TRAS LA CENIZA FUGITIVA
IX*
Estaban aquellas
figuras infantiles
con un paso silencioso
tras la ceniza fugitiva
que usan las torcazas
ese esquivo suelo
vuelo de los tordos
y explorando
cañadones
donde se escurre
el bagre
y vuelan las garzas
con su albo
color inapelable.
La perfección
del vuelo inamovible
solo
inquieto
como precavido
de ese pájaro
jugando a brasa débil
del cielo de diciembre.
*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
-Áspero cielo. Poemas. 2002-
Tras la ceniza fugitiva...
Lunes, 27 de Agosto de 2007
Devolverlos*
*Por Sandra Russo
La primera vocación que creí tener fue la sociología. Me inscribí en un año desafortunado, 1976, y ya he relatado en alguna oportunidad la sórdida experiencia que fueron esos pocos meses, tratando de saber qué materias uno estaba cursando o quién era el profesor titular: eso sucedía mientras las Fuerzas Armadas tomaban las primeras medidas, que incluían la desaparición de gran parte del cuerpo docente de esa carrera.
De todos modos, yo ya había descubierto que algo insoportable se interponía entre la sociología y yo: las estadísticas. Sintetizando, a mí la única parte que realmente me interesaba de lo que la sociología podía ofrecerme era la cualitativa. Podía comprender racionalmente el valor de lo cuantitativo, pero, ¿estudiar eso?
En periodismo solemos usar las estadísticas como una de las cosas que son: un cuadro de situación, una herramienta para poner en caja un tema, una prueba de alguna verdad que puede escapársele al sentido común, una prueba de que a veces el sentido común está manipulado desde otro lugar que no es la propia experiencia ni lo que el individuo opina en virtud de las experiencias de quienes lo rodean.
Pero las estadísticas, desde que decliné internarme en su estudio hasta ahora, han aumentado su status y su honra. La estadística suele ser presentada como una última palabra, algo que es capaz de dirimir, garantizar o desmentir cualquier cosa que se diga.
Más allá y sin poder dejar de mencionarlo, el escándalo del Indec tiene esa envergadura: sea cual fuere la verdad de sus entretelones, el falseamiento de una estadística oficial tendría ese vicio moral: un Estado nunca puede presentarse refrendando una estadística o un índice falseados, porque eso
equivale a mentir. Esto último es rigurosamente cierto, pero cobra una dimensión potenciada por la idea general de que las estadísticas son las que guardan la verdad verdadera, esa que es imposible percibir desde uno mismo.
Las estadísticas, también por eso, incluyen por sí mismas una idea de país, un colectivo que se ignora a sí mismo y sólo puede reconstruir su imagen en el espejo partido de esos números.
El otro día salía de Canal 7 de hacer un programa sobre inmigrantes ilegales. Había estado como invitada la escritora Matilde Sánchez y habíamos presentado un largo informe del antropólogo Alejandro Grimson, probablemente uno de los intelectuales argentinos que con más claridad han pensado el tema de los inmigrantes ilegales en la Argentina. Grimson había dado varios ejemplos mundiales de cómo las leyes restrictivas con la inmigración lo único que logran es acelerarla, y cómo funcionan subrepticiamente los prejuicios y los juicios discriminatorios hacia los indocumentados. Esta palabra resultó clave en la reflexión sobre este tema: indocumentados. Se prefiere llamar a los extranjeros, en todas partes, inmigrantes ilegales, porque esa expresión hace recaer el peso de la identidad en el extranjero.
La palabra indocumentado, en cambio, interpela al Estado.
Decía que salía del canal de hablar de todo esto, y me tomé un taxi.
Manejaba un hombre mayor con boina y aspecto de abuelo perfecto. Tenía una teoría sobre los arrebatadores que había elaborado lentamente: -Primero se le acercan -me dijo.
En el asiento de atrás yo me preguntaba cómo es posible que un arrebatador le arrebate a alguien algo sin acercársele, pero el señor quería desahogarse, y me contó que una vez él venía de vender una casita y tenía los dólares en la cintura, pero había dejado mil en su billetera. Se metió en un bar a tomar café y a leer el diario. Dijo que incluso (¡incluso!) tomó el recaudo de poner delante de sí la billetera, para no perderla de vista. Y se puso a leer el diario. Dijo que se acercó un chico a dejar sobre la mesa un reloj de los que vendía. Y a que no sabe qué pasó, señora: me leo todo el diario, y cuando lo bajo, la billetera no estaba, ¿se da cuenta?
Los taxistas me irritan, pero éste era un poco ingenuo y además qué mala leche que te afanen la billetera cuando tenés mil dólares. Y así estábamos cuando la charla derivó hacia los peruanos, y el hombre mayor me dijo, con total seguridad y templanza en la voz:
-El 90 por ciento de los delitos que se cometen en la ciudad los hacen los inmigrantes. Uno les da la mano, y ellos mire cómo actúan, señora.
No le pregunté de dónde sacó esa estadística delirante, porque estaba dispuesta a escuchar al buen hombre, no a desafiliarlo de la estupidez. El hombre mayor siguió hablando hasta que llegamos a destino, y mientras se daba vuelta para darme las monedas del cambio, y sin que hubiéramos vuelto a hablar del tema de los inmigrantes latinoamericanos en las últimas veinte cuadras, sonrió con su cara de abuelo perfecto, y dijo:
-Va a haber que devolverlos a todos, señora. Qué va a hacer.
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-90358-2007-08-27.html
CULTURA : ENTREVISTA: GRISELDA GAMBARO, ESCRITORA Y DRAMATURGA
"El análisis resulta un enemigo para escribir"*
Acaba de publicar "La persistencia", una obra que todavía puede verse en el Teatro San Martín y que narra la masacre de Beslán, Rusia, donde murieron 300 rehenes.
UNA ESCRITURA VIOLENTA. "ALGO PASO EN MI CUANDO LEI LA NOTICIA", DICE
GRISELDA GAMBARO.
*María Luján Picabea mlpicabea@clarin.com
Cada personaje viene con sus palabras. Zaida, la protagonista de La persistencia tiene esas palabras y no otras. Ahora que lo pienso, yo tal vez hubiera querido para ella un final más grato, pero todos los acontecimientos la llevan a decir las palabras que dice. Si yo lo hubiera cambiado la obra hubiera sido mentirosa, tal vez Zaida se hubiera salvado pero la historia se hubiera caído". Así, como quien observa una antigua fotografía familiar, con cierta tristeza por ese pasado que ya fue, que ya no se puede y tampoco se quiere modificar, Griselda Gambaro habla de La persistencia, un texto dramático basado en la masacre de Beslán, en Rusia, que acaba de ser editado por Norma.
Los hechos fueron los siguientes: el 1 de septiembre de 2004 un grupo comando checheno tomó una escuela en Beslán, el gobierno ruso se negó a negociar y luego de dos días lanzó un ataque que terminó con la muerte de 300 rehenes, sobre todo niños.
-¿Por qué este hecho inspiró la escritura de "La persistencia"?
-Es difícil saberlo, leí la noticia en el diario y no recuerdo cuánto tiempo después surgió la primera imagen, quizás sin que me lo propusiera. Se ve que fue muy fuerte lo que esta noticia, que por otra parte era terrible, me provocó. Sucede que uno lee tantas noticias terribles. No sé, quizás fue por la cantidad de niños masacrados o por la ceguera a ultranza del gobierno ruso que no quiso negociar. Algo pasó en mí que no era parecido a lo que me producían otras noticias.
-¿Cuál fue la primera imagen?
-Felizmente se ha borrado... porque yo soy como violenta al escribir. Es decir, quizá pienso un poco antes de ponerme a escribir realmente, pero cuando empiezo es un desencadenante bastante irrefrenable donde una imagen trae enseguida la otra. Un personaje habla de una manera y el otro le
contesta enseguida. No tengo dudas en ese momento.
-Pero eso implica un importante trabajo previo.
-Sí, pero una vez que uno tiene la forma, el texto fluye. Uno no busca las palabras que tiene que pronunciar ese personaje, el personaje las pronuncia. La escritura ahí es un suceso, un suceder.
-Esta obra está cargada de senti mientos potentes y muy dolorosos, ¿cómo fueron sus sentimientos al narrarlos?
-Nunca me analizo porque el análisis es un enemigo del trabajo. Por ahí se puede analizar después pero no mientras se trabaja. Supongo, y no lo sé a ciencia cierta, que esos sentimientos vienen de muy lejos, de tantas veces que uno lee que en el Norte un chico se muere de desnutrición, que uno ve a un chico inhalando pegamento. Toda esa irritación, ese dolor, la furia impotente que provoca ese estado de cosas probablemente fueron creciendo e hicieron esta montaña de sentimientos que provocó esa noticia tan lejana, pero lejana sólo en un sentido porque nosotros tenemos también la carga de la muerte y el descuido de los chicos muy cerca. Si este país fuera Suiza quizá yo no la hubiera escrito.
Gambaro rehúye la idea de hablar demasiado de sí misma, intenta quitarle brillo a su nombre, que está en todos los textos escolares y que es ineludible cuando se reseña literatura y dramaturgia argentina. Sentada en el café del Teatro San Martín bromea sobre su sugerencia de realizar allí esta entrevista, donde, dice, andan todos sus admiradores. Y cuando uno de ellos se acerca a elogiarla ella responde sin dudas: "El ego nunca se cansa".
En el San Martín se mantiene en cartel La persistencia y a pocos metros de la sala Casacuberta, Gambaro afirma: "Una obra se termina, por ley, cuando está puesta en escena, cuando se hace una de las versiones posibles del texto teatral. Creo que una obra de teatro para ser válida tiene que tener
las dos posibilidades, la de ser leída como texto dramático y la de subir al escenario. Siempre está, eso sí, ese viejo conflicto innecesario de si es más importante la palabra o la acción escénica: para mí tienen una relación recíproca ineludible".
Así escribe
Zaida: Ya no me engaño. Por eso pude. Que no me mientan más con el candor de los niños, con sus sonrisas encantadoras, sus dientes de leche, sus balbuceos conmovedores. Ni siquiera amo a los nuestros, pero lo disimulo.
Los acepto, los soporto. Para los otros sólo guardo aversión. Son nuestros enemigos, así pequeños, con sus dientes de leche, con su miedo a la oscuridad. Tramposos. No temen, tienen colmillos, turbios ojos de malos pensamientos, costumbres que no son las nuestras. Me regodeo: ¡bien hacemos en matarlos!
Boris: ¿Quién te envenenó de esa manera? Ni siquiera el odio alcanza. No se puede saber lo que será un niño pero porque está inerme no lo toco. Porque su crueldad, su maldad le es añadida no es culpable aunque cometa un crimen.
Aunque tome un fusil y dispare, aunque acuchille a sus hermanos en el sueño.
¿Quién te envenenó para que niegues la inocencia?
Zaida: ¡Qué curiosa inocencia! (Ríe) La desconozco, como Enzo. Pero no es por él que la desconozco. Todo lo que dije es verdad ¿Quién sino un madre puede saberlo? Tus inocentes criaturas no son tales. ¿Qué están inermes?
Fingen. ¿Qué necesitan protección? Mienten. Miré a sus niños y desfallecí de repugnancia. Cortales, cortales la vida rápidamente para que no emponzoñen.
Mi ricura, mi angelito de la tierra, mi bebé, ¡qué plumón de pelo! Qué plumita de pájaro recién nacido, qué ojitos sin malicia. ¡Cuentos! Serán nuestros enemigos con tanta seguridad como el advenimiento del día y de la noche. Ya lo son. Merecen morir: que lloren hambrientos, que al nacer no encuentren el pecho de su madre, que el hilo umbilical los estrangule. Que sientan la mordedura del dolor como ovejas con las patas quebradas y giman, y giman y balen. ¡Qué revienten!
Boris: ¡Tragate esa palabras! ¡No quiero escucharte! Tenés los ojos secos, ¡piedras secas! (Lanza un sollozo animal. La sacude con furia) ¡llorá por tu hijo muerto, llorá por esos que asesinaste!
Fragmento de "La Persistencia",
Norma, 2007.
Gambaro Básico
ESCRITORA Y DRAMATURGA
BUENOS AIRES, 1928
Es una de las voces sobresalientes de la literatura argentina. En 1977 un decreto de Videla prohibió su novela "Ganarse la muerte" por encontrarla "contraria a la institución familiar y al orden social". Por esta razón, se exilió en Barcelona, España. En el Teatro San Martín, se estrenaron muchas de sus obras: "Nada que ver" (1972) y Dar la vuelta (1999), entre muchas otras.
Publicó libros de relatos como "Madrigal en la ciudad" y obras como "La malasangre".
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/08/27/sociedad/s-03301.htm
Madre bañando a su hijo*
El desnudo hijo dentro de la imperial bañadera de hierro llena de agua. Un despintado banquito de tres patas, al lado. Y una canasta con jabón de tocador de coco, esponja, sales de baño importadas, una caja grande de fósforos de madera y barcos de papel. El desnudo hijo es un adulto lento, vacío, triste. Estupefacto. Mira el agua. Un brazo apoyado sobre el borde de la bañadera. Lo mira. Mira el agua.
Hablando áfona desde hace un largo invierno, aparece la madre con guantes de goma color crema (con cruces rojas), ya puestos. Saca de la canasta el jabón, la esponja, las sales de baño. Echa las sales en el agua. Enjabonando al hijo, abruptamente se la oye:
—Estaba como ciega, como él. De aquí, de allá y de mi abuela también. Cómo calienta el sol. Qué alta está la luna. Se perfila tu terrible perfil. Jugo de cáscara. Pasado de rosca. Los bueyes perdidos. Bacán pobre. De chanfle. Esto no se puede decir. Papas en la boca. No se puede decir papas en la boca. Huevos en la boca. Las muelas como parapetos. Cabal cabalga su cabalgadura. Sufre y sufre, pero no lo sabe. Nunca más otra espantosa noche en vela. Ahora no me sale, pero cuando me salga. No sería noble si no conciliara. Una estrella en el mar. Cansina, cabizbaja. Una señora de mi casa. Algunos siempre dicen yo. Su cara de madonna de quince años. Encontré los bueyes. Lo deseé con intensidad. Hay que ver cuán agraciado había sido. Supo ser. Alguien me conocía. Me dejaron abandonada en la barriga de mamá. Una señora, pobre señora de mi casa. Qué ordinario siglo. El amor, el alma, la vejez. Cuando chica, después crecí. Vos no sabías que yo no sabía que vos no sabías. Nadapienso todosiento. Las otras chicas también están tan enamoradas. Claudicaremos cuando a nadie le importe. ¿El resentimiento es un hijito moderado del odio?... Espero que él me saque a bailar. Desde luego que no saben ellos hasta dónde ni cuánto más. ¿Se fijará en mí?... Jamás nunca ahora más adelante. Porque cuando mismo que tal vez. Una se abre, se abre y explota. Me sabría defender a la perfección. De la perfección. Madre para perdurar. No es un secreto para nadie. Sentimentalmente, digo. Y bailamos después.
Signos de inefable tensión en la entrepierna del hijo desnudo. Se oye en simultánea que alguien cae y grita. Y que allí mismo un moscón zumba. La madre refriega la espalda del hijo con la esponja.
—Solazado el árbol de la vida. No confundir tal cosa con libertinaje. El tiempo es un. De las aves que vuelan me gusta la cigüeña. Al sínodo falté, tu cama capturé. Lenguaje abismal. Aplausos. Templo las cuerdas de mi cimitarra. Sáquense el fardo de encima. A ratos una niña. Quién lo creyera. Tan lejos de mí. Jeringozoso. Vacuna contra la. Pura prosopopeya. Sáquenselo, cómanse el fardo. Otro gallo cantaría. Cómo anhelo (no digo qué). La maestra es la segunda madre, el colegio es el segundo hogar. Nos cuesta menos querernos que desquerernos. Las chicas precisamos ser deslumbradas. Un loco, él era un loco para manejar. Un racimo de pituitarias huele mi ramo. Casualmente lo que yo te contaba. Pura pura. Tan capcioso. Cercanía, cerquita, cerca. Salté. Me reí, me reí como hacía tantos años.
Continúa hablando, pero áfona. Por completo tenso el periscopio del hijo desnudo. Se hace la madre otra vez audible:
—Porque a tu tía no le place. Tenés, Beto, que comprender. Hay límites, hay hasta dóndes. Ella es muy celosa, tu tía. Te lo digo con tranquilidad, sin impacientarme. Ella te adora, tu tía. No me hagás renegar. Sabés cómo soy: muy sensible. Quiero que admitas el traspié. Lo siento. Lo todosiento, te vas a disculpar.
Sin dejar de hablar, se sienta en el banquito. Dos lagrimones atraviesan las pálidas mejillas del hijo desnudo. El moscón deserta.
—Sabés que soy recta y cariñosa. Tu tía tiene sus razones. Se halla disgustada. Agraviada. Ella es muy celosa de vos, tu tía. Se afecta y es lógico. Como es lógico que languidezca cuando no la llamás, cuando no la atendés. Ella desea ser consultada, tu tía, requerida. Y también se ha sacrificado por vos. Todos estamos solos, Beto, en el fondo. No es mucho pedir. Quien más, quien menos. Apenas que no dejes de tomarla en cuenta. Cierta continuidad. Es una señora grande. Vos sos más intuitivo que otra cosa. Los desamorados son muy... Eso es condenarse. Aislarse es condenarse. Forjarse es tarea de cada jornada. Bueno, ya sabés como soy. Tu tía no lo merece, ella.
Habla, pero áfona. Enjuaga al hijo. Cimbran los jubilosos testículos del hijo desnudo. La madre extrae de la canasta los barquitos de papel. Los dispone en el agua. Los mueve, los sopla. Extrae de la canasta la caja de fósforos. Como jugando, prende fuego a un barco.
—Y si no, fijáte en nuestra familia. ¡Por algo no fui contrincante!... Astrid me avisó. Desde Goya: me llamó y me avisó. No habrán estado tan maniatados. Hubo irresponsabilidad. ¿Sabés qué pensé cuando me lo contaron?: que fueron estúpidos de una manera desaforada. Ocurrió ya con otro, un primo mío fallecido. La decisión tenés que tomarla cuanto antes.
Sin dejar de hablar, prende fuego a otro barquito. En el grueso y agitado periscopio del hijo desnudo resplandece un hálito tremendo.
—Sé que te cuesta. Pero, por lo menos, nosotros sí con la cabeza sobre los hombros. Tu abuelo la seguiría: “Y con el cerebro dentro de la cabeza”. Y que no querés ser áspero ni irritante también lo sé. Sobre todo por el lado de las cuñadas, esas mujeres en chancletas, hay antecedentes. ¡Ah!, esas susceptibilidades cuando está revuelto el avispero, no paguemos los justos por pecadores. Con ellas, pies de plomo.
Prende fuego con un mismo fósforo a dos barquitos. Y del ojo del enardecido periscopio del hijo desnudo, brota una salva de esperma que santifica el rostro, la cabellera y los hombros de la madre, y que, asimismo, apaga los focos de incendio.
—Delicadeza, diplomacia y como que estuvo urdido desde antes. De la suegra del hermanastro del Aunario, no hay que preocuparse porque se vuelve a su país. Mejor. Hay un punto que no estaría de más que le fueras buscando la vuelta. Previsión. Para no quedarnos estancados. O un día, zás, nos salen con un domingo siete. Buscarle la vuelta en el sentido de la liberación total de la escritura. Tiene que haber un procedimiento legal. Acortar plazos en estas circunstancias nos favorecería.
Habla, pero áfona, hasta que sacando el tapón de la bañadera, vuelve a oírsela:
—Las palabras son cuerpo. Cómo se ponen estas palabras en la caaaaaaavidad. El volumen y el espesor. De chanfle. Como ciega y como sorda, como él. El paladar es irrevocable. Sufría mucho. Ella sabe todo de vos, siempre se interesó. No olvida jamás un acontecimiento, tu tía. Necesita que la mimés. Restituíle, Beto, restituíle. Cartas en el asunto. Que no te desentiendas.
Es audible el agua pasando por la cañería.
—A alguien le toca, y es a vos. Pueden iniciar juicio y eso crearía molestias. Inevitable. Tenemos que anticiparnos. Llevamos las de ganar pero confiarse es nefasto. Conciliar no es deponer. Tu tía no parece la del retrato coloreado. ¿Olvidó qué preferías, tus antojos? Y vos, nada. La vieras. No es mucho demandar. Cabalga sobre su cabalgadura cabal. Un loco. Con una sola mano manejaba, los cambios con displicencia. La envidia. Liberación total. Y al abogado como primera medida. Al nuestro. Es hábil y experimentado. Hay que pre... pre... Ablandar el texto. De brazos cruzados no se van a quedar. Lo que haya que pelear se peleará. La pecunia. ¡Qué ironía!... No sé por qué ahora me viene a la mente: “Es mejor ahogarse con aire que sin aire”. Sin embargo, me oxigenaría (¿o sin sin embargo?) que no ignoraras. Que mañana no me reproches no habértelo trasmitido. El haberme ocultado de vos. (O el haberte ocultado de mí.) Las cosas que podés saber, sabélas.
Habla, pero áfona. El hijo desnudo comienza a ser arrastrado por el remolino. La madre, incorporada, se opone al remolino, tironeando del hijo. Vuelve a oírsela:
—Entre nosotras nos lo recomendábamos: “¡Es bárbaro, es un forajido!” ¡Se derritió como un helado! ¡Me apresuré cuando apetecía ser derribada! ¡Eso me inculcaron! ¡Sus negocios marchaban, al principio! ¡Hubo varios principios, aunque el primero fue estupendo! Un torbellino. Efecto de rebote. ¡¿Por qué tuve y tuviste secretos para mí?! Ronquido hidráulico. ¡¿Por qué me instabas a una supuesta ambigüedad?! ¡Querido!...
Ya más de medio hijo desnudo ha sido absorbido, succionado por la cañería.
—¡Yo ansiaba que me envolvieras, que me pertenecieras! ¡Te adoré! Y no era manco para... ¡Una hembra sin corazón hubiera resistido!...
Casi todo el hijo desnudo ha desaparecido.
—¡No me apabullaron ni disfrutaron ni desencadenaron! ¿Dónde aprendiste?, nos decíamos. ¡¿Quién tiene que descerrajarse?! ¡Yo era menos oblicua alguna vez! ¡Y sola es como el crimen!...
Cesa de hablar. Cesa el sonido del agua y del hijo pasando por la cañería.
*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
Correo:
EL FERROCARRIL ARGENTINO: UN ROMANCE NEURÓTICO*
Argentina inició la construcción de sus ferrocarriles más tarde que otras naciones americanas, pero eso no le impidió lograr la décima red en kilómetros a nivel mundial y la segunda de América. El País se formó al compás de sus trazas ferroviarias mal o bien ideadas; mal o bien intencionadas.
Igual que hoy, la idea fue y siguió siendo extractiva de recursos naturales y producciones primarias. Unos pocos ramales con estrategia y otros muchos con anarquía, los ferrocarriles se fueron construyendo con diversas medidas de sus coches y vías, garantizando un poco mas aquello de que los siglos venideros nos sigan encontrando desunidos y, si es posible, dominados.
Hasta 1957, con sus 100 años cumplidos y junto a las vías fluviales y los puertos marítimos, los ferrocarriles sostenían la estructura económica del 60% del territorio continental argentino.
La aniquilación programada bajo recomendaciones de un General veterano de la Segunda Guerra Mundial designado por la Banca Internacional y contratado por el Gobierno de Arturo Frondizi, desarticuló el territorio argentino aniquilando 17.000 km de vías en una sola jornada. Pero no nos equivoquemos, el Plan Larkin también inició el aniquilamiento de las vías fluviales y marítimas, junto a recomendaciones viales que, mas que acelerar la construcción de caminos, casualmente las detuvo por décadas.
Así, en la debacle, había nacido el romanticismo ferroviario que, sin malas intenciones, se convirtió en una neurosis obsesiva utilizada vilmente por quienes necesitaban la desarticulación del País, acusándolos peyorativamente delante de micrófonos y cámaras como pueblerinos, políticos y trabajadores que añoraban tiempos pasados utópicos de recuperar y de ser defensores de proyectos inviables e innecesarios.
Quizá por eso sea que hoy, cuando estamos sobre los 150 años y justo cuando, por fin, se ha comenzado a recuperar la conciencia de transporte y economía sobre la temática ferroviaria, saltamos con proyectos posiblemente necesarios pero fuertemente secundarios frente a las necesidades de recuperación de ferrocarriles y generación de nuevas trazas en todo el territorio nacional y en sus conexiones limítrofes.
Sí, ese romanticismo existió, existe y es neurótico obsesivo, pero mucho más patológico y perverso es lo que hicieron al destruir la estructura económica del territorio argentino, como también lo es cometer errores de acción so pretexto de la recuperación ferroviaria.
*Jorge de Mendonca. jorgedemendonca@gmail.com
– DNI 14.381.615 - Ingeniero White – Buenos Aires
*
Apreciadas amigas, queridos amigos,
El número 80 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", edición julio/septiembre/2007, puede ser ya consultado en nuestra página de internet www.euroyage.com
en el link:
http://www.euroyage.com/index.php?i=http://www.euroyage.com/xicoatl/80/e_80.php
CONTENIDO:
Editorial: En la Asociación YAGE y el Magazin Cultural XICóATL celebramos 15 años de actividades. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Poemario: Poemas. Olga Elena Sánchez Guevara
Poemario: Homenaje a Frida Kahlo. Walkala
Narrativa: Risas en la morgue. Laura Massolo
Narrativa: Los verdes años del billar. Roberto Reyes Tarazona
Austria: Poemas. Christoph W. Bauer
La edición impresa de XICóATL # 80 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail en la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).
Cordial saludo,
YAGE, Verein für lat. Kunst Wissenschaft und Kultur.
http://www.euroyage.com/
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
TEL + FAX: (++43) 662 82 50 67
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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