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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

29/03/2007 GMT 1

ENVÉS Y REVÉS DE LAS COSAS...

urbanopowell @ 23:57

Moebiana*

Para verificar que venía siguiéndome, ensayé itinerarios imposibles. Así, ejecutamos con precisión idénticos vaivenes, idénticas elipses, recortes y tirabuzones. Recorrimos extraños vericuetos, laberintos y desiertos. Inventamos rutas, estaciones y nombres de ciudades.
Como era previsible, nos perdimos; y lo que es peor: Después de tantas vueltas inútiles ya ni siquiera sabemos quién es el perseguido y quién el perseguidor, ni qué motivó esta situación, ni adónde nos dirigimos.

*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es

http://al-andar.blogspot.com
http://www.aragonesasi.com/sergio

*Moebiana. De Moebius.
La banda o anillo de Moebius es una superficie de un sólo lado, donde envés y revés son la misma cosa. (Ver dibujo)
Más info en http://es.wikipedia.org/wiki/Banda_de_M%C3%B6bius

Envés y revés de las cosas...

CRONOBIOLOGÍA*

Estimado Amigo:

He de confesarle que en verdad, cuando uno retira la batería de un reloj, éste se detiene en el instante preciso en que uno lo hace; y eso no es todo: además lo hace señalando la hora exacta en la que esto sucede…

¡Qué interesante suceso! ¿No lo cree así?... Pero es cierto…

Sin embargo, los hechos que a continuación suceden son aún más extraños:

Después de que uno ha retirado la batería, y el reloj se ha detenido, efectivamente, apuntando a la hora en que se quedó estático; la vida parece seguir (extraño, ¿No?). Aún con todo y que el reloj nos diga lo contrario…

Entonces, uno asustado, presurosamente coloca de nuevo la betería y sucede que vuelve a andar… Y pasa, pues, que uno cree regresar a la vida diaria, hasta que se percata de que el reloj ha perdido unas cuantas horas; y por extraño que parezca, son las mismas en las que estuvo sin batería.

Bien, mí estimado camarada (y por cierto: muy estimado): ¿Cree usted posible que la vida siga aún sin un reloj que nos diga que lo hace?

Y es que tan solo uno se percata de que el reloj ha perdido unas cuantas horas debido a que el mundo siguió su paso sin esperar su recuperación (casi milagrosa, he de decirlo).

Por fin, ¿Podría explicarme cómo puedo hacer regresar a tiempo el mundo con mi reloj?

Ya sabe todo el cuidado que uno debe de tener en esta vida, por eso de las tantas cosas que pasan; pero eso no es lo peor: imagínese todo lo que deja de suceder a cada instante…

*de Hugo Ivan quetzal.hi@gmail.com

CATALINA PARRA*

Caminando sola
Por ciudad extraña
Qué será de nuestra
Catalina Parra.

Cuánto tiempo ¡un año!
Que no sé palabra
De esta memorable
Catalina Parra.

Bajo impenitente,
Lluvia derramada
Dónde irá la pobre
Catalina Parra.

¡Ah, si yo supiera!
Pero no sé nada
Cuál es tu destino
Catalina Pálida.

Sólo sé que mientras
Digo estas palabras
En volver a verte
Cifro la esperanza.

Aunque sólo seas
Vista a la distancia
Niña inolvidable,
Catalina Parra.

Hija mía, ¡cuántas
Veces comparada
Con la rutilante
Luz de la mañana!

Ay, amor perdido,
¡Lámpara sellada!
Que esta rosa nunca
Pierda su fragancia.

*de Nicanor Parra.

De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)
*Fuente: http://www.nicanorparra.uchile.cl/antologia/indexpoemas.html

Crónicas de la situación en Santa Fe:

Hola Eduardo.

Aquí, en Esperanza, tuvimos granizo -algunas piezas de 600 g-la más grande que yo capturé entera pesaba "sólo" 450 g, o sea el tamaño de una naranja.
Te imaginás los daños en vehículos, vidrieras, techos. Eso fue el lunes: se oyó un ruido cada vez más fuerte, semejante a los que producen las crecidas de los ríos de montaña, y después empezó una granizada como nunca hubiera imaginado.
Pero siguió lloviendo; hay casas con 70 a 80 cm de agua. Prácticamente estamos en estado de sitio, o, si te parece mejor, como presos domiciliarios, pues es imposible transitar y piden que no nos desplacemos para que no se produzcan oleadas que hacen entrar más agua en las casas. Todas las calles están anegadas.
Los daños que sufrí son mínimos (cierto que no me subí a ver las tejas), pero soy una privilegiada: hasta ahora no tengo agua adentro y sigo teniendo techo.
En 45´cortarán la luz por precaución (no habrá luz, ni agua corriente, ni Internet, ni TV).
Tengo un hijo en Santa Fe; en el barrio en que trabaja el agua le llega a la cintura (le llegaba, esta mañana. No sé cómo estará ahora, y tiene que ser el líder).
El único acceso a Esperanza es por la ruta provincial N° 6, viniendo de Manucho. Todas los otros están cortados por el agua.

Chau, gracias por tu interés. Un abrazo

*María Amelia. masch@arnet.com.ar

Miércoles 28 de marzo de 2007
Los intelectuales del mundo y LA NACION

"Nuestra relación con la gente se desarrolla a través de los objetos"*

Para el antropólogo inglés Daniel Miller, la cultura del consumo no es superficial

LONDRES.- Después de hablar con el antropólogo Daniel Miller, uno nunca podrá ponerse los jeans de la misma manera. O subirse al auto, salir de shopping, recibir un regalo o comprarles a los chicos el último juguete insoportable que juran que tienen todos los demás de la clase.

Miller, el estudioso más famoso de Gran Bretaña sobre el consumo masivo, no ve la cultura material que nos rodea como algo superficial. Por el contrario, asegura: "Casi todo lo que consideramos importante respecto de las personas que amamos, de la manera en que hacemos nuestro trabajo y de nuestra relación con la gente se desarrolla a través de las cosas".

Pero no somos unos monstruos por eso. Por el contrario. Miller sostiene que, al revés de lo que solemos oír, nuestra sociedad no se ha vuelto demasiado materialista. "Siempre fuimos así, como lo demuestra el trabajo de campo de antropólogos en las sociedades tribales. Los indígenas estaban tan interesados en ropa y collares como cualquier fanático de la moda cuando empiezan las liquidaciones en Nueva York."

Miller es un ex hippie que empezó su carrera dando clases en remera naranja y collar de caracoles traídos de su trabajo de campo en las islas Salomón.
"Eso era lo convencional para la época -aclara con humor-; actualmente, sólo uso ropa en los distintos tonos de grises y azules." Autor del libro considerado el clásico de la disciplina A Theory of Shopping (1998), Miller es responsable o corresponsable de varios otros títulos de enorme importancia en la materia, como Car Cultures, Home Posessions, The Sari, Clothing as Material Culture y Materiality, además de ser profesor de Cultura Material en el Departamento de Antropología del University College London (UCL).

-¿No es superficial dedicarse a estudiar el mundo material?

-Yo argumentaría que casi todo lo que consideramos importante respecto de las personas que amamos, de la manera en que hacemos nuestro trabajo y de cómo nos vemos a nosotros mismos se expresa a través de nuestra relación con objetos materiales. En mi trabajo como antropólogo no marco una diferencia
grande entre la relación de la gente con otras personas y la que tiene con objetos, justamente porque muchas veces la relación con otras personas se desarrolla a través de las cosas. Por ejemplo, mi libro sobre el shopping empezó cuando intentaba estudiar el tema del amor en la familia. En Inglaterra y muchas sociedades occidentales, la gente no está muy dispuesta a hablar de sus sentimientos abierta y explícitamente. Le da vergüenza. Pero si uno mira las horas que pasa una madre buscando exactamente las cosas que sus chicos necesitan para estar a la par de sus compañeritos en la escuela, desde los botones de la ropa hasta las galletitas que llevan al recreo, está, claramente, demostrando su amor por ellos. Yo lo llamo la tecnología del amor, porque es así como funciona, expresándose muchas veces más a
través de estos detalles materiales que a través de lo que la gente dice.
Ahora, si consideramos la familia y las relaciones como base de la sociedad, no podemos considerar la cultura material como superficial.

-¿Nos hemos vuelto, como sociedad, mucho más materialistas?

-De alguna manera, nada ha cambiado. Tenemos ese mito de que nos hemos vuelto materialistas desaforados y que las sociedades tradicionales o tribales no estaban tan atadas a los objetos como nosotros. Ahora, lo curioso es que cuando los antropólogos trabajamos con tribus en Nueva Guinea, por ejemplo, vemos la importancia que esta gente les daba y les da a los objetos materiales. Asumimos que los objetos materiales son simbólicos y que representan valores morales o religiosos para ellos. Pero al ver lo mismo en las sociedades occidentales todos tendemos a caer en el lugar común de condenarlo, cuando la única diferencia entre nosotros y esas tribus es que hoy, en las grandes ciudades, tenemos una mayor cantidad de objetos. Un ejemplo reciente es el de un amigo antropólogo que está estudiando a los
indios amazónicos. Los grupos ambientalistas dicen que estas tribus tienen muy pocos objetos, y asumen que por eso no les importa lo material. Ahora, según el estudio de mi colega, estos indios amazónicos son la gente más avariciosa y materialista que ha visto en su vida. El tema no es que no quieran objetos: es que no los tienen, pero una vez que los ven se vuelven mucho más extremos en su desesperación por ellos. Más que en Nueva York o París. Hay gente menos interesada en lo material que otra, pero puede estar
en nuestra cultura o en cualquiera.

-¿Y no es malo darles tanta importancia a las cosas?

-Hay un temor generalizado de que la atención a los objetos sea a costa de la atención a la gente, pero en mis estudios he encontrado que la norma suele ser exactamente la opuesta. Encontramos gente a la que le es muy difícil establecer relaciones y gente a la que le es muy fácil, y esto incluye relaciones tanto con personas como con cosas. Quienes no pueden establecer relaciones terminan siendo muy solitarios, aislados y deprimidos, mientras que las familias más completas también tienden a ser expresivas en
su relación con la cocina, la ropa y otros elementos materiales. Por supuesto que hay gente en nuestra sociedad que fetichiza su relación con los objetos, y esto sí es a expensas de su relación con otras personas. Pero cualquier antropólogo que estudie a las personas comunes y no a los que aparecen en revistas, lo que encontrará es gente buena o mala para las relaciones, en general, sean estas relaciones con seres humanos o con cosas.

-Usted mencionaba el consumo que deben hacer los padres para que sus hijos estén a la par de los compañeritos en la escuela. ¿Considera esto preocupante?

-Es real la presión sobre los padres para que compren y compren. Los preocupa que sus niños no se sientan descuidados en comparación con sus amiguitos. Pero los chicos son más inteligentes que eso. Cuando se sabe que uno de ellos tiene padres que le compran cosas, pero no se ocupa verdaderamente de él, no creo que los otros le tengan envidia. Este sería un caso de paternidad virtual, con objetos a cambio de amor. Pero la mayor parte de las veces los objetos expresan amor. Por supuesto que esto implica una presión considerable sobre los padres de bajos ingresos. El amor expresado a través de lo material es caro, por supuesto. Es lo mismo que la persona que siente que tiene que demostrar que ama al ser que está de viaje hablando con él o ella durante horas por teléfono, y que su amor, en definitiva, está simbolizado en la gran cuenta de teléfono. El gasto en sí es visto como un símbolo de amor. Otra vez: esto no es exclusividad de nuestra sociedad de consumo. Cuando trabajé con gente muy pobre en una aldea tradicional de la India, vi que la mayor parte de la gente estaba atada a un círculo de pobreza permanente por lo que gastaban en las bodas de sus hijos, que tenían que pagar durante toda la vida. Por supuesto que considero que el énfasis en los objetos y el gasto simbólico tiene un efecto negativo en
cuanto a la pobreza que crea, pero esto es tan cierto de nuestra vida en grandes ciudades occidentales como en aldeas tradicionales de la India que viven como siglos atrás.

-Usted ha publicado un libro sobre el auto en distintas culturas, en un momento en el que, por el calentamiento global y el consumo de petróleo, usar auto es muy criticado por gente con conciencia social. ¿Cómo lo ve usted, como antropólogo?

-Es muy interesante ver cómo el auto ha sido olvidado por los antropólogos, en general, con el impacto que tiene en la vida cotidiana. Como a la mayor parte de los objetos, al auto no lo podemos separar de su aspecto funcional.
Puede ser el ama de casa la que más lo usa, porque tiene que buscar y llevar a sus hijos a sus actividades y hacer compras en el supermercado. Por eso, cuando los ambientalistas critican al auto como un objeto suntuario, se olvidan de que muchas veces los individuos menos privilegiados son los que más lo usan. Por otra parte, el auto puede ser el único lugar donde uno puede escuchar música fuerte. Estudiando la relación de la gente con la música hemos encontramos que el lugar clave resultó el auto. En otras
sociedades, Trinidad por ejemplo, la principal industria respecto de los autos es el cambio de tapizados. Les ponen estampados personalizados, más almohadones y perfume. Allí el auto es entendido de manera totalmente distinta. Si el auto tiene consecuencias sobre el medio ambiente, por supuesto que debemos actuar con responsabilidad. Pero al tratar de limitar el uso del auto en la gente, no tiene sentido demonizarlo. Una campaña para reducir el uso de los autos que tome estos aspectos en cuenta tendrá, sin duda, muchas más posibilidades de éxito.

-Uno de los temas que usted más ha estudiado es la ropa contemporánea.

-Hablar de ropa desde una perspectiva comparativa de distintas culturas abre muchísimo el panorama. La principal crítica a la ropa en el Reino Unido es que es algo superficial. La palabra "superficial" sugiere que la verdadera persona está adentro y que la superficie es trivial. En Trinidad, la idea de
lo superficial es exactamente la opuesta: allí se cree que en lo más recóndito de las personas radican los secretos y mentiras, y que la superficie es donde se pueden ver las cosas, por lo que es el sitio de la
verdad. Para ellos, la superficie es profunda y el interior de las personas, no. Hay toda una dinámica altamente simbólica de la vestimenta que me hizo dar cuenta de cuán estática es nuestra ropa occidental.

-En la Argentina fueron muy comentadas ciertas campañas mundiales de marcas de ropa de lujo que muestran, por ejemplo, a niñas de origen asiáticas de ocho años maquilladas y en bikini, como si fueran mujeres adultas. En España, organismos oficiales ya exigieron que se retiraran estos afiches.
¿Usted qué opina?

-Puedo compartir la crítica a la industria respecto de su uso de imágenes con una sexualidad que no aprobamos. Dicho esto, también creo que nos gusta echarle la culpa de ciertas cosas a las propagandas para no tener que enfrentar nuestra propia responsabilidad al respecto. La publicidad no inventa nada. Entonces, las imágenes que hoy pueden resultarnos incómodas o de mal gusto pueden tener una base mucho más profunda.

-Su próximo proyecto de investigación es sobre el jean. ¿Por qué?

-Para mí, estudiar el jean es simplemente otra manera de hacer filosofía. En lugar de tratar de entender lo que pasa en el mundo como los filósofos, creo que es una mejor manera de hacer filosofía encararlos a través de la cultura material. Sobre el denim, es fascinante tratar de dilucidar por qué una tela
en particular se volvió la única que puede ser usada por la mitad del mundo, incluso cuando es considerada antimoda. Además, está el tema de usar el jean gastado y agujereado, algo que no se hace con ninguna otra ropa. Un alumno mío del doctorado estudió a las mujeres cuando se visten por la mañana y descubrió que, cuando les agarra la ansiedad de qué ponerse, siempre la respuesta es el jean. Les da miedo ponerse otra cosa. ¿Esos elementos no nos estarán diciendo algo sobre la sociedad moderna que no se ve a través de la filosofía más abstracta? Y la ansiedad ante la ropa, ¿es la misma en Taiwan
que en la Argentina, por ejemplo? De ser así habría algún tipo de ansiedad global que no se había analizado ni entendido hasta ahora y a la cual podremos llegar a entender a través del estudio de una prenda en particular, lo cual es realmente fascinante.

*Por Juana Libedinsky
Para LA NACION

Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/895097

Jueves, 29 de Marzo de 2007
¿Quién desata el relato?*

*Por Jorge Isaías. jisaias@yahoo.com.ar

A Masquique

¿Quién desata el hilo del relato? ¿Quién quita el nudo de esa madeja enrevesada que descansa en el lugar más recóndito y suspendido de la memoria?
¿Y ese relato, cuando se libera para quién no lo hace? Y cuando eso sucede, tampoco sabemos por qué lo hace ni cómo, pero sí sabemos para qué. Para que los otros busquen en ese tapiz sus propias historias.
Si yo digo por ejemplo estos nombres que estallan en mi memoria como pequeños brotes tardíos : Domingo Cantalicio Castillo, Isidoro Gutiérrez, José Alonso Mercadale, Acísculo Ochoa, Cipriano Carmen Herrera, Albino Arias, Raúl Cornelio Arias a quien llamaban "El Manco" y teniendo dos manos
nunca supe el por qué del apodo.
Sólo yo puedo dar fe que detrás de esos nombres había hombres que transitaron las calles polvorientas de mi pueblo, cuando el mundo recién comenzaba. Cuando todo era posible. Cuando la vida era una celeste pizarra vacía, allí uno debería comenzar a tramar ese tapiz con un pequeño trozo de tiza que se nos dio, claro que sin decirnos cómo había que escribir sobre esa superficie impoluta.
Isidoro Gutiérrez era músico y flaco, usaba siempre barba de varios días sombreando sus mejillas enjutas y chupadas, que sólo tenían vida como sus grandes ojos oscuros cuando sus manos de alambre golpeaban rítmicamente esa leve batería de entonces, sin director de sonido, se entiende. Sólo su
énfasis que apenas contenía la batuta de Donato Yocco, inefable conductor de esa pequeña orquesta del pueblo.
A Isidoro Gutiérrez le decían "El Tero", porque de sólo verlo tan flaco se lo podía asemejar a ese bicho simpático de la cañada. ¿A qué otra ave se lo podría comparar? Si era como él, tan atento, tan bueno que uno no entendía cómo alguno de sus hijos se dedicaron a malvivir.
¿Y Cipriano Carmen Herrera, al que por su color de piel le llamaban "Chocolate"? nunca tan bien puesto un apodo.
Era extremadamente flaco, cualquier pantalón siempre le caía como una bolsa en ese cuerpo largo y esmirriado. Era extremadamente tímido también, hasta que el primer vaso de vino espeso lo ponía belicoso y corría a las mujeres pretendiendo tocarlas y las más de las veces recibía sus buenas cachetadas pero alguna vez lograba ganarse el vino que le ofrecían como apuesta los vagos del pueblo si tocaba alguna parte pulposa de la pobre desprevenida que pasaba por allí.
Muchas veces entraba a la comisaría, pero ¿qué se podría hacer con él? Sólo dejarlo dormir la mona en el calabozo, si al despertar decía que no se acordaba de nada. Alguna vez también recibió algún tacazo de zapato femenino, de los llamados "agujas", que le dejó una buena cicatriz en la frente, Y, mientras yo barajo estos nombres -estos retazos de recuerdos- ¿cómo hago para relatar el vuelo eléctrico del picaflor sobre la rojísima flor del calistemo? Puro pico y verde tornasol que se para en el aire denso de
diciembre, embellece la vista y parte como una flecha en el agujero del cielo.
¿Cómo retener en las pupilas absortas, el vuelo tenso de las tijeretas, el errático merodear de las golondrinas, el oscuro nubarrón que como un telón instantáneo cubre de oscuridad las parvas y las casas, o el callejón que junta cardos de flores violáceas al costado de sus zanjones hondos. Si las retinas fueran una matriz perfecta uno podría reponer en un papel el anca del caballo oscuro contra la lluvia, que ponía una sábana fina sobre las cosas, los árboles, la gente.
¿Y los otoños? Aquellos otoños de antes que explotaban de un dorado silencioso en las hojas crujientes de los plátanos -con sus secas nervaduras muertas- tiraban su ocre sobre los fresnos y las casuarinas, invitaban al primer pulóver del año, escondían los cuerpos al atardecer en la cocina donde el fuego protector chisporroteaba de marlos insolentes, rojísimos, dejando una ceniza blanca y ociosa.
¿Quién desata el relato?
Nosotros. Los que quedamos con este cúmulo de sombras entre los dedos asombrados, los que no queremos dejar morir el rostro borroso de los hermanos Moreno -el Boli, el Tuca, el Negro- pero cuando ellos, eran como uno, niños, ya que nunca más los volví a ver. ¿Adónde están todos ellos, estarán vivos y dónde? ¿Qué habrá sido de sus vidas posiblemente oscuras, posiblemente grises, llenas de dudas y de hijos y también de deudas, viviendo o sobreviviendo como se puede en esta ciudad violenta e insolidaria.
De todos modos me queda el consuelo -mínimo y módico- de retener este hilo único del relato donde se tejió aquel tapiz antiguo y lo voy desenhebrando con lentitud para que todos puedan ver aquella trama significativamente viva que se resiste a morir pese a todas las miserias que nos acosan en este
vacío escenario de los tiempos por venir.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-7924-2007-03-29.html

Regreso con Ollie*

Los dos hombres han salido a cubierta. Amanece y desde el barco puede divisarse la costa, el primer movimiento del día. Una leve bruma dificulta la visión desde la popa, donde los dos hombres se han apoyado y permanecen en silencio.
El gordo está prolijamente peinado, el cabello ralo apretado por la gomina. La brisa le hace entrecerrar los ojos. Una arruga le cae entre las cejas, otras dos a los costados de la nariz y la boca es un arco fláccido sobre el mentón quebrado.
Los ojos del hombre flaco son opacos; los rasgos suaves del rostro denotan comprensión
-resignación tal vez-, y ya no hay ternura ni esperanza en su gesto. toda la amargura del mundo mira, desde esa cara, a la costa inglesa.
Stan coloca una mano sobre los ojos, a modo de pantalla, un poco para evitar el fulgor del sol que se levanta en el horizonte, un poco para que el gordo no advierta que esa costa (que es la misma que dejo hace cuarenta años), es otra para él.
Los cuarenta años pasados en Hollywood lo han convertido en un hombre cansado. Al fin y al cabo, es mucho tiempo y la vitalidad no le puede ganar a la vida. ¿De qué valdría estar recostado en un cómodo sillón, rodeado de nietos que miman, de periodistas que adulan? John Wayne le dijo una vez al gordo, que ahora está a su lado y entonces no le hizo caso, que la vida es dura y es mejor defender a cada momento lo que se consigue porque si no, la gente lo olvida. y la gente olvida su propia risa.
El flaco ha movido levemente la cabeza y le ha parecido percibir, en el gesto del gordo Ollie, una mueca parecida a una sonrisa.
-Ya salen los pescadores- ha dicho el gordo.
En el horizonte, centenares de barcazas dejan la costa en dirección al pequeño barco. Sólo Laurel y Hardy permanecen en cubierta. Ambos han levantado las solapas de sus sacos, aunque no hace demasíado frío; el viento silba contra el buque.
-Habrá que tomar un tren hasta Lancanshire-, dice el flaco sin mirar a su compañero.
-los trenes tienen que ver con el principio y con el final- ha dicho Stan.
-Por primera vez, Ardí se ha dado vuelta para mirarlo. Luego baja la vista. Le gustaría estar otra vez bajo los reflectores, frente a una cámara de cine.
Piensa que no está demasiado viejo para eso. Tiene 62 años y está cansado, es cierto, pero debe reconocer que es la gente quien se ha cansado de él y de Stan.
"Los trenes tienen algo que ver con el principio y con el final", piensa ollie. Es cierto. También los barcos y la distancia. Uno siempre va a morir lejos de los mejores lugares. Por vergüenza tal vez, como los elefantes. El siempre tuvo algo de elefante. No sólo fisicamente. Los elefantes son codiciados en su mejor momento cuando sus colmillos son frescos y deslumbrantes. La gente sólo busca eso, los colmillos. Si atrapa a un elefante, enseguida se los corta y toda la grandeza del animal desaparece. Queda apenas el cuerpo pesado, dolorido, tan dolorido está el elefante que cualquier otro animal puede matarlo.
-Me siento como un elefante-, ha dicho Hardy, Stan lo mira y luego dirige sus ojos a la distancia donde las chalupas navegan agitadas por el mar.
-¿Tu padre sabe que llegás? -pregunta Ollie.
-Le mande un telegrama. Habrá función en Lancanshire. El todavía trabaja en el teatro del condado.
Cuarenta años fuera de Inglaterra. Nunca extrañó demasiado. Sin embargo, Stan siente esta madrugada un suave estremecimiento cuando piensa que su padre lo verá en el escenario. Siempre le mandaba cartas luego de ver las películas. Alguna vez, recuerda, le sugería cambiar detalles. El viejo era muy minucioso y no perdonaba nada. El lo hizo actor y no le dolió cuando lo dejó ir, aún sabiendo que no regresaría. Quizás esperaba de su hijo la grandeza que él nunca había conseguido. Y ahora el hijo regresa, con toda su grandeza a cuestas, y le da miedo enfrentar al viejo (tendrá más de ochenta años ahora), que todavía actúa en comedias y ha sido premiado en el condado. Dos hombres viejos van a encontrarse, van a resumir sus vidas en un instante.
Ollie mira a Stan. Tiene los ojos nublados y siente ahora un poco de frío. el sol se levanta cada vez más. las estrellas, que aún brillan, son las mismas que las de aquella noche de 1912, cuando Stan partió de Inglaterra. Stan siente ahora lo mismo que aquel día. Es necesario apostar otra vez por la vida, pero no sabe si alguien querrá aceptar la apuesta de un viejo perdedor.
Stan enciende un cigarrillo, tiene que darse vuelta, dar la espalda al viento para que el fósforo no se apague.
A lo lejos comienzan a sonar las campanas de la iglesia del pueblo. Ollie reconoce antes que Stan el ritmo de los tañidos, la música que tantas veces oyeron en sus películas.
Se han mirado sin hablar. Stan se ha cubierto la cara con las manos. Arroja el cigarrillo al mar. Ollie le da la espalda. Ambos saben que todo final abre la esperanza de un nuevo comienzo.
La música llena el aire.

*de Osvaldo Soriano.
-incluido en Artistas, locos y criminales.

Correo:

Estimado Eduardo F. Coiro*

Envío un cordial saludo y una nueva felicitación por el proyecto "Inventiva Social". Hace tiempo (bueno, no tanto, tanto) conozco el proyecto y tuve una primera colaboración.
Bien, en esta ocasión envío un par de escritos para, de ser adecuados, sean incluidos en una edición de Inventiva.

Un saludo desde México a todos los que integran este proyecto.
Hasta Pronto.

*Hugo Ivan

... Porque no solo de Pan Vive el Hombre... Sino de Sueños y Esperanzas...

quetzal@ciencias.unam.mx
quetzal_cr@yahoo.com.mx
quetzal.hi@gmail.com

Facultad de Ciencias U. N. A. M.

*

Revista Megafón Nro2*

Los invito a visitar el segundo número de la Revista Literaria Megafón, cuya dirección es www.revistamegafon.com.ar , que espero que la encuentren de su agrado.
Se reciben también, hasta fines de mayo, colaboraciones para la tercer entrega.
Sin más, agradecería también la difusión de este mail.
Mis cordiales saludos,

*Juan Arabia. revistamegafon@hotmail.com

*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

Enviar los escritos al correo: inventivasocial( arroba)yahoo. com.ar

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Comentarios

Un Comentario »

  1. hola en realidad no se que es el envés pero me atrajo mucho y lo encuentro muy interesante

    daniela | 28-04-2008 - 21:27:18 GMT 1 #

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