LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE...
Repaso tus besos*
En un rincón
De mi respiración
Hay un esquema de vos
Grabado en mi memoria
Como un silogismo
Repaso algunos momentos
Tomo apuntes de tus besos
Y repito tu nombre inconsciente
Como contando las baldosas
Jugando por mí sendero
Cada mañana despierto
Pensando en vos.
*De Azul. azulaki@hotmail.com
LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE...
Perfil de un mago*
Entre la alquimia y la sabiduría
Descubres los misterios
En tranquila soledad
Trabajas incesantemente
Sobre las terrazas de la ciencia
Con tus dedos de celebre escultor
Cual varita mágica
Recuperas las ilusiones
A los que han perdido
Las claridades del soñar
Con tu memoria inigualable
Y tú mirada acertada
Inauguras la creación
Con la sencillez de los sabios
De las células de la esperanza.-
*de Azul. azulaki@hotmail.com
Para Raul. Un ejemplo de la creación
SOBRE EL HOMBRE*
*de Zulema Estela Saus. zulemasaus@yahoo.com.ar
Una mirada:
Deseo descubrir y rescatar las potencialidades que el hombre tiene a su alcance, si hace el esfuerzo en verlas, para ponerlas en acción y superar las dolorosas heridas que padece su existencia, casi sin darse cuenta.
“VER,... un esfuerzo por ver,...” o percibir “... toda la vida consiste en esto...” afirma Teilhard de Chardín en “El Fenómeno Humano”. Y continúa: El hombre “...se engrandece más... por un acrecentamiento de conciencia, ... de visión, ... en la elaboración de unos ojos cada vez más perfectos en el seno del cosmos... para discernir con más claridad,... con penetración y poder sintético de su mirada...”. Esto no es un lujo, es una necesidad. “Ver o Perecer...”
“Ser más, es unirse más y más. Si el hombre no ve... será un objeto errático dentro de un mundo dislocado”. Sólo así, puede desvanecerse la “...triple ilusión de la pequeñez, de la pluralidad y de la inmovilidad...”. Con otras palabras, no puede existir: “lo pequeño sin lo grande,... la pluralidad sin la unidad, la inmovilidad sin la movilidad.”
Recorriendo este camino, creo que logrará ser: “...cima momentánea de una Antropogénesis que corona... en una Cosmogénesis...”, para verse de manera completa junto a la humanidad toda y a la humanidad junto con la vida y a la vida junto con el Universo.
Sólo como ser dinámico será, “...eje y flecha de la evolución...” (pag. 43 a 49 del Fenómeno Humano de T. de Chardin -Ed. Taurus- 11-11-74, Madrid).
Albert Einstein en su libro: “Como veo el Mundo”, también aborda temas similares y sostiene que,
“... la lucidez de los científicos y los artistas, así como lo engrandecen, lo sumergen en la más infinita soledad y angustia interior, incomunicable, intransferible. El sentirse solo, es abrumador. “ Lo alejan hasta de sus seres más queridos.”
Según él, la evolución de la Humanidad depende de la percepción y descubrimiento implacable de esos seres. Pero, lamentablemente, “... las decisiones y el rumbo de aquella, está en manos de los que, enceguecidos por la carrera política, económica y tecnológica, ostentan el poder aliado a las corporaciones... “ Lastimosamente, “... son las masas peligrosamente armadas, las que están conduciendo al hombre hacia la nada...” en un universo desfondado.
Al igual que él, Tomas Merton afirma: “... en un país donde no existe o se pretende aniquilar el arte, es un país de autómatas.”
Comprendiendo el entorno histórico de su vida, creo que a Albert Einstein, le faltó ahondar más la esperanza. Por eso rescato lo expresado en la obra “El Punto Crucial”, de F. Capra, del Capítulo “La Visión integral de la Vida”: “quien logra valientemente sintetizar la Ciencia Occidental con el Misticismo Oriental...” y pensar en “...una Mente Cósmica que plasmó el Universo...”, creando primero la Energía para luego materializarla, está transitando la Esperanza.
F. Capra lo afirma textualmente: “... parece que la identidad de las personas... es una identidad de Ritmo. Los seres humanos pueden reconocerse por su forma de hablar, por los movimientos de su cuerpo, por sus gestos, por su forma de respirar...” Es lo que llamamos: Metacomunicación. Se constituye más importante el cómo, que el qué, por eso: “... los modelos rítmicos... son diferentes manifestaciones de un mismo ritmo personal, una pulsación interna...”. Es esa pulsación interna, la que se convierte en la identidad de cada uno de los seres.
“La imagen de un hombre aislado, existe sólo en el mundo interior. La realidad es una danza contínua.” Es “... como un holograma. El Todo, está codificado en cada una de las Partes.”
Convertirse en Todo, a través de la música, la danza, la palabra, el pensamiento o la reflexión, del cavar la tierra y colocar la semilla, de perder la Individualidad para asumir la Interdependencia, es el gran desafío de la Vida.
Son muy sabias las palabras del último cacique piel roja de la tribu Swamish del estado de Washington, cuando en su manifiesto filosófico y ecologista enviado al Presidente Franklin Pierce, allá por el año 1855, afirma: “La hermandad entre el reino mineral, vegetal, animal y humano espiritual”. “La tierra es su madre y el hombre su hijo”.
“El aire, comparte su espíritu con toda la vida que sustenta”
“Todas las cosas están relacionadas entre sí. Todos pertenecemos a una familia. El hombre no ha tejido la red de la vida, sino que es sólo una hebra de ella”.
Y más erudito cuanto critica al hombre blanco que con su insaciable apetito:
“devorará la ...tierra y dejará sólo un desierto. Que no habrá ...lugar tranquilo en las ciudades y la luz hará dolor los ojos, ...como el ruido...insultará sus oídos. Sin sentir el aire que respira por el hedor, porque cuando se escupe el suelo, se escupe a sí mismo....contaminando la cama (por la madre tierra) , morirá sofocado por sus propios desperdicios”
Retomando el ver, la percepción de la realidad que puede cerrarnos o abrirnos nuevos caminos, termino esta primera mirada, transcribiendo el siguiente poema:
“En ocasiones, por cierto imprecisas
cada uno ve y luego
todo acontece como sí.
En esas ocasiones, esporádicas por cierto
no hay espejos que ver
es sólo la llanura de uno mismo.
En ocasiones, por cierto
por cierto esporádicas e imprecisas
el velo cae”
*Oscar Agú (Junio 2007-inédito)
ENTREVISTA A MARIO MONICELLI, UNA LEYENDA VIVIENTE DEL CINE ITALIANO DE
POSGUERRA
"El humor es un bisturí que va bien al fondo de las cosas"*
A los 93 años, el padre de la comedia italiana sigue ferozmente lúcido: reflexiona sobre la política de Silvio Berlusconi, la importancia del neorrealismo y sobre su clásico Los desconocidos de siempre, de cuyo estreno se cumple en estos días medio siglo.
Por Miguel Mora *
Desde Roma
Mario Monicelli tiene 93 años, pero sus ojos y su vivacidad siguen siendo los de un adolescente. El inventor de la comedia a la italiana (con su amigo, recientemente fallecido, Dino Risi: "Nuestra broma siempre era quién palmaría antes") es un mito del cine, pero no aguanta ser considerado un genio. "Simplemente, trabajábamos mucho y seguíamos la vieja estela de la comedia del arte", explica. Autor y guionista de 65 películas, entre ellas muchas obras maestras que en los años cincuenta, sesenta y setenta contribuyeron a hacer célebre -y mucho más divertido- el neorrealismo italiano, Monicelli utilizó una inteligencia muy aguda para convertir la cotidianidad, la desesperación, el fracaso y la miseria en humor y farsa. Su finura para utilizar la ironía como bisturí social; su compromiso siempre generoso con los perdedores; su espíritu de artesano clásico y disciplinado y su mirada siempre atenta al gesto y el detalle hilarante lo convirtieron en favorito de todas las estrellas italianas: de Totó y Aldo Fabrizi a
Vittorio Gassman y Marcello Mastroianni, Sophia Loren y Gina Lollobrigida, Alberto Sordi, Monica Vitti o Ugo Tognazzi.
Casi ciego, pero aún ferozmente lúcido, Monicelli vive en un modesto primer piso del barrio más viejo de Roma, Monti. Es su casa de siempre, llena de personalidad y gracia, atributos que siguen caracterizándolo. Tras dirigir Las rosas del desierto en 2006, declara cerrada la canilla de su talento
("me parece que ha sido suficiente"). Y sigue definiéndose tan comunista como siempre: "El gobierno Berlusconi dice que la lucha de clases no existe, pero sólo hace falta ver cómo hemos convertido a los gitanos en el chivo expiatorio para saber que es mentira".
-¿Cómo anda de amigos?
-Hay ya pocos vivos. Dos guionistas, Scarpelli y Cechi D'Amico, dos directores, Risi (la entrevista se hizo antes de la muerte de Risi) y Mortaldo. Nos vemos alguna vez. Antes siempre estábamos juntos. Ahora menos.
-¿Tiene familia?
-Tengo dos hijas casadas, y otra que tiene 20 años y estudia en Bolonia...
-¿Y todavía le siguen atrayendo las mujeres?
-Continúan interesándome, pero no sexualmente, no soy un viejo verde. Me han gustado mucho las mujeres, pero no tenía líos con estrellas. Siempre eran de fuera del cine. Trabajar y relacionarte con la misma gente es muy aburrido.
-Pero en el cine había mujeres impresionantes...
-¡Y también fuera! Las tres o cuatro que tuve eran muy hermosas y con una ventaja: no rompían tanto las bolas como las actrices.
-¿Le daban la lata?
-A mí me molestaban poco. Era muy autoritario, no les daba ocasión de hablar. Leían el guión y, si aceptaban, sabían que no se hacían cambios.
-Pero amigos sí tuvo muchos en el cine.
-Sordi, Gassman, la Vitti, Giuliana de Sio, Tognazzi, la Mangano, Mastroianni... Gente muy simpática, ingeniosa e inteligente. Se pasaba bien con ellos fuera del plató, eran muy agradables.
-¿Y eran conscientes de la importancia del cine que estaban haciendo?
-Ahora sabemos que era importante, entonces no. Era cine para italianos. Sólo después, con los festivales y los premios, se convirtió en importante.
-¿Se ganaban bien la vida?
-Se ganaba bien y era más barata.
-¿Pero era la dolce vita?
-Era una vida de trabajo duro. Los horarios no eran como ahora. No había sindicatos, siempre te levantabas al alba, te ibas fuera a rodar y volvías tarde. Poco a poco cambió. En los años cincuenta y sesenta trabajabas de siete a siete, y no había cestino (catering). Llevábamos pan con salami y eso comíamos. Después empezaron a darnos dinero para la comida y tenías que ir a comprártela.
-¿De dónde salían las historias?
-Muchas eran reales, otras salían de libros, de cuentos que se oían, de historias antiguas. Pescabas de todas partes: sucesos, tertulias... Se inventó todo: el cine negro, el spaghetti-western, las series mitológicas...
Eramos mil personas en total, siempre estábamos juntos, íbamos a los mismos cafés y restaurantes, y allí cambiábamos ideas y pareceres. Había fantasía y ganas de hacer cosas. El país era pequeño y había que inventar mucho.
-¿Le gustan sus propias películas?
-No todas me gustan. Pero algunas que fracasaron me gustaban.
-Antes de dedicarse al cine, ¿qué hizo?
-Viví mi período político. El fascismo y la guerra. Fui movilizado a Yugoslavia... En caballería, aunque nunca luché. Milité en el Partido Socialista, después en el Comunista. Lo metí en una película, Los
compañeros. Era un filme marxista, pero con ironía.
-¿Y cómo le dio por la comedia? ¿Siendo comunista no era una herejía?
-Era un humor natural. Nuestra mirada era ésa. Sarcasmo, ironía. El humor es la forma más penetrante de mirar. Un bisturí que va al fondo de las cosas.
Pero para bromear sobre algo hay que conocerlo muy bien. Y meditar mucho para llegar al humor.
-¿Así que el neorrealismo nació de la reflexión?
-No nació por azar. Fue la maduración de la historia del país y de sus individuos. Nació con una dictadura en la que muchos no se reconocían. Antisocial, racista, inhumana. Eramos socios de los nazis. La gente de la cultura tenía otra mirada. Zavatini, Rossellini, De Sicca, Calvino, Pavese crearon una nueva forma de mirar. Italia estaba sometida al nazismo, teníamos razones para querer cambiar nuestra relación con la realidad. Por eso se fundó esa nueva forma de ver la realidad, el neorrealismo.
-Y enseguida llegó la comedia. A la italiana.
-Se llamaba así porque nació aquí, también venía de esa historia terrible, singular y dramática. Surgió al contar argumentos muy dramáticos con humor.
Esa mezcla era insólita. Habíamos vivido una historia horrible, también insólita, y por razones que también eran históricas, desde la Commedia dell' Arte y el Renacimiento teníamos una vena cómica. Eso fue lo que hizo nacer esa forma de mirar con humor.
-La gran guerra es el mejor ejemplo.
-El argumento era muy dramático, sí. Fusilamientos, muertos... Había tonos trágicos donde hacían falta, y cómicos también. La vida de la gente es así, no es siempre divertida o siempre dramática. Los desconocidos de siempre ensayó otra vía: intentan cambiar su condición con un golpe, les va todo mal, fracasan. Esa no es la regla de la comedia. Y así había muchos haciendo lo mismo: Germi, Risi, Comencini, Steno...
-¿Era una forma de hacer política?
-Sin que naciera de ahí, lo era. Se contaba una historia y como la gente era inteligente, se daba cuenta de que había detrás una idea política.
-¿El neorrealismo ayudó a cambiar el país?
-Parece, dicen que sí. Contábamos sin fingimientos, un poco brutalmente, la historia del país. Cómo se vivía, cuál era la humanidad, cómo se relacionaba la gente con la realidad, quién de manera solidaria, quién de forma egoísta.
Intentábamos sacar fuera las contradicciones de nuestra historia, las supersticiones y las costumbres anticuadas, ridiculizándolas. No sé si cambió a la gente. Creo que no hemos cambiado mucho.
-La ternura de entonces, la inocencia, ¿siguen existiendo?
-Respecto de la generación de la posguerra, todo cambió mucho. Aquella era gente muy solidaria y comprometida. Había un sentimiento colectivo de país, queríamos sacar a Italia de una guerra estúpida y hacerla entrar en Europa, modernizarla, industrializarla. Después entregamos el país a la generación
siguiente, que se corrompió rápidamente. Empezó a mandar el mercado, que es la ley menos piadosa que existe, que no perdona ni tiene caridad, y las cosas fueron empeorando.
-¿Cómo vivió el '68?
-Esa generación de veinteañeros tomó Italia y pensaron poder revolucionarla entera cambiando lo que hacían sus padres, ridiculizándonos, tratándonos como a viejos que había que dejar de lado. Creían que lo podían hacer todo de nuevo, sin piedad, eligiendo su nueva vida. Fue una generación de violentos y corruptos. Esa corresponsabilidad colectiva se perdió. La gente se volvió individualista y empezó a pensar en imponerse al vecino. Fue un corte con la cultura de los padres, que en Italia era muy rural, muy campesina. Eramos un país de analfabetos que se alfabetizó en los años '30 y '40, pero teníamos una cultura cívica de participación y tolerancia. Eso se dejó de lado.
-¿Lo rural fue un elemento más del neorrealismo urbano?
-La cultura rural fue básica en el neorrealismo. Veníamos de ahí, teníamos la humanidad del campesino. Los personajes de Sordi eran terribles, prepotentes, listos para cometer cualquier bajeza con tal de medrar, oscuros. Nosotros contábamos eso y los italianos se reían pensando que no eran ellos. Esa cultura se perdió, la visión del otro como un compañero y no como un adversario se perdió. Pero eso es la cultura. Lo otro es incultura.
-¿Eso explica también las tres victorias de Berlusconi?
-Cuando finge ser un tolerante, Berlusconi está haciendo comedia a la italiana para llegar a presidente de la República.
-Italia parece hoy atenazada por el miedo, sobre todo del extranjero.
-Eso pasa siempre en los tiempos de crisis, se busca fuera un chivo expiatorio. Entonces éramos una fraternidad, hacía falta reconstruir el país, teníamos todo por hacer y todos nos ayudábamos. El nivel de vida era bastante pobre, con muy pocas diferencias. Había un 10 por ciento de aristócratas y el otro 90 éramos todos iguales de pobres. Pero queríamos poner de pie a Italia. La cultura servía para divertir y hacer pensar. Se trataba de entretener a la gente haciéndola pensar. Eramos vivaces, íbamos en Lambretta, teníamos autopistas, y la aspiración de ganar más que el otro no era la cultura dominante. Era el tiempo de la furbizia (picaresca) ingenua.
-¿Cuándo acabó la inocencia?
-Quizá con el asesinato de Aldo Moro. Había una esperanza cierta y cercana de que el comunismo podía llegar al poder por la vía democrática, pero para evitar esa cosa que todos temían tanto mataron a Moro. ¿Quién? La derecha, los norteamericanos.
-Su padre se suicidó en pleno fascismo...
-Yo tenía 23 años. Mi padre había dirigido un periódico en los años veinte. Era antifascista, se puso contra Mussolini y lo echaron, no le dejaron escribir más. Estuvo muchos años sin poder hablar, viendo a sus amigos adaptados al fascismo. Pensó que cuando acabara Mussolini podría volver, pero se habían olvidado de él. Esa amargura pudo con él. Yo era un soldado, estaba recién regresado de la guerra y entendí perfectamente que se suicidara.
* De El País de Madrid. Especial para Página/12.
La ficha
Tras comenzar dirigiendo media docena de films de Totó, Mario Monicelli (Viareggio, Toscana, mayo de 1915) dejó una lista de títulos inolvidables: Los desconocidos de siempre (1958), La gran guerra (1959), Los compañeros (1963), Casanova 70 (1965), La Armada Brancaleone (1966), Amigos míos (1970), Queremos los coroneles (1973) y Un burgués pequeño pequeño (1978).
Todas ellos, y muchos más, podrán verse en el próximo Festival de San Sebastián, que este año le dedica un homenaje y una retrospectiva de 41 films. "Estuve allí hace 50 años y gané un premio, ya no sé si con Los desconocidos de siempre o con El médico y el hechicero (fue la primera, obtuvo la Concha de Plata). Se estaba bien allí, era una ciudad bella y pequeña."
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10762-2008-07-30.html
*
Su voz
Arrastraba las palabras
Más de lo acostumbrado
Entre la euforia y
La torpeza de sus movimientos
Sacudían la ausencia
De la galantería
Entre el desenfado
Y la falta de modales
Lo hacían parecer
Un ser despreciable.
Quién era al final de cuentas
Quien lo habitaba
Cuando fumaba
La hierba prohibida.
*de Azul. azulaki@hotmail.com
De trenes y estaciones*
Estación Salto Grande.
Uno nunca sabe cuando está tomando el tren equivocado.
La frase suena abstracta y compleja. Como la ajenidad, el extraviarse tiene un sentido más amplio que tomar otro tren. Tomar el tren equivocado. Una metáfora apenas de equivocar el camino en la vida. Dar el paso claramente irreversible e irse al lugar del cual no puede volverse. La nostalgia aparece entonces mordiendo el horizonte como la noche a los restos de luz que se obstinan en marcar amarillos, naranjas y lilas en esas nubes que viajan ahora mismo -como islas solitarias- a algún destino desconocido que esta más al oeste. Más lejos de lo que puede verse. Entonces uno amaga volver a algún lugar imposible. Se pregunta dónde se abrieron las vidas como vías después de un punto de cruce y ahora no hacen más que alejarse. Y se desea volver a un lugar idealizado donde -quizá- nunca se estuvo de veras.
Estación Totoras.
Me veo en Temperley. Aún no tome el tren. En la tarde, al sol todavía tibio se cruzan preguntas e incertidumbres de abuela a nieta. Hay 70 años de diferencia y me conmueve verlas alejarse de la mano hacia la esquina; cuando vuelven mi hija dibuja un tren, y en el vagón cada cual viendo por su propia ventanilla. Allí viaja toda su familia: primero su mamá, después ella con el pelo dividido en dos colitas que están suspendidas en el aire, en la siguiente ventanilla está su hermano Franco y finalmente –me dice- estoy yo, a quien incluye en el mismo viaje aunque estoy divorciado de su madre. No dibuja a su gata color te con leche que se llama Perla, pues -me cuenta- tenía miedo a viajar en tren y se quedó en el departamento.
Estación Clason.
Viajan en tren. La abuela y quien será mi madre pero ahora tiene los rulos de Shirley Temple y uno o dos años menos que los de mi hija hoy. Es el año 1934 o 35. Mi madre sólo recuerda un puente sobre un río ancho y que ese tren llegaba a Santa Fe de donde tomaron otro hasta el pueblo donde vivía Fernando, mi abuelo materno. Nunca sabré cómo el abuelo pasó de fabricar bicicletas "Cycles Zucca" y proyectar cine en un galpón de Turdera a trabajar tan lejos, en la usina eléctrica de ese pequeño pueblo rodeado de tambos.
Estación San Genaro.
El abuelo no respondía a las cartas. Ya tenía nueva mujer y parece que no le resultó sencillo ver bajar de la estación a su mujer -italiana como él- y a su hija pequeña nacida en Argentina. La historia tiene un pozo de niebla como el que veo ahora del otro lado de la ventanilla. Niebla suspendida a poco más de un metro de altura que corta la visión de las cosas. Mi madre recuerda la reja alta. No sabe cómo pudo saltar desde ese abismo de 2 metros. Luego la corrida con el corazón en la boca hasta el hogar de unas monjitas. Y esa sonrisa de la monjita que le quedó grabada como en foto al escuchar el pedido de enviar una carta auxilio al hermano de la abuela. ¿El tío Joanny ya trabajaba en La Vascongada?
Estación Centeno.
El tío, al que imagino con su boina vasca que no se quitaba nunca, llegó después de algunos días y presumiblemente en los mismos trenes del Central Argentino. Las llevó de retorno a Turdera.
Mi madre ahora recuerda su vida en casa de sus abuelos paternos. Su abuelo dirigía la colocación de vías del tranvía en Temperley. Se ve de nuevo en la mesa abajo de la parra mojando las biscuit en chocolatada Vascolet, son imágenes de panza llena. Pero también hubo privaciones pues si no había comida, el que tenia que comer era su hermano mayor Nicolás que "salía a trabajar".
Estación Cañada Rosquin.
El relato sigue en otros viajes de tren, ahora a trabajar en Buenos Aires. Agrocom y La Compañía General de Construcciones son nombres que flotan en el aire a los que cuesta darles entidad, fachada, espacio. Hay un viaje a recibir el crédito para la casa propia. Viejo anhelo de madre a hija -intuyo.
"Fui la primer mujer en recibir un plan Eva Perón" -dice mi madre. Mi hija la mira con ojos grandes desde el silencio y sigue dibujando en el cuaderno.
Salto Grande, Totoras, Clason, San Genaro, Centeno, Cañada Rosquin….
Sigo anotando estaciones y desconociendo el recorrido. Pero ya se. Lo debo reconocer, la próxima estación a la que arribará el tren -y en la que bajaré- será Sastre del Ferrocarril Central Argentino. Allí podré sentir esa extrañeza mayor a la habitual y quizá palpitar en la brisa aquella historia que de algún modo obscuro e inconsciente ha condicionado mi vida.
*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com
*
Queridas amigas, apreciados amigos:
El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
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