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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

09/07/2007 GMT 1

UN DIAMANTE TALLADO POR LAS CENIZAS

urbanopowell @ 18:29

Poetas?*

El sabor a suspenso me despertó
Sobresaltada entresueños vislumbré
Una botella flotando en el mar
Con hojas de papel en su vientre
Opacada y fría iba y volvía iba y volvía
En un vaivén sin final
Parecía que el paso del tiempo
Quería detenerse en ella
Que deseos habría en ese mensaje
Que ilusión estaba allí escrita?
A la espera de quién la leería?

Sería de un naufrago, un chico juguetón
O de un poeta?

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Un diamante tallado por las cenizas...

¿Olvido?. ¿Perdón?*

Si en mi dulce y silente pensamiento
Convoco a los recuerdo del pasado,
Por lo que no he logrado me lamento
Y también por el tiempo malogrado.

W. Shakespeare

Venían en dos Falcon, bordeando los meandros , hasta que encontraron un espacio que parecía adecuado.
El de bigotes que iba en el primer auto le pegó con el codo al morocho que manejaba.
- Acá, dijo.
Al detenerse bajaron cuatro tipos de cada auto, abrieron los baúles y sacaron sendos requechos humanos que quedaron en el suelo, conservando la posición fetal que habían mantenido durante el tiempo que duró el viaje de Libertador y General Paz hasta la costa del Río Reconquista, en Merlo.
Uno de los dos tumbados se llenó del aroma vivificante de los eucaliptos. El olor y el ruido del agua fluyendo le trajeron a la memoria el lugar: Cascallares.
Recordó los viajes infantiles y adolescentes. En verdad, no era tanto el tiempo que había transcurrido desde la última vez. Había sido un veintiuno de septiembre – día de la primavera y del estudiante. Pero mejor recordarlo solo como día de la primavera, porque la palabra no tenía connotados sediciosos, por ahora.
Pudo enderezarse un poco y mirar. Los colores castaños de las escasas hojas denunciaban la estación. Sin duda, era ese el lugar. Y era lo que quedaba de Sergio ese bulto tirado a su lado que respiraba con dificultad.
Nos van a liberar, pensó. Nos van a dejar tirados hasta que un paisano nos encuentre y nos acerque a un hospital. No se van a tomar el trabajo de tanto viaje para matarnos acá. O darnos máquina.
El aroma, los colores, la melodía del agua conocida lo llevaban a ese estado de optimismo que no tenía otro asidero que el puro erotismo de saber que la vida merecía ser vivida. Por eso se sorprendió un poco cuando vio que uno de los gorilas se acercaba a Sergio y le pegaba un tiro en la nuca. Después se acercó a él, le apoyó el caño en la cabeza y no vio, ni olió ni escuchó más nada.
Los gorilas volvieron a los autos y arrancaron.
El de bigotes dijo en voz alta:
- Es un estilo. Dejarlos acá tiene un efecto multiplicador más notable, mucho mas notable, que quemarlos, enterrarlos o tirarlos en el mar con tanques de aceite llenos de hormigón en las patas.
El modo en que dijo “patas” ya indicaba la condición de otredad de lo que creían que habían dejado atrás.

17 de junio de 2007

*de Edgardo E Molgaray eemolga@yahoo.com.ar

Lunes, 09 de Julio de 2007
Habrá otras veces*

*Por Rodrigo Fresán
desde Barcelona

UNO Tal vez sea idea mía -tal vez por estos días y sus noches tenga la cabeza y el cuerpo en otros asuntos adultos e infantiles-, pero me da la impresión, a pocas jornadas del magno evento, que la salida a la venta de la última y final aventura de Harry Potter no está produciendo el mismo volumen de expectativa o caudal de histeria informática que en otras ocasiones, durante el estreno de anteriores entregas.
Y no es que la inminente aparición en idioma inglés de la séptima aventura -las más de 700 páginas de Harry Potter and the Deathly Hallows arrasarán en las librerías del mundo todo el próximo 21 de julio- no haya merecido ya abundante centimetraje en diarios y revistas y cuantioso minutaje en noticieros y afines. Se han certificado otra vez -es cierto- la ruptura de records de ejemplares ya reservados, los tiradas millonarias y los royalties a facturar que han convertido a J. K. Rowling en la escritora
(o escritor) más rico en toda la historia de la humanidad. Todo lo contrario. Pero me parece -tal vez los chicos crecieron y haya que esperar al recambio- que el efecto no es el mismo. Lo que no quita que una
importante cadena de librerías inglesas (el asunto recuerda a esas ambulancias con enfermeras falsas que William Castle estacionaba frente a los cines donde estrenaba sus películas de terror) haya publicitado un número telefónico. El de un consultorio de emergencias donde los jóvenes lectores podrán recibir asistencia psicológica gratuita para superar la depresión del fin del camino (sendero que muchos vienen recorriendo desde 1997 con la publicación casi en secreto del primer libro y muchísimos desde
1999 con la publicación del tercero y el estallido de la Pottermanía) así como el pánico a la hipotética muerte del héroe. Porque de eso se trata la cosa: Rowling -denostada por Harold Bloom, alabada con reparos por Stephen King, considerada "demasiado derivativa" por A. S. Byatt y perseguida por
feministas que la consideran un vocero del chauvinismo y por fundamentalistas religiosos por promover la brujería entre los infantes y por progres que denuncian su visión de una Inglaterra añeja e imperial de castas que caricaturiza y se burla de todo espécimen "normal" de la clase media trabajadora- ya anunció que a la hora del examen final en Hogwarts correrá abundante sangre. Rowling afirmó -aunque terminó de escribir Harry Potter and the Deathly Hallows recién el pasado enero- que el último
capítulo ya estaba redactado desde hace años y guardado en una caja de seguridad y que poco y nada ha cambiado. Y cuando se le preguntó a la autora si será derramada la sangre de Harry, ésta sonrió bruja y dijo: "Sería una manera de asegurarme de que en el futura nadie escriba secuelas con el mismo
personaje". Es decir: no tomarás el nombre de Harry en vano. Pero la verdad que a mí me parece un poco raro que -existiendo un colegio secundario para brujos- no exista una universidad. Es decir: ¿dónde cuernos estudiaron los profesores de Hogwarts y -de no haber estudiado ninguna carrera- cómo
hicieron para conseguir ese trabajo? Aunque -tengo que reconocerlo- yo no leí todos los libros de Harry Potter y tal vez me esté preguntando nada más que idioteces de muggle, de apenas iniciado, de un tipo que se alegra de ver a miles de niños con libros en las manos pero a quien le preocupa un poco que esos libros sean siempre los mismos. O algo así.
DOS Porque uno de los temas que trajo la Pottermanía fue la alegría de que los niños dejaran por un rato los artefactos electrificados y descubrieran el placer unplugged de la lectura. El que esta nueva compulsión -la lectura como moda- se limitara a leer varias veces el mismo libro con desesperación
de junkies a la espera de la nueva dosis, o matando el tiempo con el revival Frodo, o con cualquiera de los miles de subproductos epigonales con hechiceritos y dragones no parecía inquietar a muchos y se apostaba en el funcionamiento de Rowling y Tolkien como trampolines hacia otras tierras. No sé pero a mí me parece que algo no salió del todo bien y todavía estoy esperando la alegría de encontrarme con David Copperfield, El hombre que fue jueves, Sandokán o El guardián entre el centeno en las listas de
best-sellers.
Y tal vez el verdadero impacto del fenómeno Harry Potter haya sido el de cambiar el signo de la lectura infantil, del cómo leen los niños y (en esta ocasión en particular) de cómo leen los adultos los libros de niños no a los niños sino (llegando a editarse versiones con portadas más "maduras") a sí mismos o a ese niño que les gustaría volver a ser. Ese niño que alguna vez fueron y que -en muchos casos- no tocó un solo libro infantil cuando era el momento justo y perfecto para abrazarlos con fuerza.
TRES Así, la potterlectura como algo que no se parece en absoluto a aquello que describe amorosamente Marcel Proust en su ensayo Sobre la lectura o Francis Spufford en The Child That Books Built o --recientemente- el español Santiago Alba Rico en su magistral y apasionante y graciosísimo y amorfo
Leer con niños (Caballo de Troya). Así, los potterlectores como organismos que leen no para estar solos y construir en su cabeza su propia versión de los hechos (sí ha quedado documentado que los días en que salen a la venta los libros disminuyen en un 50 por ciento los accidentes domésticos infantiles) sino como seres que sólo quieren llegar al final para salir corriendo y comentarlo con alguien que indefectiblemente hará lo mismo y de ahí a la película, al videogame y a volver a leer de nuevo el mismo libro en un loop enloquecido. Y es ahí cuando sí se lastiman, pienso. Me pregunto cuántos de los pequeños fans de Harry Potter crecerán para convertirse en escritores (ya ha sido documentado el caso de una niña adicta que escribió su propia versión de Harry Potter y que ha sido fichada por una importante
editorial) y me respondo que, tal vez, varios de ellos se conviertan no en entusiastas narradores sino en astutos editores a la caza de la próxima J. K. Rowling y de un nuevo principio.
CUATRO ¿Y el final? Bueno, ya falta poco, a no desesperar. En lo que a mí concierne me gustaría que Harry Potter derrotara a Lord Voldemort. Pero que enseguida -enloquecido por la hazaña de su triunfo- se sublevara y que tomara Hogwarts por asalto. Y que se recluyera allí con un puñado de fieles
incluyendo a Hermione y a Ron. Y que se convirtiera en un hechicero mesiánico con su alucinado corazón cubierto de tinieblas. Y que un día un cónclave de brujos eligiera a un enviado para que viaje y lo enfrente y --casi con la bendición del gran rebelde- lo mate. No tengo claro aún si este verdugo regresará con sus patrones o se quedará en las ruinas de Hogwarts ocupando el sitial de Harry Potter. Tampoco tengo claro cuáles serán las últimas palabras del ángel caído. ¿"El horror.. El horror...? No
lo creo. Tendría que ser algo mucho menos contundente pero sí más didáctico y evangélico. Me gustaría que entonces Harry Potter mirara a sus lectores fuera del libro y les explicara que ése no es el final, mis amigos. Y que allí, cerca, agotado su Había una vez... les espera un Habrá otras veces.
Muchas veces. Y que ahora, por fin, los libera de su hechizo para que corran a buscarlas. Y puedan abrir las puertas de tantos otros libros. Y que -entrando en ellos- salgan a jugar.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-87829-2007-07-09.html

ESCRITORES Y CRITICOS ELIGEN TEXTOS ARGENTINOS CLAVE

Las novelas que atraparon su época*

A veces, los libros condensan las ansiedades, los miedos, las esperanzas de su tiempo. Y sus sociedades se ven en ellos. Entre otros, aquí se destacan "Nacha Regules", "Operación masacre" y los escritos de Niní Marshall.

*Juan Manuel Bordón jbordon@clarin.com

Damián Tabarovsky -escritor y editor- arranca diciendo que descree de las posibilidades de la literatura para atrapar su época y parece que de entrada la cosa va para mal, pues la cuestión era consultar a escritores, historiadores y críticos literarios sobre las novelas argentinas que más
dicen sobre la época en que fueron escritas, aquellas que capturaron el espíritu de su tiempo, las inquietudes, los temores y las obsesiones de sociedades que a su vez se reconocieron en ellas. ¿Serían best sellers, clásicos, novelas que envejecieron mucho y mal?
"Descreo de las posibilidades de la literatura de atrapar su época. Cuando lo logra, es sin proponérselo; cuando se lo propone, irremediablemente fracasa. Sí creo que la literatura da testimonio del estado de la lengua en un determinado momento", dice Tabarovksy. Habla de las últimas décadas del siglo XIX, en las que el país y el lenguaje se transforman con la llegada de casi seis millones de inmigrantes. "Pienso en ¿Inocentes o culpables?, de Antonio Argerich (1884), la primera ficción argentina donde aparece la
inmigración en clave negativa. Italianos, judíos, españoles, son sometidos a un habla naturalista que los escruta hasta el escarnio. Encarna el momento en que las clases altas porteñas comienzan a expresar el temor ante la presencia del otro, del diferente". En la misma línea, Félix Luna nombra La bolsa (1891), la novela de Julián Martel que asocia la crisis económica de 1890 a la llegada de inmigrantes judíos y árabes.
Para Beatriz Sarlo, crítica literaria, la novela que mejor captura esa época es, justamente, una que trascendió dicotomías. "Nacha Regules (1919), la novela de Manuel Gálvez sobre la prostitución en Buenos Aires tuvo un éxito que atravesó el arco de las ideologías: gran venta y serialización en La
Vanguardia, el periódico socialista, aunque Gálvez era un escritor católico".
Así llegan los 20, cuando los hijos de la inmigración, alfabetizados en el país, hacen del español la lengua propia. La novelista Claudia Piñeyro elige al dramaturgo Armando Discépolo, hijo de napolitanos, como el autor que más nos cuenta sobre esa década, aunque la extiende hasta los 30. "Babilonia, Mateo, Stéfano o Mustafá, aunque no sean novelas, son obras suyas que retratan la nueva composición social, el fracaso del sueño del inmigrante.
Podés entender la década leyéndolas, no tengo dudas", dice. Es también una década en que estalla la violencia política en el país. La semana trágica de 1919, las rebeliones en la Patagonia en 1922, asesinatos de opositores, atentados contra el propio Yrigoyen y en el horizonte, el golpe que daría
Uriburu en 1930.
Otro autor, también hijo de inmigrantes, atraviesa ambas décadas. Para Alberto Laiseca, Roberto Arlt refleja en Los siete locos (1929) "esa época de anarquía, de ese anarquismo delirante de los años 20". Patricia Suárez cree que con El juguete rabioso (1926), Arlt "anuncia la depresión económica
y social de los 30". Alvaro Abós entiende que es en Los Lanzallamas (1931) donde Arlt captura la atmósfera de "la revolución de Uriburu y la lucha por el poder en los 30". Andrés Rivera, va más allá. "Arlt es representativo de todo el siglo XX, planteó hipótesis que hoy no pueden desecharse. En sus
novelas los crímenes se cometen sin objeto alguno, como en Crimen y castigo, como en El extranjero. Era un escritor 'torturado', un sudaca al que no se publicaba en París, ni en Londres ni en Berlín", dice Rivera.
"El espíritu del preperonismo está en una obra novelística impar, nada reconocida, que son los libretos de Niní Marshall", sugiere el novelista Leopoldo Brizuela, que incorpora la mirada femenina oportunamente. En los 40 se aprobaría el voto femenino, aunque eso será más tarde y con Niní apartada
tácitamente de la radio y el cine por el peronismo. "En sus libretos -explica Brizuela- se ve la lucha de la clase media por la apropiación de una cultura de la que estaba privada y su disconformidad, a
la vez, con sus categorías. El conflicto entre la idea oficial de la Nación y los factores culturales que no se dejaban aprisionar está en ella como en ningún escritor canónico. Esa tensión hizo eclosión cuando la prohibieron 'por deformar el idioma', en el 43. Y claro que marcó época".
Para la década siguiente, hay varios candidatos. Abós señala Villa Miseria también es América, de Bernardo Verbitsky. "No tuvo gran relevancia, pero inventó un término como 'villa miseria', que hizo historia". Beatriz Sarlo, a su vez, propone otras dos que sí tuvieron éxito de público cuando eso "no
estaba necesariamente unido a una fórmula más o menos banal de la ficción": son La casa del ángel, la novela de Beatriz Guido sobre el encierro forzoso de dos hermanas en un chalé burgués, y Los dueños de la tierra, la novela de David Viñas sobre los enfrentamientos patronales en la Patagonia durante los
20. También en Operación masacre, la novela de Rodolfo Walsh que elige Claudia Piñeyro, reaparece la violencia como obsesión de la época.
"Operación masacre opera como novela de los 50, aunque también anticipa la década del 70 por la descripción que hace del terrorismo de Estado", dice Piñeyro.
Llegados los 60, en la arena política argentina pasaba Frondizi, se desmoronaba Illia y con el peronismo proscripto, se hablaba por lo bajo de un peronismo sin Perón. "Para mí Rayuela (1963) fue la novela de esa década, fue un descubrimiento de juventud, un encuentro con un escritor que hablaba igual que la gente. Nuestra generación la leía bien pese a que era un rompecabezas, es como pasa ahora con los filmes de Tarantino", dice Eduardo Belgrano Rawson.
Más compleja parece la elección de una novela que capture el espíritu de los 70. ¿Sería una novela de contenido político o un texto al margen de la violencia que azotaba al país? Rivera, enigmático, propone El náufrago de las estrellas (1979), la novela de Belgrano Rawson sobre un navegante que encalla en el Cabo de Hornos.
Vicente Battista apuesta por Boquitas pintadas, de Manuel Puig. "Trata sobre un guerrillero preso y se publica justo en 1976, cuando se da la explosión guerrillera y viene el proceso. Mucha gente se identificó con esa novela", asegura.
Mucho más cerca, en los 80, el poeta Jorge Aulicino habla de Respiración artificial (1980). "Desde el título, es una metáfora de la época, con un personaje que mira la Plaza de Mayo desde su ventana mientras no pasa nada".
Más acá, pocos arriesgan. Patricia Suárez habla de un libro de cuentos que a su vez, fue película. "En Rapado, de Martín Rejtman, ya se ve esa absoluta falta de futuro en el país para los jóvenes en los 90".
Aldo opinaba que el advenimiento del reino del amor era inminente, pero estaba frente a un último obstáculo, y este obstáculo era insalvable, escribe Aira en Las noches de Flores (2004) la novela que para Beatriz Sarlo mejor ha contado la Argentina de hoy. "Ignoro si es una novela muy leída, pero estoy convencida de que, sin dejar de ser un 'objeto Aira', captura un paisaje urbano en presente absoluto".

Tres que dejaron huella
El juguete rabioso (1926) Roberto Arlt
Su prosa violenta -el autor hablaba de "un cross en la mandíbula"- fue un
destello de la modernidad.
Rayuela (1963) Julio Cortázar
Con capítulos que se pueden saltear o leer en orden distinto, "Rayuela"
cuestionó la linealidad del texto y el papel del argumento.
Respiración artificial (1980) Ricardo Piglia
Con un personaje desafiado a descubrir la historia no oficial, Piglia
muestra cómo se puede usar la narración para ocultar.

De Anna Karenina a Martin Amis
Fuera de la Argentina, la lista de novelas que acertaron con el espíritu de su época es variada. "Anna Karenina, de Tolstoi", propone la española Rosa Montero. Y explica: "Publicada en 1877, cuenta a la perfección los agitadísimos cambios sociales de la Rusia de esos momentos... La crisis moral de la alta burguesía y la aristocracia, los conflictos entre los propietarios de la tierra y los campesinos y, como telón de fondo, el miedo al progreso, es decir, el conflicto entre una mentalidad rural y retrógrada
y la modernidad, representada en ese tren bajo el que morirá la protagonista".
El espíritu de la Primera Guerra Mundial, con su miedo a la invasión -dice Robert McCrum en el diario inglés The Observer- tomó cuerpo en Los 39 escalones, de John Buchan. Para los años 30, postula a Lo que el viento se llevó y para los 60 a La naranja mecánica. McCrum define los años 70 como
"feministas y paranoicos" y señala a Miedo de volar, de Erica Jong. En la época de Thatcher, dice "el dinero era la única constante". Elige, Dinero, de Martin Amis.
"Otra novela -dice Montero- es El extraño caso del Dr Jekyll y Mr.Hyde, de Stevenson, publicada en 1886, pleno esplendor de la época victoriana. El mundo victoriano era tan riguroso, tan sofocante en su puritanismo, tan aplastantemente convencional, tan represivo, que la gente se sentía verdaderamente ahogada y disociada. De esa disociación dio fe Stevenson con su novela, que además puso nombre para siempre jamás a algo que todos sabíamos pero no podíamos reconocer porque no teníamos palabras para
nombrarlo, y es que dentro de nosotros somos muchos. Y fue tan certero en su diagnóstico que dos años después se cometieron los crímenes de Jack el Destripador que, según los indicios, era un hombre de la alta burguesía o de la aristocracia, es decir, un ciudadano probo y convencional que por las noches se convertía en un monstruo. Exactamente igual que el doctor Jekyll.

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/07/08/laciudad/h-01453130.htm

PLEGARIA 10*

Te amo

y es una sílaba lenta el asombro,

y es la vida un diamante tallado por las cenizas,

y es la muerte un tumulto ahogado

derivando hacia una bandera de carne y silencio,

y es tu forma de soltarte los cabellos

como una música de arenas astilladas,

y es tu nombre la puerta viva que se abre

hacia ese clima de exorcismos prematuros,

hacia esa combustión de distancias y sed

y pájaros hacia adentro.

Y cae la hora del amor

como un cielo herido

por un presentimiento de alas o vuelos

infinitamente postergados.

Y te me caes de la palabra a la piel

semejante a una opacidad de temblor

y furia devastada.

Y comienza el día y la última noche

y el tiempo se vuelve perpetuo y lejano

como un beso, como la palabra que nadie dice,

como un muro que se alza a pedazos

imaginado por un relámpago

y una flor desconocida.

*de MARIO MORALES
-De "PLEGARIAS O EL ECO DE UN SILENCIO", 1974
-Enviado para compartir por Rolando Revagliatti revadans@yahoo.com.ar

*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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