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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

04/05/2007 GMT 1

UN GOLPE DE TIMÓN A SU EXISTENCIA...

urbanopowell @ 00:32

Un golpe de timón a su existencia...

Republica*

*Por Antonio Dal Masetto.

Recibo una tarjeta con un lindo escudo en la parte superior izquierda y una bandera en la derecha. en el centro, con letras doradas: Republica de Barloventia, calle barlovento al 2300, entre Gerundio y Mazapán. y abajo: déle un golpe de timón a su existencia -la utopía del mundo mejor que siempre soñó al alcance de su mano-, cásese con una de nuestras ciudadanas, lindas, honestas, sanas de espíritu, trabajadoras.
Me tomo un taxi y me voy a la calle barlovento al 2300 a ver de que se trata. llego y le pregunto a un vecino: -¿estoy en la Republica de Barloventia?
-Efectivamente, esta vereda y la de enfrente.
-Recibí la tarjeta y estoy interesado en la propuesta. ¿Con quien tengo que hablar?
-Puede hablar con cualquiera, esta es una republica horizontal, no hay autoridades.
-Si no hay autoridades me interesa mas todavía.
¿Como se origino la Republica de Barloventia ?
-Un día nos cansamos de que nos robaran con los impuestos, con el gas, la electricidad, la sanguijuela de los bancos, la educación deficiente y la pesadilla de la atención sanitaria, para no hablar de la otra peste que son los representantes políticos. Así que nos reunimos los vecinos de la cuadra y dijimos: basta de soportar tantas calamidades. Y sin dar muchas vueltas decidimos constituir una republica independiente.
-¿Y como hicieron para cortar con todo?
-Empezamos por dar de baja los medidores de luz, de gas y dejamos de pagar todos los impuestos. instalamos pantallas solares, molinos y las viejas cocinas económicas a leña. Cada casa tiene su huerta y su gallinero. Se cultiva inclusive en las macetas. Todas las compras se hacen dentro de la republica; el trueque es un recurso que adoptamos a menudo. Se negocia afuera solo cuando es imprescindible. ahí enfrente, en la casa amarilla, el medico de la cuadra instalo una unidad sanitaria. Recurrimos al exterior
exclusivamente en casos de alta complejidad.
En la esquina, la señorita Beatriz, nuestra maestra jubilada, acondiciono su casa para que funcione como escuela. En el programa de enseñanza hay una nueva materia, la historia de nuestra joven republica. Para prever apuros económicos de los ciudadanos fundamos una mutual. Antes de la gran raviolada dominguera, se discuten entre todos las decisiones importantes.
-Veo que en la puerta de cada casa hay fotos de ancianos, ¿quienes son?
-Nuestros ancestros, nuestros proceses. Los viejos se preocupaban para que no se perdiera lo que sabían sobre las calamidades, se lo pasaban a sus hijos para que estos a su vez continuaran la cadena. Retomamos sus tradiciones que estaban un poco olvidadas; cada uno de nosotros concurre a la escuela de la señorita Beatriz y dedica una horas de su día a transmitirles a los jóvenes lo que aprendió sobre el tema.
-Me llena de entusiasmo lo que me esta contando. Un solo detalle no me queda claro. En la tarjeta que me mandaron hay una muy interesante oferta de casamiento con chicas lindas, honestas, sanas de espíritu y trabajadoras. No alcanzo a entender cual es la relación entre el casamiento y los principios
de la republica.
-Me extraña que no se haya dado cuenta, se cae de maduro, aquel que se lleve a una de nuestras chicas se lleva a una pionera, y los muchos hijos que sin duda tendrán, vayan donde vayan, difundirán el espíritu de barloventia y su lucha contra las calamidades.

-Dígame donde tengo que firmar y cuando puedo conocer a mi futura esposa.

Ellas románticas, ellos calientes*

*Por Sandra Russo

Una marca de desodorantes femeninos se avivó: el romanticismo está en crisis. Esa misma marca tenía una legendaria campaña, que duró años, según la cual una mujer que se ponía alguna de esas fragancias podía prepararse para ser objeto de impulsos románticos masculinos. La estela de perfume que
dejaba ella al pasar a su lado provocaba en un hombre el deseo de regalarle flores. La marca de desodorantes ahora plantea un llamamiento a los varones: en uno de sus spots, él, con quien ella ya tiene una relación amorosa, le da una cajita como las que en las películas contienen los anillos de compromiso. Pero en su interior ella encuentra una llave, que no es la de la felicidad, y ni siquiera la de la casa de él. Es la llave de abajo, para que ella se vaya sola a la madrugada, y él pueda seguir durmiendo.
Ella se decepciona; él no entiende por qué. Ella esperaba otra cosa; a él no se le ocurre que ella esperaba otra cosa.
El brevísimo párrafo anterior contiene, resumido, el malentendido entre géneros que atraviesa a muchos hombres y mujeres que no terminan de ponerse de acuerdo nada menos que en lo que están viviendo juntos. ¿Una aventura? ¿Una historia de amor? ¿Una historia sexual? ¿Una amistad con sexo? ¿Algo
ligero? ¿Algo profundo? ¿Algo más arriba o más abajo que el promedio? ¿Algo más? ¿Algo menos?
Otra marca, pero de desodorantes masculinos, salió al ruedo ahora con un comic para adultos dibujado por Milo Manara, ese artista del erotismo crudo que durante décadas ha sido celebrado por lo perturbador de sus historias, tan explícitas que para muchos hombres deben haber reemplazado a las
revistas porno. La vida en su Dimensión Caliente es ofrecida allí como aspiración de género: el desodorante envía a los portadores de sus fragancias a un universo adrenalínico, todo el tiempo sobrevolado por la aventura sexual más fuerte, la más jugosa, la más descontrolada. La vida en
su Dimensión Caliente no incluye mujeres que esperen anillos de compromiso, ni flores, ni detalles adorables. El varón de la Dimensión Caliente no tiene, entre sus atributos, gestos románticos. Más bien, es un hombre replegado sobre una potencia que lo hace sentir seguro.
Pues bien, ¿qué tenemos por aquí y por allá? Mujeres que reclaman la vida en su Dimensión Romántica versus hombres que aspiran a la vida en su Dimensión Caliente. ¿Alguna brecha se abre entre estos hombres y mujeres y sus padres o sus abuelos? Uno de los rasgos de época, se sabe, es la puesta en marcha paralela y constante de discursos contradictorios entre sí. En efecto, hay mujeres que esperan un anillo y hombres que no quieren pasar por esta vida sin conocer qué es eso que se llama partusa. Pero hay también hombres que desesperan por vivir algo emocionalmente trascendente, y mujeres que no
esperan flores sino una experiencia sexual intensa, porque han descubierto hace muy poco que también eso puede esperar una mujer. Bajo esos roles o cualquier otro, las escaramuzas entre géneros siguen tendiendo sus trampas, alejando a la gente de su deseo y presentándole la versión de la vida vivible: desencontrada, desapasionada, lineal, híbrida.
Quizá, si se invirtieran las campañas entre los desodorantes femenino y masculino, también estaríamos ante un fenómeno de época, pero más incómodo: el impulso sexual activo en las mujeres, y el permiso para la dulzura masculina. Lo cierto es que no importa demasiado quién, si hombres o mujeres, sostienen una Dimensión Vital determinada. La trampa es que en la sociedad de consumo consumimos relaciones estándar que respetan el Juego de la Falta: a ellas les falta romanticismo, a ellos les falta adrenalina. El Juego de la Falta, que tiene su raíz en Platón y que Freud se ocupó de mantener vigente con su perspectiva del deseo, hace palanca perfecta con la sociedad de consumo que lo promueve: ni el amor ni el sexo se dejan consumir sin cobrar el precio de ser decepcionantes.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-84344-2007-05-02.html

Jueves, 03 de Mayo de 2007
¿Qué hacer con tanto dinero?*

Por Theotonio Dos Santos *

El aspecto más crucial de la presente coyuntura económica mundial es el enorme excedente de recursos monetarios en manos de los países, en desarrollo. Esta situación es una consecuencia inmediata de tres fenómenos relativamente interrelacionados.
En primer lugar, es fruto de los enormes excedentes de comercio exterior que disponen estos países, debido al espectacular aumento de sus exportaciones y un modesto crecimiento de sus importaciones. El crecimiento de las exportaciones tiene que ver con la política irresponsable de valorización del dólar que sigue el actual gobierno de Estados Unidos, intentando mantener un poder de compra de su población, en un esfuerzo que seguramente no puede ser por tiempo indefinido.
También tiene que ver con la fuerte inserción de China en el mercado mundial como compradora en expansión colosal. Cabe anotar de paso que el gobierno chino no ha atendido las presiones estadounidenses para una valorización de su moneda. Si pusiera en práctica estas orientaciones tendría un impacto aún más fuerte en el mercado mundial, a pesar de que disminuiría su superávit comercial y su disponibilidad de recursos monetarios.
En segundo lugar, estos excedentes vienen del aumento espectacular de la emigración de las poblaciones de los países periféricos hacia los centrales, lo que genera una remesa de moneda muy grande hacia los países de origen. En varios de ellos, incluyendo a países de la importancia de México, estas remesas se encuentran entre las principales fuentes de recursos provenientes del exterior.
En tercer lugar, los movimientos de capital dentro de la tríada de los desarrollados (EE.UU., Europa y Japón) han disminuido a favor de los principales polos de crecimiento mundial, sobre todo China. Las altas tasas de interés mantenidas por las economías dependientes y las "privatizaciones" a bajo precio también han atraído capitales a estas regiones, pero sus fuentes casi se han agotado. Las pocas empresas que restan están más defendidas internamente, principalmente por el fracaso de las llamadas privatizadas, que son abandonadas cada vez más por las empresas privadas, que sólo quieren más ganancias sin mayores inversiones. Estas razones tienen que ver con aspectos estructurales que son difíciles de cambiar y por lo tanto no experimentarán cambios inmediatos. En la década de los ochenta del siglo pasado tuvimos también fuertes superávit comerciales en los países del sur, pero fueron usados para pagar los intereses de las deudas externas. Con la suspensión del pago de las deudas externas al final de la década y sus renegociaciones políticas, comandadas por el Plan Brady, se formaron reservas importantes al comenzar la década del 90. En vez de utilizarlas para fortalecer su capacidad de negociación, las elites colonizadas de nuestros países utilizaron estas reservas para fortalecer sus monedas nacionales, disminuir sus exportaciones y aumentar sus importaciones, generando verdaderas euforias consumistas de sus clases medias. Estas se enojaron enormemente cuando descubrieron que no se puede vivir indefinidamente de rentas.
El auge monetario que se vive actualmente tiene estos precedentes claros.
También conocemos muy bien lo que pasó con los petrodólares de los productores de petróleo en la década de los setenta. Por otro lado, la dimensión de las reservas del Tercer Mundo en la coyuntura actual es demasiado elevada como para hacerla desaparecer con tanta facilidad como en las situaciones anteriores.
Por fin, los gobiernos progresistas que se han constituido en las regiones emergentes vuelven a encontrarse con el pensamiento económico progresista de América latina y gran parte del Tercer Mundo. La teoría de la dependencia ya los había alertado sobre este tipo de problemas hace muchas décadas. Ahora, cuando hay gobiernos que están alertando y tomando posiciones a partir de la
utilización ofensiva de estos excedentes, queda por demás evidente el crimen que representa entregar estos recursos a bancos internacionales que pagan intereses muy inferiores a los que obtienen en nuestros países dependientes y semicoloniales.
También hay que señalar la creciente oposición entre los intereses del capital bancario y financiero y los del sector productivo, que se encuentra ahogado por los altos intereses. La hora es de devaluación de activos, sobre todo financieros, a favor del consumo productivo. Estamos en vísperas de un movimiento mundial que pugna por bajar las tasas de interés y retomar el crecimiento económico. Digamos de paso que esta nueva ola de crecimiento económico y del empleo no generará inflación. Por el contrario, la baja de los intereses ayudará a bajar los precios, pero también la baja de los activos mundiales estimulará nuevas inversiones en tecnologías de productividad cada vez más altas, favoreciendo una deflación de precios de todo tipo de mercancías.
Por último veamos los datos sobre el aumento de los recursos en manos de los países del Tercer Mundo en este momento, cantidades que tienden a crecer cada mes en dimensiones extraordinarias. Hagan la suma: las reservas internacionales más importantes las tiene en este momento China, con 1.066
mil millones de dólares (más de un billón en español o 1 trillón en inglés o portugués). En seguida tenemos a Rusia, con 311 mil millones de dólares; en tercer lugar, India, con 193 mil millones de dólares; en cuarto lugar, Brasil, con 106 mil millones de dólares, hasta aquí están los BRIC; en quinto lugar, México, con 68 mil millones de dólares; en sexto lugar, Turquía, con 59 mil millones de dólares; en séptimo lugar, Argentina, con 35 mil millones de dólares; en octavo lugar, Venezuela, con 34 mil millones de dólares; en noveno lugar, Chile, con 19 mil millones de dólares; en décimo lugar, Colombia, con 16 mil millones de dólares.
Si estos países dejan de juntar su plata en dólares y de pagar intereses a Estados Unidos tendremos un decisivo vuelco en la economía mundial. De un lado, el debilitamiento definitivo del dólar, de otro, la creación de un poder financiero colosal del Tercer Mundo volcado hacia la investigación y el desarrollo, la compra de maquinarias de alta tecnología y hacia proyectos de disminución de la pobreza y de pleno empleo y sobre todo hacia la creación de una infraestructura moderna en el Tercer Mundo. La verdad es que el Banco del Sur es el camino para este cambio estructural en la economía mundial. La principal limitación es la estrechez mental y moral de nuestra clase dominante. Es mucho más fácil recibir un buen sueldo de las multinacionales y/o de los bancos internacionales que luchar por un cambio fundamental de nuestra realidad. No nos olvidemos también de nuestra formación intelectual: es mucho más fácil seguir los modelos elaborados en los centros de poder cultural mundial que producir nuestra propia cultura.
Son barreras de difícil superación.

* Director-presidente de la Cátedra y Red de la Unesco y de la Universidad
de las Naciones Unidas sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible.
www.reggen.org.br
Del servicio informativo de Alai-amlatina.

*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-84385-2007-05-03.html

La esquina del viento*

*Por Marcelo Britos

Cayó del tren sobre la nieve, la nieve que abrigaba los cardos que habían perdido la fiereza, el color. El silencio envolvió su respiración. Caminó con sigilo, juntando en sus botas agua y cristales. El mapa para llegar estaba guardado en el recuerdo de un lugar que nunca había pisado. Llegó al asfalto y tras de sí vio los cardos quebrados por el viento, encimados a ras del piso, desflorados, muertos. Algunos seguían en pie, resistiendo.
Frente a él, las montañas al final de la ruta, montañas con las cumbres diáfanas, blancas, con el manto celeste de fondo, la postal de los paisajes, de todos los climas, de la gente amable. Pero él estaba en otro país, uno en donde no podía hablar con nadie, sonreír, gritar. La estática que sólo dejaba viajar por el aire al zumbido de las ramas, era y debía ser su único compatriota, su conversación de miradas, su canto. No iba a escuchar la voz de otro hasta que la mujer que no podía nombrar al fin llegara.

II
Fue necesario romper las maderas que cruzaban la puerta. Cada quiebre lo obligó a mirar a su espalda. Los primeros días, cada sonido inconveniente, hasta el choque de sus dientes, lo hizo encogerse. Después se acostumbró a los demás ruidos, a que fuesen parte de ese cuerpo fónico que expresaba el bosque.
En la marea de una habitación que vomitaba trastos y diarios viejos, encontró una radio. No tardó en lograr que funcionara; lo difícil fue escucharla.

III
Mendoza y Castellanos, la esquina de la Cooperativa. Cuando chico, sólo podía verla desde la ventanilla del 59, un Mercedes amarillo que temblaba por el empedrado. Esa era la esquina en donde siempre había viento, pero pudo sentirlo años después, cuando la calle ya no era ni un misterio, ni un mundo inasible. Tantas tardes intentado descifrar el por qué. Si eran los edificios que embolsaban el aire y lo hacían correr por un cañadón de mármol, si eran los plátanos, si eran ellos.
Las tardes de fuego se reunían en los ventanales de la Cooperativa a dejar pasar el tiempo: Claudio, el hijo de Tito, Marra, el sodero. Con ese mismo tiempo se fueron. Ya no estaban en esa esquina, ya no estaban en sus casas, ni en el barrio. Sencillamente desaparecieron.

IV
Allí también había viento. Viento helado, fuerte, áspero. Muchas veces le acariciaba el pelo y lo sacudía con cadencia, otras lo sostenía erizado, cerraba sus ojos y secaba su boca. Por momentos tenía la certeza de que nadie en el mundo podía frenar ese viento.
Sin saberlo exactamente podía adivinar que habían pasado tres semanas o más desde el día del tren. En la mañana había nevado. La tierra era barro y hielo, y los pinos estaban canosos y rígidos. Las cumbres lejanas eran una sábana de mudanza y la casa estaba desolada y vacía como un calabozo. Pensó
que cada uno de esos días, cada hora en la ventana descubriendo el acecho de un zorro, el vuelo de un cóndor, cada taza caliente, cada hora de vigilia, de insomnio, era un momento en el que no había llegado la mujer innombrable, hasta ese segundo preciso en el que había reincidido en ese deseo.

V
Ella hablaba en la asamblea. Parada sobre un escritorio, caminaba de una punta a la otra sin mirar sus pies, sus botas negras y largas. No le importaba el vacío, no reparaba en nada que no fuera el chicotazo de sus palabras en la cara de los demás. Ahora podía rememorar esa imagen, parado en el umbral de esa casa en el sur, con el hálito rondando sus lágrimas.
Recordó que la vio bajarse, acercarse al compañero que apuntaba la lista de oradores y espiar el último nombre tachado antes que el de ella; ese nombre que ahora él tenía bailando en sus labios, besando la noche. Prohibido, como el suyo, como el de todos.
Un día iba a llegar -soñó- iba a cruzar la puerta, y en un murmullo imperceptible iba a nombrarla. Entró y se defendió del frío bajo las frazadas.

VI
Los pocos víveres que había logrado cargar en el bolso se habían terminado.
Era hora del pueblo más cercano, del miedo. Se había olvidado de esa sensación, de los autos que bordeaban la vereda, las voces estentóreas.
Nadie lo miró, ni siquiera rozaron sus manos con el vuelto. No quiso mirar los diarios; ya sabía lo que decían.

VII
Junio. Hasta en ese lugar remoto había banderas. En la tarde, cualquiera de ellas, escuchó un grito; euforia. Miró la radio y se contuvo. Cuántas cosas eran parte de esa irrealidad. Dónde estaba lo que se debía oír y lo que no.
Cuál era la intensidad exacta que debía tener un grito para poder ser escuchado. Por qué escuchaba esos y otros no.
Sintió un orgullo solitario y digno. Creyó encontrar otra vez el coraje y supo, después de varios días de ignorancia, qué estaba haciendo allí.

VIII
Papel y birome. El relato minucioso y codificado de la noche en la que la mujer innombrable dejó caer su vestido frente a él y cambió su mirada. Tus ojos son dos mañanas juntas, Adán Buenosayres se lo dijo a Irma y él se lo dijo a ella, y se lo repitió hasta devenirlo en cursilería. Los años le quitan el color, la electricidad, y son los mismos años los que lo devuelven florecido en un recuerdo.
Escribió párrafos invisibles, líneas inexactas, y un nombre: Malena. Estaba permitido. No existía, era el nombre de su hija, la que aún no había nacido ni estaba en el mundo de ninguna forma física. Era inhallable, esquiva, burlona. Papel y birome y fósforos.

IX
Las ramas de los pinos goteaban bajo el sol en una tregua de la nieve.
Recordó las hojas de los paraísos cargadas de agua y una mano amiga sacudiéndolas a su paso. Las tormentas en su cortada eran Apocalipsis, tifones que sacudían los barcos de Conrad. Las miraba tras el postigo, tras el manto gris, tras la cortina gruesa y repentina, tras el derrumbe del cielo sobre el mundo. Las zanjas se rebalsaban y de los túneles sombríos emergían las ratas, torpes, con la piel rosada entre los nudos de pelos mojados. Se quedaba en silencio, quieto, hasta que todas se iban, o morían
ahogadas en las veredas.

X
El lago -pensó- antes no estaba. Era azul como ciertas caras de la nieve, como las pocas tardes del cielo, cuando no estaba cargado de frío. Por allí cruzó, por primera vez, un hombre; y el mismo hombre, o quizá otro, hundió su cara en la virginidad natural del agua. El lago existe porque los hombres
estuvieron desde siempre para darle existencia con la mirada. El lago y la patria no existirían si no hubiera hombres como él, sentados en sus orillas, caminando por sus entrañas, mirando.

XI
Oyó la puerta crujir. Un sudor frío le apretó el cuello. El tiempo fue lento y denso hasta que una cara se asomó por el marco de su habitación, dándole pena y alivio.
Saltó de la cama, medio desnudo, y el cuerpo ardió con la helada del alba.
Se acercó a esa cara familiar; la que no esperaba, aunque fuera bienvenida.
En tiempo que ya parecía distante, un hombre, la mujer innombrable y él se habían separado en el río. Todos compartían un mapa y un plazo para la reunión. Se vieron las espaldas, se saludaron con un parpadeo desde la ventana de un tren. Desde hacía tiempo sabían que en ese momento algunos se
irían y otros no. Algunos tendrían que sufrir una espera en la que el tiempo sería lento y artero, y otros el vértigo, el miedo corriendo por las venas, las escondidas.
Ese hombre lo vio venir desnudo y entumecido y lo abrazó entre llantos.
Recién llegado del campo de los cardos, con la nariz roja y fría, halló a quién tenía la carga de la espera. Bastó la mirada y cierta tensión en las caricias para saber cuáles eran las noticias.
En las barajas que reparte la angustia, uno de los dos fue consuelo y el otro silencio.
Prendieron un cigarrillo, una marca que él extrañaba y que el hombre había llevado en cantidad. Se miraron. El quiso saber detalles y el hombre se negó a darlos. Sólo fumaron, callados, con las lágrimas bajando por las mejillas, cayendo sobre la mesa. Antes que la luz cayera detrás de los pinos, él
alcanzó a mostrarle el cóndor que giraba con el viento, siempre a punto de caer, siempre levantando vuelo.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-8358-2007-05-02.html

COMO TODOS LOS OTROS*

Indeciso, claro, inseguro diría, como todos los otros.
La idea es ir solo a esa reunión, por pudor o propio oxígeno, espacio mío, un simulacro de kermesse vespertina, aunque después pensaremos en la ropa y pero porqué no ahora, ahora que la fila se ha corrido del trayecto más obvio y nos vamos apartando del rumbo preciso entre oscuridades ignorando los postecitos unidos por cinta enrollable, bajo el resplandor gris azulado. El gerente considerará como suficientes tu título universitario, tus declaraciones juradas, la profesión de tu mujer, las propiedades del suegro, y si todo está tan calmo entonces porqué acobardarse ante cierto aspecto desaliñado, los jeans gastados, las zapatillas, los lentes torcidos, el poco pelo revuelto, si acá todos deliran por lo mismo, como entre risas y copetín en vasitos de plástico, cinco de la tarde, con un fondo de musiquita
ucraniana o de acordeones y violonchelos, todos estos cosos criados a libros y concursos anónimos, aquel esperado universo. De todos modos todavía no estás ahí, ni tampoco atrás de esa señora con sobretodo verde inglés y olor a naftalina, ahora perdés un lugar distraído con alguien que nombra un número distinto al del papelito, pero no es uno sino son varios, y no siguen simetrías ordinales, y volvemos a trazar la fila lejos de esa baldosa que había fijado, retenido en la memoria inmediata para no perdernos, bajo el resplandor gris azulado.
Vendrán primero los reproches, los celos inútiles, las fantasías omnipresentes y necesarias, para seguir adelante hacia lo inalcanzable, mi zanahoria de burro, tu furia y tu incomprensión como mi absurda carga. No tenía que mirarme siquiera, porque nunca me hubiese encontrado tampoco, hundido en este no ser nadie de pueblo mustio y triste y desvalido, en el purgatorio eterno del trámite, la clave bancaria de acceso a la cuenta de mi nuevo tesoro, el don de las palabras. Tus ojos son más esquivos y crueles que mi mentira en este mundito de meccano, la postal de un lugar que sólo yo conozco, lejos del murmullo y los números desordenados, de la pequeña melodía y la euforias de ese alcohol frutado, bajo el resplandor
gris azulado. ¿Seremos varios los recién llegados? De ser así, cómo hacer para reconocerlos... Seguro nos pondrán en una especie de hilera, mientras nos convocan al modesto escenario donde habrá aplausos y los tomos reservados. Vos no vas a estar ahí para verme y yo miraré mis zapatillas sucias para recordarte infantilmente, y como me gustaría ese baño de gloria muda para dar el presente hacia otra vida, ahora que el tipo busca y busca en el salón a un alguien que calce el porte según los antecedentes, el futuro beneficiario, el afortunado poseedor de esa tarjeta dorada, la cifra abultada, y más me mimetizo y disimulo hasta tontamente parecer expuesto, paradito acá en la baldosa, perdiendo otros tres lugares. Qué importa si no sos nada más que el tiempo que sólo pasa y hoy te sobra, perdido en tus
silencios, bajo el resplandor gris azulado. Afuera sigue soplando el mismo y frío viento sur de hoy temprano, cuando pensé en contarle mi estrategia, mis más bajos deseos, aún sin posibilidad ni tiempo de concretárselos y convencerla. Serán una treintena de viejas cursis y políglotas, juntadas en un bar de barrio con aires de tertulia en una ciudad a cientos de kilómetros, de tardecita, y pensaré como ahora sobre qué carajos estoy haciendo acá para mis adentros, y me comeré la risa atragantado en el miedo a ser descubierto por el gerente que ya me vio incrédulo pero sólo un par de segundos, luego sus asistentes fueron orientándolo hacia otra transacción más urgente aunque no más importante que la nuestra y ahí se lo llevan. Vos te reirías también de verme ahí paradito, sin entender en el fondo este alivio orgulloso de sentirme por fin a salvo, y te enojarías como todos lo hacen ante lo incomprensible pero siempre un poco más, para después dejarme a mí pelear cuerpo a cuerpo con todo el viento sur que me siembran nuestros desencuentros esclavizados en gestos y palabras, como a tientas, bajo el resplandor gris azulado. No me llamarán al tapete, de todos modos. Y si lo hicieran, me apartaría con disimulo como ahora de la fila, y estrujaría mi nombre que resuena en los parlantes del bar como a este ticket numerado y ya sin sentido en mi puño sudoroso, y lo tiraría al pasar en los cestos colocados contra los amplios ventanales grises y herméticos como tus miradas del banco, mi nombre contra tus ojos. Y animarse a decirlo de una vez e irme me resulta más vivo que la luz azulina y moribunda del proscenio que en vano espera, la misma luz mortal que dejo atrás al abrir la puerta de vidrio y en
el anonimato, ganarme de nuevo todo el frío de la calle sin sol como todos los otros.

*de Santiago Torales. nahrid@yahoo.com.ar

LA DANZA DE LAS MUSAS*

Cuando el crepúsculo sueña
y el manto seduce la noche,
salen en danza las musas
con la piel del amor en el baile
y el topacio del río en misterio
adorna sus ojos moros.

Los poetas dormidos despiertan
con música al ritmo de versos,
flautas , cantos y violines
y con el suave aroma de azahares
se va perfumando el poema.

En vuelo sutil de seda
salen en danza las musas,
cintura de frágiles lirios
piel desnuda de agua
y senos que palpitan
cual flores rosadas de loto,
embriagan sus sentidos
y despiertan en plenitud
los deseos de venus.

*de Xenia Mora Rucabado. xeniamora@ciudad.com.ar

*

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Comentarios

Comentarios(2) »

  1. En sentido amplio, el concepto de existencialismo es confuso y oscuro. No hay una definición teórica clara y unánime. Sin embargo, la concepción más compartida apunta hacia un movimiento filosófico, cuyo postulado fundamental es que son los seres humanos, en forma individual, los que crean el significado y la esencia de sus vidas.

    La corriente, de manera general, destaca el hecho de la libertad y la temporalidad del hombre, de su existencia en el mundo más que de su supuesta esencia profunda. Las cuestiones filosóficas del existencialismo tienden a escudriñar en lo profundo de la condición humana.

    Emergió como movimiento en el siglo XX, en el marco de la literatura y la filosofía, heredando algunos de los argumentos de filósofos anteriores como Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche y Unamuno.

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