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<title>BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO </title>
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<pubDate>Sat, 21 Nov 2009 02:05:16 +0100</pubDate>
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<title>BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO </title>
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	<title>NUESTROS NIÑOS SON NUESTRA HISTORIA...</title>
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		<description><![CDATA[<p>PETICIÓN DE MANO*</p>
<p> Comenzando el tercer grado, Allan se aparece en la casa de Olivia, y le dice a la madre que está "aprovechando que está sola" para pedir su mano. La mamá, que simpatiza con el niño y sabe de su fascinación por su hija, le responde.</p>
<p>-    Está bien, te doy permiso para que seas su novio. - reflexiona - pero no entiendo por qué Olivia no me lo dijo antes.<br />
-    Es que ella no lo sabe - responde Allan, muy serio.<br />
-    ¿Cómo?<br />
-     No lo olvide - explica él con esa carita de hombre recortado -, en preescolar, después de una reunión de padres, nos vio jugando y me dijo que antes de ser novio de Olivia tenía que pedirle permiso a usted. </p>
<p>Eso estoy haciendo.</p>
<p>*de Marié Rojas.</p>
<p>NUESTROS NIÑOS SON NUESTRA HISTORIA...</p>
<p>ALBRICIAS PARA EL KELO*</p>
<p>No sé si El Kelo se lo merece, pero he pensado algunas veces en escribirle un libro entero para él. El sonido de su nombre siempre hace estallar súbitamente la infancia, la del lienzo blanco, percudido, provisorio.<br />
La infancia con el barrilete orgulloso, multicolor, bramando en lo alto del cielo más hermoso del planeta. Ojalá El Kelo leyera estas palabras que quieren ponerlo definitivamente cercado, límpido, casi en fuga desesperada contra la acechada muerte. Tal vez ese loco nunca llegue a enterarse que no le he perdonado la incumplida promesa del autito, pero siempre agradecí el equipo de fútbol estrenado en un partido que perdimos.<br />
No hubo juguetes en mi infancia. Pero no faltó la honda asustadora de pájaros y un cuzco seguidor y fiel, todo de blanco. Y los inviernos eran duros, aunque la cocinita a leña quemaba su buen fuego, mientras asábamos apetecidas batatas en su ceniza acogedora y humilde.<br />
Cuando El Kelo venía el pueblo era una fiesta. Su risa de grandes dientes que  el agua de otros ríos y el tabaco fueron amarillentando, pugnaba por romper la modorra empecinada de mi pueblo. Me gustaba ver a mi padre con sus muchos hermanos hablando de cosechas, de fenecidas cacerías infantiles y del calibre y la potencia de las armas. Con bastante frecuencia me llevaban de caza, en aquel tiempo tan hermoso.<br />
Yo, con mi bolsito recogedor de perdices muertas y mi afán de cazador incipiente pedía al Aurelio en mi entusiasmo alguna vez prestada la escopeta. ¿Y quién duda que fui un David Crocket en un horizonte de alfalfa?<br />
Y en estampido sin rumbo más de una vez asusté la distracción de una liebre junto a las vías rodeadas de gorriones y de yuyos.<br />
Al regresar El Kelo hablaba de sus viajes. Incitaba a la aventura. Esa vida azarosa, de grandes horizontes marinos, incendiados crepúsculos, derrotados azahares que obsequiaba a sus novias. Regalaba con generosidad a esas muchachas consecuentes, de ojos soñadores, empañados por una vida monótona y ajena, allí reinaban las agujas, la lana de invierno, la oscura magnolia que se riega en los veranos y aquellos altos peinados que hoy miramos en las fotografías con cierta nostalgia, tal vez porque así se peinaban nuestras tías.<br />
Pero déjenme que les cuente ahora y si es posible aventando la nostalgia y los pesares, de la belleza de Teresa Laura, la menor de mis tías quien siempre me tuvo preferencia. Era muy hermosa, estaba llena de énfasis y estaba llena de vida y amó la declinada luz de los crepúsculos y el fervor amarillo del Otoño y la risa clara, inocente de sus hijos. Pero al cumplir cuarenta años nos dejaba. Como una moneda que se pierde en el barro su sonrisa dejó súbitamente de brillar.<br />
Déjenme que cante ahora que sus huesos fueron comidos por la muerte, yo que nunca soporté lo irreversible, no me resigno ahora, qué quieren que les diga. Odio la muerte. Siempre amé la espiga.<br />
Un poco mayor es mi tío Eduardo. Extremadamente tímido, el Ñato Isaías compartió tantas travesuras infantiles y tantos días de caza y tanto fútbol conmigo y con Aurelio.<br />
Lo trajeron desde mil kilómetros, desnudo, envuelto apenas en una sábana neutra de hospital, con las uñas llenas de arena. Hacía veinte años que la familia nada sabía de él. Yo no lo vi, pero dicen que tenía el cabello quemado por el sol, el viento y la sal marina de aquella ciudad costera donde al parecer vivió.<br />
Me dijeron además que su cara era de asombro, de placidez, otros dicen que de hastío. Yo no sé.<br />
Pensaba escribirle al Kelo, porque siempre dicen que a él la muerte no lo encontrará dormido y mucho menos sin mujer y sin vino. Yo siempre pensé que el destino me lo pondría alguna vez enfrente. Y pensé que tal vez alguna tarde al doblar una esquina lo viera con su mameluco descolorido manejar orondo, alguno de esos autos increíbles, que yo siempre le conocí por fotografías y que tal vez podría oír su risotada quebrando como un cuchillo el tráfago del día.<br />
Pero no. los años pasan y uno ya no sabe si volverá a verlo un día, si vive, si alguna vez se enterará que yo le escribo o si seguirá incansable transitando todos los caminos.</p>
<p>*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p>Simultáneo*</p>
<p>Mi hijo pequeño me da un grito desde su habitación:<br />
-Papá, ¿qué significa simultáneo?<br />
-Que sucede al mismo tiempo que otra cosa, hijo.<br />
El silencio se hace de nuevo en la casa, y aunque intento continuar con lo que tenía entre manos, advierto que he quedado atrapado en la pregunta, o quizá en la respuesta. Todo el rato están sucediendo cosas simultáneas. Mientras yo escribo estas líneas, un perro ladra en la casa de al lado y alguien llora en la de más allá. Lo difícil es encontrar el hilo conductor de esos acontecimientos.<br />
-Mientras tú tiras el pan -me dijo un día mi padre-, un niño se muere de hambre en África, o en la India.<br />
En este caso, el problema no era encontrar el hilo conductor, sino desencontrarlo más bien. ¿Qué culpa tenía yo de que mis pérdidas de apetito coincidieran con aquellas defunciones masivas en el Tercer Mundo? La sincronía, en otras palabras, no implicaba causalidad, pero esa asociación quedó establecida en mi cabeza, a modo de un circuito eléctrico, y ya no podía tirar un trozo de queso sin matar a alguien al mismo tiempo. "Me acabo de cargar a un indio", pensaba tristemente mientras me deshacía del bocadillo de mortadela. Cometí entonces muchos crímenes a los que debo remordimientos incontables. Tendría que explicarle a mi hijo que dos hechos simultáneos no tenían por qué depender uno de otro, para que no sufriera. Así que a la hora de la cena le dije:<br />
-Que dos cosas sucedan a la vez no quiere decir que estén relacionadas, hijo.<br />
-¿Entonces por qué suceden a la vez?<br />
Supe que cualquier respuesta que le diera sólo serviría para aumentar su confusión y la mía, sobre todo la mía, de forma que cambié de tema y, simultáneamente, me atraganté. El niño me lanzó una mirada irónica y yo decidí que mi padre llevaba razón, aunque ello supusiera cargar con la responsabilidad de todas aquellas muertes africanas.<br />
No tenemos remedio.</p>
<p>*de Juan José Millás.</p>
<p>*Fuente: http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/millas/articuento172.htm</p>
<p>Aquella luz de abril*</p>
<p>*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar  </p>
<p>Antes los crepúsculos rodaban como peñones violetas sobre todas las conciencias en los atardeceres íntimos, quietos y un poco desolados. Era cuando el mundo comenzaba y, no era entonces importante un poco o mucho de tristeza, porque siempre había un motivo cierto de alegría, y también el sueño de uno que se inscribía en otro más alto, más grande, que abarcaría todo el futuro, donde los niños volverían a nacer perfectos, diremos parafraseando a César Vallejo.<br />
De todos modos, optimismo y juventud iban de la mano, aunque Borges supo decir no sin razón que a cierta edad temprana de la vida se sienta la vocación del sufrimiento, cuanto más gratuito y cuanto más pegado a los ideales, mejor.<br />
No era entonces raro -no podía serlo que tras una ilusión no importa si lejana, no importa que irrealizable, lo bueno era que una circunstancia feliz nos ponía con la energía a mil. Podía ser -según la edad una promesa, la de un juguete, por ejemplo, que nunca teníamos, o una salida al cine a ver una película esperada, o un viaje, o, ya más grandes, una fiesta, un baile, lo posible ponerse de poder mirar unos ojos anhelados y que, en lo posible, esos ojos nos miraran. Aunque sea, un poco, nada más.<br />
Todo esto nos serviría para esperar el sueño blando con una sonrisa que nuestra madre adivinaba en la profunda oscuridad.<br />
También estaba aquella pasión excluyente de entonces, el fútbol.<br />
Ya como meros espectadores, como hinchas o también como protagonistas de los picados de potrero o con los equipos: camisetas, pantaloncito y botines, se entiende.<br />
También estaba aquello de cierta luz evanescente, que subía en los atardeceres del mismísimo pasto ya expuestos o expectantes de rocío, que vendría en poco tiempo a fecundar esas hojitas verdísimas, alegres de tanto sol, de tanta luz, la misma luz que encendía hasta las más oscuras conciencias y las haría despertar.<br />
Era la luz sin embargo la que iba cambiando la ilusión de las cosas y a veces las trasportaba en mera ilusión de los sentidos, sobre todo en las siestas, cuando la luz densa de octubre filtraba ese polvillo que el poder de las flores diseminaba en el aire, y el polvillo que los vehículos esparcían sobre los seres, las plantas y las cosas mismas lograban un ámbito de inusitada rareza, algo que nosotros percibíamos aún sin observar demasiado.<br />
Esa es la luz que llevo conmigo, la misma luz que envolvía a mi madre, a sus quehaceres humildes pero fundamentales para que toda la casa funcionara como una pequeña orquesta, pero en esa misma pequeñez oficiaba de orden para que el universo funcionara, los animales parieran y los pájaros cantaran en su<br />
plena testarudez, con o sin sentido, con alegría obcecada, porque sí, porque obedecen a un orden que está por encima de la estupidez humana como esa pequeña florcita de malvón que no llega a rojo, pero se le aproxima cuasi pálido, no ostentoso, humilde, pero pleno en su esplendor que arrasa toda prevención, y alienta todo desatino, desde esas ollas viejas que ofician de macetas, y que mi madre dejó al pie del ceibo que sus manos plantaron y las dejó allí, con intenciones de seguir regándolas todas las mañanas, pero un día no pudo, y no por olvido voluntario, sino porque de improviso emprendió ese camino que le quitó de nuestro amor para siempre, aunque duela y no haya resignación posible y uno deba recordarla -como era- en un pasado que se torna irremediable a fuerza de ser inquirido.<br />
Pero así son las cosas. Así deberemos aceptarlas.<br />
Sin embargo, otro día, otra tarde se apea en mi recuerdo y no en octubre sino abril y media tarde. El perro ladra, un sulky se aproxima lentamente por esa cortada cubierta de gramilla donde nunca llega nadie, sólo tía Argía, muy de vez en cuando y lo hace en sus viajes al pueblo desde aquella chacra lejana, más lejana y sola en mi memoria.<br />
El caballo se detiene al chasquido seco de su látigo que golpea el aire seco, duro, como una lámina estática de aceite.<br />
Yo estoy feliz, y no sé por qué. Tal vez alguna víspera de un encuentro futbolístico, tal vez alguna expectativa de una salida al cine ya que rara vez me concedían ese esperado permiso.<br />
No sé, no sé.<br />
A veces vuelve esa tarde y vuelve esa luz que no eludía mariposas porque no era la época, pero sí los pájaros que en ese tiempo eran numerosos y esquivaban limpiamente los temibles gomerazos que dirigíamos a esa felicidad desprevenida que ostentaban un evidente desenfado, y, de vez en cuando uno<br />
caía con el piquito en sangre, asesinado.<br />
¿Pagaré alguna vez aquella punta de gorriones que se transformaban en almuerzos de mi gato?<br />
Hoy, adulto, apelo a mi inconciencia de niño, para dar una razón, a tanto daño inútil, evitable. Pero muchas veces uno -más en ese tiempo actúa por mera imitación, lo cual no quita la culpa, tal vez la morigera.<br />
Con esto quiero dejar constancia que un día de abril pudo ser confundido con el día de un octubre cualquiera, por la confusión de aquella luz que ponía vida, esplendor y alegría sobre las cosas.<br />
O, a lo mejor, digo, la alegría en mí por alguna cosa que ya no recuerdo, seguramente fútil, o no, tal vez son importantes en ese tiempo y hoy ya he olvidado, como tantas cosas en la vida.</p>
<p>PSICOANALISIS DE UN HIJO DE PADRES DESAPARECIDOS<br />
Niño exiliado*</p>
<p>"Nuestros niños son nuestra historia social", advierte el autor, al referirse al chico cuyos síntomas expresaban "el temor a estar eternamente condenado a elegir entre un dilema de hierro: traicionar la causa de sus padres para poder salvarse o tener que inmolarse como ellos y por ellos".</p>
<p> Por Juan Carlos Volnovich *</p>
<p>El espacio del síntoma, en el análisis de niños, es también escenario de una historia social que impone su presencia y torna estéril cualquier intento por silenciarla. Nuestros niños son nuestra historia. Cada generación se apropia de la historia al advenir a ella y encarna los mitos de las que la preceden. Nuestros niños, como historia nuestra, son testigos-testimonio de un proyecto genocida, de una empresa de exterminio y, en cada síntoma, en el más banal de los síntomas del menos neurótico de nuestros niños, habla el espanto y la tragedia que amenaza repetirse a cada paso. Nuestros niños y nosotros, en el más aséptico análisis individual, estamos marcados por los mismos horrores.<br />
Me referiré a Andrés, un pibe que analicé cuando regresé del exilio, allí por 1985. Tengo presente su mirada celeste, tierna, escrutando mi lugar y mi persona. Frente a mí está ese pibe rubio de nueve años, obediente, educadito. Está turbado. Cuando nuestras miradas se entrecruzan, se ruboriza; con su inhibición y su vacilación me va dejando entrever que no está cómodo, que no sabe qué hacer. Pasa así un largo rato y la impaciencia -la suya, la mía- aumenta. Entonces, ¿qué vamos a hacer si ni él sabe decir ni yo preguntar?<br />
Andrés tenía poco menos de dos años cuando lo encontraron acurrucado en la bañera, vestido. La puerta del departamento estallada, los estragos de la violencia militar por doquier y, desde entonces, la ausencia definitiva de los padres. Una vecina lo recogió y luego lo cuidaron compañeros de militancia de los padres y familiares; pocos meses después, su abuela lo recibió, cuando aún no había aprendido a hablar, en lo que llegó a ser un confortable exilio parisino. De allí regresó a los nueve años, en marzo de<br />
1985, y aquí nos encontramos. Vivía entonces solo con su mamá (su abuela) y su único síntoma: una otitis crónica con perforación del tímpano, por lo que "hay que cuidarlo mucho y no dejarlo salir" en invierno "por el frío,  ¿sabe?". En verano no puede ir a la pileta por aquello de meter la cabeza en el agua.<br />
Extraña París, claro; se conmueve -y me conmueve- cuando habla de su perrito francés que no pudo traer.<br />
-Si perdí a mi perrito, entonces, es que siempre voy a perder las cosas que quiero.<br />
En nuestro segundo encuentro vacila, pero finalmente se decide:<br />
-Te voy a hacer un dibujo -dice.<br />
Es un hombre con la camiseta del seleccionado argentino, en medio de un camino absolutamente desolado.<br />
-En París tengo un amigo. Federico se llama. Federico también es exiliado, pero él se quedó allí. El perrito está con Federico.<br />
El "exiliado" resonó con la intensidad de un escalofrío. Funcionó como clave y contraseña. Entonces, me dispara un:<br />
-Vos también estuviste exiliado, ¿no?<br />
Entonces, el turbado soy yo, que no sé cómo hablar ni cómo callar. Pienso que llevo más de veinte años de oficio. Podría haber aprendido a ser más eficaz, me digo. Siento la misma precariedad de un novato; o peor. Y para colmo, allí está él, que me asedia con su mirada cándida y su palabra. Sé que ahora lo escribo como antes respondí en silencio. No obstante, para mi asombro, "exiliado" funcionaba.<br />
Funcionó como clave articulante entre el perrito y Federico, ausentes, y yo, un desconocido presente a encontrar. Sólo que ese encuentro no estaba fundado en la competencia de mi práctica psicoanalítica<br />
-testimonio de un saber-, sino que partía de un equívoco de creencias: Andrés pensaba que podía confiar en mí, que yo podía entenderlo, más que como psicoanalista, como exiliado. Y yo pensaba que no era mi saber competente sino la incomodidad de mi silencio la que había habilitado el lugar para que sus<br />
dibujos y sus palabras comenzaran a fluir. Y fluyeron. Llegaron las sesiones, los juegos, los dibujos, las asociaciones y los sueños.<br />
Si contenido hubo en las sesiones, eso que solemos llamar "material", porque lo produce el paciente; si intervenciones hubo, eso que solemos llamar "interpretaciones", porque las dice un analista, versaron sobre cómo la pérdida y el dolor llevan a sentimientos de vergüenza. Y la vergüenza es una dificultad muy grande. La vergüenza es difícil de decir y es difícil de callar. Pues bien, con esa vergüenza, con esa dificultad, estábamos.<br />
A partir de aquí, Andrés se volvió animoso, como la democracia del '85, y empezó a coleccionar calcomanías. Le parecieron lógicas -ya que su papá desaparecido se llamaba Ricardo- aquellas con la banderita argentina como fondo de "R.A.".<br />
Con ellas intenta ocupar (opacar) el vidrio de su ventana hasta que la habitación queda prácticamente a oscuras.<br />
Junta, colecciona, acumula calcomanías y se lamenta por no conseguir "de las de antes", aquellas que se había perdido.<br />
Puedo reconstruir, ahora, algo de lo que entonces le dije sobre su infancia perdida, como un tiempo lejano, inapropiable, opaco. Algo sobre el dolor resultante de esa opacidad y sus esfuerzos por recuperar, guardar, atesorar, coleccionar al fin, aquello donde él se reconoce. Aquello que lo representa y refleja.<br />
-Sí, pero se me pierden -rezonga-. Nunca las encuentro. Si no las pego en el vidrio, se me pierden. Yo nunca encuentro lo que guardo. No sé dónde las pongo. Mi mamá dice que, si sigo así, algún día voy a perder la cabeza.<br />
Entonces, a través de estas pistas -transparentes en su opacidad-, a partir de estos indicios, tan sabios como ingenuos, se inauguró el análisis; se hizo un espacio para que la palabra alusiva, en la que asoma y se esboza la trampa del texto inconsciente, ocupara el lugar del decir indeterminado de los síntomas.<br />
Si la presencia del síntoma es la pérdida y el olvido: ¿qué silencio le hace estallar el oído? ¿Qué<br />
no-recordado se repite como supuración por ese agujero en el tímpano? Pues, al escurrirse, intenta encontrar una salida, que es fallida, al no estar ligada a la verdad que la causa. Si la cura esperada es que el agujero se cierre para posibilitar la salida (impedida en invierno "por el frío ¿sabe?", y en el verano por el peligro de meter la cabeza en el agua) damos con la paradoja de que el agujero no lo deja salir.<br />
Y se hace coherente, entonces, la culminación del proceso: cuando toda la ventana queda cubierta de calcomanías "R.A." cesa la supuración y cicatriza la herida.</p>
<p>Calcomanías<br />
Por primera vez en muchos años, Andrés está cerrado; su oído, sano. Y, mientras dibuja aviones de despegue vertical y globos aerostáticos, comenta, como telón de fondo, el juicio a los militares que hicieron desaparecer a sus padres y que se escurren por el agujero, rajadura, de una ley fallida.<br />
Cuando, en Semana Santa, Raúl Alfonsín lo convoca para ser testigo de su desmoronamiento, Andrés, al regreso de la manifestación en la Plaza, defraudado, dolido, despega las calcomanías; el vidrio de su ventana se hace transparencia y vacío.<br />
Con el presidente que se le cae, caen las calcomanías y aparecen los miedos.<br />
Tiene miedo a la ventana abierta y al balcón. Cierra todo: postigos y cortinas. Es invierno y no importa, pero, cuando llega diciembre y hace calor, Andrés prefiere soportarlo antes que abrir la ventana. Está<br />
doblemente aterrado: por la ventana abierta y por la irracionalidad de "eso" que le pasa. Y algo más: el viento, el rugido del viento. Ese silbido que lo asusta y lo angustia, y que en un piso alto es inevitable.<br />
Llega marzo, abril: primer aniversario de la Semana Santa Trágica y el presidente -"lamentable", me dice- habla por televisión. Cuando le digo que, seguramente, le duele haber visto a Alfonsín haciendo el ridículo, "cayéndose", y que él quisiera poder valorarlo más y también hacerse valer, volar y tener valor para salir al balcón sin temores, me cuenta un chiste:<br />
-¿A que no sabés en qué se parecen Olmedo, Monzón y Alfonsín? En que cada vez que salen al balcón, hacen cagadas.<br />
Por entonces, Andrés abre sin miedo la ventana y sale triunfante al balcón.<br />
Hasta aquí, tres años han pasado desde nuestro primer encuentro. Años en que tal vez, más que pensar los contenidos, importa rescatar que hubo encuentro, que hubo un lugar en donde Andrés pudo decirse y yo, escucharlo. Un lugar en donde pudo decirse la historia.<br />
Que sus padres desaparecidos, sin enterrar, retornarán mil veces y como rugido silbante, intentarán entrar por la ventana abierta, me parece una evidencia tan obvia que no vale la pena anticiparla.<br />
Que el miedo de Andrés a la ventana abierta es el anhelo de saltar por la ventana, me parece una evidencia que, aun así, llamará a la polémica.<br />
Pero afirmar que la angustia por el desmoronamiento de Raúl Alfonsín es un síntoma de excelente salud, miedo al fracaso del padre, temor a la caída que impida el propio fracaso y la propia caída es, tal vez, menos evidente y más audaz.<br />
Es entonces cuando intentar fortalecer y valorar la posición del padre, aunque sea a costa de tenerle miedo al espacio vacío, ventana afuera, se nos impone como camino posible de la cura.<br />
Porque la ventana cerrada protege de la violencia exterior que derribó la puerta años atrás y, también, del viento rumoroso. Pero el miedo al viento como objeto es mucho más, es miedo a ser objeto del viento. Es el temor a estar eternamente condenado a elegir entre un dilema de hierro: traicionar la causa de sus padres para poder salvarse o tener que inmolarse como ellos -y por ellos- para saldar su falla. Destino de sobreviviente después de la masacre, ir para donde lo lleve el viento engañado en su ilusión de volar o caer ante la ausencia de una referencia paterna que le impida zafar del vendaval.<br />
Entonces, se ilumina. Tiene que hacer un dibujo conmemorativo del Primero de Mayo y sabe, claro está, de los mártires de Chicago. Pero no. Elige una escena porteña. Un gran cartel en medio de la calle: "HOMBRES TRABAJANDO" y, detrás, un policía blandiendo el bastón sobre la cabeza de un trabajador.<br />
Se divierte en la sesión mientras lo dibuja y le sale "copante". No obstante, en la sesión siguiente, me cuenta que cambió de opinión y que no lo presentó. En su reemplazo hizo otro "menos político".<br />
-Vos sabés. No me conviene que el profesor de dibujo, que es medio facho, se ensañe conmigo. Ni es bueno que yo me regale así nomás.<br />
Si propongo este fragmento clínico es porque en la presencia elemental del síntoma de Andrés, en la supuración de su oído, en la fobia a la ventana, en el miedo al viento, todo se anuda, la trama confluye y torna inútil la pretensión abarcativa de comprender psicoanalíticamente -o sólo psicoanalíticamente- el síntoma y su destino.<br />
El tímpano y la ventana soportan la angustia que a su vez condensa una historia individual y social que en el proceso terapéutico me incluye y torna interminable su análisis.<br />
Sería esquemático y simplista establecer una continuidad entre el fantasma y lo social. Todo se superpone. En la historia de Andrés, las dos vertientes hacen coalescencia o telescopan las escenas. Y esta escena me incluye y me interpela.<br />
Si propongo este fragmento es para buscar en su lectura, como quien lee un diccionario compacto y minúsculo -cuerpo infantil-, el trazo elocuente de nuestra historia de hoy: historia de un país, de una familia, de un niño.<br />
Ese trazo histórico, ese latigazo encarnado, ese sujeto hecho síntoma es, claro, núcleo de verdad histórica. Testimonio mortífero. Marca de violencia.<br />
Violencia que ocupa, prepotente, el lugar protector, habilitante, de la ley.<br />
Violencia que lo dejó huérfano, que lo arrojó al exilio y que hace retorno en el cuerpo agujereado y supurante; en el miedo a la ventana abierta por la que, acaso, pueda caer o se cuele el viento.<br />
Pero ¿qué violencia? ¿La del régimen que hizo desaparecer a sus padres o la de sus padres que, al desafiar al régimen, lo abandonaron? ¿Actualización contingente, a los doce años, de sus fantasías parricidas o sufrimiento por tenerlas vedadas? ¿Desajuste, esfuerzo de adaptación de un casi francesito en migración, desexilio, que vuelve a una patria a la que, se sabe, uno nunca vuelve, siempre va, porque ya es otra?<br />
Han pasado casi veinticinco años desde nuestro primer encuentro, aquel de las miradas anhelantes y turbadas. Veinticinco años en los que, tal vez, más que pensar los contenidos pertrechados de mi doctrina (episteme con el que pudiera articular cierto discurso explicativo), importa rescatar que hubo<br />
encuentro, que hubo un lugar en donde Andrés pudo jugarse y decirse y en donde yo pude escucharlo. Andrés terminó su análisis en 1989 y desde entonces nos hemos vuelto a ver, ocasionalmente. Una de ellas, cuando el decreto que indultó a los militares volvió a reactualizar el horror del desamparo.</p>
<p>* Extractado de un artículo incluido en Subjetividad y contexto-Matar la muerte, coordinado y prologado por Gregorio Kazi, que también incluye textos de Enrique Carpintero, Ivan Fina (coord.), Horacio C. Foladori, Gilou García Reinoso, Alfonso Lans, Daniel Navarro, Marcelo Percia, Alberto Sava (coord.) y William Siqueira Peres. El libro será presentado el próximo sábado de 11.15 a 12.45 en el Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos de Madres de Plaza de Mayo.</p>
<p>-Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-135523-2009-11-19.html </p>
<p>Los lobos*</p>
<p>Me pregunto si alguna vez podremos<br />
librarnos del asedio de los lobos,<br />
cuando creemos que al fin se retiraron<br />
vuelven y nos recuerdan / con sus aullidos,<br />
que aún están allí, agazapados,<br />
con su hambre de carroña,<br />
con sus fauces atroces,<br />
tratando de alcanzar, con un zarpazo,<br />
los restos del festín.<br />
Algunos se han cubierto la pelambre<br />
con el cuero de algún cordero muerto<br />
y simulan, no sin arduo trabajo,<br />
una digna actitud de mansedumbre.<br />
Pero no pueden con su naturaleza<br />
y al verlos todos juntos mostrando ya sus garras,<br />
gruñendo desconfiados de su propia jauría,<br />
me invade nuevamente la profunda tristeza<br />
de pensar que, además, podrían tener cría.</p>
<p>*de Celina Vautier.  celka@arnet.com.ar</p>
<p>*</p>
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<p><a href="http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/19/nuestros-ninos-son-nuestra-historia#comments">Comments</a></p>]]></description>
	<pubDate>Thu, 19 Nov 2009 18:26:31 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>DESPERTÉ CON EL TIRÓN DE MIS RAÍCES...</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/15/desperte-con-el-tiron-de-mis-raices</link>
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		<description><![CDATA[<p>HISTORIAS</p>
<p>El arcón de las ausencias</p>
<p>deja asomar historias,</p>
<p>pequeñas y largas historias </p>
<p>inconclusas en el tiempo.</p>
<p>Contarlas no tiene objeto,</p>
<p>serían olvidos negados</p>
<p>por quienes nunca partieron</p>
<p>en busca de un unicornio blanco.</p>
<p>Y echarlas a volar al viento,</p>
<p>se confundirían con palomas</p>
<p>pero al volver no habría nido</p>
<p>que protegiera su insomnio.</p>
<p>Así que cierro mi arca</p>
<p>y acuno historias de olvido.</p>
<p>*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar</p>
<p>DESPERTÉ CON EL TIRÓN DE MIS RAÍCES...</p>
<p>El regreso*</p>
<p>Doctor Bautista Simón Illapantac, lee a través de la transparencia de la caja, en la tarjeta que encabeza el lote de doscientas. Los títulos, la profesión, con todo eso que le ha costado tanto regresa a su pueblo, vuelve a su hogar y a la curiosidad de verla a Alicia.</p>
<p>Kilómetros más kilómetros cambiando follaje por piedra, subiendo en diagonal de sur a norte hacia las estribaciones de los Andes, y después de transbordar en San Salvador para alcanzar el micro local, Uquía, clara hasta hacer daño a los ojos. Valle elevado y angosto de tierra pedregosa, calles estrechas que suben y bajan, casas blancas de techos ásperos, contiguas; otras casi suspendidas en la ladera del cerro –imponente Huaca-.</p>
<p>El colectivo empolvado frena suave en la esquina sin ochava del almacén de Pedro. Todo está igual, piensa. Su madre, esperándolo, lo desmiente; enjuta, con sus trenzas desteñidas en finos trazos blancos. Entonces se da cuenta que pasó una vida, una vida sin verla encanecer de a poco, ni descubrir cada nueva arruga en su rostro moreno. A su lado, una mujer que desconoce, la acompaña.</p>
<p>Se descuelga del micro y abraza a su mamacita en cuerpo y alma, llora de emoción al sentirla tan cerca, cuando desvía la vista, advierte que la desconocida es Alicia, la que prefirió quedarse en el pueblo. La atrae, reteniéndola con amor ido en un segundo tras haberlo defendido por años. Impacto brusco, desilusión, todo junto.</p>
<p>Flanqueado por las dos mujeres camina el trecho que lo separa de la casa y a medida que sube la cuesta, su mirada  abarca más y más el caserío engalanado para el festejo. Saluda a los amigos, pregunta por sus hermanos, los cinco desperdigados a lo largo de la Quebrada, con distintas ocupaciones y en familia.</p>
<p>Entra al hogar orientado al Este, su maleta recala. Le salen al encuentro el mismo olor a humo de la infancia, idénticos colores, aunque menos brillantes, pero cuanto más pequeña y chata le parece la casa. Busca en  el patio al árbol de ramaje tierno, las ramas nudosas del lapacho lo ignoran traspasándolo de frío en el mediodía caluroso. Se ve niño parado en el mismo lugar, con los ojos  fijos en la copa del árbol, esperando que caiga una flor en el cuenco impaciente de sus manos… Si alguna conservada entre dos hojas de un cuaderno llegó con él a Buenos Aires. </p>
<p>Junto a los fieles asiste a la procesión que recorre Uquía, suben y bajan del cerro serpenteando por el camino polvoriento. Finalizada la ceremonia, la imagen vuelve a su pedestal en el altar mayor, la custodian las pinturas de los ángeles arcabuceros, expresión cándida y paradojal del arte indígena. Repica el campanil en la iglesia caleada para la ocasión y se dan la mano Viracocha y la Virgen, en paz  regresan los píos a su continuidad.</p>
<p>Empecinado en los recuerdos sigue buscando los afectos, le confía a Alicia su desasosiego. Ella lo escucha con atención. Él se desnuda fragmentado, tratando de conciliar la realidad con sus vivencias de adolescente. Intuye que ha perdido su lugar sin esperanzas de recuperarlo.</p>
<p>El doctor Bautista Simón Illapantac, especialista en vías aéreas superiores no hace falta en el pueblo, donde sus habitantes se ríen del apunamiento y siguen mascando coca para evitarlo, tienen su propia medicina y otros códigos, distintas alegrías y preocupaciones ajenas.</p>
<p>Ya no encaja Bautista en esa dinámica primitiva, tan hermética y a la vez tan íntegra, que al compararla con sus once años de estudios terciarios siente que los conocimientos adquiridos lo han llevado como por un embudo, al que se entra pleno, a los borbotones  y se sale retaceado y mezquino. Y lo perdido, lo perdido lo poseen las dos mujeres por el hecho tan simple de haber echado raíces en el pueblo que las vio nacer.</p>
<p>Lo que podría haber sido para siempre, sólo fue un extenso y merecido tiempo de vacaciones. Se va después de mirar largamente a su madre, se lleva su risa viéndola disfrutar con la fiesta de la diablada en Humahuaca. Hoy Uquía le hace daño.</p>
<p>De regreso a la Capital se detiene en Tilcara y en el Pucará, como un turista más, admira la fortaleza construída por los indios Omaguacas, con su jardín botánico de altura y la curiosa piedra campana que emite un sonido similar al tañido del bronce. Quién sabe cuándo volverá a transitar la Quebrada.</p>
<p>En el otro camino, el de la vida, perdió el tren de la totalidad. Por elección subió al que se bifurca y allá va el flamante doctor, por un carril su corazón, por el otro su acervo, conciliando sentires.</p>
<p>*de Ana Maria Diaz Velo anadiazvelo@hotmail.com</p>
<p>EL ÁRBOL*</p>
<p>     Había decidido cortarlo, le traía demasiados recuerdos. Había crecido a su sombra, en su tronco tenía las iniciales de sus amores, que ascendían en la medida en que su cuerpo se estiraba: amor de infancia, amor de adolescencia, amor de adultez, aquel oculto amor imposible... No había por qué almacenar tantas remembranzas, era hora de borrar el pasado y vivir el presente.</p>
<p>         Llegaron los de la poda y comenzó el lento proceso de derribarlo, el camión esperaba para llevarse los fragmentos. Escuchó el sonido de la sierra, impávido.</p>
<p>         Mas cuando lo vio caer, algo le hizo correr a su encuentro, arrodillarse y contemplarlo, ajeno a partir de ahora del viento y la llovizna, de lunas y de soles...</p>
<p>         Habló entonces, deshojando su último aliento vital, por milagro el árbol, mostrándole su pecho herido de iniciales:</p>
<p>    “Yo te quise más que todos, pues te amé en silencio”.</p>
<p>*de Marié Rojas.</p>
<p>PROTOHISTORIA*  </p>
<p>“Soñé que era un ala, desperté con el tirón de mis raíces.”<br />
CLARIBEL ALEGRÍA - NICARAGUA</p>
<p>Cuanto daría por evadir la impiedad de esa noche.<br />
Cuanto daría, cuanto.<br />
Pajonal jadeante. Oscuridad.<br />
Abrumadora soledad del médano.<br />
Los pies descalzos han cruzado la gruta del deseo.<br />
Un enero de polvo desolado muerde la prisa del verano.</p>
<p>Aullido martillo. Viento pujante.<br />
Jano mira hacia el Este.<br />
Desnudez fecundada.<br />
Rosa abierta, desangrada y expuesta.<br />
Morir / nacer / penumbra / luz.<br />
Pájaros de papel buscan el crepúsculo  sangrante<br />
del día.<br />
La muerte no tiene futuro.<br />
Rompe el silencio la ternura enmarañada del primer llanto.</p>
<p>Han partido los huéspedes de sombra.<br />
¿Adonde irán? ¿Dónde los llevarán los médanos?<br />
¿Quién llevará la cruz y quién la espiga?<br />
Detrás ha quedado el agua, el eclipse, el brote.<br />
El cardal y una rama de sauce.<br />
Un país desconocido aguarda<br />
Cuánto daría por que vuelva esa noche.<br />
Cuánto daría, cuánto.</p>
<p> *de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>CREPÚSCULO EN “COLONIA HANSEN”*</p>
<p>El viaje lo hicimos por caminos bien cuidados, flanqueados por trigales amarillos y grandes franjas de soja. De vez en cuando un monte y a los costados: yuyos y un cielo limpio alrededor.<br />
Hacía años que no me internaba por ese trazado prolijo de caminos reales que conectaban varias colonias con el pueblo. Hubo varios recodos y cruces, tantos que si mi hermano no hubiera estado conduciendo con seguridad nos habríamos perdido.<br />
Viajamos charlando con entusiasmo, en mi caso escuchando las anécdotas que contaba mi tío Pancho Isaías, gran merodeador de estos campos cuando el abuelo arrendaba el campo de don Carlos Burky, allá por el treinta.<br />
Traté de armar, de ordenar ese rompecabezas del pasado familiar campesino, juntando las que contaba mi padre y estas versiones –nuevas para mí- del tío.<br />
Una cosa era segura: la pobreza, las necesidades, la imaginación de ocho hermanos para inventar los juegos con un padre severísimo y apegado compulsivamente al trabajo como eran aquellos inmigrantes de principios del siglo veinte.<br />
De vez en cuando un cuis cruzaba raudo delante del motor del auto y por la ventanilla veíamos dibujar el aire al vuelo de una bandada de golondrinas que buscaban orientarse en su ruta hacia el mar.<br />
Mientras tanto el crepúsculo giraba lento e incuestionable y allá al fondo del campo un melón naranja languidecía gigantesco.<br />
Antes de alcanzarlo, doblamos.<br />
Mi hermano iba explicando quiénes eran los dueños de estos campos, mi tío constataba con sus recuerdos, que a veces coincidían con la actualidad y otras, no.<br />
Después de un rato de andar, desembocamos en una calle ancha, muy ancha, flaqueada por eucaliptos centenarios, algunas pocas casas, de hondísimos patios que rodeaban cercos de tejidos romboidales, con perros, gallinas que picoteaban con entusiasmo el suelo, perros ladradores.  A un costado del caserío una blanca capilla con su techo típico de dos aguas, pintado de un furioso colorado. Cruzando en diagonal, el edificio de la escuela y otra calle atravesando a ésta por donde ingresamos , no más de una docena de casas y en la esquina donde se juntan las dos anchas calles, el bar de mi amigo Emir y su venta de combustibles. Es el centro del pueblo, tiene teléfono, internet y es estafeta de correos. Me dice que quedan 39 productores que viven en la zona. La colonia está en un punto privilegiado, equidistante de cinco pueblos que la rodean.<br />
Hay también un par de casas cerealeras con sus galpones de acopio, sus máquinas secadoras, sus balanzas para camiones y esas altísimas columnas de hierro que nunca supe para qué servían y mi ignorancia me inhibió de inquirir.<br />
En la única manzana del pueblo está la escuela y el hueco de un antiguo almacén de ramos generales, y un densísimo montecito de higueras, plátanos, olmos, eucaliptos, todo cruzado por lianas de enredaderas salvajes. Allí se interna Salvo, el loco del pueblito, un manso hombrón que dialoga con los pájaros y se pasa horas metido en ese laberinto inextrincable.<br />
Cuando uno camina por ese sitio, sale y se pone al lado. Si uno le habla, no contesta, aunque Emir dice que todo lo entiende. Y luego de caminar algunos metros de silenciosa compañía, desaparece con el mismo sigilo. Cuando los camiones cargan cereal en tiempos de cosecha, se acerca a mirar. Se pasa horas allí. Luego misteriosamente desaparece, escondiéndose entre los árboles.<br />
Así actúa, entonces lo tomamos como parte del paisaje, con toda naturalidad, sin hacer comentarios estúpidos como hice cuando lo conocí. Se llama Salvador, pero todos le dicen Salvo. Tiene dos hermanos más y viven cada uno en una casa distinta, los tres solos, los tres vecinos.<br />
Después de dar una vuelta  a paso lento por el magro pueblito, nos llegamos hasta el bar de Emir Menza, quien con toda indolencia atendía a un par de parroquianos parcos vestidos con ropa de trabajo que evidenciaban su pertenencia al trabajo rural.<br />
Después de los saludos y de recordar por enésima vez cuándo nos conocimos y cuándo nos hicimos amigos (eso forma parte del ritual) nos sacó una mesa al patio (es un decir, mejor dicho a la calle bajo unos coposos paraísos centenarios. Nos cortó unos salamines caseros, hizo otro tanto con un rico queso que se fabrica en la zona, puso una botella de un grueso tinto, una bandeja de pan cortado y se sentó con nosotros.<br />
La sola visión de esos manjares nos puso de muy buen humor a todos.<br />
La casa, una construcción antiquísima y que conoció mejores épocas tiene una cantidad impresionante de habitaciones de las cuales sólo ocupa algunas. En la esquina funciona el bar y una pequeña despensa, al lado tiene la cabina telefónica, su oficina y su computadora, tiene otra habitación que usa como depósito y el resto de la casa está vacía, ya que él vive en una casita enfrente, con su madre octogenaria, que le ayuda en el bar. A un costado tiene los depósitos de combustible. Todo lo rodea una vegetación envidiable.<br />
La tarde mientras tanto retrocedía con el sol que allá lejos – aunque parecía que lo teníamos muy a mano- repartía haces violetas y amarillos que se filtraban tras de los trigales donde los “brasitas de fuego” iban a apagarse tirándose de cabeza, como carbones ardiendo.<br />
La charla se hacía muy animada de a ratos. Miré el rostro de esos hombres que compartían ese momento tan único: mi tío con quien no coincidíamos hacía mucho en el pueblo ya que vive en Córdoba, mi amigo Guillermo que fumaba en silencio, entrecerrando los ojos para evitar su propio humo, mi hermano que no fuma, junto a su infaltable botella de agua mineral.<br />
Ese día quise ser consciente de esa felicidad irrepetible, de ese gozo inmenso que me producía estar así, entre gente querida, que a las ocasiones las suelen pintar calvas y me dije para mí que iba a disfrutar al máximo de ese momento.<br />
De pronto le pregunto a Emir por la antigüedad de la casa.<br />
-         Fue construida en 1897- contestó sin vacilar.<br />
Al parecer por allí iba a pasar un tren y se lotearon cien terrenos, se construyeron las primeras casas, pero luego con el paso del tiempo ante la ausencia de ese factor de progreso, el pueblo no creció más que esas dos  manzanas.<br />
Recordé otras épocas más florecientes de la colonia. Cuando íbamos a jugar campeonatos de fútbol en mi niñez, o ya en la adolescencia íbamos a los bailes que se realizaban en la escuela o en el salón del club ya desaparecido como dije antes. Ni club ni salón, sólo recuerdo.<br />
También tuvo su época de oro en la década del sesenta cuando un inquieto maestro, muy querido, de apellido Reixach organizaba las carreras de limitada santafesina, tenían un conjunto de teatro con sus ex alumnos y toda cuanta actividad podía realizar para elevar el espíritu lo tenía como un entusiasta propulsor.<br />
Quisimos conocer la capilla, que  uno de los hermanos del loco nos abrió diligentemente.<br />
Con la promesa hecha a Emir de volver otro día a constatar sus dotes de eximio cocinero –ya un mito en la zona- fuimos subiendo de a uno al auto. Le di un abrazo fuerte a mi amigo, quien me hizo prometer que lo llamaría por teléfono “para hablar de política”, ya que además es un caudillo de la zona.<br />
Era ya noche cerrada. No quedaban ni el loco ni el sol ni los pájaros amigos del loco.<br />
Los árboles y las casas sólo existieron cuando los faros del auto los fueron iluminando fragmentariamente y el silencio era el testigo mudo del placer de cuatro hombres reconciliados tal vez con lo mejor de cada uno.</p>
<p> Invierno, 2001 </p>
<p>*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar  </p>
<p>Historias con nombre y apellido<br />
La mujer que nunca pudo dejar de nadar*</p>
<p>*Leila Guerriero<br />
LA NACION</p>
<p>El mantel llegaba hasta el piso y la oscuridad, bajo la mesa, era perfecta.<br />
Allí, sobre las baldosas de la cocina, en la casa de Floresta de avenida Directorio, María Inés, María Cecilia y Germán, los tres hermanitos Mato, practicaban el fino arte de la navegación en fragata imaginaria. Luchaban para intentar el abordaje, desplegaban las velas, tomaban posesión del puente de mando. Durante esas contiendas una de las dos hermanas mellizas llevaba ventaja. Cuando el combate arreciaba, cuando las bombas se hacían insoportables, la hermana llamada María Inés se quitaba la prótesis de la pierna derecha y la usaba como cañón.<br />
Los nadadores de aguas abiertas podrían dividirse en competitivos (aquellos que participan de maratones), no competitivos (los que se enfrentan de forma individual a "eventos clásicos": cruzar el Canal de la Mancha, atravesar el Estrecho de Gibraltar) y los otros, los que nadan en geografías hostiles donde casi no hay registro -por lo menos contemporáneo- de nados anteriores.<br />
No existen en el mundo demasiados sitios como ésos, pero es probable que María Inés Mato, 43 años, nadadora de aguas abiertas -frías-, amputada de la pierna derecha a la altura de la rodilla, haya nadado, de esos sitios, en todos.</p>
<p>* * *</p>
<p>-Mi hermana tuvo el accidente enfrente de mi casa. Estábamos con papá y vino el colectivo. Fue muy traumático -dice Germán Mato, físico, desde la Comisión de Energía Atómica, en Bariloche, donde vive y trabaja desde hace más de 20 años-. Mis padres trataron de protegernos de las consecuencias<br />
emocionales, intentando que no interrumpiéramos la rutina de ir a la escuela. Pero fuimos muy tranquilos. Quizás el problema de Inés hizo que no hubiera mucho margen para generar otros.</p>
<p>* * *</p>
<p>-Yo tenía cuatro años, y el colectivo era muy grande. Fue un problema de desadecuación de tamaños. Crucé cuando no tenía que cruzar. No me seccionó la pierna; me aplastó. Trataron de salvarla, pero estuve por entrar en una gangrena generalizada. Así que, al final, la cortaron.<br />
Le pusieron prótesis y ella rompió dos, por usarlas como cañón, como espada, como garrote contra otros compañeros. La de ahora tiene ya 16 años y se llama Fellini.<br />
-La tengo que cambiar. Siempre está la fantasía de hacértela: elegir una buena madera, tallarla.<br />
Es fornida; lleva el pelo entrecano. Viste jeans, zapatillas, camisas simples, morral indígena. Conduce un auto con un embrague que se acciona desde el volante. Tiene una renguera leve en pierna derecha, apenas. En el colegio la exceptuaron de las clases de educación física y cree que eso, esa excepción, habla del extraño estado de las cosas.<br />
Se hizo nadadora a los seis años, en un club de Belgrano que era también un instituto de rehabilitación. Descubrió que se movía bien en la ausente gravedad del agua y que lo suyo no era nadar rápido, pero sí mucho. Que no la aburría lo cíclico: el ir y venir cual hámster húmedo. Que le gustaba escuchar las cosas que usualmente no escuchaba fuera -el ladrido de los pulmones capturando el aire, el pistoneo del propio corazón- y la visión lateral, disminuida, la desfiguración grácil del mundo.<br />
A los 12 conoció el mar: "El poder de la masa de agua y el ruido, y darse cuenta de que el agua no es totalmente agua porque tiene partículas sólidas". Terminó el secundario, siguió nadando en clubes y empezó a cursar Letras porque era gran lectora y "por absoluta imposibilidad de estudiar cualquier otra cosa". Ahora, su único sustento es el sueldo que gana como profesora de Semiología de la misma facultad donde estudió.<br />
Hasta 1991 o 1992, fue nadadora de piscinas varias y, esporádicamente, del mar. Un día Gabriel Decunto, guardavidas de Mar del Plata, la vio nadar y le dijo: "Vos tendrías que cruzar el canal de la Mancha". Ella lo miró y pensó: "Está loco". Meses después la invitaron a correr una carrera por el río<br />
Paraná.<br />
-Yo nunca había nadado en el río. Y fue increíble lo que tuve con la corriente, con la opacidad del agua, con la textura aterciopelada, mucho más suave que el agua de mar, con el reflejo de los árboles, la caída de las hojas sobre el agua. Hice una promesa interna. Dije: "Esto es mío; yo tengo que hacer esto; tengo que procurarme una forma de estar acá todo el tiempo, de ir nadando a todas partes". Mucho después, tomé un café con David Viñas.<br />
El había sido profesor mío y me expuso un panorama de lo que un estudiante de Letras podía hacer: ser profesor, periodista, crítico. Pero, en un momento, se detuvo y me dijo: "Vos, en realidad, ¿qué hacés?" Y mi respuesta espontánea fue: "Yo nado". Reconocerme como alguien que nada me hizo tomar decisiones. Viajó a Mar del Plata, buscó a Gabriel Decunto y le preguntó:<br />
"¿Vos me decías en serio lo del Canal de la Mancha?", y él le dijo: "Claro", y le presentó a Claudio Plit.</p>
<p>* * *</p>
<p>Plit cruzó el Canal de la Mancha en dos ocasiones y fue campeón mundial de aguas abiertas cinco veces. Nació en Rosario, vive en Mar del Plata, practica yoga, es taoísta y lo primero que le preguntó a María Inés, cuando ella fue a pedirle que la entrenara para cruzar ese desierto de agua, fue para qué quería someterse a un entrenamiento de dos años, acumular volúmenes inverosímiles de nado en el encierro cementicio de una piscina y enfrentarse con ese demonio líquido que sólo había permitido que 70 de los 7000 que lo intentaron lograra atravesarlo. Ella le respondió: "Porque nadar me pone en un vínculo distinto con el tiempo. Y porque no me dan miedo las distancias".<br />
El aceptó entrenarla; ella volvió a Buenos Aires, dejó la facultad, consiguió una beca y se mudó al Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), donde nadó, durante dos años, todos los días, en una piscina descubierta que estaba a su única, total disposición.<br />
-Nadar 12 kilómetros en una pileta fue lo peor. Estás encerrada; rebotás contra las paredes. Si no hacía algo para disociar esa situación, no lo iba a lograr. Y así fue como empecé con la meditación, las visualizaciones y las cartas: escribir cartas de invitación a gente que para mí era importante y<br />
repetirlas durante esas tres horas de nado, como un mantra.<br />
La primera carta está fechada el 29 de mayo de 1995 y dirigida al subcomandante Marcos: "Subcomandante, vamos a la Mancha [...]. Descansemos sólo lo necesario para continuar. Lo que va quedando atrás es sólo eso. El resto, el hilo mínimo que transforma la distancia en tiempo. Subcomandante, vamos, o venga usted aquí, para salir y cuanto antes alcanzar el continente". La segunda está fechada el 15 de junio de 1995 y dirigida a Federico Fellini: "La nave ya está yendo, Federico [...]. Y la nave va a buscarte, a buscarte a vos también, o sobre todo".<br />
-Empecé a visualizar el Canal de la Mancha en las condiciones más terribles, porque te puede tocar nadar con sol, de noche, con tormenta. Siempre se ve la natación como un esfuerzo físico, cuando lo difícil es lo interno. Te podés aburrir, podés pensar "¿qué estoy haciendo acá?". Y lo arduo es tener<br />
todos los sentidos puestos en el presente. Ver qué pide el agua y cómo respondés, porque el agua manda. Yo, además, me había preparado para encontrar el agua muy fría nadando en pleno invierno en Mar del Plata.<br />
Entró al Canal de la Mancha por Shakespeare Beach, Dover, Inglaterra, a las 5.15 del 25 de agosto de 1997.<br />
-Todavía era de noche y el barco guía llevaba las luces encendidas. Yo nadaba en esa aureola de luz, y era como un teatro que se desplazaba. Fue muy poético.<br />
Los nadadores veloces cruzan en menos de 12 horas. Ella recorrió los 47 kilómetros en 12 horas y 48 minutos y, cuando terminó, supo lo que tenía que hacer: no volver a nadar nunca en su vida.</p>
<p>* * *</p>
<p>-Estábamos en Inglaterra, mirando el canal -dice su entrenador, Claudio Plit-. Ella había estado dos años gestionando dinero para hacer el cruce y, para alguien que quiere hacer deportes, toda esa gestión es muy desgastante.<br />
Entonces, me dijo: "Dejo de nadar". Y discutimos mucho.<br />
-El -dice María Inés- me dijo: "¿Qué te queda pendiente?". "Encontrar agua fría", le contesté. El agua del canal estaba a 15, 16 grados, y eso no es agua fría. "¿Y la encontraste?", me preguntó. "No". Entonces, me dijo: "Nunca te quedes con cosas pendientes en el agua". Y fue para seguir el rastro del agua fría en que María Inés volvió a nadar.</p>
<p>* * *</p>
<p>-Chicos, ¿quién me va a buscar una tiza?<br />
Son las 11 y María Inés empieza a dictar su clase de los martes: Semiología, pleno CBC. El aula cementicia, pintada de blanco y verde, tiene una pizarra y 50 varones y mujeres, y banderas que dicen: "Abajo el golpe en Honduras".<br />
Ella habla del sujeto y el objeto del discurso, de Umberto Eco, del análisis aplicado a la carta que Rodolfo Walsh escribió cuando su hija Vicky murió en un enfrentamiento con los militares. Todos la escuchan, pero no se sabe si saben lo que esta mujer hace, lo que esta mujer más es: una mujer que nada.</p>
<p>* * *</p>
<p>-Ella no nada con prótesis -dice Plit- porque no están hechas para nadar, pero para un nadador fondista, la patada no es fundamental. Genera mucha demanda energética y eso, en distancias largas, es un problema. María Inés era buena nadadora de pileta, pero no descollante. En lo que hay que sacarse<br />
el sombrero es en el agua fría. Lo que ella hizo lo hicieron dos, tres tipos en el mundo, y con grasa o neoprene. Ella se mete sin nada.<br />
-¿Qué hacés cuando nadás? -dice María Inés-. Buscar con las manos masas de aguas quietas. En el diálogo entre el nadador y el agua se producen zonas de agua que funcionan como puntos de apoyo. Lo que uno hace al nadar es escalar. Te apoyás en esa masa quieta con las manos, y trasladás tu cuerpo.<br />
Lo central es la toma del agua. Tomar el agua, apoyarte en el agua, subir.<br />
En 1999, ingresó en el libro Guinness de los records cuando nadó 34 kilómetros por el mar Báltico, durante 11 horas y, en parte, a través de una alfombra de aguas vivas. En 2000, nadó 50 kilómetros rodeando la isla de Manhattan durante 9h 50- y la contaminación del río Harlem le produjo vómitos violentos. Un día decidió que ya estaba bien de aquellas aguas amables, por tórridas, de 13 grados de promedio, y buscó su primer destino helado. Eligió el canal Beagle y supo que necesitaba un lugar de<br />
entrenamiento. Miró el mapa, vio el lago Argentino, El Calafate, provincia de Santa Cruz, Parque Nacional Los Glaciares, y se dijo: "Ahí".<br />
-Ya trabajaba en una meditación con cristales de cuarzo. Había elegido un cuarzo salvaje, con una forma muy parecida a la pared de un glaciar, que me acompañó hasta el final, en todos los cruces. Cuando fui por primera vez a El Calafate y expliqué lo que quería hacer, los guardaparques se asustaron.<br />
La gente piensa que te vas a morir. Pero me dieron todo el apoyo. Me llevaban al lago; yo nadaba y, a medida que me iba habituando, decía: "Quiero agua más fría". Y me llevaban más adentro.<br />
Finalmente, el 3 de marzo de 2001, a las 13.01, se internó en el canal Beagle, que sólo habían cruzado la norteamericana Lynne Cox y el mendocino Gustavo Oriozabala. Nadó con una temperatura ambiente de 3 grados bajo cero y aguas a 6°5. La guiaba un barco en el que iban Plit y Vicente Graziano, un flautista que tocó, durante la travesía, la banda de sonido de Cinema Paradiso y que la acompañó, después, en cada cruce. Aquella vez, cuando salió del agua, miró a Plit y le dijo: "No estaba frío. Al final, me voy a<br />
tener que ir a nadar a la Antártida". En 2001, cruzó el estrecho de Gibraltar, en 2003 nadó durante 46 minutos en aguas a 4° a lo largo de la pared del glaciar Perito Moreno y empezó a pensar, muy seriamente, en cruzar el estrecho de San Carlos, que separa -o une- las islas Malvinas.<br />
-Nadar en el glaciar era como ir a Río de Janeiro. Buscaba agua fría y no la encontraba. Hasta que en Bariloche un amigo me dijo: "¿Vos querés nadar en agua fría? Yo te voy a llevar". Me llevó al ventisquero Negro, donde nace el río Manso. Eso es más hielo que agua en estado líquido. Está a 0° 8. Y me tiré. Tres días después seguía con los dedos anestesiados. Dije: "Si puedo nadar acá, puedo nadar en la Antártida".</p>
<p>* * *</p>
<p>El cuerpo humano tiene una temperatura central y una temperatura periférica. María Inés logró, a través de técnicas de meditación y control respiratorio, aumentar o mantener estable su temperatura central aun si su temperatura periférica desciende a niveles drásticos. Cuando fue a ver al doctor Néstor Alberto Lentini, coordinador de tecnología y ciencia del Cenard, le dijo que quería nadar en la Antártida y le contó cómo pensaba hacerlo. Y el doctor Lentini no le creyó.<br />
-Le dije: "Que vos tengas la sensación de que tu temperatura aumenta me parece bien, pero no te lo puedo creer si no lo puedo comprobar" -dice Lentini-. Para probarlo, ella hizo una sesión de concentración mental en su habitación y medimos y confirmamos que la temperatura suya había aumentado un grado.<br />
María Inés Mato entró a las aguas de la Antártida desde la base Jubany, en febrero de 2006, a las siete de la mañana, y después de una noche de perros en la que no pudo aclimatarse, durmiendo en el camarote de un buque oceanográfico y con diez grados todo alrededor.<br />
-La tierra fue más difícil que el agua -dice-. Nadé 20 minutos, pero podría haber seguido.<br />
-A través de una cápsula que ella ingería -dice Lentini-, podíamos controlar la temperatura interna. La temperatura del agua estaba en 2°1 y la externa era de 10 grados bajo cero. La temperatura periférica de ella bajó a niveles de 35 grados, y la temperatura central subió un grado y se mantuvo estable.<br />
Después de un determinado tiempo fuera del agua, empezó a recuperar su temperatura, sin síntomas de hipotermia.<br />
El proyecto del doctor Lentini se llama termorregulación en aguas frías y abre un signo de interrogación a aquel viejo dogma marinero que dice que hombre al agua es hombre muerto.</p>
<p>* * *</p>
<p>Un día de 2007, María Inés estaba en el Parque Nacional Los Glaciares, entrenándose para nadar en las Malvinas, cuando soñó que su cristal de cuarzo se rompía. Despertó con una angustia vaga, pegajosa, de la que no pudo deshacerse. Al día siguiente, tanteando la mesa de luz, desconcertada, su mano chocó con algo y ese algo cayó al suelo y se hizo añicos.<br />
-Era el cristal. Me dio una angustia horrible. Era como una señal. Me fui a ver a un gran amigo que vivía ahí y le dije: "Mirá lo que me pasó: se rompió el cristal". Y me dice: "¿Cuándo fue que decidiste tenerlo?". "Cuando empecé a nadar acá". "¿Y por qué lo elegiste?". "Porque tenía esta forma parecida<br />
al lago Argentino". "¿Y vos viniste acá para ir dónde?". Y le digo "A las Malvinas". "Bueno", dice, y pone los trozos del cristal roto sobre la mesa: "Ya es tiempo". Los dos pedazos del cristal tenían la forma de las islas.</p>
<p>* * *</p>
<p>-Ella -dice Plit-empezó muy deportista y los últimos cruces no fueron tan físicos sino mentales. Es una nadadora intelectual y llenó esos cruces de arte. Por eso, entiendo que ahora ya no quiera nadar más. Porque su cuota deportiva la cumplió.</p>
<p>* * *</p>
<p>El viernes 21 de marzo de 2008, María Inés fue, por última vez, la nadadora: cruzó el estrecho de San Carlos, que separa la isla Gran Malvina de la isla Soledad. Ocho kilómetros cubiertos en tres horas con el agua a 9 grados.<br />
-Fueron unas aguas tan raras. Como si fueran hojaldre, como capas de agua.<br />
Yo pensaba: "¡Pucha! Tantas aguas recorridas y ésta viene a ser el agua más rara de todas". Pero fue maravilloso. Ahí dejé enterrados los trozos del cristal y cerré. Terminé con las aguas abiertas. Sigo nadando, cumpliendo aquella promesa que me hice de nadar en todos lados, pero al final no encontré el agua fría. Entonces, ya está, porque no hay aguas más frías que esas.</p>
<p>Más frías que las aguas que no existen: las aguas que soñó.</p>
<p>El personaje<br />
MARIA INES MATO<br />
Un ejemplo de superación</p>
<p>Quién es: nadadora de aguas abiertas. Profesora de Semiología en la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Coordinadora del área de Deportes de la misma facultad. Perdió parte de su pierna derecha en un accidente, a los cuatro años. Nació en Buenos Aires en 1965. Es soltera.<br />
Qué hizo: cruzó el Canal de la Mancha en 1997. Gracias a ejercicios de meditación y respiración, pudo nadar sin protección térmica en aguas heladas como las del ventisquero Negro, cerca de Bariloche; el glaciar Perito Moreno, el Canal de Beagle, la Antártida y las islas Malvinas.</p>
<p>*Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1199465&pid=7673346&toi=6267 </p>
<p>Alicia y la maravilla*</p>
<p> Alicia vuela.</p>
<p>    En azules unánimes.</p>
<p>  Se rompen las estatuas, el tiempo circula,</p>
<p> vuelve al momento</p>
<p>  en que con el pie en punta, los brazos alzados,</p>
<p>   Alicia se despega.</p>
<p> Y en el mismo instante bifurcado</p>
<p>  se junta</p>
<p>   con la caricia de un suelo de conejos.</p>
<p>*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar</p>
<p>*</p>
<p>Inventren Próxima estación: CASBAS.</p>
<p>Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar</p>
<p>http://inventren.blogspot.com/</p>
<p>*</p>
<p>Apreciadas amigas, queridos amigos,</p>
<p>Este domingo 15 de noviembre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del grupo costarricense Editus. Las poesías que leeremos pertenecen a Pablo<br />
Neruda (Chile) y la música de fondo será de Darío Robayo (Colombia).<br />
¡Les deseamos una feliz audición!</p>
<p>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at<br />
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!<br />
(Recomendamos usar http://24timezones.com/  para conocer las diferencias horarias).</p>
<p>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!</p>
<p>Freundliche Grüße / Cordial saludo!</p>
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www.euroyage.org </p>
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<p><a href="http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/15/desperte-con-el-tiron-de-mis-raices#comments">Comments</a></p>]]></description>
	<pubDate>Sun, 15 Nov 2009 14:48:57 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>SIN MOLESTAR AL VIENTO NI AL SILENCIO...</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/10/sin-molestar-al-viento-ni-al-silencio</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/10/sin-molestar-al-viento-ni-al-silencio</guid>
		<description><![CDATA[<p>SIN MOLESTAR AL VIENTO NI AL SILENCIO...</p>
<p>Poema de Cachi*</p>
<p>*De Horacio C. Rossi - en la terraza<br />
(Oct.1953/mayo 2008)</p>
<p>Poema de Cachi … sin molestar al viento ni al silencio…<br />
alta naturalidad de luna y sol<br />
y frío (para mí: llego del llano, de los grandes ríos)… </p>
<p>y es así… </p>
<p>sonando esa lengua kakán de los hombres y mujeres llamados, según dicen, pulares, cuyos misterios todaviaún persisten…<br />
lengua castellana de acá, </p>
<p>como la lengua venida de por allá, traslamar, y que una vez fue mía, la de allá, venida, y que ahora me hizo suyo, la de allá, llegada… </p>
<p>sonando esa lengua kakán, digo, sobre la vía del río entre los inmensurables cascotes…<br />
en viaje presoñado, hacia poema…<br />
pudiendo castiya, ansiando kakán para el poema… </p>
<p>(*)</p>
<p>Poema de Cachi… palabras que no quieren molestar al viento ni al silencio…<br />
pisando las mismas calles que pisaron los hermanos mayores… los Dávalos, Leguizamón, Castilla…<br />
me visto con sus nombres por dentro…</p>
<p>Y sigo anotando, ya de vuelta en casa, sin molestar, yo también, ojalá de silencio,<br />
el de allá, el de acá, el de allá bajo viento, el de acá bajo ruído…</p>
<p>Algo quiero haber aprendido, y me miro los dentros para saber<br />
… (ya falta menos)…<br />
y me toco los días en Cachi, la casi nada que estuve ahí, mirando y ojalá, tan ojalá, si, algo viendo…</p>
<p>(*)</p>
<p>Viéndome, por ejemplo, frenado a propio miedo, todo entero yo, ante una tal Quebrada del Diablo, supongo, nombre que ni oí, y por supuesto que ni la bajé,<br />
frente a los volcanes gemelos de cráter lateral, como en espejo, vieras Vos,<br />
cerca La Poma de la Eulogia Tapia: </p>
<p>es como que me quise seguir estando acá, en esta casa casi todo el tiempo ajena, mundo de las zonceras, de la ciudad,<br />
no quise confiarme al precipicio… en verdad…<br />
desorientado, yo, conmigo,<br />
como lo estarían allá los kilómetros decimales si existieran…</p>
<p>(*)</p>
<p>Sobre esa ruta usurpante del camino peatón de los chaskis correos trotadores<br />
hacia y desde el Qosko Cuzco, portando quipo khipu, registros en código de barras legible en quichua keshua, </p>
<p>pero sonando en la prohibida y arrasada lengua kakán su corazón de aún hoy caminadores a paso digno de admirar…</p>
<p>(*)</p>
<p>y así hasta ahora, bajo todos los dominios que siguieron habiendo por lo que ahora son siglos de la era vaticana,<br />
y que ellos siguieron sufriendo bajo las indignas de nombrar basuras que los siguieron explotando con bandera y moneda y guardia propias hasta cuándo…</p>
<p>“¡Señores Dueños de Casa: tengan firme su bandera, / que venimos desde Salta levantando polvadera!” decía la canción…<br />
yo no comprentendía, claro, era niño, cómo podría haber otra bandera…<br />
(mi mamá, maestra, me había dicho que había una sola…<br />
parece que había muchas)…</p>
<p>(*)</p>
<p>Poema de Cachi… el tiempo es de mañana…<br />
Cachi, sitio del último engorde de los arreos herrados, antes de tramontar rumbo al Sol, alto, o al Sol, poniente…<br />
Cachi Adentro… con río de cascaditas… sitio de enseñar… algo pude aprender: </p>
<p>(*)</p>
<p>Aprender que no se gasta la piedra, bajo l´agua, yuyo a yuyo…<br />
apenas, sí, se gastan las chapitas rotas de tierra asada, pinturadas, rojo y negro el marrón, con amarillos talvez, no las ví bien… </p>
<p>¿Rotas por qué, rotas para qué?…:</p>
<p>por y para que ya no tenga agua de nieve o de bicho… ¿quién?…<br />
agua de tajo en la nube de hielo con nieve o en la tibia garganta del bicho… ¿quién?…</p>
<p>por romper el invasor las cosas del que ahí estaba, para que no tenga…<br />
o por rompérselas el koya diaguita al que venía llegando, para que no tenga…</p>
<p>y no pueda guardar y deba se ir…<br />
que, si no puede guardar agua, tomará hielo… tragará carne cruda y sangre y polvo… en fin…</p>
<p>(*)</p>
<p>Yo me mostré haber aprendido a lavar las reliquias monedísimas… admirarlas hasta sentirlas dentro…<br />
y dejarlas poray… que todo eso es su casa….</p>
<p>Pasante, yo, nomás,<br />
llevado por alguien del lugar, que acaso nació siervo,<br />
y cantó, para otra turista y para mí, su copla a la Pacha Mama, tierra mamá, en los graneros secretos de los inka inca inga: </p>
<p>¡kusiya kusiya!... ¡animate, Mamá, Tierra!...</p>
<p>“tengo un vario sentimiento” cantó el guía... algo así… “madretierra”…</p>
<p>(*)</p>
<p>Agrego yo:<br />
no sagrada, porque nada ni nadie, Señora, te hace serlo:<br />
Vos ya sos lo que eso querría decir…<br />
y no hay palabra, entonces… ni hace falta….:</p>
<p>tierra, madre, vida, amor, luz, no necesitan ninguna otra palabra,<br />
no son menesterosas…:</p>
<p>¡kusiya animate, mamá!:<br />
está pasando lo que tenía que pasar…<br />
ciertas cosas están, pero pasando…<br />
Vos sabés muy bien…<br />
y pasarán…<br />
porque pasa lo que tenía que pasar:</p>
<p>¡kusiya kusiya, pacha mama!... </p>
<p>(*)</p>
<p>y hay alegría en el hogar…<br />
de rojos tapiales el hogar, color brasa del fuego:<br />
esa arte del fuego que calienta las cosas de la vida, todas naturales: </p>
<p>las que parece que se mueven… las que parece que no… sin fin…<br />
las pobrecitas que parecen gente… las que todaviaún no… las que ya no… sin fin…</p>
<p>(*)</p>
<p>y anduve, también, “la capital” del Koya Suyu, provincia incaria de todo por ahí, toporay quel crioyo diz, esa Casa Morada, en La Paya,<br />
sitio que apenas si me parece o creo nomás visité –  rollo de fotos que perdí… </p>
<p>diluyendo miedos y ahogos, esponja exprimida me llamo en el cuaderno…<br />
pampeano, yo, del río Paraná,<br />
caminando, ahí, yo, siempre, a (pajueranos o sea extranjeros a más de convencionales o sea inexistentes) tres mil metros decimales de altitud</p>
<p>sobre el nivel actual de la mar que alguna vez dejó por ahí su sal y sus reliquias…</p>
<p>solo, conmigo, en la mañana desabrochada, andariego, peregrino:<br />
morral, cámara, prismáticos, turista...</p>
<p>(*)</p>
<p>p o e t a<br />
(eso, tenía en común: de eso, había)<br />
(por eso, me sentía recibido)<br />
(y lo era, lo estaba, o no podría estar anotando ahora esto)…</p>
<p>(*)</p>
<p>Poeta venido, y llegado en buenhora<br />
                                                            – fatiga<br />
y a la vez descansancio –<br />
                                          dejando las reliquias en su sitio,<br />
las huellas de ya haber estado por acá…</p>
<p>cuando era alguito, nomás, más nuevo el nevado que parece una montura perfecta para las dóciles llamas, generosas de entrega, allá atrás…</p>
<p>(*)</p>
<p>sitio lleno de niños ofrendados, de inexplicables ruídos sin derrumbes,<br />
de avistamientos de no sé bien qué, muy bien escritos en las piedras caladas que hay </p>
<p>en el patio de la casa de arcada ojival:<br />
arco de ojivas es siempre de casamayor o principal…</p>
<p>(*)</p>
<p>“No sé qué voy a decir de este viaje” anoté páginas antes de este borroneo en arreo…<br />
y está bien… sigo así…<br />
me voy enterando, al leer lo que escribo… lo que transcribo:</p>
<p>diz el cuaderno, a veer: </p>
<p>(*)</p>
<p>C a c h i …:<br />
peña de la soledad  –  paisaje hermoso, en lengua kakán…<br />
Ocasión de nombrar la verdad con belleza… por ello:<br />
O c a s i ó n  d e  P o e s í a … </p>
<p>Originario, ya, Poema de Cachi… por cierto que sí…</p>
<p>Mera ocasión de “sal” para los inkcga,<br />
como esta mi tierra Argentina fue mera ocasión de “plata” para los hambreados y ambiciosos de Europa, igual… </p>
<p>(*)</p>
<p>“líneas de argumentación para volantear a tejuela” anoté en Cachi, frente a la plaza, durante mi último almuerzo:<br />
muslo de pollo, vino tinto de Cafayate, quesillo y miel de caña…<br />
“estoy dado vuelta como un guante” anoté, etcétera…</p>
<p>(*)</p>
<p>Anoto a vuelatecla que, cuando el tiempo es de siesta, en Cachi,<br />
el cielo arde,<br />
hasta el fondo del silencio,<br />
por sobre en cima de las cosas, todas ellas por siempre y para siempre vivas…</p>
<p>Cuando el tiempo es de tarde, en Cachi,<br />
cambia color la luz, cambia la sombra,<br />
cambia la noción de pensamiento, de sentimiento,<br />
y tan sólo la hermosura y siempre el silencio permanecen igual…</p>
<p>Cuando el tiempo es de noche, en Cachi,<br />
los turistas no nos queremos enterar qué tan afuera estamos de pertenecer a ese lugar,<br />
y nos guardamos en los dormideros o salimos a pasear,<br />
a comer algo poray, decimos, en sitios como también los hay en la ciudad, </p>
<p>o a que nos aplaste el cielo que no podemos concebir haberlo visto,<br />
de tánto y cuánto que es…</p>
<p>Frecuentaré infinitamente estas nociones, hasta exponerlas cabalmente bien…<br />
No me gusta anotar a vuelatecla – paro acá…</p>
<p>(*)</p>
<p>Anoto a bolígrafa birome, regalo de cumpleaños, invento argentino, no sé si alguna vez fue marca registrada (r.), </p>
<p>y digo que ahora en el Poema de Cachi yo anoto del convento novicial que ocupa ahora la casamayor (“Sala”) del señor feudal en el paraje Palermo </p>
<p>– quería que la gente tuviese muchos hijos, eso le gustaba – </p>
<p>y la escuela oficial puesta en algún galpón sobre la plaza atrio ondea su nombre de pequeña zorra, que callo con perdón de las reales zorrillas,<br />
y en homenaje al querido poeta que se llamó acaso parecido nomás: no mas…</p>
<p>ondea su nombre para sobar el busto también lustrado a esclavo de los otros patrones…</p>
<p>y sigo viaje, repleto de asco y lástima…</p>
<p>(*)</p>
<p>comprentiendo que estamos cosechando esa siembra, con nuestra perplejidad de incomprensible, incesante duelo… </p>
<p>comprentiendo que tiene su justicia, la tierra, pacha,<br />
y le pido perdón, otra vez, yo le pido perdón…</p>
<p>(*)</p>
<p>el poeta viajando por la ruta argentina 40, sin lágrima, mira, y vee…<br />
está rojo el paisaje, atardecer…</p>
<p>atardecer que atardece también con ocaso para el mundo podrido, que se cae, nomás…<br />
ya se cayó, ni por primera ni por última vez…</p>
<p>y que ojalá de abono digno de que ojalá algo bueno brote desde él… </p>
<p>(*)</p>
<p>ojalá que ojálah decimos, al modo de los moros, inmejorable…<br />
y diosquiera decimos, que es lo mismo…<br />
pero, yo, queriendo llamar a la madre, a la diosa…</p>
<p>que esta gente es la que sigue diciendo tener un dios que los tiene de dueños…<br />
un tal diosmío con firma y sello y lloviznado con aspavientos…<br />
que me importa y me aterra… pero no me interesa…</p>
<p>meros gestos huecos, vacíos de amor…<br />
propios del mundo que se la pasa mostrando cómo ya se cayó…</p>
<p>(*)</p>
<p>Y así es cómo sigo viaje, alegremente, sigo viaje por el Poema de Cachi,<br />
entre rojas arenas compactas, por ante volcanes acaso uno solo, gemelos mellizos siameses, quién sabe, no importa,<br />
no le importa a la tierra,<br />
a la piedra pomez de La Poma, en pirca jaspeada y en campo llamado negro, y claro, cómo, si no… </p>
<p>ni importa ni interesa la tánta lista de las tántas palabras:<br />
todas sirven, nomás, para callarse uno, ahí… callarse… así….</p>
<p>(*)</p>
<p>El extranjero cuadernoso anotador, llevado en andas por un precio en moneda oficial, precio vil, através de las enormes valles del río Calchaki<br />
(“los que vienen perdiendo”, que eso significa, si mal no recuerdo<br />
– me miro al espejo, y lo confirmo), </p>
<p>valles que aquí nunca perdieron su índole de mujer, y por eso es que uno anda acunado, y nombra bien las cosas como a ellas les gusta que las llamen… </p>
<p>(*)</p>
<p>y el guía nos explica cómo se hace la chicha, en el burque ollón, ollaza, casi tinaja de hervir el mascado y macerado maíz<br />
con el resto de l´agua que hará que alcance y baste y sobre para toda la vida… </p>
<p>y el churki (¿será nuestro aromito?) tiñe marrón…<br />
la cebolla roja tiñe beige, diría mi mamá, si mal no comprentendí, copiando al voleo lo posible en el cuaderno de viaje, a paso de charla…<br />
alzo semillas de aska, de leña dura, junto a las cataratitas de Cachi Adentro… </p>
<p>me destrabo… un poco… me distraigo… </p>
<p>las procesiones, hasta Salta ciudad, por allá, tras las impasables montañas:<br />
desde Santa Victoria, 600 kilómetros, a pie…<br />
130 kilos de balanza pesaba un peregrino: y llegó, a pocos pasos por vez… </p>
<p>y las danzas en trance de Luracatao, en fiestas ahora vestidas con nombres pajueranos… me faltó veer, tengo que volver…<br />
tampoco estuve en Seclantás, la de la canción… y tampoco en Tastil…</p>
<p>y de bicarbonato para la coca, está la llista, che: ceniza de cortadera y papa hervida… </p>
<p>para yapar la coca…o sea: agregar, aditar, ¡mirá qué linda, mi lengua castellana!:<br />
yapa y coca son voces quichas keshuas…</p>
<p>como el nacer críos yapa el jornal del deslomado en los cañaverales…<br />
ya lo diz el diccionario: gratuitamente, sin motivo…</p>
<p>(*)</p>
<p>Me distraigo… me apaciguo… : quesillo y miel de caña… jarra de vino… tamal…<br />
Repaso anotación: “turbina esmeril” anoté… por dentro de la “esponja exprimida”…</p>
<p>Ojálah transpire algo dignito, tánto aluvión…<br />
en vayvén… </p>
<p>hace bien, regresar…</p>
<p>hace casi diez años pasé por allá atrás y seguí “al norte”, pal lao del Sol, alto…<br />
y todos los ríos que mojan este Poema de Cachi se me están volviendo a secar hasta la próxima vez…<br />
hasta que les sea el verano…<br />
¡el “Padre Verano” del Manuel J. Castilla, por cierto!…<br />
cuando deshiela arriba y además llueve en las valles… </p>
<p>120 milímetros decimales, decimos en la ciudad, ¡ah!, decimos, ¡miravós!, decimos:<br />
yo nunca tuve un milímetro decimal, ni las 100 hectáreas que me tocaban cuando nací…</p>
<p>Yo tendría que estar hablando de Cachi, no de los milímetros ni de las hectáreas…<br />
pero hablo de esto, porque estoy en Cachi,<br />
o sea en la terraza de mi casa del bulevar en Santa Fe…</p>
<p>admirando el juego de estas acequias con su figura humana estrenando a cadenciosos turnos los cursos de las  vías de agua siempre bebible<br />
de esos ríos que fluyen hacia el Sol, que parecen subir, digamos…</p>
<p>(pimientos, habas…¡hippies!, en el camino a Cafayate!...)</p>
<p>hacia el norte, decimos: preocupados en que sea hacia el norte,<br />
digamos que eventualmente también hacia el Sol, se podría decir, sí…</p>
<p>(*)</p>
<p>No tiene forma eso que Vos llamás Poema de Cachi, se me dirá…<br />
Estoy nombrando cosas casi por primera vez, mirando y viendo qué hay, abarajando un aluvión…</p>
<p>Tirando másbién a desprolijo, tu Poema de Cachi, me dirán: le falta ritmo, rima, cadencia. Buen gusto…<br />
Por cierto. Estoy total y absolutamente de acuerdo. ¡Y me río!</p>
<p>¡Cuidado!, ¡que voy a seguir!… :</p>
<p>(*)</p>
<p>Los hojaldres térreos del llamado anfiteatro junto al camino llamado del inkcga (inka o inca o inga) hacia las vinerías ahora de los doblemente pajueranos remotísimos… </p>
<p>en esta región o zona… </p>
<p>camino por donde se podría solazar el rey (por eso digo región)<br />
como se solaza el Sol (por eso digo zona)… que solazarse es lo que hace el Sol…</p>
<p>en esta región o zona los hojaldres, digo, repito, mero eco todo yo, se explayan y cascotan, se pedrean y olean tiesos hacia allá, </p>
<p>que todo es ir allá, hacia allá,<br />
allá, que no hay:<br />
acá, es tan sólo poronde uno digamos que pasa, </p>
<p>(*)</p>
<p>admirando las arbolitas breas todas enteras verdes, sin hojas, todas hoja, hoja con forma de arbolita,<br />
 ¡h o j á r b o l!...<br />
que, si no tuviese la foto, no las ví, no había… </p>
<p>admirando…<br />
las casas de adobe,<br />
sin tiempo ni para qué, el tiempo ese, decime Vos…<br />
adobe con cuál yuyo dentro…<br />
tampu tambos, bien del tiempo de antes… </p>
<p>(*)</p>
<p>y me quedo callado… hasta que oigo la palabra: </p>
<p>“Ñ A U P A”: “hasta donde lo de atrás tiene fuerza hacia delante”. . .</p>
<p>(*)</p>
<p>Y paro, para agradecer: </p>
<p>¡Muchas Gracias, Santiago Casimiro!<br />
¡Muchas Gracias, Katia Gibaja!<br />
¡Muchas Gracias, Hugo Pérez!<br />
¡Muchas Gracias, Zuleta!</p>
<p>(no me quiero olvidar de agradecer:<br />
o no aprendí nada en la vida)</p>
<p>(*)</p>
<p>Los tampu  “tambos”,<br />
palabra hoy reducida a nombrar meros sitios de ordeñe vacuno, allá lejos, en la pampa húmeda litoral,<br />
eran populosas poblaciones en el camino, centros de interminables incesantes caravanas, con todos los servicios todos los servicios todos los servicios todos…<br />
incluídas las estatales “alegradoras” y las llamas de donosas vulvas sifilizantes…</p>
<p>y digo además que los tampu tambos tienen esas digamos que son ruínas porque se caen de esperar, como con guiño,  al tiempo que no existe… </p>
<p>no existe, salvo hasta donde pueda llegar esa palabra ñaupa, que ahora sé por qué siempre me gusto tánto…<br />
por qué la nombro, y me siento en casa… </p>
<p>(*)</p>
<p>Y ahora anoto a lápiz, mi preferido modo de escribir, lápiz sin esmalte, para que mis dedos escriban tocando directa madera…<br />
Anoto a lápiz para seguir remando los día pasados en Cachi, pro poema… Poema de Cachi…</p>
<p>Sopando el pan casero en la cazuela de los datos religiosos, por ejemplo:<br />
la procesion llamada del milagro, conjurante de terremotos, agradeciendo que no más,<br />
enropada dentro la iglesiería pajuerana, de los que llegaron enlatados a brutear y más o menos siguen nomás así… </p>
<p>Pero estoy hablando de cosas sanas… así que sigo hablando para decir que:</p>
<p>(*)</p>
<p>Así, con ese ropaje, nadie nota<br />
ni los yelmos de plata omawaka humahuaca…<br />
ni los gorros tejidos en cono, otravez rellenos de vida hasta la punta…<br />
ni los niños que aún tienen las aires de su última diurna luz en los pulmones,<br />
como los de allá, en el nevado Yuyaiyaco, “memoria en l´agua”, que eso dice esa palabra ahí… </p>
<p>naides: muchos nadie, nadie de los naides</p>
<p>nota los pisones de piedra volcana, blandidos, en fiesta, por las serpientes brillantes túpaj amaru,<br />
disfrazaditos hoy de malteados ningunos que ni reptan ni brillan,<br />
pero siguen naciendo…</p>
<p>siguen naciendo…<br />
la montonera, propriamente:<br />
la del Cacho Peñaloza, la del Felipe Varela, la del Juan Calchaki,<br />
siguen naciendo, estando, perdurando… </p>
<p>andando las inmensidades por esas vías que son apenitas una línea entre luces…<br />
que las sombras son luces…<br />
con puntuación guijarra, entre las tunas y las breas removibles a pie firme o a bastón, y uno entonces pasa, fácil…</p>
<p>la multitud de solos, la muchedumbre de únicos…</p>
<p>tatuados desde antes de nacer con la cóndor, la puma, la serpiente</p>
<p>y el duende, ese diablo farrero limpiador de penas del vivir, que eso es todo,<br />
ni culpa ni pecado…<br />
que esos ruidos pajueranos nos quedan siempre afuera </p>
<p>del tronar de los tambores achicados que usamos ahora, corazoneros, sombra de la latencia de la tierra…<br />
y de los chiflos silbos pinchos chuzos de las flautantes quenas kenna… solas y sueltas o armando las jangadas del siku simple o múltiple…</p>
<p>(*)</p>
<p>y me nace la copla:<br />
no es tropilla esa gente<br />
ni tiene nadie al frente</p>
<p>no saben que lo saben, pero lo saben muy bien…</p>
<p>(*)</p>
<p>(a vuelatecla inserto que todos andamos como destetados prematuros, buscando amarre para nuestra deriva camalotal, buscando dueño…<br />
quién se haga cargo, que no hay, quién nos contenga, que no hay, quién nos conduzca, que no hay, quién responda, que no hay…<br />
y  pagamos, caro, en vida, en salud, en alegría, en dinero, por ese servicio que ya sabemos que nadie nos presta:</p>
<p>no sabemos que lo sabemos, pero lo sabemos muy bien)…</p>
<p>(*)</p>
<p>retomando el verseo meramente hablador,<br />
para decir que quién va a notar que están con las hachas doble faz labradas en delirio de tramas y texturas, bajo los huesos,</p>
<p>brindando con esos vasos kero, si es que anoté bien,  brillosos de esmaltes invulnerables y ahora también de material plástico,<br />
con ya anuales chorreaduras de cerveza o de coca cola (r.)<br />
o de la chicha amarilla como un Sol mojado y repartido en las manos las bocas las tripas<br />
de la gente gastando los pavimentos de la plaza del Cabildo de la Salta ciudad…</p>
<p>(*)</p>
<p>(ví la foto en el diario de Cachi,<br />
por donde parte de toda esa gente pasó, de ida y vuelta, como a cada giro de la tierra en torno al Sol, </p>
<p>rogando por ante las banderas rojas del Gauchito Gil, aportando botellas con agua para la Difunta Correa, doña Deolinda, ¡kusiya, kusiya!)…</p>
<p>(*)</p>
<p>vistiendo las plumas largas pero opacas del jote o del kuntur cóndor, idóneos cómplices para pasar inadvertibles, también por adentro del cuerpo y de la vida…</p>
<p>acaso por defuera, las plumas, ya de plástico, más baratas y entonces mejor posibles de poder comprar al malvender los papeles y cartones, </p>
<p>y ondear bailando en alabanza de la señora y el señor del milagro…</p>
<p>(*)</p>
<p>los ningunos que siguen naciendo y estando …<br />
y los turistas que, también,  algún día dejarán de estar<br />
y empezarán a ser…</p>
<p>(*)</p>
<p>comprar, digo, adquirir las plumas del cóndor y del jote y también,<br />
para adorno de los yelmos de plata, y también como esas mantas poncho,<br />
las pieles, con pezuñas y colas, del gato uturunku uturunco, </p>
<p>cuyas manchas son “Las Pléyades” de los pajueranos,<br />
arriba del cielo que dejamos vacío cuando ellos llegaron,<br />
y, fijate Vos:</p>
<p>se están muriendo de soledad, por no darse cuenta de que el vacío está lleno:<br />
que hay que fijarse, precisamente, en eso:<br />
en el vacío que hay entre las cosas, que es donde está lo que hay que veer…:</p>
<p>las estrellas son apenas las manchas de una piel… (dicho con guiño)…en fin…<br />
supongo que ya irán aprendiendo…</p>
<p>(*)</p>
<p>YO vi la foto en el diario de Cachi, por eso anoto esto en el Poema de Cachi…</p>
<p>y, en serio, no se notan ni las plumas jaspeadas y ni las colas moteadas chorreándose al viento desde los yelmos de plata batida y labrada,<br />
forrando los escudos de cuero duro y de madera curada y de piedra liviana…</p>
<p>los pajueranos ahora tan sólo quieren llegar a veer, al mirar, el uranio fosforescente, el oro a lavar de la montaña con cianuro, </p>
<p>que para ellos no es la sangre del Sol, asícomo la plata tampoco es nada de la Luna…</p>
<p>mientras chupan como esponjas en las carpas del campo o en los galpones para turistas el famoso “vino salteño, / macho sin dueño” de la famosa canción… </p>
<p>(*)</p>
<p>Todo lo cual yo anoto a lápiz, o sea:<br />
carbón de madera dentro forro de madera rayando papel de madera,<br />
según yo: </p>
<p>ejerciendo el don, poeta que soy…:<br />
en el poeta yo siento que vive mi parte de acá…</p>
<p>todo mi resto es pajuerano, turista yo también,<br />
criollo pronunciado crioyo como kolla se diz coya,<br />
… ya falta menos… </p>
<p>como yo siempre soy el mismo, siempre digo lo mismo: ya falta menos…</p>
<p>(*)</p>
<p>A esta parte de los borroneos en aluvión la anoto reusando papeles de oficina,<br />
hectáreas de bosques, bosques pronto tan inexistentes como las hectáreas…<br />
y anoto para hablar y hablo para tratar de algo decir </p>
<p>de las piedras labradas que ornan las galerías y los patios de la casamayor o Sala de Cachi, hoy museo agradabilísimo y muy bien provisto y mostrado, </p>
<p>confirmante de que hubo gente por ahí de los más viejos y antiguos ñaupas de los ñaupas, hace rato, </p>
<p>y en las piedras las claras caladuras<br />
con siempre alguna cruz, o el triángulo, simple, doble, </p>
<p>y la gente de grandes coronas, como hachas dobles, como en Talampaya, digamos, gentes radiantes, suspensas, seres de luz, enormes como sueños, </p>
<p>y cóndor y serpiente yarará y puma o uturunku…</p>
<p>Y el koya busconeando a su llama<br />
(su permanente y compartida sífilis doméstica y endémica mataba al enlatado matón casi enseguida – justicia de la tierra)…</p>
<p>Y hay la wikuña vicuña espejada como en lago, o la del cielo en la tierra,<br />
Y la llama cuadradota como señorona en su batón de jefa del hogar.</p>
<p>(*)</p>
<p>miro las fotos en mi casa del bulevar, describo…</p>
<p>salgo a la plaza de Cachi, rodeado de perros el Horacio, anoto en el cuaderno de viaje las piedras venidas de la roca volcana: </p>
<p>obsidiana, lajas, mármoles incluso travertino y alabastro, granito, yesos más blandos, esteatita piedra del sapo, arcillas, talcos, engrudos y ensaladas de piedra, de roca…</p>
<p>y hubo alguien que pulió esos costados indomables, y anotó a punzón, a filo, a masaje de arena o chorro de agua o besos de fuego:</p>
<p>una cara plumífera, sonriente, un ciclo espiral, un giro redondel, un círculo de luna en eclipse o anillo nomás, quién sabe, </p>
<p>y, si alguien sabe, no me lo va a decir:<br />
yo soy de aquéllos, vengo de allá…<br />
clarito…</p>
<p>(*)</p>
<p>Paseo las galerías del patio…<br />
las obras de los masacrados ocupan la casa del masacrador…<br />
de quien queda lo que en vida fue, dicho con nuestra castellana doble negación:</p>
<p>No Queda Nada</p>
<p>…y está bien, repito: tiene su justicia, la tierra… sin apuro… como toda obra de luz…</p>
<p>(*)</p>
<p>Y las tierras cristales muestran su lomo escrito, sus palabras reales, poesía verdadera, con la letra minúscula del planeta que somos:<br />
                                                                          nos falta, para estrella…</p>
<p>(*)</p>
<p>Jactancioso, engreído cascotito yo también,<br />
me aferro, por muy quedarme allí,<br />
a la casa de adobe y balaustrada que anda poray,</p>
<p>quietita,<br />
junto al camino,<br />
llena de historias de mundos, </p>
<p>lavada a soledad,<br />
que acaso sea la lluvia más profunda, mejor honda…</p>
<p>y la lluvia natural de agua veraniega llegándole, entonces, de consuelo,<br />
como un guiño en la espera<br />
o un augurio de pronta liberación final…</p>
<p>habitable ruína en estilo italiano, con acento kakán…</p>
<p>lengua kakán que dio, sin duda, ese hablar como repechando lomas, rumbo al nevado… </p>
<p>nevado que, cuando se deja atrás, nunca se deja atrás, y, además,<br />
ya hay otro ahí…</p>
<p>(*)</p>
<p>Y me alegra anotar en mi Poema de Cachi estas líneas claritas,<br />
alegres como alegra veer el nevado al fondo de la pampa tras bajar de la Piedra del Molino rumbo a Payogasta, </p>
<p>esa cancha sin agua para que no la roben…<br />
pero, debajo: uranio…</p>
<p>por eso son alegres y a la vez graves estas líneas claritas, horacitas…</p>
<p>viviente sangre bajo la greda cantan,<br />
como los rostros de estas gentes,<br />
como sus vidas percutidas<br />
a viento duro, agua helada, pasto puna, maltrato cotidiano…</p>
<p>y los saludo:</p>
<p>“¡hoy ando saludador, / como estandart´e comparsa!”</p>
<p>(*)</p>
<p>Trascanto padentro y quieto como esa casa entrando a Cachi,<br />
junto al río de los viandantes al paso, al tranco, al trote, al galope, que es la máxima velocidad para conocer el paisaje:<br />
más rápido, ya es una mera mancha, nomás, y entonces uno sigue ajeno ignorante pajuerano enlatado etcétera…</p>
<p>(*)</p>
<p>Y para memorar todo esto es que anoto en mi Poema de Cachi<br />
estas apenas si generalidades de un viaje de un día entero y dos mitades </p>
<p>que resumió el rezumo de mucho mío andado por esta tierra que me tocó habitar,<br />
desarraigadamente, pagando tánto, todos los días, por casi nada,<br />
creyendo hasta descreer,<br />
desgarrándome los apegos hasta que sólo me quedaron huecos miedos vacíos… </p>
<p>hablo de la basura, de lo que ya no más…</p>
<p>rehablando de cosas sanas, digo que:</p>
<p>hoy vivo tan sólo por y para mis afectos,<br />
haciendo habitable, en lo posible, al mundo,<br />
que eso es la poesía,<br />
en fin…</p>
<p>y ando lleno cada vez más y mejor de más y mejor luz…<br />
una que es y que se está como la luz de los nevados…</p>
<p>muy por sobre en cima de mi cincuentona posibilidad de gozar sus cumbres,<br />
empero cabal imagen de mi travesía,<br />
como meta digamos que a alcanzar,<br />
y también digamos que acaso y ojalá ya lograda, humanamente…</p>
<p>(*)</p>
<p>El verseo ayuda a contar:<br />
cuando el lápiz frena: no seguir…<br />
y hay que hablar<br />
hasta poder decir…<br />
entre luego y después, bien podrás veer<br />
cómo poner…:</p>
<p>(*)</p>
<p>Uno de mis  máximos momentos del viaje acaso fue en la Quebrada del Diablo o algo así,<br />
cuando retrocedí, sentado, lo que se dice reculando, sobre pedregullo más que flojo y caedizo y resbaloso, hasta no veer más la curva con el precipicio,<br />
y me quedé quietito, recobrándome, hasta que volvió el guía Santiago Casimiro…</p>
<p>y me dio su mano<br />
hasta poder incorporarme yo<br />
y continuar con nuestra compañera, turista también, nuestro regreso al auto…</p>
<p>resumo lo importante, dos puntos:</p>
<p>haber decidido, sabiendo que lo no visto hoy no vería más, no seguir descendiendo,<br />
haber retrocedido, batiendo miedos resecos y podridos, hasta pasar un recodo que me quitó la visión del abismo y entonces retomar<br />
no el control policial sino la armonía permisiva,<br />
y enseguida la respiración y la limpieza de los pensamientos:</p>
<p>eso, por dentro…<br />
por fuera, lo memorable fue:</p>
<p>aceptar la mano del señor amigo que nos llevó a pasear, todo tan lindo<br />
“¡Vos sos cruzao con cabra!” le dije, y nos reímos…<br />
Sin duelo alguno por lo que no conocí… </p>
<p>Y estaba el volcán doble con su doble caño de escopeta apoyado en la falda y apuntando al cielo que está lleno…<br />
Escopeta negra, como este “Campo”(Negro) por tánta piedra pómez…</p>
<p>Y seguimos viaje hacia mejores fotos, desde pasando La Poma hacia acá… </p>
<p>(*)</p>
<p>Otro momento memorable, que ya dije y que ahora repito,<br />
fue dejar en su sitio las reliquias que antes seguro me hubiese traído,<br />
con todas las explicaciones y justificaciones que ahora ya no necesité…</p>
<p>(*)</p>
<p>Y otro momentazo más, tan igual de mejor,<br />
fue haberle respetado a doña Eulogia Tapia su intimidad pastora, su día tal cual ella lo suele vivir, con sus cabras, en un cuadrado verde que vimos a lo lejos…</p>
<p>apenas si me traje la foto de su casa, mayora, merecida, con su arcada ojival:<br />
espero me perdone…</p>
<p>(*)</p>
<p>Y fue justo en la Piedra del Molino donde Hugo Pérez me explicó que “puna” no es una mera altitud, sino la falta de lo que nosotro llamamos oxígeno en las aires…<br />
hasta suele ambular, la “puna” y formarse acá o allá, fijate Vos:<br />
esto es más alto que San Antonio de los Cobres, y acá se puede respirar lo más bien, pues los faldeos están hasta la punta verdes… </p>
<p>(*)</p>
<p>se estaba bien, allí, realmente, daban ganas de quedarse a vivir…<br />
y por eso fue que tánta gente vivió, allí, por esos rumbos… </p>
<p>hasta que a la tierra se la apropiaron unos supuestos dueños…: </p>
<p>(*)</p>
<p>antes, ñaupa, la tierra era de todos, como fruto de la luz que sigue siendo…</p>
<p>(*)</p>
<p>(ya falta menos…:<br />
no sé por qué a cada rato se me aparece eso, se me ocurre, lo dejo dicho, otra vez, así, aquí:<br />
ya falta menos)…</p>
<p>(*)</p>
<p>como encantadas las aires del silencio, consuelo azul, dulzura y alegría, mishkyla…<br />
me repito lo de la muuuucha gente que vivió por aquí, natural, </p>
<p>(*)</p>
<p>y llamo Poema de Cachi a todo esto, porque tiene la índole poética pues lo hago para tornar y devenir habitable (habitablecer) mi mundo que , </p>
<p>al ser compartido con Vos, quizá algo contagie al recibidor y a l´aire entremedio, </p>
<p>fundando, de paso, los datos que trae en la memoria que haya todo por ahí,<br />
esas fluencias entre los mundos, mejor si sin lenguaje, </p>
<p>fluyente como l´agua, “memoria en l´agua”:  Y u y a i y a c o…: </p>
<p>(*)</p>
<p>y eso me lleva de nuevo a los niños dormidos allá arriba, y su doncella<br />
de muy probablemente ya ejercida hembría, ya que lucía pezuñas sonajeras, muy probables reliquias de su rito de iniciación como mujer… </p>
<p>(*)</p>
<p>anoto y sigo,<br />
extranjero ignorante tomando sol junto a la Piedra del Molino<br />
o sobre el amurado caserío de La Paya (doble muro de piedra relleno de cascajo: marca registrada de su fabricacion inkcga)… </p>
<p>pendulo por mi viaje de vacaciones, días de feria, llevando en la yuspa yilka morral mi bolsita con hojas de coca y mi pancito redondo de patay que es harina de algarroba…<br />
y deposito escribiendo sobre estas hojas, a lápiz, los paquetes abiertos llenos de mi estadía en Cachi, Poema de Cachi… </p>
<p>(*)</p>
<p>en crónica de bardo que cuenta alegremente lo general<br />
y de poeta que dice verdades con belleza<br />
y de vate regalando la profecía de que ya falta menos… </p>
<p>que ya falta menos<br />
para dejar de estar y regresar a ser</p>
<p>. . .</p>
<p>de ahí, o como lo de ahí… propio y unánime…<br />
con la mansedumbre que llega lejos, como el viento o el río… </p>
<p>como el camino que sigue natural aunque lo tuerzan recto… </p>
<p>y la tierra se deja cocer cacharro / que se rompe en cascote / que se polva en tierra…</p>
<p>y es lo que hay que aprender… aprender a sentir…<br />
a sentirnos ahí…</p>
<p>en las esquirlas de cacharros halladas, alzadas, lavadas, admiradas y devueltas…<br />
a las orillas del río en Cachi Adentro, por ejemplo… </p>
<p>(*)</p>
<p>como cuandonde me paré en mí, un poco mejor…<br />
estuve entonces algo menos duplicado conmigo, menos descolocado inconexo mestizo criollo pajuerano…<br />
y fui un poco mejor yo… </p>
<p>(*)</p>
<p>Estiro la masa del Poema de Cachi y la doblo al medio y la amaso de nuevo, paso la masa de mano en mano,<br />
como en la inmemorial preparación del pan casero,<br />
de mano en mano por las manos de los millones de gentes que siguen haciendo sentir hogareña esta larga bandeja entre estas altísimas sierras… </p>
<p>(*)</p>
<p>la diaguita espejancia del cielo…</p>
<p>del tiempo que, sin guiño, no se lo comprentiende…</p>
<p>(*)</p>
<p>digo que huele a casa vivida,<br />
vivida con vidas trajinadas con naturalidad, con sus duelos y con sus risas… </p>
<p>y las penas haciendo valer las carcajadas,<br />
carcajadas que hacen que las penas hayan valido: </p>
<p>cada cosa,  a su precio real… </p>
<p>y la vida entre todos, por debajo y encima…<br />
sin cada uno, no hay todos… y sin todos no hay vida…<br />
en el Poema de Cachi ya me nacen las rimas…<br />
la puerta no está abierta: no hay puerta… así es la vida… </p>
<p>Te muestro cómo rima el verseo, apenas si dejándolo andar…<br />
me encanta eso, y espero que a Vos también… </p>
<p>(*)</p>
<p>Y lo dejo seguir, a mi Poema de Cachi, seguir nomás, trotando, entonces…<br />
entonces que es ahora…<br />
ahora que es todo el siempre que pueda llegar a haber….</p>
<p>Y lo dejo seguir trotando, como un chaski correo, o como cualquiera de ahí, de aquí, koya o mocobí, siempre trotando, y por eso nada quedaba lejos,<br />
nada cansaba…: no tiene por qué cansar…</p>
<p>Y para eso, para que nada canse, es que anoto a parcelas, y que me leas sin dificultad…</p>
<p>(*)</p>
<p>Y lo dejo seguir trotando por los vastos andamios de luz que atraviesan las cosas avenando la vida de las gentes: </p>
<p>Que, cuando el corazon tiende a flojar,<br />
la percusión del suave trote sostenido tensa de nuevo el paisaje, y lo mantiene a salvo de más vulneración que la ya habida,<br />
a salvo de mejor daño, ya inconcebible… </p>
<p>Y esa restitución de lozanía<br />
juega de mitigante brisa sobre la intensa antena del poeta, que agradece… </p>
<p>por toda esa batea que habitó la mar… </p>
<p>océana mar, a la que el día, al pasar, la fue llevando al cielo cristal… </p>
<p>(*)</p>
<p>llevándose también, desparramándolo poray, el cuero de los enormes bichos,<br />
esos de los grandes huesos y dientes cuyos tamaños denuncian a los largos cuerpos y a las anchas alas y a las fornidas aletas de agraciado y temible coleteo…</p>
<p>esos bichos que ahora duermen en las lajas<br />
que son cortadas a destajo y llevadas lejos por gente que vive a destajo,<br />
para gente que gana con todo ello a granel…</p>
<p>(*)</p>
<p>Parece que el cerro vuelve a fabricar las lajas, todo el tiempo:<br />
generoso con los suyos, justicia de la tierra, puede ser, </p>
<p>y tambien puede ser nomás que esos bichos no se quieren ir,<br />
que igual le pasa ocurre acontece sucede al turista yo… </p>
<p>imaginate Vos que todo por ahí hasta dentro la piedra es de día… </p>
<p>(*)</p>
<p>Y los que nos desayunamos con los grandes bichos también nos quedamos a vivir, todo por ahí, ariscos como wanaku guanaco, </p>
<p>wikuña vicuñas por dentro, morimos por dentro si se nos encierra…</p>
<p>querendones atrás de lo calladito,<br />
como lo somos para quien nos sabe buscar y nos encuentra…  </p>
<p>(*)</p>
<p>Y al quedarnos a vivir,<br />
adecuamos esa batea de la evaporada mar para la vida de la nosotros gente, </p>
<p>transitorios, inconstantes, torpes y volátiles, necios y menesterosos, sucesivos, crédulos, inconsistentes o sea inconfiables,<br />
trotadores, excelentes trotadores, eso sí,</p>
<p>llevando al crio sobre la cadera hasta que aprenda a tirar con honda, hasta que aprenda a hilar vellón, </p>
<p>y pasar pisando sin variar la marcha los desniveles a una rodilla de alto, que al pasarlos trotando no hay dificultad, </p>
<p>llenos por dentro con la sangre densa de los arribeños,<br />
circunvecinos de la nieve en flor… </p>
<p>la misma nieve que nos enseñó a callar: </p>
<p>no hace ruído al caer, al quedar, al derretirse… </p>
<p>y la tierra secada se moja y la tierra mojada se seca,</p>
<p>produciendo las plantas que alimentan a la nosotros gente y lo bichos que también alimentan a la nosotros gente que, entre luego y después,<br />
alimentamos a las plantas y a los bichos </p>
<p>que dejamos pintados en las cosas cotidianas, al reparo de los techos, y en las paredes de las montañas, al reparo de las cornisas y, también,<br />
los dejamos calados en las rocas y piedras</p>
<p>que son como monedas de la piel del silencio<br />
que se están siempre ahí,<br />
y las seguimos usando y gastanto y reponiendo, </p>
<p>a modo de esforzada calesita,<br />
con intención de giro que, si bien ya falta menos,<br />
aún no ha renacido danza…</p>
<p>si no que aún sigue, girando<br />
chata, plana, aplastada, dificultada, trabada, dolorosamente, </p>
<p>lo cual,<br />
entre tánta fértil belleza, entre tánta factible felicidad,<br />
no parece ser sino que ES un insulto…</p>
<p>(*)</p>
<p>ya falta menos… a esa frase suelta no sé por qué la digo…en fin… ya falta menos… </p>
<p>(*)</p>
<p>Algo se acumula<br />
y pasa el tiempo, </p>
<p>y queda una astilla,<br />
ladrillito, rojo negro blanco,<br />
entre las raíces del churki aromito espinillo,<br />
a una rodilla de hondo bajo cascaja tierra, </p>
<p>inmóvil aluvión,<br />
descascaradas cáscaras, virutas recocidas,<br />
madera de tierra, vidrio templado de madera,<br />
esmalte suelto, caliente al tacto:</p>
<p>pan recién horneado,<br />
abrazo reciencito,<br />
todavía y aún sin lejanía ni lejura o como mejor nos guste decir,<br />
querido cascotito,</p>
<p>como un corazon nuestro que pudiésemos sentir en la mano<br />
y dejar en los sitios del lugar,</p>
<p>quedando nosotros también a morar ahí… </p>
<p>(*)</p>
<p>“no es la primera vez que andamos por acá” nos encanta sentirnos decir, </p>
<p>oirnos por dentro,<br />
escuchar esas palabras sonando, festivas, por ante el silencio, </p>
<p>ruído, sí, pero de fiesta,<br />
por fin, como sin fin,<br />
y de alegría…</p>
<p>(*)</p>
<p>Y ya hizo una Luna desde todo eso…</p>
<p>Y está nublado sobre el bulevar… </p>
<p>que, allá soleaba, como siempre suele,<br />
y era de día, de siesta y tarde, entonces,<br />
y de noche también era de día…</p>
<p>calladitamente impresionante,</p>
<p>asunto largo de callar…</p>
<p>y yo sigo anotando…<br />
sintiendo ya las flotaciones de los cristales y otras cosas sutiles compareciendo dentro la lechinada literal:</p>
<p>lo que de todo esto quedará…</p>
<p>(*)</p>
<p>y anoto anoto anoto:</p>
<p>los corrales de la Casa Morada, al reparo, entre cerros…<br />
bien visora o veedora pero difícil de veer o de avistar…<br />
(igual que en Quilmes, por ejemplo)… </p>
<p>con sus flechas obuses de piedra clavadas en la falda,<br />
marcando acaso el límite de habitabilidad, cuesta arriba…<br />
(se quedó en mi rollo de fotos perdido)…</p>
<p>(*)</p>
<p>No hay lenguaje para todo esto. Ni importa ni interesa.</p>
<p>Tan sólo acaso talvez servirían palabras generales.<br />
Abiertas como los zaguanes andaluzes de Cachi.</p>
<p>Abiertas como esas frondas que tornan brisa al viento.<br />
Y nos llenan de cielo.</p>
<p>Y nos sentimos casi en armonía.<br />
Casi prestos a vivir el sueño de la felicidad ambiente.<br />
El estado de gracia.</p>
<p>Cosechando la siembra de l´amor que sembramos.<br />
La caliente nutricia almohadilla vestida con la chala de choclo del tamal.</p>
<p>Que desvanece toda circunstancia. La torna inerte. Ni siquiera adorno.<br />
Guirnalda crespón fúnebre gris ruína.<br />
Barro que ya la acequia disolvió entre los verdeos puntuados de alfarerías<br />
tan quebradísimas como invulneradas.</p>
<p>Y millones de gentes.</p>
<p>Y la lengua se aquieta dentro la boca entreabierta y callada.<br />
Que, ahora, sonríe. Para siempre.</p>
<p>Y su gesto es el mío. Y final para el Poema de Cachi.</p>
<p>Azul.<br />
Sin molestar al viento ni al silencio.-</p>
<p>Palabras de Oscar CachoAgú</p>
<p>HORACIO ROSSI<br />
(04/10/53 – 18/05/08)</p>
<p>Esta muy fresca la memoria de Horacio Rossi. Casi, diríamos, que lo vemos caminando por el boulevard rumbo a su trabajo o, cuando suena el teléfono, creemos que es él haciendo algún comentario. Aún, la percepción, es como si hubiese ido de vacaciones, en esos viajes que solía hacer a distintas latitudes de nuestra Argentina. Y luego, escribía. Los poemas de Cachi, inéditos, o sobre el lago Lakar, de las tierras sureñas son ejemplos de esa labor.<br />
Abordar la obra de Horacio Rossi, es incursionar más en lo inédito que en lo editado. “Silvia, cuadernos de literatura” “‘Rimitas Horacitas’ “Cuaderno de las baldosas calcáreas”, entre otros. Pero, también, los innumerables poemas y escritos que fue publicando en diversos medios o repartiendo a través de los correos electrónicos a su vasta lista de direcciones.<br />
De todas maneras podemos decir que su oficio en las letras fue copioso, incansable y permanente. La poesía, su hermana mayor, fue escrita en octavillas, sonetos o verso libre. Con un lenguaje franco y, en ocasiones, irritante porque no tenía barreras para hablar, en la escritura, con el lenguaje de la gente. No con el lenguaje académico que, por supuesto, no desconocía. El siempre manifestaba: elige el lenguaje y luego escribe.<br />
Por eso es tan así su novela “Lambrusco”, donde sin contarnos nos muestra cómo se fue gestando esta lengua nuestra y las mixturaciones que se dieron con el arribo de los inmigrantes y su hablar cruzado en el S. XIX. Pero él celebraba el “buen día” como saludo, que hace centurias comenzó como el idioma castellano. El Lambrusco es toda una gesta, donde Rossi hace uso de su fecunda imaginación y de su arte en la lengua para mostrarnos todas esas transformaciones que se dieron y se siguen dando en el idioma. Y lo hace a través del protagonista que observa, escucha y anota todo lo que puede. En realidad ¿no será él Lambrusco? Dice Di Bernardo que, “cabría conjeturar si acaso, más que de una novela, no estamos en presencia de un extenso poema novelado.” Es probable. Pero es un idioma que, en mi infancia, lo he escuchado.<br />
Sus poemas tocan al hombre. Son un canto de esperanza permanente. Transmite, en ellos, la alegría por y para celebrar la vida. Basta con recorrer algunos de sus escritos.<br />
Mencionemos sus libros editados: “Del aire hallado” “La pluma de polen” “¡AH!mor...”. Sus folletos: Mainumbÿ, “Región de las tenues voces” “Porvenir de asombros”, “De Dioses Derribados”, “Padrinazgo Nocticular”.</p>
<p>A estos títulos se agrega “Poema de Cachi”, recientemente presentado en Santa Fe (29/10/09) y editado gracias a la colaboración de familiares, amigos y conocidos del poeta. Fue su último poema, inédito por cierto, que nos legó a los amigos. Este poema es ahora reproducido por Inventiva Social.<br />
Agreguemos lo que Horacio Rossi siempre decía: soy grupero viejo. Así estuvo con el grupo Tupambaé, bajo el padrinazgo de Gastón Gori; el grupo Maynumbÿ que él iniciara y, por último, el grupo Luzazul que cohesionaba en su hacer varias artes: música, poesía, danza y plástica. De éste grupo fuimos hacedores de la hoja de poesía que lleva el nombre del mismo.<br />
Estas líneas, cabe destacar, son apenas una aproximación al autor y su oficio en el arte literario y su actividad y apoyo a las manifestaciones culturales, no sólo de ciudad, sino en la provincia. Se puede decir mucho más. Y es una tarea que queda como desafío para muchos que conocen su obra y su personalidad. Y como dijera la Prof. Alejandra Tiraboschi, en el homenaje que se le hiciera en La Urdimbre hace escasos días, Horacio Rossi hizo posible la amistad.</p>
<p>*Oscar CachoAgú. cachoagu@yahoo.com.ar</p>
<p>*</p>
<p>Inventren Próxima estación: CASBAS.</p>
<p>Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar</p>
<p>http://inventren.blogspot.com/</p>
<p>*</p>
<p>Apreciadas amigas, queridos amigos,</p>
<p>El número 89 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, edición Octubre/Diciembre/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org<br />
 bajo el link:</p>
<p>http://www.euroyage.org/es/xicoatl-89</p>
<p>           CONTENIDO:</p>
<p>ENSAYO: De la literatura en un mundo abarrotado. Alejandro José López Cáceres. </p>
<p>POEMARIO: Poemas. Mayamérica Cortez.<br />
                      Poemas. Reynaldo García Blanco. </p>
<p>NARRATIVA: Impasse. Graciela Bucci. </p>
<p>AUSTRIA: Poemas. Rosemarie Schulak. </p>
<p>La edición impresa de XICóATL # 89 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).</p>
<p>Cordial saludo,</p>
<p>YAGE, Verein für lat. Kunst,   Wissenschaft und Kultur<br />
www.euroyage.org </p>
<p>Schießstatt-Str. 37     A-5020 Salzburg    AUSTRIA<br />
Tel: ++43 662 825067 </p>
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	<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 02:03:44 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>EDICIÓN NOVIEMBRE 2009.</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/09/edicion-noviembre-2009</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/09/edicion-noviembre-2009</guid>
		<description><![CDATA[<p>HAZME UN CUENTO*</p>
<p>A mi hija Sarah</p>
<p>Hazme un cuento, niña mía,<br />
Que no logro esta noche<br />
A pesar de mi cansancio<br />
Conciliarme con el sueño.</p>
<p>Antes que huyan las sombras,<br />
Háblame de los veleros<br />
Que navegan entre estrellas,<br />
De amantes que se despiden</p>
<p>A la orilla de los puertos.<br />
De ciudades sumergidas,<br />
De palmeras y de arenas,<br />
De amores que no se encuentran,</p>
<p>De pozos en el desierto...<br />
Porque esta noche, mi niña,<br />
Para olvidar tantas cosas<br />
Necesito de tus cuentos.</p>
<p>*de Marié Rojas.</p>
<p>YO, LA OTRA*</p>
<p>¿Quién se levanta en mi?<br />
¿Quien se alza del sitial de su agonía<br />
…y camina con la memoria de mi pie?<br />
OLGA OROZCO</p>
<p>Yo. La otra. Sombras simultáneas.<br />
Detrás, adelante o cubriéndonos.<br />
El inmutable espejo devuelve cóncavas imágenes.<br />
Triángulos. Orfandad a cuestas.</p>
<p>Yo y la otra. La otra y yo.</p>
<p>Una se desnuda, la otra se cubre. Una se hiere, sangra la otra.<br />
Una arde, la otra se apaga.<br />
Se aman intensamente pero se odian más.<br />
Las dos se acechan, más, jamás se encuentran.<br />
Doy un paso, la otra avanza dos.<br />
La presiento tras mío, vuelvo la cabeza. Estatua y sal</p>
<p>La otra y yo. Yo y la otra.</p>
<p>Jamás  engañó al poema, yo le fui infiel.<br />
Odié la luna y los atardeceres luminosos<br />
Amé los charcos nauseabundos y al viejo sapo enamorado.<br />
Yo, que he de morir cuándo ella muera.<br />
La otra, que no ha de morir cuando yo muera,<br />
Asistirá, estoy segura, impávida a mi entierro.<br />
Una es semilla, la otra, brote.<br />
Confieso, he deseado intensamente ser la otra<br />
Lo he logrado a veces.<br />
He sido Salomé, sensual y victimaria,<br />
Pero también la otra, la mujer de Zebedeo<br />
La otra confiesa haber deseado, mas que nada en la vida,  ser yo.<br />
Aun no lo ha logrado</p>
<p>*de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>LA DIETA*</p>
<p>Deberías haberla visto en aquella noche de su boda. Toda blanca, toda pálida, toda etérea. Tendrías que haberla visto en aquel momento, con las puertas del templo abiertas de par en par y la marcha nupcial invitándola a caminar hacia el altar.<br />
La luna resplandecía en sus ojos y le imploraba en silencio que todo esto fuera irreal.<br />
Y comenzó a andar con pasos lentos. Toda blanca, toda pálida, toda etérea. En sus manos flores rojas casi moradas, en sus mejillas lágrimas frías. Tomó la mano del novio y le acercó los labios al oído. Tal vez un susurro de perdón. Ante la Cruz, la Virgen y todos los Santos, ella descolocó sus mandíbulas como si fuera una serpiente. Entero, frac negro, anillos en el bolsillo. Así simplemente se lo tragó.<br />
Deberías haberla visto. </p>
<p>*de Daiana Holzer  daiaholzer@hotmail.com</p>
<p>Historias Bancarias<br />
EXTRAÑO SUEÑO*</p>
<p>En la primera etapa de nuestros tiempos, en el inicio mismo del banco; me refiero a quienes ingresamos en el primer grupo de origen, tuvimos entonces un verdadero bautismo de fuego.- Las tareas nos superaban, las jornadas se tornaban complicadas y apenas podíamos desenvolvernos; y era mucho decir, más bien apenas nos defendíamos, y eso a los ponchazos.-<br />
Más adelante se fue incorporando personal, y  estacionando las exigencias de nuestras tareas, mermando el vertiginoso crecimiento.- Esto era lógico.- Al principio tuvimos un cúmulo de vinculaciones y aperturas de todo tipo de cuentas y operaciones, y pasado cierto tiempo eso se fue aquietando, mientras al mismo tiempo, mejorábamos en nuestra capacitación y en nuestra estructura.-<br />
Digamos que le fuimos tomando la mano.-<br />
Los días pasaron a ser cada vez más normales, y hasta teníamos algunos casi aliviados, especialmente ciertos días del mes, o de la semana.-<br />
Aunque siempre continuaron habiendo cada tanto, por H o por B, días picos, de mayor afluencia donde se nos venía encima una avalancha de operaciones.- Por ejemplo, los días lunes ya lo asumíamos, así como los días sándwiches, entre feriados; pero peor era tras un feriado como el día “del bancario”, el seis de noviembre, por lo general hábil para todas las actividades tanto civiles como oficiales, pero feriado bancario en todo el país.-<br />
Encima nuestro primer festejo nos cayó en lunes.-<br />
Todo el comercio, industria y servicios y demás sectores económicos trabajaban como día normal, y nosotros de camping festejando con asado y vino, conmemorando por primera vez lo que desde allí sería “nuestro día”.-<br />
Pero al día siguiente teníamos doble o triple trabajo.- Días verdaderamente complicados, especialmente en la caja.-<br />
Yo todavía estaba sólo en toda el área, salvo la ayuda después del cierre que podía darme el gerente.-<br />
Una de estas jornadas, terminamos bastante tarde de armar el efectivo y cotejar las cifras contables.- La caja acusaba una diferencia espantosa, pero aún había que revisar las sumas.-<br />
Nos fuimos a almorzar, bien tarde, y a descansar un momento; volviendo enseguida a continuar con el cierre y determinar mejor las partidas.- La diferencia se fue estableciendo en un faltante tan grande, que no podía ser ningún error de pago ni de recepción, debía ser otra cosa.- Quizás inversiones de números.- Analizamos todos los movimientos, y nada, la diferencia persistía.-<br />
A la larga tuvimos que convencernos, estaría faltando dinero.- Una cifra disparatada, algo imposible, pero no obstante, todo indicaba que había un tremendo faltante.-<br />
No teníamos más donde buscar.-<br />
Se acabó el día.- Ya tarde de noche me fui a casa, destruido.- Abrumado y desorientado.- No sabía en qué iba a terminar.- ¿Qué más podía hacer? ¿Qué estaría pasando? Ni se me pasaba por la mente que podría haber cometido un descuido tan grande.- Si embargo, esa noche, mientras manejaba las cincuenta cuadras hasta mi casa, sentía en mis venas un torrente de adrenalina y por momentos escalofríos de terror, y trataba de convencerme de no dejarme llevar por el pánico, y que todo se iba a resolver…<br />
¿Pero cómo? ¿Cuándo?, mañana temprano empezaríamos una nueva jornada y ya tendríamos que ocuparnos de ésta, cada momento se me iría consolidando la diferencia, y cada vez se me haría más difícil encontrarla…-<br />
Al llegar a casa, con todo ese peso a cuestas, pensé en cenar algo, tratar de relajarme, descansar, y en última instancia, me llegué a imponer resignadamente: ¡Qué sea lo que Dios quiera!<br />
Había llegado de visita una prima muy querida que no veíamos desde hacía mucho, y me pidió un favor, al que yo no podía negarme: Qué la llevara para saludar a otros primos al campo a unos cuarenta kilómetros.- No pude decir que no.- Fuimos todos, también mi esposa y mis dos pequeños, el más chico en brazos.- Caminos de tierra y bastante polvareda.- Una cubierta del auto se rompió cuando volvíamos, sin consecuencias, la reemplacé, y llegamos bien, sin otros contratiempos.- Pero se hizo muy tarde, estaba muerto de cansancio.- Había tenido un día muy largo y tenso, no conseguía zafar de mi mar de fondo; mi drama seguía acechándome y ni siquiera pude charlarlo con mi mujer para tener al menos el alivio de compartirlo, como siempre que uno busca ese apoyo en la compañía de quienes más nos quieren.-<br />
Así con esa tensión fui a dormir.- Dormí como un tronco, pero un tronco en un río turbulento, tuve pesadillas afiebradas, alocadas, soñé disparates; pero uno de esos disparates me hizo dar un salto…- Serían las cinco o cinco y media de la mañana, ¿Qué disparate había soñado el último minuto que me hizo saltar en la cama?...<br />
Soñé que había encontrado el dinero…<br />
Fue una verdadera pesadilla.- Soñaba con un viejo almacenero de cabello y bigotes blancos, parecido a Einstein, que había vivido cerca de casa cuando éramos muy niños, entonces solía jugar conmigo y yo sentía como que me quería y me protegía.- Hacía más de dos décadas que había muerto.- Pero yo soñé con que él me mostraba dónde estaba el dinero que faltaba…<br />
En el sueño yo era un niño pequeño, como entonces, y estaba con él; me tenía tomado de la mano y trataba de convencerme que lo siguiera, que no tuviera miedo.- Debíamos pasar sobre unas tablas que tapaban un pozo que estaba bajo una galería de una casona de antaño.- Yo no me animaba.- Entonces pasó primero él y desde allí me tendió las manos para que pudiera pasar sin temores.- Pasé, y allí había una habitación semi oscura donde se veía la caja número dos del banco, la que yo tenía a mi derecha   durante mis jornada de trabajo, pero nunca la habilitábamos.- Me aproximé, la abrí y allí, había billetes y fajos de todos los valores, casi lleno el cajón y las gavetas…<br />
Desapareció el anciano, y yo me desperté, ¡y se me hizo una luz en las tinieblas!<br />
De algún modo que yo no podía entender, ¿Podría estar allí el dinero que me faltaba?<br />
Enseguida lo iba a saber.- ¡Desde ese momento me aferré desesperadamente a esa ilusión!  Faltaba una hora o más para ir al banco, pero no me podía aguantar.- Hacía frío pero yo estaba transpirando.- El gerente solía ir temprano, así  que sin esperar más me fui volando…<br />
Entré como una tromba…, no me fui a ver a la caja, no, lo fui a buscar a él, y excitadísimo le trataba de explicar, pidiéndole alborotadamente que viniera a ver conmigo lo que yo esperaba encontrar, lo que tan patente había visto en sueños.- Me miraba asombrado sin entender, y yo cada vez más seguro que allí estaba nuestro tremendo faltante.- Además yo no me permitía siquiera tener dudas, me aferré a que aquello era posible, ya quizás como nuestra última alternativa...-<br />
Abrimos la caja. Y tal cual lo había soñado, apilados del mismo modo, de costado como los había visto, allí estaban fajos completos y  a medio hacer, por docenas, y saldos de billetes sueltos; en idéntico volumen, que en cuanto contamos era exactamente la cantidad justa y total de lo que nos estaba faltando…<br />
¿Qué había pasado?<br />
¿Cómo no sabía yo que todo eso estaba en esa caja?<br />
Lo que pasó es que el gerente vino a ayudarme, en un día en que había mucho dinero para contar, armar fajos, y recontar; así que ayudándome trabajaba sobre la mesada de la caja número dos, la de al lado, a mi derecha.- Yo casi no lo veía porque teníamos una divisoria entre ambas cajas, además yo estaba concentrado en lo mío estableciendo arqueos y el resto del dinero.-<br />
Nunca guardaba dentro de los cajones y gavetas; porque me los iba pasando a medida que los acondicionaba, pero esa tarde en un momento tuvo que retirarse para volver después, casi enseguida, y entretanto sí los puso, aunque transitoriamente.- Cuando volvió se había olvidado y siguió con otra partida nueva de lo que yo tenía.- Para nada se acordó después, de lo que había apartado; hasta que ahora abierto el cajón, cayó en la cuenta de lo que había hecho.-<br />
De una cosa estoy seguro, yo ni inconscientemente pude saber que todo eso había pasado, ni que el dinero podía haber estado allí.-<br />
¿No será que tengo realmente un protector?<br />
Pero nunca pude superar el convencimiento, de qué sin poderlo explicar, tuve alguna ayuda desconocida.-<br />
Sea lo que sea, me sigue asombrando.-</p>
<p>*De Celso H. Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar<br />
AVELLANEDA, Santa Fe.</p>
<p>*</p>
<p>Revolucionaria de voces y de aplausos<br />
piel y sangre de roble<br />
madera y fuego latinoamericano.</p>
<p>Y si te canto ahora que mi lágrima y los todos<br />
somos causa, país y correntada?</p>
<p>Trovadora del pueblo universal,<br />
del sueño libertario<br />
pronuncio tu nombre soberano<br />
letra a palmo<br />
grito a verso<br />
con M.<br />
Con Mayúscula de Madre, de Música y Milagro<br />
aromada y florecida en el Jardín Republicano.</p>
<p>A vos,<br />
porque desde esta oscuridad goteada por la lluvia<br />
sobre vuelan en la patria amontonadas<br />
palabras de esperanza y rebeldía</p>
<p>Continental manera la tuya de acercarnos al canto<br />
de vivirnos el alma de la mano<br />
de latirnos el latido en los aplausos<br />
de bajarnos la luna de tu pueblo<br />
a bailarnos de pañuelos la jornada.</p>
<p>Y te canto<br />
porque sabes de resucitarle cigarras al sol<br />
porque tu hoja de vida es "gracias a la vida"<br />
porque es himno pedirle Sólo a Dios<br />
porque nos llama "María va"<br />
mientras el otoño mendocino es alivio en la canción<br />
mientras eres en el arte y por el hombre<br />
corazón con razón.</p>
<p>Caminante de poncho y bombo alado<br />
Pachamama, cóndor y calandria<br />
cantemos la "Canción con todos" mientras duermes<br />
así vidalan plegarias<br />
serenatean las penas<br />
y el silencio de tu copla serán ángel y bandera enarbolada...</p>
<p>*de Ana Lía Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar</p>
<p>El heredero*</p>
<p>Vivía en un caserío a las afueras de Satrustegui y era conocido en todo el pueblo tanto por las piedras que levantaba como por aquella boina inmensa que se calaba. Todo el mundo le llamaban Pachi. Sus amigos, su novia, en el trabajo, en todas partes. </p>
<p>Pachi siempre fue Pachi, hasta que uno de los emigrantes a Cuba, algún antepasado muy lejano al que nadie conoció, hizo fortuna al otro lado del Atlántico y al morir sin descendencia, le legó toda su fortuna.</p>
<p>Desde que recibió la herencia dejó de ser Pachi y ahora es Don Francisco Iturriberrigota Goicoerrota Tochea Turrestarazu Durtubia y ya no levanta piedras, pero la boina sigue con él.</p>
<p>*de Joan Mateu. joan@cimat.es</p>
<p>LUPANAR DE LAS TRISTEZAS*</p>
<p>He llegado al lupanar de las tristezas.<br />
Un hombre flaco, golondrinas cansadas<br />
en sus ojos. </p>
<p>Otro hombre duerme a la vera de sus penas.<br />
En el hueco calloso de su mano.<br />
Adormilado, un pájaro descansa.<br />
¿Quién ha de atreverse a despertarlos?<br />
¿Adónde los llevará la noche? </p>
<p>Resbala por mi piel el anatema.<br />
Ingreso al laberinto impenetrable.<br />
Sola.<br />
Alud de oscuridad.<br />
Mierda y silencio. Páramo.<br />
El infierno del Dante es una Rosa azul.<br />
Fango.<br />
En las botas de hierro pesa el mundo. </p>
<p>Huérfanos de palabras los adioses empujan.<br />
Al fondo, profundamente quieta, está la vieja la puerta.<br />
Siempre abierta, aún en la más negra de las noches.<br />
Una mano arrugada se enciende en cicatrices<br />
y me llama.<br />
Atravieso la puerta. </p>
<p>La claridad, magnífica, opaca el aguijón.<br />
Allí, encuentro el jardín y el ladrillero.<br />
Arquitecto de soles temerarios.<br />
Trabaja con sus manos, con el fuego y el agua.<br />
Piel de piedra, arraigada, que brota de la tierra.<br />
Nubes se transforman en el aire<br />
Lluvia mansa envuelve al hombre,<br />
Mientras la humanidad, mutable, imperfecta<br />
Lo acompaña.<br />
Mientras tanto, las golondrinas descansan<br />
En los ojos del hombre con figura de cristo. </p>
<p>*de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>Recuerdo*</p>
<p>   Cuando comencé la escuela, en la provincia de los buenos aires, no existía el preescolar, así fue que ingresé al primer grado con mi inexistente destreza social, cuando apenas había superado la fobia de recibir visitas en casa y ya no me quedaba escondida debajo de la mesa, leyendo las revistas de costura de mamá y la domenica del corriere de papá, sentada sobre un zapallo gigante con forma de silla que, comprendí mucho más tarde, había constituido mi objeto transicional.<br />
   Válgame dios, qué crucial es decodificar la semántica de un zapallo en la psicoterapia.<br />
   Para mí sigue siendo un zapallo gigante con forma de silla.<br />
   Había logrado hasta saludar a los que llegaban a la casa, para después rodar mi zapallo personal y buscar un sitio en el patio que no fuera alcanzado por la presencia de los humanos visitantes.<br />
   El primer día de clases el pánico era tan envolvente que no pude ni decirle mi nombre a la maestra. Su tic nervioso me intimidaba de tal modo que no podía darme cuenta si le fastidiaba mi silencio o era así todo el tiempo.<br />
   Era así todo el tiempo.<br />
   Para esta altura de los devaneos, la gorda Záccaro ya se había cagado encima y el olor era tan penetrante que la portera tuvo que ir a buscar a la mamá para retirarla de la escuela, en medio del llanto desgarrador de Martita que, a diferencia de mi silencio, sólo aullaba, yo quiero a mi mamááááá y así hasta el infinito.<br />
   El japonés Taira estaba rígido con toda su cara de japonés y nunca pudimos saber qué le pasaba por la cabeza en esos raptos de desequilibrio grupal.<br />
   Yo, con mis ojos redondos enormes que ni siquiera pestañeaban y él con esa expresión de intrigante como apuntando con la vista al ojo de una aguja.<br />
   Nos mirábamos todo el tiempo, como cómplices de una fatal desgracia pero con la convicción de no claudicar, y en ese andarivel de la mirada, exclusivo de él y mío, logramos abstraernos del entorno caótico hasta el primer sonido de la campana.<br />
   Nos hicimos grandes amigos, leales y francos, pero nunca confesamos lo que la diferencia étnica de nuestros ojos entre leyó y guardó en la retina y en la sangre ese primer día.<br />
   La maestra, aún con su tic impensadamente intimidatorio, tuvo la capacidad de percibir que éramos unos pollos que nunca habíamos salido de debajo del vuelo corto de la gallina y nos invitó a hablar de nuestros hogares.<br />
    Algunas lenguas picudas se desenrollaron y ya podía vislumbrarse en ellas ese afán de protagonismo tan inútil como inconducente.<br />
   La primera tarea fue dibujar en casa nuestro objeto más querido, o eso entendí yo al menos, y llevarlo a clase el día siguiente.<br />
   Nunca fui buena  para la naturaleza muerta, así que descarté toda biografía posible del zapallo. Su inmortalidad transitoria perdura sólo en mi evocación.<br />
   Busqué el tazón con forma de bol donde mamá me hacía el café con leche con trocitos de pan tostado, la zuppa, y en absoluta ineptitud para el dibujo, lo copié, graficando algo parecido a un plato volador con rulitos de vapor.<br />
   Llamé a mamá para mostrarle mi obra, y ella, con esa ternura mezclada con risa que sólo puede emanar de una madre me dijo qué lindo, qué es.<br />
   Es la taza del café con leche, ma.<br />
   Ah, me dijo.<br />
   Mi madre no había sido alcanzada por la literatura psicopedagógica que indica estimular y motivar alentando como maravillosas y virtuosas cualquier pelotudez, por el sólo hecho de incentivar al educando.<br />
   Y mis potenciales de consagrarme en dibujante se deshicieron al instante.<br />
   El tazón italiano era de un color beige que hoy se diría color camel y tenía un firulete grisáceo con una inscripción en cursiva que yo leía Ricardo.<br />
   Le dije a mi mamá, yo le escribo Lucy, no le voy a poner Ricardo…<br />
   No entendió enseguida mi mamá, hasta que se dio cuenta y me aclaró no dice Ricardo, dice Ricordo, me lo traje de Italia, era mi tazón.</p>
<p>   Me olvidé de la escuela por un rato y del japonés Taira y del olor a caca de la gorda Záccaro y me pareció entender claramente por primera vez, descubrir, que mi madre había sido chiquita en italiano y soñaba sus sueños y pensaba sus recuerdos en italiano.<br />
    Desde esa tarde, empecé a mirarla con una curiosidad especial que hacía, y hace hoy en día, que en cada paso suyo, en cada cadencia de sus ojos, yo me pregunte qué pedacito que no me dice, que tal vez no halle traducción, quedó atrapado en ese pasado lejano del que tuvo que despedirse para siempre.</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi  luciaguionbajo@gmail.com</p>
<p>Certeza*</p>
<p>Un desafío a mis dudas,<br />
amarte...<br />
necesitarte...<br />
Un desafío a mi corazón.<br />
Reto a mis incertidumbres.<br />
El raro desasosiego de los anocheceres,<br />
mi espalda desnuda de tus abrazos,<br />
desprotegida...<br />
desangrada.<br />
Un desafío a mis convicciones.<br />
La soledad es buena compañía.<br />
Sin amor se vive igual.<br />
Palabras...<br />
palabras.<br />
Falta la tibieza de una mirada,<br />
las manos trasmitiendo calor<br />
una palabra justa que llene un vacío<br />
tu presencia, allí, al alcance de mis ojos.<br />
El sutil, invisible, hilo que nos sujeta.<br />
La distancia que trasparenta emociones,<br />
sensaciones y pensamientos.<br />
Y esas dudas se desvanecen<br />
se van apagando una a una.<br />
Incitan...<br />
apuran...<br />
exigen el regreso.</p>
<p>*de Elsa Hufschmid.  elsahuf@hotmail.com</p>
<p>UN RATITO MÁS*</p>
<p>De la niña recuerdo<br />
la pregunta cotidiana:<br />
_¿Mami, me dejás jugar<br />
un ratito más?_</p>
<p>Ella consentía<br />
y yo gastaba el patio<br />
de tanto brincar.</p>
<p>Era la meta soñada,<br />
reír y jugar...<br />
figuritas, rayuela, escondidas,<br />
saltar con la soga y cantar.</p>
<p>La niñez quedó lejos,<br />
los recuerdos se acercan<br />
más y más...</p>
<p>Hoy repito la pregunta<br />
pero, a otra mamá:</p>
<p>_¿Vida, me dejás jugar<br />
un ratito más?_</p>
<p>*De Matilde Lopez Camelo  caminandosignosfm@hotmail.com</p>
<p>SOLEMNE Y CIEGA *</p>
<p>La furia de mis manos<br />
quema el olvido.<br />
Un olvido atormentado<br />
un segundo incierto.<br />
En cada lucero<br />
un tiempo de niebla<br />
                  de insomnio<br />
                  de cartas al viento.<br />
Mis pasos<br />
se hunden en la arena.<br />
El humo me envuelve<br />
como un manto de plata.<br />
Me siento inmortal<br />
a pesar de la pena. </p>
<p>*de Mara Torossian   mini_04@hotmail.com</p>
<p>Almacén La Estrella*</p>
<p>   Era de esas edificaciones que los hombres hacían realmente decididos a soportar cualquier arbitrariedad de la intemperie.<br />
   Pararse en esa esquina era observar el modernismo en sus bastiones más elocuentes: orden y progreso.<br />
   Se había transformado, además, en la referencia de la zona, tomáte el colectivo que dobla en la estrella, de la estrella la primera curva hacia la derecha, te espero en la esquina de la estrella.<br />
   Era como vivir en el espacio de una lógica de dibujitos animados galácticos, pero sorteando el adoquín y los pequeños tramos de brea en el asfalto más reciente. Uno podía imaginarse un colectivo albóndiga maleable doblándose al pasar por la estrella o a uno mismo parado en una punta de la estrella esperando y esperando.</p>
<p>   Mi casa quedaba a una cuadra y mi padre pasaba por esa esquina tantas veces como las que la soñó suya.<br />
   La soñaba como se sueña la libertad, sin importar cuánto cueste alcanzarla y defenderla.<br />
   En cada pedaleada de la bici, de ida y de vuelta de la fábrica, de noche y de día, de madrugada de escarcha o de siesta de verano, de amanecer de lluvia o atardecer de viento en contra, en cada pedaleada le empeñaba una cuenta más al ábaco de su libertad.<br />
   Era como la semilla que germina en la tierra rígida y reseca prescindiendo del agua y del miedo de lo que vendrá, por el sólo impulso de liberarse y de alcanzar la vida, por poco que dure.</p>
<p>   Para el tano no había San Perón, ya había desertado de las camisas negras de Mussolini, de la megalomanía de Hitler, de las amenazas totalitarias de Stalin  y de la grasada yanqui de nuevo rico con poder.<br />
   Su Italia europea ya había quedado atrás y no soportaba más fascismo que se entrometiera en la tarea de vivir.</p>
<p>    Como todo tano fanfarrón hablaba de Viplastic, la fábrica, como si fuera el gerente o el fundador, hasta que muy entrados los años, en los que yo ya no era niña pudo contarme cómo hacía de caballo tirando del carro para trasladar los materiales en esos entonces del ’57.<br />
   Recuerdo que lloré, no sé si de orgullo, de lástima o de impotencia, pero lloré como cuando el Topo Gigio se despidió una noche jurando no volver y viví por primera vez la sensación de muerte, más real que cuando se murió mi nonno.<br />
   Cuando el nonno murió yo veía a todos llorar y sabía que algo muy malo pasaba, porque logré escaparme de la casa de Evelina, con la panza llena de las milanesas más ricas que comí en mi vida, y entré al lugar prohibido.<br />
   El comedor gigante de la nonna, donde estaba la mesa que llevo conmigo a cada casa donde construyo mi hogar y convido el alimento a mis hijos y amigos, era una galería de ropas negras y cabezas cubiertas por guipur y encajes que flameaban entre el llanto, los suspiros jondos y una afluencia de pañuelos bordados, blancos radiantes y acuosos que iban y venían de los ojos a la nariz a la perilla al cuello.<br />
   Supe que mi nonno no estaba enterado de lo que sucedía allí, porque ni se movía, pero nunca imaginé que sería para siempre.</p>
<p>   Tampoco sabía que para siempre quiere decir nunca más.<br />
   Era la muerte y yo no lo sabía.</p>
<p>   Miré hacia la chimenea del comedor y volví a verlo bajando por el tiraje que él mismo había construido, después de haber lanzado los caramelos, los chocolates  y los regalos con el nombre de cada uno de sus nietos, las nochebuenas de vino, sidra, almendras y ese olor del agua de azahar del pan dulce recién levado y horneado.<br />
   Era enero esa vez, y la última navidad ya no había sucedido nada de eso.<br />
   Supe después de mucho tiempo que una bala se le había quedado a vivir, desde la primera guerra mundial, en una parte de la cabeza que no podían operarle, hasta que se infectó y la septicemia se lo llevó.</p>
<p>   ¿Vivió esos años de regalo? O ¿Regaló, por una guerra vana, su única vida, la única que tenía para vivir?</p>
<p>    La cuestión es que los relatos de mi padre haciendo de caballo o burro y, aún así, dar gracias a la vida por haber tenido siempre trabajo, justificaban ese sueño de libertad que él desplegaba cada vez que atravesaba la esquina del almacén La Estrella.<br />
   No era el American Dream ni la tarjeta dorada de Visa, ni las ventajas del yogur Ser ni el mundo inasequible de los que lo tienen todo y no tienen nada.<br />
   Soñaba con no tener patrón y eso era para él, la libertad.</p>
<p>   Recién en el ’72 pudo decidir, contra todos los designios conservadores y los rezos de sensatez y mesura que lo avenían a recatarse y reconsiderar, pegarle una verdadera patada en el culo a todo.<br />
   Y así fue.<br />
   Se apropió de La Estrella.</p>
<p>   Allí fuimos, la familia tipo, tipo tirando a pobre, a rasquetear, pintar, matar lauchas, desinfectar, descubrir lo que guarda el machimbre tras los años de abandono, desafiar la fobia a las arañas, cantar con el eco y la resonancia del cielo raso que no era raso sino abovedado y las carcajadas se ensanchaban y apocaban en cada ángulo misterioso que íbamos descubriendo.</p>
<p>   Y salir a repartir volantes de inauguración con ‘precios módicos’.<br />
   Mi viejo inauguraba su propio pastificio. </p>
<p>   Y allí nos encontró la nochebuena del ’72 brindando entre cajas que había que apilar, dos en sesgo confluyendo sobre el centro de una plana y así hasta el infinito de una torre que venía a significar prosperidad y trabajo. Papelitos ravioleros, olor a grasa de máquinas, jamón serrano, Asti Gancia, almendras, cerezas y dátiles.<br />
    No había chimenea ni mesas de parientes ni arbolito de navidad, pero había un gran regalo: la libertad de mi padre, que sería la de todos, nuestro emblema. No había patrón.</p>
<p>   Yo tenía once años y era muy menuda. Entre mamá y papá me habilitaron un cajoncito de madera de pino bien firme con el que llegaba perfectamente a la cortadora de fiambre y desde ese momento supe, no sólo lo que significaba trabajar sino que empecé a consolidar mi propia cartera de clientes.<br />
   La cola para el fiambre era especial y selecta: la despachante cortaba rápido, sonriente y tímida, del grosor a pedido del cliente y con una distribución que hacía parecer cada feta de mortadela o salchichón primavera, el manjar más exquisito que podía ofrecer esa época de deterioro del modernismo, en que los soldados de Perón habían tomado su propia causa como la causa del pueblo, de todo un pueblo que se pelaba sin conocer de estrategias ni de recursos  blindados ni armamentismo, que no sabía de secuestros extorsivos ni de alias, y que no quería del poder lo peor que el poder podía poder.</p>
<p>   El pueblo siempre quiso su libertad y la libertad, a mi criterio, no tiene nada parecido al poder.<br />
   O eso he preferido pensar toda mi vida, aún hoy.</p>
<p>   Sucumbieron años de escasez. Ya la escasez empezaba a ser el estandarte de la gran mentira mediática. Escaseaba el aceite, el papel higiénico, el azúcar, la harina, las verduras, las frutas, la verdad.<br />
   Había veda de carne, sólo podíamos comprarla los martes y los viernes, no vaya a ser eso de dejar al pueblo peronista sin el asadito del fin de semana.</p>
<p>   A mis once o doce todo era fácil de creer porque la palabra era un segmento de significados que circulaban en el único posible sentido de la verdad y alterarlo desembocaba inevitablemente en mentir.<br />
   Y mentir es un compromiso muy difícil. Requiere de mucha memoria, y sobre todo, de saber, qué es lo que el otro necesita escuchar para fabricarle el mensaje más adecuado y oportuno. Tarea infeliz, si las hay.</p>
<p>   Entonces, reservaba las raciones para los clientes más frecuentes y leales.<br />
   A la vuelta de los años se me ocurrió pensar a cuántas viejas oligarcas de mierda les habré facilitado limpiarse el culo con el papel higiénico que les reservaba con nombre y apellido en el depósito gigante del almacén La Estrella, de mi padre. Perdón, la Fábrica de Pastas de mi padre, que no quería patrón ni fascismo.</p>
<p>   Empezaron los misterios de los vecinos que desparecían de la faz del barrio, de la ciudad, del cosmos. Unos por jipis. Otros por promiscuos, otros por pone bombas. Empezaron las razzias, las palpaciones a la entrada del subterráneo de la estación Burzaco, las demoras por averiguación de antecedentes, los unimogs, las preguntas a la salida de la escuela, la amiga del seleccionado de volley de la escuela que yo capitaneaba en ese entonces,  que nunca volví a ver, hasta ver su nombre en el informe de la CONADEP, una vida toda, mi plaza, mi avenida, mi estación, mi ombú, inundado de fascismo al mejor estilo argentino genuflexo de mierda.</p>
<p>   En ese escenario de librecambio y arrogancia de poderes superpuestos y medición de fuerza bruta, en el que desaparecíamos todos los que no bregábamos por ninguna de esas opciones, el Almacén La Estrella cerró.</p>
<p>   Los dueños de ese local abandonado plagado de lauchas, desidia y desdén, que habíamos resucitado después de tantos años, habían resucitado como los piojos en sangre dulce, endulzada por otra mentira de las tantas de un país que no sabe otra cosa que venirse abajo desdeñando sus propias herramientas y recursos.<br />
   Mi madre y mi padre, que eran tanos y pobres, pero no boludos, respondieron con la cordura que tenían a su alcance frente al embate, y abrieron su propio local en febrero del ’77, sin reclamar ningún esfuerzo que pudiera ser traducido en costos y valores de mercado.<br />
   Empezaron de nuevo, como se empieza siempre y en realidad nunca se ‘vuelve a empezar’,  en este país de iluminados con la vela en el culo que se les apaga cada vez que estornudan.</p>
<p>   Eran otros tiempos, otro idioma. Ya el enemigo era cualquiera o ninguno, todos fuimos sospechosos y sospechados. Se rompieron los lazos. La confianza pasó a ser una postal del recuerdo de alguna inocencia perimida y demodé.<br />
   La identidad pasó a ser un documento ajado por el uso y el abuso de ponerlo y sacarlo del bolsillo trasero del Jean a cada paso.</p>
<p>   La Estrella cumplió su cometido, de todos modos.<br />
   Y el poder, también.</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi. luciaguionbajo@gmail.com<br />
 -Octubre de 2009 </p>
<p>NANA* (1)</p>
<p>Ama, ven a buscarme,<br />
arma tu barco de papel<br />
y acerca el mar a mi morada,<br />
que brille el sol que me despida<br />
y me abrace con un "Hasta siempre",<br />
que bailen luces sobre el agua<br />
porque será día de brindis y bonanza<br />
donde todo es sabido, esclarecido<br />
y lucirán horizontes sin barreras.<br />
Ven a buscarme, Ama.<br />
Los rincones del alma ya desiertos<br />
no encontrarán paz en la estampas,<br />
caducó toda bienvenida<br />
entre nubes de humo muy espeso.<br />
Si tiendo las manos no hay nada,<br />
sólo queda partir bajo tu amparo.</p>
<p>    NANA* (2)</p>
<p>Ama, prepara mi lecho,<br />
quiero acunar mis ensueños,<br />
limpiarme del afuera<br />
que araña mi piel<br />
y sofoca mis intentos.<br />
Quiero enmudecer las voces<br />
que gritan buscando nidos<br />
construidos por los otros<br />
y prohibidos como cueva.<br />
Pon perfume en mi almohada<br />
y pinceladas de abismo<br />
que borren toda palabra,<br />
todo daño, todo juicio<br />
lanzado como flecha al viento<br />
y que me convierte en olvido...</p>
<p>*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar</p>
<p>DESCIELO*</p>
<p>a veces es un cielo abrasador<br />
que inunda de un ahogo<br />
parecido a la tristeza<br />
pero otras<br />
es el hielo que amanece<br />
la mañana del miedo<br />
mezclada con el odio y la pereza<br />
siempre es igual<br />
al fin la sangre se recicla<br />
en furia<br />
          en tiempo<br />
a veces<br />
es la voz que da sosiego<br />
al estupor inquieto<br />
del recuerdo<br />
pero otras<br />
es silencio que amilana<br />
esa furia flagrante del deseo<br />
no siempre pero a veces<br />
me envuelvo en el bramido<br />
del viento mensajero<br />
espero a la mañana<br />
con luz de otro momento<br />
y puedo<br />
sé que puedo<br />
abrasar ese hielo<br />
y deshacerlo                          </p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi luciaguionbajo@gmail.com</p>
<p>DOMESTICAS*</p>
<p> Primero es como una luz que va entrando de a poco por la ventana cuya cortina está un poco corrida, no sabemos si ex profeso, o por una corriente de aire, o debido a la desidia de los días en que nadie puso la mano sobre ella.<br />
            Dije que primero es la luz, que se filtra subrepticia, lenta, la luz del sol, la pura luz que viene de esa lejanísima estrella deflagra bajo los fresnos, repta con su esplendor entre la gramilla y pinta de un rojo vivísimo la larga hilera de pimientos que mi madre cuida con extremado amor, como  hizo toda la vida: con la humanidad, con los animales, aún los más humildes, y con sus pimientos que era su orgullo expuesto a todo jurado aún el más riguroso, aún el más severo.<br />
            Si ella entreabría la ventana, aunque sea un poco, la brisa de mayo ligeramente fría entraba y se iba adueñando de los objetos, y tal vez el polvillo de las calles aún sin asfaltar aprovechaban ese vehículo apto, generoso y gratuito para ir aposentándose de a poco en los rincones más lejanos y las muescas barrocas de algunos muebles, y aún en los pliegues de las cortinas, o las sillas vacías de la mañana.<br />
            Dije antes o escribí mejor, que la luz se iba filtrando de a poco, cuando el alba moría en su rosado y daba lugar a esa luz brillante que el sol suscribía sin ambages, pero si en cambio el día era gris, se aproximaba una amenaza de lluvia, o, amanecía lloviznoso, el cristal permanecía cerrado, porque el frío o la humedad no eran tesoros preciados por mi madre, que amaba el sol esplendoroso, el que le traía recuerdos de su italiana aldea  en la montaña.<br />
            Precisamente, no se cansaba de ponderar esta bendita tierra donde todo verdor crecía de maravilla, mientra en su aldea natal todo había que pelearle palmo a palmo al terreno pedregoso. Sólo aquella claridad del sol montañés tenía siempre en su memoria y el discurso de su reiterado recuerdo en rémoras familiares donde mi abuela pensativa, dulcemente, adhería y asentía a su recuerdo niño, con alguno suyo, así poco más conciente, ya de adulta.<br />
            Cuando pienso en mi madre sé que voy a pérdida entera con el recuerdo, que de todas las pocas astillas que extraigo de la memoria debo construirme su imagen, plagada de gestos generosos y humildes, que retenía la elocuencia ostentosa, yo, como Pedroni podría decir que era "toda silencio, propensa al llanto y muy hermosa" y que yo la recuerdo siempre transitando ese espacio de verdes, donde orlaban esos inmensos pimientos rojos que ella cultivaba con recatado orgullo y cuando eran ponderados, se<br />
le abría el rostro moreno en una gran sonrisa de satisfacción.<br />
            Cuando pienso en mi madre es cuando la veo cruzando ese gran patio de tierra que ella barría con generoso esmero, en una mano un plato camino al gallinero, llevando tal vez restos de comida o maíz, para arrojarlo a sus pollos. Hasta en los sueños aparece con su batón celeste, floreado de amarillas pintitas, y ella muy señorona con ese plato en la mano derecha, oronda cruzando el patio y mi sueño.<br />
            De todos modos armo ese recuerdo de ella con un amor inmenso, pero en verdad lleno de impotencia.<br />
            El día en que íbamos con mi hermano hacia la sala velatoria donde estaban sus restos, caminando por una calle cercana, nos alcanzó con su bicicleta  "Cañita" Aquilano, cartero eterno del pueblo, con un telegrama que nos enviaban los empleados del Correo, Allí leí una frase que hasta ese momento era sólo eso: una frase. Pero que tuvo luego una feroz e implacable verdad.<br />
            -"Acompañamos vuestro dolor, ante tan irreparable pérdida", decía.<br />
            Allí supe que los lugares comunes, las frases de cortesía acompañado socialmente un dolor individual, tienen su sentido. Al menos para el que sufre, aunque casi nunca para el que la pronuncia. Es decir, las frases comunes en algún momento dejan de serlo y son fundamentales y drásticas. Pegan como un inmenso martillo en la cabeza, doblan de dolor ante el desamparo y la incertidumbre a que nos somete ese mismo  -desconocido antes- desamparo.<br />
            De todos modos no quiero ser triste aquí. Quiero retener esa humilde humanidad suya, esa timidez que hacía lo posible por permanecer invisible, pero atenta y poderosa, imprescindible en su amor por los suyos, una fiera cuando debía defenderlos.<br />
            La prima Gladys me contaba una discusión que habían tenido con mi padre y ella, furiosa, le decía:<br />
            -Le permito todo, menos que se meta con mis muchachos.<br />
            Sus  "muchachos", éramos mis hermano y yo.<br />
            Hace muchos años que nos dejó, y les digo la verdad, me gustaría verla caminar entre  esos altos tomatales que eran su orgullo, o en el esplendor de sus rosas o amasando esos tallarines sobre la pequeña mesa llena de heridas y de recuerdos infantiles, de cuando -sin querer- volcaba el café con leche y ella, rápida, solícita limpiaba todo antes que la irascibilidad de mi padre lo advirtiera.<br />
            Ahora debo consolarme con ese ceibo que plantó y con ese rosal que resiste todas las intemperies.</p>
<p> Y, de vez en cuando, aparece en mi sueño donde cruza ese patio de tierra con un plato en la mano para siempre.</p>
<p>*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar  </p>
<p>RONDA DE ESPECTROS*</p>
<p>Van y vienen<br />
como un péndulo.<br />
Pretenden hasta lo impropio.<br />
Son fríos<br />
Pero están<br />
Susurra el espejo<br />
Que no se atreve<br />
A reflejarlos.<br />
Ahora tiemblo<br />
Justo cuando regresan<br />
Y le roban<br />
La última migaja al aire.<br />
Se la llevan<br />
Creo<br />
    Para ser felices.<br />
Tal vez<br />
Con el paso del tiempo<br />
Queden solos,<br />
Ni su sombra<br />
Los acompañará<br />
En su camino<br />
Hacia el infierno.                               </p>
<p>*de Juliana Holzer julianaholzer@hotmail.com </p>
<p>EXILIO*</p>
<p>Hormigas melodiosas transitan por su sangre,<br />
Y todo, todo es nada: solamente un recuerdo<br />
ARIEL FERRARO</p>
<p>Nunca te dije que me quedé por miedo<br />
Por un brutal. Feroz, insustituible miedo.<br />
Coloque en tu valija tu jean, una foto y mi gastado miedo<br />
Partiste en plena noche. Como un bandido.<br />
La muerte silabeaba con boca de zafiro.<br />
Me dejaste libros, despedidas.<br />
Y el miedo, animal, impío, sanguinario.<br />
Prefería la muerte a la partida.<br />
Pero quedó la herida. De muerte, herida.<br />
Herida miedo. Estaba en todas partes, en todas, todas.<br />
En tu silla vacía. En la guitarra.<br />
En el perro llorando. Lastimeramente.<br />
En la mesa con mantel de desvelo.<br />
En los diez mandamientos de mi manos.<br />
En mi boca cocida. En mis ojos atados.<br />
En el mapa de tu cuerpo en mi lecho.</p>
<p>Quedaron sacos rotos.<br />
Olor a patria. Sabor a viento claro.<br />
Tierra natal. Muertos. Crujidos.<br />
Disparos que ahuyentan las palomas.<br />
Te has  llevado mi pena, ay mi pena.<br />
Y has dejado la tuya. La tuya mía, corazón.<br />
Un pedazo mío  tuyo te has llevado.<br />
Un clavel. Un malvón. Un café.<br />
Un pájaro de bruma. Un dragón. Una tijera.</p>
<p>Corto la espera, sentada en el umbral.<br />
Como ayer, anteayer, mañana, nunca.</p>
<p>*de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>UN PURGATORIO PARA EL SOFÁ*</p>
<p>Constrúyeme por favor un purgatorio donde pueda expiar todas mis culpas, y enmudecer cada uno de mis anhelos por intentar encontrar las respuestas donde yo mismo sé de las soluciones y de las causas.<br />
Constrúyeme, si acaso pudieras, un purgatorio para lavarme por dentro cada herida que supura, que arde cada vez que respiro, mientras el oxígeno se encarga de envenenar la parte que queda sana en mi ser.<br />
 Sé que sólo soy un rayo de luz que se ha infiltrado por entre las grietas y después de ellas me he metamorfoseado en halo de oscuridad; y oscuridad desnuda me quedo cuando no me vienes a buscar, así acontece por horas mientras simplemente me detengo a respirar tendido sobre aquel sofá. Mientras estoy en medio de este recinto acromático soy ausencia de luz, soy cuerpo opaco que divaga con este problema mío en el que choca a contra reflujo mi existencia con la vaciedad.<br />
Cuando tienes hambre vienes y abres la puerta para que yo vuelva a aparecer como el destello de luz que ilumine tu trayecto hacia tu habitación, pasando por el corredor hasta llegar al refrigerador; a final y al cabo sacias tu apetito, das media vuelta y simplemente te vas, de regreso yo te guío iluminando el trayecto hasta tu alcoba, justo en media hora una vez dormido, silente, estarás. Eres un niño con preocupaciones muy tuyas, muy de tu corta edad, con todo ese egocentrismo que atasca cada rincón, cada muro, cada ventana y aun más  las puertas ajenas a la realidad.  Yo tan solo soy un halo de luz, a destiempo y sin edad, lo que las mayorías conocen como simple oscuridad, oscuridad silente soy y mírame como he permanecido aquí por siglos soportando esta frialdad.<br />
Constrúyeme, si fuese tu voluntad, un purgatorio que redima parte de mi asfixia, la que no termina por dejarme en paz ni siquiera cuando me escondo debajo de mis párpados.<br />
Me buscas por las noches cuando un mal sueño se ha metido bajo tus cobijas y llenado de mugre tus almohadas, y corro desde el sofá para buscarte e iluminarte, tienes que saber nada te pasará cuando la luz llega hasta tu habitación, te detienes y sabes que nada es real, mi luz te tranquiliza y vuelves a pensar en que siempre te estaré espiando, asegurándome tu tranquilidad. Te duermes, como siempre te olvidas de mi existencia, me retraigo, pienso que me utilizas a tu conveniencia, pero eres un niño pequeño y egoísta como todos, que duerme en pijamas con un oso de felpa abrazado y la figura de un hombre crucificado pende del muro a la altura de tu cabeza.<br />
Soy destello de luz que cuando le olvidas, me refugio en las arrugas de aquel viejo sofá desahuciado, para convertirme en penumbra y de negro me quedo para guardar luto por la pena, la amargura que me embriaga al saber que estoy contigo y a la vez estoy tan lejos cuando oprimes el interruptor.<br />
Cuando llueve y hay tormenta por las noches esperas me quede de pie a tu lado, iluminando hasta el último rincón donde algún fantasma empapado pudiese refugiarse del brutal aguacero; pero en las noches tranquilas colmadas de calma, muy pronto adiós me dices y me condenas a la no existencia impregnado de susurros animados por tu resoplar cuando caes dormido en la cama y no importa nada más que tu sueño y tu egoísta ánimo por descansar. Eres un niño, no importando tus desplantes al cerrar las cortinas, provocando que todo se tiña de amarga oscuridad; pero si algo te espanta a media noche bien sabes que la luz vomitará lo que carga en el vientre. La luz te dice que lo grotesco se quedó atorado en medio de un confuso y obsceno sueño; no pasa nada, nada pasará, pero para mí nada pasa, el sueño gira en torno de mi propia aberración de sentirme desahuciado y abandonado por mi propia opacidad.<br />
Elabórame, con esa basta imaginación infantil, un purgatorio para el sofá donde duermo como sonámbulo por instantes en esta grotesca sensación de soledad.</p>
<p>*de Jesús Brilanti T. lugburtian@hotmail.com</p>
<p>El cruce*</p>
<p>Ligeramente doblado hacia delante y apoyando el peso sobre el bastón espera que cambie el semáforo por cuarta vez. Lleva cuatro minutos esperando para cruzar la calle y cada vez que se detiene el tráfico, calcula el tiempo de que dispone. Es consciente de que es insuficiente para cruzar aquella ancha avenida.</p>
<p>Los seis carriles se llenan de coches en cuanto cambia el semáforo y pasan veloces haciendo roncar sus potentes motores, como conminándole a no aventurarse a cruzar. </p>
<p>Es consciente de que sus piernas no son lo que eran y sabe que no puede caminar más deprisa por lo que está seguro de que, caso de decidirse a cruzar, no alcanzará la otra acera antes de que cambie la luz… Y eso es un riesgo enorme porque está seguro de que los coches no le van a respetar.</p>
<p>A los diez minutos, inicia una cuenta atrás para iniciar la travesía en el mismo momento que cambie el semáforo, con el fin de disponer de más tiempo, pero una vez alcanzado el segundo carril da la vuelta y regresa todo lo deprisa que puede y aún y así alcanza la acera en el momento que un bocinazo le avisa de que los coches no van a parar. ¡Ha estado en peligro de muerte!.</p>
<p>Debe buscar una solución, un recurso que le permita cruzar la calle. Él, que ha sido un estratega toda su vida, no puede dejar que un burdo semáforo le barre el camino.</p>
<p>…</p>
<p>Quizás no haya sido la mejor idea de su vida. Por supuesto ha podido cruzar la calle, pero no ha tenido en cuenta las consecuencias de su decisión. Pensar que si se desnudaba y pasaba en cueros por el paso de peatones los vehículos le cederían el paso y así fue, pero al llegar a la otra acera no tenía ropa que ponerse, por lo que tuvo que ir hasta su casa con las vergüenzas al aire y por si eso no fuera suficiente, ahora su mujer, al verlo llegar como Dios le trajo al mundo le recriminaba a voz en grito. ¿Qué semáforo, ni que cuentos? ¡Tu has tenido que salir de la cama de una vecina a toda prisa! ¡Parece mentira a tu edad!  ¡Lo poco que tienes lo podrías dejar en casa! ¡Crápula, más que crápula!</p>
<p>*de Joan Mateu. joan@cimat.es</p>
<p>INALCANZABLE*</p>
<p>Un manojo de silencio<br />
un delirio<br />
(casi nada).<br />
Tristes súplicas<br />
perdidas en el viento.<br />
Y esta hoguera<br />
que me quema<br />
que me enfría<br />
que me apena<br />
y un deseo<br />
que florece con la noche.<br />
Grises redes<br />
que el espanto teje<br />
con rayos de luna<br />
para enredarme<br />
lejos, muy lejos<br />
de tus ojos de bruma. </p>
<p>*de Federico Ibáñez fede_iba_5@hotmail.com </p>
<p>Tierra y libertad*</p>
<p>Se recomienda esta lectura con música celta, vino tinto en pequeña copa, tabaco<br />
y luna menguante rojiza recién asomando en el horizonte del este de este lastimado sur</p>
<p>   Vi a un hombre agachado en su dolor, entre el miedo y la queja, poniendo flores en su pequeño jardín. Amasaba una tierra comprada, prestada, como no confiando en lo que ese pedacito de heredad que el medio le había conferido en su derecho tuviera suficiente nutriente.<br />
   Tal vez dando por sentado que ya la había depredado y malgastado lo suficiente como para que haya perdido las condiciones de su fertilidad inmanente. La tierra, no el hombre.</p>
<p>   Lo vi eludiendo los reclamos increpantes, refugiándose en la usina de su propia primavera tardía, sin caución de resguardo, apurando los tramos que rezagó en proclama de la inercia, ausentándose del pánico y la angustia, regando hojas y manos con lágrimas que manaban de la sonrisa inexplicable y de la tristeza harta de explicaciones.<br />
   Resbalaban esas lágrimas guiadas por sus arrugas. Ojalá hubieran sido sólo patas de gallo, a esta hora andaría pisando gallinas.<br />
   Eran surcos de la piel de un hombre que ha reído y llorado. Y se ha enojado más de lo recomendable. Eran los caminos ensayados y repetidos tantas veces y tantas más hasta hacer huella.</p>
<p>   Lo vi explorar la tierra como si la mirara por primera vez, yendo y viniendo de la mezcla de arena, cal y pedregullo, erigiendo un palacio en la miseria de la vida efímera. Lleno de orgullo de estar despierto y no muerto, pero implorando alguna cábala o un rezo que acelerase el resultado y la consecuencia de este esfuerzo nuevo, en repudio del tiempo disipado.<br />
   Como despojado de la memoria ancestral o descubriendo un atavismo en ciernes que había silenciado indiferente.<br />
   Me pareció escuchar de entre sus comisuras un chasquido de pena. Pero noté que la sonrisa volvía a dibujarse dejando escapar el aliento cálido que ofrecía a los brotes, penetrándolos.<br />
   Se sentó a mirar su obra sin sentirse mirado, mientras secaba con la manga arrugada de la camisa esa humedad que, no se dio cuenta, lo haría brotar a él también.<br />
   Me detuve en el brillo de las gotas y me vi en los destellos, hecha pedacitos en un calidoscopio de colores difusos. Sólo un espejo más?</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi  luciaguionbajo@gmail.com</p>
<p>"Es más difícil ser hombre"*</p>
<p>Más hombres que mujeres practican tropelías, imbecilidades</p>
<p>Más hombres que mujeres se suicidan</p>
<p>Más hombres que mujeres doblegan voluntades<br />
hasta el exterminio<br />
inventan contrincantes<br />
planean invasiones y ejecutan guerras</p>
<p>Más hombres que mujeres asesinan serialmente<br />
más hombres que mujeres alardean<br />
más hombres que mujeres coleccionan porquerías</p>
<p>Más hombres temen no ser hombres<br />
y pulsean<br />
que mujeres temen no ser<br />
                                         mujeres.</p>
<p>*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar</p>
<p>Tío Esteban* </p>
<p>*Por Carlos Caposio. carloscaposio@hotmail.com</p>
<p>Como quisiera ser como Esteban para que María esté tranquila y no llore en el baño, para que deje de tratarme como a un niño y de volver locos a los doctores del nuevo hospital, pretendo explicarle pero es difícil, ella no conoció a Esteban.<br />
Aquella vez estaba contento porque el tío venía a casa y por teléfono me había contado sobre algo raro que había hecho en su pelo.<br />
De chico yo creía que era el único que lo entendía debido a una charla que había escuchado en casa. Estábamos en el patio, bajo la parra, él se había ido a descansar y ni bien se escucharon los primeros ronquidos, la tía Marta explicó que Esteban había tomado mucho y que por eso estaba colorado y tenía<br />
sueño. Después comenzó con lo del juego, con que no podía pasar un mes sin ir a Mar del Plata al casino, con que asociaba todos los número para jugar a la quiniela. Dijo también que había perdido mucha plata en los dados, y en ese juego que el tío me había enseñado la semana anterior donde hay que sumar siete y medio.<br />
Era verdad que le gustaba el juego. Recuerdo el día que dijo que encontró una moneda en la calle, y que como no tenía plata, se había ido caminando desde su departamento de San Isidro hasta un bingo de San Fernado para colocarla en una máquina de apuestas. Por entonces no estaba el Casino de Tigre porque sino seguro hubiera ido caminando hasta allá. Contó que comenzaron a sonar una sirenas y que el tragamonedas escupía monedas sin parar, que las manos no alcanzaban, que puso la boina y se le rebasó, y que por último, le habían traído una carretilla tan grande que para llevarla a su casa necesitó la ayuda de un hombre del lugar.<br />
Estaba ansioso por la llegada del tío y por el chocolate que siempre traía.<br />
Ese día tenía miedo, el río había desbordado y había llegado hasta la vía muerta de la esquina de casa, en Martínez, por donde hoy pasa ese tren medio artificial. Él no estaba muy lejos, pero yo presentía que no iba a llegar, después mamá me tranquilizó y comencé a planear de que forma le sacaría la golosina.<br />
En muchas cosas soy como Esteban o como lo veía cuando era niño. El tango, por ejemplo, lo mamé de él, cada vez que venía me enseñaba una palabra nueva del lunfardo. Los burros también, los domingos cuando me sentía bien, agarraba el bastón del tío, compraba La Rosada e iba al hipódromo a jugar<br />
alguna fija. Y mis viajes, lo mejor de todo, el siempre decía que viajar era lo único adquirido por lo material que duraba toda la vida. Pucha si tenía razón, el televisor lo cambié tres veces, el equipo musical otras tantas, y la computadora, es la misma pero la tuve que renovar cada 5 años, además<br />
cuando el tío vivía no había computadoras. Pero mis viajes, con sólo pensar en ellos ya estoy allá nuevamente, salgo de la cama sin moverme y estoy en Guatemala, en el templo del gran jaguar; paso por Río de Janeiro y subo al pan de azúcar; y en México, visito las ruinas mayas de Chichén Itzá.<br />
Cuándo llegó estaba todo mojado por la tormenta, no recuerdo bien que inventó, creo que dijo que había venido nadando, o que un exiliado de Venecia lo había traído en góndola, o que se agarró de la cola del caballo que ganó la carrera, o que con un ventilador, había llevado el río a su cauce para poder venir caminando. No sé, lo cierto es que tenía el pelo raro, parecido al de un bebe, como quemado. Yo fui corriendo a abrazarlo, sabía que tenía el chocolate en el bolsillo y se lo saqué sin que se diera cuenta, él sonrió y dijo que no entendía como lo había logrado. Siempre lo sorprendía o por lo menos creía que así era.<br />
Esas son las cosas que extraño de Esteban, como en el verano en que entró por el fondo con la máquina de cortar el pasto. Al escuchar el ruido del motor salimos sobresaltados al jardín con mamá y papá. Estaba parado arriba de la máquina, juraba que había venido manejando el aparato y que en la bajada de Libertador no había podido frenar y se había agarrado de la rama de un árboly que así, colgado, había visto como la cortadora seguía hasta el río y caía al agua. Cuando yo le decía que no podía ser, que el río estropeaba las cortadoras de pasto y que si fuera cierto haría cortocircuito, él salía con que lo deje terminar, con que yo era muy impaciente, y con que el cable de la máquina se había atascado en el muelle, y que por eso, no había llegado al agua.<br />
Con los años me di cuenta que Esteban y la tía estaban separados y que venían juntos sólo para conservar la imagen familiar. Por eso Marta le hacía fama de timbero y no paraba de hablar mal de él. Mamá siempre le daba la razón a la hermana pero un par de veces dijo que la tía era medio loca y que<br />
el tío era una buena persona. Eso me tranquilizaba.<br />
Nunca había pensado que por la diferencia generacional era imposible envejecer juntos.<br />
No sé por qué nos imaginaba de viejos en la plaza de la Catedral jugando al ajedrez, quizás porque había prometido que cuando yo cumpliera unos años más me iba a enseñar, pero no aguantó el pobre.<br />
Después de la parodia del chocolate explicó por qué tenía el pelo así. Me confesó en secreto que era por la falta de frutas y verduras. Recuerdo que las semanas siguientes pedía a gritos jugo de naranja y buñuelitos de acelga. Que ocurrente era el tío. Aunque a veces se contradecía, porque un tiempo después, creo que fue la última vez que lo vi, le volví a preguntar por el pelo, ya casi no tenía, otra vez se me acercó y dijo que por estar sin bañarse tres días se le había formado un panal de abejas en la cabeza.<br />
Recuerdo que abrí grandes los ojos y lo miré fijo. "Sí -me juraba- lo tuve que quemar y se me prendió fuego el pelo".<br />
La tía Marta dijo que se había ido de viaje. Le creí, porque mamá además de contar que la hermana era medio loca, siempre afirmaba que "la tía no mentía". Además al tío le encantaba viajar, hasta cuando tuvo hepatitis juraba que había estado en Machu Picchu con los Incas. Después supe que era cierto, no que había ido cuando estaba enfermo, pero sí de joven. Él siempre seguía viajando con la mente, hasta en eso nos parecemos.<br />
Esa última vez, no se había ido al exterior, o sí, porque a dónde vamos después de la muerte es un poco más de la incertidumbre de la vida. El tío tenía cáncer de próstata.<br />
Que poco lo disfruté, no llegamos a jugar una partida, estoy seguro que dejaría que juegue con blancas.<br />
Unos años después de que murió inventaron un tractor para cortar el pasto, no lo quise comprar porque, al igual que lo hacía Esteban, hoy vivo en un departamento de San Isidro, pero si el tío lo hubiera visto, era capaz de comprarlo y tenerlo atado a un árbol con un candado de bicicleta.<br />
María tiene miedo. Por más que le cuente nunca va entender ¿Cómo hago para que deje de estar triste y de hacer tanto alboroto?<br />
Al dorso de una de las últimas fotos del tío dice: "Aunque uno esté prisionero en una cama, puede ser libre con la mente y viajar, en definitiva, uno es lo que recuerda y lo continúa en su forma de contarlo".<br />
Cuando miro el espejo, además de las arrugas veo el pelo quemado de Esteban, porque para mi había espantado las abejas con un hisopo gigante bañado en alcohol. No entiendo como estaba de tan buen humor con esta basura de la quimioterapia.<br />
Él siempre con esa sonrisa contagiosa, burlándome con la mosqueta, enseñándome a jugar al tute o amasando pizzas para toda la familia. Yo decía que las de él eran las más ricas que había probado, recuerdo que mi vieja, que en paz descanse, se ponía celosa.<br />
Mi único hijo se llama Esteban, cuando vendimos la casa de Martínez le di unos mangos y después de casarse se fue con la mujer a vivir a San Martín de los Andes, a una comunidad nativa del lugar. Ahí tuvo a Nahuel y en un mes nace Luna. No tendría que venir pero María siempre fue la misma exagerada,<br />
lo llama desesperada, lo asusta y el otro grandote otario se viene en avión.<br />
Pero qué les voy a contar, no entienden que con sólo bañarme dentro de los tres días, tiempo que tarda en formarse un panal de abejas en la cabeza, no se me caerá más el pelo. Cómo avisarles que ahora estoy de viaje por América latina y no acá, cómo revelarlo, cómo explicarlo; si nunca conocieron al tío Esteban. </p>
<p>*Fuente: http://www.artecomunicarte.com/ArtistaDatosPAD2_L.php?Arp=714<br />
http://blogs.clarin.com/la-fusion-de-los-generos/posts</p>
<p>El crepúsculo o la última batalla de una diosa*</p>
<p>El espacio se cruza de agua y de sonidos, y el sabor de lo perdido que vuelve.<br />
La lluvia abrillanta el olor de las flores. Hay un sueño a punto de aparecer y un antiguo color.<br />
El fuego irradia hasta invitar a lo íntimo.<br />
Besos errantes, paseo por el tiempo y una casa en el mar con chimenea.<br />
El fuego inventa imágenes. Sol que se retira, pero antes de hacerlo, despliega una revolución roja en el cielo. La violencia de la belleza.<br />
El crepúsculo es la última batalla ardiente... La firma de un dios que no se rinde en la hoja celeste o será diosa con sus colores cambiantes. Una diosa todavía inocente con los bolsillos que se abren y desparraman sus hogueras brillantes. Una diosa si, dios es perfecto y se murió por nosotros me dijeron, pero una diosa vive y saltan sus chispas vitales a chorros imperfectos.        </p>
<p>*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar</p>
<p>ASÍ TE RECUERDO…*</p>
<p>Estaba yo en la fiesta y, detrás mio,<br />
un  espejo imágenes brotaba:<br />
Estabas tú, sentada, y tu vestido<br />
vivió en mi mente frágil y azorada...</p>
<p>La hora era en que, sobre la calle,<br />
un cielo herido lágrimas lloraba:<br />
era la hora, y, así como en un libro,<br />
leía yo, ávido, tus ojos y tu cara...</p>
<p>Camino aún, y, solo, te recuerdo.<br />
Encuéntrote aún más bella y lozana,<br />
Cada vez que veo tu figura,<br />
tu vestido, azul, tu risa, clara...</p>
<p>En mi sueño, acompañante los astros.<br />
Y de los astros tu inocencia escapa<br />
para poblar de luces el camino<br />
de este ser gris, en una gris etapa...</p>
<p>Y hago votos por verte, nuevamente.<br />
y hago juegos con la imaginación:<br />
es tan simple, tan lindo, tan sincero,<br />
como de una vertiente la canción...</p>
<p>No sé si aún se escuchará mi canto:<br />
es eso algo imposible, sí, quizás...</p>
<p>Mas es eterno, como el gris otoño,<br />
que, luego de beberte, muere en Paz!...</p>
<p>*de Horacio C. Rossi.<br />
 - en la Terraza. (1953-2008)</p>
<p>*</p>
<p>Deja que el viento<br />
toque el ave.<br />
dos libertades hermanas<br />
vuelan juntas<br />
en busca de astros quiméricos,<br />
incontaminados,<br />
lanzados a la eternidad.<br />
Deja que el viento<br />
acune el sueño<br />
de quien busca amparo<br />
en la paz eterna,<br />
de  quien es el faro<br />
para nuestra vela<br />
porque en ella el viento<br />
anida y se queda.</p>
<p>*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar</p>
<p>EL VUELO DE WIMPI* </p>
<p>Para Manena y Bari Enseñat Ribas</p>
<p>  Una libélula dorada de alas enormes penetró por la ventana y revoloteó alrededor de la cama, anunciando que algo importante iba a ocurrir ese amanecer.</p>
<p>-        Wimpi, ¿eres tú? – preguntó Manena, llena de esperanzas, y salió tras ella.</p>
<p>         La mañana anterior había sido muy triste, cuando fue a la jaulita de su periquito verde la encontró vacía y con la puertecita cerrada. Parecía cosa de brujas, pero la mamá razonó – las madres son muy inteligentes y encuentran explicación para casi todo -, al parecer la puerta había quedado mal cerrada, entre empujoncito y empujoncito, Wimpi había logrado colarse al mundo de afuera y su salida había vuelto a disparar el cerrojo, dejando la puerta como si nada hubiera pasado... ¡Pero al final seguía pareciendo cosa de brujas!</p>
<p>         Lo buscaron por todos lados, dentro y fuera de la casa, en el jardín, en el patio, hasta en el enorme almendro que florecía a la entrada... nada, ni rastros del periquito. Entre lágrimas que no podía ocultar, Manena había pedido permiso para salir a comprarse una paleta de chocolate. En realidad quería visitar a la gitana que se sentaba en el parque a leer la fortuna, pero no quería confesarlo.</p>
<p>-        ¿Cuánto me cobra por una pregunta? – le soltó a bocajarro, más por timidez que por falta de educación, no sabía cómo dirigirse a una persona capaz de ver el pasado, presente y futuro.<br />
-        Buenos días, preciosa – le respondió la gitana -, una sola pregunta puede tener muchas respuestas, el precio depende de la importancia de la pregunta, y del tamaño de la contestación.<br />
-        Mi pregunta es vital... pero la respuesta es bien corta, solo necesito dos oraciones, tres a lo sumo...<br />
-        Entonces tal vez te responda sin cobrar – la gitana sonreía y la miraba al fondo de los ojos... ¿por qué insistía en ponerla más nerviosa de lo que estaba? -, solo debes prometerme no llorar más...<br />
-        Lo prometo – Manena levantó dos dedos haciendo una cruz y se los besó, como había visto hacer en una película.<br />
-        ¡Excelente! Ahora puedes hacerme la  pregunta.<br />
-        Por favor, señora... ¿Dónde podré encontrar a Wimpi, mi periquito verde?</p>
<p>         La respuesta le había causado mareo, de tanto pensar en ella: “Encontrarás a Wimpi, pero ya no será el mismo de antes”.</p>
<p>         Manena había pasado el día escrutando las nubes: vio cocodrilos, llaves, guitarras, muchos barcos, una ballena, un oso, una cuna... pero ninguna nube le recordaba a su periquito… ¿Se habría transformado en flor? Salió al jardín, buscó en el parque, pero su amiguito era completamente verde y todas las flores estaban adornadas de colores.</p>
<p>         Pensando en el enigma que no lograba resolver, la sorprendió la noche y con ella llegó el sueño, hasta que el zumbido de la libélula le ayudó a abrir los ojos... era dorada y no verde, es cierto, pero de seguro intentaba decirle algo. Siguiéndola llegó hasta la arboleda que crecía detrás de la casa... Miró de nuevo las nubes, las flores, las verdes hojas de los árboles... y ahí, escondido entre las frondas, le pareció distinguir el brillo de unas plumitas del mismo color.</p>
<p>         Silbó, como hacía cada mañanita antes de salir para la escuela y Wimpi revoloteó hasta una rama más cercana, respondiendo a su saludo.</p>
<p>-        A partir de ahora me vas a encontrar aquí, sólo tienes que venir a visitarme – parecía decirle con sus ojitos negros y redondos como botones.</p>
<p>         Manena disfrutó un ratito más de su presencia, hasta que llegó el momento de la despedida. Ella debía volver a casa, Wimpi a sus frondas... “Encontrarás a Wimpi, pero ya no será el mismo de antes”.</p>
<p>         Tenía razón la gitana, ya no era un periquito prisionero, era un periquito feliz.</p>
<p>*de Marié Rojas.</p>
<p>EL CALDERO*</p>
<p>La hora de los recuerdos<br />
llega con señales de tiempo,<br />
asombra lo que se gesta<br />
en el caldero infinito<br />
donde los años en cruces<br />
van desfilando entre sueños.<br />
Nos vemos a la distancia<br />
con contornos desconocidos,<br />
los hechos cambian los tonos<br />
que delinean las figuras.<br />
Las penas siempre nos duelen<br />
por que son deshechos muertos,<br />
sólo dejaron imágenes<br />
tristes, sin luces, sin tiempo<br />
pero son trozos del alma<br />
que olvidamos en un banco<br />
de aquel parque solitario<br />
que bautizamos comienzo.<br />
También reflejos de amor<br />
se nos quedaron dormidos<br />
en lechos que están vacíos<br />
como nidos olvidados.<br />
¿Qué nos queda en el caldero<br />
para seguir el camino?<br />
Una lágrima bajo el cielo<br />
por el destino enjugada.</p>
<p>*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar</p>
<p>*</p>
<p>Inventren Próxima estación: CASBAS.</p>
<p>Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar</p>
<p>http://inventren.blogspot.com/</p>
<p>*</p>
<p>Queridas amigas, apreciados amigos:</p>
<p>Este domingo 8 de noviembre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores argentinos Daniel Judkoski und Mariano Javier Dugatkin. Las poesías que leeremos pertenecen a Pedro Reino (Ecuador) y la música de fondo será de Surazo (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición! </p>
<p>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at<br />
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!  (Recomendamos usar http://24timezones.com/  para conocer las diferencias horarias).</p>
<p>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! </p>
<p>Freundliche Grüße / Cordial saludo! </p>
<p>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br />
www.euroyage.com </p>
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<p><a href="http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/09/edicion-noviembre-2009#comments">Comments</a></p>]]></description>
	<pubDate>Mon, 09 Nov 2009 02:09:28 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>EN LA SINGULARIDAD DEL OTRO...</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/06/en-la-singularidad-del-otro</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/06/en-la-singularidad-del-otro</guid>
		<description><![CDATA[<p>SUCEDE SIEMPRE EN MARZO</p>
<p>A Julio Pino Miyar</p>
<p>Conozco a un bardo conejo<br />
Que ama a las estrellas<br />
Desde el hueco lóbrego<br />
De su madriguera.<br />
Quiere ser astrólogo,<br />
Astrónomo,<br />
Astronauta...<br />
El pobre no sabe que ellas<br />
No saben regir destinos,<br />
Leer pasados,<br />
Dictaminar futuros...<br />
Son apenas bolas de gas<br />
Ardiendo indiferentes,<br />
Lejanas,<br />
Tan muertas<br />
Cual lágrimas viejas.<br />
Jamás escuchó hablar de Newton,<br />
Ignora las leyes de Kepler,<br />
Las ecuaciones de Maxwell<br />
Y la física cuántica.<br />
Sólo sabe interrogar al cielo<br />
Esperando respuestas.<br />
Pobre liebre poeta:<br />
No sabe que el Universo sólo existe<br />
Porque él lo sueña<br />
Desde el hueco oscuro<br />
De su madriguera.</p>
<p>*de Marié Rojas Tamayo.<br />
-2004-</p>
<p>EN LA SINGULARIDAD DEL OTRO...</p>
<p>no dicha*</p>
<p> y si alguna vez</p>
<p>una palabra no dicha</p>
<p>nunca dicha</p>
<p>que no sea dicha</p>
<p>hallara el intersticio entre silencio y milagro</p>
<p>del segundo antes de decirlo</p>
<p>de la hora precedente al impulso</p>
<p>del siglo antecesor de la desgracia</p>
<p>del infinito ancestral de todos los tiempos humanos</p>
<p>que andamos errando?</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi  luciaguionbajo@gmail.com</p>
<p>Apuesta*</p>
<p>El guardabarrera toca su silbato con insistencia. La primera en detenerse<br />
antes de cruzar la vía es una monja anciana de vestimenta gris. Una joven<br />
que venia apurada casi se choca contra la monja. Y luego se detiene un<br />
hombre que caminaba encandilado por la belleza de la joven.</p>
<p>-No vale la pena arriesgarse. -dice la Monja prudentemente.<br />
-Encima es de carga -dice la joven.<br />
-A que son 30 vagones... -irrumpe el hombre.<br />
-Son como 40. -Dice la joven con su belleza inefable.<br />
Bueno, el que gana da un beso en la mejilla. -Propone el hombre.<br />
Un beso soplado al aire. -Contesta ella sonrojandose.<br />
-Trato hecho. -Dice el hombre.<br />
Yo los cuento. -Ofrece la monja y encuentra inmediata aprobación de la joven<br />
y el hombre.<br />
La locomotora diesel de color celeste gastado cruza delante de ellos tirando<br />
vagones cargados de piedra partida. El hombre hace su conteo en silencio. La<br />
monja que tiene un tonito a española los cuenta en voz alta.<br />
El hombre se da cuenta que va a perder la apuesta. Que en realidad le<br />
gustara perder esa apuesta ingenua.<br />
-Son 38, gano la señorita dice la monja.<br />
La joven se gira, hace trompita con sus labios y sopla el beso.<br />
El hombre apresa ese beso en el aire con la mano derecha y se lo lleva a sus<br />
labios.<br />
La monja sonrie satisfecha y comienza a cruzar las vías.<br />
La joven dice "chau" y se va ondulando sus caderas.</p>
<p>Ese hombre se queda un momento o una eternidad viendo como ella se pierde<br />
después de algunos metros, al doblar la esquina.</p>
<p>*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com</p>
<p>Gestos*</p>
<p>*Jorge Sigal<br />
02.11.2009</p>
<p>-¿Cómo es un día de su vida?</p>
<p>-Bueno, me levanto a las cinco y media. Antes de las seis y media estoy<br />
fichando en la empresa. Trabajo hasta la una y media. Almuerzo en casa (a<br />
veces lo hago en el sindicato), duermo una pequeña siesta de dos horas, y<br />
desde las cinco de la tarde estoy en el sindicato, trabajando con los<br />
compañeros, con la gente que viene. Atiendo también en la CGT. En fin,<br />
terminamos siempre a la una o dos de la mañana, dormimos muy poco.</p>
<p>-¿Por qué casi todas las respuestas las da en plural?</p>
<p>-Porque todo lo que digo no es exclusivo ni personal: se trata de algo<br />
compartido por todos los compañeros. Por otra parte, yo no represento a una<br />
persona, sino la posición colectiva de todos mis compañeros.</p>
<p>Repaso una y mil veces estos párrafos que registra la crónica de la época.<br />
Son respuestas de tal simpleza que ahora suenan pueriles.</p>
<p>Han pasado treinta y tantos años. Muchos para una vida, demasiado pocos para<br />
la historia. Busco más, me sumerjo en esa voz, en esas imágenes. ¿Qué nos<br />
enamoraba en aquellos tiempos recientes? ¿Un programa de gobierno? ¿Un plan<br />
de lucha sindical? ¿La toma del poder? ¿Las tesis de abril, el Qué hacer, la<br />
Pequeña Biblioteca Marxista-Leninista? ¿La rosa y el fusil? ¿La posibilidad<br />
de ser ministros, diputados, legisladores? ¿O los gestos simples, cargados<br />
de autenticidad, que irradiaban algunos de los ídolos de entonces?</p>
<p>Vuelvo a la lectura del archivo.</p>
<p>-¿Es difícil lograr la coherencia entre lo que uno piensa y lo que uno hace?</p>
<p>-Es difícil, más aún porque nosotros pretendemos una moral que no sea la<br />
típica de esta sociedad y nos encontramos con esa tabla de valores que<br />
pretende colocar a toda la población bajo su imperativo. Ahora, es difícil<br />
pero no imposible. Llevar a la práctica las ideas de uno requiere esfuerzos,<br />
pero mucha gente lo hace.</p>
<p>Quizá no todos tuviéramos el mismo sueño. Es posible que cada cual<br />
construyera una película diferente. Sin embargo, la pasión no tenía, para la<br />
mayoría de los jóvenes de los setenta, el perfil de la codicia, de la<br />
ambición, del reparto de porciones de poder. Por supuesto, como en toda<br />
pasión amorosa, aquélla tenía sus propias patologías: había amantes de la<br />
prepotencia, resentidos, desarrapados de sentimientos. Pero, en general,<br />
quienes se incorporaban a la militancia querían construir otra realidad.<br />
Buscaban nuevos paradigmas y se resistían a convertir la podredumbre en<br />
podredumbre propia. Por eso, las respuestas de aquel gigantón al que muchos<br />
sentían como el paradigma de dirigente sindical hoy suenan tan ingenuas.<br />
Agustín Tosco murió, mientras lo perseguían la policía y la Triple A, el 5<br />
de noviembre de 1975, hace treinta y cuatro años. Tenía todo lo que hay que<br />
tener para aspirar a leyenda, hasta la pinta y la estatura que exigen las<br />
bellas artes. Era también un hombre culto, es cierto. Pero no era su dominio<br />
de la dialéctica, de la teoría política o su manejo de la doctrina lo que<br />
más admiraban sus seguidores, sino aquella vocación por parecerse a lo que<br />
postulaba. Mezclado con elevadas cuotas de mesianismo, el pensamiento de<br />
izquierda tenía por aquellos años ciertas pretensiones, y la coherencia era<br />
una de ellas. Resultaba inconcebible, por ejemplo, que un dirigente de ese<br />
espacio viviera de los subsidios públicos o acumulara riquezas mal habidas.</p>
<p>Gracias a una pirueta del destino, tuve la oportunidad de alojar por unas<br />
horas a Tosco, durante su penosa agonía clandestina, en el pequeño<br />
departamento de la avenida Rivadavia al 2300 que habitaba mi familia. A la<br />
hora de la siesta, cuando sus compañeros del Sindicato de Luz y Fuerza de<br />
Córdoba se habían retirado, mortificado por las jaquecas que preanunciaban<br />
su final, El Gringo tomó prestada mi cama. Recostado, cerrando y abriendo<br />
los ojos cada vez que la cefalea lo reclamaba, me sugirió que no lo dejara<br />
solo. Quería mantenerse despierto, conversar.</p>
<p>Recuerdo detalles insólitos de aquel encuentro: el cubrecama azul, la silla<br />
tapizada de blanco en la que me senté, los esfuerzos de Tosco para acomodar<br />
su enorme cuerpo en ese pequeño espacio, los libros sobre la mesa plegable.<br />
Pero no puedo recordar una sola frase pronunciada por ese hombre al que toda<br />
la izquierda de la época deseaba consultar. Ni consejos, ni recomendaciones,<br />
ninguna reflexión que pudiera alimentar el mito. Todo lo que atesora mi<br />
memoria son gestos, actitudes. Como si ninguna palabra hubiera podido<br />
superar la potencia de esa imagen. La reconstrucción de aquella cita<br />
improvisada me remite siempre al mismo lugar: a una charla amena con un tipo<br />
que hacía un gran esfuerzo por parecerse a sus representados. Nada más, nada<br />
menos. Gestos de coherencia.</p>
<p>*Fuente: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=33291</p>
<p>*</p>
<p>  a JORGE ALORSA</p>
<p>Querido gordo te fuiste sin avisar,<br />
            precozmente/<br />
            dejándonos al garete navegando,<br />
             por el rioba/<br />
             entre los yuyos y la vía...<br />
            ...qué será de nosotros!,<br />
             de la loca algarabía.</p>
<p>     Recuerdo tus recitales,<br />
             eran misas compartidas,<br />
             con pingüino y novi-tinto,<br />
             a mitad de la velada,<br />
             ese grito que estallaba,<br />
             y se hacía atronador:<br />
            "La Guardia Hereje...<br />
             la puta que lo parió"...</p>
<p>             En el el templo más famoso de La Plata,<br />
             ese canto espntáneo que surgió,<br />
             y el "presbítero" allá arriba sonreía...<br />
             y otro trago se sirvió.<br />
              Brindó por todos los gordos,<br />
              por los chuecos, por las feas,<br />
              y de nadie se olvidó...<br />
              ...santos, trolas, fariseos,<br />
               fue la noche aquella del golazo ganador<br />
              cuando quedó chico el Coliseo...<br />
               ...Te fuiste...¡Qué lo tiró!!!</p>
<p>*de Hugo Lero. cuentohugo49@yahoo.com.ar</p>
<p>SOBRE LAS PERSONAS EN SITUACION DE CALLE</p>
<p>"Perdóneme, me voy con ella"*</p>
<p>El caso de Lucho, el hombre en situación de calle que se negó a recibir<br />
ayuda del Estado, suscitó preguntas como las que se plantean en esta nota:<br />
"¿Tiene o tendrá el Estado un proyecto mejor para Lucho que su estadía en un<br />
parador nocturno?"; "¿Para qué y para quién trabajan los profesionales de la<br />
salud en el área social?".</p>
<p> Por Patricia Malanca *</p>
<p>-Perdóneme, me voy con ella- Lucho, ruborizándose, se levantó del asiento<br />
del móvil que estaba por llevarlo a un hogar para gente en situación de<br />
calle y volvió con ella, con la mujer que, unos momentos antes, desde abajo<br />
del auto, lo había llamado traidor, le había dicho que se bajara, traidor,<br />
hijo de puta, le había dicho la mujer mientras hacía temblar a puñetazos los<br />
vidrios de la combi.<br />
Recuerdo con alguna melancolía esta escena que viví en uno de mis primeros<br />
años de trabajo con la gente que duerme en la calle, en la vereda del<br />
Mercado del Plata, frente al Obelisco. También recuerdo una sensación de<br />
frustración. Yo había logrado convencer a Lucho de subirse al móvil. Después<br />
de meses de ir a visitarlo casi lo había logrado. Lo tenía sentado a mi<br />
lado, en la combi. Casi, y se me escapó de las manos.<br />
Muchas veces evoqué esa escena como si hubiera en ella algo perdido, que no<br />
había encontrado cauce al pensamiento, a lo que allí se jugaba. Insistía en<br />
retornar el significante "traidor", vociferado por la mujer de Lucho.<br />
Evidentemente, ella expresaba en ese grito su sentimiento de que él<br />
traicionaba lo único que les quedaba, esa pequeña organización de masas que<br />
como pareja formaban ante las inclemencias de la vida.<br />
En esa escena de calle, yo estaba encarnando al Estado. Creo que, para los<br />
que trabajamos en este tipo de problemáticas, nos es necesario<br />
interpelarnos, cada vez, a qué proyecto de Estado está uno cediéndole el<br />
cuerpo y haciendo encarnadura. ¿Tiene, tenía o tendrá el Estado al que<br />
representamos un proyecto mejor para Lucho que su estadía en un parador<br />
nocturno? Me pregunté a menudo si, como profesional de la salud<br />
desempeñándome en un área social que trabajaba en las calles, estaba<br />
convencida de lo que hacía. Me pregunté qué me convocaba allí y para quién<br />
estaba haciendo lo que hacía. Lucho, a lo largo de los años, me enseñó que<br />
con su negativa, al bajarse del móvil social, fue mucho más valiente que si<br />
hubiera cedido al canto de sirenas que mis argumentos oficiales podían<br />
enunciar.<br />
Según un censo oficial, desde 2001 a la fecha, la Villa 31 ha duplicado su<br />
población. Lo mismo se desprende de los censos de personas que duermen en la<br />
calle. El doble de personas desde 2001 en las villas, el doble durmiendo en<br />
las calles en los últimos años. La calle y el espacio público continúan<br />
mostrando la fisonomía o la radiografía del síntoma de las instituciones y<br />
de la rotura de pactos en el entramado de la red social y, como<br />
contrapartida, el sinnúmero de organismos oficiales que se tejen y destejen<br />
para intentar contener el desborde que parece no acallarse nunca desde los<br />
márgenes, como los gritos de la mujer de Lucho. Se crean estructuras y<br />
superestructuras en oficinas gubernamentales, pero, por las dimensiones de<br />
los agujeros que se intenta cubrir, nunca se alcanza la cantidad de personal<br />
que se requiere para trabajar con la gente que duerme en las calles.<br />
Si se observa el espacio público, parece un furioso campo de batalla entre<br />
la máquina y el hombre. Las calles han sido ganadas por maquinarias, que<br />
dejan peinada la vereda de la esquina. Las cintas de peligro, el recambio<br />
constante de pavimento, los fratachos aumentan, como si el solo efecto de la<br />
máquina pudiera generar la supresión de los homeless que, una vez retirados<br />
los fratachos, dormirán sobre prolijas aceras peinadas. Escuché hace poco a<br />
una persona de la calle que le decía a otra en una ranchada: "¡Correte que<br />
te van a pavimentar!". La maquinaria del Estado local funciona dedicando sus<br />
esfuerzos al "vecino", ese interlocutor edulcorado en nombre de quien se<br />
realiza la mostración del bien público.<br />
Para convertir personas en vecinos, primero hay que reintegrarlas al<br />
vecindario. Para ello, debería haber vecindario, y para que haya vecindario,<br />
antes que nada, tiene que haber viviendas y trabajo. Parece un razonamiento<br />
muy lineal, pero no por eso menos cierto.<br />
El reciente documental Parador Retiro, dirigido por Jorge Colás, observa la<br />
realidad cotidiana de la vida en una institución para hombres de la calle:<br />
ahonda, sin tomar partido, en el conflicto institucional. Valga la<br />
correlación de proximidades y cercanías para mencionar que, geográficamente,<br />
el Parador Retiro con sus 150 moradores masculinos diarios se ubica a la<br />
salida y en los márgenes de la Villa 31 del barrio de Retiro. Vecinas al<br />
Parador, habitan ocho mil familias en un gran vecindario, cuyos hogares<br />
están referenciados en la madre que ejerce el lugar de jefa de familia.<br />
Podría decirse que, en sus márgenes, la villa es acosada por la impotencia<br />
del deseo de 150 hombres desangelados, no acoplados a hogares ni a mujeres<br />
ni a niños ni a familias. Es curioso que en la villa se imponga el<br />
matriarcado, a veces degradado a fratría, mientras en las periferias hay un<br />
80 por ciento de hombres adultos, solos, acechantes, viviendo en una<br />
numerosa y agresiva comunidad, excluidos de esos hogares, y del sistema.<br />
Instituciones como el parador pueden funcionar como canales aliviadores,<br />
simbólicos e imaginarios, anudando a ese real que acecha que es el vivir en<br />
la calle, pero también pueden coagular la realidad, suspendiéndola en un<br />
infinito "mientras tanto". Si los paradores no existieran, no habría otro<br />
lugar que la calle donde parar, donde detenerse y resignificar los efectos<br />
sobre las subjetividades de la caída de los márgenes. El problema<br />
institucional estalla cuando no hay palabra que mediatice ese habitar un<br />
parador y, fundamentalmente, cuando no hay un propósito general que enlace,<br />
engarce y contenga el acontecer diario de esa institución en un proyecto de<br />
integración social. Es en ese caso, la institución misma se constituye en un<br />
resto.<br />
Hace doce años, cuando empezamos a trabajar en la temática de la gente sin<br />
hogar y recién se inauguraban las primeras instituciones como propuesta de<br />
refugio, la antinomia del Estado, en el enunciado de su propuesta parecía<br />
ser: o la inserción al sistema o las instituciones. En la actualidad, en la<br />
propuesta social subyace una amenaza velada, que rebaja la oferta<br />
institucional: o el parador nocturno o la calle.<br />
A mediados de los '90 encontrábamos a las personas en la vía pública como<br />
restos del sistema del que habían sido excluidas. Actualmente, los que, a lo<br />
largo de estos años, hicieron por lo menos un pasaje por el sistema de<br />
hogares y paradores sociales y vislumbraron un laberinto institucional sin<br />
salida, retornaron a la calle sin remedio, como restos de un resto.<br />
En la pobreza, lo único que produce valor es el cuerpo. En el caso de la<br />
gente que duerme en la calle, no sólo ese cuerpo, al no producir, escapa al<br />
discurso de la producción capitalista, sino que escapa también al discurso<br />
del subsistema social de la indigencia. Es residuo de un residuo. En el caso<br />
del indigente, a diferencia del cartonero, ya ni siquiera hay identidad con<br />
la basura. La basura está por sobre ellos, la basura ha cobrado un valor de<br />
mercado que ellos mismos no pueden ofrecer.<br />
Al final me pregunto quién está en los márgenes de quién, y cómo tramitan<br />
estos pases y pasajes aquellas personas que, como en mi quehacer con Lucho,<br />
continúan sucediéndose en el trabajo artesanal del día a día, ese traer y<br />
llevar gentes con grados de vulnerabilidad social extrema, desde y hacia los<br />
márgenes de la ciudad. ¿A quién se trae, a quién se lleva, qué se tracciona<br />
y a qué se traiciona? El filósofo francés Jacques Derrida, en la última<br />
entrevista que concedió en su vida, dijo: "Por fiel que uno quiera ser,<br />
nunca deja de traicionar la singularidad del otro a quien se dirige".<br />
Mientras tanto, el aumento del padecimiento mental de los que son sin techo<br />
se expone a los gritos y atraviesa los vidrios, no ya de micros u ómnibus<br />
sociales, sino de las ventanas que decoran las paredes de aquellos vecinos<br />
poco edulcorados que azarosamente somos con techo, y de aquellos que,<br />
impávidos, nos quedamos sentados en ese móvil social del que Lucho, por lo<br />
menos, se bajó.</p>
<p>*Psicóloga.</p>
<p>-Fuente:<br />
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-134690-2009-11-05.html</p>
<p>    EL JAZMÍN Y EL BANDONEÓN DEL CHOLO*</p>
<p>El origen del nombre según se le ocurrió al Cholo Belluschi , según me ha<br />
confesado, porque en la antigua casa que fue de don Clemente Gerlo y que hoy<br />
está habitada por don Luis Cardiedo y su familia, hace mucho tiempo, antes<br />
de don Clemente, vivió un italiano, Giovanni Tomasso Benedicto, quien tenía<br />
el raro berretín de los claveles y los sembraba a discreción, el caso es que<br />
apenas aparecía octubre, estallaban y el perfume se respiraba varias cuadras<br />
a la redonda.<br />
Cuando yo nací, don Benedicto ya no estaba, pero el barrio llevaba ya el<br />
nombre de El Jazmín, bien alto en esos tiempos de orgullos pequeños, pero<br />
queridos y hondos, como un delicado recuerdo o  la memoria de una mujer muy<br />
amada en otro tiempo.<br />
Cuando yo empecé a arrimarme a "la esquina del Cholo" como la llamábamos al<br />
cruce de las calles Juan de Garay y Nicolás Avellaneda, la de mi casa, en<br />
ese tiempo una cortada que terminaba en lo de don Juan Peralta, era pura<br />
profusión de gramillas, era refugio de algunos perros vagabundos, eran dos<br />
zanjones que desaguaban en las lluvias hacia el campo, y era sobre todo un<br />
reinventar juegos todos los días y una de picados, usando cuatro árboles que<br />
habían sido plantados enfrentados, casi en simetría, por don Clemente y don<br />
Ángel Pichichelo. Allí aprovechábamos para darle a la pelota de trapo,<br />
descuido o regalo de las tías, que no siempre a voluntad nos cedían sus<br />
medias para armarlas, minucia, pobreza, lejanía en el tiempo, rescoldo que<br />
defiendo ante la inclemencia de los hombres, el paso despiadado del tiempo,<br />
llevándose el pelo, los amigos, los sueños.<br />
El Jazmín como todo barrio que se preciara en ese tiempo tenía un equipo de<br />
Baby fútbol y aunque yo nunca jugué para él, en verdad, y me hubiera<br />
gustado, a qué negarlo, vestir esa camiseta rojiblanca, me tengo que quedar<br />
sin resentimiento, al principio era el más chico, y luego había verdaderos<br />
cracs en el barrio, así que me tuve que conformar con vestir los colores de<br />
El Palenque y jugar contra mi barrio.<br />
De todos modos mi corazoncito de hincha estaba allí y festejaba los<br />
campeonatos como el que más. Eran siempre los campeones invictos, si hasta<br />
una vez sobornaron a un arquero (que no era del barrio, aclaro) pero ganamos<br />
igual. De eso no quedan documentos, sólo la anécdota que me recuerda El<br />
Cholo, pero sí quedan una foto de 1954, donde atajaba Adelqui  Mansilla, al<br />
que llamaban "el marlero" porque era la ocupación de su padre, es decir la<br />
venta de los mismos que era el combustible de los pobres de entonces.<br />
La foto que tengo ante mis ojos es de 1954 más o menos. Era un día soleado<br />
que veníamos de la cancha de Huracán, entre los más chicos que estamos en la<br />
foto, en ese momento, pronto a perpetuar la imagen fuimos invitados:<br />
Justito Pezzino, Toto y Pili Miguez, Chorchi López, Tago Sánchez y yo.<br />
En la foto están los jugadores: el nombrado Mansilla, Santos, Pezzoni - a<br />
quien llamaban, no sé por qué: "Locamía"- el Nino Míguez, Roberto Ellena -el<br />
Flaco Lenita-, Chocho Faravelli, Lorenzo Miranda y Roberto Escudero.<br />
La foto que tengo ante mis ojos está con muchos adultos, la hinchada del<br />
barrio:<br />
El Negro Gúbero, Bichín Gabarra, don Lencina, el cartero Pepe Faravelli, el<br />
Pampa brog, Ninín Joan, Pilo Ortega, "Boca de Bronce López", mi padre, el<br />
Pelado Migues, Agustín Pesci y Fermín Castillo con una botella de "Amargo<br />
Obrero" en alto.<br />
Como delegados del equipo están Juan Pesci y el Cholo Belluschi, su hijo<br />
Carlitos de mascota, con apenas un año, sentado sobre la pelota de fútbol y<br />
sostenido por el Chocho Faravelli.<br />
El extraordinario momento y el entusiasmo que producía el desarrollo del<br />
campeonato y la "perfomance" del equipo como se decía en ese tiempo, era la<br />
vida humilde del barriio, estaba en las conversaciones de la mesa, en el<br />
anexo "despacho de bebidas" que tenía el almacén de ramos generales del<br />
Cholo, todo aquello tan puro e inocente que la miseria de estos tiempos se<br />
tragó para siempre.<br />
Roberto Escudero, un memorioso imbatible, me cuenta que el Cholo le dio el<br />
dinero para las camisetas y le dejó a su elección los colores. En el único<br />
lugar que vendían, el famoso y en ese tiempo poderoso negocio de don José<br />
Bessone, quedaban algunas entre las que al fin se decidió: compró seis<br />
camisetas de Estudiantes de la Plata, una amarilla para el arquero, como era<br />
en ese tiempo feliz. Los arqueros usaban "la amarilla", cuando la ropa, y la<br />
moda y el mercado de las empresas no había podrido todo todavía. Hablo de un<br />
tiempo en que los sueños eran los sueños, los ídolos eran los ídolos y todo<br />
estaba en regla, y no eran este revoltijo de miserias, de violencia, de<br />
injusticia.<br />
A veces se me hace cuento que todo aquel tiempo fue posible, cuando el Cholo<br />
ante nuestra insistencia, sacaba el bandoneón en las noches de verano y<br />
sentado en un banquito fraseaba sus tangos bajo las estrellas que amparaban<br />
ese pequeño pueblo de la pampa santafesina, mientras se iban arrimando los<br />
vecinos y no era raro que circulara una botella de vino entre los mayores.<br />
Esa noche nos iríamos a dormir más soñadores que otras veces, jurándonos al<br />
día siguiente ser más buenos, no robarle las frutas a don Clemente, no hacer<br />
renegar a nuestras madres cuando nos llamaran para hacer un mandado, todo<br />
aquello que uno valora cuando ya no tiene sentido y la vida nos arrea hacia<br />
la soledad cada vez más poblada de recuerdos sin aquellos afectos primeros y<br />
cuando ya no hay nada que hacer ni cómo recuperarlos.<br />
De cualquier modo, ese tiempo ya no está es sólo deformado en nuestro más<br />
caro recuerdo, ahora los chicos prefieren el "ciber", los jueguitos<br />
electrónicos que en nuestra imaginación de por sí frondosa no aparecía -no<br />
podía aparecer- y le dan poca importancia al fútbol, no andan buscando<br />
medias viejas en casa de las tías para hacer pelotas de trapo. Aquella<br />
pelota de trapo que saldría de la cartera en los recreos para servir en un<br />
partido de hacha y tiza, donde unos humildes chicos de guardapolvo remendado<br />
no trepidarían en clavarla en el ángulo imaginario que formaban un par de<br />
sauces simétricos y soñar con esa gloria inasible tan inasible como el amor<br />
de la mujer que se fue o aquellas viejas noches cuando en el Barrio El<br />
Jazmín escuchábamos el bandoneón del Cholo elevándose hacia el cielo<br />
perfecto. Como eran nuestras vidas entonces, aunque no lo supiéramos.</p>
<p> *de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p>Frases hechas*</p>
<p>"Nadie es más humano que yo"<br />
"Soy tan humano como cualquiera"<br />
"Porque nada de lo humano me es ajeno"</p>
<p>En fin<br />
que tienen en mí cabida también<br />
compatibles<br />
todas las enfermedades y aberraciones<br />
y potenciales estupideces intrínsecas<br />
y constitucionales<br />
de la humanidad<br />
y aun las que categorizamos olímpicamente de inhumanas</p>
<p>los humanos.</p>
<p>*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar</p>
<p>*</p>
<p>Queridas amigas, apreciados amigos:</p>
<p>Este domingo 8 de noviembre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg<br />
(107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro<br />
programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los<br />
compositores argentinos Daniel Judkoski und Mariano Javier Dugatkin. Las<br />
poesías que leeremos pertenecen a Pedro Reino (Ecuador) y la música de fondo<br />
será de Surazo (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!</p>
<p>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar<br />
online en el sitio www.radiofabrik.at<br />
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede<br />
bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia<br />
horaria con Austria!!!!  (Recomendamos usar http://24timezones.com/  para<br />
conocer las diferencias horarias).</p>
<p>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se<br />
repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en<br />
la Radiofabrik de Salzburgo!</p>
<p>Freundliche Grüße / Cordial saludo!</p>
<p>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br />
www.euroyage.com</p>
<p>Schießstattstr. 37    A-5020 Salzburg      AUSTRIA<br />
Tel. + Fax: 0043 662 825067</p>
<p>*<br />
Inventren Próxima estación: CASBAS.<br />
Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar</p>
<p>http://inventren.blogspot.com/</p>
<p>*<br />
LA JIRIBILLA.<br />
-Revista de cultura cubana.-<br />
http://www.lajiribilla.cu/</p>
<p>InventivaSocial<br />
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br />
Plaza virtual de escritura</p>
<p>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br />
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br />
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.</p>
<p>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/</p>
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Cuota anual 2009 para lectores y/o escritores: $45 en Argentina.<br />
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<p><a href="http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/06/en-la-singularidad-del-otro#comments">Comments</a></p>]]></description>
	<pubDate>Fri, 06 Nov 2009 01:32:06 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>Y CONTINÚAN SUS VIDAS DE SOLEDAD EN COMPAÑIA...</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/04/y-continuan-sus-vidas-de-soledad-en-compania</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/11/04/y-continuan-sus-vidas-de-soledad-en-compania</guid>
		<description><![CDATA[<p>Olivia*</p>
<p>         Desde su infancia, Olivia escuchaba dos voces, una masculina y una femenina, conversando con ella, haciéndole sugerencias, aconsejándola... a veces no se ponían de acuerdo entre ellas y tenía que esperar a que terminaran de discutir. También intervenían en sus sueños, pero era agradable no estar sola en aventuras y pesadillas.</p>
<p>         Se considera aceptable que un niño hable solo, tenga compañeros imaginarios... mas cuando creció y siguió conversando con algo invisible, sus padres se alarmaron. Olivia descubrió que aquello que consideraba muy normal era una aberración de su mente. Intentó acallarlas y, reconociendo su impotencia, se dejó arrastrar de psicólogos en psiquiatras, asesorar, hipnotizar, entrevistar, medicar... hasta que al fin pudo silenciarlas, con lo cual fue considerada apta para reincorporarse a la sociedad.</p>
<p>         Pretendió entablar conversación con sus padres y amigos, pero estaban muy ocupados; trató de hacerse escuchar por los médicos que la habían ayudado, pero ya estaba considerada cuerda; procuró nuevas amistades, mas cada cual estaba inmerso en sus problemas... Todo ser humano parecía estar demasiado atareado para hablar con nadie. Comprendió que estaba sola.</p>
<p>         Los demás siempre lo habían estado, no parecían entender su desesperación, lo raro era buscar compañía en un grado tan profundo como para compartir el alma... Con hablar del clima, la obligada pregunta de ¿cómo van las cosas? y algún otro comentario banal cuya respuesta ni siquiera era atendida, parecía bastar entre ellos. Ella siempre tuvo dos amigos, que si bien a veces eran atorrantes, no la dejaban abandonada como ahora lo estaba haciendo el mundo que le había impulsado a alejarlos.</p>
<p>         Se sintió triste, arrepentida de haberlas expulsado, pero no había remedio. Aprendió a vivir con ella misma, dejándose acompañar por los demás en el modo en que podían. Se volvió una joven melancólica... “Estuvo loca, es normal que le cueste adaptarse”, decían los que la rodeaban.</p>
<p>         Años después, las voces regresaron sin previo aviso. Su alegría fue tan grande que casi les grita un saludo. Pero miró hacia fuera, ahí estaba ese mundo de personas solas, distantes, que no consideraban aceptable estar todo el tiempo compartiendo el alma... Prudentemente, calló su voz externa y con la voz de su interior, les dio la bienvenida. Desde entonces conversa con ellas, en silencio, y puede contarles lo que sea, pues siempre le prestan atención, le dan consejos, le cuentan historias y la escoltan hasta en sueños. </p>
<p>         Olivia ha vuelto a sonreír, a veces ríe a solas. Pero ya no habla en voz alta y si le preguntan por las voces, niega su existencia. “Al fin se ha recuperado del todo”, dicen los que la rodean, satisfechos, y continúan sus vidas de soledad en compañía.</p>
<p>*de Marié Rojas Tamayo<br />
-Ilustración: Ray Respall Rojas.</p>
<p>Y CONTINÚAN SUS VIDAS DE SOLEDAD EN COMPAÑIA...</p>
<p>SER EN EL TIEMPO*</p>
<p>El juego de los relojes<br />
enreda implacable<br />
el correr de los arroyos<br />
que marca vida y bosquejos<br />
del ser o no ser<br />
en el tiempo.<br />
Inútiles son los gestos<br />
por atrapar intervalos,<br />
como palomas asustadas<br />
huyen al primer movimiento.<br />
Los minutos se nos filtran<br />
entre las manos carentes<br />
de contener ese lapso<br />
que se esfuma con la vida<br />
y es único signo clave<br />
para registrar el hoy.</p>
<p>*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar</p>
<p>Héroes*</p>
<p>De los cuadernos del tío Aldo.</p>
<p>Le dejo a su sobrino sus cuadernos por legado. Le llegaron embalados en una caja y atados con hilo de yute. Son cuadernos comunes de hojas rayadas y espiral que vienen con su título en la tapa. El hombre elije abrir el que dice “Amor”.<br />
Son frases sueltas. Según parece muchas eran propias, del propio saber del tío gestado en años de andar por la vida. Otras escuchadas. A veces frases subrayadas con resaltador en un recorte de diario.<br />
Esta todo prolijamente anotado con su letra cursiva grande y clara, que le elogiaban tanto en su empleo de revisor de cuentas.<br />
El hombre va al final del cuaderno. Esa es la última frase. Tiene una aclaración:<br />
“Me dicen en el bar que lo dijo la Rosa Montero en un reportaje. No es textual, la escribo con mi memoria no tan buena…"</p>
<p>Lo verdaderamente heroico es querer al otro tal cual es.</p>
<p>"Tal cual el otro es" -Escribe para dar énfasis a la frase.</p>
<p>Luego sigue una reflexión:</p>
<p>“Cada vez seremos más los viejos solitarios. Hasta que lleguemos a estar sentados en el geriátrico mirando un Potus. Con suerte habrá una ventana para ver el movimiento de la calle.<br />
Y una mañana cualquiera, una viejita se siente al lado nuestro. Nos tome la mano.<br />
Y sea tarde para casi todo, menos para sonreír”</p>
<p>*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com</p>
<p>pájaro*</p>
<p>hace tanto frío afuera<br />
un pájaro tímido<br />
atraviesa el aire congelado<br />
azotado en la intemperie habitual<br />
que es su refugio</p>
<p>nada es necesariamente hostil<br />
es duro simplemente<br />
como el aire de sequía de un agosto<br />
como el hielo que detiene el agua clara</p>
<p>se sabe expuesto a un nuevo tiempo<br />
de inmensa incertidumbre que lo ampara<br />
gira en redondo    en falso     en inseguro<br />
despeinado del viento de la noche<br />
lagrimeado de lluvia madrugada</p>
<p>queda a la espera bajo la hoja tiesa<br />
de un aviso de luz de día claro<br />
que le ayude a volar el aire tibio<br />
ensortijado en el ramaje<br />
el pecho henchido de orgullo y de coraje</p>
<p>me mira desde el viento<br />
                                     complacido</p>
<p>es la mañana</p>
<p>y sabe que lo espero</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi  luciaguionbajo@gmail.com</p>
<p>Zombis*</p>
<p>*Por Rodrigo Fresán<br />
Desde Barcelona</p>
<p>UNO Halloween es algo así como el trailer de las Navidades pero con polaridad opuesta. Así, la primera noche invoca la vuelta plural de espectros sagrados, mientras que la segunda evoca la ida singular de un hijo único bajo la mirada vigilante del Espíritu Santo. Halloween ha generado grandes y ocurrentes películas (entre ellas una de las mejores ideas de Tim Burton), mientras que la Navidad insiste una y otra vez con la misma vieja historia. De acuerdo, hay nobles excepciones: las adaptaciones de A<br />
Christmas Carol e It's a Wonderful Life. Pero, si se lo piensa un poco, lo de Charles Dickens y la Frank Capra no son más que especímenes halloweenescos con transparente máscara de Santa Claus donde el trasnochador Ho Ho Ho apenas esconde un insomne Haw Haw Haw.</p>
<p>DOS Máscaras de caretas. Máscaras de Nixon, de Reagan y de Bush supieron ser éxitos de venta en pasados Halloween norteamericanos. Zombis de Salón Oval y la perturbadora postal de presidentes norteamericanos como extraños en esa noche rara. Primeros mandatarios como últimos difuntos que caminan y haciendo de las suyas sobre las nuestras a lo largo y ancho del mundo. ¿Se estarán fabricando ya máscaras de Obama? Ya saben: estadista en guerra, reciente autografiador de presupuesto militar record y Premio Nobel de la Paz al que se le complican cada vez más las cosas, porque una cosa es decir<br />
con impecable oratoria y otra hacer en eficiente silencio. Mucho blah blah blah y poco do do do, comienzan a decir quienes creyeron en él -ahora con diez puntos menos en las encuestas de popularidad- y empiezan a preguntarse, can we?, yes?, si la fiesta ya terminó. Otros, quienes nunca se lo tomaron<br />
muy en serio, ya han aplicado la broma del pálido maquillaje de The Joker sobre su retrato oficial. Acorde con el espíritu de los tiempos, la semana pasada la agencia EFE distribuyó la inevitable y muy posada foto del líder contemplando el crepúsculo desde la ventana de su oficina -la Casa Blanca se<br />
iluminó de naranja calabaza, Michelle se disfrazó de Catwoman- mientras afuera, en el jardín de árboles dorados por el otoño, los espíritus de elecciones pasadas y futuras prometían hacer tremendas travesuras si no se los apaciguaba con sabrosas golosinas.</p>
<p>TRES ¿Se festeja Halloween en Argentina? No lo recuerdo. Recuerdo, sí, mi desamparo infantil por no contar entonces con una fiesta tan rebosante de monstruos. Yo tenía unos cinco años y ya envidiaba sin reparos a los vampiros enanos recorriendo las calles de los suburbios de USA y a los esqueletos cantarines en el Día de Muertos mexicano. En España, Halloween se festeja cada vez más y mejor y más fuerte. Lo que provoca las iras y persignaciones de conservadores (los mismos que acusaron a Harry Potter de incitación a la brujería), quienes advierten de un avance del aquelarre pagano sobre ritos católicos como el Día de Todos los Santos y todo eso. Los progres, por su parte, denuncian maniobra invasiva y subliminal de ese imperialismo yanqui que nunca deja de mostrar garras y colmillos. Los<br />
gallegos, en cambio, reivindican el origen celta del asunto. Los verduleros encargan partidas de calabazas especiales para vaciar y ser halloweenizadas.<br />
Las tiendas de disfraces y cotillón ibéricas apuntan que venden más y mejor para Halloween que para Carnaval pero que, también, sienten el golpe de la crisis: Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo, la Momia, brujas de diversas variedades exigen demasiada producción e inversión y, después de todo, esas<br />
obras maestras que son I Walked with a Zombie y The Night of the Living Dead se filmaron con presupuestos ínfimos. Así que este año lo que se usó fueron los zombis: ropa vieja, maquillaje a base de talco y un poco de ketchup y, ¡hala!, a la calle. A esa calle donde hay cada vez más gente sin trabajo<br />
llamando a las puertas y, casi exánimes, gritando titulares como "La tasa de paro en España alcanza el 19,3 por ciento, más del doble que la media en la Unión Europea". Y a temblar todos juntos.</p>
<p>CUATRO En la calle, también, muchos políticos locales a los que ese equivalente de Van Helsing/Padre Karras llamado Juez Garzón ha decidido clavarles la estaca y exorcizarlos. No hay semana por aquí que no estalle un escándalo de corrupción. A diestra y siniestra, a Derecha e Izquierda, se develan las bestiales mordidas en los cuellos y los litros de sangre chupados, durante años de bonanza, en una España que iba tan bien y que ahora parece tropezar por las calles, el traje hecho jirones, la boca llena<br />
de tierra, los brazos extendidos, los ojos bien abiertos obligados a ver todo aquello que se optó por no ver en su momento.</p>
<p>CINCO Ver This Is It -el apresurado y exitoso documental sobre los últimos días de Michael Jackson- resulta un ejercicio tan fascinante como perturbador. Un descenso al Mucho Más Allá de quien ahora es un muerto vivo y -por entonces, intentando el milagro resurreccionista de una gira de despedida- era un muerto en vida. La película se preocupa en enseñar la espectacularidad de las intenciones de un hombre al que la máscara de la fama le había comido el rostro. Y lo consigue. Y de paso -sin quererlo y<br />
subliminalmente; porque cabe pensar que en las cien horas de metraje registrado en estos ensayos, según lo confesado por testigos directos, habría tramos mucho más reveladores y hasta sórdidos- aparece un niño grande al que le cuesta comunicar la idea más simple a un grupo de bailarines que lo contempla con una mezcla de reverencia y pasmo. La mirada que uno dedica a un zombi o a un inmortal. A quien se quiso en carne y hueso y se teme en fiambre plastificado. Y, por supuesto, ahí están, otra vez, como si el<br />
tiempo no hubiese pasado para ellos (o sí; porque aparecen mejores que nunca) todos esos cadáveres danzarines de "Thriller". Aprender la coreografía, convocar a baile colectivo en www.thrillerworld.com, y reclamar la posición correspondiente en ese limbo de la tontería voluntariosa y en trance que es The Guinness Book of Records. Después, toda esa gente que nunca pensó en leer a Jane Austen entra en las librerías y se compra el absurdo best-seller Orgullo y prejuicio y zombis de Seth Graham-Smith y<br />
hasta el año que viene, hasta REC 3.</p>
<p>SEIS Antes, apuntarse a Legacylocker.com, a Last Messages Club, a Greatgoodbye.com, a Wishesbeyondlife, a Deathbook. Depositar penúltimas palabras y películas caseras y fotos y bendiciones y condenas para contados seres queridos o infinitos amigos twitterescos cuando ya no estemos en el acústico aquí y sí en el eléctrico allá. El fantasma en la máquina. La pantalla de cristal líquido como bola de cristal sólido. Sorpresa. O no tanto. Si algo sobra ahí dentro son zzzzombis de encandilados ojos en blanco y lo que falta son brrraaaiiinnnsss que piensen y vean claro las cosas de<br />
este mundo.</p>
<p>*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-134560-2009-11-03.html </p>
<p>El sueño de los justos*</p>
<p>Por Federico Andahazi*</p>
<p>Fue el mismo año en que las tropas de la Confederación convirtieron al general Eusebio Pontevedra en un rosario toba, trenzado con el cuero que le arrancaron del lomo y engarzado con las cuentas amarillentas de sus propios dientes; el mismo año en que los ejércitos unitarios decapitaron al coronel Valladares y se disputaron el trofeo de su cabeza —todavía gesticulante— en un juego de pato. Aquel mismo año, en el día de San Simeón —que es el santo de los comisionistas—, mi teniente me encomendó el traslado de una prisionera desde el cuartel de Quinta del Medio hasta cierto monte perdido al otro lado de la frontera, donde debía ser fusilada y bien enterrada por un servidor.</p>
<p>—Queda a su cargo y bajo su responsabilidad —me dijo mi teniente, Severino Sosa, a la vez que me entregaba un fusil y una pala, al tiempo que una guardia de cuatro soldados conducía a la cautiva hacia el portón del cuartel.</p>
<p>La prisionera era una anciana cuya mínima humanidad estaba hecha de piel sobre hueso. Tenía un ligero rubor en la nariz que parecía ser el único indicio vital y un orgullo un tanto agrio, propio del rigor de talante que tienen los gringos. Estaba elegantemente resignada a una manea que le sujetaba las muñecas, montada a pelo sobre un percherón de grupa cuadrada que era mucha bestia para tan poco jinete.</p>
<p>Severino Sosa había planificado y ejecutado personalmente la captura de Mary Jane Spencer, una inglesa que había contraído matrimonio con cierto ministro enemigo. El propósito de la operación era el de negociar el intercambio de todos nuestros prisioneros y forzar la capitulación de las tropas de ocupación; de paso mi teniente aspiraba de este modo a conseguir el merecido ascenso a coronel y el reconocimiento de nuestro jefe general, el Comandante Libardo de Anchorena.</p>
<p>Sin embargo, algo había salido mal: supe de boca de cierto cabo que la cautiva, Mary Jane Spencer no era Mary Jane Spencer, sino que resultó ser Miss Seaned O'Hara; que no era inglesa sino irlandesa; que no era la esposa del ministro enemigo, sino la abuela de cierto reputado militar; que no la habían sacado de la casa del ministro, sino que Severino Sosa había entrado por error a la casa del comandante Libardo de Anchorena, a la sazón jefe general de todas nuestras divisiones y vecino casual de aquel ministro de la ocupación.</p>
<p>Mi teniente estaba en problemas; no solamente porque ya no había prisioneros que negociar, ni teníamos forma de forzar a la ocupación a presentar bandera blanca: había secuestrado, lisa y llanamente, a la venerable abuela del comandante, madre mía, que de haber sido creyente me hubiera encomendado a Santa Lucrecia, que es la santa que protege a los soldados de la ira de los superiores. Por mucho menos, el comandante había mandado a despellejar vivo al finado sargento Obregozo —Dios lo tenga a su diestra— y para rematarlo lo mandó a decapitar.</p>
<p>Severino Sosa se pasaba las horas fumando en su pipa de espuma de mar y caminaba como un tigre enjaulado de aquí para allá, y que para qué carajo se gasta uno el seso si estos imbéciles se meten en cualquier casa y amordazan a la primera que se les cruza, bramaba señalándonos con su bastón de palo de rosa, y que qué mierda hacemos ahora con la vieja, vociferaba hecho una hiena mi pobre teniente que ya no sabía cómo desembarazarse del lastre de sus propias culpas pero, sobre todo, de la urgencia del asunto: al día siguiente, el comandante Libardo de Anchorena -que había jurado desollar vivos a los miserables raptores de su santísima abuela— iba a venir a pasar revista a la tropa y a inspeccionar personalmente el cuartel.</p>
<p>Cerca de la madrugada y sin haber pegado un ojo, Severino Sosa me llamó a su despacho:</p>
<p>—Llévese a la gringa -me ordenó, sin darme más precisiones.</p>
<p>—¿Y adónde la voy a llevar, mi teniente? —recuerdo que le pregunté antes de que metiera la mano en la vaina y, rojo como un ají, me sacara de su despacho a punta de sable.</p>
<p>—Mátela; llévesela lejos y mátela —me ordenó antes de perderse al otro lado de la puerta.</p>
<p>Partí con la cautiva antes de que despuntara el alba. Cabalgábamos en silencio. La gringa ni siquiera se dignaba a mirarme. Debo confesar que me rompía el corazón verla maniatada como una oveja. Antes de llegar a la frontera me apeé y le desaté las manos. Pero la vieja no despegaba la vista de un punto situado más lejos que el horizonte.</p>
<p>—¿Quiere agua? —le pregunté a la vez que le ofrecí la bota que aún conservaba el agua fresca. Pero ni siquiera tuvo el decoro de darme vuelta la cara. Sólo Dios sabe cuánto me atormentaba aquella indiferencia.</p>
<p>Cerca del mediodía paramos a la orilla de Laguna del Medio. La gringa no mostraba signos de fatiga, ni de hambre, ni de sed, ni de tedio, ni siquiera del miedo a la muerte próxima. Tenía un orgullo tan grande como mi vergüenza. Aquel montecito que nacía de la laguna era el lugar adecuado, me dije. La alcé en mis brazos, la bajé del caballo y la recosté sobre la arena negruzca. La gringa dejaba hacer. Iba a cargar el fusil, pero me pareció demasiado para un cuerpecito tan menudo. Desenfundé el puñal y, sin siquiera mirarla, calculé la fuerza del puntazo sobre el corazón. Si solamente me hubiera insultado; si me hubiera dado cuantimenos un motivo, una excusa... Pero nada, la vieja era como un cordero indefenso y a la vez tan arrogante. No. Así no podía. Caminé hasta el apero de mi caballo y me infundí coraje con un trago de vino que traía en otra bota. Sólo entonces pude ver que la gringa miraba el hilo rojo que caía del pico con unos ojos hechos de una ansiedad infinita, a la vez que agitaba las aletas de la nariz como si acabara de oler el perfume más hermoso de este mundo. Le tendí la bota como quien ofrece una última voluntad. La vieja se incorporó un poco y con la fuerza de un oso que tira el zarpazo, con la rapidez invisible de la lengua de un sapo, me la arrebató de un manotón; vi, azorado, cómo aquellos dedos sarmentosos y decrépitos apretaban el cuero de la bota con la firme voluntad de las boas cuando atrapan su presa. En un mismísimo santo y amén la gringa se había tomado hasta la última gota. Soltó un eructo medieval, volvió a recostarse y, por primera vez, me miró; me miraba con los más dulces y agradecidos ojos con los que jamás nadie me haya mirado. Estaba completamente borracha y, viéndola como entonces la vi, comprendí que era aquel el orden natural de su espíritu; viéndola como entonces la vi, supe que así, borracha como una cuba, era como se componía su sobria relación con las cosas de este mundo; que así, con la materia de los reposados vapores que encierran los toneles, de aquella misma sustancia, estaba hecho el espíritu de los irlandeses. Viéndola coma la vi entonces, supe definitivamente que no podía matarla. La gringa, mansamente recostada sobre su cadalso, cantaba la canción más dulce que jamás se haya cantado; cantaba en un idioma tan grato y tan remoto que se diría que no era de este mundo. Así, con los ojos cerrados y susurrando, me hizo un lugar entre el crucifijo que llevaba prendido al cuello y su pecho y así, debajo del ala cálida de su mano sobre mi mejilla, así, con el sueño de los justos, así me dormí. Dormí durante un tiempo incalculable; dormí como si dormir fuera algo nuevo y hasta entonces desconocido.</p>
<p>Despertamos prófugos. Antes de que el sol se pusiera detrás del monte, bordeamos la laguna rumbo a la frontera cenagosa que une Quinta del Medio con Paso de los Monjes. La gringa llevaba al percherón por el bozal y no se entendía cómo semejante mole se sometía mansamente a la voluntad de aquella mujer mínima y encorvada; yo, por mi parte, tenía que luchar con mi caballo que se retobaba, a cada paso, conforme se alejaba de la querencia. Era noche cerrada cuando alcanzamos el otro lado de la frontera; sólo entonces comprendimos que, en verdad, no sabíamos a dónde ir. Haciéndolos durar mucho, solamente teníamos víveres para no más de un día: un poco de charqui, unas galletas y casi nada de vino. Íbamos, quién sabe por qué, hacia el norte. No me empujaba el miedo, ni el recuerdo del finado cabo Paredes, aquel que había desertado y, como medida ejemplar, mi teniente lo había colgado cabeza abajo —que es un decir porque ya lo había hecho decapitar— para que quedara claro qué se hacía con los que huían; No, no me animaba el miedo, sino el susurro dulce de la gringa que cantaba, sus manos que acariciaban la testuz del caballo que la seguía mansa y ciegamente; no me llevaba la cobardía, sino la convicción de que ya nunca me iba separar de aquella mujer, porque, lo sabía, entre el crucifijo y su pecho, debajo del ala tibia de su mano, nada malo podía depararme este mundo. De haber tenido una casa, allí la hubiera llevado; pero jamás tuve otro hogar que el de los cuarteles de campaña, ni más familia que la de mis camaradas, ni Federación, ni Unión, ni otra Patria más que la silla de mi caballo.</p>
<p>Ya por la madrugada no teníamos ni charqui, ni galletas, ni vino. Había que entrar a Paso de los Monjes. El uniforme me delataba como un traje de preso. Desde el rancherío llegaba el perfume de una oveja asándose y pude ver cómo a la gringa le brillaron los ojos cuando, frente al Cristo dorado del animal en cruz, el asador empinó una botella de grapa. Tuve que agarrarla de un brazo. No me daba el orgullo para mendigar, ni el coraje para ir a robar. Se nos hacía agüita la boca. Me quité la chaqueta, la faja y la bandolera; dejé el sable, el puñal y la pistola y le dije a la gringa que me esperara, espéreme, le dije, que ya vuelvo, me santigüé y salí de los matorrales en cueros y con el corazón en la boca. Eran gentes de temer.</p>
<p>—¿Anda solo y a pata, mi amigo? —me desconfió el asador sin levantar la vista de la hoja de la cuchilla que iba y venía por la chaira como una amenaza.</p>
<p>—Así es, nomás —dije y le alargué el morral.</p>
<p>No se le niega la comida a un cristiano —dijo otro que apareció de adentro del rancho—, pero, ¿por qué no se queda a comer con nosotros; nos ha visto leprosos, el mocito?</p>
<p>A lo mejor no anda solo... —terció uno gordo que se mondaba los dientes con un puñal y que apareció detrás del anterior.</p>
<p>—Quién sabe... —suspiró el de la chaira.</p>
<p>—Quién sabe... —convino el tercero.</p>
<p>A juzgar por las marcas impares de la yerra de los caballos que se doblaban en el palenque, los tipos eran cuatreros. Se adivinaba que algo sabían y me estaban tirando de la lengua. Eran capaces de vender a su propia madre. Pude ver cómo los otros dos murmuraban algo y miraban para el monte con las manos en visera. De pronto comprendí que sabían todo y estaban buscando a la gringa que de seguro ya tenía buen precio. Giré sobre mis talones y corrí. Sentí un fuego en el brazo. Me habían dado. Cuando me quise acordar, tenía a los tres encima, y que adónde está la vieja, hijo e' la gran puta, gritaban y me pasaban la navaja por el gañote y que arránquele la lengua hasta que hable, compadre y me tiraban de los pelos de la nuca y que a'nde carajo está la vieja. Me creí muerto cuando ya no sentí nada. Abrí los ojos y pude ver cómo los tres miraban a un mismo lado con la boca abierta. Parada junto al palenque, doblada como un saucesito, arrugada como una pasa y entregándose como un cordero, ahí estaba la gringa. Me soltaron como a un lampazo viejo. Iba a correr cuando pude ver cómo la vieja sacaba las manos de atrás de la espalda y, antes de que dieran un paso, levantó la pistola que había sacado de mi cartuchera y le dio al gordo en medio de las cejas. Vieja e' mierda, iba decir el segundo pero no pudo terminar la frase: ya le había disparado al corazón. La gringa tenía una puntería de granadero. El tercero salió a la carrera. Sólo entonces sopló la boca del caño y bajó el arma, caminó hasta la mesa, se tomó la botella de grapa de un solo sorbo, le arrancó un jirón de la camisa al gordo que flotaba en un charco de sangre, se me acercó, me apretó un torniquete en el brazo y haciéndome un lugar entre el crucifijo y su pecho me besó la frente. Comimos.</p>
<p>Por la noche abandonamos Paso de los Monjes —cuatreros y prófugos— arriando ganado ajeno. Seguimos viaje hacia el norte, quién sabe por qué, animados por la misma perseverante voluntad que gobierna las brújulas. La gringa cabalgaba en silencio; podía adivinarse que a cada paso y conforme ganábamos leguas, mi prisionera, en la misma proporción, iba despojándose de una pena tan antigua como secreta, de una congoja que se diría octogenaria y tan vasta como el océano que la separaba de su propia materia celta.</p>
<p>En Trinidad de los Arroyos vendimos bien vendido el ganado. En la Caleta asaltamos un almacén; en Corcovado huimos de los milicos que a esto estuvieron de agarrarnos; en el Casado tuvimos una bronca con una gavilla de asaltantes de caminos —cuestión de jurisdicción— y que Dios nos perdone, pero se la buscaron. Y así como así, de puro fugitivos y casi sin querer, en Belén de las Palmas asaltamos el Banco de Caridad; la gringa apuntaba y guay del que se mueva, compadre, que la vieja tira como un granadero y que lléneme la bolsa por favor que llevamos apuro y que no se olvide ni de las monedas, compadre, no sea cuestión que la abuela se ponga nerviosa.</p>
<p>En Los Maderos amanecimos célebres y ricos. No teníamos otro propósito más que el de andar, por andar, siempre para arriba, siempre para el norte. Y así íbamos; por la madrugada cabalgábamos con la fresca hasta llegar a un pueblo y que ponga todo en la bolsa y que no se haga el valiente compadre que la vieja se puede enojar; y así andábamos hasta que llegaba la noche y entonces la gringa me hacía un lugar entre el crucifijo y su pecho y así, con el susurro dulce y el ala tibia de su mano, así me dormía. Y nada más que eso quería yo de esta vida.</p>
<p>Fue el día de San Ramón Nonato —que es el santo al que le rezan las primerizas para tener buena leche y en abundancia—. Aquella mañana, como siempre lo hacía, la Gringa se detuvo a leer la suerte en las vetas del tronco de un álamo: como siempre, nada dijo; me miró y trató de sonreír. Pero algo oscuro estaba escrito. Llovía una lluvia sosegada y paciente.</p>
<p>La gringa no despegaba la vista del horizonte. Cerca del mediodía escuchamos los cascos de un sinfín de caballos. Enfilamos para el lado de los montes. Llegando a la orilla de un cañadón pudimos ver, al otro lado, una formación de no menos de veinte soldados; eran mis camaradas. Lo vi a Pereyra y a mi amigo Lauge, al Indio Almada y a Cirio Rivera. Nos estaban apuntando. A un tiempo pegamos el espuelazo y corrimos al galope en sentido opuesto. No alcanzamos el pinar que se nos ofrecía adelante: por el otro lado nos salieron al cruce otros veinte caballos. Al frente estaba mi teniente que blandía un sable en el aire.</p>
<p>Eran cuarenta fusiles pero fue como un solo disparo. Tendida al pie del percherón, hecha pedazos y doblada como un saucesito, la gringa parecía mirarme. Me apeé y ahí fui para quedarme a dormir el dulce sueño de los justos entre el crucifijo y su pecho, debajo del ala todavía tibia de su mano, donde nada, ni la muerte —que hoy me espera— podía hacerme daño.</p>
<p>*Federico Andahazi (Buenos Aires, 1963). En noviembre de 1995 sus cuentos "Las piadosas" y "Por encargo" fueron distinguidos en el Certamen Nacional de Cuentos del Instituto Santo Tomás de Aquino. Conformaron el jurado Marco Denevi, María Granata y Victoria Pueyrredón. En setiembre de 1996 su cuento "La trilliza" recibió el Primer Premio en el Concurso de Cuento Buenos Artes Joven II, cuyo jurado estuvo integrado por Liliana Heer, Carlos Chernov y Susana Szwarc.</p>
<p>En octubre de 1996, al tiempo que era finalista del Premio Planeta, su novela El anatomista ganaba el Primer Premio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat. El jurado estuvo compuesto por María Angélica Bosco, Eduardo Gudiño Kieffer, María Granata y José Luis Castineira de Dios. En uno de los más resonantes escándalos en el mundo literario argentino, la entrega del premio fue suspendida ya que "La obra premiada no contribuye a exaltar los valores más elevados del espíritu humano" —declaró la Fundación, expresando su disconformidad con el contenido erótico de la novela. Andahazi recibió el dinero, pero el premio en sí le fue negado. El libro fue finalmente publicado por Planeta en 1997 convirtiéndose en uno de los más grandes bestsellers de la literatura argentina. Fue traducido también a varios idiomas.</p>
<p>Otras de sus obras son El anatomista (1997), Las piadosas (1998), El príncipe (2000), El secreto de los flamencos (2002), Errante en la sombra (2004), La ciudad de los herejes (2005), El Conquistador (2006)</p>
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	<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 03:32:35 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>DEL CORAZÓN AL PECHO....</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/22/del-corazon-al-pecho</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/22/del-corazon-al-pecho</guid>
		<description><![CDATA[<p>DEL CORAZÓN AL PECHO...</p>
<p>Cuerpoalma*</p>
<p>No sé si el va del corazón al pecho, o al revés si acariciar esas dos florcitas es  la llave  para llegar al alma. O si alguién  inventó esa dualidad que la mano de él borra.</p>
<p>*de Cristina Villanueva.  libera@arnet.com.ar</p>
<p>CHIQUITO BOND*</p>
<p>Hoy nadie se acuerda de él en este pueblo. Hoy su nombre es una hilacha obsesiva que sólo mi memoria se atreve a retener.<br />
Cuando entró al grado con su cuerpo cargado de espaldas, con su cabezota rapada, el delantal humilde y cortón sobre sus pantalones largos y un impreciso pulóver, las zapatillas con marcas de gramilla en las puntas, la mirada huidiza y los ademanes torpes, caímos en cuenta de varias cosas. La primera es que no las tenía todas consigo, que era ostensiblemente mayor que todos nosotros y si hubiera una duda: el uso de "los largos" eran para chicos que pasaban los doce, y allí nadie usaba sino esos oprobiosos<br />
pantaloncitos cortos, que el delantal deshilachado disimulaba, pero los nueve años que la mayoría tenía no se podía disimular con nada.<br />
Entró acompañado de la maestra y nos fue presentado como "el nuevo compañerito" cosa que produjo la primera hilaridad del grado y su primera humillación.<br />
Unida a su torpeza de movimientos, llevaba como un baldón ser el último del grado, pero cuando tocaba la campana se transformaba. Corría hacia el patio donde nos trenzábamos en picados encarnizados y él siempre sobresalía gracias a esa zurda endemoniada que nadie podía parar. Tenía una gambeta que<br />
cuidaba la pelota, la protegía de modo que nadie podía siquiera rozar al enfrentarlo y, ayudado por su físico más grande que el resto dejaba rivales en el camino como abejas caídas de un panal.<br />
Nosotros éramos felices porque lo teníamos de compañero y hasta aceptábamos los desafíos con los grandotes de sexto grado, algo impensable antes de la inclusión de Chiquito.<br />
En realidad, su exacto "estar en el mundo", la razón primordial y, diríamos, única de su existencia, estaba basada en esa aptitud. El había nacido para jugar al fútbol, no había otra cosa que lo entusiasmara más.<br />
Pero había una situación que me resultaba favorable para seguir jugando con él por las tardes y era su condición de vecino mío. Una confusa situación familiar suya (orfandad o abandono, no sé) los había trasladado a la casa de su abuela, a él y a su hermana que se llamaba Rosita y era ceceosa.<br />
Venían de Venado Tuerto, estuvieron sólo un año en el pueblo, viviendo en casa de doña Margarita, matrona autoritaria del barrio. Estos chicos eran sus nietos, de un matrimonio anterior, pues con su marido actual, don Agripino Bruno no había tenido hijos.<br />
Don Agripino Bruno era "peronista y sanpedrino", como se definía con todo orgullo.<br />
Pasado el año escolar desaparecieron del pueblo y supe de ellos muchos años después, cuando  los vi en una situación tristísima.<br />
Lo cierto es que asumo sobre mis espaldas el triste privilegio de rescatar su figura hecha de esquirlas quietas, ya que de su vida pasada después, nada sé, ni tengo alguien que pueda ayudarme a reconstruir esa -no sé por qué se me ocurre- vida llena de vicisitudes y miserias.<br />
Pero yo no quiero que esa figura se borre, queda anónima su existencia como tantas otras que se tragó el olvido irremediable y cuando ya no quede nadie sobre la faz de la tierra que se acuerde de él, yo quiero recordarlo, aún en este hoy hecho de relámpagos y ruinas.<br />
¿Porque fue mi compañero de grado? ¿Porque era el último de la clase pero el primero en el fútbol?  No. Yo quiero sacarlo vivo por un minuto de mi memoria hecha de cañamazo oscuro, de calles desiertas con su garúa solitaria. Sólo porque el  único recuerdo que tengo de él es su habilidad con la zurda, sus pelotazos en profundidad, su cabezazo impecable y esa zurda que se colgó en el ángulo cuando nosotros, del Barrio del Jazmín, ganamos el campeonato de la parroquia que había organizado el cura. Y se lo<br />
ganamos al Barrio de las Ranas, archirrivales, en un sábado que hoy me sabe a gloria.<br />
Todavía me acuerdo de los retazos de aquel partido memorable. Al equipo de siempre le agregamos al Chiquito, como un refuerzo legítimo, ya que él vivía en el barrio.<br />
Recuerdo aquellos arquitos de caños que el cura había hecho construir para siete jugadores, en el patio de la casa parroquial. Los compañeros de esa hazaña (¡cómo olvidarlo!): el Juanca López, Ñangá Gómez, Toto Míguez, Chajá Correa, Tago Sánchez y Chiquito Bond.<br />
El Chajá y Chiquito eran zurdos y nunca habían jugado juntos, pero ese día se daban los pases como si lo hubieran hecho desde su nacimiento, tan bien se entendían, que no necesitaron mirarse una sola vez para hacer esas paredes, para dejar defensores en el camino como fruta muerta, abandonada sobre el pastito ralo de la cancha.<br />
La última vez que vi a Chiquito Bond hubiera deseado estar a mil kilómetros de allí. Hacía unos meses que yo vivía en Rosario. Un domingo fui a visitar a mi abuela Laura que estaba en el Hospital Centenario, convaleciente de una de sus múltiples operaciones a que la sometieron en su vida. Mientras cruzaba la calle Suipacha los vi: iban Chiquito Bond llevado de la mano por su hermana, ingresando al psiquiátrico. No me vieron, traté de ocultarme como pude, tras un árbol, él llevaba la mirada perdida, el paso un poco más torpe que el que yo le había conocido en la primaria.<br />
Demudado reinicié mis pasos cuando ellos hubieron ingresado, porque yo preferí y prefiero esa imagen de Chiquito Bond cuando colgó la pelota en el ángulo de la canchita de la parroquia, ese día de gloria, en una parábola perfecta, que tiene mucho de reivindicación y de poema, con un zurdazo impecable.</p>
<p> *de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p>Compra de Chatarra a España*</p>
<p>Este artículo fue escrito en junio del 2005. Solo algunas radios o agencias se hicieron eco, fue publicado por la Agencia argenpress.info y www.villacrespomibarrio.com.ar,  los demás, incluyendo el progresismo pacato guardó silencio. Hoy varios indocumentados sobre la temática ferroviaria gritan y se asombran de la compras del Gobierno por esos tiempos.</p>
<p>EL ESTADO SIGUE RAPTADO*<br />
Parte I</p>
<p>CONTINUA RAPTADO EL ESTADO NACIONAL Y, EL GOBIERNO EN NOMBRE DE ESE ESTADO CAUTIVO ESTA PAGANDO EL RESCATE, EN ESTA OPORTUNIDAD, A TRAVES DE COMPRAS DE MATERIAL FERROVIARIO EFECTUADAS EN EL EXTERIOR. SUS RAPTORES, O SEA, LOS CONCESIONARIOS DE LOS FERROCARRILES REALIZARON EL CONTROL DE GESTION DEL PAGO DE UNA PARTE DEL RESCATE</p>
<p>La colonización fabrica colonizados,<br />
Del mismo modo que<br />
Fabrica colonizadores<br />
Albert Memmi<br />
Retrato del colonizado</p>
<p>Juan Carlos Cena * infomonarefa@villacrespomibarrio.com.ar</p>
<p>Decía en el artículo anterior, sobre El Rapto del Estado, que “no era un cuento ficcionado, no, ni mucho menos. Es la realidad, que supera la mayoría de las veces a las más imaginativas de las ficciones”. Manifestaba además: que “cuando escribía sobre los ferrocarriles y los subsidios, a cada paso me encontraba con lo fantástico, de no creer; hasta que lo toqué, y me sorprendí cuando palpé su espesura, era la realidad que antes se me escurría por entre los dedos, estaba todo dentro de un malezal camuflado; fue así no más la cosa, era una cuestión de experiencia personal”… “Desbrozando ese yuyal, puedo reafirmar que el Estado ha sido secuestrado por las concesionarias ferroviarias”. ….y que el gobierno, subsidiador, administrador y cuidador de este Estado, está abonando ese rescate en cuotas, supongo, creo, que será hasta después de las elecciones.<br />
Infiero que como están las cosas, a pesar de los tiempos eleccionarios, este gobierno proseguirá pagando el rescate-subsidio por un largo período. ¿Por qué? Porqué es toda una política implementada por este Gobierno sobre el Estado que administra, donde los factores de poder, en este caso los concesionarios ferroviarios, le imponen el respeto de sus rentabilidades a como de lugar. En consecuencia, este Estado sigue secuestrado, solo en apariencias, porque este Gobierno representa gustoso a esos intereses.</p>
<p>Ahora, como un hecho de comprobación, en un comunicado de prensa la Secretaria de Transporte de La Nación del 31/05/2005, nos confirma que el profesor Ricardo Jaime a cargo del área, “suscribió un convenio en materia ferroviaria con la Sociedad Mercantil Estatal Española Expansión Exterior S.A., en el marco del Plan de Reorganización, Recuperación y Modernización de la Red Ferroviaria Nacional Argentina”.<br />
El convenio suscrito el día de la fecha establece la provisión por parte del gobierno nacional, de material rodante, de la sociedades estatales españolas RENFE (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles) y FEVE (Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha).<br />
El material a incorporar, que en una primera etapa proviene de RENFE y FEVE, es el siguiente:<br />
-36 coches para pasajeros<br />
-10 furgones<br />
-10 unidades diesel<br />
-3 locomotoras diesel eléctricas ya rehabilitadas<br />
-3 locomotoras diesel eléctricas para ser rehabilitadas en Argentina<br />
-10 coches y 3 unidades diesel para aprovechamiento de piezas y componentes<br />
-lotes varios de repuestos para locomotoras, coches y furgones, con la documentación técnica y manuales respectivos.<br />
-3 locomotoras diesel hidráulicas HENSCHE, para vía estrecha (ver foto)<br />
-1 locomotora diesel eléctrica GECO (modernizada)<br />
-1 unidad de tren FEVE serie 2400 “APOLO” (modernizada)</p>
<p>Por otro, varios medios de prensa especifican, en forma más amplia, que el acuerdo por la adquisición de trenes usados a España es por un valor de $ 1.100.000. En un plazo de 5 años y, que los vagones y locomotoras será reparados en Argentina. ¡Genial! Desde la colonia, los colonizadores nos venden chatarra que adquieren gustosos los funcionarios colonizados, todo, con la aprobación de “nuestros industriales nacionales”<br />
El profesor de geografía Ricardo Raúl Jaime (colonizado), en nombre del gobierno acordó con la colonia española la adquisición de 96 trenes y un “paquete de 536 locomotoras” (léase bien: paquete, hay que desatarlo), y coches de pasajeros que implicarán una inversión superior a los $ 1.100.000 millones de pesos.</p>
<p>Este convenio firmado además por la titular de Expansión Exterior, Carmen Rodríguez, prevé la “provisión de equipos que actualmente están utilizando las compañías españolas RENFE y FEVE, los cuales será reparados y adaptados en distintos talleres de las empresas argentinas”.<br />
Vale una aclaración. Los ferrocarriles españoles han cambiado su tecnología. Se achicó la trocha y se electrificaron sus líneas para ponerse en consonancia con toda Europa. En consecuencia, tienen un gran lote de material en estado de rezago, es decir, elementos descartables que tengan que ver con el nuevo diseño de trocha y tecnología, sean ejes, boguies, carrocerías, etc y, el fuera de uso de locomotoras diesel, ahora España, utiliza locomotoras eléctricas.<br />
La misma noticia especifica, cuando aclara, por boca del profesor Jaime, que serán reparados y adaptados en distintos talleres de empresas argentinas. Debo leer en estas pocas líneas, que la reactivación de los talleres ferroviarios, anunciado por el propio presidente, es una falacia, no se los menciona, no los utilizarán, no ocurrirá la apertura anunciada. Y la otra lectura me lleva a inferir que los talleres ferroviarios privados que crecieron a la vera del Estado regado por subsidios y, facturando las reparaciones a precio vil cada trabajo, serán los beneficiados.<br />
Recuerdo que cuando se adquirieron las primeras locomotoras diesel eléctricas en el país en tiempos del gobierno de Perón, viajaron al exterior técnicos ferroviarios para inspeccionar y recepcionar ese material nuevo, en las mismas fábricas, unidad por unidad.<br />
Cuando se electrificó la línea suburbana del ferrocarril Urquiza que va desde la estación Federico Lacroze a Lemos, toda la obra de planificación, ejecución y trazado del tercer riel, la realizaron técnicos argentinos, donde el obrador eran los talleres Lynch, y cuyo jefe era el Ing. Alfredo Fernández.<br />
Las primeras unidades que funcionaron fueron coches usados de los subterráneos de Nueva York que surcaban la 5ta Avenida. Una delegación de técnicos encabezados por el Ing. Alfredo Fernández, viajaron a recepcionar esos coches, en sus valijas llevaban ropa de trabajo y herramientas. Revisaron unidad por unidad antes de aceptarlas. Esa era el método, que hasta Álvaro Alzogaray, cuando fue ministro asignó una partida de dinero para la delegación cuando se compraron las locomotoras General Eléctric Universal. Sin más comentario<br />
Pero este profesor de geografía y de matemáticas, creo, Ricardo Raúl Jaime, dijo que “el parque ferroviario se utilizará para reforzar los servicios urbanos y suburbanos de la región metropolitano y para apuntalar la rehabilitación de los trenes de pasajeros al interior” Sin inspeccionar nada ni llevar consigo un cuerpo técnico, sólo, la delegación de concesionarios. Además, dijo entre otras cosas, como si estuviera en campaña electoral y quisiera plebiscitar su gestión que “entre otros destinos, el Gobierno quiere reponer en los próximos meses los servicios a Tucumán, Bariloche, Posadas y Mendoza”<br />
Difícil, solamente la tarea de reparar vías hasta octubre, mes del plebiscito, resultaría improbable, por no decir milagroso, y ni hablar de la puesta a punto del material tractivo y remolcado y de señalamiento, es decir, lo dicho es todo es un artificio de campaña.<br />
Lo firmado arrancará este año con una inversión de casi 53$ millones destinada a la compra de coches motores triples, 36 coches de pasajeros de larga distancia, 10 furgones, 10 locomotoras. El primer envío, dicen, legará a estas tierras para dentro de 60 días, y la intención del gobierno es ponerlos en marcha antes de las elecciones de octubre. ¡Genial! Todo un tren electoral ¿Y después?<br />
Para los próximos cuatros años, el material adquirido será:<br />
2006: 100 coches de pasajeros, 25 locomotoras diesel eléctricas,<br />
 20 trenes diesel y 10 furgones.<br />
2007: 150 coches de pasajeros, 35 locomotoras, 25 coches eléctricos, 20 trenes diesel y 10 furgones.<br />
2008: 40 locomotoras, 25 coches eléctricos y 20 trenes diesel.<br />
2009: 50 coches eléctricos, 20 trenes diesel y 10 locomotoras.<br />
Al profesor Jaime lo acompañaron los raptores, o sea, los concesionarios de los trenes urbanos: Trenes de Buenos Aires, Metrovías y Metropolitano.<br />
No todo será fácil entre los raptores de este Estado colonizado por los colonizadores nacionales. Porque cuando llegue la hora de repartir el botín, digo, el material adquirido por el Estado Nacional a España, se verán los tironeos de de estos Industriales Nacionales, eso por un lado, por el otro conseguir la mayor cantidad de contratos para las reparaciones y remodelaciones, que también se financiará con recursos del Estado, será otra pelea entre raptores. Toda una comedia de enredo, que para la Nación, será una tragedia.<br />
Este Estado cautivo, compra, paga material que adquiere en el shoping  de las chatarras, para que la usufructúen estos Industriales Nacionales y, además les da a ellos, el pingüe negocio de las reparaciones; pero por si esto fuera poco, les condona el pago de las multas por infracciones cometidas a los contratos vigentes.<br />
La Agencia del 02/06/2005) dice: Argentina seduce a España y Portugal para los servicios ferroviarios<br />
En consecuencia Argentina presentó distintos planes de licitación para servicios de trenes de carga y de pasajeros a empresas ferroviarias públicas de España y Portugal, las cuales se mostraron "muy interesadas" en participar de esos procesos.<br />
Así lo confirmó a EFE el secretario argentino de Transporte, Ricardo Jaime, quien mantuvo reuniones con representantes de las españolas Renfe y Ferrocarriles de Vía Estrecha (FEVE) y Caminhos do Ferro Portugueses (CP).<br />
"Hemos puesto sobre la mesa la posibilidad de la participación de estas empresas en procesos de licitación de algunos servicios. Nos manifestaron muchísimo interés, tanto para asociaciones con el Estado, como con empresas privadas argentinas", dijo Jaime a su regreso de España y Portugal.<br />
Los proyectos presentados son para el Ferrocarril Belgrano Carga, una línea fundamental para el comercio dentro del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), y para los trenes de pasajeros interurbanos Buenos Aires-Posadas, Buenos Aires-Tucumán y Buenos Aires-Córdoba.<br />
En Madrid, Jaime concretó, además, un convenio para la compra de este año material rodante usado a la empresa pública española Expansión Exterior, que, a su vez, adquirirá las máquinas a Renfe y FEVE<br />
"El coste del material está en el orden de los 11 millones de euros (13,5 millones de dólares) para el caso de Renfe, y una cifra algo inferior para el material entregado por FEVE", precisó el funcionario<br />
La adquisición, prevista para este año, se da en el marco de un convenio global de compra de material ferroviario a España hasta 2009, por un total de 300 millones de euros (368 millones de dólares) y que será ratificado a finales de este mes, cuando, según lo previsto, la ministra española de Fomento, Magdalena Álvarez, visite Buenos Aires.</p>
<p>El Secretario de Estado de Transportes de Argentina, Ricardo Raúl Jaime, y su homóloga portuguesa, Ana Paula Vitorino, acordaron que Portugal participe tanto con material circulante como trabajos de construcción y manutención en la modernización de la red de transportes de la Argentina.<br />
Portugal modernizó recientemente su transporte ferroviario, por lo que tiene material circulante disponible para vender. Ricardo Raúl Jaime afirmó que el Gobierno argentino está aplicando un plano de modernización y recuperación de los transportes ferroviarios con una inversión global de 4.500 millones de dólares (unos 5.650 de euros), para el que cuenta con ayudas internacionales.<br />
Las compras de material forman parte del plan del Gobierno de Néstor Kirchner para recuperar y modernizar el sistema ferroviario argentino, diezmado en la década pasada.<br />
Argentina tiene hoy una red ferroviaria de unos 7.000 kilómetros de extensión, frente a los 27.600 kilómetros ofrecidos en la década de los 90, con la privatización (concesión, aclaración del autor) de Ferrocarriles Argentinos.<br />
En 1948, en su máximo esplendor, la empresa estatal administraba unos 47.000 kilómetros de vías férreas. Le hacen decir a EFE.<br />
Pero el verdadero esplendor de los ferrocarriles en la Argentina, se dio con su nacionalización. Con esa toma de decisión y la dinámica propia que se origina de ese proceso, se estructura un Sistema Integrado de Transporte Ferroviario de Comunicación e Industria y, como consecuencia de ello, en el año 1950 se transportó el mayor volumen de cargas y de pasajeros –nunca superado- donde laboraban 220.000 trabajadores. Sin contar la producción coordinada de sus talleres, la capacitación integral de su personal, la apertura de las escuelas en los propios talleres, además, de todo el Beneficio Público que ofrecía ese nuevo complejo integrado de transporte ferroviario a la sociedad, cuestión no valorada por estas comarcas colonizadas, donde las veleidades de sus gobernantes colonizados, es la de pretender parecerse al colonizador.<br />
Nuestros colonizados criollos, cipayos** ellos, es decir, los colonizadores nacionales, repiten en forma autista las maneras de comportamiento y explotación de los colonialistas de ultramar, hacia el interior de la colonia, es decir, nuestro país.<br />
Las genuflexa adquisición del material ferroviario en las colonias de ultramar para favorecer a los concesionarios –nuestros industriales nacionales- es una actitud de vendepatria***.<br />
            El presidente Kirchner, ha repetido y repite, que hay que acordarse de Perón y Evita cuando se gobierna, pues, hagámoslo: En su libro Historia de una Traición, en el capítulo IV “Vendepatria y Cipayos” dice en el 5º párrafo: “Sin embargo no debemos culpar a los colonizadores, sino a los nativos que se dejaron sobornar por una paga que, como la de todas las traiciones, lleva el estigma de la infamia.</p>
<p>**Cipayo: Amanuenses que des la función pública sirve a los intereses del imperialismo.<br />
***Vendepatria: Político o personaje influyente prefabricado que, desde el Gobierno entrega al país.<br />
Bajada del mencionado libro.</p>
<p>Parte II</p>
<p>CONTINUA RAPTADO EL ESTADO NACIONAL, Y ESTE, EN FORMA INVARIABLE SIGUE PAGANDO EL RESCATE.  EN ESTA OPORTUNIDAD, A TRAVES DE COMPRAS DE MATERIAL FERROVIARIO EFECTUADAS EN EL EXTERIOR. SUS RAPTORES, O SEA, LOS CONCESIONARIOS EN COMPLICIDAD CON FUNCIONARIOS DEL GOBIERNO REALIZARON EL CONTROL DE GESTION DEL PAGO DE UNA PARTE DEL RESCATE.</p>
<p> “El conservatismos engendra la selección de mediocres ¿Cómo puede fundar sus privilegios esta élite de usurpadores consciente de su mediocridad? Hay un solo medio: disminuir al colonizado para engrandecerse, negar la calidad de hombre…”Es sabido que la ideología de una clase dirigente se hace adoptar en gran medida por las clases dirigidas”<br />
Albert Memmi<br />
Retrato del colonizado</p>
<p>Juan Carlos Cena * infomonarefa@villacrespomibarrio.com.ar</p>
<p>El Gobierno argentino lanzó en febrero de 2004 un Plan Nacional de Inversiones Ferroviarias para mejorar los servicios de pasajeros, reactivar los ramales de carga y regresar con el tren a las principales ciudades del interior del país. Fueron todos enunciados falaces, ninguno se concretó.<br />
Continuando su recorrido por el shopping del usado ferroviario, el secretario de Transporte de Argentina comprará material rodante de ocasión a la compañía Comboios de Portugal (CP), empresa estatal de ferrocarriles lusa, en el marco de un plan para modernizar el sistema ferroviario de este país latinoamericano.<br />
El secretario argentino de Transporte, Ricardo Jaime, señalaba en la edición del semanario "Expresso" que su país pretende adquirir material ferroviario portugués que será incorporado a las líneas de trenes de pasajeros y de carga del país austral.<br />
El profesor Ricardo Jaime explicó que el déficit argentino en ese área es preocupante, no sólo "para cubrir las necesidades actuales, sino también para la renovación de unidades que están en el fin de su vida útil".<br />
Afirmó que hay 11 locomotoras portuguesas en condiciones de ser adquiridas por el Estado argentino, para destacar también que tratará de "llegar a un acuerdo semejante al alcanzado con las -locomotoras- adquiridas el pasado año".<br />
El profesor Jaime llegará a Lisboa, ha mantenido en la capital portuguesa un encuentro con el presidente de CP, António Ramalho, dice la noticia.<br />
En 2004, CP vendió al Estado argentino 17 locomotoras puestas en funcionamiento en los años 1976 y 1977 por un coste de 3,8 millones de euros, la mitad del precio de mercado.<br />
CP ganó en los años noventa un concurso internacional para modernizar el sistema ferroviario argentino, que incluía, además, una concesión para explotar la línea ferroviaria Belgrano Norte, proyecto este último que nunca se llevó a realizar.<br />
Veamos la comprobación en el andén de la estación Retiro correspondiente al ex Ferrocarril General Belgrano, una de las muestras de la realidad concesionarista: se realizó el acto de presentación de vagones autopropulsados para el servicio urbano de pasajeros. Tras un acuerdo firmado entre el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios de la Nación, y la empresa estatal portuguesa Caminhos de Ferro Portugueses EP, las nuevas formaciones, compuestas por treinta y cuatro coches, serán afectadas a la concesión de la línea Belgrano Norte, a cargo de la empresa Ferrovías, para su utilización en el proyecto Tren del Este, entre otros.<br />
Debemos preguntarnos si son nuevos o de descartes, por fatiga y obsolescencia de material, como los coches de los subterráneos. Aunque no se sabe su valor verdadero, seguro que los pagamos como coches de última generación, con tecnología de punta incorporada.<br />
Se trata de nuevas formaciones compuestas por 34 coches, que fueron adquiridas por el Estado nacional a la empresa estatal portuguesa Caminhos de Ferro Portugueses.  Fuente: La Nación y Ámbito Financiero 17/5/05<br />
Repito palabras del profesor dichas más arriba: “Las compras de material forman parte del plan del Gobierno de Néstor Kirchner para recuperar y modernizar el sistema ferroviario argentino, diezmado en la década pasada”<br />
Toda una falacia, está demostrado que se continúa con el sistema de concesiones, que tiene que ver con ese sistema de desguace, saqueo y paralización del sistema ferroviario. Sistema perverso que genera un drenaje de recursos nacionales sin que reditúe ningún beneficio público.<br />
Donde se demuestra que concesionarios y funcionarios, en complicidad, han raptado al Estado Nacional para beneficio propio. Hemos denunciado y demostrado hasta el cansancio en notas publicadas por el Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos (Mo.Na.Re.FA) publicadas por esta agencia Argenpress y otros medios, que el famoso PLANIFER (Plan de Inversiones Ferroviarias), escondido y modificado de acuerdo a las necesidades de los concesionarios.<br />
 Es un proyecto de inversiones que sólo beneficia a estos industriales nacionales, que no sólo mal administran los ferrocarriles de la Argentina, sino que lo han saqueado y, que los funcionarios del área –por supuesto con la aprobación del más allá- protegen y benefician.</p>
<p>Como podemos apreciar, esta es la política ferroviaria del gobierno implementada desde sus comienzos, que fue la de seguir favoreciendo a los concesionarios. El Gobierno compra con dinero del Estado Nacional, al que aportamos todos, material ferroviario para los concesionarios, como Ferrovías, cuyo mayor accionista es EMEPA, que se benefician con la inversión estatal con domicilio en Chascomús, donde son originarios los hermanos Alfonsín.<br />
Lo mismo está ocurriendo son subterráneos de Buenos Aires. Ibarra ha viajado a la Metrópolis, de la misma manera que el profesor Ricardo Jaime, y se ha entrevistado con unos de los más conspicuos colonizadores, Felipe González, viejo colonizador, dizque pintado de socialista, para gestionar una millonada de dinero para ampliar los recorridos de este sistema de transporte urbano. Cuya obra la realizaría Benito Roggio, viejo succionador de la ubre del Estado, actual concesionario de subtes y del ferrocarril suburbano línea Urquiza, entre otras cosas. </p>
<p>Seguimos con los trenes. En casa, digo, en el orden nacional, se ha llegado a un acuerdo con el tren que administra TECHINT. Que va desde Rosario a Puerto Belgrano, atravesando el mapa cerealero. La empresa tendrá 17 años para saldar con obras multas por $ 63 millones, que le adeuda al Estado Nacional. Dice además el acuerdo, que la compañía tendrá que invertir el 9,5 por ciento de su facturación anual.<br />
Pese haber concretado en las últimas semanas un récord de inversiones de casi US$ 2.500 millones en la adquisición de nuevas compañías siderúrgicas, el grupo Techint volvió a recibir el auxilio del Estado para encarrilar a su ferroviaria de cargas. Toda una burla nacional de estos industriales nacionales.<br />
La renegociación contractual que cerraron los funcionarios de la UNIREN y los directivos de Ferroexpreso Pampeano (Fepsa-Techint) dejó a cargo del Estado la mayor parte de las inversiones en infraestructura y concedió a la empresa un plazo de 17 años para saldar con nuevas obras los $ 63 millones de multas e incumplimientos que arrastra desde 1991.<br />
Al igual que con sus colegas Ferrosur y NCA, el esquema de renegociación acordado con Fepsa prevé atar las inversiones obligatorias de la compañía un porcentaje de la facturación, acotar el pago del canon y levantar todos los reclamos cruzados.<br />
Ferroexpreso —cuyo control mayoritario está manos de Techint— fue el primer concesionario privado que se hizo cargo de los trenes de cargas que privatizó la administración menemista. Repito, atraviesa el corredor cerealero Rosario-Bahía Blanca y el 80% de sus ingresos proviene del transporte de granos y cereales.<br />
Por el doble impacto de la devaluación y los altos precios agrícolas, su facturación se triplicó en los últimos años. En el 2001, había transportado 2,4 millones de toneladas con una facturación de $ 23,6 millones. En tanto, en el 2004 trasladó algo más de 3 millones de toneladas que le reportaron un ingreso superior a los $70 millones.<br />
Pese a que estaba lista desde mediados del año pasado, la "carta de entendimiento" con Fepsa recién salió a la luz esta semana tras la resolución de los reclamos mutuos. Las bases de la renegociación —que se debatirán el 24 de junio en una audiencia pública en Bahía Blanca—plantean las siguientes modificaciones clave:<br />
A partir de ahora, la empresa estará obligada a invertir el 9,5% de su facturación anual.<br />
El Estado asumirá las principales inversiones en infraestructura y material rodante. Hasta el 2008, los desembolsos estatales treparán a $ 163,7 millones; frente a los $ 43,7 millones que debe aportar la empresa.<br />
El nuevo valor del canon quedará fijado en el 3% de la facturación anual y el 70% de ese importe será reinvertido por el Estado en la misma red ferroviaria.<br />
La compensación de los reclamos arrojó un saldo a favor del Estado de $ 63,8 millones que la empresa cancelará con inversiones adicionales en un lapso de 17 años.<br />
El esqueleto de la renegociación se completa con dos cambios llamativos. Por un lado, la empresa aceptó levantar las demandas que tenía entabladas contra el Estado por los ramales inundados ($ 40 millones) y los peajes de la provincia de Buenos Aires ($ 11 millones). Y, por otro lado, quedó abierta la puerta para un incremento de los fletes, por la modificación del "límite superior tarifario" que podrá solicitar la empresa en cualquier momento de la concesión. Infiero que hasta octubre no ocurrirá ese aumento, es el mes del plesbiscito.<br />
Es realmente patética la política de este gobierno con respecto al tema específico del transporte en general, y en especial el ferroviario. Se dilapidan recursos a granel.<br />
  Y como si fuera una burla De Vido prometió también reactivar los servicios ferroviarios de la Argentina y particularmente el de Tucumán. "El servicio de tren en general fue un genocidio en el país y por eso estamos trabajando fuertemente", expresó. Asimismo, mencionó que el Belgrano Cargas estará activo en un corto plazo, una vez que la Nación lo adjudique.<br />
"No nos vamos a desentender y vamos a invertir en el servicio de carga como en el de pasajeros", afirmó De Vido a El Siglo, diario de San Miguel de Tucumán.<br />
Como podemos apreciar, son tantos los dichos y declaraciones de los funcionarios, sobre los montos de las compras, el material adquirido y, donde sobre la hora aparecen de nuevo los chinos. Somos una colonieta donde cualquier chichipio o palurdo nos pasa por arriba.<br />
El llamado a plebiscitar la gestión de gobierno por parte del mismo gobierno, se puede apreciar que es un deseo desatinado que emana de la verdadera naturaleza del representante de las Metrópolis, los funcionarios cipayos. Uno, con solo mirar la política de transporte en general y la de ferrocarriles en particular, puede estimar que todo es una mascarada.<br />
Y si se profundiza la mirada puede se podrá observar que la brecha entre pobres y ricos se ha ampliado, la desocupación aumentó, a pesar de los malabares que realizan con los números por parte del INDEC, el aumento salarial es una farsa, la mortandad infantil sigue creciendo, la educación, la salud en general, y así, con las erráticas políticas.<br />
Ni hablemos de la política salarial, de salud, desocupación, contratos basuras, trabajo en negro, y por otro lado, la petrolera, gasífera…devastación de los bosques, de la minería y así: se están llevando el país. Ah, me olvidaba, vienen por el acuífero…<br />
Algunos dicen que por toda esta política que el gobierno implementa, sus dirigentes volvieron al neoliberalismo.<br />
La respuesta la da Aníbal Troilo, cuando le preguntaron: </p>
<p>-Gordo, ¡volviste! Y este contestó:<br />
-Como voy a volver, si yo nunca me fui… </p>
<p>*Miembro Fundador del Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos Mo.Na.Re.FA.<br />
infomonarefa@villacrespomibarrio.com.ar</p>
<p>La casa de Pascual*</p>
<p> *Por Adrián Abonizio. abonizio@hotmail.com</p>
<p>Pascual Di Turzzi se entretiene con poco: desparrama abejas drogadas con un especie de formol que él detenta en su guarida por sobre las flores de plástico de la mesita de la entrada al comedor. Su abuela, perdida en ruinas de su memoria, capaz de confundir a un mueble con un elefante o de hablar con gente muerta mirándose al espejo, cree en la posibilidad de una primavera interna y cae rendida ante la evidencia. Corre hasta la cocina y riega las calas con un risita taquicárdica y enclenque. Pascual luego llama desde el otro teléfono que está arriba, en su alcoba y se hace pasar por el difunto Pepe y le reclama a Doña Asunta que así se llama la nona, el dinero inverosímil de una herencia mientras le dice que en el infierno donde está hace mucho, muchísimo calor. Pascual ya va para trece y ha dejado de jugar a la pelota con nosotros porque somos muy chicos para él, porque tiene novia y porque ha descubierto en esos juegos una maravilla superior a la de la cancha y los goles. Está creciendo como una ardilla flaca, dientudo y poderoso en su maldad de junco venenoso, sólo con su abuela demente y un tío mecánico que aparece en la noche para cenar, pedorrearse, cachetearlo por un casi nada y tirarse a mirar el noticiero. Triste es la vida de Pascual, y lo entendemos a pesar de que ya no quiere jugar con nosotros y prefiere hacerlo con su novia o su abuela. Le pone azúcar dentro del frasquito de la sal, pone un trozo de pan en la jabonera y hasta tiene un títere al que hace aparecer tras el cortinado y es con quien dialoga Doña Asunta, mientras enhebra el hilo con un fideo en vez de una aguja y acuna una gallina<br />
llamándola con el nombre de su hijo que nunca más vendrá a casa porque se le ha ocurrido morirse volando enredado en los cables su avión fumigador y era el papá de Pascual. El pibe dembula por la casa y ya no sabe que hacer para huir. Dice tener encanutadas las joyas ancestrales de la familia y pretende<br />
vivir como un pasha en Brasil. Ha intentado el tren, el colectivo y un taxi que lo traslade fronteras lejos, solo con sus cacharros, el bolsito y su novia baya que excreta una locura poderosa y superior en enjundia a la de él, porque ella es pobre, delgada y tiene la nariz afilada como una cortadera. Putos putitos, es su saludo y quien le ha contestado se ha comido un bife y el escándalo. Es una casa abandonada, alta, limpia pero ignorada de la ternura humana; si pareciera que no viviese nadie con sus tejados de grises sucios y su entrada galvanizada de rojo y el cucú de cemento a la puerta y la veleta arriba. Una casa de manicomio, crecida entre los tapiales, encorvada sobre las demás como si se las fuese a comer. A veces Pascual sintiéndose solo como un rey nos convoca a tomar la merienda y<br />
saciarnos con toda clase de mercaderías que esconde el tío en una bodega bajo la escaleras. Luego nos presta revistas pornográficas mientras nos pide que evitemos que la abuela se vaya a la calle y él se encierra con la chiruza cabeza blanca de su noviecita en su pieza de lo alto y suele dejar la puerta semientornada para que sintamos como ella ronronea en un sonido desagradable que la confunde con un gato enfermo, con una monstrua descabellada, cualquier cosa menos con una mujercita en cama. Tocamos el piano y manchamos las paredes con ceritas de dibujar; pateamos al perro mordedor y chiquito que tienen y hablamos con Doña Asunta que cree que estamos en guerra y nos dice que le avisemos, que ella va a estar escondida en el placard por si llegan los alemanes. Dele, abuela, dele tranquila continúa Toledo que no ha parado de hojear la revista Seximanía. Yo opto por el discos de los Beatles, esos porrudos que se peinan como Moe y lucen en la tapa cada uno en su cuadradito en blanco y negro. Unas lámpara a caireles llena todo de una luz boreal de palacio y andamos hechos unos zonzos enganchándonos con los cortinados, saqueando las paneras; disfrutando una guerra de mandarinas en el patiecito interno mientras el perro ladra y es pateado hasta no asomar más su morro en el hueco entre la mesada y la<br />
cocina. Es una casa sin amor. Lo sentimos. No lo podemos decir. Es una casa seca, de papel matelassé, una casa helada llena de cosas ricas y prodigios.<br />
Una casa que nos pone nerviosos al punto tal de soñar con incendiarla, borrarla con un fósforo de nuestra juventud porque en ella, detectamos toda la maldad del universo entero y porque en ella Doña Asunta se hace encima, hay sexo menos para nosotros y se ha convertido en el mausoleo del mejor<br />
número nueve que tuvimos en el Deportivo Zavalla, el Pascual Di Turzzi quien ha enloquecido definitivamente, abandonado las prácticas y lo hemos perdido en eso que tememos y se llama crecer, ser grandes y volverse idiota como todos los demás.</p>
<p>*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-20730-2009-10-21.html </p>
<p>*</p>
<p>Cachi ... Peña de soledad<br />
Paisaje hermoso, en lengua Kakán ...<br />
Ocasión de nombrar la verdad con belleza ...</p>
<p>Por ello: Ocasión de Poesía.<br />
Horacio C. Rossi -en la terraza-</p>
<p>Familiares y amigos de Horacio C. Rossi (1953/2008) lo invitan a la presentación del libro POEMA DE CACHI, escrito en que nos habla de su último viaje (Septiembre 2007) al noroeste argentino visitando, precisamente, las Ruinas de Cachi.<br />
La cantante Nilda Godoy le dará brillo a la presentación con su voz y músicos que la secundan.</p>
<p>Día: 29 de Octubre de 2008.<br />
Hora: 20.15<br />
Lugar: Cine Auditorio de ATE –San Luis 2854 * Santa Fe-</p>
<p>AUSPICIAN: ATE– El Arca del Sur– SADE– ASDE– LuzAzuL– Asociación Cultural El Puente – Programa “Soberanía y Cultura” (Radio Nacional)</p>
<p>*</p>
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<p>*</p>
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<p><a href="http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/22/del-corazon-al-pecho#comments">Comments</a></p>]]></description>
	<pubDate>Thu, 22 Oct 2009 02:00:00 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>COMO EL CONEJO BLANCO DE ALICIA QUE CORRE Y NO SABE A DÓNDE VA...</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/18/como-el-conejo-blanco-de-alicia-que-corre-y-no-sabe-a-donde-va</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/18/como-el-conejo-blanco-de-alicia-que-corre-y-no-sabe-a-donde-va</guid>
		<description><![CDATA[<p>EXILIO*</p>
<p>Hormigas melodiosas transitan por su sangre,<br />
Y todo, todo es nada: solamente un recuerdo<br />
ARIEL FERRARO</p>
<p>Nunca te dije que me quedé por miedo<br />
Por un brutal. Feroz, insustituible miedo.<br />
Coloque en tu valija tu jean, una foto y mi gastado miedo<br />
Partiste en plena noche. Como un bandido.<br />
La muerte silabeaba con boca de zafiro.<br />
Me dejaste libros, despedidas.<br />
Y el miedo, animal, impío, sanguinario.<br />
Prefería la muerte a la partida.<br />
Pero quedó la herida. De muerte, herida.<br />
Herida miedo. Estaba en todas partes, en todas, todas.<br />
En tu silla vacía. En la guitarra.<br />
En el perro llorando. Lastimeramente.<br />
En la mesa con mantel de desvelo.<br />
En los diez mandamientos de mi manos.<br />
En mi boca cocida. En mis ojos atados.<br />
En el mapa de tu cuerpo en mi lecho.</p>
<p>Quedaron sacos rotos.<br />
Olor a patria. Sabor a viento claro.<br />
Tierra natal. Muertos. Crujidos.<br />
Disparos que ahuyentan las palomas.<br />
Te has  llevado mi pena, ay mi pena.<br />
Y has dejado la tuya. La tuya mía, corazón.<br />
Un pedazo mío  tuyo te has llevado.<br />
Un clavel. Un malvón. Un café.<br />
Un pájaro de bruma. Un dragón .Una tijera.</p>
<p>Corto la espera, sentada en el umbral.<br />
Como ayer, anteayer, mañana, nunca.</p>
<p>*de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>COMO EL CONEJO BLANCO DE ALICIA QUE CORRE Y NO SABE A DÓNDE VA...</p>
<p>Abuela en moto*</p>
<p>Se encontraron en la esquina del mercadito las dos abuelas. Las dos con bastón.</p>
<p>Mi madre con nieta del brazo.</p>
<p>Mi madre tiene la edad del Ratón Mickey. La abuela con la que conversa la supera en unos años.</p>
<p>-Mi hija sintetiza la charla cuando vuelven:</p>
<p>La abuela con la que hablo la nonna anda en moto.</p>
<p>Mi madre le hablaba de sus salidas a los médicos.</p>
<p>La abuela que vive enfrente de la fábrica de mosaicos no quería hablar de enfermedades quería contarle de su último logro a los 85:</p>
<p>-En la vida había viajado en barco. En avión. En trenes. Hasta en burro y hace poco tiempo de esto.</p>
<p>Pero nunca en moto.</p>
<p>Hasta que me escucho mi nieto más chico, el Rubén. Tiene una Harley que le dejo su tío materno, el pobre murió joven en un accidente y la moto quedo ahí medio desarmada. Él la arreglo. Va y viene con ese orgullo que se le nota en la cara. Vino a visitarme. Me escucho cuando le conté que en el viaje con el centro de jubilados fui la primera que se animo a subir al burro.</p>
<p>Pero nunca en moto...</p>
<p>-Deja el bastón en el porch y vamos. -Me dijo</p>
<p>-Me subí sin pensar en las consecuencias.</p>
<p>-Ese día fueron dos o tres vueltas por acá cerquita.</p>
<p>Cerraba los ojos para no marearme y me agarraba fuerte.</p>
<p>Tuve un poquito de miedo pero me gusto. Y al Rubén también le gusto llevarme.</p>
<p>Desde ese día. Todos los domingos si no llueve. Antes de la hora de la tristeza, él viene y salimos a pasear en moto.</p>
<p>-Hasta me compró una campera para el viento y un casco -Aclara abriendo bien grandes los ojos.</p>
<p>*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com</p>
<p>Pronóstico poético del tiempo*</p>
<p>Atardecer de octubre en Santa Rosa de Las Pampas</p>
<p>Brindamos los datos del tiempo que pasa lento cuando el día es triste y aún cuando no nos regala un motivo entre tantos para brindar.<br />
El horizonte está más lejos esta tarde y el cielo inmenso desnudo de luna, con cenefas color rosa tímido de sol en despedida, dibuja un punto diminuto en suspensión que traga el aire atravesando el llanto a bocanadas.<br />
La inclemencia del viento y del estiaje no llegará a ser tan vehemente como esta aspereza con que increpo los pasos perdidos, los brindis gastados y el tiempo que pierde toda su relatividad cuando ya lo dejamos ir, como el conejo blanco de Alicia que corre y no sabe a dónde va.<br />
Y ni siquiera una galera a la mano…</p>
<p>*de Lucía A. Cinquepalmi. luciaguionbajo@gmail.com</p>
<p>  CHIQUIN*</p>
<p>     El campo era ese manchón verde que explotaba en los ojos. Era ese sembrado que se ampliaba en la distancia, cortado apenas por los alumbrados llenos de óxidos y pájaros, un camino que se perdía entre un maizal amarillo.<br />
     Y los árboles.<br />
     Manchones que se iban oscureciendo en el atardecer, a lo lejos. Y el cielo con esa franja sanguinolienta en el Sur, Pero todo plomo derretido el resto.<br />
    Algún sulky era tragado por aquella distancia.<br />
    El deseo y quejumbroso balar de alguna oveja o el llamado de una vaca que perdió su ternero puede darle broche triste a la tarde.<br />
   La pila íbase adueñando del campo. Un rocío invisible, sólo percibido en los pastos descendía del cielo aunque recién estábamos a principios de marzo.<br />
   La cocina bullía su esplendor más alto, esperando a los rezagados en alguna tarea indispensable  y de último momento.<br />
   Nosotros nos sentábamos en el gran cajón verde, con su divisoria en el medio y que estaba siempre repleto de marlos. El más pequeño se sentaba en ese canasto circular que se usaba para acarrear tan albo combustible desde la troja al cajón y no  se perdía nada de las historias que los mayores contaban. Uno rogaba que se olvidaran de los niños, porque de lo contrario el primero que se le ocurría una orden seca era el desparramo hacia todas las habitaciones, eran la rabia, el desencanto.<br />
    Cuando nos llamaban a cenar no se podía desobedecer so pena de quedarnos sin comida. Los mayores la emprendían con cuentos de aparecidos, de “Solapas” que se roban a los niños en las siestas, las “luces malas” que nos parecen ver bailotear ya mismo por el campo, por eso ni nos atrevemos a mirar las ventanas y ¿quién se anima a buscar agua hasta la bomba que está cerca del molino si es mandado en ese momento?<br />
    A veces las historias son de guerra, de la represión a que sometía a sus adversarios, el sistema del Duce. En este punto disienten, No todos piensan lo mismo.<br />
    El viejo Bucelli lo admira y esto enfurece a Chiquín, quien probó primero el aceite de ricino y luego el sabor más amargo del exilio. Ni las medallas ganadas en la guerra (a la que se volvió a pelear estando ya afincado en la pampa) le sirvieron luego de la Marcha sobre Roma. No obstante habla con orgullo de  su Lombardía, de la guerra.<br />
    Chiquín es un socialista de los de antes, con una convicción de acero. De los suyos ya ni noticias le llegan.<br />
     No es por eso casual que se ponga triste los domingos y que vaya hasta el Boliche de Markicich y se pesque una bruta borrachera.<br />
    Ese boliche que está camino al cementerio, a la entrada del pueblo, desde donde nunca pasó Chiquín.<br />
    Para él “la América” , como le decía a este país donde vino a dar con sus huesos, eran esas 60  hectáreas de campo que Domingo Clérici arrendaba a don Victorio Vollenweider, y que él trabajaba como mensual, con sus perros, su pequeña pipa curva, vigilando el agua de los animales y el estado de los alambrados, de los postes, y el buen funcionamiento del molino.<br />
     A veces se ponía taciturno y al encender esa pipa curva, repleta de mal tabaco, se le encendían los ojos grises, cansados, con la cabeza quién sabe dónde, tal vez sobre el sol que a esa hora daba pleno en sus amadas campiñas italianas.<br />
    De a poco iba cabeceando, perdiendo el hilo de la conversación y con la lentitud de un niño se iba durmiendo. Como a un infante había que recordarlo.<br />
    Y entonces, daba un poco avergonzado las buenas noches y se dirigía a ese pequeño cuartito donde dormía entre armeses que olían a agrios sudores de caballos.<br />
    Allí tenía un rechinante camastro de hierro, un colchón relleno con chalas y algunas viejas frazadas. Su mundo estaba en un baúl no muy grande, que cubría con una bolsa de arpillera sin usar. Era además su mesa de noche. Encima estaba el cabo de vela, su pipa y una descolorida lata de té Tigre donde guardaba  su tabaco marca Suiza, que le proveía la atenta displicencia de don Marcos junto a la ginebra copiosa y traicionera del domingo.<br />
    Los habitantes de esa chacra  eran su familia. De lo suyos prefería no acordarse, salvo cuando la ginebra  le aflojaba el pecho endurecido por tantas batallas y entonces solía insultar, y hasta llorar o maldecir esa suerte de inmigrante pobre que lo obligaba sin piedad a amarrarse a borrosos recuerdos, mientras a su alrededor giraban los crepúsculos más bellos del mundo sin que él pudiera darse cuenta.</p>
<p>  *de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p>La voz que decía toda la verdad en mi infancia*</p>
<p>A Mercedes Sosa</p>
<p>En mi casa de la infancia, una especie de chalecito de los planes de Eva Perón, se escuchaba música de todo tipo. Un poco de esto lo conté ya en el relato anterior sobre Billy Cobham. Obviamente no nombré todo el material musical existente en las estanterías ni la relación tan cercana que teníamos mi hermana y yo con el folklore y la música popular. Además de todo lo que nombré en el susodicho relato, que yo me acuerde, entre un montón de singles y LP's, que sería muy poco literario enumerar (por lo extenso y<br />
aburrido), había un disco de Alfredo Zitarrosa :"Zitarrosa 74" se llamaba, uno de Raphael traído desde la antigua URSS en el último viaje de mi padre (una rareza saber que a los rusos, tan grises y circunspectos ellos, les chiflaba ese tipo bastante amanerado y de voz sensual que cantaba "..por el<br />
camino que lleva a Belén , porompompon, porompompom.."), alguno de Horacio Guaraní, Víctor Heredia y fundamentalmente, por lo menos para mi, la "Cantata Sudamericana" de Mercedes Sosa.<br />
Todavía me acuerdo que la primera canción empezaba con la voz de ella diciendo casi a "capella" "..Americana soy, americana soy"  luego seguían unos acordes de una especie de clavicordio que seguramente eran unos arreglos de Ariel Ramírez.<br />
Ese disco me fascinaba. Fue como el primer aviso que tuve de por donde quería ir con mi guitarra. Obviamente yo era una esponja que escuchaba de todo y todo me sorprendía. Algunas cosas me interesaban mas que otras, pero nada desechaba sin por lo menos haberlo escuchado una vez.<br />
Digamos que tenía la oreja libre.<br />
Como ya pueden intuir, el disco de Zitarrosa y el de Mercedes Sosa fueron los que mas huella dejaron. De don Alfredo me gustaban sus guitarras y fundamentalmente esa voz profundamente varonil y de dicción perfecta. La foto de la portada del disco me representaba exactamente lo que yo escuchaba: un tipo grandote, de impecable traje negro, con un poncho prolijamente doblado y colgando de un hombro, fumando un cigarrillo y el pelo engominado peinado hacia atrás pero con un pequeño mechón que parecía<br />
negarse a la disciplina  cayendo sobre un costado  de la frente.<br />
En cuanto al disco de "la negra" eran otras cosas las que me quedaron.<br />
Varias y por distintas razones. Más que nada la forma de cantar. Como dije antes, ese comienzo de la primera canción no solo estaba perfectamente afinado, perfectamente dicho, no solo era el color y la fuerza de la voz.<br />
Era la manera de afirmar y de demostrar lo que quería decir "Americana soy, americana soy.." cantaba ella y uno sentía a través del vinilo esa afirmación incontrastable y de una decisión inamovible. Y todo lo que cantaba era así o me sonaba así.<br />
Yo creía en lo que ella me cantaba.<br />
Me lo creía de verdad.<br />
Más allá de las metáforas de las canciones, yo sentía que esa señora me hablaba directamente a mí. Puedo decir sin temor a equivocarme que la voz que decía toda la verdad en mi infancia, se llamaba Mercedes Sosa. Toda la otra música que oía entrañaba diferentes sensaciones.<br />
Había cosas que no entendía pero que igual me movilizaban.Serrat por ejemplo. Había un disco<br />
en casa, un single creo y ese acento tan catalán me divertía muchísimo aunque yo no entendiese del todo esa frase de "Pueblo Blanco": "Y las muchachas hacen bolillos, mirando ocultas tras los visillos." ¿qué quería decir? ¿Qué era "hacer bolillos"? ¿Y "visillos"?.<br />
Así y todo me encantaba.<br />
Pero "la verdad", sin lugar a dudas la cantaba "la negra". Ella fue la primera persona que me convenció de algo.</p>
<p>A mediados casi finales de los noventa, mas precisamente por el 96 yo había formado familia ya, tenía un hijo y nos habíamos mudado a Córdoba en busca de trabajo. Para mí, una persona que amaba el folklore, Córdoba era como la Meca. El lugar sagrado donde debías dar el examen final que te autorizaba a seguir intentando hacer algo con la música nativa. Más allá de esto yo me enamoré de la ciudad. Allí viví varios de los momentos más duros pero también guardo todavía amigos y recuerdos entrañables. Córdoba es distinta a todas las ciudades argentinas. Salir a caminar, solamente a caminar, por la zona de las peatonales  o por la cañada, era algo que me hacía feliz a pesar de las muchas contras que había por esas épocas. Estamos hablando de pleno auge menemista. Con esto creo que sintetizo todo.<br />
Por aquellos años yo ya había dejado atrás una etapa importantísima en mi vida, cómo fue haber participado en el  génesis de una experiencia novedosa y reveladora (por lo menos para mi) que se llamó  "El canto callejero" en Santa Fe. Durante esos años estuvieron muy presentes los nuevos músicos que<br />
fusionaban y experimentaban con el folklore: Jacinto Piedra, Verónica Condolí, Peteco y algunos más. Entre todos ellos siempre sobrevolaba amplia y generosa la voz y la figura de Mercedes Sosa. Yo podía escuchar  y tocar todo lo que quisiera: folklore puro y de fusión, pop, melódico, cualquier cosa, pero siempre volvía a buscar esa voz que me decía la verdad.<br />
La "Negra" me seguía acompañando desde sus conciertos, desde sus nuevos discos o desde su figura pública...<br />
Para mi fue entrañable; podía reconocer algún momento de mi niñez con una canción suya .Una estrofa escuchada por la radio me recordaba algún disfrute sereno en un recital en el estadio de la Universidad Tecnológica, cuando yo todavía creía que el Che seguía viviendo en los pibes que usaban boinas negras y borceguíes aún en pleno diciembre. O volver a envidiar sanamente algún arreglo novedoso en viejas zambas. Y aprender, fundamentalmente aprender.</p>
<p>Tuve por aquellos años mi primera experiencia cercana a la muerte. Me explico mejor: no quiero decir que estuviese a punto de morir o que alguien de la familia falleciese ni nada de eso. Con 15 años me toco vestir un muerto, amigo de mis padres , por razones que sería innecesario contar aquí, y la verdad es que no me afectó demasiado. Alguna vez me asaltaron y me pusieron un 38 en la cabeza y tampoco da mucho tiempo en pensar en nada.<br />
Tuve como todo el mundo accidentes de coches y sinceramente el miedo viene mucho, pero mucho después. No, el desasosiego de la pérdida irreparable me acechaba en el lugar menos esperado: la noticia en una radio cordobesa de que Mercedes Sosa estaba grave y que se podía esperar lo peor.<br />
Literalmente me sentí desarmado.<br />
Utilicé mucho espacio de tiempo para poder entender lo que me había sucedido en esos días de mediados casi finales de los 90.<br />
Una angustia íntima, una desolación sin aspavientos, seca, pura y a la vez serena me embargaron durante unos cuantos días. La conciencia reveladora de lo irremplazable.<br />
Se me moría alguien que de verdad estuvo un montón de años al lado mío o lo que es lo mismo: al lado de mi vocación, de lo que yo quería ser como persona: un músico. Coherente conmigo y leal con mis gustos, sin miedos ni clichés, desprejuiciado y solidario. Allí estaba la posibilidad mas que cierta de no volver a escuchar a la voz que me llamaba desde niño al camino de la música.<br />
Fueron días tristes. Andaba por las calles de Córdoba con un nudo apretándome el cuello. Por primera vez me sentí desconsolado. No me podía explicar como alguien a quien ni siquiera había tratado me afectaba tanto en su destino. Y justo allí  encontré la respuesta. En esas horas de vagueo por<br />
los bares de la "Docta", sentado a mirar discurrir el hilo de agua de la cañada, me di cuenta que se moría parte de mi historia. La negra había dibujado con su voz el trayecto que me había llevado a ser lo que era o lo que quería ser con mi música.</p>
<p>Hoy a la luz de lo acontecido, me doy cuenta que aquello que yo descubrí dolorosamente hace mas de 12 años lo ha sentido hoy mucha, muchísima gente.<br />
Mi tristeza, mi angustia se había masificado. En estas ocasiones creo que la muerte nos da la real dimensión de lo que perdemos. Y no lo digo por aquella falsa creencia de que la muerte nos hace buenos a todos. No. Nada más lejos de mi sentimiento . Me remito si no ,como prueba irrefutable, a aquel año de 1997, donde yo anticipaba un luto que no se si alguna vez podré quitarme.</p>
<p>* "La voz que decía la verdad." A Mercedes Sosa</p>
<p>*de Florencio Romero Diaz staferomero@hotmail.com<br />
-Logroño del 13 al 15 de Octubre de 2009</p>
<p>Fascismo de corbatas Armani*</p>
<p>*Sylvina Walger<br />
18.10.2009</p>
<p>“Si Berlusconi gana, pediremos asilo político en Francia, porque Italia se convertirá en la Argentina”, contestaba a una encuesta en la RAI un ciudadano romano pocos días antes de que el Cavaliere se convirtiera por tercera vez en jefe del gobierno italiano.</p>
<p>El Berlusconi que llegó este año al poder es, según palabras de Darío Fo, “un enfermo de sexo, erotismo y de ganas de mandar”. Un hombre dañino que ha confundido lo público con lo privado, que no tolera ninguna crítica y que ha puesto en peligro la libertad de expresión en Italia.</p>
<p>Sus hazañas, de todo tipo, han dado la vuelta al planeta, al punto que la edición europea de Newsweek del 19 de octubre lo trae en tapa en una foto en la que dice “adiós”. Y en letras grandes pide: “Échenlo”. “Italia no puede permitirse las bufonadas de su playboy en jefe”, agrega el semanario en un artículo de tres páginas que comienza con la lista de escándalos protagonizados por Berlusconi en los últimos tiempos. “En lugar de comprometerse con las reformas económicas y sociales que su país necesita, Berlusconi, vuelto al pasado, mira por su espejo retrovisor obnubilado como está por la Justicia, la prensa, los conspiradores comunistas, las maquinaciones de sus rivales, sin olvidar las mujeres encolerizadas que lo persiguen”. Aunque no pertenece al grupo de las encolerizadas, Michelle Obama se encargó de hacerle notar su desprecio y en el último G-20 no le permitió el tradicional abrazo. Se limitó a extenderle secamente la mano.</p>
<p>Newsweek olvidó un detalle: la principal de sus obsesiones es la prensa anglosajona, a la que acusa de desprestigiarlo gratuitamente. Los italianos no hablan, sobre ellos pesa la censura.</p>
<p>“La prensa extranjera –insiste el Cavaliere– desprestigia al país, a mí y a la democracia. Hay un espíritu antiitaliano. Los periódicos deberían dar una imagen de Italia bella, fuerte y pura, no contaminada”.</p>
<p>Hasta ahora, Berlusconi vivía feliz –un decir– su extravagante pasar gracias a la inmunidad penal que le otorgaba la ley Alfano. Un absurdo e impune régimen del que se beneficiaban –hasta la semana pasada– las cuatro más altas personalidades políticas de la península. Pero como la justicia italiana tiene pocos puntos en común con la nuestra, la Corte Constitucional, apoyándose en un dictamen del Consejo de Europa que opinaba que esa ley resultaba un obstáculo para el combate contra la corrupción, pasó por alto los deseos de Silvio y lo despojó de sus privilegios, colocándolo en situación de riesgo.</p>
<p>“Está ahora no sólo aterrorizado por los magistrados sino también por su propio pasado”, cuenta Ezio Mauro, director del diario La Repubblica, del grupo L’Espresso, y uno de los encarnizados enemigos del Cavaliere. “Lo que prueba su inestabilidad como primer ministro”.</p>
<p>Su respuesta fue dar rienda suelta a su egolatría: “Viva Italia, Viva Berlusconi”, y procedió a sacar una de las cartas que aún guarda en la manga, su popularidad: 47 por ciento contra el 62 de hace algunos meses. No será fácil sacarlo.</p>
<p>Pese a que le acababan de arruinar el sueño de reformar la justicia italiana, a la que considera demasiado independiente (eso porque no conoce a Diana Conti). Recuperó fuerzas y procedió a autodenominarse “campeón mundial” de las persecuciones judiciales disponiéndose a afrontarlas (todavía no han comenzado). Después de su primera elección en 1994, Berlusconi afrontó 90 procesos y gastó 168 millones de euros en “gastos de justicia”, con esta última palabra el inconsciente suele jugarle malas pasadas y sustituye “justicia” por “jueces”. La mayoría de las acusaciones que pesan sobre él tienen que ver con evasión fiscal, corruptor, dueño de una cantidad de empresas en paraísos fiscales y alguien que utiliza a las instituciones para arreglar sus pendencias judiciales.</p>
<p>La Italia de hoy tiene poco de envidiable. Darío Fo equipara este período con uno de los más oscuros que ha vivido el país. Racista, xenófoba, homofóbica grave, Mussolini y Hitler tienen su lugar y la mayoría de los habitantes lamenta que Hitler no haya puesto el mismo ahínco para matar gitanos como el que puso para asesinar judíos. Según el escritor siciliano Andrea Camilleri, estas actitudes son la consecuencia de que Italia nunca ajustó las cuentas con el fascismo y éste está resurgiendo en formas nuevas.</p>
<p>El hecho de que Berlusconi haya sido votado por una buena parte de sus conciudadanos no se entiende sin tener muy en cuenta que durante siglos los italianos han resistido enfrentados a un Estado que únicamente se hacía sentir de manera negativa: en la recaudación de impuestos y el servicio militar. </p>
<p>En un mundo globalizado, donde el Estado ha perdido muchas de sus competencias, su crisis arrastra la del gobierno representativo, cada vez más pura ficción. Al parlamento lo ha sustituido el poder de unos partidos que, al ir apartándose de sus ya exiguas bases, y sobre todo de sus electores, dejan a la sociedad abandonada a sus expensas. La peculiar historia de Italia donde el Estado, salvo durante el fascismo, apenas hizo acto de presencia, tal vez explique que el poder lo ocupe un aventurero, hecho a sí mismo, con pretensiones donjuanescas.</p>
<p>El italiano ha sido un mal soldado, pero un bandido valiente. Acérrimo individualista, sólo se ha sentido vinculado con la familia y la localidad donde ha nacido. Tal vez esto aclare el episodio de las tropas italianas en Afganistán. Aunque hoy lo desmientan, lo cierto es que les pagaron a los talibanes para que no los ataquen. Cuando se fueron, “olvidaron” avisarles a sus reemplazantes franceses sobre la transacción efectuada. Resultado: ocho franceses muertos de un tirón.</p>
<p>Camilleri sostiene que sus votantes aman “al bufón delirante porque refleja lo peor de cada uno y suscita esa envidia que todo italiano siente hacia las motocicletas que no respetan ninguna regla, ningún código”. Camilleri sostiene que Berlusconi no cierra los diarios porque no puede y porque la televisión es más vista. Pero sí rige la censura y la autocensura.</p>
<p>Es ahora justamente cuando “las cosas se han puesto feas para el sistema de información”, explica Roberto Nadale de Reporteros Sin Fronteras, y que teme, como muchos, la amenazas que penden sobre la libertad de expresión, en momentos en que el parlamento se apresta a votar una ley que limitaría las publicaciones que den información sobre asuntos judiciales.</p>
<p>Más allá de la prohibición del documental producido por Zenatrop, la productora de Lars von Trier, Videocrazy. Una crítica feroz a los últimos 30 años de la televisión italiana mayoritariamente controlada por el inefable Silvio. Tanto es así que Mediaset –propiedad de Berlusconi, cuyo nacimiento y evolución están explicados en el documental– y la RAI se negaron a emitir –convengamos que la RAI nunca fue la BBC–.</p>
<p>Los medios del Cavaliere –que controla el 90% de la televisión– invitaron a los inversores publicitarios a boicotear a los diarios que molesten al jefe. También se los alentó a procesar por injurias a los periodistas a los que se califique de “crápulas”. También se invita a los italianos a no pagar el canon de la televisión pública.</p>
<p>Berlusconi, editor, empresario y presidente del gobierno, alienta a los inversionistas para que no contraten publicidad en los medios que duden de las declaraciones optimistas de la mayoría parlamentaria y del gobierno acerca de la crisis financiera, económica e industrial (debe andar Moreno por ahí).</p>
<p>Pero los dos episodios más serios son los juicios incoados al periódico de centro izquierda La Repubblica por un millón de euros. A su director, Ezio Mauro, lo acusó de “fraude fiscal” y a su propietario, de “extranjero”. El presidente del grupo Espresso, Carlo de Benedetti, es judío y tiene doble nacionalidad: es suizo e italiano.</p>
<p>En cuanto al cotidiano comunista L’Unita, fundado por Antonio Gramsci, le pide 3 millones de euros.</p>
<p>El presidente del gobierno se muestra así como el peor abogado de su causa. Ha optado, más que por explicar y poner en claro lo que ocurre, por deslegitimar e intimidar los títulos que no controla. Si por casualidad renunciara a su ofensiva judicial, se evitaría el ridículo de ubicar a Italia en competencia con Corea del Norte o Rusia en el capítulo “libertad de expresión”.</p>
<p>Sus propios medios son otra forma de intimidación. Il Giornale, un diario de su grupo, llevó adelante una campaña de calumnias contra Dino Boffo, director del periódico católico Avvenire. Una columna anónima lo difamó por homosexual y lo hizo renunciar (método Pagni o matonismo mediático según Ezio Mauro).</p>
<p>“No tengo la menor duda de que Berlusconi quiere reimplantar el fascismo en Italia”, aseguró en estos días José Saramago. “No es un fascismo de los años 30, hecho de gestos ridículos como levantar el brazo. Pero tiene otros gestos igualmente ridículos. No será un fascismo de camisas negras sino de corbatas de Armani”.</p>
<p>*Fuente: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=32557</p>
<p>*</p>
<p>MUJER </p>
<p>cuenco </p>
<p>lágrima </p>
<p>pájaro </p>
<p>manos </p>
<p>risa </p>
<p>soledad </p>
<p>árbol </p>
<p>coraje </p>
<p>lumbre </p>
<p>hermana, </p>
<p>MADRE<br />
te abrazo </p>
<p>*de Iris.  iris_neuquen@yahoo.com.ar<br />
18.10.09 </p>
<p> *</p>
<p>Queridas amigas, apreciados amigos:</p>
<p>Este domingo 18 de octubre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Claudio Santoro. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de Tarpuy (Andes).<br />
¡Les deseamos una feliz audición! </p>
<p>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at<br />
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!  (Recomendamos usar http://24timezones.com/  para conocer las diferencias horarias).</p>
<p>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! </p>
<p>Freundliche Grüße / Cordial saludo! </p>
<p>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br />
www.euroyage.com </p>
<p>Schießstattstr. 37    A-5020 Salzburg        AUSTRIA<br />
Tel. + Fax: 0043 662 825067 </p>
<p>*</p>
<p>Inventren Próxima estación: CASBAS.</p>
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<p>*</p>
<p>LA JIRIBILLA.</p>
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	<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 15:40:43 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>HUÉRFANOS DE PALABRAS LOS ADIOSES EMPUJAN...</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/18/huerfanos-de-palabras-los-adioses-empujan</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/18/huerfanos-de-palabras-los-adioses-empujan</guid>
		<description><![CDATA[<p>*</p>
<p>Deja que el viento<br />
toque el ave.<br />
dos libertades hermanas<br />
vuelan juntas<br />
en busca de astros quiméricos,<br />
incontaminados,<br />
lanzados a la eternidad.<br />
Deja que el viento<br />
acune el sueño<br />
de quien busca amparo<br />
en la paz eterna,<br />
de  quien es el faro<br />
para nuestra vela<br />
porque en ella el viento<br />
anida y se queda.</p>
<p>*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar</p>
<p>HUÉRFANOS DE PALABRAS LOS ADIOSES EMPUJAN...</p>
<p>LUPANAR DE LAS TRISTEZAS*</p>
<p>He llegado al lupanar de las tristezas.<br />
Un hombre flaco, golondrinas cansadas<br />
en sus ojos. </p>
<p>Otro hombre duerme a la vera de sus penas.<br />
En el hueco calloso de su mano.<br />
Adormilado, un pájaro descansa.<br />
¿Quién ha de atreverse a despertarlos?<br />
¿Adónde los llevará la noche? </p>
<p>Resbala por mi piel el anatema.<br />
Ingreso al laberinto impenetrable.<br />
Sola.<br />
Alud de oscuridad.<br />
Mierda y silencio. Páramo.<br />
El infierno del Dante es una Rosa azul.<br />
Fango.<br />
En las botas de hierro pesa el mundo. </p>
<p>Huérfanos de palabras los adioses empujan.<br />
Al fondo, profundamente quieta, está la vieja la puerta.<br />
Siempre abierta, aún en la más negra de las noches.<br />
Una mano arrugada se enciende en cicatrices<br />
y me llama.<br />
Atravieso la puerta. </p>
<p>La claridad, magnífica, opaca el aguijón.<br />
Allí, encuentro el jardín y el ladrillero.<br />
Arquitecto de soles temerarios.<br />
Trabaja con sus manos, con el fuego y el agua.<br />
Piel de piedra, arraigada, que brota de la tierra.<br />
Nubes se transforman en el aire<br />
Lluvia mansa envuelve al hombre,<br />
Mientras la humanidad, mutable, imperfecta<br />
Lo acompaña.<br />
Mientras tanto, las golondrinas descansan<br />
En los ojos del hombre con figura de cristo. </p>
<p>*de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>LA CULTURA DEL MALESTAR</p>
<p> El presente de una desilusión*</p>
<p>   Hemos perdido nuestro cuerpo. Ya no habla sino  través de síntomas e inhibiciones. El cuerpo de nuestro hoy es el cuerpo enfermo: enfermo de miedo, de impotencia, de silencio, de soledad, de insignificancia.<br />
   La coerción externa, cada vez más intensa, abusiva y arbitraria, va configurando una telaraña que deja sin escapatoria alternativa a los seres humanos engañados en sostener el conjunto social como único engranaje posible de vivencia y convivencia.<br />
   La decadencia institucional con su consecuente deterioro manifiesto en la totalidad de los vínculos y relaciones, históricamente instituidos a través de diversos dispositivos: familia, escuela, policía, iglesia, salud, justicia, denuncia la emergencia de un espacio – tiempo que requiere de construcciones que sirvan a la libertad.<br />
   Estado e institución, como reguladores de las relaciones entre los hombres, han concluido en demostrar, por fin, que su política y las condiciones generadas son equívocas y nocivas.<br />
   Podría resultar redundante, entre profesionales y técnicos de esta disciplina, enunciar la sintomatología escenificada a partir de cada una de las instituciones mencionadas. Aparece en la clínica diaria, en las demandas escolares, en las derivaciones e internaciones hospitalarias, en las crisis de los vínculos y mandatos familiares, en la perversión de las interpretaciones judiciales, en la devoción mística, en los efectos de la represión policial, en el vagabundeo adolescente en masa sin preguntas para sus respuestas: trastornos de aprendizaje, problemas de conducta, fobia, anorexia, pánico, narcotización, abuso de psicofármacos, embarazos y abortos clandestinos, suicidio, autoagresión, canibalismo, violencia, sometimiento, abandono, angustia, ansiedad, renegación, fraude, somatizaciones, enfermedades y frustración relacionadas con la dependencia hacia los vínculos virtuales, sexualidad castigada, simbiosis, parasitismo, culpa.<br />
   El rol subversivo del psicólogo, pues de ese modo se lo estimó en las décadas del ’60 y del ’70 del siglo pasado, situación que derivó en la proscripción de la formación académica y del ejercicio profesional del mismo, sufrió inevitablemente el atravesamiento de la represión como mandato institucional.<br />
   En consecuencia, el psicólogo corrió también el riesgo de normatizarse según las exigencias del poder y, en muchos casos, el riesgo se transformó en realidad de hecho.<br />
    El proverbio “Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él” podría ser aplicable a este contexto, dado que, según mi perspectiva, la incorporación de licenciados psicólogos a innumerables corpus institucionales, se representó en la fagocitosis de los ‘agentes de salud’ como instrumentos – objetos del sistema para ejercer la normatización.<br />
   Gilles Deleuze enunció en 1972, en entrevista con Michel Foucault  (Les intellectuels et le pouvoir’): “Todas las categorías profesionales van a ser convidadas a ejercer funciones policiales cada vez más precisas: profesores, psiquiatras, educadores en general, etc. Hay aquí algo que Usted anuncia desde hace tiempo y que se pensaba que nunca se produciría: el refuerzo de todas las estructuras de encierro”.<br />
   Foucault agrega: “Existe toda una serie de equívocos en relación a lo ‘oculto’, a lo ‘reprimido’, a lo ‘no dicho’, que permite ‘psicoanalizar’ a bajo precio lo que debe ser objeto de una lucha”.<br />
   En el ‘Curso del 14 de enero de 1976’ nuevamente Foucault describe: “Los avances de la medicina, la medicalización general del comportamiento, de las conductas, de los discursos, de los deseos, etc., tienen lugar en el frente en el que se encuentran los dos planos heterogéneos de la disciplina y de la soberanía.<br />
   (…) Y en esta medida, la utilización como llave crítica de la noción de represión se halla viciada, inutilizada desde el principio dada la doble relación jurídica y disciplinar que implica respecto a la soberanía y a la normalización”.<br />
   La concepción de higiene pública es una gran boca de lobo donde el psicólogo puede caer embaucado a riesgo de oscilar entre esta doble función liberadora o normalizadora.<br />
   Ya Sigmund Freud expresaba en 1927 que la cultura impone al ser humano preceptos imposibles de acatar, con el fin de regular las relaciones sociales, poniendo en juego la máxima cantidad de libido con fin inhibido (extrae de allí su energía). Y, en el caso de que no pueda compensarse la frustración que lo cultural provoca sobre lo instintual “habrá que atenerse a graves trastornos”.<br />
   El síntoma es, aquí, lo siniestro, aquello que habiendo debido permanecer oculto, se ha manifestado. Esta manifestación de lo oculto (lo reprimido) transforma lo familiar en espantoso. Lo egosintónico se hace egodistónico transmutando un rasgo de carácter en síntoma y/o viceversa.<br />
   La represión como mecanismo instaurador de lo cultural, aquello que nos diferenciaría de nuestros antecesores animales, es la herramienta de privación y frustración a través de la cual se vigila, se selecciona y se normatiza.<br />
   ¿Sobre qué línea del margen de la represión nos hemos posicionado los técnicos de la salud?<br />
   ¿De qué salud hablamos cuando hablamos de salud? ¿De qué lado del saber nos ubicamos?<br />
   Si el saber que adquirimos (en presente y en pretérito anterior), en tanto construcción del conocimiento que nos habilita a ejercer nuestro rol, transporta el mandato del poder instituido e instituyente, el riesgo de ocupar el lugar de herramienta normatizadora es harto elocuente.<br />
   Si nos proponemos revisar nuestro compromiso ético, en tanto discusión y planteo filosófico y antropológico que conduzca al ejercicio de la libertad (la libertad precede a la cultura, el espíritu libertario es ya reactivo), podría resultar, a simple vista, sencillamente facilitador. Pero ¿no corremos el riesgo de aparecer enarbolando la ortopedia de la impotencia, favoreciendo nuevos dispositivos de dependencia?<br />
   Reflexionando sobre el péndulo de ambos ‘aparentes’ extremos del ejercicio de la profesión – el destinatario y su servidor -  creo interesante rescatar el siguiente comentario de S. Freud en ‘El porvenir de una ilusión’: “La certeza de que sólo habremos de contar con nuestras propias fuerzas nos enseña, por lo menos, a emplearlas con acierto”.</p>
<p>Referencias bibliográficas:<br />
“El malestar en la cultura”<br />
“El porvenir de una ilusión”<br />
“Lo siniestro”   - Sigmund Freud – Obras Completas – Edic. Biblioteca Nueva<br />
“El discurso del poder” – Michel Foucault – Folios Ediciones<br />
“Microfísica del poder” – Michel Foucault -  Edic. La Piqueta</p>
<p>*de Lucía A. Cinquepalmi. luciaguionbajo@gmail.com<br />
-Ponencia Congreso Nacional de Ejercicio Profesional - Julio 2004 </p>
<p>ADIÓS AL PICHÓN QUINTANA*</p>
<p>para Clarita Quintana, cordial amiga</p>
<p>Soy escritor porque fracasé en el fútbol, o mejor dicho lo diré tomando un atajo de modestia: me dediqué a escribir cuando entendí que la carrera de crack me estaba vedada.<br />
Hacia mis 18 años colisionaron en mí esas dos vocaciones, me decidí por la más laboriosa, más pacífica aunque sí desalentadoramente marginal, sin futuro promisorio. Escribir.<br />
No sin cierta conmiseración comprensiva veo a la gente que se lanza en esta carrera en busca de estrellatos, con esperanza de triunfos y como estamos en la ley del capitalismo ello quiere verse traducida en dinero y fama televisiva. ¡Pobres, qué ingenuos! Por no decir qué necios. El éxito de la venta de un libro no garantiza la calidad del contenido del libro (Gelman , dixit) ni la calidad literaria de estos textos. Es de Perogrullo, pero pocos lo saben.<br />
Lo cierto es que hasta ese momento mi vocación futbolera había sido excluyente, pero cuando me vine a estudiar, como además trabajaba para mantenerme, en los fines de semana no me quedaba otro espacio sino para el estudio, ni siquiera soñar con un mísero picadito.<br />
 En los años de la infancia, entre los partidos en la escuela, en la cortada del barrio El Jazmín y los demás barrios donde jugábamos los famosos “desafíos” o la misma cancha del Huracán, gloria y honor, donde jugábamos desde concluido el almuerzo hasta que la oscuridad de la noche creciente no nos dejaba ver la pelota, todo era fútbol en nuestras vidas.<br />
Entonces, como todo era más lento y más lejano, disponíamos del tiempo de los sueños y del culto de los ídolos de aquellos campeonatos sin esponsors y de estos, del fútbol aguerrido e inocente de los pueblos.<br />
Viajábamos en camiones, cuando algún hincha solícito que nunca faltaba ponía a nuestra disposición el vehículo, que no pasaba del chasis de un viejo Chevrolet o Ford o Diamond, como para recoger todo el polvo de los campos en esos caminos de tierra de entonces, y con la molestia del traqueteo, volvíamos o derrotados y silenciosos o gritando la victoria desde las últimas calles del pueblo.<br />
¿Quiénes eran los hinchas fieles que siempre seguían al equipo en ese entonces? Retengo la imagen de unos pocos: el inefable Armando Mateucci, el Beco Gúbero, Perita Gabilondo, los hermanos Pesci, Cachete González, el Pampa Brog, el petiso Orsi, medio tartamudo y empleado de correos y Fermín Castillo, tartamudo entero y amigo de mi tío Berto Spagnolo, quien no se perdía partido ni entrevero con la hinchada contraria. También mi padre era de la partida, y el “Boca de Bronce” López, y Carlitos Benaglio y Cachito Jiménez y tantos otros que se me escapan por la memoria hilachienta.<br />
Vendríamos contentos con alguna proeza del “Balazo” Renzi comentando alguna atajada memorable del Tin Morón o del Loco López o del Toti Sciarini, que tal vez con su arrojo nos podría haber dado un triunfo o una derrota, tan arriesgado y temeroso era. Todos líderes del arco y también mi amigo Roberto Pichi Vega, quien en los corners salía a tumbar delanteros contrarios antes que a buscar la pelota. O la endiablada cintura que tuvo Quinterito. O tal vez esa finura del aquel caballero de la cancha que fue el Negro Cornejo, o la violencia de shot del negro Remigio  Gramajo o del mismísimo Ismael Durán que hacía temblar a los arqueros. Todo esto sin contar con el arte delicado del gran Juan Carlos Lallana, que pasó con su magia, resplandeció de gloria, nos dejó ciegos con su luz y se fue al fútbol profesional para vestir la azul y blanca y pasear el fútbol nuestro  por otras canchas del mundo. Pero nosotros no olvidamos que primero vistió la casaca roja.<br />
Entre los habilidosos jugadores de aquel tiempo, se encuentra el Pichón Quintana, quien nunca llegó a jugar en ningún campeonato porque se avergonzaba de que lo vieran vistiendo pantalones cortos. Una sola vez se los puso, para un amistoso y creo que fue en las inferiores, hasta que fingió una lesión y con un gesto actoral salió de la cancha para no volver a entrar nunca.<br />
Pero llevaba el fútbol en la sangre y todas las tardes, venía con su bicicleta, su cuchara de albañil que dejaba sobre el asiento, se sacaba las alpargatas llenas de cal, se arremangaba los pantalones y se entreveraba en un picado en el que ya llevábamos varias horas, en nuestra gloriosa cancha. ¡Era total y absolutamente imposible quitarle la pelota cuando la tenía en los pies, si la mimaba como a una niña, cómo iba a dejarla!<br />
Era un dribleador endiablado, tenía una forma extraña de proteger la pelota con el empeine y aunque era un poco mayor que nosotros, no era para nada brusco, al contrario, poseía un juego escondedor y elegante, el de los grandes, realmente.<br />
El Pichón, el que se acaba de morir solterón, tal vez un poco misógino, silencioso, gran amigo, tal vez un poco solitario con su bicicleta y su eterna cuchara de albañil.<br />
El Pichón, el del pelo crespo, el que amaba los colores rojos pero no pudo con su timidez y nunca pudo defenderlos.<br />
Con pena escribo estos recuerdos, o mejor estas palabras donde digo que jamás pude sacarle una pelota de los pies, cuando nos mezclábamos en el desorden del picado, hace ya tanto, hace ya tiempo, hace tanto tiempo que el mismo tiempo “tiene un miedo ciempiés a los relojes” como supo decir Vallejo para siempre. Y yo para siempre quiero dejarlo al Pichón en estas páginas, puro, inalterable, nuestro, ahora que lo recuerdo al Pichón Quintana “tan niñín” que se nos fue.</p>
<p>  *de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p>Magia*</p>
<p>¿Cómo es que el tiempo pasa<br />
y se lleva, arrasa,<br />
el aroma de ese jazmín<br />
la luz de aquella mañana?<br />
¿Cómo es que el tiempo pasa<br />
y se lleva, arrasa,<br />
el canto de ese pájaro<br />
la curiosa mirada al cielo?<br />
¿Cómo es que el tiempo pasa<br />
y yo te amo más y más<br />
                                    y más te deseo?<br />
¿Cómo es, amor mío, cuál, acaso, tu magia? </p>
<p>*de Roberto Rodriguez Peyronel. rrpeyronel@yahoo.com.ar</p>
<p>Los shuar*</p>
<p> *Por Sandra Russo</p>
<p>Estaban los dos sentados en esos sillones con forma de huevo que diseñó el escandinavo Aalvar Alto, por los que tienen preferencia los hoteles de convenciones. Había tres sillones. Me senté en el restante. Los miré, me miraron. Los tres hicimos un gesto con la cabeza y murmuramos algo impreciso con una media sonrisa. Una ceremonia de cordialidad en una situación en la que no se comparten los idiomas.<br />
Uno era un hombre un poco calvo y regordete, de rasgos mestizos y vestido de traje. El otro era un aborigen con camisa y pantalón, y plumas de colores muy fuertes en la cabeza. Nos quedamos en silencio un buen rato, mientras alrededor iba y venía mucha gente. En un momento el hombre calvo le dijo al<br />
indio algo en español. Un español sudamericano que a mí se me hizo impreciso. Después de otro rato de silencio el hombre de traje finalmente hizo un poco de esfuerzo para asomarse desde su sillón huevo, y se dirigió a mí:<br />
-Disculpe usted. ¿Usted es periodista?<br />
-Sí. Argentina.<br />
-¿Tendría la amabilidad de aceptarnos un regalo? -dijo, mirándonos alternadamente al indio y a mí.<br />
-Claro -sonreí yo por impulso, dispuesta a esas comunicaciones espontáneas que surgen en esas convenciones. Entonces, el indio que estaba a mi derecha también se incorporó, y me dijo su nombre. No retuve ese nombre, pero sí la afirmación que hizo después:<br />
-Soy jefe shuar.<br />
El hombre calvo era alcalde de un pueblo amazónico ecuatoriano, cerca del cual había una comunidad shuar. Yo nunca había escuchado de ellos. Hace un mes, fueron los shuar los que friccionaron tan fuerte con el gobierno de Rafael Correa que hasta hubo un maestro shuar muerto. Los shuar y Correa<br />
entraron en una polémica pública sobre la responsabilidad de esa muerte.<br />
Hubo un reflejo rápido de ambas partes para evitar la ruptura. La Conaie, que nuclea a las comunidades del estado plurinacional que es Ecuador, necesita a este gobierno de un Estado unitario que de acuerdo con la Constitución rige a todos los ecuatorianos. Y Correa no habría llegado al poder sin esa fuerza, que representa a la organización social más grande del país. Los shuar son los más díscolos. Los más radicales.<br />
El indio extendió hacia mí, entonces, un libro. Lo tengo aquí. Se llama (y obviamente copio letra por letra) Tarimiat Nunkanam Inkiunaiyamu. Es uno de los libros más maravillosos que he visto en mi vida. Tiene el tamaño de un manual, 500 páginas, señaladores numerados, ilustraciones, fotos, historias de vida, testimonios, análisis, opiniones y documentos sobre tres pueblos de la Cordillera del Cóndor, entre Perú y Ecuador. Los wampís, los awayun y los shuar son los pueblos que viven en esa zona. Los tres pueblos pertenecen a la familia lingüística del jíbaro.<br />
El alcalde y el jefe shuar habían llevado al Foro Social Mundial algunos ejemplares de ese libro monumental, con CD y PDF. Pero no sabían qué hacer con él. Nadie parecía interesado en ellos. Fue así como me traje a casa el libraco, y ahora que los shuar protagonizaron el violento incidente en cuyo<br />
esclarecimiento trabajan junto a funcionarios estatales, me di un baño de inmersión en una historia increíble.<br />
Porque en esta semana, justo la del llamado Día de la Raza, la historia de los shuar pareció puesta en el camino. Una historia en el camino de la conciencia de este continente, tan raro incluso para los que nacimos en él.<br />
Tan desconocido, tan ignorado, tan ausente de nuestras percepciones de la realidad.<br />
Los shuar nunca fueron colonizados, hasta los '60 del siglo pasado. Pasaron quinientos años recorriendo la selva y la montaña, su lugar de origen hace unos 2500 años. Aferrados a su cultura, sabios en hierbas, cazadores, nómadas de esencia y espíritu. Los contactos con ellos siempre fueron en los alrededores de sus vastos territorios, pero hasta el siglo pasado nadie interfirió con sus vidas. Cuando llegaron las empresas mineras a la Amazonia, ahí sí aquel universo fue destrozado. Les arrebataron sus tierras,<br />
las más biodiversas del planeta. Fueron confinados a reservas. Los curas salesianos arrancaron de sus comunidades a una generación entera de niños shuar. Desaprendieron su lengua y aprendieron español. Perdieron sus hábitos nómadas. Los curas los nombraron de otra manera. Esta generación de shuar, ya adulta, es la que hoy lidera la parte más radical y dura de las organizaciones aborígenes ecuatorianas. Domingo Ankuah, dirigente shuar a nivel nacional, cuenta en su biografía:<br />
"Yo fui reclutado por los salesianos tal vez cuando tuve mis 4 o 5 años, que ellos determinan así. Lo primero que sé que ellos hicieron fue darme un nombre, o sea dos nombres, dos apellidos, porque mi padre cuando yo nací me dio un nombre pues era sólo nombre que los shuar teníamos. Pero cuando me<br />
reclutaron, me dieron el nombre que todavía mantengo. Muy niño no conocía todo lo que sucedía en la vida, lo que hicieron los misioneros. Hice la primaria y estuve en el colegio de práctica agrícola de la misión salesiana hasta los 17 años".<br />
Otro shuar dice en uno de los videos que acompañan el libro que ellos son "tan fuertes porque durante dos mil quinientos años no necesitamos dólar, y podemos seguir otros dos mil quinientos años sin un solo dólar". Sus mujeres viejas se quejan de que las mineras han alterado todo, y ya no crecen algunas de las plantas necesarias para su medicina. También se quejan de que sus mujeres jóvenes, criadas como Domingo Ankuah, ya no saben ni hacer ni cuidar sus huertas. No saben quiénes son. Hay conflictos familiares que no conocían desde que no pueden ser nómadas. El sedentarismo forzado los irrita en su faz más profunda. No viven de acuerdo con su naturaleza.<br />
En una nota de análisis sobre el conflicto que enfrentó a los shuar y a Correa, el periodista Kintto Lucas -Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí- indica esta semana que hubo errores estratégicos de ambas partes, gobierno y comunidades, y que lo lógico es una mutua autocrítica.<br />
Porque el gobierno unitario contra el que choca la nacionalidad shuar es el gobierno que más respeto les ha tenido en la historia moderna de ese país.<br />
Aunque el daño causado a los shuar sea ya irreparable. Sobre las contradicciones como ésta que bullen en los países más progresistas de la región, sobre cómo leer esta realidad de gobiernos populares que, sin embargo, salvo en Bolivia, no han avanzado lo suficiente o dudan en hacerlo, Lucas cita a Saramago en este párrafo:<br />
"A esta ciudad le basta saber que la rosa de los vientos existe. Este no es el lugar donde los rumbos se abren, tampoco es el punto magnífico donde los rumbos convergen. Aquí, precisamente, cambian los rumbos".</p>
<p>*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-133629-2009-10-17.html </p>
<p>el  borracho*</p>
<p>a un poeta desconocido</p>
<p>bebía mi tercer cerveza en un bar de malamuerte<br />
cuando se acercó arrastrando los pies<br />
-     ¿me daría unas monedas señor? –<br />
-     ¿y para que son amigo? –<br />
-     bueno, le aseguro que no son para comprar un litro de leche –<br />
-     bien, y dígame ¿qué hace usted de su vida? –<br />
-     beber ¿y usted señor? –<br />
-     yo… soy poeta… creo –<br />
-     ah, no está muy seguro, yo estoy seguro de ser borracho –<br />
-     de acuerdo y ¿qué hace un borracho cuando está sobrio para hacer de éste mundo perverso y absurdo un lugar mejor? –<br />
-    mire señor, yo no se muy bien la diferencia entre estar sobrio o borracho, pero de algo estoy seguro, los sobrios destruyeron el mundo –<br />
-    tiene razón amigo, el poeta es usted, tome este billete, pero con una condición, no lo vaya a gastar en leche -.</p>
<p>Un abrazo impetuoso.<br />
*de aldo luis novelli. aldonovelli@yahoo.com<br />
/desde los bordes del desierto.-</p>
<p>http://www.otros-fluidos-virtuales.blogspot.com<br />
La poesía es un oasis en medio del desierto. El poema es la sed.</p>
<p>NOTA SOBRIA:  borracho<br />
En muchas regiones rurales de España, aún hoy es habitual servir el vino en odres o botas de cuero, usados desde muy antiguo con este objeto. En el catalán del siglo XIV y en el castellano del siglo XV, estos odres se llamaron borracha, palabra que, según Corominas, se habría formado por el cruce de las voces catalanas botella (odre) y morratxa (redoma). A su vez, esta última palabra se derivaba del árabe mirassa, que también significaba 'redoma'. Más adelante, se llamó en español borracho al sujeto que, igual que la bota, estaba 'lleno de vino', o sea, embriagado.</p>
<p>LA LUZ DE LOS OSCUROS*</p>
<p> *Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com</p>
<p>LECCION DE ARTE<br />
(El profesor a la alumna)<br />
¡Sí, sí, sí, manzanas rojas sobre paño verde es naturaleza muerta, pero testículos rojos sobre mano blanca es pornografía, caramba!</p>
<p>ADARGA<br />
Estas palabras no pertenecen a la realidad cualquier parecido es pura coincidencia.</p>
<p>CORAZ0N DENTRO DE UNA JAULA<br />
"El sexo", dice la constructora de ruinas, "es una verdadera operación de alquimia". Y se siente original por decir estas cosas. "Una transmutación", agrega, luego de una pausa anaranjada.<br />
"El sexo absorbe las inquietudes ambientales y las repercusiones propias", observa la elíptica, "ya que no devuelve a los amantes tal como los absorbió, sino convertidos en puras esencias sobrehumanas". Si le preguntaran algo más al respecto, la ingeniera contestaría que no cree en todo lo que dice pero hace todo lo que cree.</p>
<p>LA FUGITIVA<br />
Entre sus muchos hábitos cuenta con el de estar ausente cuando no está presente. Es una de sus principales excentricidades: cuando no está no está, y hasta resulta imposible evocarla.</p>
<p>POIESIS<br />
Antes de meter la cabeza dentro del horno, ella tiene pensado desarrollar otras habilidades. Por ejemplo, interrumpir al narrador que describe el tremendo mundo de Jack, porque un destripador merece más poesía y menos blablablá. La belleza de un destripador radica en que está terriblemente<br />
solo y a fuerza de puñal, comunica su obra. El narrador no alcanza a expresar el relámpago en el momento de peligro. Jack mata y huye, crea y se resguarda. No deja pistas porque no quiere ser descubierto. Ama hasta la muerte. Huye hasta el anonimato. Un destripador no cabe en el cubículo<br />
estrecho de un nombre. Y puesto que el arte es así, el arte no es poco.<br />
No tiene nada de solemne. Cuando se le ocurre abismarse de esa manera ella deja la cabeza fuera del horno.</p>
<p>LA LUZ DE LOS OSCUROS<br />
Ella quería ser buena, buena, buena como un ama de casa buena y consultó un curandero sexual que le aconsejó mirar entre sueños las cosas de los seres pajaritos cubiertos de niebla. Lo intentó tiernamente sobre la hierba bajo la cual respiraba pero ella no se curó y volvió a amar a su amante, nuevamente con otra destreza. Una luz tupida como lava brotaba en relámpagos. "El gorrión rojo no tiene ningún parentesco con el ruiseñor verde pero cuánta magia", dijo la abnegada con la lengua pegada a una<br />
estrella. La oscura de tentaciones y destrezas todavía no será buena, buena, buena porque no sabe cómo ganarse el prestigio del tedio.</p>
<p>OJO SOBRE NIEBLA<br />
Es esencial que los restos del destripador sigan a la vista de los que leen para que los conviertan en algo enloquecido y absurdo, sobre todo porque si Jack y los restos de Jack estuvieran prohibidos al lector serían condenados a un cliché novelesco y caníbal.</p>
<p>TEXTOS ULTIMOS<br />
Surgidos de un silencio comunicante, permanecen en el último lugar, intencionados con alguna palabra para llamar la atención del lector que verifica, en el diario, la soberana realidad circundante. En el dorso del mundo, los últimos proyectan su mínima sombra y crean una atmósfera respirable, un lugar donde inquietarse. Los mínimos y últimos ni por tamaño ni por ubicación ni por misterio dejan de tender los vasos comunicantes entre realidad e irrealidad, pues una toma de la otra siempre los mejores<br />
detalles.</p>
<p>LOS ANIMALES PEQUEÑOS<br />
La mirona, cada noche, alimenta con queso a los ratones. De este modo, evita<br />
que los animales pequeños le roben el hambre.</p>
<p>*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-20669-2009-10-17.html </p>
<p> *</p>
<p>Queridas amigas, apreciados amigos:</p>
<p>Este domingo 18 de octubre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Claudio Santoro. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de Tarpuy (Andes).<br />
¡Les deseamos una feliz audición! </p>
<p>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at<br />
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!  (Recomendamos usar http://24timezones.com/  para conocer las diferencias horarias).</p>
<p>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! </p>
<p>Freundliche Grüße / Cordial saludo! </p>
<p>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br />
www.euroyage.com </p>
<p>Schießstattstr. 37    A-5020 Salzburg        AUSTRIA<br />
Tel. + Fax: 0043 662 825067 </p>
<p>*</p>
<p>Inventren Próxima estación: CASBAS.</p>
<p>Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar<br />
http://inventren.blogspot.com/</p>
<p>*</p>
<p>LA JIRIBILLA.</p>
<p>-Revista de cultura cubana.-</p>
<p>http://www.lajiribilla.cu/</p>
<p>InventivaSocial<br />
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<p><a href="http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/18/huerfanos-de-palabras-los-adioses-empujan#comments">Comments</a></p>]]></description>
	<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 00:38:41 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>ESTE LOCAL CELESTIAL PERMANECERÁ CERRADO DURANTE TODO EL INFIERNO...</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/16/este-local-celestial-permanecera-cerrado-durante-todo-el-infierno</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/16/este-local-celestial-permanecera-cerrado-durante-todo-el-infierno</guid>
		<description><![CDATA[<p>Bonjour*</p>
<p>Vi a la madrenaciente</p>
<p>del efímerorgasmo</p>
<p>debatirse agobiada</p>
<p>a toda vida y muerte</p>
<p>del vientre alimentante</p>
<p>hacia la gestamuerte</p>
<p>del estremecimiento</p>
<p>hasta el parirexhausto</p>
<p>gestamante</p>
<p>gestagrito</p>
<p>gestamiedo</p>
<p>gestavida</p>
<p>Vi  suspiraliviar</p>
<p>en el latído unísono</p>
<p>de secreciones todas</p>
<p>del vientre acompasado</p>
<p>relajado y vaciado</p>
<p>en esa vida toda</p>
<p>resbalando abrazada</p>
<p>boquiabierta chupante</p>
<p>reclamor de latidos</p>
<p>de sonidos ventrales</p>
<p>del afuera del mundo</p>
<p>desde el vísceroabrazo</p>
<p>hasta el llanto bestial</p>
<p>aliviante   logrado</p>
<p>del polvonaciente</p>
<p>estremeciente</p>
<p>estremesimiente</p>
<p>estertor naciente</p>
<p>calmante</p>
<p>viviente</p>
<p>latiente</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi  luciaguionbajo@gmail.com<br />
–Mayo de 1998</p>
<p>ESTE LOCAL CELESTIAL PERMANECERÁ CERRADO DURANTE TODO EL INFIERNO...</p>
<p>ACEITE VERDE*</p>
<p>Primero era el fuerte olor del aceite verde, que se usaba para todas las lesiones. En especial para los dolores musculares que tanto podían provenir de un encontronazo como de un puntapié malintencionado.<br />
Era entrar a fisgonear en los vestuarios y recibir ese olor penetrante, que percibiríamos en ese tiempo como muestra de  virilidad, de hombría, de mayoría de edad y del incienso de la gloria.<br />
Eso, digo, si hubiésemos tenido conciencia lingüística, ya que no creo que en el limitado vocabulario que manejábamos entonces figuraran estas palabras.<br />
Lo que sí figuraba en nuestros corazoncitos ingenuos eran las ganas desesperadas de jugar, defendiendo los colores rojos del Club en lo posible, pero jugando siempre y de cualquier manera.<br />
El problema se nos presentaba cuando carecíamos del balón correspondiente, algo que se subsanaba con cualquier objeto pateable que tuviéramos cerca o lo que nuestra creatividad de niños pobres nos dictara.<br />
En ese tiempo, el más alto y el más lejano en mi recuerdo, las amistades y las simpatías se deponían allí:   se jugaba "a la pelota"  como  decíamos nosotros y si lo hacíamos bien o muy bien, mucho mejor. Pero era  la condición sine quanom. No había en ese tiempo baldón mayor que carecer de entusiasmo al menos. Por eso que nosotros entendíamos, apreciábamos como fútbol.  Mi amigo Miguel me confiesa hoy, después de tanto tiempo, que a él el fútbol nunca le gustó y sin embargo llegó a jugar en la primera de<br />
Huracán.<br />
-Yo venía al club- me dice nostálgico- y todos ustedes estaban en la cancha, jugando ¿Qué otra cosa podía hacer para participar y estar con ustedes?<br />
Hoy los chicos tienen muchísimas más opciones, apoyados por la más violenta y sensacional revolución tecnológica de todos los tiempos. No es necesario (ni es mi interés) explicar aquello que el lector sabe de sobra porque lo vive a diario.<br />
De todos modos, si aquel tiempo que se perdió para siempre nos dio felicidad ¿Qué pecado hay en remarcarlo? ¿Por qué no relatar aquellas situaciones a la que nos llevaban la precariedad y los sueños de gloria.<br />
Todo muy modesto, es cierto,<br />
Ni equipo, ni vestimenta deportiva, ni calzado, ni siquiera una pelota. Sólo el deseo de patear. Algo esférico (una pelota de trapo, hecha con medias viejas y retazos de géneros) para patear aún descalzo, aún sin sentido de competencia, aún sin partido. Sólo darle con el pie a toda cosa que tuviera<br />
alguna consistencia y fuera algo esférico.<br />
Tal nuestras ansias y nuestra pasión que gastábamos por entonces.<br />
Con todas estas prevenciones que fui desgranando hasta aquí, no era raro que fueran nuestras primeras pasiones futboleras se fueran manifestando, buscando los primeros ídolos, los referentes tempranos en aquella nuestra precaria e insignificante biografía de entonces.<br />
Recuerdo la emoción que se produce en mi casa, cuando mi padre narra y difunde, ilustra la información, que ya era conocido por todos en el barrio.<br />
Para el club del "globo", para el rojo huracanista venía a militar un jugador que había sido profesional. Se llamaba Silvano Ferreira y había formado la escuadra ñulista del 40, con Musimessi, Colman, Peruca e integró una famosa  delantera  con Gayol, Cantelli, Morosano y Pontoni.<br />
Todos cracks del fútbol rosarino y nacional. El que había conocido glorias mayores, se vino humildemente a "jugar al campo", como se decía entonces. Se puso los pantaloncitos blancos, se calzó la casaca roja con el número once, blanco, en la espalda y se largó a jugar. Lo hacía pegado a la raya, corría poco, gambeteaba menos, pero tiraba unos centros milimétricos, a la cabeza del Negro Durán, quien como un mortero la mandaba a la red.<br />
Silvano Ferreira fue el primero  que vino en aquel tiempo y  que había jugado en el fútbol de Primera A, un profesional competitivo, con su pinta de muchacho humilde, su voz grave y sus ademanes campechanos y corteses. Nos impresionaba como un excelente tipo, como lo que seguramente era.<br />
Cuando llegó el fin del campeonato se hizo un gran baile popular como se le llamaba en aquel tiempo, con una orquesta de tango como correspondía a la época y otro que llamaban "característica", y que tocaba ritmos más movidos: bayón, pasodobles, mambo y esas cosas que enloquecían a los más jóvenes.<br />
Se corrió la voz de que Silvano Ferreira sabía cantar tangos y que lo hacía muy bien.<br />
Invitado por la comisión no tuvo más remedio que subir al escenario y aunque era muy tímido, no se lo notaba nervioso.<br />
Lo presentó Manuel Quintana o "el Pelado" o "el Gallego" como todo el mundo le decía.<br />
El puntero izquierdo, el morocho Silvano empezó bien, cantando un tango, pero a los pocos minutos se olvidó la letra.<br />
Pero a nadie le importó, porque era en aquellos años en todos éramos ingenuos y por demás  felices.<br />
Tanto, como no volvimos luego a serlo nunca más.</p>
<p>  *de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar </p>
<p>*</p>
<p>Una exorbitancia:</p>
<p>la monogamia.</p>
<p>*</p>
<p>Algo en mí<br />
                  incauta<br />
esa aduana:</p>
<p>mi cólera.</p>
<p>*</p>
<p>Decime que soy un tarado<br />
y oiré que soy un arado<br />
(oiré lo que deba oír<br />
dirás lo que debas decir).</p>
<p>*</p>
<p>Con mi madre<br />
todo anda como mi madre.</p>
<p>a Pedro Almodóvar</p>
<p>*</p>
<p>En cada cual se articula improvisándose<br />
la eficacia de un<br />
desesperado.</p>
<p>a Tennessee Williams</p>
<p>*</p>
<p>Bienes</p>
<p>a mis</p>
<p>males.</p>
<p>*</p>
<p>“Este local celestial<br />
permanecerá cerrado<br />
durante todo el infierno.”</p>
<p>*</p>
<p>Los amorales<br />
psicópatas<br />
capitalistas</p>
<p>unidos</p>
<p>¿jamás serán vencidos?</p>
<p>*Textos de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar </p>
<p>Maestra*</p>
<p>(Dedicado a Cristina Pepe)</p>
<p> Disecadora de palabras, desmenuza sus savias</p>
<p> y algo más.</p>
<p> Maestra del verbo, nutre su espíritu</p>
<p>trasmitiendo su saber.</p>
<p>Se desliza gozosa sobre los decires de Lorca</p>
<p>y  los laberintos griegos no le niegan sus dioses.</p>
<p>Los poetas la eligieron,</p>
<p>los escritores susurran en su oído</p>
<p> las recetas de sus manjares,</p>
<p>que ella saborea y comparte</p>
<p>con los hambrientos de esa ambrosia</p>
<p>que es la literatura.</p>
<p>Muele muy fino la roca</p>
<p>hecha de frases o conjuntivos,</p>
<p>dejando que la arena</p>
<p>fluya lento entre sus dedos.</p>
<p>Siempre un polvillo,</p>
<p>dorado y volátil escapa al viento</p>
<p>y  aquí estamos,</p>
<p>tus escuchas,</p>
<p>esperando.</p>
<p>*de Elsa Hufschmid. elsahuf@hotmail.com </p>
<p>ARMARIOS*</p>
<p>El primer mueble que se abría obedeciendo a mi voluntad fue la cómoda. Tenía que tirar tan sólo del tirador y la puerta saltaba, empujada por el muelle. Dentro se guardaba mi ropa. Entre mis camisas, calzoncillos, camisetas que deben de haber estado allí y de los cuales no recuerdo nada, había, no obstante, algo que no se ha perdido y que hacía que el acceso a este armario  me resultase una y otra vez seductor y fantástico. Tenía que abrirme camino hasta el rincón más recóndito; entonces daba con mis calcetines que estaban amontonados allí, enrollados y plegados según antiquísima costumbre, de forma que cada uno de los pares presentaba el aspecto de una pequeña bolsa. Para mí no había mayor placer que el meter mi mano lo más profundo en su interior; no sólo por el calor de la lana. Era la "tradición" la que, enrollada en su interior, tomaba siempre en mi mano y que me abría de esta manera hacia la profundidad. Cuando la tenía abrazada con la mano, y me había asegurado en lo posible de la posesión de la masa suave i lanuda, entonces comenzaba la segunda parte del juego, que conducía a la revelación emocionante. Pues ahora me disponía a desenvolver "la tradición" de su bolsa de lana. La aproximaba cada vez más hacia mí, hasta que se obraba lo más sorprendente, que "la tradición" saliese por completo de su bolsa, en tanto que ésta dejaba de existir. </p>
<p>No me cansaba nunca de hacer la prueba de esta verdad enigmática: que forma y contenido, el velo y lo velado, "la tradición" y la bolsa, no eran sino una sola cosa. Y había algo más, un tercer fenómeno, aquel calcetín en el cual se convertían las dos. Si ahora pienso cuán insaciable fui para conseguir este milagro, me siento tentado a suponer que mis artificios no fueron sino la pequeña pareja hermanada de los cuentos que igualmente me invitaban al mundo de la fantasía y de la magia para acabar por devolverme de la misma infalible manera a la simple realidad que me acogía con el mismo consuelo que un calcetín. </p>
<p>Pasaron años. Mi confianza en la magia ya se había perdido y hacían falta estímulos más fuertes para recobrarla. Empecé a buscarlos en lo extraño, lo horrible y lo fantástico, y también esta vez era ante un armario donde trataba de saborearlos. El juego, no obstante, era más atrevido. Se había acabado la inocencia, y fue una prohibición la que lo creó. Y es que tenía prohibidos los folletos en los que me prometía resarcirme con creces del mundo perdido de los cuentos. Por cierto, no comprendía los títulos: "La Fermata" "El Mayorazgo" "Haimatochare" . Sin embargo, de todos los que no comprendía, debía responderme el nombre de Hoffmann, "el de los fantasmas" y la seria advertencia de no abrirlo jamás. Por fin logré llegar a ellos. Sucedía algunas veces por la mañana, cuando ya había vuelto del colegio, antes de que mi madre regresara del centro y mi padre de los negocios. En tales días me iba a la biblioteca sin perder el más mínimo tiempo. Era un extraño mueble; por su aspecto no se veía que albergara libros. Sus puertas, dentro de los bastidores de roble, tenían unos cuarterones que eran de cristal, es decir se componían de pequeños cristales emplomados, cada uno separado de los otros por unos rieles de plomo. Los vidrios eran de color rojo y verde y amarillo, y totalmente opacos. De esta manera, el vidrio no tenía sentido en esta puerta, y como si quisiera tomar venganza por el destino que le deparaba este uso impropio, brillaba con unos reflejos enojosos que no invitaban a nadie a acercarse. Pero, aunque me hubiese afectado entonces el ambiente malsano que rodeaba ese mueble, no hubiese sido un estímulo más para el golpe de mano que tenía proyectado a esta hora silenciosa, peligrosa y clara de la mañana. Abría bruscamente la puerta, palpaba el volumen que no había que buscar en la primera fila sino detrás, en la oscuridad, y hojeando febrilmente abría la página donde me había quedado; sin moverme, comenzaba a recorrer las páginas delante de la puerta abierta, aprovechando el tiempo hasta que vinieran mis padres. De lo que leía no comprendía nada. Sin embargo, los terrores de cada una de las voces fantasmales y de cada medianoche, de cada maldición, aumentaban y se extremaban por los temores del oído que esperaba en cualquier momento el ruido de la llave y el golpe sordo con el que, fuera, el bastón de mi padre caía en la bastonera. Un indicio de la posición privilegiada que los bienes espirituales mantenían en casa era que este armario fuera el único entre todos que quedara abierto. A los demás no había otro acceso que la cestita de las llaves que acompañaba en aquella época a cualquier ama de casa por todas las partes del hogar, la cual, no obstante, era echada de menos a cada paso. El ruido del montón de llaves al revolverlas precedía cualquier faena en la casa. Era el caos que se revelaba antes de que se nos presentase la imagen del orden sagrado detrás de las puertas de los armarios abiertos de par en par como el fondo de un relicario del altar. También a mí me exigía veneración e incluso sacrificio. Después de cada fiesta de Navidad y de cumpleaños había que decidir cuál de los regalos había que ofrendar al "nuevo armario" del que mi madre me guardaba las llaves. Todo lo que se encerraba permanecía nuevo por más tiempo. Yo, en cambio, no pensaba conservar lo nuevo, sino renovar lo antiguo. Renovar lo antiguo mediante su posesión era el objeto de la colección que se me amontonaba en los cajones. Cada piedra que encontraba, cada flor que cogía y cada mariposa capturada, todo lo que poseía era para mí una colección única. "Ordenar" hubiese significado destruir una obra llena de castañas con púas, papeles de estaño, cubos de madera, cactus y pfennigs de cobre que eran, respectivamente, manguales, un tesoro de plata, ataúdes, palos de tótem y escudos. De esta manera crecían y se transformaban los bienes de la infancia en los anaqueles, cajas y cajones. Lo que antaño pasaba de una casa de campo a formar parte del cuento -aquel último cuarto que está vedado a la ahijada de la Virgen María- en una casa de ciudad queda reducido al armario. El más sombrío entre los muebles de aquella época fue el aparador. Lo que era un comedor y su misterio sólo podía apreciarlo quien lograba explicarse la desproporción de la puerta con el aparador ancho y macizo cuyas cimas llegaban hasta el techo. Parecía tener unos derechos heredados sobre su espacio, lo mismo que sobre su tiempo, en el cual se erguía como testigo de una identidad que en épocas remotas podría haber unido los bienes inmuebles con los muebles. La limpiadora, que despoblaba todo por doquier, no podía con él. Sólo podía quitar y amontonar en un cuarto de al lado los enfriadores de plata, las soperas, los jarrones de Delft y mayólicas, las urnas de bronce y las copas de cristal que estaban en los nichos y debajo de las hornacinas, en sus terrazas y estrados, entre los portales y delante de sus revestimientos. La elevada altura donde ocupaban su trono anulaba todo uso práctico. Con razón el aparador se asemejaba en eso a los montes cubiertos de templos. Además, podía exhibir unos tesoros tales como los que a los ídolos les gusta rodearse. El día más oportuno para ello era cuando se daba alguna fiesta. Ya a mediodía se abría la montaña dejándome ver el tesoro de plata de la casa en sus galerías cubiertas de un terciopelo parecido a musgo verde gris. De todo lo que allí yacía no sólo se podía disponer diez, sino veinte y hasta treinta veces.<br />
Y cuando veía estas largas, larguísimas filas de cucharitas de moca y posacubiertos, cuchillos para pelar fruta y desbulladores de ostras, se mezclaba el goce de ver tanta abundancia con el temor de que aquellos a quienes se esperaba se parecieran los unos a los otros como nuestros cubiertos.</p>
<p>*De Walter Benjamin. "Infancia en Berlín hacia 1900"<br />
Alfaguara, Bs. As. Edición de 1990. </p>
<p>Como un suizo*</p>
<p>*Por Juan Forn</p>
<p>Los críticos suelen jactarse de que ellos jamás mezclan vida y obra de un artista, y quizás es ahí en donde empiezan los problemas de la crítica con Félix Vallotton, porque Vallotton pasó por la vida como un suizo. De hecho, ése fue su país de origen. Y no por nada Suiza inventó el secreto bancario:<br />
aunque Vallotton se consideraba absolutamente francés (vivió en París desde los diecisiete años hasta su muerte, pidió y obtuvo la nacionalidad gala después de haber rechazado la Legión de Honor, fue de los primeros voluntarios en la Guerra del '14), hay algo enigmáticamente helvético en su vida, que hace que los críticos no logren entender su obra como un todo.<br />
Para empezar, la crítica no logra entender por qué, siendo Vallotton un maestro absoluto del grabado, prefiriera ser pintor. Cuando Vallotton murió, en París, en 1925, dejó más de 1700 cuadros y apenas doscientos grabados, realizados todos ellos en dos breves períodos de su vida: cuando de joven<br />
ilustraba a pedido para diarios y revistas anarquistas de toda Europa, y veinte años después, cuando volvió de la Guerra del '14 con una serie impresionante de grabados que tituló "Esto es la guerra". Sabemos que Vallotton pintó exactamente 1712 cuadros en su vida porque desde su juventud hasta su muerte llevó un minucioso inventario de su obra en un cuaderno de tapas de cuero (en cuya cubierta había hecho grabar en letras doradas la frase Registro de la Razón). De los grabados, en cambio, no dejó registro.<br />
La gran mayoría de esos cuadros hoy está en manos privadas (y en muchos casos anónimas; es decir, imposibles de rastrear). No hay museo en el mundo que tenga más de dos cuadros de Vallotton, y por lo general pasan más tiempo en el depósito que exhibidos o prestados para una exhibición en otro museo.<br />
Quizá fue debido a esa dispersión que pasaron más de ochenta años desde la muerte de Vallotton hasta la primera retrospectiva de su obra, que se hizo el año pasado, en la Kunsthaus de Zurich (y de ahí fue a Hamburgo, y de ahí a Bruselas, y ahora está en Amsterdam). Y sólo lograron reunir para esa retrospectiva noventa cuadros, de los mil setecientos que pintó Vallotton en su vida.<br />
Además de recriminarle que abandonara el grabado, la crítica supo ser despiadada con la pintura de Vallotton. El lugar común es decir que pintó los peores desnudos de su época. Que sus paisajes son impecables pero inertes ("no se siente ni el viento"). Que sus escenas de interior (unificadas por él mismo con el título Intimités) parecen "pintadas por un policía": sin la menor alegría, como un forense que junta evidencia. Durante años, en los ateliers parisinos de enseñanza se precavía a los estudiantes<br />
acerca de la llamada Ley Vallotton, según la cual cuanta menos ropa se les pone a las figuras de un cuadro, peor quedan.<br />
Lo que no se mencionaba hasta la retrospectiva de Zurich es un corolario a esa supuesta ley: cuanto más cubría Vallotton las figuras de sus cuadros, más misterio lograba que transmitieran. A veces le alcanza con un viso y una media (uno de sus cuadros más poderosos muestra a una mujer en enagua sentada en una cama, poniéndose distraídamente una media negra); otras veces sólo deja entrever el perfil de una joven debajo de su sombrerito y las calvas de dos caballeros que se inclinan lascivamente sobre ella en el<br />
reservado de un bar ("La casta Suzanne"), y hay veces en que el velo final de misterio lo pone el título: en un cuadro llamado "La mentira", se ve a una mujer sentada en las faldas de un hombre, besándolo o dejándose besar, imposible decirlo, tan imposible como develar cuál de los dos le está mintiendo al otro.<br />
Por esos cuadros, Vallotton mereció la admiración de colegas tan disímiles como Klimt y el Aduanero Rousseau, Munch y un jovencito norteamericano llamado Edward Hopper (quien, después de ver una muestra de las Intimités en París, volvió a su país con el propósito de pintar los dramas secretos de<br />
los habitantes de las grandes ciudades norteamericanas tal como Vallotton había retratado a europeos anónimos en la soledad de un bar o una pensión o de sus propias habitaciones). Pero la crítica francesa sigue sin perdonarle a Vallotton que prefiriese pintar en lugar de seguir haciendo sus fabulosos<br />
grabados. La propia Fondation Vallotton sostiene en su catálogo que fue la esposa del artista (una portuguesa llamada Gabrielle Rodrigues-Henriques) quien lo convenció de abandonar el grabado, así como a sus amigos anarquistas y su vida bohemia, cuando se casaron, en el mismo año en que el<br />
Museo de Bellas Artes de Lausanne compró el "Autorretrato de 1885" (que Vallotton había realizado como un ejercicio a la manera de Ingres, casi veinte años antes, cuando tenía veinte). Alcanza esa muestra para imaginarse bastante bien al matrimonio Vallotton.<br />
Sólo los horrores de los campos de batalla durante la Guerra del '14 hicieron que el pintor volviera fugazmente al grabado. Pero en cuanto entregó a imprenta "Esto es la guerra", Vallotton retomó los pinceles y siguió pintando y viviendo como un suizo, hasta que en 1925 se murió, en un quirófano, bajo los efectos de la anestesia, un día después de cumplir los sesenta años. La viuda nombró albacea al hermano menor de su marido, Paul Vallotton, marchand y director de una galería de arte en Ginebra. Entre los<br />
papeles de su hermano, Paul Vallotton encontró ocho obras de teatro y tres novelas. Primero esperó pacientemente que la viuda se muriera y después logró que dos de esas obras se representaran, al menos fugazmente (las críticas fueron lapidarias), y que una de las novelas se publicara. El libro se llama La vida asesina, empieza con un suicidio y sigue con el manuscrito que el suicida ha dejado sobre la mesa, al lado de su pistola humeante. El manuscrito cuenta, supuestamente, por qué decidió matarse el suicida, pero uno llega hasta la última página y siente que algo se perdió, que el misterio sigue sin develarse. Es un libro lleno de muerte pero contado con la languidez exánime de un Bartleby. Paul Vallotton decía que su hermano había puesto muchísimos de sus secretos en el protagonista de aquel libro. Y no agregó nunca nada más. Era casi tan suizo como su hermano.</p>
<p>*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-133525-2009-10-16.html </p>
<p> *</p>
<p>Queridas amigas, apreciados amigos:</p>
<p>Este domingo 18 de octubre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Claudio Santoro. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de Tarpuy (Andes).<br />
¡Les deseamos una feliz audición! </p>
<p>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at<br />
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!  (Recomendamos usar http://24timezones.com/  para conocer las diferencias horarias).</p>
<p>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! </p>
<p>Freundliche Grüße / Cordial saludo! </p>
<p>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br />
www.euroyage.com </p>
<p>Schießstattstr. 37    A-5020 Salzburg        AUSTRIA<br />
Tel. + Fax: 0043 662 825067 </p>
<p>*</p>
<p>Inventren Próxima estación: CASBAS.</p>
<p>Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar<br />
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<p>*</p>
<p>LA JIRIBILLA.</p>
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	<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 18:43:39 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>¿QUIÉN SEMBRÓ EN LA LUNA ESA HIERBA DE LUZ NEVADA?</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/15/quien-sembro-en-la-luna-esa-hierba-de-luz-nevada</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/15/quien-sembro-en-la-luna-esa-hierba-de-luz-nevada</guid>
		<description><![CDATA[<p>Tierra y libertad*</p>
<p>Se recomienda esta lectura con música celta, vino tinto en pequeña copa, tabaco<br />
y luna menguante rojiza recién asomando en el horizonte del este de este lastimado sur</p>
<p>   Vi a un hombre agachado en su dolor, entre el miedo y la queja, poniendo flores en su pequeño jardín. Amasaba una tierra comprada, prestada, como no confiando en lo que ese pedacito de heredad que el medio le había conferido en su derecho tuviera suficiente nutriente.<br />
   Tal vez dando por sentado que ya la había depredado y malgastado lo suficiente como para que haya perdido las condiciones de su fertilidad inmanente. La tierra, no el hombre.</p>
<p>   Lo vi eludiendo los reclamos increpantes, refugiándose en la usina de su propia primavera tardía, sin caución de resguardo, apurando los tramos que rezagó en proclama de la inercia, ausentándose del pánico y la angustia, regando hojas y manos con lágrimas que manaban de la sonrisa inexplicable y de la tristeza harta de explicaciones.<br />
   Resbalaban esas lágrimas guiadas por sus arrugas. Ojalá hubieran sido sólo patas de gallo, a esta hora andaría pisando gallinas.<br />
   Eran surcos de la piel de un hombre que ha reído y llorado. Y se ha enojado más de lo recomendable. Eran los caminos ensayados y repetidos tantas veces y tantas más hasta hacer huella.</p>
<p>   Lo vi explorar la tierra como si la mirara por primera vez, yendo y viniendo de la mezcla de arena, cal y pedregullo, erigiendo un palacio en la miseria de la vida efímera. Lleno de orgullo de estar despierto y no muerto, pero implorando alguna cábala o un rezo que acelerase el resultado y la consecuencia de este esfuerzo nuevo, en repudio del tiempo disipado.<br />
   Como despojado de la memoria ancestral o descubriendo un atavismo en ciernes que había silenciado indiferente.<br />
   Me pareció escuchar de entre sus comisuras un chasquido de pena. Pero noté que la sonrisa volvía a dibujarse dejando escapar el aliento cálido que ofrecía a los brotes, penetrándolos.<br />
   Se sentó a mirar su obra sin sentirse mirado, mientras secaba con la manga arrugada de la camisa esa humedad que, no se dio cuenta, lo haría brotar a él también.<br />
   Me detuve en el brillo de las gotas y me vi en los destellos, hecha pedacitos en un calidoscopio de colores difusos. Sólo un espejo más?</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi  luciaguionbajo@gmail.com<br />
-Octubre de 2009</p>
<p>¿QUIÉN SEMBRÓ EN LA LUNA ESA HIERBA DE LUZ NEVADA?</p>
<p> APUNTES PARA UNA HISTORIA<br />
DEL PELADO MIGUEZ*</p>
<p>                                                                                      Al Gallo Serafini<br />
                                                                                     A Josecito Fantasía</p>
<p> La leyenda lo quiere rosarino, crack venido a vestir la roja casaca para mostrar sus grandes dotes futbolísticas y lo prefiere –para dar motivo a su permanencia en el pueblo-  enamorado de Ubis, la hija de don Manolo González, asturiano antifranquista, gran tomador de vino tinto y contador fabulero de historias.<br />
            Lo mío es posterior. Cuando nací era vecino nuestro y ya tenía cuatros hijos varones –el quinto vendría pronto-. El penúltimo –El Toto- se me adelantó un mes, cosa que él siempre me recuerda, y de hecho fue mi más fiel compañero y amigo desde antes de la primaria, que compartimos, así como todos los juegos y travesuras, hasta la misma camiseta, o sea la del “Jazmín” o la de “Huracán” o de cualquier partido de potrero. De su extrema habilidad con la pelota di cuenta en otros textos, no abundaré entonces aquí.<br />
            Cada vez que voy por el pueblo, una mesa del bar del Club nos ve solos o con otros, frente a un par de largos vasos de vino oscuro. Charlamos con lentitud de las cosas de otro tiempo. Conversar con él lleva su tiempo, porque habla poco y pausado y es tímido, una timidez que no elude la fina ironía y muy de vez en cuando el sarcasmo.<br />
            Pero volviendo a su padre, El pelado, diré que el origen de ese apodo nunca me fue revelado. Cuando mi padre vivía conjeturó que había llegado con la cabeza rapada. Recién salido de la conscripción y de allí el mote. Nunca podré confirmarlo, ni con sus hijos. Ni siquiera queda el nombre del apodador espontáneo, que nunca falta en los pueblos.<br />
            Sus hijos –que no heredaron el apodo, como también sucede con frecuencia en los lugares chicos-, fueron –de mayor a menor- llamados: Tatito, Nenucho, Nino, Toto y Pili. Como sucede con los apodos, les borró el nombre a todos ellos, tanto que hay que averiguar cómo se llaman civilmente hablando. Tuvo otra capacidad sobresaliente además de la futbolística: era un orador. Yo lo vi en las asambleas obreras con su dedo admonitorio, su rostro encendido, su voz que se iba opacando hasta la afonía cuando la vehemencia del tema lo requería, siempre jugándose entero. Como era un gran lector –no se le caía un libro o un diario debajo del brazo-,  sabía de leyes y decretos y aumentos y explotaciones diversas y atropellos, que siempre combatió. De esas piezas oratorias, que yo oía sin entender, me quedaban las palabras nuevas, desconocidas para mí, que rumiaba en mi cabeza hasta que iba al diccionario.<br />
            Tal vez fue, junto a Marcos Díaz y a Ramón Fernández, -otros grandes oradores obreros- quienes más hicieron por mi futuro oficio de poeta, siempre enamorado de las palabras.<br />
            El Pelado fue un caudillo obrero, fue también un gran peronista.<br />
            Pero hoy me conformo con su otra pasión: la futbolística, esa vocación íntima pero a la vez tan pública. Esa pasión que lo convirtió en un gran docente, como me dijo la última vez que vi a mi amigo Cabezón Albanessi y nos pusimos a recordarlo.<br />
            Este amigo –que jugaba para los “raneros” de Federación- me refiere esta anécdota que tiene que ver con El Pelado.<br />
            Miguel Ángel Albanessi, es decir “El Cabezón” como cariñosamente lo llamamos todos por obvias razones, debutaba ese día. Jugaba con el número dos en la espalda y era, por lo que recuerdo, muy bueno en el puesto. Le tocó, debutante, cuidar nada menos que al Pelado, quien ese día jugaba con la número 9 a la espalda. Se pasó todo el partido dándole instrucciones de maestro. Como doblaba en edad a todos –compañeros y adversarios- y además era respetado, todo el mundo lo escuchaba.<br />
            -El Pelado –me dice mi amigo con una sonrisa- era un docente auténtico.<br />
            Y así era, Pero tan respetuosamente se dirigía, con tanta humildad, que la hinchada le perdonaba todo y como mucho decía:<br />
            -¡Y bueno! ¡Son cosas del Pelado!.<br />
            A otro lo habrían colgado de los arcos, pero a él no. Nunca le vi festejar un gol propio, lo hacía como una parte más del juego, no de la competencia. Para él “todo era experiencia” para rescatar y enriquecerse. Todos los adversarios lo respetaban por esta actitud.<br />
            Ese día ganamos con un gol del Pelado. Se tiró gambeteando detrás del área, hacia la izquierda –manejaba muy bien ambas piernas- y pegó un zurdazo a media altura cuando vio un hueco. Mi amigo quiso ganarse el puesto y le puso el cuerpo a la pelota, que ésta le rozó el costado y entró en la red. Como las costillas le ardían un poco empezó a frotárselas, y al Pelado  no le pasó desapercibido.<br />
            Se acercó entre solícito y culposo:<br />
            -Pibe, disculpame si te hice mal…<br />
            -No es nada maestro, debió contestar mi amigo.<br />
            Ni siquiera ese gol, que definía un clásico, mereció el grito del Pelado. Se fue cabizbajo con la pelota bajo uno de sus brazos hacia el cetro de la cancha. Nosotros estallamos en un grito unánime.<br />
            Le habrá parecido una impudicia gritar un gol, a él interesaba jugar, hacer un filigrana con la pelota en sus pies. Nada lo ponía tan mal como que se “rifara” la pelota por el aire o jugar con la cabeza gacha, o correr como un loco, sin mirar antes al compañero.<br />
            -¡No pibe, no, así no! -se quejaba.<br />
            Hasta cuando un adversario hacía una buena jugada lo felicitaba. Era todo un caballero.<br />
            Con los únicos que era implacable era con los que maltrataban la pelota, ya que él pegaba como un mago, acariciándola como a una mujer querida.<br />
            En esta época hubiera sido un excelente director técnico, pero sabemos que antiguamente estos hombres que querían dejar una enseñanza, estaban lamentablemente limitados. Solamente en los picados donde jugábamos los más chicos podría darse el gusto de profesor de sapiencia.<br />
            Pasaba con su bicicleta y cuando veía un grupo de chicos en un baldío, indefectiblemente paraba. Miraba unos minutos y se metía en el entrevero. Pedía la pelota y daba algunas instrucciones. Luego se iba satisfecho.<br />
            No vaya a ser cosa que uno se confundiera y la emprendiera a los zapatazos, como si la pelota fuera un bofe –o peor- un pedazo de trapo o una sandía.</p>
<p>  *de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar         </p>
<p>El heredero*</p>
<p>Vivía en un caserío a las afueras de Satrustegui y era conocido en todo el pueblo tanto por las piedras que levantaba como por aquella boina inmensa que se calaba. Todo el mundo le llamaban Pachi. Sus amigos, su novia, en el trabajo, en todas partes. </p>
<p>Pachi siempre fue Pachi, hasta que uno de los emigrantes a Cuba, algún antepasado muy lejano al que nadie conoció, hizo fortuna al otro lado del Atlántico y al morir sin descendencia, le legó toda su fortuna.</p>
<p>Desde que recibió la herencia dejó de ser Pachi y ahora es Don Francisco Iturriberrigota Goicoerrota Tochea Turrestarazu Durtubia y ya no levanta piedras, pero la boina sigue con él.</p>
<p>*de Joan Mateu. joan@cimat.es</p>
<p> Mirada*</p>
<p> Mire al espejo…</p>
<p> y comprendí mi vida</p>
<p> levanté al sol de su letargo</p>
<p>ordené color  para mis ojos…</p>
<p>de su indolente silencio</p>
<p>fueron sueltas las palabras</p>
<p>cargadas de utopías</p>
<p>de secretos entredientes…</p>
<p>  hasta el templo de la garganta</p>
<p> ¿quien arrancó el sombrero<br />
         si el cuerpo no fue inventado?</p>
<p>¿Quién sembró en la luna<br />
             esa hierba de luz nevada?  </p>
<p>El espejo me devolvió</p>
<p>el rompecabezas<br />
            desarmado</p>
<p>*De María Dolores Foschiatti marucaf@hotmail.com</p>
<p>ARRAIGO*</p>
<p> De qué sirve mi verde, si el abrazo no es fronda.<br />
De qué sirven mis cenizas de amor<br />
El sol, armado con lanzas de fuego,<br />
Verdugo implacable  del bosque profundo,<br />
Despuebla<br />
Mi pajonal de verde.<br />
Arde rojo de sangre y ceniza.<br />
La luna, piadosa, le acerca<br />
La humedad plateada del amor.<br />
De qué sirve la luna, en cenizas de ausencia<br />
Si al irte te has llevado mi esplendor hecho verde.<br />
¡Oh, dioses del averno, acallad mi boca!<br />
¡Oh, sol! ¡Oh, pajonal!<br />
¡Despobladme de verde las manos!<br />
¡Lo merezco!<br />
¡Cambiad mi sangre por arena!<br />
Olvidé:<br />
El verde deslizante de la lagartija entre las piedras.<br />
El arco iris sonoro de los loros.<br />
El verde denunciante de los árboles quietos.<br />
Olvidé el picaflor, la ortiga, el cactus.<br />
De qué sirve el solsticio que se anuncia<br />
Si mi corazón no es una yema verde, verde espera<br />
El sol<br />
Desarmado, sin lanzas, ni fuego.<br />
Compañero ardiente del bosque profundo,<br />
Puebla<br />
Mi pajonal de verde.<br />
La ceniza se va y la sangre queda.<br />
La luna, más luna que nunca,<br />
Le acerca<br />
La humedad plateada del arraigo. </p>
<p>*de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>Nuestro último café*</p>
<p>*Por Eduardo Pérsico. epersic@ciudad.com.ar</p>
<p>Hay bares tan opacos que ni siquiera muestran,<br />
el brillo de unos ojos al decir sin reflejos<br />
‘dejamos de querernos, los dos bien lo sabemos’. </p>
<p>En la misma mirada juntamos las palabras,<br />
las tardes en el cuarto, los ardientes desnudos,<br />
 y sin la menor huella de la emoción que fuimos,<br />
dejamos al costado los ‘te quiero’, del lado del silencio.</p>
<p>Sin ecos ni rencor, simplemente pasado,<br />
salimos a la calle.<br />
Y apenas nos dejamos una misma sonrisa,<br />
cada cual por su lado.</p>
<p>Cuando llega el adiós por esas cosas,<br />
no es bueno esperarlo en Buenos Aires.<br />
Que en otoño y te extraño,<br />
tiene este modo tan cruel con el olvido.</p>
<p>*Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.<br />
(octubre 2009). </p>
<p>LA SABIDURIA DE FRANCO BASAGLIA </p>
<p>“El manicomio liberado”*</p>
<p>Fundador de la desmanicomialización en Italia y en el mundo, pronunció en 1979 en San Pablo, Brasil, una serie de conferencias –hoy recogidas en libro– en las que reflexiona sobre la locura, la sociedad y la emancipación.</p>
<p> Por Franco Basaglia *</p>
<p>Es difícil decir si la psiquiatría es por sí misma instrumento de liberación o de opresión. Tendencialmente la psiquiatría es siempre opresiva, es una manera de manifestarse el control social. Si partimos del origen de la psiquiatría, debemos recordar a Philippe Pinel, que a fines del siglo XVIII liberó a los locos de las prisiones; pero desgraciadamente, luego de haberlos liberado, los encerró en otra prisión que se llama manicomio. Empieza así el calvario del loco y el gran destino del psiquiatra. Luego de Pinel, en la historia de la psiquiatría aparecen nombres de grandes psiquiatras; pero del enfermo mental sólo existen denominaciones, etiquetas: histeria, esquizofrenia, manía, astenia. La historia de la psiquiatría es la historia de los psiquiatras y no la historia de los enfermos.<br />
Desde el siglo XVIII, este tipo de relación ligó indisolublemente al enfermo con su médico, creando una condición de dependencia de la cual el enfermo no ha logrado liberarse. Diría que la psiquiatría nunca fue otra cosa que una mala copia de la medicina, una copia en la cual el enfermo aparece siempre totalmente dependiente del médico que lo atiende: lo importante es que el enfermo no se coloque nunca en una posición crítica en relación con el médico.<br />
Cuando el pueblo, en el siglo XIX, comenzó a rebelarse en contra de la autoridad del Estado, se advirtió que quería participar en la gestión del poder y, sobre todo, que el pueblo no era un animal que podía ser dominado fácilmente. Así se pudo distinguir la existencia de dos clases: la de los trabajadores, que no quiere más ser dominada y quiere participar del poder, y la clase dominante, que no quiere ceder espacios. Fueron más de cien años de luchas, de sangre, de guerras civiles: la clase trabajadora conquistó un espacio relevante en nuestros países. Pienso que es fundamental que los médicos y los psiquiatras sepan estas cosas.<br />
El médico que presta asistencia en una comunidad debe saber que en ella están presentes por lo menos dos clases, una que quiere dominar y la otra que no quiere dejarse dominar. Cuando un psiquiatra entra en un manicomio encuentra una sociedad bien definida: por un lado, los “locos pobres” (el sistema de los manicomios públicos en los países industrializados nació para el tratamiento a cargo del Estado de los “locos pobres”; así lo decían las disposiciones legales) y, por otro lado, los ricos, la clase dominante, que dispone los medios para el tratamiento de los pobres locos. Desde esta perspectiva, ¿cómo podemos pensar que la psiquiatría pueda ser liberadora? El psiquiatra estará siempre en una situación de privilegio, de dominio con respecto al enfermo. Desde este punto de vista, la psiquiatría es, desde su nacimiento, una técnica altamente represiva, que el Estado siempre usó para oprimir a los enfermos pobres, es decir: la clase trabajadora que no produce.<br />
Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX sucedió algo nuevo, que puso al alcance de la psiquiatría instrumentos de liberación. Luego de la Segunda Guerra Mundial el pueblo y algunos técnicos comenzaron a poner en discusión las instituciones del Estado. En los años ’60 hemos visto rebelarse, como en una gran llamarada, a la juventud del mundo entero. En ese levantamiento, nosotros, los técnicos de la represión psiquiátrica, estábamos presentes; dimos nuestro apoyo a esa rebelión. Más tarde, mientras la revuelta de 1968 se perdía en varias direcciones y era reformulada en una suerte de nueva opresión y restauración, hubo una serie de situaciones que unieron las luchas en las instituciones con las luchas de los trabajadores. Hubo ilusiones, pero también certezas. Hemos visto que cuando el movimiento obrero toma en sus manos luchas reivindicativas, de liberación, antiinstitucionales, esta ilusión se vuelve realidad. En Italia, luego de 1968 hubo grandes huelgas en las que los obreros reivindicaron el derecho a la salud, es decir que llevaron su lucha al nivel de las instituciones públicas. Paralelamente algunos técnicos demostraron que el manicomio era un lugar de opresión y de dolor, no de cuidado. Finalmente, en aquellos años y en los siguientes, las mujeres demostraron que la opresión del hombre y de la familia trataba de impedirles tener una subjetividad propia.<br />
Todos estos movimientos han puesto en evidencia la voluntad de afirmación, no sólo como objetividad, sino como subjetividad. Esta es la fase que estamos viviendo, y es un desafío a aquello que somos, a la relación entre nuestra vida privada y nuestra vida como hombres políticos.<br />
Cuando el enfermo pide al médico explicaciones sobre su tratamiento y el médico no sabe o no quiere responder, o cuando el médico pretende que el enfermo se quede en la cama, es evidente el carácter opresivo de la medicina. Cuando el médico, en cambio, acepta el reclamo, entonces la medicina y la psiquiatría se transforman en instrumentos de liberación.<br />
Es en esta cuestión que tenemos que elegir nuestro camino: si preferimos quedarnos en la oscuridad o queremos estar presentes en nuestro tiempo y cambiar, en la práctica, nuestra vida.<br />
Desmanicomio<br />
Después de la Segunda Guerra Mundial, Italia era todavía, en lo económico y cultural, un país campesino. En la década de 1950 comenzó un proceso de cambio determinado por el desarrollo de la sociedad industrial y, consecuentemente, de una clase obrera cada vez más fuerte. En aquellos años iniciamos el trabajo en Gorizia, una pequeña ciudad en la frontera con Yugoslavia. Allí había un hospital con 500 camas dirigido de manera totalmente tradicional; era usual la práctica del electroshock y el shock insulínico; antes que nada, era un hospital dominado por la miseria, la misma que encontramos en todos los manicomios. En cuanto entramos, dijimos: no. Un no a la psiquiatría, pero sobre todo un no a la miseria.<br />
Vimos que, desde el momento en que dábamos respuesta a la pobreza del internado, su posición cambiaba totalmente: dejaba de ser un loco para transformarse en un hombre con el cual podíamos entrar en relación.<br />
Habíamos comprendido que un individuo enfermo no sólo necesita la cura de la enfermedad: necesita una relación humana con quien lo atiende, necesita respuestas reales para su ser, necesita dinero, una familia; necesita todo aquello que también nosotros, los que lo atendemos, necesitamos. Este fue nuestro descubrimiento. El enfermo no es solamente un enfermo, sino un hombre con todas sus necesidades. Por ejemplo, yo recuerdo que después de que abrimos los pabellones en Gorizia, en 1963-1964, todos esperábamos ver cosas terribles. No sucedió nada. Vimos que las personas se comportaban correctamente, pedían cosas muy justas: querían comida mejor, posibilidad de relaciones hombre-mujer, tiempo libre, libertad para salir. Son cosas que un psiquiatra ni siquiera imagina que el enfermo pueda pedir. Sería como si, en una sociedad fundada sobre el puritanismo, una hija le pidiera al padre salir de noche. Eso sería terrible para el padre, ¿no iba a poder saber cuándo su hija volvería a casa? Ocurre lo mismo con el enfermo mental, porque el psiquiatra siempre confundió la internación del enfermo con la propia libertad. Cuando el enfermo está internado, el médico está en libertad; cuando el interno está en libertad, el internado es el médico.<br />
Entonces, cuando empezamos a organizar algo tendencialmente igualitario, vimos, por ejemplo, que un hombre se encontraba con una mujer y no sucedía nada violento. Se enamoraban. Naturalmente, luego podían tener una relación sexual, como sucede en las mejores familias y ¿por qué no habría de suceder en el manicomio liberado? Empezamos a divulgar la experiencia para demostrar que era posible dirigir el manicomio de otra manera. Y todo esto nos llevó también a una reflexión política: los internados pertenecían a las clases oprimidas y el hospital era un medio de control social.<br />
En Gorizia organizamos una comunidad con el objetivo de curar y de mostrar que era posible una vida distinta. Lo sorprendente fue que mucha gente que venía a vernos percibía que la vida dentro de la comunidad era mejor que la vida afuera. Era que dentro de esa comunidad, el egoísmo que domina nuestras vidas era afrontado de otra manera: mi sufrimiento era el sufrimiento del otro. Con este tipo de lógica empezamos.<br />
Después, muchos de los que habían trabajado en Gorizia fueron a dirigir otras instituciones psiquiátricas y así se generaron cuatro, cinco, seis experiencias diferentes. De todos modos, nosotros sabíamos que el manicomio, aun el dirigido de modo alternativo, era siempre una forma de control social, porque la gestión no podía sino estar en manos del médico, y la mano del médico es la mano del poder. Entonces, cuando, en 1971, empezamos a trabajar en Trieste, continuamos la experiencia de Gorizia, pero con el proyecto de eliminar el manicomio y sustituirlo por una organización mucho más ágil, para poder afrontar la enfermedad allí donde tenía origen. Empezamos con un manicomio que tenía 1200 personas y hoy, luego de ocho años de trabajo, no quedó casi nadie en esa estructura. Esas personas procuraron reinsertarse socialmente, con nosotros, con la sociedad, con la comunidad.<br />
Podríamos decir que somos personas que transforman en oro lo que tocan, aunque en realidad nuestro trabajo fue muy simple. Como ya dije, en Gorizia descubrimos que la clase trabajadora, en caso de enfermedad, era destinada al manicomio. Entonces, pensamos que esta clase debía tener responsabilidades y poder en la gestión del problema de la salud y que esto podría cambiar las cosas. Por ejemplo, la discusión sobre cuándo se podía dar de alta a un paciente no era sólo entre nosotros, los médicos, sino también con las personas del barrio donde el enfermo iba a ir a vivir. De esta forma, el vecino del barrio se daba cuenta de que las necesidades del paciente no eran distintas a las suyas. Ante el problema de dar de alta a una persona pobre, que no tenía dinero ni casa, ni familia, muchos percibían que estaban o que podían llegar a estar en las mismas condiciones. Comenzaba así la identificación entre el sano y el enfermo, y el inicio de la integración del enfermo.<br />
Entonces, día a día, año a año, paso a paso, desesperadamente, encontrábamos la manera de llevar al que estaba adentro, afuera, y al que estaba afuera, adentro. En la medida en que el número de los internados disminuía, íbamos creando en la ciudad los centros de salud mental. Teníamos una estructura externa muy ágil, en la cual la enfermedad se enfrentaba fuera del manicomio. Y veíamos que los problemas referidos a la peligrosidad de los enfermos comenzaba a disminuir: empezábamos a afrontar, no ya una “enfermedad”, sino una “crisis”.<br />
Hoy nos es evidente que cada situación que nos llega es una crisis vital y no “una esquizofrenia”. En aquel momento, ya veíamos que aquella “esquizofrenia” era la expresión de una crisis, existencial, social, familiar, no importa cuál. Una cosa es considerar el problema como una crisis y otra cosa es considerarlo como un diagnóstico: el diagnóstico apunta a un objeto, y la crisis a una subjetividad; subjetividad que a su vez pone en crisis al médico.<br />
He hablado de manera muy general del camino que hicimos para tratar de eliminar el hospital psiquiátrico y crear una situación tendencialmente terapéutica. No puedo decir más que “tendencialmente”, porque no puede ser plenamente terapéutica: yo trato de curar a una persona, pero no puedo tener la certeza de si la curo o no. Es lo mismo que cuando digo que amo a una mujer: es muy fácil decir esto, pero en algún sentido es falso, porque el hombre tiende a un tipo de relación y la mujer a otro; la relación que se crea entre los dos no es más que una crisis, es una crisis en la que hay vida, siempre que no haya dominación del hombre sobre la mujer o de la mujer sobre el hombre. En una situación que es tendencialmente de amor, se puede crear una relación muy libre.</p>
<p>* Extractado de La condena de ser loco y pobre. Alternativas al manicomio, de reciente aparición, que reúne conferencias pronunciadas en San Pablo, Brasil, en 1979.</p>
<p>-Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-133467-2009-10-15.html</p>
<p>Soñar no cuesta nada*</p>
<p> Soñé que me llevaban haciendo turismo a un castillo en Italia.<br />
Desde lo alto se veía el mar azul.<br />
Había algunos hombres y algunos invitados, entre otros mi padre.<br />
Mi preocupación en el sueño era como iba a pagar eso, la magnífica belleza del lugar. También tenía cierta inquietud porque varios hombres me pretendían al mismo tiempo y temía a los problemas, peleas, disgustos que esa situación podría traer aparejado.</p>
<p>La preocupación económica era bastante obsesiva  y opacaba el disfrute. Tanto así que cuando me desperté, quedé con el alivio de perder el mar azul y la deuda.</p>
<p>Moraleja<br />
Si tienes un sueño tan vivo. Si adentro tuyo está ese paisaje simplemente hay que nadar en el placer, disfrutarlo, vos lo creaste.</p>
<p>* </p>
<p>Como el muro que cayó una vez, quizás caiga con este terremoto financiero en el bolsillo del Imperio (iba a decir corazón pero no tiene) esa idea de que todo se compra, se vende, se paga, ese dios del dinero.</p>
<p>Aprendí soñando que lo más bello no tiene precio. Todavía no hay en los mercados rodajas de crepúsculos, grandes ofertas en amaneceres.</p>
<p> Le di la razón a Epicuro en su creencia en la bondad de los placeres. Era una filosofía que destacaba la amistad, por lo tanto desechaba los placeres que podían hacer posible mal a uno mismo o a los otros. </p>
<p>Lo más que se pueda de placer sin daño.<br />
Linda consigna para una pancarta.<br />
Basta de silicios o coronas de espinas o cruces, otra vida es posible </p>
<p>Los sueños crean realidad o permiten soportarla.</p>
<p>Si varios hombres se pelean por vos debe ser un sueño.</p>
<p>Si es de verdad sos una artista.</p>
<p>El arte y los sueños se funden </p>
<p>*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar</p>
<p>La carrera*</p>
<p> *Por Adrián Abonizio. abonizio@hotmail.com</p>
<p>9.12 miré el reloj que me hablaba desde la pared de la cocina. Estará retrasado para la Carrera. La escarcha fuera había dejado babas de barba blanca en los marcos de la casilla; el gato ni se movía de al lado del horno abierto y encendido que dejaba mi madre por la noche, y en el almanaque repasé la figura del invierno en un señor arropado y gigante soplando hojas de hielo sobre el mundo esférico y azul. Me deslicé por el pasillo hacia el baño con sigilo de ladrón; sólo mi padre advertido y enseñorado desde la<br />
escalera interior y mateando me silbó e hizo un gesto señalando la cocina.<br />
¿A donde vas tan temprano siendo domingo? Murmuré algo de un partido importante. Y no llevás botines. Me señaló al verme desarmado de los aparejos de guerra. Me los llevan. Voy a pescar también, musité. Vas a pescar a dos boludos muertos, ¿sabés?. Vos vas a la Carrera. Y era verdad.<br />
Era el día. Se habían citado en el puente Avellaneda el Kerosenero con su Rumy y Caballo Loco con su Pumita. Era el desafío para cruzar Rondeau con semáforo a suerte o verdad partiendo desde donde nacía el puente recién construido. ¿Eh? Inquirió. ¿Tengo o no tengo razón?. No voy a avisar a nadie, además me tengo que ir pero no quiero a la noche tener que ir a ningún velorio: si me entero que se hace vas a ir al tuyo. Huy que miedo, lo desafié. Ya había aprendido a burlarme con la soltura del que se sabe que jamás ligará cachetetazo alguno. Me miró con pena, sobrándome. En mi tiempo había cosas así, los muchachos nos probábamos a ver quien era el mejor o el más fuerte, pero a las piñas. No a la muerte. Ahora andá y ya sabés: lo que tenés ahorrado en el chanchito te voy a obligar a gastarlo en flores. Di un salto y salí huyendo, avergonzado, agrandado, convulsionado. Mi papá entendía los juegos de guerra, mi papá no los admitía pero entendía que la sangre llama a la sangre. Como se había enterado ni cavilé: él se enteraba de todo. Decía tener poderes de leer mi mente o escucharme hablar en sueños.<br />
No lo sé. Subí a la bici el asiento helado se me incrustó entre las pelotas y los muslos como una herida , guantes de frisa, diario al pecho, campera de cuero guerrera y silbando hacia el campeonato de los finaditos. Iba a ver morir quizás. Iba a ser el primero en llorar o juntar los restos de los<br />
adversarios. Iba a ser mi debut en la Muerte Grande, como le llamaban a esos desafíos de los mayores, pibes de quince que dirimían su coraje, alguna chinita compartida u ofensa, allí en el puente, moto contra moto y cruzar con rojo demostrando el valor. En el comienzo del puente ya había cinco o seis pibes. Estaba el Alto, un energúmeno hijo de peluqueros, fanático de la lucha y cazador de perros a gomerazos. Luego Cardetti, otro pequeño asesino que envenenaba ratones y los conservaba en formol para luego ponerlo en algunos sitios incomprensibles como el altar consagrado, por ejemplo. Estaba Luigitengo, con su jopito de cantor y su navajota nerviosa que no impidió esa marca en el cuello producto de una pelea contra tres y él desarmado.<br />
Acusaba un niño tuerto y pajaritos muertos a manos de su rifle Maheli aire comprimido cinco y medio. Y Fino o Pinocho, hijo dilecto de las comisarías. Su papá era suboficial una vez nos llevó al baldío de Don Tomás y ajustició un gato barcino que tenía atado con un alambre para que viéramos la puntería. Y el Gordi, un aprendiz de secretario de valientes que quería lo integraran pero sus manos estaban vírgenes de sangre alguna. Yo era casi un desconocido pero me habían visto cascoteando vidrios de la escuela y eso me daba chapa de corsario. Uno tenía reloj, el que fumaba. Che, son las diez y media y estos que no vienen. De pronto, como salidos de un hoyo ruidoso aparecieron ambos por Avellaneda, juntos, sin separarse, cabeza a cabeza a dos por hora. Estaban serios. Llegaron hacia donde estábamos y fue Caballo Loco el que habló. El Kerosenero asentía. Lo pensamos bien y decidimos amigarnos. No vale la pena matarse por una mujer -recitó como en un tango y yo ya veía en él a la sombra de un adulto reculando, justificando su paso atrás y el de su compañero. No obstante me sonó sincero. Somos unos boludos si nos hacemos matar por ella, justificó. El grupo hizo crecer un murmullo de decepción. Eran las once: en el campanario el disco viejo se repetía en el badajo llamando a los fieles a misa. El Kerosenero estaba con el mentón bajo como avergonzado. Caballo Loco soportaba el traspié de una tormenta difusa, cierto halo de indignidad con su ancho pecho de tanque, dispuesto a dar pelea si alguno los cuestionaba. Por algo era el mayor, el más grande y peligroso. Demasiado que le avisamos, explicó el Kerosenero. Entonces, bajado de su chata gris, en mangas de camisa y pitillo en los labios, silbando de costado, lo vi aparecer a mi viejo, saludando como quien entra a un cumpleaños. Aquello era un velorio. ¿Ya está? ¿Ya corrieron? ¿Quien ganó, che? Me miró a mi. Este pendejo ni me dijo nada pero me enteré en el club y<br />
vinimos con los muchachos a verlos, ahí llegan. Venían si, cuatro más del club en motos verdaderas, hombres poderosos que iban a jugar su partido en la cancha de Carrasco y alertados por mi viejo se habían llegado hacia allá.<br />
La escena era estúpida y cortante. Che ¿y no se mataron?, continuó mi viejo que ya me empezaba a cansar. Yo sangre no veo, agregó otro. Hasta que finalmente, un flaco alto pero panzón a quien lo apodaban Limzul por que no se bañaba nunca vino hasta ambos y juntándolos habló: Son unos seres<br />
erróneos, no hay nada que probar. A la vida se la prueba con la vida misma.<br />
Sus compañeros, incluso mi padre lo miraron: esas frases estaban magnificadas en el domingo gris. Yo no tengo hijos, la vida me los quitó, pero si quieren hacerse hombres larguen eso. Señaló las motos. Y las navajas que tienen escondidas. Para ser hombre primero hay que hacerse respetar pero no ante ustedes. Ante el patrón. Ese es al que hay que darle. El tienen la culpa de todo, ¿comprenden? Hubo un silencio. El libreto era improvisado y sorprendió a todos. Vamos, muchachos, dijo al resto y nos dejó a todos<br />
silenciosos, sin entender del todo su bronca y pensando que todo lo ignoraba sobre las pruebas de sangre para demostrar que uno era un hombre.<br />
A la noche, cuando mi papá se sentó a comer me comentó por debajo para que no oyera nadie El Limzul es un anarquista. Ah, dije yo que no sabía lo que era pero me hice el que sí. Pero decile que llegó tarde. Y me serví, que yo recuerde, el inaugural vaso de vino con soda de mi existir.</p>
<p>*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-20631-2009-10-14.html </p>
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	<pubDate>Thu, 15 Oct 2009 14:33:05 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>EDICIÓN OCTUBRE 2009</title>
	<link>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/13/edicion-octubre-2009</link>
	<guid>http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/10/13/edicion-octubre-2009</guid>
		<description><![CDATA[<p>*</p>
<p>A veces<br />
de la tinta brotan sólo blancos y negros; </p>
<p>otras<br />
un arcoiris resulta insuficiente<br />
y se combinan<br />
y caen<br />
y germinan...</p>
<p>*de Ana Lía Gattás.   analia_gattasz@speedy.com.ar</p>
<p>acorazada*</p>
<p>  palabras<br />
lloro que no digo<br />
me traigo cada vez más<br />
hacia dentro<br />
recuerdos de la lluvia<br />
de agostos del olvido<br />
    he callado con palabras<br />
la tristeza     el dolor<br />
la renuncia a la piel<br />
y a los sentidos<br />
voy de fuera hacia dentro<br />
viajando una semilla<br />
que cosecho en palabras<br />
de otro oscuro silencio<br />
    lo renuevo en un pacto<br />
que he cerrado conmigo<br />
en secreto y olvido<br />
   desconozco esperanzas<br />
justicia   lucha   brillo<br />
   desentiendo mi sangre<br />
de unos sueños que tuve<br />
en piel  en miedo  en grito<br />
    han caído mis credos<br />
de a poco    sin sentido<br />
                miro desde estar quieta<br />
recuerdo<br />
         que me he visto<br />
correr   pelear   gritar<br />
pasiones de otras voces<br />
que ya callo<br />
        vuelvo inquieta a estar quieta<br />
               hago palabras<br />
lloro que no digo</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi  luciaguionbajo@gmail.com</p>
<p> CAMINOS*</p>
<p>*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar         </p>
<p> Hasta  donde la vista daba era un cielo cada vez más bajo, cada vez más débil y más desteñido como si Dios se hubiera ido cansando con su brocha pintada de celeste y se hubiera ido mutando en gris pálido o en blanco conforme se alejaba y se hacía todo horizonte hasta que el crepúsculo lo hiciera crepitar en rojos, violetas y amarillos. Era el instante en que aquel monte de coníferas inflamaran sus troncos con esa luz que le iría creciendo desde los pastos.<br />
            Si uno mira ahora desde el confín del pueblo, si está parado en la punta de ese camino sinuoso que la inventiva popular bautizó “Camino del Diablo” porque su fama de luces malas persiste en la memoria de los antiguos pobladores, digo si uno se para allí en el principio de ese camino es como dominar una franja que se expande todo lo que permite la mirada. Los pisaderos de barro para cocer ladrillos que rodean el pueblo con sus veredoncitos de pasto en los costados, allí por donde aquella barrita bullanguera pasaba con sus tramperas para pájaros, desde allí, desde ese lugar podemos dominar todo el movimiento de varios kilómetros a la redonda y admirar aquel vuelo libre, altísimo y sereno que ejercen las cigüeñas y que parecen impolutas sábanas suspendidas en el aire. También ensucian ese celeste claro algunos pocos teros que vuelan, muy bajo, haciendo círculos y observando hacia la tierra arada donde el sol muestra de distintos coloración veteada según la antigüedad del arado en su incursión roturadora.<br />
            El movimiento, como cabe suponer en tan bucólico paisaje, es mínimo.<br />
            Algunos tordos, como pesados carbones cruzan el aire hacia la nada, o vuela una bandada de bandurrias en formación marcial hacia las cañadas, tal vez uno gorriones rápidos, o un casal de tijeretas solitario, o aquel grupo de golondrinas en lo más alto, con evidente signos de haber perdido el rumbo.<br />
            Estamos a media tarde, entonces todo es casi quietud. Al atardecer, un insólito revuelo de aves acuáticas irán a buscar bañados que los juncos esconden.<br />
            Pasarán inmensas bandadas de patos, en formación perfecta, haciendo una ve con el vértice a vanguardia: siriríes crestones, maiceros zambullidores, a dormir entre esos yuyos húmedos. Pero todavía estamos aquí, observando como si fuéramos un Dios hierático y fatal, un Dios pequeño, omnisciente bajo la media tarde de mayo, de un mayo más que cordial.<br />
            Y vemos entonces algo que allá a lo lejos se acerca por el “Camino del Diablo”, mejor dicho viene transitándolo al parecer con toda tranquilidad, y no percibimos si es una persona que viene a pie, en bicicleta o, por la lentitud con que se mueve, está quieta, decidió pasar o descansar o si avanza y lo hace tan lentamente que no se puede percibir si avanza aunque sea unos metros, al menos,  hacia donde estamos parados, observando.<br />
            Giramos el cuerpo hacia el pueblo y vemos que desde la ruta toman por las calles de acceso unos cuantos vehículos que vienen o bien del campo o de las localidades vecinas, ingresan con un estrépito de hierro y una implosión de polvillo, si viene del campo, que al traqueteo sobre el asfalto, se libera y expande hacia los costados, enrareciendo el aire estático.<br />
            Como hemos tardado un tanto el rostro vuelto hacia el pueblo y nos hemos distraído mirando cómo cada vehículo que cruza la ruta y se interna por esa calle de acceso espanta un grupo de palomas sedentarias que picotean el resto de una carga de maíz que se volcó en el costado cubierto de gramilla. Pasado el ruido del vehículo y el susto consiguiente, vuelvan a posarse como si nada hubiese sucedido y reinician su sistemático picoteo, grano a grano,  ingresan por sus picos y pasan en instantes directamente al buche, que engrosa debajo de esas plumas suaves que lo cubren.<br />
            Al volver el rostro hacia el “Camino del Diablo”, ya vemos que el viandante es un solo individuo, camina cabizbajo tal vez, o tal vez lo haga suponer la lejanía, ese moverse  lento, porque algo es seguro; no se le ve el rostro y desde aquí, la ropa más que ver sus colores, uno la imagina.<br />
            Ha transcurrido un largo rato desde que estamos aquí, a falta de algo importante que hacer, mirando. Sólo observar casi sin sacar conclusiones, porque como sabemos, la mente humana tiende a relacionar, deducir, asocian, y aunque uno no se lo proponga (como en este caso concreto). Saca al fin sus conclusiones<br />
            El hombre que seguimos observando caminar, que venimos viendo con una pasión y una curiosidad de entomólogo ha llegado ya cerca de la ruta donde termina el camino, el que una convención antigua y popular –por la razón que fuere- llama desde siempre, el “Camino del Diablo”. Se para allí, duda si seguir la calle donde viene y que cruzando la ruta ingresa al pueblo, o, si dobla hacia derecha o izquierda lleva hacia los pueblos vecinos.<br />
            El hombre ni nos  saluda, simplemente no nos tiene en cuenta, está, como quien dice, en lo suyo. Como lo tenemos bien cerca –apenas nos separa de él la ruta, y el paso raudo de los vehículos que la transitan-podemos observarlo a nuestras anchas. Tiene encima el cansancio y el peso de todos los caminos, y, una rápida consulta entre nosotros, con la mirada solamente, da con la certeza de coincidir que nunca antes lo vimos. Tiene la mirada huidiza, viste con humildad, con cierto decoro y no parece haber hecho algún trabajo manual en su vida. Lleva un bolsito terciado al hombro, y cuando levanta la vista hacia nosotros que lo observamos sin ningún disimulo, mete los dedos en el bolsillo superior de la camisa, saca un atado  de cigarrillos y una cajita de fósforos, enciende uno, aspira  con verdadera fruición el humo que, desaprensivamente, echa al aire chato y casi nulo, parece dudar, al final tuerce hacia el oeste,  hacia donde está el pueblo más cercano. Lo hace por la banquina tal vez porque puede ver los autos que vienen de frente, y así con ese paso cansino se aleja quedamente, como vino y nos deja impávidos, porque no sabemos ni de donde viene ni si tiene algún destino prefijado, o es un triste vagabundo sin objetivo aparente y lleva sobre sí la triste decisión de recoger el polvo de cada uno y todos los caminos.</p>
<p>ARVEJAS DE PRIMAVERA*</p>
<p>     Estoy abriendo las vainas para sacar las arvejas. Mis manos se transparentan por detrás de la veladura verde tierna de las chauchas. Una por una las abro, y se encuentran las pelotitas húmedas, nuevas, esas arvejas de verdad, no las de lata, secas y vueltas a hidratar, arenosas y pasadas por la industria. No, estas arvejas vinieron en bolsa de red, estaban en la verdulería, en un rincón, y me las traje sin embase ni marca. Venidas de las quintas estas arvejas de la primavera.<br />
     Miro mis dedos transparentándose por detrás de las vainas esmeralda, y pudiesen ser los dedos de mi bisabuela allá en Euskadi, los de mi abuela, sentada en la silla de la cocina, con un repasador en el regazo y la paciencia de quien extrae tesoros uno por uno y forma el montón de cáscara por un lado, las perlas por el otro.<br />
     De niña le dije alguna vez a mi madre que para qué el trabajo, si no son tan caras las latas en el supermercado.<br />
     No era sólo la textura incomparable, el sabor más dulzón, la frescura de lo recién cosechado. Era el rito de la primavera.<br />
     Giuseppe Archimboldo era un pintor extraño, que hace medio milenio anticipaba el surrealismo, y armaba retratos de personajes con una mixtura de objetos o vegetales o animales. Extraños en verdad esos personajes acaso temibles. Pero recuerdo la personificación de las estaciones. Y en el personaje que representa o resume la primavera hay arvejas, espárragos, alcauciles.<br />
     Dice mi mamá cuando se va el invierno que hay que celebrar con la merluza en salsa verde, con el cordero al txilindrón, con esos platos que no sólo reconfortan con su sabor, sino que son ellos la propia celebración de lo nuevo que llega y lo viejo que se va.<br />
     Ritos, costumbres ancestrales, las manos de las mujeres de la familia que son unas solas en el tiempo, desgranando las arvejas mientras el siglo avanza y el tiempo devora los días y las estaciones.<br />
     Los días se regían por la luz, los meses por las lunas crecientes y menguantes, las estaciones por la irrupción de las fresas, de las papas nuevas, de los tomates maduros con olor a campo recién llovido.<br />
     Hizo falta que se perdieran lo ritos y las iniciaciones y los lutos para que los psicólogos nos digan que son necesarios.<br />
     Frente a la fría asepsia de los refrigeradores de supermercado, traigo de la verdulería mi bolsa de arvejas en sus vainas delicadas, estuches preciosos de cierre perfecto.<br />
     Y recupero las manos de mis antepasados, y celebro que hemos vivido un año más.</p>
<p>*de Mónica Russomanno.  russomannomonica@hotmail.com</p>
<p>RUTINA*</p>
<p>El ronroneo de las ruedas<br />
me acuna como mi Ama<br />
cuando noches fantasmales<br />
soplaban con fuerza el sueño.<br />
Un día más, la rutina,<br />
el tren que parte, gente apurada.<br />
Siempre en el mismo asiento<br />
como dueño de mi trono...<br />
Después dejarse llevar<br />
mirando por la ventana,<br />
volando sobre el paisaje<br />
que se esfuma a bocanadas.<br />
Me quedan trozos de árbol<br />
incrustados en la mirada,<br />
una casa solitaria<br />
o mil casas con fantasmas<br />
vivos aún pero ausentes<br />
ganados por la rutina<br />
que parte al nacer el alba...</p>
<p>*de Emilse Zorzut.  zurmy@yahoo.com.ar </p>
<p>La sala de espera*</p>
<p>   A veces la vida misma se transforma en una sala de espera, pero en ese caso ya sabemos qué estamos esperando y qué habrá de suceder, aunque no sepamos cómo ni cuándo.<br />
   En las salas de espera hay secretarias que no guardan secretos.<br />
   Hay revistas que no merecen ni revisarlas, porque su única posible destilación es la de los microbios de la saliva que cada uno de los enfermos, pacientes o impacientes, añeja en el ángulo inferior derecho de la hoja de dios. La del diablo nadie la mira y se sospecha que no acumula microbios debido a que no posamos nuestro dedo mayor en ella, aunque, es cierto,  pueden llegar a traspasarse los mismos mediante la humedad conducente de haber hojeado la página de dios.<br />
  Hay caras a la espera de ser captadas por alguna incauta con el fin de desenfrenar por fin la lengua, esa lengua lenguaraz que no tiene permitido soltarse en la mesa del almuerzo ni en la tarde de mate con hijos ni marido.<br />
   Hay sonidos de teléfonos celulares que han olvidado la intimidad de las personas y suenan, por ejemplo, cuando uno está sacando el boleto del colectivo, o pagándole al tachero, o en medio del abrazo en la calle con un amigo que hace tiempo que no vemos, o en el momento álgido de la conversación en la que nos estamos animando a contarle a nuestra amiga la parte más conmovedora de la historia que nos llevó a reunirnos esa nochecita.<br />
   Y suenan, y suenan, independientemente de nuestra espera en la sala.<br />
   Hay personas que esperan al odontólogo y huelen a épico, mal que me pese lo delatador de mi edad en este recuerdo. Digamos, en el genérico, a desodorante bucal, como negando los efluvios que irrumpen desde interiores inasequibles. </p>
<p>   Hay gente que espera al alergista disimulando la rascadura de sus escozores histéricos, insomnes y frustrados, hasta que se torna inevitable y en una compostura prefabricada e in disimulable extienden, casi en contorsión, su brazo derecho hasta el omóplato infinito izquierdo y en un vaivén del antebrazo va tornándose esa cara en un muestrario de viñetas animadas que pasan del ardor al placer al goce a la molestia al alivio a la incomodidad al pudor a la simulación pero un poquito más abajo qué placer es justo ahí donde me pica me están mirando todos qué vergüenza qué me importa después de todo para eso vengo estoy enfermo me rasco y que se vayan todos a la concha de su madre.<br />
   La gama de perfumes importados se entremezcla en el aire saturado de fracaso.<br />
   Algunos están ya rancios de no hallar oportunidad que valga la pena el gasto.<br />
   No hay salida al teatro, ni cena a luz tenue de las velas, ni sexo eventual y apasionado sino el reglado por la inevitable compañía de acceder al mismo lecho de la monogamia que nuestro capitalismo supo conseguir, y nosotros defender a costa de la depresión, la rutina y la tristeza.<br />
   Pobre ginecólogo lo que ha de ver y oler.<br />
   Y una los ve. Como ve todo.<br />
   Y también nos miran con esa cara de y a esta qué le pasará.<br />
  Si supieran…</p>
<p>   Ir al ginecólogo es, en cada momento particular de la vida, un fotograma de los simbolismos que desplegamos en nuestro itinerario de mujer.<br />
   No hablaré por todas, sólo por mí.</p>
<p>   A mis dieciocho, diecinueve, ni siquiera iba, a excepción de la aparición amenazante de un atraso.<br />
   Yo era una inconsciente y el ginecólogo, el mago.</p>
<p>   Entre mis casi treinta y mis apenas pasados los treinta, las visitas eran las de futura mamá y el ginecólogo era Sócrates.</p>
<p>   Desde la última mayéutica hasta los cuarenta y cinco, recuperé la inconsciencia y el ginecólogo pasó a ser un cartelito de bronce que aparecía en algunos departamentos re coquetos y distantes.</p>
<p>   Ahora, que ni Sócrates me hace parir, atravieso esos portales de blindex y las molduras de madera que simulan el grasa y fracasado buen gusto burgués de nuevo rico, mezclado con aromas desodorantes que me hacen picar la nariz y una música funcional que da ganas de tirarse debajo del tren.<br />
   Ya no puede uno ni suicidarse a piacere.  La pérdida del tren nos arrebató hasta esa mística tan morbosa y tan temida.</p>
<p>   Mientras la secretaria chusmea a viva voce  por teléfono y una esposa le dice por celular a su marido que vaya pelando las papas, si no es mucha molestia, porque el médico va atrasado, y  el otro se rasca ya sin pudor, yo ya estoy allí, formando parte de la miscelánea inefable de un escenario decadente en busca de calidad de vida.<br />
   Entonces me veo. Me miro. Me huelo. Me ausento del entorno en mi viaje introspectivo de la sala de espera.</p>
<p>   Qué fácil, y sin necesidad de alambiques, resultaba en la juventud, hasta tardía ella, recibir una mano cálida entre los muslos o dejarse recorrer con unos labios húmedos y susurrantes en la entrega absoluta de esa frescura vigente y turgente.<br />
   Los tabúes y el pudor eran cosa de otro siglo.<br />
   La risa a carcajadas y el pasearse sin recato de la cama al living, buscando algo de comer en la heladera y poniendo música era el tiempo presente continuo de un pasado pluscuamperfecto y un porvenir imperfecto que es este hoy lleno de cambios en degradé.</p>
<p>   Me pregunté de qué se trataba ese deseo ligado al erotismo. Cómo había sucedido todo aquello en el otro entonces de la carne firme, sin desinencias, sin desgaste, sin cansancio, sin vergüenzas.<br />
   Pensé en las parejas que se aparean desde temprano y van equiparando y cotejando sus arrugas, sus pancitas y sus achaques al unísono de la vida en común, día tras día, despertar tras despertar.<br />
   “El problema de ustedes, me dijo un amigo machista hace poco, es que se empeñan en seguir teniendo orgasmos a esta edad”.<br />
   Qué turro, pensé. Pero ahora, entre esta colección de hilachas que encuentro frente a mí en esta sala, hacen resonancia esas palabras hostiles, provocadoras y mediocres, en expresión hiperrealista.<br />
   ¿Por qué habría un hombre de desear a una mujer que empieza a recorrer el tramo de salida de la autopista, el descenso de su turgencia y el retiro discreto del desparpajo de ese arrebato impúdico de un cuerpo que se sabía fresco, sin remilgos?<br />
   El amor…, ah sí, el amor…<br />
   Pero el amor del otro no sabe nada de los fantasmas que rodean a una mujer que se desnuda y ya no tiene en su haber el perfecto cuerpo incólume que encaja en cualquier prenda de la moda pret à porter, cuando nos preguntábamos cómo le irá ese jean a mi cola y no, como ahora, enhorabuena los elastizados, que ayudan a defender algo de nuestra memoria.<br />
   Y cuando las musculosas tan frescas del verano de Voleibol, ahora dejarían entrever algo alicaídos los bíceps que ostentaba la juventud.<br />
   Y, sobre todo, ese entonces en que la muerte nos quedaba mucho más lejos.<br />
   El esfuerzo y puesta a prueba de gustar desequilibra la mayor parte del tiempo, con la soltura que se requiere para preguntarnos con franqueza si a nosotras nos gusta.<br />
   Pienso mientras pienso que, tal vez, este escrito tenga excesivo contenido de frivolidad y fruslería, pero aseguro que no es fácil para una mujer que se piense a sí misma, intentar ser objeto de tentación, más allá de las reales y contundentes declaraciones de amor, en una era de plástica insolencia sin arrugas ni pancita.<br />
   ¿Por qué habría yo de seguir deseando orgasmos desencadenados por la pasión y el fervor que se encendía en un juego de espejos donde una se sentía tan deseable que era capaz de flagrar el encuentro sin fantasmas ni pudores?<br />
   Cuando el ginecólogo me vio y me dijo, estás bárbara Lú,  ¿qué bicho te picó?, pensé que no podía cargarlo de tanto pensamiento y tanto rollo.<br />
   Caminé una cuadra, activé mi celular y le pedí un turno a mi psicóloga.</p>
<p>   Tal vez ella me ayude a recorrer el camino de ya no ser una pendeja y me invite a un mundo de realidad donde no termine rascándome lo que no me pica ni deseando ser o parecer lo que imagino que otros esperan de mí.<br />
   Tuve ganas de reírme de mí, pero todavía no estaba lista.</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi  luciaguionbajo@gmail.com</p>
<p>Las nuevas tecnologías*</p>
<p>Estaba haciendo cortinas y cristales como cada viernes cuando sonó el teléfono </p>
<p>- Diga…<br />
- Buenos días, Le llamo de Telefónica para una información.<br />
- Bueno, pero el señor no está en este momento.<br />
- Está bien, pero ¿Tienen ustedes ordenador?<br />
 - Si, un ordenador con procesador AMD Sempron Dual Core 2100.<br />
- ¿Qué memoria tiene?<br />
- 2GB de RAM,  250GB de disco duro, una tarjeta gráfica NVIDIA GeForce 6150 de 831MB dedicada.<br />
- ¿Podría decirme el sistema operativo?<br />
- Es un Windows Vista Home Premium</p>
<p>- ¿Cree usted que estarían interesados en una línea ADSL?<br />
- Depende ¿Qué ancho de banda?<br />
- 15 Mbps<br />
- Si, eso está muy bien, pero ¿cuántos megas reales llegan, porque con la caída de la línea…?<br />
- Bueno, reales llegarán la mitad…<br />
- ¿Y accediendo a través de Wi-fi?<br />
- Eso hay que comprobarlo en cada caso.<br />
- Bien, pues ya le comentaré al señor.</p>
<p>A la media hora llegó Plumkier a su casa y ella le dijo:</p>
<p>- Han llamado de telefónica ofreciendo no se qué.<br />
- ¿Qué cosa?<br />
- No sé señorito, ya sabe usted que una servidora no entiende nada de las nuevas tecnologías...</p>
<p>*de Joan Mateu. joan@cimat.es</p>
<p>ELLA ESTABA ROTA.*</p>
<p>*de Jesús Brilanti T. lugburtian@hotmail.com</p>
<p>              Ella estaba rota en realidad y aparentaba que no lo sabía; yo estudiaba en la facultad de filosofía y ella en la de arquitectura. Supe de su estado fragmentario desde el primer día en que la vi andando cabizbaja por uno de los pasillos de la universidad; a partir de tal instante no pude olvidar su rostro cual reflejaba ante mis ojos la ruptura, por que uno suele darse cuenta a quien se la ha caído el alma en la acera y se le ha hecho pedazos, no quedando más que levantarlos  e intentar volver a colocarlos lo más cerca de donde late la esencia que nos permite dormir y despertar al día siguiente; más sin embargo nada suele ser igual.<br />
A la fémina rota le veía muy a menudo y cuando me percaté de tal constancia era por el hecho de verle a diario en la cafetería, ella ahí, siempre acompañada de una taza de café y un cigarrillo cual por lo regular era seguido por otros cuatro más. Siempre despertó en mí bastante curiosidad pero nunca pude acercarme lo suficiente, nunca pude explicarme porqué, la timidez nunca fue una característica mía, más sin embargo había algo que parecía una barrera, sentía que algo estaba roto y ello me detenía. Hay<br />
cosas que uno jamás terminará de comprender, y una de ellas fue el hecho de que no pude contener esa extraña necesidad por verla, aunque fuese a la distancia, las once treinta de la mañana y ella estaba siempre en la misma mesa de la cafetería, dando pausados sorbos a su taza humeante mientras se<br />
acorazaba en una nube de cigarrillos, por mi parte no me importaba faltar a mis clases para estar a esa hora, de la misma manera bebiendo café, abrumado por la distancia, aturdido por las pláticas banales de decenas de personajes que atiborraban aquel espacio de la universidad. A pesar el alboroto constante de las mesas, las sillas, los platos, los ceniceros y demás, parecía en cierto momento, que la vaciedad nos conectaba a ella y a mí. Ella se percataba de mi presencia, al parecer no le incomodaba, tal vez me veía<br />
como a  uno de tantos que estaba ahí sólo para escapar de las aulas. Con el pasar de los días no tuve más que admitir que era ella demasiado atrayente para mí, a pesar de su tristeza, a pesar de su soledad, a pesar de la ruptura que yo podía admirar en su persona; era la mujer que yo había perseguido en mis sueños, era a quien le había dedicado mis escritos antes de conocerla de manera tangible. Por casualidad supe su nombre, Luisa, y el mismo tuvo eco en mi cabeza durante bastante tiempo. Las cosas, sentí, se me estaban saliendo de control, no podía seguir atormentándome sin siquiera estar seguro si para ella yo existía, de tal manera un día planeé esperarla al final de sus clases, la esperé en la calle, me sudaban las manos, fumaba un cigarro e intentaba calmar mi ansiedad dando ligeros golpes con mi zapato izquierdo al suelo. Ella por fin salió, pero justo y había dado unos cuantos pasos cuando un tipo muy blanco, alto y bien parecido la interceptó, Luisa lo abrazó pero él la apartó de sí bruscamente, le dio un tirón del brazo, comenzaron a andar mientras el sujeto le gritaba, ella sólo asentía con la cabeza, creí a lo lejos verle llorar. Esta vez  no tomé el metro para regresar a casa, caminé perdiéndome en la enormidad y soledad de la gran urbe repleta de almas que iban y venían.<br />
No importándome lo ocurrido, al día siguiente estuve a la misma hora en la cafetería, pero la mujer rota nunca llegó. Esa tarde llegué a casa y comencé a sentir que algo se rompía también dentro de mi ser. Un día más, no perdí la fe, mismo lugar, mismo café y mismo cenicero sucio frente a mí; un poco tarde pero entró al fin Luisa a la cafetería, esta vez no se sentó en la misma mesa, buscó otra dándome la espalda, intuí que algo no estaba nada bien; guardé luto por espacio de veinte minutos, me incorporé de mi asiento y con todo ánimo me dirigí hasta su lugar para pedirle un cigarrillo, a lo que ella respondió a penas audible: -¡no tengo!-, dichas palabras no me dolieron, lo que me dañó fue ver su rostro golpeado que fungía enmarcando a resonancia extrema un ojo totalmente morado; se agachó, comprendí que era<br />
ilógico y estúpido preguntar si estaba bien. Salí a paso lento del lugar aquel que a pesar de su algarabía se me antojaba salvajemente silente.<br />
Aquel día volví a regresar andando a casa, el caminar se había vuelto una terapia para mí, mientras caminaba podía conversar conmigo mismo y pensé en tales circunstancias por que Luisa estaba rota, si acaso esa era la razón, maldije al mundo mientras me interrogaba sobre las circunstancias que uno<br />
jamás podrá comprender, mientras,  nunca escuché unos pasos tras de mí que apresuradamente me hacían compañía, volteé para encontrarme con el rostro gris por dentro y moreteado por fuera de la fémina rota. -¿Porqué me sigues siempre?- Me cuestionó, no supe que decir, seguí caminando, ella a mi lado y<br />
junto a nosotros un silencio que traduje como un grito de auxilio por parte de ella. -¿Cómo le permites.?- No pude culminar mi interrogación pues me lo impidió, comenzó a llorar, nos sentamos a las afueras de una muda puerta, los transeúntes simplemente nos vadeaban sin darnos importancia, cada uno de ellos reflejaba tanta indiferencia al seguramente cargar sus propias maletas llenas con sus propios problemas. Luisa no podía parar el llanto, en medio del mismo me dijo que aquello sobre lo que fui testigo aquel día no era nada, me habló sobre José Adrián, su novio o verdugo, no sabía en realidad que era, pero me dijo que lo amaba a pesar de sus gritos, de sus golpes salvajes que comenzaban en su rostro, después en el estómago para doblarla, sofocarla y una vez en el suelo propinarle una tanda de patadas; obviamente no se limitaba a los golpes físicos pues también tenía que soportar los que le propinaba en el alma: sus infidelidades, humillaciones y reproches.<br />
Cuando creyó ella descargar todo lo que tenía que expeler, limpió sus ojos, se puso de pie, me pido disculpas dando media vuelta; por un par de segundos lo dudé, pero sabía que ya no podía callar, prácticamente salté alcanzando su hombro, ella giró, le dije que yo la amaba, quería ayudarla. Ella<br />
contestó que estaba rota, que yo nada podía hacer para unir los pedazos. Se marchó perdiéndose entre la gente, yo permanecí inmóvil hasta que la perdí de vista entre la multitud, el smog y mi rabia.<br />
Esa noche no pude dormir, tenía que hacer algo o terminaría por romperme yo también. Al siguiente día no quise ir a la cafetería, me sentía muy mal, al salir de clases me dirigí firmemente hacia la  puerta de salida, salí corriendo, ahí estaba Luisa y José Adrián, a media banqueta discutiendo, pasé por un lado de él, casi rocé su brazo con el mío, me llené de impotencia, apresuré mi paso, alcancé a escuchar como él subía su tono de voz, continué andando, deseaba alejarme lo más rápido de ahí, mi corazón latía tan fuerte que creí me ensordecería, los ojos se me inundaron de lágrimas, contuve el llanto, avancé tan sólo cinco cuadras cuando me sacó del trance el ulular de una ambulancia cual me encontró  en sentido<br />
contrario a mi andar, me detuve, pensé en Luisa, intuí que algo le había ocurrido, no vacilé, regresé corriendo lo mas rápido que pude, pensaba en ella, sólo en ella, me aproximé a unos metros sobre la entrada de la universidad y pude ver que hasta ahí había parado su curso la ambulancia, había un tumulto, la gente se amotinaba, aun no alcanzaba a ver que ocurría exactamente, me aproximé aun más, por fin vi un taxi sobre la acera, según la gente, había atropellado a una persona quitándole la vida, me acerqué, como pude me abrí paso entre los curiosos, mientras murmuraba el nombre de Luisa llegué al primer plano, un enorme charco de sangre relucía y marcaba una trayectoria que culminaba en la rejilla de una alcantarilla, el cadáver yacía expuesto boca arriba, y yo no podía dar crédito a lo que veía: era yo, ahí silente, tendido sobre el asfalto sin vida, a final de cuentas estaba roto como algún día lo predije; Luisa estaba junto al taxi y lloraba admirando mis restos, José Adrián dio un fuerte jalón  a su cabello, y preguntó: -¿lo conoces?-. Ella simplemente lo negó, y a empujones él la retiro del lugar.<br />
Me subieron a una camilla, yo ya no sentía absolutamente nada, mi sangre continuaba fugándose por la alcantarilla, mi alma le acompañó, sólo comprendí por último que ella, solamente ella, fue quien decidió romperse para el resto de su vida.</p>
<p>Cómo Colocar sus Cortinas*</p>
<p>¡Qué agua tan amable!<br />
Que las rocas las convierte en peces,<br />
Y los peces se hacen de agua<br />
Para evaporarse y condensarse en el cielo.</p>
<p>La lluvia cae con ojitos de pez brillantes<br />
Y corren los ríos,<br />
Se llenan los lagos y lagunas<br />
Con tanta roca convertida en pez<br />
Que todo se llena de agua.</p>
<p>Saltan con ira cuando se les atrapa<br />
En alguna presa o estanque,<br />
Vuelan con júbilo<br />
Cuando se lanzan por las montañas<br />
Y, hoy en día,<br />
Se les encuentra embotellados<br />
En los aparadores de las tiendas.</p>
<p>¡Qué agua tan amable!<br />
Que en otros tiempos se dedicaba a convertir<br />
A las astillas de roca, en las primeras células.<br />
Hizo lo propio con las plantas<br />
Y la receta secreta para convertir<br />
Rocas alargadas en gusanos<br />
Se ha perdido en el tiempo.</p>
<p>Pero lo de hoy<br />
Es convertir rocas en peces;<br />
Y así se hace:<br />
Cuando llueve,<br />
Los edificios del Parlamento<br />
Se mojan,<br />
Las casas de lámina<br />
También lo hacen;<br />
Y la manera de cómo convertir<br />
A los volcanes en algo más que peces<br />
Sigue siendo un enigma constante.</p>
<p>¡Qué agua tan amable!<br />
Que a pesar de todo<br />
Nos sigue mojando,<br />
Que se escapa por las tuberías<br />
Y que es,<br />
A su vez,<br />
Agua y pez.</p>
<p>*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal-hi@gmail.com</p>
<p>LUCIA CARMONA BARRE*</p>
<p>Por el callejón de las tristezas<br />
con una pena antigua enredada en su pelo<br />
en desvelos descalzos, avanza Lucía Carmona.<br />
Entre sus brazos, un niño ausente<br />
y una carga de pichanas frescas<br />
Carga también un mundo de destierros</p>
<p>¡Ah! ¿Porqué partir?<br />
Al irse se ha llevado el canto luminoso de la noche.<br />
No se escucha el grito silencioso de la casa. Ha callado sus voces.<br />
Un rocío oscuro y fantasmal languidece la flor de los naranjos.<br />
Hunde su rostro en el manojo fresco<br />
–  el olor es más dulce que la vida –<br />
¿Es el niño, la casa o la amarilla flor de la pichana?<br />
Con ellas barrerá no solo el patio de su casa sino esa congoja que le aprieta el pecho<br />
Barre su casa Lucía Carmona e insomne, va encendiendo<br />
testimonios de estrellas en su noche<br />
Habrá otros niños, otros naranjales<br />
Y al lado de su sombra custodiando<br />
Como lluvia de luz, allí estará la casa.</p>
<p>-Lucía Carmona-Poeta riojana-<br />
       Del Libro “La Voz del Cuyun” </p>
<p>*de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>La señora denfrente*</p>
<p>   La señora denfrente era muy gorda. O ancha, no sé. O el cuerpo le había ido creciendo desparejo por los esfuerzos de agacharse, levantar cosas pesadas, y dormir poco. Saludaba siempre y hablaba mucho y muy fuerte, con una voz aguda muy sudada que le marcaba las líneas del cuello y se sumaba a la obligación de abandonar su italiano precario y sustituirlo por un argentino bonaerense más precario aún.<br />
   Por la noche, tarde, yo volvía de estudiar o de noviar y veía la luz siempre encendida de la cocina.<br />
   Algo me hacía saber que ella estaba despierta y, no, que necesitaba iluminación para dormir.<br />
   No era de esas mujeres que tengan miedo alguno.<br />
   A la mañana temprano, yo tomaba el tren de las seis y diez para ir al trabajo y a la facultad.<br />
    Para ganarle a las doce cuadras que me separaban de la estación, salía de casa apenitas pasadas las cinco y media.<br />
   La luz de la cocina de la señora denfrente ya estaba encendida.<br />
   Alguna vez decidí demorarme sólo para no perderme ese pedazo de vida que todavía quedaba vivo y la escuché: ma, pero vení acá gayinnitta remolona ¿o te tenco que dar de comer alla bocca?<br />
   ¿Vos no te mestarás poniendo tristona, no?, le decía a la rosa de un color que nunca pude saber exactamente cuál era, porque sólo ella lo tenía y nunca más volví a verlo.<br />
   Tomaba la flor desde el cáliz como cuando uno acaricia un hijo desde debajo de las orejas para que sienta todas las cosquillas y el estremecimiento que sube recorriendo toda la belleza y el calor, y le fabrica una sonrisa.<br />
   Desde en frente parecía sentirse el aroma de sus ensaladas y salsas con albahaca y oliva o el dulce de frutas que dedicaba a ese hijo, un poco mayor que yo, que se había encontrado con la epidemia de polio justo en el momento en que su cuerpecito salía a levantar un pie para darle impulso al otro. Y caminar.<br />
   No pudo hasta muy entraditos sus años.<br />
   Pero pudo gracias a una madre, la señora denfrente, que le puso vida a sus huesos, su mielina y su deseo.<br />
   Él, Juan Carlos,  empezó a andar y a animarse, sin miedo, hijo propio de esa mujer.<br />
   A la nochecita, a esa hora de los bichitos de luz y las escondidas, yo la había escuchado: mirá cuanqui, ¡que se no te decá de codderr te  cjuro que ti agarro e ti colgo!</p>
<p>   Con mi hermana, que salía a fumar a escondidas convencida de adulterar el olor a pucho con Siete Brujas o Charlie de Revlon, nos reíamos, más cerca de la ternura que de la burla.<br />
   La señora denfrente contaba con todos los elementos que se requieren para que uno pueda burlarse, pero con ella era imposible.<br />
    La primavera emanaba música y colores en esa casa, pero no música envasada sino esa que nace de los acordes de los paraísos y los ciruelos, las gallinas y los pájaros que iban a comer a su patio.<br />
    Colores de la vida misma.<br />
    Del verano salía una sombra fresca que restituía la dignidad de las siestas e invitaba a despertar las madrugadas con olor a frutillas maduras y caca de gallina que se mezclaba con el arte hiperrealista en ese escenario incomparable.<br />
    El invierno de esa esquina inconmensurable rompía la pereza de cuando mami me pedía: ¿vas a buscar un par de huevos a lo de Nélida?<br />
   Yo, que estaba desparramada entre mis fantasías acompasada por Génesis o Pink Floyd, devanándome entre la culpa y el deber, con Los Miserables o Crimen y Castigo, y atizando los leños de la estufa de nonno, salía rauda hacia la casa de la señora denfrente, para empaparme de esa energía que le daba a la vida su verdadero significado.</p>
<p> -Vení que ti mostro ¿viste lo pimpoyyitto nuevo que le salieron al conejitto? Con este frío, è incredibbile. La culecca se me quiere ir, pero yo no la decco, mirála poveretta, mà pero eyya è l’allegría desta casa, no la puedo deccar ir así nomás.</p>
<p>  Yo miraba como distraída hacia la mandarina y ella me llenaba una bolsa al instante.<br />
   Alguna vez me he olvidado los huevos y tuve que volver a ir, con timidez y torpeza, porque mi trofeo era volver con ese olor impregnado y esa bolsa que guardaba el enigma de la fuerza de vivir, y no con los mandados mandados.<br />
   Juan Carlos, el cuanqui, era todavía muy tímido pero se acercaba a veces, creo, a disfrutar de mi sonrisa llena de lágrimas que nunca pude aprender a evitar.</p>
<p>    Había un marido allí. Un hombre taciturno y abnegado.<br />
    Conformaban una de esas parejas a las que uno no puede atribuirles sensualidad alguna, pero se los veía fuertes en eso de llevar una casa y la familia adelante.<br />
    El señor, el marido de la señora denfrente, le había dicho a mi madre una tarde, siendo yo muy pequeña: Lucy es muy noble, no conozco otra persona así.<br />
    Lucy era yo, en ese entonces, y me llenó de desconcierto esa expresión que no comprendía. Como un día de la fiesta de la primavera que me eligieron reina por unanimidad, y tampoco comprendí qué quería decir.<br />
   Asimilé con los años que la decisión había sido por una nimiedad, algo sin demasiada importancia que era difícil definir.<br />
   Mi autoestima nunca fue mi fuerte.</p>
<p>  Transcurrieron años.<br />
   Yo me fui de allí, como se van todos los que creen que, para crecer, deben partir, parir, plantar y seguir partiendo.<br />
    Me fui.<br />
    Volví a volver cada vez que algún aniversario, vacación o festividad me acercaba a la cocina de mi madre y a ese mundo pulpo del que había necesitado desprenderme.</p>
<p>    Miré de nuevo el patio de mi madre. Había también allí mucha vida que yo había distraído buscando originales sensaciones.<br />
   Qué cosa esa que la comida siempre parece más rica en la casa de otros… y uno queda, ante los anfitriones, como un subalimentado que se desenfrena por una milanesa como si hiciera meses que no come…</p>
<p>   ¿Será ese el origen de la envidia? ¿O será su consecuencia?</p>
<p>    Cuando volví con otros años de sensaciones más encima que adentro, fue urgente buscar el aroma de la casa de la señora denfrente, pero no olía.<br />
No olía a nada.<br />
    Los paraísos y los ciruelos seguían tañendo  un ritmo cadencioso que abrazaba una ausencia inexplicable.<br />
   Mi madre, ocultada detrás de un puñado inefable de prejuicios tuvo que contármelo: La dejó ese pelotudo del marido y está trabajando en una parrilla como cocinera. Viene a la casa solamente un ratito a la siesta.<br />
   Mi pregunta, también pacata y retrógrada: ¿a esta edad? obtuvo la respuesta acorde: y… se le cruzó una porquería de mierda, una atorranta que le está sacando toda la plata… ese viejo verde…<br />
    Aquel que había tenido alguna vez el parámetro para calificar la nobleza se transformaba repentinamente en un pusilánime.<br />
   Mi ánimo perezoso concluyó repentinamente que esa sensualidad inexistente que me había parecido percibir de niña, lo había llevado a ese marido  detrás de unas caderas ardientes y un cuerpo que no estaba deformado de agacharse y hacer fuerza.<br />
   Tal vez tuve flojera de pensar que en realidad los maridos siempre se van con otra y necesité encontrar una mirada aldeana que contrarrestara todas las contradicciones de la monogamia inventada por un sistema.<br />
    O, tal vez, vaya uno a saber qué mierda pasó, la cuestión es que la tristeza y el abandono habían inundado esa inmensa esquina sin gallinas culecas, sin pimpollos acariciados, y repleta de mandarinas caídas a la buena o a la mala de algún dios.</p>
<p>   Aún así transcurrido el mal tiempo, y gracias a que la jubilación en esta perversa sistematización de nuestro deseo, llega, no por júbilo sino por vejez y desgaste, el patio volvió a habitar la vida de la señora denfrente.<br />
   Me llamaba, al veme llegar con mi prole, de visita a los nonnos, para regalarme ropita tejida por ella con rezagos que heredaba de sobrantes del mismo perverso sistema. Me narraba las peripecias de una batita o una mañanita que tejía para una especie de asilo al que, también, iba a cocinar solidariamente cuatro veces por semana.<br />
   Las mandarinas y los conejitos resucitaron al compás de las rosas y los capullos de gusano, las gatas peludas y los bichos canasto.<br />
   Todo convivía en ese pequeño atolón que no había sido alcanzado por la perversión a pesar de su tanta presencia.</p>
<p>   Me llamó mi madre un día, desde toda la distancia que yo había generado al partir de allí, para contarme que, además de los sudores omnipresentes de la señora denfrente, un color amarillo rancio y un olor penetrante se habían puesto a vivir en su ancho y extenso cuerpo, y la habían internado.<br />
   A la mañana siguiente, ya estaba muriéndose, sin más explicaciones y consuelos que la vida es así.<br />
   Había sido la única amiga de mi madre, esta madre, mujer, que había dejado a sus amigas hacía cincuenta años del otro lado del océano de la guerra y las mezquinas disputas de poder.</p>
<p>   Los hijos de la señora denfrente, miserables, como la mayor parte del género humano, que es el único capaz de alambicar tanta miseria y desidia, debatieron sobre su cadáver fresco, pero nadie recordó regar las flores ni dar de comer a las gallinas y a los pájaros.<br />
   Yo, hace mucho que no ando por allí, pero practico cada mañana el saludo a la vida en su nombre y su recuerdo.</p>
<p>   Ya hay un pájaro que come de mi mano y no me teme.<br />
   Tal vez he aprendido algo. </p>
<p>* de Lucía Cinquepalmi luciaguionbajo@gmail.com<br />
- 16 de septiembre 2009.</p>
<p>INCERTEZA*</p>
<p>La persuasión avanza. Lentamente.<br />
Hora a día. Día a gota. Gota a hora.<br />
Carga una maleta  pesada como el mundo.<br />
Infecta los octubres con su dardo inmortal.<br />
La angustia crece  en hojas macilentas.<br />
Se elevan y caen como mariposas muertas.<br />
El patio de mi casa es una alfombra negra.<br />
Por dentro tapian las ventanas  lirios de luto.<br />
La congoja  es un vampiro ciego.<br />
En un lago sin agua beben los peces su ceguera.<br />
Una mujer pasa a mi lado con su vela blanca.<br />
Un niño mira un perro.<br />
Un hombre ojo  carga el luto del monte.<br />
Nadie parece verme.<br />
¿Qué hacer?<br />
¿Crucificar al hombre? ¿Matar la bestia?<br />
¿Vaciar las ánforas?<br />
¿Elegir el dulce tormento del amor?<br />
¿El exilio de la lágrima?<br />
¿El sutil beso de la rosa?<br />
¿Acaso  elegir el tormento, el exilio, lo impalpable de la rosa?<br />
¿No es una forma absurda, ciega, cierta, segura  de incerteza?</p>
<p>La persuasión avanza y cubre de polvo, el polvo</p>
<p>*de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>EN LA TIERRA DE LOS  VIENTOS*</p>
<p>Esta es la tierra de los vientos. Nunca paran. Serpientes son, los condenados. Una ira. Las piedrecitas se te meten en los  ojos, (esto en los días en que soplan suave, porque cuando son La Ira no podés salir.<br />
   Yo, qué quieren que les diga, no creo nada, nada de lo que dice la vieja sobre los vientos. La vieja es mi abuela, demasiado mala para estar viva y demasiado mala para morirse porque el diablo le teme.  Por eso no se sabe desde cuando vive y ella se ocupa de confundirlo  a uno cada vez más. Lo que sí tengo que admitir es que es la única que da una explicación para eso de los vientos, porque los otros del pueblo dicen que son cosas de Dios. Por eso, aunque no creo una palabra de su historia, la cuento. Ella dice que fue la primera puta de estas tierras, que llegó por accidente junto con un europeo aventurero en la época de los indios y que cuando se vieron cercados ella ayudó a despellejarlo vivo en señal de simpatía a los infieles. Eso le salvó la vida, y su habilidad para el amor.  Dice que entonces no exitían estos vientos, que había una confusión de árboles, de plantas raras, de peligrosa maleza, lianas y enredaderas y hasta flores y frutos como la sangre, algunos buenos para comer y otros puro veneno; que la víbora era señora y el puma rey, que la araña, el alacrán y otros bichos sin nombre se te metían entre los dedos de los pies en las noches sin sueño. Pero asegura que la vida y la muerte eran como tenían que ser: "unas bestias incansables, qué joder, y para nada aburridas". Dice que eso se terminó por culpa de ella, que los vientos son culpa de ella, que no sale nunca de la casa porque sabe que los vientos la reclaman, pero que un día de éstos les dará la cara  "para que esto de vivir tan aburrida se termine con una muerte como la gente".  Cosas de la vieja. Creo que los ojos se le blanquearon tanto por no salir y no por las cataratas como dice el doctor. Ella es toda blanca. Menos el alma. "Los vientos son La Ira", dice, "son La Ira que me reclama".<br />
   Cuenta que en la época de los fortines, cuando los europeos vinieron a echar a los indios de estas tierras, comenzó el desastre: "los indios no aflojaban. Parecían la misma muerte, pero seguían, seguían...". "Yo hice de intermediaria porque sabía la lengua de los infieles y las de los europeos, y me mejor que eso, conocía el lenguaje de sus cuerpos"."Cuando me olí el fin de la cosa me pareció oportuno empujarlo". "Me acuerdo que se me ocurrió una noche de calor, mientras las transpiraciones de mi cuerpo y el del indio que me acompañaba se hicieron un río al que chupaba la tierra sedienta". "No sé cómo no me di cuenta del mensaje de las arañas y los alacranes...". "Al rato que pensé aquello, ya casi amaneciendo, fue como que enloquecieron". "Hasta entonces compartíamos el terreno sin problemas, acostumbrados a vernos". "Pero esta vez me los vi venir como un malón, todos al mismo tiempo, de golpe, y les adiviné las intenciones". "Les dejé de comida al indio dormido y corrí para el fortín"."No me costó trabajo decirles a los europeos cuántos infieles había, por dónde tenían que atacarlos, cómo...". "No fue difícil para ellos dar vuelta todo". "El calor nunca paró desde entonces, es como si ese tiempo no quisiera dividirse, la historia cambió las cosas, pero el calor se quedó, y después vinieron a acompañarlo los vientos...". "Pero entre el calor y los vientos la historia trajo las Compañías de  Tierras y Colonias, me trajo un marido Administrador de Tierras y me hizo La Señora". "La tierra quedó rasa a pura tala y arado y ahí empezaron los vientos". "A lo mejor fue, como dicen algunos, porque no quedaban árboles para atajarlos... pero son La Ira".</p>
<p>La vieja se pasa el día contando la historia como entre dientes y cuando la termina, empieza de nuevo.   Uno se pudre.  De ella y de los vientos.  Desde que se murió el viejo, desde que se quedó ciega  y se encerró para siempre, la tiene con lo mismo.  Yo no creo nada. Pero me canso.</p>
<p>Hace mucho calor, como siempre.  Los vientos no paran. En el patio la tengo a la vieja, el último familiar que me quedaba... La tengo a la vieja,digo, estaqueada. Los vientos la suben y la bajan. Pero hay algo extraño, muy extraño... aunque yo estoy acostumbrado a esas cosas en esta tierra de locos ... y es  que las arañas y los alacranes, que casi no quedaban,  son como  miles, prendidos en su cuerpo... ¿cómo es que los vientos no se los llevan volando?</p>
<p>*de Verónica  M. Capellino. veroaleph@hotmail.com<br />
-En "Cuentos del Litoral"- S.A.D.E –Sta. Fe-  y Lux;  1988<br />
y Revista "Puro Cuento" Nº 26. Enero-Feb. 1991</p>
<p>UNA TRISTE HISTORIA DE AMOR*</p>
<p>*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar         </p>
<p> Lo que nunca sabremos es exactamente en qué momento comienza esta historia, porque como sabemos, los hechos a veces se producen por azar y no entran en los cálculos o no quedan registrados como a conciencia en la cabeza de la gente. Lo que sí sabemos, al día de hoy, es el final, pero mejor no adelantarse, porque para eso existe la cronología, aunque bien sabemos que la literatura tiene otros códigos y puede quedar adscripto a la mirada ya desvalorizadora que se llamó “realista”, y los críticos más duros insisten en llamar “la ilusión del realismo”.<br />
            Esta historia es una historia de amor, pero los más cáusticos, lo que están más cerca del positivismo llaman un “platonismo acorde a los tiempos”, o un “romanticismo rancio que no debe tenerse en cuenta”.<br />
            Cuando esta historia sucedió, -si es que sucedió alguna vez- mi abuelo estaba por cruzar el mar Tenebroso, el Atlántico inmenso en un barco que lo dejó en Buenos Aires, con quince años y sin saber una palabra del espléndido español (que él luego denominaría “la castilla”) con el nombre de un pariente lejano o amigo de su padre o apenas un paisano de la aldea europea desde donde se largó, con el coraje, coraje con que lo impulsaba el hambre, como tantos miles en su situación, o peor, porque eran ya padres de familia.<br />
            Quiero poner entonces la distancia necesaria como para no hacerme enteramente cargo de esta historia, pongamos  provisoriamente “de amor”, ya que las sucesivas veces que yo fui oyendo el relato de los mayores, todos lo hacían –en mayor o menor grado- no exentos de ironía, que podía ser fina o grosera según correspondiera al temperamento de cada uno.<br />
            La historia que relato (que trato de relatar) sucedió en mi pueblo en los fines de la primera década del siglo XX y está protagonizado por un hombre muy bueno, italiano, no recuerdo de qué lugar, y certificar esa marca de origen  se me vuelve difícil porque hoy tendría ciento veinte años, lo cual hace imposible encontrarle algún contemporáneo.<br />
            La primera historia que oí de don Juan Galli –de él se trata- refiere al más contundente romanticismo y lo hace inmigrante, chacarero arrendatario en principio, y luego asociado con sus dos hermanos tan solteros y atravesados en el habla “de Castilla” como el comprar una panadería, que a la postre lo dejará dueño único previo pago de la parte a sus hermanos quienes regresan a la Península para no volver.<br />
            Están los paseos entonces con esa niña cuasi púber o adolescente o demasiado joven y más delgada y pálida que lo acostumbrado, esos largos paseos por el Veredón del Ferrocarril: ella toda de blanco, con capellina del mismo color, breves botitas oscuras y una sombrilla celeste. Él tieso, envarado, de traje impecable, botín con polainas y un leve bombín en la testa de lacio pelo rubión y muy fino, un bastón de caña y los dedos de la mano libre encastrado en los bolsillos del breve chaleco azul. Iría recitándole a Páscoli o D´Annunzio en italiano.<br />
            En la esquina, él descendía, muy caballeresco, le tomaba las manos enguantadas a la señorita delgada y entonces ella saltaba sonriendo y ruborosa, hacia la calle cargada de un fino y fastidioso polvillo.<br />
            Esta leyenda, lo advertí, termina con la muerte de ella, muy joven, hecho que, antes de producirse, provoca la promesa de él de permanecer en soltería perpetua. Se dedicó a las lecturas silenciosas cuando el arduo trabajo de la panadería se lo permitía, y de grande -ya pasados largamente los setenta– emprendió el aprendizaje de la guitarra, no recuerdo si con maestro o provisto de un manual con lecciones, cuando algún vecino (molesto tal vez por sus prácticas con las cuerdas lloronas del amanecer) le inquiriera, indiscreto, por qué siendo tan mayor le daba por la música, él muy jovial y pedagógico, explicó que Sócrates tomó lecciones de flauta hasta su último día.<br />
            Recuerdo todavía, ya adolescente, trabajando en su panadería, alquilada a Alfredo Paggi, oía su guitarra monótona, ya que él ocupaba una de las habitaciones del fondo.<br />
            Era,  un hombre tranquilo, minucioso, hablaba bastante bien el castellano y hacía un esfuerzo por pronunciar bien las palabras aprendidas no sólo en el trato cotidiano sino en los libros que consultaba constantemente y leía en idioma español, amén de los diarios o revistas italianas que se hacía traer.<br />
            Tenía –lo recuerdo –una transparente mirada cariñosa en esos pequeños ojos celestes.<br />
            La otra versión, que puede incluir todas estas  conjeturas y aproximaciones y la salvedad hecha que sólo oí siempre por referencias de terceros esta historia, es que en la relación con esta señorita de quien nadie recuerda su nombre o apellido, no tuvo otra relación que el de clienta, en su tarea cotidiana de vender el pan y las facturas y los bizcochos, casa por casa, con esa alta jardinera que arrastraba un caballo moro que don Juan Galli manejaba con silbidos.<br />
            Y tal vez él le escribiera cartas de amor que no se animaría nunca a hacerle llegar, y que en ese tal vez podríamos conjeturar alguna serenata, con su desafinada guitarra, homenajeándola con un valsecito o un fox-trot melancólico, a ella y a su indiferencia de las persianas cerradas.<br />
            Dicen que ni una vez –ni una sola vez- la señorita se dignó mirar a ese gringo, que se deshacía en galanterías lejanas y que ella consideraba ridículas.<br />
            Y él, tan discreto, jamás habló de ella, o de su desolado amor sin compartir con ella y ese fracaso con ningún ser de este, para él, desolado planeta.<br />
            Y sin embargo, nunca perdió ese modo caballeresco y atento, casi ceremonioso con todos los que lo conocieron, tan buena persona, tan pintoresco.<br />
            A mi me queda la imagen de su jardinera cuando con su silbido distinto detenía el moro frente a mi casa y mi madre salía con la cesta para comprarle el pan del día y él antes de partir con otro silbido, (era el momento más esperado por mis cuatro años ansiosos) introducía la mano en un pequeño canasto y alcanzaba a mi niñez asombrada esa rica jesuita azucarada como auténtica y nunca tan bien preciada yapa.</p>
<p>HABRÍA DE ABRIR*</p>
<p>Habría de abrir<br />
como quien no quiere<br />
como quien detesta</p>
<p>Habría de abrir<br />
con impremeditada delicadeza<br />
lo que no atinaría a repudiar</p>
<p>Habría de abrir<br />
sin abrirse.</p>
<p>*De Rolando Revagliatti revadans@yahoo.com.ar</p>
<p>PANDEMONIUM*</p>
<p>La noche<br />
que la muerte<br />
me arrastre<br />
a su agujero infinito<br />
de sarcasmo<br />
yo pondré todo lo mío<br />
en su garganta</p>
<p>Seré el libamen mismo<br />
en una ceremonia solitaria<br />
de pecados e incuria<br />
y de ironía inútil</p>
<p>Vendrá todo el dolor<br />
por mí<br />
y por las dudas<br />
                las que no tuve<br />
                        las que pude dudar especialmente<br />
las que a veces<br />
ni he sabido que dudaba</p>
<p>Me rodearán<br />
manos esquivas de mis íncubos<br />
que no han sabido<br />
ni las dudas que he dudado</p>
<p>Un remolino<br />
desprolijo y negligente<br />
va a sumergirme<br />
en el final desesperado<br />
a bocanadas de ardor y de perdones<br />
en el eco atormentado<br />
de la nada<br />
Y el fuego<br />
equivocado<br />
de todas mis pasiones<br />
arderá en el recuerdo<br />
de mi nombre en el aire</p>
<p>Por fin no escucharé<br />
nunca más el latido<br />
ni el viento ni tu voz<br />
ni las tormentas<br />
ni el llanto disfrazado<br />
                 del que implora<br />
ni el tiempo del reloj<br />
                 en mi cabeza<br />
ni el rezongo tedioso de la histeria<br />
ni los gritos de amor<br />
                 y otros quejidos</p>
<p>Habrá nadie para nadie<br />
                                    como siempre<br />
Nada distinto de la vida distraída</p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi luciaguionbajo@gmail.com</p>
<p>Los huesos al sol*</p>
<p>El hombre va caminando por aquel terreno pedregoso interminable. Un desierto sin arena, lleno de piedras y matojos que se extiende hasta más allá de donde alcanza la vista. Consulta una especie de plano detenidamente y busca a su alrededor. Está seguro que se encuentra en el lugar correcto. </p>
<p>Se dirige con paso decidido a su derecha donde se alza un pequeño promontorio de rocas, en un lugar algo desplazado de donde indica el plano, y ve el esqueleto recostado entre unas rocas que tienen una extraña forma de sillón sin patas. Le observa con las piernas cruzadas un brazo en la frente y el otro en el regazo.</p>
<p>Sin perder un instante empieza a cavar una fosa ignorando el tremendo calor y concentrándose únicamente en su cometido. En cuanto la acaba traslada el esqueleto al agujero y lo cubre con la misma tierra que ha sacado, disimulando cuidadosamente el lugar y su trabajo. Seguidamente se va al promontorio y se tiende entre las rocas, sentado en aquella especie de sillón sin patas, y mentalmente repasa la postura: piernas cruzadas un brazo en la frente y el otro en el regazo. Cierra los ojos lentamente y se abandona.</p>
<p>*de Joan Mateu. joan@cimat.es</p>
<p>Una obra de teatro en Saturno*</p>
<p>Allí voy. Dormido y soñante con esos sueños habituales que últimamente se parecen tanto a mis desencuentros con lo real. Me desperté cuando la hermosa azafata pelirroja decía Une Station Saturne, Station Saturn, Stationieren sie Saturn y en algún idioma más que llegábamos en 10 minutos a la estación. Me había dormido siguiendo sus desplazamientos de ida y vuelta por el pasillo. Su presencia fue como un hada que me llevó a aceptar el sueño y casi con seguridad la repetición de alguna pesadilla para luego despertarme con la sensación de que se parece demasiado a mi vida presente. Como dijo alguna vez Rosa Montero: En algún momento del viaje este se convierte en una pesadilla. Es tan evidente -y cierta- la metáfora del viaje con la vida misma.<br />
Antes de tomar el tren hacia Carhue, pensé en la cantidad de años que necesitaría vivir para lograr la felicidad si los pasos los sigo dando por el camino más largo, cuesta arriba y más lento que una tortuga.<br />
Me reí solo: no menos de 150 años y con buena salud para darme cuenta de los logros.<br />
En eso estaba. En retomar mis pensamientos calamitosos de antes de subir al tren y en la azafata que tenia un aire a una pelirroja nacida en Carhue a la que conocí en el trabajo ( Como la deseaba 20 años atrás cuando la veía llegar a mi oficina para firmar papeles de rutina).<br />
Hasta que vi a Julián Fernández parado en el pasillo, haciendo payasadas como siempre entre un grupo  de mujeres y hombres que era bullicioso y jodón como una estudiantina pero grandes de edad: 40 años promedio dije con ojo de entrevistador. Julián repartía algo casi invisible entre sus dedos a cada uno de sus compañeros que se levantaba con bolsos. No pude resistir la tentación y me levante a saludarlo.<br />
Con sus anteojos culo de botella, idéntico antes del tiempo pero con canas, él me hablo a los gritos antes que llegara a su lado:<br />
Urbano, amigooo¡¡¡¡<br />
Julián, nuncaaa Centeya, conteste yo con un código propio de aquella época en que trabajábamos juntos.<br />
-Urbano, fue mi jefe en la constructora, dijo a los gritos para que todos se enteraran de quien era yo.<br />
Enseguida recordé aquella imagen de pelearme con el gerente de área, casi llegar a las trompadas y renunciar.<br />
Pero con Julián seguimos siendo amigos después de esa partida borrascosa. Al tiempo él también se fue y se dedico a la docencia y al teatro.<br />
Me dijo lo mismo que acababa de descubrir: viajaba con su grupo de teatro y bajaban en Saturno para dar dos funciones seguidas, hoy sábado y el domingo.<br />
Venite Powell, la primera función es en un par de horas, después tomas el tren siguiente y seguís viaje.<br />
No resistí demasiado, le pregunte a la azafata si podía descender y seguir viaje con el mismo pasaje y me dijo que si, que era una política del ferrocarril que la gente pudiera descender en cualquier estación darse una vuelta, conocer y volver a subir a otro tren siempre y cuando sea del mismo día en que se inicio el viaje. No solo es bella, sino además dulce dije, y me entere por el cartel que lleva prendido en su chaqueta que se llama Analía. El amigo casi no me da tiempo de volver al asiento y llevarme mi pequeño bolso que llevo colgado del hombro. Al bajar había una recepción oficial con banda de música y discursos. Solo alcanzamos a decirnos con Julián que los hijos están bien y creciendo cuando nos vimos inmersos en apretones de manos, presentaciones y palabras de bienvenida. Sólo retuve dos nombres, el de Hércules el jefe de estación y el del Ingeniero Orlando Williams delegado municipal en la comuna de Saturno -dependen del partido de Guaminí-.<br />
Me distraje. Vi una publicidad que colgaba de un tirante bajo el andén que me causo curiosidad: </p>
<p>¿Dolor de cabeza?</p>
<p>Venga del aire o del sol<br />
Del vino o de la cerveza.<br />
Cualquier dolor de cabeza<br />
se corta con un geniol.<br />
30 centavos.</p>
<p>-Este pueblo atrasa por lo menos 50 años, pensé y me reí bastante.<br />
Ahora hablaba el ingeniero Williams, era el discurso de un anciano enérgico -70 a 75 años a mi cálculo-<br />
Hablaba del ferrocarril con un orgullo y una pasión inaudita, como lo haría cada uno de los ferroviarios que no conoció la tragedia de los noventa. Ahí mire a mi alrededor y en el público del pueblo solo vi ancianos. El grupo de Teatro de Julián y yo éramos los mas jóvenes. En el público había un intervalo de 65 a 80 años, ni mucho más ni menos.<br />
-¿Este es un pueblo de jubilados? -le dije a Julián.<br />
-Algo así, después te cuento bien camino al teatro. -me contesto con tono enigmático.<br />
No nos dejaron ir de la estación hasta que sirvieron una picada con salamines y quesos y se hizo un brindis con vino tinto.<br />
Logramos salir. Le dije a Julián de ir caminando en escalera para conocer el pueblo y hablar algo.<br />
-Dale, -me dijo, el teatro de la sociedad italiana queda a cuatro cuadras pero caminamos unas cuadras más, no te entusiasmes en ver demasiado, el pueblo tiene 10 manzanas por 10 de este lado de la vía y otro tanto del otro lado. Casi enfrente de la estación se observa un edificio imponente al que se le están haciendo refacciones.<br />
-Es la universidad...<br />
El cartel que leo en el frente no deja lugar a dudas:<br />
"Universidad del viento de Saturno"<br />
y abajo una leyenda en francés, alemán e inglés.<br />
-UN DIEU LES ALLAITE(ÉLÈVE) ET LE VENT LES ENTASSE<br />
-GOD RAISES THEM AND THE WIND ACCUMULATES THEM<br />
-GOTT DIE ZUCHT UND DER WIND BELÄDT SIE.</p>
<p>-Que quiere decir?<br />
-No se, dice Julián, debe referirse a que es una universidad abierta donde puede estudiar quien quiera sin requisitos de estudios cursados ni limite de edad.<br />
-Ajá, digo, pero no dejo de ver muy raro a este lugar y recién hemos caminado unas pocas cuadras.<br />
-Bueno, ahora explícame porque este pueblo no tiene niños en las calles y toda la gente que veo es anciana...<br />
Lo voy a intentar dice Julián y toma aire como si la cuestión fuese compleja y difícil de entender para una persona común y corriente como yo.<br />
-Viste al Ingeniero Williams?<br />
-Si, un anciano de una energía y convicción envidiable.<br />
-Pues él es el autor de la ley de ferrocarriles agrícolas y económicos de la provincia.<br />
-Me estás jodiendo.<br />
-No, es el mismo.<br />
¿Pero cuantos años tiene?<br />
-El 29 de agosto cumplió 136 años.<br />
-No puede ser. Ese hombre no tiene 80 años.<br />
-Oíste hablar de Vilcabamba en Ecuador?<br />
-Si, una zona de las pocas que hay en el mundo dónde la gente vive más de 100 años.<br />
-Bueno, en Saturno la gente no envejece.<br />
-Pero si son todos viejos¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡<br />
-Así llegaron amigo, llegaron viejos y así están: viejos y saludables.<br />
-Sabes cuales son las dos instituciones más importantes del pueblo para las que ofreceremos la obra en un rato?<br />
-Ya no me animo a imaginar nada más. -le dije resignado a que me relaten cualquier suceso extraordinario.<br />
 -Un geriátrico y un hospicio psiquiátrico.<br />
-Tiene alguna lógica, la gente no envejece, pero tampoco rejuvenece como Brad Pitt en la película.<br />
-Exacto.<br />
-Y que obra van a representar. -pregunto adrede para recibir alguna respuesta aceptable para mi racionalidad.<br />
-Una versión muy libre de Saverio el cruel.<br />
Llegamos al cine teatro de la sociedad italiana. El amigo se va a unir al grupo y la obra empieza casi de inmediato, actúan con las mismas ropas con las que llegaron.<br />
Los que organizan son los internos del psiquiátrico. Venden las entradas, lo llevan a uno al asiento numerado. Te dicen algún piropo: -Usted es tan lindo como mi nieto Agustín que vive en la capital.<br />
-No quiero sacar cuentas, tengo 51 años, esa será la edad de su nieto?<br />
Me sientan al lado de un viejito italiano, que enseguida empieza a hablarme, habla en un cocoliche, pero le entiendo que es nacido en un pueblo del Piamonte. Y que puedo llamarlo Don Alberto.<br />
-Y de donde es...? -me pregunta.<br />
-De Lomas de Zamora.<br />
Bello pueblo, bello, yo he visto cantar a Gardel y a Corsini en el teatro Coliseo.<br />
Y de memoria recita</p>
<p>Miro al passato, a i nostri bei vent’anni,<br />
Quando, venendo a te, l’anima allegra,<br />
Vergine ancor a tanti disinganni,<br />
Per i sogni piú belli popolata,<br />
Cercando un ragazza per un valzer<br />
Trovammo quí la sposa<br />
Madre dei nostri figli insuperata...</p>
<p>(Me dice que olvido al autor, que la poesía era más larga...)<br />
-Pero usted era muy pequeño en aquella época, me atrevía a decir temerariamente.</p>
<p>-No crea, era un joven de más de 20 y muy fuerte, trabajaba de maquinista en el ferrocarril. Ese había ido con mi finada esposa Ornella. Cuando llegamos no había más entradas, la gente quedo afuera e io también. Pedíamos a los gritos a Gardel, y Gardel salió al balcón y canto para nosotros: "Cuesta abajo", "El día que me quieras", "Arrabal amargo" y otras que ya no recuerdo. </p>
<p>Empieza la obra, hacemos silencio. Sigo con un desconcierto que no para de crecer, pues no encuentro elementos para desmentir lo que esta ocurriendo.<br />
El amigo es el mantequero de Arlt y toca timbre. Lo esperan un grupo de jóvenes aburridos que quieren divertirse con él. Una anciana -presumo que es una enferma del psiquiátrico- se levanta y comienza a cantar en italiano. Puede que cante en dialecto pues no se le entiende nada. El amigo la va a buscar y la sube al escenario. Ella canta una y otra vez la canción, que parece una canción infantil.<br />
Sólo entiendo y retengo el estribillo:<br />
¡Io sono Pinocchioooo!</p>
<p>Luego la obra prosigue y es por cierto una versión muy libre, he visto Saverio el cruel alguna vez, pero no podía imaginar al mantequero que no es ungido Coronel, sino Fiscal.<br />
Y es un fiscal que se preocupa por pequeños hechos de corrupción. En el papel del Fiscal, mi amigo se ha puesto una peluca que lo acerca a Lennon y no a un miembro de la justicia. La acusada es una cajera de un supermercado y la acusan de haberse quedado con 25 centavos.<br />
Se para otra paciente e interrumpe:</p>
<p>-No la castigue señor Psiquiatra. Ella no tiene nada que ver. Acá esta la moneda que le faltó.<br />
(Y levanta el brazo y el foco de luz la muestra a ella con su moneda sostenida entre el pulgar y el índice).<br />
-Estaba en el piso del comedor esta mañana y yo la encontré, ella es inocente¡¡¡, la voy a devolver ahora mismo.<br />
-El amigo reacciona y la va a buscar, a ella y su moneda que prueba la inocencia de la acusada.<br />
la moneda entra en la escena y el juicio se encamina a otro destino.<br />
La obra continua. Estoy en una especie de limbo que no me permite prestarle demasiada atención.</p>
<p>Me parece que esta por finalizar, el mantequero fiscal esta por desencantarse.<br />
Por descubrir la trama del engaño.</p>
<p>Ahí comienza a cantar otro anciano:<br />
¡caprichoso garibaldino trulalaaaa!</p>
<p>No lo puedo creer. Es la canción que mi padre cantaba cuando quería referirse a mi tozudez.<br />
Mientras tanto en el escenario, el amigo y su grupo decidieron que esa canción era el mejor cierre posible para su obra de teatro. Subieron al pequeño anciano cantor y cantaron todos mientras el público aplaudía. Creo que fue demasiado para mí. Me levante sin antes dejar de estrecharle la mano a Don Alberto. Antes de salir, me detuve en la boletería y deje mi tarjeta para que se la dieran a Julián, escribí rápido en el reverso:</p>
<p>-Amigo, esta experiencia merece un café y varios whiskys, llámame cuando estés de vuelta por Capital, invito yo y sin discusiones. Abrazo  U. Powell.</p>
<p>Según el horario que tengo el tren debe llegar en pocos minutos, asi que camino casi corriendo hacia la estación. Me parece escuchar a lo lejos el ruido de la locomotora y su silbato de vapor.<br />
Increíble este pueblo. -Me digo. Hermosa experiencia. Prometo que volveré y que me anotaré para cursar algo en la Universidad del Viento.<br />
Mientras tanto seguiré envejeciendo como cualquier persona.</p>
<p>En el andén esta Hércules, el jefe de estación.<br />
- 85 años verdaderos ni uno más, yo no me quito la edad como la gente del pueblo... -Me dice,<br />
 y cuenta que es hijo de franceses y que antes de llegar a Saturno como jefe de estación trabajó en la compañía general, lo dice en francés "Une Compagnie Générale de Chemins en Fer de la Province de Bons Airs" y luego traduce: "Compañía General de Caminos de Hierro de la Provincia de Buenos Aires".</p>
<p>Dígame Don Hércules, ¿Que quiere decir la leyenda en varios idiomas que hay en el frente de la universidad?</p>
<p>¿Eso?<br />
-Si.<br />
-Dios los cría y el viento los amontona. Ese, es su lema académico.</p>
<p>*de Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar</p>
<p>Pequeño Larus no ilustrado*</p>
<p>Alero:   lugarcito del techo acogedor de golondrinas.</p>
<p>Bandera: trapo de diversos colores, simulado emblema de patria.</p>
<p>Blasfemia: recurso infame del incapaz.</p>
<p>Bravura: postura que debe imperar ante la vida.</p>
<p>Critica: opinión rechazada por nuestro ego.</p>
<p>Cuerpo: caja de huesos y arterias guardadora de emociones.</p>
<p>Culpa: falta suave si es propia, terrible si es ajena.</p>
<p>Despecho: sentimiento hecho negro pozo al que nunca deseo caer.</p>
<p>Destrucción: acción del hombre contra el bosque propiciando desastre futuro</p>
<p>Dignidad: calidad de vida que dejo como única herencia.</p>
<p>Dolor: sensación en la piel cuando el amor te abrasa.</p>
<p>Esperanza: alimento diario del alma.</p>
<p>Espiga: amarilla calmadora del hambre.</p>
<p>Fatiga: estado que me producen los imbéciles.</p>
<p>Gotas: gemas con interior de rocío.</p>
<p>Humo: combustión de fabricas, ya casi olvidado.</p>
<p>Lejos: medida del espacio del enamorado.</p>
<p>Llanto: efusión salada que sazona las penas.</p>
<p>Lluvia: desagüe de las arcas del cielo.</p>
<p>Mujer: ser fabricado en roca con mezcla de seda y perfume.</p>
<p>Perdón: regalo muy difícil de hacer.</p>
<p>Rumbo: camino escabroso si el espíritu no halla paz.</p>
<p>Sed: hambre de agua.</p>
<p>Sol: alimento insoslayable de la vida.</p>
<p>*de Elsa Hufschmid  elsahuf@hotmail.com</p>
<p>LA FORTALEZA*</p>
<p> (I)</p>
<p>La tierra del viento norte<br />
tiene su fortaleza<br />
una casa-fortín<br />
de toscas almenas,<br />
soldados de yeso,<br />
puente de madera.<br />
Es delirio de artesano<br />
con mala siesta.<br />
Tal como la soñó,<br />
junto a la puerta verdadera<br />
una falsa puerta de argamasa<br />
abría goznes a utopías niñas<br />
que salían a rodar<br />
en bicicleta.<br />
Se derrumba, también, la Fortaleza<br />
de tanta mala siesta.<br />
Pero la puerta<br />
espera.</p>
<p>(II)</p>
<p>   La estatua, dura como ninguna, apoyada en su lanza, atisbaba el microcosmos de la calle reverberante, polvorienta, un enigma seco que se estiraba hasta el horizonte candente de la siesta. El sol se ensañaba ahora con su cuerpo de piedra, lo horadaba con zarpazos de fuego. Hervía ahora en una calentura llena de vapores que formaban casi un aura en sus contornos “¡Y pensar que mi piel nunca conoció ese otro fuego, el del amor!”. Le dolía la cabeza pero no podía bajar la guardia, debía vigilar, desde el techo de la vieja casa, junto a los cañones también de piedra, debía vigilar.<br />
   La casa dormía su lenta siesta veraniega con despreocupada mansedumbre, aceptaba su aspecto tosco y sensual, como de hembra que muestra su humanidad maciza en un desnudo ingenuamente lujurioso. ¡Así fue siempre ella!, dos puertas al frente: una, verdadera, otra, falsa, pero para alcanzarlas, el portoncito de madera, y el arco con los pájaros de piedra que ocupaban eternamente su territorio mirados con intriga por los pájaros auténticos “Ah, pobres aves condenadas a no volar jamás!”; enseguida, el puentecito, el pequeño arroyo artificial, abajo, y los patos detenidos en su sueño de argamasa, peleando con el enano de jardín que estaba un poco más lejos, a quien siempre molestaron sus graznidos sordos, nostalgiosos de vida verdadera, hartos de no ser escuchados más que por otras estatuas, ávidos de respuesta en su antiguo soliloquio… Cada tanto el enano olvidaba sus empozados rencores para cuchichear con ellos y con los pájaros del portón, las claves secretas de una revolución libertadora, pero el hombre del techo no se descuidaba nunca,  y las intrigas se destejían antes de un primer ensayo. Jamás dormía, ni siquiera reparaba en el avance de la carcoma, el despojo en el que se convertía con el paso de las estaciones. La única molestia era el sol de las siestas veraniegas, pero lo soportaba estoicamente, que para eso era un soldado. Vigilaría la puerta falsa hasta el fin de los tiempos, la vigilaría aún cuando de él no quedara más que una masa informe de piedra erosionada, y entonces, ya no quedarían, seguro, ni los pájaros, ni los malditos patos, ni el revolucionario enano tozudo, ya no habría peligro de que alguien transpusiera la puerta.<br />
   Mientras tanto, para los cautivos eran un consuelo las visitas de los niños del pueblo. La casa los excitaba, tan diferente a las de ellos, a todas las casas que habían visto. ¡Hasta tenía un nombre: “La Fortaleza”! Su misterio les erizaba la piel; intentaban abrir la puerta falsa con la seguridad que sólo un niño puede tener, de que  detrás había algo más que pared. “¡Ábrete, sésamo!”-jugaban, y simulaban conversar con las estatuas,  las acariciaban bajo la mirada del hombre del techo que, descubrieron, los seguía hacia todos los ángulos, “Qué raro, ¿no?”.<br />
   Quizá alguna de esas veces, desde sus alturas, él sintió la soledad amarga de su destino de verdugo. Pero ahora no había niños, ni siquiera un perro vagabundo, todo era calor en esa siesta demoledora, la más ardiente que recordara desde que estaba ahí, vigía celoso de la puerta prohibida. La cabeza le dolía más y más, se sentía débil. Entrecerró los párpados y se dejó  llevar por el sopor que lo viajaba por dentro… Se fue al garete hasta la infancia que nunca tuvo y se soñó una madre, un vientre redondo y rumoroso, un cordón de vientrenauta, un rosado pezón tibio… una…</p>
<p>   Cuando despertó la vio sentada en el puente con la mirada perdida en los patos pero con un cuerpo contundente, todo determinación. Y supo que era la elegida. Un calor diferente lo consumió. Venía desde adentro, emergía pintando con nuevos colores a su piel  de estatua.<br />
   Todo fue el torbellino de un instante: ella que se supo observada, que se levantó sin prisa pero con firmeza, ella que fue hacia la puerta,  los pájaros de piedra que batieron las alas, luego los patos graznando con cadencias nuevas, el enano  loco y él, él mismo, el soldado herido, herido de amor, que la seguían, que transponían con ella la puerta falsa en busca de la otredad, de un cielo tal vez vacío, del otro lado de las cosas. </p>
<p>*de Verónica  M. Capellino. veroaleph@hotmail.com</p>
<p>-"La Fortaleza", poema y cuento, en: “Así SEA”- Antología de poesía y cuentos. Edit. Lux y U.N.L-Fundación  pre-textos. 1997</p>
<p>MANCHAS Y ARRUGAS*</p>
<p>Las manos unidas</p>
<p>sin culpa ninguna.</p>
<p> Una luz fugáz</p>
<p> casi imperceptible</p>
<p> entre tanta bruma.</p>
<p> Charla,café,un poema,</p>
<p> una buena música.</p>
<p> Se encontraron tarde</p>
<p>  que es mejor que nunca.</p>
<p> Hablan de sus vidas</p>
<p> y sin darse cuenta,</p>
<p>  se estrechan las manos</p>
<p> que pintó don tiempo</p>
<p> con manchas y arrugas.</p>
<p> Caminan sonrientes</p>
<p> libres de premura.</p>
<p> El compra claveles</p>
<p>y se los ofrece</p>
<p>junto a su ternura. </p>
<p>Se encontraron tarde...<br />
                     que es mejor que nunca.</p>
<p>*de Matilde Lopez Camelo caminandosignosfm@hotmail.com</p>
<p>DESCANSO*</p>
<p>“Nada se compara a esa leyenda de semillas<br />
que deja tu presencia”</p>
<p>VICENTE HUIDOBRO</p>
<p>Cansa el viento zonda, amor,<br />
Tu ausencia mucho más.<br />
Languidece la luna desteñida,<br />
Jazmín del aire, en aire marchitado.<br />
Tenuemente ilumina<br />
El relincho cansado del caballo.</p>
<p>Cansa la sequía, amor,<br />
Tu ausencia mucho más.<br />
Magullados los cardos,<br />
Siguen las huellas vacilantes<br />
De los perros flacos.</p>
<p>Cansa la vigilia del carancho,<br />
Tu ausencia mucho más.<br />
Las penumbras vacilantes de la noche<br />
Huyen, tras un lagarto azul.<br />
Mi corazón muere de sed.</p>
<p>Cansa la soledad, amor.<br />
Despojados, la rosa y el espejo<br />
De presencias errantes,<br />
Buscan la plenitud del aire.<br />
Las semillas.<br />
Del agua, del fuego y de la tierra.</p>
<p>Cansa el olvido, amor<br />
Tu ausencia, mucho más.<br />
El caldén, tan callado,<br />
Con destino de poste,<br />
Con sus vainas preñadas de agorera savia.<br />
Camina lentamente sumándose<br />
A mis pasos.<br />
Enciende la lámpara y la luna.<br />
Trayéndome el descanso<br />
Profundo de tus ojos.</p>
<p>*de Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>Viento de fuego*</p>
<p>Me hieren el frío y la indiferencia<br />
en esta noche clara.<br />
Los latidos de un hijo<br />
asoman del vientre de una madre anónima<br />
que revuelve la basura<br />
en busca de alguna esperanza.<br />
Camino por la lengua del destino<br />
cerrándole los ojos<br />
a cada luna que muere.</p>
<p>*de Patricia Ortiz lacajadepandora@gmail.com</p>
<p>"Al borde de la Palabra" www.arinfo.com.ar<br />
-Los martes de 18 a 19 hs. Liliana Varela / Patricia Ortiz<br />
http://albordedelapalabra.blogspot.com</p>
<p>Italia*</p>
<p> a mis viejos</p>
<p>nadie supo ser más libre<br />
entre sus miedos<br />
ni el ignorante y solitario miedo<br />
a no sé qué<br />
pudo anegar la marca de ser libre<br />
ni todos los destierros<br />
ni la ausencia<br />
ni la muerte inminente<br />
y la miseria<br />
ni el noble sacrificio depredador de tiempo<br />
a la espera de un después inalcanzable</p>
<p>vi escurrir cada sueño<br />
entre sus manos<br />
deshacerse en el instante mismo<br />
del ya estaba listo<br />
los vi esperar    callar     desesperar<br />
pude verlos bordeando los ocasos<br />
en cada corte repentino de la escala<br />
así los vi vivir desde su tierra errante<br />
sellando paso firme en el vacío<br />
quedándose vacíos a cada rato<br />
fabricando otro sueño<br />
a cada sueño roto<br />
esperando en silencio<br />
el famoso tributo a cada esfuerzo<br />
la vuelta de la vida que te paga<br />
la redención de todos los pecados</p>
<p>vi iluminar sus rostros<br />
en el momento mismo de cada alumbramiento<br />
disolviéndome en abrazos más seguros<br />
que el sol que me gobierna<br />
yo deshice su dios y sus esquemas<br />
yo desandé sus sueños y sus mitos<br />
para crecer mis alas<br />
y empezar de nuevo<br />
me enojé con su amor y sus misterios<br />
les negué más placeres que fracasos<br />
y ellos lo saben<br />
porque saben del miedo<br />
y ahí siguen impasibles   secos   quietos<br />
esperando un regocijo de alto vuelo<br />
el júbilo y la risa a carcajadas<br />
que todavía llevo<br />
embutida en mis huecos                             </p>
<p>*de Lucía Cinquepalmi luciaguionbajo@gmail.com<br />
 -abril del 1998.</p>
<p>LA GLORIOSA DE BOEDO*</p>
<p>Mis ojos no aceptaban otro rostro.<br />
El escenario elevaba su estampa hasta la línea de la luna.<br />
Su magnificencia danzaba entre batucada sanguínea y trajes de brillo dispar.<br />
Su voz se incorporaba a mi piel apunando emociones.<br />
Y la escuchaba cantar... y la descubría bailar.<br />
La adivinaba cerca y estaba tan lejos.<br />
Contemplarla pronosticaba garúa en mis retinas.<br />
Y en mi adentro se establecía el carnaval de su guapeza, su hermosura, su esplendor...<br />
Como olvidar los modales de sus ojos, la silueta de su cabellera,<br />
el perfil de su cuerpo, la elegancia de sus gestos, el tono de sus movimientos.<br />
Que ganas de abrazarla hasta lo inagotable.<br />
Que ganas de ofrendarle mi amor todas las mañanas en el altar de sabanas y bostezo.<br />
Que ganas de extender mi mano y obtener la seda de sus dedos.<br />
El carnaval dijo hasta pronto. Las comparsas iniciaron el exilio.<br />
Los estandartes, las fantasías, la percusión, dejan en el cielo su mueca.<br />
Las desinhibidas coreografías, los pasos discontinuos y las caminatas desalineadas<br />
mudan su algarabía a otros suburbios.</p>
<p>Mi mirada quedo absorta enfocando el escenario, buscando su luminosidad,<br />
su semblante único, sus rasgos incomparables, su rostro inmejorable. </p>
<p>Y allí permanezco, en la esquina indicada, esperando el colectivo de la alegría,<br />
ese que ella conduce cada Febrero haciendolo rodar por Boedo y mis recuerdos....</p>
<p>*de Damian Bonavota. damianb@cuspide.com</p>
<p>LA ESPERANZA*</p>
<p>Era un refugio la esperanza.<br />
Que el sol reverenciara la mañana,<br />
que alguien me diera su sonrisa,<br />
que entendiera el trino de los pájaros,<br />
que flotara en la nube, que brincara<br />
sobre buenos deseos y promesas.</p>
<p>El refugio era la esperanza…<br />
Pero un pájaro murió sin dar su trino<br />
y el sol enlutó su sentimiento;<br />
por eso amaneció un poco tarde.<br />
No hubo ni promesas ni reencuentros…<br />
¡Qué desnuda quedé ante la vida<br />
cuando enterré en el jardín mis esperanzas!</p>
<p>*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar</p>
<p>*</p>
<p>Inventren Próxima estación: CASBAS.</p>
<p>Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar<br />
http://inventren.blogspot.com/</p>
<p>*</p>
<p>LA JIRIBILLA.</p>
<p>-Revista de cultura cubana.-</p>
<p>http://www.lajiribilla.cu/</p>
<p>*<br />
Queridas amigas, apreciados amigos:</p>
<p>Este domingo 11 de octubre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Almeida Prado. Las poesías que leeremos pertenecen a Juan Martín Giansanti (Uruguay) y la música de fondo será de Surazo (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición! </p>
<p>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at </p>
<p>(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!  (Recomendamos usar http://24timezones.com/  para conocer las diferencias horarias).</p>
<p>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! </p>
<p>Freundliche Grüße / Cordial saludo! </p>
<p>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br />
www.euroyage.com<br />
Schießstattstr. 37    A-5020 Salzburg    AUSTRIA<br />
Tel. + Fax: 0043 662 825067 </p>
<p>InventivaSocial<br />
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br />
Plaza virtual de escritura</p>
<p>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br />
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br />
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.</p>
<p>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/</p>
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<p>*Escribir a Eduardo Francisco Coiro.<br />
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