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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

02/04/2008 GMT 1

NUESTRAS CUOTAS DE HUMANIDAD PÉRDIDAS...

urbanopowell @ 00:34

VUELO*

*Miguel Hernández

Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar ... Pero, ¿quién ama? Volar ... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.

Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.

Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. EL cielo se eleva. El aire mueve.

*Fuente: http://www.los-poetas.com/a/miguel1.htm#VIENTOS%20DEL%20PUEBLO%20ME%20LLEVAN

NUESTRAS CUOTAS DE HUMANIDAD PÉRDIDAS...

El cuerpo del delito*

(Reflexiones a propósito de un libro de la colombiana Martha Daza)

*Por Julio Pino Miyar. isla_59_1999@yahoo.com
31/3/008

Los poetas, ¿de qué estúpida guerra son ellos sobrevivientes? El rapsoda que ha entonado su mejor
canción sobre las ruinas dejadas por las batallas, las humaredas que se levantan sobre los campos
exterminados, las vidas destruidas y la reciente proeza de los héroes, poco o nada tiene que decir
cuando es Colombia que agoniza víctima del peor de los infortunios, porque a ella no le será jamás dado el verso clásico de Homero y de Virgilio.
Pues en nombre de quién se pueden volver a entonar para la posteridad los himnos ante las piras
funerarias, si es una guerra mucho más larga y cruel que la de Troya, pero donde no ha habido ni habrá
vencedores ni vencidos.
Homero, en sus hexámetros, es la memoria ardiente de Ilion, la base referencial de casi toda la literatura clásica griega. Virgilio, por su parte, buscó, en su verso latino, componer para sus contemporáneos la memoria épica de Roma. Pero Colombia no necesita que un poeta redacte sus memoriales, los vemos todos los días captados por los lentes de los reporteros de la guerra, en los noticiarios del mundo, en los discursos, la estulticia y el sadismo de los dirigentes políticos de los grandes Estados. Una guerra moderna carente de posteridad, dolorosamente doblada bajo el peso de una crisis moral como razón mayor del exterminio.
¿Qué es si no la guerra, que un girar en círculos sobre un mismo pensamiento y una misma obsesión? ¿Qué es el pensamiento político de izquierda? Creer haber sido parte de una idea, ofrecido un compromiso, una motivación que trascendía los parámetros individuales, que crecía hacia la dimensión del altruismo, la solidaridad y el idealismo. ¿Qué es el exilio? Un gravamen sobre nuestras conciencias para supuestamente resucitar en las tierras de nadie, en los lugares más ajenos de la indefinición y el olvido. Y, ¿qué significan el arte, la literatura entonces? Se lo oí decir en Suecia, hace muchos años, a un actor chileno refugiado cuando la dictadura de Augusto Pinochet: un modo de rescatar nuestras cuotas de humanidad pérdidas.
Se lo oí decir de algún modo a Martha:
"Se morían los paisajes y los ríos,
Las aves se marchaban,
no había religión ni madre,
no había patria ni soldados"
"Cuento poema de la permanencia" de Martha Daza es un pequeño volumen compilador, que, a pesar de estar dividido en poemas y prosas, muestra, en su propia configuración, una curiosa y acompasada voluntad de unicidad. Y como su propio título lo propone se intenta apresar en él una vocación de apremiante permanencia, siendo además el registro más agudo de la sensibilidad de la autora.
He dicho a propósito prosa y no narrativa, puesto que para mí, el carácter testimonial de esos textos se
vuelve evidente, si como testimonio también entendemos las notas más difíciles y enfáticas de la sensibilidad individual. De esta singular manera en ese libro la prosa pone en evidencia la presencia de una sensibilidad desarticulada, dramáticamente desarbolada, entre tanto, la poesía deja traslucir el
flujo y el reflujo sobre el que se agota y renace cualquier añoranza, una significación de abierta
motivación existencial.
Y se me hace llamativo poder corroborar, después de haber construido la primera página del presente ensayo sobre la mención de la guerra en Colombia como dimensión exteriorizada de una inobjetable angustia, que la escritura de Martha deviene a la larga en expresión de una naturaleza interior, oscura y
soterrada; en juego constante y prolongado de placer y displacer; en mujer acuclillada.
Mas las señas perdidas de nuestra identidad, la memoria refractaria y ausente, la turbia sensación a
la que se expone nuestra subjetividad en el diálogo dislocado y cínico con el otro sujeto que nos mira,
son las que disgregan la vida por ese camino largo y tortuoso, por esa línea pálida y difícil, que nos
conduce ineluctable hacia el fin y hacia la nada. Pero la literatura, cuando es verdadera, se convierte en la única forma que tiene la palabra para no anonadarse en la mera justificación, en el hipócrita alarde, en falso techo iluminado. Por su parte, trasponer a un plano de ejecución literaria, aquello que no somos
capaces de resolver de otra manera, tiende a develar un signo, un motivo ulterior, donde el lenguaje
recupera su dignidad y su estatus agredido, descentrado por los modos reiterativos de decir,
existir y oblicuamente permanecer.
Abunda Martha a partir de cosas como esas: "Yo estoy ahí, en ninguna parte, en el mismo lugar que
deambulamos todos, creyéndonos la historia de ser y existir en el instante orgásmico de la mentira que nos mantiene vivos para seguir creyendo".
Es que ella se ha visto arrojada al juego alternativo de la permanencia y lo fugaz, lo fútil, puesto que ha
conjugado su humanidad atrincherada con una manera particular de relatar, poetizar e insistir. Modos
disímiles de existencia de un ser a duras penas sobreviviente de no sé qué absurdo y cruel holocausto.
Es cierto además que los poetas tienen la extraña capacidad de sobrevivir para después contar, y que, en esa vocación, teñida a ratos de desesperación, descansa cualquier posible y humana legitimidad.
Aunque a veces ocurre que es la propia poesía la que nos ha permitido, en la práctica, el triste y
solitario oficio de la sobrevivencia.
Conocí a Martha en Miami, una noche de canciones latinoamericanas, en el sitio de un pintor dominicano
que había convertido su estudio en un lugar ideal para recibir amigos, charlar y auspiciar el rencuentro con los motivos humanos de la cultura. Es poco usual que esto ocurra en esa sociedad donde el tiempo posee tan mal talante y el más exigente modo de presentarse en nuestras vidas. Vidas en las que el prosaísmo se incorpora imperativamente, pervirtiendo lo que somos, asumiendo la forma de un hábito tenaz del pensamiento.
No obstante, se leyeron poemas, se contaron anécdotas y se hizo entre nosotros patente, eso que quizás Milan Kundera llamó "la levedad del ser". Al terminar la velada Martha y yo ya éramos amigos.
Se sucedieron los días y los años y pude percibir que eso que he llamado "una sensibilidad desarbolada", era una verdad intrínseca de quienes, tomando el camino de la inmigración, han ido dejando atrás pedazos mutilados de su propia conciencia. El valor peculiar de "Cuento poema de la permanencia" es que abunda en ese tipo de testimonio, en ese tipo de narración desgarrada, pero teniendo en cuenta que el drama que allí se dibuja no es necesariamente el del exilio que pretende fijar, a la razón de una geografía, una estricta órbita literaria. Sin embargo, las circunstancias a las que apunta el cuerpo poemático de Martha se encuentran enmarcadas dentro de ese impreciso horizonte. Tal parece que sucede que el llamado exilio nos permite valorar, sondear todavía más en ese hábito esquizoide, en esa rara situación límite vivida bajo la fuerza de un extrañamiento, sobre la cual transcurre la vida, nuestras vidas, cualquier vida. Un viejo amigo de la inmigración ya fallecido, entendía esto último jocosamente, cuando definía la inmigración hispana en Estados Unidos como "esa dimensión metafísica en que habitamos."
Hay dos alegorías sobre las que quiero reflexionar, las cuales acompañan al poema - texto de la escritora colombiana: Una pueblo donde no se sabe qué hacer con tanto dolor dejado por las víctimas. Un camino largo que pasa por las monjas, la locura y que conduce a "la casa pobre de Martha".
En Colombia, como tentativa en América Latina, a pesar de la literatura de Gabriel García Márquez, no hay subrealidad estética para que los poetas persistan en vindicar desde ella los dones de la imaginación. En Latinoamérica hay realidad entremezclada, realidad en desorden, capacidad ficcional almacenada, errabunda como la capacidad de imaginación de los pobres, como ese cuento de Martha donde el dolor era tanto que se apretujaba sobre las calles y lo querían usar hasta para "abonar los cimientos de la patria."
¿Ironía? ¿Desdén? ¿Pérdida definitiva de las señas de identidad producto de los largos años del desarraigo? ¿La casa pobre de Martha convertida en una seña perdida; en una mísera humareda; en la casa desolada de la patria donde ya nos es imposible regresar? Pero no quiero, ni puedo, hacer de los presupuestos narrativos de raíz simbólica que pudieran abundar en esta obra, una fuente para la interiorización psicológica. Sólo deseo apuntar, que ese regreso, si fuera posible, traería consigo aparejado el interés germinativo sobre el piso sepultado por la muerte y la ceniza.
No sé por qué en nuestra vida actual hay tanto resquemor al patetismo. El patetismo puede ser, en
ocasiones, una categoría más de lo sublime. Lo que no puede incluso expresar la ironía, como metanoia, como rejuego intelectual que al pronunciarlo nos alcanza y nos pone de paso en entredicho, lo dice eficazmente la expresión desnuda, sin ornamentos, la fementida sensibilidad trágica; sencillamente el dolor devenido en circunstancia estética.
Vuelve entonces a decirnos la autora, sometida a un entorno metafórico de obsesivas galerías
circulares y dolientes paredes cóncavas de espejos: "yo era sólo el recuerdo de mí misma, tratando de
escapar hacia mi propio olvido". No sé si será una forma distinta de reflejar el consabido tránsito
literario por la casa imaginaria de un conocido personaje del realismo mágico, quien iba en su
desmedro, de habitación en habitación, donde en la última estancia lo esperaba la muerte, o lo que es
peor la locura, la culpa y el desconcierto. Pero Martha Daza, siendo fiel a sus propias imágenes, lo
que se propone es un viaje que la desprenda de su ser, un viaje orientado hacia el fin del conocimiento
y al olvido, a la más extrema levedad, porque el peso de la existencia se le ha vuelto, en ocasiones,
insoportable. Y así vemos, en uno de los momentos más enfáticos del texto, al personaje femenino que conduce la voz narrativa, colocado ante el peligro de ser arrastrado entre las piedras por la lluvia, entendida, esta última, como una forma más de presentarse la sexualidad e incluso la lujuria.
Porque luego de la experiencia del exterminio, todo como la lluvia mansamente fluye y
todo se nos vuelve, sin dudas, permisible. El escritor norteamericano Henry Miller escribió aproximadamente que él amaba cuanto fluía, el agua tibia del orgasmo, el río oscuro de los óvulos y hasta el sabor salado y húmedo de las corneas. Pocos poetas han sabido cantar, sin embargo, a la gracia del cuerpo o el alma mutilados:
"Niña frágil, temerosa en medio del corredor oscuro,
la sombra te lame y el aire te abandona, la muerte
coquetea entre tu carne".
Lo que encontramos al final del corredor oscuro, abandonado por el aguacero, violado quizás entre las
piedras por el deseo y la violencia, es el cuerpo del delito; la carne y el alma humedecidos, abiertos,
extendidos sobre la tierra feraz del descampado. El cuerpo literariamente reconstruido, devenido para eso en poema, en texto, en testimonio y permanencia.

Sin titulo II*

(hecho por el metodo de Automatismo psiquico como hacian los surrealistas)

Sentada sobre el universo visible
YO ESCRIBO! YO DESPIERTO!
Despierto ante la infinidad de
Cosas tangibles, me rodeo del
Suave aroma que baja desde
Las escaleras.
ME ASOMBRO! ME DESCUBRO!
Me descubro inmensamente gigante en
Tan pequeño mundo.
ME PIERDO! ME VEO! ME ENCUENTRO!
En cada momento me encuentro
De un instante a otro, ínfima, pequeña y
A la vez gigante dentro de un espacio que no me pertenece,
Que me hecha y que me acuna.
Me veo sin ver mis ojos, veo por dentro.
VIAJO!
Viajo sin saber donde encontrarte,
Donde encontrarme en tan estrecho
Limite de mi-yo en ti.

*de Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com

Correo:

Charla reflexión en Biblioteca Pocho Lepratti, miercoles 2 de abril, 18 horas

Espacio Cultural Biblioteca Pocho Lepratti
Invita
Miércoles 2 de abril 18hs
Charla y reflexión a cargo de Ps. Laura Capella.

Los Derechos Humanos como límite al “se puede todo”.
Desde “Las leñas” en los años 90 al “Baile del caño” en el nuevo milenio.

El eje del encuentro será: cómo el respeto y la práctica por los DDHH propicia las condiciones necesarias para la humanización o constitución del sujeto. También abordará las condiciones actuales de exclusión, de capitalismo de mercado y de algunos modos posibles de construir alternativas.

Laura Capella, Psicóloga, Integrante del Foro en Defensa de los DDHH del Colegio de Psicólogos de la Prov. de Santa Fe, 2ª Circ. Creadora y coordinadora del Ciclo “Del derecho y del revés” en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia.

"Cualesquiera sean nuestras debilidades personales, la nobleza de nuestra profesión tendrá siempre sus raíces en dos compromisos difíciles de mantener : negarse a mentir sobre lo que uno sabe y resistirse a la opresión."
Albert Camus. Discurso del 10 de diciembre de 1957.

*Biblioteca Popular Pocho Lepratti
Virasoro 39 bis- Rosario. 481-2064 biblepratti@yahoo.com.ar

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