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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

01/12/2007 GMT 1

NO ES UNA ESTACIÓN A LA QUE SE LLEGA, SINO UNA MANERA DE VIAJAR...

urbanopowell @ 03:05

“Runaway train”*

Son los frenos de un tren en Alaska
son los dos presidiarios rajándose en tren desenfrenado
es el novato admirador del socio veterano
es un tren regular
irregular inventando las vías
es la velocidad y el silbato de la locomotora
es la mujer que irrumpe en el filme y que luego
ocupa con los presidiarios el último furgón
es la voluntad de encapsular el vértigo y el propio fin
es esa mujer que es ahora esa socia
es la cámara de cine humanamente acompañándolos
son los cretinos
pies de barro.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

“RUNAWAY TRAIN” (“Escape en tren”), filme dirigido por Andrei Konchalovsky.

NO ES UNA ESTACIÓN A LA QUE SE LLEGA,
SINO UNA MANERA DE VIAJAR...

*

Los manjares del naufragio
reverberan
sueñan

restos de
encuentros inciertos

inventario
desnidado
aunque
suntuosamente vivo

*de Cristina Villanueva. pluma@velocom.com.ar

La Manteca*

Montemayor dormía el largo sueño que lo sumía en un paréntesis desde la última de las fiestas hasta los días Santos de la Pascua. Siempre se presentaba esta etapa como un período especial, sólo interrumpido por los avatares de la cosecha del trigo y por los ecos de alguna fiesta popular en
localidades más importantes. Las vecindades seguían tejiéndose en la conversación que cada mañana se improvisaba en todos los comercios y almacenes de la zona -entonces no sólo despensas sino bares- y el vecino mayorino se pasaba largas siestas en la oscuridad de las altas casas, soportando el bochorno con ruidosas pantallas de mimbre y abanicos primorosamente decorados, entre vahos de perfumes, de sudor reciente y de la naftalina agazapada en los muebles añosos. Eran siestas de silencio a veces llamativo, temido por los niños con sincera inocencia y con estupidez por los supersticiosos; y apreciado por adultos de oído sensible. Tal vez un tractor resignado, tal vez un auto discreto; eran algunos escasos indicios de que en las calles de tierra cocida por el sol seguía habiendo criaturas en movimiento.
Los fines de semana se veían alterados por la Misa Vespertina del Domingo, en que autos, carros y caballos llenaban la calle contigua a la iglesia, muchas casas veían agitarse su tarde dominguera merced a las visitas del día. En el ocaso la plaza se llenaba de gente: las chicas y chicos arracimados en un banco u otro, alguna pareja en busca de un momento feliz, los niños haciendo sus inevitables correrías y algunos indiecitos del Camino con sus madres gordas y hermanitos descalzos, gomereando pajaritos a
la sombra de los soberbios Jacarandáes, todos contemplando y contemplados por los augustos paseantes que en su vehículo circundaban las 4 hectáreas de verde varias veces hasta la noche.
El comienzo de clases era apenas una frustrada sacudida para despertar a una comunidad que dormiría aún hasta el fin del verano. Los párvulos se dedicaban a jugar en la plaza antes o después de clase, y aún las maestras parecían menos exigentes, a veces dedicadas a largas conversaciones con sus
colegas en la puerta del aula, de espaldas al grado sumido en un revuelo pagano.
Los calores de aquel verano duraron incólumes ante el avance del almanaque. Finalmente, dado que todo tiene un último día, ya se acercaba el Equinoccio de Otoño cuando llegó la primera gran lluvia de 1955. Había sido Domingo de Ramos y las veredas de la localidad estaban llenas de ramolivos insignificantes caídos o descartados. La homilía placera había tenido una amable intención pacificadora en lo social y lo político, ante la otra tormenta que se venía, la de los odios arrebatados. Como era desde 1953, no habían estado presentes ni el Presidente Comunal Benicio Camacho ni el Comisario Teodoro Pereyra. Tampoco los "morochos" de la CGT. Tras las bendiciones la Procesión bajo bandera vaticana, una vuelta de 15 Estaciones hasta la Misa propiamente dicha que fuere allí en latín y de dos horas.
Pascualito Tato vestía decentes pantalones negros largos, mocasines al tono y camisa blanca, y brilló en su rol de Monaguillo, único además en Montemayor. Cuando al final de las ceremonias acompañó al Cura Párroco de Baldi, el Padre Jaime Grau, hacia el coche de la viuda Mazzini que lo devolvería a su Parroquia, ya pasaban de las doce.
-A ver: una botella de leche, acá te doy el vacío, una soda, acá tenés el otro sifón, dos panes grandes, y si conseguís donde comprar acá tenés también para un pan de manteca, grande si podés porque yo con los buñuelos uso mucho.- Doña Ana no quería sobrecargar al pibe con el encargo, así vestido de "santito" seguía inspirándole un cierto temor místico que el adolescente sabía aprovechar.
Estas "compras de último momento" tenían lugar un bochornoso Domingo de Ramos a la tarde, con un sol directamente rojo tormenta.Temeroso de las bandas de muchachones de la plaza y sus risotadas, Pascualito pedaleaba forzando, semioculto entre los severos autos negros que ya empezaban a yirar
la plaza con sus muchedumbres. Al fin abandonó la plaza a toda carrera en dirección norte del almacén de Orellana, donde -ya entre las primeras chacras- pudo satisfacer la lista casi toda. Estando al salir, y con la libertad de visión que el campo brinda, observó el cinturón de nubes bajas y oscuras que al mismo tiempo se desplegaba a oriente y poniente como sobre las sufridas construcciones de montemayor. Pedaleó rápido. Un escalofrío le bañó la espalda hasta los brazos. Cuando ya estaba cerca de la plaza la luz natural se había reducido, los coches circulaban más veloces y la gente en las veredas se reunía a conversar de pie, seguramente en preparativo de una posible reentrada bajo techo.
"Me olvidé la manteca".- de más está decir que Pascualito era el principal beneficiario de los buñuelos de manzana de Doña Ana, pero además quien bien le conociera sabría afirmar cuánto sentido del
puro-deber había en el muchacho. Fallar, fracasar, no-conseguir; no cabían en su léxico emocional,
y la vuelta a lo de Don Orellana ya se estaba consumando cuando empezó a circular una brisa fresca, olorosa a agua y humedad, renovadora y llena de oxígeno. Allá en lo alto se escuchaba ya un trueno solo, único, continuo y omnipresente, miles de cicatrices brillaban encendiendo las alturas, apagando la tarde. Con su justipreciado uniforme de Monaguillo ya afectado del sudor y el agobio, Pascualito Tato pedaleaba tanto como podía, bolso de red en el puño del manubrio y ojos llorosos de las primeras nubes de tierra.
-¿Qué te olvidaste?
-Ah, euh...- se sintió observado por los divertidos parroquianos -la manteca, quiero también manteca...
- imaginó las risitas de los peoncitos de ojos traviesos, caña de por medio.
-Ah..- la señora de Orellana se dirigió a su marido. -creo que no nos queda nada.- abrió y cerró tres puertecitas de la enorme heladera revestida en madera. En ese instante se cortó la luz, que la Usina preventivamente suspendía en estos peligros. -Volvete. Volvete a tu casa, ¡mirá que la tormenta se viene, eh!. Pascualito se dio vuelta, avergonzado de su inútil insistencia... no había ya nadie en las mesas del almacén. En eso se acordó de Doña Romualda. Ella una vez le había vendido manteca un 9 de Julio.
"Venga cuando guste" -lo había tratado de usted- "Yo estoy todos los días."-
Doña Romu estaba en la otra punta de la sobria localidad, y allá otra vez el muchachito en la bici. El cielo se volvió violeta oscuro, era el arder de miles de descargas eléctricas y un retumbar de truenos ahora cerca. En los patios las mujeres, encorvadas y tapadas con pañuelos en la cabeza, corrían a retirar la ropa colgada a secar. Algunas casas asustaban con el impacto de un portazo dado por el viento. Algunos hombres previsores ya cerraban las celosías de los ventanales para evitar un posible granizo. Los autos se guardaban presurosamente, en garages oscuros donde brillaba el resplandor de
las luces traseras. En la plaza, ya nadie quedaba sobre los bancos y pasaban raudamente los coches rezagados. Algún criollo valiente apuraba el caballo a trote rápido en procura de volver a las casas desafiando más a la suerte que al aguacero. Y eso mismo estaba haciendo Pascualito Tato. Ya pasando la
plaza empezó a sentir en la cara el toqueteo de gotas aisladas, grandes, tibias, como si de barro. Su bebé interior no se contuvo, empezó a relamerse en la medida que el rostro y los labios se le mojaban. El suelo ya no era de desteñido tierra sino más color gris oscuro, con manchones casi negros que ya indicaban la presencia de barro.
La casa de Doña Romu era un tímido ranchito de ladrillo y techo de chapa acanalada, dos aguas y bien bajo, alero al norte, aljibe al sur con molino; y bañito y cocina aparte de la casa principal. Lo precedía un yuyal desigual donde alguna vez fueron almácigos de tomates y pimientos que nunca volvieron
a plantarse. No había perro ni gato, sólo un loro viejo y desplumado completamente mudo, que ahora se acurrucaba de frío mientras la brisa le mecía el jaulón oxidado con un acompasado wikkk que a Pascualito le dio escalofríos.
-¡Qué coraje venirse con este tiempo! ¡Parece que tenemos lluvia!- Doña Romu no miraba a los ojos; estaba tan arrugada que parecía sonreír y llorar al mismo tiempo. Su marido, más viejo aún, ya contaba 98 años. Estaba de sombrero bajo el alerito y sonreía entre arrugas a la nada. Balbuceó algo como "wewewe... viejo... el... jov...ven... wewewe... mis años..... mi padre... we...ciento un años..."- Doña Romu había envuelto la manteca en simple papel de diario, un pan enorme de medio kilo que cobró lo que 100
gramos en los almacenes como el de Segura u Orellana. Puso en un paquete de papel madera el envoltorio. Pascualito pagó, dejó el paquete en el canasto trasero y salió a todo pedal saltando la zanja estrecha. La bici patinó y se pegó un porrazo. Ya era un barrial. Le sangraba una ceja y la camisa era un asco (¡y así lo iban a ver en el Hospedaje!). Dolorido de cuerpo y alma montó la bici, el manubrio algo torcido. Avanzó despacio a las coleadas, en tanto el trueno único se partió en verdaderas explosiones celestiales:
refucilo, unos instantes, un trueno. Otro relámpago, unos instantes, otro trueno. Pascualito maldecía su terquedad y orgullo de muchacho humillado por la vida, pero también sabía que no podía haber sido de otra manera.
Desembocó en la calle Santa Fe, justo para ver venir desde el sur un altísimo paredón de tierra que hacía desaparecer cada metro de calle, zanja, vereda y casa tras de sí, dentro de sí. Paró pies en tierra a mirar y el paredón lo alcanzó. Quedó dentro de una burbuja con olor a barro y lluvia, aire frío y lluvia helada. Montó la bici y pedaleó algo más. Los ojos le lloraban y temblaba de frío bajo la camisa blanca sin nada debajo. Estaba empapado, pero sabía que después de los 200 metros de la plaza ya llegaba.
Criollo valiente y temerario, Pascualito pensó ir por la vereda norte de la plaza para que los árboles lo abriguen mejor. Pero la plaza era una imagen borrosa tras la cortina de agua. Encaró igual para salvar tiempo y distancia, hacia la sombra inmensa del único ombú del predio. Más cerca vió la vereda. Entonces se acordó justo de la zanja. La vió más abajo que delante de la rueda, levantó el manubrio y pedaleó más rápido, la rueda sobrevoló la zanja modesta pero su compañera de atrás no lo hizo. El golpe
de rebote de esta rueda hizo que la bici pierda el equilibrio, y otra vez Pascualito en el suelo con bolso y todo. Llovía a mares. El chico se incorporó lentamente, empapado, aterido, profundamente amargado. El agua le chorreaba desde la frente. Una segunda tormenta tronaba en sus ojos, pero no hizo del trueno lluvia. Pascualito miró al cielo: un mar de olas grises y electricidad pasaba sobre él, ignorándolo todo. ("Después de todo, es sólo una lluvia"); y así el pibe se incorporó, recuperó el bolso y allí notó que
el paquete de manteca ya no estaba. Le pareció ver algo así llevado por la pequeña correntada de la zanja traicionera, rápidamente llena de aguas inquietas, pero no se molestó en ir a buscarlo. Cuarto más tarde, llegaba a la puerta de la Pensión todo embarrado, golpeado, helado y mojado completamente, arrastrando a su lado la pesada bicicleta con la rueda trasera trancada por el abollado guardabarros y el manubrio torcido.
Patricia, Angélica y Fabiana estaban en la puerta contemplando cómo se caía el cielo a trueno y agua (y aprovechando a contar secretos que el viento hacía inaudibles). Miraron al gauchito asombradas.
"-¿Qué te pasó?"
-Me caí...- Pascual pasó entre las tres nenas, chorreando agua barrosa y sin mirarlas. Ellas lo miraron ir en silencio. Luego se volvieron a la calle ya llena de agua y lo olvidaron.

*de Javier Funes Pautasso. ebwo@hotmail.com
-Enviado para compartir por Cacho Agú. cachoagu58@yahoo.com.ar

*

Gastón Pauls: "Gracias al arte, los chicos de la calle reciben aplausos y no cachetadas"

Desde hoy hasta el 8 de diciembre se presentará en el Centro Cultural Borges, "Umbrales", una muestra de trabajos fotográficos y teatrales hecha por los chicos de la Casa de la Cultura de la Calle. Envíenos su comentario.

*Por Lorena Bassani. lbassani@claringlobal.com.ar
De la Redacción de Clarín.com

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"Umbrales es el resultado de tres años de trabajo de la Casa de la Cultura de la Calle, en diez hogares de la ciudad de Buenos Airess. Un recorrido por el espacio creativo de chicas y chicos que creen que hay otra forma de mirar y ser mirados, de hablar y ser escuchados. Pero, principalmente, Umbrales es
la posibilidad de descubrir que hay detrás de ciertas realidades que estamos acostumbrados a mirar sin ver", cuenta Gastón Pauls director de la muestra.
Esta experiencia artística, que se presentará en el Centro Cultural Borges desde hoy hasta el 8 de diciembre, integra artes plásticas, fotografías, teatro y un ciclo de charlas que abordara la temática de la cultura y la inclusión social.

La Asociación Civil Casa de la Cultura de la Calle es una experiencia artístico-cultural que promueve la creatividad, el aprendizaje y el intercambio, desarrollando actividades artísticas en las que participan más de 200 chicos y chicas que viven en hogares de la Ciudad de Buenos Aires.
"Desde acá proponemos un espacio para explorar, descubrir y reconocer las maneras en las que los chicos se expresan a través de un hecho artístico.
Donde puedan construir una mirada personal y crítica. Donde encuentren un espacio contenedor y confiable para expresarse con libertad", dice Pauls, que desde hace tres años dirige el proyecto.

*Fuente: Clarín

http://www.clarin.com/diario/2007/11/30/um/m-01554172.htm

ARTE POETICA*

*Por Juan Gelman

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío, / como un amo implacable / me obliga a trabajar de día, de noche, / con dolor, con amor, / bajo la lluvia, en la catástrofe, / cuando se abren los brazos de la ternura o del alma, / cuando la enfermedad hunde sus manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos, / las lágrimas, los pañuelos saludadores, / las promesas en medio del otoño o del fuego, / los besos del encuentro, los besos del adiós, / todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos, / rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

(Del libro Velorio del solo.)

*Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/principal/index-2007-11-30.html

La frase:

"La felicidad no es una estación a la que se llega, sino una manera de viajar".

*Margaret Lee Runbeck
Escritora estadounidense (1905-1956)

-Fuente: El Regalador nº 231
Alfredo Di Bernardo alfdibernardo@ciudad.com.ar

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 2 de diciembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del grupo argentino Encuentros. Las poesías que leeremos pertenecen a Beatriz Marín Aguilar (Colombia) y la música de fondo será de Darío Robayo (Colombia). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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