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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

07/04/2008 GMT 1

PARA UNA CONCIENCIA NACIONAL DIFUNTA...

urbanopowell @ 13:54

El Barco*

*de Pablo Neruda
-1959-

Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo
por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer?
Queremos mirar las nubes, queremos tomar el sol y oler la sal,
francamente no se trata de molestar a nadie,
es tan sencillo: somos pasajeros.
Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros:
pasa el mar, se despide la rosa,
pasa la tierra por la sombra y por la luz,
y ustedes y nosotros pasamos, pasajeros.
Entonces, qué les pasa?
Por qué andan tan furiosos?
A quién andan buscando con revólver?
Nosotros no sabíamos
que todo lo tenían ocupado,
las copas, los asientos,
las camas, los espejos,
el mar, el vino, el cielo.
Ahora resulta
que no tenemos mesa.
No puede ser, pensamos.
No pueden convencernos.
Estaba oscuro cuando llegamos al barco.
Estábamos desnudos.
Todos llegábamos del mismo sitio.
Todos veníamos de mujer y de hombre.
Todos tuvimos hambre y pronto dientes.
A todos nos crecieron las manos y los ojos
para trabajar y desear lo que existe.
Y ahora nos salen con que no podemos,
que no hay sitio en el barco,
no quieren saludarnos,
no quieren jugar con nosotros.
Por qué tantas ventajas para ustedes?
Quién les dio la cuchara cuando no habían nacido?
Aquí no están contentos,
así no andan las cosas.
No me gusta en el viaje
hallar, en los rincones, la tristeza,
los ojos sin amor o la boca con hambre.
No hay ropa para este creciente otoño
y menos, menos, menos para el próximo invierno.
Y sin zapatos cómo vamos a dar la vuelta
al mundo, a tanta piedra en los caminos?
Sin mesa dónde vamos a comer,
dónde nos sentaremos si no tenemos silla?
Si es una broma triste, decídanse, señores,
a terminarla pronto,
a hablar en serio ahora.
Después el mar es duro.
Y llueve sangre.

-Enviado para compartir por Ana. analia_gattasz@speedy.com.ar

PARA UNA CONCIENCIA NACIONAL DIFUNTA...

Lunes, 07 de Abril de 2008
El Verbo expropiado por el capital privado*

Por León Rozitchner *

Se da como cierto que los medios de comunicación -cuarto poder se definen, orondos, a sí mismos- son un poder sagrado, inamovible y absoluto, cuando en realidad son el producto de una expropiación del espacio público convertido en privado. Se presentan como si fueran el fundamento del poder democrático siendo exactamente lo contrario: su acceso está vedado a las diversas corrientes de expresión de la ciudadanía. Forman parte de una estrategia neoliberal mundial -el capital financiero internacional- que compró el dominio de la "opinión pública" al expropiar los medios de ejercerla. Basta
leer los diarios importantes del mundo: todos están defendiendo lo mismo diciendo lo mismo con las mismas palabras. Su propiedad en nuestro país es tan espuria como el origen de la propiedad de la tierra: aliados del terror y del genocidio. (No olvidemos: una exigencia del poder militar en su ultimátum a Alfonsín requería que la televisión en manos del Estado fuese privatizada: entregada a los grupos financieros en cuyo nombre dieron el golpe.) ¿Podemos hacernos los ingenuos y seguir ignorando que es necesario, para que democracia realmente haya, que los medios sean abiertos a todas las perspectivas de la ciudadanía? ¿Ocultarnos que el éter es un espacio material público que forma parte de la soberanía argentina, isomorfo con su geografía? Como si el golpe de los grandes dueños de la tierra, y los financistas que la convirtieron en fondo de inversión, no formara parte del plan desestabilizador de su estrategia política. ¿No exige entonces, por parte del poder político, nuevas "retenciones" sobre lo que han acaparado para dejarnos hambreados de saber, escuálidos de conocimientos, ignorantes sobre lo que estamos viviendo? Para poder dejarnos sin alimentos los media tuvieron previamente que dejarnos sin palabras. Para decirlo brevemente: el golpe de Estado mediático de los grandes dueños de la tierra habría sido imposible sin el poder de los grandes dueños de los media.
Todos discuten si fue o no fue un golpe. Lo importante, creo, es que el fantasma de un golpe de Estado, real o fantaseado, es lo que el poder de los medios necesita despertar para que nuevamente los habitantes se rindan a las fuerzas del mercado. Vuelven a suscitar otra vez el fantasma del terror
represivo desde aquellos que estaban en el estrado gualeguaychino: la Sociedad Rural, Carbap, Coninagro, la nueva pequeña burguesía de la Federación Agraria y, como si faltara algo para cerrar esta pastoral política que ya había ubicado a la derecha a una mujer de izquierda, lo inesperado: un cura paisano desde este extraño púlpito implorando a una nueva figura sagrada, a la Virgen Gaucha, rezando todos juntos un Padre Nuestro -mientras le extraen a la Tierra Madre todos sus nutrientes hasta
dejarla exhausta-. Eso sí: ningún "negro" trabajador en negro los acompañaba.
Este golpe de "los dueños de la tierra" -expresión acuñada por David Viñas- no habría sido posible sin el apoyo cómplice y monopólico de los media. El monopolio del poder mediático fue primero aliado de la dictadura genocida, junto con el poder económico y el religioso. Aliado que sirvió, y sigue sirviendo, para desactivar el espacio corporal y subjetivo de la ciudadanía: impedir que pueda tomar conciencia y cuerpo sobre la verdad de lo que nos pasa. Son el instrumento de la "dictadura del saber único" en el del dominio económico y político de la globalización financiera. Son los que han ido modelando la conciencia y el imaginario, las pocas valencias libres que el pavor del genocidio había dejado disponibles en los sujetos aterrados de la ciudadanía.
Los que valoramos a la palabra como ejercicio privilegiado de una actividad de intercambio social por excelencia, que se define como "el habla", la "lengua" o "el pensamiento", base de la humanización que define nuestro ser o no ser hombres, hemos sido despojados de su uso social y hemos sido excluidos del espacio público. Nos han limitado, ante el avance técnico de las comunicaciones, a ejercerla sólo en los ámbitos restringidos abiertos hace siglos por la galaxia Gutemberg: a los libros y a la revistas
especializadas que sólo son legibles para un público minoritario. En pocas palabras: hemos sido expropiados y expulsados del espacio social publico, nos han despojado del derecho humano de la expresión escrita o hablada. Es como si todos debieran leer un único libro: el que ellos escriben. La verdad circula sólo por lo que ellos permiten que se exprese y sus empleados -periodistas se llaman- repiten o dicen lo que el patrón les manda: en los media ha triunfado la dictadura del propietariado.
El papel de los "intelectuales". ¿Es posible que la universidad argentina, donde se elabora el saber "objetivo" y "científico" del conocimiento -el saber de los argentinos sobre nosotros mismos-, no tenga ni un canal de TV para difundir, en cada caso, un "saber" verdadero sobre cada circunstancia
política, económica, técnica y social que es su función pedagógica innegable? ¿Debemos seguir aceptando que la función pedagógica para las grandes mayorías haya sido delegada en los grupos financieros que la
organizan en provecho propio desde los media? Si rechazamos la privatización de la enseñanza por sectaria -que fue avanzando sobre todo luego de los golpes militares y económicos-, ¿podemos aceptar que el espacio público de la comunicación social siga expropiado por el capital privado?
No se trata entonces sólo de salir a decir que la tierra forma parte de un todo más amplio que es la nación misma. Habría que decir también que el "espacio" de los media es propiedad de la nación, de esa misma tierra etérea por donde la comunicación circula, que también su soberanía nos fue expropiada por los sucesivos golpes militares y económicos. El golpe económico del campo se apoya en la supervivencia, sobre la estela del golpe militar del '76: la amenaza del hambre se inscribe en la misma línea moral
genocida que la amenaza de extermino de la vida. Y que si una buena parte de la ciudadanía está confundida y ya no entiende nada es porque esos mismos medios van cotidianamente ablandando y configurando el imaginario y la conciencia de la población argentina, que termina pensando contra sí misma.
Lo extraño es que recién, por primera vez desde los medios, la presidenta de la República -y porque accedió a ellos en un momento culminante- aparezca exponiendo masivamente un saber antes cautivo, y le comunique a toda la población una parte de la trama trenzada de los intereses turbios, hasta ese
momento desconocida para la mayoría de los argentinos: ligar el genocidio militar con los media y con la economía. Intereses que están en juego nuevamente en este momento crucial en que el poder económico quiere sitiar al gobierno democrático para volver a despojarnos de lo poco ganado, y cuando todavía falta tanto. Y no es extraño que una ilustrada figura universitaria, prohijada por los media, le contestara para amonestarla: "No era el momento adecuado para que la presidenta de la República esbozara su tesis historiográfica sobre la complicidad de cualquier sector de la producción agraria con el golpe militar". Está claro: la "verdad" no es para que la sepa la mersa, sólo debe quedar circunscripta a las "tesis" de la academia universitaria. Que aparezca difundida desde el discurso de la primera figura política en la democracia, y sea difundida por los medios... ése es el pecado. Y nos está dando el ejemplo de aquello que los escritores debemos rendir para acceder a los medios públicos: sólo si aceptamos que la verdad llamada académica quede, clandestina, dentro de los claustros. Si renunciamos a decirla en público.
Esperemos que el Verbo, propiedad privada de los media, no sirva sólo de responso para una conciencia nacional difunta.

* Filósofo.

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/102001-32129-2008-04-07.html

El diálogo con el campo
Se prepara la próxima crisis*

*Por Carlos Pagni
Para LA NACION
Lunes 7 de abril de 2008

Los Kirchner están preparando el próximo paro del campo. Es decir, su próxima crisis. Esta conclusión disparatada salta a la vista cuando se observa la conducta del Gobierno ante la tregua acordada con la dirigencia agropecuaria.
Los últimos 30 días demostraron que el conflicto conmueve una viga maestra de la vida pública argentina. Afecta a una actividad principal de la economía, pero también determina cuestiones fiscales, federales y políticas. Por eso, las próximas semanas, además de ser decisivas para la vida de un sector, traerán las claves de lo que puede esperarse del segundo gobierno Kirchner hasta que termine su mandato.
Hasta ayer la Casa Rosada no había convocado a la dirigencia rural a reanudar las tratativas. Circularon rumores de que la primera reunión sería pasado mañana, cuando se haya consumido el 25% del tiempo disponible para alcanzar un acuerdo. Mientras tanto, los chacareros apuran la cosecha y el oficialismo exhibe sus fisuras.
A nadie en el Gobierno se le ocurrió invitar a los gobernadores que estuvieron el martes en la Plaza de Mayo a exponer sus puntos de vista. Algunos de ellos, como Mario das Neves, de Chubut, comenzaron a criticar la estrategia frente al agro por la prensa. Das Neves impugnó al titular del equipo negociador, Alberto Fernández, ya muy débil para sentarse a la mesa. Los peronistas se la tienen jurada: lo culpan por la fallida estrategia de organizar un oficialismo transversal en detrimento del PJ. Por la boca de Das Neves hablan Juan Schiaretti (Córdoba), Carlos Reutemann (Santa Fe), Celso Jaque (Mendoza), Miguel Pichetto (Río Negro), entre otros.
El PJ se rearma en contra del sector del gabinete más dañado en la refriega por la soja. Los Kirchner están fuertes como para que este peronismo federal no reclame la coparticipación de las retenciones. Pero la discusión fluye en ese sentido: el jueves un diputado oficialista presentó en la Legislatura bonarense un proyecto para que Daniel Scioli exija lo que se le retiene a la provincia por su producción agropecuaria. Hay lugares donde halagar al campo comienza a dar más votos que halagar a Kirchner.
El gabinete también está quebrado. Martín Lousteau negociaba el martes con la industria alimenticia la aceleración del reabastecimiento. Se entero por la blackberry de Mario Ravettino (consorcio frigorífico ABC), de que, con el mismo objetivo, Guillermo Moreno había suspendido los embarques de carne. La medida la ejecutó la nueva titular de la Aduana, Silvina Tirabassi, sin informar a sus superiores. Digna discípula de su antecesor, Ricardo Echegaray.
Al frente de la ahora decisiva Subsecretaría de Producción, en Agricultura, estará Ricardo Angelucci, amigo de Felipe Solá y famoso por sus escenas de pugilato con Moreno en el Mercado Central. En la única entrevista con las entidades del campo, hace dos viernes, Moreno actuó como garante de un acuerdo. "Soy el economista de los pobres y les voy a asegurar la rentabilidad a los pequeños", dijo, como en una bienaventuranza. Fernández y Lousteau bajaron la cabeza. ¿Seguirán estando al frente de las tratativas? Ellos deberán cuidarse más del "fuego amigo" de los funcionarios que desean su fracaso que de los ceremoniosos ruralistas. Néstor Kirchner, sordo a su entorno y ciego a sus intereses, orquesta esta guerra de todos contra todos.
Hay una debilidad más grave en el gobierno: la argumental. Lousteau demostró que las retenciones a la soja no se aplicaron para favorecer a los productores de carne, leche o trigo, como sostuvo la Presidenta. Entre las compensaciones del ministro hay varias para aliviar a esos sectores del torniquete que les aplican en otras oficinas del Gobierno. Por ejemplo, la prohibición de exportar carne del día siguiente a sus anuncios.

La justicia distributiva
Tampoco es cierto que el objetivo sea la justicia distributiva. Gracias a las retenciones, la industria aceitera accede al poroto de soja con un descuento de 41 por ciento sobre el precio internacional, según los valores del viernes pasado. Pero el aceite está gravado con el 37 por ciento. Esa diferencia arancelaria realiza una transferencia de ingresos de los productores a los industriales. En diciembre, la brecha era de 35 a 32 por ciento. Es decir, aumentó un punto por las resoluciones de Lousteau. Aquí no rige el enojo de Cristina Kirchner con el senador cordobés Roberto Urquía, de Aceitera General Deheza.
El Gobierno provoca desviaciones similares de los productores de trigo a los molineros o de los de carne a los frigoríficos. Sin entrar en detalles más inquietantes: la justicia penal debe investigar si es cierto que grandes exportadores, enterados de las resoluciones que se preparaban, registraron operaciones con retenciones del 35 por ciento para conseguir ahora una ganancia adicional comprando a los productores con un descuento superior al 40 por ciento.
En definitiva, también las retenciones confirman que la concentración de la riqueza es una consecuencia principal de la política de precios de Néstor Kirchner.
Queda sin despejar la incógnita más general: por qué se escoge a un sector y no a todos los que producen una "renta extraordinaria". ¿O no se registran ganancias fabulosas en el sector inmobiliario, financiero o siderúrgico?
Sin embargo, la mayor debilidad que lleva el Gobierno a la negociación es su dificultad para ocultar que para sostener la arquitectura de subsidios hizo falta un desesperado impuestazo.
En los próximos cuatro meses, el Tesoro gastará cerca de 3000 millones de dólares en la importación de combustibles para evitar un cacerolazo energético.
Enarsa, por ejemplo, comprará en el mercado internacional gas natural licuado a 14 dólares el millón de BTU, cuando al productor local de gas se le paga US$ 1,20 y al consumidor domiciliario se le cobra US$ 0,50. Moreno -quien, al parecer, resume el saber de su época, fenómeno que no acontecía desde la muerte de Immanuel Kant- obliga a las petroleras a abastecer al mercado interno comprando gasoil a pérdida. Las distribuidoras de electricidad negocian por estas horas un fuerte aumento de tarifas para desalentar el consumo entre los vecinos pudientes. En síntesis: en el conflicto agropecuario, Cristina Kirchner paga parte de su mala praxis energética.
Así como debilita el frente oficial, el Gobierno abroquela a los productores. La base rural está de por sí movilizada: en el acto de Azul, el sábado, hubo más gente que la congregada por Cristina Kirchner en Lanús, el jueves. Pero, por las dudas, desde la Casa Rosada se preparó un spot publicitario en el que se identifica el paro con la intolerancia, el desabastecimiento y la inequidad. Se ve que el secretario de Medios, Enrique Albistur, quiere unir al campo y dejar sin margen de negociación a quienes lo representan.
La designación del ex titular de la Aduana Echegaray en la oficina encargada de distribuir el dinero de las controvertidas compensaciones, completa el plan. Ahora se confirmó que el objetivo oficial no es garantizar la calidad técnica de la medida, sino consagrar un mecanismo más de control político. Como los transportistas, los ganaderos, los lecheros, los gobernadores o los maestros, también los pequeños productores de soja se convertirán, de algún modo, en empleados de la administración central. Hasta ahora da la impresión de ser el único plan del Gobierno para evitar el paro.La mayor debilidad que lleva el Gobierno a la negociación es su dificultad para ocultar que para sostener la arquitectura de subsidios hizo falta un desesperado impuestazo.

*Fuente: La Nación
http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/politica/nota.asp?nota_id=1002056

Lunes, 07 de Abril de 2008

En quién confiar*

*Por Eduardo Aliverti

Ahora que el conflicto con "el campo" entró en lo que ese insuperado lugar común denomina como "tensa calma", uno profundiza el esfuerzo de revisar su postura para ver si acaso no quedó preso de la dinámica de tanto decibel atronador.
Una primera constatación es que, como toda la vida en este país, lo que sube no baja. Y si baja, es hasta niveles que siempre quedan por encima de antes de la subida. Al cabo del putsch rural, alimentos y combustibles pegaron una disparada que, en el mejor de los casos, ya no dejará de ser estirón. Esa
cuenta la pagan los sectores más desprotegidos de la sociedad. Y por mucho que los productores y rentistas agropecuarios se amparen en que precios y tarifas son empujados por cadenas de intermediación y empresas de servicios, ¿cómo rebatirán que su lockout fue el factor determinante para que los formadores inflacionarios hallen una excusa injustificable pero efectiva? ¿Qué dirán? ¿Que es justamente sobre esos actores donde debe operar el Gobierno para apropiarse de renta? ¿Lo cortés quita lo valiente? "Paro" del "campo", inflación agregada y nueva pérdida del poder adquisitivo de los más humildes y de la clase media. ¿Quiere decir que los que desataron, retroalimentaron y apoyaron el lockout agrario concluyeron en favor de la inflación? Impresiona un tanto contestar que sí, pero hay que ponerse a sacar cuentas. Volverán a brillar los instintos más ventajeramente bajos de lo peor del sector comercial. Allí el Gobierno no interviene más que para acordar precios que tanto constituyen la fantasía de Kirchnerlandia, como sirven al objetivo de trazar un consenso con las patronales a fin de que la
presión salarial sea manejable.
Algunos datos respecto de los intereses principales que se jugaron en la crisis con "el campo" fueron expuestos en este diario -o más bien recordados, porque no se trata de ningún misterio- por quien es reconocido como uno de los mayores expertos del país en economías regionales, Alejandro Roffman. Desde finales de los '80 abandonaron la actividad alrededor de 100 mil productores agropecuarios pequeños y medianos. De los que quedaron en total, muchos se dedicaron a cultivar soja en el verano, para luego hacer trigo, u otra actividad, en invierno. Más o menos 70 mil productores, sumados a apenas unos 2 mil que son los responsables del 80 por ciento de la producción de soja. ¿Qué hace el resto? Roffman cita la enorme gama de procesos de producción: actividad ganadera en todo el país, vacuna, ovina y porcina; frutas de pepita; frutas de carozo; uva; citrus; maíz y girasol; algodón; poroto; tabaco; yerba mate; té; avicultura; arroz; más la actividad hortícola, diseminada por todo el territorio. Esa lista, refuerza Roffman, subraya que el conflicto por el reparto de la ganancia y la renta empresarial de la soja abarca solamente al 20 por ciento de los productores.
Es en nombre de sus intereses que se paró el país y, como bien concluye, "ningún sojero corre el peligro de quebrar ni de morirse de hambre, sino que pelea, por sí o por intermediarios, para que no se le rebane el fabuloso incremento de sus beneficios netos".
Ninguna de estas u otras evidencias sirvió (¿ni servirá?) para frustrar de raíz la arremetida de un complejizado amontonamiento de actores sociales: grandes terratenientes, hoy con forma de grupos concentrados; pequeños-medianos productores, y rentistas, atizados por ver con la ñata contra el vidrio el reparto de una torta fabulosa; pulpos agroexportadores y proveedores de semillas que ni aparecieron en escena ni fueron señalados; y una murga ínfima de tilingaje urbano, en la que se aunaron genética gorila y frivolidad barullera, capaces, por la acción mediática, de construir imaginario de disconformismo profundo. Si esa congregación fue capaz de conmover al oficialismo y al país entero, el Gobierno no sólo debe cuestionarse sus "errores" de implementación económica. Debe replantearse
muy seriamente su modo de construcción política, que en la primera prueba de fuerza de magnitud le significó carecer de aliados considerables y suficientes. Llenó la plaza con el aporte preeminente del aparato pejotista.
Muy poco para enfrentarse con uno de los bloques de la derecha realmente existente, que no soporta ni siquiera este experimento de reformismo capitalista. Con una economía en crecimiento, la puja por la renta desata apetencias frente a las que es exiguo, y mediocre, continuar apoyados en un puñado de figuras. Este gobierno tiene muy pocos cuadros políticos, y si tiene más quedan sumergidos bajo el estilo autocrático de la pareja comandante. Defender la intervención del Estado en la economía para regular
los desequilibrios sociales, apropiando una parte de la renta de la clase dominante, requiere de mucho más que apelar a los recursos de simbología peronista versus gorilaje apátrida.
Es probable que el lockout agrario haya comenzado a marcar o tensionar los límites ideológicos del kirchnerismo, en el sentido de cuáles son las fuerzas sociales a las que sería capaz de recurrir para consolidar su modelo reformista de Estado más o menos presente. Esas fuerzas no existen per se.
Tiene que "inventarlas" desde una concepción mucho más horizontal en la forma de construir poder, sin por eso renunciar a lo imprescindible del liderazgo populista; apostar más y mejor al desarrollo de nuevos agentes productivos; animarse a salir del cascarón de aldea provinciana. No será revolucionario, dicho en ortodoxia ideológica, pero es lo que hay. Como apunta Ricardo Aronskind, economista y profesor de Ciencias Sociales, lo que está en discusión no es si con el kirchnerismo se vive bien, sino si
podríamos pasar a vivir francamente peor. Sostener y agudizar el esquema de reparto estatista, como acaba de ser comprobado y al margen de las tropelías antipopulares en la distribución de la riqueza, supone la furia de la derecha argentina, que es una de las más salvajes. Y volviendo al comienzo, a la "tensa calma", uno no ve que se haya equivocado en lo primordial, que es y seguirá siendo no equivocarse de enemigo.
Será difícil, vista la correlación de fuerzas y con los medios en contra, que la mayoría lo interprete firmemente de esa forma, si el sistema de construcción de poder pasa por la tontería indescriptible de agarrárselas con Sábat y confiar en los camiones de Moyano y los micros de los intendentes del conurbano.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-102000-2008-04-07.html

Martín Caparrós*

03.04.2008

Señora presidenta –¿o debería decir cuasi presidenta?–: en estos días le debe escribir mucha gente. Se ve que con esto de que habla tanto hay quienes quieren contestarle y, claro, no es tan fácil. Así que disculpemé si la molesto. No era mi intención. Y le juro que yo al Padrino sólo lo he visto en la pantalla.
La escuché con mucha atención esta semana y por momentos me confundieron algunas cosas que dijo, porque me pareció que también decía lo contrario: no entendí, por ejemplo, cuando habló mucho de la historia y los setentas y el golpe y los crímenes pero después dijo que no importa de dónde venimos sino hacia dónde vamos. O cuando dijo que el peronismo nunca había impulsado la lucha de los pobres contra los ricos y después no dijo qué hacía con una tal Eva Duarte. Y mejor no contarle cómo me enfurruño cuando la escucho hablar de los derechos humanos como si nadie o cuasi nadie más hubiera hecho nada, ni del simplismo de que no apoyar sus medidas equivalga a ser un golpista antipatria oligarca pampeano.

Pero lo que realmente me mató fue cuando dijo que el dibujo de Menchi Sábat era un “mensaje cuasi mafioso”. Le juro que le di vueltas, señora: ¿Cómo es ser cuasi mafioso? ¿Es como ser un poco virgen? ¿Ligeramente muerto? ¿Bastante robado? Primero no lo entendí, después lo detesté: señora, detesté ese cuasi.

Cuasi es una palabra particular –como lo son todas las palabras. Cuasi viene del lenguaje leguleyo, es lo que se solía llamar un latinajo, una palabra que marca diferencias entre los cultos y los incultos: usted podría haber dicho casi pero dijo cuasi, para hacer juego con la presentación que le hace el locutor: la doctora Cristina Fernández, todo eso. Es su estilo: algunas referencias populares pero que nadie se olvide de que es una abogada, faltaba más. Me dirá que eso no importa mucho, y yo le diré que es cierto, que cuasi no importa. Pero el tema es que usted no dijo cuasirrefleja, cuasi concluido, cuasimodo, cuasi cuasi: dijo cuasi mafioso, señora, lo llamó cuasi mafioso. Dijo algo muy pesado, y pensó que lo iba a aminorar con ese cuasi.
Si tiene que decir algo, señora cuasi presidenta, ¿por qué no lo dice de verdad, haciéndose cargo? Porque al final igual lo dice, claro, todos lo escuchamos –porque a usted, cuando habla, todos debemos escucharla, al fin y al cabo por voluntad electoral usted tiene el micrófono más grande–, pero lo dice como si lo dijera un poco menos. Lo dice pero le dará miedito o vergüenza o vaya a saber qué y lo dice más o menos, lo cuasi dice.
Y me da la impresión de que ahí hay una clave. Así hablan muchos argentinos, y así funciona mucho en su gobierno. No quieren decir lo que quieren decir o quieren decir lo que no quieren decir o tienen miedo de que no los entiendan o tienen miedo de que los entiendan y entonces cuasi dicen. Pero lo peor es que cuasi hacen: hacen pero no terminan de hacer, o hacen distinto.
A veces me cuasi gusta lo que usted cuasi dice, señora. Cuando dice que va a redistribuir, por ejemplo. Pero cuando dice que estas medidas económicas que le trajeron tantos problemas son redistributivas, ¿no debería decir cuasi redistributivas? Digo, porque hasta ahora se ve que, de la supuesta redistribución, ustedes hacen o intentan hacer la primera parte, recaudar el dinero; todos le creeríamos mucho más –o cuasi le creeríamos– si viéramos más clara la segunda parte: que usen ese dinero para cumplir con las necesidades urgentes de tantos argentinos, en lugar de sentarse encima y acumular poderes.
Pero no hablábamos de eso, hablábamos de cuasi. Usted acusó al Menchi Sábat de haberle mandado un mensaje cuasi mafioso. ¿O será que acusó a Clarín? Si quiere pelearse con uno de los mayores grupos monopólicos de la patria, que maneja como pocos las ideas e ideologías de los argentinos, señora cuasi, avise y vamos todos. Pero no parece, porque con ellos hace negocios, les ofrece prebendas. Así que el cuasi mafioso será Sábat, y entonces no: no nos toque al Menchi, mire vea, uno de los tipos más íntegros y respetados y queridos que hay en este país. Se equivocó, señora cuasi: se cuasi metió con el que no debía. Y hubiera sido más digno si, por lo menos, se hubiera metido de frente, sin el cuasi.
Cuasi respetuosamente,

M.C.

*Fuente: Crítica de la Argentina.
-Enviado para compartir por María Bar. mariabarleiva@yahoo.es

Correo:

Un citadino en la pampa gringa*

Pocas cosas mas desagradables que el trabajo pesan sobre los hombres, mis estimados. Fue la maldición bíblica la que obligó al polígrafo del barrio La República a trasladarse, muy a su pesar, a la mediterránea y docta ciudad de Córdoba. Ya bastante difícil es para vuestro cronista abandonar su barrio, así que imaginad, mis pacientes lectores lo incordioso que le resulta movilizarse mas de 400 km.
Pero, todas las protestas de este servidor fueron desmontadas con prolijidad por los irrefutables argumentos de las necesidades empresariales.
Así las cosas, emprendió Udi - obediente - el camino que lleva de la portuaria, fluvial y fenicia capital de los cereales a la capital del cuarteto, el automóvil y las sierras.
Para aquellos que ignoren (o hayan olvidado) ciertos datos esenciales de la demo-geografía pampeana les recomendaré que agarren los libros, que no muerden, o - en su defecto - un mapa carretero, como hizo este modesto escriba, quizás algo atemorizado ante la perspectiva de reencontarse con una materia que le amargó su poco destacable paso por las aulas del Colegio Nacional N° 1, de infausto nombre.
Para vuestra ilustración, queridos lectores, comentaré que los cuatrocientos y pico de kilometros que separan ambas urbes atraviesan las llanuras mas fértiles de estas ubérrimas tierras. Llanuras habitadas, mayoritariamente, por los rubicundos descendientes de aquellos esforzados suizos, piamonteses, lombardos y marchegianos que desde mediados del siglo XIX, y huyendo algunos después de la derrota en "La Primavera de los Pueblos", poblaron, laboraron y abonaron con su sudor y su sangre.
El camino - se sabe - suele tornarse monótono cuando uno debe concentrar la mirada al frente, máxime cuando todo lo que lo rodea se asemeja a un desierto verde, así que - ya anocheciendo - este servidor dió por bienvenida la aparición, en tierras cordobesas, de un grupo de vehículos estacionados a la vera de la ruta.
Relucientes vehículos todo terreno convivían en aparente paz con desvencijadas "chatas", algunas piras de neumáticos ardían cansinamente, miradas - con esa obsesión que tienen los humanos por el fuego - por grupos de mujeres mateando. Chicos corriendo, adolescentes en motos y una parrilla con varios kilos de carne vacuna, que brillaba por su presencia y aromatizaba el entorno.
Unas cien personas ocupaban el centro de la ruta, obligando a los conductores a detenerse, cosa que unos diez vehículos, entre automóviles y camiones, habían hecho, con una paciencia que ya quisiera este servidor haber visto frente a situaciones parecidas.
He de reconocer, mis estimados, que la predisposición de vuestro improvisado cronista agropecuario no era de las más amables para con los motivos, explicaciones y métodos que estas personas esgrimían para justificar su actitud, un tanto ¿compulsiva? a interrumpir el tránsito por una ruta nacional (o provincial, tanto dá).
Ya sea, pues, por motivos justos, o de los otros, este obligado viajero, al que aún le faltaban mas de 200 km. para llegar a su destino (bah, a Córdoba, que su destino vaya uno a saber dónde está) sintió bullir dentro suyo alguna dosis de indignación al ver a poseedores de extensiones de tierra valuadas en cientos de miles de dólares impidiéndole continuar su viaje y su (ejem) trabajo.
Fué aquí que Udi recordó ciertas expresiones de días atrás, cuando ante la irrupción de los morochos, esforzados, algo prepotentes y poco mediáticos defensores del elenco gubernamental en la Plaza de Mayo supuso que mucho más efectivo hubiese sido enviar, antes que la "patota" lumpen y pintoresca a la
"patota" de la AFIP a los piquetes de los capitalistas agrarios. Este poco idóneo plumífero sostuvo, entonces y ahora, que la variedad rural de la especie "capitalistus rapiñatis" debería sentir especial repulsión ante la mera posibilidad de que alguien sepa la verdadera magnitud de sus ventas, la suma de las declaradas y las otras, para no hablar de las ganancias que dichas ventas reportan.
Asi fue que, asumiendo actitud de inspector, bajó el polígrafo del barrio La República, devenido en falso botón del fisco, munido de su agenda símil cuero, y comenzó a tomar nota de las patentes de los vehículos, sin distinguir entre relucientes y embarrados.
Naturalmente esta actitud no pasó desapercibida para la pequeña multitud reunida sobre la calzada de la ruta, ni - todo hay que decirlo - para la fuerza policial, representada por una oficial rubia y muy producida y su ayudante, morocha, joven y de cara limpia. Algunos participantes de la Asamblea de capitalistas agrarios, y las representantes de la ley y el orden se dirigieron hacia el lugar en el que este escriba ejercía su ficticio rol de buchón de la ex-DGI. Esta peculiar "Task Force" se acercó a
vuestro cronista de segunda con una mirada entre inquisitoria y hostil (salvo la agente de policía más joven, que sonreía un tanto pizpireta. Habréis notado, mis queridos, que de ciertas cosas no se vuelve...).
Requerido que fue, por parte de esta comisión de ¿notables? el motivo de la actitud de pesquisa que parecía adoptar este falso periodista (ya sabemos que los periodistas "de verdad" se ocupan de reflejar los conflictos de la "gente" con los demás habitantes de este suelo) la respuesta, en parte fruto
de la inspiración del momento, en parte meditada, forzoso es reconocerlo, trató de hacer entrar en las bien pobladas (exteriormente) molleras de quienes proclamaban que "cultivar el suelo es servir a la patria" que la ocupación de la calzada de una ruta impidiendo el tránsito a otros compatriotas está debidamente clasificada en ciertos conjuntos de libros que suelen denominarse, por comodidad descriptiva como "leyes" y - detalle no menor - expresamente prohibida por esas mismas leyes. Asimismo preguntó este escriba con veleidades de justiciero fiscal a sus dignos interlocutores
(aunque con la mirada pendiente en las reacciones de la joven policía, la morocha, que a estas alturas demostraba un interés mayor que el que pudiese esperarse de su triste oficio en las palabras de vuestro cronista) si no coincidían en la generalizada creencia que sostiene que es deber de todo buen ciudadano denunciar la comisión de un delito - es decir: una violación a las leyes - allí dónde lo reconociese.
Con la mejor cara de ciudadano respetuoso y ¿Por qué no? amante de la legalidad instituída y la corrección política sugirió entonces vuestro polígrafo que un grupo de personas que tan acendradamente defendían el respeto a aquellas leyes que consagran el derecho a la propiedad privada no deberían hallar mácula en la intención de proteger otro derecho, quizás de no tanta importancia, aunque sí relevante para un servidor, en este caso el de libre tránsito.
Cierto es, mis estimados, que la situación requería de un considerable esfuerzo de dramatización por parte de este servidor, habrá incluso quienes lleguen a hablar de cinismo, pero ¡nadie es perfecto!, coincidiréis - supongo.
Así las cosas reforzando la tesis antes expuesta redobló Udi la apuesta y especuló sobre las incomodidades e incordios que sufrirían, sin duda, aquellos propietarios de vehículos denunciados por ante el juzgado federal más próximo por la comisión del delito antes citado. Esto, naturalmente, sin
perjuicio del íntimo convencimiento de vuestro narrador sobre la casi segura inutilidad del proceso, dado que a nadie escapa que semejante causa tendría muy escasas probabilidades de encontrar un juez accesible a su prosecución.
Sin embargo, y notad aquí mis queridos y fieles lectores que en esto radicaba toda la posibildad de éxito de esta jugada. como quién dice "cantar retruco con el cuatro de copas", hasta que un juez atribulado de cosas más importantes desechara las denuncias la lenta pero inexorable maquinaria
judicial se habría echado a rodar, emitiendo los citatorios pertinentes al caso, etcétera, con las consiguientes molestias para los propietarios de los vehículos denunciados, que a la sazón ya no parecían tan relucientes.
Para abreviar el relato, que ya estará cansando a algunos, por cierto, se consignará aquí, brevemente, que la "comisión de notables", y la policía rubia y producida, se dirigió hacia dónde se hallaba el grueso de la autodenominada "asamblea de productores". No así la policía joven, que halló importantes razones de servicio para inquirir a vuestro cronista sobre su lugar de procedencia y destino, motivos de viaje y hasta la asiduidad de los mismos. Este polígrafo, a despecho de sus prevenciones de toda la vida
respecto a los guardianes del orden (instituído) le solicitó a la joven y bella agente de la vieja y fiera institución policial su número de teléfono celular, a fin de interiorizarla en forma más acabada de sus hábitos de viaje, preferencias musicales y demás datos que pudiesen predisponerla favorablemente hacia un servidor. En eso estaba la conversación cuando una persona de la "comisión de notables" se acercó a vuestro cronista y su automóvil profiriendo voces al estilo de "Má, sí. Pasá y la reputa madre que
te parió". Lo cual viene a demostrar su falta de tacto, dado lo privado de la charla que este viajero mantenía con la joven agente policial. Al mismo tiempo el grupo de habitantes de nuestra "pampa gringa" se dividía en dos fracciones, a ambos lados de la ruta, pero monolíticamente unidas en su evaluación (y reprobación) de los procederes de este servidor, todo lo cual era demostrado vehementemente y con expresiones que este cronista considera impropio reproducir en estas líneas. (Para quién quiera conocer detalles sobre el vocabulario de nuestros "productores autoconvocados" estará este polígrafo dispuesto a contarlas a través de correos personales).
Siempre es bueno saber hasta dónde se puede tensar la cuerda, se dijo Udi, vagamente sentencioso. Y fue así que vuestro narrador subió presuroso a su automóvil, no sin algún temor a que el mismo fuese objeto de injurias aún más perniciosas, y poniendo una primera interminable se perdió en la obscuridad de la llanura pampeana, saboreando su módica (y casi inútil) victoria contra la prepotencia del capital agrario, y lamentando no haber tenido suficiente tiempo para obtener el número de la joven y bella agente policial.

En este punto, mis pacientes lectores, me veo forzado a abandonar el tono intimista y casi confidencial.
No había recorrido unos cien metros cuando noté a un joven "haciendo dedo".
Necesitado de algo de charla detuve el auto y lo llevé hasta la localidad siguiente. En el trayecto el chico - no más de veinte años - me contó que su patrón lo había llevado al "piquete" a la mañana, para quemar los neumáticos al costado y en el centro de la ruta. Eso sí, le había pagado un sandwich y
una coca. En concepto de "participación en las ganancias" habrá sido.
Ni siquiera con sus manos hacían la protesta estos señores.
Puaj.

*de Udi udi.cuatro.catorce@gmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 6 de abril del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Alcyr Guimaraes. Las poesías que leeremos pertenecen a Christiano Whitaker (Brasil) y la música de fondo será de Bandolas de Venezuela (Venezuela). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

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Tel. + Fax: 0043 662 825067

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