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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

06/03/2008 GMT 1

LOS OJOS SEGUÍAN VIENDO UNA ILUSIÓN DE BRASA...

urbanopowell @ 01:18

GORILA*

*de Nicolás Guillén

El gorila es un animal
a poco más enteramente humano.
No tiene patas sino casi pies,
no tiene garras sino casi manos.
Le estoy hablando a usted
del gorila del bosque africano.

El animal que está a la vista,
a poco más
es un gorila enteramente.
Patas en lugar de pies
y casi garras en lugar de manos.
Le estoy mostrando a usted
el gorila americano.

Lo adquirió
nuestro agente viajero en un cuartel
para el Gran Zoo.

*del libro “El Gran Zoo”. Editorial Quetzal, Buenos Aires, 1967
-Enviado para compartir por Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

LOS OJOS SEGUÍAN VIENDO UNA ILUSIÓN DE BRASA...

La tierra incomparable*

(fragmento)

*de Antonio Dal Masetto

TREINTA Y OCHO.

Por la mañana Agata agregó los saludos a la carta, la fir­mó, dobló las hojas planchándolas varias veces con el can­to de la mano y cuando fue a meterlas en el sobre se dio cuenta que necesitaba uno más grande. Con satisfacción pensó que nunca había escrito nada tan extenso en su vida.
Bajó, fue hasta una librería ubicada frente al colegio de monjas, pidió un sobre adecuado, probó si la carta entraba, escribió la dirección, pasó la lengua por el borde engomado y lo cerró. Dudó antes de colocar el remitente; podía usar la dirección de Carla o la del albergue. De todos modos, pen­só, nadie contestaría. Anotó su nombre y abajo puso sola­mente: Trani. De nuevo se sintió satisfecha.
El correo quedaba detrás de la iglesia, cruzando una plazoleta donde habían emplazado una gran escultura de mármol que Agata ya había visto al pasar y cuya forma, como de huevo cortado en tajadas, la intrigaba. Esta vez se detuvo y giró alrededor, mirando a través de los orificios que la atravesaban. La placa de bronce de la base decía:
Maternidad. Agata cruzó la calle y se dio vuelta para echarle otra ojeada desde lejos. La distancia no le aclaró nada. Cuando llegó al correo se encontró con un policía parado en la puerta Y dos hombres que sacaban muebles a la calle.
-¿Qué pasó? _preguntó Agata.
-Todo roto -dijo el policía con voz exageradamente alta, y señaló hacia el interior.
Agata miró y vio andamios, escaleras Y varios albañiles trabajando.
-Roto -repitió el policía-o Todo.
De nuevo había hablado alto, como si tuviera ante sí una persona sorda o que no entendiera el idioma. Agata se sintió molesta. Hubiese querido decide que no hacía falta gritar.
-¿Hasta cuándo está cerrado?
El policía abrió los brazos, abrió la boca sin emitir sonido, cabeceó dubitativo y miró el cielo. Aquel conjunto de gestos significaba que Agata le estaba pidiendo demasiado. -¿Quién lo sabe? -dijo por fin sin bajar el tono-. Dos días, tres, una semana.
-¿El correo atiende en algún otro lado?
-Este es el correo.
-Pero no funciona.
-Cómo quiere que funcione, mi querida señora, si está todo roto.
_Entonces ¿cómo se hace para mandar una carta?
El policía volvió a mover los brazos Y apuntó vagamente alrededor:
-Tiene que ir a otro pueblo.
Agata dio media vuelta y se fue diciéndose que algo no marchaba bien en la cabeza de aquel policía. Cuando esta­ba por cruzar la calle, un coche le frenó al lado. Era Silvana. Agata le explicó lo del correo.
-Vamos a Verbano -dijo Silvana.
Manejó muy rápido y en el trayecto casi no hablaron.
Agata despachó la carta y cuando regresaban al coche Sil­vana dijo:
-Acabo de llegar de Coseno.
Por la forma en que se detuvo en seco, se puso las ma­nos en los bolsillos y se quedó mirando la pared que tenía enfrente, Agata dedujo que las cosas no andaban bien. Pensó que comenzaba a conocerla.
-¿Algún problema?
Una semana antes no se hubiese animado a preguntar.
Silvana la tomó de un brazo.
-Venga -dijo-, vamos a sentarnos.
Bajaron hacia la costa, entraron en una confitería casi vacía y fueron a ubicarse junto a la vidriera que daba al agua. En ese costado las mesas eran redondas y demasiado grandes para dos personas. Se habían sentado enfrentadas. Agata pidió un capuchino y Silvana un licor. Se veían algu­nos pescadores en la punta de un espigón y los patos su­biendo y bajando con las olas. Silvana terminó rápido su licor y pidió otro. Esperó a que el mozo se lo trajera y se paró.
-Estamos demasiado lejos -dijo.
Se desplazó alrededor de la mesa y se ubicó junto a Agata. Tenía los ojos cansados. Se colocó un cigarrillo en­tre los labios, lo prendió sosteniendo el encendedor con ambas manos. Levantó la copa de licor, tomó un sorbo, volvió a depositarla sobre la mesa. Todo con movimientos lentos, como si le costase mucho esfuerzo. Cruzando la ca­lle, un hombre y un chico enderezaban y trataban de apun­talar un retoño de árbol que el viento debió voltear durante la noche. Silvana comenzó a contar.
El día anterior, después de estar con Agata, había ido a Coseno. Quería hablar con Vito. Lo había estado pensando toda la noche. Sin embargo, cuando llegó a Coseno no fue a verlo enseguida. Bajó del transbordador y se quedó en un bar frente al embarcadero, después caminó, estuvo dando vueltas más de una hora. En una oportunidad llegó hasta la puerta de la casa pero siguió de largo y fue a sentarse en la estación de trenes. Por fin se decidió. Vito no la esperaba y se extrañó al veda. Ella dijo que había ido a conversar. Vito no preguntó sobre qué. Preparó café y se sentaron en el comedor, uno en cada extremo de la mesa. Ella no sabía cómo empezar. En general, cuando estaban juntos, era Vi­to el que hablaba. Si la veía demasiado callada, se ponía a indagar, preguntaba, le iba sacando una palabra, otra pala­bra, la obligaba a confesarse poco a poco. Pero ayer Vito no decía nada, no preguntaba. Por lo tanto le tocó a ella buscar argumentos y esforzarse por llenar el silencio. No le habló de Ada. Mencionó el encuentro con un par de cono­cidos. Daba rodeos. Quizá esperaba ayuda. Pero la ayuda no venía. Cada vez que se producía una nueva pausa, se decía que había llegado el momento de decir lo que había ido a decirle. Aunque después arrancaba con cualquier otra cosa. Y Vito siempre callado, escuchando, asintiendo con movimientos de cabeza o monosílabos. Atento, cuida­doso, respetuoso. Decía: sí, sí, claro. Nada más que eso. Su único comentario fue acerca de los cigarrillos. Se quejó de que estaba fumando mucho. Tanto que le parecía tener la cabeza llena de humo y que en esa nube las ideas le nau­fragaban. Lo dijo riendo, tratando de que ella compartiera lo gracioso de aquella imagen. Pasaba el tiempo. Anoche­cía. A través de la ventana, Silvana veía cómo se iban encendiendo las luces de las casas vecinas. Empezó a ex­plicarle a Vito cómo se sentía realmente a esta altura de su vida. Habló de eso y de la incapacidad que existía en ella desde siempre. No era un tema nuevo. Habían estado hablando de lo mismo desde que se conocían. Ese era el terri­torio donde la amabilidad, la generosidad y la prédica en­tusiasta de Vito más se lucían. Ahora Vito callaba. Silvana seguía hablando, se confesaba y se esforzaba por describir­se mucho peor de lo que era. Contó historias. Algunas te­nían una base real, aunque ella las exageraba, las volvía sórdidas. Y todo el tiempo sentía que, en esos ensañamientos consigo misma, en ese intento por denigrarse, siempre era Vito el humillado. No importaba que él creyera o no en sus historias. Igual lo humillaban. Silvana terminó relatan­do cosas atroces. Ya estaban en la oscuridad y apenas se veían las caras. Vito se levantó, fue a la cocina y encendió la luz. Silvana podía ver su figura reflejada en el vidrio de la puerta que había quedado entreabierta. Estaba parado con un vaso en la mano y tomaba un sorbo y después otro y otro. Entre trago y trago se iba llevando algo a la boca. Silvana fue a ver qué pasaba y, cuando se asomó, Vito se había sentado en una silla. Estaba echado hacia atrás contra el respaldo, las piernas abiertas y estiradas, la mirada baja, un brazo abandonado sobre la mesa. En la mesa esta­ba el frasco vacío. Silvana le preguntó cuántas había toma­do. No le contestó. Volvió a preguntarle: "¿Cuántas?". En­tonces Vito la miró y sonrió apenas. Era como si hubiese envejecido de golpe. En sus ojos no había nada, sólo desamparo. Silvana sintió miedo ante ese vacío. "¿Cuántas?", preguntó por tercera vez. Pero él no contestaba y seguía mirándola con esos ojos y esa sonrisa.

TREINTA Y NUEVE

Cuando Agata llegó al albergue le avisaron que durante el día habían tenido un corte de electricidad y que quizá hubiera otro por la noche. Así que le habían dejado una ve­la en la habitación. ¿Tenía fósforos? Le dieron una cajita. Fue al bar y pidió su té. Había más gente que de costum­bre. Nadia estaba de buen humor, cantaba a media voz mientras se movía rápida entre las mesas.
-Tengo cosas para contarle. ¿Se queda un rato? -dijo.
-No mucho -dijo Agata-. Estoy cansada.
-¿Qué hizo hoy?
Agata le contestó que había caminado un poco. -Camina, usted siempre camina -dijo Nadia, risueña.
-Sí -dijo Agata.
En una mesa cerca cuatro muchachos jugaban a las cartas. Varios miraban, parados alrededor. Como de cos­tumbre, hacían mucho ruido. Agata los veía gesticular y reírse y pensaba en Silvana, en Vito y la historia de las pas­tillas. Se levantó, esperó que Nadia la mirara y la saludó con la mano.
-Mañana le cuento -gritó Nadia desde el otro lado del mostrador.
Agata sonrió y asintió con la cabeza.
Subió y colocó la vela y los fósforos sobre la mesita de luz. Se acostó, prendió la vela y apagó el velador. Apoyó la cabeza sobre la almohada y fijó la mirada en la llama. Era agradable estar así, en la habitación en penumbra. Estaba cansada pero no quería dormir. Pensó que el viaje pronto llegaría a su fin y se formuló algunas preguntas sobre lo que había encontrado, sobre lo que se llevaría. Recordó la observación de Nadia, minutos antes, y se dijo que, efecti­vamente, en esas semanas no había parado de caminar y caminar. En la calma de la habitación, con las sombras provocadas por la vela moviéndose en el cielo raso y en las paredes, al repasar lo que había hecho, lo que había visto, siempre aparecía como telón de fondo el resonar obsesivo de sus pasos. Oía sus pasos pisando el empedrado, las ho­jas secas, el pedregullo, el asfalto, la tierra. Recordó la vez que fueron a la montaña y llegaron hasta aquel valle con el pueblito blanco. "¿Qué busca?", le había preguntado Silva­na. Después, en un par de oportunidades, volvió a hacerle la misma pregunta. Agata no le había contestado. Todavía no hubiese podido hacerlo. No había nada claro en esos desplazamientos, salvo la necesidad de moverse. Indagar en cada calle, esforzarse por alcanzar otra curva y ver qué había detrás. Igual que allá arriba, avanzando a través de los bosques, Agata sentía que el movimiento le brindaba la ilusión de estar yendo a alguna parte. No había encontrado otro aliado. Caminar había sido la única manera de no re­signarse, de no entregarse, de intentar forzar la realidad.
Sobre la mesa de luz la vela se estaba extinguiendo. La llama agonizaba. Parecía declinar definitivamente y, sin embargo, de pronto volvía a erguirse sobre sí misma. No quería sucumbir. Resistía. Vivía. Vivía hasta el final. Y has­ta el final seguía siendo hermosa. Después sí comenzó a languidecer. Se redujo, se redujo. Era un pequeño corazón que se opacaba. Se iba. Se fue. Un delgado hilo de humo reemplazó a la llama y subió y fue como un suspiro final. Aún quedaba una minúscula brasa en el pábilo que permi­tía ver el humo. Luego ni siquiera eso. Nada. Pero, en la oscuridad, los ojos seguían viendo una ilusión de brasa. Y después todavía quedó el recuerdo de la brasa.

*de La tierra incomparable, © Editorial Planeta (1994), © Antonio Dal Masetto.

Miércoles, 05 de Marzo de 2008
¿El Israel de América latina?*

*Por Ernesto Semán
desde Nueva York

A primera vista, la idea de Hugo Chávez de que Colombia se convirtió en el "Israel de América latina" es seductora: si hacia el final de la Guerra Fría Israel se consolidó como un bastión político y militar de Estados Unidos en una zona que le resultaba hostil, en los últimos años Colombia emergió como el enclave político y (crecientemente) militar más fuerte del gobierno norteamericano en la región.
El hecho de que ambos países, junto a Egipto, sean los tres mayores receptores de ayuda militar norteamericana hace la comparación más verosímil. Y se hace más creíble aún con el hecho de que algunos
paramilitares colombianos se hayan entrenado en Israel durante los '90, y de que mercenarios israelíes haya entrenado fuerzas militares en Colombia durante el mismo período.
Para peor, ayer, mientras el presidente venezolano hacía su comparación, algunos oyentes de la radio pública de Nueva York llamaban a los programas de matiné convencidos de que esta era una gran oportunidad para que Estados Unidos interviniera abiertamente en la región "y se saque de encima a
Chávez". Como para alimentar analogías, todo esto pasaba mientras el conflicto con las FARC era explicado por un especialista (las universidades norteamericanas tienen un particular diseño por el cual producen cantidades de especialistas exactamente a la medida de las prioridades de la política exterior del país), el New York Times describía la militarización de Chávez con un detalle que excede la capacidad investigativa de un diario, Colombia denunciaba que las FARC planeaban ataques con armas de destrucción masiva y el presidente Bush recordaba, como si hiciera falta, que no abandonaría a
Colombia.
¿Cuáles son los requerimientos para que Estados Unidos le otorgue a un país esa posición privilegiada de enclave? Estar situado en un lugar que Estados Unidos considere hostil y estratégico, ser (o haberse convertido en) un Estado necesitado de ayuda externa para subsistir, con una legitimidad disputada dentro y en los bordes mismos del Estado, y padecer una amenaza militar real o aparente que justifique, bajo ciertos principios, una reacción mucho mayor.
Es quizás este último punto el que puede tornar ambas situaciones similares: por un lado, la búsqueda de Estados Unidos de espacios en los que poner en acción una superioridad militar clara que reemplace, con alianzas bilaterales desiguales, el monopolio del jus belli (el derecho a iniciar una guerra) que antes recaía, en mayor o menor medida, en las Naciones Unidas. Y por el otro, la posibilidad de que las acciones militares sean infinitamente desproporcionadas respecto del peligro que supuestamente las provocó.
Se trata de algo reciente, que marca tanto el final de la Guerra Fría (y la competencia entre dos potencias por ese jus belli), como el crecimiento dentro de Estados Unidos de los neoconservadores, que desde el 2000 marcan buena parte de la política exterior de este país, sobre todo tras los atentados terroristas de 2001. Norman Podhoretz, uno de los fundadores del pensamiento neoconservador, recuerda que un elemento común a este grupo durante los '60 (cuando ni siquiera existía como tal) era la crítica a Estados Unidos por su escaso apoyo a la consolidación del Estado de Israel.
"Lo que nos diferenciaba de otros conservadores era que veíamos a Israel como un lugar altamente vulnerable, relacionado con Occidente en un lugar estratégico y vital en la lucha contra la Unión Soviética... El apoyo entusiasta (de los neoconservadores) a Israel no tenía tanto que ver con que
muchos de ellos eran judíos como al hecho de que eran anticomunistas."
Desde entonces, Podhoretz y los neoconservadores pasaron de la protesta marginal a controlar buena parte de la política norteamericana. Hoy son los neoconservadores los que diseñan las prioridades del Pentágono, son columnistas habituales del New York Times, y tienen un peso que nunca tuvieron en diseñar la agenda pública del país.
El ataque de Israel al Líbano en 2006 fue un caso típico de esta nueva situación de hegemonía neoconservadora: el uso y abuso de una acción condenable (el asesinato de dos soldados israelíes y el secuestro de otros ocho) para desplegar una acción militar mucho más amplia, que estaba a la espera de ser implementada. Como Bush señaló claramente en los días posteriores al ataque, la crisis presentaba "una oportunidad" para vincular la campaña militar israelí con "el objetivo de la guerra contra el
terrorismo".
La utilización de una situación crítica para desarrollar una acción desproporcionada (en términos de la crisis en sí y de la relación de fuerzas militares entre las partes) podría ser el centro de la comparación. Claro, si Estados Unidos y Colombia hubieran reaccionado de esa manera. La enorme
militarización de Colombia bajo el auspicio del Plan Colombia desde el 2000, la presencia masiva de militares y agentes de inteligencia norteamericanos, la definición de un enemigo tan genérico que justifica una variedad de causas y recursos y cronogramas, y los consistentes esfuerzos del gobierno
de Uribe por sabotear tanto el proceso de paz como el lugar que Chávez ocupa en el mismo, son todos elementos que contribuyen a la comparación con Israel.
El detalle es que Colombia en este caso ha sido el provocador (boicoteando el proceso de paz e incursionando en un territorio extranjero) y su reacción ante la respuesta de Venezuela y Ecuador está por verse. Si Estados Unidos se involucra decididamente y Colombia radicaliza en el corto plazo su acción militar, Chávez habrá demostrado una capacidad de anticipación notable y su despliegue de tropas en la frontera deberá ser leído de otra forma.
Hay, con todo, una gran variedad de elementos que conspiran contra la chance de que Colombia sea Israel... y una de las más importantes es que América latina no es Medio Oriente. No sin problemas, la estabilidad de las instituciones de la región y la relativa escasez de movimientos radicalizados que no puedan ser contenidos dentro de los procesos democráticos (salvo, claro está, Colombia) deja poco margen para las reacciones en cadena. Y si la guerra contra la droga tiene sus similitudes con la guerra contra el terrorismo, también es cierto que la debilidad política de Estados Unidos en esta última es mucho mayor. La variedad de estrategias disponibles en Ecuador, Bolivia y Perú y las alianzas imaginadas con Brasil, Paraguay y Argentina parecen haberse esfumado. Sin abusar del optimismo, es precisamente eso lo que deja un margen para pensar en comparaciones más felices: el refugio en el fuerte bastión colombiano, con lo imponente que éste aparezca, no deja de ser el resultado de un repliegue dentro de la región.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-100159-2008-03-05.html

EL LENGUAJE ES UNA MANO QUE UNE, NO UNA MINA QUIEBRAPATAS*

*Por Leopoldo de Quevedo y Monroy leoquevedom@hotmail.com
Colombiano

De chicos y en la calle, o en el campo y sin zapatos, acostumbrábamos con los niños de la misma edad a hacer apuestas, o nos enfrascábamos en peleas a ver quién pegaba primero o lanzaba un escupitajo a la cara al otro. Y ahí empezaban los revolcones en el suelo, los ¡vivas! y los ¡uchas! con la algarabía de los dos bandos que se formaban a lado y lado. Se peleaba por saber quien era el más macho o por conservar el prestigio del más bravo de la cuadra o la comarca. "Bravuconadas" de imberbes y peleas de niño se
llamaba aquello. Pero aprendimos que eran tonterías y nonadas y hoy lo recordamos como experiencias de la vida.
Algún día de camping por los lados de Melgar, me tocó ver a un comandante que llevaba sus candidatos a lanceros a demostrar su confianza y seguridad, lanzándose de lo alto del puente al río Sumapaz y luego subir de nuevo a él por una soga. Mientras lo realizaban sus compañeros los animaban con interjecciones, como: "¡Valor!, ¡berraquera!, ¡por tu novia!, ¡por Colombia!, ¡adelante!", y el temor y la zozobra por fracasar frenaban su adrenalina y hacían llegar hasta la meta. Cuando el novato lancero se
cansaba o defeccionaba le gritaban: "¡cobarde!, y lo insultaban con palabras y expresiones de grueso calibre. Eran las llamadas "pruebas de seguridad y confianza" profesional entre militares. Ese es el lenguaje propio de gente ruda y guerrerista.
Pero el lenguaje se ha hecho para establecer lazos de unión entre los humanos. Es como la prolongación de la mano para agarrar cuando alguien está a punto de caer o para levantarlo de la caída. No es lo contrario, prolongación del pie para dar coces y patadas ni fue creado para ofender o lanzar improperios y maldiciones. El lenguaje es parte fundamental de la cultura y se aprende de los padres en la cuna y nos diferencia de lobos y chacales. Es privilegio del ser humano como signo de inteligencia y
sabiduría. Sólo a los mulos y a los burros el analfabeta les insulta para que lleven la carga sobre el lomo.
Por eso, causa asombro escuchar a presidentes, generales, consejeros de paz, congresistas poner en boca el insulto para intentar modificar las situaciones. ¿Acaso no hay escuelas de protocolo y diplomacia? ¿De nada ha servido estar tan lejos de la Edad de la piedra y el garrote? ¿Queremos más ruido de cañones, traqueteo de ametralladoras y estampido de bazucas y de bombas?
¡Ah, el orgullo humano!, que se olvida de la experiencia y los valores que se pregonan en las cuñas oficiales. ¿No podemos cambiar la estrategia y usar las palabras para negociar, para argumentar y llegar a acuerdos en lugar de amenazar con aplicar el fuste y la represalia?
¿Hasta dónde hemos llegado que hemos logrado corromper los objetivos del lenguaje humano? ¿Por qué nuestra sociedad debe presenciar entre un triangulátero a tres protagonistas de peso pesado trenzados en lucha fratricida? ¿A quiénes creerán que ello beneficia? ¿Acaso la paz no es tener tranquilidad en casa, poder dormir en silencio y poder mirar a los ojos del vecino? ¿Por qué, entonces, se intenta buscar la paz donde ella no existe y con las herramientas contrarias a su estirpe?

Correo:

EDESUR & el Barrio de Flores (Norte)*

Agradecemos, desde ya, por la eventual difusión que pudieran ustedes realizar.

Buenos Aires, Marzo 5 de 2008

Señores

La que suscribe, Mirta Dans (DNI 10121293), se dirige a ustedes a fin de denunciar serios y reiterados problemas con la prestataria de energía EDESUR. Mi número de cliente es: 641182. Desde el pasado mes de diciembre venimos sufriendo, no sólo mi edificio sino la manzana y parte del barrio, cortes reiterados, algunos de hasta 11 horas, bajas y golpes de tensión y microcortes. Situación ésta de dominio público ya que la queja y el malhumor llegó a los medios televisivos, dado el hartazgo de los vecinos.
Adjunto mis números de reclamo, días y horarios, así como los horarios de "normalización":
22/12 Reclamo Nº 141667: 12 hs - falta de energía , bajas reiteradas en días previos-
" " 142653: 15,30 hs. -baja tensión-
" " 144300: 20 hs. -sin energía-
" " 145152: 21,30 hs. -baja tensión-
Hasta las 23 hs. fue imposible conectar artefactos electrodomésticos y electrónicos. Total de horas de corte o energía inutilizable: 11.
23/12 Reclamo Nº 145937: 1a.m. -golpe de tensión alta, aparatos de TV quedaron con la pantalla en blanco-
" " 148090: 12 hs. -sin energía-
" " 149958: 17 hs. -sin energía-
" " 150607: 19,45 hs. -sin energía-
" " 150815: 21,45 hs. -sin energía-
Regresó la energía a las 23hs.: total de horas sin luz: 11.
24/12 Reclamo Nº 152628: 11hs. -sin energía. Regresó la energía a las 18 hs.: total de horas sin luz: 7.
31/12 Reclamo Nº 193006: 13,30 hs. -sin energía-
" " 194318: 15,45 hs. -sin energía-
" " 196784: 19,30 hs. -sin energía-
Regresó la energía a las 22,30 hs. total de horas sin luz: 9.
Se volvió a cortar el suministro de energía a las 12,40 hs. Y regresó el 1/1 a las 4 a. Nuevo total de horas sin luz en el día de fin de año: 12,20.
Como ustedes podrán comprender tanto el 24/12 como 31/12 en freezer y heladera se estropeó la mercadería (sobre todo les recuerdo las altísimas temperaturas del 31/12) y ¡tener que festejar en esas condiciones!.
1/1 Se cortó la energía a las 11,45 hs. y volvió a las 17 hs.
Imposible hacer reclamos dado que el servicio de atención telefónica no funcionaba desde la noche previa a las 20 hs. Total de horas sin luz: 5,15.
2/1 Reclamo Nº 10196538, al Área Comercial, pido inspector en zona.
2/1 Reclamo 21944: 22 hs. -corte de energía-
3/1 Reclamo 29418: 10 hs. -corte de energía-
" " 38613: 19,10 hs. -corte de energía-
8/1 Respuesta del Área Comercial.
Durante el resto del mes de enero no tengo reclamos por haber estado yo de vacaciones, pero sé por vecinos que hubo problemas.
8/2 Reclamo Nº 52798: 13,15 hs. -baja de tensión, microcortes, golpe de tensión alta-
14/2 Reclamo Nº 69475: 1,45 hs. -corte de energía- Regresó a las 5 hs
" " 73262: 23,30 hs.: -corte de energía- Regresó a las 0.20 hs. Total de horas sin luz: 4,15.
15/2 Reclamo Nº 75686: 11,40 hs. -corte de energía- Regresó a las 14,10 hs. (con baja tensión).
" " 10281921 al Área Comercial, pido inspector en zona.
" " 77258: 16 hs. -corte de energía- Regresó a las 18 hs. (con baja tensión)
" " 78248: 18,50 hs. -corte de energía- Regresó a las 20,30 hs. (con baja tensión y oscilaciones, hasta las 24 hs.)
Total de horas sin luz: 6,10.
18/2 Respuesta del Área Comercial.
28/2 Reclamo Nº 202163571: 13hs. -corte de energía-
" " 172563: 16,20 hs. continúa el corte.
Regresó a las 19,20 hs. con baja tensión.
" " 174290: 19,45hs. -corte de energía- .
Regresó 21 hs. Total de horas sin luz y baja tensión: 8 hs.
29/2 Reclamo Nº 19696: 20,50 hs. -corte de energía- Regresó 23,30 hs.
Total de horas sin luz: 2,40 hs.
1/3 Reclamo Nº 000169: 0,30 hs. -corte de energía- Regresó 6 a.m.
Total de horas sin luz: 5,30 hs.
2/3 Reclamo Nº 10308: 11,45 hs. -corte de energía- Regresó 14,15 hs. Total de horas sin luz: 2,30 hs.
4/3 Reclamo Nº 31109: 17 hs.-corte de energía- Regresó 17 hs. Total de horas sin luz: 1,25 hs.

Horas totales sin luz: 77 horas (no se incluyen los días 2 y 3 de enero).

Llegados a este punto es obvio que las respuestas dadas el 8/1 y el 18/2 por el Área Comercial, -"cumplimos en informar que los inconvenientes en el suministro se debieron a fallas en la red de baja tensión, las cuales han sido solucionadas por nuestro personal técnico"- no son veraces, puesto que
cualesquiera que hayan sido los trabajos de reparación que se hayan realizado durante el mes de enero, éstos no han sido ni los necesarios ni los suficientes, ni está la situación normalizada como lo aseveran en ambas cartas que me enviaron.
Se efectuó reclamo al ENRE, con Nº de Expte.: 401088.

Sin otro particular saludo a Uds. muy atte.

MIRTA DANS: 4611-3865
Bogotá 2466 Ciudad de Buenos Aires (Flores) No de cliente 641182

-Enviado para compartir por Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 2 de marzo del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Ezequiel Viñao. Las poesías que leeremos pertenecen a Raúl Tápanes López (Cuba) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes). ¡Les
deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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