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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

02/11/2007 GMT 1

TODO VERDE Y UN ÁRBOL LILA...

urbanopowell @ 12:56

TODO VERDE Y UN ÁRBOL LILA...

"¿Dónde está Laika?"*

*Por Osvaldo Pepe opepe@clarin.com

No tenía ni la menor idea. En mi primera infancia, a un paso de cruzar la frontera de los 5 años, no podía saber que mi ansiedad se asociaba con el delicado equilibrio de poder de la Guerra Fría. Recuerdo que en las cálidas noches de aquella primavera, junto a mi madre explorábamos el cielo, y que yo le pedía que me dijera dónde estaba Laika: aquel fue el primer rayo de curiosidad que atravesó la infancia de toda una generación.
Laika era la perrita que los soviéticos habían lanzado al espacio en un satélite el 3 de noviembre de 1957: fue el segundo paso que daban en la carrera espacial para discutirle la hegemonía tecnológica a un EE.UU. perplejo. Un mes antes de que Laika, cuyo nombre en ruso era "pequeño ladrador", se transformara en el primer ser vivo en desafiar las leyes de la ingravidez, los soviéticos habían dado comienzo a la carrera espacial con el lanzamiento del Sputnik I. Desafiantes, habían anunciado que Laika regresaría a la Tierra viva y en paracaídas. La verdad, callada entonces, fue que murió a las pocas horas.
En aquella barriada mansa, en la periferia de Villa Devoto, buscábamos en el cielo una huella, un rastro de certeza, rodeados de tanos y gallegos inmigrantes que tomaban "la fresca" en la vereda de sus casas con las sillas puestas "al revés", toscanos de olores definitivos en los labios y pantallas en las manos para aliviar los sofocones del verano insinuante. De noche urgía a mi madre, y ella me mentía. O no: "Allá, allá, ¿ves?", señalaba una imprecisa estrella lejana, que tintineaba su rutina de siglos.
Por años, como un relámpago de la memoria, recordé una tapa de Clarín con la foto de Laika antes del despegue: creí haberle visto una cara de pánico y una indefensión casi humanas. De grande sospeché que todo había sido un atajo de la fantasía, un gesto impostor de la imaginación temprana. Hasta que por reflejo de este aniversario acudí al archivo. Y allí estaba la tapa que tanto recordaba. El 5 de noviembre de 1957, con esa foto, tal cual, Clarín anunciaba: "Fuera de este mundo, sigue con vida la perrita del satélite". Hace décadas que ya no busco a Laika. Pero en las noches cálidas de primavera aún conservo ese hábito indisputado de mirar al cielo.

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/11/02/opinion/o-02902.htm

Roger Vadim*

Hace un año que no la llaman de ningún canal. Llama ella a algún ejecutivo, la citan, intima, pero no la incluyen en programas. No entiendo lo que pasa. Ahora estudia canto. Algunas empezaron como ella y llegaron a ser figuras. O impactaron con un aviso filmado. Intervino en varios, pero no resultaron un boom. Y en dos largometrajes. En el dramático, la desnudaban varias mujeres presidiarias y la gozaban. En el otro, se desvestía con crispante morosidad en la pieza de un albergue suntuoso mientras un actor de reparto, ridículo, la esperaba en la cama cubierto con una toallita. Además posó para la tapa de un long play y para fotonovelas. No es estúpida. “Sé que la mayoría se queda en el camino”, me dijo. Pero no encuentra en sí las fuerzas suficientes para torcer el rumbo. Tendría que partir de cero. De otro modo . Tal vez, el canto.
Entró al mundo artístico a los diecisiete años y por la puerta grande de la televisión. Su madre había logrado un contacto con el productor del show de Toto Alcalá, y allí, con su autorización y complacencia lució su primer bikini con lentejuelas. Al insinuársele Toto, ella le deslizaba con ingenuidad: “Me dejaron solita y usted no me inspira confianza”. Se hizo notar y en Radiolandia y en Antena le adjudicaron romances con un tenista, un locutor de radio Belgrano, un jugador de fútbol, el hijo del propietario de un boliche de moda, y el más promocionado, con un cómico en pleno candelero. Hizo carrera (carrerita) sin esfuerzo. Supo imponerse. Tiene las formas y da el tipo que excita. Su estilo contorneado gusta siempre y a todos. No es tan tosca como otras chicas del ambiente. Incluso diría que no le falta sensibilidad. Conserva cierta frescura porque no ha renunciado a su familia. Y la estimulan. Es en el estudio del canto donde en la actualidad deposita sus ilusiones de perdurar, de trascender. Quisiera dedicarse profesionalmente a interpretar temas melódicos. Sueña con su propio ciclo. Posee mejores cualidades que muchas. Debe animarse a largar la voz, de por sí, entonada.
En algo estuvo en el último año. No sé con exactitud cómo es que accedió. En su casa mentía que eran comerciales para Venezuela. Pero eran fotos. Para almanaques. Fotos semi-pornográficas con maquillajes estrambóticos. Le costó desinhibirse hasta tal punto delante de la cámara y de todo un pequeño equipo, pero era buen cachet y le aseguraron que no se distribuirían en la Argentina. Le sirvió para sentirse activa y requerida mientras aguardaba una oportunidad como la gente.
Procura engrosar su vocabulario, no pronunciar palabras groseras o inadecuadas y refinar modales. “Pretendo que me respeten”, dice. La comprendo: una cosa es el espectáculo y otra muy distinta la cotidianeidad. Por eso es que estudia canto. “Me pulo”, dice. Bah, aprende. Si aparecieran bolos como actriz para tiras o una propuesta como secretaria de algún conductor de programas de entretenimientos, lo aceptaría. Más adelante, ya verá. Depende de ella. Y de la suerte, de las circunstancias. Le adelantaron sotto voce que tratarían de ubicarla para protagonizar un filme de “sexo explícito”. Y que también se distribuiría fuera de nuestro país. Me da la impresión de que rechazaría la cosa. “No quiero encasillarme”, me dijo. Por mi parte, además de las clases, le ofrecí un apoyo más comprometido. Ayudarla a crecer. Lo está pensando. No sería la primera que se afianza en base a mi experiencia, conexiones e iniciativas. Y ella lo sabe. Siempre tuve buen ojo: clínico. Desplegaría su potencial. Me necesita. Y me conmueve lo bastante. Sé donde hay . Para mí, vivificante desafío. Pudiera constituirme en su Roger Vadim. Sería delicioso y apasionante. ¿Cuán maleable, plástica en mis manos, con mi perspicacia? Que lo piense … , que lo piense. Y le ofreceré aún más. Le ofreceré venirse a vivir conmigo: una relación estable. Para su familia, demás está puntualizarlo, inequívocamente, sólo seríamos amigas.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Viernes, 02 de Noviembre de 2007
UNA CHARLA DE TONY NEGRI EN LA UNIVERSIDAD DE SAN MARTIN

Hacia el "extremismo de centro"*

El italiano Tony Negri está en la Argentina invitado por la Universidad de San Martín. El extremismo de centro, explica, es una tendencia política que tiende a instalarse en el mundo reemplazando la antinomia derecha-izquierda.
El desafío de la relación entre Gobierno y movimientos sociales.

Tony Negri, autor de Imperio, Multitud y Europa y el Imperio, ayer en la Universidad de San Martín.
Imagen: Sandra Cartasso

*Por Facundo García

El italiano que camina hacia el escenario mientras se enreda poniéndose un pulóver se llama Tony Negri. Es uno de los analistas más controvertidos de la izquierda, al punto de que Imperio, la célebre obra que escribió junto a Michael Hardt, sigue erizando las barbas de más de un marxista. Tal vez por eso el auditorio colmado de la Universidad Nacional de San Martín lo espera en vilo, sabiendo que sus diagnósticos llegarán con dosis apabullantes de riesgo teórico y erudición. El público no se equivoca: durante las dos horas que siguen, el filósofo disertará sobre el sentido que para él debería tener
la política, en lo que presenta como una nueva etapa que hará que la palabra "posmodernismo" empiece a sonar a viejo. Negri despliega una cartografía provocadora del mundo contemporáneo y deja en claro más de una vez que Latinoamérica se le presenta como una de las regiones más interesantes para
vislumbrar lo que se viene.
La reunión forma parte del ciclo "Biopolíticas después de Foucault" y arranca con pocos preámbulos. "La actual fase, que empezó con la caída del imperio ruso y que muchos llamaron posmodernismo, ha terminado", sentencia Negri. "El clima de incertidumbre sobre el que Estados Unidos intentó dar un
golpe de Estado global terminó en fracaso para los norteamericanos.
Asistimos ahora a una nueva vuelta de tuerca." La prueba más evidente de esta derrota sería el estancamiento en Irak, seguida según Negri por la aparición de un multilateralismo continental. "A partir de esta alteración, el derecho y las relaciones internacionales se reconfiguran de a poco y el
mercado logra mantenerse en su lugar preponderante."
Negri está convencido de que Bush y sus secuaces están en problemas. Pero no sólo ellos. En la volteada, la reorganización de las redes mundiales de poder se estaría llevando a las democracias parlamentarias y a los Estados.
"Figuras de impotencia se acumulan, al punto de que en la mayoría de los países reina lo que Etienne Balibar ha llamado 'extremismo de centro'; una tendencia que reemplaza la antinomia entre derecha e izquierda por una especie de deriva continua", señala. ¿Qué hacer? Negri subraya como posible paso inicial el esfuerzo por entender el funcionamiento de las viejas estructuras en esta fase crítica. "El problema es que la ley, tal como la conocimos en la modernidad, ya no funciona. Es decir, los mecanismos del Estado no pueden garantizar el gobierno de lo concreto."
Es irónico saber que el hombre que habla de esta "impotencia" estatal tuvo que vivir en cárceles de su país entre los años 1979 y 1983, encerrado a causa de su militancia en la agrupación Autonomía Obrera. Sólo pudo salir cuando fue elegido diputado. Para él, los analistas de centro y de derecha que se pusieron de moda mientras él estudiaba entre rejas siguen obsesionados por encontrar medios administrativos, financieros y sociales que permitan reproducir la dominación. "Aunque van a encontrarse con grandes inconvenientes, porque intentan contener un cuerpo social que se presenta cada vez más dinámico", asegura.
El autor de Europa y el Imperio (2005) y Multitud (2005) se entusiasma al referirse a algunas experiencias de Bolivia y Venezuela. "Lo llamativo -destaca- es que, en la historia del derecho, el poder de imponer normas a las sociedades había sido definido como un poder que ordenaba al costo de no entrar en el sistema controlado. La nueva situación plantea algo así como 'fuentes internas del derecho'." La aparición de grupos que se regulan a sí mismos e incluso las propuestas de "constituciones sin Estado" pondrían en el tapete un asunto que cada vez despierta más debates: la posible relación entre movimientos populares y gobierno.
Para el filósofo nacido en Padua hace setenta y cuatro años hay también otros ejes. "Hoy la producción es cada vez más social, más vinculada con lo inmaterial y lo cognitivo -prosigue-; por eso es que el nuevo sistema necesita formas de dominio que le permitan crear individuos a la medida de sus necesidades." La fiebre por comprar la última novedad tecnológica o las crisis existenciales de quienes deciden llegar a gerentes a pesar de la gastritis tendrían raíces políticas. El poder del Imperio -no localizado, no
centralizado y extendido en forma de red- se dedica cada vez más a diseñar formas de vida que le garanticen su supervivencia. "Nos encontramos -enfatiza Negri- ante una red biopolítica caracterizada por la construcción permanente de subjetividades y, a través de ellas, de procesos de producción y valorización."
Ante este sistema que penetra hasta los mecanismos con los que se generan las costumbres, la propuesta es pensar la acción política desde una atalaya poco utilizada. "El poder no es lo mismo para todos. El que lo tiene y el que lo combate lo ven como cosas distintas. De hecho, quien lucha contra lo impuesto está tratando de colocar en su lugar otra cosa, no homologable", grafica el analista.
De esta manera, uno de los caminos de reconstrucción del campo popular sería la recuperación de lo "común", entendido como aquello que pertenece a un grupo de personas y no al Estado. Lo compartido es lo que permitiría generar un poder constituyente en una región donde la acción estatal ha estado asociada con la violencia. "Precisamos narraciones que nos ayuden a entender la contemporaneidad y a diseñar estrategias. No hay nada de anárquico en eso. Sentimos necesidad de organizarnos y tendremos que construir ese orden a partir de lo 'común'", se entusiasma, cerca del final.
"Maquiavelo -remata- decía que para tener el poder hacía falta dinero y armas. Yo modificaría un poco la frase y diría que lo que le hace falta al pueblo es la posibilidad de formar instituciones. Entonces demos al pueblo esas armas que precisa para construir sus instituciones."

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-93985-2007-11-02.html

Viernes, 02 de Noviembre de 2007
teatro|juan carlos gene habla de su puesta de "todo verde y un arbol lila" en el cervantes

"Es un cuento que carecemos de raíces"*

Para escribir su obra, el director se basó en la correspondencia entre Lotte Laser y su hermano Rudi, emigrado a la Argentina desde una Alemania donde todo se ensombrece. Ante el repaso de las innumerables dificultades sufridas por el Teatro Nacional Cervantes, Gené dice con orgullo que "pusimos mucho amor".

Las cartas en que se basó Gené fueron recatadas por Daniela Catz, nieta de Rudi y actriz del elenco.
Imagen: Ana D'angelo

*Por Hilda Cabrera

Recobrar al antepasado que quedó lejos, quitarse el miedo a saber, experimentar el naufragio. De esto y mucho más trata Todo verde y un árbol lila, obra que se estrena en el Teatro Nacional Cervantes, finalmente en actividad desde hace pocas semanas, luego de meses de conflictos entre gremios y autoridades del sector. El título parece extraído de una reflexión de Goethe volcada en El tratado de los colores. El escritor había observado que la luz natural que atravesaba el verde de un follaje refractaba tonos violetas y lilas. Pero esto es sólo una suposición, pues, como aclara Juan Carlos Gené
-autor de esta pieza, director y aquí también intérprete de sí mismo- la frase pertenece a Lotte Laser, autora de las cartas que inspiraron esta puesta. Lotte dice tomar sol y descubrir un árbol lila desde
el balcón de una casa ocupada por demasiadas familias. Se entiende eso de la sobreabundancia de familias, pues las cartas provienen de una Alemania donde "las cosas empeoran". El destinatario de las misivas es Rudi, el hermano que logró emigrar a la Argentina. Gené cuenta que esta historia fue aportada por Daniela Catz, nieta de Rudi y actriz del elenco que interpreta Todo verde.... Ella hizo traducir las sesenta cartas que descubrió en una vieja maleta guardada por su familia.
Los temas de la emigración por razones forzosas, de la discriminación y la lucha por ganarse un lugar en el mundo, así como la responsabilidad social de los distintos países en tiempos de conmoción, surgen de modo singular en esta pieza, perturbadora, en principio por su contenido. Una de las escenas iniciales grafica el desgarramiento del adiós con sencilla e inusual poesía:
"¿Su temblor se debe al frío? (se está refiriendo a Rudi) ¿O a ese muelle yéndose hacia atrás y llevándose su ciudad, como si hiciera retroceder a un gran elefante? Y con la ciudad se va su casa. Oculto en el alivio de la partida hay un terror vergonzante que se esconde, conjeturamos, en risas y
chistes; hay que hablar, hay que decir, todavía hay quien nos entienda. Es la despedida de la lengua, el comienzo de la muerte del idioma". Todo verde... es una de esas obras que comprometen. De ahí la paciencia del elenco ante los problemas que durante meses impidieron mostrar este trabajo al público. "Pusimos mucho amor", dice Gené, quien supo de esta historia del abuelo y de la tía abuela de Daniela, cuando la actriz asistió a uno de sus talleres. "Ella me habló de la existencia de estas cartas. Pero todo quedó ahí hasta que un día de 2005 le pregunté si tenía las traducciones. Entonces me ocupé de la dramaturgia. El trabajo que mostramos en el Cervantes es el resultado de la novena versión", apunta.
-¿Por qué tantas versiones? ¿Cuál era la dificultad?
-Comprobé que no se puede hablar del horror: los que se salvaron de los campos de concentración tuvieron grandes dificultades para comunicar su tragedia, y los descendientes para enterarse de lo que realmente pasó.
-¿Por qué presenta la obra desde el autor Gené?
-Necesitaba un marco de realidad. De lo contrario, cómo sabe el público que esto no es ficción, porque las cartas son originales. Quería que se supiera también cómo funcionaba esa burocracia que facilitaba la coima. Era la época del presidente Agustín Justo, del ministro José Luis Cantilo y el Barón Hirsch. Se decía que el cupo de inmigrantes de Alemania estaba cerrado. Se negaba la visa a quienes se consideraba que abandonaban su país por indeseables o expulsados.
-¿Cuánto lo afecta el tema de la emigración?
-Era niño cuando estalló la Guerra Civil en España y la Segunda Guerra Mundial. Mi bisabuelo paterno era catalán, y la guerra española se vivía como una tragedia cercana. Recuerdo además como una fecha decisiva en mi vida el día que se tiró la bomba en Hiroshima. Un profesor de Física nos explicó qué era, y cuál su poder. En esa etapa se fue armando mi escala de valores, la que creo haber observado hasta ahora. De modo que todo esto me apasiona. Claro que a mí no me pasó eso de extrañar la lengua, porque me fui a países de habla hispana, pero, como todos, no emigré por razones bonitas.
-¿Asocia aspectos de esta obra con experiencias propias?
-Los que somos hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes relacionamos algunos hechos. Yo los asocio con mi exilio, en condiciones mucho menos duras, por supuesto.
-¿Nunca antes abandonó la Argentina?
-No, siempre me resistí a dejar el país. No viajaba ni como turista; sólo por cuestiones de trabajo. Es manía, no sé, pero necesito la protección que da la tierra de uno.
-Pero en Venezuela vivió años...
-Estuve diecisiete años afuera. En 1977 me fui a Colombia, porque allí estaba David Stivel, que tuvo que exiliarse por las amenazas de muerte de la Triple A. Me quedé un año en su departamento: él no quería quedarse solo.
Después partí a Venezuela con una historia mía sentimental. Aquellas estadías y esta puesta me trajeron recuerdos. Mi bisabuelo catalán llegó a la Argentina en 1870, y mi abuelo nació aquí, en 1873. Había pasado ya la epidemia de la fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires en 1871. La leyenda familiar cuenta que en la Vieja Recova de Plaza de Mayo -que estaba en lo que es hoy la calle Defensa- este abuelo puso un negocio de remendón. Pude encontrar también datos de mi abuelo materno italiano en el Hotel de Inmigrantes. El llegó en 1888.
-¿Qué buscaban aquí?
-Sobrevivir. En la Europa de mediados de siglo XIX la gente se moría de hambre, y la Argentina aparecía como un país generoso. Otra leyenda, porque no se divulgan datos sobre los inmigrantes que regresaron a sus pueblos.
-Ese fracaso está en Stéfano, de Armando Discépolo, que usted subrayó en la puesta que estrenó hace unos años en el Cervantes.
-Es que desde la teoría de Juan Bautista Alberdi de que "gobernar es poblar", pasando por la Ley 817, de Avellaneda, todo parece bueno. Sin embargo, no se han creado políticas inmigratorias contenedoras. El emigrado se las arreglaba como podía y, generalmente, en la zona sur de Buenos Aires, justamente donde vivo.
-¿Por eso no se muda?
-No; caí por casualidad. Y es también una casualidad que viva a dos cuadras de la casa en que nació mi padre, y que aún no fue demolida. A la Argentina volví definitivamente en 1993. Antes vine con el Grupo Actoral 80, que fundé en Venezuela, y a dirigir y actuar. Es extraño también que David Stivel, cuando regresó por un tiempo para dirigir en Canal 7, programara una miniserie cuyo título era Los gringos. Otra historia sobre emigrados.
-Y una obsesión.
-Es que el fenómeno inmigratorio y el mito del gaucho Martín Fierro son el fundamento de lo nacional, un sentimiento que tenemos, porque yo no adhiero a ese cuento de que carecemos de raíces y descendemos de los barcos.
-¿Un cuento que pretende negar que hubo matanza de indígenas, por ejemplo?
-Y de negros y de pobres en general, porque los negros fueron carne de cañón en las Guerras de la Independencia. El libro de historia de José Astolfi tenía algo curioso: decía que en Argentina los negros se habían extinguido por una epidemia de viruela. En Uruguay también hubo viruela, y no murieron todos. La actriz brasileña Angela Correa, mujer de Pino Solanas, está escribiendo un ensayo sobre los negros en la Argentina, y ha tenido grandes dificultades para obtener información, porque los descendientes de negro odian ser negros. No se asumen como tales. Hace muchos años, para la época de los carnavales, los negros se reunían en el Salón Suizo de la calle Rodríguez Peña. Allí armaban sus bailes, y era una curiosidad, porque habían quedado muy pocos.
-¿Su resistencia a dejar el país se relacionaba con su compromiso político y su militancia sindical, por ejemplo en la Asociación Argentina de Actores?
-La primera vez que integré una lista fue en 1961. Fui secretario general, y después presidente hasta 1973. Esa primera lista no ganó. Nos fue mejor dos años más tarde. Ahí empezamos a ganar. El líder de ese movimiento fue Carlos Carella, un maestro en la tarea sindical. Yo no creo haber sido un buen
alumno. Aparte de su entrega fenomenal, Carella tenía una gran habilidad política, que la aplicaba tanto hacia la base del gremio como hacia arriba.
Sus relaciones con la CGT y el gobierno eran increíbles, sobre todo porque atravesábamos épocas muy difíciles, como la de Onganía. El Negro Carella llegó a ser subdirector de Radiodifusión en la época de Cámpora.
-¿Fue cuando usted dirigió Canal 7?
-Por cincuenta días nada más.
-Estuvo también entre los invitados al charter que trajo a Perón de regreso a la Argentina. ¿Quién lo convocó?
-Eso fue un cajón de sastre. Cámpora invitó, y el que me contactó fue Pedro Maratea. No iba a decir que no, era un honor. Había cierto temor por lo que podría pasar después de tantos años de proscripción, pero al mismo tiempo teníamos la sensación de que no ocurriría nada demasiado grave. No podíamos
imaginar lo que sucedió después. Cuando desembarcamos, un grupo se llevó a Perón y nosotros quedamos ahí sin saber muy bien qué hacer.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-8150-2007-11-02.html

LA FICHA

No hay disciplina del teatro que Juan Carlos Gené desconozca: actúa, dirige, escribe (sobre el papel y el escenario), pone luces, teoriza y dirige talleres de actuación. En ocasiones ha cumplido tres funciones en una misma obra: El sueño y la vigilia, de 1992. Allí actuando junto a la actriz chilena Verónica Oddó. Su primer texto destacado fue El herrero y el diablo, de 1955. Y hubo más: El inglés (1974); Ritorno a Corallina; Ulf; Memorial del cordero asesinado (1990), y otros títulos como actor o actor y director
(Copenhague, dirigido por Carlos Gandolfo; y Memorias bajo la mesa, con Pepe Soriano). La lista es numerosa, menor en cine y televisión, con títulos como Los hijos de Fierro; Tute cabrero; Golpes a mi puerta (de 1985), y ciclos famosos, como el antológico Cosa juzgada, junto a Bárbara Mujica, Emilio
Alfaro, Marilina Ross y otros. Lo dirigió David Stivel. Se trataba de hacer ficción sobre hechos reales, seleccionados en su mayoría por la escritora Martha Mercader. Gené ocupó los cargos de secretario general y de presidente en la Asociación Argentina de Actores, fue director artístico de Canal 7
durante el gobierno de Héctor Cámpora y director general y artístico del Teatro San Martín. Actualmente preside el Celcit de Argentina y se desempeña como docente en esta entidad y en instituciones latinoamericanas. Fue uno de los elegidos para ocupar un lugar en el charter que trajo al general Perón en su primer regreso a la Argentina, el 17 de noviembre de 1972, después de una proscripción de diecisiete años. Compartió ese vuelo de regreso (de Roma a Buenos Aires) con Hugo del Carril, Leonardo Favio, José Sanfilippo, Marilina Ross, Chunchuna Villafañe, Jorge Taiana, Antonio Cafiero, Raúl Lastiri, Isabel Perón, López Rega y, entre otros, con el padre Carlos Mugica, asesinado con disparos de ametralladora en 1974 por una de las bandas de López Rega.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-8150-2007-11-02.html

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