SOBRE UN SOLO PIE...
*
Pisaba sólo las baldosas pares. Esto le daba un andar concentrado y a veces dubitante, porque las calles no estaban demasiado cuidadas, existían espacios sin baldosas o con las baldosas levantadas lo cual le obligaba a mantenerse por momentos como una cigüeña sobre un solo pie, hasta que encontraba el lugar exacto donde posar el otro con cuidado.
Esta costumbre no originaba curiosidad, porque ya nadie sentía curiosidad por el otro. Vivían todos sumergidos en su propia problemática, su propia baldosa par, su propia supervivencia.
Llegaba por fin a su núcleo básico, con su pequeña puerta gris con una amarillenta tarjeta insertada en un recuadro, donde aparecían su apellido, su nombre y su número personal. Se apoyaba sobre un solo pie por un momento, colocaba la mano derecha sobre la mano que aparecía impresa en la madera y cuando la puerta se abría estiraba la pierna doblada y traspasaba el umbral con cuidado. En el pequeño receptáculo-nido se sentía protegido. Observaba a su alrededor con cuidado y comprobaba que todo conservaba su orden, el orden de las cosas y su propio orden, La cama estrecha con su cobertor gris
estirado prolijamente. La mesa con su pequeña lámpara. El armario para la ropa donde también guardaba algunos objetos valiosos que no estaban prohibidos por el momento, una Biblia que perteneció a su madre, muy gastada porque él la leía repetidamente como una novela, interesándose en las anécdotas que se relataban, en cada personaje; una cartulina pequeña con un paisaje azul que iba volviéndose gris porque los colores se iban desvaneciendo, lo había dibujado cuando comenzó la escuela, cuando éstas
todavía existían; una esfera de vidrio con un paisaje nevado en su interior, que era su posesión favorita. A veces pasaba toda una tarde sentado en la cama, moviendo suavemente la esfera provocando movimientos muy pequeños, para tener más posibilidades de cambio. Esto realmente le provocaba un
estado de satisfacción que lo separaba de su repetición y de los cambios producidos en las últimas décadas.
También tenía una mesa para comer, adosada a la pared de la cocina. Allí había una ventana, redonda como un ojo de buey, desde donde se podía contemplar el cielo.
Su soledad no le producía tristeza. Se sentía contenido en su pequeño huevo-casa, casi como en un útero, donde no existían necesidades, donde todo estaba previsto sin que él necesitara anhelarlo ni esforzarse por conseguirlo, Si quería escuchar los comunicados oficiales podía apretar un botón en la pared que iluminaba un aparato con pantalla. Si aparecía una cara de mujer era Ara. Si era un hombre era Holm. Ara mostraba unos dientes muy grandes cuando saludaba antes de comenzar a leer las noticias. Holm
tenía una mirada fija, como si viera más lejos de donde él se encontraba escuchando. De alguna manera eran sus amigos. Podía tenerlos en su casa sin sentirse invadido. Estaban ahí pero no interferían.
Pocas veces se sentía algún ruido desde los núcleos que lo rodeaban. Una vez había escuchado en la noche ruido de pisadas muy fuertes y rápidas, que se detuvieron en el receptáculo pegado al de él. Sintió el crujido de la puerta que se rompía, gritos de mujer, pisadas nuevamente, luego nada.
Se había encogido en ese momento, cubriéndose la cabeza para separarse de los sonidos. Pensó un momento en la mujer que vivía allí. La había visto una vez cuando volvía, Era una mujer madura, con rostro gastado y ojos celestes todavía luminosos. Ella lo había mirado con más detenimiento que él, como para hablarle, pero él se había negado a ese reconocimiento. Pensó que quizás si hubieran hablado ese día, él también habria desaparecido esa noche. Su precaución lo había protegido, pensó aliviado.
Una tarde, cuando volvió a su hogar, luego de cenar escuchando a Ara, abrió su armario y sacó la esfera de cristal. Jugó con ella largo rato, formando paisajes nevados con techos rojos rojos y pinos verdes. Cuando Ara terminó con las noticias y le sonrió mostrando sus dientes grandes, se levantó de la silla lentamente, tomó el cinturón de su uniforme gris y formando una lazada con cuidado, se colgó del ojo de buey.
LAS PEQUEÑAS VIDAS.
CIRCULO.*
*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy
SOBRE UN SOLO PIE...
El lector de la isla*
Le habían comentado de una obra de aventuras muy entretenida. Era el best-seller del año y la crítica era inmejorable. Además estaba basada en hechos reales, luchas entre reyes, conquistas, aventuras con diosas, sirenas y brujas. Hablaba de amores y celos, odios y combates, raptos y huidas.
En fin una epopeya completa cuyo nombre, La Odisea, ya dejaba entrever el talante de la historia.
Le enviaron la obra hasta su isla (por el servicio de correo marítimo en galera), por lo que no pudo ponerse a leer hasta tres meses después de haberlo pedido. Pero bueno, la paciencia era una de sus virtudes..
El manuscrito era enorme, por lo que Polifemo, que leía muy lentamente al tener únicamente un ojo, nunca llegó al pasaje en el que él era el protagonista.
*de Joan Mateu. joan@cimat.es
REFLEXION SOBRE DIOS, EL ATEISMO Y LA FUNCION DEL PADRE
Ausencia que todo lo prohíbe*
El filósofo y psicoanalista esloveno plantea que el ateo moderno sigue creyendo de manera inconsciente, en Dios, a partir de múltiples prohibiciones del goce. Su tesis es que hoy lo reprimido no son los
placeres, sino la prohibición.
Por Slavoj Zizek*
"La verdadera fórmula del ateísmo no es Dios ha muerto (Nitschze) -pese a fundar el origen de la función del padre en su asesinato, Freud protege al padre-, la verdadera fórmula del ateísmo es Dios es inconsciente". Para poder entender este pasaje, hay que leerlo junto con otra tesis de Lacan.
Hay que tratar a estos dos enunciados separados como piezas de un rompecabezas y encastrarlos en una proposición coherente. Sólo su combinación (más la referencia al sueño de Freud del padre que no sabe que está muerto) nos permite desplegar íntegramente la tesis básica de Lacan:
Como ustedes saben, Iván, hijo de Karamazov, conduce a éste por las audaces avenidas en las que se interna el pensamiento de un hombre culto y, en particular, dice: Si Dios no existe. -Si Dios no existe, dice el padre, entonces todo está permitido. Noción a todas luces ingenua, porque bien sabemos los analistas que si Dios no existe, entonces ya nada está permitido. Los neuróticos nos lo demuestran todos los días.
El ateo moderno cree saber que Dios está muerto; lo que no sabe es que, inconscientemente, sigue creyendo en Dios. La modernidad ya no se caracteriza por la típica figura del creyente que abriga secretamente dudas sobre sus creencias y se pone a fantasear con transgredirlas; por el contrario, en nuestra época el sujeto aparece como un hedonista tolerante que sólo busca el placer, cuyo inconsciente es ahora el lugar de la prohibición: hoy, lo reprimido no son los placeres o los deseos ilícitos, sino la prohibición como tal. "Si Dios no existe, entonces todo está prohibido" significa que cuando más me percibo como un ateo, más gobernado está mi inconsciente por prohibiciones que obstaculizan mi goce. (No hay que dejar de suplementar esta tesis con su contraria: si Dios existe, entonces todo está permitido. ¿No es ésta la definición más exacta del problema del fundamentalismo religioso? Para el fundamentalista, Dios indudablemente existe, y como se considera su instrumento, puede hacer lo que le plazca: sus actos están redimidos de antemano, puesto que son expresión de la voluntad divina).
En lugar de proporcionar más libertad, la caída de la autoridad represiva produce nuevas prohibiciones, aún más severas. ¿Cómo se explica esta paradoja? Pensemos en una situación de nuestra infancia que todos conocemos: la del niño de mal humor que se fastidia porque el domingo a la tarde tiene que ir a visitar a la abuela en lugar de ir a jugar con sus amigos. El mensaje al viejo estilo del padre autoritario al hijo que no quiere ir hubiera sido: "No me importa cómo te sientes. ¡Vas a cumplir con tu obligación, vas a lo de tu abuela y te portas como corresponde!" En un caso así, el dilema del niño no es difícil de resolver: aunque esté obligado a hacer algo en contra de su voluntad, podrá mantener un margen de libertad interior que (posteriormente) le permitirá rebelarse contra la autoridad paterna. El mensaje del padre posmoderno no autoritario hubiera sido más sutil: "¡Ya sabes cuánto te quiere la abuela! Pero no quiero obligarte a ir. Ve solo si tienes ganas". Cualquier niño que no sea estúpido (es decir, la
mayoría de los niños) reconocerá inmediatamente la trampa de esta actitud tan permisiva: debajo de la apariencia de una libre elección, hay una demanda más opresiva aún que la formulada por el padre autoritario clásico, esto es, una orden implícita no sólo de visitar a la abuela, sino de hacerlo por su propia voluntad. En esto consiste la obscenidad de la demanda del superyó, en una libre elección falsa que priva al niño de su libertad interior.
Por décadas, circuló entre los lacanianos un chiste clásico que ejemplifica el papel clave que tiene el saber del Otro: un hombre que cree ser un grano de cereal es llevado a una institución mental donde los médicos hacen todo lo que pueden para convencerlo de que no es una semilla sino un hombre.
Cuando el hombre se cura y es autorizado a dejar el hospital, vuelve inmediatamente temblando de miedo. Afuera hay una gallina y tiene miedo de que se lo coma. "Pero mi amigo -le dice su médico- si usted sabe bien que no es un grano, sino un hombre". "Claro que yo lo sé -responde el paciente-,
¿pero lo sabe la gallina?" El tratamiento psicoanalítico reside precisamente en esto: no basta con convencer al paciente sobre la verdad inconsciente de sus síntomas; el inconsciente mismo debe ser llevado a asumir esta verdad.
*Filósofo y Psicoanalista. De Revista Digital "Consecuencias" nº 2.
Fragmento. Traducción Fermín Rodríguez.
*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-17154-2009-02-05.html
LA PALOMA PERDIDA
POEMA X*
Enfrento mi cántaro repleto
o tal vez vacío de interrogantes.
Mi decir:
un horizonte que perdió su fuga.
Necesito tu morada
con hogar encendido,
alfombra despoblada de ruidos.
Puedes convertir la no pregunta
en un templo
donde los recuerdos armen cabriolas
sobre el arco iris.
POEMA XI*
Las caracolas tienen su mar,
barcos que jamás arriban a ningún puerto.
Están libres de todas las tempestades
y los adioses son tributos benévolos.
Los trenes sacuden su omnipotencia
al perforar el viento.
Nuestra paloma perdida
es mezcla de caracolas y de trenes
con barcos errantes y espacios
partidos en dos.
La última meta: no volver jamás...
*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar
Filosofía y ejército*
En el debate sobre Gaza entran en juego la lucidez de la condena a la destrucción del pueblo palestino, el reconocimiento de la fuerza oscura de la historia y la capacidad filosófica de una paz que no sea meramente bienintencionada.
Por Horacio González *
A finales de la década del 40, Menajem Beguin escribió un libro, Rebelión en Tierra Santa, que en la Argentina fue leído con fruición por personas y grupos políticos destinados a no coincidir en ninguna otra cosa. Me refiero a Rodolfo Walsh, por un lado, y al grupo político del peronismo ortodoxo
llamado Guardia de Hierro, por otro. En ambos casos, esas memorias de Beguin habían sido leídas con apasionamiento. Se trataba del implacable jefe de un sector de las fuerzas armadas insurrectas y clandestinas de Eretz Israel, el Irgún, uno de los antecedentes del actual ejército israelí. Modesto pero vivaz escritor, Beguin desplegaba una crónica de la "lucha por la liberación nacional", a la que alternativamente llama Rebelión o Revolución. Se trataba también de "la construcción de la Nación". Una nación errante, según dice, que había deambulado de país en país, por dos mil años.
El libro está repleto de alternativas y casos propios de la lucha de las guerrillas del siglo XX. Los árabes son el trasfondo difuso, un "tercer factor" en penumbras, a los que por momentos se los se ve aliados a Gran Bretaña y a los que por eso mismo hay que combatir, en tanto componían una coalición "británico-árabe". Los ingleses son nombrados como "el poder de ocupación" o "los enemigos de la Liberación", un lenguaje que por la misma época -las diferencias las sabemos, veamos las resonancias semejantes que hacen eco en nuestra memoria- mantenía texturas homólogas a las que practicaba Raúl Scalabrini Ortiz.
Sin embargo, en Palestina, pocos años antes, había sido diferente. Eran tiempos en que los ingleses tenían como aliados a los futuros combatientes judíos. El ejército israelí se estaba amasando lentamente en las brigadas judías que el ejército inglés organiza al principio de los años '40, en los últimos tramos de la guerra contra el nazismo. Ya existía una denominada "cuestión árabe", a la que en su momento se le había destinado la política la Havlagá, la "autorrestricción". El inexorable Beguin la cuestionará. Con
ese nombre, se trataba de no atacar o no responder con represalias específicas a los grupos árabes que operaban militarmente en la zona. Tema crucial y hoy impensable. Principalmente la Haganá, el otro gran sector partisano israelí y a la que le decía algo la palabra socialismo, en aquella oportunidad y en un breve lapso, se propuso "autocontenerse" respecto de los ataques de los grupos árabes de la región. En la historia militar del siglo XX, otro ejemplo inusitado de la misma índole llama la atención. Es el del
mariscal Rondón, militar brasilero considerado héroe de la educación en Brasil por el gran antropólogo Darcy Ribeiro. Al mando se sus soldados en la expedición a Rondonia -esa región tomaría su nombre-, Rondón los instruye en la máxima socrática: es justicia no proporcionar violencia, siendo preferible recibirla. Rondón atravesaba la Amazonia con su pequeño ejército, zonas en ese entonces inexploradas, hogar de desconocidas comunidades indígenas que una década después serían recorridas, siguiendo el mismo itinerario de Rondón por Claude Lévi-Strauss, menos inspirado por Sócrates que por la filosofía oriental.
Retomemos a Beguin. Luego, muchos de aquellos mismos sectores árabes, según se lee en Rebelión en Tierra Santa, formarían parte de una estrategia inglesa para contener la insurrección guerrillera del "ejército de las sombras", que sería el brazo armado del futuro Estado israelí. Había entonces que combatirlos o disuadirlos. Con este trasfondo, el libro de Beguin retrata la vida del combatiente furtivo. El que desplaza en medio de imprentas secretas, reuniones sigilosas, contrabando de armas por túneles y expropiaciones al "enemigo inglés". En ese intenso período de acciones clandestinas, los combatientes armados volaron el hotel Rey David en Jerusalem, sede el comando inglés -con numerosas víctimas, aunque se había enviado un aviso-, la estación de ferrocarril de Ramalá e innumerables
objetivos en todo el mundo, inclusive la embajada británica en Roma.
Un arma antitanque llamada Piat, inglesa, es capturada. "Aquel Piat inglés y aquellas pocas granadas del mismo origen se habían convertido en hebreas."
Muchos de estos párrafos recuerdan las reflexiones de León Trotsky, en su Autobiografía, uno de los escritos políticos, militares y morales más importantes del siglo XX, quien presenta el problema militar soviético como el de una herencia técnica del ejército anterior, incluso con sus oficiales zaristas, si decidieran cruzar la trinchera. Esos combatientes, ¿eran terroristas? Es el tema moral permanente de Rebelión en Tierra Santa. Para Beguin, no era posible confundir el "terror" con una "guerra revolucionaria de liberación".
Por más que intentemos separar situaciones, en estos relatos hay un lenguaje demasiado familiar, un ensordecedor retumbo enclavado en las lenguas que alguna vez escuchamos o balbuceamos. Es el aire de familia de las luchas de liberación, el de las revoluciones nacionales y el hombre clandestino armado. Supongo que los hermeneutas de Guardia de Hierro gozaban al reconocer un lenguaje que podía ser de todos nosotros o de toda una época, en ese notorio militante sionista, discípulo de Jabotinsky y Herzl. Era el lenguaje del hombre subrepticio con su fusil, del militante clandestino de la era de las naciones. Que a la vez escribe sus memorias, muestra una determinación militar absoluta y reflexiona sobre la muerte. Beguin comenta un célebre párrafo de El manifiesto comunista, respecto de que en la lucha
no hay nada que perder, sólo las cadenas. ¿No sería demasiado pedirles ese sacrificio a los pueblos o a los combatientes? Sin embargo, Beguin acepta finalmente que la lucha es a muerte y hay que estar dispuesto a perderlo todo.
Podemos entonces conjeturar, como ejercicio de buceo en los caprichos de nuestra memoria lectora, cómo habría sido examinado este libro impresionante por Rodolfo Walsh. Es que en Rebelión en Tierra Santa están insinuadas claramente las formas del actual conflicto y las que tenía cuando Walsh visita esas tierras en los años '70. El lenguaje del libro es el de los combatientes que se mueven en la ciudad "como pez en el agua"; la determinación es la de los ejércitos misionales. Pero Beguin no guarda entonces ni guardará después ninguna condescendencia con los árabes. En todo momento, detrás de la lucha de liberación nacional contra los ingleses está la sombra árabe a la que habrá que combatir. No tiene ninguna esperanza de una composición en esas tierras que no sea, primigeniamente, el establecimiento de una Nación Hebrea. Para eso han empeñado la Guerra de Liberación Nacional, y el enemigo visible, en ese momento específico, no era otro que una de las potencias vencedoras de la guerra mundial.
Rodolfo Walsh utilizará varias citas de este libro, en su escrito de 1974 sobre la resistencia palestina, como enviado del diario Noticias. Como es obvio, Walsh es severísimo con Beguin, al que percibe, en tanto producto del conjunto de la política estatal israelí, como un entusiasta propiciador de
masacres. Como remate de su escrito, el autor de Operación masacre cita a Moshe Menuhin, el padre del violinista Yehudi Menuhin, un destacado pensador judío antisionista, quien había escrito: "En lo que a mí concierne mi religión es el judaísmo profético y no el judaísmo-napalm". Era un jasidim, como de alguna manera lo habían sido Martin Buber y otros antisionistas que mantenían un judaísmo de humanistas filosóficos. Era el caso, quizá, de Hannah Arendt, aunque ésta y Buber no coincidirían finalmente en un tema conmocionante, la posibilidad de que Israel, con su Estado armado, complementara en sus pesadillas circulares las conductas que eran propias del nazismo. Difieren ambos en la resolución postrera que adquiere el enjuiciamiento a Eichmann en Jerusalem. Asordinada, ya estaba la discusión que ahora nos estremece, tratada por los mismos sabios judíos, y que nada serviría fuera de esa consternación espiritual. Si no está colmada con el lenguaje desvelado que corresponde, para recrear una conciencia
contemporánea con mayores cuotas de lucidez ante el drama de Palestina, es mera ociosidad equiparante. Víctimas y victimarios, roles inciertos de la vida histórica, en vez de ser una interrogación para todos los hombres del universo, se transformaría en un tema de ocasión para la diatriba al paso.
Debemos salir de eso, pues para desarmar la infinita matanza debemos considerar que todos podemos confirmar el sueño terrible de ser el reverso de lo mismo que criticamos.
A mediados de los años '20, el coronel T. E. Lawrence ("Lawrence de Arabia") escribió un libro de guerra con la sabiduría de un arqueólogo, el capricho magistral de un aventurero del desierto y el esteticismo exquisito de un guerrero que buscaba investigar en un tipo sutil de violencia, la de la
transmutación del yo personal a través de refinadísimas intimidaciones espirituales. Para George Bernard Shaw, ese libro -que se llamaría Los siete pilares de la sabiduría- lo convertía a Lawrence en el más importante escritor en lengua inglesa, mayor incluso que los del círculo de Bloomsbury.
Comandó legiones árabes para combatir a los turcos en la primera Guerra Mundial, tomó Damasco y llegó a participar de los tratados de Versalles, lamentando como compungido aristócrata su propia gesta heroica, que le recordaba el hecho aciago de servir a dos amos, al Foreign Office y al rey Feisal. No escapó a un ramalazo de seducción que el nazismo pudo ejercer sobre él en sus inicios. Actuó en la misma zona de ocupación inglesa que veinte años después será la sede del relato bélico de Beguin.
Estos dos libros, Los siete pilares de la sabiduría y Rebelión en Tierra Santa, hay que leerlos ahora en conjunto. Son lecturas "argentinas". Beguin es tajante y atroz, bruscamente redentor y autosuficiente. Lawrence es autodestructivo, busca transmutar y aniquilar su "personalidad inglesa". Los árabes de Lawrence son sensualmente misteriosos. No son los de Fanon. Este podría ser criticado porque su planteo de liberación implicaba un tipo de violencia existencial sartreana, "europea" aunque negara a Europa. Mientras, los árabes de Beguin surgen brumosos, amenazadores, objeto de disuasión o represalia, un tratamiento que anticipa el desastre. Pero todos estos escritos arrojan resonancias conocidas, contienen una perenne filosofía de la guerra que se separa si la vemos al trasluz de sus proyecciones ideológicas, pero se conjuga si la vemos apta para discernir el perfil trascendental del hombre armado, el militante y su sacrificio, el militante y sus creencias. Esto es, la nación que hay que crear, librar de la opresión
o dejarla en el umbral o la disposición de practicar otra opresión. Terrible tema, tanto más inextricable si se presta a la trinchera de banales equiparaciones. Lo que hay, en cambio, es el fantasma reversible de la historia, que si no lo reconocemos en su fatídica tentación circular, no nos provee la eficacia y eticidad necesarias para denunciar las masacres ni nos permite comprender que el destino de la víctima no es tornarse en la futura culpable.
Para Sartre, Lawrence era una figura sugestiva. Para Hannah Arendt es un ser atormentado por la época: "Nunca un hombre tan bueno había cumplido tareas tan comprometidas con la condición siniestra de los servicios secretos occidentales". Leído en la Argentina por el grupo de la revista Sur, Victoria Ocampo también consagrará al tortuoso coronel como un héroe literario. No tan de pasada, toma su filosofía militar para contrastarla con la del peronismo. Lawrence pertenecía a un ejército imperial cosmopolita, que dominaba zonas para mimetizarse literariamente con los pueblos dominados y llevarlos a su secreta realización. Se diferenciaba del ejército alemán, con su "cosmovisión nacional, la nación en armas". Esta última era la materia del peronismo originario.
El fecundo y recordable escritor egipcio-palestino Edward Said, en la cumbre de sus años y de su notoriedad académica, había elegido una imagen suya para difundir, arrojando piedras de la Intifada junto a un grupo de jóvenes palestinos. Said consideró a Lawrence uno de los tantos casos en los que
fluía la falacia de una visión "orientalista". Con ella traducía una idea de dominación simbólica sobre los pueblos árabes. No necesariamente seguiríamos a Said en este razonamiento. Creo que Borges roza muy bien, y mejor, el tema de Lawrence en su "Deutsches requiem", escrito en 1949. Es la historia del
intelectual nazi Otto Dietrich Zur Linde, subdirector de un campo de concentración y lector de Nietzsche, que mata al poeta judío David Jerusalem, "porque era una zona detestada de mi propia alma".
Leer es un insondable acto interpretativo, una tregua voluntaria de la vida corriente en nombre de una pepita de oro, que no es la "ilustración" ni "la moral edificante", sino la posibilidad de llegar a la cruda verdad de una época. En el debate que nos sacude sobre Gaza, guardémonos de la facilidad de decir cosas -está en juego la lucidez de la condena a la destrucción material y simbólica del pueblo palestino-, que no se originen en el reconocimiento de la fuerza oscura de la historia y en la capacidad filosófica de una paz que no sea meramente bienintencionada. ¿Qué entonces?
Quizás una palabra amasada en la fuerza de ruptura con las equiparaciones imaginarias que están al acecho. Quizás un socratismo que no se intimide por la violencia pues su misión es detenerla. Y que, frente a los ejércitos, les arroje la piedra vigorosa que los obligue siempre a autocontenerse.
*Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-119582-2009-02-06.html
DÓNDE*
¿Dónde está el viento,
la vida la voz los pies?
¿Dónde están las casas sin cerraduras,
los secretos la tibieza los pájaros enteros?
Y dónde las manos, que los tomaron...
se los llevaron y desaparecieron.
Decime, pequeño humano,
¿ves la costa?
¿Dónde está el viento?
¿Te vas a quedar mirando, pequeño humano?
*de Valeria Marioni maiden-marion@hotmail.com
Correo:
Plomo fundido sobre la SEA*
Lo previsible está sucediendo. Hay conflictos que polarizan hasta el extremo de la médula llegando hasta el interior de las familias y generando rupturas violentas en su seno. Esto ya sucedió en nuestro país. En las letras era de esperar que un conflicto de característica universal como el de Palestina destapara nuevamente controversias no queridas en una intelectualidad influenciada y compuesta por muchísimos “progresistas e izquierdistas” judíos.
La reacción a partir de los comunicados de la SEA, es sólo parte de esa vastedad. Se discute el derecho o no del escritor a servir siempre a esa raza de valores que significa buscar la palabra justa para quedar bien desde el centro maquiavélico del sistema; centro que permitirá criticar tanto el margen izquierdo como su derecho. Palabra justa que tomaron muchos poetas e intelectuales mientras se asesinaba y desaparecía, abandonándose el valor histórico que dignificaba poner el cuerpo.
Toda realidad es cambiante y los márgenes se entrecruzan y muchas veces se confunden con su centro. La polarización se genera ante la posibilidad de la vida a la muerte. Estar de pie y frente a los terribles bombardeos de la nueva tecnología imperial siglo XXI, que intenta aniquilar todo vestigio visceral de resistencia humana, nos recuerda a la lucha casi primitiva en la ex Congo Belga.
Lo mínimo que puede sentir cualquier ser es una total desazón ante los acontecimientos en Gaza, y cada individuo reacciona en tiempo y forma diferente, unos hasta pueden blandir el arco y la flecha frente al avión que los ataca, otros escondiendo la cabeza o inmolándose.
El extremo coyuntural de la situación que define a las letras, no debe verse como algo netamente negativo sino más bien preocupante; es como sacarse la máscara de la historia, la misma que me ha cercado ante mis 20 años de lucha en la militancia política (1971/ 91) con sus persecuciones y exilio, o mi paso por la dirigencia sindical gráfica o textil, allá en la Patagonia donde perdí mi audición, o estos últimos doce años desde un medio literario: la revista Patagonia Poesía o su sello Ediciones Patagonia.
Vivimos una abierta y pública confrontación. En nombre de los buenos modales, se intenta tapar la actitud a un llamado “golpista” o en su defecto vaciamiento de la SEA, cuyo rol gremial no es compartido por aquéllos que quieren en realidad la tranquilidad de una asociación civil y no sindical.
El supuesto “error” de la SEA (Sociedad/ Sindicato de Escritores y Escritoras Argentinos) o mejor dicho de su conducción, es haber denunciado abiertamente un genocidio reconocido.
Muchos intelectuales se quieren convencer de que el problema es de forma, cuando realmente es de fondo. A la conducción de la SEA se la ataca por decir públicamente lo que para muchos, debería callar.
Se dice que la posición no es de consenso, se dice que es la posición política partidaria afín de sus principales dirigentes, se dicen y se dirán muchas cosas, pero a su vez nunca hubo en la práctica actividad gremial para lograr su cambio directivo, al contrario.
El tema Palestina - Gaza es determinante para saber quién es quién. Incluso los que critican el comunicado Parar la masacre en Gaza, lo hacen por “no saber” la conducción Aráoz-Redondo, diferenciar entre Estado y judaísmo, mientras ellos, duros renunciantes si tienen derecho “a confundir” institución con dirigencia.
Mientras muchos quedamos anonadados por el enriquecimiento y nuevo aporte filosófico de León Rozitchner, en su “Yo acuso” Plomo fundido, sobre la conciencia judía, del 4 de enero en Página 12, a él le significó ganarse el odio de buena parte de la colectividad judaica. Por otro lado, una ex funcionaria cultural porteña, llegó a cuestionar a una poeta por escribir sobre Gaza y no sobre el holocausto (Shoa), ultimátum impensable hace tiempo atrás.
Hay momentos en la historia en que no existen las medias tintas. En la dictadura genocida del 76 o se estaba a favor o en contra; todavía hoy muchos escritores tienen la conciencia y las manos turbias por haber estado en el medio buscando a los militares progresistas. Aquí lo mismo, se está a favor o en contra. Querer buscar o tratar o decir que toda posición debe ser de consenso es engañoso, más viniendo dicha propuesta de muchos de los negadores históricos de su propia ideología.
La conducción de la SEA debería llamar en forma urgente a una asamblea general abierta para debatir la crisis, y la misma definir el derecho de sus dirigentes a ser consecuentes y no avestruces.
*Roberto Goijman. robertogoijman@yahoo.es
Buenos Aires - 2 de febrero
COLECTIVOS MUY PRIVADOS…DE CALIDAD*
Los medios de prensa de Buenos Aires suelen tomar una noticia como inmensa y única, como si el Mundo estuviera en el pozo de esa esquina de Caraza o de Belgrano.
Hoy le toca al accidente entre dos micros de la Línea Suburbana de Buenos Aires Nro 174 ocurrido en Lomas del Mirador. Una línea "Nacional" que hace un recorrido metropolitano en un 99% dentro de distritos de la Provincia de Buenos Aires.
También le toca a la lentitud de llegada de los paramédicos al siniestro. Pareciera que no saben que La Matanza nos es el Barrio Norte y que todo el peso en votos solo sirve para sentar cargos políticos y no para traer obras y servicios (Viví 44 años allí y conozco el paño).
Los rojos ómnibus de esa línea, subsidiados por el Gobierno Nacional, tanto ellos como los trenes de la empresa del mismo Grupo (TBA), son el resultado de un largo proceso iniciado hace más de 50 años.
Primero con la privatización de Alsogaray – Frondizi de los Colectivos de "La Corporación" dados en manos de los choferes sin solución de continuidad de la parte administrativo – técnico, provocó que, por décadas, los colectivos eran guiados por instinto del chofer – dueño, sin que detrás de él hubiera estudios técnicos, planes de mejoras comerciales y tecnológicas, etc. El Estado había aniquilado la empresa pública y no había generado un entre de planificación y contralor, como tampoco había asegurado esa continuidad profesional en la conducción de las empresas.
El mismo ejemplo siguieron las provincias y las ciudades medianas y grandes. Más que "Ola Privatizadora" fue una OLA DE DESARTICULACIÓN TECNOLÓGICO – ADMINISTRATIVA.
En los '80, y con los '90 en particular, las empresas "sufrieron" los ataques de consultores que las llevaron a "ahorrar servicios", igualito que el Estado Nacional con Ferrocarriles y Aerolíneas: RACIONALIZACIÓN le llamaron. El resultado fue que los pasajeros disminuyeron y, por ende, los resultados de explotación. Y, casualmente, algunas empresas se convirtieron en grandes grupos que fueron absorbiendo a las firmas que iban cayendo.
El Estado generó en esos mismos '90 los organismos de contralor que, en realidad, se los vende al público como "Nacionales" pero lo que principalmente realizan es "controlar" a los buses de Capital, Gran Buenos Aires y a los trenes de la Megalópolis.
A partir de fines de los '80, el ciudadano común debe haber notado lo bueno que fue la aparición de los "talleres rodantes" de las líneas de colectivos. Sí, tuvieron que ser necesarios PORQUE COPIARON LA METODOLOGÍA DE MANTENIMIENTO DIFERIDO DE LOS FERROCARRILES: Cuando se rompe, veremos si lo arreglamos.
Lo patético del caso, es que, antiguamente, los choferes – propietarios, podrían quemar mal el gasoil y no limpiarlos demasiado, pero nunca se les iba a quedar un ómnibus con los pasajeros arriba: Reparaban antes que se rompa.
Este "mantenimiento diferido" es un gran "negocio interior" que come desde adentro a las empresas débiles y garantiza los grandes negocios en las grandes: Cuanto más repuestos se rompen, más necesidad de gastos, aumento de boleto y subsidios son necesarios.
Hablemos claro: Con el mismo dinero público y privado que sostiene a las empresas de colectivos de Buenos Aires, podríamos tener excelentes servicios y los empresarios ganarían muchísimo más, al tiempo que los pasajeros no nos podríamos quejar de "sus picardías".
Detrás de los 4 muertos de Lomas del Mirador está toda esta historia presente. Sindicatos que no reclaman lo suficiente ni lo conveniente a largo plazo; "componentes" (Propietarios), menores de las empresas de colectivos que se quedan demasiado quietos mientras que los más poderosos les comen lo que ellos o sus padres construyeron por 40 o 50 años; tecnócratas que prefieren cobrar buenos trabajos de "justificación" antes de crear nuevas realidades públicas y privadas.
Un solo detalle: Todos dicen que la línea 132 de Buenos Aires anda bien porque tiene muchos pasajeros. Sí, tiene muchos pasajeros, pero nadie puede negar que siempre estuvo a la vanguardia de la renovación tecnológica y de la atención de frecuencia para el pasajero. Muy parecida a la 68 y a la 152 que también siguen siendo independientes. Sus "pisos" son tan buenos como varias otras compañías que sí quebraron y se las "deglutieron" los grupos subsidiados.
Hoy anuncian el "boleto electrónico" desde el atril de la Presidencia. Ese anuncio tiene una componente que hace a la crisis: Un tema MUNICIPAL – METROPOLITANO es tratado por la Presidencia de la Nación cuando debería ser un resorte puramente municipal con la compañía de la Provincia de Buenos Aires y de la Jefatura de Gobierno de Buenos Aires.
Tal como cuando salió la "obligación nacional de monederos" para los colectivos, hoy sale el "boleto electrónico" desde el mismo atril. Una Resolución Nacional que solo es para la Metrópolis porteña y que no debería ser un tema tratado por los Gobiernos Nacionales.
Todo eso está detrás de ese accidente fatal.
Febrero 4 de 2009
*Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com
– Ingeniero White – Buenos Aires
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Apreciadas amigas, queridos amigos,
El número 86 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", edición Enero/Marzo/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org
bajo el link:
http://www.euroyage.org/es/xicoatl-86
CONTENIDO:
· ENSAYO: Onetti: la lección del maestro. Jorge Isaías.
· NARRATIVA: Los sin nombre. Amelia Arellano.
· - Cuentos cortos. Joan Mateu i Marti.
· POEMARIO: Poemas. Blanca Helena Muñoz de Escobar.
· AUSTRIA: Poemas. Wolfgang Kauer.
La edición impresa de XICóATL # 86 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).
Cordial saludo,
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067
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Queridas amigas, apreciados amigos:
El domingo 8 de febrero de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Harry Crowl. Las poesías que leeremos pertenecen a Blanca Helena Muñoz de Escobar (Colombia) y la música de fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067
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Cuota anual 2009 para lectores y/o escritores: $45 en Argentina.
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Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/
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Que es Inventiva Social ?
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