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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

24/01/2008 GMT 1

DUELO DE DISTANCIA...

urbanopowell @ 14:02

*

Vos,
que sos el alma de la rosa
la oración
cuando venero.
(entre las hormigas que recuento está el verso de tu llegada)
Vos,
que pronuncias mi poema
como la rima temperamental del que ama.

En el cuyo
de tus palabras mi voz
te contempla viva.
Sin que tus manos traigan el vino.
Sin que tus brazos traigan el abrazo.
Sin que la lluvia rime melancólica.
Sin que ellos
dormiten placenteros.
Sin que el río ría por magnifico.
Sin que el país duela.
Vos y yo somos
fotográficamente
duelo de distancia.

*de ricardo mastrizzo.

DUELO DE DISTANCIA...

Oda a la heladera*

Si viera usted
tan elegante y altiva reina en la cocina
de generoso pan en su garganta
y de aliento frutal en la mirada,
cómo abre sus brazos al estío
con frescura de verdes en la boca
con su vino de voces y naranjas
vertical
obediente ante el reclamo
de silenciar la sed y doblegarla

tan señora en su porte
tan sumisa en su entrega
que hace danzas al sol en su jornada
y es un páramo sólo entre los labios
y es un canto de sueños
aromando
aromando
si viera usted...

*de la ana. analia_gattasz@speedy.com.ar

Jueves, 24 de Enero de 2008
Las peripecias de Kierkegaard*

*Por Víctor Zenobi

A Rita Barraud

Kierkegaard (que significa iglesia y jardín, es decir: cementerio) nació en Copenhaguen en 1813; era el séptimo hijo de una familia que padeció un destino aciago; en el lapso de quince años, cinco de sus hermanos y su madre murieron. La temprana convicción de que el destino de los hombres suele ser
absurdo, impregnó su carácter y sin duda despertó la angustia que tiene lugar en los hombres sensibles e inteligentes. Como suele ocurrir en un espíritu religioso, creyó o quiso creer que estos acontecimientos obedecían a una culpa antigua vinculada a su padre. Este le confesó que había maldecido a Dios siendo joven y que había vivido extra maritalmente con su madre, antes de enviudar de su primera mujer. Por supuesto, es difícil admitir la crueldad del destino si se cree en un Dios benéfico.
Kierkegaard tuvo que lidiar con ello y debió apelar a un razonamiento riguroso para contrarrestar lo que promueven los hechos, sin incurrir en la ingenuidad del sentido religioso habitual. Por de pronto, entró en litigio teológico y filosófico con la iglesia de ese momento y a través de la figura de Abraham, afirmó que Dios estaba más allá del bien y del mal. El ejemplo es célebre. Dios le ordena a Abraham sacrificar a su hijo Isaac. Abraham debe elegir entre la obediencia ciega a Dios y el amor paterno. Opta por la obediencia ciega al padre eterno (nótese la correspondencia y la paradoja de los elementos) en desmedro, diríamos, de un padre terrenal. En otros términos, un padre (Dios) que emite una orden terrible en uno de sus hijos, Abraham, quien cumple con la obediencia filial que origina una tradición de
sujeción al poder del padre.
No es casual que Kierkegaard haya advertido el carácter paradojal de esta elección, de esta operatoria religiosa (hoy diríamos siniestra), ya que anticipa un núcleo vital del cristianismo, la redención a través del sacrificio del hijo. Por supuesto, no por la brevedad de la nota, obviaremos una inferencia fundamental que la historia de Abraham pone en juego: esto es, no la creencia en la existencia o no de Dios, sino en el modo de existencia del creyente. Elección que implica un fundamento del pensamiento
y una relación extrema con lo impensado, con la hyle vertiginosa de lo desconocido, más allá de la condición psicológica y del mundo, puesto que implica la idealidad del pensamiento en la elección, como determinación de lo indeterminable. Aquí Kierkegaard sopesa el dilema que se presenta a Abraham y la condición existencial que implica, ya que el peso de la elección no recae sobre uno u otro de los términos del problema, sino sobre quien elige. Abraham no podía saber con certeza, qué esperar de Dios. Pero,
bueno, este le devuelve a su hijo y todo retorna a una aparente normalidad.
El salto de su fe, su modo de existencia, se inscriben en la ley de un retorno... Por supuesto, nuestra simpleza, la simpleza de nuestro discurso nos tienta a suscribir una explicación más superficial en tanto que hay hijos que siempre sostienen el lugar de su padre, relación que tal vez le impida, a Kierkegaard, historiar el momento en que los sacerdotes hebreos mitificaron esa historia para intensificar su poder. De todos modos, esto no amerita una depredación del razonamiento kierkegaardianno. Es más, nuestro
autor ha verificado las diferencias sustanciales que existe entre el pensamiento hebreo (carente de tragedias) y el griego, que les dio origen; también y de manera sumamente prolífica, las diferencias entre la tragedia antigua y la moderna. Entre Sófocles, digamos y Shakespeare, atribuyendo a cada una respectivamente, una actitud estética y una ética. ¿Qué hay en estas últimas...? Simplificando: una elección y por consiguiente una responsabilidad estética, ética y religiosa y en ese orden. Correlato
estricto de un modo de existencia, para Kierkegaard...y para mí, si tiene algún sentido establecer otra perspectiva, un modo de lectura, de reescritura, que sin duda tiene consecuencias. La vida de Kierkegaard, lo que nos ha llegado de ella, lo inscribe.
Para asimilarlo, volvamos a lo que implica existencialmente una elección...tomemos por caso, (esto ya es una elección) Agamenón organiza la invasión a Troya y Ulises que intenta eludirla, (recientemente ha tenido un hijo) exige que pague de antemano, semejante empresa, con un sacrificio. El razonamiento que funda esta exigencia sería aproximadamente así: Agamenón nos manda a combatir a Troya por el honor de Grecia y de su familia. Muchos de nosotros moriremos. ¿Qué sacrificio condigno ofrecerá, para demostrar que nuestra muerte vale la pena? El sacrificio de su primogénita Ifigenia. La tragedia, a partir de un momento, (un momento anterior no explicitado) aquel en que Agamenón ordena la invasión, ya está determinada. Es un guión que se construye sabiendo el final. Por eso es que se trata de destino. Agamenón, víctima como todo el mundo de sus propios enunciados, no puede rehusar porque daría prueba de su mala fe, digamos, y eso acarrearía su destrucción y la de su familia; por consiguiente, sacrifica a Ifigenia. Pero el filicidio les es devuelto al seno de su hogar, ya que acarrea su propia muerte y acto seguido la de su esposa, Clitemnestra, a manos del hijo de ambos, Orestes.
Detrás de la tragedia, como todas las de los griegos, están los dioses cuyas voluntades son ineludibles, pero se advierte enseguida que el núcleo de la misma reside en la familia. Inferimos que constituían un tema fundamental para los griegos. También para Kierkegaard. Por lo que sabemos comporta un paso ético trascendental...En Either or... Esto o..., en la primera parte, retoma el tema de Antígona, la hija de Edipo que desafía la ley de Creonte.
Confirmando la maldición de los Labdacidas, Edipo maldice a sus hijos: Etéocles y Polinice, que reclaman para sí el trono de Tebas. Polinice ataca a su ciudad con la ayuda de Argos y los hermanos recíprocamente se matan.
Etéocles es enterrado con honores, pero Creonte, tío de ambos y ahora, a cargo del Trono, dictamina que Polinice quede insepulto por haber combatido en contra de su ciudad. Creonte aplica una condena más allá de los límites, una muerte en la muerte, quedar insepulto con todo lo que eso significaba y todavía significa. (No en vano nuestras Madres de Plaza de Mayo son las Antígonas modernas). Si lo que está en juego es la ley de la ciudad, hay algo excesivo en esta condena, que intenta extenderse más allá de los
límites de la vida. Antígona se rebela desafiando el dictamen de su tío y entierra a su hermano, reclamando el derecho familiar y sagrado. ("Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", dirá más tarde otro hijo sacrificado) Creonte, la condena a ser sepultada viva, pero su hijo Hemón (Hemón significa sangre) que la ama, quiere evitar esa condena, fracasa y se suicida no sin antes haber querido matar a su padre. Nuevamente la rigurosidad de la tragedia reaparece y le devuelve a Creonte (como a Agamenón) lo extremo de su pensamiento y de sus acciones. Su familia ha quedado devastada...Creonte ha caído víctima de sus propios enunciados. Ni sueño con enumerar las innumerables lecturas que ha suscitado Antígona a lo largo de la historia, trataré de insinuar la de Kierkegaard que se identifica con Antígona, no sin antes torsionar lo que sabíamos de ella en la versión de Sófocles. Por de pronto, se hace notoria una formalidad dramática, que sería interesante desbrozar, pero no es nuestro propósito ahora.
Tal vez baste evocar su convicción poética de que los personajes adquieren vida independiente... (¡Tan viejas son las innovaciones de la literatura actual!) En la tragedia griega, el héroe está fatalmente condenado por su destino, por el caprichoso designio de los dioses (Edipo quiere escapar al suyo y en esa "peripecia" lo cumple.) El héroe de la tragedia moderna, (tal vez a partir de Descartes, de la duda Cartesiana) vacila entre el infinito y su finitud... y en ese entre dos, en esa vacilación o intersticio, aparece la elección, Fausto o Hamlet, responsables de su propia existencia y por consiguiente de su propia subjetividad. Esta vive o se suscita anegada en la angustia, el temor y el temblor. Por supuesto, y sobre todo para Kierkegaard, el sentimiento religioso sigue siendo un telón de fondo que ahora cobra otro sentido. Por de pronto, un sentido de culpa que se anuda al enigma fundamental heredado de la tragedia antigua. Kierkegaard sostiene que Antígona le ha confiado su secreto. Si le creemos, también su desesperación, ya que nos dice que ha decidido dejar a su prometida Regina Olsen, a quien ama, porque no puede compartir su secreto: el estigma de su familia, que lo condena al dolor y a la expurgación de una culpa heredada. Por supuesto, cualquier ser de la ficción tiende a ser mejor que uno real; tal vez por eso la vida suele imitar a la ficción. Kierkegaard dice, nos dice, que Antígona, su Antígona está enamorada de Hemón, pero que tiene que renunciar a él, porque no puede participarle su secreto, su duda. ¿Cuál duda? Ella es la hija de Edipo; es la hija de su hermano, de su padre ?hermano, y lo es por
voluntad de los dioses.
Antígona en vez de lamentar su suerte, afirma y se afirma en su estirpe. Su coherencia llega hasta tal punto que interrogada por Creonte, dice: Si me dieran a elegir entre la vida de mi hermano y un marido o un hijo, elegiría a mi hermano, porque habiendo muerto mis padres, otro hermano no puedo tener, pero sí otro marido y otros hijos. Dejemos de lado de que no todo lo que se dice, se suele mantener, llegado el momento; lo que importa es el valor extremo atribuido a sus predecesores. La deuda contraída con los
padres por el nacimiento, por obtener la vida, parece conllevar el sentido de la misma y por consiguiente determinar al matrimonio como un estadio ético. Lo que ocurre con Antígona, la Antígona de Kierkegaard, quién ahora soporta no sólo su destino antiguo sino la increíble fecundidad de un
pensamiento atormentado, es que sospecha de su padre; no puede no pensar que Edipo tal vez sabía que incurría en el incesto. Pero ¿como confirmarlo sin incurrir en la pregunta y por consiguiente, en la humillación del padre?
Antígona, según Kierkegaard, calla y elude el amor que siente por Hemón, porque no puede compartir su secreto. Hacerlo implicaría condenarlo a compartir el estigma de su estirpe. De allí, que cuando el amado la reclama, no hace más que condenarla por anticipado a su muerte voluntaria. Antígona, como lo declara románticamente Kierkegaard, es una "Symparanekromenoi", una compañera del silencio, del amor y de la muerte.
Por supuesto, hay en estas ficciones un estado de ánimo y una intensa ironía, ya que Kierkegaard no desconocía el nudo teatral que enmascara los actos humanos... En su estilo indirecto, fragmentario, y potentemente ambiguo reitera:"Soy en efecto impersonal o personalmente un apuntador en tercera persona que produjo poéticamente autores, que son los autores de sus prefacios y de sus nombres. No hay en los libros pseudónimos una sola palabra que sea mía;..." Cabe recordar que casi nunca firmó con su nombre lo cual insinúa pluriformes versiones. Como siempre, las interpretaciones ulteriores prefieren la vivencia de lo real, tal vez porque lo real inspira (extendiendo a Aristóteles) compasión y terror. Para mí se trata de una conciencia literaria, leyendo a nuestro autor se siente la pasión de la escritura. Algo que tira más allá y que yo no podría fundamentar, puesto que ya no recuerdo en que parte de su obra declara "Ser escritor; eso sí que me agrada..." Seguramente lo impulsaba el deseo de coincidir con su destino.
Este no lo decepcionó. Estaba repartiendo sus escritos "El instante" cuando lo sorprendió la parálisis... El temor y temblor comenzó por los pies, al enfrentarse con la eficacia de una muerte concreta que le exigió, como a cualquiera, el precio más alto en consideración a su imaginación, su inteligencia y su talento.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-12033-2008-01-24.html

Sin paraguas ni escarapelas*

*por Osvaldo Soriano

El 24 de mayo por la noche, el coronel Saavedra y el doctor Castelli atraviesan la Plaza de la Victoria bajo la lluvia, cubiertos con capotes militares. Van a jugarse el destino de medio continente después de tres siglos de dominación española. Uno quiere la independencia, el otro la revolución, pero ninguna de las dos palabras será pronunciada esa noche. Luego de seis días de negociación van a exigir la renuncia del español Cisneros. Hasta entonces Cornelio Saavedra, jefe del regimiento de Patricios, ha sido cauto: "Dejen que las brevas maduren y luego las comeremos", aconsejaba a los más exaltados jacobinos.
Desde el 18, Belgrano y Castelli, que son primos y a veces aman a las mismas mujeres, exigen la salida del virrey, pero no hay caso: Cisneros se inclina, cuanto más, a presidir una junta en la que haya representantes del rey Fernando Vll - preso de Napoleón - y algunos americanos que acepten perpetuar el orden colonial. Los orilleros andan armados y Domingo French, teniente coronel del estrepitoso regimiento de la Estrella, está por sublevarse. Saavedra, luego de mil cabildeos, se pliega: "Señores, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder ni una hora", les dice a los jacobinos reunidos en casa de Rodríguez Peña. De allí en más los acontecimientos se precipitan y el destino se juega bajo una llovizna en la que no hubo paraguas ni amables ciudadanos que repartieran escarapelas.
El orden de los hechos es confuso y contradictorio según a qué memorialista se consulte. Todos, por supuesto - salvo el pudoroso Belgrano - intentan jugar el mejor papel. Lo cierto es que el 24 todo Buenos Aires asedia el Cabildo donde están los regidores y el obispo. "Un inmenso pueblo", recuerda Saavedra en sus memorias, y deben haber sido más de cuatro mil almas si se tiene en cuenta que más tarde, para el golpe del 5 y 6 de abril de 1811, el mismo Saavedra calcula que sus amigos han reunido esa cifra en la Plaza y sólo la califica de "crecido pueblo".
La gente anda con el cuchillo al cinto, cargando trabucos, mientras Domingo French y Antonio Beruti aumentan la presión con campanas y trompetas que llaman a los vecinos de las orillas. Esa noche nadie duerme y cuando los dos hombres llegan al Cabildo, empapados, los regidores y el obispo los reciben con aires de desdén. Enseguida hay un altercado entre Castelli y el cura. "A mí no me han llamado a este lugar para sostener disputas sino para que oiga y manifieste libremente mi opinión y lo he hecho en los términos que se ha oído", dice monseñor, que se opone a la formación de una junta americana mientras quede un solo español en Buenos Aires. A Castelli se le sube la sangre a la cabeza y se insolenta: "Tómelo como quiera", se dice que le contesta. Cuatro días antes ha ido con el coronel Martín Rodríguez a entrevistarse con Cisneros que era sordo como una tapia. "¡No sea atrevido!" le dice Cisneros al verlo gritar, y Castelli responde orondo: “¡Y usted no se caliente que la cosa ya no tiene remedio!"
Al ver que Castelli llega con las armas de Saavedra, los burócratas del Cabildo comprenden que deben destituir a Cisneros, pero dudan de su propio poder. Juan José Paso y el licenciado Manuel Belgrano esperan afuera, recorriendo pasillos, escuchando las campanadas y los gritos de la gente. Saavedra sale y les pide paciencia. El coronel es alto, flaco, parco y medido. El rubio Belgrano, como su primo, es amable pero se exalta con facilidad. Paso es hombre de callar pero luego tendrá un gesto de valentía. Entrada la noche, cuando French y Beruti han agitado toda la aldea y repartido algunos sablazos a los disconformes, Belgrano y Saavedra abren las puertas de la sala capitular para que entren los gritos de la multitud. No hay nada más que decir: Cisneros se va o lo cuelgan. Pero ¿quién se lo dice? De nuevo Castelli y el coronel cruzan la Plaza y van a la fortaleza a persuadir al virrey. Hay un último intento del español por formar una junta que lo incluya, pero Castelli, que tiene 43 años y está enfermo de cáncer, se opone. Los "duros" juegan a todo o nada. Cisneros trata de ganarse al vanidoso Saavedra, pero el coronel ya acaricia la gloria de una fecha inolvidable. Quizá piensa en George Washington mientras Castelli se imagina en la comuna francesa. Su Robespierre es un joven llamado Mariano Moreno, que espera el desenlace en lo de Nicolás Peña.
Entre tanto French, que teme una provocación, impide el paso a la gente sospechosa de simpatías realistas. Sus oficiales controlan los accesos a la Plaza y a veces quieren mandar más que los de Saavedra. Por el momento la discordia es sólo antipatía y los caballos se topan exaltados o provocadores. Al amanecer, Beruti, por orden de French, derriba la puerta de una tienda de la recova y se lleva el paño para hacer cintas que distingan a los leales de los otros. Alguien toma nota y nace la leyenda de la escarapela en el pecho.
Al amanecer, para guardar las formas, el Cabildo considera la renuncia de Cisneros, pero la nueva Junta de gobierno ya está formada. Escribe el catalán Domingo Matheu: "Saavedra y Azcuénaga son la reserva reflexiva de las ideas y las instituciones que se habían formado para marchar con pulso en las transformaciones de la autognosia (sic) popular; Belgrano, Castelli y Paso eran monarquistas, pero querían otro gobierno que el español; Larrea no dejaba de ser comerciante y difería en que no se desprendía en todo evento de su origen (español); demócratas: Alberti, Matheu y Moreno. Los de labor incesante y práctica eran Castelli y Matheu, aquél impulsando y marchando a todas partes y el último preparando y acopiando a toda costa vituallas y elementos bélicos para las empresas por tierra y agua. Alberti era el consejo sereno y abnegado y Moreno el verbo irritante de la escuela, sin contemplación a cosas viejas ni consideración a máscaras de hierro; de aquí arranca la antipatía originaria en la marcha de la Junta entre Saavedra y él." Matheu exagera su importancia. Todos esos hombres han sido carlotistas y, salvo Saavedra, son amigos o defensores de los ingleses que en el momento aparecen a sus ojos como aliados contra España.
El delirio y la compasión
La mañana del 25, cuando muchos se han ido a dormir y otros llegan a ver "de qué se trata", el abogado Juan José Castelli sale al balcón del Cabildo y, con el énfasis de un Saint Just, anuncia la hora de la libertad. La historiografía oficial no le hará un buen lugar en el rincón de los recuerdos. El discurso de Castelli es el de alguien que arroja los dados de la Historia.
Aquellas jornadas debían ser un simple golpe de mano, pero la fuerza de esos hombres provoca una voltereta que sacudirá a todo el continente. Dice Saavedra: "Nosotros solos, sin precedente combinación con los pueblos del interior mandados por jefes españoles que tenían influjo decidido en ellos, (...) nosotros solos, digo, tuvimos la gloria de emprender tan abultada obra (...). En el mismo Buenos Aires no faltaron (quienes) miraron con tedio nuestra empresa: unos la creían inverificable por el poder de los españoles; otros la graduaban de locura y delirio, de cabezas desorganizadas; otros en fin, y eran los más piadosos, nos miraban con compasión no dudando que en breves días seríamos víctimas del poder y furor español."
La audacia desata un mecanismo inmanejable. Saavedra es un patriota, no un revolucionario, pero no puede oponerse a la dinámica que se desata en esos días El secretario Moreno, un asceta de la revolución, dirige sus actos y sus órdenes a forzar esa dinámica para destrozar el antiguo sistema. Habla latín, inglés y francés con facilidad; ha leído - y hace publicar - a Rousseau, conoce bien la Revolución Francesa y es posible que desde el comienzo se haya mimetizado con el fantasma de un Robespierre que no acabará en la tragedia de Termidor. El ateo Castelli está a su izquierda, como French y el joven Monteagudo que maneja el club de los "chisperos". Todos ellos celebran en los templos del Norte el culto de “La mort est un sommeil éternel”, que Fouché y la ultraizquierda francesa usaron como bandera desde 1792. Belgrano, que es muy creyente, no vacila en proponer un borrador con apuntes sobre economía para el Plan terrorista que en agosto redactará Moreno.
En la primera junta gana la “gauche” (la acepción de "izquierda" se pronuncia, todavía, en francés): Moreno, Castelli y Belgrano son un bloque sólido con una política propia a la que por conveniencia se pliegan Matheu, Paso y el cura Alberti; Azcuénaga y Larrea sólo cuentan las ventajas que puedan sacar y simpatizan con el presidente Saavedra que a su vez los desprecia por oportunistas. Las discordias empiezan muy pronto, con las primeras resoluciones. Castelli parte a Córdoba y el Alto Perú como comisario político de Moreno, que no confiaba en los militares formados en la Reconquista. Es él quien cumple las "instrucciones" y ejecuta a Liniers primero y al temible mariscal Vicente Nieto más tarde. Belgrano, el otro brazo armado de los jacobinos, va a tomar el Paraguay; no hay en él la cólera terrible de su primo, sino una piedad cristiana y otoñal que lo engrandece: en el Norte captura a un ejército entero y lo deja partir bajo juramento de no volver a tomar las armas. Manda a sus gauchos desharrapados con un rigor insostenible y no mata por escarmiento sino por extrema necesidad. Sufre sífilis, cirrosis y tiene várices, pero conserva la fe cristiana y el sentido del humor. Las victorias de Castelli en Suipacha y la suya en Tucumán afirman la posición de Moreno en la Junta, pero las catástrofes de fines de año aceleran su caída.
Frente a frente, uno de levita y otro de uniforme, Moreno de Chuquisaca y Saavedra de Potosí, se odian pero no se desprecian "Impío, malvado, maquiavélico", llama el coronel al secretario de la Junta; y cuando se refiere a uno de sus amigos, dice: "El alma de Monteagudo, tan negra como la madre que lo parió". El primer incidente ocurre cuando los jacobinos descubren que diez jefes municipales están complotados contra el nuevo poder. En una sesión de urgencia Moreno propone "arcabucearlos" sin más trámite, pero Saavedra le responde que no cuente para ello con sus armas. "Usaremos entonces las de French", replica un Moreno siempre enfermo, con el rostro picado de viruela, que acaba de cumplir 30 años. Al presidente lo escandaliza que ese mestizo use siempre la amenaza del coronel French, a quien hace espiar por sus "canarios", una especie de soplones manejados por el coronel Martín Rodríguez. Los conjurados salvan la vida con una multa de dos mil pesos fuertes, propuesta por el presidente. "¿Consiste la felicidad en adoptar la más grosera e impolítica democracia? ¿Consiste en que los hombres impunemente hagan lo que su capricho e interés les sugieren?¿Consiste en atropellar a todo europeo, apoderarse de sus bienes, matarlo, acabarlo y exterminarlo? ¿Consiste en llevar adelante el sistema de terror que principió a asomar? ¿Consiste en la libertad de religión y en decir con toda franqueza me cago en Dios y hago lo que quiero?", se pregunta Saavedra en carta a Viamonte que lo amenaza desde el Alto Perú.
Desde fines de agosto, Moreno ha hecho aprobar por unanimidad el Plan secreto de operaciones que recomienda el terror como método para destruir al enemigo emboscado. Ese texto feroz, por momentos descabellado, no se conoció hasta que a fines del siglo XIX. Eduardo Madero - el constructor del puerto - lo encontró en los archivos de Sevilla y se lo envió a Mitre. Para entonces, los premios y castigos de la historia oficial ya estaban otorgados y Moreno pasaba por un periodista y educador romántico influido por las mejores ideas de la Revolución Francesa. Pero es la aplicación de ese método sangriento lo que garantiza el triunfo de la Revolución. Hasta la llegada de San Martín la formación de los ejércitos se hizo a punta de bayoneta, la conspiración de Alzaga, como la contrarrevolución de Liniers, terminaron en suplicio y los españoles descubrieron, entonces, que los patriotas estaban dispuestos a todo: "Nuestros asuntos van bien porque hay firmeza y si por desgracia hubiéramos aflojado estaríamos bajo tierra. Todo el Cabildo nos hacía más guerra que los tiranos mandones del virreinato", escribe Castelli antes de ser llevado a juicio.
El coronel manda parar
A principios de diciembre dos circunstancias banales sirven de pretexto a la ruptura entre Moreno y Saavedra que será nefasta para la Revolución. En la plaza de toros de Retiro el presidente hace colocar sillas adornadas con cojinillos para él y su esposa. Cuando las ve, Matheu hace un escándalo y argumenta que ningún vocal merece distinción especial. Pocos días más tarde, el 6, el regimiento de Patricios da una fiesta a la que asisten Saavedra y su mujer. En un momento un oficial levanta una corona de azúcar y la obsequia a la esposa que la entrega al Presidente, Moreno se entera y esa misma noche escribe un decreto de supresión de honores. Saavedra se humilla y lo firma, pero el rencor lo carcome para siempre. Poco después, el 18 de diciembre, mientras los Patricios se agitan y reclaman revancha por la afrenta civil, el coronel llama a los nueve diputados de las provincias para ampliar la Junta. Moreno - que intuye su fin - no puede oponerse a esa propuesta "democratizadora". El único que tiene el valor de votar en contra es el tímido tesorero Juan José Paso.
Moreno renuncia y el 24 de enero de 1811 se embarca para Londres. "Me voy, pero la cola que dejo será larga", les dice a sus amigos que claman venganza. También pronuncia un mal augurio: "No sé qué cosa funesta se me anuncia en mi viaje". En alta mar se enferma y nada podrá convencer a Castelli y Monteagudo de que no lo asesinaron. "Su último accidente fue precipitado por la administración de un emético que el capitán de la embarcación le suministró imprudentemente y sin nuestro conocimiento", cuenta su hermano Manuel, que agrega en la relación de los hechos el célebre "Viva mi patria aunque yo perezca!"
Saavedra ha liquidado a su adversario, pero la Revolución está en peligro. El español Francisco Javier Elío amenaza desde la Banda Oriental y no todos los miembros de la Junta son confiables. El 5 y 6 de abril el coronel Martín Rodríguez,con los alcaldes de los barrios, junta a los gauchos en Plaza Miserere y los lleva hasta el Cabildo para manifestar contra los morenistas. Saavedra, que jura no haber impulsado el golpe, aprovecha para sacarse de encima al mismo tiempo a jacobinos y comerciantes corruptos. Renuncian Larrea, Azcuénaga, Rodríguez Peña y Vieytes. Los peligrosos French, Beruti y Posadas son confinados en Patagones. Belgrano y Castelli pasan a juicio por desobediencia y van presos.
Pero Saavedra sólo dura cuatro meses al frente del gobierno. Ha acercado a Rivadavia al poder, pero el brillante abogado y los porteños se ensañan con éI y lo persiguen durante cuatro años por campos y aldeas; se ensañan también con Castelli, que muere deslenguado durante el juicio; con el propio San Martín que combate en Chile; con Belgrano que muere en la pobreza y el olvido gritando el plausible " Ay patria mía! " Pese a todo, la idea de independencia queda en pie levantada por San Martín, que se ha llevado como asistente a Monteagudo, "el del alma más negra que la madre que lo parió". Los ramalazos de la discordia duran intactos medio siglo y se prolongan hasta hoy en los entresijos de una historia no resuelta.

-nota aparecida en revista aniversario de Página/12, junio de 1990.

*Fuente: http://www.socavon.net/Poetas-y-Escritores/osoriano.htm

Jueves, 24 de Enero de 2008
EL MILENARIO JUEGO Y OTRAS ACTIVIDADES "AUSTERAMENTE FRIVOLAS"

Niño del ajedrez*

En 1971, el gran George Steiner publicó un ensayo inspirado en el ajedrecista Bobby Fischer -que falleció hace una semana-. Hay sólo tres campos donde los hombres logran brillar antes de la pubertad: son campos "austeramente frívolos", y uno de ellos es el ajedrez.

Por George Steiner *

Existen tres campos intelectuales; y por lo que sé, solamente tres donde los hombres realizaron importante hazañas antes de la pubertad. Estos campos son: la música, las matemáticas y el ajedrez. Mozart compuso música de indudable calidad y encanto antes de los ocho años. Se dice que a los tres
años Karl Friedrich Gauss hacia cálculos de cierta complejidad, y antes de cumplir los diez demostró ser un aritmético prodigiosamente veloz y serio. A los doce años Paul Morphy venció a todos sus contrincantes en Nueva Orleans, proeza nada desdeñable en una ciudad que hace ya un siglo contaba con ajedrecistas de primer orden. ¿Se trata de elaborados reflejos miméticos, de proezas que puede lograr un autómata? ¿O acaso es verdad que estos maravillosos y diminutos seres verdaderamente pueden crear? Las Seis sonatas para violines, violoncelo y contrabajo compuestas por el niño Rossini en el
verano de 1804 están evidentemente influidas por Haydn y Vivaldi, pero las principales líneas melódicas son de Rossini, y maravillosamente originales.
A los doce años Pascal descubrió por su cuenta los axiomas y las proposiciones esenciales de la geometría euclidiana. Las primeras partidas de Capablanca con Alekhine de las que tenemos noticia, revelan un estilo personal. Ni la teoría de los reflejos condicionados de Pavlov ni la de la mimesis de los simios puede explicarlo. En estos tres campos se producen a menudo creaciones memorables a una edad increíblemente precoz.
¿Existe una explicación? Se ha intentado encontrar una relación entre esas tres actividades: ¿en qué se parecen la música, las matemáticas y el ajedrez? Es el tipo de pregunta que demanda una respuesta tajante, o mejor dicho clásica. (La idea de que en efecto existe una profunda afinidad entre las tres actividades no es nueva.) Pero casi todo lo que encontramos son metáforas o indicaciones vagas. La psicología de la creación musical como algo diferenciado del mero virtuosismo interpretativo, prácticamente no existe. A pesar de algunas orientaciones fascinantes de Henri Poincaré y Jacques Hadamard, no se sabe casi nada sobre los procesos intuitivos y racionales de los descubrimientos matemáticos. Fred Reinfeld y Gerald Abrahams escribieron notas interesantes sobre "la mentalidad del
ajedrecista", pero no han probado que tal cosa exista, y si existe en qué se basan sus extraños poderes. En cada uno de estos campos, la "psicología" es nada más que un anecdotario donde se destacan las destrezas de ejecución y creación de los niños prodigio.
Reflexionando, dos cosas resultan sorprendentes. Al parecer, la formidable energía mental y la capacidad combinatoria con fines determinados que posee el niño genio en música, matemáticas y ajedrez, están prácticamente aisladas de los rasgos normales de madurez cerebral y física. Un prodigio musical, un niño compositor o director de orquesta, puede seguir siendo niño en todos los otros aspectos; puede ser ignorante y caprichoso como cualquier otro niño de su edad. No existen pruebas para afirmar que la conducta de Gauss cuando era niño, su coherencia emocional o facilidad de expresión, hayan
sobrepasado las de otros niños; era adulto -y mucho más adulto que un adulto normal- sólo en relación a los conocimientos numéricos y geométricos.
Cualquiera que haya jugado al ajedrez con un muchacho muy joven y especialmente inteligente, habrá notado la diferencia casi escandalosa que existe entre la astucia y sofisticación analítica de sus movimientos sobre el tablero y su comportamiento infantil cuando las piezas ya han sido guardadas. He visto a un niño de seis años usar la defensa francesa con habilidad implacable, y convertirse segundos después de terminada la partida en un mocoso gritón e insoportable. Resumiendo, suceda lo que suceda en el cerebro y el sistema nervioso de un joven Mendelssohn, un Galois o un Bobby Fischer, el niño travieso que hay en cada uno de ellos parece vivir radicalmente aislado. Si bien las recientes teorías neurológicas sostienen una vez más la posibilidad de localizaciones específicas -la idea ya conocida por la frenología del siglo XVIII de que existen en el cerebro humano diferentes áreas para diferentes habilidades o potencialidades-, todavía no hay pruebas decisivas. Es cierto que hay centros sensoriales específicos; pero no sabemos de qué modo la corteza cerebral divide sus múltiples tareas, si es que las divide.
La música, las matemáticas y el ajedrez son esencialmente actos dinámicos de localización. Se colocan fichas simbólicas en casilleros significativos. Las soluciones -se trate de una disonancia, una ecuación algebraica o una impasse posicional- se logran mediante el reagrupamiento o reordenamiento secuencial de las unidades individuales y el conjunto de unidades (notas, número, torres o peones). El niño prodigio, como un adulto, puede visualizar de manera instantánea y al mismo tiempo extraordinariamente segura cómo estarán las cosas luego de varias jugadas. Anticipa la lógica, el desarrollo armónico y melódico necesario si se trata de una relación de clave inicial o de los preludios de un movimiento. Conoce el orden, la dimensión exacta de la suma o la figura geométrica antes de dar los pasos intermedios. Predice
el jaque mate en seis jugadas porque la victoriosa posición inicial, la configuración más eficiente de sus piezas en el tablero, se encuentra "allí" de cierto modo, clara y precisamente enfocada por su mente. En cada caso, el mecanismo cerebral-nervioso da un auténtico salto hacia el "espacio subsiguiente". Es muy probable que se trate de una habilidad neurológica (estamos tentados de decir neuroquímica) extremadamente especializada y aislada del resto de las facultades mentales y fisiológicas, y capaz de
desarrollarse con increíble rapidez. Cualquier estímulo casual -una melodía o progresión armónica que suena en la habitación de al lado, una lista de números en la vidriera de un negocio, la visión de las jugadas iniciales de una partida de ajedrez en un café- provoca una reacción en cadena en determinada zona de la muerte. Y el resultado es una maravillosa monomanía.
La música y las matemáticas son dos milagros extraordinarios de la raza humana. Lévi-Strauss considera la invención de la melodía como "una clave para el misterio supremo" del hombre, una pista que nos podría conducir, si pudiéramos seguirla, a entender la estructura y el carácter diferencial de
la especie. El poder de las matemáticas para generar acciones a partir de motivos tan sutiles, ingeniosos y complejos como cualquiera de los que ofrece la experiencia sensorial, y desarrollar un inagotable movimiento que se genera a sí mismo, es una de las marcas más extrañas y profundas que el hombre deja en este mundo. Por otra parte, el ajedrez es un juego en el que treinta y dos piezas de marfil, cuerno, madera, metal o (en los campos de concentración) aserrín pegado con betún son movidas en un espacio de sesenta y cuatro casillas de colores alternados. Para el aficionado, semejante descripción es una blasfemia. Los orígenes del ajedrez están rodeados de controversias, pero indudablemente este pasatiempo aparentemente trivial ha sido para muchas personas y a lo largo de los siglos, una realidad, un foco de emociones a veces más sustancial que la vida misma. Los naipes pueden llegar a significar la misma idea de absoluto. Pero su magnetismo es impuro.
La pasión por el whist o el poker está relacionada con la magia universal y evidente del dinero. En el ajedrez, el estímulo monetario -si existe- siempre es mínimo o incidental.
Para un verdadero jugador de ajedrez, el acto de mover treinta y dos piezas en un espacio de 8 x 8 casillas es un fin en sí mismo, un mundo muy completo al lado del cual la vida biológica, política o social resulta desordenada, aburrida y contingente. Hasta el patzer, el pobre aficionado que sale corriendo con su caballo cuando el alfil de su contrincante se larga a D4, siente esa fascinación diabólica. Hay momentos mágicos en los que criaturas completamente normales dedicadas a otra cosa, hombres como Lenin o yo mismo, sienten la tentación de renunciar a todo -matrimonio, hipoteca, carrera o Revolución Rusa- para pasar días y noches moviendo pequeños objetos tallados arriba y abajo sobre un tablero cuadrado. Ante el tablero, aun cuando sea el más barato de los juegos portátiles de plástico, nuestros dedos se crispan y un leve escalofrío recorre la columna vertebral. Y no se trata de ganar
dinero ni obtener conocimientos o renombre, sino de un encantamiento autista, tan puro como los cánones invertidos de Bach o la fórmula de los poliedros de Euler.
Allí radica indudablemente una de las verdaderas conexiones. A pesar de su riqueza de contenido, de toda la historia y las instituciones sociales relacionadas con ellas, la música, las matemáticas y el ajedrez son actividades maravillosamente inútiles (las matemáticas aplicadas son una especie de plomería sofisticada, o de música para ser interpretada por la banda de policía). Son metafísicamente triviales e irresponsables. Se resisten a conectarse con el mundo y aceptar la realidad como árbitro. Este es el secreto de su fascinación. Nos hablan -al igual que ese procedimiento más reciente llamado arte abstracto- de la capacidad del hombre para "crear cosas al margen el mundo", de inventar formas alocadas, totalmente inútiles, austeramente frívolas. Dichas formas no toman en cuenta la realidad y, por lo tanto, son ajenas -como ninguna otra cosa- a la autoridad banal de la muerte.
Las asociaciones alegóricas de la muerte con el ajedrez son proverbiales: en los grabados medievales, en los frescos renacentistas y en las películas de Cocteau y Bergman. La muerte gana la partida, pero al hacerlo se somete -aunque sea momentáneamente- a leyes que están fuera de su dominio.
Los amantes juegan al ajedrez para detener el tiempo y abolir el mundo. Eso ocurre en el poema de Yeats, Deirdre: "Sabían que nada podía salvarlos;/ así jugaron al ajedrez como lo habían hecho noche tras noche/ durante años, y esperaron el golpe de la espada./ Nunca oí hablar de una muerte tan
distante/ de las almas vulgares, un final tan bello y tan altivo".
Es ese ostracismo en relación a la muerte cotidiana, esa inmersión en una esfera diáfana y cerrada, lo que debe lograr el poeta o novelista que elige el ajedrez como tema. El escándalo o la paradoja de una trivialidad esencial, debe convertirse en algo psicológicamente verosímil. Por eso resulta difícil triunfar en este género. Master Prim (1968), de James Whirfield Ellison, no es una buena novela, pero tiene algunos momentos interesantes. Al narrador, Francis Rafael, le encargan hacer un reportaje a
Julian Prim, estrella ascendente del ajedrez norteamericano. Al principio, el periodista (maduro, respetuoso de las convenciones y serio hasta la médula) y el ajedrecista de diecinueve años no se llevan bien. Prim es arrogante y mordaz, y se comporta como un cachorro de dientes afilados. Rafael, por su parte, soñó alguna vez con llegar a ser un ajedrecista famoso. En la escena más atrapante de la novela -una serie de partidas entre Julian y algunos miembros del Gotham Chess Club, donde cada jugada debe
durar menos de diez segundos- se enfrentan el escritor y el joven imbatible.
Rafael gana una partida, y a partir de allí surge entre ellos "una especie de masonería de respeto mutuo". Al llegar a la última página, Prim ya ha ganado el campeonato de los Estados Unidos y está comprometido con la hija de Rafael. El libro de Ellison contiene todos los elementos de una novela á
clef. La personalidad y la carrera de Julian parecen calcadas de las de Bobby Fisher y su antagonismo personal y profesional con Samuel Reshevsky -conflicto inusual por su vehemencia, incluso en el mundo
extremadamente competitivo del ajedrez. Eugene Berlin, el Reshevsky de Ellison, es el campeón reinante. En la partida que constituye el clímax demasiado obvio, Julian le arranca la corona a su odiado contrincante. La partida misma, que comienza con un peón de la reina, carece de interés aunque esté basada en una partida real. El tratamiento de la defensa de Berlín no tiene el menor vuelo imaginativo, y el triunfo de Julian en la jugada veintidós no se merece la efusiva reacción del novelista y menos
todavía el campeonato. Los incidentes menores y los personajes secundarios también están rigurosamente basados en la realidad. Ningún aficionado podría dejar de reconocer a los hermanos Sturdivant o engañarse sobre el Gotham Club. Pero lo que sí trasmite Ellison es la extraña y soterrada violencia
que genera el ajedrez. Derrotar a un ajedrecista y soterrada violencia que genera el ajedrez. Derrotar a un ajedrecista es humillar las raíces de su inteligencia; derrotarlo con facilidad es desnudarlo. Durante una noche de fiesta en Manhattan, Julian se pone a jugar con Bryan Pleasant, estrella del
cine británico, con un solo caballo a un dólar la partida. Julian gana una y otra vez "con su reina que aparece y destroza al enemigo com una encolerizada bestia salvaje". En un despliegue de virtuosismo, Julian se permite cada vez menos tiempo; hasta que la violencia brutal de su talento de pronto lo espanta: "Es como una enfermedad... Te ataca como una fiebre y se pierde el sentido de las cosas... Quiero decir, ¿a quién se puede derrotar en quince segundos? Aunque seas Dios. Y yo no soy Dios. Es estúpido decir esto, pero a veces tengo que hacerlo".
El hecho de que el ajedrez puede ser un íntimo aliado de la locura es el tema de Partida de ajedrez, la famosa novela de Stefan Zweig publicada en 1941. Mirko Czentovic, el campeón mundial, se encuentra a bordo de un lujoso transatlántico con rumbo a Buenos Aires. Por doscientos cincuenta dólares la partida, Mirko acepta jugar contra un grupo de pasajeros y los derrota con una facilidad despreciativa. Hasta que un misterioso jugador se une a los aficionados. Czentovic y su rival quedan en tablas. Su rival resulta ser un doctor vienés que había estado preso, incomunicado por la Gestapo. Durante su prisión, el único vínculo con la realidad fue un viejo tratado de ajedrez. El doctor B. ha memorizado las ciento cincuenta partidas del libro y las juega mentalmente infinidad de veces. Conociendo perfectamente cada partida, logra una velocidad enloquecedora en su juego mental; sabe cómo van a responder las negras antes de mover las blancas. El campeón mundial acepta jugar una segunda ronda. El sorprendente personaje gana la primera partida.
Czentovic disminuye el ritmo del juego. Enloquecido por lo que resulta para él un tempo insoportable y por la sensación absoluta de déjá vu, el doctor B. siente que se vuelve esquizofrénico y abandona en mitad de la brillante partida. Esta fábula macabra done Zweig nos transmite la sensación de un verdadero juego entre maestros (sugiriendo cada partida en lugar de describir las jugadas) subraya los elementos esquizofrénicos del ajedrez.
Estudiando las aperturas y jaques y repitiendo partidas famosas, el ajedrecista es negro y blanco al mismo tiempo. Al jugar, la mano apoyada del otro lado del tablero es en cierto sentido su propia mano. El ajedrecista está, por decirlo así, dentro del cerebro de su contrincante viéndose a sí mismo como el enemigo y tratando de contrarrestar sus propias jugadas, e inmediatamente después se vuelve a meter en su propia piel para buscar un golpe al contragolpe. En el juego de naipes las cartas del adversario
permanecen ocultas; en el ajedrez sus piezas están expuestas, invitándonos a que observemos las cosas desde su punto de vista. Existe por lo tanto en todo jaquemate lo que se llama literalmente "suimate" -un problema de ajedrez donde el que lo resuelve tiene que mover sus piezas para darse jaque-mate a sí mismo-. En una partida entre jugadores de igual capacidad, si se nos derrota nos derrotamos al mismo tiempo a nosotros mismos. De allí el gusto a ceniza en la boca.

* Fragmento de "Muerte de reyes", en Extraterritorial. Ensayos sobre literatura y la revolución del lenguaje (Ed. Adriana Hidalgo, trad. Edgardo Russo).

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-97896-2008-01-24.html

Correo:

queridas amigas, apreciados amigos,

en mi página de internet www.walkala.uni.cc encontrarán una variada muestra del trabajo gráfico y pictórico que he realizado en europa.

Una vez en mi página les recomiendo muy especialmente visitar los links: bilder von walkala für komponisten (grosses format) y bilder von walkala für komponisten (kleines format) donde presento pinturas en acrílico dedicadas a obras de compositores, en su gran mayoría latinoamericanos, fruto de un proyecto en el cual he empleado un buen número de años.
Para ver las fotos de las obras ampliadas y leer sus comentarios, los cuales se encuentran debajo de la correspondiente foto (primero en alemán y luego en español) es necesario cliquear sobre las mismas.

Para quienes deseen saber más sobre este proyecto, anexo un artículo que acaba de aparecer en el Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL, "Estrella Errante" # 82, (enero/marzo/2008), titulado: "Sinestesia en mi creación artística".

Las 50 pinturas presentadas constituyen la primera parte del proyecto, y las obras y los compositores que encontrarán son los siguientes:

a) en el link bilder von walkala für komponisten (grosses format) :

"atmósferas", para Alicia terzian, argentina. (150 cm x 100 cm acrílico sobre lienzo)
"proudhonia", para jorge antunes, brasil. (100 cm x 150 cm, acrílico sobre lienzo)
"marsyas", para mario lavista, méxico. (100 cm x 150 cm, acrílico sobre lienzo)
"del fuego", para tomás garrido, españa. (150 cm x 100 cm acrílico sobre lienzo)
"la solidez de la niebla", para juan maría solare, argentina. (100 cm x 150 cm, acrílico sobre lienzo)
"serenata opus 60 para piano y orquesta de cámara", para klaus ager, austria. (100 cm x 150 cm, acrílico sobre lienzo)
"trio expan", para bruno strobl, austria. (100 cm x 150 cm, acrílico sobre lienzo)
"mutazioni kv 401", para wolfgang roscher, austria. (100 cm x 150 cm, acrílico sobre lienzo)
"misa murucuyá", para rolando cori, chile. (100 cm x 100 cm, acrílico sobre lienzo)
"panta rhei", para johannes tonio kreusch, alemania. (80 cm x 120 cm, acrílico sobre lienzo)
"sendas lunares", para javier parrado, bolivia. (80 cm x 120 cm, acrílico sobre lienzo)
"terra brasilis", para edino krieger, brasil. (80 cm x 120 cm, acrílico sobre lienzo)
"modelagem XI", para edson zampronha, brasil. (120 cm x 80 cm, acrílico sobre lienzo)
"concerto para computador e orquestra", para rodolfo coelho de souza, brasil. (80 x 120 cm acrílico sobre lienzo)
"horizontes", para tania león, cuba. (120 cm x 80 cm, acrílico sobre lienzo)
"canto da semente", para albery albuquerque júnior, brasil. (70 cm x 100 cm, acrílico sobre lienzo)
"el oro", para mesias maiguashca, ecuador. (100 cm x 150 cm, acrílico sobre lienzo)
"bosque guaraní", para rubén carrasco, argentina. (100 cm x 150 cm, acrílico sobre lienzo)
"fase II", para ignacio baca-lobera, méxico. (100 cm x 100 cm, acrílico sobre lienzo)
"escenario para violín y piano", para gerhard wimberger, austria. (80 cm x 120 cm, acrílico sobre lienzo)
b) en el link bilder von walkala für komponisten (kleines format) :
"invitación al vals". para luis advis, chile. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"metamorfoses", para frederico richter, brasil. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"mariposa", para josé de orejón y aparicio, perú. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"entrelunas", para eduardo cáceres, chile. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"he venido solo a suspirar", para gabriel pareyón, méxico. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"elegía", para armando luna ponce, méxico. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"equus", para conrado silva, brasil. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"páramo", para ricardo zohn-muldoon, méxico. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"pacific serenade", para miguel del aguila, uruguay. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"el sonido dulce de tu voz", para orlando jacinto garcía, cuba. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"calidoscopio", para jorge pítari, argentina. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"la luz es como el agua", para miguel farías vásquez, chile. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"como agua en el agua", para marcela rodríguez, méxico. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"sinfonía 2000", para ronaldo coutinho miranda, brasil. (trípico, c/u 40 cm x 40 cm, acrílico sobre lienzo)
"goé payari (canto después de la muerte)", para jesús pinzón urrea, colombia. (trípico, c/u 40 cm x 40 cm, acrílico sobre lienzo)
"rhythmetron", para marlos nobre, brasil. (trípico, c/u 40 cm x 40 cm, acrílico sobre lienzo)
"dos movimientos sinfónicos: almaguer y reflexión", para luis fernando franco, colombia. (díptico, c/u 41,5 cm x 33,5 cm,, acrílico sobre lienzo)
"movimientos", para gerold amann, austria. (41,5 cm x 33,5 cm, acrílico sobre lienzo)
"sonata de otoño para piano", para ramón campbell batista, chile. (60 cm x 40 cm, acrílico sobre lienzo)
"suray surita", para theodoro valcárcel, perú. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"Souffle", para gonzalo macías andere, méxico. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"sol de agua", para mauricio rodríguez, méxico. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"wenu-mapu, la región celeste del cielo", para ramón gorigoitia, chile. (40 cm x 60 cm, acrílico sobre lienzo)
"primera resonancia", para pablo espada, argentina. (50 cm x 50 cm, acrílico sobre lienzo)
"trance", para andrés levell, venezuela. (80 cm x 80 cm, acrílico sobre lienzo)
"comentario a medea", para christian ofenbauer, austria. (80 cm x 80 cm, acrílico sobre lienzo)
"entornos", para alba potes, colombia. (80 cm x 80 cm, acrílico sobre lienzo)
"elegia IV", para daniel stefani, uruguay. (80 cm x 80 cm, acrílico sobre lienzo)
"el otro amanecer", para fernando maglia, argentina. (80 cm x 80 cm, acrílico sobre lienzo)
"concierto para guitarra y grupo instrumental", para javier farías caballero, chile. (80 cm x 80 cm, acrílico sobre lienzo)

Junto a mis mejores deseos por un armónico y feliz 2008, espero que la visita virtual a mi página de internet sea de vuestro total agrado.

Cordial saludo,

*walkala. walkala1@utanet.at

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.com

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