BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com Wed, 01 Jul 2009 12:17:53 +0100 BITÁCORA DE UN SOCIÓLOGO FRACASADO http://static.nireblog.com/imagenes/logo.png http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com http://nireblog.com INVENTREN: DE CARHUE A PUENTE ALSINA http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/05/21/inventren-de-carhue-a-puente-alsina http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/05/21/inventren-de-carhue-a-puente-alsina A Don Mario*

En mis versos
hay mujeres,
y perdóneme maestro
si le robo ideas
y arrebato su prosa,
su palabra.
Si ignoro el (c) copirái
y tomo sus derechos de autor
como derechos de tutor.
Es que hacía rato
que no tenía un maestro, ¿¡sabe!?
y, a esta altura de la vida,
que se desvive de a ratos,
uno necesita no estar tan solo
en las ideas
y en las noches tristes,
como ésta.
Y necesita decir cosas,
que usted ¡ha dicho tan bien!,
y que la prosa la obligue
a olvidar su tren.

Hice acaso, caso de sus consejos
y no pulí demasiado
mis pobres palabras,
no me esmeré con los verbos,
ni reparé en adjetivos;
pero si usted las conociera
(A las mujeres digo)
sabría que merecen sus poemas,
no los míos.

A Don Mario /2*

Vuelvo a insistirle, maestro,
que no se asombre
si encuentra que le falta un verbo,
que un gerundio suyo
asoma entre los míos.

Me tomo la licencia
de nombrarlo por decreto
-tal lo acostumbrado en estos días-
maestro mío,
y de disculparme
por el hurto apasionado
y sin segundas intenciones;
pero cuando el hambre apremia,
-de palabras, digo-
no hay decencia ni castigo
que acobarde a los ladrones.

*de Sergio Velovich. savelovich@yahoo.com.ar
Bahía Blanca, julio del 2001

Inventren
-Capítulo 0: Las estaciones de Carhué a Puente Alsina.

CARHUÉ.

J. V. CILLEY.

ROLITO.

SATURNO.

SAN FERMÍN.

CASBAS.

EDUARDO CASEY.

ANDANT.

CORONEL M. FREYRE.

ENRIQUE LAVALLE.

CORACEROS.

HENDERSON.

MARÍA LUCILA.

HERRERA VEGA.

HORTENSIA.

ORDOQUI.

CORBETT.

SANTOS UNZUÉ.

MOREA.

ORTIZ DE ROSAS.

ARAUJO.

BAUDRIX.

EMITA.

INDACOCHEA.

LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.

J.J. ALMEYRA.

INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.

PARADA KM 79.

ENRIQUE FYNN.

PLOMER.

KM. 55.

ELÍAS ROMERO.

KM. 38.

MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.

MERLO GÓMEZ.

RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.

JUSTO VILLEGAS.

JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.

ALDO BONZI.

KM 12.

LA SALADA.

INGENIERO BUDGE.

VILLA FIORITO.

VILLA CARAZA.

VILLA DIAMANTE.

PUENTE ALSINA.

INTERCAMBIO MIDLAND.

¿Por qué el "Midland"?*

Si el tren existiera en su extensión original, un trabajador del Gran Buenos Aires, podría ir a pasar un fin de semana a Carhué. Un abuelo disfrutar de las aguas termales. Un niño de Ingeniero Budge conocer el campo. Pequeños productores acercar sus productos o simplemente venderlos en cada una de sus estaciones. Algunas que hoy son sólo fantasmas rodeadas de campo podrían volver a ser habitadas.
Parecen ejemplos obvios y a la vez pobres, de la multiplicación de beneficios de un retorno que fuese pensado y proyectado para un bien común.
Este recorrido es también un desafío a la imaginación. Alguien que conozca a los actuales trenes
-precarios y con fama de peligrosos que corren desde Puente Alsina hasta Marinos del crucero General Belgrano- podría ver que hay "otro tren" posible.
Por diferentes caminos he llegado a la idea de la literatura como el modo de reparación más efectivo de la realidad. Los invito a compartir esta nueva aventura.

*Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@yahoo.com.ar

DE PUENTE ALSINA A CARHUE, IDA Y VUELTA*

*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar@rocketmail.com
http://choloar.tripod.com/choloar.html

No llevo diario personal, pero recuerdo, recuerdo que fue en el atardecer del 23 de marzo de este año 2009 de calendario gregoriano. Recuerdo la fecha porque iba a saludar en su cumpleaños a una persona que quiero mucho. Venia en el colectivo 85 rumbo a Bernal, cuando, casi instintivamente, hago cada vez que cruzo al puente Uriburu, miro para el lado de la estación Puente Alsina del Ex ferrocarril Midland, y a lo que era su contigua playa de cargas. Y recuerdo cuando con mi hijo de pocos años, iba a recorrer por los galpones de carga, a lo que quedaba de aquellos coches motores Ganz, que se trajeran a la Argentina allá por 1936.
Hace un tiempo he incorporado a mi batería conceptual, la noción jungiana de “sincronía”,por eso ya no me parece ni azar ni causalidad, que una vez mas haya recibido el estimulo de contar algo sobre mi “rollo “ con el Midland, que ahora caigo porque que se llama así el club, con que participaba en el torneo de Primera “C” de la AFA, el club de mis amores Defensores de Cambaceres, allá por 1959( Se cumplirá medio siglo de la obtención de ese campeonato por los “bichos colorados” de Ensenada).
Esta algo difusa la circunstancia en que me entere que el Midland llegaba hasta Carhue. Pero me acuerdo muy bien, cuando vi al pasar por la estación Carhue , rumbo a Darregueira ,aquella nublada parte del 8 de julio de 1972, vi al galpón de los coches motores, cuyas ruinas volví a visitar, esta vez de paseo por Carhue, en Agosto del año pasado(2008).
Toda vez que puede, desde hace décadas, recorro los pueblos de la Pampa Húmeda (Incluido el sector conocido como “Pampa Gringa”).La visita al mueso local, forma parte de aquellos recorridos. Es curioso pero en el Museo de Carhue, no hay casi referencias al Midland, pero si hay como en la mayoría de estos pueblos, vestigios documentales, fotográficos y objetos tridimensionales, de esa suerte de esplendor que surge de aquella argentina de las dos ultimas décadas del siglo XIX, hasta la guerra del 14.Y El Midland es un componente de esa etapa, que nos provoca extrañas sensaciones, y que nos lleva a sacar conclusiones muy distintas, a las que surgen de los libros donde se intenta interpretar esa época.
Hacia 1910, en medio de la euforia que generaron los festejos del Primer Centenario Argentino( ¿Se creara un clima similar en el Segundo Centenario, ya próximo?),llegaban los ferrocarriles Sud, Oeste y Midland; los dos primeros de trocha ancha y de trocha angosta el último. Eso aun se percibe en el amplio cuadro de la estación ferroviaria, en trance de devenir en Terminal de ómnibus.
Atento la importancia del ferrocarril por esos tiempos, se colige que las empresas propietarias ,no lo hacían por filantropía, sino porque se pensaba en un centro turístico de nivel internacional, aprovechando las propiedades curativas de la laguna Epecuén, ya conocidas por los que estaban allí desde el origen, y fueron desalojados compulsivamente por la “conquista del Desierto”.
Panoramas similares, he observado, casi en ruinas, en Sierra de la Ventana, en el hotel Edén de la Falda, en Alta Gracia.
Pero volviendo a aquel 1972, del que tenemos recuerdos precisos en cuanto a las fechas, porque estaban ligadas a nuestra entonces condición de corredor de carreras pedestres, vuelvo a mi “rollo” con el Midland, a raíz de una vez que por los motivos apuntados fui a Henderson, población erigida como consecuencia del paso del Midland por allí. Después de la carrera, el 19 de noviembre de 1972, me fui para la estación para esperar el coche motor procedente de Carhue, que me llevaría a la estación Tapiales donde tenía horario de llegada a las 2150. Mientras esperaba, comiendo un sanguche, se me acercó un peón del ferrocarril, sugiriéndome me subiera al tren de carga que se aproximaba, así al menos iba ganando tiempo del viaje. Le agradecí y le dije que esperaría el tren. Al rato aparecieron oros colegas del deporte, que habían sido invitados a un asado y nos aprestamos a esperar el tren, que llego en horario. Me quedó la imagen del empleado de correos (El tren hacía de vagón postal) que tenia un gorro muy pintoresco con el escudo de la empresa de Correos y Telecomunicaciones. El coche motor (de los viejos húngaros, ya que luego vendría una versión posterior fabricada por la Hungría comunista), tenía compartimentos como los que se ven en las películas de los trenes europeos.
Partió raudo el coche motor, con ese peculiar ruido que hacían sus motores. Creo que alcanzó a pasar por la estación Herrera Vegas. Y al llegar a Ordoqui, se “plantó” el motor. Y nos avisaron, que teníamos que esperar que venga, una locomotora para remolcarnos. Ya pasa ese entonces, la línea era de pocas frecuencias, así que vaya a saber que donde vendría la locomotora. Así las cosas, nos bajamos el tren y fuimos a comprar lo que se podía, en el bufet del club Sportivo Ordoqui, algunos de sus simpatizantes, regresaban de un partido de fútbol disputado en algún otro pueblo de la liga regional.
Al largo rato llegó la locomotora, e inicio el lento remolque del coche motor con nosotros arriba. Fue aquella una noche muy fría, y todos estábamos arrinconados en el compartimiento dándonos calor con nuestros cuerpos. Así arribamos a otro día a Tápiales alrededor de las 11 de la mañana…
El Midland, del que ya había sugerencias para lo, antes de la nacionalización de 1948, fue obviamente incluido en el malhadado plan Larkin de 1962, y clausurado y levantado entre 19786 y 1977.
En la travesía a pie que hicimos en el veranos austral de 1986, pasamos por la estación Baudrix, cuyas instalaciones se veían ocupadas, pero en muy mal estado de conservación, y se veían todavía unos galpones para cereal, donde todavía se podía leer la inscripción “Apoya al Segundo Plan Quinquenal”, refiriéndose al plan de gobierno 1953 -1957, abortado en 1955 por la "Revolución Libertadora".
Con el tiempo nos fuimos enterando que el origen de esta línea fue una concesión otorgada por la legislatura de la provincia de Buenos Aires en 1904.En esa época era común que el que obtuviera la concesión se la terminara vendiendo a inversores extranjeros, por lo general ingleses, los que le dieron el nombre de conservaría hasta 1948, es decir Midland. Hoy resulta claro, que el Midland tenia instalaciones portuarias sobre el Riachuelo, en una época que se lo navegaba comercialmente( Actualmente hay proyecto para darle ese uso hasta el Mercado Central, situado aguas arriba), además tenia un ramal (aun existente) que lo vinculaba al entonces Mercado Nacional de Lanares,(Que existía donde hoy hay monobloques enfrente a la estación del ex ferrocarril Provincial de Avellaneda), y por allí donde hoy esta la cancha de Independiente y la de Racing, se conectaba con los frigoríficos del riachuelo, y hasta tenia alguna entrada al puerto de Buenos aires.
Este ferrocarril corría muy cercano a otros y en un punto hasta se cruzaban con los ferrocarriles Compañía General y provincial (ambos de trocha angosta) y también con el Ferrocarril Oeste y aun con el Roca. No se podía decir que las zonas que surcaban estaban desconectadas. Pero a partir de la inexorable aplicación de la ley nacional de vialidad de 1932, era evidente que los intereses del automotor y del camino pavimentado sustituirían tarde o temprano a estos ferrocarriles, que eran de tráficos débiles. EN 1947 se nacionalizó el Compañía general Buenos aires. En 1948 el Midland y en 1951, el provincial fue “nacionalizado”, seguramente aprovechando la caída en desgracia del gobernador Mercante. En 1954, alcanzaron a fusionar al Provincial, el Midland y el Compañía General, en Ferrocarril Nacional de la Provincia de Buenos Aires, pero su resultado fue efímero.
Pareciera que recién en estos tiempos se esta comenzado a asumir la tropelía de haber levantado estos ferrocarriles de trocha angosta. Nos sigue quedando la perplejidad de lo que implicaba su puesta en marcha, y lo que se fue apagando como consecuencia de la finalización de la Gran Guerra.

-Buenos Aires 18 de mayo de 2009

EL PUENTE DE LA VIA*

Si no tuviéramos recuerdos,
no tendríamos conocimientos.

I

El puente estaba a una docena de cuadras, no más, de dónde vivíamos cuándo éramos niños, pero a nosotros nos parecía que la distancia era enorrrme, y siempre tentaba con su sabor de aventura.-
Teníamos necesariamente que hacer un tramo caminando por las vías, después de andar las últimas tres o cuatro cuadras del pueblo hasta el paso a nivel donde ahora estoy parado; contemplando y recordando esas vivencias infantiles, que pasaron hace ya varias y largas décadas.-
Estoy justamente en el cruce de la vieja vía con el camino.- El que saliendo del pueblo va recto al norte, pasando por las chacras sembradas.- El lugar está en parte casi igual; los grandes eucaliptos viejos, enormes y retorcidos siguen allí adelante, al borde, a mi izquierda.-
Claro que están más viejos que entonces, y faltan algunos, tumbados poco a poco por los vientos de tantas tormentas y algunos talados sin mayor conciencia. También falta enfrente un gigantesco Ombú, pero allí ahora fue avanzando el borde urbano, por lo que lo que era campo, hoy son calles vestidas de casas.-
Incluso desde aquí vislumbro a través de los rugosos troncos y altos pastos la vieja casona donde entonces íbamos los domingos con Audino, mi hermano mayor, a escuchar los partidos del campeonato por la Radio, cosa que nosotros aún no teníamos, y allí vivían varios chicos de la edad de él, primos entre sí, que eran compañeros en el Colegio.-
Ellos no eran ni amigos míos, ni compañeros, y hasta les tenía algo de temor, o recelo. Incluso los mayores, que se sumaban al grupo, eran para mí extraños. Uno tenía largos bigotes como ya no se veían, de otra época, retorcidos y puntiagudos. En esos años tuvo un trágico final este hombre imponente. Una noche lluviosa murió de un tiro de revólver en la ladrillería que tenían cerca de la amplia casona; un peón ebrio, de turno en el horno, puso fin a su vida, parece que por problemas pasionales o tal vez sólo por el vino.
Otro era tullido y usaba muletas, y era muy apacible y amistoso y a él sí le agarré mucho cariño. Siempre tocaba las conexiones de los cables con la batería, cuando la radio chirriaba o enmudecía.
Yo trataba de tener claro en qué constituía el equipo y cuál era su magia. El receptor, que en sí era todo un mueble, los cables con sus bornes, la batería o acumulador, el molinillo de viento que proveía la recarga, y la antena aérea, de altas picanas como mástiles, con sus riendas y blancos aisladores y el oscilante hilo de cobre con su bajada. Toda una instalación. Y... , las estaciones estaban a gran distancia. Se escuchaban pocas y eran casi todas de Buenos Aires, pero todavía no eran muchas las casas que podían tener una.
Pero no era sólo la pasión del fútbol ni las tardes de radio, sino recorrer este camino y su entorno, salir de nuestro pequeño mundo, y alejarnos de las últimas casas del pueblo, cruzar la vía, y adentrarnos en lo que había más allá. Cruzar la vía era el comienzo de la aventura. Más allá era otra cosa, el camino era largo, infinito, y hablaba de otros lugares que conocíamos sí, pero que estaban cargados de encanto. Hasta ese pequeño tramo era un viaje, un verdadero viaje, donde pasaban tantas cosas lindas: las llamativas alas pintadas del pájaro que nos rozó volando, el otro que estaba cerquita en un arbusto del alambrado, o la liebre que descubríamos en su carrera por las puntas de las largas orejas que asomaban zigzagueando en los pastos, o de pronto, una perdiz que nos mató de susto al alzar vuelo casi debajo del pie.- ¡ PPPPRRRR rrrrrr ...!
O la forma de aquel Tala, con su copa ahuecada y tupida como una techumbre, o aquella rama perfecta para una honda, o el ulular del viento, la frescura de una sombra, el flamear de los pastos; o los vertiginosos y traviesos remolinos de verano, levantando polvo, pastos, y papeles que quedaban girando, y se descolgaban lentamente del cielo, revoloteando como desilusionados, mientras que del remolino no quedaba ni rastros...

II

O sea: contemplo lo que queda y me transporto en el tiempo; mientras piso los rieles enterrados, soñando. Pero si bien detrás de mí el pueblo se convirtió en ciudad y el pavimento llega precisamente hasta la vía, hacia el norte el camino sigue polvoriento; pero en la vía el tren no pasa desde hace muchos años, veinte al menos.
Aquí el polvo del camino le puso una capa ya permanente y cada vez más compacta, dura como una lápida, y triste como una mortaja. A un lado y otro del camino los rieles abandonados duermen entre el pasto que los ha ido tapando casi por completo, y por momentos se dejan entrever entre la fronda de la gramilla por el pálido brillo que reflejan del sol de la tarde en el dorso casi opaco, y más adelante se adivina la vía y la curva que aquí comienza, redondeada y suave, más por la memoria que por la evidencia.-
Antes, ese brillo nos cegaba cuando caminábamos contra el sol, ya que el tren al pasar una y otra vez los mantenía pulidos como espejos, y la gramilla y otros pastos se mantenían prolijamente fuera de la franja que formaba la vía con el ancho de los durmientes a flor de tierra. A cada lado del cruce, en la línea del alambrado, los guarda-ganados impedían que los caballos, vacunos u otros animales grandes, ingresaran a las vías por obvias razones de seguridad.
No eran profundos, pero a nosotros nos atraían y nos demorábamos en pasar pisando, una y otra vez sobre las rejas, como demostrando el valor que teníamos, especialmente cuando los domingos estábamos acompañados por los demás chicos, con los que solíamos ir a jugar. Hoy están tapados en tierra, o quizás ni estén allí, porque no se ven ni rastros, al menos a simple vista.

III

Hacia el este del paso a nivel, la Estación quedaba a unas veinte cuadras, y la vía terminaba de hacer la curva y seguía recta unas diez cuadras hasta otro paso a nivel; pero aquello estaba fuera de nuestro alcance, al menos en esa etapa. Aquí teníamos suficiente. Aquí mismo a la derecha están todavía los galpones de una fundición de hierro, y enfrente una ruidosa desmotadora de algodón, que nos tapaba en polvo y humo, además de un constante zumbido de sus extractores, ventiladores y ciclones, que nos arrullaba y nos despertaba, una u otra.-
Al costado de la vía, formaban montones los residuos de borra y metal fundido, entre los que encontrábamos enorme cantidad de municiones de hierro, más o menos redondeadas, especiales para tirar con las gomeras, que justamente por su peso y su redondez, aseguraban una trayectoria de verdaderas balas; hoy diría que hasta sumamente peligrosas… Ese montón de desecho tenía incontables buscadores de proyectiles, que nosotros almacenábamos para nuestras correrías.-
También era campo de pruebas, porque la tentación era ver como se tiraba con estos o con aquellos, y los blancos predilectos eran los aislantes de porcelana del telégrafo, que bordeaba la vía junto al alambrado. Algunos chicos de nuestra edad, o un poco mayores eran unos verdaderos inadaptados, capaces de cualquier maldad, por lo que eso, era una nadería.-
Eso, o matar inofensivas palomitas, horneros, cuises, etc., que hoy horrorizaría a cualquiera, aquella vez pasaba desapercibido. Aún no se hablaba de ecología ni de especies protegidas, y casi, casi, ni de amor a los animales; al menos, no con la conciencia conque hoy se está asumiendo, y menos a los niños, y menos que menos a esos niños...

IV

A una calle de la vía vivíamos nosotros, y ver pasar el tren era una diversión que no menguaba por más que lo hacíamos todos los días, mañana y tarde. El más interesante era el tren de carga. No tenía un horario, como el de pasajeros, pero pasaba después de media tarde y en el invierno, durante la temporada de la caña de azúcar, íbamos al borde a esperar su paso, y nos solían arrojar cañas enteras o trozos, y para nosotros eran trofeos tan valiosos, que volver con cierta carga nos llenaba de gloria.
Recuerdo las emociones de la espera. Ver al maquinista o al foguista esconder o balancear las cañas que nos arrojarían, tras elegirnos; porqué a veces éramos varios los chicos que esperábamos junto al alambrado. Era todo un juego, para ellos seguramente divertido, para nosotros, angustioso. Si el tren era largo siempre había más gente en los vagones o en las chatas, que hacían otro tanto.
Pero no era necesariamente pareja la cosecha, era más bien cosa del azar. Todos guardábamos una estratégica distancia uno de otro, asignándonos en el momento un territorio; y desde nuestra posición aguardábamos expectantes. Ver que se fijaban en uno y revoleaban el trofeo en nuestra dirección, y caía más o menos cerca, pero entre las matas de paja brava, y había que encontrarla, a veces disputándola fieramente con el chico vecino; y otras veces con la poca luz del ocaso, se terminaban perdiendo y proseguíamos la búsqueda al día siguiente. No era seguro que la caña nos esperara, quizás el ocasional vecino nos habría madrugado.

V

Justo enfrente, cruzando la vía, había una pequeña franja de monte. Un montecito. No tendría más de media cuadra de ancho, y una cuadra de largo. Pero tenía todos los tonos de verde, y bastaba para que a nosotros nos pareciera una selva virgen, inhóspita, y cuajada de peligros...
Aromos, chañares, espinacoronas, arbustos y enredaderas, tunas con sus tentadoras frutas, pero erizadas de púas, cardos con sus varas floridas, insectos que zumbaban, diversos pájaros que anidaban allí, y un sendero bastante sinuoso que lo atravesaba; en una punta una lagunita, donde solíamos sentarnos por horas, con mi hermanito menor, Reinaldo, y a veces algún vecinito, a la sombra de los algarrobos que la bordeaban y hacíamos que pescábamos tirando los "bogueritos" entre los juncos , mientras observábamos las ranas o los sapitos, y los caracoles y los rojos racimos de huevos pegados a las pajas sobre la línea del agua.
Nunca la he visto seca a la pequeña laguna, ni en tiempos de sequías, y eso que no era más que un charco. Hoy me parece increíble, pero entonces hasta contemplaba hipnotizado las larvas de los mosquitos que tras la lluvia pululaban en la superficie, y minúsculas arañas que tejían redes entre las ramitas de la orilla.
Llegar al montecito, entrar en él bastaba para convertirnos en legendarios exploradores, arrojados cazadores, o valientes e intrépidos personajes como el mismísimo Tarzán de los monos... Como tenía inventiva fabriqué una pequeña ballesta, con su travesa, su tensor, su gatillo; y con unas afiladas varillitas metálicas como flechas.
Eufórico, tras comprobar su funcionamiento y su eficacia, me fui al monte, a la jungla, en busca de aventuras... Buscaba una pequeña pieza de caza, quizás algo peligroso, algo que valiera un tiro de mi portentosa ballesta... Tras moverme con cautela , despacio y sin ruido, al acecho, por más que estuve quieto largo rato, no he visto nada que se moviera; a no ser una rana verde que saltó entre las ramas de un árbol bajo y no dudé, casi diría que fue sin querer, disparé la flecha-varilla y la rana quedó atravesada, ensartada entre las ramas.-
Me quedé duro.
Si le tenía repugnancia a las ranas y a los sapos, al menos vivos los veía sólo un instante y a cierta distancia; pero ahora tendría que arrimarme y recuperar la flecha, pese a todo no estaba dispuesto a perder una de mis valiosas varillas de metal con un filo tan trabajado, no; para nada. Así que formé de tripas corazón y lo hice, me sobrepuse al asco, tomé al pobre batracio muerto y le saqué la flecha, y allí terminó la cacería, y con el estómago revuelto volví a casa. Nunca volví a tirar ni al blanco con el artefacto, y no supe decir en casa, porque no probé bocado en la mesa, ese día al menos.-

VI

El puente de la vía me queda al oeste. Solíamos venir por varios motivos. Indudablemente tenía su magia. Uno era la pesca. Y de tanto en tanto sacábamos alguna pequeña tararira, tanto para dejarnos con ganas. Si bien bajo el puente siempre había agua, y era bastante honda, no era más que un zanjón, que provenía de una cañada de las cercanías y que solo traía agua cuando llovía, que a su vez volvía a formarse cañada más adelante en el bajo, antes del puente del camino, y así sucesivamente.
Una vez, estando en primer o segundo grado, un compañero, más grande y muy corajudo ya de pequeño, porqué después estando él siempre era el líder de nuestro grupo; me convenció que lo acompañara a la casa de uno de nuestros compañeritos de la escuela que vivía en la zona rural. De ida fuimos por el camino, pero de regreso dispuso que regresáramos cruzando el bajo, a campo traviesa.-
El asunto es que había llovido hacía poco y la cañada tenía agua y si bien corría bastante no parecía honda. Además era como una maraña cruzada de pequeños zanjones y se podían pasar pisando los islotes que formaban. Todo a pequeña escala. Pero a poco era más ancha de lo esperado y más correntosa. Los pequeños canales se hacían difíciles de sortear, y un par de veces caímos y trepamos. Además yo era más chico y se me hacía difícil.
El no hablaba de volver.
Era aguerrido.
Pero sentí realmente miedo y tuvimos momentos difíciles, hasta que finalmente pasamos lo peor, terminamos volviendo a casa, mojados y temblando. No sé a él, porque era muy corajudo, pero a mí no se me borró nunca el miedo que pasamos aquel día.

VII

Ir por la vía hacia el puente era de por sí un paseo.
Tratábamos de caminar haciendo equilibrio por los rieles y pisar sólo de tanto en tanto el suelo para mantenerse, ya que los durmientes hacían desparejo el piso, además llevaba una zanja de desagüe cada dos durmientes a un lado y a otro alternativamente. Por lo que caminar requería atención y un paso coordinado.
Aunque para nosotros era un juego.
A la izquierda había un viejo aserradero, con una playa llena de grandes troncos, o piezas de madera, que llegaba hasta el borde de la vía. A la derecha había una excavación profunda, de donde sacaban tierra arcillosa para la ladrillería. Esta era la misma que correspondía a la casona de los grandes eucaliptos. Era frecuente que aquí viniéramos a bañarnos en los días de calor, especialmente a la siesta.
Todos sentíamos temor a que llegara la gente de la ladrillería, aunque estaba la cava al borde de la vía y además no hacíamos ningún daño. Nos bañábamos desnudos, y sabiendo lo vulnerables que quedábamos, dejábamos la ropa muy a mano, aunque salir del agua no era fácil ya que era barrancoso y la arcilla de por sí resbalosa.
En una de esas, en lo mejor del baño refrescante, sentimos el galopar de caballos y un griterío que asustaba. Verlos y tenerlos encima fue todo uno. Cada cual salió como pudo manoteando la ropa y cruzando el alambrado, y por las dudas correr a más no poder...
Nos vestíamos mientras corríamos. Tampoco era para tanto. Ellos no habrían estado más que divirtiéndose, pero nadie se quedó a averiguarlo. Había un chico nuevo en el grupo. Siempre estaba muy bien vestido.
Cuando todos nos juntamos en el paso a nivel él aún estaba desnudo con las ropas en la mano, temblaba de miedo, además había dejado el sombrero al borde del agua, y decía llorando que no podía volver a la casa sin el preciado sombrero. ¿Volver a buscarlo?... - ¡Ni locos!,- y el grupo se disolvió mientras él aún no lograba vestirse...
Quedé con él, y él allí firme, temblando; encima yo lo había invitado...
- ¡Bueno, vamos! – dije en un arrebato cargado de súbito coraje…
Y nos volvimos los dos solos. ¡Además los ladrilleros no iban a estar allí esperándonos! La verdad es que no podíamos estar seguros si se habían ido, porque el borde de la cava tenía una zona de arbustos, que nos impedía ver hasta que la trasponíamos, y ahí ya estaríamos adentro...
Pero sí, media docena de chicos y no tan chicos, estaban con sus caballos aún allí. Nos quedamos un momento duros, luego usé mi salvoconducto, que esperaba me sirviera: Yo era conocido de ellos, al menos de algunos. Así que me animé y les mostré el sombrero en el suelo, y le dije que era de mi amigo, y que veníamos a buscarlo.
No hicieron gran cosa, así que alcé el sombrero, los saludé con el sombrero mismo, y rápidamente me volví alcanzando a mi compañero, que ya se me había adelantado bastante, y estaba en medio de la vía; y aliviado, me vine riendo porqué yo creía, que no teníamos que haber disparado de ese modo.-
Al fin me había portado como un pequeño y valiente quijote.

VIII

Más adelante había sendas ladrillerías a ambos lados, y aún más adelante el puente. El puente era de hierro, y ladrillos, de cuando hicieron el ferrocarril. A veces veníamos a bañarnos, aunque yo siempre conseguí zafar porqué me daba miedo. Otras a pescar. O solamente a divertirnos. Pero el lugar era fascinante. El terraplén bajaba en un declive abrupto, con tortuosos caminitos que bajábamos a trompicones, entre tupidas matas y verdes plantas de ombúes nudosos.
A los costados había chacras sembradas.
Una siesta de domingo, muy calurosa, mientras el pueblo quieto y somnoliento, descansaba de los sudorosos días de la semana; nosotros, media docena de compañeros, llegábamos una vez más de excursión al puente. A lo lejos, un horizonte azulado y difuso, que el calor hacía reverberar, se veía como a través de un cristal ondulado y movedizo; mientras el silencio que nos envolvía contenía un mundo de pequeños zumbidos, chirridos y silbidos, propios del verano y de la hora, en que imperaban las chicharras y los pequeños insectos.
Nos sentíamos felices por estar allí; libres, aventureros, ansiosos…
Unos bajaron del terraplén antes del puente, y otros lo traspasamos, bajando al otro lado de la ancha y lagunosa poza, repartiéndonos así las orillas de pesca.
El más corajudo lideraba como siempre las acciones. Atento por encontrar en qué demostrar su liderazgo, además de tener una inclinación a vencer obstáculos o pequeños peligros.
Se le ocurrió venir a nuestra orilla, atravesando el estrecho pero profundo curso de agua que bajaba a la cañada; sosteniéndose sobre el alambrado, aunque faltaba algún poste, y los hilos sólo unidos por las varillas, se balanceaban peligrosamente a medida que avanzaba. Llegado a la mitad, el alambrado se volcó aún más, haciéndole casi tocar la espalda en el agua, lo que lo obligó a apoyarse pisando un trozo de tronco medio podrido, que flotaba junto a camalotes y deshechos, y la correntada empujaba, manteniéndolo contra lo que quedaba del inestable tendido…
El tronco, que era en parte hueco, se hundió en la punta que pisaba, y de la otra comenzaron a salir víboras en cantidad, tan asustadas como él, subiendo a los camalotes y palos, y otras nadaron zigzagueantes buscando la costa más cercana.
Gritamos o saltamos, y corrimos, no recuerdo bien. Sé que después nos organizamos y entre todos lo ayudamos a salir.
Era el precio que a veces le tocaba pagar.

IX

A veces cuando no tenía clases y en casa me permitían, llevaba a mi hermano menor a que me acompañara. Una mañana de sol pero con mucho viento, volvíamos a casa ya cerca del mediodía, embelesados con el ondular de las cañas y el silbido de las ramas, con los mechones de hojas flameando hacia el sur, por efectos del fuerte viento norte.
Un silbido me pareció más fuerte y me volví, justo a tiempo para ver casi encima nuestro, la tremenda mole de la locomotora del tren de pasajeros, que nos pitaba seguramente desde hacía rato, resoplando vapor y humo negro. Empujé a mi hermano violentamente a un costado, y yo alcancé a saltar al otro, y desde el suelo vimos pasar a un metro, semejante monstruo, con su diabólico movimiento de cigüeñales y de bielas, entre quejidos y bufidos de horrenda bestia metálica.- Sentados vimos como se alejaba el último vagón, en una humareda y pitidos anunciando como siempre, que estaba llegando una vez más.
No hablamos en todo el camino, y el susto no se nos iba por mucho tiempo. No podíamos creer de lo que nos habíamos salvado. De esto ni una palabra en casa, no sea que nos merme el permiso para volver otro día.

X

De todo esto me voy acordando mientras camino lentamente por la vía, o lo que queda de ella, mirando absorto el piso, los desagües borrados, los rieles semiocultos en el yuyo, los durmientes que sólo asoman alguna esquina de tanto en tanto, me paro antes de llegar al puente, me acuerdo de la excavación y me cuesta encontrar el lugar donde estaría; una irregularidad del terreno, con las barrancas borradas y cubierta de chañares, todo el terreno aledaño cubierto de ramas, en un verdadero abandono. Por aquí más o menos habrá sido, cuando el tren casi nos atropella.
Me siento un rato y sueño.
Cuando me incorporo veo semi-enterrada contra el borde de un durmiente, una bolita de vidrio de colores, un "bochón", como le decíamos entonces..., y no sé si en serio o en broma, me parece igual al que mi hermano siempre llevada, en el bolsillo de su pequeño "jardinero". - ¿Puede ser? ¡Claro que no! ¡A quién se le ocurre! - Encontrar una bolita así de aquel tiempo, así sin más...
Pero no sé, me quedo pensando en eso, y por las dudas, guardo muy bien el bochón colorido de vidrio, y me pregunto: - Pero; ¿Y ahora, habrá bolitas así?-
Un poco más y llego al puente.
Sigue estando, incluso tiene agua, pero no están los ombúes y un ramerío de espinas cubre los costados del terraplén.- Espinas y cardos y rameríos enmarañados, después de dos o más décadas de abandono.-
No es más que una ruina, nada que ver con aquello.

*de CELSO H. AGRETTI. celsoagr@trcnet.com.ar
Avellaneda S.Fe
19 /12 /02

-NOTA: Escrito en una tarde calurosa.-
Del libro "Los días felices", edición del autor; 2005.

*

Un gallo invisible hechiza
el alba inconclusa.
Los sueños aún
hilan la gracia
de la noche.
Es la hora
en que tú aliento
roza mi sueño
y lo multiplica
en una avenida
de espejos.

*de SANTIAGO BAO. santinebao@gesell.com.ar
-Selección de "Cantos del río del Este"
Editorial La luna que..., Bs.As., abril de 2009.-

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Comments

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Thu, 21 May 2009 17:29:45 +0100
edición mayo 2009 http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/05/14/edicion-mayo-2009 http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/05/14/edicion-mayo-2009 *

Como un perro con la cola entre las patas. Con el maquillaje corrido por las lágrimas.
La bronca reprimida de impotencia, gruñía entre los dientes apretujados por su silencio.
No se animaba a compartir su dolor, tenía tanto miedo que no la quisieran tal como era.
Fumigaba con pesticidas sus afectos más puros. No era tan noble ni tan simpática como presumía. Su valentía era la coraza para ser aceptada.
En la inmensidad de la noche, sobrellevaba tediosamente su verdad.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Mi corazón arrulla viejas canciones*

Mi corazón arrulla viejas canciones.
Ronronea con ellas, se sumerge.
Descubre.

Veo pasar a una niña con sus juegos a cuestas.
Pasa un hombre cargado de años
con historias por contar.
Pasan jóvenes haciéndose arrumacos
celebrándose el uno al otro.
Pasa un albañil con su casco amarillo
y sus manos ásperas.
Pasa un estudiante enarbolando ideas
levando sueños.
Pasa una madre con su crío
también con sueños en las manos.
Pasa el cuidador de autos
una banda de tambores
un ciclista
alguien, que por allá, cumple años
pasa el oficinista, el legislador,
un funcionario
pasa una mujer levantando miradas
una bandada de siriríes
un perro vagabundo
pasa el vendedor de cosas en ofertas
pasa la luna y, en la autopistas, camiones
el mendigo,
la mujer que duerme en la avenida
una prostituta
los niños que aspiran para matar sus sueños
pasa un colectivo
paso yo entremedio de todos
y me traspasan.

Ronronean viejas canciones en mi corazón.
Se hacen nuevas.
Y celebro.

*De CACHO AGU. cachoagu@yahoo.com.ar

Problemas de sexo*

No tengo tiempo para relacionarme con la gente debido a que mi profesión de escritor me roba todas las horas del día y algunas veces incluso algunas de la noche.

Mi vida sexual no existe. Hace un par de meses que me siento deprimido y triste. Recorrí un largo "vía crucis" de médicos que me hicieron todo tipo de pruebas encontrándome en perfecto estado de salud, por lo que dedujeron que podía padecer tener enfermedad psicosomática. Visité un par de psicólogos y fue un fracaso. Iba a abandonar los intentos por mejorar mi condición, cuando gracias por la insistencia de un buen amigo consentí en visitar a un psiquiatra. Fue un verdadero acierto.

Desde la primera visita me sentí comprendido y en buenas manos. El médico me escuchaba con gran atención y a mí no me costaba mostrarme sin ambages. Esperé ansiosamente el diagnóstico durante un mes. Al final, me lo dijo: "Sufre usted el Síndrome del escritor compulsivo. Una enfermedad muy difícil de curar".

Quedó claro que el médico era todo un profesional y me lo demostró con el tratamiento que me recomendó. Era simple: sólo debía escribir tres cuentos onanistas a la semana con el fin de disfrutar de una excelente vida sexual.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

*

Me roza en la cintura del sueño
en el hombro del cansancio

uno que insinúa la necesidad de la esperanza

su ilusión me acobarda
en el cruce de las ganas
con la mala memoria

en la bifurcación del ansia
con la arruga

en el cuerpo que se averguenza
frente a los espejos

desde hace mucho

demasiado

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com
www.tallerliterariomarthavaliente.blogspot.com

Muerte Blanca*

De los tantos efectos
Que la contaminación de la ciudad provoca,
En particular hay uno
De lo más frecuente:

Algunas estrellas
Que bajan más de lo debido a asomarse,
Caen envueltas en la contaminación.

A causa de ésta les salen patitas
Y se aferran fuertemente
A las hojas de los árboles
Y son arrancadas cuando el viento arrecia.

Pasear por debajo de un árbol
Supone el riesgo
De la caída de una estrella en la cabeza,
Como si fueran azotadores
Que se agarran y se resbalan,
Y son aplastados con regular pasión.

Las estrellas:
Tan pequeñitas allá arriba
Y tan diminutas acá abajo,
Que igual nos da si brillan o si hacen cosquillas.

Ésta condenada contaminación,
Con su plomo y sus partículas suspendidas
Es la que ayuda prioritariamente
A la extinción de las estrellas:
Mientras más contaminación,
Más estrellas con patitas que caen;
Y a más estrellas con patitas,
Más estrellas aplastadas por un pie.

¿Qué irá a ser de ésta ciudad tan contaminada
Que no nos deja saber de dónde venimos
Ni a dónde avanzamos,
O si caminamos a un árbol
A recolectar animalitos en un frasco?

El tiempo no da respuestas
Ni da manzanas podridas
Para hacerlas composta.

Tampoco es cierto eso de que "El Tiempo lo Dirá"
Porque desde pequeño (algunos segundos de edad)
Trae la boca llena de metales pesados,
Y así: ¿Qué nos puede decir?

*de hugo ivan cruz rosas. quetzal.hi@gmail.com

LOS PERROS DEL MIEDO*

Sin anunciarse.
Nuevamente, han llegado los perros del miedo.
En sangrientas jaurías

Ya no temo.
Son parte de mis antiguas criptas.
Escamas sobre escamas.
Los conozco, los acepto.
Como los excrementos y las moscas.
Como las pesadillas y los piojos.
Como los mocos y el hedor.

Huésped de burdeles celestiales
Hambre y uvas de amatista
Velo blanco, país inmaculado de la misoginia.
Onan, Don Juan, Edipo, Maquiavelo.
El niño lleva ambos ojos vendados.
Danza de psicotrópicos. Sodoma. Príapo

¿Como he de temer, entonces?
¿Cómo temer?
¿Las sangrientas jaurías de los miedos?

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

*

Lluvia emplumada

salgo a recorrer mis penas
con patitas de gorrión que juega a la escondida

alguien grita piedra libre

por los perfiles largos del ayer
ella salta a la rayuela

el cielo es un cuadrado de tiza que no alcanza

medias de lana en el tobillo flaco

mi pasado tenía un aliento sibilante
y dos pulmones tristes

llueven pájaros muertos

habrá que dejar de jugar
o pedir cartas

un mazo nuevecito

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com
www.tallerliterariomarthavaliente.blogspot.com

*

Abro la ventana al rocío del pensamiento
y la mañana alumbra en tu risa tanto pájaro
el sol en la zamba con poema fresco
Mientras
el calor ausenta pañuelos
en la misma tierra sin horizontes
tanto campanario
tanto en tanta vida de trino
dentro de tu boca quedo

*de ricardo mastrizzo.

SANGRE DE LLUVIA*

Amo la lluvia. Enamorada de la lluvia. Soy.
En tiempos de vendimia, sabor a rocío tempranillo.
Me viene desde lejos este amor...
La he visto crecer desde las terrenales nubes.
Desde la pasión cosecha de mis padres. Tan breve. Tan violenta.
De mis manos descalzas.
De los gastados espejos de los charcos.
Desde la lágrima a detenida en mi frente.
Desde el vaso y la siesta.
A veces asemeja un hastío, un rostro repetido.
Sangre de una culebra que la anuncia.
Relámpagos iluminando los tristes palos santos.
Estruendos parados en los postes.
Alguna vez no llega.
Se aleja en pasos furtivos con los álamos.
Otras, cae en los techos de chapa, se posa en el vidrio sin ventana,
Baja las pendientes de barro.
Besa los pies al niño que no ve la luna.
Camina hasta llegar a los villorrios fundados a la vera del río.
En los rieles. El tren se va con ella. El hambre queda.
Capa pluvial que se evapora.
Amores y risas en enero.
Crueles vestiduras del invierno.
Desborde.
Quiere parar su caminar de agua y no puede.

Roca y valle. Paraíso e infierno.
Enamorada. Enamorada de la lluvia.

Lluvia. Yo, sangre de lluvia
No encuentra, aún, el legendario grial que la contenga.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

LOS JAZMINES DE IDEA VILARIÑO*

*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

Ha muerto Idea Vilariño. Antes de que apareciera en los medios, recibí un correo del amigo Carlos Quetglas, quien tenía contacto con ella y la visitaba.
El 18 de agosto iba a cumplir ochenta y nueve años.
Aunque no soy proclive al donativo exagerado con que se prodigan hoy las valoraciones y las exégesis, no creo equivocarme si digo que se ha apagado una de las voces más originales y auténticamente libres, con un dejo de rebeldía y un mucho de la ética de otros tiempos y agrego: que su voz será irrepetible.
Metafísica para algunos críticos, escéptica para otros, lo cierto es que su poesía pasó como una brasa ardiendo sobre el derrengado panorama de la poesía de América Latina, muertos ya sus principales referentes. Fue sin lugar a dudas una poesía escrita sin concesiones, porque así era ella.
La conducta de toda su vida fue así.
Escribiere ya sus lúcidos ensayos (sobre Juan Parra del Riego, sobre Julio Herrera y Reissig, o esa certera vivisección: ”Conocimiento de Darío”) o esos pocos poemas que fue desgranando con poca usura, retaceados en sus mismos lectores que la seguían con auténtico fervor, porque esas letras se leían como si fueran la palabra revelada: “como si no fuese literatura” afirma la crítica uruguaya Ana Inés Larre Borges.
En Idea Vilariño se cumplen varios destinos, que es uno; su inclaudicable postura por la libertad adonde fueron incluidos los excluidos de siempre, si se me permite el juego de palabras; la lucha antiimperialista –Corea, Vietnam, Argelia- la lucha sorda y cotidiana de pelear por un lugar para su condición de mujer en un mundo de hombres, donde sus compañeros de ruta, sus amigos de la “generación del cuarenta y cinco” o de la “generación crítica” para otros, le dieron un lugar (merecidísimo después de todo). Ellos –Mario Benedetti, Ángel Rama, Mario Arregui, Manuel Claps, Emir Rodríguez Monegal, Carlos Maggi, José Pedro Díaz, Carlos Real de Azúa. También se los llamó “la generación de los parricidas”, o de “Marcha” porque todos publicaron en esa magnífica revista que dirigió Carlos Quijano. Hasta que la dictadura uruguaya la clausuró en el año 1974, tras el escándalo del premio otorgado al escritor Nelson Marra y que devino en la cárcel para él, el director de la publicación, el jefe de redacción y el jurado: Mercedes Rein y Juan Carlos Onetti. Se salvó de las rejas Jorge Rufinelli porque se había ausentado del país. Iban acompañando los espacios de poder: al periodismo, la cátedra universitaria y de los Institutos, y desde allí enjuiciaron a la generación anterior por razones literarias y aún políticas, encontrando su falta de compromiso, acreditando también por su condición masculina.
Ella fue docente, gremialista en su sindicato, traductora, crítica, una estudiosa de la conformación del verso, estudio la tonalidad, la retórica y la métrica.
También se interesó por la copla española anónima y tiene un enjundioso estudio sobre las letras del tango.
Fue, a no dudarlo, una auténtica intelectual de la modernidad que llegó a la vanguardia pero que siempre se reconoció con su deuda con la apuesta del gran Rubén Darío y su estudio impecable, profundo y lúcido sobre el nicaragüense pide a gritos su reedición.
Idea Vilariño, de 27 años, entonces, escribe un furibundo artículo contra la poesía que se escribe en ese momento en el Río de la Plata, y que según ella “una pobre poesía provinciana, sin originalidad, sin fuerza, (que) vegeta sin que aparezca para vivificarla ningún poeta verdadero, ningún intenso, ningún nuevo, ningún desesperado, ningún revolucionario. Nadie tiene mensaje. Los mayores no nos sirven de nada, los jóvenes se limitan a registrar sus personales vivencias mezquinas, insulsas, manidas, literarias. Es exactamente la poesía correspondiente a este período tibiamente burgués burocrático y de cultura media”. Veintisiete años, la edad en que murió Delmira Agustini. Y ella, Idea, está llena de pasión, como que la acompañó toda su vida.
La decisión de militar en política la lleva en el año 1971 a adherir al Frente Amplio, que terminará con el bipartidismo en la política uruguaya.
Es la época de sus canciones de su famoso “Cielito Oriental” que cantarán Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa. En la mejor línea de su compatriota Bartolomé Hidalgo que inventó el “cielito” en 1811. El cielito y la literatura gauchesca.
Irá luego concentrando su poesía en tres títulos: “Nocturnos”, “Poemas de Amor” y “Pobre mundo”.
Pero aún irán saliendo sus poemas que se agregan a estas tres líneas.
En 1981, agregará los poemas del libro “No”.
La negatividad, el escepticismo y el hastío se verán un poco reivindicados en “Pobre mundo” porque al ser, esos poemas, temáticamente “políticos” no puede no abrigar esperanzas frente a un enemigo tan inmenso como es el “imperialismo yanqui”.
Aquí aparecerá el tema cubano, el Che. Viajará a Cuba a dar la conferencia sobre métrica y ritmo, sobre Darío. Allí le editaran una antología “Nocturnos del pobre amor” donde se reúnen poemas de estos cuatros libros nombrados.
Viajó a España, a Méjico, a Perú, a E.E.U.U. y a Alemania, también a París. En todos esos lugares fue publicando selecciones de sus libros, traducidos en el caso que la lengua del país lo requiera.
Su labor de traductora que-junto a su tarea de profesora en los Colegios, Liceos e Institutos de Montevideo- la acompañó toda su vida y le permitió engrosar sus ingresos para sumar a la jubilación docente.
Tradujo a Shakespeare para Losada de Buenos Aires, y a William Hudson para una editorial montevideana.
Su lucha fue la lucha de una mujer íntegra, inteligente y honesta.
Todavía no somos conscientes de la pérdida que tuvo América entre sus artistas, todavía no tomamos conciencia de esta pérdida que nos torna miserables, nos deja a la intemperie porque su grandeza es imposible de reemplazar.
Ella había escrito con esa certeza imborrable: ”Un poema es un franco hecho sonoro-sonidos, timbres, estructuras, ritmos-. O no es” .
Deberían leerlo y entenderlo y aplicarlo todos los desvergonzados e ignorantes que pueblan el espectro de la poesía que se escribe hoy en estas tierras. Salvo alguna solitaria excepción.
Deberían tal vez leer este poema: “que puedo decir/ ya/que no haya sido dicho.
Qué puede decir nadie/que no haya/sido dicho/cantado escrito/antes/ a callar/a callarse”
En algún momento quise tentarla para que participara en el Festival Internacional de Poesía que se realiza en nuestra ciudad desde hace quince años.
“Guardo en alguna parte –me dice- una generosa nota suya aparecida hace tiempo en alguna revista ¿cómo es que no tengo un libro suyo?
Lo siento pero no creo que vaya a Rosario ni a ninguna parte.(…)
Pero siempre quise ir a Rosario. Todo lo que sé que de allí me gusta. Tengo la idea de que nos parecemos; y además se consigue allí un jazmín que es mi perfume y que ya no se consigue en ninguna parte del Mundo”.
Con su muerte la poesía del Continente pierde a una de sus figuras más importantes, parafraseando a Borges puedo decir que desde el martes 28 de abril de 2009 “somos más pobres”
Yo agregaría sin vacilar: infinitamente más pobres.

*

Tantos vestidos amarillos
Y tantos vientres de luna.
Tanto ángel con su polen
y yo
como el Hidalgo triste de tu libro...

Vibro sereno entre tanto nacimiento
Y emigro de nuevo a la vida

*de ricardo mastrizzo.

EN SILENCIO*

Siento hambre de silencio,
sin brisas,
sin roces de hojas,
sin chillar de grillos
ni croar de ranas.
Que por un momento
todo se detenga,
se diluya en nada.
En esa caverna
hablará mi sangre
y muy lentamente
contará hazañas.
¡Fueron tantos viajes
en el tren del tiempo
y tantos recuerdos
nutriendo memorias!

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

PEDACITOS DE CIELO*

¿Viste el cielo?
¿Viste cómo el celeste y el azul y el rosa, cómo el blanco, cómo las nubes? ¿Viste las nubes?
¿Viste el mar que corre invertido, esa liquidez de los mediodías, esa lejanía y esas nubecitas que de pronto te bajan el techo antes tan imposible? ¿Viste la luz de fuego, el sol naranja, las capas atravesadas por rayos incandescentes? ¿De veras que vos también viste el cielo? ¿Los borreguitos amontonados, los jirones desgarrados de tules evanescentes, los colores? ¿Viste los colores?
Y las nenas en la terraza. De las nenas en la terraza me contó Rodolfo, esas no las vimos.
Dos nenas en la terraza, magia con palitos, varitas de hadas ingenuas. Haditas pequeñas, hadas.
Dos nenas y una terraza y el cielo perfecto.
Arriba las nubes de algodón, de lirios blancos, nubes de difuso sueño de anémona, nubes de nubes. Nubes sobre fondo de atardecer y en contraste las figuritas bailarinas de las nenas en la terraza.
Las dos niñas. Manos en el aire, manos que trazan círculos que perduran apenas un momento como giro, como rueda invisible, como hechizo en el aire. Palitos, varitas en las manos tiernas.
A las nenas les gustaría comer el mágico algodón de azúcar que venden en ferias y circos. Ellas quieren el algodón de azúcar, y les han dicho que están hechos con pedacitos de cielo. Y entonces ahí están, en la terraza, probando a enredar el cielo en las varitas.
Las nenas giran sus palitos batiendo el aire, giran sus palitos, giran ellas con esperanza, con fe, con los bracitos redondos giran sus varitas para atrapar trocitos de cielo.
Vos sabés, claro. Sabemos que es así, que no hay otra manera. Las nenas atrapan en la terraza recuerdos para el después, cuando lleguen los inviernos del desamparo, los otoños de la melancolía. Las nenas atrapan recuerdos de belleza, danza de aves, sensaciones limpias para esa vida que se les viene. Atrapan felicidades para cuando el algodón de azúcar ya no sea un manjar. Para cuando ya no crean en magias ni en imposibles realizados. Para cuando sepan los cómos y los cuándos pero nunca los por qués.
Y las nenas atraparon, para siempre, al cielo roa, al cielo blanco, azul, celeste. Y se lo metieron dentro como si se lo comieran.
¿Viste el cielo?

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

SINFONÍA DEL DESGARRO*

“Ah, juntar la hoguera de hielo
con el espíritu que la pensó”
ANTONIN ARTAUD

“Dúo dinámico” “Tu, vacilándome”

Esta es la sinfonía del desgarro en do mayor
Hay un pájaro ciego -tan amado-
Posado
En la rama más alta del olvido.
Es la lucha entre la profecía y la parábola
Es la boca vacía y hambrienta.
Sueño recién nacido de algodón.

El temor trizado de la noche
Resiste, desesperadamente.

Un paisaje de aullidos lo acompaña.
Un muro quieto atérmico y dormido,
Un yunque, un martillo.
Y una manta hierba.
Color resurrección.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

La subasta*

En la sala se habían reunido, además de los anticuarios habituales, toda una fauna variopinta de señoras de la alta sociedad, médicos, periodistas, marchantes, psicólogos y curiosos varios que llenaban completamente aquel local de altos techos y pesados cortinajes que, sin duda, estaban colgados a posta para darle más seriedad y empaque.

La subasta de un cerebro había sido la noticia que había corrido por toda la ciudad y nada más anunciarse la fecha del acto, la reserva de sillas se agotó en una sola tarde.

Después de la subasta de diferentes cuadros, un par de alacenas con dos siglos de antigüedad y una cubertería completa de 76 piezas, el subastador, con su traje negro y mirada profesional, anunció en tono monocorde y desprovisto de asombro el siguiente objeto:

- El próximo objeto es un cerebro en buen estado, que está un poco influenciado por la televisión y ha sido lector esporádico de periódicos. No está maleado y aún se emociona ante los estímulos amorosos y culinarios. Siente piedad por los animales maltratados y no es agresivo ni aficionado compulsivo a los deportes. A pesar de que tiene algunas neuronas deterioradas, su comprensión no ha mermado demasiado y sus defectos en el habla son ocasionales. Tiene un principio de autismo que lo hace calmado y tranquilo. Prácticamente comprende todo lo que se le dice y es obediente y afable. ¡Señores, hagan sus ofertas!

La condesa, sentada en la primera fila, efectuó una puja que asombró al resto de los asistentes. Mientras el subastador confirmaba la venta y aun resonaba el "a la una, a las dos y a las tres, ¡adjudicado a la señora de la primera fila!" la condesa no se arrepentía del alto precio pagado. Había comprado el cerebro para su hijo. Tenía muy claro que sería un poco más tonto y posiblemente menos educado, pero al menos no volvería a matar.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

CLÍMAX*

“Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente
esta pureza en que ando por impuro”
JUAN GELMAN

Carne inmortal. Fuente de mar.
Clímax en ánfora cautiva.
Esplendor en las cumbres.
Deseo impuro.
Herencia del oriente.
Fogonazo azul amatista, gigantesco.

Cruza la paz de los sepulcros.
Desempolva las cruces.
Enciende lápidas
Vuela.
Mece sabor palmeras sed.

Exorcismo. Sándalo y caoba.
Hálito del monte. Olfato de hombre.
La inocencia cabalga en la frente de mujer desnuda.
El arco del cielo es un estambre.
La gruta se incendia y arde de pasión.

El duraznero ha de florecer de nuevo ese verano.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Pensamientos*

Uno de los entretenimientos del hombre
ha sido borrar civilizaciones

***

Cada uno es como le hizo Dios,
pero en el curso de su vida pone de su parte
lo suficiente como para ser mucho peor.

***

No me gustan nada las reglas,
me divorcié a los 28 dias de la boda.

***

Si hay que hacer un minuto de silencio
¿porque nadie se mueve?

***

Amar y que te amen, es lo primero
lo segundo y lo tercero.

***

Seré feliz si me muero
sin haberlo deseado.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

ROSAS, HASTA MORIR*

No, no venía sola.

La acompañaban crepúsculos.

Palomas desoladas.

Portones, esquinas y arboledas.

Nos juntamos una tarde presurosa de verano.

Por fuera sonreía.

Por dentro, uva morada triste

Ella iba Yo, venía.

Tomó una copa y la llenó con preguntas secretas.

Mis preguntas secretas.

Rosa salmón oscura .Rosada pena negra.

Enumeró las hojas de su vida.

Eran, también las mías.

Algunas invertidas.

Risa sal cenicienta mojó su servilleta.

Llanto de calabaza secó la mía.

Los mismos sayos: la congoja y la risa.

La mentira, la honra, la comedia feliz.

Despedida. El adiós. Hasta siempre.

No brazos. No abrazos. No padre.

Padre nuestro que estás en los cielos.

Le dije que los perros ladran a la luna.

Que el café huele a tibieza.

Que mirara en la mesa, esperando.

Una paloma con un anillo de oro.

Un canasto de paja.

Y un olor de rosas que se funde en los huesos.

Que se funde en la savia. En la sabia palabra.

Le dije, puedo morir ahora, hasta morir.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

VIRGINIDAD*

Carmencita, la vecina de al lado, tomó la comunión hoy. Ha venido a visitarnos con su vestido blanco que parece un traje de novia.

- ¿Por qué se vistió así la nena, mamá?

La vecinita de al lado lleva en las manos un libro de tapas de nácar, con incrustaciones de piedras. Me regala unas estampitas con imágenes bellas, de seres con círculos resplandecientes alrededor de sus cabezas, dibujadas sobre cartulina de bordes filigranados en oro. Las estampas caen de las manos de Carmencita como joyas, como pequeños milagros. Extasiada frente a ellas, no puedo dejar de contemplarlas, boquiabierta.

Carmen ostenta hoy un brillo diferente en los ojos y tiene las mejillas inflamadas por los pellizcones cariñosos de todas las vecinas.

¡Qué falda tan amplia, tan acampanada! Parece una princesita de cuento cuando camina, rozando la vereda con el ruedo de su vestido. Al cruzar la calle, puedo espiar sus zapatitos también blancos y la media de puntilla. ¡Cuánto encaje, cuánta seda que susurra y alza los vellos de mis brazos cuando intento rozar aquella suntuosidad!

La vecinita de al lado exhibe su vestido de raso cerrado hasta la garganta con botones de perlitas y debajo del cuello, una medalla de oro grabada con su nombre y la fecha del día.

El año pasado, y el anterior, otras nenas vinieron de visita, acaso más bellas, más esplendorosas que Carmencita. El cajón de mi mesa de luz se ha ido llenando de imágenes de hombres con caras sonrosadas y maravillosas y largos cabellos circundados de luz.

- Son santos, m'hijita.

Quiénes son estos santos que acompañan a mis vecinitas? Y por qué los extraen de sus libros de nácar y me los dejan sobre las palmas de las manos con un temblor sobrenatural?

Carmencita, hoy, es como un pájaro iluminado.

- Mamá, yo también quiero casarme con un santo.

*de Martha Valiente puertopegaso@gmail.com

HUMO PERFUMADO*

Bebo sola leche de amarga noche.
Recluida a oquedades.
Oigo desgarrarse la noche en madera
Añoro las vigilias en veleros.
Inmensos mares, cascabeles al alba.
Alas de un pez de greda.
Noche desnuda.
Aguacero burbuja anillo de agua.
El espejo austral no tiene rostro.
El pliegue de la frente es un zanjón abandonado.
Lejos el pueblo, la lámpara y el ladrido del huerto.
Nadie lame mi mano.
Desde las terrazas de la luna interrogo a los astros.
Nadie parece oír.
Hay un sobresalto en el umbral de las mareas.
Un hombre de da vuelta. Tiene rostro de lobo.
En su mirada hay un pájaro tallado.
Me ovillo en su hombro izquierdo.
Y allí descanso.
Bebo leche de cabra.
Lavo mis vestidos. Quedo vestida de agua.
Oigo desgarrarse la noche.
Cubre mi cuerpo en humo perfumado.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Furia de lo vivo*

La carne de las flores cae en racimos

Resbala en el aire

Agujeritos de luz en la mancha verde
Por donde los espías del cielo
Nos dan señales..

La belleza está en lo inesperado.

Una hoja se suelta casi con dolor

Emisario que trae la noticia.

“Los ángeles no existen
son ustedes”

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

UÑAS DE LUTO*

“Con un solo pájaro enjaulado
La libertad está de luto”
PREVERT

Mi pájaro olvidado no despierta.
Uñas de luto cavando soledades.
Nadie ha encontrado tu botella de náufrago

¿Dónde buscar tu origen corazón?
Responden, alas rotas silencio..
Después del vuelo trunco, vacío en las entrañas.

¿Qué hacer con tu futuro sin pasado?
¿Qué hacer con la mazorca híbrida inconclusa?
Fábulas vivientes.

Después del fuego, una nidal con perfume de agua.
Barco gimiente, vuelo de la rosa. Esperanza y espera.
Después de la duda la certeza. Ecuación incompleta de vida
Luna nona, un eclipse. El alba grita
Aleluya
Calendarios trasnochados de amor.
Escribir el hijo, plantar el libro, parir el árbol.
Después del caos, heridas en la piedra… y sangre, mucha sangre
En la boca de la bestia, en la plumas del ave.

¿Dónde irás corazón mío?
¿Quien ha lacerado tu costado musical?
¿Dónde llevarte las amarillas retamas de la abuela?
¿Estarás en el maíz, rosa té, trébol blanco?
¿Te crecerán las uñas, rasguñaras la tierra?
¿Tus cabellos, serán largos filamento de algas?
¿Dónde estás? ¿Dónde? ¿Dónde?

¿Dónde yace el hijo, el libro y el árbol?
Franco, Hitler, Bonaparte
Pinochet, Videla, Galtieri
No importa el nombre.
“No hay muertos solo desaparecidos.”
“Ecce huomo”

Después del delito el castigo
Ego te condeno.
Después de la condena la amnistía
Ego te absolvo.

Escribir el hijo, plantar el libro, parir el árbol
Los gusanos devoran los deudores, no la deuda.
Después del grito de la bala un silencio sonoro.
Después del olvido, sangra
Gota a gota
La memoria en la piedra.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

Corazón de oro*

Todos le aconsejaban que se casara con él. Para ellos el tenía un corazón de oro, ella lo sentía un poco frío. Le encantaba el pelo que le caía sobre la frente y sobre todo el del pecho, una curiosa selva. Se casaron. Un día, para sorprenderlo, entró en el estudio sin golpear. En el escritorio estaba el limpia metales, en la mano de él la pequeña gamuza, apenas visible detrás del vello del pecho, el cierre que abierto mostraba el sello dieciocho quilates, bien a la izquierda. Comprendió que lo que no le gustaba de él, era esa siniestra falta de metáfora.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

DERECHOS HUMANOS*

La adrenalina volvía a correr por sus venas, hacía demasiado tiempo que no experimentaba ese goce, el que alguien en algún momento llegó a comparar con el que debe surgir en las entrañas de un verdugo antes de ejecutar a un reo.
Ordenó todo dentro de un bolso sin olvidar la manta ceremonial que protegería su automóvil. Y allá partió, con una sonrisa anticipada en su rostro que por lo general se mostraba inexpresivo.
Al entrar al edificio buscó un lugar cercano al aula donde su amigo Adrián seguramente estaba rindiendo su última materia del doctorado, se sentó en un banco y ocultó disimuladamente su mochila debajo. No tardó en llegar Ricky, también excitado pero algo más nervioso.
- ¿Y Adrián? – preguntó.
- Debe estar adentro, no lo vi, - fue la respuesta rápida de Ismael.
- ¿Trajiste todo?
- Por supuesto, sabes que en eso soy un duque, - y una expresión maligna invadió su rostro.
Los minutos de espera se hicieron largos, Ricky iba y venía inquieto, Ismael sólo miraba su reloj de tanto en tanto hasta que Adrián apareció en la puerta del aula levantando los brazos en gesto triunfal.
Los amigos se le fueron encima a los gritos, todo el que pasaba se unió al festejo, lo tiraron al suelo, lo palmearon, lo sacudieron, Ricky con una tijera le cortó la ropa e Ismael comenzó a embadurnarlo con todo lo que contenía su bolso: huevos, harina, miel y el golpe de gracia, materia fecal de su propia cosecha.
Así lo llevaron en andas hasta la calle, Ismael abrió la puerta del baúl de su coche, cubrió su interior con la manta y allí lo sentaron en exposición. Luego lo pasearon por toda la ciudad alertando a los paseantes con bocinazos para que gozaran de la gran hazaña.
Adrián ya no sonreía, sentía los hechos como un castigo elaborado por monstruos envidiosos que no le podían perdonar haber logrado su éxito.
Así rodaron por calles y calles hasta que de pronto el vehículo se detuvo junto a una de las fuentes de la ciudad.
- Ahora a bañarse, - gritó Ismael y entre él y Ricky lo sacaron del trono y lo arrojaron al agua.
Cuando el cuerpo de Adrián chocó contra el líquido un grito que los amigos no olvidarían fácilmente, estalló en el aire. A partir de ese momento todo fue un caos, la ambulancia, la policía, los peritos, la gente, el dolor.
- El agua estaba electrizada, - fue el diagnóstico de los técnicos, - una falla en la conexión de las luces.
A pesar de eso la policía detuvo a los dos amigos.
Pasaron meses entre audiencias, fiscales, abogados y familiares que acusaban y llorando pedían justicia.
El día del veredicto amaneció radiante, Ismael y Ricky salieron por la puerta central del Palacio de Tribunales con la frase del juez incrustada en sus cerebros: “MUERTE POR ACCIDENTE”.
- ¿Viste? No tuvimos culpa, - comentó Ismael mientras se alejaban del lugar; no hubo auto reproche en su acento, más bien ligereza de análisis.
Ricky caminó a su lado en silencio como si sintiera que lo dicho por el magistrado no lo liberaba de responsabilidad porque su amigo esta muerto.
Caminaron varias cuadras sin hablar, de pronto Ismael se detuvo.
- Ricky, en el centro hay un acto por los derechos humanos. ¿Vamos? Hay que estar presente, los que tienen el poder no pueden disponer como lo han hecho de la vida de los que piensan distinto. Nadie tiene derecho a matar.
Ricky se detuvo y quedó mirando a su amigo que se alejó sin darse cuenta que él ya no lo seguía.

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

*

Llovizna
sobre el espejo del río,
desde la cocina
el pan insiste en nacer
para la desnudez
del vino
y nuestra celebración
simple que teje
la singular trama
de los días.

*de Santiago Bao. santinebao@gesell.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 17 de mayo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del cantautor y arpista ecuatoriano Ramiro Uribe. Las poesías que leeremos pertenecen a Cristina Papaleo Soletzki (Argentina) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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Comments

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Thu, 14 May 2009 00:41:13 +0100
MIENTRAS SOBRE EL PUEBLO DESCIENDE LA PERFUMADA NOCHE... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/03/29/mientras-sobre-el-pueblo-desciende-la-perfumada-noche http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/03/29/mientras-sobre-el-pueblo-desciende-la-perfumada-noche MI ABUELA LA CALANDRIA (*)

Las manos de mi abuela campesina
Inquietos jaríllales al viento.
Denunciantes De historias postergadas.
De mujer y labriegos
De calendarios de hambre.
De renuncias. De involuntario exilio.
De extensos quebrachales de miedo.
De rezos, de leyendas, de íconos en sepia.
Mi abuela heredera de mieses y de soles.
Mi abuela flor. Brote, rama, raíz.
Fruto

En terrenal alquimia mezcla argamasa y lluvia
En el horno de barro se hace pan el milagro
Y perfuma, perfuma
Los cielos de la infancia.
Se confunden sus manos con la tierra.
Entierra simientes y dolores.
Casi secretamente
Desgrana semillas de esperanza.
El vellón de oveja desafiante la espera.
En sus manos, las nubes.
Se transforman
En calor. En abrigo,
En padre, en madre.
El oro es pajonal y en sutil filigrana,
puntadas y sueños se entrelazan
Surge entonces el nido: un canasto de paja.
Mi abuela es la calandria, la que siempre se queda,
Y canta cuando goza y canta cuando llora.
… El viento se detiene… para verla bailar
Sus manos se transforman en palomas y sus pies,
En ingrávidos gorriones.
Mi abuela, la calandria, la que siempre se queda

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
(*) La calandria es uno de los pocos pájaros que no migran y viven por años en el mismo nido.

MIENTRAS SOBRE EL PUEBLO DESCIENDE LA PERFUMADA NOCHE...

TIERRA ASENTADA*

Me cuenta Miguel lo que otros contaron, que es una forma de homenaje a los narradores, a lo narrado, a la memoria que se derrite como el hielo en verano, que se esfuma, que tiende a desaparecer.
Y me cuenta Miguel que le contó Antonio que su padre, brazos en jarra frente al mar, le dijo "qué lecos está mi casa", italiano frente al mar, italiano frente al océano, frente a la inmensidad del espacio pero más del tiempo. "Qué lecos está mi casa", y le aclara "mi casa de la infancia". Todo un mar, señor Cali, todo un mar entre su Italia y la América.
Y cuenta Miguel que su amiga Inés le dijo una historia, me imagino historia contada a media voz, historia de sobremesa, cuando la luz he decaído, la emoción florece y los vellos sutiles propenden a erizarse frente a lo intangible, a lo tan real que se puede tocar con esos, los dedos verdaderos del comprender por completo.
Inés le contó a Miguel que su mamá llamó a un taxi, le dio la dirección de su casa para volver a ella, y el taxista comprobó que la casa a la que la señora quería dirigirse era esa de la cual había salido recién para tomar el taxi. Sería, me imagino, la casa de la infancia. Pero ella no quería volver a esta casa presente, a esta casa donde ella es vieja y su hija ya no juega ni llora con las rodillas raspadas. Ella no quiere esta casa repintada, transformada, con gentes distintas a fuerza de calendarios y sucesos y vida
que transcurre. Ella quiere volver a su casa de la infancia.
El océano del tiempo la separa de esa casa de fantasmas. Cómo podría ser esta casa la casa de la infancia, si aquí papá no está, si en esta cocina las manos de mamá no amasan los tallarines en la mesa empolvada de harinas pasadas, ya irremediablemente posadas en la madera que ya no está.
Y mi madre vuelta a su Euskadi que me dice que aquí por donde pasa la autovía era la fábrica, y aquí donde ya nada hay, en este sitio que ya no es pero fue, ella jugaba. Y el señor Coiro con sus ojos de cielo, plantando en este clima dos sufridas parras y un nogal retorcido para traerse un pedacito
de su paisaje de montañas.
Me doy cuenta de que esta es una tierra de gentes sin hogar. Mudados de ciudad o de país, mudados de casa, pocos pueden atrapar el polvo dorado que los rayos de luz orlaban para sus abuelos. Me doy cuenta de que esta tierra es una tierra de gente trashumante, que tiene la extraña costumbre de
envejecer, de perder amigos familia y conocidos, de viajar el tiempo que aleja aleja aleja irremisiblemente de las casas de la infancia.
El papá de Antonio, brazos en jarra delante del mar, del infinito mar, descubrió que la casa de la infancia estaba lejos. Que la infancia estaba lejos. Que era un marino del océano del tiempo y del espacio.
El polvo de los altillos se asienta en los suelos de madera. El libro troquelado se va cerrando, la casita se pliega, queda el mar. Se escucha en el silencio un reloj.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

Sueño de un día de mayo*

La balada de Haroldo.

A Haroldo Conti

Haroldo sueña que es un árbol que sueña que es un hombre que quiere soñar que no sucede esto. Entonces pájaro, un ave en su verde jaula de fronda. Jaula no, no ésta donde ya es anciano del dolor. Quiere la dulce luz del verano que recubra como un velo los huesos rotos. "Si no volviese yo, la primavera siempre volverá", busca florecer. En la memoria ya ha florecido en hojas de libros, de álamos, en caminos de ríos y palabras, camino hijo, su pajarito árbol. Haroldo se piensa hacia atrás, antes de lo que nunca debería haber pasado, cuando era un fresco cuerpo con vida que respiraba la tierra enviándole señales. Busca un bosque húmedo, los otros árboles – cuerpos soñando un mundo verde. El olor de los hombres, de la tierra ,el olor de lo unido, para espantar este olor, este asco de verde uniforme-golpe, este olor de futuro muerto. !Y todo por soñar!.

Mientras el sueño gira, Ernesto, su hijo, sueña un padre vivo, no esa foto en el pecho de la madre, para crecer amparado por su sombra, un padre árbol para columpiarse con él en los ríos del aire, para encenderse por dentro y descansar los ojos de lo que vio ese día. Nosotros lo soñamos más viejo, desafiante del tiempo detenido, soñamos que leemos su nuevo libro en un país que todavía existe.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Bondad y coraje*

*Por Osvaldo Bayer

Todo comenzó cuando fui a ver Mundo Alas. El film. León Gieco, el artista de la generosidad, nos ofrece la lección de cómo actuar en la sociedad injusta.
El único camino, la solidaridad. Meterse en lo injusto indescifrable para tratar de descifrarlo, o por lo menos para llevar un poco de alegría donde todo aparece como definitivo. Un artista consumado que podría pasar su vida en los jardines de Babilonia y sin embargo se mete en la vida, esa que vemos en nuestras calles, en nuestros andurriales, en las salas de espera de los hospitales públicos, en los trenes con gente en los estribos. Y es así como prepara un conjunto artístico-musical con jóvenes llamados en el idioma oficial "discapacitados" pero que son capaces de vencer todos los obstáculos y brindarnos música, danza, imágenes dibujadas. Y León conversa con ellos como si fuera un amigo de barrio, un hermano mayor pero colega de aventuras; les inyecta humor y risas. Y todos ríen y vencen sus problemas y allí están, en el primer plano del escenario ante el aplauso entusiasmado y el cariño desbordante del público que los aplaude a ellos y derrama lágrimas por el gesto del artista de mano abierta, de alma tan inmensa como nuestras pampas.
Gracias, León, sí, a vos también aquellos libertarios que lucharon tanto por el mundo de los abrazos te darían el título de "Hijo del Pueblo", el título máximo a que puede aspirar el ser que no se aloja en la torre de marfil sino que baja todos los días a juntarse con la realidad de las orillas, de donde proviene la vida que nunca podrá ser vencida. Gracias León, ya te has ganado para siempre el Premio Nobel a la Bondad.
Y la semana continuó de triunfo en triunfo. El triunfo de la Verdad. Asistí al colegio técnico de Florencio Varela, y fue tocar otra vez el cielo con las manos. La alegría de presenciar la fantasía de la realidad. Ver cómo se cambiaba el nombre de la escuela General Aramburu por el de Rodolfo Walsh.
¿Cabe acaso en la Etica un paso más claro hacia adelante? Como lo dije al iniciar mis palabras en el acto: "Hoy se cambia el nombre de quien ordenó la Operación Masacre por quien tuvo el coraje civil de investigar y mostrar a los culpables de la Operación Masacre. El más valiente de nuestra generación: Rodolfo Walsh, asesinado luego por los sicarios en uniforme. Un nombre dado a esa escuela por la dictadura de los generales en 1980 y que -para vergüenza de nuestra democracia- subsistió hasta ayer. Pero la lucha de docentes y alumnos llevó al triunfo la virtud de la solidaridad contra la cobardía de los que no se definen, para poder mantenerse en el poder". El momento más emocionante fue cuando Lilia Ferreyra, la compañera de Rodolfo, expresó su agradecimiento y su alegría plena de nostalgias por
el ser tan amado.
Y continuaron en la semana de la Memoria los actos de reivindicación de los que lucharon por más justicia en una sociedad morbosa de tanta impunidad y provecho individual. En la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata se inauguró el Jardín de la Memoria. Allí, los retratos de los 57 rostros
jóvenes de los estudiantes desaparecidos. Los asesinos asaltantes del poder quisieron borrar a esos jóvenes de alma generosa. Pero están ahí, más presentes que nunca. Sonrientes. Y una de las mayores alegrías de mi vida fue ver ese árbol llamado "casia tucumana", nada menos, plantado por mí hace
diez años, cuando se invitó al proyecto del Jardín de la Memoria. Ese hijo de la generosa naturaleza estaba todo florecido, una corona de flores de color amarillo brillante, sí, con flores a pesar del comienzo del otoño. Se ve que nos esperó para estar florecido y adornar esos rostros que nos mirarán para siempre. Entonces dije: "El Jardín de la Memoria. El hermoso nombre. El bello lugar. El color esperanza en sus verdes. Las manos abiertas de la naturaleza. El recuerdo eterno dentro del reposo eterno. Los generosos son recordados en cada árbol, en cada rosa, en cada brote que se asoma
curioso. Aquí estarán siempre los que salieron para tener una sociedad sin niños con hambre, sin villas miseria, sin humillados y ofendidos. Los generosos que aquí nos miran desde sus retratos. Los que quedarán jóvenes para siempre. En cambio, sus cobardes verdugos de uniforme y de pistola al
cinto, de la picana eléctrica y la de-saparición no tendrán jamás ni una placa ni una sonrisa de nadie ni un musgo. Los verdugos bestiales, los agentes de la muerte, algunos de ellos ya entre rejas. De dueños de la vida y de la muerte a despreciados para siempre por la Historia".
"El triunfo siempre definitivo de la Etica en el devenir del ser humano. A veces ese triunfo puede tardar mucho, pero llega. Lo he visto en la Patagonia, donde los peones rurales fusilados en el '21 tienen hoy monumentos allí donde el Ejército les robó la vida contra toda ley por pedir un poco de dignidad. Hay ya hasta escuelas con sus nombres. En cambio, de los bestiales verdugos uniformados, nada. Ni una placa, nada, el desprecio más absoluto, el asco bien humano ante tanta maldad. Lo mismo aquí. Miro el
rostro de estos valientes, generosos. La generosidad hasta dar la vida por la dignidad en una sociedad, a quienes nuestros patriotas de mayo les enseñaron a cantar:
'Ved en trono a la noble Igualdad,
Libertad, Libertad, Libertad.'
"Y nuestros jóvenes, que hoy recordamos y que están aquí junto a nosotros más que nunca, gritaron bien fuerte esas palabras, pero no se quedaron en eso sino que resolvieron llevarlas a la realidad. Y entonces los esperaba la prisión, la tortura, la desaparición.
"Pero volvieron con sus rostros sonrientes, siempre jóvenes mientras nosotros envejecíamos. Y volverán todos los años, aquí a este jardín, a estas aulas, para ejemplo de las nuevas generaciones.
"Nuestros miles de jóvenes que nos mostraron el camino a seguir, nos obligan a pensar más en nuestras obligaciones como seres humanos frente a los que sufren en nuestra sociedad injusta.
"Desde aquí, desde este Jardín de la Memoria nos inspiran a luchar por la paz eterna, por una sociedad sin violencias, violencias siempre creadas por quienes se han apoderado de la riqueza de estas generosas tierras. Las Madres y las Abuelas de ellos nos están advirtiendo y nos vigilan para que sigamos con los sueños de ellos, y no dejarlos solos. Cultivar este jardín tratando de convertir en un jardín de la vida a todas nuestras pampas para todas las generaciones del futuro. Gracias a todos los que han hecho posible
estas jornadas. Es como prender una luz más en el amanecer de los sueños de la dignidad."
Y partí del jardín mirando al árbol tucumano coronado con sus flores sonrientes a la vida.
De allí a la Mansión Seré, en Morón, a lo que fue, para vergüenza de la aeronáutica militar, un campo de concentración de la humillación eterna para esa arma. Todo se ha convertido en un enorme jardín donde la juventud y la niñez juegan a ver quién posee más alegría. Pero no se olvida su pasado de cobardías militares, torturas y muertes. El acto tuvo un tinte del volver a resurgir con ideales, y de melancolía por los rostros jóvenes que nos mirarán para siempre en ese parque.
Y, por supuesto, el final en Plaza de Mayo, con las Madres, este jueves a la tarde, como hace 32 años, cuando los pañuelos blancos salieron a denunciar a los poderosos de la muerte. Los rostros de las Madres, cada vez de más edad, pero cada vez más metidas en la gloria imperecedera de su coraje de Madres de la Vida.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-122229-2009-03-28.html

PERFUMADA NOCHE*

( A mi tía Haydée, para que nunca se muera )

La vida de un hombre es un miserable borrador, un puñadito de tristezas que cabe en unas cuantas líneas. Pero a veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto de la vida de ese hombre es una luz deslumbrante. El señor Pelice tuvo ese minuto y esa luz. Pocos lo recuerdan en este pueblo. Algunos, los más concisos, piensan que murió realmente de vejeces. La muerte es según, como la vida. Es otra vida, justo, otra forma de consistir, no un per saecula definitivo, nada absoluto, ninguna cosa extravagante porque también es de ser, aunque en artículo mortis. De modo que el señor Pelice sigue siendo todavía. La muerte, ya que viene al caso, es suceso chiquito, desdibujo, entreluces. Este pueblo no fue así desde el comienzo, como uno imagina. En su momento fue pueblo niño. Antes no estaba el molino de Rodríguez ni la fábrica de fideos de Basile era como es ahora con un alto letrero encendido en la punta, sino de madera bien seca y engrasada, es decir, lista para encenderse en cualquier momento como finalmente sucedió bien solemne y entonces, después, sobre las cenizas vino esta otra, de fuerte cemento y letrero penachudo, ni estaba siquiera esta estatua de San Martín que cabalga sereno entre las copas de los árboles, ni el blanco palacio de la Municipalidad tan gobernante, ni aun la avenida Alsina de cemento liso embanderada de letreros a los costados. Esto es, hay otro pueblo por debajo de éste, y otro y otro más con tapialitos amarillos de sol y callecitas de tierra. Y por una de esas callecitas ahí viene el señor Pelice con sus botines de becerro, su traje de gabardina negra y su panamá copudo, a los pasitos, muy de cuerpo presente. Viene. Y ése fue el minuto y la luz del señor Pelice. Porque no va que ve por primera vez a la señorita Haydée Lombardi en la puerta de su casa, en la calle Saavedra, al lado de la confitería "Renacimiento", que está en la esquina de Pueyrredón y Saavedra, aquella opulenta casa con un tejado a la Mansard con espiga, tragaluces, cresta, veleta, buharda y chimenea, que se ennegrecía al atardecer y boyaba como un barco en el alto cielo y ella allí, en la puerta, para siempre desde ahora, blanca y frágil y perfumada, figurín, Haydée Lombardi, para sueño y música. Al señor Pelice le hizo un ruido el corazón y la amó desde ese mismo momento. Jamás cruzaron palabra pero él desde entonces se quitaba puntualmente el panamá frente a aquella puerta a las seis de la tarde en invierno y a las ocho en verano, y ella inclinaba apenas la cabeza y casi sonreía. Para el señor Pelice fue el momento más brillante de su vida lo cual es bastante textual porque, como se sabe, el señor Pelice era el cohetero más reputado de la zona. ¿Quién no recuerda, eso sí, las cascadas, abanicos, glorias y soles fijos que hacía estallar para la fiesta de San Donato, por ejemplo, aparte de las consonantes bombas de estruendo que reventaba en procesiones y remates y que se oían hasta Irala o Cucha-Cucha, según soplase el viento, y era el propio mundo que saltaba en pedazos? Aquel año del encuentro engendró para la fiesta de San Isidro Labrador, de este pueblo protector, sus famosas piezas pírricas de formidable combustión. Las piezas pírricas mediante fuegos fijos, esto es, que hacen su efecto sin dar vueltas, según se conocían hasta entonces, eran fáciles de prender mediante el simple recurso de mechas de comunicación. El maestro Pelice, en cambio, que era un verdadero artista creativo, prosiguiendo y mejorando los fogosos estudios del maestro Ruggieri, perfeccionó in extenso los fuegos pírricos alternando piezas fijas con piezas giratorias, lo cual es de suma perfección si se tiene en cuenta que el movimiento de rotación se opone per se a que se establezca la comunicación entre las piezas. El sutil rebusque se basaba en una fuerte broca colocada horizontalmente sobre un sólido poste de madera y que servía de eje a todas las piezas, de las más simples a las más complicadas, combinando en ajustada competencia de ingenio soles fijos, estrellas, glorias, patas de ganso, aspas de molino y las maravillosas espuelas de fuego de su exclusiva invención. Inspirado por la alada figura de la señorita Haydée, el señor Pelice llegó incluso a fabricar aquella atronadora pieza en espiral, compuesta de fuegos giratorios y de una hilera de lanzas que sube circularmente y forman, cuando la pieza gira, una espiral de fuego, de enorme pasmo y majestuoso incendio, que disparó para la noche del 9 de julio de 1935. Esa misma noche, en la casita que habitaba en las afueras del pueblo sobre el camino de tierra a las Aguas Corrientes, después de encender cuantas velas y lámparas tenía y distribuirlas por toda la casa y aun en el jardín, el señor Pelice se estableció frente a su escritorio de persiana y tras suspirar largamente mientras se rascaba la cabeza con una lapicera de pluma de pavo escribió con su hermosa letra bastarda de curvas rotundas y el sesgo conexivo de 30º, como se prescribe, la misma con la que copiaba las fórmulas del maestro julio Rossignon, autor del Nuevo Manual del Cohetero y Polvorista editado por la librería de la Vda. de Ch. Bouret, su primera carta a la señorita Haydée, inspirada libremente en el Corresponsal del Amor, Estilo Moderno de Cartas Emotivas y Pasionales. Como, según las apariencias, sobrepasaba en varios años a la señorita le pareció atinente utilizar como modelo la carta de un viudo pidiendo relaciones a una soltera, aunque él, con propiedad, no fuese viudo de mujer sino más bien viudo de costumbre.
Releyó un par de veces la carta a la luz de la lámpara de aceite de tubo alto y luz espesa, que era su preferida y que cuando se adormecía lo despertaba con breves y susurrantes chisporroteos de la mecha, como si chamuyara. La plegó con cuidado, la besó ladeando sus bigotes de manubrio y la metió en un sobre perfumado. A esta carta nocturna siguieron otras muchas, puntualmente una por semana, pero el señor Pelice no llegó a despachar ninguna. Prefería rellenar con ellas las bombas de estruendo, que ahora sonaban un poco más apagadas o huecas, aunque sólo él lo notase, y desparramarlas en mil pedacitos sobre los techos del pueblo. Algunos de esos pedacitos cayeron en el patio de canteros elevados de la casa de la señorita Haydée Lombardi, aunque lamentablemente el día de la carrera de las Doce a Bragado, cuando disparó una bomba para la largada, un papel chamuscadoque decía "Mi adorada Haydée" cayó con tan mala leche que fue a dar en el patio de la señora Haydée Bonsignore y más precisamente casi a los pies del señor Bonsignore, que tenía la sangre caliente, y se armó una podrida de calendario.
El señor Pelice seguía transcurriendo exacto, puntual todas las tardes por frente a la casa de la calle Saavedra y allí estaba siempre la señorita de visu, cada día más blanca y leve, casi transparente.
La señorita Haydée Lombardi murió de tabardillo el 8 de mayo de 1946. El señor Pelice redactó esa noche la única carta que en todos esos años remitió por correo. "Mi estimada señorita: en momentos tan especiales deseo expresarle a usted mi invariable afecto y la seguridad de mi perdurable compañia en esa otra vida de tránsito que ha iniciado usted y que me impongo yo en este mismo momento. Su leal servidor P." El señor Pelice echó la carta al día siguiente y no volvió a salir de la casa por el resto de sus días. Solamente lo hacía cada 8 de mes, por la tardecita, para depositar un sobre perfumado en el nicho de la señorita que luego se llevaba el viento o algún curioso o bien lo chamuscaba y descoloría el tiempo. Coincidió que para entonces los festejos de estruendo fueron cayendo en desuso y se convocaba a remate por edicto judicial. Al tiempo, los vecinos lo dieron por muerto o simplemente lo olvidaron. Ya estaba el asfalto, se habían construido varios molinos, el Expreso Rojas llegaba hasta Buenos Aires y sobre el pueblo de tapiales amarillos había surgido otro pueblo. La casa de la calle Saavedra se convirtió en un local de compra y venta de propiedades.
A todo esto el señor Pelice envejecía suavemente detrás del último tapial como un fuego que se apaga con lentitud. Al caer la noche encendía todas las velas y las lámparas y daba de comer a unos pececitos de colores que criaba en un acuario y que eran su única y silenciosa compañía. Tenía una colisa labiosa, dos ángeles que parecían dos pajaritos rígidos, un betta splendens, un labeo bicolor, un telescopio renegrido de ojos saltones que semejaba un gato, una ninfa, un cometa y dos besadores chatos y blancos que colgaban del agua como dos papelitos. La luz del atardecer penetraba por la puerta-ventana que daba al jardín y revestía el cuarto de una claridad dorada que encendía pálidamente la pecera. Los pececitos flotaban en el agua dorada como suaves pájaros de lento vuelo, desplazándose majestuosamente entre las ramitas de elodea o de helecho japonés. El señor Pelice inclinaba su cabeza encanecida sobre los vidrios y sus pensamientos se desplazaban tan lentos y suaves como aquellos pececitos ánimas. Detrás del tapial amarillo que con las sombras se cubría de caracoles, el señor Pelice se hinchaba y arrugaba un poco más cada año. Ahora podía salir y pasar entre los vecinos sin ser reconocido. El pueblo seguía progresivo, casi capital. Altas luces de mercurio alumbraban las calles avenidas, el asfalto había llegado hasta la calle Magallanes, en las afueras, había dos semáforos en el centro que saltaban bonitamente del verde al rojo y a la viceversa y de los que don Pelice no entendió muy bien su significancia, aunque imaginó que eran tramoyas de estación. La iglesia de San Isidro, tan altiva, tan de lejos visible apuntando al cielo entre los árboles sobre los buenos campos, había sido vaciada por dentro, ya no consistía aquel brillante altar con columnas al pan de oro y la santa imagen, muy carnal de su contexto, de Santa María bendita, todo color y vestes y brillos y ojos de vidrio y el niño desnudo, barrigoncito, sino que ahora era una especie de agudo galpón blanqueado, con una mesada en alto. Quedan de los otros tiempos, y por allí la reconoció, los grandes ventanales con vidrios a franjas blancas y violáceas que según la disposición del sol azulaban a cierta hora el aire, las gentes, las imágenes de bulto, en cuya luz vio una mañana sobreandar, flotante, a la señorita Haydée con un tul que le velaba el rostro y de cuyos entrepaños florecían ambas manos como de cera. Nada de eso prevalecía ya. El mismo no era el Pelice de entonces pues nadie se volvió a reconocerlo cuando avanzó por el medio de la nave con el panamá en la mano haciendo crujir los resecos botines de becerro. De regreso pasó por la calle Saavedra y hundidaentre dos vidrieras que resplandecían descubrió trabajosamente la negra silueta de la casa con un afrentoso letrero sobre la puerta. Haciendo visera con la mano, sus ojos repasaron el imbatible tejado a la Mansard que se recortaba contra el resplandor de las luces de mercurio. Esa noche escribió una larga carta a la señorita Haydée dándole cuenta de los adelantos habidos y de las altas y frías luces que hubiesen quitado brillo aun a las cascadas de cuatro brazos, de once metros de alto con 20, 16, 12 y 8 cartuchos detonantes respectivamente más otros 4 en el extremo superior del palo que construyó para el sesquicentenario y que fue su más colosal de facto.
Ahora es noviembre. En la profunda noche perfumada al señor Pelice, ya decididamente viejo y por lo tanto insomne, le cuesta una barbaridad conciliar el sueño. Casi no duerme. Se aquieta sobre el catre y hacia el amanecer se adormece un poco. En esas largas horas divaga por el jardín con la lámpara de aceite en la mano o se echa en una mecedora e impulsada por el aire dulzón que despide el ligustro humedecido por el rocío, su cabeza se vuela como un globo o una pajarita de papel que planea sobre el viejo pueblo con los tapialitos amarillos y las calles de tierra y tanta cosa que se desapareció u ocultó, no visible a prima facie, que eso es la muerte, olvido, oscuridades, suma y suma, tiempo y tiempo, distancia inmóvil.
En la madrugada acercó la lámpara a la pecera y comprobó ya sin dolor que el pez telescopio, ese lento pajarito renegrido que lo observaba con sus grandes ojos saltones a través del cristal y con el que casi había llegado a entenderse, de un mundo a otro, pez-hombre, pez-pez, flotaba inerte en uno de los rincones. Al principio, cuando instaló la pecera, eran doce movedizos pececitos pero, iletrado en aguas, el exceso de comida o alteraciones en la temperatura o defectos en la aireación y filtración redujeron el lote rápidamente. La primera muerte fue una catástrofe. El señor Pelice extrajo el cuerpecito finado, una vez que comprobó en forma absoluta que no se movía ni aun empujándolo con un dedo, con la redecilla de tul y lo depositó sobre una hoja de hortensia en el medio del escritorio y lo veló algunas horas con la lámpara de aceite. Con una cuchara cavó un hoyo al pie de una magnolia foscata y enterró allí al pececito. No se había aún recuperado de aquella sensible pérdida cuando murió un macropodus opercularis que comenzó boqueando en la superficie y luego se acurrucó en un rincón con el vientre hinchado. Lo sepultó al pie del ciruelo de jardín de aladas hojas marrones. Así fueron muriendo uno tras otro y el viejo enterrándolos al pie de esta planta, aquella. Al telescopio lo plantó junto a su arbolito más querido, un jazmin japonés de flores carnosas que reventaban justamente para fines de noviembre y se removían en la noche como avecitas blancas bombeando intensas ondas perfumadas que traspasaban la oscuridad hasta el catre o la mecedora del señor Pelice, que ya prácticamente no duerme. A ratos lee, a ratos escribe pero sobre todo piensa. Eso es la vejez seguramente, una desvelada memoria. Por lo general reconstruye el pueblo desde su infancia mezclando o, mejor dicho, combinando los tiempos, las personas. Desfilan contra un mismo tapial o por la penumbra amarilla del cuarto el padre Doglia, previniéndolo en cocoliche sobre las tentaciones de este mundo mientras se pone y se quita el bonete francés, nervioso con la presencia del demonio a quien imagina una especie de comisario de la provincia con el uniforme colorado, el viejo Ponce, que habla solo, Bimbo Marsiletti que agita los brazos frente a una banda invisible, Oreste Provenzano que levanta una ristra de billetes de lotería o los tanos Minervino, Visiconti y Ciminelli que pasan tocando la gaita en fila india igual que en la procesión de la Virgen del Carmen.
Desde que se marchó la señorita Haydée ha tomado por costumbre colgar un farol de viento en medio del jardín. El viento lo agita y remueve las densas sombras que cambian pesadamente de lugar. Su luz anaranjada semeja la lechosa claridad de la pecera. Y en esa luz submarina ve brotar en la punta de una ramita al macropodus opercularis o a labeo bicolor o al scatophagus argus o a los puntius arulius que murieron a dúo. Se agitan como flores o pajaritos o caireles, casi transparentes, muy navegantes. Esta noche de noviembre florecerá sin duda el telescopio, pez pajarito de negros velos, en la cresta del jazmín japonés.
El 8 de diciembre, día de la Inmaculada, el señor Pelice escuchó desde el catre el volteo de las campanas que convocaban a la misa solemne de primera comunión con la lámpara de aceite todavía encendida a un lado, sobre la silla. Pensó en la virgen de cemento que erigieron las Hijas de María en el atrio de la iglesia y que viera la última vez con el rostro y las manos de color carne y las hileras de chicos con brazaletes y túnicas que atravesaban la plaza y estarían ingresando en este mismo momento por la puerta puntiaguda a través de la cual se alcanzaba a ver el altar colmado de luces. Pero su hinchado cuerpo no obedeció al impulso. Tenía los brazos adormecidos y las piernas envaradas. Recién a la tardecita, arrastrándose por el piso, pudo dar de comer a los pececitos. Angelita Alori, que venía dos veces por semana a asear la casa, lo encontró al día siguiente tumbado en el piso de ladrillos y lo acomodó en el catre para finales. Como por otro item padecía el mal de orina, Angelita le preparó un cocido a base de raíz de rábano con una mata de perejil y un puñado de hojas de berro, endulzando el conjunto con azúcar de cande. Se abreva una copa para extraer la orina y los humores que vienen de acompañamiento, aconsejándose un Pater para refuerzo. El señor Pelice mejoró de la orina pero total que era casi lo mismo pues no podía transportarse para expulsarla, debiendo ayudar al efecto la Angelita con la vista vuelta hacia otra parte. El 8 de enero puntual, el señor Pelice emprendió su tránsito con el traje de gabardina, el sombrero panamá y los botines de becerro a la hora justa en que los pececitos se brotaban en las ramas. Según la Angelita, que depuso para constancia, hizo una buena muerte, al natural, y fue enterrado de oficio, sin luto ni comparsa, en la mera tierra.
Ahora bien, y a propósito del señor Pelice que pasó, pregunto: ¿cuál es, cuál el verdadero pueblo de la ciudad de Chacabuco, cuál rige? Este de ahora encumbrado en adelantos o aquel otro de los tapialcitos amarillos y las calles de tierra, cuando el camión de riego asentaba el polvo al atardecer y todo era más viejo y simple pero más dulce, y bastaba con estirar el cogote para ver al fondo de la calle las primeras quintas y que por la calle Saavedra en este momento se acerca gravemente el señor Pelice, se detiene frente a la casa de los Lombardi, ya medio en sombras, se quita el panamá y saluda a la señorita Haydée que dice por primera vez con su voz de pajarito:
-¿Habrá calor este año, no cree usted?
-El sol está fuerte para noviembre -responde per oblicua el señor Pelice.
-¡Hermoso atardecer!
-Sopla algo de viento, por suerte.
-¿Hacia dónde va usted tan incontinenti?
-Al prado -improvisa temerario el señor Pelice.
-Muy buena idea. ¡Me gustaría mucho ir hasta ahí! -canturrea la señorita.
El señor Pelice le ofrece el brazo y la señorita Haydée con una risita se aparta de la puerta y enlaza el brazo del maestro cohetero. Las dos figuras se alejan entre tapiales amarillos y penachos de sombras rumbo al Prado Español mientras sobre el pueblo desciende la perfumada noche.

*de Haroldo Conti.
-LA BALADA DEL ALAMO CAROLINA -tomoI- Biblioteca Página/12 nº20.

El muso*

El tío era muy macho. Sensible si, pero sobre todo macho. Hasta tal punto defendía su masculinidad que en su vertiente de poeta buscaba la inspiración en un "muso". Esa obcecación le llevo a escribir poemas horribles, mal rimados y sin contenido, seguramente porque no encontraba la fuente de inspiración adecuada.

Ningún editor quería correr el riesgo de poner un libro suyo en el mercado y un amigo que se vio obligado a hacerlo se arrepintió toda su vida porque de los 3000 ejemplares de la tirada todavía tiene 2968 en su almacén.

Reconoció, al fin, que estaba errado admitiendo que únicamente en brazos de su musa podría escribir poemas originales y con sentimiento. Se dio cuenta, tras el éxito de su tercer libro, que la inspiración era como la vida; a él le gustaban las mujeres y había estado todos aquellos años manteniendo una
relación homosexual. Decidió olvidar definitivamente al muso. ¡Ya estaba bien de mariconadas!. Menos mal que sus amigos no se habían dado cuenta.

*De Joan Mateu. joan@cimat.es

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 29 de marzo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Ronaldo Miranda. Las poesías que leeremos pertenecen a Pedro Arturo Reino Garcés (Ecuador) y la música de fondo será de Wayna Picchu
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at

(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

*

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Comments

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Sun, 29 Mar 2009 01:32:40 +0100
EDICIÓN MARZO 2009 http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/03/03/edicion-marzo-2009 http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/03/03/edicion-marzo-2009 Me abrigo*

Me abrigo en tus besos

Besos de cielos
No tengo frío
Con caballos en un carrusel
Subo y bajo
Imagino ser
El domador de un circo
Que llena de fantasías
A los grandes
Y a los chicos
Un clown se maquilla
Frente a mí
No me asusta
Delinea una pared de cristal
Sube por un cordel de oro
Y su sonrisa de amistad
Me hace creer
En la fórmula
De la esperanza..-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

ES COMO*

Desde muy lejos regresar al hogar,
aunque uno nunca se ha ausentado,
retornar al propio idioma,
en las cuatro paredes propias.

Llorar interiormente,
que las muchas vivencias importantes
nada actual traen consigo,
que todas las intimidades,
todo sentir-juntos,
todo pensar-al-mismo-tiempo
se deben contener,
que para el común código-cariño
no existe más un destinatario.

Y, sin embargo, queda una alegría
por el regreso al idioma innato,
a las tradiciones y rituales del país innato,
a la gente de la propia etnia.

La vida será más fácil.
Pero se ha dejado atrás algo de sí mismo.
Se nota cuando la gente de casa pregona algo malo,
degradado, injusto,
sobre la gente de la otra patria,
entonces se le odia por ello,
se está por la etnia de la segunda patria
aunque ella parece estar inalcanzablemente lejos,
bien porque el dinero no alcanza
o porque el buen sentido parece así ordenarlo.

Ha perdido las raíces, dicen a la ligera
y con ello piensan
que se intenta defender
si bien esto parece ser inútil.
Se hace ésto solamente por una,
por aquella que de nuevo ha retrocedido,
a las filas de su pueblo,
se hace ésto por la memoria de ella.

Un matrimonio temporal, dicen insensiblemente,
algo que no puedo sacar de mi corazón.

* de Wolfgang KAUER. kauer@utanet.at
Salzburgo.
-Traducción: Walkala.

La máquina más cara del mundo*

En una casa de remates, encontré un objeto muy raro. No tenía precio. Cómo toda mujer curiosa tomé con mis manos, una pequeña caja de madera. En su tapa había un relieve vidriado que según por donde enfocaba la luz, el color cambiaba. Del naranja pasaba al amarillo, del amarillo al limón, del limón
al turquesa y todos los matices más hermosos que mis ojos habían percibido.
Intente trabajosamente abrirla para observar qué había adentro.
Y misteriosamente, (fijándome que el vendedor no se molestara de estar toqueteándola) comenzaron a salir flotando numerosos globitos muy brillantes. Emprendieron a volar por el negocio con una gracia increíble.
Fascinada por el descubrimiento, pude agarrar uno que tenía la cara de Borges, al apartarlo encontré en letras diminutas sus obras completas.
En otro la obra de Einstein y en otro la de Freud.
No podía con mi regocijo, había descubierto en esa cajita de madera, en un lugar muy disimulado, la máquina de los sueños.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

*

Pisaba sólo las baldosas pares. Esto le daba un andar concentrado y a veces dubitante, porque las calles no estaban demasiado cuidadas, existían espacios sin baldosas o con las baldosas levantadas lo cual le obligaba a mantenerse por momentos como una cigüeña sobre un solo pie, hasta que encontraba el lugar exacto donde posar el otro con cuidado.
Esta costumbre no originaba curiosidad, porque ya nadie sentía curiosidad por el otro. Vivían todos sumergidos en su propia problemática, su propia baldosa par, su propia supervivencia.
Llegaba por fin a su núcleo básico, con su pequeña puerta gris con una amarillenta tarjeta insertada en un recuadro, donde aparecían su apellido, su nombre y su número personal. Se apoyaba sobre un solo pie por un momento, colocaba la mano derecha sobre la mano que aparecía impresa en la madera y cuando la puerta se abría estiraba la pierna doblada y traspasaba el umbral con cuidado. En el pequeño receptáculo-nido se sentía protegido. Observaba a su alrededor con cuidado y comprobaba que todo conservaba su orden, el orden de las cosas y su propio orden, La cama estrecha con su cobertor gris
estirado prolijamente. La mesa con su pequeña lámpara. El armario para la ropa donde también guardaba algunos objetos valiosos que no estaban prohibidos por el momento, una Biblia que perteneció a su madre, muy gastada porque él la leía repetidamente como una novela, interesándose en las anécdotas que se relataban, en cada personaje; una cartulina pequeña con un paisaje azul que iba volviéndose gris porque los colores se iban desvaneciendo, lo había dibujado cuando comenzó la escuela, cuando éstas
todavía existían; una esfera de vidrio con un paisaje nevado en su interior, que era su posesión favorita. A veces pasaba toda una tarde sentado en la cama, moviendo suavemente la esfera provocando movimientos muy pequeños, para tener más posibilidades de cambio. Esto realmente le provocaba un
estado de satisfacción que lo separaba de su repetición y de los cambios producidos en las últimas décadas.
También tenía una mesa para comer, adosada a la pared de la cocina. Allí había una ventana, redonda como un ojo de buey, desde donde se podía contemplar el cielo.
Su soledad no le producía tristeza. Se sentía contenido en su pequeño huevo-casa, casi como en un útero, donde no existían necesidades, donde todo estaba previsto sin que él necesitara anhelarlo ni esforzarse por conseguirlo, Si quería escuchar los comunicados oficiales podía apretar un botón en la pared que iluminaba un aparato con pantalla. Si aparecía una cara de mujer era Ara. Si era un hombre era Holm. Ara mostraba unos dientes muy grandes cuando saludaba antes de comenzar a leer las noticias. Holm
tenía una mirada fija, como si viera más lejos de donde él se encontraba escuchando. De alguna manera eran sus amigos. Podía tenerlos en su casa sin sentirse invadido. Estaban ahí pero no interferían.
Pocas veces se sentía algún ruido desde los núcleos que lo rodeaban. Una vez había escuchado en la noche ruido de pisadas muy fuertes y rápidas, que se detuvieron en el receptáculo pegado al de él. Sintió el crujido de la puerta que se rompía, gritos de mujer, pisadas nuevamente, luego nada.
Se había encogido en ese momento, cubriéndose la cabeza para separarse de los sonidos. Pensó un momento en la mujer que vivía allí. La había visto una vez cuando volvía, Era una mujer madura, con rostro gastado y ojos celestes todavía luminosos. Ella lo había mirado con más detenimiento que él, como para hablarle, pero él se había negado a ese reconocimiento. Pensó que quizás si hubieran hablado ese día, él también habria desaparecido esa noche. Su precaución lo había protegido, pensó aliviado.
Una tarde, cuando volvió a su hogar, luego de cenar escuchando a Ara, abrió su armario y sacó la esfera de cristal. Jugó con ella largo rato, formando paisajes nevados con techos rojos rojos y pinos verdes. Cuando Ara terminó con las noticias y le sonrió mostrando sus dientes grandes, se levantó de la silla lentamente, tomó el cinturón de su uniforme gris y formando una lazada con cuidado, se colgó del ojo de buey.

LAS PEQUEÑAS VIDAS.
CIRCULO.*

*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy

HOMENAJE A BERTOLT*

Brecht detestaba a los poetas
comediantes
(inclusive a los buenos poetas
comediantes),
ésos que cantaban (y hasta
bailaban)
lejanos de la tan perturbadora
vida
que gruñía hosca más allá de
la platea.
Brecht prefería el aire abierto
o cerrado
y los charcos donde la vida
pudiera
reflejarse, y el hombre cierto
tuviera
al fin derecho a la palabra
y al pan
(que no son lo mismo, pero
cuando falta
uno escasea el otro). Yo no
creo,
no obstante el horizonte, o
estas luces,
que el recorrido soberano
de su lápiz
haya caído en saco roto.

*de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar
Gran Buenos Aires, enero, 2009.

Ella a pesar de todo*

ella avanza
sin descanso ni sillas en el camino
ella va
atraviesa montes y llanuras
bajo soles incendiados y lunas heladas
y avanza
el poeta se detiene
afloja el ritmo
a veces se confunde
se sienta en la silla del poder
pero ella no transa
llega a la ciudad
camina por calles nocturnas
corre el último colectivo
mira la luna con una mujer ciega
habla con los mudos
juega con niños en el parque
ladra junto a un perro callejero
huele una rosa negra
y sigue
cruza las bocacalles sin mirar
la atropellan
la insultan
la quieren arrestar
pero ella sigue
entra en el alma de un suicida
y lo salva
sube a las alturas
habla con los dioses
y discute con satanás
entra al cuerpo de un menesteroso
y bebe vino barato
se emborracha
y se droga
con los muchachos en la plaza
incendia gomas en la ruta
reclama paz y pan
pan y rosas
verdad y justicia
enfrenta la usura
al poder de los totalitarios
a torturadores y genocidas
no quiere circo
ni hueso
ni vino agrio
ella no se arrodilla
no se vende
grita sueños y libertad
hace amigos sin tiempo
compañeros entrañables
reclama lo imposible
cambia el mundo
lo destruye
y crea
un mundo nuevo
ríe y llora como un niño
como un hombre libre
como un sueño realizable
y sigue adelante
persigue utopías cabalgando unicornios
navega los siete mares de la tempestad
sobrevive
y sigue sin tiempo
para pausas tramposas
para habladurías vulgares
entra a los barriadas marginales
a los barrios abandonados a la mala del diablo
se interpone entre dos contrincantes
y le disparan a la cabeza
pero ella la poesía
no se inmuta
solo sigue
debe llegar al final
de un camino sin fin
debe llegar a destino
a la salvación de todo hombre y mujer
debe llegar al amor fundamental.-

*de aldo luis novelli. aldonovelli@yahoo.com
poeta – narrador – ensayista /neuquén – patagonia - argentina

INVENTIVA SOCIAL*

Al Lic. Eduardo Francisco Coiro

La sociedad va a reinventarse a sí misma
en la persona y corazón de una niña
de doce o catorce años
al final de un invierno y de una guerra;

va a inventarse otra vez
hombre por hombre
sin miedos entre el hombre y la víbora
entre la araña y el hombre
entre hombre y tiburón
entre el hombre y su vecino
la plantita venenosa arrancada de raíz
y la rosa sin precio en florería

Mujer por mujer
tiene que reinventarse
en la persona o corazón de un niño
al final de un tornado terrible
donde ya casi nada estaba en pie

Y cada uno nacerá de todas las muertes
menos los peores asesinos
Y cada uno habrá aprendido a amar
desde tanto dolor acumulado.

Cada grano de arena será bello
y se enamorará de la luna
y será para siempre correspondido.

y volverán
a reinventarse el silencio
y la risa
la pelota de fútbol sin dueño
el bastidor para bordar las flores
la bicicleta con luces y timbre
la cocinita para hacer postres en cumpleaños
el lápiz para aprender a no tachar

un país sin bandera ni fronteras
un planeta sin bancos de usura
una mesa redonda y un pan

un aire transparente para verse los ojos
y que sea imposible mentir u odiar
Nunca más plazas de toros
nunca más gallos de humana riña
nunca más caza deportiva
polígonos de tiro,
motines trágicos,
panoplias monederos y cadenas

La humanidad que muere para sembrarse
renacerá en sociales inventivas
donde no tenga su interregno el miedo,
donde ya nadie más secuestre niños
asesine a su novia o esposa

la sociedad donde ganan los malos
que se quede con lo que destruyó;
el mundo en su aritmética de guerras
que se muerda su cola de dragón

Que renazcan el niño que no pudo ser niño
la enamorada que no pudo dar a luz
el poeta fusilado por la espalda

Que no vuelvan dineros ni relojes
ni látigos ni bombas de terror

La humanidad que había en tantos versos
y tantas veces cayó pisoteada
que vuelva a ser lo que no pudo ser hasta hoy.

*de Rubén Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

Los ochenta de Pablo Armando*

*Por Miguel Crispín Sotomayor.
02.03.09

Hoy hemos amanecido con un nuevo octogenario.

Decir que Pablo Armando Fernández es un gran poeta y narrador ya se han
ocupado y se seguirán ocupando otros más calificados que yo.

Que es un patriota, un revolucionario consecuente y un admirador
incondicional de Fidel, lo ha mostrado el mismo.

Que ama y es amado por su familia y sus amigos, lo sabemos todos.

Que muesta y honra, como pocos, el pedacito de tierra que lo vió nacer ,
lo sabe "Delicias", y lo reconoce como hijo ilustre.

Pablo Armando es modestia, desprendimiento y afecto de padre.

De su amor por "Delicias" nació mi amor por La Prueba, y éste poema, que
bueno o malo, lo escribí en homenaje a mi pueblo y a él, antes de sus Ochenta.

Felicidades Pablo Armando.

LA PRUEBA*

La Prueba, no es Delicias:
Con humo en chimeneas,
olor a miel de caña y a cachaza.
La Prueba no es poeta,
no tiene a un Pablo Armando
que la ventile al mundo,
con su luz y lealtad.
La Prueba es un pueblo
de caballos y espuelas,
de polvo tras las ancas y casas empolvadas.
De bares y machetes,
de circo y de tiovivo.
La Prueba son tres calles.

La Prueba fue rebelde,
lo cuentan sus caminos,
sus vivos y sus muertos.

*Miguel Crispín Sotomayor. arcomar@cubarte.cult.cu

El Banquero*

Al fin alcanzó uno de los objetivos su mi vida. El de ser enormemente rico ya lo había conseguido hace años pero tener un Banco, uno de los importantes, de los que marcan las pautas de funcionamiento del mundo financiero, no lo consiguió hasta ayer.

En su primera reunión general expuso los cambios que durante todos estos años había madurado para que los usuarios puedan utilizar los servicios bancarios de una manera más cómoda, eficaz y transparente.

La transparencia era una de las virtudes más importantes por lo que a partir de ahora las cuentas de los usuarios serían de colores. De este modo, bastaría ver el color para saber el tipo de titular de la cuenta. Las caras de asombro de los directores no le detuvieron y comunicó que ese cambio era sólo el primero de una larga lista.

Así pues, el saldo en números rojos quedaba asignado a los vampiros, asesinos y comunistas, el verde para agricultores y ecologistas, el azul para marineros, navegantes y aviadores, el amarillo para enfermos de ictericia … De esta manera fue enumerando cada uno de los colores y profesiones.

Al ser preguntado por uno de los directores a quien asignaría el blanco ignoró una posible sorna en la pregunta pero quedó un tanto desconcertado porque no había pensado en esta posibilidad. Meditó durante un largo minuto en el que se podía cortar el aire hasta que expuso claramente "El blanco para los pobres. Saldo en blanco: saldo cero, ¿está claro no?" Y encarándose con el que había hecho la pregunta le miró a los ojos mientras le decía: "Usted será el primero con números en blanco"

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

SOLEDAD*

también las golondrinas
gritando ruidosas en el río
hace tiempo no te dicen
quién eres quién eras
el cielo se tine de rojo
muy rojo en esta tarde de verano
la noche traerá frescura
y por fin consolará tu corazón
cuando te despiertas por la mañana
ha pasado un siglo
hecha añicos tu imagen en el espejo
se rompen palabras en el silencio
tantos veranos tantos días
tantos caminos tiempo perdido
un amor tan destrozado
quedas herido para siempre
y la luna creciente espera
segar tu grito de angustia
en sueños ves caer hojas
rojas y amarillas sobre tu tumba

AL ATARDECER*

muy lejos
en el horizonte
el cielo
desemboca lento
en el mar
la luz
se torna azul sedosa
y sé
que la oscura sombra
eres tú.

*Poemas de Peter Paul Wiplinger. wiplinger@web.de
-Traducción: Jorge YGLESIAS

PÁJARO DEL TIEMPO*

"Acabo de ver salir un reloj
de dentro de un pajarito
tictaqueando
doce campanadas"

Joan Mateu

El pájaro corazón de reloj
arrastra el péndulo en sus alas
con segundos y minutos
que guardamos en un cofre.
Los libera, lanza al viento
sus designios secretos
y sólo resta esperar
la magia que se esconde
en el tiempo.

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

50*

A solas,
Torrente abajo,
Navega leve una barca de juncos.
En ella duerme la inocencia
De los juegos extraviados.

La arcana voz
Que pronuncia mi nombre cada día
Cuando pasa lista entre los vivos,
Me recuerda que tengo aún por delante
Sobrado tiempo
En mis andares.

¿En qué mineral efigie
Iré a dormir mis ilusiones
Cuando me pierda
Del avanzar rutinario hacia la nada?

*de Marié Rojas.
Del poemario "Conjuros y evocaciones"

LA MORADA DEL ÍNCUBO*

No conocí a mi padre ni a mi madre. Tampoco al padre de mi hija.
Nací el 06/06/06
El día a que voy hacer referencia era día era mi cumpleaños.
Vivía sola en medio del monte en un rancho de chorizo. Como únicos mobiliarios había en el cuarto tres sillas con asiento de cuero de vaca y una mesa y un catre y un baúl de latón. Al medio de la pieza un bracero y al lado una silla petisa de algarrobo rústico.
El cielo estaba poblado de negros nubarrones pero el trabajo de campo no respeta campo no tiene horarios, ni clima.
Había tenido que salir a buscar la cabra negra parida.
No me di cuenta cuando empezó la tormenta de granizo. Caía con tanta furia que los árboles quedaron en un segundo desnudos. Por suerte era conocedora del lugar, la cueva de Diablo estaba muy cerca.
Buscando reparo entre las salientes rocosas encontré el lugar.
Estaba llena de arbustos, enredaderas y espinas. Cansada y con frío, intenté prender un
fueguito pero los fósforos se habían mojado.
Estaba preocupada, había dejado a la beba en la cuna, sola. O mejor dicho su única compañía era el perro negro.
El granizo seguía cayendo con furia, sabía que si salía estaba condenada a morir apedreada.
Me acosté en el suelo La cueva olía a orín y a bosta de caballo. Debo haberme quedado dormida. Me desperté con la sensación de una presencia cercana a mi cuerpo. Moví despacito la mano izquierda y me estremecí al tocar algo helado. Era suave y áspero al mismo tiempo. No tardé mucho en darme cuenta que era un viborón o una serpiente por el peso que sentía en mi vientre.
Paralizada, mi respiración se entrecortaba, traté de recordar que no era un animal peligroso si no se lo atacaba.
Sentí que seguía ascendiendo y que intentaba introducirse por debajo de la camiseta. No pude evitar un movimiento brusco y quedé boca arriba. Los pedregullos se incrustaban en mi espalda, se deslizó hacia mi pecho izquierdo. Al no tener corpiño fue fácil encontrar el pezón.
Succionó suavemente, primero de un pecho luego del otro. La sensación era rara, imposible describirla. Tenía la boca seca y el corazón me palpitaba.
Cuando el animal pareció saciado, con movimientos más lentos se alejó de mi cuerpo. Toda yo, un latido
Afuera el sol enrojecía suavemente el horizonte, el canto de los gallos anunciaban el final de la tormenta.
Me dirigí a casa, apurada, con sensaciones encontradas. Me preocupaba la nena.
Todo estaba en orden

Las cosas como por arte de magia comenzaron a mejorarse.
Me compré un arado nuevo. Después algunas vaquitas y mi tropilla de cabras era la más abundante de la zona.
Aunque la beba nunca caminó, Las cabras parían de a tres y las gallinas solo ponían huevos de dos yemas
No me preocupó que la nena nunca caminara ni su leve joroba.
Hasta contraté tres peones, a veces los veía murmurar tras mis espaldas pero tampoco eso me interesaba.
Jamás faltó dinero y hasta alcanzó para construir un cuarto aledaño al que me dirigía todas las nochecitas.
En la puerta de tablones rústicos sobresalía una cruz de madera, invertida..

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

*

Que hago si en la vida se me va el alma
Si la sangre estalla en mis manos
Si se desarticulan mis huesos
Si dentro mío esta la fuerza
Si ensordecen mis oídos
Y callan mis gritos
Para siempre
Si el ruido no es más que
Una suma de silencios.

*De Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com

patio*

¿Quién es esta extraña que habito?
Gioconda Belli

en el patio de tus ojos
el pozo
me acerco
me inclino
me miro
y comprendo:

el agua
en que me reflejo
esta agua
sólo existe
para que me vea
y que sepa:

existo

*De Christoph JANACS. christoph.janacs@utanet.at
Salzburgo

ARENGAS DE “NENUCHO”*

a Luis Ángel Faravelli

*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

Los innumerables factores que se asocian para contribuir a una digna victoria futbolística no tienen posibilidad de ser racionalizado. Ni prevista. Los factores en principio son tres: climatológicos, anímicos y de mero azar.
Es como estar con los ojos vendados tratando de dar en el blanco con una flecha torcida. Todo intento fracasará si uno no se abandona al devenir incierto del destino, al fluir errático a un río que no vuelve.

Luego entra a tallar la calidad en el juego, la historia del equipo del club en todo caso y las ganas de ganar, guapeando cuando decae la técnica o la habilidad no es suficiente.

No estoy apelando de ningún modo a la violencia, se entiende. Me refiero a cierta actitud mental que confenza al rival que uno es superior que éste partido precisamente deberá contar con un vencedor seguro, el equipo en el que estamos jugando. Que el juez debió darnos ya el triunfo aunque falten diez minutos, que esa diferencia de un par de goles no es representativa de la realidad, que la escamotea que no lo hace verosímil. Uno con la presencia que lo hace superior de nacimiento no tiene en cuenta que debería haber hecho cuatro goles más para que sepan quien es superior. Pero, somos buenos, y no nos gusta humillar al adversario. Somos caballeros.

Cuando esa tarde entremos a la cancha nuestro capitán el Nenucho Faravelli nos había alertado sobre la posibilidad remota de poder controlar el azar.

Como el día estaba espléndido, digo por supuesto que nuestro ánimo era óptimo solo nos quedaba conjurar al miserable azar, que para siempre parecía haberse aposentado entre nosotros, para que la suerte siempre se nos diera contra. En ese campeonato, los travesaños y los palos laterales parecían que formaban parte de las defensas contrarias. Tantas veces se había interpuesto entre el grito ahogado de nuestras gargantas y esa pelota que no quiere besar la red.

Nenucho no había estado enfático. Nunca lo estaba. Era en ese tiempo un muchacho tranquilo y previsible. Muy respetuoso y correcto. Si hasta se casó con su novia de la primaria, la hermosa rubiecita que se llamaba (y se llama), María Ángela Nicoletti, la popular Maiaia.

Pero aquí quiero rescatar ese momento en que Nenucho nos incitó suavemente a la aspiración de la gloria.

Solo nos preguntó, como quien no quiere la cosa, si a nosotros nos interesaba entrar por la puerta grande del club y sumar la hazaña de ganar ese día, que jugábamos con los punteros de la Tabla, uno de los equipos de Chañar Ladeado. Creo que era Chañarense, eso nos preguntó. Con esa media voz que nunca levantaba, ni cuando la ira lo ganaba.

La verdad es que nos tocó el amor propio, ya que nosotros no hacíamos esa ecuación surrealista que él sostenía.

Buen tiempo igual buen ánimo, menos azar igual éxito.

Nosotros éramos espantosamente realistas. Sabíamos que ese equipo nos iba a pasar por encima, como efectivamente sucedió.

Aunque aquí el azar se dio vuelta en el segundo tiempo. El primero fue para olvidar: tiros nuestros en los palos.

Un gol que nos anularon cuando el Tatú García, un petiso que jugaba de nueve y no le hacía un gol ni a la mamá en el día de la madre, aprovechó una distracción de la defensa, le robó una pelota al cinco de ellos y pateó con tanta suerte que al arquero, que le había atajado, se le escapó, oportunidad que Tatú aprovechó y la tocó suave y la arrimó al fondo de la red. Gol. No lo podíamos creer. Uno a cero. Nuestro arquerito, el inefable Roberto Vega, se tiraba de palo a palo, salía con las rodillas y los botines y los puños casi hasta el extremo de la expulsión, pero milagrosamente mantenía la valla invicta ese día.

La verdad sea dicha, nos baquetearon lindo, corrimos una coneja interesante pero siempre mantuvimos el honor a salvo, aunque sin saber todavía si entraríamos en el libro de las glorias del club. Hasta allí no estábamos muy seguros de que así fuera.

Para colmo en esos tiempos no se permitían los cambios. Llegamos extenuados al final del primer tiempo.

El fidelísimo Tata Barco, nuestro utilero de siempre entró al vestuario a darnos ánimo. Nos habló de garra, de esfuerzo, del color sangre de nuestra camiseta.

Yo no dije nada, pero para mí temía que al nueve de ellos ya no lo podría parar más salvo que lo colgara de una patada a un árbol de la orilla de la cancha.

Yo no dije nada, me limité a comer una gran naranja de ombligo que mi viejo –luego de arrancada de la planta- ponía en mi bolso, domingo a domingo.

Me levanté del suelo donde me había sentado, tiré la cáscara de la naranja a un tacho de lata que juntaba desperdicios, me enjuagué las manos y me mojé la cara. Lo miré a Nenucho, que ya no hablaba como en el inicio del partido. Estaba como si hubiera perdido el habla. No dijo en ningún momento “esta boca es mía”, siquiera. Ni qué decir que nos empataron apenas comenzando el segundo tiempo.

Yo creí que estábamos perdidos pero como dije antes, la suerte nos acompañó más aún, porque si bien tiraron al arco dos de cada tres pelotas que consiguieron, ese día muestro arquerito estaba inspirado. El trámite estaba enredado, ellos tenían su orgullo y no se iban a dejar empatar por un equipito humilde como el nuestro.

Así las cosas el partido llego a sus instancias finales, y cuando nosotros nos dábamos por demás de satisfechos con el empate ocurrió el milagro, que como todo milagro que se precie siempre es inesperado.

Hubo una situación confusa fuera del área de ellos, uno de los nuestros fue derribado fieramente y, al réferi no le quedó más remedio que cobrar. Tocó el pito tan suave que nosotros en la otra punta, ni lo oímos.

El encargado de ejecutar el tiro libre fue el Toto Míguez que no tomó carrera, le pegó con el empeine, abajo. La pelota hizo una especie de curva, buscando la altura, pasó sobre la barrera, enfiló hacia el ángulo derecho, lejos del alcance del arquero. Iba como en cámara lenta, hasta que nuestros ojos azorados vieron lo que no podría creerse cierto: que la pelota al fin entrara en ese arco esquivo.

Antes que las gargantas gritaran hacia el gol nosotros tardamos unos segundos en comprender que esa alegría era solo nuestra y para siempre.

Que honradamente nos la habíamos ganado y como se decía antes “en buena ley”.

LÍMITES*

Quiero contarte de la casa.
No había otro límite que el horizonte.
Mis ojos niños calzaban zapatillas de lona.
Mis pies miraban hacia el otro lado de la montaña azul
Mis brazos de primate olfateaban el árbol.
El árbol. No cualquiera. Abrazo olor abrazo.
Mi boca oía las voces durazneros.
Mis oídos mordían los frutos prohibidos.
Nadie me corrió del Paraíso.
Te cuento, que allá las noches, amadas noches.
Tenían ojos lobo y larga cabellera.
La luna se alcanzaba con lana vellón oveja.
Todo se compartía en esa casa.
Las palomas de masa. El baño. El rezo.
Las risas, el trabajo, los soles.
El pan, las bananas envueltas en los diarios.
Las leyendas, los mitos, los milagros.
El viento del oeste y la llovizna.
También se compartía la carga de tristeza.

Atrás ha quedado la casa y los almendros.
El duraznero, la silla de la abuela y los geranios.
Mis ojos calzan tacos. Los pies miran las huellas que dejaron.
El árbol se ha marchado.
Pero, te cuento.
En mi cuarto aun sopla el viento amada noche.
Se escuchan latidos de frutales prohibidos.
Nadie aun me ha corrido del Edén.
El único límite, el Paraíso, en sepia.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

QUÉ HAREMOS MAÑANA*

Decime si hay vida bajo tus ojos que mienten
Si el vacío tiene sombra
Si el laberinto de cristales se romperá algún día,
Si seremos uno aunque sumemos dos
Si correremos a los perros
Si deambularemos por las calles, con el llanto en la mano
Si coseremos los hilos que sostendrán al gran témpano
Si miraremos el reloj o si lo romperemos.
Si seguiremos oliendo a piel o si seremos frío acero.
¿Tendremos patio?
¿Tendremos pies?
Si nos invadirán las cosas inútiles o si seremos hombres libres,
los mismos libres de siempre,
bajo el sol.

*de Valeria Marioni maiden-marion@hotmail.com

*

La mano
toca como si nunca antes
la piel se abre,
dedos palpan visceras ,
alisan con alguna hermosura
la tristeza de los órganos,
la mano penetra
como una lengua tibia
arregla raspones
inventa un ajuar de palabras
para la carne muda adentro
y sale.
En el bar
nadie se dio cuenta que ella
dejó en el cuerpo de él,
un respiro, una alegría
un poco más de tiempo.
él le dice qué caricia profunda
pero tampoco

*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

ADIÓS, BISABUELO, ADIÓS*

Nunca sabré el color de sus sueños inmigrantes.
¿Azul sepia? ¿Verde castaño oscuro?
Nunca sabré si el tiempo de sus ojos
Era del acre sabor de mis mareas.
Nunca sabré
Porque vinieron.
Porqué partieron.
¿Los trajo el hambre? ¿La esperanza?
¿Encontraron el pan y los anhelos?
¿Cumplidos fueron sus secretas voluntades?
¿Como fueron barajadas las cartas Mendelianas?

Mi abuela, hija de gringos.
Trenza criolla. Heredera de exilios.
Hasta ahora no he descifrado rompecabezas/raza.
¿Dónde llegarían sus cabellos?
(¿Habrán cruzado el charco, buscándolo?)
Pasos en la noche furtiva.
Lágrimas oscuras de su madre.

Su padre. Hijo expulsado de su amada madre.
Yo, aprendí que él era hijo de la puta madre.
No volvió de la guerra
Ella no ha vuelto de la muerte.
Tampoco ha vuelto la niña de trenzas coloradas.
Sola. Sin raíz cosmogónica.
Con un calidoscopio ignorado de razas.
No sabiendo a quien amar. A quien odiar
Entre la puta madre patria y la madre América
Entre castañuelas y guitarras.
Entre guitarras y pañuelos.
Con una puta soledad
De tierra doliendome.

En las morenas manos.
Sin rumbo, sin origen, sin madre.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

*

Apreciadas amigas, queridos amigos,

El número 86 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", edición Enero/Marzo/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org
bajo el link:

http://www.euroyage.org/es/xicoatl-86

CONTENIDO:

· ENSAYO: Onetti: la lección del maestro. Jorge Isaías.
· NARRATIVA: Los sin nombre. Amelia Arellano.
· - Cuentos cortos. Joan Mateu i Marti.
· POEMARIO: Poemas. Blanca Helena Muñoz de Escobar.
· AUSTRIA: Poemas. Wolfgang Kauer.

La edición impresa de XICóATL # 86 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).

Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

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Comments

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Tue, 03 Mar 2009 12:06:03 +0100
LA PURA VIDA SIN MÁS Y SIN MENOS... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/02/12/la-pura-vida-sin-mas-y-sin-menos http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/02/12/la-pura-vida-sin-mas-y-sin-menos Arte y Oficio*

Voy a poblar los espacios
entre los dedos,
cabalgando en inútiles monturas de hojalata
hasta oxidar mis oídos,
lavando derrotas amarillas
con poco tiempo, y a grandes rasgos.

Si el tiempo supiera
de esos lugares verdes
en que te dibujaba con voz perpetua
vez, tras vez,
hasta desgarrarme las manos
dejando sangre en el paisaje de tu sombra.

Vamos, dame tu rostro.
¿Por qué te escondes
y luego sales con esa cara de fracaso
intentando intimidarme?

Si persistes en seguir dormida en la levedad,
no volverá la madrugada.

*©Daniel Montoly. danielmontoly@yahoo.es
http://www.danielmontoly.blogspot.com/

LA PURA VIDA SIN MÁS Y SIN MENOS...

Sonata para Violín*

Únicamente una persona sensible y con un alma delicada podía interpretar a Debussy arrancando al violín aquel sonido maravilloso. Cada tarde se acercaba a la ventana y dejaba volar su imaginación con las melodías que tocaba el violinista del piso de enfrente, soñando con el joven compositor romántico que estaría, sin duda, componiendo una obra mayor.

Cada tarde, suspendía lo que estaba haciendo para escucharle y si tenía algún compromiso, lo posponía para después de su "hora de amor". Sabía que alguna vez coincidiría con aquel hombre que se ocultaba tras las cortinas, y lo reconocería cuando se cruzaran ya que sería, sin duda, tan apuesto, lánguido y sensible como ella había imaginado.

Hoy estaba tocando con tanta intensidad que su corazón palpitaba con más fuerza que nunca. Hoy alcanzaría el éxtasis.

La maestra de solfeo, vieja, enferma y sola, con una jubilación miserable forzaba los dedos artríticos a desplazarse sobre las cuerdas del maltrecho violín tocando su última sonata. Mientras, la espita del gas, que había dejado abierta conscientemente, silbaba quedamente en la cocina.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

Deshoras*

*Julio Cortázar

Ya no tenía ninguna razón especial para acordarme de todo eso, y aunque me gustaba escribir por temporadas y algunos amigos aprobaban mis versos o mis relatos, me ocurría preguntarme a veces si esos recuerdos de la infancia merecían ser escritos si no nacían de la ingenua tendencia a creer que las
cosas habían sido más de veras cuando las ponía en palabras para fijarlas a mi manera, para tenerlas ahí como las corbatas en el armario o el cuerpo de Felisa por la noche, algo que no se podría vivir de nuevo pero que se hacía más presente como si en el mero recuerdo se abriera paso una tercera dimensión, una casi siempre amarga pero tan deseada contigüidad. Nunca supe bien por qué, pero una y otra vez volvía a cosas que otros habían aprendido a olvidar para no arrastrarse en la vida con tanto tiempo sobre los hombros.
Estaba seguro de que entre mis amigos había pocos que recordaran a sus compañeros de infancia como yo recordaba a Doro, aunque cuando escribía sobre Doro no era casi nunca él quien me llevaba a escribir sino otra cosa, algo en que Doro era solamente el pretexto para la imagen de su hermana mayor, la imagen de Sara en aquel entonces en que Doro y yo jugábamos en el patio o dibujábamos en la sala de la casa de Doro.
Tan inseparables habíamos sido en esos tiempos del sexto grado, de los doce o trece años, que no era capaz de sentirme escribiendo separadamente sobre Doro, aceptarme desde fuera de la página y escribiendo sobre Doro.
Verlo era verme simultáneamente como Aníbal con Doro, y no hubiera podido recordar nada de Doro si al mismo tiempo no hubiera sentido que Aníbal estaba también ahí en ese momento, que era Aníbal el que había pateado aquella pelota que rompió un vidrio de la casa de Doro una tarde de verano, el susto y las ganas de esconderse o de negar, la aparición de Sara tratándolos de bandidos y mandándolos a jugar al potrero de la esquina. Y con todo eso venía también Bánfield, claro, porque todo había pasado allí, ni Doro ni Aníbal hubieran podido imaginarse en otro pueblo que en Bánfield donde las casas y los potreros eran entonces más grandes que el mundo.
Un pueblo, Bánfield, con sus calles de tierra y la estación del Ferrocarril Sud, sus baldíos que en verano hervían de langostas multicolores a la hora de la siesta, y que de noche se agazapaba como temeroso en torno a los pocos faroles de las esquinas, con una que otra pitada de los vigilantes a caballo y el halo vertiginoso de los insectos voladores en torno a cada farol. A tan poca distancia las casas de Doro y de Aníbal que la calle era para ellos como un corredor más, algo que seguía manteniéndolos unidos de día o de noche, en el potrero jugando al fútbol en plena siesta o bajo la luz del farol de la esquina mirando cómo los sapos y los escuerzos hacían rueda para comerse a los insectos borrachos de dar vueltas en torno a la luz amarilla. Y el verano, siempre, el verano de las vacaciones, la libertad de
los juegos, el tiempo solamente de ellos, para ellos, sin horario ni campana para entrar a clase, el olor del verano en el aire caliente de las tardes y las noches, en las caras sudadas después de ganar o perder o pelearse o correr, de reírse y a veces de llorar pero siempre juntos, siempre libres, dueños de su mundo de barriletes y pelotas y esquinas y veredas.

De Sara le quedaban pocas imágenes, pero cada una se recortaba como un vitral a la hora del sol más alto, con azules y rojos y verdes penetrando el espacio hasta hacerle daño, a veces Aníbal veía sobre todo su pelo rubio cayéndole sobre los hombros como una caricia que él hubiera querido sentir contra su cara, a veces su piel tan blanca porque Sara no salía casi nunca al sol, absorbida por los trabajos de la casa, la madre enferma y Doro que volvía cada tarde con la ropa sucia, lastimadas las rodillas, las zapatillas embarradas. Nunca supo la edad de Sara en ese entonces, solamente que ya era una señorita, una joven madre de su hermano que se volvía más niño cuando ella le hablaba, cuando le pasaba la mano por la cabeza antes de mandarlo a comprar algo o pedirles a los dos que no gritaran tanto en el patio. Aníbal la saludaba tímido, dándole la mano, y Sara se la apretaba amablemente, casi sin mirarlo pero aceptándolo como esa otra mitad de Doro que casi diariamente venía a la casa para leer o jugar. A las cinco los llamaba para darles café con leche y bizcochos, siempre en la mesita del patio o en la sala sombría; Aníbal sólo había visto dos o tres veces a la madre de Doro, dulcemente desde su sillón de ruedas les decía su hola chicos, su tengan cuidado con los autos, aunque había tan pocos autos en Bánfield y ellos sonreían seguros de sus esquives en la calle, de su invulnerabilidad de jugadores de fútbol y corredores. Doro no hablaba nunca de su madre, casi siempre en la cama o escuchando radio en el salón, la casa era el patio y Sara, a veces algún tío de visita que les preguntaba lo que habían estudiado en la escuela y les regalaba cincuenta centavos. Y para Aníbal siempre era verano, de los inviernos no tenía casi recuerdos, su casa se volvía un encierro gris y neblinoso donde sólo los libros contaban, la familia en sus cosas y las cosas fijas en sus huecos, las gallinas que él tenía que cuidar, las enfermedades con largas dietas y té y solamente a veces Doro, porque a Doro no le gustaba quedarse mucho en una casa donde no los dejaban jugar como en la suya.

Fue a lo largo de una bronquitis de quince días que Aníbal empezó a sentir la ausencia de Sara, cuando Doro venía a visitarlo le preguntaba por ella y Doro le contestaba distraído que estaba bien, lo único que le interesaba era si esa semana iban a poder jugar de nuevo en la calle. Aníbal hubiera querido saber más de Sara pero no se animaba a preguntar mucho, a Doro le hubiera parecido estúpido que se preocupara por alguien que no jugaba como ellos, que estaba tan lejos de todo lo que ellos hacían y
pensaban. Cuando pudo volver a la casa de Doro, todavía un poco débil, Sara le dio la mano y le preguntó cómo andaba, no tenía que jugar a la pelota para no cansarse, mejor que dibujaran o leyeran en la sala; su voz era grave, hablaba como siempre le hablaba a Doro, afectuosamente pero lejos, la hermana mayor atenta y casi severa. Antes de dormirse esa noche, Aníbal sintió que algo le subía a los ojos, que la almohada se le volvía Sara, una necesidad de apretarla en los brazos y llorar con la cara pegada a Sara, al pelo de Sara, queriendo que ella estuviera ahí y le trajera los remedios y mirara el termómetro sentada a los pies de la cama. Cuando su madre vino por la mañana para frotarle el pecho con algo que olía a alcohol y a mentol, Aníbal cerró los ojos y fue la mano de Sara alzándole el camisón,
acariciándolo livianamente, curándolo.
Era de nuevo el verano, el patio de la casa de Doro, las vacaciones con novelas y figuritas, con la filatelia y la colección de jugadores de fútbol que pegaban en un álbum. Esa tarde hablaban de pantalones largos, ya no faltaba mucho para ponérselos, quién iba a entrar en la secundaria con
pantalones cortos. Sara los llamó para el café con leche y a Aníbal le pareció que había escuchado lo que decían y que en su boca había como un resto de sonrisa, a lo mejor se divertía oyéndolos hablar de esas cosas y se burlaba un poco. Doro le había dicho que ya tenía novio, un señor grande que la visitaba los sábados pero que él no había visto todavía. Aníbal lo imaginaba como alguien que le traía bombones a Sara y hablaba con ella en la sala, igual que el novio de su prima Lola, en pocos días se había curado de
la bronquitis y ya podía jugar de nuevo en el potrero con Doro y los otros amigos. Pero de noche era triste y a la vez tan hermoso, solo en su cuarto antes de dormirse se decía que Sara no estaba ahí, que nunca entraría a verlo ni sano ni enfermo, justo a esa hora en que él la sentía tan cerca, la miraba con los ojos cerrados sin que la voz de Doro o los gritos de los otros chicos se mezclaran con esa presencia de Sara sola ahí para él, junto a él, y el llanto volvía como un deseo de entrega, de ser Doro en las manos
de Sara, de que el pelo de Sara le rozara la frente y su voz le dijera buenas noches, que Sara le subiera la sábana antes de irse.
Se animó a preguntarle a Doro como de paso quién lo cuidaba cuando estaba enfermo, porque Doro había tenido una infección intestinal y había pasado cinco días en la cama. Se lo preguntó como si fuera natural que Doro le dijera que su madre lo había atendido, sabiendo que no podía ser y que entonces Sara, los remedios y las otras cosas. Doro le contestó que su hermana le hacía todo, cambió de tema y se puso a hablar de cine. Pero Aníbal quería saber más, si Sara lo había cuidado desde que era chico, y
claro que lo había cuidado porque su mamá llevaba ocho años casi inválida y Sara se ocupaba de los dos. Pero entonces, ¿ella te bañaba cuando eras chico? Seguro, ¿por qué me preguntás esas pavadas? Por nada, por saber nomás, debe ser tan raro tener una hermana grande que te baña. No tiene nada de raro, che. ¿Y cuando te enfermabas de chico ella te cuidaba y te hacía todo? Sí, claro. ¿Y a vos no te daba vergüenza que tu hermana te viera y te hiciera todo? No, qué vergüenza me iba a dar, yo era chico entonces. ¿Y ahora? Bueno, ahora igual, por qué me va a dar vergüenza cuando estoy enfermo.
Por qué, claro. A la hora en que cerrando los ojos imaginaba a Sara entrando de noche en su cuarto, acercándose a su cama, era como un deseo de que ella le preguntara cómo estaba, le pusiera la mano en la frente y después bajara las sábanas para verle la lastimadura en la pantorrilla, le cambiara la venda tratándolo de tonto por haberse cortado con un vidrio. La sentía levantándole el camisón y mirándolo desnudo, tocándole el vientre para ver si estaba inflamado, tapándolo de nuevo para que se durmiera.
Abrazado a la almohada se sentía de pronto tan solo, y cuando abría los ojos en el cuarto ya vacío de Sara era como una marea de congoja y de delicia porque nadie, nadie podía saber de su amor, ni siquiera Sara, nadie podía comprender esa pena y ese deseo de morir por Sara, de salvarla de un tigre o de un incendio y morir por ella, y que ella se lo agradeciera y lo besara llorando. Y cuando sus manos bajaban y empezaba a acariciarse como Doro, como todos los chicos, Sara no entraba en sus imágenes, era la hija del almacenero o la prima Yolanda, eso no podía suceder con Sara que venía a cuidarlo de noche como lo cuidaba a Doro, con ella no había más que esa delicia de imaginarla inclinándose sobre él y acariciándolo y el amor era eso, aunque Aníbal ya supiera lo que podía ser el amor y se lo imaginara con Yolanda, todo lo que él le haría alguna vez a Yolanda o a la chica del almacenero.
El día del zanjón fue casi al final del verano, después de jugar en el potrero se habían separado de la barra y por un camino que solamente ellos conocían y que llamaban el camino de Sandokan se perdieron en la maleza espinosa donde una vez habían encontrado un perro ahorcado en un árbol y habían huido de puro susto. Arañándose las manos se abrieron paso hasta lo más tupido, hundiendo la cara en el ramaje colgante de los sauces hasta llegar al borde del zanjón de aguas turbias donde siempre habían esperado
pescar mojarritas y nunca habían sacado nada. Les gustaba sentarse al borde y fumar los cigarrillos que Doro hacía con chala de maíz, hablando de las novelas de Salgari y planeando viajes y cosas. Pero ese día no tuvieron suerte, a Aníbal se le enganchó un zapato en una raíz y se fue para adelante, se agarró de Doro y los dos resbalaron en el talud del zanjón y se hundieron hasta la cintura, no había peligro pero fue como si, manotearon desesperados hasta sujetarse de la ramazón de un sauce, se arrastraron
trepando y puteando hasta lo alto, el barro se les había metido por todas partes, les chorreaba dentro de las camisas y los pantalones y olía a podrido, a rata muerta.
Volvieron casi sin hablar y se metieron por el fondo del jardín en la casa de Doro, esperando que no hubiera nadie en el patio y pudieran lavarse a escondidas. Sara colgaba ropa cerca del gallinero y los vio venir, Doro como con miedo y Aníbal detrás, muerto de vergüenza y queriendo de veras morirse, estar a mil leguas de Sara en ese momento en que ella los miraba apretando los labios, en un silencio que los clavaba ridículos y confundidos bajo el sol del patio.
-Era lo único que faltaba -dijo solamente Sara, dirigiéndose a Doro pero tan para Aníbal balbuceando las primeras palabras de una confesión, era culpa suya, se le había enganchado un zapato y entonces, Doro no tuvo la culpa de que, lo que había pasado era que todo estaba tan refaloso.
-Vayan a bañarse ahora mismo -dijo Sara como si no lo hubiera oído-.
Sáquense los zapatos antes de entrar y después se lavan la ropa en la pileta del gallinero.
En el baño se miraron y Doro fue el primero en reírse pero era una risa sin convicción, se desnudaron y abrieron la ducha, bajo el agua podían empezar a reírse de veras, a pelearse por el jabón, a mirarse de arriba abajo y a hacerse cosquillas. Un río de barro corría hasta el desagüe y se diluía poco a poco, el jabón empezaba a dar espuma, se divertían tanto que en el primer momento no se dieron cuenta de que la puerta se había abierto y que Sara estaba ahí mirándolos, acercándose a Doro para sacarle el jabón de la mano y frotárselo en la espalda todavía embarrada. Aníbal no supo qué hacer, parado en la bañadera se puso las manos en la barriga, después se dio vuelta de golpe para que Sara no lo viera y fue todavía peor, de tres cuartos y con el agua corriéndole por la cara, cambiando de lado y otra vez
de espaldas, hasta que Sara le alcanzó el jabón con un lavate mejor las orejas, tenés barro por todas partes.
Esa noche no pudo ver a Sara como las otras noches, aunque apretaba los párpados lo único que veía era a Doro y a él en la bañadera, a Sara acercándose para inspeccionarlos de arriba abajo y después saliendo del baño con la ropa sucia en los brazos, generosamente yendo ella misma a la pileta para lavarles las cosas y gritándoles que se envolvieran en las toallas de baño hasta que todo estuviera seco, dándoles el café con leche sin decir nada, ni enojada ni amable, instalando la tabla de planchar bajo las
glicinas y poco a poco secando los pantalones y las camisas. Cómo no había podido decirle algo al final cuando los mandó a vestirse, decirle solamente gracias, Sara, qué buena es, gracias de veras, Sara. No había podido decir ni eso y Doro tampoco, habían ido a vestirse callados y después la filatelia
y las figuritas de aviones sin que Sara apareciera de nuevo, siempre cuidando a su madre al anochecer, preparando la cena y a veces tarareando un tango entre el ruido de los platos y las cacerolas, ausente como ahora bajo los párpados que ya no le servían para hacerla venir, para que supiera cuánto la quería, qué ganas de morirse de veras después de haberla visto mirándolos en la ducha.
Debió ser en las últimas vacaciones antes de entrar en el colegio nacional, sin Doro porque Doro iría a la escuela normal, pero los dos se habían prometido seguir viéndose todos los días aunque fueran a escuelas diferentes, qué importaba si por la tarde seguirían jugando como siempre, sin saber que no, que algún día de febrero o marzo jugarían por última vez en el patio de la casa de Doro porque la familia de Aníbal se mudaba a Buenos Aires y solamente podrían verse los fines de semana, amargos de rabia por un cambio que no querían admitir, por una separación que los grandes les imponían como tantas cosas, sin preocuparse por ellos, sin consultarlos.
Todo de golpe iba rápido, cambiaba como ellos con los primeros pantalones largos, cuando Doro le dijo que Sara se iba a casar a principios de marzo, se lo dijo como algo sin importancia y Aníbal ni siquiera hizo un comentario, pasaron días antes de que se animara a preguntarle a Doro si Sara iba a seguir viviendo con él después de casada, pero sos idiota vos, cómo se van a quedar aquí, el tipo tiene mucha guita y se la va a llevar a Buenos Aires, tiene otra casa en Tandil y yo me voy a quedar con mi mamá y
tía Faustina que la va a cuidar.
Ese sábado último de las vacaciones vio llegar al novio en su auto, lo vio de azul y gordo, con lentes, bajándose del auto con un paquetito de masas y un ramo de azucenas. En su casa lo llamaban para que empezara a embalar sus cosas, la mudanza era el lunes y todavía no había hecho nada.
Hubiera querido ir a la casa de Doro sin saber por qué, estar solamente ahí, pero su madre lo obligó a empaquetar sus libros, el globo terráqueo, las colecciones de bichos. Le habían dicho que tendría una pieza grande para él solo con vista a la calle, le habían dicho que podría ir al colegio a pie.
Todo era nuevo, todo iba a empezar de otra manera, todo giraba lentamente, y ahora Sara estaría sentada en la sala con el gordo del traje azul, tomando el té con las masas que él había traído, tan lejos del patio, tan lejos de Doro y él, sin nunca más llamarlos para el café con leche debajo de las
glicinas.
El primer fin de semana en Buenos Aires (era cierto, tenía una pieza grande para él solo, el barrio estaba lleno de negocios, había un cine a dos cuadras), tomó el tren y volvió a Bánfield para ver a Doro. Conoció a la tía Faustina, que no les dio nada cuando terminaron de jugar en el patio, se fueron a caminar por el barrio y Aníbal tardó un rato en preguntarle por Sara. Bueno, se había casado por civil y ya estaban en la casa de Tandil para la luna de miel, Sara iba a venir cada quince días a ver a su madre. ¿Y no la extrañás? Sí, pero qué querés. Claro, ahora está casada. Doro se distraía, empezaba a cambiar de tema y Aníbal no encontraba la manera de que siguiera hablándole de Sara, a lo mejor pidiéndole que le contara el casamiento y Doro riéndose, yo qué sé, habrá sido como siempre, del civil se fueron al hotel y entonces vino la noche de bodas, se acostaron y entonces el tipo. Aníbal escuchaba mirando las verjas y los balcones, no quería que Doro le viera la cara y Doro se daba cuenta, seguro que vos no sabés lo que
pasa la noche de bodas. No jodas, claro que sé. Lo sabés pero la primera vez es diferente, a mí me contó Ramírez, a él se lo dijo el hermano que es abogado y se casó el año pasado, le explicó todo. Había un banco vacío en la plaza, Doro había comprado cigarrillos y le seguía contando y fumando, Aníbal asentía, tragaba el humo que empezaba a marearlo, no necesitaba cerrar los ojos para ver contra el fondo del follaje el cuerpo de Sara que nunca había imaginado como un cuerpo, ver la noche de bodas desde las
palabras del hermano de Ramírez, desde la voz de Doro que le seguía contando.
Ese día no se animó a pedirle la dirección de Sara en Buenos Aires, lo dejó para otra visita porque tenía miedo de Doro en ese momento, pero la otra visita no llegó nunca, el colegio empezó y los nuevos amigos, Buenos Aires se tragó poco a poco a Aníbal cargado de libros de matemáticas y tantos cines en el centro y la cancha de River y los primeros paseos de noche con Beto, que era un porteño de veras. También a Doro le estaría pasando lo mismo en La Plata, cada tanto Aníbal pensaba en mandarle unas
líneas porque Doro no tenía teléfono, después venía Beto o había que preparar algún trabajo práctico, fueron meses, el primer año, vacaciones en Saladillo, de Sara no iba quedando más que alguna imagen aislada, una ráfaga de Sara cuando algo en María o en Felisa le recordaba por un momento a Sara.
Un día del segundo año la vio nítidamente al salir de un sueño y le dolió con un dolor amargo y quemante, al fin y al cabo no había estado tan enamorado de ella, total antes era un chico y Sara nunca le había prestado atención como ahora Felisa o la rubia de la farmacia, nunca había ido a un baile con él como su prima Beba o Felisa para festejar la entrada a cuarto año, nunca lo había dejado acariciarle el pelo como María, ir a bailar a San Isidro y perderse a medianoche entre los árboles de la costa, besar a Felisa en la boca entre protestas y risas, apoyarla contra un tronco y acariciarle el pecho, bajar hasta perder la mano en ese calor huyente y después de otro baile y mucho cine encontrar un refugio en el fondo del jardín de Felisa y resbalar con ella hasta el suelo, sentir en la boca su sabor salado y
dejarse buscar por una mano que lo guió, por supuesto no le iba a decir que era la primera vez, que había tenido miedo, ya estaba en primer año de ingeniería y no le podía decir eso a Felisa y después ya no hizo falta porque todo se aprendía tan rápido con Felisa y algunas veces con su prima Beba.
Nunca más supo de Doro y no le importó, también se había olvidado de Beto que enseñaba historia en algún pueblo de provincia, los juegos se habían ido dando sin sorpresa y como a todo el mundo, Aníbal aceptaba sin aceptar, algo que debía ser la vida aceptaba por él, un diploma, una hepatitis grave, un
viaje al Brasil, un proyecto importante en un estudio con dos o tres socios.
Estaba despidiéndose de uno de ellos en la puerta antes de ir a tomar una cerveza después del trabajo cuando vio venir a Sara por la vereda de enfrente. Bruscamente recordó que la noche antes había soñado con Sara y que era siempre el patio de la casa de Doro aunque no pasaba nada, aunque Sara
solamente estaba ahí colgando ropa o llamándolos para el café con leche, y el sueño se acababa así casi sin haber empezado. Tal vez porque no pasaba nada las imágenes eran de una precisión cortante bajo el sol del verano de Bánfield que en el sueño no era el mismo que el de Buenos Aires; tal vez también por eso o por falta de algo mejor había rememorado a Sara después de tantos años de olvido (pero no había sido olvido, se lo repitió hoscamente a lo largo del día), y verla venir ahora por la calle, verla ahí vestida de blanco, idéntica a entonces con el pelo azotándole los hombros a cada paso en un juego de luces doradas, encadenándose a las imágenes del sueño en una continuidad que no le extrañó, que tenía algo de necesario y previsible, cruzar la calle y enfrentarla, decirle quién era y que ella lo mirara sorprendida, no lo reconociera y de golpe sí, de golpe sonriera y le tendiera la mano, se la apretara de veras y siguiera sonriéndole.
-Qué increíble -dijo Sara-. Cómo te iba a reconocer después de tantos años.
-Usted sí, claro -dijo Aníbal-. Pero ya ve, yo la reconocí enseguida.
-Lógico -dijo lógicamente Sara-. Si ni siquiera te habías puesto pantalones largos. Yo también habré cambiado tanto, lo que pasa es que sos mejor fisonomista.
Dudó un segundo antes de comprender que era idiota seguir tratándola de usted.
-No, no has cambiado, ni siquiera el peinado. Sos la misma.
-Fisonomista pero un poco miope -dijo ella con la antigua voz donde la bondad y la burla se enredaban.
El sol les daba en la cara, no se podía hablar entre el tráfico y la gente. Sara dijo que no tenía apuro y que le gustaría tomar algo en un café.
Fumaron el primer cigarrillo, el de las preguntas generales y los rodeos, Doro era maestro en Adrogué, la mamá se había muerto como un pajarito mientras leía el diario, él estaba asociado con otros muchachos ingenieros, les iba bien aunque la crisis, claro. En el segundo cigarrillo Aníbal dejó caer la pregunta que le quemaba los labios.
-¿Y tu marido?
Sara dejó salir el humo por la nariz, lo miró despacio en los ojos.
-Bebe -dijo.
No había ni amargura ni lástima, era una simple información y después otra vez Sara en Bánfield antes de todo eso, antes de la distancia y el olvido y el sueño de la noche anterior, exactamente como en el patio de la casa de Doro y aceptándole el segundo whisky, como siempre casi sin hablar, dejándolo a él que siguiera, que le contara porque él tenía mucho más para contarle, los años habían estado tan llenos de cosas para él, ella era como si no hubiese vivido mucho y no valía la pena decir por qué. Tal vez porque acababa de decirlo con una sola palabra.
Imposible saber en qué momento todo dejó de ser difícil, juego de preguntas y respuestas, Aníbal había tendido la mano sobre el mantel y la mano de Sara no rehuyó su peso, la dejó estar mientras él agachaba la cabeza porque no podía mirarla en la cara, mientras le hablaba a borbotones del patio, de Doro, le contaba las noches en su cuarto, el termómetro, el llanto contra la almohada. Se lo decía con una voz lisa y monótona, amontonando momentos y episodios pero todo era lo mismo, me enamoré tanto de vos, me enamoré tanto y no te lo podía decir, vos venías de noche y me cuidabas, vos eras la mamá joven que yo no tenía, vos me tomabas la temperatura y me acariciabas para que me durmiera, vos nos dabas el café con leche en el patio, te acordás, vos nos retabas cuando hacíamos pavadas, yo hubiera querido que me hablaras solamente a mí de tantas cosas pero vos me mirabas desde tan arriba, me sonreías desde tan lejos, había un inmenso vidrio entre los dos y vos no podías hacer nada para romperlo, por eso de noche yo te llamaba y vos venías a cuidarme, a estar conmigo, a quererme como yo te quería, acariciándome la cabeza, haciéndome lo que le hacías a Doro, todo lo que siempre le habías hecho a Doro, pero yo no era Doro y solamente una vez, Sara, solamente una vez y fue horrible y no me olvidaré nunca porque hubiera querido morirme y no pude o no supe, claro que no quería morirme pero eso era el amor, querer morirme porque vos me habías mirado todo entero como a un chico, habías entrado en el baño y me habías mirado a mí que te quería, y me habías mirado como siempre lo habías mirado a Doro, vos ya de novia, vos que ibas a casarte y yo ahí mientras me dabas el jabón y me mandabas que me lavara hasta las orejas, me mirabas desnudo como a un chico que era y no te importaba nada de mí, ni siquiera me veías porque solamente veías a un chico y te ibas como si nunca me hubieras visto, como si yo no estuviera ahí sin
saber cómo ponerme mientras me estabas mirando.
-Me acuerdo muy bien -dijo Sara-. Me acuerdo tan bien como vos, Aníbal.
-Sí, pero no es lo mismo.
-Quién sabe si no es lo mismo. Vos no podías darte cuenta entonces, pero yo había sentido que me querías de esa manera y que te hacía sufrir, y por eso yo tenía que tratarte igual que a Doro. Eras un chico pero a veces me daba tanta pena que fueras un chico, me parecía injusto, algo así. Si hubieras tenido cinco años más... Te lo voy a decir porque ahora puedo y porque es justo, aquella tarde entré a propósito en el baño, no tenía ninguna necesidad de ir a ver si se estaban lavando, entré porque era una
manera de acabar con eso, de curarte de tu sueño, de que te dieras cuenta que vos no podrías verme nunca así mientras que yo tenía el derecho de mirarte por todos lados como se mira a un chico. Por eso, Aníbal, para que te curaras de una vez y dejaras de mirarme como me mirabas pensando que yo
no lo sabía. Y ahora sí otro whisky, ahora que los dos somos grandes.
Del anochecer a la noche cerrada, por caminos de palabras que iban y venían, de manos que se encontraban un instante sobre el mantel antes de una risa y otros cigarrillos, quedaría un viaje en taxi, algún lugar que ella o él conocían, una habitación, todo como fundido en una sola imagen instantánea resolviéndose en una blancura de sábanas y la casi inmediata, furiosa convulsión de los cuerpos en un interminable encuentro, en las pausas rotas y rehechas y violadas y cada vez menos creíbles, en cada nueva implosión que los segaba y los sumía y los quemaba hasta el sopor, hasta la última brasa de los cigarrillos del alba. Cuando apagué la lámpara del escritorio y miré el fondo del vaso vacío, todo era todavía pura negación de las nueve de la noche, de la fatiga a la vuelta de otro día de trabajo.
¿Para qué seguir escribiendo si las palabras llevaban ya una hora resbalando sobre esa negación, tendiéndose en el papel como lo que eran, meros dibujos privados de todo sostén? Hasta algún momento habían corrido cabalgando la realidad, llenándose de sol y verano, palabras patio de Bánfield, palabras
Doro y juegos y zanjón, colmena rumorosa de una memoria fiel. Sólo que al llegar a un tiempo que ya no era Sara ni Bánfield el recuento se había vuelto cotidiano, presente utilitario sin recuerdos ni sueños, la pura vida sin más y sin menos. Había querido seguir y que también las palabras aceptaran seguir adelante hasta llegar al hoy nuestro de cada día, a cualquiera de las lentas jornadas en el estudio de ingeniería, pero entonces me había acordado del sueño de la noche anterior, de ese sueño de nuevo con
Sara, de la vuelta de Sara desde tan lejos y atrás, y no había podido quedarme en este presente en el que una vez más saldría por la tarde del estudio y me iría a beber una cerveza al café de la esquina, las palabras habían vuelto a llenarse de vida y aunque mentían, aunque nada era cierto, había seguido escribiéndolas porque nombraban a Sara, a Sara viniendo por la calle, tan hermoso seguir adelante aunque fuera absurdo, escribir que había cruzado la calle con las palabras que me llevarían a encontrar a Sara y dejarme conocer, la única manera de reunirme por fin con ella y decirle la verdad, llegar hasta su mano y besarla, escuchar su voz y verle el pelo azotándole los hombros, irme con ella hacia una noche que las palabras irían llenando de sábanas y caricias, pero cómo seguir ya, cómo empezar desde esa
noche una vida con Sara cuando ahí al lado se oía la voz de Felisa que entraba con los chicos y venía a decirme que la cena estaba pronta, que fuéramos enseguida a comer porque ya era tarde y los chicos querían ver al pato Donald en la televisión de las diez y veinte.

*De Deshoras
Cortázar, Julio; Cuentos completos 2, Buenos Aires, Alfaguara, 1996
-Fuente: http://www.geocities.com/juliocortazar_arg/deshoras.htm

POEMA 12*

Un arrebato no es una necedad,
es estar más allá del silencio,
es transitar la vida.
No se puede acallar la verdad,
a veces brota,
salta en defensa de algo
o de alguien
pero aparecen resquemores,
pequeñas trampas
que nos pega en medio del dolor.
Entonces sin poder contener la angustia
nos disfrazamos de indiferencia
y transitamos las sombras.

POEMA 13*

Se plagian las imágenes
tras un retrucar de sensaciones.
Imposible plasmas un símbolo,
lo que conmueve.

POEMA 14*

Bebo en sueños
de una realidad implícita.
Quiero saciar la noche
perdiéndome.

*de MARTA BEATRIZ MULTINI.
-mensajes a: zurmy@yahoo.com.ar

Jueves, 12 de Febrero de 2009
LITERATURA LA VIGENCIA DE LA OBRA DE JULIO CORTAZAR, A VEINTICINCO AñOS DE
SU MUERTE

El escritor que supo trascender el espíritu de una época*

El aniversario invita a multiplicar los homenajes y los recuerdos, pero también convoca a volver a leer al autor de Rayuela, un enemigo declarado de todo abuso de solemnidad.

*Por Silvina Friera

Los climas de época sorprenden con sus conjeturas y paradojas. A 25 años de su muerte, Julio Cortázar podría alzar sus puños en señal de victoria, después de tantos devaneos verbales y polémicas de mayor o menor monta, por izquierda y por derecha. Claro que habría que imaginar ese gesto póstumo con la gracia de una mofa bien calibrada para apaciguar el fervor excesivo que prolifera cuando se multiplican los homenajes. Ese hombre que tenía las facciones de un eterno púber, aun cuando ostentaba una barba tupida y desgreñada, seguramente pensaría que tanto amor, además de abrumar, mata. Y sonreiría como si un ejército de fantasmas le hiciera cosquillas en su axila.
Nuestro gran cronopio, nacido accidentalmente en Bruselas (Bélgica) el 26 de agosto de 1914, justo en los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, recibió varios puñetazos, acaso el peor haya sido etiquetar su literatura, especialmente sus novelas, sobre todo Rayuela, con fecha de vencimiento.
Pero ninguno de esos golpes lo pusieron de bruces, aunque lo hayan herido.
Su narrativa se tuerce -el primero en practicar la torsión ilimitada fue el propio Cortázar-, pero no se rompe. A pesar de que se jactó de jugar mucho con el tiempo (tal vez se le pueda reprochar que pecó por exceso de confianza en su jueguito, y el tiempo también cometió sus fechorías y se burló de él), los cimientos de buena parte de su obra perduran. Hay un núcleo duro cortazariano que no envejece -los formidables cuentos de Bestiario-, por donde los lectores, generación tras generación, suben
peldaño a peldaño hasta acceder a la cúspide de una pirámide que no deja de asombrarnos. "Casa tomada" y "Lejana", los más perfectos de sus relatos breves, despliegan el encanto que sólo provoca un cuentista avezado en el arte de hipnotizar.
En medio de esta ola amistosa, propiciada sin duda por el aniversario de su muerte, habría que evaluar el impacto que tendrá el hallazgo de las joyas del abuelo. Una cómoda con cientos de manuscritos inéditos, descubierta por su primera mujer, albacea y heredera universal, la traductora Aurora Bernárdez, en diciembre de 2003, dejó atónito a más de uno, cuando se anunció, la semana pasada, que ese abundante material se publicará por Alfaguara en mayo, simultáneamente en España y Argentina, bajo el título de
Papeles inesperados. Estos papeles, para locura de los cortazarianos, escaparon del fuego al que los había destinado el escritor. Son, qué duda cabe, como pequeños Ave Fénix que esperaron, pacientes, resurgir de la cómoda en la que estaban confinados. ¿Será la broma final, los conejitos que vomita Cortázar para morirse de risa por las vueltas del destino, los papeles amarillentos y las cómodas?
Entre otros textos, el libraco que nos arroja Cortázar, nada más y nada menos que 450 páginas, incluye once relatos inéditos, como "Los gatos", fechado en enero de 1948, uno de los más antiguos que se conserva y que demuestra tempranamente "la facilidad de Cortázar por hacer que el narrador salte de personaje sin que el lector se dé cuenta si no está muy atento", según Carlos Alvarez, estudioso de la obra cortazariana; o "Manuscrito hallado junto a una botella", el relato más sorprendente y "de una comicidad irresistible", en opinión de Bernárdez; un capítulo inédito de la polémica Libro de Manuel, expurgado de esa novela "por redundante y por su alto contenido erótico"; y once nuevos episodios del poliédrico personaje que protagonizó Un tal Lucas, suerte de alter ego del escritor. Alvarez se
inclina especialmente por "Lucas, las cartas que recibe" y "Lucas, sus erratas", en donde un Lucas obsesionado con las erratas termina convencido de que degeneran en ratas y encarga una ratera especial para cazarlas. Pero la cómoda mágica tiene más conejos a disposición de los lectores. También
habrá tres historias de cronopios que quedaron sueltas: "Never stop the press", "Vialidad" y "Almuerzo". Menos literarios, pero no menos interesantes, resultan "Discurso del Día de la Independencia", que en 1938 Cortázar recitó a sus compañeros y profesores, y otro discurso que pronunció en el acto en que recibió la nacionalidad francesa. El menú, además, contiene cartas del escritor para y sobre sus amigos, como el uruguayo Angel Rama y Susana Rinaldi; once textos sobre pintura, escultura y fotografía, y piezas fascinantes e inclasificables que se aproximan a los epigramas. Y de yapa, como si no fuera suficiente, cuatro autoentrevistas. En tres de ellas, quien interpela al escritor es un dúo sarcástico que relativiza todo lo que dice: los buscavidas porteños Calac y Polanco que persiguieron a Cortázar desde que los incluyó en la novela 62 Modelo para armar.
Maravilloso azar o lógica calculada para la posteridad, las joyas de Papeles inesperados dialogan con el entramado vital del escritor, transitando del Cortázar en formación (que se corresponde, en parte, con su período como docente en Bolívar y Chivilcoy) al célebre autor de Rayuela (1963), novela que fue la contraseña de toda una generación. Más allá de que ese experimento tan radical haya quedado adherido al "espíritu de época" de los sesenta, no por eso se debe olvidar que todavía se dice que "esa chica es La Maga", o "ése es un Oliveira". Y guste o no, ya sea por adhesión o rechazo automático, esa identificación significa algo. Quizá esta zona de la obra de Cortázar, superados los escollos de los compromisos ampulosos, requiera una exploración y relectura liberada del peso de la coyuntura en la que fue
concebida y publicada la novela. Pero no deja de ser una suerte de acertijo literario el hecho de que la novela que se erigió como la puerta de entrada al mundo cortazariano, hoy opere más bien como una puerta de emergencia por la se huye, por cierto, un tanto despavorido. Aunque se reconozca la
persistencia de ciertas hilachas, que resuenan en este instante en que la efeméride revela, parafraseando a Morelli, que a un libro de Cortázar se lo puede leer como a cada uno le dé la gana.
Con su propia pulsación interna, con una estructura rítmica como la del jazz, la musiquita inconfundible de sus narraciones, orquestadas en los cuentos de Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Historia de cronopios y de famas (1962), Todos los fuegos el fuego (1966) y La vuelta al día en ochenta mundos (1967), es un bazar fantástico abierto las 24 horas del día, todos los días del año. En estos textos extraordinarios está lo mejor de nuestro afamado cronopio. Ni las muertes
anunciadas ni el deporte nacional de "matar a Cortázar", practicado con una inquina pocas veces vista, pudieron horadar los piolines de una literatura que se mantiene en la cuerda floja de sus logros y de sus quimeras. Maestro del desenfado y de lo lúdico, fue un equilibrista consciente de que la única manera de perdurar era burlándose de sus propios fundamentos. Ese amigo del alma con el que a veces peleamos y discutimos nos sigue acompañando con su obra tan bella como indestructible.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-12837-2009-02-12.html

La búsqueda de un perseguidor*

Por Mario Goloboff *

Suele decirse que lo mejor de la obra de Julio Cortázar está en sus cuentos.
Y que sus novelas la malogran. Lo primero todavía me parece cierto. Lo segundo, sólo relativamente. En efecto, Cortázar tiene (a diferencia de otros grandes cuentistas en la historia literaria), no una o dos, sino más de una docena de piezas que ya debieran estar en la antología universal del relato breve. Desde "Casa tomada" hasta "Todos los fuegos el fuego", desde "Carta a una señorita en París" hasta "La noche boca arriba", desde "Continuidad de los parques" a "La autopista del sur" (y cuántos más, sin hablar de "El perseguidor", una extraordinaria nouvelle), puede decirse que sus cuentos son de una factura formal extrema, de una resolución perfecta que no aminora lo poético y, en muchos casos, lo político y lo ético.
Es cierto que, como todo buen escritor, tuvo altos y bajos. Probablemente, alguna de sus novelas (Libro de Manuel, por ejemplo) haya tratado de estar demasiado a tono con la época, cuando, al decir de Oscar Terán, "el imán de la política" todo lo atraía, y se entorpezca por su dependencia de la actualidad inmediata o por la transparencia de sus intenciones. Es también posible que alguno de sus libros-objeto, Ultimo round o Los autonautas de la cosmopista, contenga textos que no lo representan en su calidad. Pero Los premios es una envidiable novela tradicional con novedosos aciertos lingüísticos y temáticos; 62 Modelo para armar es de una considerable audacia; la más celebrada, Rayuela, es uno de los mejores intentos de renovar el género novelístico durante el siglo XX, y contiene planteos de avanzada en cuanto al ritmo de lectura, al papel del lector y, con él, a la subversión de los hábitos de consumo, al cuestionamiento del hecho de narrar y del de leer.
A cada una de esas novelas (como a tantos otros textos) lo llevó, por otra parte, su deseo, infrecuente hasta en grandes artistas y escritores, de no quedarse con la receta que le había asegurado el éxito, de cambiar, de intentar nuevos horizontes, nuevos riesgos. El riesgo, inclusive, de la ilegibilidad: después de Rayuela (a partir de uno de sus capítulos, el 62), se pone a escribir un libro absolutamente distinto. Tan distinto, que hasta el día de hoy es el peor leído de Cortázar: 62 Modelo para armar, su novela menos frecuentada, tal vez la más audaz y experimental, la que viene después de Rayuela, cuya aura había arrastrado consigo los libros anteriores: Bestiario, Final del juego, Las armas secretas. Tuvo, para mí, numerosas virtudes como escritor, y quizás la mayor de ellas fue esa búsqueda incesante de nuevas formas, de nuevos caminos. Como si su mandato interior hubiera sido seguir trabajando siempre, no quedarse con la facilidad, no repetirse, no solazarse en su propia retórica. Muchos escritores del llamado boom continuaron, cómodamente, escribiendo cosas iguales o peores. Cortázar, en cambio, fue, hasta el final, un perseguidor. Este es, acaso, uno de los secretos de su permanencia.

*Escritor y docente universitario. Biógrafo de Cortázar.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/12837-3849-2009-02-12.html

Lo sagrado y lo profano*

*Por Luisa Valenzuela *

Propongo considerar a Julio Cortázar el payaso sagrado por excelencia. Habrá por supuesto quienes trepiden ante uno u otro término, quienes insistan que calificar de payaso a un escritor de tamaña envergadura y vuelo tan alto...
Habrá a quienes la palabra sagrado les dé urticaria. Me explico. En las culturas indoamericanas los payasos sagrados con sus bromas procaces y hasta abyectas tienen por función desacralizar lo sagrado, volviéndolo aún más sacro. Una vuelta de tuerca gracias a la cual entran en juego instancias superiores de acceso a una suspensión del descreimiento que resalta, por contraste, aquello que tiene verdadero valor.
Entre los indios pueblo, los locos payasos semidesnudos, embarrados, transgresores a ultranza, son los únicos seres capaces de interpretar el idioma de los dioses y pueden y hasta deben molestar y burlarse de los solemnes oficiantes. Los payasos señalan el inefable punto de contacto entre la sacralidad y lo profano, entre el secreto y su develamiento: las dos caras de una misma moneda. Y Julio Cortázar hizo lo propio en literatura. Su mirada seria y a la vez irónica supo detectar lo grotesco que nos circunda y
supo poner el sentido del humor al servicio de su lucidez. Al igual que los cronopios, sus lectores solemos alcanzar el pavor de aquello que estamos siempre a punto de comprender y que sin embargo nos elude.
Grandes de la literatura han caminado el difícil filo hasta tocar con la punta de los dedos el vértigo de lo inefable. Pocos o ninguno lograron la mirada doble y simultánea de quien está inmerso en la búsqueda y a la vez observa al que busca y de a ratos se burla de ambos. Johnny Carter y su abominable biógrafo, ¿quién de los dos es el verdadero Perseguidor? Oliveira y Traveler, y todos los personajes que se encuentran en la ciudad de sueños en la memorable novela, 62, en un modelo para armar que se desarma y se rearma a cada instante para brindar nuevas figuras donde el vampirismo es sólo una anécdota más del misterio de la vida y la muerte que Julio entrevió de cerca, entreverado.
La unión de los opuestos le hizo guiños desde la infancia y la frase "Qué risa, todos lloraban", dicha por un compañerito de colegio durante un velorio, acompañó a Cortázar como llamado de atención. No tomar lo serio en serio, dice uno de los sabios preceptos de la Patafísica, su ciencia favorita. En la vida, entendió Cortázar, el horror y el humor bailan al unísono en un salto al vacío que miles de ávidos lectores hicieron propio rayueleando entre la tierra y el infierno, y se vieron en espejo. En espejo
oscuramente, como alentaba el que te jedi, quien alguna vez aclaró que "se explicará como en broma para despistar a los que buscan con cara solemne el acceso a los tesoros".

* Escritora.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/12837-3850-2009-02-12.html

Al borde del vértigo*

Por Florencia Abbate *

En la época en que yo comencé a leer a Cortázar, principios de los años '0 -y hasta el fin de esa década- los argentinos consideraban de "buen tono" deshacerse en elogios a Borges -incluso aunque no lo leyeran- y muy pocos recordaban a Cortázar como se merece. Viajando por América latina me conmovió descubrir que el aprecio por Cortázar no tiene fronteras nacionales ni generacionales, como tampoco entre lectores, críticos y escritores. Fue adorado por Onetti y más tarde por Bolaño, que no era nada afecto al elogio fácil y dijo: "Para nosotros era Dios". Esa frase sintetiza bien algo de la percepción que debimos tener las generaciones que llegamos después de la que leyó Rayuela en los '60. Además de haber escrito maravillosos cuentos, era ya el mítico autor del libro que había tocado las entrañas de miles de jóvenes de su época, que les dijo lo que ellos pensaban pero no estaba escrito, que había logrado sintonizar con las inquietudes políticas pero también satisfacer aquello que la política no termina de llenar (cosas que sólo la literatura puede darnos) y hasta había dado pie a un ejército de chicas latinoamericanas que querían ser La Maga, fumaban Gitanes y cocinaban mal, o sentían que la novela de Cortázar les "hablaba" personalmente a ellas, como si fueran sus novias.
No en vano Cortázar decía: "No puedo ser indiferente al hecho de que mis libros hayan encontrado en los jóvenes latinoamericanos un eco vital. Sé de escritores que me superan en muchos terrenos y cuyos libros, sin embargo, no entablan con los hombres de nuestras tierras el combate fraternal que libran
los míos". Nada parecía encantarle más que haber podido abrazarse a su presente y resonar con él. Adoraba pensar que sus novelas podían contener de algún modo el temblor, la presencia, la atmósfera sutil de aquel momento en que fueron gestadas. Por eso, probablemente la más pueril de las críticas
que se le hacía en los '90 a Rayuela es que sería una novela "muy fechada".
Después de todo, así como leemos Rojo y negro de Stendhal y disfrutamos sabiendo que se trata de la sociedad francesa del siglo XIX, los personajes de Cortázar también seducen con todo lo que tienen de históricos.
Por otra parte, cabe recordar que fue un intelectual más preocupado por su presente inmediato que por la posteridad en términos abstractos. Una vez afirmó que rechazaba la "superstición burguesa" del libro como objeto duradero: "puesto que en el fondo su idea de la literatura es aséptica, ucrónica, y tiende patéticamente a la eternidad". Rodolfo Walsh podría haberlo acompañado en ese sentimiento. Ambos aceptaron que escribían al borde del vértigo, de las catástrofes provocadas por el sistema, de la muerte de inocentes, tratando de aportar una chispa de lúcida esperanza. Me gusta recordar que Cortázar se alegraba pensando que los jóvenes sintieron que la influencia de sus libros "se ejercía en un territorio sólo tangencialmente conectado con la literatura". Creyó en la utopía de que el libro es capaz de afectar e incluso incidir en la vida del lector. De ahí que criticara a "la raza de escribas que se horripila de cualquier acto extraliterario dentro de la literatura", y dijera ver en eso un gesto de
conformismo ante la debacle.

* Escritora.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/12837-3851-2009-02-12.html

*

Son

lo que no se puede mirar

LAS QUE ENTORNAN EL DESEO

[Pasto pequeño, con su placenta de
hojas de bosque
[dejan marcas como un terciopelo
cortado en finas hebras,
se vuelcan, se enredan
[se abren.
Pasean por animales ásperos - y-
dulces.
Un revuelo de pestañas para el mercado de
flores, otro para la mesa servida por Babette.
Caminan por el
organismo vivo de las palabras

nos
salvan

de la mirada desnuda.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

*

Apreciadas amigas, queridos amigos,

El número 86 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", edición Enero/Marzo/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org
bajo el link:

http://www.euroyage.org/es/xicoatl-86

CONTENIDO:

· ENSAYO: Onetti: la lección del maestro. Jorge Isaías.
· NARRATIVA: Los sin nombre. Amelia Arellano.
· - Cuentos cortos. Joan Mateu i Marti.
· POEMARIO: Poemas. Blanca Helena Muñoz de Escobar.
· AUSTRIA: Poemas. Wolfgang Kauer.

La edición impresa de XICóATL # 86 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).

Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

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Comments

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Thu, 12 Feb 2009 17:33:23 +0100
SOBRE UN SOLO PIE... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/02/06/sobre-un-solo-pie http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2009/02/06/sobre-un-solo-pie *

Pisaba sólo las baldosas pares. Esto le daba un andar concentrado y a veces dubitante, porque las calles no estaban demasiado cuidadas, existían espacios sin baldosas o con las baldosas levantadas lo cual le obligaba a mantenerse por momentos como una cigüeña sobre un solo pie, hasta que encontraba el lugar exacto donde posar el otro con cuidado.
Esta costumbre no originaba curiosidad, porque ya nadie sentía curiosidad por el otro. Vivían todos sumergidos en su propia problemática, su propia baldosa par, su propia supervivencia.
Llegaba por fin a su núcleo básico, con su pequeña puerta gris con una amarillenta tarjeta insertada en un recuadro, donde aparecían su apellido, su nombre y su número personal. Se apoyaba sobre un solo pie por un momento, colocaba la mano derecha sobre la mano que aparecía impresa en la madera y cuando la puerta se abría estiraba la pierna doblada y traspasaba el umbral con cuidado. En el pequeño receptáculo-nido se sentía protegido. Observaba a su alrededor con cuidado y comprobaba que todo conservaba su orden, el orden de las cosas y su propio orden, La cama estrecha con su cobertor gris
estirado prolijamente. La mesa con su pequeña lámpara. El armario para la ropa donde también guardaba algunos objetos valiosos que no estaban prohibidos por el momento, una Biblia que perteneció a su madre, muy gastada porque él la leía repetidamente como una novela, interesándose en las anécdotas que se relataban, en cada personaje; una cartulina pequeña con un paisaje azul que iba volviéndose gris porque los colores se iban desvaneciendo, lo había dibujado cuando comenzó la escuela, cuando éstas
todavía existían; una esfera de vidrio con un paisaje nevado en su interior, que era su posesión favorita. A veces pasaba toda una tarde sentado en la cama, moviendo suavemente la esfera provocando movimientos muy pequeños, para tener más posibilidades de cambio. Esto realmente le provocaba un
estado de satisfacción que lo separaba de su repetición y de los cambios producidos en las últimas décadas.
También tenía una mesa para comer, adosada a la pared de la cocina. Allí había una ventana, redonda como un ojo de buey, desde donde se podía contemplar el cielo.
Su soledad no le producía tristeza. Se sentía contenido en su pequeño huevo-casa, casi como en un útero, donde no existían necesidades, donde todo estaba previsto sin que él necesitara anhelarlo ni esforzarse por conseguirlo, Si quería escuchar los comunicados oficiales podía apretar un botón en la pared que iluminaba un aparato con pantalla. Si aparecía una cara de mujer era Ara. Si era un hombre era Holm. Ara mostraba unos dientes muy grandes cuando saludaba antes de comenzar a leer las noticias. Holm
tenía una mirada fija, como si viera más lejos de donde él se encontraba escuchando. De alguna manera eran sus amigos. Podía tenerlos en su casa sin sentirse invadido. Estaban ahí pero no interferían.
Pocas veces se sentía algún ruido desde los núcleos que lo rodeaban. Una vez había escuchado en la noche ruido de pisadas muy fuertes y rápidas, que se detuvieron en el receptáculo pegado al de él. Sintió el crujido de la puerta que se rompía, gritos de mujer, pisadas nuevamente, luego nada.
Se había encogido en ese momento, cubriéndose la cabeza para separarse de los sonidos. Pensó un momento en la mujer que vivía allí. La había visto una vez cuando volvía, Era una mujer madura, con rostro gastado y ojos celestes todavía luminosos. Ella lo había mirado con más detenimiento que él, como para hablarle, pero él se había negado a ese reconocimiento. Pensó que quizás si hubieran hablado ese día, él también habria desaparecido esa noche. Su precaución lo había protegido, pensó aliviado.
Una tarde, cuando volvió a su hogar, luego de cenar escuchando a Ara, abrió su armario y sacó la esfera de cristal. Jugó con ella largo rato, formando paisajes nevados con techos rojos rojos y pinos verdes. Cuando Ara terminó con las noticias y le sonrió mostrando sus dientes grandes, se levantó de la silla lentamente, tomó el cinturón de su uniforme gris y formando una lazada con cuidado, se colgó del ojo de buey.

LAS PEQUEÑAS VIDAS.

CIRCULO.*

*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy

SOBRE UN SOLO PIE...

El lector de la isla*

Le habían comentado de una obra de aventuras muy entretenida. Era el best-seller del año y la crítica era inmejorable. Además estaba basada en hechos reales, luchas entre reyes, conquistas, aventuras con diosas, sirenas y brujas. Hablaba de amores y celos, odios y combates, raptos y huidas.

En fin una epopeya completa cuyo nombre, La Odisea, ya dejaba entrever el talante de la historia.

Le enviaron la obra hasta su isla (por el servicio de correo marítimo en galera), por lo que no pudo ponerse a leer hasta tres meses después de haberlo pedido. Pero bueno, la paciencia era una de sus virtudes..

El manuscrito era enorme, por lo que Polifemo, que leía muy lentamente al tener únicamente un ojo, nunca llegó al pasaje en el que él era el protagonista.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

REFLEXION SOBRE DIOS, EL ATEISMO Y LA FUNCION DEL PADRE
Ausencia que todo lo prohíbe*

El filósofo y psicoanalista esloveno plantea que el ateo moderno sigue creyendo de manera inconsciente, en Dios, a partir de múltiples prohibiciones del goce. Su tesis es que hoy lo reprimido no son los
placeres, sino la prohibición.

Por Slavoj Zizek*

"La verdadera fórmula del ateísmo no es Dios ha muerto (Nitschze) -pese a fundar el origen de la función del padre en su asesinato, Freud protege al padre-, la verdadera fórmula del ateísmo es Dios es inconsciente". Para poder entender este pasaje, hay que leerlo junto con otra tesis de Lacan.
Hay que tratar a estos dos enunciados separados como piezas de un rompecabezas y encastrarlos en una proposición coherente. Sólo su combinación (más la referencia al sueño de Freud del padre que no sabe que está muerto) nos permite desplegar íntegramente la tesis básica de Lacan:
Como ustedes saben, Iván, hijo de Karamazov, conduce a éste por las audaces avenidas en las que se interna el pensamiento de un hombre culto y, en particular, dice: Si Dios no existe. -Si Dios no existe, dice el padre, entonces todo está permitido. Noción a todas luces ingenua, porque bien sabemos los analistas que si Dios no existe, entonces ya nada está permitido. Los neuróticos nos lo demuestran todos los días.
El ateo moderno cree saber que Dios está muerto; lo que no sabe es que, inconscientemente, sigue creyendo en Dios. La modernidad ya no se caracteriza por la típica figura del creyente que abriga secretamente dudas sobre sus creencias y se pone a fantasear con transgredirlas; por el contrario, en nuestra época el sujeto aparece como un hedonista tolerante que sólo busca el placer, cuyo inconsciente es ahora el lugar de la prohibición: hoy, lo reprimido no son los placeres o los deseos ilícitos, sino la prohibición como tal. "Si Dios no existe, entonces todo está prohibido" significa que cuando más me percibo como un ateo, más gobernado está mi inconsciente por prohibiciones que obstaculizan mi goce. (No hay que dejar de suplementar esta tesis con su contraria: si Dios existe, entonces todo está permitido. ¿No es ésta la definición más exacta del problema del fundamentalismo religioso? Para el fundamentalista, Dios indudablemente existe, y como se considera su instrumento, puede hacer lo que le plazca: sus actos están redimidos de antemano, puesto que son expresión de la voluntad divina).
En lugar de proporcionar más libertad, la caída de la autoridad represiva produce nuevas prohibiciones, aún más severas. ¿Cómo se explica esta paradoja? Pensemos en una situación de nuestra infancia que todos conocemos: la del niño de mal humor que se fastidia porque el domingo a la tarde tiene que ir a visitar a la abuela en lugar de ir a jugar con sus amigos. El mensaje al viejo estilo del padre autoritario al hijo que no quiere ir hubiera sido: "No me importa cómo te sientes. ¡Vas a cumplir con tu obligación, vas a lo de tu abuela y te portas como corresponde!" En un caso así, el dilema del niño no es difícil de resolver: aunque esté obligado a hacer algo en contra de su voluntad, podrá mantener un margen de libertad interior que (posteriormente) le permitirá rebelarse contra la autoridad paterna. El mensaje del padre posmoderno no autoritario hubiera sido más sutil: "¡Ya sabes cuánto te quiere la abuela! Pero no quiero obligarte a ir. Ve solo si tienes ganas". Cualquier niño que no sea estúpido (es decir, la
mayoría de los niños) reconocerá inmediatamente la trampa de esta actitud tan permisiva: debajo de la apariencia de una libre elección, hay una demanda más opresiva aún que la formulada por el padre autoritario clásico, esto es, una orden implícita no sólo de visitar a la abuela, sino de hacerlo por su propia voluntad. En esto consiste la obscenidad de la demanda del superyó, en una libre elección falsa que priva al niño de su libertad interior.
Por décadas, circuló entre los lacanianos un chiste clásico que ejemplifica el papel clave que tiene el saber del Otro: un hombre que cree ser un grano de cereal es llevado a una institución mental donde los médicos hacen todo lo que pueden para convencerlo de que no es una semilla sino un hombre.
Cuando el hombre se cura y es autorizado a dejar el hospital, vuelve inmediatamente temblando de miedo. Afuera hay una gallina y tiene miedo de que se lo coma. "Pero mi amigo -le dice su médico- si usted sabe bien que no es un grano, sino un hombre". "Claro que yo lo sé -responde el paciente-,
¿pero lo sabe la gallina?" El tratamiento psicoanalítico reside precisamente en esto: no basta con convencer al paciente sobre la verdad inconsciente de sus síntomas; el inconsciente mismo debe ser llevado a asumir esta verdad.

*Filósofo y Psicoanalista. De Revista Digital "Consecuencias" nº 2.
Fragmento. Traducción Fermín Rodríguez.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-17154-2009-02-05.html

LA PALOMA PERDIDA

POEMA X*

Enfrento mi cántaro repleto
o tal vez vacío de interrogantes.
Mi decir:
un horizonte que perdió su fuga.
Necesito tu morada
con hogar encendido,
alfombra despoblada de ruidos.
Puedes convertir la no pregunta
en un templo
donde los recuerdos armen cabriolas
sobre el arco iris.

POEMA XI*

Las caracolas tienen su mar,
barcos que jamás arriban a ningún puerto.
Están libres de todas las tempestades
y los adioses son tributos benévolos.
Los trenes sacuden su omnipotencia
al perforar el viento.
Nuestra paloma perdida
es mezcla de caracolas y de trenes
con barcos errantes y espacios
partidos en dos.
La última meta: no volver jamás...

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

Filosofía y ejército*

En el debate sobre Gaza entran en juego la lucidez de la condena a la destrucción del pueblo palestino, el reconocimiento de la fuerza oscura de la historia y la capacidad filosófica de una paz que no sea meramente bienintencionada.

Por Horacio González *

A finales de la década del 40, Menajem Beguin escribió un libro, Rebelión en Tierra Santa, que en la Argentina fue leído con fruición por personas y grupos políticos destinados a no coincidir en ninguna otra cosa. Me refiero a Rodolfo Walsh, por un lado, y al grupo político del peronismo ortodoxo
llamado Guardia de Hierro, por otro. En ambos casos, esas memorias de Beguin habían sido leídas con apasionamiento. Se trataba del implacable jefe de un sector de las fuerzas armadas insurrectas y clandestinas de Eretz Israel, el Irgún, uno de los antecedentes del actual ejército israelí. Modesto pero vivaz escritor, Beguin desplegaba una crónica de la "lucha por la liberación nacional", a la que alternativamente llama Rebelión o Revolución. Se trataba también de "la construcción de la Nación". Una nación errante, según dice, que había deambulado de país en país, por dos mil años.
El libro está repleto de alternativas y casos propios de la lucha de las guerrillas del siglo XX. Los árabes son el trasfondo difuso, un "tercer factor" en penumbras, a los que por momentos se los se ve aliados a Gran Bretaña y a los que por eso mismo hay que combatir, en tanto componían una coalición "británico-árabe". Los ingleses son nombrados como "el poder de ocupación" o "los enemigos de la Liberación", un lenguaje que por la misma época -las diferencias las sabemos, veamos las resonancias semejantes que hacen eco en nuestra memoria- mantenía texturas homólogas a las que practicaba Raúl Scalabrini Ortiz.
Sin embargo, en Palestina, pocos años antes, había sido diferente. Eran tiempos en que los ingleses tenían como aliados a los futuros combatientes judíos. El ejército israelí se estaba amasando lentamente en las brigadas judías que el ejército inglés organiza al principio de los años '40, en los últimos tramos de la guerra contra el nazismo. Ya existía una denominada "cuestión árabe", a la que en su momento se le había destinado la política la Havlagá, la "autorrestricción". El inexorable Beguin la cuestionará. Con
ese nombre, se trataba de no atacar o no responder con represalias específicas a los grupos árabes que operaban militarmente en la zona. Tema crucial y hoy impensable. Principalmente la Haganá, el otro gran sector partisano israelí y a la que le decía algo la palabra socialismo, en aquella oportunidad y en un breve lapso, se propuso "autocontenerse" respecto de los ataques de los grupos árabes de la región. En la historia militar del siglo XX, otro ejemplo inusitado de la misma índole llama la atención. Es el del
mariscal Rondón, militar brasilero considerado héroe de la educación en Brasil por el gran antropólogo Darcy Ribeiro. Al mando se sus soldados en la expedición a Rondonia -esa región tomaría su nombre-, Rondón los instruye en la máxima socrática: es justicia no proporcionar violencia, siendo preferible recibirla. Rondón atravesaba la Amazonia con su pequeño ejército, zonas en ese entonces inexploradas, hogar de desconocidas comunidades indígenas que una década después serían recorridas, siguiendo el mismo itinerario de Rondón por Claude Lévi-Strauss, menos inspirado por Sócrates que por la filosofía oriental.
Retomemos a Beguin. Luego, muchos de aquellos mismos sectores árabes, según se lee en Rebelión en Tierra Santa, formarían parte de una estrategia inglesa para contener la insurrección guerrillera del "ejército de las sombras", que sería el brazo armado del futuro Estado israelí. Había entonces que combatirlos o disuadirlos. Con este trasfondo, el libro de Beguin retrata la vida del combatiente furtivo. El que desplaza en medio de imprentas secretas, reuniones sigilosas, contrabando de armas por túneles y expropiaciones al "enemigo inglés". En ese intenso período de acciones clandestinas, los combatientes armados volaron el hotel Rey David en Jerusalem, sede el comando inglés -con numerosas víctimas, aunque se había enviado un aviso-, la estación de ferrocarril de Ramalá e innumerables
objetivos en todo el mundo, inclusive la embajada británica en Roma.
Un arma antitanque llamada Piat, inglesa, es capturada. "Aquel Piat inglés y aquellas pocas granadas del mismo origen se habían convertido en hebreas."
Muchos de estos párrafos recuerdan las reflexiones de León Trotsky, en su Autobiografía, uno de los escritos políticos, militares y morales más importantes del siglo XX, quien presenta el problema militar soviético como el de una herencia técnica del ejército anterior, incluso con sus oficiales zaristas, si decidieran cruzar la trinchera. Esos combatientes, ¿eran terroristas? Es el tema moral permanente de Rebelión en Tierra Santa. Para Beguin, no era posible confundir el "terror" con una "guerra revolucionaria de liberación".
Por más que intentemos separar situaciones, en estos relatos hay un lenguaje demasiado familiar, un ensordecedor retumbo enclavado en las lenguas que alguna vez escuchamos o balbuceamos. Es el aire de familia de las luchas de liberación, el de las revoluciones nacionales y el hombre clandestino armado. Supongo que los hermeneutas de Guardia de Hierro gozaban al reconocer un lenguaje que podía ser de todos nosotros o de toda una época, en ese notorio militante sionista, discípulo de Jabotinsky y Herzl. Era el lenguaje del hombre subrepticio con su fusil, del militante clandestino de la era de las naciones. Que a la vez escribe sus memorias, muestra una determinación militar absoluta y reflexiona sobre la muerte. Beguin comenta un célebre párrafo de El manifiesto comunista, respecto de que en la lucha
no hay nada que perder, sólo las cadenas. ¿No sería demasiado pedirles ese sacrificio a los pueblos o a los combatientes? Sin embargo, Beguin acepta finalmente que la lucha es a muerte y hay que estar dispuesto a perderlo todo.
Podemos entonces conjeturar, como ejercicio de buceo en los caprichos de nuestra memoria lectora, cómo habría sido examinado este libro impresionante por Rodolfo Walsh. Es que en Rebelión en Tierra Santa están insinuadas claramente las formas del actual conflicto y las que tenía cuando Walsh visita esas tierras en los años '70. El lenguaje del libro es el de los combatientes que se mueven en la ciudad "como pez en el agua"; la determinación es la de los ejércitos misionales. Pero Beguin no guarda entonces ni guardará después ninguna condescendencia con los árabes. En todo momento, detrás de la lucha de liberación nacional contra los ingleses está la sombra árabe a la que habrá que combatir. No tiene ninguna esperanza de una composición en esas tierras que no sea, primigeniamente, el establecimiento de una Nación Hebrea. Para eso han empeñado la Guerra de Liberación Nacional, y el enemigo visible, en ese momento específico, no era otro que una de las potencias vencedoras de la guerra mundial.
Rodolfo Walsh utilizará varias citas de este libro, en su escrito de 1974 sobre la resistencia palestina, como enviado del diario Noticias. Como es obvio, Walsh es severísimo con Beguin, al que percibe, en tanto producto del conjunto de la política estatal israelí, como un entusiasta propiciador de
masacres. Como remate de su escrito, el autor de Operación masacre cita a Moshe Menuhin, el padre del violinista Yehudi Menuhin, un destacado pensador judío antisionista, quien había escrito: "En lo que a mí concierne mi religión es el judaísmo profético y no el judaísmo-napalm". Era un jasidim, como de alguna manera lo habían sido Martin Buber y otros antisionistas que mantenían un judaísmo de humanistas filosóficos. Era el caso, quizá, de Hannah Arendt, aunque ésta y Buber no coincidirían finalmente en un tema conmocionante, la posibilidad de que Israel, con su Estado armado, complementara en sus pesadillas circulares las conductas que eran propias del nazismo. Difieren ambos en la resolución postrera que adquiere el enjuiciamiento a Eichmann en Jerusalem. Asordinada, ya estaba la discusión que ahora nos estremece, tratada por los mismos sabios judíos, y que nada serviría fuera de esa consternación espiritual. Si no está colmada con el lenguaje desvelado que corresponde, para recrear una conciencia
contemporánea con mayores cuotas de lucidez ante el drama de Palestina, es mera ociosidad equiparante. Víctimas y victimarios, roles inciertos de la vida histórica, en vez de ser una interrogación para todos los hombres del universo, se transformaría en un tema de ocasión para la diatriba al paso.
Debemos salir de eso, pues para desarmar la infinita matanza debemos considerar que todos podemos confirmar el sueño terrible de ser el reverso de lo mismo que criticamos.
A mediados de los años '20, el coronel T. E. Lawrence ("Lawrence de Arabia") escribió un libro de guerra con la sabiduría de un arqueólogo, el capricho magistral de un aventurero del desierto y el esteticismo exquisito de un guerrero que buscaba investigar en un tipo sutil de violencia, la de la
transmutación del yo personal a través de refinadísimas intimidaciones espirituales. Para George Bernard Shaw, ese libro -que se llamaría Los siete pilares de la sabiduría- lo convertía a Lawrence en el más importante escritor en lengua inglesa, mayor incluso que los del círculo de Bloomsbury.
Comandó legiones árabes para combatir a los turcos en la primera Guerra Mundial, tomó Damasco y llegó a participar de los tratados de Versalles, lamentando como compungido aristócrata su propia gesta heroica, que le recordaba el hecho aciago de servir a dos amos, al Foreign Office y al rey Feisal. No escapó a un ramalazo de seducción que el nazismo pudo ejercer sobre él en sus inicios. Actuó en la misma zona de ocupación inglesa que veinte años después será la sede del relato bélico de Beguin.
Estos dos libros, Los siete pilares de la sabiduría y Rebelión en Tierra Santa, hay que leerlos ahora en conjunto. Son lecturas "argentinas". Beguin es tajante y atroz, bruscamente redentor y autosuficiente. Lawrence es autodestructivo, busca transmutar y aniquilar su "personalidad inglesa". Los árabes de Lawrence son sensualmente misteriosos. No son los de Fanon. Este podría ser criticado porque su planteo de liberación implicaba un tipo de violencia existencial sartreana, "europea" aunque negara a Europa. Mientras, los árabes de Beguin surgen brumosos, amenazadores, objeto de disuasión o represalia, un tratamiento que anticipa el desastre. Pero todos estos escritos arrojan resonancias conocidas, contienen una perenne filosofía de la guerra que se separa si la vemos al trasluz de sus proyecciones ideológicas, pero se conjuga si la vemos apta para discernir el perfil trascendental del hombre armado, el militante y su sacrificio, el militante y sus creencias. Esto es, la nación que hay que crear, librar de la opresión
o dejarla en el umbral o la disposición de practicar otra opresión. Terrible tema, tanto más inextricable si se presta a la trinchera de banales equiparaciones. Lo que hay, en cambio, es el fantasma reversible de la historia, que si no lo reconocemos en su fatídica tentación circular, no nos provee la eficacia y eticidad necesarias para denunciar las masacres ni nos permite comprender que el destino de la víctima no es tornarse en la futura culpable.
Para Sartre, Lawrence era una figura sugestiva. Para Hannah Arendt es un ser atormentado por la época: "Nunca un hombre tan bueno había cumplido tareas tan comprometidas con la condición siniestra de los servicios secretos occidentales". Leído en la Argentina por el grupo de la revista Sur, Victoria Ocampo también consagrará al tortuoso coronel como un héroe literario. No tan de pasada, toma su filosofía militar para contrastarla con la del peronismo. Lawrence pertenecía a un ejército imperial cosmopolita, que dominaba zonas para mimetizarse literariamente con los pueblos dominados y llevarlos a su secreta realización. Se diferenciaba del ejército alemán, con su "cosmovisión nacional, la nación en armas". Esta última era la materia del peronismo originario.
El fecundo y recordable escritor egipcio-palestino Edward Said, en la cumbre de sus años y de su notoriedad académica, había elegido una imagen suya para difundir, arrojando piedras de la Intifada junto a un grupo de jóvenes palestinos. Said consideró a Lawrence uno de los tantos casos en los que
fluía la falacia de una visión "orientalista". Con ella traducía una idea de dominación simbólica sobre los pueblos árabes. No necesariamente seguiríamos a Said en este razonamiento. Creo que Borges roza muy bien, y mejor, el tema de Lawrence en su "Deutsches requiem", escrito en 1949. Es la historia del
intelectual nazi Otto Dietrich Zur Linde, subdirector de un campo de concentración y lector de Nietzsche, que mata al poeta judío David Jerusalem, "porque era una zona detestada de mi propia alma".
Leer es un insondable acto interpretativo, una tregua voluntaria de la vida corriente en nombre de una pepita de oro, que no es la "ilustración" ni "la moral edificante", sino la posibilidad de llegar a la cruda verdad de una época. En el debate que nos sacude sobre Gaza, guardémonos de la facilidad de decir cosas -está en juego la lucidez de la condena a la destrucción material y simbólica del pueblo palestino-, que no se originen en el reconocimiento de la fuerza oscura de la historia y en la capacidad filosófica de una paz que no sea meramente bienintencionada. ¿Qué entonces?
Quizás una palabra amasada en la fuerza de ruptura con las equiparaciones imaginarias que están al acecho. Quizás un socratismo que no se intimide por la violencia pues su misión es detenerla. Y que, frente a los ejércitos, les arroje la piedra vigorosa que los obligue siempre a autocontenerse.

*Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-119582-2009-02-06.html

DÓNDE*

¿Dónde está el viento,
la vida la voz los pies?
¿Dónde están las casas sin cerraduras,
los secretos la tibieza los pájaros enteros?
Y dónde las manos, que los tomaron...
se los llevaron y desaparecieron.
Decime, pequeño humano,
¿ves la costa?
¿Dónde está el viento?
¿Te vas a quedar mirando, pequeño humano?

*de Valeria Marioni maiden-marion@hotmail.com

Correo:

Plomo fundido sobre la SEA*

Lo previsible está sucediendo. Hay conflictos que polarizan hasta el extremo de la médula llegando hasta el interior de las familias y generando rupturas violentas en su seno. Esto ya sucedió en nuestro país. En las letras era de esperar que un conflicto de característica universal como el de Palestina destapara nuevamente controversias no queridas en una intelectualidad influenciada y compuesta por muchísimos “progresistas e izquierdistas” judíos.
La reacción a partir de los comunicados de la SEA, es sólo parte de esa vastedad. Se discute el derecho o no del escritor a servir siempre a esa raza de valores que significa buscar la palabra justa para quedar bien desde el centro maquiavélico del sistema; centro que permitirá criticar tanto el margen izquierdo como su derecho. Palabra justa que tomaron muchos poetas e intelectuales mientras se asesinaba y desaparecía, abandonándose el valor histórico que dignificaba poner el cuerpo.
Toda realidad es cambiante y los márgenes se entrecruzan y muchas veces se confunden con su centro. La polarización se genera ante la posibilidad de la vida a la muerte. Estar de pie y frente a los terribles bombardeos de la nueva tecnología imperial siglo XXI, que intenta aniquilar todo vestigio visceral de resistencia humana, nos recuerda a la lucha casi primitiva en la ex Congo Belga.
Lo mínimo que puede sentir cualquier ser es una total desazón ante los acontecimientos en Gaza, y cada individuo reacciona en tiempo y forma diferente, unos hasta pueden blandir el arco y la flecha frente al avión que los ataca, otros escondiendo la cabeza o inmolándose.
El extremo coyuntural de la situación que define a las letras, no debe verse como algo netamente negativo sino más bien preocupante; es como sacarse la máscara de la historia, la misma que me ha cercado ante mis 20 años de lucha en la militancia política (1971/ 91) con sus persecuciones y exilio, o mi paso por la dirigencia sindical gráfica o textil, allá en la Patagonia donde perdí mi audición, o estos últimos doce años desde un medio literario: la revista Patagonia Poesía o su sello Ediciones Patagonia.
Vivimos una abierta y pública confrontación. En nombre de los buenos modales, se intenta tapar la actitud a un llamado “golpista” o en su defecto vaciamiento de la SEA, cuyo rol gremial no es compartido por aquéllos que quieren en realidad la tranquilidad de una asociación civil y no sindical.
El supuesto “error” de la SEA (Sociedad/ Sindicato de Escritores y Escritoras Argentinos) o mejor dicho de su conducción, es haber denunciado abiertamente un genocidio reconocido.
Muchos intelectuales se quieren convencer de que el problema es de forma, cuando realmente es de fondo. A la conducción de la SEA se la ataca por decir públicamente lo que para muchos, debería callar.
Se dice que la posición no es de consenso, se dice que es la posición política partidaria afín de sus principales dirigentes, se dicen y se dirán muchas cosas, pero a su vez nunca hubo en la práctica actividad gremial para lograr su cambio directivo, al contrario.
El tema Palestina - Gaza es determinante para saber quién es quién. Incluso los que critican el comunicado Parar la masacre en Gaza, lo hacen por “no saber” la conducción Aráoz-Redondo, diferenciar entre Estado y judaísmo, mientras ellos, duros renunciantes si tienen derecho “a confundir” institución con dirigencia.
Mientras muchos quedamos anonadados por el enriquecimiento y nuevo aporte filosófico de León Rozitchner, en su “Yo acuso” Plomo fundido, sobre la conciencia judía, del 4 de enero en Página 12, a él le significó ganarse el odio de buena parte de la colectividad judaica. Por otro lado, una ex funcionaria cultural porteña, llegó a cuestionar a una poeta por escribir sobre Gaza y no sobre el holocausto (Shoa), ultimátum impensable hace tiempo atrás.
Hay momentos en la historia en que no existen las medias tintas. En la dictadura genocida del 76 o se estaba a favor o en contra; todavía hoy muchos escritores tienen la conciencia y las manos turbias por haber estado en el medio buscando a los militares progresistas. Aquí lo mismo, se está a favor o en contra. Querer buscar o tratar o decir que toda posición debe ser de consenso es engañoso, más viniendo dicha propuesta de muchos de los negadores históricos de su propia ideología.
La conducción de la SEA debería llamar en forma urgente a una asamblea general abierta para debatir la crisis, y la misma definir el derecho de sus dirigentes a ser consecuentes y no avestruces.

*Roberto Goijman. robertogoijman@yahoo.es
Buenos Aires - 2 de febrero

COLECTIVOS MUY PRIVADOS…DE CALIDAD*

Los medios de prensa de Buenos Aires suelen tomar una noticia como inmensa y única, como si el Mundo estuviera en el pozo de esa esquina de Caraza o de Belgrano.

Hoy le toca al accidente entre dos micros de la Línea Suburbana de Buenos Aires Nro 174 ocurrido en Lomas del Mirador. Una línea "Nacional" que hace un recorrido metropolitano en un 99% dentro de distritos de la Provincia de Buenos Aires.

También le toca a la lentitud de llegada de los paramédicos al siniestro. Pareciera que no saben que La Matanza nos es el Barrio Norte y que todo el peso en votos solo sirve para sentar cargos políticos y no para traer obras y servicios (Viví 44 años allí y conozco el paño).

Los rojos ómnibus de esa línea, subsidiados por el Gobierno Nacional, tanto ellos como los trenes de la empresa del mismo Grupo (TBA), son el resultado de un largo proceso iniciado hace más de 50 años.

Primero con la privatización de Alsogaray – Frondizi de los Colectivos de "La Corporación" dados en manos de los choferes sin solución de continuidad de la parte administrativo – técnico, provocó que, por décadas, los colectivos eran guiados por instinto del chofer – dueño, sin que detrás de él hubiera estudios técnicos, planes de mejoras comerciales y tecnológicas, etc. El Estado había aniquilado la empresa pública y no había generado un entre de planificación y contralor, como tampoco había asegurado esa continuidad profesional en la conducción de las empresas.

El mismo ejemplo siguieron las provincias y las ciudades medianas y grandes. Más que "Ola Privatizadora" fue una OLA DE DESARTICULACIÓN TECNOLÓGICO – ADMINISTRATIVA.

En los '80, y con los '90 en particular, las empresas "sufrieron" los ataques de consultores que las llevaron a "ahorrar servicios", igualito que el Estado Nacional con Ferrocarriles y Aerolíneas: RACIONALIZACIÓN le llamaron. El resultado fue que los pasajeros disminuyeron y, por ende, los resultados de explotación. Y, casualmente, algunas empresas se convirtieron en grandes grupos que fueron absorbiendo a las firmas que iban cayendo.

El Estado generó en esos mismos '90 los organismos de contralor que, en realidad, se los vende al público como "Nacionales" pero lo que principalmente realizan es "controlar" a los buses de Capital, Gran Buenos Aires y a los trenes de la Megalópolis.

A partir de fines de los '80, el ciudadano común debe haber notado lo bueno que fue la aparición de los "talleres rodantes" de las líneas de colectivos. Sí, tuvieron que ser necesarios PORQUE COPIARON LA METODOLOGÍA DE MANTENIMIENTO DIFERIDO DE LOS FERROCARRILES: Cuando se rompe, veremos si lo arreglamos.

Lo patético del caso, es que, antiguamente, los choferes – propietarios, podrían quemar mal el gasoil y no limpiarlos demasiado, pero nunca se les iba a quedar un ómnibus con los pasajeros arriba: Reparaban antes que se rompa.

Este "mantenimiento diferido" es un gran "negocio interior" que come desde adentro a las empresas débiles y garantiza los grandes negocios en las grandes: Cuanto más repuestos se rompen, más necesidad de gastos, aumento de boleto y subsidios son necesarios.

Hablemos claro: Con el mismo dinero público y privado que sostiene a las empresas de colectivos de Buenos Aires, podríamos tener excelentes servicios y los empresarios ganarían muchísimo más, al tiempo que los pasajeros no nos podríamos quejar de "sus picardías".

Detrás de los 4 muertos de Lomas del Mirador está toda esta historia presente. Sindicatos que no reclaman lo suficiente ni lo conveniente a largo plazo; "componentes" (Propietarios), menores de las empresas de colectivos que se quedan demasiado quietos mientras que los más poderosos les comen lo que ellos o sus padres construyeron por 40 o 50 años; tecnócratas que prefieren cobrar buenos trabajos de "justificación" antes de crear nuevas realidades públicas y privadas.

Un solo detalle: Todos dicen que la línea 132 de Buenos Aires anda bien porque tiene muchos pasajeros. Sí, tiene muchos pasajeros, pero nadie puede negar que siempre estuvo a la vanguardia de la renovación tecnológica y de la atención de frecuencia para el pasajero. Muy parecida a la 68 y a la 152 que también siguen siendo independientes. Sus "pisos" son tan buenos como varias otras compañías que sí quebraron y se las "deglutieron" los grupos subsidiados.

Hoy anuncian el "boleto electrónico" desde el atril de la Presidencia. Ese anuncio tiene una componente que hace a la crisis: Un tema MUNICIPAL – METROPOLITANO es tratado por la Presidencia de la Nación cuando debería ser un resorte puramente municipal con la compañía de la Provincia de Buenos Aires y de la Jefatura de Gobierno de Buenos Aires.

Tal como cuando salió la "obligación nacional de monederos" para los colectivos, hoy sale el "boleto electrónico" desde el mismo atril. Una Resolución Nacional que solo es para la Metrópolis porteña y que no debería ser un tema tratado por los Gobiernos Nacionales.

Todo eso está detrás de ese accidente fatal.

Febrero 4 de 2009

*Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com
– Ingeniero White – Buenos Aires

*

Apreciadas amigas, queridos amigos,

El número 86 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", edición Enero/Marzo/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org
bajo el link:

http://www.euroyage.org/es/xicoatl-86

CONTENIDO:

· ENSAYO: Onetti: la lección del maestro. Jorge Isaías.
· NARRATIVA: Los sin nombre. Amelia Arellano.
· - Cuentos cortos. Joan Mateu i Marti.
· POEMARIO: Poemas. Blanca Helena Muñoz de Escobar.
· AUSTRIA: Poemas. Wolfgang Kauer.

La edición impresa de XICóATL # 86 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).

Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 8 de febrero de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Harry Crowl. Las poesías que leeremos pertenecen a Blanca Helena Muñoz de Escobar (Colombia) y la música de fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur

www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
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Comments

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Fri, 06 Feb 2009 14:34:50 +0100
DIOS NOS VA A PROTEGER... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/12/29/dios-nos-va-a-proteger http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/12/29/dios-nos-va-a-proteger DESMONTE*

Monte, coraza impenetrable. Barroca
fronda adusta
Corazón de espinillo, amor seco, miel de
lechiguanas.
Solamente accesible a la lluvia y
al sol.

Mi humanidad me alerta.
Mi sórdido animal, irreductible, avanza.
Mi pollera se engancha en los clavos del talar
que rechazan el hacha.
Frenan el ímpetu bravío.
Se detienen los pasos, el aire se detiene.
Los árboles, inmutables se deslizan,
las nubes acompañan.
Mi pollera cautiva, desafía los cuchillos
del monte.
El grito montaraz se diluye, estremecidamente
en la espesura:
¡Que su belleza no se manche con la sangre!
La sangre es resina que se escurre del cielo,
y no solo tu pollera se mancha,
sino la calma mansedumbre de la tarde.

Los árboles avanzan, mi pollera vuelve
en sigilosos pasos:
mi sórdido animal, redomón, descansa.

*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar

DIOS NOS VA A PROTEGER...

COSAS DE DIABLO*

La ciudad había sido invadida por una euforia inusual, se festejaba los cien años de su fundación y seguía exhibiendo una planificación excepcional .
En realidad fue el sueño de alguien que con un espíritu que volaba alto se colocó ante una gran hoja de papel y soñó diagramando, midiendo, creando pero siempre soñando. Y un día llevó su proyecto a alguien que también soñaba y sobre una llanura abierta a la espera plantó una ciudad diferente a todas las del mundo.
Por supuesto como todos los sueños diferentes despertó sus misterios que comenzaron a sobrevolarla desde sus comienzos. Entre cuchicheos se hablaba de una logia secreta, un cierto pacto con fuerzas extrañas que entraba por sus diagonales que recogían el viento limpiador de tormentas que soplaba del sur, también de ciertos pactos con fuerzas desconocidas que habían inspirado al planificador y de un mensaje secreto que yacía en una urna en la plaza central junto con una botella de champagne que debía abrirse cuando llegara el centésimo año.
Se comentó, se difundió, hasta se llegó a dejar testimonio escrito, pero todo en tono bajo como para no despertar a los demonios.
Cuando llegó el día tan ansiado todos encaminaron sus pasos hacia la plaza central, las grandes confiterías donaron una torta inmensa para agasajar a la concurrencia, los grupos folclóricos se dispusieron a hacer vibrar su música y la gente, incentivada durante años por la profecía, allá corrieron en busca de la respuesta final.
La hora señalada era a las 4 de la tarde por lo que a los que concurrieron muy temprano acicateados por su impaciencia, se les hizo muy larga la espera porque ya se sabe que esperar algo deseado distiende el tiempo de cada minuto convirtiéndolo en sensación de horas.
A las 3 de la tarde llegó la comitiva oficial, el Excelentísimo Gobernador acompañado de su séquito se hizo presente en el predio.
Una mujer mayor proclive a asimilar los miedos de los mitos se persignó y juntó sus manos en señal de rezo.
- Tranquila, Raquel, - le dijo por lo bajo su compañera que rondaba la misma edad, - Dios nos va a proteger.
- Amigos, - vociferó en tono solemne el Excelentísimo Gobernador, - cumplamos con el designio legado por el fundador de nuestra querida ciudad.
Un silencio cubrió el sector como un manto implacable, hasta los pájaros dejaron de trinar, todo se detuvo y una masa humana expectante siguió a las autoridades hasta el lugar donde estaba la misteriosa urna.
Muchos ojos fijaron su mirada en el sur como seguros de que por allí vendría a azote del maleficio.
Dos obreros con mucho cuidado levantaron la tapa de mármol blanco y dejaron ver la urna del pacto; fue la máxima autoridad la encargada de abrirla mientras el silencio total podía cortarse con un cuchillo. Las ancianitas rezaban mientras la tapa de hierro era levantada y dejaba a la vista de centenares de ojos azorados un espacio totalmente vacío.
Los que hacían de la lógica su credo diario dijeron que el diablo se había tomado el champagne después de destruir el documento de la profecía.

*de EMILSE ZORZUT. zurmy@yahoo.com.ar

Como el país...*

-¡Gordo, sos un pelotudo! ¿Cómo no te diste cuenta que estaba descargada?
Luis corría por el terraplén agarrándose las sangrantes costillas del lado derecho, mientras el Gordo Nacho, resoplando como un caballo, se esforzaba por no tropezar con su bamboleante barriga. La tarde se hacía noche sobre el platense Barrio Los Hornos, y el frío comenzaba a hacerse sentir, implacable, presagiando un crudo invierno.
Había sido una pésima idea; como todas las del Gordo. Luis nunca había sabido por qué le llevaba siempre el apunte. Los negocios que le había propuesto Nacho, su amigo de la más tierna infancia, la mayoría de las veces habían terminado en desastre. Desde los cambios de figuritas a las peleas callejeras por una trampa en la "escondida", como después los porros comprados cerca de la comisaría, o el debut con aquella puta que les contagió hasta lo que no existía, todo había tenido que ver con el Gordo. Habían sabido ganar también, pero la cantidad de bajezas y humillaciones superaban ampliamente las victorias; o al menos el simple hecho de conservar la dignidad.
Esta vez, podrían considerarse afortunados si se mantenían vivos.
"¿Por qué no nos desquitamos con este Gallego hijo de puta, que siempre nos caga con el precio de la birra, y le sacamos unos mangos?", le había dicho el Gordo un par de días antes. Luis estaba harto de escucharlo, pero también lo hastiaba la soberbia de Manolo, el dueño del maxikiosco de la 59 y 140, que los basureaba a más no poder. No eran dueños ni siquiera de gozar del mínimo placer de tomarse una cerveza en paz, sentados en el cordón de la vereda, con los pibes de la barra.
"¡A boludear a otro lado, drogones!", los echaba Manolo, escoba en mano, cada vez que podía. Y Luis, amargado por no encontrar laburo en ningún lado, rencoroso contra su padre por no haberse preocupado de que siguiera algún oficio, o con su madre por haber privilegiado al resto de sus mierdosos hermanos, sentía que cada provocación del Gallego era una puñalada en su propio orgullo. Varias veces lo había puteado de arriba abajo, y hasta una noche se había animado a lanzarle una pedrada, sin éxito. Pero la idea del Gordo, aunque descabellada, le había permitido imaginar, aunque sea por un rato, el método más efectivo de vengarse del Gallego de una buena vez. Pegarle donde más le doliera.
Nacho consiguió pronto un arma. Era un 32 bastante vapuleado, pero que amenazaba con abrir un agujero enorme en el cuerpo de quien tuviera la mala fortuna de cruzarse delante de su cañón. "Es fácil", le dijo el Gordo, "Esperamos a que no haya nadie, y cuando esté desprevenido, vos entrás, lo encañonás, le exigís toda la guita, y salimos corriendo. Yo me quedo afuera haciendo de campana".
"Te llevás la mejor parte", se quejó Luis.
"¡Bueno, fiera! El fierro lo consigo yo, ¿no? Además, la idea es mía. Y a los dos nos hace falta la guita", se atajó Nacho.
Luis protestó por lo bajo, pero estuvo de acuerdo. De un tiempo a esta parte, las cosas se venían poniendo cada vez más densas. No tenía un mango partido al medio, tampoco idea alguna para salir del bajón, y el gallego ya le tenía los huevos llenos. Era justo meterse a afanarle lo que el mismo Manolo les curraba cada vez que les pedía cinco pesos por cada birra.
Lo que no contaban era que el fierro no tenía balas. Luis, aunque anduviera por la calle desde muy pibe, nunca había tenido uno en la mano, y no tenía la menor idea sobre cómo se abría el tambor. Como lo había traído Nacho, se confió en que el Gordo lo hubiera revisado. Así como confiaron en que el Gallego no pudiera defenderse.
Ocurrió todo tan rápido, que ni siquiera tuvo tiempo de ponerse nervioso, hasta que ya fue muy tarde. La escopeta apareció detrás del mostrador como un espectro inesperado. Luis, que acababa de desenfundar y gritar dentro del reducido ámbito del local, ni siquiera se dio cuenta en dónde la tenía escondida. En esa fracción de segundo, mientras gatillaba como un acto reflejo –y en vano- el 32, tan asustado como parecía estarlo el Gallego, recordó haber escuchado días atrás que Manolo charlaba con los vecinos acerca de lo podrido que lo tenía el tema de la inseguridad, que lo que el país necesitaba era un gobierno fuerte que…
La detonación lo dejó sordo. Sólo después –nunca supo cómo fue posible semejante separación entre causa y efecto- sintió el tremendo golpe en el pecho, que afortunadamente lo agarró mal parado, cuando el cañón de la escopeta giró en arco y chocó contra uno de los barrotes de la reja del mostrador. Trastabilló de costado, se aferró del marco de la puerta, dejando caer el fierro, y saltó hacia la calle, manteniendo el equilibrio de milagro, mientras comenzaba a correr a los tumbos. El Gordo, incapaz de creer lo que ocurría delante suyo, lo siguió de cerca, y a los pocos pasos ya había tomado la delantera. Vaciló un segundo, se volvió, y aferró a Luis por el brazo izquierdo, ayudándolo a impulsarse. Ya habían entrado en el baldío, a unos 30 metros, cuando el Gallego salió a la vereda, doblando la escopeta para recargarla.
-¡Vuelvan acá, hijos de puta! ¿Quién mierda se creen que son, que me van a afanar?-, chilló, mientras introducía un nueva cartucho, cerraba la escopeta con un chasquido, y se echaba la culata al hombro para volver a disparar. En la cuadra, las cabezas que se asomaron a chusmear fueron muchas más que las que se agacharon para evitar el tiroteo.
Pero Luis y Nacho ya habían doblado la esquina, evitando el ángulo de tiro, y se refugiaban entre los pastizales, avanzando a los tropezones hacia las vías del antiguo ferrocarril. Se oían gritos dispersos; alguien clamaba por la policía, mientras otros querían saber hacia dónde se habían escapado, para así poder seguirlos y "reventarlos". Luis resoplaba; le dolía mucho el costado, aferrándoselo con su mano derecha, que notaba muy caliente y empapada, a causa de su propia sangre. "Qué mala idea, qué te parió Gordo…", mascullaba.
La estación estaba desierta. Los andenes eran una guarida de suciedad y basura desde hacía años. Oxidados rieles ya no transportaban ningún carguero, menos aún repletos vagones de pasajeros. Pero era el lugar justo para esconderse un rato, descansar, tomar aire, y seguir corriendo.
Luis se desplomó sobre uno de los bancos del andén, quejándose de dolor, sin aire suficiente para insultar al mal parido de su amigo. Nacho resoplaba como una locomotora, con el pecho agitado subiendo y bajando sin tregua. A la distancia, se dejaban oír algunos gritos, furiosos quizá. Se le ocurrió que a cada segundo sonaban más cerca, y quiso volver a correr. Pero al voltear hacia Luis, el semblante dolorido, la sangre derramándose sobre el sucio suelo del andén, no llegó a articular palabra alguna. Se puso muy pálido. La herida se veía muy fea. Demasiada sangre. Y eso que no le había dado de lleno. El tiro desviado lo había salvado de morir en el acto, aunque quizá no durara mucho tiempo más… La idea lo estremeció, obligándolo a arrodillarse junto a Luis.
-¿Cómo estás? -, alcanzó a decir.
-Para la mierda… -, masculló Luis, quien consiguió alzar a cabeza, más allá de la figura del Gordo.
La estación se estaba viniendo abajo. "Como el país", se le ocurrió de pronto, aunque nunca supo de dónde le llegó semejante idea. La humedad y le herrumbre habían hecho estragos sobre las paredes y los escasos herrajes que aún nadie se había llevado para fundir, tal vez de tan oxidados. Sintió un frío que le calaba hasta los huesos, y de alguna manera, por encima del miedo que comenzaba a ganarle la conciencia, intuyó que nada tenía que ver aquello con la temperatura ambiente.
-Me estoy muriendo, Gordo -, balbuceó, y la frase quedó suspendida entre ambos mientras su mano se relajaba sobre la herida, como si su cuerpo comprendiese que ya de nada valía seguir luchando.
-¡No, carajo! -, chilló Nacho, tomándolo por el brazo izquierdo y tironeando sin fuerzas de él. -¡No te vas a morir, mierda!…… ¡Ya te estoy llevando a donde puedan curarte!
Sin embargo, los dos sabían que no era cierto. Luis, porque se estaba muriendo. Nacho, porque no tenía idea sobre cómo hacer para poder ayudar pronto a su amigo. Con la buena voluntad no alcanza para extraer perdigones que se alojan en un pulmón.
Más gritos, cada vez más cerca.
-¡Vámonos! -, le dijo Nacho, pero ya casi para convencerse a sí mismo.
-Anda, Gordo -, murmuró Luis. –Y la puta que te parió……por esa idea de mierda……que tuviste…
Nacho vaciló. Un par de sombras se recortaron sobre el horizonte del terraplén, blandiendo unos palos; o quizá, más escopetas. Ya estaban cerca. Tenía que decidirse. Era cuestión de segundos. Era vivir o morir.
-¡Qué boludo, carajo! ¡Qué boludo que fui! -, sollozó, tomándole una mano, tembloroso.
-Andate, Gordo -, murmuró otra vez Luis, sin mirarlo, incapaz de luchar contra lo inevitable. –Salió todo remal…
Y se soltó del apretón. Su cabeza cayó sobre el banco polvoriento. Su respiración sonaba quebrada. La sangre goteaba cada vez más.
Nacho tembló una vez más, evitó mirar a su amigo por última vez, ahogó las lágrimas, y salió disparado hacia el descampado, dominado por una eterna culpa, bamboleando de nuevo la barriga. Luis se estremeció. Había quedado solo, asustado y muy mal herido. Oyó gritos cerca suyo, corriendo en su busca. Sentía, desamparado, que algo se le escapaba inevitable entre los dedos. Además de que aquello había resultado una idea de mierda.
Y por última vez volvió a pensar que, al igual que la estación, él también se estaba viniendo abajo.
"Como el país".

*De Aldima. licaldima@yahoo.com.ar

Las Navidades de Bongo*

*Por José Pablo Feinmann

Nunca pude decidir si Bongo era judío o católico. Tenía que decidirlo yo, porque él, si lo tenía decidido, difícil que pudiera comunicármelo. Además, seamos francos: ¿cómo iba a decidir Bongo que, al fin de cuentas, aunque fuera el Bongo, era un perro, si era judío o no, si era católico o no, si yo, que no era un perro (aunque tampoco ocupara entre los humanos un lugar tan excepcional como el que Bongo ocupaba entre los perros), aún no lo había resuelto y ya tenía nueve o diez años. Sucede que la cosa era compleja. Bongo y yo vivíamos en medio de una confusión aceptada por toda nuestra familia como normal. Bastará narrar una Navidad en Belgrano R, en nuestra casa de Echeverría y Estomba, para que se entienda qué busco tornar claro.
La cena de Navidad era hermosa, una noche de plenitud, de regalos, de visitas, de familiares que veíamos de tanto en tanto pero que hoy estaban aquí, con nosotros, una noche de amor y de paz y de cohetes, rompeportones y cañitas voladoras. Una noche de Misa de Gallo. Una noche de mucha comida. De
puertas abiertas. Abiertas para los vecinos. Todos abrían sus puertas. Si uno quería visitar a otro podía hacerlo casi sin golpearla. ¿Cómo iba a golpearla si estaba abierta de par en par? Hasta la Sra. Gerlach, que era la villana del barrio, la que vivía justo frente a nosotros, de la vereda paralela, también en Echeverría y Estomba, en un chalet que siempre me pregunté si era o no más lindo que el nuestro, abría esa noche, la de Nochebuena, sus puertas. Y eso que, lo juro, no era buena. La Sra. Gerlach jamás devolvió una pelota que hubiera caído en su jardín, que era muy grande y ella, de egoísta y de engrupida que era, lo tenía protegido por verjas altas, puntiagudas, de madera verde o marrón o bordó oscuro, porque siempre andaba pintándolas de nuevo, como si ningún color le gustara. ¿Qué color iba a gustarle a esa bruja si no habría cosa en el mundo que le gustara? En Nochebuena, no. Hasta ella exhibía a los demás sus puertas abiertas. Si uno miraba hacia adentro podía verlo al Sr. Gerlach sentado en un sillón y leyendo un diario, seguro que en alemán. A nadie, jamás, se le ocurrió decir que el Sr. Gerlach había sido nazi. ¿Qué era eso, cómo iba a ser nazi alguien tan agradable como el Sr. Gerlach? ¿O no era él, nunca ella, el que si estaba en la casa y no en el trabajo, nos devolvía cualquier pelota que cayera en su jardín, con una sonrisa y dándole con ganas, como si supiera, hasta las manos de alguno de nosotros? ¿Un nazi iba a ser eso? Vamos, ¿qué se piensan, que nos chupábamos el dedo?
Nuestra cena de Navidad la presidía -por supuesto- papá. Que se llamaba Abraham y era hijo de Boris Feinmann y Raquel Aranovich. "Yo nunca tuve un problema en este país por ser judío", decía papá. Una frase que, con el paso de los años, cada vez me resultó más extraña, increíble. Pero, ¿por qué no
creerle? No por el país sino por él. Se había recibido de médico en 1917 y siempre había sido un dandy y había ganado buena guita desde el inicio.
¿Quién se habría atrevido a decirle "judío de mierda" al doctor Feinmann?
Era tan suntuoso el viejo, tan seguro de sí y, sobre todo, se sentía tan argentino, tan merecedor de este país, tan dueño de él como, por ejemplo, cualquier cajetilla del Jockey Club, que debía imponer respeto hasta al cura Menvielle. Ahí estaba, entonces. En la cabecera de la mesa. A su derecha, mamá. Mamá era católica: Elena de Albuquerque. Siempre estaba muy linda en Navidad. Preparaba todo. La comida, el árbol (que lo hacíamos en un pino que había en el jardín), el lugar para poner los regalos, la lista de invitados, todo. Pero le era fácil: tenía dos sirvientas. Mi vieja siempre dijo "sirvientas". En los cincuenta todos decían "la sirvienta". Los judíos decían la "jikse". Seguro que lo escribí mal. Pero así suena, cualquiera lo sabe. Las sirvientas eran Rosario, siempre joven y linda, visitada por el calentón de mi hermano si ella le abría la puerta de su cuarto, e Isabel, una gallega gordota, medio torpe pero muy trabajadora. En esta Navidad se agrega una chica que olvidé de dónde venía. Era muy simpática y solía
disfrazarse de Papá Noel. (Santa Claus no existía en los '50. Papá Noel y se acabó.) Le decían Cachirula. Por la historieta Pelopincho y Cachirula, de Fola, que salía en el Billiken. El resto era el batallón semita. Un primo al que llamaban el petiso. Y sobre todo las dos hermanas de papá. Eran
infaltables. Eran maravillosas. Menores que el viejo, se llamaba Sonia la mayor, la más seria o, mejor dicho, la menos loca, y la otra era Rosa, que era un regalo de la vida. Sonia, inteligente, se ganaba la vida jugando al póquer. Y Rosa, que era fea, para qué negarlo, fea sin apelación posible, era una atorranta irresistible. No sé cuánto, no sé qué habré heredado de Rosa, pero si hubo algo de polenta en mi vida, de ganas de vivir, de atorrantear, de aceptar la locura como parte esencial de la existencia, o de la razón, eso vino de ella, de Rosa, la gloriosa tía puta de la familia. No había Navidad en que no trajera un tío nuevo. En esta que hoy evoco se lo trajo al tío Angel, un buen tipo, tranquilo, resignado, feliz por tenerla a Rosa. Cuando Rosa le mostró a su sobrinito, cuando le dijo: "Vení, Angel, éste es el Josecito, el hijito menor de Abraham", el Josecito dijo: "¡Cómo la quiero a la tía Rosa! Todas las Navidades me trae un tío nuevo". Rosa me pateó un tobillo y (sé que no me van a creer) aún recuerdo su frase dura, dicha entre dientes: "No seas pelotudo, nene. No me arruinés la Navidad".
Angel ni se mosqueó. Al contrario, ahí nomás me dio su regalo: ¡una gruesa de cañitas voladoras! En seguida estaban mi hermano y sus amigos sobre mí y me las sacaban y buscaban botellas para arrojarlas sobre la casa de la Sra. Gerlach. Algo que ocurrió después de la cena.
¿Qué busco decir? Que nuestra mesa de Navidad era tan judía como católica y hasta, si se descuidan, ganaban los judíos. Si no lo hacían es porque solían venir Doña Carmen y sus dos hijos, amigos de mi hermano, dos boludos en estado de coma. Uno, creo, terminó como abogado de De la Rúa. El otro hizo
el Liceo Militar. Una vez fuimos todos a verlo cómo saltaba vallas en una contienda entre milicos. Montaba un caballo marrón con manchas blancas, seguro más inteligente que él. Pero ahí estaban: engrosando la mesa navideña. Doña Carmen era la presidenta de la Acción Católica. No sé si necesito agregar algo más. Judío o católico, era papá el que decía su ya tradicional discurso. Nada del otro mundo, creo. O sí: todo del otro mundo.
Porque hablaba de Dios como si se lo hubiera cruzado esa tarde al bajar del colectivo 76, en Echeverría y avenida Forest. Y después de la amistad entre las razas, los pueblos y sus creencias. Mamá no decía nada. Bongo tampoco.
Estaba muy cómodo en un sillón, cerca de la mesa y miraba todo. No era de esos perros que abordan la mesa y andan mendigueando un cacho de comida. No, Bongo no solía comer mucho. Lo suyo era el sexo. No había perra o perrita en 20 cuadras a la redonda que desconociera sus artes de perro cogedor. Porque
eso era. Uno podía ir a Melián a caminar y ver los árboles en lo alto o al puente de Superí a cortar cañas y solía encontrárselo al Bongo atracándose a una perrita. Era un campeón. Yo era un pibe y no sabía casi nada de esas cosas. Pero por el modo en que aullaban las damas que el sexópata penetraba
era claro que ellas no estaban pasando un mal momento. El, mucho menos. Pero no era de expresarlo. Se concentraba en lo suyo. Serio, como si buscara, ante todo, complacer a la dama.
A medianoche, todas las damas iban a "misa de gallo". Mi mamá, católica; Doña Rosa, católica; las dos sirvientas, católicas; Cachirula, católica, y las dos maravillosas tías recontrajudías, la tía Sonia y la tía Rosa.
También íbamos Bongo y yo. Pero nos sentábamos atrás. Cerca de la pila bautismal. A mí no me gustaba verlo de cerca al pobre Jesús, tan estropeado, con todos esos clavos, la sangre, con esa cara de dolor, de derrota. No me gustaba. A Bongo, creo, tampoco. Después la gente salía y nosotros los dejábamos salir. Nos íbamos al final. A quien más quería Bongo era a papá.
Pero después a mí. Eramos buenos amigos. "Vamos, Bongo", dije sin mirarlo.
"Es tarde." Me di vuelta y lo vi, con su pata levantada, con enorme convicción, echándole una meada a la pila bautismal. No tuve, entonces, ninguna duda: era judío el Bongo. Como papá.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-117422-2008-12-28.html

Día de los Santos Inocentes*

*Por Adrián Abonizio abonizio@hotmail.com

-!Brindemos, sí, pero hagamos silencio por los Santos Inocentes que mandó a matar el terrible Herodes!, explotó poniéndose de pie la tía Eulalia. -Esta boluda siempre arruinando las fiestas, dijo por lo bajo Diácono. -Te escuché. réprobo, oí tu insultante frase, pero sigamos y oremos, terminó con un abatimiento teatral. -!Saquenle el chupi, reclamó alguno. Era la previa del remanente de los festejos con las sobras navideñas: Parva de trozos de pollo, hectolitros de sidra, pilas de turrones yacían tapadas sobre el
mantel de hule de la casa de la Nona, mientras eran las once de la mañána de aquel 28 de diciembre y la tía Eulogía otra vez se había mamado tempranamente -!Soy una catequista de ley, una esclava del Señor!, gemía amparándose en sus fueros celestiales cuando fue arriada hacia una de las reposeras para que se aireara y soltara la copa que tenía en su garra como si fuera el Santo Grial.
Yo ya había tomado la Comunión y se me mezclaban los sentidos: El 8 de diciembre a la vez que era el cumpleaños de mi madre, era algo de la Virgen, ascensión, natalicio o descenso, no recuerdo. Aún tenía la entrepierna paspada pues el trajecito gris que me habían dado era de sarguilla y ningún adulto supuso lo que significaba el calor, los hilos de agua cayendo hacia el culo mismo, la verguenza de estar disfrazado y en el fondo, sentirse un pelotudo. Con mis primos decidimos huir al campito a quemarnos en los pastizales corriendo una pelota, sacudirnos las hilachas de la entrada a la religión y la adultez temida.
Ibamos con la número tres bajo el brazo. Comentábamos con risas el estado mental de la tía Eulalia. Pasamos por una tapicería: Nos debían allí el pago por la limpieza del patio y con él pretendíamos hartarnos de Coca familiar, luego del partido. Entramos; bajo el resplandor solar del mediodía las
pelusitas bailaban entre los chorros de luz que penetraban por las chapas agujereadas. Había ese olor a lustrín y sudor. Entonces lo vimos: El flaco dependiente, el clavador de sillones, sucio como siempre estaba al fondo sumergido en su tarea tan concentradamente que ni nos oyó acercarnos. Uno a uno, extraía de un cajón de manzanas sendos gatitos que iba ahogando en el piletón. Alguien hizo un ruido o una mueca. Se volvió como una fiera sorprendida en pleno asesinato. -!Eh, para afuera, váyanse!...tenía la sonrisa amarronada y el pelo le cubría los ojos. Transpiraba, como en cámara lenta las gotitas de sudor caían sobre el agua del crimen.
Corrimos hasta la canchita y poco dijimos. El sol nos echó una bocanada de dragón y nos expulsó hacia la sombra de los paraísos en un rato. Era imposible jugar. No pudimos tomar la Coca, pedimos agua en un lavadero de remolques y regresamos por las calles de tierra. Al llegar a la puerta, donde la sombra de un gigantesco plátano amparaba del infierno, la tía Eulalia era mecida por una niña vecina, una mano en la Biblia, la otra peinándose los largos cabellos grisados -!Infantes míos! !Santitos inocentes! ¿Habráis visto el pecado de la carne entre las piernas de las negritas que traen esas caras de espanto?. En la galería había un espejo y allí nos miramos. Sofocados, la claridad impedía ver las siluetas. En esas
condiciones nuestras facciones danzaban imperceptiblemente al son de esos gusanitos trasladándose de un punto al otro, aquellos que uno ve en el cielo si se mira mucho y fijamente. La gata barcina, la de nuestra Nona, maulló detrás nuestro, como preguntando algo. Entonces recordamos la matanza de ese
día y nos echamos apesadumbrados bajo la escalera que era el único sitio donde la humedad impedía el calor.
Nos llamaron a comer. En los restos del pollo alguno creyó ver la silueta de un gatito. El ventilador hacía un ruido de motor de avión. Había música de los Wawancó. Comimos con repugnancia, envueltos en el giterío y la alegría salvaje de los mayores disputándose los restos del festín. Tía Eulalia callaba, rezando por lo bajo. Tío Diácono hizo un chiste acerca de su sexualidad dudosa y hasta hubo un instante de descuido para robarse una botella de sidra helada que pasó de mano en mano por debajo nuestro hasta que el Dany la sacó afuera y subió con ella a la terraza. Al rato lo seguimos pero ya se la había tomado toda. Moqueaba, no sé si por el alcohol, por él, por nosotros, por la tía, por la familia entera o el mundo y sus pesares. Nos dió a entender en su lengua de borrachín asoleado que todos éramos como aquellos gatitos, santos inocentes y predijo en el mismo tono que la tía Eulalia las terribles batallas que sobrevendrían. -...por los siglos de los siglos, a todos nos van a ahogar algún día...y eructó después.
Al Dany lo tiraron desde un Hércules al Río de la Plata, cerca del año 1978.
La tía Eulalia seguía insistiendo que un ángel se lo había llevado hasta que se murió de vieja. Pidió ser momificada como una santa y exhibida en la casa de la Nona. Los tíos no lo permitieron.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-16623-2008-12-28.html

LA OTRA*

Camila se deslizaba por sus sueños, estaba expectante porque sabía que noche a noche la iban transportando hacia situaciones que nunca había imaginado. Pero una noche no fue igual que siempre; se había quedado sentada en la cama desafiando al sueño. Todo en ella era resolución, cambio, hambre de devorar la noche porque quería sentir despierta esas sensaciones que conseguía estando dormida.
Encendió la radio para ahuyentar las ganas de dormir, compenetrándose en la música que brotaba precisa, atenuante. Se fijó en el reloj, habían pasado dos horas desde que se había metido en la cama, pero nada. Por fin decidió acostarse y conciliar el sueño; era tarde y tenía que madrugar, no podía seguir pensando y haciendo cosas tan absurdas, se dijo, mientras bajaba el volumen de la radio.
La noche estaba pesada, la luna llena casi formada en su totalidad, era cubierta de a ratos por nubarrones que amenazaban lluvia y se filtraban por la celosía de la ventaba que estaba algo levantada, Camila la miraba desde su lugar.
De pronto sintió que no estaba sola, alguien se dirigía hacia la puerta del dormitorio. Bajó el volumen de la radio quedándose quieta; no sintió miedo, más bien una complicidad la embargó. Escuchó el ruido del picaporte, los pasos que se alejaban, se levantó, fue hacia la puerta que había quedado abierta y salió. Una brisa suave la envolvió.
Desde ese lugar vio que una persona se alejaba, observó que tenía el mismo pijama, cabello claro como el suyo, todo igual, solo faltaba verle la cara.
En esta ocasión tampoco sintió miedo, pero tampoco atinó a llamarla y volvió a entrar al dormitorio. Al descuido se encontró delante del espejo pero no se vio, entonces se miró las manos, recorrió todo su cuerpo pero este no se reflejaba.
Salió corriendo hacia fuera , quiso alcanzar a esa mujer, ella se llevaba su imagen. La radio seguía en la misma programación.
- Quiero soñar – gritó – y siguió corriendo detrás de esa mujer pero no la alcanzó. La otra iba despacio pero cada vez más lejana, lentamente se deslizaba hacia la boca de un supuesto túnel que se abría más adelante.
Camila siguió corriendo, cayéndose varias veces; el dolor que le causaba las heridas de las rodillas por momento se le hacía insoportable. La otra había desaparecido y el túnel se desdibujaba ante sus ojos.
Volvió a su cuarto y subió el volumen de la radio; el pronóstico del tiempo indicaba lluvia. Con dificultad se dirigió hasta el espejo y se vio en su totalidad.
- ¡Qué sueño tonto tuve – se dijo para sí y apagó la radio quedándose dormida.
Por la mañana cuando se levantó sintió un dolor muy fuerte en las rodillas y comprobó el desorden de pisadas con barro sobre la alfombra.

*de MARTA BEATRIZ MULTINI.

Convocatoria*

El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,

*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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Comments

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Mon, 29 Dec 2008 00:51:30 +0100
A CABALLO DEL VIENTO... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/12/16/a-caballo-del-viento http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/12/16/a-caballo-del-viento *

No sé porque la luna se abalanza
sobre esta noche de silencios tensos.
Ignoro si fue ayer que los lamentos
dejaron paso al duende de la danza.

Puede que fuera en lontananza
que brillaran los colores mas intensos.
Puede que se quemen los inciensos
ocultando el hedor de la matanza...

Quizás será una lucha cruel a ultranza
o borbotones de sangre en el inmenso.
Puede que sea gris la lontananza

incluso que huya a caballo del viento;
pero jamás podrá tomar justa venganza,
ni sabrá si es verdad, ni si te miento.

*de Joan Mateu joan@cimat.es

A CABALLO DEL VIENTO...

Mi viejo y los ojos*

Esos ojos grises leían y leían los tomos gigantes de leyes.
Protocolos encuadernados de blanco, con fechas de cada año que se despedía.
Su vida era el trabajo, examinaba atentamente con una lupa las firmas, antes de certificarlas. Los domingos, cuando casi todos descansaban. Algún vecino tocaba el timbre. Y preguntaba: - ¿Esta el Doctor? Le tengo que hacer una consulta-. Entonces mi viejo salía con su portafolio de cuero, los anteojos y el libro de actas.
El quería que fuese escribana, pero yo de chica odiaba tanto los librotes, los certificados, los dominios y los" libre deudas". No me gustaban tantos papeles y lapiceras, quería ser distinta, no deseaba hacerme mala sangre como él.
Cuando murió, paso algo muy paradójico. Comencé a escribir.
De sus ojos me jacto de tenerlos parecidos. De su puño y letra me eduqué para amar mi trabajo.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

El indulto al capital*

*Guido Bilbao
15.12.2008

Fue en enero de 2001. Mi viejo llamó y dijo: “Guido, me voy al tacho, no hay manera, me fundo”. Luego de tres años de recesión, su pyme de servicios gráficos acumulaba deudas sin parar, no podía venderle nada a nadie y de los buenos tiempos sólo quedaba mi padrino, Varela, que fue el primer empleado de mi viejo y también el último.

Cuando era chico pasaba muchas veces que me levantaba a tomar agua a la madrugada y, medio sonámbulo, me lo encontraba ahí: sentado en la cocina, en calzoncillos, haciendo cuentas en un cuaderno. Tomando café y usando regla, papel, lápiz y goma, unas gomas fancys blancas y azules que siempre terminaban en mi cartuchera.

Otros días el garaje y el patio se transformaban en un depósito lleno de papeles hasta el techo. Que había que embalar y cargar a los fletes para entregar. En los camiones, con los remitos que siempre perdía, iba mi abuelo Turo y a veces yo con él.

Así, poco a poco, vi como mi viejo remodelaba la casa, en Floresta, compraba una quinta en Malvinas, cerca de Rodríguez, cuando no era la capital nacional de la efedrina ni se encontraban por ahí los cuerpos deshojados de narcos financistas de la campaña de la Presidenta. Rodríguez era La Serenísima y las meriendas gratis que daban los domingos, sólo si antes te hacías el tour de la fábrica.

Lo vi después construir de a poco un chalecito en Punta Mogotes. Siempre trabajando, hasta los domingos, salvo cuando íbamos a ver a Vélez. Pasaron en esos lugares los tiempos más felices.

El día que mi viejo me llamó y me dijo “me voy al tacho, no hay manera”, también me dijo algo más. Meses atrás se había reunido con un contador amigo que, luego de ver sus números, le dio un único consejo: “Convocatoria de acreedores, vendé todo y saludá desde Montevideo. No podés regalar el trabajo de toda tu vida. Pensá en tus hijos”.

Mi viejo dijo que pensó en nosotros, en mi vieja, en su padre, hijo de un vasco huérfano, que trabajó 40 años de mecánico y ahora estaba con aterosclerosis viviendo en un PH de Villa Luro que él le había podido comprar. Pensó y pensó y al final, me dijo, había decidido pagar lo que pudiera. Si las cosas le habían salido mal no era culpa de los demás. “Yo no voy a cambiar de vereda si me cruzo por la calle con un acreedor. Ya me las voy a arreglar.”

–No seas boludo –le dije yo–, si en este país son todos garcas–. Toda la vida lo había criticado por laburar tanto y estar siempre tan pendiente de la guita. Me sorprendía yo también, transformado en esos tantos que no paran de cometer los pecados que recriminan.

–Tu papá no es un garca –me dijo él, sin llanto. No se volvió a hablar del tema.

Después vino la caída de De la Rúa y resultó que todo se puso peor. Vendió la casa de Segurola donde había formado una familia, la mía. Con eso les pagó a los acreedores que pudo. Se fueron a vivir a las oficinas que están a la vuelta y que gracias a los arreglos producto de la venta del auto transformaron en una casa. Vendió “Mogotes” por la hipoteca y con eso le pagó al Bank Boston. La plata de la quinta, lo único que quedaba, la recibió mi padrino, Varela, como parte de su indemnización. Era menos de la mitad de lo que le correspondía, pero no dijo nada y se fue a su casa.

Mi viejo, con 62 años, se consiguió un trabajo como jefe de un taller de costura que hace corpiños para exportar a España y después de 40 años volvió a moverse en colectivo. Se levanta cada mañana con una alegría y una fuerza de la que no me siento capaz.

Cuando Cristina anunció el blanqueo de capitales sentí un enojo inusual porque por lo general las malas noticias sólo alimentan mi cinismo. No me sentía tan enojado desde los indultos de Menem. Es parecido, me digo, un indulto al capital.

Y como es muy temprano a la mañana y no desayuné todavía, quizá porque el sueño no se me pasa o porque tan temprano ya fumé, me dejo llevar por una imagen imposible que asalta mi cabeza acalorada: la veo a Cristina caminando por las calles de Floresta, atravesando la cancha de All Boys, con esos peinados tipo actriz centroamericana que usa y una capa blanca de raso ondeando al viento. Se cruza con un hombre lento y bamboleante que es mi padre y que camina hacia la parada de colectivos. La Presidenta lo mira con desprecio. Él no le dice nada. Cristina cruza la calle.

*Fuente: Crítica Digital
http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=17106

Pensamiento 869*

Que los gobernantes hagan tonterías es lo normal,
lo que molesta es que las digan.

*de Joan Mateu joan@cimat.es

"PESADILLA", DEL PERIODISTA Y ESCRITOR PINIE WALD, SE PUBLICO EN 1929 EN
BUENOS AIRES

La novela que revela el horror de la Semana Trágica cumple 80 años*

Hoy los estudiosos leen a "Pesadilla" como precursora clave de "Operación Masacre", de Walsh.

*Por Eduardo Pogoriles epogoriles@clarin.com

REPRESION. MIEMBROS DE LA LIGA PATRIOTICA EN ENERO DE 1919, LA SEMANA
TRÁGICA QUE WALD RECORDARIA EN 1929.

El escritor Macedonio Fernández decía que el mejor novelista del país debía ser el presidente de la Nación, por su capacidad para crear mitos desde el poder. Desmitificar esa tarea presidencial, reírse de sí mismo a pesar del horror, no olvidar la paranoia de los poderosos ni la indefensión de sus
víctimas, todo eso logró el periodista Pinie Wald (1886-1966) en su novela autobiográfica Pesadilla, que hoy está considerada como uno de los grandes relatos argentinos de la Semana Trágica de enero de 1919. En aquellos días, durante el gobierno radical de Hipólito Yrigoyen, Wald fue detenido y acusado de ser el supuesto presidente de una imaginaria "república soviética de la Argentina y Sudamérica", aunque sólo era un periodista de Avangard, un diario muy popular entre los obreros socialdemócratas. Torturado en el Departamento Central de Policía, Wald también fue testigo de un "pogrom" en el barrio de Once, donde grupos de civiles, policías y militares se dedicaron a aterrorizar a la población judía porteña, sospechada de ser "maximalista", o sea, simpatizante de la Revolución Rusa de 1917. Wald fue
liberado por las protestas del Partido Socialista, que lo defendió con un joven abogado, Federico Pinedo. Alfredo Palacios y Alberto Gerchunoff, entre otros, apoyaron al escritor.
La crónica de todos estos hechos es el tema de Pesadilla, publicada por Wald hace ochenta años -en enero de 1929- en idioma idish: Koschmar es su nombre original. Fue traducida al español en 1987 por Simja Sneh para Crónicas Judeoargentinas: los pioneros del idish, 1890-1944, una antología publicada
en la editorial Milá, de la AMIA.
Como dice el abogado Pinedo en la escena del juicio contra Wald, "el gobierno creó, en su imaginación, la imagen de un levantamiento maximalista, de una república soviética, y lanzó un grito de alarma (...) Del mismo modo en que se declaró a Wald "dictador maximalista" así se acusó a todos los judíos, junto con sus esposas y niños, de ser "maximalistas", y comenzó una caza salvaje dirigida contra ellos". Las 120 páginas de Pesadilla circularon durante diez años como un manuscrito en los ambientes obreros, hasta que Wald lo publicó "en el décimo aniversario de los Días de Enero", en la imprenta del Asilo Israelita Argentino, dedicándolo "a la memoria de los compañeros caídos".
Por momentos, Pesadilla es un relato que recuerda a Franz Kafka, une el horror y el grotesco, la risa amarga. En este sentido, el ensayista David Viñas ha escrito: "sótanos, malentedidos, pliegues y encrucijadas de Buenos Aires parecen recuperar , a través de la versión de un judío acosado en la
esquina trivial de Viamonte y Junín -o del Departamento de Policía- las calamidades de la Praga más sombría".
Para comprender mejor lo que vivió Wald entre el 7 y el 17 de enero de 1919, vale recordar que la Semana Trágica arrancó el 7 de enero cuando los huelguistas de la metalúrgica Vasena -en conflicto desde el 8 de diciembre- chocaron en Pompeya con rompehuelgas contratados por la empresa. La policía
intervino, hubo 4 muertos y 30 heridos. El día 9, el cortejo fúnebre fue baleado por policías en Chacarita y hubo al menos 12 muertos. Se declaró una huelga general y la ciudad quedó paralizada mientras grupos de civiles armados -simpatizantes de la Liga Patriótica de Manuel Carlés- apoyaban el
despliegue de policías y tropas del ejército convocados por Yrigoyen. Buenos Aires se transformó en zona militar, al mando del general Luis Dellepiane y el jefe de policía, Elpidio González. En los días siguientes hubo más enfrentamientos y represión, que culminaron en el "pogrom" .
Investigadores como Julio Godio, Edgardo Bilsky o Sandra McGee Deutsch -entre otros-se ocuparon del tema. Y hubo escritores que novelaron estos hechos, como Arturo Cancela, Andrés Rivera, David Viñas y Floreal Mazía. Recientemente, en 2007, se estrenó un filme documental de Herman Szwarcbart, Un pogrom en Buenos Aires. Aún hoy es difícil saber cuánta gente murió en esos días: el gobierno de Yrigoyen nunca dió cifras oficiales. El investigador Bilsky anota que los diarios de izquierda, como La Vanguardia y La Protesta, hablaron de 700 muertos, 4.000 heridos y miles de detenidos. En esos días, políticos socialistas como Mario Bravo, denunciaron la participación de cientos de militantes de la Unión Cívica Radical en la represión y en el "pogrom". La embajada de Estados Unidos habló de 1.356
muertos y 5.000 heridos, además de contabilizar 179 cadáveres de personas de religión judía en el Arsenal de Guerra. María Cecilia Di Mario cuenta en su libro De crónicas y escrituras en la Semana Trágica que, finalmente, los gremialistas de la F.O.R.A dirigida por Sebastián Marotta -con mayoría
socialista y sindicalista- negociaron con Yrigoyen el levantamiento de la huelga. Se logró la jornada de 8 horas y la libertad para los detenidos, pero nadie fue castigado por los asesinatos.
Hoy, el escritor Ricardo Feierstein, director de la editorial Milá, destaca que "literariamente, Wald sorprende con una prosa moderna, cinematográfica. Wald vivió persecuciones antisemitas en su Polonia natal y eso retornaba, ahora en Buenos Aires. Fue una personalidad muy querida en la comunidad, escribió mucho, impulsó el movimiento cultural en idish y orientó desde 1907 a los trabajadores socialdemócratas. Pero además creó la red escolar judía laica".
El escritor Pedro Orgambide, que reeditó Pesadilla en 1998 en la editorial Ameghino, la comparó con Operación masacre de Rodolfo Walsh y A sangre fría de Truman Capote. Atento a las nuevas generaciones de lectores, Orgambide decía en el prólogo: "Otras miradas podrán ver en él a un texto que sobrevivió a los malos tiempos de los prejuicios y la intolerancia". Lo cierto es que desde entonces el libro de Pinie Wald no volvió a reeditarse, aunque abunda en escenas realmente inolvidables.

*Fuente: Clarín:
http://www.clarin.com/diario/2008/12/15/sociedad/s-01822418.htm

Cosas menores*

Tal como me la contaron, así la cuento. Ni una palabra menos, ni una palabra más. Se llamaba Eusebio o Pandolfi o Schab o vaya a saber. Y esto carece de importancia porque con el tiempo todo el mundo lo identificó como el hombre del paquete.
En algún momento, hacía años, muchos, nadie podría precisar cuando, el tipo empezó a circular con un paquete. No muy grande, tal vez del tamaño de una caja de zapatos. Un paquete envuelto en papel de diario o pael madera y atado con piolín. Un paquete. Ese fue el arranque.
Al principio nadie reparó en el detalle, no había razón para hacerlo, pero después de meses, tal vez más que meses, aquel Eusebio o Pandolfi o Schab se convirtió inevitablemente en el hombre del paquete. Lo llevaba bajo el brazo o, cuando circulaba en bicicleta, apresado en el resorte del portaequipaje. Si dejaba la bicicleta volvía a meterse el paquete bajo el brazo. Jamás lo abandonaba.
Y así fue como se acostumbraron a verlo y a identificarlo, a reconocerlo y en cierto modo a aceptarlo: el tipo y su envoltorio, ligados, una misma cosa, inseparables, como la imagen mental de un camello es inseparable de sus jorobas o la de un elefante de su trompa.
Aquel fulano no poseía muchas cosas: un rincón techado para cobijarse, la bicicleta, suficiente habilidad como para procurarse el alimento diario, y el paquete. Más de cuatro -es lógico- se habrán preguntado qué ocultaría el misterioso bulto. Y hubo alguien que una mañana, justo en la esquina de la plaza que da al banco, concretamente le gritó:
-Che, fulano, ¿qué tenés en el paquete? ¿Llevás tu almita en pena escondida en el paquete?
No era una ocurrencia excesivamente original, pero de todos modos prosperó, y así como hasta ese momento se había aceptado con naturalidad la figura del tipo indivisible de su paquete, ahora también se impuso, alegremente, la costumbre de asegurar que llevaba su alma envuelta bajo el brazo. Cosas que
pasan, cosas menores, tibios adornos navideños para el largo tedio de los días.
Y siguío la vida y todo muy tranquilo y cada cual con sus asuntos. Hasta que un anochecer de frío o de calor, alguien, un grupito, seguramente reunido alrededor de una mesa de confitería, resolvió que acababa de sonar la hora de averiguar el contenido del famoso paquete.
No fue empresa difícil acorralar al tipo, despojarlo, romper el piolín, desgarrar el papel y develar el enigma. Adentro no había gran cosa: un zapato viejo, un frasco vacío, un cepillo sin pelos. Quizá algunos objetos inútiles más. ( Ahí están, desnudos, abandonados sobre la vereda, recibiendo la mezquina bendición del farol de la esquina.)
Y así, en una calle cualquiera, en un par de minutos, contra una pared de ladrillos, sucumbió el humilde mito provinciano y el hombre del paquete se quedó sin su paquete y quizá sin su alma.
Después, empujando la bicicleta, regresó a su porción de techo, ahora convertido en el señor nadie, o simplemente en Eusebio o Pandolfi o Schab, definitivamente despojado de su única riqueza, esa pequeña cuota de misterio conservada y alimentada durante años, y que le había permitido transitar tal
vez con un poco menos de pena por la pálida vida de los hombres, y tener un pálido nombre propio entre los pálidos nombres de los hombres.

*de Antonio Dal Masetto.

DEL QUITÁRNOSLO*

Para quitárnoslo
a veces tenemos "frío"

Lo tenemos
por afán del sentido
de quitárnoslo

Los sentidos
acuerdan un sentido.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Correo:

Un regalo de navidad...*

http://www.juliocortazar.com.ar/suvoz.htm
De nada, estoy seguro que les gustará.

*Udi. udi.cuatro.catorce@gmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 14 de diciembre del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Juan Sebastián Monsalve und Sebastián Quiroga. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

Convocatoria*

El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,

*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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Tue, 16 Dec 2008 01:48:31 +0100
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Edición DICIEMBRE 2008
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Hojas muertas*

Cuando amaneció, el bosque era un gran cementerio. Nadie sabía el motivo de tanta mortandad. Los árboles estaban caídos unos sobre otros en una informe montaña de cadáveres. Hablaban de una guerra nuclear, algunos de un ataque con pesticidas, otros simplemente se horrorizaban en silencio.

Sin embargo todo el mundo sabía que eso podía pasar porque año tras año, el bosque iba avisando. Cada otoño las hojas caían de los árboles dejándolos desnudos. Era el cementerio de las hojas muertas. Era el aviso. Sólo era cuestión de tiempo que también los árboles murieran.

*De Joan Mateu joan@cimat.es

Fábula del Árbol de Azúcar*

Dedicado a mi mascota (Tily) que,
pese a mis inagotables esfuerzos,
aún no comprende estas cosas de la vida.

Cuando desde abajo pedimos mejoras salariales,
Nos dicen que no hay dinero.

Cuando marchamos por una mejor educación,
Nos dicen que no hay dinero.

Cuando decimos que los servicios de salud pública
Pueden ser mejores para todos,
Nos dicen que se requiere de dinero,
Y no lo hay.

Si no hay dinero
¿Porqué reforzar con novedoso armamento al ejército?

Cuando las calles se inundan en tiempos de lluvia,
Nos dicen que es que no hay dinero para remediarlo.

Cuando el frío llega
Golpeando las paredes
De laminas de alumínio nos dicen:
¿Qué se le va a hacer, si no hay dinero?

Pero cuando los bancos ven aproximarse
Algún peligro,
El dinero aparece de todas partes
Y les cae del cielo
Como un verdadero milagro.

Si el Estado ve por el bien de todos,
Y si es verdad que no tiene
Un carácter de clase social,
¿Porqué para unos no hay dinero,
Y para otros la ayuda nunca falta?

*de Hugo Ivan Cruz-Rosas. quetzal.hi@gmail.com

El viejo capitán*

Día tras día a la misma hora.
Cuando el sol pasaba por su ventana del living de su departamento en el cuarto piso.
El hombre se sentaba a fumar su pipa mirando al este. La vista fija. Una estatua que apenas cobraba vida por debajo del movimiento del humo.
Para nosotros que lo veíamos cada tanto desde nuestra ventana del 8º piso era un viejo capitán de mar. Quizá por la pipa y la barba enrulada y blanca.
En invierno se colocaba una gorra gris de abrigo igual a la que usaba mi padre y que un día de 1996 decidió regalarme.
Un loro grande del color de los loros que cada tanto se paraba sobre el hombro derecho a tomar sol con su dueño. A su izquierda se veía una gran jaula con un canario amarillo que saltaba de un palillo al otro, de este a oeste.
El loro y el canario parecían ser sus únicas compañias.
No podíamos ver la figura completa de ese hombre al que sólo veíamos y conocíamos sentado de cabeza a la cintura, pero imaginábamos que tenia una pata de palo y como en las películas de los piratas podíamos oír un lejano eco del golpeteo de su pata de palo cuando se alejaba del timón por la cubierta de su fragata.
Era sólo eso. La imagen de un hombre viejo y sólo viendo por la ventana hacia donde unos kilómetros más allá el río de la plata inunda las costas del balneario de Quilmes en las sudestadas. Durante la hora u
hora y media en que el sol bañaba de luz y calor su ventana. Luego, en su camino al oeste el sol quedaba oculto por la altura del edificio -15 pisos- dejaba luz pero ya no rayitos en invierno ni latigazos en verano.

Una semana completa de invierno llovió y llovió y no tuvimos sol.
Cuando volvimos a buscarlo con la mirada atenta al ventanal del 4 piso, la persiana estaba baja.
Así uno y otro día y meses también, hasta que ya no esperamos encontrarlo en su puesto de lucha.
Se habrá muerto, -dijo mi hijo.
No se. Quizás volvió a navegar. Y está en su nave persiguiendo al horizonte.
Hasta descubrir con sus propios ojos el nacimiento del sol emergiendo desde el fondo del mar -dije yo, con mi habitual negación a la muerte.

Lo cierto, es que también desapareció el enorme bote colgado de gruesas cadenas que el hombre tenía a la altura de su ventana. Y que según supe tiempo después, le había traído más de un disgusto en las reuniones del consorcio de propietarios del edificio.

*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

EL RÍO*

Hondo
lejano el cielo
es de añil
y zafiro,
aguamarina
y turquesa.
Y luego el verde,
verde pino
verde oliva.
Verde
verdoso
verduzco.
Sumergido,
ondulado el río,
se pierde
sube
baja
contonea.
Entre blanco
pedregullo,
de nácar
de marfil.
El río
musical
en la tarde.
Todo el mundo
lo sabe:
El río
nombra a Heráclito.
Lo nombra.

-De: Inventario en Otoño. Poemas

*de Ana María Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

Te Extraño y No Supe Cómo Escribirlo*

No hay escaleras para subir,
Solo para bajar;
Si usted cree estar arriba:
Piénselo bien, medítelo;
Puede estar en un error.

Los padres sueñan con ver a sus hijos
Volar con alas de plomo,
Para poder repeler las balas.

Policías parecidos a robles
Devastan el concreto con sus raíces.

De pronto:
Un disparo:
Cae un cuerpo.

Al partir los cantos
Una persona murió,
No importa si cayó de este lado
O si cayó del otro:
Una persona muerta,
Es una persona muerta,
Por extraño que parezca.

No hay suficientes escaleras para subir:
¿Quién las construirá?

Seguramente arriba
También hay lodo,
Pasto, rocas, flores.
De esas extrañas maravillas
Que nacen y mueren
Cuando deben hacerlo.

Consigámonos un Dios pagano,
Con todo y su Demonio pagano;
Que nos prometa la muerte
Después de la vida
Y que su credo lleve por título
"Revolución para un Dios Pagano",
Y que se especialice
En el milagro de las escaleras.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

El banquete*

Después de la gran hecatombe nuclear los Plumkier, aristócratas de cuna, se reúnen cada tercer viernes de mes alrededor de una mesa, tal como venían haciendo desde el principio de los siglos. Cubertería de plata, copas de cristal de Murano y vajilla de porcelana de Sèvres. Etiqueta y traje largo.
Una enorme bandeja de plata con un asado de carne en el centro de la mesa.

Intentan que las cosas sigan como siempre y que las tradiciones se mantengan. Únicamente hay tres cambios que no pueden obviar: No hay pan, la carne no es de ternera sino de animales más pequeños y se ha instaurado un rezo antes de comenzar las comidas:

"Te damos las gracias señor por los alimentos que vamos a tomar y te rogamos que no sean tan radioactivos como el mes pasado", recitan mientras se contemplan las terribles quemaduras, las pústulas y la perdida de dientes.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

A ciertas y precisas edades *

A ciertas y precisas edades
el mundo que laboramos y nos contiene
se desgrana, se desliza, se esfuma
y no hay manera, forma, gesto ...
Es un tejido hecho a mano
colorido
con trazos varios
con texturas diferentes
que se disuelve para quedar en la memoria:
tul transparente, vaporoso
poblado de gestos que importan.
Es lo que queda en el arcaico rescoldo
lo que humedece el aire del cada día
lo que sostiene cualquier hacer.
A ciertas y precisas edades ...

*de Oscar Angel Agu. cachoagu@yahoo.com.ar

VUELO DE LÁGRIMAS*

Salen en silencio
pequeños pájaros de mis ojos.
Abrí las compuertas de mi angustia
para que no mueran
mis últimos ensueños.
¡Cuánta resaca recogen mis manos!
Todas las mieses las planté a destiempo.
En nada brotará una flor,
los frutos se ahogarán
en su desaliento.
Sobre ese desierto sofocante
me tiendo en cruz.

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

CONDENA*

No me preguntes, no, no me preguntes
por qué mi voz se ha oscurecido.
No me preguntes por qué mi sombra no refleja mis horas
Y no hay mirada, solo cuencas vacías.
Y la piel se ha esfumado
y aferrada a los huesos, una jungla de desoladas lianas
y el latido del viento ¡Ah, el latido del viento que me agobia!
Juro que lo he intentado.
No he podido acallar, sin embargo,
su latido en mi sangre.
El viento empuja las antiguas velas,
e indefectiblemente
mi pobre corazón,
condenado a ser una barcaza abandonada,
zozobra, mas no se hunde.

Tanta agua y morir de sed.
Tanta luz estelar y morir de noche.
Tanto viento y morir de calma.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

LA LOMBRIZ Y LA TUERCA*

Un caluroso día de verano, descansando un momento a la sombra de un frondoso lapacho que ocupa buena parte de mi jardín; veía a dos metros, donde ésta terminaba, en pleno sol; la lenta marcha de una lombriz que sorteaba uno tras otros los tallos de la hierba, manteniendo, eso sí, una imaginaria línea recta, un vector, que conduciría vaya a saber a qué sitio de las cercanías.
Era indudable que tenía un objetivo y un propósito, aunque ciertamente nunca podría yo conocerlo. No sería más que algunas pulgadas, ya que el sol fuerte debía perjudicarla; o tal vez protegida entre el césped los cálidos rayos no la afectarían tanto como yo estaba suponiendo. La marcha a su escala era
agobiante, lenta y penosa.
Al tiempo perdí interés y cuando dejaba ya de observarla, me llamó la atención un objeto semienterrado en el piso que estaba a centímetros delante, en el camino del pequeño animalito. Era una tuerca de hierro del color del óxido, del tamaño de un buen durazno, al menos.
¿Rodearía la mole; a su escala, gigantesca? ¿Retomaría la misma trayectoria por la imaginaria recta en que transitaba? ¿O la retomaría más adelante tras hacer un atajo después de rodearla parcialmente?
¡Nada de eso! Llegó frente al obstáculo, pareció medirlo, estudiarlo., e irguió su cuerpo como un largo pescuezo; mientras se apoyaba en el resto, se balanceó un momento, como afirmándose. se levantó más, y aún más, todo lo que increíblemente era posible para su tremendo esfuerzo, y apoyó su húmedo
y delicado cuerpo en la superficie hirviente del metal. y si bien yo no pude oírlo, debió escucharse como un chirrido, como una fritura, en aquel inmenso bosque de gramillas., y la lombriz cayó encogida, retorciéndose, víctima inocente de una naturaleza totalmente extraña para ella.
Apenas un desecho, un elemento despreciado, una tuerca insignificante que los hombres dispersan como basura sin cuidar mucho, y sin pensar lo más mínimo en los pequeños seres del jardín, en la pequeña vida que teje todos los instantes, tanto como nosotros mismos, las redes de la Creación.

*De Celso H Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar
Avellaneda. Santa Fe.

AMANECER DEL TIGRE*

¿Qué duele más, el desamor, la muerte, la locura?
¿O la fuga del girasol y la retama?
¿Del ocaso, de la aurora, del trigal en llamas?
Como un tigre enjaulado, la oscuridad
se golpea una y otra vez contra garfios de penumbra rosada.
Ronca la boca de la noche como un pez moribundo
Amordazan el grito azul del cuervo.
Solo queda "la vaga sombra, la inextricabe sombra"
No ha sido un Polifemo devorador de hombres.
Sin embargo, los Dioses y una atávica herencia
Perforaron sus vertientes de luz, con una estaca ardiente
Una clepsidra sideral ilumina los espejos perpetuos.
Regresa "el oro de los tigres"y la memoria eterna,
el ocaso, la aurora, los trigales.
.."y no hay fin "..
Como un enemigo abochornado, vencido el crepúsculo huye
ante tanta tormenta de amarillo
que deshace el día en girasoles y retamas.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

Sofía*

Para Marié

Ella no busca llegar a las estrellas
ni pide que se las alcancen, sabe
con solo levantar sus pies un poquito
sobre la vereda y estirar la mano bien alto,
lograra arrancar estrellas tiernamente
y crear su propio cielo sobre el suelo.
No le han dicho que estamos lejos
y nuestras manos son ínfimas.
Ni que al otro lado del tiempo alguien cae olvidada y en sus manos aprieta
estrellas muertas.
No le han dicho que queda tonto reírse una y otra vez.
Ni han roto la barrera de la ilusión, exterminando sus sueños.
Ella con sus manos llenas de estrellas de papel, crea el universo para todas
sus noches.

*De Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com

VUELO*

Abre tus alas,
Cual pétalos de rosa,
Hija mía.
No temas a la fragilidad de la belleza,
Eres más fuerte de lo que el mundo piensa.

Déjalas remontarte en suave aleteo.
¿Será este trozo de firmamento
que admiramos
demasiado pequeño
para tantas ansias de vuelo?

Toma pues, el universo,
Que brota de mis manos,
El tiempo que gotea de un viejo reloj de arena,
La marcha apurada de los cuatro vientos,
El polvo de las más antiguas estrellas...

Y ve tan lejos como quieras,
Sin dudas ni remordimientos.
Parte ya, dulce viajera,
Llevas contigo
Mi beso.

*de Marié Rojas.

Tu voz de cuentos*

traza callecitas
en mi cuerpo
indaga sus templos dormidos allí
donde Cristos niños
soplaban pájaros de barro
que de súbito salían
volando
pone cigüeñas en los campanarios
y tocan a rebato las asediadas
campanas del sentido
como el agua busca su cauce
lo encuentra
lava toda opacidad
y crecen en lujuria enredaderas
de flores blancas que nos nacen
nos abrazan
Va tu voz de cuentos
por recónditas escaleras
trepa la piel en un aliento
tibio
va por ángeles hace tiempo
desterrados
los llama por sus nombres
los arropa
los angela a puertas
del paraíso perdido.

*de Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com

XVI*

Qué noche deshecha
cierne sombra
en tu pelo
qué pájaros
cantan en tu balcón
por las mañanas
qué rubor te ilusiona
con principes lejanos.

¿Y yo quién soy?
Tal vez ese gorrión
que sobrevuela tu labio
tan suave tu pupila
de mar
tu rodilla de arena.

*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

*

No hay amor en el vacío
Ni hay corazón
que lata tan fuerte
en el abandono.
No hay razón para
El olvido
ni recuerdo
en las memorias
No hay nostalgia
de las paginas no escritas
Ni humanos tan comprensivos
Que entiendan el dolor.

*De Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com

Pequeñeces*

Ella a veces me devuelve a la infancia.
Dice que será motociclista, violinista, aviadora.
Dice que tendrá una fábrica de chocolates y una calesita propia para andar
hasta que se aburra sin pagar boleto.
Dice que cuando crezca será así de alta, jugará basket y no irá a la
escuela.

Ella es todo proyecto en su cumpleaños número ochenta y siete.
Yo soy todo el silencio.

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

Los monstruos*

Surgen de lo más profundo del armario. Son unos gritos guturales, horripilantes y continuados que a veces se trasladan debajo de la cama.
Incomprensiblemente se detienen cuando entran mis padres o cuando se enciende la luz.

Tengo mucho miedo. Cada noche retraso todo lo que puedo la hora de ir a la cama, pero mis padres son inflexibles y cuando se acercan las diez ya empiezo a temblar. Tampoco me dejan tener la puerta abierta ni la luz encendida porque dicen que un niño de siete años ya es demasiado mayor para
creer en fantasmas, monstruos y estas cosas.

Lo peor de todo es que mi miedo va creciendo y, aterrorizado, me hago pis en la cama. Ayer volvió a ocurrir y mis padres entraron en la habitación muy enfadados. Mi madre me arrancó las sábanas mientras gritaba que un niño no debe inventarse cosas y mi padre me metió en la ducha con agua fría,
amenazándome con que si eso se volvía a repetir me encerraría en el armario una semana.

Ahora estoy en la cama mucho más tranquilo. Ya no me hago pis y no es que no tenga miedo a los sonidos y gritos del armario, es que tengo mucho más miedo a los gritos y amenazas de mis padres. Ellos están contentos porque dicen haber conseguido curar mi "cuentitis"

*De Joan Mateu joan@cimat.es

Viento tostado y garapiñado*

Estos son días en que se habla de festejos
Y libertad,
Pero bien cabría preguntarnos si la deuda externa,
Las valiosas recomendaciones
Que nos hace el Banco Mundial,
O los tratados de libre comercio
También venían en el mismo paquete
O si nos los han regalado por pura cordialidad.

Ahora se habla de los héroes que dieron su vida
Para heredarnos Tierra, Justicia y Libertad;
Y también de los revoltosos de hoy
Que no entienden que la Revolución
Solo es el nombre con que se pide
Una monografía en las papelerías,
Para la tarea escolar.

Hoy son esos tiempos
En que todos se enorgullecen
De los grandes rebeldes
Y se cuenta de cómo en su tiempo eran tachados
De locos irreverentes,
Peligrosos para la paz y el bienestar
Y se hace,
Por supuesto,
La aclaración de que en nada se parecen
A los inconformes de hoy.

Hoy son los tiempos de los ricos y de los pobres,
Antes también lo eran.

Son los días para salir a las calles celebrando
Que las cosas han cambiado,
Aunque andemos igual.

Son estos tiempos de festejo
Donde las balas del Pueblo son aplaudidas,
Y hasta salen en televisión,
Se les montan exposiciones
Y todos quieren salir en la foto con ellas.

Mientras tanto,
Nosotros miramos.

Hoy son estos tiempos de recuerdos
Que parecen presentes,
Y somos los mismos:
Somos los olvidados,
Los que de vez en cuando son encontrados,
Los mismos de entonces,
Los que recordamos el pasado
Y que a veces levantamos la voz a unos oídos sordos
Que se asustan si escuchan balazos.

Somos los mismos de ayer
Con otros nombres;
Y festejamos desde abajo,
En silencio,
Entre los libros,
Fatigados por el trabajo,
Con nuestros corazones latiendo,
Con nuestros presos,
Nuestros muertos.

Pero estamos en estos días de festejo
Y júbilo nacional,
Donde parece nuevamente
Que a nadie importamos.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

En el año de 1910, durante la dictadura del Gral. Porfirio Díaz, se iniciaron los levantamientos armados en la llamada Revolución Mexicana. Cada 20 de noviembre es conmemorado el inicio de esta revolución, que nunca fue terminada.

HACERSE MAGOS*

Ese ahuecarse el corazón
Y hacerse magos...
Violín que desespera,
Hora no devela su escondite.

Hora juega a acunarse entre la hierba,
Dibuja caracoles, sombras,
Deja asomar la aurora y parte...
Dejando cenizas tras la escarcha de sus juegos.

Violín ha llegado tarde,
Ya no es tiempo de danzar junto a la hoguera,
Solo rescoldos, mudos.
Lo contemplan.

Toma una brizna de viento, canta,
Esparce una nueva melodía
De adiós y soledades.
A cien millas de distancia, hora muere.

*de Marié Rojas.

Convocatoria*

El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,

*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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Comments

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Wed, 03 Dec 2008 15:25:44 +0100
PARA DEJAR QUE EL PASADO SE DESPRENDA... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/11/15/para-dejar-que-el-pasado-se-desprenda http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/11/15/para-dejar-que-el-pasado-se-desprenda El destino*

Su abuela le había alejado de todos los peligros del mundo.
No había que recibir caramelos ni dulces de gente desconocida.
No bajar a la calle con la bicicleta, no hablar con extraños ni aceptar invitaciones a la casa de otros
compañeritos.
No comprar panchos en los puestos callejeros ni pochoclo porque las
condiciones de higiene eran pésimas.
No concurrir a los baños del club ni de la escuela.
No abrir la reja del jardín y permanecer dentro del mismo jugando a la pelota.
Ella habitaba en un cactus y era negra; la persiguió con un palito porque huía
demasiado rápido y no la pudo matar.
Pensaba todo eso mientras el cuerpo comenzaba a paralizársele, fue todo tan rápido.
Su abuela nunca le había alertado sobre estas arañas.

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

PARA DEJAR QUE EL PASADO SE DESPRENDA...

La defensa*

Caín, sonría aviesamente cuando el jurado le declaró inocente por el asesinato de su hermano Abel.

Una muy bien estructurada defensa, llevada a cabo por el prestigioso Bufete Plumkier y Asociados, rechazó la acusación aduciendo que no se había encontrado el arma del crimen y que no había beneficio por parte del acusado. Pero lo que acabó por decantar el veredicto fue la nula aportación de testigos de la acusación, a pesar de que ésta quiso llevar al estrado a Adán Y Eva, pero su testimonio como familiares directos estaba invalidado.

Por otra parte, tampoco se aceptó la declaración de la serpiente al no poder poner la mano sobre la Biblia para hacer su juramento.

*Joan Mateu joan@cimat.es

Catorce años*

*Por Sandra Russo

Catorce años tienen las AFJP, escucho, y pienso en los chicos de catorce años. Hace catorce años la oposición a Menem no logró perforar el relato blindado que bajaba desde el poder político, pero era legitimado por el poder económico y multiplicado por el poder mediático. El Estado elefante había dejado en el imaginario colectivo a la empleada pública de Gasalla, que atendía al público limándose las uñas y gritaba "¡Atrááás, atrááás!". La palabra eficiencia vino a arrasar con esa empleada: fue reemplazada por promotoras de buenas piernas y sonrisa muy amable que regalaban pins y calcomanías de las AFJP.
Hace catorce años, sin embargo, era bastante claro lo que estaba pasando. Y aun con un Estado corrupto como el del menemato, sólo fue posible rediseñar los sectores público y privado de una manera tan grotesca gracias a una obnubilación colectiva que hizo creer a muchos hombres y mujeres que cuando
fueran viejos serían esos ancianos atléticos y vigorosos que hacían trekking en las publicidades de las AFJP.
Cuando teníamos una secretaria de Medio Ambiente que salía envuelta en pieles en fotografías de estudio, cuando íbamos a traspasar en dos horas la estratosfera, cuando se desviaba la investigación del atentado a la AMIA, cuando teníamos esa Corte Suprema, cuando los grandes medios tomaban como
algo pintoresco que el presidente jugara al tenis y sus competidores se dejaran ganar.
Hace catorce años, cuando nacían los chicos que hoy para muchos, incluso y especialmente para el gobernador Scioli, deberían ser imputables, nosotros éramos como sociedad todo eso: un amasijo de jodidos y confundidos y sobornados por la fiebre del electrodoméstico y el viaje a Miami. Y esa
generación que se acopló a la vida en esos años, en su amplia mayoría, estaría destinada al paco, al cartón, al plan, al tetra, al limpiaparabrisas, al arrebato o al crimen. Fue un acto de cobardía no ver
entero el modelo que se estaba sembrando: de él iban a brotar, por la lógica de su propia genética, sectores con muchos bienes acumulados y sectores sin nada que perder. Una sociedad mínimamente civilizada debería preocuparse siempre de que absolutamente todos sus miembros tengan algo que perder.
Comida, trabajo, salud, educación. Son los cuatro jinetes de algo así como la seguridad. Si los esfuerzos colectivos a través del Estado se aunaran para que la comida, el trabajo, la salud y la educación llegaran a todos los rincones del país en dosis aceptables, es muy probable que el efecto colateral de esa política sería algo así como la seguridad. Digo "algo así" porque el delito no es extirpable de ningún modelo, pero es bastante claro que si las necesidades básicas de todos los habitantes de este país fueran cubiertas, habría muchos menos pibes rifando sus vidas o cegando otras.
Pienso en los chicos pobres de catorce años, en el relato social que meció su infancia, en historias de vida que cualquiera conoce y que enloquecerían a cualquier vecino de Palermo Freud. Pienso en las pérdidas que todo chico pobre de catorce años tiene que elaborar. Pérdidas que ni siquiera pueden
pensarse como tales, con el dolor que implica perder. Los pibes pobres de catorce años perdieron antes de nacer casi todos los derechos que los haría sujetos sociales responsables: el derecho a la vivienda, al alimento, a la escuela. Nada de eso los esperaba como esperaba el amoroso cuarto preparado la llegada del bebé de clase media.
La idea misma de bebé ha sido susceptible de divisiones clasistas, en esta sociedad hipócrita e hiperclasista: el bebé de la lavandina, ese que tiene una mamá que usa productos especiales para desinfectar los juguetes y que siempre tiene en la heladera postrecitos con calcio y hierro, y el bebé que carga la señora en el semáforo, el bebé del soborno emocional, el bebé prestado, el que pretende conmover y provoca rechazo. Ese bebé es sólo visto como un fruto de la promiscuidad de los pobres o como una herramienta para la limosna. Uno es el bebé que quizá ya tenga o vaya a tener un hermanito, y
el otro es el bebé que la mirada social juzga "de más", como si algunas mujeres parieran hijos y otras parieran apenas más bocas que alimentar. Uno es el bebé producto del amor de sus padres, y el otro es el producto de un apareamiento.
Los pibes pobres de catorce años han sido bebés del segundo tipo. No es después de un asalto o de un crimen que esta sociedad debería pensar en ellos. Es antes. Pensar en ellos como acreedores nerviosos. Pensar en ellos como los otros que podrían ser hoy si la vida los hubiese recibido con el saludo mullido de las oportunidades. Reflexionar sobre la adolescencia pobre sólo después de un asalto o un crimen es un latigazo más sobre sus lomos.
Lo peor es que ellos no esperan otra cosa.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-115065-2008-11-15.html

S. O. S.
El trabajo cuenta*

Cuenta el trabajo que un día se sintió como con los pies y los brazos
amputados. Quería caminar, pero el cuerpo se le hacía pesado, amorfo, insostenible. No encontraba manera de avanzar.
Dice que cuando quiere o decide alcanzar algo, los brazos no les responden, se les pierden en el intento. Quedan extendidos para luego descolgarse pesadamente desplomados, queriéndose separar del cuerpo, y las manos ávidas se vuelven torpes.
Cuenta que las veinticuatro horas del día se las pasa lagrimeando, dice que está cansado de lamentos y frustraciones, que quiere y se ha propuesto volver a ser él mismo. Habla del sentido de equidad, del respeto, la motivación
- A veces- dijo - creo no ser reconocido, no me siento respetado ni querido y con todos estos años que llevo encima, hay hasta quienes me ignoran, no me entienden ni entienden lo que he querido para todos, no saben que los necesito, tanto como ellos a mí-
Su voz me asustó mucho, quería verle el rostro, acercármele, abrazarlo ante tan afligidas expresiones; pero no podía, algo me detenía allí donde estaba y lo escuché, porque él necesitaba ser escuchado por ello le presté atención.
Dice que está hondamente dolido por la alta responsabilidad que tiene sobre sus hombros, que en ocasiones se siente como impuesto y le arde la piel por los malos tratos o la indiferencia que vive. Cuenta que cuando es elegido, es como estar en brazos de mamá, siente mimos, son horas que pasan y nadie siente agobio, todo lo contrario, es como si fuera una gran familia en cada sitio y la alegría viste su mejor sonrisa.
Cuenta el trabajo que ha querido ir más allá de lo que su propia inteligencia le dicta, ha querido probar su capacidad, que los otros también lo hagan, pero no ha podido.
-No sé cómo hacer – dice- para que las cosas “todas esas” que quiero llevar adelante sean logradas, trato de dar tres pasos y es como si retrocediera cien; y para colmo, estoy como estático
Esa mañana cuando el sol alborotaba su cabellera lo escuché hablar consigo, sacaba cuentas y más cuentas, hacía reflexiones tras reflexiones. Su voz me llegaba con sabor a enojo, sí estaba muy enojado.
-Soy fuente de riqueza, estoy aquí, allí, allá, nací para que todo humano saque lo mejor de mí, también quiero dar lo mejor. El último segundo de cada día plasmo en mi libreta lo que voy a hacer al día siguiente, es cierto que no siempre puedo lograr hacer todo cuanto he programado, pero priorizo aquellas que son importantes y las que quedan, de acuerdo a su importancia la traslado para el día siguiente, ¿por qué entonces no hacen lo mismo conmigo? hay quienes me dejan ahí, me encajonan, me echan al olvido. Quiere decir que algo me falla, ¿Qué cosa no he tenido en cuenta?
Se dice masticando una a una las palabras como para no perderlas.
- Si es este el resultado que obtengo de veinticuatro horas, ¿cómo me las voy a arreglar con esta larga lista donde plasmo las tareas de lo que supuestamente haré durante los trescientos sesenta y cinco días del año que representan ocho mil setecientos sesenta horas? No hay dudas, tengo que organizarme mejor.
La respiración se le siente agitada. Desde donde estoy me quiero mover pero no puedo, allí me tiene el trabajo a la escucha.
- Tengo que moverme, -repite una y otra vez- tengo que romper con esta inercia que no me deja ser eficaz. Voy a priorizar aquellas tareas más importantes ahora mismo, sí, tengo que organizarme mejor para poder planificar todo esto que tengo en mente y poder hacer un buen uso del tiempo. ¿Ah, el tiempo? Valeroso tiempo que necesita también de su tiempo para pensar, para el descanso, tiempo que roba tiempo cuando mal se emplea, tiempo lastimado, tiempo del que solo cuenta con sus dedos sin objetivos definidos ni concretos.
Tan pronto erguida, tan pronto enjuta, puedo ver una sombra en la meditación, como quien mide distancia entre espacio y tiempo.
- No puedo descansar ni pensar bien, y hay que descansar y pensar bien, pero no me deja todo este ruido en mi cabeza, tengo demasiado desorden. ¿Qué quiero? Vaya, qué pregunta, son tantas las cosas que quiero. Quiero llenar las aulas de las escuelas de niños y niñas, verlos estudiar y aprender, ese es el trabajo para ellas y ellos, el de estudiar, hacer los deberes para ser útiles en el mañana, libres de pensamiento. Quiero verlos jugar para que crezcan sanos. ¿Se me entiende? ¿Alguien me escucha?
Continúa el trabajo indignado, con muy mal humor, dice que muchos chicos y chicas se le acercan para ayudar a su familia, que ha visto de todo, ya sabe cómo enfrentar a quienes abusan de esos cuerpecitos. Mueve las manos con desespero, agacha la cabeza hasta rozar la barbilla con la tierra y es que se siente avergonzado, tal vez sea también motivo de su fatiga.
Su alterada voz hace estremecer
- Escúchame, necesito recuperar mis piernas y mis brazos que han quedado como amputados. Ayúdame. Dile a todos que preciso caminar para que cada familia entre a las fábricas e industrias que se han de abrir, quiero sentir de a poco en mi corazoncito el melodioso ritmo de las máquinas, la alegría de mis pares en su ir y venir. Pide ayuda por favor. Quiero caminar, es preciso que los hospitales estén en óptimas condiciones, que los enfermos estén bien atendidos y todo el personal contento. Quiero caminar, necesito mis piernas para disfrutar cada jornada junto a los estudiantes y maestros, ver florecer las letras y los números que son cantos a la vida, con ellos he de cuidar cada escuela porque es caudal de riqueza y sabiduría.
El trabajo, que no ha dejado de hablar un solo instante desde que amaneció está cada vez más irritado e inquieto. Contó acongojado que hasta ha visto a la tierra llorar a cántaros. Habla de los desastres de la naturaleza, dice que el hombre es el mayor responsable por no cuidar el medio ambiente.
- Mira cuanta sed y hambre padece la tierra- dice entristecido- vivo abrazado al campesino, sufro sí, porque no hay entendimiento de lo que representa su esfuerzo en el campo, no sabes cómo me estalla la cabeza por querer enderezar este loco mundo, pero por favor, escucha, ayúdame, me urge salir de esta quietud, apremia el tiempo -
Tengo los cuentos y las palabras del trabajo en la mente. Decido salir a la calle, ganarle tiempo al tiempo, buscar ayuda.

*de Juanita Pochet Cala juanipoch@hotmail.com

Espejos*

En la blanca pared del salón
se duermen hoy los espejos
que atesoraron las noches
de vigilia, cenas familiares
y rostros que ya no están.

Recuerdo haber jugado frente a ellos
de espaldas a la tarde,
descifrando, en esa inversión de imágenes,
las secuencias del porvenir.

Al recorrer otra vez la vieja casa
anhelo llegar a los espejos,
para dejar que el pasado se desprenda,
por un rato de la pared.

*de Silvia Berlasso. silvia_1856@yahoo.com.ar

Los norteamericanos están aterrados ante la idea de que Obama se convierta en otra promesa segada

Entre la esperanza y el miedo*

*Tomás Eloy Martinez
para LA NACION

Entre las muchas herencias maléficas que la administración de George Walker Bush le deja a Barack Obama, la economía en ruinas es la más evidente, pero quizá no la más ardua de superar. Como pocas veces antes, el miedo que la Casa Blanca instiló en los Estados Unidos día tras día desde el 11 de
septiembre de 2001 ha servido como herramienta para controlar a los ciudadanos. En Bowling for Columbine , el documental sobre la masacre que dos adolescentes armados provocaron en una escuela de Denver, Michael Moore comparó los 151 homicidios anuales de Canadá con los 11.798 de los Estados
Unidos y advirtió que la razón de la diferencia estaba en el miedo. Según Moore, los norteamericanos creen que el delito aumenta, cuando en verdad las estadísticas indican que disminuye. Con todo, la tasa de reclusos en las prisiones del país es la más alta del mundo: 1% de los adultos. Alimentado por medios de comunicación que convierten cada caso en un fenómeno, el país vive sumido en La cultura del miedo , como titula Barry Glassner un libro citado por Moore.
El miedo es una condición necesaria para el capitalismo moderno: sin el temor a ser rechazado por no usar el dentífrico correcto, el auto de moda o el último teléfono celular, los seres humanos podrían vivir satisfechos, pero faltarían a su función de consumidores. No hace falta que el temor se encarne en factores reales, como los atentados contra las Torres Gemelas: Bush se valió de informes falsos para invadir Irak, pero sus estímulos a la paranoia le permitieron ser reelegido. Los norteamericanos han aprendido que desoír los mandatos de la Constitución y permitir la autorregulación del mercado financiero son estrategias de desgracia que pueden arrastrarlos a la bancarrota. Ahora que la elección de Obama les permite recobrar el aliento, no saben cómo quitarse de encima las telarañas del miedo que se les han enredado en el alma.
La amenaza de una desgracia súbita asoma en todas las conversaciones. La menor de mis hijas, que cursa el último semestre en una universidad del estado de Nueva York, me contó que sus compañeros no hablan casi de otra cosa. La amenaza de una pesadilla circula como un torrente venenoso por los blogs y los celulares. Acaban de aprender la lección de la esperanza y no se resignan a que un mal viento se las arrebate. Los magnicidios dejaron cicatrices perdurables en la historia del país, desde Abraham Lincoln en 1865 hasta John F. Kennedy en 1963, y todos se aterran ante la idea de que Obama se convierta en otra promesa segada.
Cuando el líder de los derechos civiles Martin Luther King y el precandidato demócrata Bob Kennedy fueron asesinados con dos meses de diferencia, en 1968, Obama tenía 6 años. Acaso esa memoria, que marcó a toda una generación, hizo que le resultara natural ser el primero de los aspirantes protegido en las primarias por una docena de agentes del Servicio Secreto (el mismo número asignado a Bush), que lo siguió a lo largo de la campaña.
"Ojalá viviéramos en un país donde la raza no fuera un problema", dijo el senador Dick Durban, de la comisión que autorizó la seguridad, "pero que se trate de un afroamericano aumenta su vulnerabilidad".
El FBI analizó más de quinientas amenazas de muerte contra Obama, cien de ellas de carácter racista. Desde que se convirtió en presidente electo, su casa, en Chicago, se ha vuelto inaccesible: calles cortadas, cabinas de control, barreras contra ataques suicidas. En la madrugada del 5 de noviembre, mientras todavía se contaban los votos, entre los mensajes en la Web hubo muchos cargados de odio fanático: "Hay que acabar con Obama", "Hay que matar a Obama ya mismo, antes de que termine con el país". Como escribió Elias Canetti al final de su clásico Masa y poder : "Detrás de cada paranoia, como detrás de cada poder, se halla el mismo deseo de barrer a los otros del camino, para ser el único".
El miedo a que Obama sea un nuevo Kennedy se suma a las comparaciones con el ex presidente asesinado que tanto seducen a la prensa mundial. Una y otra vez se repiten los atributos en común: ambos senadores jóvenes y brillantes; los dos representan a minorías influyentes: católico uno, afroamericano el otro; hasta sus bellas y elegantes esposas acentúan las semejanzas. Más significativas aún son las coincidencias de sus compañeros de fórmula: Lyndon B. Johnson, el vicepresidente de JFK, era un político experimentado, jefe de la mayoría demócrata del Senado; Joe Biden, que lleva 36 años en esa
cámara, ve a Johnson como uno de sus modelos. Leí en el semanario The New Yorker del 8 de octubre que Biden se resistió a secundar a Obama en la fórmula hasta que éste le prometió que le permitiría ayudarlo a gobernar: "Si me necesitas sólo para que te ayude a ganar la presidencia, puedo hacerlo de otro modo. No quiero estar al margen de las grandes decisiones".
Poco importa que Obama no haya contado con un padre que le abriera el camino a la política con dinero e influencias, o que Kennedy haya combatido en la Segunda Guerra Mundial e intensificado su preparación en política exterior antes de llegar a la Casa Blanca. Más importa, acaso, indagar en los motivos del deseo que, detrás del temor, acerca a los dos hombres. Porque tanto Kennedy como Obama llegaron a la Casa Blanca casi desde la nada, empujados por una simple palabra: cambio.
Cuando aceptó la nominación del Partido Demócrata, en 1960, Kennedy lanzó en su discurso un eslogan que se convirtió en la marca de su breve mandato: la Nueva Frontera. Era el tiempo de la Guerra Fría, de la lucha por los derechos civiles y de la modernización tecnológica. En el Coliseo de Los Angeles, el Oeste, que alguna vez había sido la última frontera para los colonos norteamericanos, dijo Kennedy: "Estamos al borde de una nueva frontera, la frontera de las esperanzas y los sueños por cumplirse. Más allá de esa frontera se hallan las tierras inexploradas de la ciencia y el espacio, los conflictos irresueltos de la guerra y la paz, los problemas pendientes de la ignorancia y el prejuicio, las preguntas sin respuesta de la pobreza y la abundancia". Con idéntica actualidad, pidió que lo votara "la gente sin seguro de salud, las familias sin un hogar decente, los padres de niños mal alimentados y sin escuelas. Todos ellos saben que ha llegado el tiempo del cambio". Palabras más o menos, Obama repitió esa letanía.
El nuevo presidente fue elegido para ejecutar el cambio por el 95% de los negros, 67% de los latinos, 66% de los jóvenes y el 58% de las mujeres. En esos grupos se concentra buena parte de los 760.000 norteamericanos que perdieron sus empleos en los últimos diez meses, una caída constante que dejó la tasa de desocupación en 6,5%y que podría llegar al 8% a fin de año.
Ellos lo votaron y él ha pedido mil días para salir del agujero negro. En tiempos de Kennedy, cien días eran suficientes para evaluar la eficacia del gobierno. Pero ahora, como escribió Zygmunt Bauman, "la política es un tira y afloja entre la velocidad con la que el capital se mueve y la cada vez más disminuida capacidad de acción de los poderes locales". Hasta el presidente de la principal potencia mundial carece de fuerza para torcer el rumbo de los mercados globalizados.
Obama se ha dado cuenta al instante de la vastedad de la tarea y, para que sus acciones de gobierno sean más ágiles, ha identificado doscientas decisiones del presidente actual que deben desactivarse, por
inconstitucionales o por desastrosas. No por nada George W. Bush ha logrado el milagro de superar en impopularidad a Richard Nixon: lo desaprueba el 76% de los norteamericanos, 10% más de los que repudiaban a Nixon en pleno escándalo Watergate. Pero aunque ambos disientan en temas medulares, como la guerra en Irak, el cierre de la prisión de Guantánamo, la crisis energética, la investigación de células madre o la inmigración, esos actos no atenúan la urgencia del mandato central que Obama ha recibido. Lo que sus votantes reclaman es que detenga cuanto antes la velocidad con que se empobrecen los habitantes de un país que siempre se jactó de ser tierra de oportunidades.
Aunque los republicanos se oponen, Obama quiere cambiar las leyes de quiebra, para que los jueces puedan autorizar algo que ahora sólo se permite a las empresas: que la gente pueda renegociar las hipotecas impagables y conservar sus casas. Los estados y las ciudades recibirán del gobierno federal fondos para ampliar los seguros de desempleo y los vales de comida.
A casi medio siglo del discurso de Kennedy, los sueños de otras generaciones han sido desgarrados por las políticas neoliberales y la globalización.
Obama cree que puede torcer ese destino y poner en marcha el cambio. "Tal vez no lleguemos en un año ni en un solo mandato", dijo, al anunciar su triunfo. "Sin embargo, compatriotas, nunca tuve, como esta noche, tanta esperanza."
Ver la luz de la costa después del naufragio ha costado tanto, que sus compatriotas tiemblan ante la idea de una ráfaga de violencia. Para alejar a los fantasmas, Obama llegará a las escalinatas del Capitolio el 20 de enero de 2009 e ingresará a la Casa Blanca en un Cadillac de titanio, acero y cerámica, resistente a las balas y las granadas, seguido por un cortejo de seguridad con camionetas llenas de hombres armados y un automóvil preparado para neutralizar cualquier ofensiva, aun las que se intenten con armas no convencionales. Kennedy no imaginó -no podía hacerlo- que también el odio y la intolerancia crean nuevas e imprevistas fronteras en la historia de la especie humana.

*Fuente: La Nación
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1070149&pid=5372878&toi=6486

Mamá*

*Por Jorge Lanata
Sábado 15 de noviembre de 2008 | Publicado en la Edición impresa

Quiero contarles mi asombro por la cantidad increíble de saludos, recortes, papelitos, mensajes, por el tema de mi vieja, que, por otro lado, está mejor. Me impresionó mucho porque ustedes no la conocen. Entonces, les quería contar cómo es. Por varios motivos, pero porque también creo que nos puede enseñar algunas cosas a todos.
Recién el jueves pasado supe, con certeza, el nombre de la enfermedad que mi madre sufrió durante los últimos treinta y dos años: se llamaba meningioma, y es una especie de tumor cerebral. Fue un meningioma lo que le sacaron de la cabeza un día de 1968 en un quirófano del Sanatorio Mitre. Yo tenía ocho años. Las diecinueve horas de cirugía le dejaron terribles secuelas: todo el costado derecho de su cuerpo quedó casi paralizado y desde entonces mamá está anudada en una tortuosa cuadriplejia y su cerebro perdió la posibilidad de formar palabras; aunque no la de emitir sonidos: puede decir que no, o
que sí, o que "¡Uuauu!" o "¡Eeehhh!". Sonidos, pero no articular otra cosa con su voz.
Hace treinta y dos años que me comunico así con ella, del mismo modo, con miradas y monosílabos, con palabras que no son.
Cuando recuerdo esos años, el espejo me muestra al chico más triste que vi en mi vida.
Una enfermedad no es algo que aparece gradualmente en una casa. Es algo que bombardea una casa. Un día, porque sí, el destino bombardea y desde entonces la vida se divide en antes y después de aquella aplanadora.
Entonces uno empieza a decir: "No? eso fue mucho antes de que se enfermara tu mamá?".
O uno escucha decir: "A ver, a ver, pará? la Angélica se enfermó?".
Cualquier futuro, cualquier sueño, cualquier deseo, a partir de ese momento, sólo va a ser posible el día que "tu mamá se cure". Cualquier cosa que vos quieras hacer, sentir, vivir, recién va a ser posible a partir de ahí. Ese día, el día en el que tu mamá se cure, vas a poder darte el atracón de lo que quieras, y ya vas a poder cruzar la calle solo, y ese día la vida volverá a ser distinta, como lo era antes de que tu vieja se enfermara.
Después vino un médico, después dos, después una enfermera, un kinesiólogo, algunas brujas, libros de esoterismo mezclados entre los pesados tomos de anatomía. Y también lo lógico: los horarios, la rutina de lo excepcional, las decisiones basadas en el bien común. Alguien dijo que en esa casa un chico tan chico podía ser una molestia y terminé viviendo con mi tía Nélida y mi abuela. Y hubo también el día en el que los cambios dejaron de cambiar, y los treinta y dos años siguientes fueron bastante parecidos.
Es difícil transformar en palabras lo que nos dijimos, lo que nos decimos con mi madre en estos treinta y largos años: yo aprendí de ella que el borde de la cama o la distancia desde el baño hasta el cuarto es mucho mayor que la que separa al Himalaya o el Nilo de cualquier observador. No hay distancia más larga que la que se te escapa de las manos cuando no te podés levantar.
En estos treinta y dos siglos no hemos visto juntos ni un solo recorte de diario, ni un noticiero, ni un comentario de actualidad. Pero no dudaría un segundo sobre lo parecidas que deben ser nuestras opiniones sobre la vida.
Sé que mi madre es alta porque me he parado a su lado para darle apoyo, pero nunca la vi de pie; y sé que sus ojos son profundos, verdes y profundos, porque puedo nadar en ellos. Sé que amó como a nadie al cabeza dura de mi viejo, y lo sé aunque nunca la escuché diciéndole: "Te quiero", y nunca los vi tampoco besarse en la boca.
Me desvelé mucho tiempo, mucho tiempo, tratando de adivinar en qué cosas pensaría mamá. ¿Qué decía su silencio cuando dormía y sus ojos estaban cerrados? ¿Qué diría en su aburrimiento? ¿Qué canciones no podía tararear?
Alguna vez me propuse verla, descifrarla, mientras la miraba. Y fue mucho más fácil de lo que pensé: mi mamá se ríe, tiene sentido del humor. Se ríe y se ríe todo el tiempo. Es cálida, besa amistosamente a quienes recién conoce, y les sujeta la mano mientras lo hace. Y si no fuera todo tan absurdo, yo diría que mamá está ahí, tratando de consolar a los demás por ser tipos tan normales, tipos que hablan tanto y ven tan poco.
Le hago bromas sobre las sorderas o las mañas de mi tía Nélida, y mamá las escucha, cómplice, y estalla en una carcajada. Pero, claro, no siempre está así: otras veces nada en medio de una laguna quieta, inaccesible, sonrisa inmóvil de sauce llorón.
La semana pasada estuvo cuatro días en una especie de coma leve: había perdido contacto con el exterior. Pensé, por primera vez después de treinta y dos años, que no iba a poder recuperarse. Si le hablaba al oído, podía notarse que era mucha, muchísima, la distancia que mi voz tenía que recorrer
para llegar a su conciencia.
Pasó un día, y otro, y otro día más. Y de nuevo volvió mamá desde Ningún Lugar, abrió los ojos en esta ciudad de cinco grados bajos cero, sonrió a pleno y le dio un beso a cada uno de los tres médicos que tenía alrededor, que no lo podían creer. Desde entonces fue mejorando poco a poco y la anécdota de "la besuqueira" forma parte de la vida del Hospital Británico.
También empezó a reírse más, y con más ganas.
Ayer estaba un poco cansada, y pasó gran parte del día durmiendo, en ese país al que no puedo llegar. Esta tarde estaba mejor otra vez. Ella, mi mamá, que lleva treinta y dos años sin poder formar una palabra y sin moverse con independencia. Hay algo que mamá no nos terminó de enseñar. Y es
obvio que le molesta dejar las cosas por la mitad.

[Editorial leído en el programa Día D]

*Fuente:
http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1069761&origen=relacionadas

122 y crepúsculo*

*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com

Hay días y noches, en los que el espejismo se asemeja al reino de la ascendiente montadura. Yo, narradora reflexiva, que se toma todo el tiempo del mundo para descalabrar minuciosamente los estantes, las leyes y los dogmas; que socavo con paciencia las bases que mantienen firme el enorme
monumento de la realidad quejumbrosa, ruego a mis severos lectores, me permitan esta vez, dar cuenta inmediata del prodigioso traspié que anoche dio la vida.
Ella se cree que todos los días van a ser iguales. Que los colectivos sólo pueden cargar el cansancio de los empleados, la impotencia de los maestros, la rebeldía de los estudiantes. Su vasalla, la literatura realista, se siente dueña de los que viajamos en colectivo. Sus hacedores nos describen según pertenezcamos a la clase media o al proletariado. Nos asignan roles y contiendas. Nos utilizan para propagar ideologías, para ensalzar o hundir gobiernos, para ganar premios, para recibir pensiones vitalicias.
Pero anoche, sensibles lectores, la literatura fantástica, hizo en el colectivo, una jugada maestra. Sentó en el primer asiento, a una joven que a nadie llamó la atención. El empleado del ciber miraba como siempre por la ventanilla. Los estudiantes de arte cargaban sus bastidores, los de música sus partituras, los de psico sus lacanes, los de derecho sus querellas. La docente, la empleada del cotillón, el portero y el desempleado, movían rítmicamente la cabeza al compás del motor cuando ocurrió el primer milagro:
una madre joven descendió del colectivo con un bebé en brazos pero otro, de pocos años, quedó dormido en el asiento. Nadie más que la muchacha reparó en ello, entonces, resueltamente, ésta tomó al niño en brazos y lo entregó a su madre que, ya en la vereda lo sostuvo como pudo mientras trataba de
despertarlo. Pero la generosidad de esa muchacha llamó mucho más la atención porque se desplegó en dos niveles antagónicos: uno moral y otro carnal.
Sabemos de qué nivel se ocupará la literatura convencional, pero a mí, narradora expatriada, me corresponde dar cuenta del costado carnal.
La joven predispuesta, al agacharse para tomar el niño en brazos, no pudo sostener sus deslizantes pantalones que cedieron hasta la mitad de las caderas. La perfecta línea de atrás, nos fue mostrada como una obra maestra.
Era un culo sereno y abismal. Sin tribales ni letras chinas que entorpecieran su lisura. Ante esa íntima majestad develada, el empleado del ciber se incorporó en el asiento, sin saber si era necesario socorrer la exhibición crepuscular de la que, a su vez, socorría. Los estudiantes de música guardaron un respetuoso silencio ante esa gruesa cuerda de guitarra que se imponía como una sinfonía entre voluntariosa y procaz. La docente, el portero, el desempleado, la vendedora de cotillón, hicieron el típico parpadeo de los que necesitan corroborar si lo que están viendo es sueño, es literatura, milagro o cámara oculta. Los estudiantes de arte, bajo sus ropas, fueron vivientes figuras de Schiele por el temblor y por la voluptuosidad. El chofer sintió que toda la jornada laboral había sido pagada con creces.
El viaje continuó, en apariencia, normalmente, pero en cada una de las mentes de los que poblábamos de pensamientos el estrecho margen del colectivo, se revisaba una y otra vez el esplendoroso momento. Las ideas eran tantas, que se mezclaban, y en el amontonamiento, se frotaban, se abotonaban, se reproducían.
Yo me di cuenta al instante de que esa culona milagrosa, me estaba dando un argumento nuevo para escribir, así que además de revivir, como el resto del pasaje, el deleitoso acontecimiento, agradecía a los apocalípticos dioses de mis destierros, que me procuraran la oportunidad de testimoniar un milagro
que, esta vez, no ocurría puertas adentro: todo el que viajó conmigo anoche en el 122, puede dar fe de este texto.
Pero atención, queridos lectores, acá no termina la dicha que nos tenía reservada el traspié de la vida.
Cuando llegamos a la parada en la que la muchacha debía bajar, al ponerse de pie, se le cayeron monedas, o joyas, o estrellas, o gemas, o palabras, o intenciones. ¿Puede un escritor imaginar la redundancia de repetir el mismo accidente en el mismo relato? No. No se nos permite abusar de la estrategia.
Es imposible, también, que la vida, tan hecha y derecha para la literatura de las gentes buenas, conceda dos veces en una misma noche, en un mismo colectivo, la misma felicidad.
Demás está decir que nadie acudió a ayudar a la muchacha porque era preciso que ella anduviera así, acuclillada ante nuestras narices, con el pantalón descorrido casi hasta el desnudo total del eclipse.
La muchacha, la musa, la culona, era tremendamente conciente y feliz por aquello que nos causaba. Fluía de aquí para allá, en un mar de deseo como una sirena sin bombacha. Nadie prestó atención a lo que recogía. Seguramente eran objetos invisibles que no podrían ser descriptos jamás por la tranquilizadora literatura que sólo legitima la cara más evidente de la realidad.
En cambio mi escritura se esmera por testificar el crepúsculo.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-16038-2008-11-15.html

En algún lugar*

El hombre decide llamar a su amigo el gallego. Ayer, su amigo cumplió 50 años. -Ya somos cincuentones. Dice uno y los dos se ríen. El gallego es un hombre típico, común y corriente que no cree en ambigüedades. Para él las cosas son o no son. Después de los saludos. De asegurarse que los hijos están bien y creciendo. El hombre le cuenta su situación. Sin metáforas, le cuenta que por alguna cuestión se niega a buscar una nueva mujer para compartir momentos de cariño.
El gallego lo anima. No lo deja seguir con la lista de lo que no tiene.
La respuesta, un evidente destello de sabiduría, sorprende al hombre.
-Salí a la calle:
"En algún lugar alguien esta necesitando lo que vos podés ofrecerle"

*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 16 de noviembre del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Martín Matalón. Las poesías que leeremos pertenecen a Mario Markus (Chile) y la música de fondo será de Yawar Inka (Andes). ¡Les deseamos una
feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

Convocatoria*

El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,

*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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Comments

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Sat, 15 Nov 2008 17:06:05 +0100
DE ESAS EXTRAÑAS MARAVILLAS QUE NACEN Y MUEREN... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/11/11/de-esas-extranas-maravillas-que-nacen-y-mueren http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/11/11/de-esas-extranas-maravillas-que-nacen-y-mueren *Ilustración de Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com

Te Extraño y No Supe Cómo Escribirlo*

No hay escaleras para subir,
Solo para bajar;
Si usted cree estar arriba:
Piénselo bien, medítelo;
Puede estar en un error.

Los padres sueñan con ver a sus hijos
Volar con alas de plomo,
Para poder repeler las balas.

Policías parecidos a robles
Devastan el concreto con sus raíces.

De pronto:
Un disparo:
Cae un cuerpo.

Al partir los cantos
Una persona murió,
No importa si cayó de este lado
O si cayó del otro:
Una persona muerta,
Es una persona muerta,
Por extraño que parezca.

No hay suficientes escaleras para subir:
¿Quién las construirá?

Seguramente arriba
También hay lodo,
Pasto, rocas, flores.
De esas extrañas maravillas
Que nacen y mueren
Cuando deben hacerlo.

Consigámonos un Dios pagano,
Con todo y su Demonio pagano;
Que nos prometa la muerte
Después de la vida
Y que su credo lleve por título
"Revolución para un Dios Pagano",
Y que se especialice
En el milagro de las escaleras.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

DE ESAS EXTRAÑAS MARAVILLAS QUE NACEN Y MUEREN...

del Amor*

Delicada materia la del amor.

Iluminados por él, cruzamos el día
toda su vastedad e incertidumbre.

Cuenco donde bebemos sin saciedad...

Argamasa a moldear en los días por venir.

Somos crónica del amor y de su contracara
somos el lugar donde se refugia
donde crece y muere.

Delicada materia la del amor.

*de Oscar Cacho Agú. cachoagu@yahoo.com.ar

Un enamorado del aire*

Al tío Lito.

El primer pedido llego hace dos semanas. venía con un explicito pedido de discreción:
-No le digas nada a tu madre.
Supuse intuitivamente que no solamente su hermana -mi madre- no debía saber nada, sino que tampoco su mujer debía enterarse del encargo.
Yo cumplí. Me costo lograrlo, pero lo hice.
A la hora de la siesta cuando su mujer esta durmiendo y el tío esta sentado empezando unos mates lo llamé al día siguiente.
-¿puedo hablar?
-Dale, no hay moros en la costa.
-Se dice: "Zhao Shang Jao"
-¿como se escribe?
Lo deletreo.
El tío toma nota. lo imagino escribiendo en un papel pequeño, doblándolo y escondiéndolo en el bolsillo adentro del documento.

Pasó una semana y llegó el segundo pedido. Este era más complejo, más difícil de conseguir la traducción.
-Dale sobrino, nunca te pido nada.
-Mañana te llamó.
Para cumplir tuve que generar un arduo debate entre los chinos del mercadito que esta a una cuadra de casa, varios intervinieron, pero no se ponían de acuerdo en como se ponen las letras occidentales para la frase. Cuando se agotaron lo que me lleve escrito en el reverso de la lista de compras escrita por mi madre eran frases dudosas a mi gusto.
A la hora convenida, lo llame.
-Oime tío, tenés lapicera y papel a mano?
-Si.
-Se dice: "Mei Li de Lao Po, San Chin Bing". Nuevamente repetimos el deletreo y le pronuncio la segunda frase tal cual como se les escucha a ellos: "san chin pin".
-Gracias Eduardo. Ya te diré el día de mi cumpleaños como me fue, vas a venir?
-Si.

*

Hoy es el día.
El tío cumple 83 años. Vive en un barrio de casitas bajas perteneciente a la obra social de los jubilados.
en la calle angosta que separa la hilera de viviendas enfrentadas han puesto una larga fila de mesas y están casi todos los viejos del barrio.
El tío me explica por que no vino el viejo del fondo:
-Es ese que me roba los tomates por el alambrado para tirárselos a la vieja de al lado por que le tiene bronca.
Hay cerveza, coca cola y alguna botella de vino. También sanguches de miga.
En un momento tiene que ir a buscar algo mas a la heladera y aprovecho a acompañarlo con la excusa de ayudarlo, el va con una mano ocupada en el bastón.
-Y..., como te fue?
Salí, me parece que entendió al revés.
¿Cómo fue?
Ella cortaba el fiambre con esos ojitos tan lindos, tan felinos.
Se lo leí como si recitara un poema de amor.
¿Y?
-Dejo de cortar el jamón y fue a llamar a su madre.
-La china grande me pidió el papel, lo leyó con los ojos desorbitados y luego se rieron tanto que me contagiaron a mí también.
-¡Que quería decir?
-"Sos una loca pero muy hermosa".
-Menos mal, me salve, mira si leían lo tal cual como te lo había pedido:
¿Como era?
-"Sos hermosa, estoy loco por vos"...

Así es mi tío.
Un eterno enamorado del aire.
Vive colgado de las sonrisas que le regalan las mujeres y si son jóvenes más aun.
-No me quiero morir sin estar con una de 18 a 20, me repite cada tanto cuando después de visitar a mi madre lo acompaño a tomar el colectivo y asegurarme de que pudo subir bien con sus mas de 100 kilos, 1.85 de altura y el bastón en la mano izquierda que usa por la rodilla que se le afloja.

Me surgen imágenes.
"Ahí viene el mariscal del aire" decía el gnomo, mi amigo de la escuela secundaria.
Y era como si viniera en avioneta, con una antiparra digna de Saint-Exupery. Con su piloto largo de tormentas en el invierno y un pedazo de bufanda flameando en el aire. Y riéndose, siempre riéndose.
Y era cierto. Uno lo veía llegar en el aire, con esa moto que hacia un ruido a avión de 1940.

"Un hijo es la verdad de su madre".
Lo pienso y como muchas otras frases no le encuentro una explicación adecuada.
Ya casi no tengo recuerdos de mi abuela materna.
El día en que me llevaron al hospital a despedirla por que se moría. En su agonía, ella veía mi imagen borrosa pero me llamaba como si fuera su hijo, "Lito", Lito, era lo único que decía. "Lito" era su último hilito con la vida.

Pero el tío eligió quedarse con el lado cómico de la vida, el podría decir a lo Woody Allen, algo parecido a "No te tomes en serio nada de lo que uno no pueda reírse".
Lo más curioso era que él era el único que se reía de sus propios chistes malos. Y lo hacía a carcajadas que se escuchaban hasta la esquina.

Antes de que me fuera de su cumpleaños. Cuando mi madre ya había pedido el remis.
Me llamó aparte y me hizo un nuevo pedido con voz bien bajita como en confesionario:
Eduardo, vos que tenés computadora no me pones un aviso en esos lugares donde se buscan encuentros.
-¿Que querés que ponga?
Lo tenía anotado en un papelito.
Tomá. Léelo cuando llegues a tu casa -me dijo.
Me conmovió hasta las lágrimas.
Esta mañana abrí el papel, y escrito con letra imprenta grande decía:
"Joven de 83 años busca una joven de 18 a 28 años. Linda, dulce y libre para tener ratitos de inolvidable ternura. -Antes del geriátrico. Antes de la muerte-"

-No pongas Lito, poné "Tito" de nombre, decía como indicación al final.

Esta mañana lloré mucho. Creo que también voy a poner un aviso para mí que tengo 50 jóvenes añitos.

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

Con dobleces*

Me dijo que era diseñador de interiores, aquello que antiguamente se conocía por decorador, y que seguramente más adelante le llamará "Ingeniero de distribución de espacios", pero la cuestión es que me gustaba mucho y los dos meses de noviazgo intensivo al que le tenía sometido me habían mostrado una persona sensible, elocuente, simpática, tenaz y dispuesta.

Eso no es normal en los tiempos que corren por lo me decidí a compartir mi vida con él. Tampoco me importó que la decoración de nuestra futura casa la asumiera totalmente, pensando que era lo mejor debido a su profesión. Debo manifestar, sin embargo, que en la primera visita al nuevo hogar, me sorprendió que todos los elementos estuvieran repetidos. Había dos mesas en el salón, dos cocinas, dos cuartos de baño, todos los cristales eran dobles e incluso habían dos casetas para perro.

Entendí, por sus explicaciones que debía ser una nueva tendencia y no puse más reparos y menos cuando me confesó que le gustaban las cosas por duplicado. Quise suponer que sería un signo de generosidad antes que una manía de profesión.

Debí ser más cauta y pedir que me explicara sus gustos más a fondo. Ahora no sé que hago en esta cama mientras en la de al lado hay otra mujer.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

A VECES SIENTO*

A veces siento
que armo arabescos
dueños de un universo
que destilan libertad
a través de manos inconmensurables.
A veces siento
que el amor tiene cabida
dentro de dos lágrimas
que confundidas
se encuentran descendiendo
hacia mi boca.
A veces siento
que tiendo las manos
y Dios me las estrecha
y traslada a mi sangre
toda su paz.
A veces siento
que el camino se ilumina
para que me encuentre
lejos de todo arrepentimiento,
sin rendiciones de cuentas
ante mi propio tribunal.

*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar

Fotos*

*Por Agustina Primo. agusprimo@gmail.com

La fotografía tiene múltiples usos. Desde sus comienzos, esta técnica no ha dejado de avanzar, de perfeccionarse y captar con su lente cada momento importante de la historia.
El 22 de octubre de 1977 salían por primera vez a la calle las "Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos", luego de seis meses que un grupo de madres comenzara a rondar todos los jueves alrededor de la Pirámide de Mayo.
En conmemoración al cuarto aniversario del Día Nacional del Derecho a la Identidad, reconocemos que la fotografía, la cual Roland Barthes describía en La Chambre Claire como un testimonio de que "eso ha sido", la huella del objeto que ha posado alguna vez delante de la cámara, es un elemento fundamental en la reconstrucción de la vida de los desaparecidos.
Haciendo abstracción de los diferentes sentidos que pueda brindarnos la fotografía, y solamente mirando la imagen que vemos sobre el papel, sabiéndolo o no, ¿buscamos respuestas?
El acto fotográfico, la mayor parte del tiempo, se realiza para tomar una imagen ideal y atesorarla en "la caja de recuerdos"; para llenar el álbum familiar, porque queremos tener "ese" momento único. Es por eso que fotografiamos a los bebés, el primer día de escuela, los cumpleaños, los casamientos, situaciones que quisiéramos retener en la memoria porque son eventos supuestamente felices o significativos. Un día, al volver a mirar esas fotografías pensaremos: "Yo me acuerdo de ese día".
Pero, ¿qué pasa si ese instante que hemos tomado con nuestra cámara para tener un "buen recuerdo", al momento de mirar la foto, no coincide con esta formula ideal de felicidad? ¿Por qué siempre la fotografía está asociada a buenos recuerdos? Esta pregunta, la podríamos responder con el ejemplo de
las fotos de los desaparecidos. Para quienes continúan buscando a sus familiares, la fotografía no es solamente la imagen de un cumpleaños, esta fotografía constituye el recuerdo de la tristeza inacabada en su continuidad.
En el caso de estas imágenes fotográficas, podríamos preguntarnos lo que ellas representan. Porque aquí la foto no sería un "buen recuerdo", sin embargo lo podríamos identificar con el "recuerdo de lucha", si es verdad que la fotografía es siempre el recuerdo de algo.
Aquí la fotografía pasa a formar parte de un camino de resistencia y verdad.
En este caso, las fotografías de desaparecidos, constituyen un arma de defensa, más que "el souvenir" de un buen momento.

Reconstrucción I
La primera vez que las Madres de Plaza de Mayo salieron a reclamar por sus hijos, lo hicieron con una fotografía colgada sobre su cuerpo. Ellas hicieron públicas las fotografías de sus hijos para saber donde están ellos, para mostrar sus caras y de esta forma tener alguna respuesta de su paradero. Así, las fotografías de los desaparecidos fueron ganando la calle al pasar los años y fueron y son hoy la manera en que sus familiares hicieron conocer al país y al mundo los rostros de los desaparecidos.

Reconstrucción II
La Asociación de las Abuelas de Plaza de Mayo que se ocupa de buscar los nietos que han nacido en cautiverio, o que han sido robados bajo el nombre de "adopciones", trabaja no solamente con datos genéticos, sino que también utilizan fotografías de padres, madres y bebés que están desaparecidos, pero que se han conservado las fotografías anteriores al secuestro.
Aquí, el valor de la fotografía es el valor de la vida porque gracias a estas imágenes, las Abuelas pueden rehacer sus propias vidas. Utilizando los fotos carnés como huellas de los miembros de las familias, ellas tejen el árbol genealógico hasta llegar al nieto.

Reconstrucción III
H.I.J.O.S también trabaja con fotos el recuerdo de sus padres. Con imaginación salen trabajos que muestran cómo la fotografía puede ser un elemento de acercamiento y a pesar de la distancia, pueden crear un recuerdo. La fotografía trae a sus padres y ellos pueden hacer una foto con ellos.
Es el caso de una hija de desaparecido que intenta crear un presente con su padre. Proyecta una vieja foto de él en la pared, y ella se mete en la imagen para finalmente poder fotografiarse en una nueva imagen junto a él.
Su padre y ella. De esta manera, son varios los H.I.J.O.S que han logrado recuperar parte de la historia de sus padres.
A partir de la fotografía y sus reconstrucciones, familias enteras se acercan a vivir en el presente momentos del pasado que los conectan a sus seres queridos, hoy desaparecidos.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-15984-2008-11-11.html

PRIMERA PERSONA DEL SINGULAR*

Crónicas del Hombre Alto (nº 45)

"Yo", digo, mientras por reflejo me señalo el pecho con los dedos.
"Yo", te digo, y pretendo que esa escueta afirmación monosilábica alcance para que entiendas de qué estoy hablando.
"Yo", pronuncio, y al hacerlo no revelo casi nada de lo que intento nombrar.
Porque "yo" soy mi abuela que se dejaba ganar a las damas y mi abuelo que me sacaba a pasear en su jeep.
"Yo" soy aquel horizonte hacia el cual corrí ingenuamente para llegar adonde estaba el sol.
"Yo" soy "Los tres chiflados" a las diez de la mañana y "La Pantera Rosa" a las ocho y media de la noche.
"Yo" soy las partituras amarillentas que mis dedos flacos tocaron en el piano.
"Yo" soy las historietas que leí de panza al suelo comiendo galletitas con dulce de leche.
"Yo" soy ese universo paralelo que inventé para refugiarme.
"Yo" soy esa pelota pateada hasta el cansancio con una felicidad tan pura como jamás volví a sentir.
"Yo" soy la timidez irreductible de mi adolescencia.
"Yo" soy los sucesivos pares de anteojos que han decorado mi cara.
"Yo" soy la fascinación incomparable que me obsequiaron ciertos libros.
"Yo" soy los cien mil minutos de fútbol que llevo mirados.
"Yo" soy las ideas de otros que alumbraron mis búsquedas a tientas.
"Yo" soy todos los lugares por donde paseé mis ojos asombrados.
"Yo" soy mi ternura inagotable y mi agotadora ambivalencia.
"Yo" soy mis ideales más nobles y mis más indecentes fantasías.
"Yo" soy los textos por los que me han aplaudido y las palabras que nunca me atreví a pronunciar.
"Yo" soy la gente que me quiere y esta tendencia vocacional a la soledad.
"Yo" soy las mujeres que he abrazado y las que jamás me animé a besar.
"Yo" soy mi golosa inclinación al chocolate y la melancolía.
"Yo" soy esa perpetua sensación de extrañeza que me genera habitar este planeta.
"Yo" soy mi singular forma de interpretar el mundo y mi irónica manera de contárselo a los otros.
"Yo" soy el caos que percibo en el universo y esta ilusión de darle un orden poniéndolo en palabras.

"Yo", decís, mientras por reflejo te señalás el pecho con los dedos.
"Yo", me decís, y pretendés que esa escueta afirmación monosilábica alcance para que entienda de qué estás hablando.

*De Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@fibertel.com.ar

Lo negro*

Una reflexión sobre cómo en la lengua lo negro está manchado irremediablemente. La llegada al poder de Obama hace oportuno revisar por qué las hadas son blancas y las brujas se visten de negro. Y algunos apuntes sobre la profesión periodística, la responsabilidad de quienes trabajan en los medios y el necesario cuidado del lenguaje.

*Por Sandra Russo

Hay un vallenato del colombiano Andrés Landera que se llama Cuando lo negro sea bello. Así se llama también un programa de radio en la 93.50. En él participo leyendo columnas que escribí en el 2001. En ese programa pasan una deliciosa música tropical; deliciosa y compleja. Es la cumbia original,
antes de que pasara por las discográficas que le dejaron sólo su esqueleto rítmico.
El título de Landera es hermoso y pertinente. ¿Qué pasará cuando lo negro sea bello? ¿El mundo quedará patas arriba? ¿Qué haremos, cuando lo negro sea bello, con la enorme cantidad de connotaciones peyorativas, despreciativas y discriminatorias que nos proporciona el habla cotidiana para referirnos a lo negro?
En Estados Unidos deberían comenzar a considerarlo. En la lengua, inglesa o española, los negros son quienes tienen la piel del mismo color que todo lo que nos espanta. Cualquier inocente día de semana se asienta en la catástrofe o la tragedia cuando al martes o al viernes se le agrega el adjetivo "negro". Las Bolsas de todo el mundo manejan perfectamente el código.
En el uso autóctono, la expresión "un negro" no necesita ser completada con ningún adjetivo, pese a que frecuentemente la gente que usa esos términos la completa con ganas. Pero además define al emisor. Hay un tajo profundo entre quienes se refieren a los pobres como "los negros" y quienes jamás lo harían. Pueden cortarse romances, amistades recientes y buenas vecindades entre alguien que se queja de "los negros" y alguien que escucha esa expresión y se resiente tanto que se vuelve marxista y peronista al mismo tiempo aunque sea por quince minutos.
Lo negro, como la izquierda, ha sido desplazado en la lengua hacia zonas oscuras y miserables. Mientras lo blanco connota pureza, lo negro trae la idea de suciedad. Mientras blanco es el vestido de las novias y negro es el vestido de las viudas, actuar por izquierda es hacer trampa, corromperse o implicarse en cualquier delito. Ir por derecha, en cambio, es ser frontal, tener coraje, tener paciencia, tener moral.
En el mundo en el que vivimos, lo negro ha sido marginado y sacrificado, porque lo negro es ajeno. La historia occidental está escrita por una mano blanca. Es comprensible el estallido de alegría que vivieron las minorías en Estados Unidos, ahora que un afroamericano es tan americano como un
descendiente de ingleses. Pero las expectativas políticas deberían ajustarse a lo que cree Obama, a lo que plantea Obama, y no a su negritud. Colin Powell y Condoleeza Rice son dos ejemplos de negros que fueron aceptados en el poder cuando demostraron que podían olvidarse de quiénes eran.
Sin embargo, el hecho simbólico de un negro allá arriba de todo es una buena ocasión para revisar las costuras de nuestro lenguaje, que fueron hechas cuando lo negro estaba lejos de ser bello, lejos de acceder a decisiones importantes y todavía más lejos de poder dar su propia versión de las cosas.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/mitologias/27-114789-2008-11-10.html

POEMA 72*

Quise indagar en el silencio
lo justo e injusto de la vida
dentro de un universo
donde los interrogantes tropezaban
sin emitir respuestas.
Insistí en cada intento,
el aire se me escurría
y burlaba con justa razón.
Pretendí apresar lo que no era eterno,
pero vi que las huellas se borraban,
los instantes iban cambiando.
Todo se transformaba
y yo no era la misma.
Hice el inventario
y crucé los brazos
dándole paso a los recuerdos.
La casa estaba quieta,
no había niños
ni pasos contundentes.
Caí en éxtasis
donde el frío del invierno
se hacía braza en mi cuerpo.
Entonces,
en ese instante,
el único que duró por siempre
sentí que el aliento de la vida
exaltaba mi garganta.

*De Marta Beatriz Multini.
-Para dejar mensajes: zurmy@yahoo.com.ar

Convocatoria*

El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,

*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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Comments

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Tue, 11 Nov 2008 17:04:35 +0100
MÁS FUERTES QUE LA REALIDAD... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/11/04/mas-fuertes-que-la-realidad http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/11/04/mas-fuertes-que-la-realidad El 51*

Las brillantes esferas consumen la noche
sobre el asfalto incandescente.
Tras las autopìstas circulares
el día sueña su final.

Las voces llegan en un letargo,
los carteles alucinan un descanso,
y se vende el alma en las esquinas.
Verde;

desfilan los árboles nocturnos
detrás del espejo de neón,
y la vida se detiene en alguna parte.
Rojo;

¿Cuánta gente habrá muerto hoy
bajo nuestros nombres?

*de Silvia Berlasso. silvia_1856@yahoo.com.ar

MÁS FUERTES QUE LA REALIDAD...

Adán*

Agarró la serpiente por debajo de la cabeza y presionando fuertemente la obligó a soltar la manzana, pero el daño ya estaba hecho. Fue imposible para Adán establecer la ley de la gravedad hasta unos siglos más tarde, después de varias reencarnaciones, bajo el nombre de Newton.

*De Joan Mateu joan@cimat.es

Pentágono*

La publicidad de una puerta blindada que divide a víctimas y victimarios según sus rasgos.

*Por Sandra Russo

Así se llaman unas puertas blindadas cuya publicidad me perturba cada vez que la pasan. Muestra a un negro corriendo. No es una persona corriendo ni un hombre corriendo. Es un negro corriendo. Tampoco es un negro como Barack Obama o como Pelé o como Rubén Rada. Específicamente, es un negro de mierda.
El personaje que corre moviendo con él la panza inequívocamente hinchada de cerveza es un hombre quizás argentino, quizá paraguayo o peruano, sin rasgos europeos. Su fisonomía es la de cualquier hombre común y corriente que toma el tren a las seis de la mañana en Moreno para ir a trabajar a la obra en Capital. O la de un colectivero, o un taxista. O la de un kiosquero, o un mecánico. Pero tiene la barba crecida y la cara sudada mientras corre. Corre hacia lo que en una segunda instancia se ve que es una puerta. Choca con toda la fuerza de su cuerpo grueso contra la puerta. Rebota contra Lo
Blindado y cae.
Del otro lado de la puerta, sin siquiera escuchar el ruido que provoca un cuerpo grueso cuando rebota contra una puerta, está la familia que debe ser protegida de los negros de mierda. Es una familia que no necesita descripción. Es una familia. Las familias en la publicidad televisiva nunca son familias de negros de mierda. La idea de familia catódica vira al castaño claro por lo menos. Y decididamente, incluye rasgos europeos.
Yo creo que se trata de un caso de lisa y llana discriminación. Es la puesta en escena de un intento de robo en el que se reparten según los roles los orígenes étnicos. Esa publicidad, vista desde los millones de hogares en los que los espectadores tienen los rasgos del ladrón, es un insulto. Lleva el cliché y el prejuicio inscripto en el casting.
Esa publicidad refleja y retroalimenta la lectura que hacen de la inseguridad algunos de los sectores que hoy piden seguridad. La explicación del malestar siempre vive en la villa de al lado. O en Fuerte Apache. El testimonio a TN de Edgar, el chico que dijo sobre el asesinato de esta semana "no sé si estaban drogados, a mí careta también me da para cargarme a un gendarme por las veces que me cagaron a palos", fue coronado con su propia detención. En el video que secuestraron y que él estaba mostrando a
la prensa, se veía a un grupito de púberes jugar con armas.
Sí, hay armas en Fuerte Apache y en las villas. Pero no hay solamente armas.
Todo aquel que vive allí y saca la cabeza y vive con terror pero no puede vivir en otro lado, no es premiado sino estigmatizado. ¿Cuántos de nosotros persistiríamos en la dirección correcta invirtiendo todo nuestro esfuerzo, si en lugar de ser aceptados socialmente fuéramos diariamente estigmatizados
no por lo que hacemos sino por nuestros rasgos y nuestros domicilios? Sigo preguntándomelo. ¿Cuántos?

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/mitologias/27-114396-2008-11-03.html

*

A pedir de ojo

Los labios, coágulos de color

tarde roja.

Se hamacan en miradas

escondidos espejos

de un mar a descifrar.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Lunes, 3 de Noviembre de 2008
LITERATURA MURIO JOSE LUIS MANGIERI, PROMOTOR FUNDAMENTAL DE LA POESIA

Final para el editor de la entrega y pasión absolutas*

El creador de La Rosa Blindada, Ediciones Caldén, Ediciones del 80 y Libros de Tierra Firme construyó catálogos en los que se puede advertir diversidad, coherencia y calidad, su modo de apoyar la obra tanto de autores noveles como consagrados.

*Por Silvina Friera

A diferencia de la mayor parte de los mortales, José Luis Mangieri, que murió el sábado a los 83 años, parece haber vivido unas cuantas vidas en lugar de una sola. Quizá la única manera de empezar a digerir lentamente la idea de que ya no se lo verá, como buen pilgrim fathers del barrio de Floresta, caminando por la calle Mercedes, o pateando la avenida Corrientes con su galera-valija de donde sacaba siempre un librito, sea tratando de aprender a conjugar el pretérito imperfecto, ese tiempo verbal tan fúnebre.
Era el Macho, para familiares y vecinos; era Cauli, apodo que le pusieron los jóvenes poetas que empezaron a publicar en los años '90 -porque se parecía al jefe de la serie británica Los profesionales-; era la Bruja de la calle Corrientes. Era, también, ilustrísimo, el último apelativo que aceptó cuando el año pasado la Legislatura de la ciudad lo declaró Ciudadano Ilustre. Era un tipazo tan jovial y pasional, tan abierto a lo que pasaba a su alrededor, que pronto agrandó su familia. Además de sus hijos Martín y
Andrea, sumó al poeta Fabián Casas como hijo adoptivo. Ricardo Piglia lo definió como "alguien capaz de organizar y de trabajar en la construcción de redes y circulaciones múltiples"; redes que él tejió pacientemente desde la creación de la editorial y revista La Rosa Blindada, y que continuó con Ediciones Caldén, Ediciones del 80 y Libros de Tierra Firme, las cuatro editoriales más prestigiosas de las muchas que inventó, con catálogos en los que se puede advertir la diversidad, coherencia y elección de títulos donde siempre convivieron autores nóveles y consagrados.
Mangieri nació el 14 de diciembre de 1924 en un conventillo de Parque Patricios, sobre la calle Salcedo. Su padre fue un obrero anarquista, milonguero y "muy mujeriego", como el propio editor y poeta recordaba en sus memorias Es rigurosamente cierto (Libros del Rojas), título que remite a una frase que Mangieri solía repetir cuando reafirmaba algo demencial que estaba contando. "Toda la amplitud que tuve en mi vida política e intelectual se la debo al conventillo, donde conviví con una enorme cantidad de obreros y donde también estaba, por supuesto, la prostituta que se llamaba María y nos regalaba caramelos los domingos", decía el poeta. Cuando en los años '40 leyó El violín del diablo y Miércoles de ceniza, de Raúl González Tuñón, sintió por primera vez que la poesía "era la exaltación de la belleza a
través de la palabra". Tuñón le dio vuelta literalmente la cabeza y empezó a escribir poemas. Aunque inició la carrera de odontología en 1944 -obligado por su padre, que era amigo de un dentista anarquista que le había prometido que le dejaba el consultorio con la clientela-, duró apenas dos años. Como la vida familiar se puso espesa, sin llegar a una violencia extrema, cuando dejó odontología, Mangieri se fue a Bariloche, donde tenía unos primos pintores de brocha gorda. Trabajó como peón de pintura durante seis meses, y le compraba el pan a Priebke, el criminal nazi. Se quedó en esa ciudad patagónica cinco años por un "romance ideal" con una alemana de 38 años (él, entonces, tenía 21).
Después de su regreso de Bariloche, se afilió al Partido Comunista en 1953.
En esa época, en que Mangieri reconocía que era "brutalmente gorila", la opción por el PC no se explicaba solamente por su antiperonismo. Existían otras razones tanto o más poderosas como su interés por la cultura. El PC tenía varias editoriales importantes como Lautaro y Futuro, y manejaba todos los teatros independientes: Fray Mocho, La Máscara, Teatro Nuevo y Del Pueblo, entre otros. Trabajó hasta 1959 en el Instituto Argentino-Ruso, donde editó una revista, y hacia el comienzo de los años '60 se repartía entre sus trabajos en Eudeba, en la compañía de seguros Franco-Argentina y como corrector y periodista en los diarios Crítica, Democracia y El Popular.
Mangieri estuvo preso en cuatro ocasiones, la última durante el gobierno de José María Guido (1962-1963), y compartió la cárcel con Osvaldo Bayer y Juan Gelman. Cuando decidió convertirse en editor independiente en 1962, de la Eudeba de Boris Spivacow copió la idea de vender cuatro libros en un
paquete, haciendo una preventa para financiarlos. La editorial se llamó Ediciones Horizonte, pero posteriormente adoptó el nombre de La Rosa Blindada, en homenaje al libro escrito por Tuñón sobre la insurrección de los mineros de Asturias. La revista, que también se llamó como el libro de Tuñón, apareció en octubre de 1964 y tuvo una tirada de 10 mil ejemplares hasta el cuarto número. Los uniformados de Onganía clausuraron La Rosa Blindada, que sacó su último número -el noveno- en septiembre de 1966.
Además de Mangieri y Carlos Alberto Brocato en calidad de directores, el staff editorial incluía a Gelman, Roberto Cossa, Octavio Getino, Roberto Raschella y Javier Villafañe, entre otros.
El editor y poeta se alineó con China, y más tarde con Vietnam, cuando comenzó el enfrentamiento chino-soviético, mientras que el PC argentino seguía a rajatabla las directivas de Moscú. Mangieri publicó en Ediciones Horizontes los libros de Vo Nguyen Giap y comenzó a editar las obras completas de Mao. Desde la dirigencia del PC lo tildaron de "foquista" y "militarista". La conducta contestaria de Mangieri derivó en su expulsión del partido. No fue el único: también expulsaron a Gelman, a Cossa, a Andrés Rivera y a Juan Carlos Portantiero, entre otros. "Para cuando salió el primer número de La Rosa Blindada, ya éramos desclasados -recordaba Mangieri-. Pero después de los primeros números, nos convertimos en parias totales." Viajó a China en 1966, con Rivera, una experiencia que calificó de
emocionante desde cualquier punto de vista. "A propósito de las fábricas, algo que nos impresionó mucho fue que cada obrero tenía su ropero, y en él, con su ropa, un fusil. Dicho de otro modo: la clase obrera estaba armada, algo impensable en la Argentina de Perón, porque, contrariando los deseos de Eva -que había querido armar a la clase obrera-, arrugó", subrayaba el poeta y editor.
Caradura como era, Mangieri les pidió a los chinos -que le habían prometido pagarle una semana en París-, prolongar su estadía en Francia por un mes, donde conoció a François Maspero, un gran editor de izquierda. "Nosotros nos politizamos, siguiendo la realidad argentina, pero teniendo en cuenta la experiencia editorial de Maspero. En América latina pudimos hacer lo que hicimos en alguna medida porque los yanquis tenían las manos atadas con Vietnam: una vez que se desataron, se encargaron de nosotros. En los '70, los libros de Giap se vendían en las estaciones de subte, en Tribunales, en Palermo. El librero Damián Carlos Hernández, al que siempre le llevaba las novedades, me dijo un día: 'Con tal de que tenga el pie de La Rosa Blindada, traeme la edición completa'." Mangieri era consciente de que formó a toda una generación de lectores con los libros de poesía, ensayo y teatro que editó en la década del '60. "No fuimos grandes genios creadores, nos empujó la historia, interpretamos correctamente el momento que se vivía. La del '60 fue una década de oro, lo mismo que la del '22, con el grupo de Boedo y Florida, con Roberto Arlt, Borges, Elías Castelnuovo. Los grandes escritores que tenemos hoy vienen de esa década brillante que lamentablemente no se volvió a repetir."
No fue un militante orgánico del Ejército Revolucionario del Pueblo, pero Mangieri siempre admitió que tuvo una estrecha relación con el ERP. Editó un par de libros, entre otros uno sobre el Quinto Congreso del ERP. "Ya sobre el golpe, andábamos dando vueltas con ese libro en unas bolsas llenas de maíz", confesaba el editor. Pocos días después del golpe de 1976 leyó en un diario una frase de esas que ponen los pelos de punta. "Un general dijo: 'Terminamos con la literatura subversiva, ahora tenemos que empezar con los que editaron estos libros'. Yo, lógicamente, me di por aludido", admitía el editor y poeta. Su mujer y su hija se instalaron por un tiempo en Cipolletti, su hijo Martín en Bariloche y Mangieri optó por la casa de su tía Raquela, en Parque Patricios. "No me fui por varias razones, así como los que se fueron habrán tenido sus propias razones. Entre mis propias razones hay una que tiene un peso enorme: si yo, con algunos de los libros que publiqué, tuve que ver con que hubiese gente que se decidiera a tomar el camino de la lucha armada, ¿cómo me iba a ir? ¿Qué, acaso alguien se imagina
que uno podría mandarse a mudar y después mandar saludos desde París? -razonaba Mangieri-. Creo que quedarme era mi responsabilidad política y que no habría tenido derecho de irme."
Había que empezar de nuevo. Y Mangieri lo hizo, un año antes de que terminara la dictadura, cuando fundó su última editorial, Libros de Tierra Firme, donde publicó, entre otros, todos los libros de Gelman (que entonces no podía volver a la Argentina), a Joaquín Giannuzzi, Leónidas Lamborghini, Alberto Szpunberg, Daniel Freidemberg, Daniel Saimolovich, Juana Bignozzi, Diana Bellessi, Martín Prieto, Jorge Aulicino, Irene Gruss, Jorge Fondebrider, Daniel García Helder, Martín Gambarotta, Osvaldo Aguirre y Casas, entre tantos otros. Aunque en 1963 publicó su primer libro de poesía, 15 poemas y un títere, siempre siguió escribiendo poemas. "Si se te pudrió un versito, se te pudrió todo. Como género, la poesía exige del lector una entrega absoluta, por más que Oliverio Girondo escribió aquel famoso libro
Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. No se puede leer la poesía en el tranvía, no porque no haya tranvías sino porque la poesía te obliga a una entrega total." Quizá por esa exigencia que se imponía como poeta demoró cuarenta y cinco años en publicar su último libro, el recientemente editado
Poemas del amor y la guerra (Ediciones en Danza), que a pesar de su enfermedad, pudo llegar a ver. Publicó más de 800 títulos de poesía, narrativa, teatro y ensayo. Y es rigurosamente cierto que, como señala Casas, a fuerza de haber hecho bien su trabajo, éste "se volvió invisible".
En las últimas dos líneas de sus memorias, Mangieri anticipó lo que bien podría ser su epitafio. "Me gustaría que la gente dijera de mí: 'Con pasión, hizo lo que pudo'. Sería un buen final."

"La soledad"

(un fragmento)

I

Cuando los curas amordazan a los badajos
y los murciélagos clavan sus gallos de las veletas
salgo tartajeando tu nombre
a los mascarones de la plaza del pueblo
como un rezo maldito.
Y no hay luna ni estrellas
para mi voz
ni nada.
Sólo piedras mojadas donde me acuesto
y tiemblo.

II

Somos cuatro
sentados,
bebiendo
fraternalmente.
Pero lo siento
se irán dentro de poco
dejándome terminar solo
mi cerveza.
Luego,
mañana,
dentro de mucho tiempo
se acordarán de mí
al encontrar en sus carteras
algún viejo poema
junto a tarjetas de visita
y direcciones inútiles.

* En Poemas del amor y la guerra (Ediciones en Danza).

Silencio de lo amado*

Por Eduardo Mileo *

El silencio está poblado de palabras. La materia está poblada de vacío. La vida es una lucha entre el ser y la nada. ¿Pero qué es la muerte? ¿Con qué silencio se la nombra? ¿Con qué cuerpo se la espera?
Un hombre que ha luchado toda su vida contra la injusticia, que ha defendido la suerte de los necesitados porque entendió que la vida es una construcción social, que se ha emocionado con sus compañeros, que ha bromeado con ellos; un hombre que les ha puesto el cuerpo a sus palabras, muere. Desde el color de su rosa blindada, donde hizo hablar a Gelman, a González Tuñón y a tantos otros, un hombre que ha sembrado de libros el camino, muere.
Van a quedar de él sus ediciones, la elocuencia de sus conquistas culturales, el brazo en alto de su ideal comunista, las hilarantes anécdotas de su espíritu porteño; en fin, su recuerdo en la memoria de sus hermanos.
Para que "descansen en paz los compañeros / bajo una tierra sembrada de sal, / sobre la cual comenzamos a pelear contra el olvido", un hombre toma la palabra y la empuña como un arma. Un hombre, cualquiera, levanta la bandera de sus versos y, llegado el momento, está dispuesto a morir por ella. Desde el calor de su rosa blindada, como dijo Teresa de Avila, un hombre vive porque muere. Se levanta de su sombra porque continúa en sus hijos, en sus amigos, en los hermanos que supo conseguir, en su interminable obra editorial, con la que ha dado voz a la poesía.
¿Es el silencio de lo amado lo que nos hace hablar? Ha muerto José Luis Mangieri.

*Poeta, coeditor de Ediciones en Danza, secretario general de la SEA.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-11841-2008-11-03.html

Cien años perdidos*

*Osvaldo Bazán
03.11.2008

Cien años para no aprender nada. Cien años de ignorancia y la misma receta aplicada de la misma manera y los malos son los mismos y los buenos son los mismos y nos seguimos matando a tiros. Scioli no debe saberlo, pero su idea sobre qué hacer con los menores que cometen delitos no es original, es constitutiva de lo que hace poco se llamaba "ser nacional". Y a pesar de lo que puede suponerse, ese "ser nacional" no fue sólo forjado por dictaduras militares y capillas sixtinas. Tuvo también la base ideológica de "grandes pensadores" orgánicos.

En 1908 el Estado publicó Los niños vendedores de diarios y la delincuencia precoz, un estudio sobre chicos pobres de entre 6 y 18 años. Los investigaron "científicamente" (a esta nota le sobran comillas, tomá, guardalas) y los separaron en tres grandes grupos: a) los industriales, b) los adventicios y c) los delincuentes precoces.

De los primeros se dijo: "Son en su mayoría argentinos, hijos de padres italianos, muchos son italianos de origen. Su edad fluctúa entre los 6 y los 18 años. Casi todos son masturbadores. Algunos son pederastas. La séptima parte de los de 10 a 12 años han tenido relaciones heterosexuales. La mayoría de los padres son católicos y carecen de ideas sobre política y cuestiones sociales. La miseria, la ignorancia y el alcohol minan la felicidad de esos hogares proletarios. Tienen órganos sexuales muy desarrollados" (para este último ítem daban una causa comillas científica: "Por el onanismo").

De los del segundo grupo, los adventicios, se dice: "Tienen entre 9 y 15 años. Masturbación y pederastia más generalizada, frecuente el onanismo recíproco y aún el coito bucal recíproco. En estos niños los caracteres degenerativos son más pronunciados que en los precedentes. La salud física es mejor en ellos que en los anteriores, pues los enfermizos no pueden adaptarse al género de vida nómada propia de este grupo (la contradicción entre los caracteres degenerativos y la salud física mejor no fue salvada por el otra vez comillas estudio cierra comillas). Se mezclan y confunden de una manera insensible con los delincuentes".

El último de los grupos era de una categoría diferente. No eran canillitas, eran "delincuentes" que alguna vez habían vendido diarios, encuestados en el 24 de Noviembre (el 24 de Noviembre era un depósito inmundo en la calle de ese nombre, que el higienismo estatal de la época creó para unir a la
Policía Federal con la Universidad de Buenos Aires, ya que encarcelaban a los "marginales" durante quince días en ese chiquero inhumano y los sacaban para mostrarlos en las clases de la Facultad de Medicina). De estos chicos se dice: "Como delincuentes precoces no presentan diferencias de ningún
género con los que no han sido vendedores de diarios (comillas y hay que ser comillas científico para llegar a una conclusión así). Tienen de 10 a 18 años, su vida es más nómada y azarosa. Son inmorales. Sus ideas sobre política son casi siempre opositoras al gobierno, irreligiosos, faltos de ideas estéticas; igual gusto por los dramas criollos. Las relaciones heterosexuales son comunes, en muchos hay tendencias al proxenetismo. Los pederastas activos son más numerosos que en el grupo adventicio, pero escasean los pasivos".

Ese estudio publicado en los estatales Archivos de Psiquiatría, Criminología y Ciencias Afines fue un arma eficaz para el control represivo. En las conclusiones se dice que "constituyen una masa ignorante, 10.000 vagos salidos de las filas de los vendedores de diarios son un peligro para el orden de cualquier ciudad populosa. Una turba de 10.000 vagos constituye un factor de desorden y de regreso. El vago es un término medio entre el honrado y el delincuente, término medio tan terrible como el delincuente mismo, porque la sociedad no puede defenderse de él atacándolo de frente.
Diez mil sujetos en esas condiciones suelen decidir el éxito de una elección en la ciudad de Buenos Aires".

Hace cien años escribía esto el padre del socialismo argentino, el fundador y primer director del Instituto de Criminología de la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires, el que se sacó una "g" del apellido para no parecer "tan" italiano, el que aún hoy tiene su enorme cuadro de honor en la Facultad de Filosofía y Letras, José Ingegnieros. No estaba solo, lo acompañaban Ramos Mejía, Cambaceres, Miguel Cané, Eduardo Wilde y otros hospitales y calles y avenidas.

Poco parece haber cambiado en la Argentina en estos cien años. El que hace cien años era considerado un científico progresista hoy sería visto sólo como un tachero reaccionario. O en el mejor de los casos como un gobernador demagógico. Sin comillas.

*Fuente: Crítica digital.
http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=14802

CORNISA TRIANGULAR*

La he imaginado negra, como la ausencia.
Rosa fluctuante
en vuelo de cuervo subterráneo.
Nunca es la misma, pero siempre es la misma.

Ha venido de un país de limón y lágrimas.
En sus largas avenidas dormidas,
hacen nido las palomas y las palabras.
A veces camina debajo de las olas
en un mar impregnado
de sonoros amores que juegan
con los ruiseñores de viento.

Cuando está triste, se acurruca en un horno de barro
Y juega con los gredosos sueños de su infancia.
Comparten, la voz del fuego,
el milagro
y el intenso olor a pan recién horneado.
Una muñeca mustia de carbón,
baila al compás del humo, desafiando la tristeza.

Otras veces se estremece en un orgasmo de locura
que lastima los árboles que pasan.
El fuego ¿Apagará la herida del cántaro trizado
y la voz secreta del agravio?
Cuando llora, sus lágrimas de almendra
ronronean como un gato azul,
en sus uñas, aletargada, una semilla de cannabis.
Suele ir ala jungla de los sueños rotos
para acallar las voces del granizo y el hambre.

Alguna vez se ha enamorado,
y la náusea se transformó en espasmos de pasión.
Y se entregó al amor, empecinadamente
en un laberinto de amapolas dispersas
que nunca encontrará porque nunca estuvieron.
Es una rosa negra, es cierto, también blanca,
leche materna, nieve, nube, tiempo de horizontes
de pájaros sagrados que se han ido.
Callejones de un sueño sin regreso .Cerebro liso.
Y no estar, no ser, no pensar. Pero a la vez ser
y negarse y posarse solo por un momento
en la cornisa triangular de unos ojos negros.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 2 de noviembre del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Alejandro Padilla. Las poesías que leeremos pertenecen a Horacio Rossi (Argentina) y la música de fondo será de Takillakta (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

Convocatoria*

El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,

*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

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Comments

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Tue, 04 Nov 2008 03:24:38 +0100
como si nunca hubieran existido... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/10/13/como-si-nunca-hubieran-existido http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/10/13/como-si-nunca-hubieran-existido LA PELAMBRE DEL OSO*

Si te dices amor / espera corazón mío / espera.
Busca…el odio merodea en tu propio pelambre
Busca en la sombra del lobo que te sigue.
En la vertiente clara de la luna apuñalada
En las sienes del gigante de barro.
En la piedra que se esconde en la muralla hambrienta.
Busca en el perfume de las rosas de cera

Si te dicen /te odio / escucha las mareas.
Allí estará la voz agazapada del amor
Las manos levantadas en el templo del mar.
Los ojos acerados del aquel enceguecido amor
Que avanza un paso y retrocede dos

Si te dicen no te amo, espera corazón.
Quizás lo encuentres cuando no lo busques

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

COMO SI NUNCA HUBIERAN EXISTIDO...

La maja*

Rodeada de palomas
la maja,
en su vestido negro
de bolsas de basura,
es una dama.
Manos de mariposa
que reparten el pan
sus ojos luminosos
me miran al pasar.
Brilla su pelo blanco
de paloma en el aire
su corazón es náufrago
de la calle
y del mundo.
Devuelve mi sonrisa,
arcoiris del día
su voz en el bullicio
me murmura un adiós.
Y la tarde apurada
me roba su hermosura.

*de Ana Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

El trabajo*

Después de pasar una selección con cuatro personas mas, le aceptaron para el trabajo y le adjudicaron camerino para que cambiara lo más deprisa posible. En el Circo Plumkier las funciones se juntan unas con las otras y acabada la de tarde se inicia la de noche al cabo de cinco minutos.

Vestido con aquella chaqueta larga de color rojo intenso con charreteras doradas y los pantalones negros metidos dentro de las botas de caña alta apareció en la pista y lo dirigieron hacia una reja de hierro.

Entró con un látigo en la mano que le entregaron al cruzar la puerta y se encontró en el centro de una jaula con siete leones que le miraban recelosos desde lo alto de unas peanas de hierro. El público aplaudió su entrada y el micrófono anunció el número más importante del Circo Plumkier: "Los leones salvajes de Tanzania". Uno de los leones saltó desde la peana a su lado y lo olisqueó. Inmediatamente, los otros seis, se le echaron encima y empezaron a darle dentelladas. Ya le había extrañado que para el puesto de acomodador le dieran aquel traje tan extraño y aquel látigo.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

La araña entreteje la tela*

Busca diseñar una escarapela

Sostenida entre las hojas verdes

De la caprichosa enredadera

Con sus anteojos de sol

Trenza, cruza, entrelaza

El suave pero firme hilo de seda

De él surge el color blanco

De la nieve permanente

Y en su trama singular e inteligente

Con el viento acariciando su figura

Va tejiendo y destejiendo la estructura

Reflejando el celeste de un cielo transparente.

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

PALOMAS*

Era el muchacho más travieso de la cuadra, no paraba de atormentar a los perros, de tumbar tendederas de ropa, las ventanas cerradas eran un codiciado objetivo para sus pedradas, las abiertas eran víctimas de sus asomadas indiscretas. Era, además, el guapito de la vecindad… siempre dispuesto
a una pelea, fuera el motivo que fuera, llevara o no la razón. Jamás perdía, porque por muchos golpes que recibiera, aguantaba y seguía, murmurando por lo bajo “los hombres no se rinden, los hombres no lloran”.

Y así fue, hasta que le regalaron una pareja de palomas. Desde entonces pasaba el tiempo abstraído en el palomar que se construyó en la azotea, usando maderas viejas, trozos de zinc, retazos de malla. Llegó a tener dos docenas, vivía orgulloso de ellas, entrenándolas a partir en bandada y regresar al llamado de sus silbidos. Les entregaba un afecto, una bondad y una paciencia de la cual nadie lo había creído capaz.

Pero una mañana el barrio entero despertó ante su llanto: le habían robado las palomas durante la noche. No habían dejado rastro, era como si las aves nunca hubieran existido. Quién sabe si fue por pura maldad, para revenderlas a algún criador, o en venganza de alguna travesura pasada.

No podía parar de llorar… sus lamentos y suspiros se escuchaban con claridad, viajando por la transparencia del aire, colándose por las ventanas de las casas como sus pedradas y sus miradas de otrora. Las gentes se asomaban y lo veían, rendido, como un muñeco roto, sin cuidarse siquiera por secar las lágrimas que le corrían del rostro a la camisita sucia. Los que llegaron a odiarle, se condolían con la sinceridad de su tristeza.

Y abajo el padre, que lo crió sin ayuda desde que la madre muriera en el parto, le decía, llorando en silencio:

- ¡Baja, mi hijito, recuerda que los hombres no lloran!

*de Marié Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

Los hombres con alas*

No se sabe si fue producto de una mutación hormonal o quizás fue una variación del ADN en algún experimento poco controlado, la cuestión es que empezaron a ser habituales los nacimientos de hombres con alas.
Esto creó confusionismo y también envidias. Las facilidades de desplazamiento, la nula polución y los ahorros en viajes, fueron factores determinantes para que se fueran introduciendo rápidamente en la sociedad.
El hecho de que cada día hubiera más hombres con esta característica, hizo temer una dominación de los alados, lo que creó temores en el resto de la población. Sin embargo todo se solucionó cuando se pusieron de moda los colchones de plumas.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

*

Soñé que me llevaban haciendo turismo a un castillo en Italia.

Desde lo alto se veía el mar azul. Había algunos hombres y algunos invitados, entre otros mi padre.

Mi preocupación en el sueño era como iba a pagar eso, la magnífica belleza de ese lugar También tenía cierta inquietud porque algunos hombres me pretendían al mismo tiempo y temía a los problemas, peleas, disgustos que esa situación podría traer aparejado.

La preocupación económica era bastante obsesiva y opacaba bastante el disfrute .Tanto así que cuando me desperté, quedé sin mar azul y sin deuda

Si tienes un sueño tan vivo. Si adentro tuyo está ese paisaje

simplemente hay que disfrutarlo. Te lo merecés, vos lo creaste.

Como el muro que cayó una vez, quizás caiga con este terremoto financiero en el bolsillo del Imperio (iba a decir corazón pero no tiene) esa idea de que todo se compra, se vende, se paga, ese dios del dinero.

Aprendí soñando que lo más bello no tiene precio. Todavía hay en los mercados rodajas de crepúsculos, grandes ofertas en amaneceres

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Historias heroicas y solidarias en medio del drama aborigen
Los primeros médicos tobas y los voluntarios de siempre dan batalla en El Impenetrable chaqueño.*

*Por Horacio Bilbao. hbilbao@clarin.com

"Pese a toda la ayuda, la situación sigue siendo de emergencia", dijo Patricia Sosa a Clarín.com

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"Les entregan colchones y alimentos, pero nadie les pregunta en realidad qué necesitan", dijo Rolando Núñez, del Centro Nelson Mandela. Por Horacio Bilbao, enviado especial a Chaco.

EJEMPLO. JULIO ARGENTINO GONZALEZ, EL MEDICO TOBA QUE SE RECIBIO EN CUBA,
HACE ESCUELA ENTRE LOS SUYOS..

Hace unos días se olfateaba muerte en lo de Melitona Enrique. Ahora hay fiesta. Rayando los 108 años esta viejita que es toda una institución para el pueblo toba tuvo un raro privilegio, uno más en su historial de salvaciones. Ella es la única sobreviviente de la masacre de Napalpí, carnicería de medio millar de tobas ocurrida allá por 1926. Pero esa es otra historia.
Ahora, en estos tiempos en que sus congéneres con mucho viento a favor pasan de los 40 años de vida golpeados por la desnutrición, el Chagas o la tuberculosis, ella vuelve a respirar, y lo hace de la mano de uno de los dos médicos tobas, el chaqueño Julio Argentino González. Su flamante título obtenido en Cuba, todavía tramita equivalencias en la lejana Buenos Aires.
Pero él ya piensa en voz alta cómo mitigar los males de El Impenetrable.
Claro que para Julio el privilegio es todo suyo. Habla en lengua Qom con Melitona y entiende al instante cuando ella le explica que a la comida del hospital no la aguanta y que en su situación, sólo quiere alimentos naturales. Entiende todo Julio, que de niño revolvía la basura buscando comida. "Es un orgullo para mí poder atender a Melitona, una persona tan importante para nuestra historia", dijo desde Machagai, Chaco.
Acompañado por su madre y por una flamante enfermera toba que también acaba de recibirse en Cuba, no oculta la emoción. Y sufre cuando relata el panorama trágico que extingue a su gente. En los últimos años recrudecieron las muertes en el Impenetrable y la situación sanitaria, descontrolada desde hace rato, mató a más de 20 tobas el año pasado y a otros 10 en lo que va de este 2008 sólo en Villa Río Bermejito. "En Bermejito recién tenemos dos médicos, nos cuesta radicarlos, siempre nos faltan recursos humanos y por eso es tan importante lo que hacen estos chicos", grafica Roberto Sobko, director de Medicina Indígena de Chaco.
Por ahora los agujeros se tapan con médicos itinerantes. Entre ellos están Daniela Recalde y Ramón Dotto, una pareja de cordobeses recién llegada al Impenetrable, pero que a fuerza de humanismo, no para de ganar confianza.
Vienen de Neuquén y de Venezuela los cordobeses, donde trabajaron duro siempre con las comunidades aborígenes.
Y hay casos aislados que dan el ejemplo. Como el del oftalmólogo marplatense Eduardo Gaspari, que por una semana trasladó su consultorio al corazón del Impenetrable. Ya son varios los Tobas con anteojos. Y un hombre que se creía ciego lloró largo y tendido cuando comprobó que un buen aumento le devolvía
la visión.
"En dos meses junté seis camiones con sus respectivos semis", le dijo a Clarín la cantante y actriz Patricia Sosa, que desde enero de este año ya viajó tres veces al Impenetrable con donaciones de todo tipo. Historias, misiones de vida en algunos casos, que contrastan con las de otros médicos huidizos que no tocan a sus pacientes ni con un palo. Sobran denuncias de este tipo en el Impenetrable. Allí mismo, el último informe de la Defensoría destaca la queja de un asistente sanitario toba cuya jefa en el puesto le dijo que no formara a sus parientes porque su tarea "no es educar al enemigo".
También llueven denuncias contra la Policía. "Mucha de la gente que viene a trabajar aquí lo hace por el sueldo (zona desfavorable) o porque está castigada", retrata la obstetra de un puesto sanitario. Despersonalizados, tobas, wichís y mocovíes ceden terreno. Se ven casos de aborígenes que prefieren hijos mestizos, porque así tienen más oportunidades. Se vuelven evangelistas y católicos sin mayor resistencia y cada vez más, dejan de lado su filosofía, su religión y sus costumbres.
Un dato impactante revela este fenómeno, en la zona ya hay 84 templos evangélicos contra uno católico. Cualquier parecido con la época de la colonia, es pura coincidencia. También crecen las disputas de pobres contra pobres y hasta un intendente denunciado por racismo hay. Lorenzo Heffner, al frente del municipio de Río Bermejito, fue denunciado por los propios tobas por xenófobo.
A esto suma una causa penal y otra denuncia por acoso sexual contra la toba Susana Ocampo. Y sin embargo, lo eligen. Claroscuros de una región que tiene indicadores sociales y económicos más parecidos al Africa que al promedio argentino. "La solidaridad es mucha, para que no se nos sigan muriendo
necesitamos coordinación", dijo Sobko. El primer parte del primer médico toba dice que Melitona está fuerte y que quiere vivir. Entre quienes la ayudan, ya hay uno de los suyos.

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2008/10/13/um/m-01780607.htm

La niña del espejo*

Apenas tendría
ocho años.
Por la calle
sin peligro de tropiezos
-aunque los autos…-
ropas tristes
venía
quién sabe de qué
errancias.
Como perritos la seguían
dos pequeños hermanos.

Levantado a la altura de
su rostro
un gran espejo
roto en el costado:
ella le hablaba
fascinada
a su reflejo
olvidada de sus hermanitos
de la calle
olvidada de todo
encontrándose.

*de Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com

LA GRAN DEPRESION DE 1929 Y LA CRISIS FINANCIERA DE 2008

Fantasmas del New Deal*

El tema es excluyente entre los que perdieron millones y los que tiemblan por su jubilación: ¿otra vez lo mismo o una distinta? En medio de la campaña presidencial, parte de lo que hablan los votantes parece salido de la década del treinta, con el fantasma de Roosevelt y su política en el centro de las fantasías, las expectativas y los temores.

* Por Ernesto Semán
Desde Nueva York

El martes a la noche, mientras Barack Obama pasaba fláccidamente por arriba de John McCain durante el debate televisivo, en tres casas distintas de Nueva York la gente empezaba a relatar los primeros impactos de la crisis en las finanzas domésticas. Que AnnMarie Leal decidió postergar un año su
jubilación como empleada pública para tener acceso pleno al seguro social después de que se licuara la mitad de su fondo de retiro. Que Javier Jiménez, aun lejos de su jubilación en el gobierno de la ciudad, lleva perdidos 10 mil dólares de su retiro en las últimas dos semanas. Que a Thomas Cross, a mitad de camino de su vida económicamente activa, le desapareció por completo delante de sus narices el fondo reservado para la universidad de su hijo mayor.
A la mañana siguiente, los kioscos estaban empapelados con la tapa del New York Post, el diario de mayor circulación de la ciudad. El fondo negro y las letras grandes en tamaño catástrofe para recordar uno de los lemas más citados de Franklin Delano Roosevelt: "A lo único que tenemos que tener miedo es al mismo miedo", a lo que el periódico agregaba, "FDR tenía razón por entonces, y tiene razón ahora".
La frase tiene particular reverberancia en estos días, y a primera vista no faltan razones. Fue parte del primer discurso de Roosevelt como presidente en 1933, en el momento más agudo de la depresión económica norteamericana, mientras acumulaba la mayor cuota de poder posible para avanzar contra lo
que describía como el "innombrable, irracional e injustificado terror que paraliza las fuerzas que se necesitan para convertir nuestro retroceso en un avance". Desde entonces, el lema ha sido usado, manipulado, acomodado, en boca de todos, adaptado, convertido en un tupperware en que (casi) todo
cabe. El mismo día en que el Post -un diario conservador y popular cuyo dueño es el magnate australiano Rupert Murdoch- tocaba su vena histórica más populista, la dirección del Investment Strategy Group de Goldman Sachs envió un e-mail a los ejecutivos y empleados de su Private Wealth Management que
empezaba proclamando: "A lo único que tenemos que tener miedo es al mismo miedo". La firma machacaba con que "lo que no se justifica es el temor a que estemos en una senda económica similar a la de la Gran Depresión", e invitaba a sus empleados a que incitaran a sus clientes a expandir "incrementalmente" sus portfolios, estimando que los stocks subirán un 30 por ciento en los próximos nueve meses.
"Codicia, eso es. Codicia", dice Gus Vlahadhas mientras manosea la tapa del Post por quinta vez en lo que va de la mañana, buscando la nota sobre Richard Fuld, el jefe de Lehman Brothers al que un vecino lo bajó de una trompada mientras corría en la cinta del gimnasio. Gus es el dueño de Tom's Diner, uno de los bares más tradicionales de Brooklyn, favorito de bomberos, policías y trabajadores hasta la última década en la que la nueva vecindad le agregó nuevos clientes y turistas y largas colas en la puerta y buenas críticas en los medios. Gus recorre las mesas y conoce a la mayoría de los clientes, en línea con la tradición de su padre Tom, que fundó el Diner en 1936, justo durante la Depresión que hoy está en boca de todos. Entre la mayoría de inmigrantes griegos que motorizan "diners" de los Estados Unidos,
la figura de Roosevelt tiene dimensiones épicas. Desde el recuerdo de Gus hasta la paredes del modesto café de Pittsburg -la vieja capital de la siderurgia- donde aparece junto a todas las leyendas griegas imaginables, el presidente norteamericano es el sinónimo del clima de movilidad social ascendente en el que crecieron estos negocios.
"¿Qué puede hacer uno?", se pregunta a sí mismo. "A mí los precios mayoristas me subieron como loco, pero yo no puedo aumentar nada, así que uno se acostumbra a ganar menos y menos. Si sobreviví antes, voy a sobrevivir ahora." En el "qué se puede hacer", más que en la licuación de su margen de ganancia está la clave de por qué ésta no es la Gran Depresión, ni lo que viene será el New Deal.
En una semana en la en que todo temblaba, George Bush decía con razón que la recuperación llevará tiempo, y el debate presidencial reventaba todos los ratings, mucho se preguntaban por qué Obama no aprovechaba para proyectarse épicamente hacia el futuro, dejar un poco de lado la enésima explicación
sobre el impacto de su política impositiva en el primer quintil de la economía, anunciar un programa masivo de recuperación y convocar al pueblo norteamericano a una gran cruzada para retomar la calidad de vida perdida.
Se preguntaban, a su modo, por qué Obama no hacía un poco de Roosevelt.
El candidato demócrata tendrá sus razones logísticas. No sólo no cambiar de estrategia si la actual le da resultados, sino evitar que gestos más enérgicos se procesen bajo los códigos racistas impregnados en este país: una parte no menor de la sociedad norteamericana aún se incomoda si el que levanta la voz es un negro. En aquel entonces, la alianza social del New Deal tuvo en la clase trabajadora blanca su sustento más poderoso. Hoy, el Partido Demócrata perdió trozos de ese sector, los que quedan adentro fueron los más resistentes a su candidatura durante las primarias, y en cualquier caso la clase trabajadora casi desapareció de sus campañas electorales, reemplazada por una vaga clase media que representa la misma cosa con distinto tenor. Parece una broma de hoy, pero para volver a escuchar la
expresión "clase trabajadora" en el centro de la política hay que escuchar los discursos de Sarah Palin reclamando el legado de "los trabajadores americanos", o ir al Museo de la Ciudad de Nueva York, que en estos días monta una exhibición sobre campañas electorales. En ocho pantallas distintas se repiten los avisos de todas las elecciones desde 1956. En 1976, Carter y Ford llaman insistentemente a la clase trabajadora, que de ahí en más empieza a desaparecer del lenguaje político local.
Parte de esa clase trabajadora que emergió con el New Deal desapareció junto con los pueblos donde vivía. En localidades como Brownell, en medio del estado de Kansas, el cartel rotoso invitando al picnic del día del trabajo es el único recuerdo de que alguna vez allí vivieron -y no muy bien- centenares de trabajadores rurales e industriales. Difícil de imaginarlo en el pueblo fantasma que es hoy, cuyo último censo registró 48 habitantes.

La mesa de lujo
A otros lugares, el debate sobre el New Deal apenas llega, como a la mesa en donde Alain y su mujer celebraban el cumpleaños de su hija A. al día siguiente del debate. Alain es un francés con enormes inversiones inmobiliarias, que reparte su tiempo entre París y Greenwich, el exclusivo suburbio para nuevos y viejos ricos de Connecticut "que tiene de bueno que uno puede bajar e ir a la cancha de fútbol, caminar, no usar el auto, disfrutar y preservar el medio ambiente".
La cena infinita para quince amigos es en Compass, un restaurante desmesuradamente caro del Upper West Side de Manhattan, al lado del más tradicional Café Luxembourg. Son las siete y media de la noche del miércoles y ambos restaurantes están casi vacíos. En la sala vidriada reservada por
Alain, la crisis y la política son un paisaje de fondo, un ruido en la conversación anodina de todos los días. Aquí, donde las pérdidas están siendo millonarias, la debacle apenas si le da contexto a la despedida del socio comercial que se marchó a Nuevo México, o para que Steve despotrique contra su hermano que acaba de perder fortunas por actuar irresponsablemente y reivindique a su padre por haber sido prudente. Steve, que vive y vota en Ohio, tiene un fondo de inversión que controla, entre otras cosas, una cadena nacional de importación y distribución de bebidas alcohólicas.
Definido como un "conservador fiscal" con un paladar "certificado" por la industria del vino, Steve replica los gestos que los profesionales de la industria del vino han expandido en las últimas décadas, exhibiendo en público los procedimientos de catación otrora reservados a la privacidad de las bodegas. Cuando el vino llega a la mesa, después de zarandear la copa por unos segundos, toma un pequeño trago con el que enjuaga su boca, regurgita en la mesa y emite los sonidos de quien está preparando una
escupida. "Hmm... Anchoas, madera, anís... Excelente, Alain", dice por fin, y puede dedicar unos instantes a repasar la política de estos días, con más desdén por la simpleza provinciana de Palin que por las ideas de Obama.
Entre las muchas cosas difíciles de imaginar, el New Deal produjo una abrupta disminución de la brecha social de los Estados Unidos, cuyo uno por ciento más rico pasó de concentrar el 21 por ciento de la renta antes de la depresión a menos del 12 a la salida de la misma, mientras los ingresos asalariados crecían en consecuencia. Una curva similar a la que luego viviría Argentina durante el peronismo; algo que Perón entendió primero que nadie y no se cansaba de presentar a su incipiente movimiento como un legado "del gran presidente Roosevelt" en "la lucha para subordinar a las plutocracias al poder público".
A otros, no tan ricos, el New Deal les parece tan lejano como preocupante.
Como a Mark Fornasiro, de Nueva Jersey, a quien incluso el tono de Obama le hizo sonar las alarmas. Mark sobrevive con alguna comodidad invirtiendo en el sector de transporte, y en un café de Washington Avenue, en Hoboken, al otro lado del río Hudson frente a Wall Street, aún se pregunta "si Obama es suficientemente capitalista como para no agregar aún más riesgos", después de escuchar que el candidato demócrata no promoverá acuerdos de libre comercio, no con el énfasis de sus predecesores.
En verdad, hoy por hoy, la crisis apenas tiene reminiscencias semánticas con el crac que dio origen al New Deal. Y es difícil imaginar que llegue a parecerse a aquella debacle, que combinó un desempleo del 25 por ciento (frente al 6 por ciento actual), una caída de la actividad industrial del 40 por ciento y la desintegración de buena parte de la estructura productiva estadounidense. Y si eso explica en parte los límites de la vieja retórica, tampoco es motivo de optimismo para los 3,6 millones de personas que perdieron sus casas en los últimos 18 meses, ni para los que tienen sus finanzas empernadas entre la inflación y la falta de crédito. Margaret Palca cree que la idea de cerrar el café y la panadería mayorista que conduce desde hace veinte años es algo para considerar. "No quiero cerrar, soy
panadera y es lo que sé hacer y me gusta, pero tampoco quiero perder más y más plata", dice con algo de brillo involuntario en sus ojos.
Margaret es una mujer pequeña pero dura, de ojos claros y voz tersa. Se sienta en una mesa de su café, las manos con marcas de harina y chocolate, al final de un día infinito. Con el delantal y el pañuelo blanco, corporiza como pocas el ideal de mujer trabajadora de la iconografía soviética. Tiene
una lectura atenta y personal de las finanzas de su negocio sobre la calle Columbia, en Brooklyn, recuerda que la caída en las ventas del 2001 arrancó mucho antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre, y que en verdad "el Halloween de ese año fue uno de los que más trabajo hubo, la gente necesitaba juntarse". Con tono muy bajo, agrega que "pasamos por distintas etapas, pero ésta es la peor".
Margaret es la hija de Alfred Palca, el guionista de Hollywood que rechazó delatar colegas o escribir con seudónimo y fue condenado al ostracismo durante el macartismo. De los que no fueron Alfred Palca en esos años, Orson Welles decía que "la izquierda francesa colaboró con la Gestapo para salvar a sus hijos y sus mujeres; la izquierda norteamericana lo hizo para salvar a sus piletas". "Estoy muy orgullosa de mi padre", acota ella. Hoy, su café es uno de los pocos en la zona que no ofrece el New York Times ni conexión a Internet; una nutrida clientela fiel de vecinos y trabajadores de la zona parece indiferente a la competencia, y más dependiente de los panes y masitas del local. Pero los problemas de Margaret golpean en la distribución mayorista, "porque no puedo reducir más mis márgenes. Hace un año yo pagaba la bolsa de harina de 100 libras (unos 45 kilos) a 20 dólares. En unos meses pasó a 60, y ahora está en 39. La cuenta de electricidad aumentó un 20 por ciento, no tengo manera de trasladar todo ese aumento ni de absorberlo".

Los dos cracs
Por donde se la mire, la analogía con la Gran Depresión no es históricamente exacta. Más bien, invita a hacerse una idea del presente. No tan distinto a cómo la opción entre Kirchner y López Murphy definía ideas sobre por qué había ocurrido la debacle del 2001 en la Argentina, en la retórica del New Deal se cifra qué lectura hacer de la crisis actual. Con la quiebra de Fannie Mae y Freddie Mac, firmas destinadas a agilizar créditos hipotecarios entre sectores populares y cuya caída está en el centro del
crac actual, muchos explican la crisis en torno del argumento de que, en verdad, el problema fue haberle prestado plata a la población de bajos ingresos. Con todas sus imperfecciones, la figura del New Deal es un formidable contrapeso a esa idea, aun si de ahí no se desprende una política de obra pública como la de los años '30.
El viernes, antes de las 10 de la mañana, el Dow Jones seguía cayendo mientras en el edificio de la Corte del estado de Nueva York en Brooklyn se armaba una pequeña fila para emitir los primeros votos de la elección presidencial. Algo menos de veinte personas -casi todas mujeres negras, de entre treinta y sesenta años- esperaban para emitir su voto anticipado por razones de fuerza mayor (cada estado regula de forma distinta el voto por anticipado). Apenas media hora antes, en el pueblo de Chillicothe, en Ohio, Obama hablaba para una pequeña multitud entusiasta de trabajadores blancos: "En Estados Unidos hay trabajadores y tecnología y coraje para salir de esto. Hay que animarse al cambio. A lo único que tenemos que tener miedo es al mismo miedo".

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-113197-2008-10-12.html

El último animal del mundo*

El hombre lee a Conrad.
Así, tal cual me siento yo. -se dice. Con su vida bien adentro de "El corazón de las tinieblas".
En algún punto todo le resulta ajeno y hasta horroroso. Un exiliado de su propia vida.
Alguien que se pregunta donde estuvo y donde esta la vida verdadera.
En una espesa bruma, y no importa demasiado si es un río que se interna en las venas abiertas del África. O es un barrio de Temperley.
Es el exilio. La sensación de desterrado. Y todo mientras el hombre, abrumado en sus propias imágenes no puede avanzar de la página 79.

Pero ocurre un pequeño milagro para sacarlo de la lectura y -un rato- de oscuros pensamientos a tono con el relato donde la soledad existencial es un "no lugar" permanente más allá de tiempos, geografías y tecnologías.

Llega su hija con una insinuante sonrisa:

¿Cual es el último animal del mundo?

No se, -dice el hombre sin demasiada imaginación.

-El delfín... -dice y se ríe con ganas y lo contagia al hombre que se ríe y se permite un instante de felicidad.
Y aclara, por si las sonrisas no alcanzan:

Por que es el animal Del... Fin....

*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com

Convocatoria*

El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,

*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

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Tel: ++43 662 825067

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 12 de octubre del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pablo Espada. Las poesías que leeremos pertenecen a María Elena Solórzano (México) y la música de fondo será de Yawar Inka (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
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Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.
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Cuales son sus contenidos ?
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Cuales son los ejes de la propuesta?
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Mon, 13 Oct 2008 20:38:25 +0100
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Edición OCTUBRE 2008
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Q-U.*

La Leo escribe la “Q” y la “U”, a la “E” la va a escribir después. No se por qué, pero pone “QU” y después va a agregar las “Es”. Lo escribe grande, en una columna larga y finita al lado izquierdo de la hoja, y con su regla de treinta centímetros fabrica casilleros desiguales para enmarcar todas esas preguntas incompletas. Quizás sea que las preguntas son incompletas ya que la respuesta es incógnita. Así debería de ser. Uno no sabe la respuesta, no hay por qué terminar la pregunta.
La Leo está en el geriátrico desde hace varios años, pero estaba acompañada por su mamá de cien años. La mamá ya no está. La mamá murió. Ahora la Leo está solita con sus setenta y cuatro años, y esos siete años que lleva adentro desde los siete años de veras, desde que las convulsiones le detuvieron el tiempo adentro. Siete años de alumnita de primaria. Siete años de viejita que escribe con su birome “QU”. Muchas QUs”, muchas preguntas sin final.
Y me mira con los ojitos pequeños, me mira con intensidad. Parada frente a mí sobre las piernas con llagas, con la boca desdentada, los rulitos canosos, niñita siempre niña a pesar de las arrugas y las manos manchadas con vejez y tinta azul. Me extiende la hoja mamarracheada la Leo y dice “QUÉ”. Me grita su “QUÉ”. Me grita la pregunta como los niños, que todavía esperan que uno tenga una respuesta; que la respuesta sirva de algo; que sea posible solucionar los desastres que la vida, el tiempo, los insondables acaeceres complican y borronean.
Desde su vida borroneada, la Leo me grita su “QUÉ”. Qué voy a hacer el día de la madre. Qué voy a hacer el día de la madre. QU, QU, QU, QU, muchas preguntas incompletas una debajo de la otra en birome temblorosa, subrayadas con regla de treinta.
Qué voy a hacer el día de la madre, pregunta, demanda, grita. Me grita qué.
Me dice que ya no le puede dar de comer, que ya no la tiene al lado, me repite que ya no le puede dar de comer. El supremo, primer y último cariño, si a los niños y a los viejos les llevamos dulces, galletitas, si a los novias se le regalan chocolates. “Ya no le puedo dar de comer”, dice la Leo. Y me deja estúpidamente balbuceando obviedades inservibles.
No puedo contestarle. Apenas poner unas palabras sin sentido delante o detrás de otras palabras sin sentido.
No puedo contestarle a la Leo. Me pregunto qué puedo decirle, cómo consolar su tristeza, su soledad, sus lágrimas de niña anciana que caen redondas y transparentes. Qué puede hacer la Leo el día de la madre. ¿Qué puede hacer?

Me pregunto qué decirle. Me pregunto QU, QU, QU, QU.

*de Mónica Russomanno. monicarussomanno@yahoo.com.ar

CITA A CIEGAS*

Anuda una venda alrededor de tus ojos
Déjate guiar por el aroma de la hierba buena
Colócate de espaldas al viento adverso
Siente el sol en la frente
Desdeña los caminos
Los campos de amapolas
Sumérgete en el bosque
Persigue el canto de las aves que huyen a tu paso
Sigue más allá de tu cansancio
Hasta hollar la línea del horizonte.

Allí donde el mar se une con el cielo
Donde cada noche aguardo tu presencia
Te daré mis amores.

*de Marié Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

ELLOS*

Todavía no puedo pronunciar: nuestra casa y es mucho el costo por una pierna reiteradas veces operada, cruzar el puente de Santo Tomè. Tan sólo nos separa el río Salado y extraño mucho “mi río”: el gran Paranà. Y “mi hermoso parque”. Hago referencia al Parque del Sur, de la ciudad de Santa Fe.
Hace escasos seis años lo recorrìa todos los dìas dando una, dos y hasta tres vueltas y lleguè a nadar, mil doscientos metros, pero esto, ya esta en otro relato.
Dejar una urbe por otra, un barrio vivido por años: casi sesenta, es mucho, ¿no? Los vecinos amigos, reiniciar otra historia, cambiando de ropa, de vínculos, de entorno y hasta de agua, cuesta muchísimo.
El dolor se suaviza escuchándolo a ellos. Bastó que una mano sabia pusiera junto a una batea de agua, un comedero.
Ya no están los perros ni los gatos que tanto lo asustaban y, entonces, ¡volvieron¡.
Ellos me acompañan al comenzar la jornada y ¡alegran mis mañanas¡.
Ya no escucho la radio ni las mismas malas noticias o la baja y suba de la Bolsa.
Los escucho a ellos que me acunan con su canto y no me dejan sola.
El llamador de Naty, uno de mis queridos hijos hoy, radicada en el exterior, aquél que en nuestra anterior casa estaba adentro y ahora está afuera, el que le regalara un gran amigo y poeta: Horacio Rossi, los convoca.
Están ambos presentes en el nuevo patio inundado de flores, de luz, de sol.
Sus gorjeos, su manifiesta alegría y algarabía, comiendo, bañándose, han vestido de fiesta sus juguetones vuelos.
Entre arbusto y arbusto ya florecidos, entre jazmín y jazmín, de esta, la nueva casa, en su amplio patio, entre vuelo y vuelo, comparten uno u otro grano sin disputar.
Se mojan gozosos y juegan entre ellos en sus rasantes aleteos entre césped y techo.
Hablo de “mis” pájaros, de los caseritos, chingolos, tacuaritas, calandrias, palomitas torcaza y las muy buchonas del centenario campanario de la Iglesia Inmaculada.
En el de adelante, percibo los benteveos o pechitos amarillos que, durante algunas horas en busca de agua, abandonan sus nidos de la cercana plaza.
Al atardecer, regresan nuevamente en busca de alimento y, cuando se opacan los rayos de luz, se llaman a silencio.
Reflexión:
Nuevamente repito como lo dijera hace cuatro años, elaborando ayer uno de mis duelos en “Territorios Compartidos” y hoy, otro: “no quiero que...” esta casa,”… tenga murallas, ni que ...las ventanas estén tapiadas...” de Mahama Gandhi.
Un pensamiento de Kierkegaad. me impactò muchísimo, por eso lo transcribo: “...la vida...puede comprenderse ...mirando hacia atrás, pero se puede vivir mirando hacia delante”

*de Zulema Estela Saus. zulemasaus@yahoo.com.ar

Cincuenta*

Empecé a creer en el amor
Sin contar que tenía mis primeras canas
Comencé a quererte
Sin concesiones
Sin darme cuenta que contaba
Con muchos años.
Aumentó la fantasía
De renunciar a la rutina y
Aprender a juguetear
En ese universo
De verdades anquilosadas
En esperanzas de antaño
En arriesgar a ser y “no parecer- perecer”.

Así tan simplemente
Y fenomenalmente como sale
El sol por la mañana
Y la lluvia moja los pies
Con las baldosas rotas de las veredas
Y al estar contaminada
Por la edad de los períodos encadenados
Empecé a conquistar
Los momentos de alegres compañías
Y encarar los abatidos escenarios
Con el íntegro desapego de los niños
Que pueden curiosear
Qué es la muerte
Pisando a un insecto
Que chilla en la suela de un zapato
o
Cuando descubren que su abuelito
Se fue al cielo
Y contemplan los rayos de luz de la persiana
Como surcos separados del día
Así tan simplemente empecé a quererte
En esos ojos de azul intenso
Vi reflejada una jirafa
Que soñaba estar en su terreno escogido
Encontré tiburones domesticados y
Murciélagos sujetados a la simpatía
de los humanos
de a poquito fui sacando las vendas
que aumentaban los dolores
de la soledad
se fueron aflojando
no tenían que estar pintadas
de rojo sangre
podían caer con ese azul
de esperanza y tranquilidad.

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

Aleluya*

Yo estaba perdida hasta que encontré al señor ¿La llevo a su casa señorita?

Me desnudó en rojo.

Cuando me invitó a guarecerme en su pecho. Realzó el final que había sido tan feliz.

Alabé al señor y me quedé dormida.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Campaña de concienciación*

Aquel gobierno quería potenciar la conciencia social por lo que adoptó una serie de medidas encaminadas a concienciar a los ciudadanos para que hicieran obras benéficas, sociales y de convivencia.

Entendió que una de las maneras era consiguiendo que cuidaran más y mejor de sus mascotas. Evitar que se produjeran abandonos de perros, dotar a los municipios de solares para que estos animales corrieran y establecer un censo real y efectivo de todos los canes del país. El slogan adoptado "Da a tu perro los mismos cuidados que quieres para ti" manifestaba claramente la intención de la campaña.

Los ciudadanos vieron con buenos ojos estas medidas, sin embargo, todo el mundo entendió que se habían extralimitado con aquella iniciativa de crear una escuela de hombres lazarillo para perros ciegos.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

Cuicatl*

Me duele la tierra,
Y el pasto,
Y las flores,
Y las raíces que se clavan en ella.

Me duele la tierra,
Y el viento,
Y el agua que corre desbaratando laderas…

Cómo duele la tierra.
En tus manos,
Tus uñas,
Demonio de piel.

Cómo duele la tierra,
Tus labios,
Tu cabello,
Tu corteza empapada
Que los Dioses quisieran tener.

Me duele la tierra,
Y las rocas,
Y las aves,
Y cada lombriz que es arrancada con fuerza
Mientras se aferra frenéticamente por no partir.

Me duele la tierra,
Y su vida,
Y su muerte,
Y cada pulso que le doy con mis pies…

Cómo duele la tierra,
Cuando llena por completo los pulmones
Y a bocanadas se le obliga a entrar.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

*De los idiomas originarios de México, el náuatl es el más conocido por ser el que hablaban los
Mexicas-Aztecas; y Cuicatl significa canto.

UN TAL PITÁGORAS*

Los lados adyacentes al ángulo recto, siempre manifestaron carecer de la condescendencia amistosa que sentido común obliga entre vecinos y esto se debió, en parte, a la rivalidad entre ambos por superar a la hipotenusa.
La hipotenusa, que como todas las hipotenusas juega a dos puntas, realizó sin conseguirlo, grandes esfuerzos para que los adyacentes comprendieran que la suma de sus cuadrados es igual al cuadrado del lado más largo del triángulo rectángulo o sea, ella misma.
Por eso, los trigonómetras contrataron a un tal Pitágoras para que se los demuestre.

*De Ana Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar

PRELUDIO DE GARZAS SALVAJES*

Me desperté dormida en el mar de tus brazos

Ay el preludio de garzas salvajes en el alba.

Giran como caligramas de señales blancas

Escriben tu nombre que desbordado cae

En un torrente de magnolias de lluvia.

Tan blancas sabanas amor/tan negra ausencia.

La costa/tan lejana.

Los árboles de pié intentan/elaborar un oscuro

Duelo de pañuelos blancos.

El mar no existe, amor. Lo se.

Quizás escondido en otro cielo, espere.

En las oscuras rocas de los desnudos mares.

Entre los peces muertos y el ballenato azul.

Entre los vórtices de abrazos circulares.

Entre los brazos desencontrados de los vientos alisos.

Entre mares australes y océanos boreales

Entre los arrefices de corales pasión.

Entre los fantasmales barcos.

Entre tesoros de recónditos piratas.

Entre los lagartos marinos y la soledad de los Galápagos.

Cabalgando suavemente en los vientos de Índico

Hay un epilogo de algas que en oleajes verdes

Te buscan y me buscan

La rosa de los vientos desdibuja la infranqueable bahía de los sueños

Se que no estas, quizás nunca estuviste

Pero hay un preludio de garzas salvajes en el aire

Que me hace vibrar, hasta morir.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

Rubias...?*

Quisiera ser la rubia tonta

No tener que irritarme

Por llegar a fin de mes

Ni pensar cada día

En el almuerzo y la cena.

En la educación de mi hijo

Ni los autorreproches

Ni sentir la soledad

Y el oscurecimiento

Frente a las decisiones

De trabajo tantas veces

Teñido del sufrimiento

Enajenado de la pobreza

Y la preocupación de

Expresar la palabra adecuada

Sin dañar a los más necesitados.

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

PARÍS*

Quiero decirte tantas cosas
Y no alcanzan las palabras...
Quiero hablarte de París,
De los olores que trae el viento,
De las notas que lleva en sus alas,
De la lluvia que moja mi rostro,
Del ocaso que se cierne
Sobre los tejados,
Y de nuestro abrazo,
De ese abrazo nuestro
Que ciñe la vieja ciudad.

Pero no puedo,
No me alcanzan las palabras...
Para decirte que sin ti
París no es ciudad,
Sino lejanía.
Las flores solo portan aromas de nostalgia,
La lluvia no es otra cosa que gotas de agua,
Que el viento no lleva ni trae melodías antiguas,
Que el ocaso no es sino símbolo de algo.

Porque sin ti,
Y sin tu abrazo,
Sin tu mejilla junto a la mía,
Contemplando como se oculta el sol
Tras los tejados,
No sirven,
No son nada las palabras.

*de Marié RojasTamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)

La pequeña muerte*

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman: pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

*Eduardo Galeano
del Libro de los abrazos.

*

muere de muerte lenta
el que no sabe de abrazos
ni del ímpetu
y la fuerza que aprisionan los espacios.
entre tu cuerpo y mi cuerpo
no queda luz si hay abrazos...

*De Ana Lía Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar

FELISBERTO NO SE PARECE A NINGUNO*

La vida del escritor uruguayo Felisberto Hernández (Montevideo 1902-1962) parece haber salido de su propia literatura hecha de equívocos, de fantasmas y de empecinamientos pueriles por contar no lo inasible sino la materia con la cual se pretende representarlo.
Si bien la actividad literaria no es algo que quite el sueño a los burgueses, en el caso de Felisberto Hernández “su estar en el mundo” pudo ser una intolerable seguidilla de malentendidos kafkianos donde no logró ser reconocido mientras vivió.
Justamente un trabajo del crítico Jorge Panesi se titula “Un artista del hambre” parafraseando un relato del praguense inmortal, ya que Felisberto Hernández se ganaba la vida tocando el piano en remotos tugurios de provincia, amenizando las películas mudas de entonces o dando conciertos en pretenciosos centros llamados “de cultura”.
Felisberto tuvo tres pasiones excluyentes: la música, la literatura y las mujeres.
Nadie entendió nunca cómo este hombre que llevaba en sí a un niño caprichoso y glotón pudo seducirlas con tanto éxito y tan sordamente durante toda su vida adulta. Tal vez sin el apoyo de cada una de ellas no hubiese podido producir una de las obras más originales y más fascinantes de la literatura escrita en español en los últimos cien años. La escritora mexicana Rosario Ferré escribe: “tenía una capacidad sorprendente para suscitar una gran ternura en las mujeres, aunque luego les hacía la vida imposible(...) las mujeres se enamoraban de él, llevándoselo a vivir con ellas a los sótanos de sus casas familiares, donde harían lo posible para mantenerlo y protegerlo”.
Su literatura que fue inexistente como difusión en todo el continente, apenas fue marginal en su propio país. José Pedro Díaz, uno de sus primeros biógrafos y críticos ha dicho al respecto. “Los pequeños libros que publicaba tenían siempre algo de esotérico: eran apenas existentes, a veces anotaciones mínimas sobre un sesgo de una situación, a veces pequeñas historias míticas, irónicas y filosóficas a la vez. Su quehacer más permanente y ostensible era la música.”
Es Díaz precisamente quien primero traza un ordenamiento de la obra de Hernández y la divide en “tres grupos de libros que se corresponden, además, con tres modos de presentación: sus cuatro primeros libros fueron ediciones de autor y lo constituyen sendos libros sin tapas: “Fulano de tal” (1925); “Libro sin tapas” (1929); “La cara de Ana” (1930) y “La envenenada” (1931). El segundo grupo está integrado por dos únicos relatos largos: “Por los tiempos de Clemente Colling” (1942) y “El caballo perdido” (1943).
Estas ediciones ya no son de autor sino que las financian sus amigos y que llevan un sello editorial de fantasía.
El último grupo lo integra el resto de su obra. “Nadie encendía las lámparas” (1947) que le editó Sudamericana, fue el único libro que en vida se distribuyó comercialmente. A este grupo pertenecen “La hortensias” (1949) y “La casa inundada” (1960).
En la edición de sus obras completas(1) que Arca de Montevideo diera a conocer en cuatro tomos entre los años 1967 y 1970, justamente en su tomo cuarto aparece el largo relato inédito hasta entonces, titulado “Tierras de la memoria”, que aparece con un postfacio de José Pedro Díaz, que no tiene desperdicio por el rigor crítico que tiene, además el mérito de iniciar la cada vez más creciente crítica hernandiana.
Su última etapa es considerada realmente fantástica, como “hermano bastardo” y tardío de los grandes del género en el Plata: Macedonio Fernández, Bioy Casares, Borges, Quiroga y Cortázar.
Carlos Martínez Moreno pudo decir que Felisberto, en un país de literatura realista, “fue la vanguardia de un solo hombre”.
Lo cierto es que la literatura de este hombre distraído, que fue dándose a conocer, trabajosamente, durante 40 años a través de ignotas apariciones de 100 ó 200 ejemplares llegó a convertirse con los años en un escritor de los llamados “de culto”.
El filósofo uruguayo Carlos Vaz Ferreira había comentado cuando apareció “Libro sin tapas”, su segundo volumen: “Posiblemente no haya en el mundo más de diez personas a las cuales les resulte interesante la obra de Felisberto Hernández y yo me considero una de ellas”.
Como casi siempre la “Institución” literaria (esa corporación de rinocerontes) haciendo gala de su eterna miopía y su resentimiento, esta vez en la voz de Emir Rodríguez Monegal, pudo comentar: “Su eterno desaliño y su desconocimiento de la sintaxis”.
No es para preocuparse, también fueron tratados de brutos Shakespeare, Cervantes, Dostoievsky y, entre nosotros Roberto Arlt.
Como si todos ellos hubieran sido traspasados por las musas y sólo hubieran prestado su mano para escribir esas bellas páginas que la humanidad no dejará morir, para decirlo con palabras de Borges.
Lo cierto es que Felisberto Hernández nos dejó una obra que, pese a no tener ningún punto de referencia con la Historia ni con el mundo circundante, produce una sensación de perplejidad al remitir a la expresión de un narrador generalmente en primera persona que cuenta mientras observa la animización de los objetos, la relación que tiene no con la memoria sino con la enunciación con que aborda la memoria, una relación con la literatura que él mismo llamaba “su misterio”.
La literatura de Felisberto no tiene ni antecedentes ni seguidores. Aunque yo he creído percibir entre nosotros a Hebe Uhart, que en algunos momentos presupone un asombro similar al que experimenta Felisberto ante la cosa narrada. Pero creo que allí se acaban las coincidencias.
Felisberto Hernández recibió, pese a la casi nula difusión de sus escritos, la admiración incondicional de grandes hombres de las letras: Jules Superville, Roger Callois, de Cortázar quien prologó una edición de sus cuentos en Barcelona, en 1973 y de Italo Calvino quien escribió el prólogo a las obras traducidas al italiano del escritor uruguayo. Fue justamente este último quien estampó para siempre: “Felisberto no se parece a ninguno”.

(1) Nota feliz: acaba de ser reeditada por Siglo XXI en 3 tomos con prólogo del poeta mexicano David Huerta.

*De Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar

El poeta*

El poeta, caminando lentamente bajo la fina lluvia, subía por el pedregoso camino que iba hasta el acantilado. Iba haciendo repaso de su vida mentalmente, deseando encontrar alguna alegría, pero cuanto más recordaba y más la analizaba, más se convencía de que la decisión que había tomado era la correcta. Apareció, después del último recodo, el borde del precipicio a unos veinte metros escasos. Hizo un nuevo esfuerzo para recordar alguna cosa positiva que le justificara un cambio de idea pero nada encontró y la decisión del suicidio se consolidó en su mente.

No sintió miedo aunque si una profunda tristeza. Se acercó decidido hasta el borde y, tomando impulso, arrojó sus poemas al abismo.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EL BOSQUE DE LOS CEREZOS HA PARTIDO*

Me desperté asustada por el estruendo leve del silencio.
El bosque de los cerezos ha partido.
Ha partido. Ay sin despedirse.
También se ha ido el hombre del sombrero roto.
Se lleva, Ay se lleva la huella de la última nevada.
Los viñedos, inútilmente extendieron sus brazos.
Ay no pudieron, no.
Reclusos crepitan en la pasión dorada del otoño.
El sol, indeciso muerde una manzana de oro.
Ay una manzana de oro.
La esclavitud sonríe en la pausa fresca.

El bosque de los cerezos ha partido.
Ha partido. Ay sin despedirse.
El amor y el olvido, mustios
Caminan aferrados al hombre del sombrero roto
Y se llevan, Ay se llevan la huella de la última nevada.

*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar

Quería escribir*

Él necesitaba escribir.
A primera hora, cuando los zorzales cantaban a la primavera. Mientras su mujer e hijos dormían...
Él quería escribir.
Hasta la media mañana al menos, cuando empezaba a escuchar a su mujer que protestaba desde la cocina:
-“A la carnicería hay que ir con plata”.

-Seamos vegetarianos y felices. –le contestaba a los gritos desde la habitación.

No tuvieron que cazar para comer perdices.

Ni dejaron de ir a la carnicería.
Ni fueron felices.

Él, no escribió nunca más.

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Fri, 10 Oct 2008 16:47:03 +0100
EN LAS VÍSPERAS DONDE NO HUBO NI HABRA... http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/10/01/en-las-visperas-donde-no-hubo-ni-habra http://bitacoradeunsociologofracasado.nireblog.com/post/2008/10/01/en-las-visperas-donde-no-hubo-ni-habra *Ilustración de Ray Respall Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
-Indicar "para Ray", en el asunto del correo.

Consejo para vidente*

Si un ciego
dos ciegos
o varios ciegos
no quieren ver
dicen no ver
o no pueden ver:
Retírele el bastón. Los golpes enseñan,
dice el refrán.
Pero no permita que uno
dos
o varios
con sus golpes derrumben
la casa construida
por ciegos y videntes.

*De Miguel Crispín Sotomayor. arcomar@cubarte.cult.cu

-Del poemario “En la Redondez del Tiempo”. 30.09.08

ENTRE LAS VÍSPERAS DONDE NO HUBO NI HABRÁ...

retroceso del Teoría*

Llevaba toda la vida dedicado a investigar lo que el llamaba "La Teoría del Retroceso". Estaba convencido de que, de la misma manera que el tiempo nos lleva hacia el futuro, mediante un tratamiento geofísico adecuado del mismo, podría conseguirse la dirección contraria.

No podía negar que el desarrollo de la ciencia en la última década le había ayudado mucho, sobre todo los avances en la Física Cuántica y en la Relativización del espacio-tiempo.

Cuando acabó la construcción de la máquina, con el nerviosismo que conlleva mostrar sus avances a los colegas, reunió a tres de los más preeminentes científicos para hacerles una demostración. Les advirtió que era únicamente el primer paso, pero que lo consideraba un éxito porque la "Teoría del Retroceso" quedaba, con el resultado del experimento, más que demostrada.

Situados alrededor de una máquina extrañísima, los tres científicos vieron como el investigador oprimía un botón y movía dos palancas. La máquina vibró y emitió un silbido en un tono agudo que se fue incrementando hasta que dejó de oírse.

- En un minuto veremos resultados - dijo excitado.
- ¿Seguro que produce una inversión?
- Pueden estar seguros.
- ¿No es peligroso?
- El experimento peligroso es no
- Se ya notar empieza

- produciendo está se ya Ahora.

satisfechos y contentos miraron se hombres cuatro Los -

: sonriendo dijo investigador El

"Retrocesión la de Teoría" la demostrada queda, Señores -

* Mateu Joan joan@cimat.es

El todo y la nada*

*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona

UNO En Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen -película de nombre un tanto absurdo que el año pasado se filmó en esta ciudad y que acaba de estrenarse en toda España- pasa de todo. Pasan muchas cosas. Un constante y vertiginoso acontecer para un leve, ligero, leve, vaudeville con macho ibérico, fogosa hembra española y turistas norteamericanas con ganas de emociones fuertes pero tampoco fortísimas. El macho es Javier Bardem, la hembra es Penélope Cruz y la turista es Scarlett Johansson (la segunda turista importa tan poco que no recuerdo ni su nombre). Lo que sí importa es que el film es un éxito por aquí (y en los Estados Unidos), hay colas afuera de los cines, carcajadas del público un tanto exageradas adentro y sonrisas en el Ayuntamiento que puso dinero en la producción (la cifra exacta ha adquirido ya la textura de leyenda urbana) para promocionar -como si hiciera falta, como si los turistas no hubieran tomado todo lo tomable y bebido todo lo bebible- a la Perla del Mediterráneo. Así, después de un rodaje que revolucionó a Barcelona y atormentó a Barcelona, Vicky Cristina
Barcelona -que paradójicamente llega a las pantallas en el momento exacto en que termina un verano negro para hoteles y restaurantes para dar paso a un otoño todavía más oscuro cortesía de la crisis- no es otra cosa que una tontería simpática y una postal en movimiento. Una especie de parque temático y prolijo destilado urbano de la Ciudad Condal que vuelve a demostrar la imposibilidad de los nativos de EE.UU. de escapar del lugar común cada vez que viajan. Un producto pintoresco al que los locales acusan de falso y parcial olvidando que la paradigmática Manhattan que muestra Allen en su obra tampoco es una instantánea fidedigna de la Gran Manzana sino una versión sublimada de una especie de Xanadú y Shangri-La donde todos van del museo a la cinemateca y, después, a dormir a un penthouse de la Quinta Avenida. De este modo, no hay en Vicky Cristina Barcelona estudiantes extranjeros vomitando en las veredas del barrio de Gracia ni carteristas en las Ramblas ni autobuses de doble planta estacionados en triple fila ni alquileres de vértigo.
Todos estos horrores sí aparecen comentados y retratados en el flamante libro/manifiesto/diatriba Odio Barcelona (Editorial Melusina, www.myspace.com/odiobarcelona) donde se han reunido varios escritores de la nueva camada para explicar la versión local de aquel "No nos une el amor sino el espanto". En la portada del libro -mientras en Hollywood alguien planea superproducción sobre aquel raro y nunca del todo esclarecido "Incidente de Palomares" en el que cuatro bombas atómicas, que
afortunadamente no estallaron, se dejaron caer sobre territorio español en 1966, y ojalá que la filmen los Coen- varios bombarderos vuelan sobre monumentos locales. Ya saben: la Sagrada Familia, la fachada modernista, y todas esas cosas que aparecen en una película de Woody Allen.

DOS Y si bien en Vicky Cristina Barcelona hay una un tanto absurda escapada a Oviedo (tal vez porque en esa ciudad hay una estatua de Woody Allen y a su director le entregaron hace unos años el Premio Príncipe de Asturias) a ninguno de sus hiperkinéticos y vociferantes personajes se les ocurre hacer
un alto en Miravete de la Sierra.
Porque en este pueblo de Teruel -situado, para más datos y mejor ubicación, en el corazón de la Sierra del Maestrazgo, a unos seis kilómetros de la penosa carretera de Villarroya de los Pinares- no pasa nada. Absolutamente nada. Y, mucho menos, una película de Woody Allen.
En Miravete de la Sierra poco importó la caída del Muro hace unos años y poco importa el derrumbe de la Calle de la Pared por estos días.
Y me enteré de la existencia inexistente de Miravete de la Sierra -también conocido como "el pueblo en el que nunca pasa nada"- por un anuncio de televisión. Tomé nota y entré a la fértil tierra baldía de Internet y di vueltas hasta llegar a www.elpuebloenelquenuncapasanada.com y -desde el pasado 8 de septiembre- ahí estaba y ahí está.
Miravete de la Sierra. Apenas doce habitantes fijos, un total de 46 censados y hasta 100 personas para las fiestas de San Miguel en mayo. Una iglesia y un puente del siglo XVI y poco más. Uno de los muchos pueblos en proceso de extinción a lo largo y ancho de España. La diferencia de Miravete de la
Sierra es que fue descubierto por la agencia de comunicación madrileña con nombre de explorador de espacios abiertos y desolados -Shackleton- y ahora es promocionado como patria y fábrica del más raro y exquisito y valioso producto que puede ofrecerse en estos tiempos demasiado ocurrentes: la nada, el que nada suceda, el vacío absoluto, el paisaje zen "donde encontrarte a ti mismo". Leo en El País, en un reportaje de Cristóbal Ramírez, que Pablo Alzugaray -director de Shackleton- justifica el asunto: "Estábamos buscando un pueblo minúsculo que no tuviera nada para hacerlo famoso. El que más nos
gustó fue éste, sobre todo, por la acogida de sus habitantes cuando les explicamos la idea. Es un experimento de comunicación". Y, entonces, Alzugaray (un rápido tecleado confirma mis automáticas sospechas de que Alzugaray es argentino; porque ciertas ideas no pueden sino ser argentinas) anticipa que "en unas semanas se podrá desvelar todo. No hay ningún objetivo malsano. No puedo decir nada. No puedo decir más". Como ya han pasado más de quince días desde la salida de esta nota, me apresuro a entrar al site, pero no puedo llegar allí. Demasiado tráfico para alcanzar la nada y un panorama
virtual en el que se ofrecen muñequitos coleccionables de cada uno de los doce habitantes de Miravete de la Sierra a 180 euros la pieza, o la posibilidad de donar una teja para la restauración de la iglesia a 10 euros, y hasta se puede jugar a ordeñar una cabra. También, por supuesto, el inevitable paseo turístico -con voz en off del octogenario muñequito Cristóbal Sangüesa- donde se nos advierte que aquí "el tiempo no pasa ni adelantando la hora".
Pero ahora no hay caso. No puedo entrar.
Así que doblo en la primera salida hacia Google, busco las últimas noticias, y ahí está Miravete de la Sierra. Por el momento, parece, no se ha develado nada y hasta el momento no se confirman las sospechas de muchos de que todo esto no es más que el tinglado para vender otra cosa. Pero los contados pobladores de Miravete de la Sierra -la mayoría de ellos de maduros para arriba- se quejan hoy de un stress digno de barcelonés. La repercusión mediática y viral de la página en cuestión (146.000 visitas en apenas una semana) los tiene a todos al borde de un más almodovariano que woodyallenesco ataque de nervios. Han sido demasiados los curiosos y demasiados los noticieros que llegan a ver cómo es eso de la nada que, paradójicamente, ha dejado de serlo. Y ya hay problemas internos: celos de los que no llegaron a ser muñequito y comentarios viperinos en cuanto a que los que sí son muñequito aparecen muy mejorados en su aspecto, terror ante la posible invasión de hordas japonesas. Mientras tanto, después de mucho tiempo, ha vuelto a abrir el hotel municipal. Y crece el desconcierto de todos, de los muy pocos todos, por tener que responder todo el tiempo a las mismas preguntas de cámaras y micrófonos y -gente sencilla- sufriendo al pensar que la insistencia se debe a que no dan la respuesta correcta. Y de este modo sus comentarios son cada vez más delirantes. Así, la ironía de que el "no pasa nada" se haya transformado en un "pasa todo el tiempo lo mismo".
Aunque están los optimistas que piensan que esta fatiga de los abuelos se traducirá en la curiosidad de los nietos que retornarán, cualquier día de éstos, como oscuras golondrinas, para repoblar a Miravete de la Sierra. Y, quién sabe, si hay suerte, buena o mala, de aquí a unos años sus hijos publicarán, con amor, un libro titulado Odio a Miravete de la Sierra.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-112561-2008-10-01.html

Urgencia*

I

no más
que un recorrido sólo pautado
entre las vísperas
donde no hubo
ni habrá

II

un hálito carnal
arde en fuego y azufre

huérfano
de planes de salvación
se pronuncia
a merced de nuevos retos
propicio
casi fundante

III

donde prima la transparencia
una urdimbre
va limándose los dientes

la desnudez revela
zarpazos de absoluto

IV

sobre la orilla
en ese mismo desdén
y en ángulo vacío
la palabra se nutre de rituales

cautiva y en ciernes
evoca la dureza
en silencio y a toda voz

la palabra
mediovive
entre la vida y su reverso
como si ayer

V

íntimo es el temple
una ofrenda de sordidez
y nostalgia

íntimo es el ojo
que marca su pertenencia
la atmósfera maleable
donde la desmesura
aviva el duelo
y la otredad

VI

pudo acaecer sin premura
pero ante todo
la falta es la constante

en estado de inocencia
la máxima tensión
es una
y es múltiple

piezas sueltas
no hay

*De Liliana Souza liliana_souza@yahoo.com.ar

Imágenes antes del hundimiento*

*Por Ernesto Semán, desde Nueva York
Página/12 En Estados Unidos

Y entonces ahora hay que esperar las fotos de las colas de pan, como en el '33, con la mística de la Gran Depresión de fondo y los millones de norteamericanos en fila para recibir su ración de comida. O como en el 2001 en la Argentina, con el maremoto de los saqueos atrás, no menos épico.
Como con los terremotos, un efecto redentor de la aparición de las crisis es confirmarles a quienes quieran creerlo que todo fue repentino y ajeno, y posterior, y porque salió mal. Las fotos que desde estos días recorrerán el mundo podrían haberse sacado antes, si fotógrafos y periodistas cumplieran
otra función que no sea celebratoria o alarmista. Este verano, en las piletas públicas de Red Hook, en Brooklyn, donde desde una camioneta, cada mediodía, se repartían bolsas de comida para el almuerzo: una botella de agua, un frasquito de yogur, un paquete de papas fritas, una caja de pollo al horno con arroz. O el lunes pasado, en el grupo amontonado de pacientes sin cobertura médica para atenderse con la piel descascarada en el centro de salud pública de la calle 28 y la avenida 9, en Chelsea, a veinte cuadras de donde comenzaba la Asamblea de las Naciones Unidas. O en la iglesia luterana de Harlem, donde, cada mañana, una cola infinita de negros y latinos recibe su desayuno de café con leche y baguels.
La crisis estalla en todo su esplendor cuando Estados Unidos atraviesa un momento de inédita efervescencia, dominado por la conversación política, la lectura apasionada de los diarios y los altísimos ratings de los programas periodísticos. Si esa excitación luce hoy porque los dos candidatos expresan
como pocas veces proyectos tan distintos, la efervescencia viene de hace ya unos años, desde que la inflación y el desempleo desnudaron la caída de los ingresos que el crédito oculta mal y poco. No había que ser un gran analista para darse cuenta, pero sí había que ser producto de un clima de época para
argumentar, en total negación, que la inflación no era tanta, que el crédito podía estirarse infinitamente sin afectar la estructura de la ecuación.
El cataclismo financiero de estos días se chupará a Nueva York a su modo, distinto del resto del país, no menos intenso, y volverá a cambiar la iluminista cara de Navidad eterna que la ciudad tiene desde principios de los '90 y que los atentados del 2001 sólo afectaron parcialmente. No hay forma de que los servicios públicos (la insoportablemente publicitada seguridad de las calles de Nueva York) no sufra un deterioro significativo si los ingresos fiscales que se apuntalan en el sector financiero se desploman. Sin políticas anticíclicas, es de esperar una cadena como la siguiente: la ciudad ve caer sus ingresos fiscales, el Estado decide incrementar la tarifa de subte para achicar ese agujero, la cantidad de trabajadores que utilizan el subte baja, el agujero se agranda.
La mayor curiosidad política es que Michael Bloomberg eligiera el día de ayer para anunciar que buscará reformar la carta de la ciudad para buscar un tercer mandato como alcalde. Bloomberg, que entre sus muchísimas virtudes no tiene la de un mínimo guiño hacia la equidad social, lleva más de seis años al frente de un desmantelamiento más o menos constante de la vivienda pública de la ciudad. El derivado es que durante la última década, al mismo tiempo que la ciudad vivía uno de sus mejores momentos económicos, también perdía la oferta de viviendas accesibles en favor de edificios para una
clase media que durante todo este tiempo pudo cubrir con créditos las carencias de sus ingresos. El panorama de una ciudad dividida entre quienes tienen casas que no pueden pagar, quienes ni tienen casas para pagar y quienes tienen alquileres anclados a los valores de la época de la burbuja, no es descabellado.
El alcalde piloteó todo el proceso con otras políticas públicas, y cooptando desde su fundación la casi totalidad de las organizaciones comunitarias de la ciudad. Si Bloomberg, que hasta hace meses jugueteó con la idea de candidatearse como presidente y hoy debe querer cortarse las cutículas por no haberlo hecho, se lanza a un tercer mandato, es porque sabe que hoy no tiene quién le compita, y no porque haya pensado en lo que se le va a venir.
Algunos estiman que Nueva York perderá en los próximos meses unos 80 mil puestos de trabajo vinculados directamente con el sector financiero. Muy pocos son analistas, o ejecutivos; la inmensa mayoría componen la famosa clase media, administrativos, carteros, pasantes cuyas familias se
endeudaron hasta el riñón para que su hijo fuera a la escuela de negocios de NYU con la esperanza de que los sueldos de Merril Lynch pagaran la cuenta más tarde. Los efectos de ese desparramo se hará sentir en el tiempo: cuando la familia cuelgue la deuda impaga o se imponga un consumo gandhiano para
pagarla, cuando el cartero anuncie que no tiene sueldo y el banco primero le saque la casa y después declare la quiebra, cuando la secretaria decida mudarse a una ciudad cuyo costo de vida sea algo menos hostil.
Otros costos serán más inmediatos. El lunes, en las mesas de un restaurante hindú de Gramercy Park, las apuestas giraban en torno de cuánto será la caída del precio de la propiedad en los próximos meses: ningún número bajaba del 12 por ciento. Unas semanas antes, una familia veía partir al hombre de
la casa para un reentrenamiento forzoso: Continental Airlines hará una poda drástica de sus vuelos internacionales y les ofrece a sus pilotos el reentrenamiento para vuelos locales o el retiro.
Finalmente, quizá ni siquiera haya fotos de colas para el pan, y la caída sea mucho más pronunciada, mucho menos dramática. Nueva York lucía anoche igual y distinta de los últimos años, sucia y tumultuosa, el subte repleto a la hora del regreso del trabajo, con una ventana abierta hacia sus lejanos años '70, el cielo violeta y los primeros fríos del otoño.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/subnotas/112547-35631-2008-10-01.html

Herencia y muerte del padre a la luminosa sombra de un sueño*

(a José Razzano y Carlos Gardel)

libros y mujeres
(tango y otros escondrijos
que no advierto a la sombra de tu ser
[perentorio)
y mujeres y mates y recuerdos de banfield
y fotografías
(lo mejor lo escribí)
hoy otra vez anoche esta mañana
por qué por qué aullaba yo
qué es eso de desguarnecerse
caer
morirse
por achicamiento
por consunción
esta mañana pregunté
en el sueño a mi padre
“justo cuando más te quería”

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Correo:

YO, Y LOS SETECIENTOS MIL MILLONES*

Ante todo debo aclarar que soy un estupendo ignorante en economía, incapaz de manejar aunque sea la pequeñísima mía, pero me siento muy sorprendido y como angustiado frente a las noticias de la macro crisis económica mundial, aunque de dimensiones menores a las que maneja el tráfico de drogas, de armas y la industria farmacéutica, por ejemplo.
No me es posible imaginar semejante medida de algo, ya sea de semillas, billetes o cualquier otra cosa. Desborda mi pequeñísima mente y asumo conciencia de la insignificancia de mi persona en el concierto del poder del “Sistema”. ¿Que relevancias pueden tener los habitantes del tercer mundo frente a la magnitud del poder económico del primer mundo.?
En estos días han bombardeado y emborrachado mi cabeza, los técnicos y los analistas de la economía a través de la radio y la televisión, tratando de explicar “él porque” de tal situación y como se llegó a ella.
En mi primario entender de hombre, casi en la “tercera edad”, trabajador, padre y abuelo de familia pobre, sin dólares, con penas, sin automóvil, pero con deudas, resumiendo las largas horas de explicaciones y teorías, creo haber entendido que esto sucede por la necesidad que los bancos tienen de hacer circular el dinero, y que por lo tanto prestaron grandes sumas a quienes ellos, sabían de antemano, que no iban a poder responder y a su vez ese paquete, algo así como un “presente griego”, se lo vendieron a otros bancos mayores, que pagaron con el ahorro de las poblaciones y las deudas de gobiernos y grandes empresas, que como era lógico dejaron de pagar y el gobierno del imperio, entonces se ve en obligación de acudir al rescate con la muy nombrada cifra de “setecientos mil mil