LA LOCURA ES PODER VER MÁS ALLÁ...
LA ESPERANZA*
Era un refugio la esperanza.
Que el sol reverenciara la mañana,
que alguien me diera su sonrisa,
que entendiera el trino de los pájaros,
que flotara en la nube, que brincara
sobre buenos deseos y promesas.
El refugio era la esperanza…
Pero un pájaro murió sin dar su trino
y el sol enlutó su sentimiento;
por eso amaneció un poco tarde.
No hubo ni promesas ni reencuentros…
¡Qué desnuda quedé ante la vida
cuando enterré en el jardín mis esperanzas!
*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar
LA LOCURA ES PODER VER MÁS ALLA...
MI PIEL*
...Su piel había memorizado calles
para que yo, esta noche, las recorriera todas..
Jorge Boccanera.
Mi piel: Toda una huella inmensa.
Un escozor, una angustia, un camino.
Memorias recorridas, una por una.
Piel de café con leche. Esfumada borra de café.
Rastros de sal .Anhelos orientales. Furia de mar.
Inmolar la sal. La furia. Los anhelos.
Abrocharse el oído y zurcirse la boca.
Abrirse el pecho y soterrar las voces.
Buscar el jardín y el jardinero.
La piel de niña y el trébol de cuatro hojas.
Calmar la sed en rosas clandestinas.
Rocío de violetas y pulso sin urgencia.
Viejo puente filial. Resurrección de espigas.
Tropel de tizas. Delirantes almendros de la siesta.
Antiguo oficio del poema. Temblores.
Mi piel, toda una huella inmensa.
Allí se grabará, lo sé, sin duda, mi destino.
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
La sorda*
Aquella tardecita hasta la lona de la galería estaba dura de la helada.
Había un revoltijo como nunca mi dios. El bochinche de los vecinos de atrás me hacía confundir, pero esa tarde era una como no hay dos y me mataba la curiosidá, así que me pegué a la pared y no le aflojé hasta enterarme qué pasaba allá al lado.
Y sí, se lo dijo al viejo nomás. El crío venía en camino.
La silla se arrastró hasta la otra punta. La pobre debía andar a los tumbos escapándose del viejo. Malo el viejo, y padrillo el atorrante.
La Raquel y la Mirna también andaban con el bombo, pero la única que se lo aguantaba al viejo con la tos y el hilo de baba era la pobre.
Yo no sé de qué se estrañaba tanto si cuando la otra noche salió a tomarse el tinto al patio se había puesto reverde como siempre, la pobre le acercó la chata y el muy baboso, vamos querida, un favor no se le niega a nadie.
Qué nochecita mi madre, qué de quejido; al diablo la chata y la silla de rueda, yo no sé ni cómo hicieron.
Y ahora tanto escándalo, como si se olvidara el viejo.
La pobre le hizo más que un favor.
La Juana se lo había anunciado el otro día a la salida de la misa, estás más preñada que nunca querida, si no lo querés andá rápido a ver a la vieja.
Y la pobre qué sabía.
La vieja no quería más problema con la policía, le sacó unos pesitos y se lo dejó adentro, total, el viejo en cualquier momento estiraba la pata y la pobre se quedaba con la casa.
Así que al tiempo, meta pis de sapo y rama de perejil, vela negra y té de ajo. Acá al lado se aguantaban cualquier cosa.
Y bué, se lo tuvo que decir al viejo.
Y le quiso explicar al viejo, que ella no quería quedarse con todo, no era de esas, pero él sacó un rebenque que tenía por ahí y ella se tenía que defender y él forcejeaba y forcejeaba, y una banqueta que volaba y daba contra la pared, porque la pobre era estúpida pero no tan tonta, le esquivaba.
Más loco se ponía el viejo. Ella lo quería parar, nada más. Lo juró hasta por el crío, pobrecito.
Y ahí nomás de pronto todo se quedó quieto y esa cumbia de los de atrás que no me dejaba oír bien.
Cómo lloraba esa pobre, se quejaba tanto que cada suspiro duraba que parecía que la helada los había agarrado a ellos también.
Al viejo no lo escuché más.
Qué leibacer yo, el borreguito no da tanto gasto dentro de todo y yo no podía perder el susidio de la municipalidá, después de tanto mendigar.
Yo, qué voy a oír si soy sorda, tuve que decirles.
Se lo llevo a la pobre las pascuas y las navidades y el crío le dice tía.
Un favor no se le niega a nadie.
*de Lucía Cinquepalmi luciaguionbajo@gmail.com
El parto*
*Eduardo Galeano
Tres días de parto y el hijo no salía:
-Tá trancado. el negrito tá trancado -dijo el hombre.
Él venía de un rancho perdido en los campos.
Y el médico fue.
Maletín en mano, bajo el sol del mediodía, el médico anduvo hacia la lejanía, hacia la soledad, donde todo parece cosa del jodido destino; y llegó y vio.
Después se lo contó a Gloria Galván.
-La mujer estaba en las últimas, pero todavía jadeaba y sudaba. A mí me faltaba experiencia en cosas así. Yo temblaba, estaba sin un criterio. Y en eso, cuando corrí la cobija, vi un brazo chiquitito asomando entre las piernas abiertas de la mujer.
El médico se dio cuenta de que el hombre había estado tirando. El bracito estaba despellejado y sin vida, un colgajo sucio de sangre seca, y el médico pensó: no hay nada que hacer.
Y sin embargo, quien sabe por qué, lo acarició. Rozó con el dedo índice aquella cosa inerte y al llegar a la manito, súbitamente la manito se cerró y le apretó el dedo con alma y vida.
Entonces el médico pidió que le hirvieran agua y se arremangó la camisa.
-Enviado para compartir por Matilde López Camelo. caminandosignosfm@hotmail.com
*Para escuchar el texto en la voz de Eduardo Galeano: http://www.ipernity.com/doc/dcasallart/299171
Llamada de ultratumba*
Filomena Gómez falleció de cáncer hace dos años, cuando tenía 55. Ahora, y según su familia, lleva una semana comunicándose con ellos a través del móvil y pidiendo que le quiten del pecho la cruz con la que fue enterrada.
Por esta razón, su familia acudió al juzgado de guardia de Granada, para solicitar un permiso y poder exhumar sus restos. El juez, atónito, atendió a los familiares de Filomena y escuchó los sonidos grabados en el móvil, "procedentes de ultratumba". La hija asegura que su madre dice: "Ven, ven... la cruz".
El juez les remitió a un cura porque el caso excedía de su competencia.
El cura pidió permiso a su obispo para iniciar los trámites de exhumación. La respuesta negativa del obispo fue tajante y la documentación anexa a su negativa concluyente: "Preguntada la compañía telefónica, quedo claro que la señora no podía llamar porque no tenía saldo".
*de Joan Mateu. joan@cimat.es
*
Camino sin saber adonde puedo aterrizar y vuelo sin entender la carretera .
El pasado vive en el espejo retrovisor y la esperanza de vagar la vida satisfecho
va adelgazando.
Árboles que propinan sombras y un sol que salpica .
La playa no revela su lugar.
El corazón sigue erguido y rojo. con animo de vencer.
Los labios con sed de océano. peleando por no deshidratarse.
La aurora se transfigura , el atardecer se exhibe y la luna se planta.
Las épocas transportan incógnitas y el equipaje se renueva .
EL mar levanta la voz y se tapa la boca. el viento despista.
A lo lejos una embarcación suspendida en la arena me convoca al descanso.
Cierro los ojos e imagino los sucesos no ocurridos.
Respiro profundo y la humareda escala cielo.
Olvide que la espera callejea sobre muletas.
Tal vez suba la marea y brote en otro muelle.
A escaso trayecto de tu umbral, a exiguo espacio de tu aliento....
*de Damian Bonavota. damianb@cuspide.com
Medley*
*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona
UNO La palabra medley –según la Wikipedia– significa “una serie de canciones o trozos de canciones unidas en una sola interpretación larga”. La enciclopedia on-line aclara que la maniobra medley suele ponerse en marcha cuando se trata de rendir tributo a otro artista. Una manera de contarlo y cantarlo todo en poco pero sustancioso tiempo. Un resumen de lo ejecutado a cargo de un segundo o tercero que, por lo general, no suele hacerle justicia al primero. Pero, dicen, lo que importa es el gesto.
DOS Mi primera percepción de la palabra medley –señorita, yo, yo, yo.. ¿no ve que levanté la mano primero?; señoras y señores, ¿dejaremos alguna vez de hablar de ellos?– tiene que ver y oír y sentir con Los Beatles. Ya saben: el Lado B de Abbey Road, despedida que la semana pasada –26 de septiembre– cumplió cuarenta años y que, originalmente, iba a ser el Lado A. Lo que, claro, habría cambiado toda la historia: porque entonces la leyenda terminaría no con el epifánico “The End” y la bromita accidental de “Her Majesty” (que quedó allí gracias al descuido del junior de estudio John Kurlander) sino con ese brutal y ominoso coito interrumpido para siempre de “I Want You (She’s So Heavy)”. Me entero de todo esto que no sabía sobre el medley de Abbey Road –al que Los Beatles siempre llamaron “The Big One” o “A Huge Melody”– en el último número de la revista inglesa Mojo, que dedica su portada a la efemérides y viene con un cd-regalo de Abbey Road radicalmente reinterpretado in toto por nombres como Robyn Hitchcock, Cornershop, Glenn Tilbrook. Y lo más curioso –o no– de todo: en esta versión conmemorativa y 2009, el medley aparece de-sarticulado, suelto, como si a los de ahora les resultara imposible pegar lo que entonces reunieron con tanta gracia y elegancia aquellos que se estaban separando.
TRES ¿Y alguna vez terminaremos de saberlo todo sobre Los Beatles? Supongo que no. Y está bien que así sea. Supongo, también, que olvidamos muchas de las cosas que sabemos sobre ellos para experimentar el infantil y maduro placer de que nos las vuelvan a contar de otra manera. Los Beatles –la leyenda cierta de Los Beatles– funciona un poco como los cuentos de hadas de ya varias generaciones. La inolvidable historia siempre es la misma pero –para algunos la bruja es Yoko, para otros el ogro es Paul, John es en ocasiones el más feroz de los lobos, George es el mago melancólico y Ringo el bufoncillo más valiente que todos los demás– no deja de estar sujeta a variaciones y a nuevos hallazgos en el bosque de su trama. Leyendo Mojo me entero también de que las sesiones de grabación no fueron tan amigables como se las contó hasta ahora (una tregua después de la batalla de Let It Be que todos intuían como el final de esa aburrida guerra pero, también, de tanta divertida paz a lo largo de los años); que en principio Lennon insistió en que todas sus canciones estuvieran juntas en un solo lado y separadas de las de McCartney, y que el título que primero se pensó para el disco fue el de Everest. Everest era la marca de cigarrillos mentolados que fumaba el sufrido Geoff Emerick, mano derecha de George Martin. La idea fue de McCartney y así ligar todo el asunto a la idea de pináculo, de lo más alto, de imposible subir más. Y hasta se pensó en despachar a la banda a los Himalayas y fotografiarlos allí. Pero enseguida todos se miraron, lo pensaron mejor y se dijeron: “Saben qué, hagámoslo aquí mismo, salgamos a la calle, una foto rápida, cruzando de una vereda a otro, llamémoslo Abbey Road”. Y así fue, así sigue siendo, todavía están allí, en fila, para siempre, camino a ninguna parte y a todos los lugares del universo.
CUATRO Y el medley, claro. Lo del principio de esta contratapa y lo del final de ese disco. Lo para mí intrigante del medley son dos cosas. La primera de ellas es que son pedazos de canciones que nunca fueron más que pedazos. Al menos, no he oído en ningún pirata ni en la correspondiente Anthology los restos inmortales de alguna de ellas. Lo que nos llegan –luego de “Here Comes the Sun” advirtiéndonos que aquí viene la luz de lo más luminoso aunque aparezca teñido de cierta tristeza– son partículas, piezas de rompecabezas, palabras de crucigrama difícil que sin dificultad acaban componiendo la discusión apenas codificada de una ruptura. Se habla de que “nunca me das tu dinero”, del fin de un “sentimiento mágico”, de “no tener dónde ir”, de saber que se llevará “esa carga por un largo tiempo”. Y, al final –luego del único solo de batería de Ringo (quien odiaba los solos de batería), del trío de guitarras eléctricas en llamas y del mantra insistente de un love you, love you– se acaba en el amor y en cierta forma de justicia: te llevarás la misma cantidad que hayas dado. “Una línea muy cósmica y filosófica”, según Lennon. La segunda de esas cosas es que –conscientes de que la fiesta se acaba– Los Beatles arman su propio medley en base a greatest hits fantasmales a la vez que futuristas y se autohomenajean a sí mismos. Como diciéndonos que les queda tanto adentro, que aquí va una muestra de lo que yace en cajones que nunca serán ataúdes, pero que –es una pena– se terminó el tiempo disponible. Así que esto es algo así como los títulos al final de la película aunque, oh yeah, all right, vas a estar en mis dorados sueños esta noche.
CINCO Esta mañana escribo todo esto sobre el medley de Abbey Road –ahora que lo pienso, estas contratapas tienen, por lo general, iguales modales pero tanta peor educación– y me digo que toda vida es un poco medley: fragmentaria, saltarina, espasmódica e imprevisible. El problema es que rara vez se alcanza un final –uno de esos finales que nos permiten mirar atrás con la certeza de haberlo hecho– como “The End”. Quizá todo se deba a que las vidas de nosotros son –gracias otra vez, Wikipedia– más popurrí o poupurrí o poupurrit o pot-pourri: sinónimos bastardos de medley que, también, sirven para designar un popular platillo ibérico de tufo planetario también conocido como olla podrida. Nombre este último que, me parece, se ajusta perfectamente cuando se trata de definir numerosas existencias de seres que jamás deberían existir o haber existido. Es decir: si hiciste las cosas bien, te toca incorruptible medley; si no, a la olla y a pudrirte.
En cualquier caso –subida de impuestos en España y en plena recesión que no ha sido explicada como se debe a los contribuyentes (¿se aumenta para hacer frente al creciente gasto social o para salir de la crisis o porque el gobierno tiene deudas?), escandalillo por una foto de las hijas de Zapatero de viaje por EE.UU., protestas evangélicas por la venta libre de la píldora del día siguiente, informaciones contradictorias por lo de la gripe A, nuevas porquerías del PP saliendo a flote, ese Maxwell en Irán, ese Mean Mr. Mustard en el Vaticano”– Los Beatles han vuelto a salvarme, por un rato, de pensar en cosas desagradables para después tener que ponerlas por escrito. Para esto estaban, están y seguirán estando, también, Los Beatles.
De verdad –de nuevo, no será la última, siempre habrá un Había otra vez... para estos cuatro masters remasterizados– nunca suficientes muchas gracias por todo lo que nos dieron y nos siguen y seguirán dando y, come together, todos y todo junto ahora.
*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-132566-2009-09-29.html
El tuerto y los ciegos*
*Intérprete: Sui Generis
*Autor: Charly García
Desnuda de frío y hermosa como ayer,
tan exacta como dos y dos son tres.
Ella llegó a mí, apenas la pude ver
aprendí a disimular mi estupidez.
Bienvenida Casandra!
Bienvenido el sol y mi niñez,
sigue y sigue bailando alrededor,
aunque siempre seamos pocos los que
aún te podemos ver.
Les contaste un cuento
sabiendolo contar
y creyeron que tu alma estaba mal.
La mediocridad para algunos es normal
la locura es poder ver más allá.
Baila y baila Casandra!
Digo bien, bien, bien!
La pude ver:
no hablo yo de fantasmas ni de Dios
sólo te cuento las cosas que
se te pueden perder.
*FUENTE: http://www.rock.com.ar/letras/1/1978.shtml
Un ángel en la tierra*
Conocí a Horacio Rossi en los primeros ’90. Yo llevaba a cuestas un manojo de insatisfacciones y de poemas “nerudianos” que me interesaba compartir con algún representante del mundo de las letras.
Pocos años antes, había yo tardíamente descubierto mi vocación de entrelazar palabras.
Nos conectó la pintora Zulma Molaro, ya por entonces paciente y entrañable amiga.
Zulma al conocer mi intención, se comunicó con Horacio, y convinimos en que yo le dejaría mis trabajos en un sobre, en la secretaría de la clínica donde yo trabajo.
Pocos días después recibí su respuesta: un poema de bienvenida y generosa bienaventuranza, en su particular estilo de grandes letras manuscritas desparramadas ampliamente por la hoja, y que remataba con su típica flor y su firma: “Horacio Rossi en La Terraza ”.
No pude menos que sorprenderme ante esa inesperada muestra de afecto y de buenas intenciones. Nos pusimos en contacto telefónico y convinimos un encuentro en “La Terraza”.
Recuerdo de ese encuentro, el intenso celeste de aquel atardecer, el lugar en el que nos sentamos, sus comentarios generosos acerca de mis trabajos, su sonrisa. Nos quedamos hasta bien entrada la noche y regresé como siempre desde entonces, con varios libros bajo el brazo, y la agradable sensación que en el alma deja el contacto con la buena gente.
Poco a poco, reunión tras reunión, recital tras recital, fui conociendo a este personaje tan singular y a quienes fueron desde entonces queridos amigos comunes.
Con su morral en bandolera, con lápiz y cuaderno, Horacio era poeta de a pié, en la calle o en los bares, frente al mar o en la montaña, no sólo escribía poesía, él era poesía.
Renegaba de las instituciones, de normas y convenciones, diría que del saber preestablecido en general. A la manera nietzscheana pensaba y transmitía con vocación docente, la libertad en el pensar y en el hacer, particularmente en el ámbito de la literatura.
Poco tiempo antes de morir, mi hija Ailén mantenía con Horacio un fluido intercambio a propósito de sus primeras incursiones literarias. Ella argumentaba citando a Sastre o algún otro, Horacio le decía que a él le importaban sólo sus propias opiniones. Así pensaba, así vivía y transmitía en forma permanente.
Muchos jóvenes escritores se acercaron a escucharlo. A todos recibía celebrando, abrazando, brindando por la ocasión y por la vida. A todos estimulaba, sugería lecturas, prestaba libros. Pero, fundamentalmente, a todos animaba a ejercer su libertad y autonomía.
Se definía incapaz de emprendimientos comerciales, de proyectos a largo plazo, de sujetarse a lo preestablecido. Su mundo era poesía, la del bien, la del amor y el culto a la amistad. “Los amigos son una costumbre solar…” supo escribir. Qué más puede decirse…
Algunos habrán dicho que era un niño, casi un inocente. Nadie puede ser siempre bueno, siempre desinteresado, siempre generoso. Sólo un niño puede. Pues bien, yo no he conocido de él otras facetas. De hecho no era niño, y menos inocente en el sentido vulgar de la palabra. Pero vibraba en una “longitud de onda” diferente, como una locura de bondad, fraternidad e inocencia creadora invulnerables.
Las siguientes estrofas escritas por Chamalú, indio quechua que vive en Cochabamba, Bolivia, de alguna manera describen el andar de Horacio Rossi por el mundo:
Soy guerrero
mi espada es el amor
mi escudo, el humor
mi hogar la coherencia
y mi texto, libertad
Horacio fue un hombre extensamente bueno, poeta caminante inclaudicable, un guerrero de amor y libertad, un ángel en la tierra.
Qué mejor regalo que su vida…
*Guillermo Heredia
Noviembre de 2008
Homenaje*
"Perduro como un árbol cuya sombra te llevás sonriendo."
Horacio Carlos Rossi
en la Terraza.
(1953-2008)
El domingo 4 de octubre nos vamos a reunir en el árbol, el lapacho de Boulevard, para homenajear a Horacio Rossi en el día de su cumpleaños.
La cita es a las 18.00 h. en Boulevard Pellegrini entre 1º de mayo y 4 de enero, frente a su casa.
Luego, con los que quieran acompañarnos, recordando la significación que tenía ese día para él, en Dai Sladsky, Bvard. Pellegrini 2969, compartiremos una torta en su nombre.
Los esperamos!
*Enviado para compartir por Oscar Agú. cachoagu@yahoo.com.ar
-El próximo domingo, 4 de octubre, es la fecha del que era el cumple de Horacio. Nos vamos a reunir a las 18 hs para recordarlo. Ese mismo día, domingo, a la noche en un programa radial "El hombrecito del azulejo" (LT10) se van a leer texto de él y de sus amigos recorándolo.
Correo:
No llores por Bahía, Buenos Aires*
Ya nadie puede recordar si acumulamos 10, 20 o 45 días de suspensión de actividades en el Puerto de Bahía Blanca. Unos por bloqueos de la vía navegable; otros por reiterados cortes de accesos y otros por, digamos, amenaza de colecta recaudatoria por parte del Gobierno Platense. digo, Provincial.
Esta vez han parado todos los puertos bonaerenses pero, igualmente, ni miras de ser noticia en los diarios de Buenos Aires y el País. Más de 8.000 trabajadores afectados directamente solo en Bahía Blanca. Algunos millones de ciudadanos afectados por las medidas y los paros al tener que seguir o
volver a operar cargas de exportación e importación exclusivamente con el Puerto Porteño (de Buenos Aires), tal en la Colonia. Tal en la Independencia.
Para el caso de Bahía Blanca, donde el Puerto es una figura autónoma, aunque, en definitiva, propiedad de la Provincia, el proyecto de Ley (ya aprobado en legislatura), se arroga el derecho de recaudar impuestos a las cargas movilizadas (una suerte de Aduana paralela), en valores del orden del 140% de lo que por toda operación, desarrollo, mantenimiento y servicios facturan los Puertos de Bahía Blanca (Autónomo), y de Rosales (Provincial).
En síntesis, el leve intento por ofrecer un puerto cercano a las producciones regionales no agropecuarias, se aleja abruptamente por imponer una medida QUE BENEFICIA FUNDAMENTALMENTE AL PUERTO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (Ni siquiera a Dock Sud).
Como alternativa, se le ha ocurrido al Gobernador imponer un impuesto a la facturación portuaria del orden del 30% bruto invitando a los puertos a aumentar la tarifa en tal orden. Es decir, consolidar aún más la expulsión de los nuevos cargadores no agropecuarios del Puerto de bahía Blanca y de cualquier otro interfaz marítimo en la provincia HACIA PUERTO NUEVO. Y, de paso, invitar a los históricos exportadores granarios y aceiteros a que prueben mejor suerte en los puertos al Norte del Arroyo del Medio, en la Provincia de Santa Fe sobre el Río Paraná, el que explota Hidrovía, la empresa amiga de todos los Presidentes.
Buenos Aires llora por Kraft (Terrabusi), por Sevel, por el supermercado de Hi Ki Pin en Flores, pero ningún medio sostiene la información de lo que ocurre en los puertos de Buenos Aires luego de 10 días de paro total y docenas de grandes buques que no han podido operar.o se fueron a Buenos Aires o el Río Paraná.
Más patético es que los locales prefieren que los medios de la Gran Ciudad ni mencionen el tema. No entienden que si no suena el río en la megalópolis porteña, las autoridades y dirigencia empresarial o pública de ella misma PUEDE HACER LO QUE QUIERA CON LOS DESTINOS DE NOSOTROS, los habitantes más allá de Avenidas Rivadavia, Nazca, Ruta 210, Ruta 6 y la costa del Río de La Plata (Imaginen ese pequeño y poderoso espacio).
Buenos Aires no llora por el lamentable tranvía de Lugano, el deterioro ambiental de Villa Caraza o la espantosa realidad de Bella Vista, menos quiere llorar por Bahía Blanca o Mar del Plata, cuando lo que en realidad quiere, es quedarse con la torta económica y laboral.
*de Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com
- Septiembre 29 de 2009. Ingeniero White - Buenos Aires -
*
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