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BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO

15/08/2008 GMT 1

¿cómo saber que el mundo tiene otro destino?

urbanopowell @ 12:40

PERDIDAS EN ELANTXOBE*

Fuimos hasta Elantxobe bordeando el mar, en un camino con vueltas y revueltas que pasa por bosques, se interna un poco y luego vuelve a abrirse hacia el Cantábrico, con vistas de fugaces ciudades y pueblos cada uno una tacita de porcelana, un guijarro brillante, un misterio por desvelar.
Llegamos a Elantxobe y desde el mirador vimos el mar allá abajo; el camino que desciende y al través de este pueblo colgado del monte llega al puerto. En el mirador nos esperaban, nosotras, intrépidas, volveríamos en una hora.
Bajamos por la calle, esa una sola calle, retorcida como una serpiente que se despliega por el monte y está abrevando en el agua salada. Esa una sola calle que se hace plaza, y crea esa plaza tan pequeña que el autobús no tiene espacio para girar. Una plataforma redonda se encargará de dar vuelta al autobús para que quede nuevamente mirando hacia la salida. Pero la plaza está al inicio. Desde ella se desciende se desciende en camino vertiginoso, medio rampa medio escalera. Los caseríos se superponen, algunas edificaciones acodadas en la piedra del monte, con puerta en el primer piso hacia un lado y puerta en el segundo o tercero, también a la calle, del otro lado. Pasadizos entre las casas que dejan ver el cielo, olor marino, sol definiendo las sombras pétreas.
Ya en el puerto, alzamos las cabezas y allí delante se desplegaba Elantxobe como las figuras de cartón de esos libros troquelados, cada casita en su lugar tapizando la pared de la montaña, y la calle zigzagueando en ángulos imposibles.
Luego de las fotografías y el paseo hubimos de retornar. Arriba, arriba, arriba. El sol que ya no era tan perfecto por excesivo, y los pulmones que se quejaban, y el corazón un poco enloquecido.
Pueblo de una calle sola. Nos perdimos. Ahí en la plaza, cerquita del mirador, tomamos un sendero que iba, luego lo descubrimos, al cementerio. Y llegadas al cementerio no era cosa de reencontrar el camino. No, seguimos cada vez más lejos, agotadas y castigadas por el calor de la siesta, confundidas. Apuradas nosotras para perdernos más y con mayor rapidez. Y nadie para preguntar. Ni lagartos a esa hora.
Golpeamos la puerta de un caserío, el ovejero alemán se metió prudentemente dentro de la casilla y nos miraba con la cola entre las patas. La señora de ojos claros llamó al hermano; el hombre de ojos claros nos indicaba que teníamos que descender. No había acuerdo. Nosotras queríamos ir al mirador, arriba de Elantxobe, no volver al puerto. El vasco nos decía que tomásemos el camino hacia abajo. No hubo acuerdo hasta que nos dimos cuenta de que estábamos muy muy por encima del mirador, en otro monte. Había que descender, y Elantxobe, era cierto, estaba allá lejos y muy demasiado muy abajo.
Se rieron bastante a costa nuestra los euskaldunas, con eso de perderse en un pueblo con una sola calle. Por un día fue la anécdota. ¿Sabes que se han perdido en Elantxobe? Y nadie lo podía creer.
Pero yo me he perdido en Elantxobe muchas veces. Tantas. Tantas veces me he asomado y hallé que eso que creía que estaba arriba ya había quedado debajo ¿Cuándo, en qué momento? Que el futuro ya es pasado, que el hombre que vi en un pedestal se hallaba, de pronto, mordiendo el polvo.
Y la vida es un pueblo con una sola calle. Los días se suceden, los meses y los años marcan un camino recto. Pero una se pierde. Una y otra vez, se pierde.
Súbitamente miro hacia abajo y veo desde arriba eso que antes marcaba un techo. Y a ese que veía siempre de espaldas, adelante, lo encuentro detrás y cada vez más lejos hasta que se me pierde en un recodo.
No solamente nos hemos perdido en Elantxobe, madre. Lo bueno es que podemos caminar juntas.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

¿CÓMO SABER QUE EL MUNDO TIENE OTRO DESTINO?

LA GAVIOTA*

El mar
ha recobrado
su cordura
y se extiende
azulino
y espejado.

Todo
ha vuelto
a su sitio:
las nubes
a su claro
resplandor,
las olas
a su blanda
mansedumbre.

La ligera
gaviota,
aerodinámica
y equilibrada,
planea
dejándose llevar
por las corrientes.

Sólida y
flexible.
Asciende
aletea
y desciende
para acunarse
sobre
La blanca cresta.

*De Ana Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

TRAVESÍA MÁGICA*

Sutil envergadura de lo leve,
De lo etéreo, lo falaz y lo sublime.
Rima que me acosa y que no cesa...
Fiel mariposa nocturna ¿quién apagó tus pasos?
¿quién intentó colorear tus tonos grises?

Ay del grillo cantor de madrugada,
De la salamandra comida por hormigas,
Del gato, del incienso, de las flores,
De la rama que semeja un basilisco,
Del unicornio de humo entreverado.

Ay de mí, de mi sombra, de mis voces,
Si les falta la ola que no ruge,
La brisa que mece el mar de plumas,
La mariposa del jardín de ánimas,
La mirada que recorre mis pupilas.

Ay del mago, del árbol, del recodo,
De la fuente, del río y de la nave,
De la feria del romero y del tomillo,
De líneas en los surcos de la mano,
Triste gaviota de vuelo detenido...

Si no está la noche más oscura,
El día más claro,
La verja insomne, el fauno,
El nido del mochuelo,
El arca de los sueños y los soles...

Si no se abre la puerta a los avernos,
Si no canta el mensajero de lo efímero,
Si no estoy, si no estás,
Si no unimos nuestras manos...
¿Cómo saber que el mundo tiene otro destino?

*de Marié Rojas Tamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

Vaquita de San Antonio, la verdadera historia*

Fruti era una vaca diferente, en un sueño el dios toro blanco le presagió que su fortuna era ir al matadero. Como era rebelde y no quería ese destino para ella, pidió un deseo a su guía de la manada que la dejara volar. Quería ser liviana y sencilla, tenía aires de doncella. Era coqueta hasta en sus cuernos, a los que maquillaba de frutos salvajes dejando un aroma inigualable cuando caminaba por el campo…Ansiaba volar como las mariposas y como los grillos llevar la suerte a los de corazón abierto.
Así en una tarde de verano, se recostó debajo de un ombú y dos hojas de cristal se cayeron sobre su lomo. Un pájaro carpintero, le matizo lunares de frutillas en su cuerpo y caracoles en sus patas. Su figura se fue haciéndose cada vez más esbelta y espumosa,
Sus alas se desplegaron en transparente solidaridad…
Hoy fruti vive en los jardines aireados de libertad, rodeada de hortensias y golondrinas.
En sus antenas siempre vibra la imaginación.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

CAMINO HACIA MI SANGRE*

No hay donantes -dice mi hermana- ya pasaron tres días y no viene nadie...
Pedí a los canales de televisión, pedimos con los chicos por Internet.
Pedí en las escuelas (escuelas privadas en donde dicta clases de Ingles). Y nada.
Deja, no te preocupes -contesto yo, la mujer maravilla- bajo a Hemoterapia y averiguo si ya llego algún donante. Si no vemos..
Mientras bajaba en el ascensor lentísimo que es el mismo que traslada los pacientes en camillas, tuve tiempo de pensar: ¿y que pasa si NO conseguimos dadores de cero negativo??. El Hospital no acepta otro grupo sanguíneo y además espera que los familiares consigan la sangre, como si fuese posible cruzar al kiosco de enfrente y traerla junto con medio litro de agua mineral. Otro pensamiento, me interrumpe la preocupación personal: muy pronto, ambas, sangre y agua mineral serán igualmente difíciles de
conseguir. Pero ahuyento la geopolítica rápidamente, porque el ascensor esta en planta baja y si no abro rápido la puerta, me suben de nuevo al 5to. Piso.
Golpeo en Hemoterapia, me atiende una médica muy amable. Ella verifica en los registros que no se han presentado donantes para la habitación 510 cama B (o sea mi papa). Los ojos se me llenan de lágrimas. Le digo: -ya no sabemos que hacer intentamos de todo, se nos acaban los donantes porque mi padre lleva cuatro transfusiones en seis meses.
Entonces se compadece y me sugiere un método: si usted se compromete a hacer todo dentro de las 24 horas, le doy una orden para que vaya al Centro Nacional de .. No le puedo asegurar que allí le consigan pero si le dan, acepte lo que sea (una unidad o dos si se pudiese..) y viene enseguida para aquí, porque pasado ese tiempo, la sangre pierde su valor.
Tome un taxi con el corazón palpitando en la garganta , confundido con el nudo de angustia y el hilito de voz con que pude dar la dirección al taxista. ¿Estamos muy lejos?? Le pregunto como buena paisana en la gran urbe. Y si, estábamos como veinticinco pesos lejos del lugar indicado.
Llegamos. Centro Nacional de. Faltaba un cartel que dijese : Recuerdos de la ESMA. Me vienen a la mente las imágenes que vi por televisión sobre ese tenebroso lugar. Son muy parecidos. Estamos en democracia, me digo a mi misma para tranquilizarme. Mientras tanto, tengo que bajar del taxi y un
guardia, en la garita que esta a la entrada toma mi documento, escribe mi nombre y apellido en una autorización que deberé traer firmada a la salida, por la persona que me atienda. Esto me atemoriza.le pido al taxista (que a esta altura ya conocía toda mi historia, casi un familiar digamos..) que me
espere estacionado ahí a cien metros del edificio en cuestión. Me hace sentir mas segura.¿De que? - me pregunto - de que saldré, por supuesto.
Imaginen la escena: un amplio camino pavimentado que lleva al Edificio central. Aquellos construidos en la época de Perón , cuando los edificios estatales coincidían en tamaño y diseño con la importancia que tenia el propio Estado en la vida de los argentinos. A los costados, árboles deshojados, grúas y ambulancias de distintos tamaños y finalidades, algunas en evidente desuso. Muy pocos empleados (parecieran de mantenimiento por la ropa y la forma de moverse entre grúas y ambulancias). Todo cubierto por un cielo gris, sin sol, de invierno porteño.
Avanzo por el camino sintiéndome cada vez más chiquita y más sola, dejando atrás a mi reaseguro-familiar-desconocido-taxista. Entro al edificio por las amplias escaleras que preanuncian un lugar de importantes funciones sociales y.. me encuentro con la nada (si, querido Sartre, esa misma). Un
mostrador y más allá nada. Algunas puertas cerradas, escaleras hacia algún lado, pero nadie viene a mi encuentro. Me apoyo en el mostrador, pediría un café si hubiese alguien que atienda, pero no, no hay sillas, ni mesitas con revistas viejas. Evidentemente no es una sala de espera. De un cuartito a mi
derecha sale un guardia que me avisa que ya saben de mi presencia y me van a atender pronto. Bueno. Sigo apoyada en el mostrador y por allí aparece un empleado, joven, muy amable que me explica que según el grupo sanguíneo que estoy buscando, pueden demorar entre 20 minutos y una hora. O no
conseguirlo. (ayy Dios mío.). Porque el tema es así,-me explica- nosotros llamamos a los bancos de sangre de Capital Federal, ellos nos derivan a hospitales y clínicas que pudiesen tener ese grupo sanguíneo y SI QUIEREN lo donan. En cuyo caso, usted deberá ir a la dirección que le indiquemos y llevar la sangre al Hospital, dentro de las dos horas. Después de ese tiempo, se vence la cadena de frío y no sirve más. ¿Entendió?...Asentí con la cabeza, azorada, sosteniendo el peso de la vida de mi viejo sobre mis
hombros. Cuando reaccione, el empleado se había ido. Seguía apoyada con los codos en el mostrador y derramaba sin querer, lagrimas que bajaban por mis mejillas y quedaban en el mostrador, haciendo charquitos salados.
El señor del cuartito, se apiado de mi y me trajo una silla. Me dijo: señora, el tipo de sangre que usted busca es muy difícil de conseguir. Mejor siéntese y espere tranquila. Si tiene el taxi esperándola mejor páguelo y dígale que se vaya. Sino, le va a salir una enormidad por la espera. Le agradecí el gesto, el consejo, la actitud, hasta lo veía con aureola. Tanta era mi sensación de desvalida implacablemente perdida en los laberintos burocráticos. Despache con tristeza a mi reaseguro devenido taxista y camine
de vuelta hasta el gran edificio. Me senté en la silla y entonces me puse a llorar más cómodamente. Cada tanto, con la mano (no tenia pañuelo, ni tenia previsto llorar), me sacaba las lagrimas de los ojos para poder ver el paso de algunos trabajadores que iban y venían. Ellos también me miraban, algunos
se compadecían, hacían comentarios en voz baja, otros, no me veían.
Como cuarenta y cinco minutos después, llega sonriente un empleado que me dice: hoy Dios la ha bendecido, le traigo un sobre que es oro en polvo.!!.
Conseguimos la sangre que necesita en una clínica de Flores. En el sobre esta la solicitud de una unidad del grupo sanguíneo que busca. También el nombre del técnico que la esta esperando en Hemoterapia. Tómese un taxi y recuerde lo de las dos horas. Le di un abrazo y un beso; además del sobre, puso en
mis manos un librito de una Iglesia Evangélica y me envío con bendiciones. Yo sentí que Dios estaba en todos lados y aferre fuerte el librito, que en otro momento hubiese tirado por ahí.
Volví a hacer el trámite de salida. El guardia me devolvió mi documento y salí a buscar un taxi. Encontré uno a dos cuadras de allí y otra vez a contarle la historia al taxista, para que se apiadara de mí y no me paseara por media ciudad. El chofer conocía la clínica y me llevo sin vueltas.
Cuando llegamos, se quedo esperándome en la puerta. Entre caminando rápido como si las dos horas hubiesen empezado a correr antes de sacar la sangre de la heladera. Pero no. El técnico abrió la puerta de hemoterapia cuando golpee y enseguida me dijo :¿Tiene como llevarla?? (¿Queee??-pensé yo- si, todos los días voy y vengo llevando sangre..je!). No, le conteste- en el hospital me dieron estas bolsitas pero no se sirven. No, no sirven guárdelas. Yo le preparo un paquetito con telgopor, pero tiene que ir ya mismo para el hospital.. porque etc.etc. etc.. El técnico también recibió un abrazo y un beso. Y también me despidió con bendiciones, esta vez eran católicas, como la clínica que donaba la sangre. Yo seguía sintiendo la presencia de Dios, ahora convertido en paquetito envuelto en telgopor.
Llegamos al hospital, me baje rápido del taxi despidiéndome de otro familiar-desconocido-taxista y llevándome también sus bendiciones, aunque no me detuve a preguntarle a que religión pertenecía, no tenia importancia. Todas eran efectivas.
Golpeo una vez mas la puerta de Hemoterapia, se asoma un medico y agitada por las corridas y los nervios, le digo : tome, esto es oro en polvo. Es para el paciente de la habitación 510 cama B. Es para mi papa. Es mi sangre.

*de Norma Siccardi. normasiccardi@yahoo.com.ar
Buenos Aires - Agosto de 2008

EL PORQUE DE LAS SIGNIFICACIONES

Concepto de semiótica*

Según el autor, "el psicólogo, el historiador, el licenciado en letras, el crítico de arte, el lingüista, el antropólogo, el geógrafo, el arqueólogo, el licenciado en turismo, el economista y otros profesionales necesitan de la semiótica para el rigor en sus investigaciones".

Por Juan Magariños de Morentin *

Entiendo por "semiótica", como disciplina, un conjunto de conceptos y operaciones destinado a explicar cómo y por qué un determinado fenómeno adquiere, en una determinada sociedad y en un determinado momento histórico de tal sociedad, una determinada significación y cuál es ésta, cómo se la comunica y cuáles son sus posibilidades de transformación.
La intención inicial de este enunciado es proporcionar, a quien se acerque a nuestra disciplina, una perspectiva a la vez amplia y operativa. En este sentido, considero que, a partir del concepto propuesto, la perspectiva amplia puede asentarse en la propuesta de estudiar la significación de un fenómeno social y la perspectiva operativa en la de explicar esa significación.
Así pues, la semiótica puede interesarles a los estudiosos e investigadores de los fenómenos sociales, en la medida en que buscan explicar la significación socialmente atribuida a tales fenómenos y en la medida en que enfocan esta búsqueda de un modo riguroso, que justifique las conclusiones a las que lleguen, y no de un modo intuitivo, que se comprende pero cuya razón de ser se desconoce o sin que se pueda establecer por qué se considera que es esa significación (o, más bien, conjunto de significaciones) la que
corresponde atribuirle a tal fenómeno y no cualquier otra.
Por tanto, el abogado, el sociólogo, el psicólogo, el historiador, el licenciado en letras, el crítico de arte, el lingüista, el antropólogo, el geógrafo, el arqueólogo, el licenciado en turismo, el economista, el
filósofo, el terminólogo y el traductor, el epistemólogo, el bibliotecario, el publicitario, el comunicador, el arquitecto, el museólogo, el politicólogo, el licenciado en ciencias de la salud, el demógrafo, el
pedagogo y tantos otros, en el ámbito de las ciencias sociales, necesitan de la semiótica como instrumento estructurador para la consistencia y el rigor de sus estudios e investigaciones.
Esto se basa en que todos ellos tienen como objeto de conocimiento de sus respectivas disciplinas a otros tantos objetos semióticos, o sea, fenómenos sociales que ya (sin que sea imaginable un momento previo en que todavía no) tienen atribuido (pacíficamente o no) un conjunto dinámico de significados, cambiantes con el tiempo y la cultura.
Todos ellos, por tanto, son usuarios potenciales de la semiótica, en la medida en que sepan que la semiótica puede proporcionarles las operaciones necesarias para elaborar una explicación básica de la significación (plural, contradictoria, competitiva) que posee, en un momento dado de una sociedad
determinada, el concreto fenómeno que están estudiando, y en la medida en que nosotros, los estudiosos de la semiótica, que pretendemos elaborar y proponer las operaciones analíticas pertinentes, no los defraudemos.
También los objetos de conocimiento de las ciencias naturales (dejemos al margen, por el momento, el tema de si esta dicotomía es o no pertinente, si bien anticipo que considero que no) son otros tantos objetos semióticos y, por tanto, también en ese dominio la semiótica tiene utilidad. El problema es epistemológico y relativo a las características del proceso de producción de los correspondientes conocimientos y sugiero tratarlo en otra oportunidad; pero quede ya planteado.
Al enunciar inicialmente el concepto de "semiótica", aclaré que me refería a la semiótica "en cuanto disciplina". Esto quiere decir que lo diferencio del concepto de "semiótica en cuanto facultad". Para dejar aclaradas ambas direcciones esbozo este último concepto: entiendo por "semiótica", en cuanto
facultad, la capacidad cognitiva de que dispone la humanidad para la producción de todas las clases de signos: icónicos, indiciales y simbólicos, con los que da existencia ontológica a su humanidad.
Signos y objetos
La que propuse como primera característica: entender por semiótica un conjunto de conceptos y operaciones, no supone la identificación de dos universos diferentes, sino su compenetración de modo tal que los conceptos que se definan como pertinentes a la semiótica serán aquellos que permitan comprender el funcionamiento de las operaciones que constituyen su finalidad específica y aplicarlas. Conceptos y operaciones interactúan en el proceso cognitivo que identifica a la semiótica: desarrollar procedimientos analíticos y reconstructivos que permitan llegar a enunciar explicaciones relativas a la producción e interpretación del significado de los fenómenos sociales. Estos conceptos y operaciones integran un conjunto que, en definitiva, se constituye en un método de investigación.
Al afirmar esto tiendo a rechazar la concepción de la semiótica como una ciencia. Creo que, para ello, hay un argumento importante: no puede admitirse que sea una ciencia por el especial carácter del que sería su objeto de conocimiento: el signo. Desde la perspectiva peirceana (a la que sigo, sin aceptaciones dogmáticas; por ejemplo, al no compartir que la semiótica sea una ciencia o, como dice en otro momento, una doctrina), todo es signo. Es muy rico el concepto de "semiosis ilimitada" que esto último implica, tanto (1) en lo relativo a la recurrencia semiotizante de cada una de las partes del signo, que las constituye a su vez en signos, y a las partes de estos nuevos signos, a su vez, en signos (o sea, de tres partes de un primer signo se pasa a nueve, de éstas a 27, de éstas a 81, y así sucesiva y, al menos desde una perspectiva teórica, interminablemente, como (2) en la productividad del signo en la mente de cada interpretante (que no lo percibe desde alguna exterioridad como un incidental espectador, sino como parte constitutiva del signo, que no está completo sin él), en la cual, a partir del signo propuesto "se crea un nuevo signo" y así, para cada uno de los posibles interpretantes, en la autorreflexión y/o en la comunicación, continúa transformándose indefinida y creativamente aquel signo inicial, que ya no es uno sino tantos como interpretantes lleguen a incorporarlo. Pero, si todo es signo, el signo no puede ser objeto de conocimiento científico, ya que no tiene objeto de conocimiento del cual diferenciarse (o al que utilizar dialécticamente como definiens).
Pero, efectivamente, ¿todo es signo? La significación es un constructo de la humanidad y todo cuanto somos capaces de ver lo vemos porque significa y del modo como significa; y de aquí uno pasa a decir que todo es signo (transformación, desde las investigaciones cognitivas del entorno en mundo, como establecimiento de la identidad de todo organismo). Pero, ¿que algo signifique quiere decir que por eso ya es signo?
En principio, podríamos decir que todo lo que vemos (o sea, percibimos, conocemos, sentimos, intuimos, soñamos, etcétera) lo vemos porque está semiotizado (o sea, porque ha sido el referente de un, al menos, enunciado semiótico; icónico, indicial, simbólico y/o sus combinaciones posibles). Al admitir que efectivamente se requiere un proceso de semiotización como condición necesaria que hace posible la identificación de las entidades de nuestro entorno, se está admitiendo que existen dos clases de objetos: los que semiotizan y los semiotizados. En otros términos: los signos y los objetos semióticos. Pero los objetos semióticos no son signos; al menos mientras los manipulamos como tales, sin que nada impida que, modificando las circunstancias de su forma de hacerse presentes (pasando de ser referentes a estar exhibidos en representación de otros), puedan pasar a comportarse como signos. Los objetos semióticos reciben ese nombre para indicar que ya están semiotizados. Un foucaultiano diría que ya han sido
dichos desde algún discurso; creo preferible, para aprovechar el aporte de Foucault evitando la interferencia, que él consiente, de la lingüística, decir que ya han sido construidos desde alguna semiosis sustituyente; que puede ser no sólo verbal (o sea, simbólica), sino también visual (o sea, icónica), comportamental (o sea, indicial), etcétera. Respecto de aquellos objetos que no están semiotizados, no es que no existan (no planteo la duda óntica de si acaso nuestro entorno no será "el sueño de un loco en un rincón de un manicomio"); lo que ocurre es que no podemos verlos (o sea, percibirlos, conocerlos, sentirlos, intuirlos, soñarlos), ya que no tienen identidad (en cuanto posibilidad de reconocimiento mediante su significado), es decir, carecen de existencia ontológica, para nosotros.
Así pues, considero que la distinción entre signo y objeto semiótico es importante para conferir y mantener el rigor y la eficacia de la metodología semiótica. Pero es una diferencia coyuntural y no sustancial, ya que lo que en un momento es signo en otro puede pasar a ser objeto semiótico y viceversa. Del mismo modo que, para el enfoque semiótico, nada es definitivamente icónico o indicial o simbólico (una pintura clásica: el Erasmo de Holbein, por ejemplo, es un icono en la medida en que propone una
representación de la apariencia física de ese admirable humanista y no sólo por esto; es un índice para el trabajador que tiene que colgarlo de una pared o para el curador que tiene que decidir junto a qué otros cuadros o puerta o esquina o panel conviene situarlo y no sólo para éstos; y es un símbolo para el marchand que lo mira codicioso y también para otras múltiples miradas). Quienes se acercan al conocimiento riguroso (o científico) con la esperanza (positivista) de pisar un suelo definitivamente
firme, acostumbran criticar esta movilidad de los conceptos semióticos y los señalan como una prueba de su inconsistencia. Considero, por el contrario, que esa movilidad acredita el enraizamiento cognitivo de la semiótica, la capacidad que tiene nuestra disciplina para dar cuenta de las operaciones mentales que intervienen en la producción y el cambio del significado de determinado fenómeno, sin necesidad de modificar sus conceptos básicos ni sus operaciones analíticas.
Pero volviendo a la distinción entre signo y objeto semiótico, creo que el criterio para establecerla pasa por una visión generativa (no en sentido causalista). Para que algo llegue a ser un objeto semiótico, es necesario que un signo (debidamente contextualizado) lo enuncie, lo que no ocurre procesualmente sino de modo simultáneo o en paralelo. Entonces, algo será signo cuando interviene como enunciador que semantiza a algo diferente de sí mismo. Y algo será objeto semiótico cuando ha recibido su significado de algo diferente de sí mismo (lo que ocurre con todo lo que estamos en condiciones de percibir; incluido el signo, sólo que en tal caso la operación habrá de designarse como "metasemiótica"). Dicho de modo más simple: lo que enuncia es un signo y lo que resulta enunciado es un objeto semiótico. O también (entendiendo dinámicamente y no en su posibilidad especular al término "sustitución"), la semiosis sustituyente está constituida por signos y la semiosis sustituida está constituida por objetos semióticos. Obsérvese: este texto es una semiosis sustituyente (está constituido por signos) y el problema al que se refiere (eso de lo que habla) es una semiosis sustituida (la forma en que queda construido el problema del que se habla, por el modo como se lo dice, lo constituye en objeto semiótico). Pero cuando alguien responde y comenta lo que aquí se dice, su texto es la semiosis sustituyente (en cuanto está constituido por signos) y este texto, que he llegado a escribir y que recibe un nuevo significado a partir del nuevo texto dicho por el otro, es una semiosis sustituida (en cuanto resulta construido como objeto semiótico).
Entonces, si, por ejemplo, puede establecerse respecto de un determinado constructo físico que, para un sujeto determinado (o para una comunidad determinada de sujetos) consiste en "un ámbito donde transcurre la vida familiar" (siendo ése uno de sus significados, entre otras muchas posibilidades), y de otro determinado constructo físico que consiste en "un lugar donde se administra justicia" (siendo ése su significado predominante), etcétera, ello será así porque ese sujeto o esa comunidad han sido intérpretes de algún texto (icónico, indicial o simbólico; o, mejor, de multitud de textos de esas características y su posible combinatoria) que así lo propone; por tanto, una casa o el edificio de tribunales son objetos
semióticos y la respuesta del o de los entrevistados, o lo escrito en los libros, o lo visto en tal o cual imagen o film, es lo que utiliza los signos mediante los que la casa adquiere el significado de representar a la vida familiar y el palacio de tribunales el significado de representar a la justicia. Pero si, de pronto, nos encontramos ante una casa concreta, con sus corredores y piezas y puertas y cocina y dormitorios y baños, y sus colores en las paredes y juguetes en el suelo y olores en el aire, podemos
preguntarnos acerca de qué clase de vida familiar está representando (construyendo) esa casa y, entonces, la casa es un signo (en rigor, un discurso o contextos de signos) o una semiosis sustituyente y la vida familiar es el objeto semiótico o la semiosis sustituida. Mutatis mutandis, lo mismo sirve para el edificio de tribunales; por eso, por lo general, se busca que sea un edificio de cierta solemnidad arquitectónica, para construir un significado solemne de la justicia; sin perder de vista que la
"solemnidad" arquitectónica también es un objeto semiótico que se construye con recursos de la semiosis (sustituyente) de la arquitectura de determinada sociedad, época histórica y escuela arquitectónica, de un modo en el diseño y de otro modo en la obra, los que así se constituyen en otros tantos signos o semiosis sustituyentes y sus objetos semióticos correspondientes.

* Fragmento de La semiótica de los bordes, de reciente aparición (ed. Comunicarte). El autor es profesor titular de Semiótica y de Metodología de Investigación en las universidades nacionales de La Plata y de Jujuy y dicta posgrados en Argentina, Uruguay, México, Perú y España.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-109623-2008-08-14.html

*

3º Concurso de composición XICóATL: hasta el 30 de agosto!

Para recordarles que el 30 de agosto 2008 es la fecha límite para el envío de los trabajos al 3º Concurso de composición XICóATL "Estrella Errante". Les enviamos nuevamente las bases de participación. Más informaciones obtienen en la sección Aktuelles/Actualidades de nuestra página de internet www.euroyage.com

Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.com
Schiessstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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