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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

27/10/2007 GMT 1

100% PREPARADO (con pura carne de sobisch)

urbanopowell @ 12:43

100% PREPARADO (con pura carne de sobisch)

Sábado, 27 de Octubre de 2007
Las tizas y la sangre*

*Por Osvaldo Bayer

Mañana habrá elecciones. La pena y la vergüenza íntima es ver candidatos en cuya gobernación se mató a maestros u otros cuya filosofía fue el tiro fácil. Los "eslogans" partidarios cada vez más parecen de venta de productos: "Ciento por ciento preparados", "Votá en defensa propia". (Estoy en la escuela del barrio muy humilde de Neuquén donde enseñaba Carlos Fuentealba, asesinado en la forma más vil. Lo que poco se sabe es que meses antes de su muerte, los alumnos de ese colegio habían elegido a Fuentealba
"el maestro más querido". Hoy, en el mismo colegio que ahora se llama precisamente Compañero Carlos Fuentealba, hay un cartel que dice: "Sobisch, ciento por ciento preparado para manchar las tizas de sangre". Nunca jamás, Sobisch, candidato a presidente, podrá lavar esa frase de su currículum.)
Volvamos a los comicios. Ningún partido se compromete y lo expresa: "Terminaremos con los niños hambrientos" ni "Trataremos de reducir el nivel de pobreza a cero". Tampoco "En cuatro años reduciremos las villas miseria a la mitad dando techo a las familias que allí viven". Ni "Crearemos planes trabajar para eliminar la desocupación". O "Mientras haya niños con hambre no hay verdadera democracia". O, por lo menos, pensando en la calidad de vida: "Terminaremos el caos de tránsito que envenena nuestras ciudades regulándolo, construyendo túneles en todos los pasos a nivel, apostando a
los trenes y a los subtes". Para saber lo que quieren. Y si no cumplen, pues no se los vota más.
No, todo es generalidad superficial, promesas de palabras, que se traducen como falta de responsabilidad.
Esto también forma parte del interrogante fundamental que se hace en el mundo acerca de nuestro país: ¿cómo es posible que con tantas riquezas y relativamente poca población muestre tales estadísticas de pobreza y violencia y catorce golpes militares en menos de un siglo del comienzo de elecciones democráticas? Todo esto para llevarnos a la dictadura con la represión más cruel de la historia universal y la desaparición de personas (sólo comparable con la del nazismo y con la de la conquista
española -bendecida por los obispos católicos hispanos- y para eso basta citar la ejecución de Tupac Amaru, su hijo, su esposa y su hermano).
Todo fue posible en el país argentino por ese "mirar hacia delante" de nuestra cultura política, basada en el "progreso" dictado desde la ávida Europa.
Y vayamos al espejo donde nos miramos todos los días. Tenemos un monumento al primer golpista, fusilador de obreros, el general Uriburu. El más grande de la ciudad de Balcarce. Eso lo dice todo acerca de nuestro "coraje civil".
Tenemos una ciudad en la Patagonia que se llama General Roca. Es como diría el escritor alemán Sebastián Schoepp: "Tener un monumento de Hitler en Auschwitz". Más preciso, imposible.
Y nos quedamos en Schoepp. Hace poco, en una brillante nota hizo un profundo análisis de la medida tomada por el alcalde de la ciudad de Lima, Luis Castañeda, quien decidió quitar para siempre del centro de la ciudad el monumento del conquistador Francisco Pizarro, el destructor de la nación inca. Porque Pizarro fue un asesino masivo, así lo dijo el alcalde peruano, y todo lo contrario de un héroe del pueblo. La estatua de Pizarro la había llevado a cabo el norteamericano Charles Ramsay, escultor y apasionado
jugador de polo de Buffalo, EE.UU. Siempre había modelado en bronce cow-boys, caballos y bisontes. El yanqui quería representar "la conquista y el progreso" en la figura del verdugo de Atahualpa, a quien asesinó después de robarle una habitación llena de oro. Luego, Pizarro hizo asesinar a su compañero de aventuras Diego de Almagro. Pero lo pagó caro porque luego fue muerto por españoles partidarios de Almagro. Progresistas, los europeos.
Nuestro general Roca repetía en cada discurso "los salvajes, los bárbaros" para referirse a nuestros pueblos originarios. Habría que preguntarse quiénes fueron los verdaderos bárbaros y cuál fue el verdadero progreso.
Todo se hizo por dinero y nada más que por eso. Entre 15O3 y 1660 llegaron a Sevilla 3,5 millones de kilos de plata y una cantidad similar de oro desde Latinoamérica. El oro de los incas -sostiene Schoepp- enriqueció a la Europa occidental y le dio el empuje para su enriquecimiento económico.
Latinoamérica paga todavía hoy esa conquista y la esclavitud sufrida por su gente autóctona,
En cambio, todavía hoy, España sigue considerándolo un héroe. Y se sigue aprovechando. Miles de turistas van a visitar por año a Trujillo, en Extremadura, donde nació el asesino de Atahualpa. Agrega Schoepp: "Las estatuas del fascista Franco -fusilador de poetas- han sido casi todas eliminadas de España, pero la de los conquistadores que mataron a miles de pobladores latinoamericanos, esas continúan".
El único que criticó la decisión del alcalde Castañeda de acabar con Pizarro fue, por supuesto, el escritor Vargas Llosa, quien se borocoteó desde hace más de una década desde la izquierda a la derecha. El alcalde de Lima hizo poner donde estaba el monumento a Pizarro la bandera multicolor del
Tahuantisuyu, de los pueblos andinos.
Esto hubiera sido imposible en la Argentina. Hace tres años pedimos a la Legislatura el alejamiento del monumento al genocida Roca del centro de Buenos Aires y hasta ahora no fuimos recibidos. El Chango Farías Gómez, presidente de la Comisión de Cultura, nos prometió recibirnos en febrero pasado y ya estamos en octubre. Tiempos argentinos. Se nos dice que están todos esperando la asunción de Macri. El ama desbordadamente a Roca, como corresponde. Después de todo el general entregó 41 millones de hectáreas de nuestras mejores pampas a 1300 estancieros encabezados por Martínez de Hoz, bisabuelo directo de nuestro conocido. Nada cambia, todo se mantiene.
Pero hay cosas del pueblo que a uno lo llenan de emoción. Entro a Chos Malal, sí, allí en el Neuquén, y veo que a la calle Roca en la mayoría de los carteles le han adherido un papel impreso con la palabra asesino. La Legislatura de Morón me invitó a exponer los motivos de por qué hay que eliminar al coronel Ramón Falcón de las calles de ese partido. Hablo de la represión bestial del 1º de mayo de 1909 contra los obreros, hablo de la represión contra las mujeres por la huelga de conventillos de 1907... y más y más. Ha comenzado el debate, al parecer. Y luego habrá que responder el porqué nuestra democracia nunca se defendió contra los golpes militares. Y por qué hemos levantado monumentos a Roca por doquier sin preguntarnos si con eso no aceptábamos la premisa que para "progresar" hay que matar. Y endiosar a quienes, como ese militar, pronunciaba la palabra "exterminar" en el Congreso de la Nación para referirse a los que poblaban estas enormes distancias desde sus orígenes.
Treinta y seis monumentos a Roca. Hitler en bronce en Auschwitz. Votá en defensa propia. Estamos ciento por ciento preparados.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-93625-2007-10-27.html

El artista, las matemáticas y el universo*

*Por Julio Pino Miyar. isla_59_1999@yahoo.com

Probablemente fue en el Antiguo Egipto donde surgieron por primera vez las matemáticas, debido al imperativo práctico de tener que levantar catastros con los cuales medir las crecidas del Nilo, tan importante para una sociedad agrícola como aquella que dependía de sus frecuentes aluviones.
Se iniciaron así las ciencias aritméticas y geométricas. Con el desarrollo lógico de los números y
del cálculo espacial se hizo de la noción de medida un fundamento del pensamiento que incluía no sólo a las llamadas ciencias exactas, sino que sería además motivo de la especulación filosófica, de la concepción y constitución del arte, regla incluso del juicio moral y el cálculo económico.
Con el pasar del tiempo el número y la geometría revelaron particularidades propias del todo
insospechadas. La matemática conquistó por sí misma su autonomía no sólo como instrumento de medida, sino como sistema abstracto capaz de generar y demostrar sus propios axiomas y enunciados, los cuales abrían posibilidades inéditas de exposición y desarrollo del número y el análisis espacial.
La primera gran escuela matemática de la antigüedad que se recuerde, estuvo originalmente situada en
Sicilia, una importante isla de la región que históricamente se conoce como la Magna Grecia, al sur
de Italia, a orillas del mar Mediterráneo. Era parte de la expansión cultural de la civilización griega por esa zona donde fueron fundados, antes de nuestra era, lucrativos emporios comerciales.
Pitágoras de Samos fue el gran maestro de los matemáticos griegos el cual creó, con evidentes
propósitos pedagógicos e investigativos, una orden, la de "Los pitagóricos", la cual constituía una forma de vida basada en el rigor disciplinario; es lo que se conoce como el vivir teorético. O sea, la vida de una
colectividad ajustada, siguiendo parámetros de las civilizaciones del Oriente, al común acuerdo a unos
preceptos teóricos y una doctrina.
Los pitagóricos establecieron rígidos rituales diarios (juraban al atardecer por el gran Tetrackis,
intelección aritmética de Dios) adoptaron la alimentación vegetariana (una dieta en la que abundaban las habas) practicaban las comunidad de bienes y de este modo sacralizaron su relación con el número, la geometría, la música y la astronomía. Pues fundamentaron, con su concepción de las matemáticas,
el estudio de los siete planetas visibles, en los que intuyeron una estructura aritmética correlativa a las
siete notas musicales. Ellos afirmaron que mediante un largo entrenamiento, sometidos a la depuración que trae consigo la vida religiosa en comunidad, podían llegar a escuchar la música celeste de las esferas.
El carácter sacro del conocimiento, aportada a la historia del pensamiento occidental por la secta de
Los pitagóricos, presuponía un ideal comunal y religioso que se identificaba con las indagaciones
teóricas, las cuales partían de la siguiente premisa moral: no es posible acceder al verdadero conocimiento del Número si no se tiene en consideración la pureza, puesta a prueba, del estudiante, del investigador.
Es el mismo concepto que primó en la Edad Media en los estudios de alquimia. Partiendo de la importancia del papel que juega la interpretación en una investigación, el verdadero oficiante, a la hora de relacionarse con los compuestos químicos para intentar desentrañar con ello misterios de la materia, tenía que mantener, ante la colectividad de iniciados, una pulcritud ética. Así el más profundo conocimiento nacía de una relación que anteponía incluso los valores de la colectividad (la Fratría más original) a los de la propia búsqueda cognoscitiva.
Pitágoras desarrolló junto a sus discípulos el sistema decimal. Lo que de ser cierto implicaría, para esa
temprana época, la invención del cero. A este sistema de orden y cálculo se le dio contenido práctico en la organización social de Grecia y más tarde de Roma.
Esto determinó el surgimiento de uno de los primeros paradigmas científicos de la historia de la cultura:
el proyecto matemático como noción de unidad y medida del universo. Aunque esa ciencia, para los griegos, no era, en modo alguno, ajena a la especulación filosófica, ni a una forma de estudio revestido casi siempre de un carácter sectario, fraternal y religioso. Los griegos se afanaron a partir de
Pitágoras en hacer de la noción de medida, de las virtudes concomitantes a esta noción, la mesura, la
templanza, la proporción, el equilibrio, la armonía, lo finito, lo determinado, el basamento de la
actividad teórico - práctica de los individuos y de sus comportamientos económicos, sociales, morales
dentro de la ciudad - Estado.
El descubrimiento y desarrollo de la ciencia de los números arrojó como primer resultado filosófico, el
descubrimiento en particular del ente. Es decir, de una realidad preexistente al mundo empírico
perceptible, pero que era la base conceptual de toda la naturaleza. La racionalidad del número conformaría así la racionalidad del mundo, su capacidad como instrumento de medición y cálculo establecería de hecho una fiel correspondencia entre los hallazgos del pensamiento y los eventos naturales.
El número se convertía de esta forma en el Númen escatológico. Un concepto perteneciente al trasmundo, a la supuestamente región pura y perfecta donde habitan las figuras intangibles de los arquetipos, a los que sólo se puede llegar por vía de la intuición (la meditación trascendental) o la reflexión teórica, o, en este caso, mediante la especulación matemática.
Esta concepción alude a la consideración de concederle una forma de realidad a determinados conceptos, frutos de la intelección humana. Y del mismo modo que el número significó el primer hallazgo teórico del ente, el concepto del Ser determinaba el fundamento lógico y lingüístico de todas las cosas que pueblan la naturaleza y el propio trasmundo ideal. De este modo se hablaba de un Ser del ente; de un Ser del Número.
De lo que se trataba era de establecer una analogía entre las nociones trascendentales, como las
matemáticas, descubiertas por la mente, y la realidad.
Es decir, entregarle a la naturaleza, en su conjunto, un a priori conceptual que sería su basamento teórico, siempre y cuando este basamento correspondiera con las instancias lógicas elaboradas por el pensamiento y su inmediata concomitancia con el lenguaje.
El modo de operar del pensamiento sería entonces, según este criterio, el modo de operar del mundo. La
intuición, la intelección del pensamiento, la propia sintaxis del idioma, sus principales vocablos
conceptuales, delatarían estructuras secretas de la naturaleza, formas básicas de su composición. La
aritmética, la geometría expandirían el campo de cosmovisión del hombre sobre las reglas de comportamiento general del universo, fundamentado por el concepto lingüístico del Ser. El número y el Ser establecerían así su inmediata correlatividad en el seno de la lógica y de la gramática del mundo. No se llegaría a ellos mediante la percepción empírica, sino mediante la apercepción intelectual, mediante la
sensibilidad intuitiva.
La percepción del Número por la intelección humana aportó la conciencia del límite, de la forma, de lo
correctamente formado, bien constituido y esencialmente determinado; primer paso para el
desarrollo del pensamiento lógico y conceptual, raíz original del pensamiento científico que tendría su
primer deslinde en el pensar ontológico, la ciencia del Ser.
Así, de esta manera, existe una manifiesta continuidad del pensamiento lógico entre Pitágoras de Samos y Parménides de Elea. Del mismo modo que la Escuela de Eleas fue el preámbulo a la filosofía del Ser de
Platón y de la Metafísica de Aristóteles, pilares ambos de la extensa tradición ontológica y teológica
de la civilización de Occidente.
Sobre la base de estos presupuestos el hombre aprendió a pensar con rigor y a establecer del modo más
conveniente sus definiciones. La ontología, como método intelectual desarrollado en el tiempo, asentó
los presupuestos primados del pensar teórico y posibilitó, a largo plazo, el nacimiento del conocimiento naturalista de tipo científico hasta derivar al saber y la eficacia técnica, como estrategias de dominio sobre la naturaleza. Para ello el número, que anota registros de cantidad, tendencias y magnitudes, se convirtió en el indispensable órgano de legitimidad del nuevo pensar teórico. Pues cualquier teoría para estar completa, modernamente hablando, debe traer consigo la posibilidad de su traducción matemática.
Lo que sucede hoy en día es que en el largo trayecto andado por la ciencia en particular y el pensamiento teórico en general, han sido olvidadas las preocupaciones filosóficas, morales e incluso
cognoscitivas que originalmente hicieron nacer al método matemático en la Antigua Grecia, a la filosofía
del Ser y a los conceptos lógicos en casi su totalidad. Para ejemplificar lo que digo: por medio de
las matemáticas podemos registrar las magnitudes del tiempo, medir con los cronómetros más exactos su
durabilidad. Pero la pregunta que indaga sobre su naturaleza permanece siempre sin responder. Y es la
pregunta del teólogo del siglo V, San Agustín, cito: "Yo no sé lo que es el tiempo, pero mi alma sufre
porque quiere saberlo".
Es muy curioso que para Platón y la notabilísima influencia que el pensador griego dejara en la
posteridad filosófica de los primeros siglos de nuestra era, que alcanza principalmente a Plotino de
Alejandría y a San Agustín, la noción numeral de la unidad tuviera tan fuertes y enigmáticas implicaciones filosóficas. Una concepción que parece extraída originalmente del pensamiento de Parménides, mas carece de fundamentos lógicos.
En el poema de la Verdad, según Parménides, una diosa revela al poeta la verdad del Ser, aquello que es y no puede dejar de ser. Fundamento lógico, por tanto, del pensamiento y del mundo. De un mundo correlativo al pensamiento (dotado de una misma sustancia o naturaleza) y, por ende, penetrado de racionalidad.
El Uno sin embargo, dentro de esta óptica de pensamiento, es otra cosa. Carece de lógica y de
relación causal con el mundo. De él nada se puede decir porque no es inteligible al pensamiento y por
ello carece de atributos. Sin embargo, es la suprema verdad del poeta que lo intuye. El mismo Sócrates,
gran conversador de los diálogos platónicos, parece enmudecer ante su sola presencia.
¿Qué es el Uno?
No podemos decir que es unidad pues estaríamos afirmando algo con respecto a él. Para ser fiel a lo
expuesto por Platón y más tarde por Plotino, de él sólo se puede hablar de una manera negativa, afirmando lo que realmente no es. Es un discurrir que nos enseña a pensar en la negación. Mencionando propiedades de las que carece: no es el Ser, no es forma, no es incluso unidad, no es un ente. Sin embargo, a la hora de mencionarlo, en el fulgor de una intuición, se estableció su concomitancia con la unidad de la que emanan atributos a partir de su contemplación. Es "algo" que el poeta, el místico ha podido ver, que le ha sido por un momento develado y que contiene ecos de la concepción numeral de Pitágoras. Sin embargo, se nos sigue diciendo, es un conocimiento primordial y el Ser no sería sino es gracias al Uno.
El Uno es un ejercicio práctico para poner a prueba nuestra voluntad de intelección, que nos enseña a
pensar sin necesidad de procedimientos lógicos, a pensar más allá de la noción finita del límite. Porque
el Uno es lo infinito, lo indeterminado, lo incognoscible convertido en objeto de conocimiento.
Por ello es que en él fracasa la noción de medida, principio básico del pensamiento griego, para abrirse,
ante la vista del griego, el hondón sin medida, la obscura sima de lo irracional.
De la contemplación de este agujero negro, aparecido de improviso en el apacible tejido de la racionalidad griega, emana un nuevo saber, el pensar dialéctico: La lógica del devenir que opera siempre por negaciones sucesivas. Es como el Tao de los chinos, el pensar en la contradicción que puede hacer de lo incognoscible materia de sabiduría. De su contemplación surgen incluso las intelecciones y la misma racionalidad del mundo, sin ser objeto y sin ser tampoco razón. No es la forma pero de él (en su contemplación) emana la forma, no es idea pero de él emana la idea, no es el Ser pero de él emana el Ser.
Lo único que de él dijo Plotino afirmativamente, tal parece que en el rapto de una de sus visiones, es que
era bello. De él, por tanto, emana directamente la idea de lo bello, del mismo modo que el arte (para
decirlo con palabras de Hegel) es la expresión sensible de una idea que, según Plotino, ha emanado
del Uno. Y es el alma del artista dotado de sensibilidad quien busca expresar en la obra la belleza primordial, como quien expresa no una medida fiel del mundo sino su esencia.
A partir de lo anterior expuesto puede decirse que queda reconstituido para el pensamiento el momento
estético, como el lugar donde es plasmado, de un modo esencial, una sensibilidad, la cual ha emanado del
principio más alto del universo, de donde debe brotar toda posibilidad de intelección y de belleza.
La belleza no es así un sucedáneo de la idea, sino la huella que ha dejado en nuestra alma el incognoscible
Uno que, contradictoriamente, sólo el artista, en su constante devenir y, por medio de su arte efímero,
puede llegar paradójicamente a expresar.
Porque el universo, en su unidad, presupone la noción del cálculo y la medida. Mientras que el poeta, en su aliento, presupone la desmesura y lo incognoscible.
Cuando en el primer libro del Antiguo Testamento, se dice "En el principio dijo Dios, hágase la luz y la
luz se hizo." quien sin dudas estaba hablando era el poeta, testigo de excepción de la supuesta Creación
del universo. Los antiguos griegos, por su parte, a la hora de traducir líneas de los Evangelios, bien
pudieron decir: "En el principio fue el Logos (la razón) y la razón era en Dios y la razón era Dios."
Razón teórica y sensibilidad poética siempre han estado enfrentadas. De los griegos hemos heredado
principalmente una razón; de las civilizaciones del Oriente el aporte de una sensibilidad muy especial: el pensar dialéctico; la obsesión por lo infinito, lo incognoscible, lo indeterminado. El Uno de Parménides
cobra un evidente carácter trasgresor frente a las matemáticas practicadas en Grecia, la vía para
ascender a él no es el cálculo, sino la intuición poética. Por tanto, como la belleza, es el Uno materia
primada de intelección para el artista.
Las matemáticas, como hemos dicho, sólo registran tendencias y magnitudes, nada nos hablan de la
verdadera naturaleza de las cosas. Es como el tiempo para San Agustín, sólo su alma sufre porque "quiere saberlo". Es la poesía que se plantea ese tipo de conocimiento, que sólo es motivo de padecimiento para el alma. Más allá de toda funcionalidad, de toda eficacia, de cualquier estrategia matemática de dominación, es el alma la que ansía superar su ignorancia y aprehender, mediante el ideal de la belleza, una esencia relativa al principio más elevado del mundo.
Hay un momento en el pensamiento en que las matemáticas y los conceptos se vuelven inoperantes y
es cuando con ellos pretendemos explicar la vida. El Uno de los que nos habla es de la dialéctica de un
mundo en constante movimiento y devenir, donde los conceptos fijos y estables (las definiciones, los
axiomas) no sirven a la hora de querer explicar el mundo. Es preferible, para intentar comprender la
vida, dejar hacer a nuestra capacidad de volición interna y sentarnos a escuchar nuestras más
recurrentes intuiciones, a nuestra capacidad analógica para enlazar ideas partiendo siempre de la aceptación de la realidad mutante del universo y del mismo pensamiento. Es la mejor manera de acercase a la "lógica" secreta de la vida, a su constancia movediza y contradictoria en que siempre se nos presenta. O como dejó dicho Antoine de Saint Exupery, el célebre autor de "El pequeño príncipe", cito: "Nosotros que comprendemos la vida podemos muy bien burlarnos de los números".

Sábado, 27 de Octubre de 2007
literatura|"si pienso algo, me cuesta mucho no llevarlo al absurdo"

"Si pienso algo, me cuesta mucho no llevarlo al absurdo"*

El escritor dice que cuando detuvieron al pirómano Li Qin Zhon con una botella de nafta, un arma y una piedra para romper vidrieras "parecía una joda, un sospechoso armadísimo, el chino expiatorio". Por eso fue a las audiencias del juicio, donde terminó ideando un "secuestro light" que sirve para analizar la visión argentina de "lo chino" y poner en tela de juicio la corrección política.

"¿Qué pasaría si el chino me secuestrara y me llevara a vivir al barrio chino?", pensó Magnus en el juicio a Li.

*Por Silvina Friera

Algo había cambiado en el paisaje de Buenos Aires. Cuando Ariel Magnus regresó de Alemania, en 2005, se sorprendió por la cantidad de supermercados chinos que había, más o menos uno cada tres cuadras. Pero lo que más lo asombró fue un episodio policial: el famoso pirómano chino Li, apodado "Fosforito", acusado de incendiar varias mueblerías de la ciudad. El incendio más devastador, quizás el más recordado, ocurrió en agosto de ese año en la esquina de Malabia y Corrientes. Cuando detuvieron a Li -estaba andando en una bicicleta roja por el barrio de Caballito- le encontraron 700 pesos en el bolsillo, una pistola Taurus 380, una caja grande de fósforos, una piedra del tamaño de un puño y una botella de agua mineral con dos litros de nafta. "Parecía una joda, un sospechoso armadísimo, el chino expiatorio", bromea el escritor en la entrevista con Página/12. "Decidí ir al juicio, seguir el tema. Al principio, quería hacer un libro de crónicas sobre chinos en la Argentina. Se lo propuse a un par de editoriales y me lo rechazaron con mucho entusiasmo." La prensa, como no podía ser de otra manera, estaba encantada con el "sátiro de las mueblerías" y lanzó la hipótesis de que el pirómano era un soldado de la mafia china que quemaba locales estratégicos para que luego sus paisanos los pudieran comprar baratos y pusieran sus supermercados. El momento mágico en que dos ideas ajenas entre sí se juntan para crear una tercera, novedosa y extraña para quien la formula, sucedió en el baño del juzgado donde condenaron a Li Qin
Zhon a cuatro años de prisión efectiva. "Qué pasaría si el chino me secuestrara y me llevara a vivir al barrio chino", pensó Magnus. Y esa idea disparatada, absurda, fue el embrión de la novela Un chino en bicicleta (Norma), ganadora del premio La otra orilla.
A quien secuestra Li es al narrador de la novela, al joven Ramiro Valestra, testigo del juicio en que fue condenado el pirómano. Durante ese atípico cautiverio -"bastante decepcionante" para el secuestrado, porque el pirómano no le tapó la cabeza ni lo encerró en un cuarto a oscuras-, en los fondos de una casa en el Bajo de Belgrano, el joven protagonista irá conociendo a un puñado de chinos, Chao y su mujer Fan -los dueños de la casa y del restaurante Todos contentos-, al primer actor chino de Argentina, Lito
Ming -apodo que recibió en el programa Cha cha cha-, a Chen y a Yintai, la mujer que lo inicia en los placeres amorosos y que cambiará por completo la vida de Ramiro. De un prostíbulo chino a un karaoke, y de comer comida china a la cancha de Defensores de Belgrano (donde escuchará la increíble historia
de Sergio García, el arquero del juvenil del '79 que fundó una escuela para chinos en Jáuregui), por mencionar algunas de las escalas del alocado periplo, el joven secuestrado recibirá un baño de inmersión de cultura china. "Al final, lo que pretendía ser un estudio sociológico de los chinos, terminó siendo como un viaje a mi universo de los chinos, y a lo que me parece que los argentinos vemos como lo chino", admite Magnus.
Santiago Gamboa, uno de los miembros del jurado que eligió Un chino en bicicleta entre 230 manuscritos, subrayó el tono divertido, "preciso y conmovedor", de la historia de una amistad "en una Buenos Aires recién fundada para la literatura: la de su comunidad china". César Aira, en cambio, la definió como una "fábula de aprendizaje en la cual proliferan las aventuras, los chinos, y las mil caras de la más feliz de las pasiones argentinas: la amistad". Magnus, que recibió los 30 mil dólares del premio en Colombia, plantea que fue delicado explicar el tema del secuestro.
"Cuando los periodistas me preguntaban de qué se trataba la historia, yo decía que era un 'secuestro light'", cuenta el escritor.
-¿Escribir esta novela fue como estar "secuestrado" por la cultura china?
-Lo viví como un viaje, fue como estar inmerso en lo chino. Lo primero que hice, cuando vi que empezaba a avanzar en la escritura, fue agarrar todo lo chino que tenía en la biblioteca. Hasta me compré un wok y cosas para cocinar, así que me chinicé un poquito (risas). Pero no lo viví como un secuestro sino como un viaje, como una forma de estar en China.
Ramiro dice que "los chinos o nos causan mucha gracia o una tremenda tristeza, en cambio nosotros a ellos creo que les causamos una pareja indiferencia". Magnus señala que esta observación, en boca del narrador, no es el resultado de un profundo estudio sobre la cultura china. "Justo estaba pensando con vergüenza en esa frase, no sé por qué", dice. "Lo primero que despierta lo chino es gracia; por supuesto que también hay gente a la que le despierta asco, pero eso no lo considero", aclara. "Me da la sensación de que es raro ver a un chino solo. Si decís chino, pensás en diez y no en uno.
La gracia que genera lo chino es una reacción a la extrañeza, y la lástima es como la contrapartida."
-¿Por qué cree que también cuando se habla de China como potencia mundial, los chinos causan más miedos que los norteamericanos?
-Generan miedo porque son muchos. A los yanquis estamos acostumbrados desde chiquitos. Estuve en China, y aunque amo su cultura, la pasé muy mal. Me encantan los chinos fuera de China, pero dentro, no. Era increíble; la idea era: "haga patria, cague a un turista, y especialmente si es blanco". Yo trataba de explicarles que era argentino, pero no entraban en razón. Sabía cómo se decía "hola" y "cuánto cuesta" en chino. Un día fui a sacar una fotocopia y pregunté cuánto costaba. Me dijeron cinco, me sacaron la copia y me pidieron diez. Le recordé que me acababa de decir cinco y entonces el chino agarró la página y me señaló cinco, de un lado, y cinco, del otro.
También me acuerdo de subirme a un bus y que cuando a todos le cobraban dos, a mí me pedían veinte por portación de cara. Me decepcionó mucho el comunismo; y son bastante violentos, salvo en la parte musulmana, donde me sentí bárbaro. El miedo que generan es porque son muchos, son muy disciplinados y da la sensación de que se mandan al frente y que son muy sanguinarios. Y además, no nos entendemos, todo es distinto y son personas con las que nos cuesta dialogar.
-Quizás en la Argentina generan miedo por la llamada "mafia china"...
-Sí, la idea es que ellos están todos confabulados, son hermanos y están en contra de nosotros; traté de jugar con ese tipo de prejuicios en la novela.
-En un momento de la novela, Yintai le plantea a Ramiro que la corrección política es una forma de racismo, acaso la peor. ¿Usted qué opina?
-No sé si la corrección política es peor que el racismo, pero puede ser muy dañina. Lo que tiene la corrección política es que no lo parece, la idea es "al fin llegamos a esto que es la verdad". La corrección política extremada no te deja pensar ni decir nada. Es mucho más peligrosa porque no te da
válvulas de escape, y en ese sentido estaría de acuerdo con Yintai en plantear que el escape es el racismo. Me doy cuenta de que, cada vez más, la corrección política me saca de quicio.
-¿Sería como esconder los pensamientos que avergüenzan debajo de la alfombra?
-Sí. Vos ves un chino y es un chino y no podés decir "somos todos iguales, no tengo ningún preconcepto". Estás mintiendo, porque más allá de que te parezca lindo o feo, es evidente que es chino por los ojos. Si sobre esas cuestiones planteás una política, sos un racista y merecés ir a la cárcel.
Ahora, si vos reprimís todo esto, creás una violencia interna que en algún momento va a estallar. Cuando Yintai acusa a Ramiro por su corrección política, en realidad creo que es una acusación a mí mismo. En el mundo real quedé muy indignado con el juicio a Li y todo lo que hicieron. La policía era el punto clave de la investigación. Si le puso a Li el arma y la gasolina, son unos hijos de puta, pero si se cree en la policía, la justicia argentina se portó bastante bien... Por supuesto que si hubiera sido de otra nacionalidad, quizá por portar un arma no lo metían preso.
-Un personaje dice que en China lo hubieran matado...
-Eso me lo dijo un chino en el juicio y yo estaba indignadísimo, pero me quedé pensando si no había caído en la trampa de la corrección. El punto clave es por qué lo metieron en el manicomio y le dieron las pastillas. La cuestión pasa por si creés o no en las autoridades argentinas... y confieso que tiendo a no creer. Si creés, al tipo le dio un ataque, lo metieron en el Borda, lo juzgaron e hicieron todo bien.
-En un momento, Ramiro plantea que la imaginación es la mejor arma que tienen los hombres; que se puede programar absolutamente todo menos ese momento mágico en que dos ideas ajenas entre sí se juntan para crear una tercera, novedosa y extraña para quien la formula. ¿Es lo que le pasa cuando
se le ocurre la idea de una novela?
-Sí, el momento en que se te ocurre una idea lo vivís como algo mágico; tiene algo de azaroso y de improvisación. Ese momento mágico es el que busco cada vez que me siento a escribir, y si una mañana no tuve ese momento, me levanto mal. Mientras Li estaba en la cárcel, yo estaba escribiendo una posibilidad de su vida. Mi fantasía era incrustar un pedazo de ficción en la realidad. No es que lo pienso antes: "Quiero escribir una novela donde la ficción se meta en la realidad". Poner la realidad y la ficción al mismo nivel es el truquito al que apelo.
-¿Y qué busca al extremar el absurdo?
-Extremar el absurdo es pensar las cosas a fondo, pensarlas mal, que es probablemente como me gusta pensar muchas cosas, es como si las llevaras a su última consecuencia. A mí me cuesta mucho, si pienso algo, no llevarlo inmediatamente al absurdo. Me siento cómodo en ese lugar. Como creo que la literatura es un acto de libertad, tiendo a inclinarme hacia el vicio del absurdo, claro que con ciertos límites estéticos.

La ficha

Ariel Magnus nació en Buenos Aires en 1975; entre 1999 y 2005 vivió en Alemania, donde estudió literatura española y filosofía, becado por la Friedrich Ebert Stiftung, al tiempo que trabajaba en la cátedra de Literatura Hispánica de la Universidad Humboldt de Berlín. Escribió artículos para diversos medios de la Argentina y Latinoamérica, entre otros la revista Soho y Gatopardo, los suplementos Radar de Página/12, y El ángel de La Reforma (México); la revista La mujer de mi vida y el diario Taz de
Alemania. Publicó su primera novela Sandra (2005) y la crónica La abuela (2006). Actualmente está traduciendo del alemán Conquista de lo inútil, el diario de filmación de Fitzcarraldo, de Werner Herzog, y está escribiendo una novela sobre la peregrinación a Luján.

Textual

Por gordito, pecoso y narigón Li se había jugado a que yo era judío, verme luego el prepucio lo había deprimido profundamente, en general lo deprimía no poder distinguir a los moishes, porque en realidad ni el pito cortado en los hombres ni las caderas anchas en las mujeres ni la nariz aguileña en ambos servían de guías fiables, se quejó, a veces ni siquiera el apellido podía usarse de prueba, era como luchar contra un ejército invisible, y él con sus ojos como almejas, el mundo era injusto. La amargura había sido tan
grande que pensó en abortar su misión, si no lo hizo fue porque ya se había comprometido con la policía, le habían posibilitado la fuga del juzgado y habían dado la orden de no difundir mi foto ni buscarme así que ahora él no podía echarse atrás, o les solucionaba el caso de los incendios o debía volver a la cárcel.

*Fragmento de Un chino en bicicleta (Norma).

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-8091-2007-10-27.html

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