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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

09/07/2008 GMT 1

BOTELLAS Y SUEÑOS PERDIDOS...

urbanopowell @ 23:37

Profesion: Cartonero*‏

En sus manos
Habitaba la pobreza
En cada falange
Observé el surco de
Su trabajo humilde
Era cartonero
Tironeado por el frío y
La cantidad de hijos
Recolectaba papeles de diarios,
Botellas y sueños perdidos.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

BOTELLAS Y SUEÑOS PERDIDOS...

Pancitos con chicharrones‏*

Al preguntarle cual era su trabajo, me dijo que era vendedor ambulante, de panes, churros y pancitos con chicharrones. Le Dije -un poco incomoda- que en el Zonal me habían dicho que “cartoneaba”. Me contestó con sus ojos mirando hacia el piso, que lo hacia cuando no tenía qué vender. Un sudor frío recorrió mi espalda, sentí en un acto involuntario, cómo su vergüenza se apoderaba de mi cuerpo. Mis manos, con las uñas pintadas y sin callos, comenzaron a vibrar. Estaba inundada del pudor de ese señor apesadumbrado y más ennegrecido por su confesión. Me sentí salvaje y atropelladora, intenté normalizar mi situación de desventaja. Le esbocé una sonrisa lo más tierna y sincera que pude. Estaba avergonzada por tanta crueldad.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

DEBATE POR EL ACUERDO CON LOS CARTONEROS Y LA FUTURA LICITACION

La codiciada torta de la basura*

La lucha por la distribución de la riqueza llegó a las bolsas de residuos.
Cooperativas de cartoneros acordaron con el macrismo recolectar puerta a puerta, como adelantó este diario. Críticas a la propuesta de pagar a las empresas recolectoras por tonelada.

*Por Eduardo Videla. eduardovidela@pagina12.com.ar

"Estamos peleando un pedazo de la gran torta que es la basura de la ciudad", dijo Alicia Montoya, de la Cooperativa El Alamo. Junto a otras organizaciones de cartoneros, acababa de firmar un acta acuerdo con el gobierno de Mauricio Macri por el cual se implementará un sistema de recolección puerta a puerta de materiales reciclables, tal como lo adelantó Página/12 en su edición del domingo. El acuerdo fue cuestionado por la organización ambientalista Greenpeace, que lo calificó como un proyecto "pobre", pues "no alcanzará para cumplir con los objetivos de reducción que plantea la Ley de Basura Cero". Como paso previo al acuerdo, el ministro de Ambiente y Espacio Público, Juan Pablo Piccardo, separó del cargo a un funcionario de la Dirección General de Limpieza, área denunciada por los
cartoneros como escenario del presunto desvío ilegal de materiales reciclables destinados a las cooperativas, en beneficio particular.
El acuerdo forma parte de una nueva estrategia del macrismo en materia de higiene urbana: el reciclado estaría en manos de los cartoneros, mientras que la recolección de residuos quedará a cargo de las empresas, que cobrarán por tonelada de basura recogida y no por área limpia, como lo hacen ahora.
El nuevo esquema, anunciado a este diario por el ministro de Ambiente y Espacio Público, Juan Pablo Piccardo, es la base de la próxima licitación del servicio de higiene urbana, que generó cuestionamientos en la oposición y entre organizaciones ambientalistas.
"Desdoblar la gestión de residuos es un golpe fatal a la Ley de Basura Cero", afirmó Juan Carlos Villalonga, director político de Greenpeace. El dirigente consideró que "el retorno al sistema de pago por tonelada es fomentar el volcado de basura en rellenos, todo lo contrario a lo que propone la Ley de
Basura Cero, porque cuanto más recolectan más ganan".
Greenpeace fustigó la decisión oficial de dar por "fracasado" el sistema de doble container para residuos húmedos y reciclables, ya que no se promovió una "campaña de educación pública sobre el correcto uso". Y criticó el acuerdo con las cooperativas de cartoneros porque "no se debe aceptar un
circuito marginal de recolección". "El plan de recolección puerta a puerta es un proyecto cuasi escolar, pobre y no está a la altura de la gestión que el gobierno debe plantear", sostiene Greenpeace.
"Greenpeace no recicla, sólo habla", replicó Juan Grabois, miembro del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), una de las organizaciones que firmó el acuerdo con el gobierno porteño. Grabois rechazó la calificación de "circuito marginal de recolección" que hizo la organización ambientalista,
al afirmar que "mientras los cartoneros recolectan en la ciudad 650 toneladas de reciclables por día, las empresas de limpieza juntan apenas 100 toneladas por año".
En el acta acuerdo, el Ministerio de Medio Ambiente se compromete a "sostener el sistema de camiones que reemplazan al Tren Blanco, implementar en 30 días un sistema de colectivos o transporte subsidiado, para que los cartoneros no viajen en los camiones arriba de la basura, y presentar en 45
días un plan de reconversión de las 87 unidades de transporte que hoy trabajan en condiciones muy precarias", detalló Grabois a Página/12.
Además de la Cooperativa El Alamo y el MTE, firmaron el acuerdo las cooperativas El Ceibo, El Amanecer de los Cartoneros, Del Oeste y las coordinadoras de los camiones del ex Tren Blanco. Son las mismas organizaciones que, junto a otras cooperativas, denunciaron la semana pasada a "una mafia enquistada en la Dirección General de Limpieza" del gobierno porteño, que "opera desde hace muchos años y a la que funcionarios macristas de la Subsecretaría de Higiene Urbana se adaptaron con sorprendente rapidez".
Esa organización, según la denuncia, se dedicaría a "desviar hacia negocios particulares el material reciclable" que debería ser destinado a los cartoneros. Se trata del producto de la separación en origen que hacen los grandes generadores (edificios de más de 18 pisos, hoteles cinco estrellas y oficinas públicas), que debieran ser llevados a los centros verdes operados por las cooperativas.
Una de las cooperativas denunciantes, Reciclando Sueños, no firmó el acuerdo con el macrismo. "No son los tiempos políticos. Y además, el macrismo no respeta los compromisos, han retirado los contenedores, donde los trabajadores podían conseguir materiales", dijo Valentín Curi, representante de esa cooperativa. Entre los compromisos no cumplidos, menciona el de la cantidad de materiales que debían llegar al centro verde que maneja la cooperativa en Villa Soldati. "De 6 toneladas diarias que nos habían prometido, no llegan más de 500 kilos", se decepciona.
En lo que acuerda Curi con las cooperativas que sí firmaron el acta es en el rechazo al nuevo pliego de licitación, que cambia el sistema actual, de pago por área limpia, por el de pago por tonelada. "No pueden competir los dos sistemas", alertó Grabois.
Greenpeace también se sumó a las críticas. "Si se paga por peso, las empresas van a empezar a denunciar a los cartoneros independientes, a los que Macri acusó hace unos años de 'robar' la basura cuando seleccionan en la calle", alertó Villalonga.
Piccardo había dicho que el sistema de área limpia había fracasado porque era imposible de controlar. El diputado Eduardo Epszteyn (Diálogo por Buenos Aires) cuestionó ese argumento al sostener: "El macrismo no ejerce el control como debiera: según el contrato, a la empresa que no limpia bien se le puede aplicar una multa, que se descuenta de la facturación. Ni siquiera nombraron al director de Higiene Urbana", dijo el legislador a Página/12.
El subsecretario de Higiene Urbana, en forma interina, es Eduardo Terregni, un ex gerente de Manliba, empresa que integró el grupo Macri y manejó el negocio de la basura desde la época de la dictadura. Terregni es el ideólogo del controvertido pliego de licitación que el macrismo enviará a la Legislatura.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-107475-2008-07-09.html

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

49

Me pasé una mano por la frente. La retiré mojada de sudor.
Una vez más miré el diario abierto en la página de la información imposible. Una gota cayó en el papel, marcó un círculo oscuro sobre el texto.
"Originalidad y talento en la opera prima de Juan Pablo Miller...".
Aparté los ojos. En el calor de ese amanecer de febrero, el estudio, la lámpara, la ventana abierta al jardín, parecían un dibujo mal hecho por la punta trémula de un lápiz.
"Vida y Obra de Francisco Uriaga" triunfa en el Festival de Cannes. Rodada en París y Berlín, producida por un fuerte grupo financiero de Alemania, la conmovedora historia del poeta Francisco Uriaga ganó el aplauso de todo el público asistente a la ...
Dejaba el diario, intentaba arrancarme de el con cualquier excusa (ya me había dado una ducha, ya había preparado otro mate, ya había tratado de dormir), pero irremediablemente volvía a esa página con la esperanza de haberla soñado. Empapado de sudor, temblando, rastreaba la cuidadosa enumeración del crítico.
"Hasta hoy desconocidos, sus nombres resuenan en la admiración del mundo cinematográfico presente en Cannes..."
Mil veces los leí. Juan Pablo Miller, Ramón Segura, Carlitos Pavoni. Francisco Uriaga. Vida y Obra de Francisco Uriaga. Uno o dos nombres desconocidos también.
El mío no.
-Una premonición -me dije en voz alta-, una simple premonición, un anticipo.
"Si pudiera hablar de esto con alguien", pensé.
Pero ¿con quién? Con Paco Stein, para que me dijera: "Este mundo es muy raro". Pero Paco ya no estaba en mi vida, era peor que si se hubiera muerto. Con Victoria, a la que hubiera enojado mi exceso de imaginación. Pero ay, tampoco la sana furia de Victoria. ¿Con mis colegas de la editorial? Apenas los conocía. ¿Con el almacenero? ¿Con el chico de la playa de estacionamiento? ¿O con el abogado inválido del quinto?: "¿No cree usted, doctor, que este mundo es muy raro?"
¿Cómo probar esa visión profética, esa fruslería supersticiosa que podía rescatarme de la locura, si a nadie le había contado la visión o el sueño? Lo sensato era esperar el regreso de Juan pablo Miller y encararlo. Con un estremecimiento comprendí que si me había estafado, dejándome fuera de los títulos, negaría haberme conocido en Berlín. ¿Y qué podía esperar de los otros dos, que ya se habían prestado a un engaño?
Mi único testigo era Safet y Safet se había perdido en alguno de los enredados itinerarios del mundo que yo dejé para salvarme.
-No fue un sueño -decía Safet-. ahí estuviste. No fue un sueño. Aquí está la película que lo prueba.
Y de pronto, entre las cuatro paredes del estudio, mirando el tronco de la palmera en el jardín, creí ver lo que el recuerdo de Safet señalaba.
-No -dije.
Pero no había alternativa.
Me vestí y bajé a la calle.
Buenos Aires, me pareció extranjera y hostil. Tanta puerta y ventana, tanto cemento y ruido, tanta cara, tanto cuerpo y yo, Alberto Paradella, solo en el desierto, yo rogando inútilmente que una mirada se posara en mí, que una voz me llamara por mi nombre, yo suplicando la dádiva de una gota de humana ternura.
Casi no recuerdo cómo detuve un taxi, si hubo voluntad o resignación en la orden que le di al chofer. Recuerdo apenas que pagué el viaje, que me bajé del coche y que, durante largo rato, antes de forzar mi mano hacia el timbre, estuve mirando con los ojos velados y la garganta apretada, esa fachada intacta, el redondo balcón, la copa de los paraísos florecidos, la casa de Jonte y Nazca.
Le expliqué a la mujer que me abrío la puerta, una mujer joven, de pelo corto y rizado, que iba a emprender un largo viaje, que quizá no regresara nunca a Buenos Aires y que deseaba ver por última vez la casa donde había nacido y donde habían muerto mis padres.
Vi en su expresión lo que ella veía: un hombre apuesto y educado, elegantemente vestido, sin duda triste. por fin, esa buena presencia que yo justamente había despreciado me otorgaba algo que quería. Con timidez, disculpándose por un desorden doméstico que yo no estaba en condiciones de advertir, me hizo pasar.
Poblada de otros muebles, salpicada de posesiones ajenas, la casa no había sufrido modificaciones. Llegamos al patio. El mismo patio y la misma parra. Un triciclo rojo, volcado en el medio, las ruedas hacia arriba, indicaba que también ahora un niño jugaba en ese patio. Fascinado, me acerque a una pared.
-¡Tenga cuidado! Mi marido siempre me promete que va a tirar esa escalera, pero nunca lo hace. Yo le digo que es un peligra para el chico.
Atónita, pero maternalmente resignada al capricho de su extraño visitante, me miró trepar. Ya no necesitaba cajones para sortear la falta de los primeros peldaños. Era un adulto.
Pero el que caminó por la terraza hacia el balcón redondo como la proa de un barco de su libro de historia, el que apoyó las manos en el borde, el que aspiró el olor dulzón de las flores de paraíso y oyó el zumbido de las moscas antes de inclinarse y mirar, fue el chico. El chico solitario y sin embargo acompañado por la persecución de su familia, por el primer amor, los primeros libros, los primeros amigos, los primeros sueños y tristezas. El que había contemplado sin curiosidad alguna, ya que tenía todo el tiempo del mundo, las rectas calles y los techos planos, el espacio abierto que todo contenía, casas y gente y árboles e infinitos destinos posibles, menos ese destino que el mismo chico me dijo que vería, un segundo antes de bajar la mirada en busca de Villa del Parque.
Y lo vi.
Ahí estaba la gran avenida entre altos edificios y la entrada suntuosa del Hotel Kempinski. La garra oscura de la catedral bombardeada. El desvío de la calle de tierra. El puente de hierro que atravesaba un tren. Vi a Frieda Preutz parada en la esquina, de tapado y sombrero, y más allá el cartel de "Giulio", hamacándose en el viento y la lluvia, y la manzana con el agujero de un patio y el gran reloj de hierro detenido en las diez.
Como ahora comprendo, escribo sin terror, pero aterrorizado cerré los ojos, me arranqué del balcón y de esa pesadilla, bajé lentamente la escalera. Quise despedirme de la mujer y las palabras se me atravesaron en la garganta.
Salí a la calle. La neblina púrpura de un solo atardecer atenuaba el doble filo de las casas, gente y árboles. Débil por el miedo, empecé a caminar. Pronto estaba corriendo. Corrí en la carrera hacia ninguna parte, sin volver la cabeza, corrí hasta agotarme, hasta dejarme caer, sin fuerzas, sin aire, sin pensamiento alguno, en un banco de la estación.
Creí despertar cuando vi el cartel que anunciaba a Villa del Parque. No desperté. Ese era apenas uno de los últimos tramos hacia el día final de la conciencia y, como todo lo que me identificaba, ya empezaría a borrarse. Debí aceptarlo cuando la muchacha rubia bajó del tren y me miró y fui hacia ella. Pero no me resignaba y luché. Aparté la vista del collar, esa singular danza de plata que había adornado el cuello de una joven de Berlín, le permití bautizarse Alicia Martínez, y yo mismo llamé seducción a la brutal respuesta a mi pedido de una gota de humana ternura.
He mentido razonablemente, día por día, hora por hora, minuto por minuto, palabra por palabra, hasta el 23 de febrero. He apelado a todas las astucias, a todos los engaños, a todos los trucos. No me queda más que la verdad y la verdad es un gran espacio en blanco.
¿Un error de milímetros y de segundos en el frágil curso de esa tierra donde yo nada cuento? ¿Un castigo a mi inocente soberbia, que quiso huir de la cárcel y de la muerte de todo tiempo humano? ¿O el premio atroz a un hombre dolorido que aspiró a despojarse de la miseria de sus pequeños dolores en un puro amor a la vida, sin exigencia de retribución?
No sé si el lugar en que escribo pertenece a Buenos aires o a Berlín, a las dos a la vez o a ninguna. No sé si la película corresponde al pasado o al futuro, si he leído el diario ayer, hace un mes o mañana. No sé a qué calendario, a qué reloj, se atan estas últimas horas.
Pero bajo al jardín, me siento sobre el pasto fresco, y puedo estar en todas las ciudades, ser todas las personas que aún contengo. Y puedo hablar sin rencor con Paco Stein, puedo abrazar cándidamente a Victoria, bromear con el chico de la playa de estacionamiento, aceptar las propuestas de Juan Pablo Miller, besar las lágrimas de la mujer de Nikolai, ayudar a mi padre en la carpintería, asistir vestido de etiqueta, a una fiesta en algún congreso.
Recostado en el tronco de la palmera, afirmado en el único pedazo de tierra conocida, cumplo la última vuelta de este monótono circuito de buhonero. Caras y voces familiares me despiden sin verme desde las bajas orillas de la costa y saludo dignamente a Safet, quien dio un nombre apropiado a mi viaje.
No sé quién soy, ni dónde estoy. Pero tengo a esa mujer que me quiere, y a ella me abrazo, sin preguntas, cuando me excede el orgullo de la libertad.
De una sola cosa estoy seguro. Ese grito de angustia que se oye en esta noche de verano, que sube desde el jardín y penetra por la ventana abierta, no es el mío.
Yo soy feliz.

*Final de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

14 de junio*

A Mauricio Silva.

Quizá haya sido una mañana de 14 de junio como esta de hoy, un sol tenue, al que hay que adivinar entre vapores flotantes de humedad antes de ver el primer haz de plena luz abriendose paso. la luz se instala en los farolitos fragiles que brillan en las hojas siempre verdes de las enredaderas. Afuera y en las calles las hojas se resignan a derramarse y teñir de otoño cada baldosa y cada calle.
Allí estaba el, barriendo las hojas, antes que se embarren en los desagues en una pasta negra, que amasija las siluetas naturales y les quita su propia entidad, su identidad.
Me parece verlo, lo imagino guardando algunas hojas bellas para que duerman y sueñen su forma inalterable adentro de las hojas de un libro, allí junto a los pimpollos de durazneros que llovian del aire en la primavera pasada. -él usa un ejemplar de Rayuela para guardar recuerdos que le llegan del aire, del cielo, del pasto-. Mientras barre y tira su carrito de barrendero de la ciudad.
En estos días no lo acompaña más Jose Antonio, algo anda intuyendo ese viejo perro callejero al que las señoras del barrio alimentan con mimos y sobras de la cena . Hoy duerme en una pequeña esquina resguardado de las primeras heladas.
Esta es una mañana de soledad, su figura fantástica esta recortada en las mismas perlas de rocio que lloran desde los arboles. la barba esta humeda y los anteojos se empañan a cada rato, justo para no haberlos visto llegar ni esperarlos. Cobardes que se ocultan para arrancar hojas y manos que trabajan, escriben, y siembran porvenires.
Manos que juntan las hojas en la madrugada de Villa Devoto....
Arrancar hojas y vidas, arrancar calendarios para siempre. Arrancar todos las posibles primaveras de mucha gente que vive su vida y ese día de junio pisa las hojas secas en la calle, esperando ver brotes de verde, y polen de aire tibio.
Allí va Mauricio, con sus anteojos empañados de rocío, sin imaginar su foto en el diario, homenajes in memoriam y un día del barrendero de la ciudad en el mismo día en que criminales de la dictadura lo secuestraron.

-2003-

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

Post-texto: Sacerdote y Barrendero dice el diario. No podía dejar de mirar su foto. Me queda su imagen, y el sentir que tambien podría haber sido mi foto o la foto de muchos de nosotros congelada en el tiempo. Pienso también en los innumerables roles humanos y sociales arrancados por la crueldad de la dictadura a su propia vida y destino humano. País de victimas, repito sin saber que más agregar.

-Mas info sobre Mauricio Silva: http://www.los150defloresta.com.ar/inicio/floresta.php?id=3313
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-92647-2007-10-08.html
http://www.la-floresta.com.ar/2007/octubre/5.htm

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