COMO SI EL TIEMPO LO HUBIESE DESCONOCIDO...
La mirada*
¿Será un castigo divino
o sólo estoy pagando
por algo que no compré
y que sólo deseé?
Pero lo cierto es que
me envejece la piel
las canas se van quedando
pero mi mirada no acompaña
Sigo viendo el afuera como
si el tiempo lo hubiese desconocido
como si sus huellas resbalaran
y no dejaran marcas
Es un castigo, ahora lo percibo mas claro:
mirar con ilusión y ser mirado con compasión
desear convincentemente
con un cuerpo no deseado
Sin embargo para muchos es una virtud
es estar vivo, dicen
¿o es quizás, observar como el mundo sigue
y uno se siente como en la mesa del bar
observado por otros que apuran con la mirada
para sentarse en la misma mesa?
La realidad es que, no sé si es un castigo
sé que es injusto, la mirada se me quedó
afuera, distraída con tanta vida
se olvidó de traerme un poco de aire
Ella todavía hurguetea en las librerías
en las vidrieras se detiene
planificando no se que cosa
para que remota ocasión
Ella se olvida de mí
escuchando música, bailando
confiando, deseando, creyendo
disfrutando.
Creo que el castigo en definitiva
será para ella.
Yo no le presto nada.
Y cuando vuelva cansada,
cuando vuelva a mirarme
no quisiera estar allí
*de Silvia Irigaray. silvirigaray@arnet.com.ar
COMO SI EL TIEMPO LO HUBIESE DESCONOCIDO...
El Chamán*
Aquel Chamán había pasado toda su vida en Zacatecas, al norte de México, al amparo de la riqueza que aún ofrecían sus minas de plata y aprovechando la necesidad que tenían los mineros de sus servicios . Era muy conocido, no solamente en la ciudad, sino en la práctica totalidad de la provincia y contaba sus intervenciones por éxitos. El reconocimiento popular se hacía eco de sus curaciones y, tal como pasa en estos casos, se tendía a exagerar magnificando el resultado de sus conjuros.
Sus largas peroratas, invocaciones y rezos, realizados a los dioses mayas acababan, en la práctica totalidad de las ocasiones, con la sanación del enfermo o la mejora de la situación problemática.
Hubo dos motivos por los que se marchó a Noruega. El convencimiento de que había tocado techo como chamán en la zona y la depresión económica que hacía que sus emolumentos, aún creciendo, no pudieran cubrir sus necesidades que eran cada vez más altas.
Su emigración a Europa conseguiría relanzar su economía y ayudada por la fortaleza del euro lo haría rico. Al cabo de unos años podría regresar con su fortuna en euros y vivir placenteramente.
Aquella aventura duró escasamente un año. Fue un período lleno de problemas y vejaciones, llegando incluso a pasar hambre cuando se terminaron las reservas dinerarias. No hacía más que llover en Arendal y en todo el condado de Aust-Agder y lo hacía a través de una niebla baja y pegajosa. Tuvo que cambiar sus túnicas por gabardinas y los conjuros, de esta guisa, no imponían respeto. Creyó haber perdido sus poderes ya que raramente conseguía algún resultado a pesar de que sus rezos eran más largos y más intensos, y decidió volver.
El fue su primer cliente cuando regresó. Colocó las piedras calientes en su lugar, realizó el ayuno pertinente, usó su mejor túnica y oró con un fervor tal que los que estaban presentes quedaron sobrecogidos. Quería saber el porque de su fracaso e imploró a los dioses que se lo dijeran. A los tres días de rezos y conjuros los dioses le respondieron escuetamente: "Nosotros tampoco nos entendemos con Odín, Freya, Thor, Balder y su grupo, hablan un idioma muy raro. ¿A quien se le ocurre ir a conjurar en noruego?"
*de Joan Mateu. joan@cimat.es
LA OCTAVA MARAVILLA*
*De Vlady Kociancich.
19
La inteligencia es el arte de salir de situaciones difíciles. Magnífica definición que comencé a repetirme cuando advertí que me encontraba en una situación difícil. Yo no creía demasiado en mi inteligencia, pero si juzgaba por las declaraciones de parientes y amigos, los otros sí. Además, quizás exista una inteligencia común a todos, una suerte de fuente en la plaza pública, de la que brote esa agua esclarecedora que, por haraganería o apuro o simple gusto de bebidas intoxicantes, uno deja que fluya inútilmente. ¿Por qué no acercarme modestamente a llenar un jarrito?
Tomé distancia de los hechos y de mi miedo, me esforcé en comprender mi vida con Victoria.
Para sentirme contento, a mí me bastaban pocas cosas: el amor de Victoria, las traducciones, un empleo sin exigencias. Pero esas pocas cosas me sostenían en un mundo que siempre me pareció extraordinariamente frágil, firme a la vista, quebrado adentro por corrientes tumultuosas y contradictorias.
Eran, también, la plataforma de despegue hacia un mundo secreto, una especie de llanura cóncava que yo exploraba sin cansancio, a solas, con deleite. Hasta que el abandono de Victoria puso en peligro ese refugio, no sabía que existiera. sólo sabía que necesitaba un millón de años para entender, un millón de ojos para ver, y que mi tiempo era diferente, forastero y sin lengua, al de mis seres queridos. Rechazado por esa comunidad a la que me hubiera gustado tanto pertenecer, tomaba de ella cuanto podía, me lo llevaba al otro lado, donde mi lentitud era legal, donde no herían mis equivocaciones, donde mis sueños, mis pensamientos, mis palabras, la abrazaban amorosamente. Tal vez Victoria tuviera razón en abandonarme.
Porque Victoria estaba hecha para el contacto irreflexivo y satisfactorio con el presente. Necesitaba lo que a mí me estorbaba. Los saltos de un lugar a otro, de una persona a otra, de situación a situación. El juego que había tratado de explicarme y que no entendí. Y como en todo jugador, su entusiasmo escondía un aburrimiento doloroso que la obligaba a procurarse nuevos desafios.
Había jugado al matrimonio y a la familia. Ganando, ahora, con todos los puntos en la mano, se retraía al tedio inicial que operaba como motor de sus acciones. Tenía que ver a una amiga nueva con agradecimiento de náufrago. y a Anastasia Blbsky se aferraba, con la ingenuidad del adulto que compra todos los juegos de moda, los aprende, los practica, se protege de conversaciones difíciles y de silencios insoportables con una muralla de tableros y fichas, dice que ha vuelto a la niñez y olvida que un chico sólo recurre a esa clase de juegos cuando algo le impide correr, trepar, revolcarse en la libertad del cuerpo, en la buena tierra, al aire libre.
yo estaba enamorado de esa jugadora y no me quedaba otro remedio. coloqué mis fichas.
Primera movida: fingir interés en la obra de Anastasia Blobsky.
La obra era una colección de sapitos de cerámica, de diverso color y tamaño. Tal vez fueran ranas. Miraba esos coloridos batracios que invadían progresivamente la casa, buscaba un elogio adecuado y se me trababa la lengua. Pasé unos cuantos días en busca de la adjetivación apropiada (la artista tenía un carácter susceptible), hasta que se me ocurrió imitarla.
Me refiero a la manía de poner un frenillo lingüístico a cada comentario. Un día lluvioso se convertía en como lluvioso; el peatón destrozado por un auto era como espantoso y la mejor película tenía algo como de sensacional. Victoria, aplicada discípula, ya utilizaba esta novedad con tanta soltura como orgullo y, a fuerza de oírla, yo mismo, distraído, hubiera podido perpetrarla sin enrojecer. Cuando descubrí que esa especie de enano deforme que brincaba vigorosamente en el idioma me tendía la mano, mi admiración ante los caprichos de la lengua no tuvo límites.
Una de las raras veces en que anastasia Blobsky condescendió a encontrarse con Victoria en casa y yo presente, corrí a buscar un sapo. Interrumpí el diálogo, me acerqué a anastasia con el sapo en la mano. las dos callaron.
Hice girar el sapo delante de mis ojos, en silencio. Luego, adoptando esa fina expresión de perplejidad o de cansancio o de ambas cosas a la vez con que la Blobsky estilizaba el burdo dogmatismo que hay en toda opinión, sonreí. sonreí a medias, porque también la sonrisa debía ser dubitativa, y dije:
-¿Sabés que tu obra es como reveladora?
Anastasia, desprevenida, se alegró. Después, en correcta sincronización con mi elogio, sacudió la cabeza, sonrió con aún más vaga melancolía:
-No sé. Tal vez, en cierto modo. Sí, tienen algo como de suscitar conmoción, ¿viste?
La adulación nunca yerra. Noté que me miraba con mejores ojos.
Segunda movida: invitarla a cenar en restaurantes caros.
Victoria, desconcertada ante la aceptación del soborno por aquella amiga que suponía leal, rezongó mucho. Pero anastasia Blobsky no resistía (pese a sus ataques, que no cejaron, contra mi estructura burguesa), la buena cocina ni la escenografía aparatosa de restaurantes que esta serpinete seleccionaba entre los recomendados por la revista del Diners Club.
La revista llegaba todos los meses a la oficina jurídica, donde yo la estudiaba cuidadosamente. La medida de mi locura la marcó el enojo del viejo doctor López.
Abro la puerta del imponente, enmaderado, acortinado despacho.
-Buen día, doctor. Una pregunta nomás. El Diners, ¿ya llegó?
El viejo alza la leonina cabeza blanca, se quita los anteojos de armazón plateada.
-¿Qué Diners, doctor?
-La revista del Diners, ésa para los socios.
-Sabemos, doctor, que es para los socios. Yo le pregunto a qué número se refiere. Porque la del mes pasado, doctor, la retiró usted mismo antes que yo pudiera hojearla.
-Disculpe, doctor López, pero no pensé que usted la leía.
-No la leo.
-Ah, bien. La de este mes, la nueva, ¿la tiene aquí?
-No, doctor.
-Entonces viene con atraso.
-Así debe ser, doctor.
-Es una vergüenza.
-Paradella, no me desacomode el revistero.
-Perdone, pero usted no puede estar en todo, a lo mejor el cadete la traspapeló.
-Doctor Paradella.
-Sí, doctor.
El viejo golpea suavemente el escritorio con el capuchón de su Parker.
-Paradela, contésteme francamente. ¿Por qué capricho, con qué propósito, podría esconderle yo la revista del Diners?
-Jamás insinué...
-Y le voy a hacer otra pregunta.
-Por supuesto.
-¿Me quiere decir qué caracho busca en esa revista de miércoles?
-Recomendaciones de restaurantes de moda, de nigt-clubs...
El viejo cierra los ojos, aprieta las mandíbulas.
-Salgo con Victoria -le aclaro.
El viejo gruñe.
-Lo que usted quiera. Pero, ¿no le conviene más mirar la guía telefónica o el diario?
-Es que la revista trae fotografías del lugar, descripciones muy detalladas. le da el nombre del maitre, hasta del arquitecto que decoró el local. A uno le permite actuar como si frecuentara el sitio habitualmente. ¿Me comprende, doctor?
El doctor López frunce ominosamente las cejas blancas.
-Mire, muchacho. Y me perdonará que le hable como un padre. Tengo la edad. Y lo que más vale: la experiencia.
-Naturalmente.
-Usted anda con el paso cambiado.
-Pero no. ¿Lo dice por el Diners?
-Lo digo porque a mis años uno está de vuelta de todo. Mas allá del bien y del mal.
-Doctor, le juro que salgo con Victoria.
-Una buena muchacha. Una joya. Y, m'hijo, su esposa ante la ley.
-Le aseguro que...
-No me asegure nada. Yo también tuve sus años, Paradella, la sangre joven. Y más de una vez me faltó el consejo a tiempo.
-Doctor López, yo...
-Pero un mal paso y se acabó lo que se daba. Y, abogado, le recuerdo que en este país todavía no hay divorcio, que la opción es separarse de mentirita, pero la cuota mensual a la ex cónyuge es una verdad grande como una casa. Más el concubinato con la loca que le hace leer el Diners, que tampoco, y usted lo sabe, le va a salir barata, si se le encapricha con el trámite mexicano, más la libreta cordobesa, que ya
empezamos a indexar de acuerdo al ritmo inflacionario.
-Entiendo, doctor.
-Así lo espero. Hay una línea de conducta que debe seguir un ciudadano honesto, consciente de sus responsabilidades. Una recta que parte del matrimonio consagrado, la familia, pilares de nuestra sociedad.
-Doctor López.
-Tiene una esposa encantadora, Paradella. ¿Ha pensado en algún momento en las consecuencias de sus actos? ¿En esa mujer apenas protegida de la catástrofe social y económica por la letra de hierro del Registro Civil, ya que ha sido tan insensible de no conducirla de blanco al altar?
-Usted no...
-Escuche bien lo que aconsejo. Nada de lugares públicos, donde pueda reconocerlo la gente. Se queda en el sector de la Panamericana, o si la hembra es demasiado fina, busca un amigo que suministre el departamento. Y nada de llevarla a comer o a bailar por ahí, donde haya ocasión de toparse con la amiga de su mujer, que la quiere tanto para volar con el cuento. Al principio, le costará un poco. Después, se lo aconseja un hombre que sabe, es coser y cantar, una gimnasia que lo protege a usted y a la familia. Y nada más, muchacho, salvo la recomendación de olvidarse del Diners.
-Gracias, doctor.
-No me lo agradezca, para eso estamos los criollos de ley.
Abro la puerta y salgo. Me sigue el vozarrón del doctor López:
-¡Y que la disfrute con salud!
*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-
Jueves, 22 de Mayo de 2008
Libros para todos, trenes para todos*
*Por Pablo Ernesto Suárez
Días atrás, surgió la necesidad de viajar a Buenos Aires. La Biblioteca Popular en que colaboramos, había recibido una invitación para concurrir a la Feria del libro y con dicha invitación venía un monto de dinero muy interesante para ir a actualizar un poco más (nunca es suficiente) los libros para nuestros socios.
Libros con muchos colores para los chicos, novelas para las señoras, diccionarios para que las bibliotecarias simplifiquen su tarea y todo lo demás que ya se sabe: un poco de clásicos para los que comienzan la Universidad, algo de autoayuda, una pizca de libros de cocina y lo que el enviado elija. Al enviarnos a nosotros, no iban a faltar los libros de fútbol, ni los libros de historia o ciencias sociales.
Desde un primer momento barajamos la posibilidad de ir en tren. Es allí cuando el socio 3911, (yo soy el 3467) se entusiasmó con la idea de acompañarme. ¡A la Feria del libro! Empujado por la no menos interesante posibilidad de faltar a la escuela, insistió para que hiciéramos el viaje en tren.
Yo, la verdad, dudé... siete horas de acá a Buenos Aires, para un viaje que insume cuatro cuando vas en colectivo, realmente sonaba a demasiado. Pero, el horario de salida era el viernes a las 4:45, lo que compensaba la demora: teníamos que estar a las 14:30 en la Rural de Palermo y los tiempos daban bien. Además, es más barato, y cada pesito que ahorremos, significa un libro más.
Llegamos a Rosario Norte a las 4:40. El tren ya estaba en el andén y el motor encendido. Ahí comence a recordar esa vibración que transmite un tren encendido a todo lo que se le acerca. Todo Rosario Norte latía al ritmo del motor. Preguntamos por las boleterías y el "Guarda" (un empleado sin gorra, ni ambo gris, pero que más o menos parecía ferroviario) nos dijo: "arriba te cobro".
Subimos apurados a un vagón muy limpio y aromatizado de lo que antes se consideraba la categoría "Pullman" donde yo nunca había viajado. Siempre en turista. El tren del siglo XXI ya me recibía mejor que lo que me había dejado su antecesor del siglo pasado, a quien solo ocupé en asientos marrones rebatibles. 3911 tiene 13 años y le costaba disimular el asombro ante esa cosa rara, gigante y tan exenta de la sutileza del diseño moderno.
De todos modos sorprendieron los asientos, la chapa que debe extraerse de abajo para convertirlos en "semi cama" y que los foquitos para las luces de lectura, anduvieran pese a su diseño "de estilo
re-rústico" como dijo 3911.
¡Los portaequipajes! Distintos de los de los micros, donde no entra más que una cartera de dama. Estos eran unas parrillas de acero inoxidable sostenidas por unas ménsulas de cincuenta centímetros de largo, atornilladas a la pared de la carrocería, y con espacio suficiente como para poner una bolsa de papas llena.
Mirando hacia adelante, una estilizada figura nos indicaba el baño de hombres, mientras que a nuestras espaldas se ubicaba el de las damas. Junto a la silueta, la leyenda "Capacidad: 52 pasajeros".
El silbato del guarda sonó. El del tren ratificó y ahí comenzó el viaje de 3911 hacia la sorpresa. Con el movimiento del tren comenzaron a moverse en mí los recuerdos de aquellos viejos viajes en tren de mi adolescencia y comenzamos a disfrutar de la mirada que el tren ofrece cuando uno se asoma a la ventanilla, cuya celosía de aluminio, sorprendió a 3911.
Por primera vez, él veía el Cruce Alberdi no desde el lugar del que espera, sino desde la posición del que se va moviendo. Pasamos por el cruce de Carriego (estación Ludueña) y no puteamos porque nos agarró el tren: éramos el tren.
Me gustaba que el tren lo sorprendiera. Creo que a un pibe de trece años, lo sorprenderá mil veces más este tren de siete horas a Retiro por treinta y tres pesos que el tren bala de ochenta minutos y cuatro mil millones de dólares.
De repente, comencé a darme cuenta de que viajando en tren uno ve mucho más que cuando transita el -ahora lo sé claramente- espantoso viaje por la autopista.
Desde el tren se ven las dos mitades de las ciudades que se cruzan.
Inclusive ves aquellos raros pueblos que no tienen "del otro lado" porque son "de un solo lado" de la vía. No ves la "bajada" hacia San Nicolás, San Pedro, Ramallo. ¡Pasás directamente por las estaciones! Con su bosquecito de eucalitpus contiguo y sus cabines, sus viejos tanques de agua, su paso peatonal (en algunas) y sus pasos a nivel. Vimos también esas viejas esquinas todo-almacén, con calles de tierra recién regadas, como en "Río Luján". O la pobre "Bancalari" que haciendo honor al nombre tiene que
soportar un cartel a medio hacer, distinto de los que engalanan todas las otras estaciones del ramal.
Pero el tren te ofrece también otro paisaje. Ves a las cerealeras que tienen sus silos junto a las vías, ves las casas de los countrys y los clubes de golf cuando pasás por Escobar.
Y también ves a los que viven "en la vía" en todo sentido. Casitas pobres, de cartón, chapa, nylon y lo que se consiga; los chicos jugando a metros del paso del tren. Gente y casas a las que seguramente el tren bala y su super velocidad haría volar desintegradas por el aire si les pasara relativamente
cerca.
Finalmente, tras los saltos que nos propone este tren cuando levanta cierta velocidad (digamos que cuando va a sesenta, los brincos te despegan -literalmente- de tu asiento) llegamos a la monumental estación Retiro (más grandes aún los ojos de 3911).
El tren (una vez más) nos sirve como una explicación y una metáfora de la historia y de los proyectos de país. Si es para todos, es lento. Si es rápido, será para pocos.
Mi hijo, el socio 3911, nació en 1994 y conoció el tren hace una semana. Le encantó el viejo tren, saltador y de tranco lento. Aprendió a ver el tren y fundamentalmente a ver lo que el tren nos mostró en este viaje.
El socio 3467, el que escribe, nacido en 1968, se pregunta si realmente los que no nos queremos subir a la farsa del "tren bala" nos estaremos perdiendo el último tren para vivir en una Argentina para todos. Es que preferimos que ande a los saltos y sea lenta, pero queremos que sea, como los libros, para todos.
PD: A los libros de siempre, esta vez le agregamos algunos para los viejos "ferrucas" de la biblioteca y ¿porqué no? para los nuevos enamorados del tren.
-Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-13641-2008-05-22.html
REESCRIBIENDO LAS NOTICIAS...
Pánico entre garcas !*
Asaltan un local de Armani en pleno Recoleta
11:27
El lujoso predio cuenta con boutiques, un sector de muebles y decoración y una confitería, en la avenida Alvear. Esta mañana se descubrió que las puertas de vidrio habían sido violentadas. Robaron dinero y otros objetos de valor.
- ¡Esto no quedará impune! - se exaltaba un operador de bolsa en el mediodía de la city. "empiezan por Armani y después vienen por todo", continuó, mientras se limpiaba la copiosa transpiración de la frente con un pañuelo de seda cruda rosa viejo, con su monograma en letras doradas.
Marcelino T. Garquetti, brooker de una importante inmobiliaria especializada en propiedades en el country "La Garqueta" denunció "la insensibilidad de este gobierno, que abandona a los garcas a su suerte, siendo que somos quienes mas ayudamos a garcar a este país". Desde esferas oficiales, sin embargo, relativizaron estos dichos. "Nadie ha hecho por los garcas más que esta gestión. La secretaría de ayuda al pequeño y mediano garca está diseñando políticas específicas para el sector en franca colaboración entre garcas privados y el sector garca oficial".
Más calmo, mientras tanto, el Dr. J. C. Garcasonne, llamó a una reunión de urgencia del Colegio Público de Garcas de la Capital Federal a fin de tratar el tema.
Sin embargo, acaso sin la mesura que dan los años, la Sra. Flor Tereso de Tujes Garkevich, representante de la ONG "Garcas sin distinción de Género" emitió un comunicado convocando a una manifestación de garcas frente al "local ultrajado", a fin de realizar allí un "acto de desagravio". Al momento de esta nota empezaban a reunirse, frente a la sede de la tradicional "Sociedad Garca Argentina" decenas de BMWs, Audis y las mas tradicionales "Mechas" con el objetivo de marchar hacia el local agredido, "símbolo de nuestras tradiciones", como declaró un garca que prefirió no dar su nombre.
El ministerio de educación del gobierno de la ciudad, en sintonía con el gobierno nacional, evaluaba a esta hora suspender las clases en el ámbito de la capital. "Tenemos la mayor concentración de garcas del país y no podemos permanecer ajenos a su dolor", comentó una alta fuente de dicha repartición, mientras se secaba los ojos y sacaba apresuradamente de su bolsillo unos delicados anteojos "Armani".
Por último, y en respuesta a unos dichos de la oposición, el líder de la bancada oficialista resaltó que "Todo el pueblo sabe que somos los más garcas. Ahora ellos (por la oposición) se la tiran de garcas, pero no pasan de ser unos advenedizos", fustigó.
A todo esto una importante columna piqueteril marchaba desde Provincia, por el Puente de la Noria, bajo la consigna: "Garcas somos todos". Su vocero, Luis Degárquez comentó que "sólo un insensible puede ver llorar a un garca, en este momento hay que deponer enfrentamientos estériles y viejas antinomias. A la patria la garcamos entre todos o la bandera flameará sobre sus ruinas. Denunciamos esta maniobra de sectores garcas foráneos. Para garcas preferimos los nuestros".
El lujoso local de la marca Armani en Buenos Aires, ubicado en pleno barrio de la Recoleta, fue asaltado hoy, según se informó esta mañana. En el lugar, de tres plantas, ubicado en la avenida Alvear al 1700, se advirtió esta mañana que habían sido violentadas las puertas de vidrio y que robaron dinero y otros objetos de valor.
En la sede de Armani en Argentina, además de boutiques, funciona un sector de muebles y decoración y una confitería. Giorgio Armani nació en Italia, formó su compañía a mediados de los setenta y se transformó en el diseñador más exitoso a nivel internacional de su país.
(Fuente: DyN)
*Por Udi. udi.cuatro.catorce@gmail.com
"Los momentos en que somos más libres e iguales en este sistema son aquellos que dedicamos a la consecución de la utopía. El resto del tiempo somos meros esclavos."
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