UN TAJO A LA DESDICHA...
"PORQUE JUGARSE"*
Jugarse hoy, aunque vayamos solos,
aunque las predicciones nos maldigan;
predicen que no hay tiempo,
predican sin ejemplo,
acomodan la historia por sobre el Genio muerto
y maldicen a aquellos que detrás de la angustia
se enfrentan al abismo bordeando lo siniestro.
Jugarse hoy para habitar lo incierto,
encontrar pasadizos, escapes, nuevas rutas;
recrear lo perdido, recuperar oficios
habilidad, lealtades, la confianza en si mismo
desde miradas claras que enfrenten cada día
el nó, la nada, el hambre...
la furia de la vida.
Por esto hay que jugarse, por los que desesperan
por los cientos que duermen en camas de vereda,
para que cada noche no nos quiebre el presagio
de un país sin futuro, sin sueños y sin canto.
Jugarse hoy, más allá del espanto
que nos causa lo cierto de toda esta mentira
colarse entre las filas de eternos derrotados
y rescatar lo poco, que aún no fue entregado;
abrirle en un costado un tajo a la desdicha
para que sangre el monstruo
que negoció las risas.
Por esto hay que jugarse, por los que desesperan
por cientos que deambulan reciclando miserias
para que cada noche no nos quiebre el presagio
de un país sin futuro, sin sueños y sin canto.
*de Víctor Turquet. victurquet@yahoo.com.ar
UN TAJO A LA DESDICHA...
Ofrendas*
*Por J. M. Pasquini Durán
No tuvo una vida fácil y pasó penurias inenarrables. La desaparición de su hija menor, víctima del terrorismo de Estado, fue la más artera y cruel de las heridas. Empezó muy pronto a ganarse la vida y a creer en el socialismo que llegaría alguna vez. Aún hoy, con las redacciones pobladas de mujeres, la mayoría muy jóvenes, es difícil imaginarla en la cuadra de los cronistas, deseada por algunos encumbrados miembros de la bohemia intelectual porteña y por muchos guasos que maldecían a toda hora. Ella era única en ese -hasta entonces- reducto masculino donde los periodistas fumaban sin parar y se iban a dormir, por lo general de madrugada, empapados de alcohol. En medio de todos ellos, como un lirio en el pantano, se plantó aquella muchacha atractiva, corajuda, que tenía arrestos de librepensadora mezclados a veces con pudores heredados de su hogar judío, cinéfila de alma, cuando todavía no había postergado la intención de hacer películas, y lectora insaciable porque le habían dicho que se aprende a escribir leyendo mucho.
Fue la primera de su género en ingresar como redactora al diario Crónica y nunca más abandonó esta profesión, a la que amaba al mismo tiempo que renegaba de ella, sometida a subir y bajar el escalafón profesional de acuerdo al azar de la oportunidad. Le quedó tiempo a Mabel Itzcovich para tener un marido, con el que parió dos hijas y conservó relaciones después de la separación de la pareja. Tuvo otros amores, pero esos recuerdos le pertenecen. Cuando murió, el 29 de mayo de 2004, se fue sin saber cómo había sido el final de su hija menor, Laura Feldman, detenida-desaparecida el 18 de febrero de 1978, la peor de las pérdidas en el balance de su biografía personal. Durante más de veinte años intuyó posibles finales, pero ninguno confirmado. La única certeza era que la niña-mujer, por propia voluntad,
había elegido un sendero áspero, hostil, hacia un horizonte de sueños parecidos de madre e hija, pero diferentes, donde algunos ofrendaban hasta la vida si era necesario.
La criminal voracidad del terrorismo de Estado se llevó a esa muchachita de 18 años y a su compañero, de 19, porque los verdugos consideraban que los sueños debían ser ejecutados sin piedad. Soñar con una revolución nacional y popular fue el mayor crimen de Laura, "Penny" de sobrenombre, y su amado.
Los padres, Mabel y Simón, y la hermana mayor, Ana Nora, también pagaron la penitencia porque siguieron deambulando por muchos años entre las tinieblas de la búsqueda, en caminos de abusos, mezquindades, mentiras, falsas expectativas y también de ilusiones que renacían cada mañana a fuerza de amorosa esperanza. Ana Nora Feldman, a la que el destino la salvó de la muerte, tuvo que seguir el peregrinaje del íntimo tormento. ¿Por qué ella y no yo? ¿La dejaron a su suerte? ¿Hicieron lo posible? ¿Por qué no la detuvimos? ¿Acaso quisimos, podíamos, lo hubiera aceptado? Ojalá que la terrible certeza de la muerte sirva para disipar esas brumas de rabia, de impotencia y de absurdas preguntas sin respuestas.
Ana y Penny heredaron belleza y coraje de mamá y algo de papá Simón, pero Laura se llevó un buen trozo de vida de todos, para regresar recién en abril de este año, treinta y un años después del secuestro, gracias a que el Equipo de Antropología Forense localizó sus restos, sepultados como N. N.,
en un cementerio bonaerense. Aunque parezca una herejía, ahora que hay constancia cierta de su asesinato, es para agradecer a su fortaleza que permaneció sólo un mes en el tormento de su prisión, hasta que la fusilaron el 14 de marzo. Pobre mujer-niña, las sinrazones de su muerte acusan a los
verdugos, entre ellos los ocho represores de la prisión clandestina Vesubio que serán juzgados a partir del próximo 15 de diciembre. El recuerdo de la militancia de Penny pertenece a quienes la quisieron y su final, entre muchos otros, volverá a reaparecer algún día, cuando sus camaradas sobrevivientes o futuros historiadores decidan repasar aquellos años con el cerebro y el corazón abiertos.
Laura/Penny enfrentó una máquina de matar con la ingenuidad de su amor amante, la resolución de mejorar el mundo y una mínima preparación para la jornada partisana. Con tales elementos debería bastar para honrar la vida, no para apresurar la muerte. Dado que no pudo ser así, y ya que todavía es
tiempo en nombre del merecimiento debido, será honrada por cuantos quieran llegar hasta el secundario Carlos Pellegrini, del que fue alumna, mañana, jueves 10 de septiembre, de 12 a 19, y por todos aquellos que ese día le dediquen un pensamiento, una ofrenda sentimental. Una o un millón de lágrimas no alcanzarán jamás a lavar las profundas heridas de la pérdida, y si queda algún consuelo es pensar que se paró frente a las bocas de los fusiles con la dignidad erguida por la seguridad en el triunfo final del
amor y de los sueños. Que así sea.
*FUENTE:http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-131419-2009-09-09.html
"Te quiero mucho"*
Siempre le pasaba lo mismo, y a decir verdad, ya estaba un poquito harta dela situación en general: de la indecisión masculina, y de su propiainsatisfacción. De nada le servía emperifollarse, tirarse el placard encima y acicalarse con los mejores perfumes, resaltando su ya de por sí impactante belleza física, si al final los hombres que le gustaban no le daban ni la hora. Se cargaba sobre los hombros a una interminable serie de pesados y babosos que no la dejaban en paz, que proclamaban groserías a su paso, o que con todos juntos -como una versión criolla y femenina del Dr. Víctor Frankenstein- no conseguiría armar uno solo que valiera la pena.
Como cada mañana, tomaba el remozado tren de trocha angosta rumbo a su trabajo, donde se desempeñaba como selectora de personal de una importante empresa mayorista de perfumerías, eligiendo entre cientos de postulantes los mejores perfiles para designar promotoras, vendedoras, encargadas de sucursal. Y como cada mañana, se exponía a las miradas de los demás; en especial, esas miradas masculinas que la desnudaban impunemente a la distancia, fantaseando en aplicar con ella la más sofisticada galería de perversiones, pero que jamás osarían acercarse, al menos no de una manera
galante, como a ella le gustaría que la abordasen, transmitiéndole un afecto verdadero, más allá de cualquier insolencia -con las que sus admiradores se resguardaban de una posible reacción de conformidad seductora de su parte-. "Manga de cagones", solía pensar ella, volviéndose a mirar en ese espejito de mano que consultaba varias veces al día, comprobando que no se le hubiera corrido el maquillaje -Revlon, obviamente-. "Ellos se lo pierden".
Pero nunca descansaba, aunque se sintiese continuamente defraudada por el sexo opuesto. Y aunque por la noche despotricara telefónicamente con sus amigas, izando en alto la inevitable frase "ya no hay hombres", a la mañana siguiente volvía a convertirse en la hermosa y elegante profesional que acude a su trabajo en tren, con el consabida ejercicio cotidiano de espantar a los bichos que se le acercaran en busca de una supuesta miel que muy pocos habían tenido el placer de degustar.
Sentada del lado del pasillo, en un vagón bastante lleno, sentía posarse sobre su cuerpo las miradas masculinas que habían conseguido divisarla en el andén. A su lado, el sexagenario dormitaba con el diario entre sus manos, sin prestarle la mínima atención. Un par de adolescentes, engalanadas con ropa informal de marcas caras, conversaban y reían estridentes, desplegando su natural explosión hormonal, para que las registrase todo el pasaje. Ella, que no se había levantado con el mejor humor -luego de una infinita noche de insomnio, sintiéndose vacía y sola-, las miraba con atención y suspiraba.
¡Quién pudiera volver a tener 18 años, pujantes y despreocupados! Con esa energía ilimitada, esa ansiedad por devorarse el mundo, un lozana juventud que a esa edad siempre parecía eterna. Volvió a suspirar, sumiéndose en sí misma, olvidando el clásico jueguito histérico que cada mañana desplegara en
su trayecto al trabajo. Una creciente melancolía comenzó a embargarla a pasos agigantados.
¿Cuántas veces fantaseó con tener el cuerpo que luciera hace más de 15 años?
Siempre había sido una mujer bonita, pero la consistencia de sus músculos y la tersura de su piel habían ido desvaneciéndose con el cruel transcurso del tiempo. No es que se mirase al espejo y descubriese a una vieja en su lugar, pero ya no se sentía la inquieta jovencita que alguna vez había sido, hermosa pero inexperta, cautivadora de las miradas desde siempre.
Apeló por enésima vez al espejito de mano. El maquillaje resaltaba sus mejores virtudes, pero también ocultaba las pequeñas imperfecciones faciales, esas malditas arruguitas que una vez aparecidas jamás la
abandonarían. ¿Quién podría sentirse lacerada en su autoestima con semejante porte, con esa figura de una hermosura avasallante, que dejaba boquiabierto a más de uno? Ella. Se sentía tan disconforme con esos diminutos detalles que cualquier ostentación de sus curvas nada podía hacer al respecto.
Inmersa en tales pensamientos, apenas registró la manito que pasaba a su lado y le dejaba con un leve aleteo sobre el antebrazo una estampita de la Virgen Desatanudos y un calendario con la colorida efigie de un osito infantil que proclamaba "Te quiero mucho". Alzó la vista y alcanzó a ver el perfil de una niñita de cabello hirsuto y mejillas sucias que se alejaba a los tumbos entre la gente, como si no hubiese nadie alrededor, como si toda esa gente adulta que la rodeaba no existiese y sólo atravesase un bosque
poblado de maniquíes inanimados.
Su mirada se alejó por el pasillo, siguiendo esa cabecita que se bamboleaba a un lado y el otro, eludiendo siluetas de pie. A su ya de por sí creciente melancolía se sumó una nueva inquietud, que ya le carcomiera el corazón desde hacía tiempo, y se presentó de improviso en una sola pregunta: "¿Cómo
sería ser mamá?"
Durante años había sentido que los hombres se le acercaban a fin de conseguir pasar un buen momento, satisfacer sus ansias sexuales, y luego deshacerse en huecas y vanas promesas de reencuentro que jamás se concretaban. Pocos eran los que deseaban mantener el contacto con ella, pero en su fuero más íntimo no sentía que pudiesen reunir las condiciones que ella buscaba para conformar una pareja estable, que la contuviera, que le brindase todo su amor de manera contundente, que la siguiese amando luego de
haberse acostado juntos, que pudiera eternizar el momento del amor más allá de la pasión. Y esa falta, ese vacío casi existencial, la sumía en el mayor de los abismos. Necesitaba del otro, más no sólo de su mirada. Demandaba el afecto, la presencia, el calor de ese otro que la hiciera sentir querida, además de convertirla en una verdadera mujer.
Sus deseos de perenne belleza parecieron extinguirse dentro del emergente ensueño de una panza redonda y lozana; por sobre todas las cosas: viva. El fruto del amor que le brindase un hombre de verdad, alguien con los huevos bien puestos, que se jugase por entero al estar junto a ella en todo
momento. La emoción amenazó con desbordarse a través de sus párpados entrecerrados. "Voy a quedar con la cara a la miseria", pensó, al tiempo que manoteaba el espejito y se enjugaba las primeras lágrimas con un pañuelo de papel.
De pronto, sintió a su lado nuevamente la presencia de la niñita, retirando con aire ausente los calendarios y estampitas. El aire desaliñado de aquella carita, arrasada por el desamor, la llenó de una congoja inenarrable. Y sin pensarlo siquiera, sin amagar acaso a abrir la cartera y ofrecerle algunas
monedas a cambio casi de nada, estiró su mano y le aferró un bracito, gesto frente al cual la niñita reaccionó volviendo la cabeza violentamente hacia ella, a la espera de algún inesperado peligro, quizá evocando en un solo segundo los golpes y maltratos recibidos al final del día, cuando llegaba el momento de volver a casa y entregar las monedas recibidas, que la mayor parte de las veces escaseaban -más no así el dolor-.
Ella esbozó una amplia sonrisa, forzada a causa de las lágrimas, pero intensa desde lo más profundo de su corazón, y sin decirle una palabra, la acercó hacia ella con infinita ternura, apoyó su mano libre sobre uno de los hombros de la niñita, y le besó la frente. La pequeña, con un rostro signado por la indiferencia, sorprendida pero sin emitir expresión de cariño alguna, parpadeó perpleja y permaneció inmóvil, sin intenciones de alejarse, más curiosa que asustada, contemplando a esa hermosa mujer cuyo rostro acicalado se veía surcado por gruesas e incontenibles lágrimas, que estropeaban sin piedad esa elaborada capa de maquillaje.
Y por primera vez en mucho tiempo, a aquella elegante y eficiente selectora de personal nada le importó menos que las miradas de los demás.
*de ALDIMA. licaldima@yahoo.com.ar
"Lugar de Vida"*
Me voy conmigo, me llevo puesto,
cargo las ganas, juego de nuevo;
ya no me quedo a contar mis sueños,
voy a buscarlos, a provocarlos,
a descubrirlos donde la gente los cree muertos;
allí, debajo de la esperanza cicatrizada por los intentos
donde la fe y el amor se estrellan contra promesas
que no cumplieron los que le ponen día tras día
precio al sudor y al esfuerzo ajeno.
Me voy conmigo y me sumo a todos
los que lucharon por este tiempo
tiempo de voces y de verdades,
de voluntades y de proyectos;
tiempo de miel, de algarrobo y río
Monte y Escuela creciendo juntos
rumbo al país que todos queremos
Lugar de Vida, memoria y cielo.
Vine conmigo, ya estoy adentro,
dentro de un sueño que se despierta
de la modorra, el atontamiento;
de la ignorancia impuesta por otros
busca la brecha y abre el camino
hacia el respeto por el hermano,
se llame Indio, Gringo o Criollo
somos hermanos sobre este suelo
amenazado por los infiernos de la codicia
que no respeta razas ni credos.
Vine conmigo, ya estoy con todos, ya estoy adentro
sino me invitan. Lugar de Vida
¡ igual me quedo!
*De Víctor Turquet. victurquet@yahoo.com.ar
El Armagedón digital*
*Federico Kukso
09.09.2009
El fin del mundo comenzará con un apagón. No con uno tan orquestado o preanunciado como el Y2K -¿alguien se acuerda?- o astronómico como cuando el cometa Halley casi le pega una cachetada a la Tierra en 1986. El Armagedón, más bien, será íntimo y personal y tendrá como prólogo una tragedia algo eléctrica y algo digital: cuando la impresora se encapriche y tire la toalla una hora antes de la entrega de un trabajo para la facultad, cuando se corte la luz -como si fuera una tela capaz de ser cortada- antes de que tal o cual jugador patee el penal o, cuando, como ocurrió durante estos días -y, que no
quepa dudas, seguirá ocurriendo-, la casilla de mail deje de acatar órdenes y diga "basta, hasta acá llegamos, hasta la vista, baby".
Será el momento para que la histeria y la desesperación propia de la vida urbana dejen lugar a la histeria y a la desesperación propia de la oscuridad posapagón, aquellos tramos -u horas que parecen semanas- en los que brota del rincón más profundo del genoma una buena dosis de primitivismo: apenas
se corta la luz se aguzan los sentidos, cada sonido se escucha y siente en estéreo, y el encendido de velas recuerda lo que -allá lejos y hace eones- era una fogata, la vida antes de Nikola Tesla y su archirrival Thomas Alva Edison. Apenas se corta la conexión a internet, ídem: de repente, parece que, efectivamente, como advertían los antepasados predigitales, hubiera un mundo fuera de la nueva caja boba. Que la vida pasa por otro lado (sin "Tinellis", "Susanas", "Mirthas", sin "www", "enter", "Ctrl + C, Ctrl + V").
O que los amigos son más que complejos y reconfortantes que meros "contactos" o personas sonrientes en Facebook, aquel otro micromundo pixelado al que se va para engañar a la soledad, para sentir que se existe al ver y, al mismo tiempo, ser visto.
Mal que les pese a los puristas y conservadores que se desgarraron las vestiduras ante el anuncio de la corte sobre la despenalización de la tenencia de marihuana, todo somos adictos. Yo, vos, él, nosotros, ellos: adictos a los bytes, a los fotones, a los electrones y protones que se mueven de acá para allá por la ciudad, que bailan por las paredes, las casas, los edificios en una carrera invisible pero presente, sin metas ni largadas.
Su ausencia se siente en la punta de los dedos, en aquella zona debajo de la mano que maneja el mouse que de tanto moverse y rozar con la mesa se volvió callosa y algo acolchonada. La ausencia de mail no golpea tanto por la incomunicación que acarrea, por la disrupción del diálogo desgestualizado del chat. En realidad, pone los pelos de punta incluso a aquellos que ya no tienen pelos porque su ausencia canaliza y amplifica aquella sensación de abandono arrastrada desde la infancia: para el nativo o inmigrante digital la abrupta caída del servicio de mail es comparable a una falla de la naturaleza.
Es un evento que sus sentidos y saberes no contemplan, como si un día no saliera el sol, como si al planeta le hubieran extraído todo el aire, como si lloviera de abajo para arriba, como si los precios en vez de subir bajaran o como si hicieran 34º en invierno (perdón, eso sí pasó, gracias cambio climático).
Las tecnologías se volvieron en sí mismas la nueva naturaleza, allá afuera (como paisaje, como escenografía y objetos ante los cuales la mirada ya no se deposita) y allá adentro (se piensa con la brevedad del post del blog o en clave haiku de Facebook o Twitter).
Si es que hay una (y no muchas), ahí está su trampa: la mudanza del mundo epistolar al mundo "e-mail" arrastró también los mismos preceptos de lo tangible, aquellos que no se formulan ni se dicen porque ya entraron en la categoría de "lo dado". Así como coleccionamos sin saber por qué diarios, revistas, boletos, entradas, apuntes de facultad, coleccionamos también mails con la convicción de que algún día los vamos a necesitar y ellos ahí estarán.
Tanto en un ámbito como en otro impera la misma ilusión de propiedad. Con una diferencia: mis mails en un sentido estricto (físico, material, palpable) no son "míos". No los guardo abajo de la cama, en el cajón o en el armario. Están "ahí", ese no lugar tan abstracto que ni siquiera la imaginación más potente puede crear una imagen redonda de aquel sitio en el que se apilan, conviven y se rozan los mails de Cristina Fernández, Maradona y el Papa. Y un día cualquiera, por capricho de alguien (dios Google), pueden desaparecer.
Pensamos -porque no nos queda otra- el universo digital, el de los ceros y unos, el de los megabytes, los gigas, aquel donde se bajan y suben archivos como si hubiera arriba y abajo, con metáforas y concepciones propias de un universo tangible y que la propia digitalización se empecina en disolver, en
transformar o transmutar, según los neoalquimistas, sus átomos en bytes.
Y sus bytes en la nada misma.
*Fuente: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=30473
"Resplandor de atardeceres"
Cuando el sol rojo desciende
posando en las ramas su resplandor
mis manos sienten nostalgia por
la clara magia que tu piel dejó;
cuando encendida en poesía,
tu boca y la mía eran puro amor.
Los caminos son caprichos
tejidos con hilos de loca ilusión,
por un incierto destino
que juega a enredarse en nuestro corazón
y allí se queda dormido igual que la vida esperándonos.
Pasión de cien hojas blancas
cubiertas de sueños locura y pasión
resplandor de atardeceres
irradiando en versos desde tu interior;
cuando el sol rojo desciende
te cuentan los duendes, lo triste que estoy
Cuando la noche me muerde
volando en el nido de mi desazón;
mi boca muerde tu ausencia
porque tu presencia quema en la canción;
resplandor de anocheceres...
y mudos los duendes se quedan sin vos.
Y te espero en los caminos,
hilachas de un tiempo que nos separó;
desbordando atardeceres
la luna empezaba su loca canción;
entre tu boca y la mía
estaba la vida esperándonos.
*de Víctor Turquet /Adriana Barcia barciadriana@yahoo.com.ar
( Le escribí las tres primeras estrofas hace cuatro años; me las contestó con las dos últimas hace dos meses)
La hiena*
Han desaparecido dos de los recién nacidos. El padre, desesperado, corre de un lado a otro de la sabana buscándolos mientras su melena se agita a cada zanjada. La leona, después de proteger a su otro cachorro en una cueva, inicia también la búsqueda de sus hijos, recordando haber visto una manada
de hienas merodeando.
Desecha la idea de que fueran ellas las responsables del rapto. Las hienas no cazan animales únicamente se alimentan de los restos que dejan los otros depredadores. Es por esto que no sigue su rastro y sigue buscando.
Ella debe comer, es ley de vida. Pero mientras va saciando su apetito con los despojos de los cachorros la vieja hiena ríe por no llorar.
*de Joan Mateu. joan@cimat.es
"Tu Zamba"*
Entre tu corazón y mi guitarra
se comenzó a escribir aquella tarde,
esta historia distinta, con acordes de zamba
que hoy se sube a mi voz para cantarte .
Sobre la timidez con que la gente
hablaba entre comillas de poesía
vi asomarse tu prosa irreverente
como un sol que a la noche desafía
De donde venís con tanta expresión?
Adonde te escondiste tanto tiempo?
guitarra y papel, poesía y canción
comenzaron a ser nuestro Universo;
Después el amor que empieza a crecer
tu piel redescubierta por mis manos;
olvida el dolor, vuelve a florecer,
¡nada se nos parece cuando amamos...!
Así dijo la vida que sería
esta historia nacida entre poemas,
con el pulso acelerado del amante
y la ilusión total de ser eterna.
Así jugamos hoy solo por vernos,
con el tiempo cruzado con las almas,
con noches inventadas por las tardes
y el amor inocultable en las miradas.
*de Victor Turquet. victurquet@yahoo.com.ar
PETER MCLAREN, "EL PEDAGOGO MARXISTA"
"Hay que abolir el capital"*
Es canadiense y enseña en la Universidad de California. De visita en la Argentina, donde brindó una charla organizada para resistir las amenazas de desalojo en la fábrica recuperada IMPA, formuló duras críticas a la educación pública estadounidense. "Está en ruinas", dijo.
*Por Facundo García
"Peter McLaren, el pedagogo marxista." Suena gracioso, pero los que frecuentan universidades y grupos de militancia saben que tras la estampa del profesor rockero está uno de los referentes de la disidencia norteamericana; un impulsor de la "educación para la revolución" y un intelectual que aplica sin asco tanto la crítica como la autocrítica. Amigo de Henry Giroux -otro célebre impugnador del Imperio-, el rubio nacido en Canadá es un viajero apasionado por descubrir los cauces donde fluye la resistencia. Llega, observa y participa. Y lo que vio esta semana en las instalaciones de IMPA lo movió a compartir ideas durante una charla organizada para resistir las amenazas de desalojo que pesan sobre una de las
fábricas recuperadas más emblemáticas del país.
"No puedo imaginar una situación que me conmueva tanto como estar esta noche con ustedes", comentó el docente de la Universidad de California (UCLA) a poco de comenzar el encuentro. Aunque hace siete años que se dedica a visitar diferentes iniciativas junto a su compañera Nathalia Jaramillo, el especialista confesó que el contacto con la cooperativa de Almagro le resultaba particularmente movilizante. "Acá se está produciendo lo que según los compañeros es una 'pedagogía de la ocupación'. Eso es muy impresionante y representa un ejemplo para nosotros", destacó.
A la hora de establecer contrastes, McLaren ahuyentó el aura idílica con que suele revestirse el estereotipo de la vida estadounidense. "Verdaderamente, la educación pública de allá está en ruinas -criticó-. Y si analizamos la actualidad de la pedagogía, comprobamos que está domesticada. Para Navidad hay catedráticos que pegan afiches de Paulo Freire con un sombrero de Papá Noel." El pelilargo no se cansó de enumerar vicios que se han vuelto moneda corriente en las casas de estudio norteamericanas. "Es un desastre. Desde los años de Bush, el FBI monitorea qué libros sacan los estudiantes de las bibliotecas. E incluso yo mismo fui víctima de la persecución, cuando les ofrecieron a algunos de mis alumnos cien dólares por grabar secretamente mis clases, de modo que pudieran reunir pruebas para acusarme de 'antipatriota' y despedirme", acusó.
Puesto a analizar la crisis global, el académico subrayó que las tensiones que produce esta fase de la economía ofrecen la oportunidad de retornar al "marxismo de Marx": "Se trata de un viraje necesario, porque en este momento muchos colegas creen que el hecho de que el gobierno de Estados Unidos haya
tenido que hacerse cargo de buena parte del mercado inmobiliario, varias empresas y bancos de primera línea significa una concesión implícita al socialismo. Nada podría estar más lejos de la realidad. La intervención estatal en la economía -si bien puede ser un alivio- no es una modificación de fondo, y ésa es una de las lecciones trágicas que nos dejó el siglo XX".
Volver a Marx implicaría retomar una pregunta que pulula por la obra del pensador alemán: ¿cómo se hace para trascender el modelo de producción de valor en vigencia? "Ese es el nudo del asunto, porque si uno vuelve a los textos originales se da cuenta de que él no ambicionaba poner el capital bajo la tutela del Estado. Eso no es socialismo. No, el socialismo empieza con abolir el capital." En consecuencia, si se quiere pensar en opciones para salir del capitalismo habría que tener en cuenta tres claves. "Lo primero -insistió McLaren- es no confundir socialismo con nacionalización de la propiedad." El segundo punto sería comprender que por su naturaleza "el capital no puede ser regulado". "Mientras el trabajo sea un commoditie, un mecanismo de extracción de plusvalía y un arma de alienación, el sistema y sus miserias sobrevivirán. Es urgente dar con una 'teoría de la subjetividad de las fuerzas de liberación', que contribuya a dar por tierra con esas ataduras", advirtió el orador. El tercer eslabón consistiría en "asumir que nuestra visión debe estar filosófica, teórica y pedagógicamente enraizada en la abolición del capital, en la superación del trabajo alienado que lo alimenta y las relaciones sociales que lo sostienen".
El diagnóstico se enlaza con la tarea educativa en la medida en que una educación liberadora requeriría -según el invitado- una concepción "no ya dialéctica sino trialéctica". Esta "tríada del conocimiento" estaría conformada por un "entramado entre la relevancia de lo que se enseña, su visión crítica y sus posibilidades de producir modificaciones sociales concretas". También lo dijo en criollo: "Yo vi profesores que enseñan matemática mediante el análisis de las estadísticas con las que miente la tele. He presenciado clases de historia que se convirtieron en un salvataje de la identidad de un barrio. La meta, en definitiva, es recapturar la pedagogía crítica como parte de un movimiento social amplio"
*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-15194-2009-09-05.html
"Antes de qué"*
Hoy pisé las ruinas de un antiguo pucará*,
Pirca* interminable que la mano supo hacer,
pueblos que en lo alto se bebían todo el Sol
Piedra Madre, cuna de otra civilización.
Brazos de agua dulce que regaban el maíz
de la Cordillera, regalo primaveral;
lagrima plateada que el deshielo hace caer
para que la tierra nunca muera en soledad.
Hombres que del cosmos tuvo mucho que aprender
Artesano que de caña y barro pudo más;
cuanto supo y cuanto le faltaba...
antes de qué viniera la muerte
del otro lado del mar.
Si las dos culturas se tuvieron que encontrar
porque no habrá sido para fruto de la paz,
sólo se trataba de aprender y respetar
pero en occidente siempre el oro pudo más.
Pese a la masacre, aún el pueblo sigue en pié
resistiendo siglos de silencio y opresión
tomando la fuerza que la Pacha* sabe dar,
retoma el camino hacia su liberación
Y hoy en estos valles una claridad total
Ilumina el canto en el nombre de Tupác
entonado con voz de futuro...
antes de qué regrese la muerte del otro lado del mar
*de Victor Turquet. victurquet@yahoo.com.ar
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-que presentará
“Relaciones textuales”
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Natalia Iñíguez (Bukowskiana)
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y Eduardo Dalter
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Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura.

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