín, punteando incansable hacia la pista, en especial con la "música sincopada", como se le decía -creo recordar- a los ritmos más modernos, por entonces.
Son recuerdos. Es el lienzo reseco, golpeado por el viento de los años. Y yo qué sé si de veras he escrito mis versos. A veces pienso que si no fuera por la feroz memoria de mi padre, por esa minuciosa prolijidad visual de anécdotas y nombres, yo no hubiera sido el poeta de mi pueblo.
Dicen que el Flaco Naly tenía algunos sonetos escritos y que los iba publicando en un periódico que él mismo dirigía, además de escribir íntegro, imprimirlo y venderlo mano a mano. Como los viejos anarquistas era anticlerical, moralista, pero mi padre dice que nunca habló de la destrucción del Estado. En todo caso habrá creído, -fabulo- en el regreso al buen salvaje Rousseau. Lo cierto es que el Flaco Naly con gran énfasis acometía diversas ramas del arte. Pintaba, escribía, esculpía, tallaba madera y me cuentan que era un músico eximio y practicaba también algunos deportes.
Tenía, tal vez, el ideal griego tan famoso del cuerpo y la mente sanos, a través del intenso cultivo de ambos, sin privilegiar necesariamente una actividad sobre otra. Esa sería la meta del hombre.
De su academia de dibujo y pintura salió una vez con una adolescente, que era -dicen- además de muy bella, su mejor alumna. Nunca más se los vio por el pueblo.
Mi padre siempre ha comentado que el ideal griego era su obsesión, y que elevó un proyecto -desestimado- a la autoridad comunal para que en cada esquina se reprodujeran estatuas de la vasta mitología helena. Fue un incomprendido, como tantos, y un clásico, sin lugar a dudas.
Releo estas propuestas rengas y cada vez me convenzo más de la deuda que tengo con mi padre, antiguo vecino del pueblo. Porque estoy creyendo que estos retazos no me pertenecen, y que en realidad mi tarea es mucho menor que la que mis propios coterráneos me adjudican: quien reinventa todas las
historias es mi padre, yo, apenas las voy humildemente apuntando.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14388-2008-07-18.html

Frankenstein*

*Martín Caparrós
18.07.2008

No se enfrentaban a nadie. Hace cuatro meses, cuando empezó este baile, sus peores enemigos eran la inflación, las sospechas de corrupción, el INDEC, la posibilidad de que, si acaso, a Macri no le fuera tan mal, o sea: no tenían enemigos. Sin embargo, empezaron a hablar como si los tuvieran –y todo parecía tan extraño. Hasta que consiguieron producirlos.

“Si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales”, dice el teorema de Thomas, un sociólogo americano que trató de sintetizar la idea de profecía autocumplida. Digo: la mayoría de los argentinos estamos a favor de las retenciones a las exportaciones de materia prima –agropecuaria, petrolera, minera. O, por lo menos, hasta el 11 de marzo, muy pocos estaban en contra. Ni siquiera los más feroces camperos discutían su existencia. Y después discutieron su monto –con perdón–: sólo su monto.

Por eso no creo que el tema de estos días sean esas retenciones, algunos puntos más o menos: lo que se discute, ahora, es el resultado de una de las series de errores políticos más notables de la historia argentina reciente.

Primero fue esa resolución 125 llena de errores técnicos y fundada en el peor error político: no diferenciar a grandes y chicos y empujar a las rutas a una cantidad de gente que jamás habría salido si el Gobierno hubiera establecido esas diferencias. Ahí empezó todo: el Gobierno creó la masa crítica en su contra y posibilitó una alianza inverosímil entre chacareros y terratenientes.

Su otro error original fue no hablar, desde el principio, de redistribución. Empezaron por decir que se llevaban esa plata sin decir para qué, y tardaron meses en ofrecer unas promesas vagas y etéreas, sin anuncios concretos. Y, además, omitieron coparticiparla, con lo cual se peleaban con sus aliados provincianos.

Justo después vino otro error: aquel tono crispado que la mayoría no entendió ni consideraba necesario, y que los alejó de mucha gente que hasta entonces los apoyaba. Y que no enmendaron cuando vieron que no funcionaba; al contrario, redoblaron la apuesta y empezaron a hablar de golpes, de grupos de tareas increíbles.

Hasta el error final: tras meses de idas y venidas, y sin ninguna convicción, porque no encontraban otra vía, mandaron la resolución al parlamento: era obvio que el debate aumentaría los conflictos y divisiones que ya asomaban en su propio bloque de poder. (Y dejamos de lado mucho error menor. Los técnicos, como aquel que hizo que la retención rechazada ayer terminara favoreciendo a la soja sobre el maíz y el trigo, por ejemplo. O los de esta semana: salir a la calle el martes a perder una pelea cuantitativa que nadie les obligaba a dar, no ser capaces de calcular los resultados del Senado, comprarse a Saadi cuando ya no servía.)

También fue un error hacer de este conflicto una cuestión de supervivencia, todo o nada. ¿Ahora cómo van a hacer para explicar que la derrota no fue tan importante? Los errores son legión pero truena, por encima de todo, el gran error: la creación de Frankenstein, el monstruito enemigo.

Frankie es un espanto: la mezcla más extraña, la receta que nadie habría podido imaginar –Urquía y la CCC, Buzzi, Carrió y Barrionuevo– y actúa abominable muchas veces: racista, clasista, gorila de opereta, patriotero. Otras, en cambio, se pone inteligente o astuto o eficaz, progre o conserva, tan variado. Es obvio que va a ir perdiendo piezas: la Rural y Castells no pueden seguir juntos mucho tiempo. Pero aún así le van a quedar varias y quién sabe adónde irá; para facilitarle el camino, quedará en millones de personas esta sensación de antagonismo con el Gobierno, de que nada de lo que haga va a estar bien. Y todo lo consiguieron casi solos, por sus propios méritos.

El rechazo de las retenciones, en cambio, fue mérito –o demérito– de muchos otros. Fue un triunfo de la política, de lo que me gusta entender por política: la participación y la movilización en pos de un objetivo. Es casi un chiste cruel que el mayor ejercicio de democracia directa de los últimos tiempos haya llegado de la mano de algunos que muchas veces se cagaron en la democracia: es otra de las contradicciones de esta historia de contradicciones incansables. Aunque hay cierta justicia poética en el despropósito: al kirchnerismo le ganó la participación que sus jefes deberían haber encarnado y fomentado –por supuesta tradición, por supuesto proyecto– y siempre despreciaron, hasta que, en pleno susto, convocaron a otro rejunte extraño.

Digo: un triunfo de la política. Un gobierno lanza una medida como han lanzado todas sus medidas los gobiernos recientes –por decreto o resolución, sin consultas, puro poder ejecutivo– y, por una suma de razones, mucha gente decide oponérsele y para eso sale a la calle, a las rutas, se hace oír como puede, presiona a sus representantes, consigue su objetivo.

A mí me gusta que la política suceda en la calle porque implica un descontrol, en sentido estricto: cantidades de personas moviéndose sin el control de los que siempre nos controlan, un momento fluido, imprevisible. Si los gobernantes supieran lo que les conviene, quizá tratarían de reemplazar esta movilización por referéndums. Estos cuatro meses de marchas y contramarchas, errores y pavadas, podrían haberse evitado con la limpieza de una consulta popular: dos semanas de debates, votación y a los bifes.

En cualquier caso, ganó la versión menos mediada, más movilizada de la política: una democracia un poco más directa, menos presa de sus “representantes”. Ojalá sea un ejemplo: que el mismo grado de movilización pueda reclamar que los hospitales no sean chiqueros, que en las escuelas se enseñe, que los transportes funcionen, que los más pobres coman, que haya igualdad en serio. Que la movilización no quede sólo del lado de los que quieren –un poco más de– plata.

Fueron meses muy raros –que no se han terminado. Me pregunté mucho, durante este conflicto, cuál era la pelea real, detrás de los puntitos porcentuales. Distintos sectores tenían peleas distintas pero, en general, creo, peleaban por sus ideas diferentes del Estado. El Estado es el eje de la política kirchnerista.

El Gobierno intenta la recuperación de un poquito de Estado y se pelea con los ricos y medio ricos que se acostumbraron a disfrutar del no-Estado que Videla y Menem impusieron. El Gobierno hace un uso módico de ese Estado y no convence a los pobres y no tan pobres que querrían que les volviera a asegurar lo que les debe, lo que les cobra en impuestos. Es el problema típico de estas políticas nichinili: demasiado para algunos, insuficiente para muchos. Y un corolario: no hay nada peor que alguien que hace, en nombre de una idea política, algo distinto de ella. No sólo no la concreta sino que, además, cierra espacios para los que quieren seguirla realmente.

Mientras tanto, el Gobierno va a tener que buscar un rumbo. Frankie ahora amenaza y se lo hace más difícil. Cuando asumió Fernández se dijo que mantendría el gabinete de su esposo hasta abril y que recién entonces –¿por qué entonces?– formaría el suyo propio: quizá sea el momento.

De hecho, varios opositores empiezan a deslizar que ya es hora de que el ex presidente deje gobernar a su mujer –y le atribuyen la derrota, en una versión actualizada de la “teoría del cerco”: ella es más buena, él es el malo, Néstor como el Lopecito de Cristina.

El Gobierno tiene que hacer algo. Podrían pensar que su mínima política de alianzas les dio pésimos resultados –un tal Cobos– y que deben abroquelarse y que, en su soledad, les conviene profundizar esas reformas con las que amenazan. O pensar que les conviene abrir y negociar, tratar de seducir a las clases medias que perdieron.

Hay, por supuesto, muchos caminos intermedios para oponerse a Frankie. Pero ahora la Presidenta está, como corresponde, en Resistencia, donde dice que es un día muy especial por “la recuperación” de Aerolíneas Argentinas, y muy triste porque ha muerto un amigo querido, testigo de su casamiento, y después habla de la infraestructura del Chaco y del aumento de las inversiones extranjeras y muchas gracias buenas noches. Del otro lado hay un país que se quedó esperando. Frankie avanza.

*Fuente: Crítica digital
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=8287

LA MALDICIÓN MALINCHE*

La Maldición Malinche siempre está flotando sobre nuestra América.
Y entonces me viene a la memoria aquello de somos los culpables de nuestros males, porque siempre defendimos con más ahínco los intereses colonialistas, que los propios nuestros. Maestros y profesores nos mintieron y nos robaron las verdades históricas, cuando nos inculcaban que lo extranjero y lo europeo era mejor, que lo mejor nuestro. Nos hablaron que hasta la colonia fue buena. Nunca nos dijeron que sus políticos y militares, eran explotadores y ladrones. Tampoco nos dejaron ver que sus “Reyezuelos” eran moralmente incapaces, que estaban enfermos y podridos física, moral y espiritualmente. Nunca nos explicaron cual era el verdadero significado de la palabra colonialismo. La hacían sinónimo de civilización. La civilización de la barbarie, del genocidio de treinta millones de indios y del saqueo de las inmensas riquezas.
Hoy con mucha bronca, cualquier nombre en recuerdo de algún conquistador, me llena de vergüenza y de dolor, ellos que siempre nos miraron con asco pero sin lástima, como a una especie sub humana. Y pensar que América, los salvó del hambre, los llenó de riquezas, toleró las barbaries de sus religiones, las soberbias de sus “reyes y princesas”, y por décadas y décadas la degradantes conductas asesinas de sus grandes dictadores a los que no se cansaron de lamerles las engangrenadas botas. Les ayudamos a ganar sus enanejadas guerras y les abrimos nuestras casas cuando sucios y con mucho miedo llegaban hambrientos a estas playas.
Hoy la tecnología y el producto de sus correrías asesinas, los ha transformados en “dioses” del poder, pero en el fondo siguen siendo Pizarro, Cortes, Garay, Pedro de Mendoza, Irala, Valdivia, Torquemada, Franco, Aznar.
A veces no comprendo el afán de los hermanos de querer abandonar nuestro infierno propio y entrañable, casi cómodo para nuestra formación, por un infierno foráneo, desconocido y cruel. Donde te reciben como usurpador mal venido, y te miran con bronca, y si de limosna te dan trabajo, será para realizar las tareas que su soberbia no les permite hacer y te harán su siervo. Aquí quizá solo seas cabeza de ratón, pero lo más probable es que allá seas culo de león.
Cabe preguntarse que tipo de sociedad civilizada y cristiana, es la que acepta que su gobierno devuelva al mar a una espantosa muerte, sin comida ni agua, a hombre mujeres y niños no importa de donde, que llegan a sus costas.
¿Que tipo de sociedad es la que acepta que los emigrantes, cuyo único delito es querer compartir vida y trabajo, sean encarcelados en condiciones de tiempos fascistas?
Tengamos dignidad!. No más lamer los pies de la diplomacia colonialista y de los inversionistas con el criterio de los “conquistadores” de hace 500 años. Fuera Bosnia, Encel y etc. No contaminen más nuestra tierra, ni enfermen nuestra alma.
Y a los nuestros, como dice la canción:
“Hipócrita que te vuelves humilde ante el extranjero pero te muestras soberbio con tus hermanos del pueblo.”

*de Gabriel Segovia lebriga32@hotmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 20 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores Cesar Guerra Peixe, Marta García Renart, Carlos A Vázquez und Mariza Rezende. Las poesías que leeremos pertenecen a Jorge Mendoza Castaño
(Colombia) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes).

¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at

(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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16/07/2008 GMT 1

BIENAVENTURADOS LOS QUE NO ENCUENTRAN PUERTA NI CAMINO...

urbanopowell @ 17:48

IMPROBABLE*

Bienaventurados los locos
los sedientos
los que no encuentran puerta ni camino
los que comulgan ritos de niebla
entre fantasmas
los militantes del miedo
o de la sombra.

Bienaventurados los atormentados
los que no confían en el Padre
ni conocen al Hijo
los que no han recibido más Palabra
que un silencio porfiado
y dos preguntas.

Bienaventurados los menesterosos
de ternura
los que han aprendido de memoria
la rutina de sufrir

los que ejercen su eterno desencuentro
los que postulan el absoluto
de la contradicción.

Bienaventurados los harapientos
limosneros de la paz
los que fuerzan con llaves obsoletas
las muertas cerraduras.

los miserables
los que rasgan la carne para hallar
el cero de la vida
los que mienten para acertar
los que se atreven a decir
que son inútiles

los ignorantes
los que no saben ni aspiran a saber
los desahuciados de toda ideología

los que transcurren sin pena ni gloria
y diluyen sus días en agua de misterio.

Bienaventurada la vulgaridad
de ser prosaicamente igual
a los que nombro

y el escándalo de andar anónima
arrullando mis dudas con un himno

a los próceres de algún mañana neutro,

si es que llega.

*De Martha Valiente puertopegaso@gmail.com

BIENAVENTURADOS LOS QUE NO ENCUENTRAN PUERTA NI CAMINO...

Pantallitas*

*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona

UNO Veo en las noticias las últimas novedades de la crisis, de la caída de la Bolsa, del tipo ese que asesinó a golpes a un bebé porque interrumpió su partida de Mortal Kombat ("Yo amaba al niño; pero hizo que me mataran", se disculpó), de los inmigrantes muertos a bordo de pateras y ahí aparece, en
los titulares, como uno de los grandes hitos del día: una cola de varios metros y varias horas, unas 300 personas llegadas desde varios puntos del país, una puerta que se abre, todos entrando al negocio de la Gran Vía de Madrid sonriendo como zombies (algunos cámara de video en mano para filmar el magno evento) y el primero de los compradores que sale a la calle y saluda a los periodistas allí apostados sosteniendo un aparatito en la mano.
"Me lo regalaron por haber sido el primero", sonríe y alza los brazos disfrutando de sus quince pulsos de fama. Y agrega: "Por fin". El tipo se llama Carlos, es colombiano, es el primero en España en conseguir su iPhone y más de uno, al verlo, habrá pensado que ya hay demasiados extranjeros viviendo en España; porque semejante honor le correspondía a un llamado local y no a uno de larga distancia, ¿no?

DOS Y Carlos lo quería de color blanco. Pero no había. Nada más que iPhones negros por el momento. No importa. Lo importante era tenerlo, hacerlo suyo, ser parte de asunto. "Lo tenía pensado desde que vi el anuncio", suspiró.
Después entrevistan a un nerd granulado que explica con voz metálica las múltiples desventajas del producto. No entiendo nada, parece que son muchas.
Tomo nota: batería de escasa autonomía, poca calidad del GPS, falta de cámara de video y de mensajes multimedia. Pero el nerd cuestionador se lo compra lo mismo.

TRES Enseguida, el cronista explica que el contrato que obliga a firmar Telefónica para recibir "gratis" el engendro es un tanto leonino, que compromete a una fidelidad de dos años (con multas si uno quiere desengancharse antes) y que asociaciones de protección al consumidor ya han advertido a los adictos en cuanto a lo poco ventajoso de la maniobra comercial. Aunque allí todos sonríen. "Lo hago por amor", dice uno. "Tengo todo lo de Apple", explica otro. Y tal vez era a ellos a quienes se refería
Zapatero cuando dijo, días atrás, eso de "en esta crisis hay gente que no va a pasar ninguna dificultad".
Al caer la tarde -en un año en el que, por primera vez, por los aumentos, casi nadie hace caso de las rebajas-, el iPhone se había agotado en todas las tiendas de la península ibérica, uno de los 22 países donde la semana pasada comenzó a comercializarse el invento. En Tokio, las colas tenían un kilómetro de largo. Para la noche, los sociólogos teorizaban ya sobre el artefacto en cuestión como "icono anticrisis". Así, el consuelo de un pequeño tótem exclusivo. La historia será otra, advirtieron, cuando haya que
afrontar los gastos extras de un aparatito en mano que, como viene la mano, sólo servirá para comunicar y difundir noticias no muy buenas.

CUATRO Y lo cierto es que me cuesta entender que el teléfono haya ascendido a la categoría de objeto de lujo y símbolo de status. Yo fui educado y crecí en la idea de que una de las verdaderas e incontestables señales de haber triunfado en la vida era la posibilidad de no tener que atender el teléfono, de que no supieran cómo encontrarte, de convertirte en alguien inaccesible e inalcanzable.
El teléfono móvil -que seguramente le habría inspirado a Julio Cortázar alguna de sus "instrucciones" como aquella del reloj que no te regalan sino al que te regalan- no ofrece otra cosa que una forma futurísticamente actual de esclavitud a un amo sin piedad alguna para el que, incluso, ya se ofrecen
servicios como los telones de fondo sónicos ("Querida, estoy en el aeropuerto. Escuchá los aviones...") para así esconder el verdadero y tramposo paradero.
Antes, cuando el teléfono sonaba en el centro de la oscuridad, uno sabía que algo había sucedido. Ahora, en cualquier momento, el móvil suena y del otro lado se oye la voz de un promotor invitándote a cambiar de marca y de modelo, a que te vayas con otro a cambio de un teléfono mejor y más moderno y con más botones.

CINCO Y el teléfono probablemente sea el ingenio que más ha evolucionado en los últimos tiempos. Los primeros móviles hoy parecen herramientas prehistóricas que sólo servían para hablar por teléfono. Ahora, todo entra ahí, se lo usa para todo, de seguir la cosa así, pronto el teléfono será nuestra casa y he visto a gente desesperada como si se le hubiera muerto un ser queridísimo cuando se les rompió o perdieron o les robaron el móvil. Y el teléfono móvil es aquello que más ha cambiado a la ficción y la
no-ficción en los últimos tiempos. Las novelas policiales, las historias de amor, los films catástrofe, las comedias de enredo, las telenovelas, las intrigas políticas... Ya nada es lo que era y, cuando uno se encuentra con una película donde marcar un número es una ceremonia larga y reflexiva, resulta imposible no preguntarse si las cosas no eran mejor entonces. Si ayer uno no pensaba un poco más antes de hacer cada llamada telefónica. Si no se decían menos estupideces en ese aire cargado de mucha menos electricidad y ondas invisibles. Si Naomi Campbell no tendría entonces muchos menos problemas con la Justicia, porque cuesta mucho más arrojar por la cabeza uno de esos contundentes y antiguos engendros de baquelita. Negra.
Porque los teléfonos blancos no se arrojaban nunca y, a lo sumo, se cortaban con fuerza y un mohín de diva caprichosa y el mayordomo se los llevaba lejos, más lejos.
Bendito sea Maxwell Smart, todavía fiel a su zapatófono.

SEIS Y el número a marcar es 2015. Ese es el nombre del año -leo- en que, se calcula desde este 2008, la mitad de los seres humanos -4000.000.000 de personas- tendrán teléfono móvil. Y la otra mitad no. Será una útil y muy huxleyana forma para separar a los que "pertenecen" de los que no, a los que
podrán llamar y recibir llamadas de los que no tendrán línea. Un mundo feliz y, ya que estamos, por qué no fantasear para entonces con los móviles directamente implantados en nuestros oídos y bocas para que así sean, sí, verdadera y totalmente móviles.
2015 será, también, el año en que recién se publicarán los primeros estudios médicos que determinarán los efectos que produce hablar por teléfono móvil.
Y parece que no son -serán- efectos agradables. Las leyendas urbanas hablan ya de racimos de tumores cerebrales o cabezas explotando en plan Scanners.
Rumores menos extremos diagnostican arritmias cardíacas si se lo lleva en el bolsillo izquierdo del saco y esterilidad e impotencia si se lo lleva en el bolsillo del pantalón. Exageraciones y llamadas equivocadas, esperemos. Pero ya han trascendido filtraciones de los experimentos con ratas que -tal vez
desesperadas por comunicarse con Mickey Mouse o con Jerry o con Firmin o con Willard- han sufrido pérdida de memoria y de reflejos y de coordinación.
Mientras tanto y hasta entonces -antes de que nos encuentren hablando solos por las calles y con los zapatos contra las orejas- aquí estamos, pensando que son ellos los que suenan cuando los que sonamos somos nosotros.
Y -nos vemos, nos oímos- haciendo fila cuando salga el próximo modelo.
Llamando por móvil desde la cola para contarle a alguien que estamos por comprarnos el nuevo móvil.
Por amor, por supuesto.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-107904-2008-07-16.html

De lo que nada y gesta*

El pez por la boca muere
-dice mi analista.
Pero muere más aún
-digo yo-
en oídos clausurados.
No preparados
para pescar
alguna verdad que nade
entre palabras.

Y no sólo son las palabras
por sí mismas.
Sino lo que ellas
arman y desarman
en nuestras vidas.

Temo por el efecto de las palabras
las dichas y las no dichas.
Más por las no dichas
que como veneno lento
van matando por dentro.

Intuyo efectos
de las que portan deseo
en un oído demasiado fértil.
¿Serán embarazantes
esas palabras tras una larga
gestación de meses?

¿Será doloroso un parto de oído?
¿Tendrá vida y muerte propia esa criatura desprovista de cordón umbilical?

¿O una criatura sin tiempo como una buena novela?

*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar
http://urbamanias.blogspot.com

El país de Bombita Rodríguez*

Una parte de nuestro trabajo es entender lo que sucede. La otra, contarlo. Debo reconocer que no entiendo nada.

*Por Jorge Lanata

16.07.2008

Acaso el humor sea la única manera de combatir al nuevo invitado que llegó para quedarse: el odio. Se discute con odio, se argumenta con odio, se pregunta con odio.
Una parte de nuestro trabajo es entender lo que sucede. La otra, contarlo. Debo reconocer que no entiendo nada. No entiendo el tono apocalíptico de estos días, no entiendo la sensación de abismo, no entiendo por qué el Gobierno siente que en este aumento de retenciones se le va la vida. No entiendo el tono épico del oficialismo, que parece bajar desde la Sierra Maestra para liberar ¿a quién? Decisiones muchísimo más trascendentales en la vida argentina no han tenido ni la mitad de esta repercusión social: las leyes de impunidad, la reforma de la Constitución, las privatizaciones. Estamos discutiendo el monto de una alícuota. ¿Quién lo transformó en una cuestión de vida o muerte?

Hay un 30% de inflación, hay concentración insólita de la economía, hay uno de los funcionarios más sospechados del Gobierno a punto de renacionalizar una compañía aérea y seguimos hablando de las retenciones. El Gobierno compra voluntades, entrega aportes del Tesoro a diputados y senadores, arregla lo que sea con quien fuere para conseguir la mayoría en el Legislativo. ¿Está por repudiar los 170.000 millones de dólares de deuda externa? ¿Va a pedir que la transferencia de acciones de las empresas pague impuesto a las Ganancias? ¿Va a dejar de entregar subsidios a las empresas de transporte que brindan un pésimo servicio y se quedan con la diferencia? ¿Va a reducir el IVA y aumentar Ingresos Brutos o Bienes Personales?

¿Va a poner un impuesto a los plazos fijos, hoy exentos de impuesto a las Ganancias? No. Sólo piensa aumentar las retenciones al agro; no digo que el tema sea menor, pero... ¿por qué visto desde afuera da la impresión de que estamos discutiendo el comienzo del socialismo en la Argentina? Y si es así, ¿por qué tardamos cinco años en comenzar a hacerlo? ¿Qué parte del gobierno K va a llevarlo adelante? ¿Moyano? ¿Ishi? ¿Saadi? ¿D’Elía? He escuchado las sentencias más increíbles:

–Si el Gobierno pierde en el Senado, la estabilidad democrática está en riesgo.
¿Quién tomará el poder? ¿Darán un golpe por cinco puntos de retenciones? ¿Avanzará con las tropas el general De Angeli?
–No –dicen con ingenuidad los chicos de la Cámpora–, pero la derecha terminará fortalecida.

¿Cuál derecha? ¿La de las petroleras que apoyan a K?

¿La de las compañías testaferros que salieron a comprar empresas? ¿Las de la industria pesquera o minera? ¿Cristóbal López es un comandante sandinista? ¿Rudy Ulloa, su lugarteniente? ¿De Vido viene de trabajar en un koljos? ¿Felisa será Felisa Luxemburgo? Tuve, como todos, el mismo escozor ante la foto del campo con Barrionuevo. ¿La de Kirchner con Moyano es distinta? ¿Hay chorro bueno y chorro malo? ¿Qué tienen de distintos Reutemann y Scioli o Alperovich y De la Sota? ¿En qué momento Luis Juez, o Claudio Lozano o Víctor De Gennaro pasaron a ser parte de un complot golpista y Aldo Rico un demócrata que asesora al Frente para la Victoria en el Senado bonaerense? ¿Felipe Solá es un “traidor hijo de puta” por votar distinto? ¿Hay escrache bueno y escrache malo? Ver a Juan Cabandié, ex miembro de HIJOS, despotricar contra los escraches fue igual de desolador. También escuchar que estos escraches son violentos y los otros no. ¿Meterle el pie a Alemann o tirarle huevos a un milico eran sólo pasos de danza clásica? La lógica del escrache descansa en la idea del repudio social: es arbitraria y anónima, y muy susceptible de ser manipulada, pero es buena para todos o mala para todos. Que Kirchner sea admirado y escuchado por “intelectuales” es también una novedad. El trabajo académico e intelectual del Presidente, su aporte al mundo de las ideas, no parece haber superado la ejecución hipotecaria durante la 1.050. Ahora, sin embargo, un grupo de “intelectuales” –dentro de los cuales se encontraban muchos funcionarios del Gobierno– decide iluminarse con sus razonamientos, y le regala –como informó anteayer Página/12– una serie de aforismos. Horacio “Bombita Rodríguez” Verbitsky pareció divertirse con el juego, de modo que se nos ocurrió acercarle algunos otros:

“Si seguís con De Vido, Horacio, estás jodido.”
“El Perro con Rudy bien se lame.”
“De robo para la Corona a servir a la Reina.”
“Desde Ezeiza a Calafate Horacio banca el remate.”
“De los soldados de Perón a defender a Felisa fue HV sin cortapisas.”

Bombita Rodríguez, el Palito Ortega montonero, personaje creado por Diego Capusotto, se ha transformado en un documental.

Acaso el humor sea la única manera de combatir al nuevo invitado que llegó para quedarse: el odio. Se discute con odio, se argumenta con odio, se pregunta con odio. Asistimos a la remake del término “gorilas”, como si el Gobierno fuera “peronista”. D’Elía llama “oligarca” a Fernando Peña y milita en un partido cuyo líder declaró, en blanco, unos cinco millones de dólares y acaba de construir un hotel en Calafate de 500 dólares por noche, eso sin hablar del gasto en carteras de Madame. El Gobierno habla de democratizar la democracia, pero espera tres meses de conflicto para llevar las retenciones al Congreso, y mientras tanto el secretario Guillermo “Poronga” Moreno trata de convencer a los golpes a los opositores (con la ayuda de su esposa y jefa de asesores). Me están contando una pelea que no es tal. Así como Kirchner supo, durante su primer gobierno, que no había nada mejor que pelearse contra enemigos imaginarios, propone ahora, en su segunda administración, abismos inexistentes.

¿Qué pasará si el Gobierno pierde en el Senado? Nada. Seguirá gobernando hasta completar su período, y ojalá le sirviera para sacudirse la soberbia que se vuelve cada día más violenta.

*Fuente: Crítica Digital
http://200.82.82.211/index.php?secc=nota&nid=7508

Año Nuevo*

Cada noche de Año Nuevo recuerdo, aunque sea por un instante, la última que vivió mi padre. Estaba envuelto en una bata raída, en la puerta de la casa que alquilaba en la calle Santo Tomé. El pucho seguía en sus labios pero ya lo estaba matando. Levantaba un brazo para saludarme mientras alrededor estallaban petardos y bengalas de colores. Nos habíamos peleado, creo, porque yo odiaba las fiestas tanto como él y no sé qué estúpida costumbre nos hacía reunirnos a brindar y desearnos cosas en las que no creíamos.
Me parece que ya habíamos discutido antes de comer. Mi padre estaba sin trabajo y deambulaba por la ciudad en busca de una changa. Había perdido el Gordini y ya no le quedaba nada por empeñar. Mi madre presentía que el final estaba cerca pero cuando supimos que hasta se le podía poner una fecha, ella se negó a aceptarlo. Salimos al patio de baldosas y ahí se puso a llorar. Afuera, detrás de los cohetes, López Rega gobernaba el alma del General. Si lo menciono es porque en esos últimos días de 1973, uno de mis tíos, que era un tarambana, fue a visitar a mi padre para empujarlo a entrar en la guerrilla.
Era un disparate: mi padre tenía sesenta y dos años y era radical. Ni siquiera había aceptado que Balbín se abrazara con Perón. El Jefe podía perdonar y hacer política por su cuenta, él no. Me contó la ocurrencia de mi tío con una sonrisa. "Quiere que me gane la vida como bandolero", me dijo, y empleaba esa palabra para herirme porque sabía que algunos de mis amigos eran montoneros y no lo habían aceptado como fotógrafo en el diario Noticias. Ya estaba grande para trances de guerra y de algún modo se lo dieron a entender. En mi cabeza, el episodio es tan confuso: mi padre necesitaba trabajo y en el único lugar donde yo conocía gente con posibilidad de dárselo era en el diario de los montoneros. Le expliqué a uno de ellos que se trataba de darle una oportunidad, algo en el laboratorio de fotografía. Me preguntó qué sabía hacer y no supe explicarle. Le dije, sí, que mi padre era antiperonista por lo menos desde el 17 de octubre del cuarenta y cinco.
Seguro que eso no lo ayudó a conseguir trabajo y fue una pena: andaba tan bajoneado que no tenía nada que perder. Igual, en la entrevista enseguida metió la pata: oyó la palabra "compañero" y empezó a cagarse en Perón como si estuviera en sus mejores tiempos, allá por los años cincuenta. Después me contó que habían sido amables con él y le dijeron que lo citarían a la brevedad. Yo quedé mal con mi amigo por mandarle un gorila y con mi padre porque nunca lo llamaron a revelar las fotografías del General.
Creo que todo eso pesó para que discutiéramos aquella noche. A mí no me levantaba la voz, pero al hablar se le notaba el disgusto. En esos días le había dado un relato mío para que lo pasara en limpio y lo hizo mal. Se lo dije y, súbitamente, se entristeció. Lo había juzgado desde mi pedantería juvenil y ni se me ocurrió pedirle perdón. Nunca lo había hecho y no iba a empezar esa noche, aunque mi madre presintiera que aquél era el último Año Nuevo que pasábamos juntos. Mi padre dijo algo así como "si no te gusta hacételo vos" y se levantó a buscar otro paquete de cigarrillos. La bata que llevaba parecía salida de una novela de Gogol y el piyama, abajo, tenía tantos años como su inquina por Perón. Tal vez ya he escrito lo suficiente sobre él y tal vez no. Nadie conoce el instante en que muere de verdad. Tengo una fotografía que mi padre se tomó a sí mismo en la que está reclinado sobre una gran regla de cálculos. Esa es la imagen que quería dejarme de él. años después, en Brasil, un funcionario me contó que de joven había aprendido dibujo industrial a su lado. "Me hablaba todo el tiempo de vos", deslizó después para congraciarse. Uno de mis primos, que fue su dependiente en una oficina de Morón, se me acercó en la feria del libro para decirme que era un gran tipo mi viejo. Entonces, ¿dónde está su parte oscura? ¿Cómo adivinar su lado odioso? Acaso cometo el error de vestir a los perdedores con el ropaje de los sueños. No estoy seguro de que mi padre haya sido digno de elogio. Hacía su deber de controlar el agua corriente por puro orgullo y de hecho siempre permaneció en el más rotundo anonimato. Resulta triste admitir que mi padre era un don nadie. Un tipo de cuarta perdido en las provincias. Un oso de invierno jugando a la escondida.
Para las fiestas de fin de año y para los carnavales, algún comando hacía saltar la red de agua para demostrar que había resistencia y ahí iba él, de noche y en bicicleta, a recoger peones y restablecer el servicio. Como a esas horas los tipos eran remolones y se negaban a trabajar en nombre de la familia y la religión, mi padre acordonaba la bicicleta en la vereda, avanzaba unos pasos y en voz alta, para que escucharan los vecinos, les enumeraba las veinte verdades del buen peronista. Eran pocos los que se resistían. A veces la disputa giraba en torno de si mi padre decretaba San Perón para el día siguiente o si lo dejaba para el lunes de la semana siguiente. Cuando llegaba la ocasión todos eran felices menos él. A veces, con otros chicos, en lugar de asistir a clase nos íbamos a nadar o a jugar a la pelota y al otro día, si la maestra me pedía el justificativo, yo me ponía de pie y respondía que en la víspera Obras Sanitarias había festejado la fiesta del General. Nadie tenía nada que objetar, salvo el cura que era más contrera que mi padre. Antes del cincuenta y cinco, a los gorilas se los llamaba contreras y Enrique Santos Discépolo los gastaba con un personaje al que llamaba "Mordisquito" , Entre el cura que lo criticaba desde el púlpito y Discepolín que lo cargaba por radio, mi padre vivía atormentado en busca de una identidad. Todavía faltaban veinte años para que mi tío lo tentara con la guerrilla y yo lo mandara a buscar trabajo en el diario montonero, pero él ya estaba tironeado por los símbolos de nuestras discordias. Cómo iba a imaginar que un día Alfonsín, urgido por figurar, iría a rendir el pabellón radical a la puerta de un caudillo riojano.
Pero volvamos al Año Nuevo del setenta y cuatro. El relato que ha pasado en limpio trataba sobre la guerra entre peronistas y eso debe haberlo sobresaltado un poco, lo suficiente como para hacerlo tipiar algunos párrafos a la bartola. No había computadoras en ese tiempo y cada teclazo dejaba una marca indeleble. No guardé aquella copia suya: nadie piensa que lo que hoy tiene entre sus manos con indiferencia será mañana un recuerdo. Y aquellas páginas anunciaban el final. Cuando a uno le vienen ganas de morirse puede elegir la forma que le venga mejor. Mi padre era de la época del tango, de cuando había peronistas y radicales, así que decidió sufrir.
Yo me empecino en discutir con mi padre aquel Año Nuevo en el barrio de Versalles. Siguen los buscapiés, las estrellitas y los rompeportones. Zumban las saetas y se nos ponen los pelos de punta. Cualquier aficionado a las letras podría describir la desazón de esas horas. Al filo de la medianoche se desata un tiroteo y enseguida, desde el centro, llega la sirena de La Prensa. No recuerdo con qué vino brindamos, pero él y yo tenemos el estómago revuelto. Todos los malos augurios se cumplen ese año. Se mueren mi padre y el General. Buenos o malos, esos hombres me tienen, todavía, en vilo. Desde el fondo de los tiempos mi padre me saluda en la puerta de su casa, con la bata raída, mientras el General escucha por última vez esa música maravillosa que es la voz de su pueblo.

*De Osvaldo Soriano.
"Piratas, fantasmas y dinosaurios" editorial Norma, Bs. As, edición de 1996.

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09/07/2008 GMT 1

BOTELLAS Y SUEÑOS PERDIDOS...

urbanopowell @ 23:37

Profesion: Cartonero*‏

En sus manos
Habitaba la pobreza
En cada falange
Observé el surco de
Su trabajo humilde
Era cartonero
Tironeado por el frío y
La cantidad de hijos
Recolectaba papeles de diarios,
Botellas y sueños perdidos.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

BOTELLAS Y SUEÑOS PERDIDOS...

Pancitos con chicharrones‏*

Al preguntarle cual era su trabajo, me dijo que era vendedor ambulante, de panes, churros y pancitos con chicharrones. Le Dije -un poco incomoda- que en el Zonal me habían dicho que “cartoneaba”. Me contestó con sus ojos mirando hacia el piso, que lo hacia cuando no tenía qué vender. Un sudor frío recorrió mi espalda, sentí en un acto involuntario, cómo su vergüenza se apoderaba de mi cuerpo. Mis manos, con las uñas pintadas y sin callos, comenzaron a vibrar. Estaba inundada del pudor de ese señor apesadumbrado y más ennegrecido por su confesión. Me sentí salvaje y atropelladora, intenté normalizar mi situación de desventaja. Le esbocé una sonrisa lo más tierna y sincera que pude. Estaba avergonzada por tanta crueldad.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

DEBATE POR EL ACUERDO CON LOS CARTONEROS Y LA FUTURA LICITACION

La codiciada torta de la basura*

La lucha por la distribución de la riqueza llegó a las bolsas de residuos.
Cooperativas de cartoneros acordaron con el macrismo recolectar puerta a puerta, como adelantó este diario. Críticas a la propuesta de pagar a las empresas recolectoras por tonelada.

*Por Eduardo Videla. eduardovidela@pagina12.com.ar

"Estamos peleando un pedazo de la gran torta que es la basura de la ciudad", dijo Alicia Montoya, de la Cooperativa El Alamo. Junto a otras organizaciones de cartoneros, acababa de firmar un acta acuerdo con el gobierno de Mauricio Macri por el cual se implementará un sistema de recolección puerta a puerta de materiales reciclables, tal como lo adelantó Página/12 en su edición del domingo. El acuerdo fue cuestionado por la organización ambientalista Greenpeace, que lo calificó como un proyecto "pobre", pues "no alcanzará para cumplir con los objetivos de reducción que plantea la Ley de Basura Cero". Como paso previo al acuerdo, el ministro de Ambiente y Espacio Público, Juan Pablo Piccardo, separó del cargo a un funcionario de la Dirección General de Limpieza, área denunciada por los
cartoneros como escenario del presunto desvío ilegal de materiales reciclables destinados a las cooperativas, en beneficio particular.
El acuerdo forma parte de una nueva estrategia del macrismo en materia de higiene urbana: el reciclado estaría en manos de los cartoneros, mientras que la recolección de residuos quedará a cargo de las empresas, que cobrarán por tonelada de basura recogida y no por área limpia, como lo hacen ahora.
El nuevo esquema, anunciado a este diario por el ministro de Ambiente y Espacio Público, Juan Pablo Piccardo, es la base de la próxima licitación del servicio de higiene urbana, que generó cuestionamientos en la oposición y entre organizaciones ambientalistas.
"Desdoblar la gestión de residuos es un golpe fatal a la Ley de Basura Cero", afirmó Juan Carlos Villalonga, director político de Greenpeace. El dirigente consideró que "el retorno al sistema de pago por tonelada es fomentar el volcado de basura en rellenos, todo lo contrario a lo que propone la Ley de
Basura Cero, porque cuanto más recolectan más ganan".
Greenpeace fustigó la decisión oficial de dar por "fracasado" el sistema de doble container para residuos húmedos y reciclables, ya que no se promovió una "campaña de educación pública sobre el correcto uso". Y criticó el acuerdo con las cooperativas de cartoneros porque "no se debe aceptar un
circuito marginal de recolección". "El plan de recolección puerta a puerta es un proyecto cuasi escolar, pobre y no está a la altura de la gestión que el gobierno debe plantear", sostiene Greenpeace.
"Greenpeace no recicla, sólo habla", replicó Juan Grabois, miembro del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), una de las organizaciones que firmó el acuerdo con el gobierno porteño. Grabois rechazó la calificación de "circuito marginal de recolección" que hizo la organización ambientalista,
al afirmar que "mientras los cartoneros recolectan en la ciudad 650 toneladas de reciclables por día, las empresas de limpieza juntan apenas 100 toneladas por año".
En el acta acuerdo, el Ministerio de Medio Ambiente se compromete a "sostener el sistema de camiones que reemplazan al Tren Blanco, implementar en 30 días un sistema de colectivos o transporte subsidiado, para que los cartoneros no viajen en los camiones arriba de la basura, y presentar en 45
días un plan de reconversión de las 87 unidades de transporte que hoy trabajan en condiciones muy precarias", detalló Grabois a Página/12.
Además de la Cooperativa El Alamo y el MTE, firmaron el acuerdo las cooperativas El Ceibo, El Amanecer de los Cartoneros, Del Oeste y las coordinadoras de los camiones del ex Tren Blanco. Son las mismas organizaciones que, junto a otras cooperativas, denunciaron la semana pasada a "una mafia enquistada en la Dirección General de Limpieza" del gobierno porteño, que "opera desde hace muchos años y a la que funcionarios macristas de la Subsecretaría de Higiene Urbana se adaptaron con sorprendente rapidez".
Esa organización, según la denuncia, se dedicaría a "desviar hacia negocios particulares el material reciclable" que debería ser destinado a los cartoneros. Se trata del producto de la separación en origen que hacen los grandes generadores (edificios de más de 18 pisos, hoteles cinco estrellas y oficinas públicas), que debieran ser llevados a los centros verdes operados por las cooperativas.
Una de las cooperativas denunciantes, Reciclando Sueños, no firmó el acuerdo con el macrismo. "No son los tiempos políticos. Y además, el macrismo no respeta los compromisos, han retirado los contenedores, donde los trabajadores podían conseguir materiales", dijo Valentín Curi, representante de esa cooperativa. Entre los compromisos no cumplidos, menciona el de la cantidad de materiales que debían llegar al centro verde que maneja la cooperativa en Villa Soldati. "De 6 toneladas diarias que nos habían prometido, no llegan más de 500 kilos", se decepciona.
En lo que acuerda Curi con las cooperativas que sí firmaron el acta es en el rechazo al nuevo pliego de licitación, que cambia el sistema actual, de pago por área limpia, por el de pago por tonelada. "No pueden competir los dos sistemas", alertó Grabois.
Greenpeace también se sumó a las críticas. "Si se paga por peso, las empresas van a empezar a denunciar a los cartoneros independientes, a los que Macri acusó hace unos años de 'robar' la basura cuando seleccionan en la calle", alertó Villalonga.
Piccardo había dicho que el sistema de área limpia había fracasado porque era imposible de controlar. El diputado Eduardo Epszteyn (Diálogo por Buenos Aires) cuestionó ese argumento al sostener: "El macrismo no ejerce el control como debiera: según el contrato, a la empresa que no limpia bien se le puede aplicar una multa, que se descuenta de la facturación. Ni siquiera nombraron al director de Higiene Urbana", dijo el legislador a Página/12.
El subsecretario de Higiene Urbana, en forma interina, es Eduardo Terregni, un ex gerente de Manliba, empresa que integró el grupo Macri y manejó el negocio de la basura desde la época de la dictadura. Terregni es el ideólogo del controvertido pliego de licitación que el macrismo enviará a la Legislatura.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-107475-2008-07-09.html

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

49

Me pasé una mano por la frente. La retiré mojada de sudor.
Una vez más miré el diario abierto en la página de la información imposible. Una gota cayó en el papel, marcó un círculo oscuro sobre el texto.
"Originalidad y talento en la opera prima de Juan Pablo Miller...".
Aparté los ojos. En el calor de ese amanecer de febrero, el estudio, la lámpara, la ventana abierta al jardín, parecían un dibujo mal hecho por la punta trémula de un lápiz.
"Vida y Obra de Francisco Uriaga" triunfa en el Festival de Cannes. Rodada en París y Berlín, producida por un fuerte grupo financiero de Alemania, la conmovedora historia del poeta Francisco Uriaga ganó el aplauso de todo el público asistente a la ...
Dejaba el diario, intentaba arrancarme de el con cualquier excusa (ya me había dado una ducha, ya había preparado otro mate, ya había tratado de dormir), pero irremediablemente volvía a esa página con la esperanza de haberla soñado. Empapado de sudor, temblando, rastreaba la cuidadosa enumeración del crítico.
"Hasta hoy desconocidos, sus nombres resuenan en la admiración del mundo cinematográfico presente en Cannes..."
Mil veces los leí. Juan Pablo Miller, Ramón Segura, Carlitos Pavoni. Francisco Uriaga. Vida y Obra de Francisco Uriaga. Uno o dos nombres desconocidos también.
El mío no.
-Una premonición -me dije en voz alta-, una simple premonición, un anticipo.
"Si pudiera hablar de esto con alguien", pensé.
Pero ¿con quién? Con Paco Stein, para que me dijera: "Este mundo es muy raro". Pero Paco ya no estaba en mi vida, era peor que si se hubiera muerto. Con Victoria, a la que hubiera enojado mi exceso de imaginación. Pero ay, tampoco la sana furia de Victoria. ¿Con mis colegas de la editorial? Apenas los conocía. ¿Con el almacenero? ¿Con el chico de la playa de estacionamiento? ¿O con el abogado inválido del quinto?: "¿No cree usted, doctor, que este mundo es muy raro?"
¿Cómo probar esa visión profética, esa fruslería supersticiosa que podía rescatarme de la locura, si a nadie le había contado la visión o el sueño? Lo sensato era esperar el regreso de Juan pablo Miller y encararlo. Con un estremecimiento comprendí que si me había estafado, dejándome fuera de los títulos, negaría haberme conocido en Berlín. ¿Y qué podía esperar de los otros dos, que ya se habían prestado a un engaño?
Mi único testigo era Safet y Safet se había perdido en alguno de los enredados itinerarios del mundo que yo dejé para salvarme.
-No fue un sueño -decía Safet-. ahí estuviste. No fue un sueño. Aquí está la película que lo prueba.
Y de pronto, entre las cuatro paredes del estudio, mirando el tronco de la palmera en el jardín, creí ver lo que el recuerdo de Safet señalaba.
-No -dije.
Pero no había alternativa.
Me vestí y bajé a la calle.
Buenos Aires, me pareció extranjera y hostil. Tanta puerta y ventana, tanto cemento y ruido, tanta cara, tanto cuerpo y yo, Alberto Paradella, solo en el desierto, yo rogando inútilmente que una mirada se posara en mí, que una voz me llamara por mi nombre, yo suplicando la dádiva de una gota de humana ternura.
Casi no recuerdo cómo detuve un taxi, si hubo voluntad o resignación en la orden que le di al chofer. Recuerdo apenas que pagué el viaje, que me bajé del coche y que, durante largo rato, antes de forzar mi mano hacia el timbre, estuve mirando con los ojos velados y la garganta apretada, esa fachada intacta, el redondo balcón, la copa de los paraísos florecidos, la casa de Jonte y Nazca.
Le expliqué a la mujer que me abrío la puerta, una mujer joven, de pelo corto y rizado, que iba a emprender un largo viaje, que quizá no regresara nunca a Buenos Aires y que deseaba ver por última vez la casa donde había nacido y donde habían muerto mis padres.
Vi en su expresión lo que ella veía: un hombre apuesto y educado, elegantemente vestido, sin duda triste. por fin, esa buena presencia que yo justamente había despreciado me otorgaba algo que quería. Con timidez, disculpándose por un desorden doméstico que yo no estaba en condiciones de advertir, me hizo pasar.
Poblada de otros muebles, salpicada de posesiones ajenas, la casa no había sufrido modificaciones. Llegamos al patio. El mismo patio y la misma parra. Un triciclo rojo, volcado en el medio, las ruedas hacia arriba, indicaba que también ahora un niño jugaba en ese patio. Fascinado, me acerque a una pared.
-¡Tenga cuidado! Mi marido siempre me promete que va a tirar esa escalera, pero nunca lo hace. Yo le digo que es un peligra para el chico.
Atónita, pero maternalmente resignada al capricho de su extraño visitante, me miró trepar. Ya no necesitaba cajones para sortear la falta de los primeros peldaños. Era un adulto.
Pero el que caminó por la terraza hacia el balcón redondo como la proa de un barco de su libro de historia, el que apoyó las manos en el borde, el que aspiró el olor dulzón de las flores de paraíso y oyó el zumbido de las moscas antes de inclinarse y mirar, fue el chico. El chico solitario y sin embargo acompañado por la persecución de su familia, por el primer amor, los primeros libros, los primeros amigos, los primeros sueños y tristezas. El que había contemplado sin curiosidad alguna, ya que tenía todo el tiempo del mundo, las rectas calles y los techos planos, el espacio abierto que todo contenía, casas y gente y árboles e infinitos destinos posibles, menos ese destino que el mismo chico me dijo que vería, un segundo antes de bajar la mirada en busca de Villa del Parque.
Y lo vi.
Ahí estaba la gran avenida entre altos edificios y la entrada suntuosa del Hotel Kempinski. La garra oscura de la catedral bombardeada. El desvío de la calle de tierra. El puente de hierro que atravesaba un tren. Vi a Frieda Preutz parada en la esquina, de tapado y sombrero, y más allá el cartel de "Giulio", hamacándose en el viento y la lluvia, y la manzana con el agujero de un patio y el gran reloj de hierro detenido en las diez.
Como ahora comprendo, escribo sin terror, pero aterrorizado cerré los ojos, me arranqué del balcón y de esa pesadilla, bajé lentamente la escalera. Quise despedirme de la mujer y las palabras se me atravesaron en la garganta.
Salí a la calle. La neblina púrpura de un solo atardecer atenuaba el doble filo de las casas, gente y árboles. Débil por el miedo, empecé a caminar. Pronto estaba corriendo. Corrí en la carrera hacia ninguna parte, sin volver la cabeza, corrí hasta agotarme, hasta dejarme caer, sin fuerzas, sin aire, sin pensamiento alguno, en un banco de la estación.
Creí despertar cuando vi el cartel que anunciaba a Villa del Parque. No desperté. Ese era apenas uno de los últimos tramos hacia el día final de la conciencia y, como todo lo que me identificaba, ya empezaría a borrarse. Debí aceptarlo cuando la muchacha rubia bajó del tren y me miró y fui hacia ella. Pero no me resignaba y luché. Aparté la vista del collar, esa singular danza de plata que había adornado el cuello de una joven de Berlín, le permití bautizarse Alicia Martínez, y yo mismo llamé seducción a la brutal respuesta a mi pedido de una gota de humana ternura.
He mentido razonablemente, día por día, hora por hora, minuto por minuto, palabra por palabra, hasta el 23 de febrero. He apelado a todas las astucias, a todos los engaños, a todos los trucos. No me queda más que la verdad y la verdad es un gran espacio en blanco.
¿Un error de milímetros y de segundos en el frágil curso de esa tierra donde yo nada cuento? ¿Un castigo a mi inocente soberbia, que quiso huir de la cárcel y de la muerte de todo tiempo humano? ¿O el premio atroz a un hombre dolorido que aspiró a despojarse de la miseria de sus pequeños dolores en un puro amor a la vida, sin exigencia de retribución?
No sé si el lugar en que escribo pertenece a Buenos aires o a Berlín, a las dos a la vez o a ninguna. No sé si la película corresponde al pasado o al futuro, si he leído el diario ayer, hace un mes o mañana. No sé a qué calendario, a qué reloj, se atan estas últimas horas.
Pero bajo al jardín, me siento sobre el pasto fresco, y puedo estar en todas las ciudades, ser todas las personas que aún contengo. Y puedo hablar sin rencor con Paco Stein, puedo abrazar cándidamente a Victoria, bromear con el chico de la playa de estacionamiento, aceptar las propuestas de Juan Pablo Miller, besar las lágrimas de la mujer de Nikolai, ayudar a mi padre en la carpintería, asistir vestido de etiqueta, a una fiesta en algún congreso.
Recostado en el tronco de la palmera, afirmado en el único pedazo de tierra conocida, cumplo la última vuelta de este monótono circuito de buhonero. Caras y voces familiares me despiden sin verme desde las bajas orillas de la costa y saludo dignamente a Safet, quien dio un nombre apropiado a mi viaje.
No sé quién soy, ni dónde estoy. Pero tengo a esa mujer que me quiere, y a ella me abrazo, sin preguntas, cuando me excede el orgullo de la libertad.
De una sola cosa estoy seguro. Ese grito de angustia que se oye en esta noche de verano, que sube desde el jardín y penetra por la ventana abierta, no es el mío.
Yo soy feliz.

*Final de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

14 de junio*

A Mauricio Silva.

Quizá haya sido una mañana de 14 de junio como esta de hoy, un sol tenue, al que hay que adivinar entre vapores flotantes de humedad antes de ver el primer haz de plena luz abriendose paso. la luz se instala en los farolitos fragiles que brillan en las hojas siempre verdes de las enredaderas. Afuera y en las calles las hojas se resignan a derramarse y teñir de otoño cada baldosa y cada calle.
Allí estaba el, barriendo las hojas, antes que se embarren en los desagues en una pasta negra, que amasija las siluetas naturales y les quita su propia entidad, su identidad.
Me parece verlo, lo imagino guardando algunas hojas bellas para que duerman y sueñen su forma inalterable adentro de las hojas de un libro, allí junto a los pimpollos de durazneros que llovian del aire en la primavera pasada. -él usa un ejemplar de Rayuela para guardar recuerdos que le llegan del aire, del cielo, del pasto-. Mientras barre y tira su carrito de barrendero de la ciudad.
En estos días no lo acompaña más Jose Antonio, algo anda intuyendo ese viejo perro callejero al que las señoras del barrio alimentan con mimos y sobras de la cena . Hoy duerme en una pequeña esquina resguardado de las primeras heladas.
Esta es una mañana de soledad, su figura fantástica esta recortada en las mismas perlas de rocio que lloran desde los arboles. la barba esta humeda y los anteojos se empañan a cada rato, justo para no haberlos visto llegar ni esperarlos. Cobardes que se ocultan para arrancar hojas y manos que trabajan, escriben, y siembran porvenires.
Manos que juntan las hojas en la madrugada de Villa Devoto....
Arrancar hojas y vidas, arrancar calendarios para siempre. Arrancar todos las posibles primaveras de mucha gente que vive su vida y ese día de junio pisa las hojas secas en la calle, esperando ver brotes de verde, y polen de aire tibio.
Allí va Mauricio, con sus anteojos empañados de rocío, sin imaginar su foto en el diario, homenajes in memoriam y un día del barrendero de la ciudad en el mismo día en que criminales de la dictadura lo secuestraron.

-2003-

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

Post-texto: Sacerdote y Barrendero dice el diario. No podía dejar de mirar su foto. Me queda su imagen, y el sentir que tambien podría haber sido mi foto o la foto de muchos de nosotros congelada en el tiempo. Pienso también en los innumerables roles humanos y sociales arrancados por la crueldad de la dictadura a su propia vida y destino humano. País de victimas, repito sin saber que más agregar.

-Mas info sobre Mauricio Silva: http://www.los150defloresta.com.ar/inicio/floresta.php?id=3313
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-92647-2007-10-08.html
http://www.la-floresta.com.ar/2007/octubre/5.htm

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04/07/2008 GMT 1

EDICIÓN JULIO...

urbanopowell @ 18:27

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Mis amigos poetas*

Mis amigos poetas
no están con los famosos en las antologías.

Mis amigos poetas odian la hipocresía,
le cantan a los duendes
y se mueren de pena por la muerte de un niño.

Mis amigos poetas apoyan las huelgas
y reciben balas
cuando disparan versos a la policía.

Mis amigos poetas están en las marchas
y cargan estandartes del Cristo de La Higuera.
Se oponen a las guerras y a las oligarquías.

Mis amigos poetas
jamás tendrán un Nobel.

*De Miguel Crispín Sotomayor arcomar@cubarte.cult.cu

Revolviendo la maleta*

Revolviendo la maleta salió tu verso.
Entre calcetines, pañuelos y ropa
aparecieron tus besos

No sabía lo que era
y los tomé con las manos
en silencio
los miré despacio
y los puse en mi boca
un momento

Vi que eran tus besos
y con ellos, tu aliento
que pusiste en mi equipaje
para seguirme queriendo.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

La dama del sombrero rojo*

¿Qué será

la dama del sombrero rojo

bajo el velo?

¿Ave del paraíso?

¿Será de dragón

su fuego camuflado

entre puntillas?

¿Será la suma voraz de todo miedo?

¿Sólo madre,

y sus ubres

cándidos surtidores de nácar?

¿Será loba?

Padecerá su hambre

debajo de la luna?

¿Será gorrión?

¿Mariposa nocturna

amanecida entre dos hojas de cuaderno?

Mujer que velas

de rojo

¿te apagarás con la luz

tú también,

como los pájaros?

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com

Un nido de abrazos*

1

Alboroto de gorriones contra la tarde gris de julio.
El hombre traza sus letras casi en la oscuridad. En quietud, afina el oido. Desprendidos de los trinos, se escuchan los pasos de luz de su compañera -ahora con alas plegadas- volviendo al nido.

2

Levantan la vista
ven al árbol dormitorio
florecido en pájaros de la noche.
No caen a pétalos.

Sólo se acompañan en soledad
de hoja en hoja.

Ella se pregunta
porque no hacen nido.

Mirando al cielo vedado
por hojas y pájaros.
Se abrazan.

Y hacen del abrazo,
un nido.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

Querreque*

*de la canción popular mexicana
(que en nada se parece a este escrito)
y en memoria de José Guadalupe Posada.

Calaveras bailan en medio de la plaza,
Cantan y se entonan
Al son de la Muerte Alegre.

Calaveras empresarias
Y calaveras obreras;
Terratenientes
Y trabajadoras agropecuarias
Ahora comparten juntas la mesa
Con tan solo los huesos
Para mostrar.

Nosotros,
Simples mortales,
Podemos hacer que caigan del techo
Calaveras de azúcar y pan,
Que caigan entonando rimas
Que toman de frases de "El Capital".

Algunas con zarape,
Otras tantas con sombrero de palma
Y comiendo un agusanado tamal…

Cuentan historias de terror
Que han dejado para los vivos:
Hablan de deuda externa,
Democracia representativa,
Desregulación
Y apertura al mercado mundial.

Brindan haciendo buches
Con tierrardiente y gas metano
Mientras guardan los chistes
Entre canto y canto
Para gritar que no importa
Quién empiece la guerra,
Aquí todos llegamos igual.

Yo por eso cuando sea grande
Quiero ser calavera,
Para que todos vean que tenía razón:
Que todos nacemos y morimos iguales.

El pobre y el rico solo son momentáneos
Mientras se mantengan las clases en esta sociedad.
Pero al final de cuentas,
Quieran o no lo quieran,
A la misma tierra van.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

El destino es insondable*

El hombre lee en su asiento una carta escrita sobre papel verde. Se inclina un poco tratando que el sol que ingresa por la ventanilla ilumine de lleno en esas letras de birome azul. Tiene sus ojos cansados y la presbicia lo obliga a distanciar bastante la carta, a punto de temer con incomodar con la extensión de su brazo a la señora sentada enfrente en la que puede ver una mirada curiosa detrás de esos anteojos redondos con bastante aumento.
En realidad, no le importa que esa señora de mediana edad y pelo rubio enmarañado se interese por su carta. Ella solo podría haber leído la fecha y el lugar que están en letra visible e imprenta, arriba a la derecha de la primera hoja. Luego viene la letra manuscrita, pequeña y encriptada de Cecilia que se hace imposible de descifrar si la persona no esta familiarizada con ella.
Y además, que importancia tiene que esa señora de algo menos de cuarenta años sepa de su felicidad, de su ir y venir con el amor y la distancia.

Ella iba y venía, en su trabajo por los aires, en sus ensueños o en sus amores fugaces de cada aeropuerto que no lograban desplazarlo a él. Su hombre. Él, que iba y venia todos los fines de semana para compartir su lecho, sus labios. Para caminar con ella de la manito o en el abrazo de hombro de ella a cadera de él que tanto les gustaba, como a los eternos amantes, novios o compañeros de vida, aunque nunca supieron definirse, no les interesaba otra cosa más que llevarse de la mano o del abrazo por la
vida que era una sucesión de instantes o una eternidad bajo una misma luz, pisándose a veces con mutua torpeza los pies en aquellas estrechas veredas del centro antiguo de la ciudad, para luego retornar al departamento de ella y fundirse en un solo cuerpo a luz de luna o estrellas, a sol que entibia la piel o a cielos de acero sin grietas. Aun parece sentir el ruido de la lluvia cayendo a gotones de sonido persistente por los techos, mientras adentro los cuerpos se encendían bajo cobijas del frío invierno.
Sentados en la cama, los domingos a la tarde él le leía a ella cuentos de Dal Masetto y ella a él a Borges o Cortázar. Más de una vez, le leyó "Romance" y él sabía, que era apenas un pretexto para llegar a la frase final que tanto lo oprimía como presagio, como un destino acechante a la vuelta de la esquina, o en cada ir y venir a la estación de trenes, para llegar o partir de los brazos de ella, su amor, su compañera.
Recuerda haberle leído esa frase que ahora ronda frecuentemente en su cabeza: el destino es insondable y no existe felicidad que no este amenazada.

Pero él recuerda cada encuentro y cada despedida como si fueran una sola, una misma imagen superpuesta de ese intento imperfecto de volver una y otra vez al placer, o al contacto de la piel, la fusión de los cuerpos, el orgasmo de cada cual a su tiempo y modo, la sonrisa del después y el dormir
abrazados para entrar en la noche del sueño bien juntitos.
Su piel lo enloquecía. Su blanca piel casi transparente en la que podía ver rutas celestes que no parecían venas sino mapas de cielo como los que ella surcaba primero en Aerolíneas Argentinas y más tarde en Lufthansa.

Vuelve a doblar en dos las tres o cuatro hojas de la carta sin dejar de echar una última mirada con los ojos húmedos sobre el encabezado, que seguramente la señora que esta allí enfrente ya ha leído, aun fingiendo desinterés y con la mirada perdida en algún punto de la estación que de una vez y quizá para siempre están por dejar cuando la fuerza de la máquina logre romper la inercia y el viaje se desate sin atenuantes en un movimiento externo a esa relativa quietud de gente sentada e indiferente a los otros seres sentados que parten desde sus propios mundos y asuntos.

No importa que esa señora sentada enfrente haya leído la fecha: Hamburgo, 15 de abril de 1992.
Y más abajo el Querido Julio: y luego parte del contenido que conoce de memoria y ha leído una y otra vez durante estos años, en sus viajes a bordo del tren.

Entonces el tren arranca y el hombre rompe la carta en cuatro con expresión de angustia marcada en el rostro, aunque ya maldice su impulso, su inútil esfuerzo por doblegar ese pequeño hilo de ilusión que lo mantiene ahí, no queriendo preguntarse sin respuesta, y entonces guarda esos grandes pedazos en el bolsillo derecho de su campera verdeagua, quizá ya mismo piensa en pegarlos con cinta transparente al llegar a su casa de Buenos Aires.
Intenta disimular su rostro desencajado. Se levanta y se va al otro vagón, no quiere testigos, que nadie sospeche ni se pregunte por que él sigue yendo y viniendo en ese tren. Ahora que ella, no esta más para esperarlo.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

Nosotros, no*

No hemos sido nosotros

quienes entre 1600 y 1850 hemos asesinado

sistemáticamente a más de 30 millones de indígenas

durante la colonización de Norteamérica

ni quienes a partir de 1619

legitimamos y establecimos el uso de prisioneros africanos como esclavos

situación que jurídicamente sólo vino a terminar en 1995;

no hemos sido nosotros quienes nos apoderamos

de Texas, California y Nuevo México entre 1846 y 1848

tras promover y financiar un movimiento de secesión en estos territorios mexicanos

ni quienes anexionamos a Hawai en 1898 e intervinimos

en la política de los países centroamericanos, anexionando

también a Filipinas, Guam y Puerto Rico;

no hemos sido nosotros quienes, por supuesto, innecesariamente

atacamos con bombas atómicas

a ciudades de Japón, como muchos recuerdan, en 1945

ni quienes una y otra vez

nos involucramos en guerras foráneas

y conquistando nuevos territorios

o áreas de influencia

declaramos la guerra a Corea

intervinimos en la política sudamericana

y a tantos masacramos en la guerra de Vietnam;

tampoco hemos sido nosotros

quienes invadimos a la República Dominicana en 1965

y reiteramos la experiencia en Panamá y Granada,

Afganistán e Irak

ni quienes en los primeros años del siglo veintiuno

mostramos abierta y sangrientamente la pretensión de dominar

a todas las razas y culturas;

de ningún modo somos nosotros

los que devoramos cerca del 40% de toda la Energía

incluyendo combustibles, alimentos y agua

ni quienes apostamos al sustento del mayor arsenal operativo nuclear de todo el Planeta.

Repudiamos nosotros, no sin énfasis

que se nos endilguen estos dichos, y aun otros, y otros

con esa liviandad, animosidad manifiesta

y afán estigmatizante que a ustedes los caracteriza

al tiempo que denegamos

haber ido deviniendo en el Supremo

Energuménico

Enemigo de la Humanidad.

(a Ernesto Guevara)

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Sin maquillaje‏*

En soledad
Y también en la noche
Quizás con las dos juntas
He descubierto la profundidad
Del abismo,
La pesadilla de ser yo
No me animo a mirar
En el espejo
No quiero asustar a mi rostro
Él aunque esté triste
No puede transmitir
Esa la pura soledad
De estar con uno mismo
Y sin maquillaje.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

SE HAN ABIERTO LAS BARRANCAS DE LA NOCHE*

Se han abierto las barrancas de la noche.

Aquellos que se han ido, han vuelto.

Silenciosamente, así como han partido.

Está la repudiada, con su sexo abierto y su boca cerrada.

Esta el hombre estallado en el espejo del amor

Está el niño que no llegó a la lluvia.

Esta la adolescente pálida ahorcada con sus trenzas azules-

Está la bestia, aun sin rostro.

Está el preceptor de primer grado con su índice erecto y su pene flácido

Está el hombre que murió en defensa propia.

Están los muertos ilustres envueltos en banderas.

Están los “muertos de mierda” y la mierda de los muertos.

Está el condenado por los dioses arrojado al Río de la Plata.

Están erguidas las ratas militantes de la peste negra.

Está Medea y los hijos de Medea.

Está el hombre de las cuencas vacías.

Está la infamia anónima escondida tras pétalos de lepra

Está Magdalena enamorada eterna del eterno hombre.

Está María con mirada cándida y piernas varicosas.

Está el padre del padre de la madre con su espada rota.

Está el poeta condenado a la muerte y la vida de la rosa.

Están deudos y deudores de la fetidez globalizada.

Está el hombre de sombrero bizarro.

Está el labriego con las callosas manos mutiladas

Esta la dueña de los pantanos invisibles

Está el vate chileno de la generación muerta.

Están todos. Ninguno falta.

Tampoco yo.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

Una mañana*

Silencio al sol de media mañana. El hombre percibe con su nariz cerrada por el resfrío como se abre paso lentamente un aroma a sopa de vegetales. Un olor a hogar inunda el aire quieto de la habitación.

Él, ahora, puede respirar bien, bastante mejor que ayer a la noche. Se abren sus sentidos y el gusto a sopa le trae bien cerquita la voz de anoche, con su compañera cantando en la cocina...

"Who can buy this wonderfull morning?"

"Who can buy this morning to me?"

Y algo más abajo de su voz de blanca negra que por momentos se eleva en catedrales, el hombre alcanza a oír la percusión, un ritmo espontáneo que surge del cuchillo cortando sobre la tabla de madera.

Pedacitos y pedacitos que serán bien pronto aroma y alimento.

Recién en la mañana, con la cama bañada de sol, el hombre abre sus pulmones y los llena del aire a sopa, y también del sonido que bien evaporado y mezclado en los sabores vegetales flota en la habitación...

"Who can buy this wonderfull morning?"

"Who can buy this morning to me?"

Tiene razón la letra. Nadie puede comprarle esta maravillosa mañana, cuando su nariz recibió como un golpe del recuerdo, ese aroma y esa voz. Una sencilla muestra de la dicha de amor y hogar que llegaba desde la cocina.

*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com

3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“

BASES DEL CONCURSO:

ÁREAS:
a. Composición para piano solo
b. Composición para piano y electrónica
c. Composición para piano y trío de cuerdas

v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.

ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.

Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.

Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO: 500 Euros

* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.

* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).

Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: euroyage@yahoo.de

más informaciones encontrará en: www.euroyage.com

EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)

El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v El Gobierno del Estado de Salzburgo
v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v La Asociación Música en el Museo (MiM)
v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE

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02/07/2008 GMT 1

PRESIDENTES MILLONARIOS...

urbanopowell @ 13:58

PRESIDENTES MILLONARIOS*

...No son recomendables,

menos aún

si hicieron el gran

amasado

en ejercicio del gobierno.

Ven mal,

ven poco, o por encima,

como capangas

de un ruedo, y ordenan,

chillan y acusan,

y la gente pasa a ser

algo extraño;

así queda graficado,

todo herido,

entre voces, disfraces

vastos

y al borde. La historia

ya desnudó

y engulló a muchos de

ellos.

*de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar

DE HISTORIAS EN LA HISTORIA...

La revuelta*

El pasillo noventa y siete de la Biblioteca Central amaneció con montones de páginas tiradas por el suelo. Este hecho había ocurrido por primera vez en la sección de "Novela corta" hacía un par de meses. En aquella ocasión se achacó a la acción de un perturbado con ansias destructivas, pero al repetirse en los pasillos de "Infantiles", en la sección de "Inventos" y en el área de "Descubrimientos" se inició una investigación.

Poéticamente, el caso se abrió como "el otoño de la literatura", nombre poco afortunado, pero como el comisario era amante de los poemas y escogía el nombre, se mantuvo así.

Se iniciaron las pesquisas mientras cada mañana amanecían más pasillos llenos de hojas. Se interrogó a multitud de ejemplares sobre todo lo que pudiera estar relacionado con el momento en que desaparecieron los libros de los estantes FU y GA, cosa que parecía una premonición. Después de medio año de investigación se procedió a detener a un comando de 120 libros entre los que se encontraban Miguel Strogoff, Viriato, Carlomagno, Atila y El Che, imputándoles cargos como cabecillas del movimiento.

En los interrogatorios manifestaron que los libros estaban cansados de ir de mano en mano, de ser maltratados , de que sus paginas fueran dobladas..." Te vas un día a casa de un tío, no te devuelve y te marchitas en cualquier rincón", "Te ponen bajo la pata de una mesa para que no se tambalee", los dibujos de los niños, los mordiscos de los perros…

Adujeron que todo ello había traído consigo graves daños colaterales. "Guerra y paz " fue devuelto sin nieve, "Mujercitas" con dos hermanas casadas, el "Talmut" con fotos eróticas, "La perfecta casada" con un amante, "Marco" con un mono de más y "Heidi" en estado. Y habían muchos más casos terribles e imperdonables; motivos más que suficientes como para iniciar una huelga de hojas caídas.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

43

La chaqueta roja de la azafata de Austrian Airlines flotó un segundo delante de mis ojos. Luego vi la mano apoyada en mi hombro. Y por fin la redonda cara pecosa y el gesto preocupado.
-¿Se siente bien, señor?
-¿Eh? Ah, sí, creo que me dormí.
-Ajústese el cinturón, por favor, vamos a aterrizar.
La conciencia de donde me encontraba llegó en pequeñas cuotas. El DC-9 de Austrian Airlines, el aeropuerto de Viena abajo, un campo blanco de nieve. Había olor a buen café en el avión.
-Estoy en Viena.
Estaba en la ciudad que era como mi casa. De pronto me sentí protegido y cuidado. Pero unos minutos después, cuando bajaba la escalerilla y a pesar del frío hiriente que debía despertarme del todo, tuve ganas de sentarme en un escalón y dormir. Alguien detrás de mí preguntó en inglés si estaba enfermo. Sacudí la cabeza, me reí. No estaba enfermo, tenía sueño.
Y qué sueño. Dos veces estuve a punto de caer sobre la cinta transportadora mientras esperaba el equipaje. a tientas pasé por inmigración, tironeando el carrito y tambaleándome llegué a la parada de taxis, subí a uno, le di el nombre del hotel al chofer y me dormí inmediatamente.
Desperté cuando el coche llegaba a la fuente de Mozart niño. Mozart, grácil y feliz, hacía música en la nieve bajo su capa invernal de polietileno. Unos metros más adelante estaba el Hotel Rainer.
No pude evitar que el conserje llamara al dueño del hotel para avisarle de mi arribo. me moría de sueño, pero al cabo de tantos viajes y tantas estadías en el Rainer, la amistad con Peter exigía el abrazo de bienvenida.
-¡Grüss Gott, Alberto!
Un oso de mediano tamaño se arrojó sobre mí, acribillándome a preguntas. Bostezando, le dije que no me quedaría mucho, dos días a lo sumo. Trabajo, como siempre. Y la ITB.
-¿De dónde vienes?
El piso se movió.
-¿Cómo?
Dios, no me acordaba. ¿de Bucarest? ¿De Milán?
-Alberto, ¿estás bien?
El piso dejó de balancearse. Sonreí. Oh sí, perfectamente bien. Sólo muy cansado y con un resfrío que me tenía a mal traer.
Exclamó, gesticuló, se disculpó, llamó a un botones, le ordenó que subiera mi equipaje, me me metió a mí en el ascensor, entró él, hablando sin parar.
Debía acostarme ahora, luego almorzaríamos juntos. ¿Dos días en Viena? Qué vergüenza, yo siempre de paso, ¿para cuándo las vacaciones? Muy cerca de Viena, había un hotelito tranquilo, el dueño muy amigo de Peter, buena pista de esquí, qué escándalo no esquiar, aplaca los nervios, mirá qué tranquilos nosotros los austríacos, eso sí, el segundo puesto en la estadística mundial de suicidios, no por el esquí, tampoco por la economía, menos por el trabajo, vaya a saber por qué, ¿ y el pobre Wilkins? ¿Me había enterado de lo del pobre Wilkins? Ah, tanto que contar. Y ese loco de Janez se había casado por quinta vez, y bien, un yugoslavo, un insensato de nacimiento, pero la chica era una belleza y veinte años más joven que Janez, no, tal vez no tan loco...
Se interrumpió para abrir la puerta de mi cuarto y lo examinó con aire severo. Todo en orden. ¿Quería tomar café? No, café no. Con esa cara, mejor chocolate caliente. O cognac.
Se alejaba trotando por el pasillo cuando recordé.
-Peter.
-¿Sí?
-Vengo de Berlín.
Mi cuarto en el Rainer. Blanco. Tibio. Mullida la cama. No había botella de Kirsch esta vez. No le había dado tiempo a Peter y me lo reprocharía durante el almuerzo. La avenida con tranvías silenciosos y veloces. Wiedner Haupstrasse. esa dirección la recuerdo. Era la de mi casa en Europa. Nevaba. Es bueno mirar la nieve que cae. Porque adormece. Acuna.
Me desvestí, dejé la ropa sobre una silla. Y me acosté. El perfume de las sábanas limpias, el peso del edredón, la honda almohada, me absorvieron. Estaba tan cansado. Sin embargo, no lograba dormirme. La tibieza primera se convirtió en calor. "La calefacción es exagerada. Tengo que abrir la ventana". No me moví ni para quitarme de encima el edredón.
Cada vez que creía que iba a dormirme, algo me despertaba. pero no era la campanilla de los tranvías en Wiedner Haupstrasse. Era un ruido similar al que hacen las barajas cuando las mezcla el jugador. Y no eran barajas sino fotografías. Fotos grandes, reveladas en un papel muy duro, de grano grueso, apostadas una a una, con golpe seco y breve, sobre una mesa imposible.
Vi la corriente nerviosa de luces de la Kudam, el muñon de la catedral bombardeada, las puertas del Hotel Kempinski. La calle de tierra, la lluvia y en el centro la bondadosa cara de mi padre, la cara que tenía cuando yo era chico, los ojos grises en la cara de un chofer de taxi. había una foto de la pensión de Frieda Preutz y otra del balcón y de la escalera. Dos seguidas de una misma mujer. La primera era el retrato de Victoria que tanto le gustaba y del que nunca pude desprenderme. La segunda era Victoria sentada, con un libro sobre la falda, pensativa y muy quieta. Luego venía una mesa de restaurante con un mantel a cuadros, un florerito, una vela. En la misma fotografía, un poco en sombras, había una muchacha rubia. La constructora de lápidas, la estudiante de Düsseldorf. En el largo cuello brillaban unos puntos de luz. Ese hombre sonriente, con las manos en los bolsillos de su campera de cuero, era Juan Pablo Miller, que esperaba debajo de un reloj de hierro en un patio desierto. Y ésa, amenazándome con una aguja de tejer, autoritaria y burlona, Frieda Preutz.
Las fotografías me marearon. Tenía mucho calor ahora, me faltaba el aire. Cerré los ojos. Si pudiera dormirme... Una foto grande en colores. Francisco Uriaga. An, el guión para la película. Vi la mesa de "Giulio" y a Juan Pablo Miller, Ramón Segura, Carlitos pavoni y yo, muertos de risa, festejando las páginas entregadas. Oí la voz del director de cine: "Cuando vuelvas de Viena, podrás ver la primera copia. Y cobrarás tu parte". Y más baja, más triste, la de Carlitos: "Ya le compaginé las panorámicas, tres palmeras de fondo, altas y finas, las cabezas desgreñadas en un solo racimo".
Ahora confundía todo. Me veía en Ezeiza, esperando el avión, y en seguida descubría que era el aeropuerto de francfort y partía a Berlín. Le pagaba la cuenta a Frieda Preutz, pero salía de la pensión a Jonte y los paraísos florecían. Estrechaba la mano de Juan Pablo Miller y su sonrisa era la de paco Stein, que me decía que este mundo es muy raro. Lo único que no confundía era la gran imagen en colores de Francisco Uriaga y las páginas donde conté su historia.
Sentí náuseas. Supe, infinitamente asombrado, que iba a desmayarme. Con enorme esfuerzo logré sacar una mano de abajo de la sábana y tomé el teléfono. El tubo resbaló de mi mano floja, cayó al piso.

*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

Dos historias*

*Por Hugo Soriani

En 1978 Juan, que tenía 22 años y llevaba casi cuatro detenido, fue trasladado junto con otros quince presos políticos desde la cárcel de Sierra Chica hasta el campo de concentración de La Perla, en Córdoba, en calidad de rehén, para ser fusilado si la guerrilla cometía algún atentado durante el
desarrollo del Mundial de fútbol.
Ese grupo de 16 personas fue mantenido durante el tiempo que duró el campeonato con las manos esposadas a la espalda y los ojos vendados, sentados en el suelo, contra la pared, pero con un raro privilegio: si jugaba Argentina sus custodios los esposaban con las manos hacia adelante para que pudieran festejar, agitándolas, cuando nuestra Selección convertía los goles que el relato de José María Muñoz llevaba hasta sus oídos.
Luego de la consagración argentina, y felices de seguir aún con vida, tuvieron otro premio: sus verdugos les permitieron bañarse y les ofrecieron, como broma macabra, cambiar sus ropas por otras que habían pertenecido a los desaparecidos asesinados en ese centro clandestino.
En junio de 1978 Ernesto, que tenía 23 años y llevaba tres como preso político en la cárcel de Magdalena, fue arrancado de su celda durante la noche, molido a palos, bañado en agua helada y sometido a varios simulacros de fusilamiento, para luego ser arrojado en una celda de castigo en la que
permaneció diez días en cuclillas porque sus dimensiones le impedían pararse.
Desde esa celda, Ernesto escuchaba los gritos de sus verdugos que hacían estallar la cárcel cada vez que Mario Kempes perforaba las redes adversarias.
Ernesto, futbolero al fin, también festejaba, pero intuyendo que cada gol argentino era una ficha a favor de la dictadura que podía prolongar su cautiverio.
Sólo años después, y ya liberado, vería la vieja y conocida foto de la junta militar festejando el título en el palco del Monumental y recordó entonces esos goles que festejó, y padeció, en la oscuridad de su calabozo.
Hoy Juan y Ernesto pasan los cincuenta años, son sobrevivientes y pudieron reconstruir sus vidas y sus afectos. Ambos, junto a sus familias, estuvieron en "La otra final", esa que el domingo organizó el Instituto Espacio para la Memoria en la cancha de River, con la intención de empezar a cerrar una
herida entre los futbolistas que ganaron la copa y las víctimas de los genocidas que los usaron para tratar de limpiar la imagen del régimen militar.
De aquellos jugadores estuvieron Luque, Villa y Houseman, quienes, como gran parte de la sociedad argentina, en aquellos años no fueron conscientes de la magnitud de la masacre, pero hoy tienen el coraje y la dignidad de decir presente y recordar, prendidos de la bandera con la foto de los desaparecidos, a quienes murieron mientras multitudes festejaban el campeonato del mundo.
Otros jugadores de aquella Selección adhirieron al acto y algunos prefirieron no hacerlo, incluso hasta hicieron declaraciones públicas en contra, como si ejercer la memoria y la autocrítica fuera en desmedro de sus éxitos deportivos.
El inefable Menotti, que suele desgranar conceptos "progres" en cada uno de sus apariciones, sigue sin aparecer cuando se trata de comprometerse con la justicia y la memoria. Una vez más desperdició la oportunidad de ponerse al frente de una convocatoria que pudo tenerlo como protagonista. Como ocurrió en aquel mundial donde sí permitió que la dictadura usara su carisma, su prestigio y su figura para que los asesinos escondieran ante el mundo la magnitud de sus crímenes.
Nora Cortiñas, Taty Almeida, Adolfo Pérez Esquivel, Ana María Careaga, Mabel Gutiérrez, entre otros dirigentes de organismos defensores de derechos humanos, entregaron medallas a los participantes. Las medallas dicen: "En reconocimiento a su participación en 'la otra final'. El partido por la vida y los derechos humanos". Y también la recibieron los jugadores de la Selección Sub-20 que jugaron un minipartido con sobrevivientes, como simbólico homenaje a todas las víctimas de aquellos años.
A Houseman se le caían las lágrimas en su abrazo con Nora Cortiñas. A Luque se lo notaba emocionado cuando se puso los cortos para jugar unos minutos, y a Villa, pionero en reconocer aquel horror, se lo disputaban todos los micrófonos.
Caía la tarde sobre el monumental cuando el flaco Spinetta dejaba los primeros versos de "Laura va".
Joaquín, Manuel y Sebastián, los pequeños hijos de Ernesto y Juan, ya tenían sus camisetas argentinas con las firmas de los jugadores presentes. Ojalá no tengan que esperar otros treinta años para completar las que faltan.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-107057-2008-07-02.html

5 de julio*

El hombre avanza con andar cansino y tembloroso sobre el suelo de grava. Un inusual sol de invierno le pega con sus tímidos rayos sobre la nuca, amortiguando apenas aquel escalofrío existencial que lo embarga desde hace ya mucho tiempo. Esa sensación de vacío que experimenta en cada aniversario, cuando el calendario indica que promedia la primera semana de julio, y sus recuerdos se fugan sin aviso hacia aquellas viejas épocas de gloria, cuando aún pertenecía a la gloriosa institución ferroviaria. Cuando aún tenía cuarenta años, y era el eficiente guarda de trenes Carlos Ruíz.

El entorno ha ido cambiando a lo largo de los años. Y sólo la memoria –junto al recorrido de los colectivos que rodean la zona- consigue ubicarlo en el mismo espacio geográfico que abandonara hace casi treinta años, ya que si fuera por las reminiscencias del paisaje, bien podría haberse perdido hacía ya varias horas. Ya casi no quedan vestigios de la antigua estación. Y la sensación de angustia y soledad es tan grande que ni siquiera es capaz de derramar una lágrima, al menos para atenuar tanto dolor.

En un gesto casi mecánico, mientras abarca con su mirada aquel paisaje tan extraño como familiar, de características casi siniestras, hunde una de sus manos en el bolsillo del saco y aferra ese fragmento de papel tan antiguo como manoseado; contacto que de alguna manera lo mantiene cuerdo, trayéndolo nuevamente a la realidad, un espacio que mixtura diferentes planos, del ayer y del hoy, conformando algo tan rico como incomprensible, y hasta casi aterrador.

Intenta avanzar, pero la emoción lo inmoviliza en el lugar. El tiempo parece haberse detenido. Aún le parece oír los distantes silbatos de las locomotoras, el paso fragoroso de las formaciones, el traqueteo de los vagones sobre las juntas de las vías. Y siente calzada sobre la cabeza su vetusta gorra gris, y la chaqueta color crema sobre los hombros, y el silbato siempre presto junto a su boca, anunciando la salida en horario del tren…

Las imágenes del pasado se confunden con este disímil paisaje actual, en el que apenas consigue divisar una silueta que se acerca.

-¿Qué tal? -, saluda el recién llegado, con las manos en los bolsillos, haciendo una inclinación de cabeza, y ganando confianza para comentar:. –Está lindo al sol, ¿no?

-Y, sí… -, responde Don Carlos, casi ausente. –Sobre todo, cerca de este lugar, tan lleno de recuerdos…

El otro pasea la mirada sobre el paisaje, para luego volver a mirarlo, detenidamente. De pronto, Don Carlos repara en esa mirada que lo escruta, y se la devuelve, un tanto extrañado. El recién llegado esboza una media sonrisa, quizá gratificado por el encuentro, y le pregunta:

-Usted no se acuerda de mí, ¿no?

Don Carlos duda.

-No… La verdad que no. A mis años, mire… Hay cosas que no se tienen tan presentes.

-Éramos más jóvenes, es cierto. Pero a pesar de la rutina y de la inmovilidad del final, compartimos varias cosas en este lugar. Sobre todo los mates, que Usted me hacía ensillar a cada rato…

Don Carlos da un par de pasos y se acerca, para mirarlo más detenidamente. Es cierto, han pasado los años, pero detrás de ese rostro curtido, de esa apariencia de hombre cincuentón, se ilumina la misma mirada sensible, desbordante de utópicas ilusiones, que contemplara treinta años antes. Alza su dedo índice, apuntándole al rostro, y le dice:

-El sociólogo señalero…

-Jesús Corrado, el mismo -, responde el otro, ensanchando la sonrisa, y tendiéndole la mano, que Don Carlos estrecha sin mirar, halagado y sorprendido al mismo tiempo, como si acabase de haber visto un fantasma.

-¡¿Pero cómo está?!

-Y, aquí andamos… De regreso en el “lugar de trabajo”, como cada tatos años…

-No me diga que viene seguido…

-No tanto como quisiera, pero de vez en cuando, para esta fecha, me doy una vuelta, y veo cómo quedó todo. Aunque, claro, no es lo mismo.

-No somos los mismos. Tenemos los achaques propios de la edad. Y en todo este tiempo, nos pasaron muchas cosas.

-Dígamelo a mí, que por haber estado en la “Jotapé” tuve que esconderme, y laburar de lo que fuera durante los años de plomo. Ni por asomo me tomaron de vuelta en el ferrocarril; nadie quería líos con las botas. ¿Y Usted?

-Y, ¿qué le puedo contar? Me puse a trabajar en una panadería, la de mi cuñado, durante muchos años. Después compartí un puesto de diarios. Pero nunca me sentí tan a gusto como acá en la estación. Esta era mi vida, Jesús. El día que lo cerraron fue para mí como si me amputasen un brazo.

-¡Ya lo creo! Sé lo que sintió. Para mí, aunque estuve poco tiempo, fue un remanso entre tanta confusión. Me sirvió de refugio intelectual, para empezar a cerrar conceptos sobre mi vida que no tenía claros al abandonar la facultad. No sabe cómo extrañé nuestras mateadas. Con decirle que aún conservo en mi casa la calabacita que solíamos usar en la oficina…

-¿De veras? -, y Don Carlos se estremece de la emoción. –Mire, voy a confesarle algo. Me da cierto pudor hacerlo, pero es la única persona a quien puedo contarle esto. A los demás, bueno…, creo que a mis 75 años pensarían que ya estoy senil, que no puedo aferrarme a estas cosas, que tengo que hacer algo para disfrutar tranquilo mis últimos años… En fin…

-¿De qué se trata?

-Desde aquel último día en que estuvimos en la estación, cuando llegó a la sala de espera aquel cadete en bicicleta, trayendo el telegrama de cierre, ¿se acuerda?…

-Claro, hombre. ¡Cómo olvidarlo!

-…bueno, desde ese día… -, hace una pausa, aclarándose la garganta, presa de una emoción tan antigua como devastadora, -…desde aquel maldito día conservo esto que para mí es un tesoro, una reliquia nefasta, pero que cada vez que lo tomo entre mis manos me recuerda que no todo se ha perdido, que al menos algo he podido conservar, aunque más no fuera un fragmento del final…

Y con mano temblorosa, aún dudando de enseñar ese placer que se le antoja secreto, imposible de compartir con miradas ajenas, extrae del bolsillo del saco ese papel antiguo y manoseado, oscuro de tanto trajín, pegado con innumerables cintas adhesivas, y se lo extiende casi con culpa, como si no se atreviera a desprenderse de él, como si se le fuese una parte de la vida al separarse de aquella reliquia.

-¿Puedo? -, pide permiso Corrado antes de tomarlo, adivinando las emociones del viejo, quien asiente repetidas veces con la cabeza, sin la fuerza suficiente para responderle con palabras.

El antiguo señalero del Ferrocarril General Belgrano despliega el papel con suma delicadeza, temeroso de estropearlo con algún movimiento apresurado, y lee aquellas líneas ya desdibujadas, apenas legibles, pero demoledoras como mazazo en el corazón:

“CIERRE RAMAL PUNTO

JUNTAR HERRAMIENTAS PUNTO

CERRAR ESTACIÓN CORONEL DOCTOR MARCOS PAZ PUNTO

PONER CANDADOS OFICINAS PUNTO

PRESENTARSE ESTACIÓN LA PLATA

COBRO DE HABERES PUNTO

CINCO DE JULIO 1977”

-Es el mismo… -, balbucea Corrado. –El telegrama que trajo aquel cadete que…

-Sí, hombre. Es el del final -, asevera el ex guarda de trenes, con el llanto atravesado en la garganta. -El que tiene fecha de hoy, cinco de julio, pero de hace casi treinta años atrás…

-Don Carlos… -, continúa balbuceando el antiguo señalero, volviendo a pedir permiso, -…¿no se ofende?

Y ambos hombres se funden en un único abrazo, cálido y fraternal, cómplice y sin edad.

*de ALDIMA. licaldima@yahoo.com.ar

El hermano*

*Josefina Licitra
02.07.2008

–Soy una vedette en cuerpo ajeno –dice Jaime García Márquez luego del sexto cuba libre, su mano en mi mano, el cuerpo reclinado sobre la mesa de un bar casi vacío–. Todos esperan ver a Gabito pero me encuentran a mí, y yo hago lo que puedo.
Son las cuatro de la mañana de un jueves y Cartagena de Indias es apenas sus luces. Los zapatos de Jaime son blancos. También su guayabera, su pantalón y sus dientes.
–Hace unos días le decía a Gabito: “Tú lo tienes todo: dinero, fama, prestigio, una obra. Pero si tienes tanto, seguro que eres mal polvo”. Él me miró con esa cara que tiene cuando se despierta de algo. “¿Ah…?”, dijo y luego la llamó a su mujer: “Oye, ¿yo soy mal polvo?”. Mercedes no contestó, así que yo lo tomo como un sí.
Es la segunda vez que me encuentro con Jaime. La primera sucedió hace cuatro años, durante un evento de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez. En ese entonces –como siempre– la estrella del lugar había sido Gabo. Pero los verdaderos anfitriones detrás de ese despliegue habían sido, también como siempre, Jaime Abello Banfi (director de la FNPI) y Jaime García Márquez: ingeniero, comunista explícito, hacedor de caminos, subdirector ejecutivo de la Fundación y hombre dueño de una religiosidad extraña. “¿Conociste a Gabito?” “Siéntate cerca de Gabito.” “¿Te has sacado foto con Gabito?” “Ven que te presento a Gabito, el tesoro de la familia.”

Jaime hablaba de Gabito como si estuviera entrando a un templo. Y lo raro es que esa admiración, contra cualquier prejuicio, encerraba un amor dolorosamente honesto. No debe ser fácil ser hermano de Gabriel García Márquez. Sus padres, Gabriel Eligio y Rosa Santiaga, parieron quince hijos y hay veces que la sede de la Fundación –en Cartagena de Indias– está llena de Garcías que saltan de los zócalos con la promiscuidad de un virus. Por algún motivo, sin embargo, de toda esa madeja de parientes es sólo Jaime quien carga la cocarda y las responsabilidades de ser el hermano de un Nobel.

Si en términos existenciales el éxito y el fracaso son el resultado de un humor cósmico (que da las mieles sólo a algunos), tener un hermano genial debería vivirse con el sinsabor exasperante del que compra el billete 100 y luego escucha que el Gordo de Navidad fue el 101. Tener la posibilidad del éxito, en términos formales, a un palmo de distancia puede destruirte mucho más que tenerlo en la otra punta de tu planeta privado. Pasa en las familias, pero también en los mundos mayores. En San Pedro de Macorís, por ejemplo, un puerto dominicano ubicado a quinientos kilómetros de Estados Unidos, la posibilidad del sueño americano hace que cientos de chicos se lancen al mar y terminen tragados por los tiburones. El problema, esa vez, no es el modelo sino la falsa cercanía de la victoria; la sensación de que basta un solo paso para estar adentro.

¿Hay forma de salvarse? ¿Hay forma de no llenarte de fracasos cuando sos el hermano, el marido, la periferia del éxito? Ahora, en Cartagena de Indias, Jaime García Márquez da señales de que sí. Y dice a su modo –que es: sin siquiera necesitar decirlo– que la única manera de seguir entero es haciéndose amigo de las propias fisuras. Jaime disfruta hablando de sus grietas y ofreciendo con nobleza lo que él supone que todos queremos tener: historias de Gabito, secretos de Gabito, foto con Gabito, tour de Gabito. “En esta plaza se filmó una escena de El amor y otros demonios, ¿lo has leído? Para el papel de la muchacha trajeron a una cubana que Dios mío: casi me da un infarto, no sabía qué se me podía parar primero”, me dijo Jaime hace un rato, tomándome del brazo, cuando paseábamos por Cartagena de Indias y la ciudad era, en esas horas, un sueño interminable: las casas antiguas, la noche, la plaza triangular, y los ojos felices y espejados de don Jaime hablando de Gabo, Gabito, su hermano del alma, su tesoro.

–Todavía no se ha hecho un trabajo sobre el pensamiento político de García Márquez –advierte ahora sobre la mesa del bar.

–¿Por qué no lo hacés vos?

–Nooo –frunce la frente–. Ya van a pensar que quiero hacerme el escritor.

La sonrisa de Jaime es blanca. Una hilera de edificios fuertes, en la boca de un hombre que se cree pequeño.

*Fuente: Crítica digital
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=7229

Correo:

Crónicas del Hombre Alto (el blog)*

Este blog reúne las crónicas, artículos de opinión y otras divagaciones en prosa que he venido escribiendo desde el 2004 a la fecha, más algunos otros textos previos que he rescatado de la prehistoria.
Casi todos estos escritos han sido publicados en las revistas virtuales "Inventiva Social" y "La Máquina de Escribir", y unos cuantos lo fueron en "Gaceta Literaria". También, por carácter transitivo, aparecieron en varios blogs y/o páginas de Internet que acostumbran reproducir lo que se publica en los medios ya mencionados. En dimensión papel, varios de estos textos han encontrado alojamiento en las páginas de "El Arca del Sur". Y por supuesto, también han circulado por mail gracias a la generosidad de mis colegas y la amabilidad de mis amigos. A todos los que han colaborado en esta tarea de difusión -siempre bienvenida, por cierto- muchas gracias.
Pueden Uds. recorrer el blog a gusto ingresando a la dirección http://cronicasdelhombrealto.blogspot.com
o bien pueden consultar la lista de aquí abajo y hacer click sobre las crónicas que les interese leer.
Espero que disfruten la lectura.

*Alfredo. alfdibernardo@ciudad.com.ar

LISTADO DE CRÓNICAS PUBLICADAS EN EL BLOG

Crónica nº 40: Veinticuatro minutos de silencio (mayo 2008)
Crónica nº 39: Juan y Mayra miran fotos viejas (abril 2008)
Crónica nº 38: Nada nos deja más en soledad (marzo 2008)
Crónica nº 37: Internet y el cajón falso de la cocina (febrero 2008)
Crónica nº 36: La memoria en los dedos (febrero 2008)
Crónica nº 35: ¿Y vos quién sos? (noviembre 2007)
Crónica nº 34: Muebles viejos (noviembre 2007)
Crónica nº 33: El almanaque me hace bromas (agosto 2007)
Crónica nº 32: Recordando a Michel Serrault (agosto 2007)
Crónica nº 31: Acerca de una carta a Fontanarrosa que jamás será escrita (julio 2007)
Crónica nº 30: ¿Para quién canto yo, entonces? (mayo 2007)
Crónica nº 29: La perspectiva escandinava (abril 2007)
Crónica nº 28: Los docentes y el zeppelin plateado (abril 2007)
Crónica nº 27: Pequeña crónica naranja (marzo 2007)
Crónica nº 26: Incidentes en la partida de Alfredo Di Bernardo (enero 2007)
Crónica nº 25: De cuando (aparentemente) Dios decidió involucrarse un poco en el fútbol argentino (diciembre 2006)
Crónica nº 24: Noviembre del '81 (noviembre 2006)
Crónica nº 23: El señor de las aguafuertes radiales (septiembre 2006)
Crónica nº 22: Los fugitivos del siglo XXIII (septiembre 2006)
Crónica nº 21: La canción que no dice nada (agosto 2006)
Crónica nº 20: Días (julio 2006)
Crónica nº 19: La pasión según Atlas (mayo 2006)
Crónica nº 18: Ella no era para mí (abril 2006)
Crónica nº 17: Sobre cierta amnesia colectiva (abril 2006)
Crónica nº 16: Ha llegado Florencio (marzo 2006)
Crónica nº 15: Carta abierta a Joaquín Sabina (marzo 2006)
Crónica nº 14: Apuntes de un viaje a las Cataratas (febrero 2006)
Crónica nº 13: La carta de Antonella (diciembre 2005)
Crónica nº 12: De las dificultades para escribir boleros cuando se es una persona relativa (noviembre 2005)
Crónica nº 11: La perspectiva histórica y sus trampas (noviembre 2005)
Crónica nº 10: De ilusiones rematadas (agosto 2005)
Crónica nº 9: Alegría en rojo y negro (mayo 2005)
Crónica nº 8: Del lenguaje como medio de incomunicación (marzo 2005)
Crónica nº 7: Navidades (diciembre 2004)
Crónica nº 6: Era en abril (noviembre 2004)
Crónica nº 5: Pero qué bueno, che (octubre 2004)
Crónica nº 4: El precio de la normalidad (julio 2003)
Crónica nº 3: Magia (noviembre 2002)
Crónica nº 2: El humor en los tiempos de la cólera (julio 2001)
Crónica nº 1: La dictadura de la alegría (marzo 2001)

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Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

29/06/2008 GMT 1

COMO SI EL MUNDO FUERA UNA PARED DE VIDRIO...

urbanopowell @ 16:14

CENIZAS*

*Alejandra Pizarnik.

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te...

La noche sufre.

*Fuente: http://amediavoz.com/pizarnik.htm

COMO SI EL MUNDO FUERA UNA PARED DE VIDRIO...

Domingo, 29 de Junio de 2008
OSVALDO BAYER HABLA DE EXILIO, VIOLENCIA, CENSURA Y PERONISMO

"Los intelectuales deben ser solidarios con los que sufren"*

A propósito de la edición del libro Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas, el escritor, periodista e historiador actualiza el debate sobre "los temas que se discuten desde siempre". El autor de La Patagonia Rebelde no esconde nada.

*Por Silvina Friera

Desde el escritorio de su casa en Linz am Rhein (Alemania), a orillas del río Rin, Osvaldo Bayer contempla un inmenso bosque de hayas, robles, nogales y otros árboles y plantas con sus curiosas y hermosas flores silvestres. Y oye el canto de los pájaros. En esa casa, construida por su hijo Udo, espera que lleguen los sueños, los recuerdos, los anuncios, lo imprevisto. "Aquí espero la visita de Chejov, de Bernhardt, o de los poetas de siempre, Goethe, Hesse. Y por ahí también llega Evaristo Carriego en el tren provincial y lo espero en la pequeña estación, o a Roberto Arlt, para hablar en alemán", cuenta el escritor a Página/12. "Tengo el retrato de Marlene Dietrich, claro, aquí en la biblioteca, no en el dormitorio como lo tengo en Belgrano. Sí, aquí, en la biblioteca, no sea que me visite José Pablo
Feinmann y me denuncie en alguna contratapa", bromea. El escritor, periodista e historiador está convencido de que la polémica es una de la armas de la razón. Polemizar es su modo de estar en el mundo (ver aparte). Lo prueba, en parte, Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas, editado por Casa América Catalunya y La Ochava Ediciones, con compilación y epílogo de Fabián D'Aloisio y Bruno Napoli, que recoge siete polémicas que el autor de La Patagonia Rebelde ha mantenido con Ernesto Sabato, Alvaro Abós, Mempo Giardinelli, Roberto Baschetti, Günter Lorenz y Rolando Graña.
En estos debates intensos sobre el exilio, la violencia, la censura, el rol de los intelectuales y sus complicidades con el genocidio y el peronismo, Bayer pone la palabra al servicio de la reflexión, el debate y la discusión.
Como señala Rodolfo Mattarollo en uno de los estudios preliminares del libro, "se trata de estar dispuesto al intento de pensar las experiencias límites y sus contradicciones muchas veces insalvables".
-¿Por qué al repasar las siete polémicas la sensación que impera en el lector es que los temas planteados no tienen fecha de vencimiento, que no están cerrados?
-A pesar del tiempo transcurrido, ninguno de los temas de las polémicas ha podido ser resuelto ni en el mundo ni en la Argentina. Porque miremos al mundo o sólo a la Argentina, ¿es aceptable el estado de cosas actual? ¿Acaso los argentinos hemos aprendido algo después de las enseñanzas que nos dejó
la crueldad extrema en que vivimos durante la última dictadura? Nada; miremos las estadísticas: hambre de nuestros niños, gente sin trabajo, villas miseria. Después de dos guerras mundiales pareciera que la humanidad no ha aprendido nada. Irak, Afganistán, refugiados, hambre, bombardeos, deterioro de la naturaleza... Por eso, hay que sentarse a la mesa y discutir, por lo menos eso. No al conformismo. No al hincarse y ponerse a rezar. Pero yo no busqué las polémicas. Ante mis escritos, me buscaron y me
encontraron. No le quité el cuerpo.
-Rodolfo Terragno plantea en uno de los artículos en los que polemizó con usted que el exilio, durante la última dictadura, creó una deuda. ¿Cree que se logró saldar esa deuda en estos años de democracia?
-No. La democracia no hizo justicia con el exilio. En ese sentido, la Alemania que surgió después de la caída del nazismo reivindicó a sus exiliados. Por ejemplo, se les pagó el pasaje de regreso y se les dio una labor. A los intelectuales prohibidos se les dio una tarea en la cultura o en la docencia y se les reeditaron sus libros quemados, indemnizándolos. En la Argentina no pasó nada de eso. Todo lo contrario. Cuando regresé, había un clima adverso al exiliado que volvía. Alfonsín, al día siguiente de
asumir el mando, invitó a la Rosada a almorzar a intelectuales argentinos, pero a ninguno de los que habían regresado del exilio. Volví en octubre del '83, el día de las elecciones. En los primeros cinco años no conseguí ningún trabajo. Por eso, todos los años regresaba a Alemania para trabajar seis meses y ganarme las divisas para poder vivir en la Argentina los otros seis meses. Hasta que Página/12 me abrió sus puertas y la Facultad de Filosofía me nombró profesor titular. Por lo menos, los gobiernos elegidos después de la dictadura tendrían que haber editado los libros quemados, y resarcido, por los daños, a las sufridas y valientes editoriales de esos libros.
-En el debate con Terragno la discusión parece tensarse cuando se reflexiona sobre el papel de los intelectuales. ¿Cuál es la incomodidad que produce y quizá siga produciendo pensar el rol del intelectual?
-Repito siempre: el intelectual debe tener todas las libertades para escribir o decir su pensamiento, pero eso sí, tiene que ser solidario con los que sufren y salir a la calle por ellos. Si no, ¿para qué sirve la intelectualidad, si se aísla en la torre de marfil y no escucha los ruidos de la calle? Y más aún durante una dictadura de la desaparición de personas.
-Usted definió a Sabato como "el héroe de la clase media" en 1985. ¿Lo sigue siendo, o después de la polémica que tuvo con usted, en el Periódico de las Madres, su figura fue perdiendo peso?
-Mi definición de Sabato como "héroe de la clase media" fue dicha con ironía. Me refería a esa clase media que no quiere ser molestada nunca y sale a la calle sólo para aplaudir al gobernante de turno, al triunfador de turno, al preferido de los medios. Sabato fue un maestro en mantenerse en equilibrio en todas las décadas. Con catorce dictaduras militares ni estuvo preso, ni le prohibieron un libro, ni tuvo que irse del país, ni la policía nunca le tocó el timbre de su casa. Esto no es un reproche, pero por lo
menos tendría que haber dejado de representar su papel de "eterna víctima".
Pero bien, todo se puede pasar por alto pero lo que no le voy a perdonar nunca es haber escrito en su libro El otro yo del peronismo esta frase: "Perón era un resentido, como buen hijo natural que era". Ser hijo natural no es ni un pecado ni un desmedro. Yo, que soy un hijo "legítimo", prefiero la palabra "natural" a la palabra "legítimo".
-¿Por qué Sabato nunca hizo el acto de contrición que usted le pedía?
-Creo que le falta una palabra que valoro mucho: humildad. El ir a visitar a Videla y decir que ese dictador criminal era "un general culto" fue un error que produce espanto. Luego, ya en democracia, tendría que haber dicho: "me equivoqué, y pido perdón a todas las madres de los desaparecidos". Y no, no lo hizo. Pero no quiero seguir este tema dada la edad actual de Sabato. Creo que está todo dicho en la polémica, que tuvo lugar cuando teníamos 23 años menos.
-En el campo de la discusión de ideas, tanto con Alvaro Abós como con Mempo Giardinelli se percibe que el debate sobre la violencia constituye una dificultad crónica de las izquierdas, peronista y no peronista. ¿Cuáles serían las causas de este déficit?
-Es que queda muy bien decir "estoy contra toda violencia". Yo también estoy contra toda violencia, pero comprendo ciertas reacciones de las víctimas de la brutal y continua violencia de los de arriba. Repito aquello tan verdadero: no hay violencia de abajo si primero no hay violencia de arriba.
Es una reacción, a veces la última posibilidad de libertad y justicia. El derecho de "matar al tirano" o de hacerse justicia con la propia mano cuando no hay justicia de arriba son dos problemas que se discuten desde siempre.
Si el atentado contra Hitler de Von Stauffenberg hubiera sido exitoso, se calcula que se habrían salvado diez millones de seres humanos. Hoy Von Stauffenberg es uno de los grandes héroes de la historia alemana: monumento y acto oficial en el que se lo recuerda todos los años. Claro, pero ¿quién
pone los límites una vez desatada la violencia? Por eso, no hay que jugar con el pueblo porque siempre habrá alguno que reaccionará. En nuestro país no se conoce la autocrítica. Los radicales no han pedido disculpas por los fusilamientos de los peones patagónicos del '21. Los peronistas no han pedido disculpas por las Tres A de López Rega, ni tampoco por los gobiernos de Menem, de Romero en Salta o de Juárez en Santiago del Estero, para nombrar sólo cuatro ejemplos de otros hechos negativos de nuestra historia.
-La última polémica del libro, con Roberto Baschetti, es sobre el peronismo, sobre el discurso que pronunció Eva Perón el 1o de mayo de 1949. Felipe Pigna disiente con su planteo de considerar a Evita heredera del pensamiento y las prácticas de la derecha, de la Liga Patriótica y de Roca. ¿Qué opina
usted?
-Lo que siempre he buscado en la historia es terminar con los mitos: el de Roca, el de Sarmiento, el del propio Alberdi. Como experiencia histórica con respecto al peronismo, les gano a Baschetti y a Pigna porque soy viejo, tengo 81 años y viví ese peronismo desde su nacimiento. He vivido y experimentado sus acciones positivas y negativas. Para aprender de la historia hay que preguntarse el porqué de los fracasos, buscar los errores y tener la valentía de reconocerlos. Hemos perdido lo mejor de la juventud
argentina en los años del crimen y la humillación. Y tenemos que preguntarnos por qué. No eran jóvenes "imberbes". Ahí está la clave, en esa palabra de la Plaza de Mayo. ¿Por qué Lastiri en vez de Cámpora? ¿Por qué la represión brutal del "malón de la paz", en 1946, esa pacífica manifestación coya que sólo pedía sus tierras comunitarias? ¿Por qué la prisión de Atahualpa Yupanqui, el cantor de la tierra? ¿Por qué la represión de la huelga marítima de 1950? Yo, que era marinero timonel del vapor Madrid, fui
echado por huelguista para siempre de los buques argentinos. Si digo estas cosas, y lo del discurso de Evita, no es para denigrar el peronismo sino para que no se acepte todo como en la iglesia. Por analizar el discurso de Eva Perón no me alejo de ella sino que ayudo a conocerla. Y por eso la comprendo fundamentalmente. No fue Rosa Luxemburgo, pero hizo lo que pudo cuando estuvo en el poder. No soy tan palurdo de confundir a Evita con el pensamiento de la Liga Patriótica ni de Roca. Traigo ese discurso de Evita con enorme tristeza porque veo cómo se denostaba la heroica y bella lucha de los trabajadores del mundo y su "trapo rojo". Baschetti, que no hace mención a mi frase donde pongo bien alto la obra social que patrocinó Eva Perón, me compara con el almirante Rojas y con Marcos Aguinis. Le he respondido que "compararme con el almirante Rojas se lo perdono porque es un disparate tan grande que mueve a risa, pero lo que no le voy a perdonar nunca es que me compare con Marcos Aguinis". Eso, no (risas).
De las siete polémicas, el escritor señala que la que más trabajo le costó fue la de la violencia. "Tal vez nunca encontremos una solución ni comprensión perfecta del tema", admite. La polémica que más dolor le provocó fue la que tuvo con Lorenz en 1979, en Alemania, por lo injusto e irracional de prohibirle que leyera su disertación, Residencia en la amada tierra enemiga, rechazada por "impropia", "contraproducente", plagada de deformaciones demagógicas, de clisés y de generar los efectos contrarios a los buscados por la organización del III Coloquio Latinoamericano. "Pero esa prohibición me dio gran alegría por el apoyo que recibí de los sectores intelectuales y en la prensa alemana." Bayer recuerda que hace un tiempo, en una reunión de intelectuales, preguntó por qué Perón prefirió a López Rega y no a John William Cooke.
-¿Y qué le dijeron?
-Un intelectual peronista me gritó: "ésa es una pregunta gorila, Bayer" (risas). Y yo le respondí: "Claro, sí, es una pregunta gorila, pero respóndanla, por favor". No hubo respuesta. De eso no se habla.
Como buen polemista al que le gusta meter el dedo en la llaga, Bayer termina la entrevista lanzando la punta de la que podría ser otra intensa polémica, si algún peronista se animara a responder por qué el viejo Perón optó por el brujo López Rega. "Me voy a pasear y a soñar con las walkirias por las
orillas de Rin", se despide el escritor.

Para encontrar un nuevo camino

¿Cómo definiría el arte de polemizar?
-La polémica es una de las armas de la razón. Escuchar los argumentos del otro, tratar de interpretarlos para enfrentarlos con otros argumentos.
Fundamental para llegar, en lo posible, a una síntesis. Sin aceptar por cierto algo que eluda a la ética. Siempre, luego de una polémica entre dos partes, queda alguna conclusión positiva para el tercero que lee, escucha y contesta, aunque sea para sí mismo. Se aprende, por lo menos eso me pasa a mí. Es una búsqueda más, y toda búsqueda significa un hallazgo, aunque pueda ser menor o frustrante.
-¿Quiénes fueron sus maestros y cómo aprendió a polemizar?
-Toda la historia de la filosofía es en sí una polémica con lo existente para encontrar un nuevo camino, una explicación tal vez para lo inexplicable. ¿Pero sabe usted dónde aprendí a discutir, a veces conmigo
mismo? Leyendo desde chico las cartas de lectores de los diarios. Las leía y cuando no sabía quién podría tener razón le preguntaba a mi padre, que siempre me aconsejaba o me daba de leer algún libro donde podía encontrar respuesta. La carta del lector puede ser un trazo de sabiduría popular o una
expresión de los prejuicios de una sociedad. Después, como estudiante, en la Universidad de Hamburgo asistí siempre a las discusiones de temas de cómo fue posible el nazismo en Alemania, sobre Auschwitz, las guerras, el intelectual como revolucionario, Dios y el mundo, por ejemplo. Quien más me atraía era, como polemista, Willy Brandt, que años después llegó a ser primer ministro. Otro, sin duda que me atrajo fue Sartre, en sus polémicas con Gavi y Victor Pierre, y Rudi Dutschke, el joven luchador del '68. La polémica que más me gustó fue cuando Agustín Tosco, en televisión, lo derrotó a José Rucci en una discusión de más de una hora.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-10485-2008-06-29.html

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

41

Desde el momento en que tomé la decisión de escribir el libro para Vida y Obra de Francisco Uriaga, mis preocupaciones pasaron a segundo plano.
El primer plano era el del poeta en la pantalla, el magnético silencio de aquella gran boca móvil. Lo veía en tecnicolor, proyectado en el Estudio A, cuando nos reuníamos para comentar el texto. Lo veía imponerse desde la pequeña ventana en la moviola, inconscientemente burlón, a la gesticulante figura del sonidista que me recitaba sus versos. Lo veía en cada uno de los agujeros de la carpeta de macramé, multiplicado el rostro de madera y el pecho florecido de medalas y cintas, mientras yo inventaba desesperadamente, encerrado en el cuarto de la pensión. Y no me hubiera costado creer que Francisco Uriaga se sentaba con nosotros a la mesa de "Giulio" todas las noches y nos miraba comer esos platos de falsa pasta italiana y tomar botella tras botella de legítimo vino alemán.
A otra película, vieja y aburrida, en blanco y negro, pertenecían mis dudas y problemas de un día atrás. La ITB postergada, la habitación en el Kempinski que ya no intentaba reclamar, el viaje a Viena, mi antipatía por Frieda Preutz. El tiempo, que tanto había medido en la costumbre del almanaque y del reloj, se comprimió, redondo y sin fracciones, en la semana que entregué a Francisco Uriaga.
Me embarqué en la aventura de berlín y mi vida era como la vida que se lleva en un barco, con puerto de salida y puerto de llegada, con algunas paradas en el trayecto para rutinarias operaciones de carga, para admirarse un poco de las extravagancias de la costa y luego recogerse entero a la protección de esa casa flotante, de esa tripulación circunstancial. Sí, me bastó firmar el contrato, ocupar la cabina asignada, para olvidar el absurdo del viaje y la imbecilidad de la tarea. Era un hombre con un propósito. Eso parecía suficiente.
-No nos pagarán un marco partido por la mitad hasta que les entreguemos la primera copia, los muy perros -dijo Miller-, ¿Estás seguro de que precisás una máquina de escribir? Total, si tu letra es clara...
Me puse firme. La lapicera la uso solamente para apuntar. No tengo la experiencia del escritor, aunque pasé años fingiendo ser uno, y necesito una máquina entre el papel y yo, de lo contrario se me enreda el pensamiento. Así fue como pagué de mi propio bolsillo una Adler portátil, cuya liviandad en el teclado estaba compensada con creces por el peso total. Era pequeña y dúctil, pero pesaba tanto que la olvidé (voluntariamente, supongo), sobre la mesa del cuarto de la pensión, el día en que partí hacia Viena.
Compré la Adler en un gran almacén de la Kudam.
Para trasladarme al Estudio A, que quedaba a unas cuadras, caminaba. Había memorizado la dirección guiándome por marcas en el barrio. Un fuerte olor de eucaliptos señalaba la invisible frontera tendida entre la pensión y el estudio; había un cerquito de palos alrededor de un árbol joven; en el frente de una casa, un zócalo de mayólicas azules y amarillas; una tienda que tenía en la vidriera una pierna de yeso enfundada en una media de mujer, roja y calada; una pérgola de rosas en un jardín pero sin rosas, como una gran jaula sin pájaros; un piano detrás de una ventana, cubierto por una carpeta blanca.
Aunque se me hubiera ocurrido rebelarme a la pereza de toda una vida y anotar el nombre de la calle y el número, habría hecho un gasto inútil. El barrio era muy viejo y tenía los caprichos y las complicaciones de la vejez: cortadas, placitas, pasajes, calles sin nombre, edificios sin número. Pedir auxilio a los habitantes, como lo comprobé yo mismo, no daba resultado. Mis pocas palabras de alemán rebotaban en caras invariablemente corteses, invariablemente cegadas por la incomprensión.
Para ir a la Kudam tomé un taxi. Recuerdo que antes de subir al coche miré desconfiado la cara del chofer. Era calvo, gordo, no se parecía a mi padre. Extrañamente, en vez de aliviarme, me desilusionó.
Entré en una especie de supermercado gigantesco y recorrí varios pisos antes de encontrar una sección de ventas de televisores. Entre los televisores se alzaba un pequeño mundo solitario de máquinas de escribir. La Adler portátil, blanca y negra, era la menos presuntuosa y me gustó. Sólo cuando me la entregaron, descubrí que pesaba tres veces más que cualquier máquina de su tipo. Di unos cuantos pasos cargando esa valija de plomo y tuve que detenerme. Sentía mucho calor, sudaba. El resfrío me había debilitado.
Laboriosamente avancé hacia la sección farmacéutica, que estaba en el mismo piso, en busca de algún medicamento para el resfrío. Me preocupaba la necesidad de hacerme entender. ¿Cómo se dice fiebre? ¿Cómo se dice resfrío? No se me ocurrió que esos ojos llorosos, esa nariz que goteaba, esa piel enrojecida, eran una perfecta bandera de gripe y que bastaría enarbolarla. De todos modos, antes de llegar al mostrador descubrí un estante de productos Bayer destinados, precisamente, a la cura del resfrío. Aquello era un almacén y uno mismo se servía. Me serví.
-A doctor, you must see a doctor -dijo la empleada de la caja.
Se resistía a venderme las milagrosas cajitas. Puse mi mejor cara, mi mejor sonrisa.
-Oh, yes, I'll see a doctor.
Con tal que me vendiera los amuletos Bayer, le prometí cualquier cosa. La muchacha cedió por fin, a regañadientes.
-You are not well, you must see a doctor -dijo finalmente, muy seria.
Como un soldado que minutos antes de la batalla recibe armas y municiones, la Adler, el papel y los remedios me animaron inmediatamente. No veía el momento de llegar a mi pieza, cambiarme los zapatos húmedos, abrigarme bien, tomar una taza de té caliente, una pastilla de cada una de esas cajitas salvadoras, y probar la máquina.
Cuando bajé del taxi, en la puerta de la pensión, sentí un alivio muy próximo a la felicidad. El chofer, al que no había mirado durante el viaje, tenía el pelo blanco y ojos grises. Quise preguntarle si trabajaba nada más que en esa zona. El coche arrancó antes de que pudiera abrir la boca.
Creo que mucho más que el dolor, la felicidad pide ser compartida. Hay en ella un impulso generoso que reclama la presencia del otro, un depositario de la alegría cuando ésta nos desborda como el champagne de celebración desborda la copa que sirve una mano feliz. Crucé la puerta deseando que me recibiera Frieda Preutz.
Me recibieron el vestíbulo vacío y la penumbra.
¿Y la muchacha del tirabuzón? No había vuelto a verla desde aquella noche. Empecé a subir la escalera. Lentamente. En parte por la debilidad, en parte porque esperaba tropezar con Frau Preutz o alguna de las muchachas.
¿Dónde se habrían metido? De noche (cuando ya escribía toda la noche), me parecía oír del otro lado de la puerta el paso de leves pies desnudos. La desnudez de los pasos -no era ruido de tacones, ni el sordo chasquido de zapatillas, sino el golpeteo suavísimo de pies descalzos en piso de madera- me haría asomar más de una vez al corredor, pero nunca vería a ninguna de las muchachas, tan coloridas y diversas, de la noche de mi llegada.
En lo alto de la escalera me detuve. La casa callada, envuelta en lluvia y sombras, me apagó. Desde ahí espié la sala de Frieda Preutz.
Había una luz velada como si no quisieran estorbar un plan de grises y de silencio para Berlín, la casa, sus ocupantes. Di unos pasos, empujado desganadamente por la felicidad que agonizaba. La puerta estaba abierta. Vi un pedazo de sofá, otro de consola y, en el piso, junto al sofá, la canasta de lanas.
Quizá la señora tejía. quizá, del otro lado del cuarto, la acompañaba esa muchacha de pelo negro y ojos verdes, sentada con un libro sobre la falda, pensativa y quieta.
Retrocedí, me refugié en mi pieza.
Las ventanas estaban cerradas. Puse la máquina de escribir sobre la mesa y fui a abrir las persianas. Ya no me sentía contento. Recordé que la cabeza me dolía, estornudé.
-Qué rápido sos para desanimarte -dije, irritado. Y abrí las ventanas de par en par.
Llovía. Más tenuamente ahora, pero seguía lloviendo. Tomé la manta escosesa y me la eché sobre los hombros. Salí al balcón. Una imprudencia que atribuyo a la desilusión de no encontrar testigos para esa alegría ya perdida.
Entonces ocurrió.
Miraba el barrio extendido allá abajo, sin pensar realmente en nada, cuando arreció la lluvia y el barrio comenzó a temblar como una fotografia en el líquido que la revela. Casas, árboles, calles, oscilaron, se deformaron, estallaron como si el mundo fuera una pared de vidrio.
Durante uno o dos segundos no vi nada, salvo un túnel de gris vertical, donde caí, rodando, enfermo de vértigo y pavor, hasta que bruscamente se enderezó la tierra, cayeron las paredes del túnel, volvieron los rotos pedazos a su sitio sin quebradura o marca y reconocí, maravillado, los paraísos de la calle Jonte, la laguna de techos planos y terrazas iguales a la nuestra, las puntas del tejado a dos aguas de dispersos chalets, las duras rectas, el damero suburbano de Villa del Parque.
Apoyado en el balcón, sujetando alrededor del cuello la manta escosesa, escuché el extraordinario silencio. Llovía y no se oía la lluvia. El viento sacudía los árboles y no se oía el viento. Pasaban automóviles por Nazca y no se oía el ruido de motores ni de bocinas. Sólo oí, muy débilmente, un zumbido lejano. No tuve que mirar los árboles para saber que lo producían nubes de moscas. Moscas atraídas por el olor dulzón de los paraísos florecidos. Algo tibio y caliente me cegó. Eran lágrimas.
Cuando volví a abrir los ojos estaba en Berlín, sólo la fiebre y la nostalgia me habían hecho creer que estaba en Villa del Parque, la lluvia era torrencial, los árboles no tenían hojas, ni flores, ni moscas de verano y el balcón de curva pretensiosa era igual a cualquier balcón construido sobre una media circunferencia.
-La pesadilla te siguió a Berlín -dije en voz alta.
Sin embargo, no era una pesadilla. Ahí, en la pensión de Frieda Preutz, en la aventura de Francisco Uriaga, era un sueño nostálgico. Cuando entré en el cuarto y cerré la ventana, ya no me pesaba la soledad. Tenía la sensación de estar acompañado y hasta lejanamente protegido por aquellas visiones de enfermo. Me defendían de sueños más angustiosos. El tejido de Frieda Preutz, la muchacha que tenía un libro sobre la falda, el chofer de taxi que se parecía a mi padre, los pasos sin cuerpo de las pensionistas, el Estudio A, Juan Pablo Miller y su cara sonriente, la imagen en colores de Francisco Uriaga.
Me cambié de ropa, saqué la máquina de su valija y, fuera del tiempo, de la vida, de la conciencia del lugar donde estaba, me senté a escribir.

*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

La nube*

De la nube cayó una gota de agua sobre el cuerpo de la mujer.
A los nueve meses, tras un parto presidido por rayos y truenos, la mujer parió una fuente.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

El odio de estos días*

*Por José Pablo Feinmann

Uno de los mails que recibí durante estos días me pareció no sólo doloroso, sino revelador de un estado de espíritu que atraviesa la derechizada sociedad argentina de estos días. Esta derechización no tiene nada de extraño pues el mundo ha girado a la derecha y en los países ricos surgen el fascismo, el neonazismo, la violencia contra el diferente, la incapacidad del diálogo, el desprecio de la democracia. Estuve -por cuestiones literarias- unos quince días en Europa y la xenofobia, el racismo y la violencia que conllevan son moneda de todos los días. Todos piden que se expulse a los inmigrantes, que no se los deje entrar. Se levantan muros legales o muros reales, como el que levanta Bush contra los mexicanos. El
mundo está entre la derecha occidental y el irracionalismo extremo del islamismo. Entre tanto, habían surgido algunos gobiernos tenuemente populistas en América latina, a los que se toleró durante un breve tiempo y sobre los cuales las embestidas son cada vez más feroces. Se trataría de quebrar algunas opciones de esos gobiernos: reemplazar el Mercosur por el ALCA, abjurar de todo gesto de intervencionismo estatal, eliminar cualquier intento de redistribución de la riqueza, concentrar definitivamente los medios de comunicación en el sistema comunicacional que establece hegemónicamente Estados Unidos (con matices, pero sin diferencias notables), desterrar todo lo que apeste a populismo. Si esto se hará democráticamente o no es difícil decirlo. A Chávez, entre la oposición política, los medios de comunicación y el apoyo de Estados Unidos, estuvieron por voltearlo. Lo que se nota en la Argentina es un factor que acaso (porque así es este país) se manifieste con más potencia que en cualquier otra parte: el odio. Sencilla, simplemente, poderosamente el odio. Si alguien pudo pintar: "Cristina vas a morir como Evita", todo es posible. Si a Cristina se le endilgan insultos del calibre más bajo, más obsceno y si, para peor, son las mujeres las que principalmente lo hacen, uno se pregunta: ¿qué pasa? Supongamos que el gobierno de Cristina Fernández no le cae bien a un sector de la población,
pero: ¿es para tanto? ¿Es para injuriarlo más que a Menem, que a De la Rúa?
Sabiendo (y aceptando en alguna medida) que a otros gobiernos, sobre todo al militar, no se les dijo nada de esto.
Tomo un ejemplo. El cantante Ignacio Copani escribió una canción. Yo no conozco a Copani. Pero ése no es un problema de él, acaso sea un problema mío. Escucho música clásica desde joven y no he logrado moverme de ahí. Hay quienes intentan hacerme "entrar" en el rock, pero no lo logran. Lo siento.
La cuestión es que Copani compuso una canción que lleva un título traslúcido. Se llama: "Cacerola de teflón". Debe tratarse de una crítica al sector social pro-agrario que se manifiesta en las calles con los utensilios que tiene en su cocina según su pertenencia en la escala social. Las cacerolas que tiene son de teflón. Copani canta su letra. Dice lo que tiene que decir y ahí empieza la invasión mediática. El "foro", en Internet, tiene un anonimato que facilita la agresión y hasta el insulto más soez. Facilita la expresión del odio. De este modo, Copani dice que, a raíz de su canción, recibió algunos mensajes afectuosos. Pero: "Pero he recibido también otro tipo de contactos llenos de reproches, cargados de odio, regados de
violencia, intolerancia, agresión y con un espíritu inquisidor que no creí que anidara todavía en gente de mi comunidad. He sido amenazado, agraviado, insultado, difamado, calumniado y, peor aún, han sufrido ese tipo de atropello miembros de mi familia. No me refiero a los impunes foros de Internet sino a e-mails, cartas y llamados recibidos". ¿Qué pasa? ¿Dónde estamos viviendo? ¿Esta es la ciudad de Buenos Aires? ¿Esta es la capital cultural de América latina? ¿De dónde salió esta tropa de asalto, organizada, feroz, violenta al extremo de estar a las puertas de la agresión física?
Sigue Copani: "Aquellos que piensan que la Sra. Presidenta de mi país me paga por verso, recital u opinión, simplemente están expresando su propia escala de valores y asumiendo que ellos mismos podrían torcer sus convicciones a un precio determinado. Yo no". Este es otro toque infaltable de este periodismo del odio. Afirma: todo aquel que se manifieste a favor de este gobierno lo hace por interés. En cambio, si "el campo" llena la Plaza ahí está la patria, la tierra, los valores centenarios, la clase rural que hizo la grandeza de la patria. Si la llena el Gobierno son todos gronchos traídos en los camiones de Moyano, o bandoleros de D'Elía, o desdichados que están ahí por un choripán. Y esto lo dicen periodistas con una trayectoria.
Que de pronto se han erizado también de odio. Algunos de ellos cambiarán milagrosamente no bien el Gobierno arregle con sus patrones, con los grupos económicos para los que trabajan. La conversión ideológica del periodismo en los últimos tiempos ha sido vertiginosa. Incluso conozco mucha gente que lo
detecta. "¿Viste? Fulano ahora ya no está en contra de Cristina". "Y claro: si la empresa para la que labura arregló con el Gobierno." Hay, sin embargo, un ingrediente genuino en este periodismo que acaso ni puedan variar, aunque el grupo mediático para el que trabajan les dé la contraorden: su antiperonismo. El odio gorila pocas veces penetró tanto en nuestra sociedad.
Y peor aún: el odio a la generación del '70. Lo peor que se le puede decir a alguien es setentista. Y al matrimonio presidencial se les dice sin más "la pareja montonera", cuando jamás estuvieron en esa organización y no se ha discutido aún con claridad los dislates o no que ha cometido en nuestro país. Dice, en fin, Copani: "Nunca discuto una crítica, sea como sea y venga de quien venga. Pero en este caso no recibí opiniones sobre la conformación estética del tema, de su métrica, de sus rimas, de sus sonidos, de la destreza para ejecutarla, sino una violenta y censuradora mirada hacia el contenido de mis ideas y mi conducta, bien típico de tiempos de inquisición y dictaduras".
Voy a citar ahora otro mail. Es de Hernán Nemi, que tiene 36 años, es profesor de Literatura en la Universidad de Morón, da clases en varios colegios secundarios y tiene un par de obras escritas para Teatro por la Identidad. (Esto lo torna muy sospechoso para la Argentina del odio y sus voceros comunicacionales. Porque la cosa también tiene este costado de destrucción fundamental: "¡Basta con esa cuestión de los derechos humanos! ¡Basta de juzgar a militares! ¡Basta de exhibir a Hebe de Bonafini en cada acto! ¡Ni a la Carlotto nos bancamos ya! ¡Eso terminó, es el pasado, hay que archivarlo!" O si no: "¡Hay que juzgar a los guerrilleros! ¿O no quedó alguno vivo?".) Suscribo todo lo que dice Nemi, de modo que citarlo es hablar y decir por su medio, que es impecable, y exhibe una prosa inusual:
"Se critica a Cristina por autoritaria: ¿qué otro presidente hubiera soportado cien días con rutas cortadas, desabastecimiento y amenazas constantes sin disparar un solo tiro ni reprimir en ninguno de los cientos de cortes de caminos que hubo? Entre el 19 y 20 de diciembre de 2001 murieron 31 personas en la represión del gobierno de De la Rúa a las manifestaciones populares. El matrimonio 'montonero' tuvo la actitud más tolerante y democrática frente a las protestas de la ciudadanía que se recuerde en toda la historia argentina". Aquí sólo podríamos pulir la frase "toda la historia argentina". Hubo otros gobiernos con tolerancia de democrática. Es cierto que, en este caso, el llamado "campo" ha paralizado
el país y su abastecimiento. Se trata, sin más, de un acto de subversión absoluto que deteriora por completo el funcionamiento del país. Y a los piqueteros se los quería colgar por cortar una calle.
Sigue Hernán Nemi: "¿Es éticamente correcto que la clase media y alta de Buenos Aires salgan a golpear cacerolas por las retenciones del campo cuando jamás las golpearon por las flacas jubilaciones que cobran nuestros viejos ni por los chicos que tienen hambre, ni por los sueldos docentes, ni por la
carpa docente, ni por la privatización vergonzosa de nuestras empresas en los '90?". Y también: "¿Tiene autoridad moral la Sociedad Rural de pedir más institucionalidad cuando apoyó a cuanto gobierno de facto hubo en la Argentina? ¿Este campo hoy indignado es el mismo que aplaudió a Menem a lo largo de la década del 90? Sí, es el mismo". Es siempre el mismo, Hernán: es el que recibió con atronadores aplausos a Juan Carlos Onganía cuando el dictador entró en el predio de la Sociedad Rural... ¡en carroza! El que abucheó a Alfonsín. El que respaldó a la patria financiera en el golpe de
mercado. El que apoyó a Videla y negoció con Menem. Hoy, en esta Argentina del odio, es la clase heroica que representa los intereses de la patria. ¡Y con los periodistas progres a sus pies!
Y, por fin, escribe Hernán: "Quienes piensan -legítimamente- que los ruralistas tienen razón, ¿por qué lo expresan a través de mails o comentarios tan agresivos, tan cargados de odio, tan faltos de argumentos racionales?, ¿qué nos pasa a los argentinos (y argentinas) que nos cuesta tanto bancarnos a una mujer como presidenta? Muchos de los adjetivos de esos mails -muchos de ellos enviados por mujeres- muestran el peor machismo: se la llama a Cristina 'puta', 'conchuda', 'turra', 'tilinga'... Y al mismo tiempo, los argumentos brillan por su ausencia".
Es así, Hernán: pero eso de bancarse a una mujer como presidenta no nos pasa "a los argentinos", sino a ciertos argentinos. Y si hiciera otra política le tirarían flores. No es que no se bancan a una mujer, no se bancan una política. El poder, en este país, es pragmático. Si hacés lo que yo te digo, lo que yo necesito, lo que llena mis arcas, estoy con vos y sos hermoso. No lo olviden: si el establishment argentino se bancó a Menem, se puede bancar a Drácula. Al sólo costo de que Drácula haga lo que ellos quieren.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-106897-2008-06-29.html

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 29 de junio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Guillermo Gaviria, Luis Pulido Hurtado und Luis Fernando Franco Duque. Las poesías que leeremos pertenecen a Luis Rivas Alcocer (Bolivia) y la música de fondo será de Elis Regina y Tom Jobim (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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28/06/2008 GMT 1

ASÍ COMO SON INFINITOS LOS OLVIDADOS...

urbanopowell @ 13:24

SIN NOMBRE/NAMELESS*

*de Margaret Atwood

Una pesadilla te asalta con frecuencia:
llega un hombre herido, por la noche,
a tu casa
-sitúas el agujero en el pecho, a la izquierda...
Su sangre al brotar mancha
tu puerta, al apoyarse,
casi desvaneciéndose...
Quiere que le dejes entrar.
Es como el alma de un amante
muerto y resucitado
hambriento aún
sólo que no está muerto. Y aunque el vello en tus brazos
se eriza y un aire frío
que de él proviene
cruza tu umbral,
no has visto a nadie más vivo que él
cuando te toca, apenas roza tu mano
con la izquierda suya, su mano limpia,
y un 'por favor' susurra,
en cualquier idioma...
Tú no eres médico ni nada parecido.
Has llevado una vida normal,
lo que un observador llamaría 'sin tacha'.
Detrás, en la mesa,
hay un cuenco con fruta,
una silla, un cuchillo,
un plato con pan...
Es primavera, y el viento de la noche
huele, húmedo, a marga removida
y a flores tempranas.
La luna irradia su belleza
que como belleza ves al fin,
tan cálida y ofreciéndolo todo.
... Sólo hay que tomarlo.
Oyes ladrar perros distantes.
La puerta está entreabierta
o entrecerrada:
así permanece y tú no puedes despertar.

-De Interlunar (1984)

*Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@hotmail.com

ASÍ COMO SON INFINITOS LOS OLVIDADOS...

Hargentina*

Ese país de ideas afónicas
de grito sordo
de cacerolas usurpadas
sale a descampar banderas
el plato de sopa sin sustento
la leche derramada
no se llora sobre
dicen que
en ese país de otros
que camina con sus cortes
sin saber hacia donde
sin querer escuchar
ni ver
ni mucho menos sentir
son el frío y el hambre tan ajenos
tan de otra parte
tan de nadie.

Ese país que siendo el mismo
parece otro mundo
parece otro.

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

El vestido de terciopelo*

*Por Sandra Russo

Leía esta semana, en el blog El boomerang, una nota de Marcelo Figueras en la que mencionaba "Las Ménades", el cuento de Cortázar en el que un grupo de mujeres escucha un concierto de música clásica que las desborda de emoción, embargadas por un goce artístico "bestial", desmesurado. O quizá no se trate sólo de público que disfruta "bestialmente" de la Alta Cultura, sino de mujeres que se identifican, aunque "bestialmente", con la delicadeza, la profundidad y la armonía de la música. Buena lectura en estos días en los que con actitudes bestiales se habla de democracia y se pechea.
Ahí está "la fricción de la ficción": la música, que calma a las fieras, despierta a esas mujeres. Figueras recordó ese cuento, lo releyó, y según escribe en su nota, advirtió que él vio a "las ménades" estas últimas semanas. Que las vio con cacerolas, enojadas, gritando por la calle; que las vio insultando con sus boquitas pintadas (también Puig podría tener la palabra en esta materia), escupiendo barbaridades.
En momentos de confusión, como éste, uno recurre a sus autores queridos y admirados para intentar entender un poco más precisamente lo que no se dice, lo que no se grita, lo que no se escupe. Es la fricción de la ficción la que permite siempre, pero a veces muy urgentemente, ver y escuchar, comprender lo que a simple vista preserva en secreto sus contradicciones.
No casualmente, mientras Figueras releía a Cortázar, en el taller de escritura releíamos a Silvina Ocampo. Ni Cortázar ni Silvina Ocampo fueron peronistas, pero los dos fueron enormes narradores que lograron capturar, en algunas de sus ficciones, eso que está en el aire y hoy se huele, se sigue oliendo, eso argentino que lastima o está lastimado, esa furia sorda que despierta en la "gente bien" esa otra gente extraña, capaz de cualquier tropelía, canallada, estafa o mentira.
En "El vestido de terciopelo", un cuento breve y maravilloso, la narradora es una niña de ocho años que va a todas partes con Casilda, su vecina modista. No se sabe por qué la niña acompaña a la modista, pero las clientas de Barrio Norte la toman por su hija. "¿Por qué no le coloca una piedra sobre la cabeza para que no crezca? De la edad de nuestros hijos depende nuestra juventud", le dice la señora del departamento de la calle Ayacucho a Casilda. Tal es su talante, su ternura, su predisposición hacia la niña que viene de Burzaco. "¡Qué suerte que tienen de vivir en las afueras de Buenos Aires! Allí no hay hollín, por lo menos. Habrá perros rabiosos y quema de basura...", reflexiona en voz alta, como si la modista y la niña, por proceder de tan lejos, no merecieran su buena educación. Delante de Casilda
y de la niña la señora dice todo lo que se le pasa por la cabeza.
La modista está haciéndole un vestido de terciopelo negro con un dragón, también negro, bordado con lentejuelas en un costado. El diseño del vestido es apretado, y la señora soporta con dificultad las pruebas. Es un día de calor. El terciopelo es tu tela preferida, la elige entre todas, por su distinción y su sobriedad. La señora está por viajar a Europa, donde todo es "blanco, limpio y brillante". Pero el terciopelo se le pega a la piel, no se desliza por ella, la señora se sofoca, le falta el aire. La señora es
víctima de sus preferencias. Le cuenta a la modista que las flores que más la atraen son los nardos. "¿Le gusta el nardo? Es tan triste", apenas puede argumentar Casilda, que no comprende por qué la señora no le hizo caso cuando ella le sugirió la seda natural, e insistió con el terciopelo. "El nardo es mi flor preferida, y sin embargo me hace daño", dice la señora. El olor del nardo la descompone. Casilda no comprende a esa mujer que vive en el departamento de la calle Ayacucho. El terciopelo también le hace daño. La eriza. Le hace rechinar los dientes. "Me atrae aunque a veces me repugne", dice la señora.
En una de las capas de sentido de "El vestido de terciopelo", Silvina Ocampo describió el choque entre la cultura de un Barrio Norte exquisito, no el de ahora, y aquella que llegaba en forma de mano de obra barata desde el Gran Buenos Aires, en épocas del peronismo. El peronismo había cometido el error
imperdonable de hacer visibles a los que estaban en las sombras de los basurales y a merced de los perros rabiosos. Esa gente toda parecida, esa gente extraña, vulnerable a veces y brutal tantas otras, era portadora de un perfume que repugnaba a la señora, como los nardos.
Es el vestido lo que Casilda le trae a la señora, el vestido de terciopelo hecho con sus propias manos y a pedido, el vestido con el dragón de lentejuelas bordado y tan ceñido al cuerpo que cuando la señora se lo prueba por segunda vez, cae redonda. La niña de ocho años ve desplomarse a la señora después de que ésta le ha dicho: "Cuando seas grande te gustará llevar un vestido de terciopelo, ¿no es cierto?", y ella ha contestado que sí, pero le ha contado al lector, no a la señora: "Sentí que el terciopelo de ese vestido me estrangulaba el cuello con manos enguantadas".
Antes de caer, la señora ha querido sacárselo, pero el calor y la textura pegajosa de la tela se lo han impedido. La señora no podrá sacárselo. Eso que le han traído de Burzaco, esa prenda de lujo cosida sin embargo a la luz de una bombita cerca de un basural, se le ha quedado adherido a la piel. Lo que ha llegado de Burzaco es parecido a un caballo de Troya, pero en lugar de un ejército enemigo, lo que trae es asfixia.
Mientras cae, la señora alcanza a decir: "Es maravilloso el terciopelo, pero pesa. Es una cárcel". A la señora la matan sus elecciones. Ella no es libre de decidir qué le gusta. El cuento habla, además, de la cárcel del buen gusto y de la cárcel de una clase.
La niña ve en el piso a la señora, pero lo que ve es el dragón, que se retuerce. Lo ve como un animal que se mueve sin orden y sin espectadores. La niña no ha sido tratada como una persona y no es una persona lo que ella ve moverse, ahogada, bajo esa tela pesada y engañosa. La señora muere ante los ojos de Casilda y la niña, que sin embargo no tiene un solo motivo para compadecerse de ella. Cuando el dragón queda inmóvil, Casilda dice: "Ha muerto. ¡Me costó tanto hacer ese vestido!"
"El vestido de terciopelo" tiene por tema, así, no un desencuentro, sino un encuentro repelido, amenazante. Del conurbano vienen ellas, las que trabajan para la señora, y a Barrio Norte llegan ellas, para ver cómo se vive mejor, distinto, y sin embargo mal. La señora vive tan mal que muere. La peripecia
del cuento es la de ese falso contacto entre dos mundos que no se quieren, no se interesan y no se compadecen. Y Ocampo logra narrar con una crudeza atroz ese desprecio que iría encontrando otras formas en la historia. No hay puentes tendidos, ni lenguaje ni lugares comunes entre la señora y la
modista. Hay resentimiento sordo y de ida y vuelta. Un resentimiento del que somos todavía rehenes.
Casilda y la niña reaccionan en toda su dimensión amenazante cuando ven caer muerta a la señora. Es apenas un cuerpo que yace adentro del vestido. No es alguien de su misma condición quien muere, y no se trata de una condición social, sino casi animal: no reconocen en la señora a alguien de su misma
especie, así como ellas eran, para la señora, criaturas venidas del basural, donde ladran los perros rabiosos.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-106864-2008-06-28.html

Dados*

Así como
son infinitos
los olvidados

los dados al recuerdo
y los recordados
son finitos.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Sábado, 28 de Junio de 2008
CINE INES DE OLIVEIRA CEZAR ANTE EL ESTRENO DE SU NUEVA PELICULA, EXTRANJERA

"El mito resuena en nuestro presente"*

Concebida como una versión libre de Ifigenia en Aulide, de Eurípides, el tercer largometraje de la directora de Cómo pasan las horas se interna en la tragedia de esa mujer condenada al sacrificio para encontrar la esencia que aún vibra de ese mito: su dignidad.

*Por Oscar Ranzani

El opus tres de Inés de Oliveira Cézar es una apuesta de riesgo: la directora estrena el jueves 3 de julio Extranjera, una versión libre del mito griego Ifigenia en Aulide, de Eurípides, y ubicó la historia en una zona desértica argentina. Más precisamente en Villa Benegas, un pueblo situado a quince kilómetros de Mina Clavero. Sin hacer hincapié en la anécdota sino más bien en la esencia del mito, el film tiene como protagonista a una muchacha cuyo padre, el curandero del pueblo, está dispuesto a sacrificarla para que se acabe la sequía en esa región.
Extranjera tiene la particularidad de haber hecho interactuar a actores profesionales (Agustina Muñoz, Carlos Portaluppi, Eva Bianco) con los habitantes del pueblo cordobés donde plantó la cámara la directora. La idea de Extranjera nació cuando Oliveira Cézar estaba rodando Cómo pasan las
horas. "Estaba filmando una secuencia con Agustina Muñoz (la protagonista) que no tenía nada que ver porque estaba ella tocando el piano con Roxana Berco. Habíamos empezado así. La vi a ella, sus manos, su voz, cómo trabajaba y me vino Ifigenia de una manera clarísima. Y ahí empezamos con la idea", relata la directora en diálogo con Páginal12, quien agrega que el mito "tiene resonancias con el presente".
-El film está más relacionado con la esencia del mito que con la anécdota.
¿Por qué lo pensó así?
-No está relacionado con la anécdota sino con lo que sería el hueso. Tomé eso del mito, no lo anecdótico, ni intenté interpretarlo. Busqué describir un proceso de esa persona en una situación donde hay violencia, agresión, un grado de estupidez increíble y mucha ignorancia. Se ve cómo esa chica en menos de veinticuatro horas pasa por ese proceso de una determinada manera porque la apuesta de la película era: ¿qué es lo que tiene ella que realmente la vuelve tan fascinante? En realidad, lo que tiene es su
dignidad. Eso es lo que siento de todo el mito.
-¿Ifigenia es una víctima?
-No. O sea, es una situación paradójica la que se plantea con el caso de Ifigenia. Lo cual tampoco es sorprendente porque las tragedias tienen mucho de la cosa paradójica. De alguna manera, ella es víctima de un acto violento y, por otro lado, ella genera sus propios recursos para elegir, de cualquier manera, algo para ella. Más allá de ser una víctima concretamente, ella puede encontrarse con una cosa más que sentirse víctima. Esa otra cosa es la que me resulta muy interesante de esta mujer: la dignidad con la que afronta, pero sin perder el sentido. Ella encuentra un sentido, lo cual también habla de una inteligencia de esta mujer, bastante llamativa. Es una inteligencia vital la que ella tiene.
-¿Qué es lo que le atrae de las tragedias griegas?
-Me atraen porque son oraculares y me interesa esa posible cosmovisión que tenían los griegos. Era una cosmovisión oracular. No hablo de transportarla así directo al presente, sino que me resulta interesante para tenerlo como un elemento más. Por otro lado, porque siempre manejan una paradoja, no un conflicto. Está repleto de conflictos, pero siempre el objetivo final no está en el conflicto sino en algo que es paradójico.
-¿El paisaje es funcional a la historia?
-Sí, completamente. No sólo que es funcional sino que sin paisaje no tendría historia. Para empezar a escribir el guión necesité encontrar el lugar primero.
-¿Qué le atrajo de Villa Benegas para centrar allí la historia? ¿Encontró similitudes entre este paisaje y las montañas griegas?
-Yo buscaba seco y sed. Por eso no fue el primer lugar al que fui, pero empecé a buscar en esa línea. Sí sentía que tenía que haber montañas. Pero curiosamente no fue buscando la imagen griega, no conscientemente. Evidentemente lo de la aridez, lo seco y la sed, sólo un lugar así me lo podía ofrecer.
-Eligió narrar a través de los silencios. ¿Por qué?
-Fue una decisión que se dio sola. Elegí filmar en una zona árida, seca, donde vive un poblado de veinte personas en total. Son serranos: esa gente no habla. Y yo estaba proponiéndome en la película que fueran serranos. Entonces, los actores eran actores, pero el resto pertenecían y vivían ahí.
Hubo un trabajo donde naturalmente los actores empezaron a sentir la necesidad de ese modo, estando ahí porque estando ahí es ese modo.
-Al haber tantos silencios la narración se nutre de la expresividad actoral.
¿Cuáles fueron las pautas en ese sentido?
-Primero trabajamos sólo con impresiones, no trabajamos con la expresión.
Nos fuimos nutriendo en grupo de impresiones que, en un primer momento, eran textos de Alejandra Pizarnik. Y los jugábamos de diferentes maneras. Eso fue el primer approach con los personajes, con la película. Trabajamos con viajes que es algo que siempre me gusta hacer porque es para crear las
propias impresiones. Básicamente, así estuvimos trabajando unos meses. El trabajo fue relajado. Después, los chicos viajaron unos días antes, estuvieron con la gente, con el chiquito protagonista que vive ahí, es un serranito. Fue todo un proceso para los actores, para esa familia, para el chiquito, para nosotros.
-Si bien son diferentes, ¿qué puntos en común observa con Cómo pasan las horas?
-Las dos tienen un elemento trágico. Obviamente, Cómo pasan las horas no es una tragedia griega, pero es una tragedia, no es un drama. Otro punto en común es algo de la investigación con el tiempo porque, si bien en Cómo pasan las horas era evidente ya desde el título que había algo con el tiempo, en esta película no lo hay, pero yo siento que sigue pasando todo un tema con el tiempo. En Extranjera hay como un extrañamiento del tiempo, ya desde la puesta en escena.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10474-2008-06-28.html

“Campos” que no son los nuestros*

Por Christian Castillo *

El envío al Congreso del proyecto de retenciones móviles no es un “avance democrático”, como pretenden tanto las patronales ruralistas como el gobierno nacional, sino simplemente un nuevo escenario en donde dos sectores igualmente capitalistas dirimirán el destino de los recursos obtenidos por las exportaciones agrarias. Nada bueno de estas negociaciones pueden esperar los trabajadores y el pueblo. Allí no se discute siquiera la anulación de la ley 22.248 sancionada por Videla, Martínez de Hoz y Harguindeguy, que permite la superexplotación del peón rural. Tampoco la expropiación de los 4000 grandes propietarios que sumados poseen ochenta y cuatro millones de hectáreas (sí, leyó bien, 84.000.000), la mitad de las tierras utilizables para agricultura y ganadería que existen en el país. Y, menos que menos, la nacionalización de los puertos y el monopolio del comercio exterior, que permitiría utilizar para satisfacer las necesidades populares las ganancias multimillonarias de los oligopolios exportadores como Cargill, Bunge o Dreyfus.
La belicosidad expresada en estos más de cien días por los ruralistas va más allá de la disputa por unos puntos más o menos de retenciones. Si bien éstas dan cuenta tan sólo de un 13 por ciento de la recaudación total —que mayoritariamente proviene de impuestos al consumo como el IVA, es decir, del bolsillo obrero y popular– y el porcentaje de lo producido por el campo en el conjunto del PBI es relativamente menor, la dinámica ascendente de las exportaciones del sector en los últimos años ha potenciado la fuerza relativa de la gran burguesía agraria, resultado que también se explica por el proceso de “reprimarización” vivido en la década de los ’90 y no modificado en lo sustancial en estos años. Esta fracción capitalista quiere lograr no sólo mantener (y si fuese posible aumentar) la alta rentabilidad obtenida en los últimos años, sino ganar un lugar de mayor predominio al interior de la clase burguesa, cuando el esquema económico que rige desde la devaluación empieza a mostrar sus debilidades, y esto en el marco de desarrollo de una crisis capitalista internacional con futuro incierto. Lamentablemente, una parte de la izquierda le ha hecho de comparsa a este sector, mostrando una pérdida completa de rumbo.
El Gobierno, por su parte, no impulsó las retenciones móviles para defender el bolsillo de los trabajadores o para impedir la continuidad de las tendencias al monocultivo sojero. Recurrió a este mecanismo como una fuente de recursos para “redistribuir” a favor esencialmente de los grandes industriales exportadores y otros grupos de capitalistas aliados al Gobierno (los beneficiarios de las “argentinizaciones”), así como para el pago de deuda externa. El propio decreto sancionado el 9 de junio por el Gobierno, que plantea que el dinero obtenido en concepto de retenciones a la soja por arriba del 35 por ciento se destinará para la construcción de hospitales, escuelas y caminos, es toda una confesión de que el resto de lo recaudado no se utiliza para resolver las penurias y necesidades del pueblo, sino para pagar la deuda externa y seguir subsidiando a los grandes capitalistas, ¿o acaso durante los cinco años que van de gobierno de los Kirchner no se continuó desarrollando la concentración de la producción agraria, proceso que, entre otras cuestiones, implicó la expulsión de miles de familias –algunos dicen que llegarían a 300.000 en la última década– de campesinos (gran parte de ellos pertenecientes a los pueblos originarios) que sembraban alimentos y criaban animales para autoconsumo? Al contrario de lo que afirman los intelectuales que apoyan al Gobierno (que con el argumento de enfrentar a una “nueva derecha” son, en realidad, predicadores de lo que Gramsci denominaba un nuevo conformismo), los Kirchner vienen apelando a la retórica “nacional y popular” de la “distribución del ingreso” para hacer pasar un programa reaccionario. En estos años, mientras los capitalistas recuperaron fuertemente sus ganancias, el salario obrero apenas llegó a los niveles ya bajos del 2001. Las luchas de los trabajadores que, enfrentando despidos y provocaciones patronales, salieron del control de las direcciones burocráticas aliadas al Gobierno terminaron con fuertes represiones y trabajadores procesados, como ocurrió este verano en el Casino Flotante (del empresario kirchnerista Cristóbal López) o en la textil Mafissa, donde los obreros fueron desalojados en un operativo con más de 700 policías. Ahora, con el lema de “queremos volver a recuperar la normalidad institucional”, el Gobierno utiliza el antipopular lockout empresario y el desabastecimiento para impugnar todo método de lucha extraparlamentaria y el recurso a la acción directa, ya sea que tengan objetivos reaccionarios, como ocurre con las patronales agrarias, o que sean utilizados por los trabajadores y sectores populares por sus legítimas demandas: “Nada se arregla con cortes de ruta” es el nuevo discurso oficial. Los que se llegaron a presentar como herederos de la rebelión del 2001 quieren restaurar ahora el principio según el cual no habría que haber reclamado en las calles que se vayan De la Rúa y Cavallo, y sólo se podía esperar a las próximas elecciones para reemplazarlos.
Los “campos” que están enfrentados no son los nuestros. Frente a la disputa entre dos sectores de “los de arriba” es preciso insistir en la importancia de mantener una posición independiente de ambos bloques capitalistas: “Ni con el Gobierno ni con las entidades patronales ‘del campo’”, como dice la declaración que suscribimos alrededor de 500 intelectuales, docentes universitarios y trabajadores de la cultura. Como ha mostrado toda la experiencia política reciente, la apuesta a los “males menores” sólo ha servido para abrir la puerta a “males mayores”. Para que el deterioro de un gobierno (que nuevamente ha mostrado la completa imposibilidad de la “burguesía nacional” para sacar al país del atraso y la dependencia) no sea aprovechado por otras variantes de la clase dominante, no hay otra salida que poner todas las energías en el desarrollo de una alternativa propia de la clase trabajadora. Manos a la obra.

* Dirigente Nacional del PTS. Sociólogo, docente de la UBA y la UNLP.

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-106849-2008-06-28.html

EURIDICE*

*de Margaret Atwood

Él ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa
hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez...
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere 'real',
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar...
sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo...
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor...
El necesita ver para creer
y está oscuro.
'Atrás, atrás...', le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío,
no se llamará Orfeo
tu libertad...

-De Interlunar (1984)

*Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@hotmail.com

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