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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

11/11/2007 GMT 1

NARRATIVAS ARGENTINAS

urbanopowell @ 14:21

L a p a c h o*

Rosa en lo alto,
Rosa en el suelo,
La copa del lapacho
Se ha derrumbado
Sembrando temblores
Por la vereda.
Luz de un abismo que anuncia
Que la vida es un suspiro,
Sólo un momento de destellos.
Un momento de gloria
Entre la luz y la oscuridad.

*de Guadalupe Rugna guadarugna@yahoo.com.ar
-Enviado para compartir por Horacio Rossi. terrazio@ciudad.com.ar

Narrativas Argentinas...

Sábado, 10 de Noviembre de 2007
Características argentinas*

*Por Osvaldo Bayer

De "aquí tenés el sobre" ahora hemos pasado al "ojo, que te pueden pontaquartar", sinónimo de "te pueden 'buchonear'" después de que el negocio esté listo. El léxico muy argentino en torno de la "coimisión" ha ganado otro vocablo. Ahora existe la advertencia redonda. Sí, en estos días, el
juicio al ex presidente De la Rúa, mandatario catapultado en helicóptero nuevamente al llano, nos hace recordar a que en todo tiempo argentino se practicó aquello de la "coimisión". Desde los tiempos de Roca, con el nuevo verbo "atalivar", pasando por la década infame de las tierras de El Palomar,
después a enfermeros que se convirtieron en multimillonarios, y las épocas de la pizza con champán y ahora lo de la complicación del pontaquartismo.
Estas tierras ubérrimas dan para todo, pero no para todos. Pero no vamos a hablar ahora del nivel de pobreza y de la desnutrición de niños argentinos.
El punto más estridente de la historia de las coimisiones argentinas fue sin duda alguna la venta de las tierras de El Palomar, que manchan tanto al poder militar como al mundo político de la Década Infame. La cosa fue simple. Dos empresarios compraron para el ejército 222 hectáreas de El Palomar, a 0,65 centavos el metro cuadrado, y en la misma acción se la vendieron al Estado a 1,10 peso. En ese negociado estaban involucrados legisladores de la Comisión de Defensa del Congreso y el mismo ministro de
Guerra, general Márquez, que pasó a llamarse para la picardía popular como "general Palomárquez". Pero la estafa quedó en descubierto y terminó con el suicidio del legislador radical Guillot y la prisión de otros implicados. El escándalo provocó la renuncia del propio presidente de la Nación, doctor
Ortiz, la que finalmente no fue aceptada.
La llamada Década Infame dejó tras de sí el "affaire" de la Chade, el de los colectivos, el de la lotería nacional llamado "de los niños cantores", donde a los menores que sacaban las bolillas premiadas les hacían leer otras cifras.
La doble moral fue invadiendo todos los sectores y llegó también al fútbol, con varios casos de soborno, "coimisiones" en la compraventa de jugadores, y, en la vida diaria, aquello de "conversar" las multas y "ponerse". Pero digamos que fue la picardía de Sarmiento la que dejó al descubierto este método argentino de resolver los problemas. Fue cuando desde sus páginas de El Censor empleó por primera vez el verbo "atalivar". Decía el sanjuanino que el presidente Julio Argentino Roca "hace los negocios y su
hermano 'ataliva'". Y ahí ponía punto. Hasta que los lectores adivinaron de por sí lo que quería decir. Sí, Roca, el presidente tenía un hermano llamado Ataliva Roca. Y "atalivar" era usado por Sarmiento como verbo para significar que cobraba la coimisión. Pero de allí, Sarmiento pasa a la acusación directa en el artículo del periódico El Censor, del 18 de diciembre de 1885. Dice sin pelos en la lengua acerca del gran negociado de las tierras del "desierto" conquistadas por Roca: "El general Roca, educado en el Colegio del Uruguay, no ha traído a su gobierno otra idea sobre el reparto de la tierra pública que en la práctica en aquellos tiempos (de Urquiza) -la voluntad sin límites de aquel que ejerce el poder- adoptándolo como sistema". Y luego Sarmiento se ríe de la llamada "conquista del desierto de Roca diciendo que sólo fue un paseo en carruaje". Dice textual: "El pensamiento de un paseo en carruaje a través de La Pampa cuando no había en ella un solo indio fue un pretexto para levantar un empréstito enajenando la tierra fiscal a razón de 400 nacionales la legua, en cuya operación la Nación ha perdido 250 millones de pesos oro, ganados por los Atalivas, Goyos y otras estrellas del cielo del presidente Roca. Pero si se puede explicar, aun cuando no se justifique, esta medida antieconómica y ruinosa para el
Estado, por la famosa Expedición al Desierto, después de que ésta se realizó sin batallas ni pérdidas de ningún género para el gobierno, no hay razón, no hay motivo alguno para que tal empréstito continúe hoy abierto... para los amigos del general Roca, máxime cuando la suscripción se cerró hace ya mucho tiempo. Es necesario llamar a cuentas al presidente y a sus cómplices en estos fraudes inauditos. ¿En virtud de qué ley, el general Roca, clandestinamente, sigue enajenando la tierra pública a razón de 400 nacionales la legua que vale 3000? El presidente Roca, haciendo caso omiso de la ley, cada tantos días remite por camadas a las oficinas del Crédito Público órdenes directas, sin expedientes, ni tramitaciones 'inútiles'
(sistema Urquiza), para que suscriba a los agraciados, que son siempre los mismos, centenares de leguas. Allí están los libros del Crédito Público que cantan y en alta voz para todo el que quiera hacer la denuncia al fiscal...
Al paso que vamos, dentro de poco no nos quedará un palmo de tierra en condiciones de dar al inmigrante y nos vemos obligados a expropiar lo que necesitamos, por el doble de su valor, a los Atalivas".
Así se repartió la tierra de las enormes pampas sureñas. Al presidente de la Sociedad Rural de aquellos tiempos se le entregaron dos millones y medio de hectáreas. Un apellido -Martínez de Hoz, nada menos- conocido en todas las épocas argentinas. El bisnieto, en 1976 estará sentado al lado del dictador
Videla, en la Casa Rosada. Todo en carroza. Aunque en el billete de cien pesos nos muestren al general Roca, a caballo, para hacerlo más marcial y heroico.
El investigador René Orsi, en su libro Alem y Roca señala que "Julio A. Roca integraba una sociedad de hecho con su hermano mayor, Ataliva, a quien endilgaban el neologismo de 'atalivar' y era 'il padrone' mientras que Julio Argentino oficiaba como 'gerente de la casa de comercio'". Y añade: "Ataliva
Roca, habiendo iniciado su vida carente de bienes como sus hermanos, al morir dejó una cuantiosa fortuna compuesta por importantes fracciones de campo en la provincia de Buenos Aires y La Pampa, de más de diez propiedades urbanas en Capital Federal, acciones de capital de diversas sociedades comerciales, varias chacras y loteos en Morón, La Matanza, Bahía Blanca, Junín y La Plata". Al morir dejó tres estancias de enorme extensión.
Por eso, nosotros los argentinos hemos bautizado una ciudad en La Pampa como Ataliva Roca y también una calle en Morón.
Su hermano, Julio Argentino, el "conquistador del desierto", fue su socio comercial permanente.
La campaña del desierto costó muy caro a pesar de haber sido solo un paseo -como lo calificó en esa época Leandro N. Alem-, quien señaló "fue un paseo del ejército argentino por el desierto mientras su general iba cómodamente entre los almohadones de su carruaje". El mismo Roca lo atestigua en una carta a su hermano Ataliva: a quien escribe que han llegado ya al Río Negro "sin que nos haya costado más sacrificios que comer carne de yegua. Si no hubiera sido por el pequeño contratiempo de los proveedores esta campaña hubiera tenido los aires de un paseo".
Un paseo que le salió muy caro el Estado argentino -se puede ver en el presupuesto de la época- y enriqueció a los poderosos de siempre (basta ver la lista oficial de los que recibieron las tierras). Por eso al monumento más grande de Buenos Aires, el bronce a Roca, no lo mueve nadie. Valió la pena "atalivar".
En cambio sí, al colegio secundario de la ciudad bonaerense de Moreno se le ha quitado el nombre de Roca y llevará en el futuro el de un docente desaparecido. Y la plaza Julio Argentino Roca, de Rosario, se llama ya Pueblos Originarios. La Etica avanza a veces muy lenta, pero triunfa finalmente.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-94458-2007-11-10.html

Sábado, 10 de Noviembre de 2007

Namuncurá llega a los altares de la Iglesia de Ratzinger*

Por Ruben Dri *

Después de la pausa en el proceso de beatificaciones y canonizaciones que significó el período de Juan XXIII, Paulo VI y el Concilio Vaticano II, con Juan Pablo II el proceso tomó una aceleración supersónica. Hay algo que agradecerle al Papa polaco al respecto. Dejó completamente en claro que las
beatificaciones y canonizaciones son actos de política eclesiástica. El acontecimiento que muestra esto con absoluta claridad es el proceso mediante el cual llega a los altares José María Escrivá, fundador del Opus Dei.
En el proceso no se respetaron los tiempos estipulados por la misma Iglesia y, lo que es verdaderamente grave, no se escuchó a quienes lo conocían y tenían sobre el candidato serias y fundadas objeciones. En la política eclesial de Juan Pablo II, el Opus Dei jugó un papel fundamental, tanto que lo hizo "prelatura personal", es decir, ligado directamente al Papa, liberándolo de toda autoridad.
Pero, ¿qué pasa con la inminente beatificación de Ceferino Namuncurá? Llama la atención que del día a la noche se anuncie tal acontecimiento y se realice con premura. Llama la atención, porque es sabido que los esfuerzos que por décadas ha hecho la congregación salesiana en la Argentina para lograrlo hasta el momento no habían dado resultado. Se tejían diversas hipótesis sobre los motivos que hacían prácticamente imposible la superación de las trabas. Y de repente éstas saltaron por el aire. ¿Qué pasó?
Sucedió que en Vaticano está Benedicto XVI, quien sostiene que el Concilio Vaticano II debilitó a la Iglesia, le hizo perder poder y, en consecuencia, es tarea urgente cerrar lo que dicho concilio abrió. Ello implica recuperar a la Iglesia desde sus raíces. Pero éstas no se encontrarían en las primeras
comunidades, sino en los siglos IV y V, en los que se estructura el poder político y religioso que caracteriza a Occidente.
El Concilio Vaticano II, según Benedicto XVI, vació a la Iglesia de contenido al acceder al "aggiornamiento", es decir, a los reclamos del mundo moderno. En lugar de pararse frente a ese mundo y proporcionarle su mensaje fuerte, exigente, dogmático, sin concesiones, cedió, trató de "adaptarse".
Ello hizo que perdiese credibilidad. El secularismo, el relativismo, el escepticismo ocuparon el espacio en el que antes dominaba "la verdad" que la Iglesia transmitía sin ningún complejo de inferioridad.
La atracción que antes tenía la Iglesia, doble atracción, porque era poderosa material y espiritualmente, política y religiosamente, ahora ha pasado a otras manos, a otros centros. Ellos son el Islam, el budismo y las religiones de los pueblos originarios de América. Leamos: "El renacimiento del Islam no sólo está vinculado a la nueva riqueza material de los países islámicos, sino que está alimentado por la conciencia de que el Islam puede ofrecer un fundamento espiritual sólido para la vida de los pueblos que la
vieja Europa parece haber perdido, lo que hace que a pesar de mantener su poder político y económico, se vea condenada cada vez más al retroceso y a la decadencia".
El Islam aparece en primera línea entre los contrincantes a vencer. La Iglesia no puede ser menos intransigente que el Islam en mantener su doctrina y condenar a todos los "herejes", si quiere ofrecer ese "fundamento espiritual sólido" que hoy es una prerrogativa de los musulmanes. Pero en el horizonte de la Iglesia que refunda Ratzinger aparece otro competidor, "el budismo", expresión de "las grandes tradiciones religiosas de Asia".
Nos falta el tercer contrincante, la religión de los pueblos originarios. Descubre Ratzinger que "ha sonado la hora de los sistemas de valores de otros mundos; de la América precolombina, del Islam, de la mística asiática", mientras Europa se encuentra en decadencia. ¿Qué hacer con este tercer
contrincante? Allí es donde aparece Ceferino Namuncurá. Se trata de un mapuche, un verdadero miembro de uno de los pueblos de América que se convirtió al cristianismo e inició los estudios para consagrarse como sacerdote y ayudar de esa manera a su pueblo.
Ceferino Namuncurá no es un símbolo de un solo sentido para el pueblo mapuche. Para unos es un "traidor" o un "colonizado" por la Iglesia Católica. Estos buscan su identidad en sus propias raíces fuera de lo adquirido a través del cristianismo. Para otros, en cambio, expresa la nueva identidad del pueblo que incorporó símbolos y valores cristianos, reinterpretándolos desde su propia experiencia.
En esta dialéctica interviene Ratzinger. La elevación de Ceferino Namuncurá a los altares es un buen instrumento en esta lucha con las religiones de los pueblos originarios. Muestra lo afirmado por el Papa en Brasil, en el sentido de que el cristianismo no se impuso por la fuerza en América, sino que los pueblos americanos lo aceptaron, al recibirlo de los misioneros.
Frente al reclamo de los mapuches de haber sido expoliados de sus tierras por quienes se legitimaban con la Biblia, el actor que era Wojtyla respondió endosando las vestiduras mapuches y exclamando: "Ahora también el Papa es un mapuche". Ratzinger, en cambio, responde elevando a un mapuche a los
altares.

* Filósofo y teólogo. Profesor de la UBA.
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-94460-2007-11-10.html

Cambio de repertorio*

Por Pablo Semán *

La realidad ocurriría entre dos extremos imposibles si nadie hubiese aprendido nada. Estaremos más cerca de alguno de ellos si los repertorios fijos que emanan de un cierto autismo de las cúspides no cambian.
El primer extremo (repetición) sería un mandato de Cristina Fernández que reprodujera la curva del de Néstor Kirchner: superando los obstáculos de su tiempo, transformándolos en oportunidades de acumular poder o lograr al menos que la inflación y la irritación que causa el afán de supremacía del
Gobierno sean compensados por el crecimiento y se mantenga entonces la base electoral del Frente para la Victoria (FPV) permitiéndole designar "tranquilamente" un sucesor.
El otro extremo (explosión) es que la inflación, una forma perversa y desplazada de disputa social, encrespada y montada sobre la inflación mundial, erosione al grupo dirigente y que, concomitantemente, la clase política restante dé un paso al abismo del sálvese quien pueda alentando imágenes de ingobernabilidad y apañando relevos que, por cualquier vía, darían espacio a la coalición revanchista y vengativa de los que han ido acumulando facturas contra el grupo gobernante (desde la agrupación Odio y Rencor Justicialista, hasta la de los defensores de la mano blanda para con los delincuentes que violaron la Constitución, desde los Movimientos de Trabajadores Desocupados de las fuerzas del caos hasta los abogados constitucionalistas). Como todo cambia de lugar (aun en la calma), y nadie se priva de aprender, de acumular reflexivamente efectos de las coyunturas atravesadas, es probable que no se pueda jugar ni a que no pasa nada, ni a que puede pasar cualquier cosa. Tal vez sea así, sobre todo esto último, si algunos elementos del repertorio fijo comienzan a cambiar.
Un ejemplo de ese repertorio fijo es la falsa disyuntiva que desata el voto de las clases medias entre políticos y analistas (todos alineados). La idea de que su sesgo sistemáticamente antigobierno, interpretado como mezcla de gesto casquivano y "gorilismo", puede encontrar constatación en el hecho de que las clases medias votan interpeladas y movilizadas por motivos que en buena parte son los del antiperonismo clásico: calidad institucional, énfasis en los valores democráticos y en las instituciones republicanas, crítica de la demagogia distribucionista que en los últimos años cobra forma de gran batalla contra el "clientelismo". Un cuestionamiento de esa lectura no es difícil: las clases medias (que son plurales y diversas) no se sienten necesariamente amenazadas como por el peronismo del '45, y muchas veces se aprovechan de los gestos de seducción que el kirchnerismo les ha prodigado sin correspondencia (mucho más cuando éste al manejar con culpa sus errores no forzados en el campo político tiende a reproducir su incapacidad de movilizar a estos grupos a su favor oscilando entre la insistencia mecánica en el acoso y el rechazo resentido). Pero este cuestionamiento es tan parcial como la posición que critica: no es casualidad que haya tanta sistematicidad en los blancos y estilos de crítica de una oposición que muchas veces, no siempre, no logra trascender los límites del señoragordismo. Ahí también se halla el problema de la fijeza de los repertorios que por ahora canalizan las ansiedades políticas de la sociedad.
Las dos posturas respecto del supuesto "gorilismo" hallan su parte de verdad en una premisa que no logran abarcar por completo desde sus posiciones: las identidades políticas no son todo pasado ni todo presente. Los ciudadanos de las clases media (como los de todos los grupos sociales) se componen
complejamente de capas muy variadas, están hechos de conjugaciones de narraciones muy diversas en las que conviven el viejo relato gorila que machaca con la leyenda negra del peronismo y el efecto combinado de los relatos de los '80 y los '90, que interpela a cada ciudadano de las clases medias como sujeto de derecho y de méritos que el Estado, y los gobiernos, casi siempre peronistas, ignoran y burlan. Porque las identidades políticas son combinaciones inestables de distintas temporalidades y porque algunos sujetos pueden encarnar mas fácilmente algunas dimensiones de esa complejidad que otras, puede entenderse que aun cuando este peronismo no sea el que ofendió a una parte de las clases medias de la mano de Apold, reciba las mismas respuestas que aquél y que se le endilgue fraude (!!!) con convicción, ante un simple zafarrancho de boletas. El peronismo no está exento de las mismas probabilidades de reacción parcializante: sólo una composición específica y discutible, contingente y reelaborable de sus
posibilidades identitarias lleva a que sus dirigentes se encapsulen en el papel de la bestia negra que habita la pesadilla de sus contrincantes (remember Herminio Iglesias). Lo hace toda vez que confunde las críticas al "estilo" de Guillermo Moreno con confirmaciones de su carácter amenazante del establishment. Que muchos estén atrapados en los fantasmas del '55, de uno y otro lado, en el análisis y en la práctica política es todo un dato.
Pero la renovación de la matriz debería afectar tanto el análisis de los pasados lejanos y recientes como el repertorio de interacciones que regula las relaciones entre el gobierno y las oposiciones para evitar el extremo de la explosión. El kirchnerismo, su núcleo duro, más ágil y más dinámico, supo percibir la singularidad de los nuevos tiempos con sensibilidad. Por algo Kirchner buscó como buscó, y por donde buscó, la adhesión de la población, incluida la de las clases medias, cuando generó políticas como las de
reactivación de la justicia por las violaciones a los derechos humanos, cuando impulsó criterios que otrora hubieran parecido ingenuamente nacionalistas en la renegociación de la deuda externa, o cuando tomó distancia del pejotismo. No sólo es el hecho de que las clases medias son ariscas a la seducción peronista lo que agota el potencial de incorporación de las mismas a la base electoral del Presidente. Tampoco el hecho de que éstas se aprovechan de la nobleza del presidente que los beneficia, tomando
ventaja sin comprometerse. La distancia entre estos grupos y el FPV se agiganta y los esfuerzos de seducción encallan toda vez que el kirchnerismo hace movidas en el sentido correcto, pero con los lenguajes indebidos. Atrae dirigentes de otras fuerzas pluralizando su frente, pero los calla o los
disciplina porque, tanto como los opositores tienen una dimensión gorila desde la cual no pueden evitar reaccionar, el núcleo del Gobierno descree de las deliberaciones de cualquier tipo y nivel. No le será fácil cambiar de repertorio porque para el kirchnerismo ceder poder e iniciativa, mucho más que un problema, es un pecado. Sienten que si lo hacen pierden una dignidad que les será reclamada por la historia y además aprovechan debidamente los beneficios de semejante acumulación de responsabilidades. Otro mecanicismo político lleva al kirchnerismo a perder el poder que ansía: abandona la Capital a su suerte entre la desesperanza y la condena y con ello renuncia a lo que renuncia más veces de las necesarias: a comprometer alteridades con parte de sus políticas, a generar lealtades más sólidas que las que genera la cooptación y la muchas veces pornográfica exposición de las efectividades conducentes. En fin, resulta preocupante que atrapado en la discusión de los "centros urbanos" versus el "pobrerío" (mal planteada, técnica y políticamente) abandone la porción de la clase media a la que con sólo dejar de amonestar y desconocer podría tener a su lado. Nada de esto es necesario que siga siendo así, pero no sabemos si la elite kirchnerista será capaz de hacerse cargo de inhibir algunos de los impulsos que entorpecen su productividad política.
Por otro lado, pueden esperarse inhibiciones del lado de las oposiciones: la actitud de Roberto Lavagna, la de una parte del ARI que no está dispuesto a cualquier cosa para ganar espacio y no percibe que éste sea un gobierno que debe ser echado a patadas, las necesidades de algunos dirigentes que gobiernan, hacen que pueda ceñirse la rabiosa ceguera que alía en combustión a los excluidos del esquema kirchnerista y su consiguiente imposibilidad de pensar en el largo plazo, con los indignados que le dan volumen a ese fuego.
El estímulo de la ganancia posible podría permitir, si no la autocontención del mundo corporativo, la sujeción del mismo a reglas que sólo podrían establecerse con los consensos y las concesiones que las hagan respetables y exigibles. Y este estímulo debe provenir tanto de la renovación de las relaciones entre gobierno y oposición como del hecho de que el cambio de coyuntura, al que los opositores proponen como único factor explicativo de la bonanza, no admitiría traumas políticos graves sin precios. La misma
coyuntura que parece alejar la evolución de la Argentina de los ciclos de stop and go que comprometían rápidamente las fases de expansión de la economía, puede ser la plataforma de comportamientos políticos que tal vez puedan cambiar. Sin abandonar la confrontación, sin resignar banderas, el cambio de repertorios podría hacer que, con todo el encono que sea legítimo, las fuerzas políticas dejen de engañarse disfrazando de ética de la responsabilidad ("así no se puede seguir"/"otra cosa no se puede hacer") sus habituales desbarranques por la ética de los últimos días de Pompeya.

* Sociólogo.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-94397-2007-11-09.html

Domingo, 11 de Noviembre de 2007
LA IGLESIA CATOLICA, PASADO Y PRESENTE

Santa sumisión*

La beatificación del hijo de un cacique vencido en la expedición del Ejército a la Patagonia en el siglo XIX sacraliza el rol de la Iglesia Católica como sustento dogmático de la represión. Coincide con su reticencia a formular un liso y llano mea culpa por la conducta de su Episcopado durante la guerra sucia contra la sociedad argentina en la última dictadura.
Ceferino murió adolescente, víctima de la tuberculosis, contagiada en las tolderías por soldados y misioneros.

*Por Horacio Verbitsky

Ceferino Namuncurá, quien hoy será beatificado en Chimpay, Río Negro, era hijo del cacique mapuche Manuel Namuncurá, quien el 5 de mayo de 1884 se sometió a las tropas del general Julio Roca. Fue mediador de su rendición el misionero salesiano Domingo Milanesio, quien en la Nochebuena de 1886
bautizó a Ceferino, en Chimpay. Sobre la humillación, escarnio: el Ejército vencedor concedió a Manuel Namuncurá ocho hectáreas de tierra y el grado de coronel y la Iglesia Católica elevará a uno de sus hijos a los altares. La beatificación de Ceferino sacraliza el rol de la Iglesia Católica como
sustento dogmático de la represión contra los sectores subordinados de la sociedad. Coincide con la ostensible dificultad de esa institución para efectuar un liso y llano mea culpa por el comportamiento de sus jerarcas durante la guerra sucia militar contra la sociedad argentina del siglo pasado, pese a que entre sus miembros actuales sólo quedan dos de los integrantes de aquel entonces. Las campañas de Roca y de la última dictadura consolidaron grupos de poder decisivos y nuevas formas de inserción en el
mercado mundial.
El padre de Manuel y abuelo de Ceferino fue Juan Calfucurá. Mantuvo durante décadas una relación de paz armada con el gobierno bonaerense de Rosas, a quien apoyó con hombres de combate en la batalla de Caseros de 1852. Luego de la victoria de Urquiza, Calfucurá le envió a su hijo Manuel Namuncurá,
quien fue convertido al catolicismo en Paraná. Calfucurá murió en 1873 y su tumba fue profanada por "la soldadesca" del Ejército, según la calificación del canciller Estanislao Severo Zeballos. Junto a los restos del último soberano de la pampa exhumaron los de su caballo, diversas armas y veinte botellas de anís, caña, ginebra, aguardiente, licor de manzanas, cognac y agua, lo que a su juicio revela que estos indios "conservan una noción oscura de la inmortalidad del alma". La tropa del general Levalle, dice
Zeballos en sus Episodios en tierras del sur, "había trabajado medio día al rayo del solazo de esta época y encontró en las botellas un refrescante que debió parecerle tan delicioso como los helados de la confitería del Aguila.
En un instante fueron agotadas las botellas de las bebidas del finado, que estaban herméticamente cerradas y cuyos tapones volaban con gollete, bajo el lomo de los puñales". Zeballos llegó a reunir una colección de 150 cráneos que varios coroneles de Roca le traían como regalo para su museo privado
junto con objetos de plata y con las varias cajas del importante archivo del cacicazgo de Salinas Grandes, saqueados a estos "salvajes", como los llamaba, que tenían una oscura comprensión del espiritualismo católico.
Contrastes
El escritor católico Manuel Gálvez, quien llamó a Ceferino El santito de la toldería, se sintió obligado a explicar hace sesenta años por qué había decidido escribir la biografía de "un oscuro indiecito que pasó ignorado por este mundo y que nada hizo de importante". Sus argumentos son notables: "Más que la virtud de Ceferino y que sus formidables antepasados, me ha atraído el contraste entre el ambiente en que nació, la pampa bárbara, y el ambiente en que vivió, la Roma de Pío X. No, no ha habido en el mundo, nunca jamás, una posición igual. En la pampa de Calfucurá y de Namuncurá, sangre, violencias, saqueos, latrocinios, corrupción, ignorancia absoluta, paganismo. En el ambiente que rodeó a Ceferino en sus últimos meses, la Iglesia de Cristo, la bondad del Santo Padre, la cultura latina y cristiana.
Con pocos años de diferencia, el hijo de la Pampa, que oyera entre los suyos los relatos de los malones, oirá la palabra del representante de Cristo y las voces maravillosas del órgano en San Pedro del Vaticano. ¿No es un milagro eso de haber pasado desde los ranchos junto al Collon-Curá hasta la
capilla Sixtina, decorada por Buonarroti?".
Capellanes y coroneles
Las relaciones políticas y económicas entre pobladores originarios e inmigrantes blancos eran tan intensas que en las guerras civiles entre Buenos Aires y la Confederación cada bando criollo tenía aliados indígenas: Mitre con Catriel, Urquiza con Calfucurá, que atacaba las estancias bonaerenses en apoyo a la estrategia del entrerriano. Calfucurá batió a Bartolomé Mitre en Sierra Chica y en San Jacinto.
En 1872 el arzobispo de Buenos Aires Federico Aneiros había creado un "Consejo para la Conversión de los Indígenas al Catolicismo" que en los años siguientes envió misiones pacíficas a bautizar en los asentamientos fronterizos de Cipriano Catriel, Melinao, Raylef, Coliqueo y Namuncurá.
Todo cambió cuando Roca inició su campaña de exterminio y le pidió al arzobispo Aneiros la designación de capellanes que acompañaran a las tropas.
Los misioneros partieron en el mismo tren que Roca y su Estado Mayor, despedidos por el repique de las campanas de las iglesias de Buenos Aires ordenado por Aneiros para saludar a los expedicionarios. El sacerdote Santiago Costamagna confió sus preocupaciones al creador de la sociedad de San Francisco de Sales, Juan Bosco. Roca había ofrecido la protección militar a los sacerdotes "y nosotros inclinamos la cabeza y partimos en calidad de misioneros y capellanes militares". Su incomodidad por el uso de
medios tan poco evangélicos como las armas no llegaba a poner en duda su participación en la campaña: "¿Qué tienen que ver el ministro de guerra y los militares con una misión de paz? Mi estimado Don Bosco, es necesario adaptarse por amor o por la fuerza. En esta circunstancia la cruz tiene que
ir detrás la espada. ¡Paciencia!".
Pocos meses antes se había conocido que uno de los hermanos de Roca había hecho fusilar a más de medio centenar de indígenas. Rudecindo Roca en su parte de campaña los había dado por muertos en un enfrentamiento con sus tropas. Pero el diario La Nación reconstruyó en base a testimonios y
publicaciones de diarios del interior que eran prisioneros que habían sido encerrados sin armas en un corral. Para el diario que Mitre había fundado ocho años antes, se trató de un "crimen de lesa humanidad". Los partes militares estudiados por la antropóloga Diana Lenton también dan cuenta del
secuestro de chicos, la matanza de prisioneros, la violación sistemática como arma de guerra, la prostitución forzada como botín de los soldados.
El vicario general y futuro arzobispo de Buenos Aires Mariano Espinosa y los salesianos Costamagna y Luis Botta llegaron con la vanguardia del Ejército hasta el río Colorado, donde oficiaron misa. En el camino iban convirtiendo a los indígenas que quedaban con vida. Cumplían así con una parte del
mandato constitucional ("Proveer a la seguridad de las fronteras; conservar el trato pacífico con los indios, y promover la conversión de ellos al catolicismo").
El coronel Manuel J. Olascoaga vio en la ceremonia "los sentimientos más puros, elevados y nobles: la religión, el patriotismo y la esperanza de los grandes destinos prometidos a la Patria en aquel escenario que servía de templo". Según Roca esos desolados campos se convertirían en pueblos florecientes en los que millones de hombres vivirían ricos y felices.
Ricos y felices vivieron menos de dos mil personas, entre ellos altos jefes o proveedores del Ejército, como el propio Roca y sus hermanos Ataliva y Rudecindo, entre quienes se repartieron millones de hectáreas de tierra.
Roca reforzaba la fidelidad militar con la entrega de enormes superficies arrebatadas a los pobladores originarios pero también a los pioneros blancos de la frontera que su Ejército arrasó.
Las memorias de uno de los oficiales de esa campaña, el comandante Manuel Prado, cantan a los "pobres y heroicos milicos", cuyos restos se blanqueaban confundidos con las osamentas del ganado, a orillas de las lagunas o en el fondo de los médanos, mientras la tierra pública era "marchanteada en concesiones fabulosas de treinta y más leguas" que caían bajo "la garra de favoritos audaces", que formarían el núcleo de la oligarquía.
Costamagna, uno de los capellanes salesianos que llegaron al Río Negro para catequizar a los vencidos, consignó: "La miseria en que los encontré es algo impresionante". Una foto tomada en 1879 en el Fortín Puan simboliza el ambiguo rol de la Iglesia. De un lado posan en sus uniformes (que en la placa se ven grises) Roca y sus coroneles Olascoaga, Villegas, Vintter, García, Pico y Cerri, y del otro, solitario y el único con vestimentas blancas, el cacique Pichi Huinca. Entre ambos, de riguroso negro eclesiástico, el obispo Espinosa y el presbítero Costamagna. En 1883, Milanesio y su colega Giuseppe Fagnano denunciaron los "agravios a las garantías de los vencidos", pero sólo en cartas que enviaban a Italia,
mientras en el país actuaban como parte de un "bloque civilizador" unido.
Hasta el propagandista contratado por Roca para exaltar su gesta consignó que de los 4032 muertos y prisioneros hechos por el Ejército sólo 911 "son de pelea, los demás de chusma", es decir, mujeres y niños.
Aunque la Iglesia apoyó la campaña, los salesianos querían convertir a los indígenas y asentar colonias agrícolas en el lugar. Esto provocó agresiones contra la misión salesiana en Patagones, cuyos muros fueron pintados con consignas anticlericales. Un grupo liberal apoyado por el general Lorenzo
Vintter agravió a Fagnano y le exigió que se alejara.
La oligarquía y el Ejército tenían otro plan, que los salesianos estorbaban: los hombres debían trabajar en condiciones de esclavitud en los ingenios azucareros de Tucumán (la provincia natal del presidente Avellaneda y de su ministro y sucesor Roca), las mujeres y sus hijos como sirvientes de las familias prominentes de Buenos Aires, las mismas que se repartieron las tierras arrebatadas a sus pobladores.
Esto condicionó el desenvolvimiento posterior de la sociedad y la economía, porque la tierra también quedó fuera del alcance de los inmigrantes atraídos por el programa de Sarmiento y Alberdi. No hubo colonización agrícola de pequeñas propiedades que producen para el mercado interno como en Estados
Unidos, sino gran latifundio de exportación hacia el mercado británico, del que se importaban todas las manufacturas.
Para financiar la expedición de Roca, se contrajo un millonario empréstito.
El endeudamiento fue ya entonces el gran mecanismo reciclador de las relaciones de poder, porque unos gozaron del crédito y otros lo pagaron.
Sarmiento lo resumió el año del nacimiento de Ceferino con una paráfrasis despiadada del Himno Nacional:
"Calle Esparta su virtud,
sus hazañas calle Roma.
¡Silencio! que al mundo asoma
la gran deudora del sur".
Ceferino inició una carrera religiosa en Viedma y en Buenos Aires, bajo la orientación del salesiano Juan Carlos Cagliero, con quien luego viajó a Italia. Su propósito era proseguir sus estudios, ordenarse sacerdote para ayudar a su pueblo y tratarse de la tuberculosis, una de las enfermedades contagiadas a los pueblos originarios por soldados y misioneros y que, como consignó Fagnano en sus anotaciones, diezmó a la población aborigen que los salesianos reunieron en su misión de La Candelaria, en Tierra del Fuego. En Turín, Ceferino fue recibido por la reina y la princesa de Saboya, y en Roma por el papa Giuseppe Sarto, el implacable Pío X, denunciador de modernistas y católicos sociales, quien le regaló una medalla. Todos los relatos hagiográficos destacan la complacencia del Pontífice al escuchar al humilde
aborigen expresarse en italiano. Ceferino agonizó sin quejarse y murió en 1905, a los 18 años.
Los Tornquist
Sus restos fueron repatriados en 1924 por gestión del salesiano Adolfo Tornquist, heredero de una familia de íntima vinculación con la guerra al indio. Era hijo del ingeniero belga Ernesto Tornquist, cuya empresa de transporte Villalonga condujo de ida las provisiones para los soldados expedicionarios que conquistaron esas tierras y llevó de vuelta a los indígenas capturados como mano de obra esclava a Tucumán. También construyó el ferrocarril de Tucumán a Rosario y financió la construcción del puerto de Rosario, para exportar el azúcar producido en esas condiciones. Cuando Roca fue presidente le brindó tres ministros de Hacienda que eran gerentes de sus empresas, tal como haría Acíndar en 1976 con su presidente José Alfredo Martínez de Hoz. La Administración Tornquist, instalada en uno de los
pueblos que se fundaron durante la campaña, recibió la asistencia espiritual de los salesianos. Milanesio celebraba misa, predicaba, confesaba, administraba los sacramentos y catequizaba en la sala más amplia de la sede empresarial. El propio Roca asistió a la bendición de una capilla construida por Ernesto Tornquist. Su hijo Adolfo ingresó a la orden de Don Bosco y fue donante para la construcción de algunos de "los más suntuosos edificios modernos de Roma", según el admirativo comentario del embajador argentino Carlos de Estrada. En 1934, año del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, la Santa Sede agradeció "la generosidad del salesiano Adolfo Tornquist", que permitió erigir "con dinero argentino" el Instituto Pío XI de Roma. Dos años antes el rector de la Universidad
Pontificia Gregoriana rindió homenaje de gratitud a "los hijos de la noble Nación Argentina" que "ocupan el primer lugar sobre todos los demás benefactores". Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires, los despojos de Namuncurá fueron conducidos de regreso a la Patagonia por la empresa
familiar de los Tornquist, el Expreso Villalonga. Modelo de sumisión, el beato es recordado por la Iglesia como "el lirio de las pampas". Ni la información eclesiástica ni los artículos de prensa sobre la beatificación dispuesta por Benedicto XVI mencionaron las relaciones de la Santa Sede con
la oligarquía argentina ni el proceso social y económico que llevó al indiecito bueno de las tolderías de la Patagonia hasta Roma y luego de su muerte, a la puerta del santoral.
Corrección política
La Iglesia argentina no suscribiría hoy las despectivas palabras de Manuel Gálvez de 1947. Por el contrario, intenta reescribir la historia de Ceferino en los términos de una pastoral popular políticamente correcta. Por eso, parte de la beatificación, a las 11 de hoy, será en mapuche, para honrar los orígenes del beato. En julio de este año, los obispos activos y jubilados de la región Patagonia-Comahue (Marcelo Melani, Néstor Navarro, Fernando Maletti, Virginio Bressanelli, Esteban Laxague, Juan Carlos Romanín, José Pedro Pozzi, Alejandro Buccolini, Miguel Esteban Hesayne y Pedro Ronchino) sostuvieron que Ceferino era, como Cristo, un signo de contradicción: "En una sociedad donde se proclama la supremacía de la raza blanca él afirma la igualdad de todas las razas; en una sociedad donde se aprecia el valor de la violencia y de la fuerza física, él manifiesta el valor del amor y del
perdón". Agregaron que siguiendo a Jesús, Ceferino "presenta una alternativa a nuestra sociedad consumista y que excluye a muchos. En una sociedad que despreciaba a los aborígenes, que había hecho de la Campaña del Desierto una epopeya de la civilización contra la barbarie, se presenta este joven sin poder, sin dinero, sin títulos, sin odio. Es un indio que ha perdido todo, pero que mantiene su cultura, sus valores, su espíritu de comunión con los demás y su férrea voluntad. Es pobre de medios materiales, pero es rico de virtudes y de actitudes que hacen de él un modelo nuevo y distinto, ejemplo para todos". Su cultura y sus valores son, precisamente, aquello a cuyo despojo contribuyó la Iglesia Católica. El Episcopado agregó el viernes que Ceferino transmitía un mensaje de reconciliación, la palabra en código por impunidad.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-94491-2007-11-11.html

-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi vedonet@netcoop.com.ar

Correo:

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Me enteré por Inventiva Social, más o menos, de lo que fueron las elecciones por allá y eso de las boletas faltantes… Y me recordó a lo que ocurrió por acá (México) en julio del año pasado (2006), que se efectuaron las elecciones presidenciales para mi país: los dos principales candidatos uno del partido político actualmente en el "poder", y el otro que representaba la oposición (socialdemocracia, en realidad). El chiste (porque eso pareció) fue que el candidato de la oposición iba ganando según los conteos "no oficiales" y justo cuando parecía que habría cambio de rumbo político aquí, que resulta que el modelo estadístico para ir siguiendo la tendencia en las votaciones no pudo generar valores de significancia entre uno y otro candidato y ya no podía ser informada la población del curso en éstas; y cuando lograron por fin tener (a nivel nacional) datos confiables, ya iba ganando el candidato del partido oficial (que antes iba perdiendo)y aún faltaban algunas casillas por computar… Y que termina ganando este candidato del partido oficial (actual presidente de México); pero después se supo que se había desaparecido una que otra casilla, que en unos distritos electorales el conteo había sido errado (principalmente a favor del ganador), y otros tantos etcéteras que hicieron hablar de "irregularidades" en las elecciones. Para no hacer el cuento largo, el Tribunal Federal Electoral (el aparto burocrático al rescate) se reunió para calificar las elecciones y su decisión (inapelable) fue: "en las elecciones para presidente de la República Mexicana hubieron irregularidades, pero fue legal"… De lo que se puede interpretar que en efecto hubo trampa, pero es permitida… Uno ya no sabe si reírse o llorar ¿no? Pero así están las cosas, aquí y allá.

Bien, te mando mis más sinceros y cordiales saludos.

Hasta pronto.

*de hugo ivan quetzal.hi@gmail.com

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 11 de noviembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Salvador Torre. Las poesías que leeremos pertenecen a Cristina Pizarro (Argentina) y la música de fondo será de Bandolas de Venezuela. ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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