Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

05/01/2007 GMT 1

LA VIDA TAN VASTA, MARAVILLOSA O ATROZ.

urbanopowell @ 20:34

Reyes magos*

Cortamos un manojo de pasto verde
llenamos una lata con agua
y colocamos todo cerca de la puerta/
después nos sentamos a escribir la carta:
- ¿que le vas a pedir a los reyes?-
- justicia papá - me dijo
- no, pero eso es muy difícil -
- cómo, ¿no son magos? -
- sí, pero... -
- no me dijiste que pasan por el ojo de la cerradura
porque es más fácil eso/ a que un rico entre al reino de los cielos -
- tenés razón Manu, le pediremos justicia -
y cerré la carta con un "que así sea".

A la mañana siguiente
el padre de Carlitos
consiguió trabajo en la fábrica de papel.

*de Aldo Novelli. aldonovelli@yahoo.com

Decepción atroz*

Te comerán los gusanos
Aunque solo seas un disfraz.
Te vi deslucido, para nada brillante
quizás siempre hallas sido así
y ahora lo note,
por eso hablo solo.
Parcialmente,
magramente desmesurados
algo somos,
todo disfraz lleva parte de
uno.
El muerto interior

*de Lisandro Ignacio Romero gudarizutik@yahoo.com.ar

La vida tan vasta, maravillosa o atroz

*

La vida esta plena de paradojas. De soledades. De presencias que no siempre se saben disfrutar en la plenitud irrevocable del cada instante.
En eso pensaba, después de la despedida, con el gusto de los labios de ella en mis labios, al sentarme en el asiento del micro de larga distancia, cuando la señora vecina de asiento, me dijo en tono de confesión señalándome la bolsa floreada apoyada justo enfrente mío y al lado del expendedor de café y agua:
-Ahí viaja mi lorito.
No le dije nada, le conteste apenas con una sonrisa, estaba adentro de mi despedida que implica muchos días y 500 kilómetros de distancia. Pero la suerte del loro y de su dueña (una señora de unos 60 años que llevaba anteojos oscuros y el ojo derecho tapado con un apósito), me inquietaba.
Cuando llegamos a destino, la vi abrir la bolsa y me anime a preguntarle si estaba bien el lorito.
-Si, mueve la patita, además viaja con comidita en la caja...
Me dice que el lorito viene desde la casa de su hijo en Paraná, que es su regalo de las fiestas. Lo dice con una mezcla de ilusión y ternura que no puedo reproducir con mi torpe escritura.
-Yo tenía otro, pero me lo comió un gato. Agrega.
Me cuenta que le faltan al menos 45 minutos de viaje en colectivo urbano hasta llegar a la seguridad de su departamento sobre la calle Cabildo. Le deseo suerte mientras se abre la puerta del micro y nuestros pasos se alejan definitivamente.

Así estamos todos creo. Con nuestras ilusiones siempre frágiles, siempre a merced de un destino impredecible.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial(arroba)hotmail.com

Jueves, 04 de Enero de 2007
"¿Te acordás del día que me hiciste hacer de serpiente venenosa?"*

No es bueno que el hombre camine solo porque, cuando lo hace, personas y personajes de su pasado comparecen a rendir y a pedir cuentas.

*Por Eduardo Pavlovsky

Ibamos caminando como siempre. Susy se detuvo: "No puedo seguir tu ritmo. Me duelen las piernas y la cadera". Le contesté que iba aminorar el ritmo, que no tenía ningún inconveniente en caminar más despacio. Susy respondió: -Es al revés. Tu ritmo es muy lento. Cada vez caminás más despacio y no
puedo seguirte. Me acalambro. Necesito ir más rápido. Caminás muy cansino. A los 50 tenías un buen ritmo. A los 60 bajaste un poco. Pero a los 70 tu lentitud es alarmante.
No me gustó la palabra "ritmo". Me sonaba metafórica.
-Te propongo algo -me dijo-: yo voy al gimnasio, vos seguís caminando solo a tu ritmo y después nos encontramos en casa.
Hace veinticinco años que camino con Susy, y ella me abandonaba así de golpe. No se daba cuenta del sentimiento de orfandad, desamparo, desesperación, que provocaban sus palabras.
¿Por qué las mujeres no perciben nuestra orfandad? ¿Por qué nos creen fuertes?
No imaginaba tener que caminar solo. Pero muy corajudamente salí a caminar al otro día. Tenía una sensación espantosa. De abismo beckettiano. De soledad infinita. El placer de caminar con Susy incluía, además de lo deportivo, la posibilidad de crear un entre muy creativo. Un intercesor ideal para mis ansiedades psicóticas matutinas, diría Félix Guattari.
Me faltaba algo. Me sentía amputado. Con un miembro fantasma. Para colmo, dos o tres personas me preguntaron por mi cambio de "individuación" en el lago, y eso acentuaba mi soledad. Mi dolorosa soledad. Comencé a sentir de golpe una taquicardia paroxística que podía desembocar en un ataque de
pánico. Puedo morir. Lo pensé. Pero mi pulso se fue normalizando paulatinamente con la ayuda de dos miligramos de Rivotril recetado por Lipovetsky que llevo en el bolsillo. Caminé ese día una hora. Para aliviar mi sentimiento de despersonalización recurrí a la imaginación creativa.
Mientras caminaba hablaba como si estuviera con Susy, después tomaba el rol de Susy y me contestaba. Luego volvía a mi lugar. Otra vez ocupaba el lugar de Susy y así sucesivamente recreaba el diálogo perdido. Me sentía contento hasta que me paró Gerardo Romano: "¿Que hacés, Tato? Estás loco, hablás
solo. ¿Te cambiás de lugar y te contestás? La gente te está mirando". Le miré los ojos a Gerardo y sentí que estaba lagrimeando. Eran lágrimas de pena frente a la decadencia de un padre. Gracias, le dije, y seguí caminando. Me daba cuenta de que tenía que fundar nuevos territorios con mi imaginación, lejos de la realidad dolorosa. Multiplicar mi dolor de abandono en aventuras creativas; dolorizar mi imaginación. Pura contraefectuación. De lo siniestro a lo patético a lo lúdico. Me imaginé como soldado ruso de
Stalingrado que estaba por llegar al bunker de Hitler en Berlín. En el camino me violé a una anciana y a su nieta. Estaba lleno de odio. Tenía un cansancio infinito. Falta poco, me dije, y comencé a caminar mas rápido hasta llegar a Berlín (Sucre y Cazadores). Otro día me imaginé que era Cassius Clay caminando hacia el ring cuando peleó en Africa con Foreman en 1975. Sentía nervios y una inmensa alegría. Divisaba la mirada de admiración de los negros que me gritaban "¡Alí! ¡Alí!". Yo saludaba con la cabeza. Me crucé con Romano y ¡no me habló! Estaba llorando.
Otra imagen que utilicé fue histórica: imaginé que era San Martín minutos antes de encontrarse con Bolívar. Lo importante para mí (San Martín) era: ¿quién iba a realizar la primera pregunta?, ¿cuál iba a ser? ¿Quién la iba a realizar? Sentía gran temor y admiración frente al encuentro con Bolívar.
¿Habrá sido así? ¿San Martín admiraba a Bolívar? Se lo voy a preguntar a Pigna.
Hubo un nuevo descubrimiento. Al caminar solo se me acercaban personas para contarme su vida. "Nunca pude acercarme a vos porque siempre estabas con tu mujer." Esa era la fórmula. "Quería decirte que yo estuve con vos en un grupo en el año '67, no sé si te acordás de mí, Marina, iba al grupo de los martes." La caminata se alargaba y ella recién comenzaba a conversar.
"Estuve dos años, era flaquita y rubia, vos decías que me parecía a Shirley Temple." Pensé que hoy era una señora muy gorda y aproximándose a los 60 años. Imposible para mí descubrir a Shirley Temple en su figura actual. Me sentí mal, pero había algo de ridículo y gracioso en el diálogo. Me contó que después se había analizado veinte años más, pero recién ahora que estaba en análisis con un lacaniano se sentía bien. Ya habíamos caminado juntos un kilómetro. Se despidió diciendo: "Lo tuyo lo recuerdo siempre como algo muy divertido". No sabía si era una puteada velada o un piropo psicodramático.
Otro día se me acercó un viejo de 65, 70 años, y me empezó a reprochar la guita que había gastado conmigo. Sacaba cuentas y llegó a los 5000 dólares.
"¡Plata tirada al piso! Eso lo vi con mi analista actual. Una actitud mía de identificación autodestructiva con mi padre." Tuve ganas de pegarle una piña, pero a los quinientos metros de caminata sólo le dije: "Ahora me acuerdo de vos: ¿vos eras el cornudo que no se podía separar nunca?". Estuve brutal, pero me sentí bien. No estaba en terapia. Ibamos caminando juntos, me dije, ¿por qué tenía que aguantar todas las cosas que dijo? Se quedó parado, pálido. Me di cuenta de que era el cornudo. Generalmente no me equivoco cuando me pongo agresivo.
No todas fueron frustraciones. Algunos acercamientos, ninguno menor del kilómetro, fueron alentadores. "Tato, la experiencia que hice con vos en grupo fue lo más importante que me pasó en mi vida. ¿Te acordás el día que me hiciste hacer de serpiente venenosa para mostrarte cómo era la actitud de mi madre? ¿Y el día que nos hiciste cagar a almohadonazos durante veinte minutos con alguien que hacía de mi hermano? Qué grande, Tato. Inigualable."
Me dio dos besos y al irse me preguntó: "¿Vos sos psicoanalista?".
Otro día alguien me agradeció que le hubiera salvado la vida. Me miraba emocionado. "Yo soy Jorge, del grupo de los miércoles a la mañana." Lo recordé por su sonrisa. Año 1974, 75. "Claro que me acuerdo de vos. Pero si vos no hablaste nunca. Ni una palabra." Y me contestó: "Pero estuve dos años escuchando los problemas de otros y eso me hizo mucho bien. Y además, estar con vos es estar con un gurú", y salió corriendo de golpe.
Esta semana se me acercó una joven de veintidós años, calculo yo. Era morocha, divina, de ojos verdes. Durante los primeros cien metros caminando juntos no habló. Sólo se oía el ruido de nuestros pasos. Yo hubiera caminado hasta Mar del Plata al lado de ella sin hablar. Sólo nuestro ritmo, nuestros pasos. El momento al llegar al kilómetro fue intensísimo. Ella dijo: "Yo lo admiro mucho a usted". Yo la miré y ella me miró. ¡Qué ojos! Y cometí un grave error. Siempre los ojos verdes me hacen cometer atroces errores. "Si hubiera tenido cuarenta años menos me hubiera enamorado de vos." Ella me respondió: "No arruine el momento. No arruine el momento, doctor. Yo sólo lo admiro. Nada más". Y se paró de golpe. Yo seguí caminando solo y humillado, llegué a casa y me tomé cinco miligramos de Losacor (mi hipotensor actual).
No sé qué seguirá pasando, pero me hago una pregunta: ¿sabrá Susy que, al dejar el lugar, otros lo ocupan de múltiples maneras? Con intensidades muy diversas. Con multiplicidades y afectos muy diferentes. La vida es maravillosa, pensé. Cosas de la vida, diría Laing en El yo dividido.
Experiencias. Yo por las dudas voy a llevar Viagra junto con el Rivotril.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-78569-2007-01-04.html

LA PAPAFRITA*

*Letra de Leo Maslíah

La conocí por la gracia del hada
de las casualidades
me deslumbró con su charla signada
por las frivolidades
con su creencia en las astrologías
de turno en esos días
y con su culto a los dioses paganos
como Elsa Serrano
pero una duda me chisporroteaba
y yo me preguntaba
si no estaría arreglando una cita
con una pa
con una papafrita
papafrita...
En un principio ella fue de madera,
después siguió con fuego,
y que me vieran con esa fachera
me levantaba el ego;
así que yo le metí p'adelante
en actitud triunfante
hasta que vi que mi presentimiento
tenía fundamento:
cuando me dijo con voz regalona
de ir hasta Mc Donalds
yo me avivé de que la señorita
era una pa
era una papafrita
papafrita...
Ella con fascinación se entregaba
al consagrado engaño
de la comida chatarra y le daba
de punta todo el año,
cuando llegaba el verano cambiaba
para las ensaladas
porque sentía que estaba tapada
de grasas saturadas,
pero por más coliflor y espinaca
que comiera la flaca,
su corazón, y perdón que repita,
era de pa
era de papa frita.
papafrita...

Yo le decía que no me importaba,
que cada cual su papo,
y si algún día de pronto pensaba
"socorro, yo me escapo"
al rato estaba de nuevo con ella
y su prosopopeya.
Hoy ya no entiendo ese flash que me daba
cuando ella me miraba:
aunque estudiada con ojo objetivo
tenía su atractivo,
ella era rubia, delgada y larguita
como una pa
como una papa frita.
papafrita...
La relación con el tiempo se iba
poniendo muy espesa;
yo no podía dejar a la piba:
estaba en mi cabeza.
Ella tenía el sartén por el mango
yo bailaba su mambo
y mis intentos de darle a su mundo
un giro más profundo
fueron en vano, y te digo una cosa:
que me cavé la fosa,
porque al final ella fue tan infame
que me dejó
y se fue con un salame.
papafrita...
salamín.

*Fuente: http://www.worldmusicba.com/leo_letras.HTML

Año Nuevo*

Cada noche de Año Nuevo recuerdo, aunque sea por un instante, la última que vivió mi padre. Estaba envuelto en una bata raída, en la puerta de la casa que alquilaba en la calle Santo Tomé. El pucho seguía en sus labios pero ya lo estaba matando. Levantaba un brazo para saludarme mientras alrededor estallaban petardos y bengalas de colores. Nos habíamos peleado, creo, porque yo odiaba las fiestas tanto como él y no sé qué estúpida costumbre nos hacía reunirnos a brindar y desearnos cosas en las que no creíamos.
Me parece que ya habíamos discutido antes de comer. Mi padre estaba sin trabajo y deambulaba por la ciudad en busca de una changa. Había perdido el Gordini y ya no le quedaba nada por empeñar. mi madre presentía que el final estaba cerca pero cuando supimos que hasta se le podía poner una fecha, ella se negó a aceptarlo. Salimos al patio de baldosas y ahí se puso a llorar. Afuera, detrás de los cohetes, López Rega gobernaba el alma del General. Si lo menciono es porque en esos últimos días de 1973, uno de mis tíos, que era un tarambana, fue a visitar a mi padre para empujarlo a entrar en la guerrilla.
Era un disparate: mi padre tenía sesenta y dos años y era radical. Ni siquiera había aceptado que Balbín se abrazara con Perón. El Jefe podía perdonar y hacer política por su cuenta, él no. Me contó la ocurrencia de mi tío con una sonrisa. "Quiere que me gane la vida como bandolero", me dijo, y empleaba esa palabra para herirme porque sabía que algunos de mis amigos eran montoneros y no lo habían aceptado como fotógrafo en el diario Noticias. Ya estaba grande para trances de guerra y de algún modo se lo dieron a entender. En mi cabeza, el episodio es tan confuso: mi padre necesitaba trabajo y en el único lugar donde yo conocía gente con posibilidad de dárselo era en el diario de los montoneros. Le expliqué a uno de ellos que se trataba de darle una oportunidad, algo en el laboratorio de fotografía. Me preguntó qué sabía hacer y no supe explicarle. Le dije, sí, que mi padre era antiperonista por lo menos desde el 17 de octubre del cuarenta y cinco.
Seguro que eso no lo ayudó a conseguir trabajo y fue una pena: andaba tan bajoneado que no tenía nada que perder. Igual, en la entrevista enseguida metió la pata: oyó la palabra "compañero" y empezó a cagarse en Perón como si estuviera en sus mejores tiempos, allá por los años cincuenta. Después me contó que habían sido amables con él y le dijeron que lo citarían a la brevedad. Yo quedé mal con mi amigo por mandarle un gorila y con mi padre porque nunca lo llamaron a revelar las fotografías del General.
Creo que todo eso pesó para que discutiéramos aquella noche. A mí no me levantaba la voz, pero al hablar se le notaba el disgusto. En esos días le había dado un relato mío para que lo pasara en limpio y lo hizo mal. Se lo dije y, súbitamente, se entristeció. Lo había juzgado desde mi pedantería juvenil y ni se me ocurrió pedirle perdón. Nunca lo había hecho y no iba a empezar esa noche, aunque mi madre presintiera que aquél era el último Año Nuevo que pasábamos juntos. Mi padre dijo algo así como "si no te gusta hacételo vos" y se levantó a buscar otro paquete de cigarrillos. La bata que llevaba parecía salida de una novela de Gogol y el piyama, abajo, tenía tantos años como su inquina por Perón. Tal vez ya he escrito lo suficiente sobre él y tal vez no. Nadie conoce el instante en que muere de verdad. Tengo una fotografía que mi padre se tomó a sí mismo en la que está reclinado sobre una gran regla de cálculos. Esa es la imagen que quería dejarme de él. años después, en Brasil, un funcionario me contó que de joven había aprendido dibujo industrial a su lado. "Me hablaba todo el tiempo de vos", deslizó después para congraciarse. Uno de mis primos, que fue su dependiente en una oficina de Morón, se me acercó en la feria del libro para decirme que era un gran tipo mi viejo. Entonces, ¿dónde está su parte oscura? ¿Cómo adivinar su lado odioso? Acaso cometo el error de vestir a los perdedores con el ropaje de los sueños. No estoy seguro de que mi padre haya sido digno de elogio. Hacía su deber de controlar el agua corriente por puro orgullo y de hecho siempre permaneció en el más rotundo anonimato. Resulta triste admitir que mi padre era un don nadie. Un tipo de cuarta perdido en las provincias. Un oso de invierno jugando a la escondida.
Para las fiestas de fin de año y para los carnavales, algún comando hacía saltar la red de agua para demostrar que había resistencia y ahí iba él, de noche y en bicicleta, a recoger peones y restablecer el servicio. Como a esas horas los tipos eran remolones y se negaban a trabajar en nombre de la familia y la religión, mi padre acordonaba la bicicleta en la vereda, avanzaba unos pasos y en voz alta, para que escucharan los vecinos, les enumeraba las veinte verdades del buen peronista. Eran pocos los que se resistían. A veces la disputa giraba en torno de si mi padre decretaba San Perón para el día siguiente o si lo dejaba para el lunes de la semana siguiente. Cuando llegaba la ocasión todos eran felices menos él. A veces, con otros chicos, en lugar de asistir a clase nos íbamos a nadar o a jugar a la pelota y al otro día, si la maestra me pedía el justificativo, yo me ponía de pie y respondía que en la víspera Obras Sanitarias había festejado la fiesta del General. Nadie tenía nada que objetar, salvo el cura que era más contrera que mi padre. Antes del cincuenta y cinco, a los gorilas se los llamaba contreras y Enrique Santos Discépolo los gastaba con un personaje al que llamaba "Mordisquito", Entre el cura que lo criticaba desde el púlpito y Discepolín que lo cargaba por radio, mi padre vivía atormentado en busca de una identidad. Todavía faltaban veinte años para que mi tío lo tentara con la guerrilla y yo lo mandara a buscar trabajo en el diario montonero, pero él ya estaba tironeado por los símbolos de nuestras discordias. Cómo iba a imaginar que un día Alfonsín, urgido por figurar, iría a rendir el pabellón radical a la puerta de un caudillo riojano.
Pero volvamos al Año Nuevo del setenta y cuatro. El relato que ha pasado en limpio trataba sobre la guerra entre peronistas y eso debe haberlo sobresaltado un poco, lo suficiente como para hacerlo tipiar algunos párrafos a la bartola. No había computadoras en ese tiempo y cada teclazo dejaba una marca indeleble. No guardé aquella copia suya: nadie piensa que lo que hoy tiene entre sus manos con indiferencia será mañana un recuerdo. Y aquellas páginas anunciaban el final. cuando a uno le vienen ganas de morirse puede elegir la forma que le venga mejor. Mi padre era de la época del tango, de cuando había peronistas y radicales, así que decidió sufrir.
Yo me empecino en discutir con mi padre aquel Año Nuevo en el barrio de Versalles. Siguen los buscapiés, las estrellitas y los rompeportones. Zumban las saetas y se nos ponen los pelos de punta. cualquier aficionado a las letras podría describir la desazón de esas horas. Al filo de la medianoche se desata un tiroteo y enseguida, desde el centro, llega la sirena de La Prensa. No recuerdo con qué vino brindamos, pero él y yo tenemos el estómago revuelto. Todos los malos augurios se cumplen ese año. Se mueren mi padre y el General. buenos o malos, esos hombres me tienen, todavía, en vilo. Desde el fondo de los tiempos mi padre me saluda en la puerta de su casa, con la bata raída, mientras el General escucha por última vez esa música maravillosa que es la voz de su pueblo.

*De Osvaldo Soriano.
"Piratas, fantasmas y dinosaurios" editorial Norma, Bs. As, edición de 1996.

¿Lobo Estás?*

De chico, en las barrancas de Mar del Plata, se me aparecía el lobo feroz. Unas veces llevaba sombrero de paja y otras un bonete de payaso por encima de las orejas negras. Tenía una boca muy grande con unos dientes largos y filosos para comerme mejor. No me asustaba realmente. Por la espalda me corría un cosquilleo de excitación, un sobresalto de alegría pecaminosa. Mi padre dejaba la bicicleta en el suelo y fingía correrlo a pedradas. "¡Allá va, allá va!", gritaba y tropezaba en los pozos de la playa. No había bañistas porque ya era otoño y el sol se volvía mezquino.
En la casa de mi madre encontré unas fotos de aquella época en el barrio de Los Troncos. Algunas están coloreadas a mano y otras guardan el sabor de tiempos irrecuperables. Pura sensiblería de cartón desvaído. El láser las agranda, las mejora, pero les quita la poca vida que tienen en la pátina original. En una toma, mi padre y yo estamos en la playa, él de campera negra y pantalones anchos que ondulan al viento y yo con un bombachón amarillo que me sitúa a caballo entre dos épocas. no le llego a la cintura y señalo algo que está fuera de cuadro. Tal vez el lobo que nos acecha entre los pastizales. Un lobo feroz, necesariamente. No sé si es el de Tex Avery o el más vulgar de Walt Disney, pero no importa. Es el primer personaje que cuenta en mi vida.
Mi padre le tiraba piedras o lo corría con la zapatilla, según dónde nos sorprendiera. A veces, mientras bajábamos en bicicleta la loma de la calle Alvarado, el lobo cruzaba por la esquina de Obras sanitarias y yo daba un grito para que mi padre soltara el freno y se largara a perseguirlo. Y allí íbamos, piñón libre y melenas al viento, detrás de una quimera que salía en las historietas. Yo conocía el nombre de mi sueño; ¿sabía mi padre cuál era el suyo? Apena lo intuyo sin llegar a entenderlo: ya era mayor pero no había madurado. Hablaba con el oso y se peleaba con el lobo para divertirme a mí, pero una parte suya aún buscaba enfrentarse a los dragones de fuego. Podía ser desopilante. se sentaba frente a mí y me decía, serio como un escritor nacional: "Recién venía por el bosque y me topé con el lobo." No sé qué le contestaba yo mientras me miraba a los ojos y empezaba un cuento interminable y confuso. No tenía ningún talento para narrar fantasías pero era un campeón en el arte de la sorpresa. Metía la mano en el bolsillo y sacaba boletos viejos, cajitas de fósforos, monedas y tornillos perdidos. Su intención era transfigurar el universo, convertir esas chucherías en brujas y fantasmas, en gnomos y duendes que llenaran el vacío de los juguetes que no podía comprarme.
Recuerdo, sí, una armónica italiana que debía de ser el objeto más valioso de la casa. Mi padre tenía veleidades de melómano y habrá pensado que aquel regalo me acercaba un poco al arte barroco. De muy joven él solía ir al Colón y siempre escuchaba música clásica por la radio. yo, en cambio, al segundo día de tener la armónica la metí en el agua de la bañadera y soplé para ver cómo las burbujas salían por el otro lado. Me da risa cuando pienso en mi padre y su música barroca porque en realidad se aleja para siempre de ella. Va a quemar sus ilusiones en el desierto de San Luis. Corre a hundirse en calles de tierra, a perseguir vinchucas con un farol a querosene. a mí me dice que escapamos del lobo feroz, pero ¿qué se dice a sí mismo? Vuelvo a preguntarle a mi madre por qué el hombre que diseñó las cañerías de Mar del Plata se larga, de pronto, a tierras de olvido. Ella tiene la memoria confusa pero está claro que aborreció aquel momento y a aquel hombre. Fue a sacar los pasajes de ida solamente y en la ventanilla un tipo del ferrocarril le preguntó qué diablos íbamos a buscar a la montaña cuando el futuro estaba allí en Mar del Plata. mi madre no supo qué contestar, pero registró para siempre el instante en que se terminó su juventud.
En los cajones de una cómoda tiene, sin saberlo, algunas claves. Encuentro una foto en la que un montón de gente posa de pie, como en las despedidas de los inmigrantes. Entre esas figuras desenfocadas por el tiempo y la borrachera del fotógrafo, están las nuestras. Mi padre tiene una sonrisa beata, mi madre está perdida entre otras mujeres y abajo, el único sentado soy yo con casi cuatro años y pantalón largo. Al dorso del retrato dice el año: 1946. Nos vamos. Esa tiene que ser la fiesta de mi primer adiós.
¿De qué lobo escapamos? ¿Del casino? ¿De las deudas? ¿De los recuerdos? Una de mis tías atribuye el insólito movimiento de mi padre al triunfo de Perón, que en esos días asume la presidencia por primera vez. Dice que pocas veces ha conocido una persona con tanto encono por el líder. tal vez haya hecho proselitismo por la Unión Democrática y temiera quedar marcado por el nuevo gobierno. No sé. No me convence la hipótesis pero no tengo otra mejor. en esos días mi lobo feroz se escondía entre los muebles desarmados y los cajones de la mudanza. Creo que sus ojos brillaban en la oscuridad mientras mis padres discutían en el comedor. Me habían contado tantos cuentos diferentes sobre el lobo que me costaba saber quién era. Se tomaba todos los helados que quería, salía a pasear en monopatín, tenía tres o cuatro bicicletas y se comía a la gente más detestable. Entonces, ¿por qué decían que era malo? Muchas veces íbamos a buscarlo al bosque de Peralta Ramos. Atravesábamos la ciudad y nos internábamos entre la arboleda armados hasta los dientes. A mi padre, que era grande y fuerte, le bastaba esgrimir el inflador de la bicicleta. En cambio yo llevaba el revólver de Tom Mix y un cuchillo de bucanero. En viejas postales de Mar del Plata se intuye el clima de aquellos días: la gente parece mayor, los hombres y las mujeres llevan sombreros y casi todos fuman sin miedo. Entre las hojas secas era fácil encontrar preservativos anudados y montones de piñas que mi madre juntaba para encender el hogar.
Era una dulzura Mar del Plata con aquellos acantilados, las calles arboladas, el tren a horario y mi padre mirando por el teodolito. Tantos lobos feroces corrían por las calles y los fondos que a un paraje de la costa le habían puesto el nombre de Barranca de los lobos. en ese lugar trabajaba mi padre con sus obreros españoles, polacos y franceses. En el fondo, yo sabía que ese nombre se debía a otros lobos, unos gordinflones sin gracia que flotaban en el mar y dormían en la escollera. cerca del faro, donde ahora están las playas elegantes, vivían el gorila, el tigre, el elefante y todas las brujas del averno. Ahí sí que no nos animábamos a acercarnos. Contaba mi padre que el propio King Kong, abatido en el Empire State, había tomado el gigantesco faro. Desde esas ventanas iluminadas nos observaba día y noche para saber si nos portábamos bien, si le hacíamos caso a mamá y aceptábamos sin chistar la sopa y la siesta. En esas costas de casas bajas y desde mi bombachón amarillo, la torre parecía tocar el cielo. allí estaban encerrados los verdaderos misterios, esos que nunca descifraremos aunque pasen los años y creamos haber desafiado los sotaventos de todos los mares.
Y de pronto mi padre desarma los muebles, baja los cuadros y me pregunta si quiero que el lobo venga con nosotros. me hace algunas muecas sin gracia, el tonto de capirote. promete barriletes y me cuenta de trenes nocturnos, payasos ambulantes y un Ford a bigotes que nunca será nuestro. No quiere que llore. Trae un mapa de la República y pone el dedo allá arriba, lejos del mar. Ni siquiera sé que cosa es un mapa y menos una república. Vamos a hacerla, dice, y va a estar llena de lobos feroces, gatos parranderos y caperucitas distraídas. Imagino que la promesa me tranquiliza. Un día antes de la partida, el coronel Perón habla por radio y San Lorenzo ya se perfila campeón. Mi madre acomoda la ropa en vastos cajones y mi padre anuncia que el lobo en persona manejará el tren hasta San Luis.

*De Osvaldo Soriano
"Piratas, Fantasmas y Dinosaurios" Editorial Norma, Bs As. Edición de 1996

Estimados compañeros: les aviso que no podré editar Inventiva durante 5 ó 6 días por que estaré en un viaje laboral. Un abrazo y hasta la próxima.

*Eduardo F. Coiro

*
Queridas amigas, queridos amigos:

¡Ante todo les deseamos un venturoso año 2007!

El domingo 7 de enero del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán, música de diversos compositores e intérpretes latinoamericanos y textos de diversos poetas latinoamericanos. ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-

Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o no) para editarlos durante el mes de enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.

*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com

*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar

InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura

Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura

¿ Otras preguntas o consultas? escribi a inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar

Comentarios

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis