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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

12/06/2007 GMT 1

COMO LA SOMBRA A LA COLUMNA.

urbanopowell @ 14:47

Como la sombra a la columna...

No es posible olvidar*

No es posible olvidar, porque el olvido
es patrimonio de los seres desalmados,
de aquellos que jamás se desnudaron
bajo el calor de una mirada verdadera,
de aquellos que no sienten el clamor de sus entrañas
cuando la ausencia se precipita incontrolable
sobre todos los rincones de la vida.

¿Acaso un alma puede desligarse
del recuerdo de los sucesos que la elevaron?

¿Acaso puede olvidar la tierra seca
el poso de la lluvia que la hizo florecer?

¿Acaso puede un corazón de arcilla
evadirse a la memoria de las manos
que trabajaron su espeso sedimento?

Nada existe al otro lado del olvido.

Entre las sombras de mi cuarto la recuerdo,
tal vez ceniza sólo, pero fuego,
porque el fuego es presencia y testimonio.

*De Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es
http://al-andar.blogspot.com
http://www.aragonesasi.com/sergio

Martes, 12 de Junio de 2007
Absurdos gasoleros*

*Por Marcelo Zlotogwiazda. zlotogwiazda@hotmail.com

Falta gasoil porque la demanda es mucha y la oferta, poca. Y no se trata de una tautología o de dos caras de la misma moneda. En este caso, el combustible escasea porque el consumo es mayor al que razonablemente debiera ser, y al mismo tiempo porque la producción está muy por debajo de los
niveles acorde con la evolución del conjunto de la economía. Resulta absurdo que la producción se resienta mientras en el país aproximadamente una quinta parte del gasoil es usado por autos particulares. Para colmo, buena parte de ellos son unidades de alta cilindrada, como camionetas 4x4 (de uso urbano) o modelos caros y nuevos. No sólo es aberrante por la inconveniente asignación de recursos, sino porque además están usando un combustible subsidiado, ya que producirlo cuesta igual que la nafta, pero por la menor carga impositiva en el surtidor se paga un 25 por ciento menos. Nadie puede objetar que un país decida subsidiar al transporte público. Pero nadie puede defender que en un país tan desigual los dueños de autos lujosos se beneficien con subsidios. ¿Y el Gobierno? Bien, gracias. El cuello de botella con el gasoil no es ninguna sorpresa. Se lo venía sufriendo de manera creciente, y se
siguió permitiendo el patentamiento de gasoleros particulares. No fue distracción oficial. Fue inoperancia o ausencia de voluntad y audacia política para enfrentar intereses de los usuarios VIP, de las petroleras y de las automotrices. La poca oferta no se explica por ningún boicot o confabulación de las petroleras. Sencillamente es consecuencia de que la capacidad de refinación está al tope. Lo que a su vez tiene como causa principal que en el país hace muchísimos años que no se invierte nada en nuevas destilerías, y sólo un poco en ampliaciones. Dentro de un estrecho límite, la situación podría emparcharse si el Gobierno forzara a las petroleras a producir algo menos de nafta que se exporta con alta rentabilidad y en su lugar refinar gasoil. Las petroleras responden que los precios congelados no alientan la inversión. Tienen algo de razón. No menos que la razón de los que señalan una vez más que todo esto no es ajeno a la privatización de un sector estratégico que no debería guiarse por cuestiones
de mercado. Y si la privatización petrolera fue un grosero error de los '90, la destrucción ferroviaria no lo fue menos; y algo tiene que ver con la falta de gasoil. Como bien aporta el especialista Gustavo Calleja, en un país pensado, mucha de la producción agropecuaria debería trasportarse en tren. En trenes de carga cerealera y en trenes que trasladan camiones. Como en Canadá. Un país tan distante en kilómetros como en desarrollo.

*FUENTE: PÁGINA/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/subnotas/86445-27686-2007-06-12.html

*

Corría el año 2009. La precipitación caída durante las últimas semanas había desbordado cualquier previsión meteorológica, inundando los campos, barriendo con antiguos puentes, inutilizando las carreteras –ya de por sí sumergidas bajo varios centímetros de lluvia-. Las comunicaciones se tornaban cada día más complicadas, impidiendo el normal desarrollo económico de los municipios afectados, a tal punto que los intendentes responsables de gestionar una solución al problema decidieron apelar al recurso más tradicional y bastardeado por las autoridades de turno: el ferrocarril.
Algún ingeniero trasnochado descubrió que los terraplenes ferroviarios de la antigua trochita angosta superaban ampliamente la altura de aquellos que desplegaran los cráneos ejecutores de la Gobernación Duhalde –para muchos, responsable del escaso drenado de los campos gracias a un denodado furor pavimentador que rastrilló la pampa con rutas, gestando la dramática situación que debían padecer los angustiados pobladores de la otrora provincia más rica del país-. Por lo que se aceleró aquel olvidado proyecto impulsado algunos años antes desde Internet a manos de un delirante francotirador anarquista llamado Eduardo Coiro, titulado “Salvemos al tren del olvido”, y los técnicos pusieron manos a la obra para resolver el conflicto. El Presidente Néstor Kirchner promediaba su segundo mandato, por lo que la movida tecnológica no sólo beneficiaba a la gobernadora de turno, su señora esposa, Cristina Fernández, sino que además consolidaba una imagen más que fecunda frente a los vaivenes políticos que desvelaban por aquella época al “Pingüino” –el eterno tema de la deuda externa, entre muchos otros-.
La iniciativa fue saludada con fervor por los intendentes, pero más calurosamente por los agricultores y ganaderos de la zona, que suspiraban aliviados luego de imaginar el peor de los desastres: los campos sumergidos, las vías de comunicación cortadas, y la mercadería (granos, carnes, verduras, aceites, huevos, leche) arrumbándose en los depósitos como tentadora carnada para los ratones, echándose miserablemente a perder.
La elegante gobernadora Fernández cortó personalmente las cintas en la re-inauguración del ramal, y una flamante locomotora rural hizo sonar su sirena al calor de los primeros rayos de sol de una apacible mañana de invierno, con un cielo abierto que presagiaba una nueva etapa para todos. Aunque quizás, el agua caída demorase mucho tiempo en alejarse de allí. Los dueños de los campos ya imaginaban qué nuevos emprendimientos podían realizar: siembra de peces, excursiones de pesca, cualquier otra actividad que no los hiciera pensar en las futuras cosechas, imposibles de realizar hasta dentro de algunos años. El terreno, antes de hallarse a punto para volver a ser explotado, necesitaba orearse por completo.
El primer maquinista –aunque casi de inmediato, sería el único- se llamaba Orestes Rubyck. Se había desempeñado en el cargo durante algunas décadas, hasta que le había llegado la hora de jubilarse. Quería descansar, dejar de correr, sentirse relajado, desarrollar algún hobby sedentario que le entretuviera las huecas horas del ocio. No creía que podría estar durante mucho tiempo alejado de los trenes, que habían sido su gran –quizás única- pasión en la vida, pero nunca se le hubiese ocurrido que le ofrecerían conducir la “Locomotora Solidaria”, como se la comenzó a llamar sin pérdida de tiempo. No lo pensó demasiado: le quedaban pocos meses hasta cumplir los 65 años, y los viajes suburbanos ya lo tenían bastante cansado. Aceptó sin consultarlo con nadie; tampoco podría haberlo hecho, jamás se había casado, y sus escasos amigos pertenecían todos al mismo gremio, por lo que le hubiesen aconsejado que se fuera, que olvidara el ferrocarril, que se dedicase a cultivar plantas en su quintita del conurbano. Él no quería hacer eso, no por el momento al menos, por lo que aceptó la propuesta y marchó hacia los campos inundados.
El Presidente en persona lo saludó efusivamente, siempre atento a las cámaras, momentos antes de que la “Locomotora Solidaria” se pusiese en marcha. Y allí fue, acelerando vigorosa, traccionando una modesta formación de prueba, para luego ir aumentando el volumen de las cargas, devolviéndole la sonrisa y la esperanza a un enorme caudal de dueños de tierras y vecinos.
Desde entonces, habían pasado casi dos años…
La situación política había cambiado rotundamente. La popularidad del Presidente se había desbarrancado sin remedio luego de un revelador dato aportado por sus más estrechos colaboradores –que lo traicionaron sin más, ante una generosa oferta de la derecha-: la existencia de una cuenta financiera en Suiza, donde parecían haberse fugado algunos excedentes no declarados del Tesoro Nacional. Además, su señora esposa, con el férreo carácter que siempre la caracterizó -que podía hacerle ganar como perder una elección-, había dilapidado su imagen a manos de una rastrera operación política chicaneada por el duhaldismo, siempre vigente en el corazón “puntero” de la provincia, a la manera de la aparición espectral de un muerto que se niega a abandonar la escena del crimen.
Por lo tanto, el Gobierno ya no desarrollaba acciones políticas tendientes a captar votos y adhesiones para sus propias urnas. Más bien parecía capear el temporal, soportando a los tumbos sus últimos meses de gobierno, asistiendo a la diáspora de sus propios dirigentes, que intentaban conchabarse donde mejor les cupiera, a fin de no perder sus fueros –nadie es inocente hasta que se pruebe lo contrario; por ello, en política siempre hay que quedar a buen cubierto del “Largo Brazo de la Ley”-.
En la soledad de los campos, los niveles hídricos habían ido descendiendo considerablemente, por lo que las comunicaciones se habían ido restableciendo sin problemas. Los negocios de cría de peces y excursiones pesqueras, tan fructíferos durante el primer año, se habían ido desvaneciendo con la progresiva desaparición del caudal de agua. La algarabía inicial frente a la “Locomotora Solidaria” se había ido perdiendo, de manera natural, y la feroz competencia del transporte automotor volvía a hincarle los colmillos. El destino de la recuperada trochita angosta parecía repetirse en muy poco tiempo. Y los dueños de la tierra, así como los comerciantes de la zona, atentos en extremo a sus propias ganancias, no dudarían un instante en dejarla morir.
Inmerso en tales tensiones, Don Orestes Rubyck continuaba conduciendo ese tren heroico, que se negaba a jubilar. Pasaba muchas horas conduciendo en la más completa soledad, surcando campos que parecían lagunas. imaginando que era el último de los ferroviarios soñadores, ayudando con su propio esfuerzo a que sus compatriotas no bajasen los brazos, manteniendo en alto una producción de emergencia con la que pudieran mantenerse hasta que las condiciones de siembra y de cosecha variasen –desde el universo de los peces hacia la tradicional cría de toda clase de ganado en pie, e incluso el más terreno de los cultivos-.
Pero la realidad era otra, y muy pronto el apoyo de los municipios comenzó a decaer. A tal punto que los recursos indispensables para llenar el depósito de gasoil de la “Locomotora Solidaria” dejaron de llegar puntualmente. Y un buen día, Don Orestes se quedó casi varado, volviendo de la Estación Patricios, con el combustible justo para arribar a la Estación Asamblea.
Desesperado, intuyendo que aquello sería el fin, que ya no habría ningún recurso extraordinario que justificara su permanencia dentro de la cabina de una locomotora, asesinando su ilusión de viajar sin límites ni presiones –además de lapidar su palabra de conductor responsable-, Don Orestes decidió que la única manera de eternizar aquel sueño sería pagándolo de su bolsillo. Como le ocurría durante su infancia, cuando para seguir dando vueltas en la calesita o el Tren Fantasma necesitase sacar un boleto más, invirtiendo para ello los magros ahorros que atesorara en un vapuleado cajón de su dormitorio durante semanas.
No hubo latas de conserva vacías que juntasen una desbordante pila de monedas, sino un pedido telefónico a la Secretaría de Transportes, para que retuviese de su sueldo la cantidad necesaria para abastecer de gasoil a la “Locomotora Solidaria”, y le permitiera así continuar viaje. Los directivos no podían creerlo: un ferroviario en edad de jubilarse, tozudo como un vasco, ajeno al constante fluctuar de la oferta y la demanda –propia del liberalismo-, insistía en mantener vivo un servicio que se había reflotado sólo para capear una situación de emergencia coyuntural. “¡Un absurdo! ¿Por qué no se vuelve a su casa y se deja de molestar? ¡Usted se quedó en el tiempo!!!”, era la frase que se repetía hasta el hartazgo en los estratos del poder.
Sin embargo, desde la Estación Asamblea, el pedido se mantenía incólume: “Necesito que habiliten los litros necesarios para llegar hasta el Riachuelo y culminar el recorrido. No voy a dejar la formación acá varada”.
No hubo caso. Por más que los funcionarios lo presionaran de todas las maneras posibles, Don Orestes se mantuvo inflexible: quería terminar el recorrido con la frente en alto. Entonces, adjudicándole al empleado la asunción de toda clase de riesgo que pudiera conllevar semejante aventura, le dedujeron de sus haberes el costo de los litros de gasoil, y avalaron el pedido. Don Orestes vivió tal aceptación como una importante victoria personal, esbozando una sonrisa de gloria.
Los empleados del camión-tanque de Repsol-YPF lo miraban de soslayo, acaso intuyendo una precoz demencia senil en el viejo, mientras cargaban el poderoso vientre de la locomotora hasta llenar la mitad; los ahorros no habían servido para mucho más, pero con medio tanque llegaría tranquilo. Don Orestes saludó efusivo a los empleados de la petrolera, le agradeció en el alma al Jefe de Estación por el usufructo del servicio telefónico –que muy pronto cortarían, al deshabilitar el servicio-, y partió orgulloso rumbo a la Estación Riachuelo.
El paisaje, en las últimas horas de la tarde, se le antojaba fatídicamente hermoso. Experimentó las confusas sensaciones de un Último Viaje, la eternidad de la tarea cotidiana, comprimida en apenas un instante, que se desarrollaría para siempre dentro de su memoria, y la fatalidad de saber que algo culminaría para siempre; que esa parte de su vida –quizá, la más importante- se cerraría como un cuarto al que nunca más volvería a ingresar, añorándolo con insondable pena en los años por venir.
Contempló el horizonte lacustre, al compás del monótono traqueteo sobre las vías. De pronto, se sintió como pez fuera del agua, boqueando desesperado, a punto de ahogarse. La incomodidad se alejó veloz de su mente, a fin de evitar un colapso mayor, aunque no desapareció del todo. Sabía que estaba a punto de extinguirse, como una singular especie de dinosaurio fuera de época, a fin de darle lugar a las nuevas generaciones. Pero, ¿acaso valía la pena semejante mutación? ¿Qué los gobiernos sucesivos cambiaran la solidez y economía del ferrocarril por la comodidad del negociado de los camiones? ¡Pero por favor! ¡Qué error!
Sin embargo, la decisión no estaba en sus manos. Y aunque los sucesos por venir no le eran ajenos desde hacía dos años, la realidad del instante presente lo golpeaba sin piedad. Aceleró la “Locomotora Solidaria”, deseoso de terminar aquella incertidumbre cuanto antes.
Y mientras el paisaje continuaba desvaneciéndose en las últimas horas de claridad, soñó despierto con eludir los límites de la vía, prescindir de la tiranía del combustible, y continuar rodando por siempre sobre aquellos campos, con la libertad delante de sus ojos, y el corazón henchido con sabor a victoria…

*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar

Roberto Pettinato: "¿Hay algo mejor que estar enamorado?"*

Recién casado, se confiesa muerto de amor. Dice que el matrimonio es un acto de romanticismo. Habla de la relación que tiene con sus hijos y en qué se le parecen.

*María Laura Santillan mlsantillan@clarin.com

¿Cuánto hace que te casaste?

Me casé el jueves a la mañana.

¿Por qué la boda fue secreta?

Perdón, la boda no fue secreta. Hace un mes que todos los del Registro sabían que me iba a casar. Le dije a Karina: "Maquillate porque seguramente estarán los fotógrafos. Salimos, me tiraron pétalos de rosas en Coronel Díaz y Beruti. ¿Sabés cómo terminó? Le dije a una señora que estaba ahí: "¿No me
saca una foto con el celular aunque más no sea?".

¿No había un solo periodista?

Nadie. Me sentí ridículo porque pensé que me tenía que preparar porque alguien me iba a ver.

¿Fue una decisión meditada o un impulso fruto de una pasión desenfrenada?

En mi vida todo es una pasión desenfrenada, desde que me conocés hasta que se termina (risas). Espero que esto no se termine, por eso le ofrecí matrimonio. Es la primera vez que yo le propongo matrimonio a una mujer. No que me digan: "dale, casémonos", y terminás diciendo sí.

¿Qué tiene ella de especial?

Tiene todo lo que me gusta: es muy bonita, inteligente, y me encanta estar con una mujer que tenga una vocación.

Eso provoca admiración, ¿no?

Sí. Yo nunca tuve vocación.

¿Vocación multimedia tampoco?

Yo tengo ganas de laburar para rascarme los cocos: estar con amigos, joder, ese Pettinato fuera del aire que vos conocés y decís que es un niño que juega a la pelota.

Con la mamá de tus hijos no te casaste. ¿A los 51, te importa?

Ahí tocaste un tema (risas). Cuando la conocí a Karina, le dije: "Tenés 26, ¿no? Y me dijo: "No, tengo 36". Y ahí me terminé de enamorar, porque me sentía un jovato. A mí me da vergüenza las diferencias de 30 años. Lo llamo "el mal de Mascardi" (Gustavo, empresario del fútbol). Lo vi en una foto con
una chica joven. Estaban de espaldas y él iba con jeans y el culo caído. Me dio tanta vergüenza.

¿Por qué fue necesario firmar papeles en este caso?

El matrimonio es un acto de romanticismo. Uno tiene que sentir dentro de uno esa sensación. Con otras parejas no lo sentí.

¿No te dio miedo después de un divorcio controvertido?

Mi divorcio no fue controvertido. Se hizo controvertido por la otra parte simplemente para ver si se podía sacar más dinero.

¿Eso no te dio fobia?

Al contrario, cuando apareció Karina sentí que era una bendición que me daba la Virgen María en persona o por mail. Porque la Virgen a veces te manda un mail (risas). Yo estaba preparando mi departamento de soltero y apareció ella. Dije: "No voy a dejar a semejante mujer por algo que pueda tener un tiempito". El tiempito no sirve para nada.

¿O sea que el tiempito entre una y otra es innecesario?

Para mí es innecesario.

¿Qué dijeron tus hijos? ¿Por qué no fueron a la boda?

No quisieron ir. Creo que hay cierto cansancio en la tropa, como en la película: "Papá se casa otra vez" (risas). Pero con muy buena onda porque hay muy buena química con ella. Felipe dijo que va a ir a la fiesta que será dentro de un mes cuando nos mudemos. Yo ahora me quiero instalar en la casa de ella. Como le preguntó Felipe cuando vino y vio todo tirado: "¿Ya se te instaló mi papá" (risas).

¿Se llevan bien tus hijos con ella?

Sí, cada relación sirve para mejorar la que viene si sos vivo y te das cuenta. Yo soy padre soltero con borregos al pie, como se dice.

¿Qué dijo Karina de tus hijos?

Ella quiere que las cosas fluyan.

¿Estás más unido a tus hijos desde el divorcio?

Sí, porque ellos quedaron muy maltratados, por maltratos psicológicos invisibles. No hay pruebas. La única prueba es que los tres odian a una determinada persona. Tuve que recuperar la relación con ellos, me había alejado. Y ellos también. No estaban cómodos. Esto se los digo a todas las madrastras: no intenten nada para reemplazar a la madre.

¿Estar enamorado ahora es muy distinto que a los 20? ¿Es el mismo nudo en la panza?

Desde que nos conocimos yo no me pude separar nunca, nunca. Ni una hora pude. Eso es algo que no se dio otras veces. Es una cuestión de intensidad. De química.

¿Entonces, lo que uno sentía en la adolescencia se vuelve a sentir?

Lamento haberla conocido recién a los 51. Ella se ríe de esto. Si hago la cuenta me pregunto cuánto me quedará de vida con ella.

¿Qué proyectos tienen?

¿Por qué hay que tener? ¿Hay que tener proyectos o hay que vivir enamorados?
Que el proyecto sea estar enamorado todo el tiempo. Y decir cada vez que la veo: "¡Dios mío, qué linda que es!". Nos sentamos a comer y yo digo: "Comamos rápido porque al otro día me tengo que levantar temprano". Es la una de la mañana y seguimos hablando. Eso es pasarla bien.

¿Van a tener hijos?

Yo creo que toda pareja tiene que tener. De ninguna manera voy a decir no. Si vienen, vienen. Quiero un hijo que tenga el pelo mitad canoso y mitad pelirrojo.

¿Qué aprendiste del divorcio?

Del divorcio no se aprende. Se aprende de la relación. Hay una frase: uno no conoce a la mujer con la que está hasta que no la encuentra en la Corte. Hay gente a la que le interesa más lo material y hay gente, como yo, que sigue siendo un romántico, un idealista. Soy de los que pueden terminar en la
puerta de canal vendiendo churros rellenos.

¿Qué sostiene tu buen humor?

Mi espíritu sagitariano: jovial, divertido, maniático, loco, cabrón.

Varias veces hablamos del miedo al techo profesional y de que empiece la decadencia.

Lo bueno es que sigo sin ser un éxito. Soy más conocido, más respetado, no más popular. Populares son Tinelli, Mirtha, Susana. Parece que yo fuera alternativo. Conseguí que no haya techo y espero que no lo haya. Uno muere en todos los lugares donde se queda. Si cumpliera 40 años con el mismo programa enloquecería.

¿Cómo es la relación con tus hijos? ¿Alguna vez los retás, te enojás, los mandás a estudiar?

Les suelo dar consejos y me sirve mucho para ponerlos en algún libro, son buenas frases, pero a ellos no les entran. Siempre les digo que se tienen que manejar en la vida pensando que su padre se puede morir mañana. Yo sé que es muy duro. Tienen que estar siempre preparados como samurais. Papá plata no tiene, tiene saxofones y una casa.

¿Podés hablar de todo con ellos?

En general sí. No hay tanto para hablar. A mí lo que más me interesa es educarlos en la vida real.

¿Cosas concretas? ¿Los ves fumando y les decís: "Hace mal"?

No fuman. Tamara fuma algunos cigarrillos cuando sale. Yo le pregunto si fuma mucho y me dice: "Papá, ¿te creés que soy idiota? Sé en qué andan. Hoy voy a comer con ellos. Los miércoles me emborracho con Tamara. Me lleva a tomar tragos y me caigo arriba de la mesa, una vergüenza. Felipe todos los días viene al canal. Con Homero salgo a comer los viernes. Lo veo un poco menos porque trabaja mucho. El otro día me llamó y me dijo que estaba enojado porque había hecho una nota y no la habían puesto al aire. Le expliqué la de veces que uno ha hecho notas y no las pusieron al aire, hay que tener paciencia.

¿Qué tienen ellos de vos?

Felipe es el artista; Homero es la razón, el equilibrio, lo concreto, y Tamara tiene la parte más infantil mía y del decir divertido. Es muy graciosa hablando. Lo que les enseño es que la joda no es todo. Mi
personalidad es algo inventado, yo me inventé a mí mismo. Y no tengo otra cosa más que a mí mismo para vender. Les digo que laburen sobre sí mismos y que se conviertan en una personalidad, pero que aprendan a aceptar las críticas, la incomprensión de los demás. Felipe a veces me dice que se siente raro. Hijo, bienvenido a este mundo de seres como nosotros.

Ese anillo es la alianza, ¡qué romántico!

Odio las notas que hablan sobre la falta de pasión o que cada vez se hace menos el amor. Yo le mando poemas a Karina de una computadora a otra y estamos en el mismo cuarto, y lo abre y llora. Que alguien me diga: ¿hay algo mejor que estar enamorado? Estoy enamorado y digo "hago rápido el programa así la voy a ver". Le mando mensajes a durante el programa. Siempre lo hago. Eso es estar pensando todo el tiempo en el otro. ¿Hay algo más lindo que tener a alguien en quien pensar? ¿Alguien para quien vivir? ¿Y no ser ni un grasa ni Narosky?

ROMANTICO. "LAMENTO HABERLA CONOCIDO A LOS 51 -DICE-. HAGO LA CUENTA Y ME
PREGUNTO CUÁNTO ME QUEDARÁ DE VIDA CON ELLA".

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/mujer/2007/06/12/m-01436417.htm

Martes, 12 de Junio de 2007
Juegos (Crónicas de bares III)*

*Por Iván Fernández.

El recinto principal es amplio, el techo está alto y hay unos cuartos chiquitos, profundidades, unos escondrijos en una de las esquinas de la sala.
Apenas entro, paso frente a dos hombres que, sobre una tabla a cuadros, mueven piezas negras y blancas. Hay un público reducido que los observa, en silencio. ¿Qué representan las piezas, diferentes? ¿Qué significan las regularidades en los movimientos? Los caballos pueden saltar, de eso no hay
duda; que las torres se deslicen requiera, quizá, de otras ingenierías.
El piso es de mosaicos cuadrados, con un dibujo particular y similar, a la vez, a la tabla de caballos y torres. Y tal vez este territorio, demarcado con dibujos simétricos, implique también regularidades en los movimientos, probablemente también en mi andar puedan verse repeticiones.
Me siento.
El lugar está poblado por hombres, de unos 40, 50 años, y más.
Hay un hombre delgado que conversa con otros y ríe sonoramente, y aconseja.
Es el centro, habla con todos. Hay en sus gestos cierta vehemencia y con ellos logra captar atenciones.
Los ventiladores inalcanzables golpean el aire y las cortinas están bajas, no se mira hacia fuera (he notado que esto, el mirar hacia fuera y el ser visto por los extranjeros, en otros templos es dogma de la religión); aquí, lo importante está dentro.
Hay dos mesas verdes, un grupo de hombres se recuestan, alternándose, sobre ellas, con bastones de brillo y con guantes negros. Un público nutrido observa, pero jamás los mira; miran siempre la mesa verde.
El hombre delgado está ahora en la zona de los escondrijos, allí también ríe y aconseja, y aparece ora en el hueco de una puerta, ora detrás de una pared. Y sigue con sus gestos, esparce la palabra.
De entre las bambalinas sale un hombre que directamente se dirige hacia mí y me pregunta con la mirada; pido lo que necesito y al rato vuelve con una bebida.
Detrás del hueco de una de las puertas de los recovecos se asoma un joven, está frente a una máquina. Nadie habla con él.
Entra al recinto alguien que camina raudamente hacia la mesa que ocupan dos hombres mayores, los saluda afectuosamente con un beso; esto sea quizá lo que llaman familia. Le pide a uno de ellos un dato, fijo. El hombre mayor se excusa: "Ya perdí". Quien solicita el dato insiste y el hombre mayor,
accediendo, empieza a esbozar argumentos analizando lo que lee en una revista. Sobre ciertas creencias y datos de experiencias pasadas este hombre hace surgir edificios lógicos que tienen el fin de predecir ciertos hechos, en determinados contextos. En cierto momento, y tal vez agradeciendo el conocimiento gentilmente ofrecido, el hombre que había pedido el dato se ofrece para alguna cosa, levantándose con dinero en la mano. El teórico le ordena sentarse, con enojo. El del dato se sienta y dice: "No es así, no es así"; afligido. Hay en todo esto, en el diálogo y en las acciones, ciertas grietas que dejan entrever un fingimiento, o un guión para mí desconocido.
De alguna manera lo que hacen no termina de ser creíble, como si fueran actores que ensayan, relajados, una obra, como si esto que ahora hacen lo hicieran siempre, y ya estuvieran cansados de repetirlo.
El hombre delgado, el profeta, en una nueva misión, está ahora en la zona de las mesas verdes, se ríe, y habla con los que se recuestan y con los que miran. No queda zona donde no predique, excepto la de los hombres de la tabla de los caballos; allí reina el silencio.
En el fondo del templo aparece una mujer, la única. Desde allí observa el panorama, analiza unos papeles.
Cerca de mí un hombre llama a otro para explicarle algo, y pide a otro algo para escribir. Obtiene un elemento escribiente entre risas y empieza a construir un sistema de considerable abstracción que tiene algo que ver con ganar dinero. El diálogo se vuelve de tono elevado, pero aquí también se adivina cierto fingimiento. Y ocurre que en todo el templo parece haber sólo dos formas de conversar, animosamente, con risas altas o enojos representados, o casi en silencio, en complicidad.
Comienzo a considerar la posibilidad de irme y noto, en ese instante, que a nadie tengo para saludar, así como a nadie saludé cuando entré, cosa que sí han hecho todos los hombres que han entrado o salido del recinto.
Y es así que, ahora, todos están sentados en compañía; nadie, exceptuándome, está solo.
Me voy, cuidando de pisar las baldosas que me corresponden.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-8927-2007-06-12.html

Antes, después

como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio

aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna

como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente

*De JULIO CORTAZAR.
-Fuente: http://www.lexia.com.ar/62.htm

*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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