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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

20/07/2007 GMT 1

LA GIGANTESCA MANO EXACTA DEL ASOMBRO

urbanopowell @ 16:04

*

sólo para estar en el mundo de tu voz
sólo para estar en el nudo de mi conciencia

aqui el frio acompaña un viento de a ráfagas
donde la sensación de estar dentro
de usted
hace a mi alma amarla

decirte amor nuevamente bajo mis dedos
sobre las teclas
en medio de esta ciudad de frío y río

decirte amor envuelto en las paredes del recuerdo
decirte que te pienso y te siento
decirte que el olvido no existe
en mi mente acostumbrada de remover un reloj
rebobinando hasta el miedo del olvido.

decirte amor sin tregua ni lágrima
es decir amada;
amo la cuna en que velaron tu sueño
tu cama audulta
o infante
y
adolescencia.

decirte amada
cuando tu llanto fue noche
y al día acabaron procesiones de miedos y tertulias
y decirte sin guerras descabelladas
sin terrones en un abismo
decirte tras las tantas palabras del miedo
en este español enorme
inacabado
indulto en plegarias reposar mi palabra
la justa y noble
que mis labios a veces dormidos te nombran
en gentilicios
seudónimos
verbo y
nombre propio

decirte amada
decirte amor
cariño en mis ojos
mi cansancio de poeta obrero
decirte que
estas teclas se vuelven enormes
al momento de escribir
amor mio.
Ya vez, sigo y sigo en esta vereda
y la de enfrente
nombrándote y valiéndome de tu nombre
gigante
amor pequeño
amor grande
amor libre
liberado amor
ante desamores no escritos.

me voy,
dormiré en el abrigo de tus ojos
para soñar la noche con el sueño
de tu infante frente
tu bravura guerrillera
tu nombre sin sinónimos
ni gentilicios de patria
sólo grandes las tres letras
enormes
de tus ojos.

*de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@yahoo.com.ar

La gigantesca mano exacta del asombro...

Viernes, 20 de Julio de 2007
A LOS 62 AÑOS, MURIO ROBERTO FONTANARROSA, ESCRITOR Y DIBUJANTE EXCEPCIONAL
El imposible adiós a un verdadero grande*

Acosado por una enfermedad neurológica, Fontanarrosa afrontó sus últimos tiempos con la misma vitalidad que vibra en sus textos y dibujos. Padre de Inodoro Pereyra y Boogie el aceitoso, autor de una veintena de libros que demostraron su calidad literaria, supo decir lo más profundo de la manera
más simple.

Fontanarrosa empezó a publicar sus trabajos a fines de los '60, en las revistas Tinta y Hortensia.

*Por Karina Micheletto

"Cuando me explicaron de qué se trataba mi enfermedad, lo primero que pensé fue: ¿por qué a mí? Pero después entendí: ¿Y por qué no?". Así anunció su enfermedad Roberto Fontanarrosa, dos años atrás, en el primer programa que tuvo a mano, el ciclo de entrevistas Tiene la palabra, por TN. Lo contó en
público, explicó antes del aire, porque le parecía que ya era tiempo, restándole importancia por completo al asunto. Parecía mucho más preocupado por dejar en claro que sus dichos sobre Rosario Central ("con cada partido envejezco diez años") no tenían nada de broma. En medio de la irrealidad que siempre supone un estudio de televisión, preparado para albergar palabras que se dicen con la liviandad del "estamos en el aire", esta cronista recuerda haber vuelto a confirmar, junto a todos los presentes, una certeza colectiva, conmovedora, como fuera de lugar: qué grosso que es este tipo.
Roberto Fontanarrosa falleció ayer, después de presentar batalla a una extraña afección neurológica que fue debilitando poco a poco sus músculos, una enfermedad que sabía irreversible y progresiva. Tenía 62 años, más amigos que penas y la lucidez suficiente para ejercer con maestría el más arduo de los oficios: el de decir lo más profundo de la forma más simple, haciendo reír con gusto al menos a dos generaciones.
Los cables de noticias indican que Fontanarrosa murió en una clínica de Rosario, la ciudad que amaba. Que no tuvo que permanecer mucho tiempo internado allí. Y que había pasado la noche anterior entre amigos, compartiendo un asado. Lo cual suena como una especie de consuelo imposible, una forma casi justa -ojalá tal cosa existiera- de muerte. La variante de esclerosis que padecía le fue tendiendo un cerco que afectó primero su brazo izquierdo, y luego dificultó su movilidad, por lo cual en sus últimas
apariciones se lo vio en silla de ruedas. Sufría una extraña enfermedad neurológica, "esclerosis lateral amiotrófica", sin cura conocida. No rechazó ningún tratamiento, desde acupuntura hasta ensayos con células madre, en fase experimental. La noticia de su muerte fue sorpresiva para todos: la arrolladora vitalidad que transmitía el rosarino marcaba un diagnóstico propio y diferente, siempre esperanzado.
Roberto Fontanarrosa nació en Rosario el 26 de noviembre de 1944 y, según decía, desde chiquito fue negro y canalla. A los veinticinco años comenzó a delinear sus dos personajes emblemáticos: Boogie el aceitoso e Inodoro Pereyra, que nacieron en las revistas Tinta y Hortensia. A partir de los '70
empezó a poner su firma en revistas como Satiricón y Mengano, y pronto Ediciones de la Flor publicó las primeras compilaciones de Inodoro y Boogie.
Sentencias como "mal pero acostumbra'o", "Negociemos, don Inodoro", o el lacónico "shit" que remataba las aventuras de el aceitoso, pasaron a formar parte del refranero popular. Boogie, precisamente, fue protagonista de las contratapas de domingo en Rosario/12, donde trabajó toda la década pasada y escribió sus "Noticias desde El Cairo". Pero también brilló en novelas y compilaciones de cuentos -muchos de ellos dedicados, claro, al fútbol- como El área 18, No sé si he sido claro, Usted no me lo va a creer y El mayor de mis defectos. En el último tiempo, relatos como La mesa de los galanes
fueron llevados al teatro por distintos elencos, y sus amigos Daniel Aráoz y Coco Silly hicieron que Los cuentos de Fontanarrosa cobraran vida por Canal 7 (ayer, justamente, grabaron un capítulo en medio de la noticia de la muerte). Su maestría lo llevó por las más diversas posibilidades de su oficio, desde cubrir un Mundial de Fútbol hasta ilustrar el Martín Fierro.
Siguió trabajando con el mismo entusiasmo hasta el final: mantuvo el chiste diario en Clarín. También siguió con Inodoro Pereyra, el renegáu en la revista dominical de ese medio, sin renunciar al desafío autoimpuesto: lograr que cada viñeta contuviera un chiste, con remate y todo, formando parte a la vez del relato global de la historieta. La enfermedad marcó cambios inevitables: primero, las letras de Inodoro comenzaron a salir con un programa de computadora que imitaba los caracteres del humorista.
Finalmente, en enero de este año, anunció que dejaría de dibujar, y sólo seguiría escribiendo el contenido de sus tiras cómicas. "Fue casi un alivio llegar a esta determinación; me costaba mucho dibujar, y me salía mal. Por ahora mi mano claudicó, no responde como antaño a lo que dicta la mente",
explicó. La solución llegó con otra mano, la de un amigo de años, el cordobés Crist. Así, en el último tiempo, los chistes se pensaban en Rosario, se dibujaban en Córdoba y se imprimían en Buenos Aires, para todo el país.
En 2004, Fontanarrosa fue invitado al III Congreso de la Lengua, que se realizó con toda pompa y circunstancia en la ciudad de Rosario, con la presencia de catedráticos de la más alta alcurnia. Su exposición, que se suponía una suerte de adorno marginal en ese ámbito académico, las palabras de alguien "de otro palo", terminó siendo lo más recordado del evento. No porque los medios hubieran ejercido su poder de caja amplificadora de lo pequeño, sino porque sus palabras, efectivamente, formaron parte de lo más profundo de la discusión sobre una materia viva como la lengua. "¿Por qué
son malas las malas palabras? ¿Le pegan a las otras palabras? ¿Son de mala calidad, y cuando uno las pronuncia se deterioran?", comenzó planteando el rosarino. En su ponencia abordó la cuestión de "la triste función de los puntos suspensivos" en el reemplazo de términos soeces, y defendió la potencia expresiva de un carajo o un mierda bien colocados. Hablaba sin recurrir a un texto escrito, en lo que parecía un discurso improvisado, o al menos dicho con la tranquilidad de quien va pensando las palabras en el momento. Pero si logró hacer reír a carcajadas a cada maestra y biliotecaria, y hasta al director de la Real Academia (apellidado, casualmente, García de la Concha), era porque el Negro había trabajado mucho su ponencia. Lo que decía en cada oración, con el ritmo justo para que el auditorio estallara en risas en cada punto, era brillante. Lo mismo ocurría con sus chistes. Nadie se sentía un pelotudo mientras largaba la carcajada.
Una situación similar vivían todos los años los cientos de personas que llenaban la sala más grande de la Feria del Libro, donde Fontanarrosa cumplía con una suerte de ritual, la mesa de humoristas que organizaba De la Flor. El tema era siempre más o menos el mismo: el humor y sus implicancias.
El rosarino siempre llegaba con algo preparado, y aunque las dijera como al pasar, sus palabras dejaban picando grandes reflexiones. Decía que disfrutaba muchísimo de esas ferias, aun entre los apretujones de los pasillos repletos, y era fácil creerle, viendo el empeño que ponía en firmar un autógrafo tras otro, frente a una fila de lectores ansiosos que parecía ser siempre igual de larga. "Yo firmo lo que venga", aseguraba, y contaba que había estampado las cosas más insólitas: papelitos, revistas, camisetas, libros de otro autor. Se tomaba el tiempo para agregar un Mendieta, un Inodoro, lo que el lector pidiera. Era su forma de devolver el cariño que recibía de sus lectores, que lo trataban con respeto y familiaridad a la vez. Como a un amigo.
En cierta medida, el Negro fue un símbolo de un país que alguna vez fue posible, uno de esos seres cuya existencia indican que quizá todavía puede ser posible. Un hombre que manejaba una cultura vastísima, capaz de hacer poesía con Central, o de hacer que la sociedad argentina se reconozca en sus personajes. Un hombre que trabajaba con la sencilla convicción de que podía hablarles a sus lectores de igual a igual, como a seres capaces de reflexionar y reírse con las mismas cosas que él. Por eso sus chistes y
textos hacían sentir bien tratado al lector mientras se reía, algo que en estos tiempos de zanahorias para bobos se agradecía como una caricia. No son tantos los que quedan, y un ejemplo pueden ser Les Luthiers, con quienes no por nada el rosarino trabajó durante más de veinte años como asesor
creativo.
"¿Por qué a mí? ¿Y por qué no?", les debe estar diciendo el Negro, desde algún lugar y de alguna forma, con la sonrisa torcida de siempre, a los muchos que hoy lo lloran. Decir que un artista sobrevive en su obra es el más horrible de los lugares comunes para una nota como ésta. Aun así, hay una certeza alrededor de esa posibilidad de reencarnación que solamente se ganan los grandes, que no son tantos. Fontanarrosa podrá haberse muerto, pero todos seguiremos repitiendo: qué grosso que es este tipo.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-88394-2007-07-20.html

LAS PALABRAS Y LAS COSAS DE UN ARTISTA POPULAR
"Defiendo el ocio no creativo"

- Literatura: "En mi casa había libros porque mi madre era muy lectora. Por gusto leía ella. De todo. Yo estaba enganchado con la colección infaltable, la Robin Hood. Hasta que un día agarré un libro de los que leía mi madre, uno de Huxley. No me acuerdo si era Un mundo feliz o Contrapunto. Entonces me di cuenta de que ahí había otra cosa. Después, Viñas. Dar la cara creo que fue lo primero que leí de Viñas. Toda una revelación fue: los personajes puteaban como mi viejo, hablaban como nosotros. Entonces me sentí interpretado. Y eso era válido: reflejar el alrededor era válido".
- Inodoro Pereyra: "Al principio era más heroico. Ahora pretende ser heroico, pero siempre termina en el fracaso. No en el ridículo total, no me gustaría que el personaje cayera en eso, pero las cosas le salen mal. Es un antihéroe: a veces reacciona bien, otras mal, como cualquiera de nosotros.
Eso le da una complejidad al personaje, porque los héroes siempre reaccionan igual y terminan ganadores, a mí eso nunca me atrajo".
- Boogie el aceitoso: "Si no quisiera a Boogie, no podría haberlo hecho. Es la antítesis mía, o será que en un rincón del corazón yo querría tener esa impunidad, ese manejo de la violencia y esa capacidad física de Boogie. La pureza de los superhéroes siempre me hinchó las pelotas. Los villanos son mucho más atractivos. Y, si bien Boogie es inescrupuloso, también tiene un grado de sutileza. No será un intelectual, pero..."
- La mesa de los galanes: "La mesa de los galanes es un recreo después de laburar, al menos para mí. Yo voy a eso de las ocho, hasta las nueve y pico.
Tomamos algo, charlamos, una vez al mes nos juntamos para cenar. Hablamos un rato al pedo... Me parece una costumbre muy sana. No es mi intención alimentarme de eso para los chistes. Siempre digo que defiendo el ocio no creativo. Porque todos defienden el ocio creativo, dejame de joder, si yo estoy laburando más de siete horas, encima querés que uno saque algo eficiente también en el momento de recreo. Ahora, por ahí aparecen cosas, pero no es la intención primaria. La intención primaria es pasarla bien hablando boludeces, sin prestar demasiada atención. Eso sí, en mis cuentos sobre cafés o bares, a veces me digo 'bueno, este personaje va a hablar de modo Fulanito', que es uno de la mesa (de los galanes). O 'hagamos una mezcla de Fulano y Mengano'. A tal punto de que estos delincuentes querían
compartir el derecho de autor... Y yo les digo que se vayan a laburar al puerto".
- Rosario: "Rosario es una ciudad como tantas, pero para mi gusto es muy vivible. Tiene una escala bastante humana. Un millón de habitantes es una cantidad manejable y al mismo tiempo garantiza un cierto espesor. No es una ciudad turística. Es una ciudad que no tiene mar, ni montaña ni vida
nocturna. Pero a mí me resulta muy confortable para vivir. Yo no sé si Rosario produce culturalmente tanto como a veces se percibe desde afuera, desde Buenos Aires, por ejemplo. Pero las veces que me preguntan sobre el movimiento cultural yo, medio en joda medio en serio, digo que en Rosario no
hay otra cosa para hacer. Las ciudades turísticas tienen la energía puesta en el turismo; yo siempre repito la misma pregunta, ¿cuántos escritores dio Las Vegas? Acá el que escribe, escribe; el que dibuja, dibuja; el que toca la guitarra, toca la guitarra. No hay muchas otras opciones. La oferta es a
nivel humano. Por eso, cuando el rosarino habla de Rosario siempre da nombres y apellidos. El Che, aunque el Che haya estado aquí dos o tres meses. O Fito Páez, Olmedo y el Gato Barbieri... O bien las minas. ¡Las minas! Ese es un dato ostensible".

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/88394-28276-2007-07-20.html

El mejor*

*Por Juan Sasturain

Entonces uno se anima -con todos estos paraguas abiertos- a decir que el Negro Fontanarrosa era, simplemente, el mejor. En todos los sentidos. Pero sobre todo, muy buena gente. De buenísima leche. Estoy hablando de vida social, de vida profesional, de colegas y de amigos. De una sanidad
invulnerable al halago y a las miserias del celo. En él, como en otros, se intuye que es cierta la idea del humor -que en él era un reflejo, una manera, un tic personal- como una forma superior de la inteligencia, de la sabiduría. El se cagaría de risa ante esto. Pero es cierto. No tomarse en serio es la única forma seria de tomar las cosas. Y así iba, con naturalidad de la gracia a la desgracia. Contaba, hace un tiempo, ya muy jodido: "Uno lo primero que se pregunta es ¿por qué a mí? Pero después pensás: ¿Y por qué
no?" Era el mejor: en los últimos tiempos se prestó (literalmente) para lo que quisieran hacer de él, con él o sobre él. Siempre estaba ahí. Se hizo cargo del embarazo ajeno, de lo que podían sentir los demás ante su enfermedad manifiesta, y en los últimos años -tan jodido y dependiente como estaba- era capaz de hacer que todo el mundo se sintiera casi "cómodo" en su presencia, sin una queja, con humor imperturbable, laburando al filo del final, haciendo como si nada. Era el mejor, digo, como tipo.
Y del escritor, del humorista y del dibujante sólo cabe lo mismo: era el mejor de nosotros. De nuestra generación, seguro, me animo a decir.
Probablemente, alrededor de estas líneas habrá muchas que se dediquen al elogio de Fontanarrosa en cada rubro, y va a estar bien. Sólo cabe subrayar un par de cosas.
Primero, el increíble nivel de calidad que fue capaz de sostener con una producción de semejante volumen. No es fácil; es casi imposible, si no se es un genio. Más de treinta años y otros tantos tomos del Inodoro son la evidencia de que el Negro lo era. Y los cuentos. La cantidad y calidad de sus cuentos. Isidoro Blaisten -que sabía de esto- suponía que toda una obra literaria (la suya, por ejemplo) se justificaba con haber logrado dejar un par de textos perdurables. En el caso del Negro, son una docena los relatos rigurosamente antologables (cada uno tiene los suyos) dentro de una producción vastísima. El último libro, El rey de la milonga, que escribió ya cachuzo, es extraordinario.
La otra cosa para señalar -y terminar- es el "lugar" de Fontanarrosa. El Negro es, sin salvedades de ningún tipo, uno de los grandes narradores argentinos de todos los tiempos. Se podría considerar, desde la perspectiva de aquellos que conciben la producción literaria o la tarea artística en general como una competencia o carrera, que nuestro amigo -como decía el Gordo Soriano en famoso artículo sobre Stan Laurel y Oliver Hardy, el Gordo y el Flaco- cometió "el error de hacer reír". Es decir: el prejuicio
respecto del tono -y de los temas, agregaría- de muchos de sus relatos hicieron que, hasta no hace mucho, algunos no lo vieran como escritor, no lo registraran como tal. No había casillero habilitado para él en el sistema de la literatura argentina. Eso le (nos) importaba un carajo. Nunca miró a los costados cuando escribía (cada vez mejor) y siempre tuvo y le sobró de eso que hace que un escritor lo sea: lectores. Después de su talento, es lo que más le envidiamos.
En los últimos tiempos recordé y cité con frecuencia una definición suya de la amistad: "Un amigo -decía el Negro- es alguien con el que no te tenés que cuidar ni reprimir (seguro no eran ésas las palabras pero sí el sentido).
Hay una base de confianza que nada puede conmover. Por eso, si un amigo viene y te dice No sabés la película iraní que acabo de ver, vos le podés decir: No me empieces a romper las pelotas..."
Eso es precisamente lo que me gustaría que me dijera ahora, después, en algún momento, cuando lea estas pelotudeces fruto de la tristeza y de la impotencia.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-88397-2007-07-20.html

A LOS AMIGOS ….*

Los amigos son
La gigantesca mano exacta
del asombro,
la sangre antigua de
las frases.

Son la pretérita lluvia
de silencios
Y el fugaz transcurso
del cometa.,

Los amigos son
la circunstancia fiel
de convivencia,
el callado vacío
que nos dejan.

Son el horizonte que
añoramos,
el árbol deshojado
al que trepamos.

Los amigos son esos
mojones de la vida,
esos inmensos seres
que encontramos,
Y esa tristeza opaca
de sus muertes.

*de Carlos Guillermo Garibay. cjgaribay@gigared.com

*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

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