BOSNIA SOBRE LA ALMOHADA
Lo inefable*
Yo muero extrañamente... No me mata la Vida,
no me mata la Muerte, no me mata el Amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida.
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba fulgor...?
¡Cumbre de los Martirios...! ¡Llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz...!
Pero arrancarla un día en una flor que abriera
milagrosa, inviolable... ¡Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!
*de Delmira Agustini.
-Fuente: http://www.lcc.uma.es/~perez/sonetos/delmira.html
Bosnia sobre la almohada...
Martes, 23 de Octubre de 2007
REFLEXIONES DESPUES DEL DOMINGO
¿Seré una madre sospechosa?*
Por Liliana Mizrahi *
Cumplo 40 años de maternidad. Como tantas mujeres sentí siempre que mi destino (más allá de mi propio deseo) era ser madre. Es el mandato más poderoso de las mujeres. Creí que la maternidad era natural, fácil y obligatoria. Natural es, la anatomía ayuda. Me llevó tiempo darme cuenta de que no es obligatorio ser madre, ni es fácil amar a los hijos adultos con la misma candidez con que se ama a los niños pequeños. Escribo desde un cuerpo de mujer con estrías y episiotomías. He gestado, abortado, parido, amamantado y criado.
Un dramático escándalo se desató en mi corazón cuando mis hijos crecidos y maduros se fueron a hacer su vida y me dejaron a solas con la mía. El asombro me tuvo desconcertada un tiempo. La casa permanecía ordenada, nada se movía de su lugar. Luego el silencio, el teléfono sonaba, pocas veces y
sólo para mí, la ausencia de zapatillas embarradas y de su olor característico. La ausencia de ropa sucia y de toallas tiradas, los gastos que disminuían sensiblemente, pasaban los días y la comida sin tocar en la heladera, la música y el volumen a mi gusto, la liberación (¡por fin!) del fútbol por TV... y otros deportes.
Comencé a sentirme deprimida.
Mis amigas me felicitaban por la autonomía que yo misma les había enseñado a mis hijos desde chicos, pero nunca imaginé que se la iban a tomar tan en serio. Hasta ese momento yo era Rita Hayworth en la vida de ellos y ahora no figuraba en el casting de sus historias ni como extra. Me sentí súbitamente
desempleada, con un oficio que había perfeccionado hasta la excelencia durante años y que ahora nadie necesitaba. Estaba jubilada "de prepo" de un rol ejercido desde la primera muñeca. ¿Qué hacer?, ¿qué hacer?, me repetía desconsolada. Tengo mi profesión, mi placer por la literatura, soy adicta al cine, amo la música, puedo viajar, tengo amigos, si quiero puedo volver a tener un gato, amo las plantas, tuve una tortuga. ¡En fin! Una vida llena de estímulos, pero el rol colgado en el ropero, y yo sin saber de qué
disfrazarme.
Tengo que escribir. Garabateo ideas:
- La maternidad es un rol y una identidad que absorbe nuestra personalidad hasta neutralizarnos como personas. También nosotras absorbemos a nuestros hijos/as, en muchos casos hasta neutralizarlos.
- Existe una contradicción básica entre los mandatos y sanciones creadas para mantener a las mujeres impotentes y las atribuciones sobrehumanas que se exigen a las madres.
- La maternidad y la paternidad, ¿no deberían ser materias obligatorias en las escuelas primarias y secundarias?, ¿no merecería este tema una reflexión desde la adolescencia, impulsada por profesores críticos, con información adecuada, y que además integre la interrogación acerca de su propia
condición de hijos?
Aunque todo esto fuera cierto -y lo es- ninguno de estos conceptos me alivia.
- ¿Acaso las madres somos conscientes de nuestro aporte a las tasas de natalidad / a los relevos generacionales / a las guerras / y a los malditos ejércitos?, ¿nos damos cuenta de que creamos y entregamos materia gris, sangre joven, carne de cañón o de diván, mano de obra, fuerza de trabajo,
tiempo-vida, esperanza, futuro...?
- No tenemos capacidad de decisión sobre el porvenir de la población que generamos. La ley religiosa y civil pretende convencernos de que no podemos elegir.
- ¿Qué nos hacen las leyes?, ¿por qué no podemos decidir sobre nuestros cuerpos?, ¿por qué el aborto todavía está penalizado?, ¿por qué hay tantos padres ausentes?
- Las leyes no dan a las madres más que un poder vacío de sustancia. ¿Es la ley del padre la que se impone todavía en lo social y en lo político? ¿Y si el padre no fuera más que un amo?, ¿un amo que no ama?, ¿amo a mi amo?
Las preguntas surgen a borbotones.
Han pasado 40 años. Mis hijos ya tienen hijos y yo les pregunto "¿qué hacés viviendo con otra madre que no soy yo?". No contestan.
Escribo encerrada en el baño. La maternidad es un tema prohibido de interrogar o pensar críticamente. No se puede ser ambivalente con los hijos.
Todo el mundo se asusta y nos morimos de culpa. ¿Qué hacer?
Los hijos crecen o no crecen, pueden gustarnos o no como personas, pueden ser nuestros amigos o bien no los elegiríamos, podemos convertirlos en nuestros padres o creer que son nuestros hermanos, dejar que nos tengan de hija o permitirles seguir siendo hijos ad infinitum. Pueden convertirse en eso que soñamos para ellos, o bien nunca serán lo que hubiéramos querido que fueran.
La maternidad es un enredo infernal e interminable.
Mi abuelo rabino desde el cielo me mira atentamente y me señala con el dedo, él es uno de los consejeros de Dios pero no me importa, seguiré pensando.
¿Me condenarán al infierno de las malas mujeres, junto con las madrastras, las suegras, las consuegras, las cuñadas y otras brujas?
Pienso: ser madre es el compromiso de ayudar a crecer y cuidar a otro. No se trata de parir, sino de criar y sostener.
Otra pregunta: ¿Por qué nos hacen creer que somos vacas sagradas y nos tratan como ganado?
La maternidad está idealizada/envuelta en un halo de misterio y sacralidad, al mismo tiempo, directa o larvadamente se la ataca. Esa es "la mistificación de la maternidad". La idealización del rol, hablar de la Madre con mayúscula, es el caballo de Troya donde están encerrados los mandatos y las sanciones, más toda la culpa que nos mata a las madres. Escribí un libro, Madres en desuso, ése fue mi intento de aportar con humor algo a la comprensión de estas vivencias. Ahí digo:
Una cosa es ser la madre de un hijo/a, en concreto, y otra cosa es pensar la maternidad como institución política, atravesada por ideologías e intereses económicos, valores religiosos y culturales. ¡Ah! Bueno, bueno. Yo no soy la única que no puede alcanzar el ideal de amor incondicional y de perfección que se pretende de las madres, no soy la única madre que se siente cansada, frustrada, ambivalente o confusa. ¿Seré una madre sospechosa?
Yo sola me digo: no, no, me parece que no. La maternidad es una de las grandes tareas existenciales de las mujeres y solamente nosotras podemos decir, desde adentro, de qué se trata. ¿Y de qué se trata la maternidad, al fin de cuentas? De la maraña emocional más complicada que puede llegar a conocer una mujer. Un enredo amoroso gratificante-frustrante y reparador.
Somos madres con el sello que traemos como hijas... y también con lo que somos capaces de hacer con ese sello y esa historia. Ser madre requiere coraje, porque el otro siempre es un riesgo. Y la otra que somos nosotras, también. Espero que hayan pasado un buen Día de la Madre.
*Licenciada en Psicología, ensayista y poeta, autora, entre otros libros, de Mujeres en plena revuelta y La mujer transgresora.
-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-93361-2007-10-23.html
Martes, 23 de Octubre de 2007
literatura|alejandra laurencich y sus "historias de mujeres oscuras"
"Casi todas estas mujeres están expulsadas del paraíso"*
En sus cuentos, el mundo parecería poder explotar en cualquier momento. La narradora y guionista explora el instante en que un incidente doméstico abre una grieta por la que aflora lo indecible, una zona tenebrosa difícil de narrar: "A mí me interesan los agujeros negros, quiero saber qué pasa ahí",
argumenta.
*Por Silvina Friera
Los pensamientos de estas mujeres tienen el espesor del extremo y destilan la incorrección que produce la angustia o el exceso de imaginación. Son personajes que están expectantes, anhelando que algún acontecimiento inminente les permita emerger del caos de sus propias lucubraciones. Una madre se reprocha que piense cosas sin sentido, que no sirven para nada, pero no puede evitar imaginar un tsunami, una catástrofe o una guerra como la de Bosnia. Una mujer, que se pregunta por qué si tiene trabajo no es feliz, presiente que se acerca el fin: "Un año más y pronto seré menopáusica y la vida sexual se habrá acabado. Nunca más pasar la lengua por un cuello joven". Una actriz, que espera que le envíen el contrato de una productora, se plantea que es una cuestión de actitud. "Si me creo vencida, me van a vencer", pero del fluir de sus ocurrencias al hecho hay un trecho que ella transita barriendo el living, sobresaltándose ante el sonido del timbre y nutriendo sus pensamientos con un pasaje de La montaña mágica, de Thomas Mann, o recordando, con vergüenza, una frase de Paulo Coelho. Un ama de
casa, que se pasea por las góndolas del supermercado desechando productos que no puede comprar, como el café, compara su bolsa con la de un hombre que ella supone que vive en un country, "como gemelas crecidas en familias diferentes". En los cuentos de Historias de mujeres oscuras (Norma), el mundo pareciera que puede explotar en cualquier momento. La narradora y guionista Alejandra Laurencich explora con precisión el instante en que un incidente doméstico abre una grieta por la que aflora lo indecible, esa zona tenebrosa tan difícil de narrar por la amalgama vertiginosa de emociones, sensaciones, sentimientos e ideas "fronterizas", que nunca se sabe hasta dónde pueden llegar.
"Me gustan los personajes oscuros, los que están fuera de la zona de luz", dice Laurencich en la entrevista con Página/12. "En una fiesta, si veo que hay alguien que habla mucho, que está demasiado iluminado, desconfío.
Prefiero observar al que está calladito; me dan ganas de acercarme y preguntarle: ¿qué hay detrás de esa mirada, de ese silencio? 'Contame qué pasa en tu cabeza.' Y es un poco lo que hago en estos cuentos: voy hacia esas mujeres que están más allá de los focos, que sobreviven, luchan y se esfuerzan, y busco las historias que hay en ellas. Siempre me identifico con los personajes oscuros, con la gente silenciosa, con sus miradas." No es la primera vez que esta escritora -que como guionista ha trabajado junto con el
director Eduardo Calcagno y el realizador Ricardo Preve- transita por las zonas menos iluminadas de los engranajes femeninos. Ya en su primer libro de cuentos, Coronadas de gloria (2002), hurgaba en lo que no se manifiesta de las emociones, lo que, como el polvo, se trata de ocultar bajo la alfombra.
"Me atrae mucho más la oscuridad que la luz, incluso en el universo, cuando se habla de las estrellas o los agujeros negros. A mí me interesan los agujeros negros, quiero saber qué pasa ahí, cómo es entrar a un agujero negro. Cuando era chica, me iba a lugares oscuros a observar a mi familia, para ver si pescaba algo que no se decía en la zona de luz", señala Laurencich, que actualmente integra el plantel docente en Casas de Letras, dirige un taller de narrativa y coordina los talleres literarios virtuales
de la Fundación Avón.
-¿Por qué a la mayoría de las protagonistas, generacionalmente, se las podría definir como "hijas de la dictadura"?
-No es casual. En casi todos los cuentos siempre alumbro los conflictos que se me presentan a mí o que escucho por ahí. Fui adolescente en la dictadura, y cuando me preguntan por qué el título del libro, por qué son mujeres oscuras, pienso que todas esas mujeres no están en una zona de luz. Todas fueron adolescentes durante la dictadura, quisieron salir a la calle y decir "acá estoy", gritar sus verdades. Pero tuvieron que aprender a callarse la boca, a disimular y entonces la procesión va por dentro. Estas mujeres están llenas de culpas y de pensamientos rumiantes.
-En el primer cuento, "Bosnia sobre la almohada", sorprende hasta dónde pueden llegar las lucubraciones de esa madre. ¿Qué resonancia tiene la palabra Bosnia?
-En el imaginario de una porteña, Bosnia puede ser el equivalente al infierno, a lo que se puede desatar sin que uno sepa cómo. Esa mujer piensa una guerra de la que todos escuchamos hablar y que de repente cree que puede desatarse en su barrio, en su casa. Seguramente también debe haber resonancias de las guerras del Imperio Austrohúngaro, que escuché contadas por mi abuela, que era de Eslovenia. Si pensás en una guerra, cualquier problema doméstico va a parecer nimio. El mecanismo a que apela esta mujer
es llevar las cosas al extremo de la posibilidad de la muerte, donde su hija la necesitaría y que entonces ahí pudiera demostrarle su heroísmo y cuánto la quiere, lo que evidentemente en la convivencia cotidiana no le puede demostrar.
-Este mecanismo de llevar las cosas al límite, ¿lo aplica en muchos de los cuentos?
-Sí, soy medio extremista en todo lo que hago (risas). En la vida cotidiana llevo mis pensamientos al límite, al "qué pasaría si...", pero la gente me frena antes. Cuando la imaginación se desata, siempre llega a lo peor, no a lo mejor, y casi todas las protagonistas de los cuentos llevan sus pensamientos al límite. Me siento identificada con ese tipo de personajes que piensan mucho, que tienen una vida sin tanto heroísmo ni acciones deslumbrantes, pero tienen una cabeza que se las trae. En muchas épocas de
mi vida creía que era una cabeza con patas, sentía el peso del rumiar constante. Recuerdo que una vez una amiga me llamó para que hiciéramos unas clases de biodanza juntas, para "integrar la cabeza con el cuerpo", y me quedé pensando dónde estaba mi cuerpo, porque tenía la sensación de que iba por la calle acarreando sólo el peso de mi cabeza. Todos los personajes de mis cuentos se la pasan pensando, para bien o para mal, y muchas veces para mal. En eso admiro mucho más a los hombres, que piensan menos y gozan más.
Me parece que hoy la mujer se la pasa pensando... Bueno, pero también disfrutamos (risas).
-¿A qué atribuye que las mujeres piensen tanto?
-Las mujeres tenemos dos frentes: uno es el que siempre tuvimos, el hogar, la familia. El otro frente, en el que empezamos a batallar desde hace unas décadas, es el trabajo, la profesión, donde tenemos que salir a mostrarnos.
Entre el adentro y el afuera, entre la presión, que no sólo viene del entorno sino de nosotras mismas, tenemos que demostrar que podemos, no sólo para los otros sino para nosotras mismas, para no quebrarnos, para decir "podemos con esto", "podemos con lo otro". Y entonces nos vamos cargando la
mochila con muchos "podemos". Pero eso hay que organizarlo mentalmente: qué espacio le damos a cada cosa, a cada "podemos". Y encima tenemos que vestirnos bien, hacer dieta, estar espléndidas, ser divertidas... que sé yo cuántas cosas más tenemos que hacer y ser. Me parece que el hombre está
menos fracturado que la mujer. La mujer tiene veinte mujeres en la cabeza y hay un diálogo permanente entre ellas.
-¿Cómo trabaja con lo autorreferencial, con los materiales que puede escoger de su vida?
-No hay ningún cuento que tenga que ver directamente con una vivencia mía.
Mis cuentos son respuestas a situaciones que observo, y me sirven para sacarme de encima un pensamiento recurrente o algo que vi y que me dolió. La literatura me alivia bastante y me deja limpita, desintoxicada, porque todas esas cosas que observo o pienso me intoxican, me pesan demasiado. Y cuando las escribo, las vive el personaje, se las lleva por el mundo y a mí me saca el lastre de encima. Cuando vuelvo a leer los cuentos no me significan nada, ni siquiera entiendo a los personajes, están distantes de mí, se llevaron la carga que tenía. Pero mientras escribía los cuentos, los sufría.
-¿Cuáles fueron los que la hicieron sufrir más?
-"Bosnia sobre la almohada", que se lo dediqué a mi hija, en una noche en que pensaba mucho en ella porque la tenía lejos y no sabía qué le estaba pasando, pero intuía que era algo feo. Esa noche me pasé en vela pensando cómo se iba el tiempo, y cuando me levanté a la mañana siguiente escribí este cuento de esa mujer que le quiere decir a su hija tantas cosas, y recurrí a una situación donde el desgarro fuera inminente y preparara el terreno para que el conflicto tuviera significación. Yo me liberé escribiendo ese cuento; pensaba que no iba a conmover a nadie porque era muy personal y, sin embargo, es uno de los relatos del libro que más pega. Otro que me gusta mucho es "Sin motivo", que me liberó de ese pensamiento de que era muy vieja que tenía en una época. Cuando se lo contaba a mis amigas, me decían: "¡Pero pará la mano!". No es que me pensara que me fuera a morir mañana, pero me preguntaba cuánto más, cuánto quedaría... veía el fin en todo. Ese fue uno de los primeros cuentos, que marcó a casi todos los otros, porque me di cuenta de que casi todas estas mujeres están como expulsadas del paraíso, de un lugar luminoso, bello, de juventud; que no se puede hacer nada frente a eso, y para colmo eran conscientes. Y ser conscientes es lo peor.
Laurencich, que admira a narradoras norteamericanas como Lorrie Moore, Joyce Carol Oates y Paula Fox, comenta, resignada al equívoco, que cuando dice que escribe cuentos le preguntan si es para chicos. "Se tiene asociado al cuento con la literatura infantil. Quizás ésta sea una de las razones por las que
editoriales no publican tantos libros de cuentos."
-¿Y qué otras razones habría para "censurar" tanto al género respecto de la novela?
-Supongo que tiene que ver con esto de que "ya que me pedís que haga un esfuerzo, manteneme los personajes", "ya que me pedís que me meta en un mundo, después no me lo cambies a cada rato". Creo que se publican y leen menos cuentos por la ley del mínimo esfuerzo. ¡Qué falta de compromiso que
hay con un placer tan grande como el de leer! La gente está tan poco acostumbrada a resolver situaciones, a completar sentidos, que si leen un libro piden que se la hagan fácil. Y esta facilidad de la lectura la encuentran más en la novela que en el cuento.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-8047-2007-10-23.html
La ficha
Alejandra Laurencich nació en Buenos Aires en 1963. Narradora y guionista, su primer libro de cuentos, Coronadas de gloria (Tercer Premio del Fondo Nacional de las Artes), fue publicado en 2002. La primera novela que escribió, Fin de milenio (finalista del concurso Emecé, en 1994), aún no ha sido publicada. "Yo le contaba a mi hermana gemela, Diana, historias sobre un personaje. El protagonista era Luis Alberto Spinetta, porque éramos fanáticas de él. Mi hermana me dijo que iba a escribir esas historias porque se iban a perder. Empezó a escribirlas y cuando me las daba para que las leyera, yo le decía: '¡Pero no, este diálogo es una porquería, esperá que lo corrijo!'. Y un día me pidió que las escribiera yo, y me animé", recuerda la escritora, que se formó en el taller de Liliana Heker. Laurencich se mueve como pez por las aguas del cuento, con eficacia narrativa y mucho oficio, sobre todo, en los desenlaces, tal vez la instancia más compleja de la escritura, donde una decisión desacertada puede estropear la que hasta entonces era una buena trama. "Los cuentos siempre surgen como pequeños
válvulas de escape, algo así como el día a día de la escritura, que me permite sacarme de encima muchas cosas que me abruman. Las novelas implican un proyecto más pensado y elaborado", compara la escritora.
Textual
Todos los días al despertar me digo que debo agradecer el hecho de vivir en un país como éste. Que debo agradecer el tener dos piernas y una lapicera de pluma con trazo grueso de las que no se consiguen con facilidad. No hay por qué tener miedo, estoy sana y lúcida y soy inteligente. La confianza mata al
hombre, decía mi madre a veces. No sé por qué lo recuerdo. Me pregunto también, al despertar, por qué si tengo trabajo no estoy feliz. Si puedo pagar los servicios, el monotributo, el colegio de los chicos, puedo considerarme satisfecha. En otros países hay ciudadanos de primera, de segunda y de tercera, y acá no. Acá estamos sólo nosotros. Y los piqueteros.
Eso es triste, me digo, tener que salir a cortar rutas por un pedazo de pan.
A partir de hoy voy a poner mucho cuidado en no llamar chinos a los coreanos y mamboretai a la paraguaya que trabaja en la casa de mis suegros, y no voy a quejarme si cortan el tránsito otra vez. Por un pedazo de pan, me digo.
Miro el techo en penumbra. El buen ánimo atrae a la buena suerte, lo sé.
Trato de sonreír pero no puedo. Sé que voy a llorar. Me digo que no hay muerte ni desgracia cercana para ponerme así, caramba, que no es tampoco domingo con su melancolía y su sabor a fin, sino un día común de semana, con su rutina y sus rituales: el colegio, la oficina, la cena y el noticiero, pero me da exactamente lo mismo. Los días empiezan y terminan como empieza y termina la vida. Puedo ver que llega el fin. Lo veo anticipándose en la presbicia de mis amigos, en sus vientres que empiezan a redondearse. Bueno, por lo menos tengo amigos, eso es bueno.
*Fragmento del cuento "Sin motivo", en Historias de mujeres oscuras (Norma).
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/8047-2629-2007-10-23.html
SU NUEVO ENSAYO INDAGA EN LO HORRENDO
Umberto Eco busca entender el significado de la fealdad*
Su "Historia de la fealdad", que sale hoy en Italia, revisa el arte y también los gustos de la gente común.
DOBLETE. YA HABLO SOBRE LA BELLEZA.
Hoy llega a las librerías de Italia Historia de la fealdad, el nuevo libro de Umberto Eco. A 20 años de El nombre de la rosa, la novela que vendió 16 millones de ejemplares y lo convirtió en uno de los intelectuales más influyentes del mundo, el escritor italiano vuelve al ensayo con una obra que amplía y rebate su Historia de la belleza (2004), que se publicó en 27 idiomas y vendió más de 500 mil copias.
"La historia de la fealdad es decididamente más interesante que la historia de la belleza", reconocía Eco en un adelanto para la prensa. El autor presentará el libro durante la Feria del Libro de Frankfurt. Tiene 15 capítulos y, como su exitoso ensayo dedicado a la belleza, trae imágenes de diferentes representaciones de lo feo en la cultura y el arte occidental.
"La historia de la fealdad presenta problemas nuevos porque desde Platón los pensadores de todos los siglos han escrito sobre lo bello, mientras que existe una sola estética de lo feo, la que publicó en 1853 el alemán Karl Rosenkanz". Eco ubica el esplendor de la fealdad en el arte durante el Romanticismo, pero también evoca historias del mundo helénico y la Edad Media y la exaltación moderna de la fealdad como signo de individualidad.
El ensayo comienza con Leonardo y se detiene en Gargantúa y Pantagruel, la obra del escritor francés Fran©ois Rabelais. Según Eco, él fue el maestro en la utilización del lenguaje elevado para describir "las más vulgares funciones corporales". La historia avanza sobre citas de la Anatomía de la melancolía -una obra médico-ensayística del inglés Robert Burton, 1621- para reflexionar sobre las razones por las cuales se ama a una mujer fea. También hace referencias a los grandes cultores de la fealdad del siglo XIX: Víctor Hugo con el deforme Quasimodo de Nuestra Señora de París, el decadentismo
maldito de Charles Baudelaire y el mundo industrial que retrató Charles Dickens.
"Para entender los gustos de una era es necesario entender qué significa la fealdad para la gente común", apunta Eco, que también destaca la riqueza lingüística de la fealdad: horrendo, monstruoso y repelente son algunos de los sinónimos que propone.
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/10/03/sociedad/s-04101.htm
¡AH! MUJERES. CON CALDERO Y PÓCIMAS*
*Por Leopoldo de Quevedo y Monroy leoquevedom@hotmail.com
Cuando empezaron a avasallar con su vuelo los pterodáctilos y reinaba todo con edad de piedra, aparecieron los trogloditas con su mazo amenazante.
Obvio que tenía que haber contrapeso. No todo podía ser desolación, miedo y escalofrío. Lo que pinta la película "La guerra del fuego" no es del todo cierto. Unas mujeres con los cabellos a modo de medusa, una boca desmesurada, una mirada lejana y un coito de armadillo. No, eso no podía ser el contrapeso.
Hacía falta en esa oscuridad, en esas arideces y hambres seculares un bocado que saciara los días y las noches. Faltaba la mujer con su respiración, con su sangre, la suavidad de sus dedos, sus olores y sabores. Todo era incompleto hasta el momento en que ella apareció en escena.
Entonces supimos lo que era un cielo estrellado en noches negras, hasta dónde punzan el alma los ojos de una fémina, en qué lugar se oculta la miel que liban las abejas. Sólo la mujer se atrevió a montar desnuda, con lanza en una mano y la otra sobre el lomo de un caballo, a volar en una simple escoba, a leer en una bola de cristal la suerte del humano. La llamaron amazona, bruja y hechicera con caldero y pócima. Sí. La mujer es eso y mucho más. Es heroína, es partera y madre, es monja recoleta en el convento, ha sufrido la burla y el desprecio. Y su piel sigue tan tersa y su espalda es lisa y sedosa, sus labios abiertos dispuestos al beso, su voz es ora el trino de una alondra ora rugido de leona. Pero su cerviz nunca se ha encorvado sobre el tiempo. De contextura y apariencia débil tiene en sus fibras el temple de una espada toledana y el coraje de las jaguaras de Calahari en la Namibia.
Este feraz globo ha producido mujeres de la talla de Penélope, de Helena, de Safo, de las Sílfides, guardianas de lagos y montañas, de la Sibila de Cumas, mujer de nueve vidas, de Eloísa, de Juana de Arco, de Juana la que usurpó la tiara del papado, las Valquirias que cantó Wagner, de Gioconda o
de la mítica Isadora, translúcida en los velos y quien hizo ágil al movimiento con su cuerpo, de Alfonsina Storni, de Emily Dickinson, de la Piaff, Yma Sumac que subieron con su garganta hasta el irrompible tono, o de heroínas, sin casco ni armadura, como Antonia Santos, Mercedes Ábrego o la Pola, de la Gaitana en el Huila o de María Cano, la voz del pueblo en la bananera del Atrato. La mujer tiene a Meira Delmar, a la rebelde Matilde Espinosa, a la incomprendida Mercedes Carranza. Mujeres todas con nombre y aura propia, no sometidas ni a la coyunda del macho ni al grillete de la época o la costumbre.
Jamás el hombre ha podido descifrar la inmensidad de la hembra, ni su papel en la historia de la cultura. El hombre se dedicó a fabular, a golpear en el yunque el hierro, a derramar sangre en el campo de batalla, a conquistar tierras y a devastar ciudades y arboledas. Y dejó que la mujer se sacrificara en el altar del hogar y, - sin mirar atrás-, allí tejiera en la telaraña de los días el dolor, los gritos de los hijos, las enfermedades y los sudores de los hombres, las alegrías de cada mañana y así naciera cuanto
hay de valioso y perenne en este mundo. El hombre es rey de lo concreto, de la realidad y la brutalidad, la mujer, en cambio, tiene su reino en el silencio, en su cuerpo, en la imaginación y la fantasía. Ella hizo posible los perfumes, el topless, lo exótico, la danza, lo inescrutable. Ella hizo de lo banal, un asunto deliciosamente necesario.
Labor callada, nunca premiada por gobiernos, academias ni legados. Cada instante que pasa se abre un útero y nace un ser humano. El orbe se llenó por todos los costados de obras, arte, ciudades y naciones. Y a la mujer nada se atribuye. Sólo al hombre se conceden los honores. Sólo hay un Dios para la lógica y la guerra, el hombre, y lo demás son reinas y querubes.
Correo:
Y 15 años después*
EL ARCA
Del sur sigue andando
Nos encontraremos para celebrar un nuevo aniversario de la revista.
Será este viernes 26 de octubre a las 21 hs.
En el centro Cultural La Urdimbre.
San Jerónimo 2523. Santa Fe.
Ahí veremos el estreno del cortometraje sobre la travesía de El Arca Del Sur
realizado por Guillermo Pablo Marotte, Mónica Russomanno y Rodolfo Alberto Gómez.
Sobre un guión de Mónica Russomanno.
Brindaremos por el camino transitado desde octubre del 92...
Y por lo que vendrá, que no es poco.
La entrada libre y gratuita.
( El Centro Cultural La urdimbre cuenta con un servicio de bufet)
* elarcadelsur@gigared.com
*
Queridas amigas, queridos amigos:
Este domingo 21 de octubre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, tango argentino interpretado por el grupo Encuentros (Argentina) bajo la dirección de Alicia Terzian. Las poesías que leeremos pertenecen a Martha Gantier Balderrama (Bolivia) y la música de fondo será de Surazo (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
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